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El milagro económico acabará con el Partido Comunista Chino

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 19-01-2006 00:00:00

Un régimen autoritario no puede mantener el poder en una sociedad moderna

Puede dar la impresión de que al Partido Comunista Chino (PCCh) nunca le han ido mejor las cosas. Dentro del país, no tiene a nadie que desafíe su autoridad. En el ámbito internacional ya no se habla de que el gigante esté derrumbándose, sino de que está en ascenso. Se afirma con frecuencia que los diplomáticos chinos que recorren el mundo dan mil vueltas a sus colegas europeos.

Sin embargo, existen fuerzas inexorables contra la supervivencia del PCCh, y sus posibilidades de permanecer en el poder durante otros 30 años son mínimas. Resulta significativo que muchos altos cargos, incluso un gobernador, consulten habitualmente con adivinos. Al final, es posible que caiga víctima de su propio milagro económico.

Su rechazo a establecer un Estado de Derecho y abstenerse de intervenir en la economía puede retrasar su extraordinario crecimiento de la última década. Pero, aunque sólo sea por discutir, supongamos que China sigue igual. Otras tres décadas de avance sólido (aunque sea a un ritmo del 5% anual, mucho más lento que el actual) significarían una renta per cápita de unos 7000 dólares (alrededor de 5500 euros).

Los profesionales, propietarios particulares y esforzados capitalistas sumarán cientos de millones. Si la historia sirve de orientación, será prácticamente imposible que un régimen autoritario conserve el poder en una sociedad moderna, mucho menos en una tan grande y avanzada como China.

El riesgo de la corrupción

Si el éxito económico no acaba con el partido único, seguramente lo hará la corrupción. Los gobiernos que no tienen limitaciones reales a su poder acaban siempre siendo sobornables y codiciosos.

Es lo que ocurre hoy en Pekín. La disciplina de partido se ha desintegrado. La venta de nombramientos oficiales para beneficio personal se ha generalizado. Los efectos acumulativos de la corrupción oficial omnipresente pueden transformar una autocracia en desarrollo en un régimen depredador.

La experiencia de la Indonesia del general Suharto indica que a ese tipo de regímenes les cuesta convertir los índices elevados de avance económico en estabilidad política. Allí, ni siquiera 30 años de crecimiento extraordinario fueron suficientes para salvar la dictadura.

Las autocracias en expansión económica contienen las semillas de su propia destrucción, sobre todo porque carecen de la capacidad y la legitimidad institucional para afrontar las crisis económicas. En esta era posideológica, la única justificación del partido para su monopolio político es su capacidad de mejorar las vidas de los ciudadanos.

La organización sigue propugnando una amalgama de marxismo-leninismo y nacionalismo, pero con poca credibilidad. Un partido gobernante sin valores fundamentales no tiene atractivo de masas ni la capacidad de generarlo. Hasta sus propios dirigentes se muestran cada vez más desilusionados, cínicos y temerosos sobre el futuro del PCCh.

Una formación capaz de reinventarse podría tal vez eludir estos peligros. Pero el PCCh está cada vez más artrítico. En 2035 tendrá 114 años de existencia y llevará 86 en el poder. Hoy día, el mundo no tiene ningún régimen de partido único septuagenario, y con buenos motivos.

En las sociedades democráticas, las formaciones políticas sufren grandes transformaciones sin cesar. Pero los regímenes de partido único no cuentan con incentivos inherentes para reconstruirse y tienen poca capacidad de corregir el rumbo.

Las tensiones se acumulan hasta que precipitan crisis más amplias. El PCCh ya experimentó este ciclo en una ocasión, y la Revolución Cultural estuvo a punto de destruirlo. Sólo se recobró de aquel desastre, causado por él mismo, reinventándose y adoptando una política anticomunista de reformas de mercado. ¿Será tan afortunado la próxima vez?

Por Minxin Pei
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Minxin Pei es socio principal y director del Programa de China en Carnegie Endowment for International Peace

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=773400
LA NACION | 19.01.2006 | Página 12 | Cultura

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La jerarquía religiosa deberá convencer más que ordenar

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 18-01-2006 00:00:00

Según el autor, los múltiples cultos generarán una "descentralización de la fe"

Durante siglos, la mayoría de la gente ignoraba que podía escoger en cuestiones religiosas. Todos estaban rodeados de personas como ellos y sólo unos cuantos conocían alguna vez a creyentes de otras confesiones. Ya no es así. A la vuelta de la esquina están construyendo una mezquita y el Dalai Lama está otra vez en la televisión. En Internet han surgido miles de foros y blogs espirituales. No sólo estamos en la era del católico de café, sino del budista, el bautista y el mormón de café. Cada vez más gente considera las tradiciones religiosas del mundo como un menú del que escoger.

En este contexto, la jerarquía religiosa está viniéndose abajo a toda prisa. Las nociones de capacidad de elección del consumidor y control local han invadido el ámbito religioso, y la descentralización de la fe está a la orden del día. Los dirigentes espirituales, que antes podían ordenar, instruir y expulsar, ahora tienen que seducir, convencer y competir.

Los protestantes siempre se han mostrado suspicaces frente a la jerarquía, por principio. Sin embargo, en la práctica, han dejado muchas veces que los burócratas dirijan sus asuntos. Hoy, las congregaciones locales de metodistas o luteranos suelen ignorar los dictados de sus jefes religiosos y la lealtad de marca de cada confesión está pasada de moda. La Iglesia Anglicana, con 77 millones de miembros, se enfrentó hace poco a un cisma por la ordenación de un obispo gay. El arzobispo de Canterbury tuvo que fomentar el diálogo entre las partes; ni se le ocurrió pensar en resolver la crisis desde arriba.

No sólo los cristianos

Los cristianos no son los únicos que luchan contra las antiguas jerarquías. A principios de los 90, toda el ala seglar organizada de Nicheren, la mayor organización budista de Japón, se escindió y dejó a un grupo mínimo de sacerdotes sin feligreses.

Aunque un observador superficial podría suponer que en el islam la jerarquía está viva y coleando, la verdad es, más bien, lo contrario. Los musulmanes nunca han tenido una cadena de mando clara y han discutido la sucesión y la doctrina desde que murió el profeta.

El líder talibán, el mullah Omar, se convirtió en jefe espiritual de Afganistán sin el consentimiento de otras figuras religiosas. Osama ben Laden se atreve a dictar fatwas sin tener ninguna preparación formal. Es posible que la crisis actual en el mundo musulmán proceda de la existencia de demasiadas voces, demasiado ruidosas y conflictivas, que aseguran tener la autoridad.

Hasta la Iglesia Católica -el norte y guía de la jerarquía religiosa- es vulnerable a la descentralización. El papa Benedicto XVI sabe que el organigrama tradicional está en apuros, y tiene intención de salvarlo. Desde luego, tiene un largo historial, que incluye su campaña contra los teólogos de la liberación latinoamericanos que intentaron dedicar los recursos eclesiásticos al cambio social radical.

Voces desde abajo

Lo que le preocupaba no eran tanto sus supuestas tendencias marxistas como los miles de comunidades de base católicas que organizaban por todo el continente y que no encajaban en la cadena de mando. Ahora, los católicos estadounidenses también se dedican a pedir más voz y voto, realizar vigilias en sus templos para que no los cierren, retirar sus donaciones y llevar a las diócesis ante los tribunales. Se oyen voces desde abajo y se extienden desde los bordes, y la curia muestra signos de decadencia.

Los guardianes de la jerarquía comprenden el peligro. Satisfacer las preferencias del comprador es tal vez esencial, pero puede arrebatar la integridad del producto religioso. ¿Qué habría sido de los Diez Mandamientos o el Sermón de la Montaña si Moisés o Jesucristo los hubieran sometido a sondeos?

Sin embargo, puede que la cuidada elaboración de los mensajes sea la clave del éxito de las megaiglesias, que pocas veces dan un paso sin consultar los estudios de mercado.

Esforzarse para elegir contribuye a una madurez espiritual imposible para alguien que acepte lo que le imponen, y por eso debería incluso reforzar la capacidad de lo religioso para enfrentarse al reto del secularismo. La falta de autoridad también podría desembocar en fragmentación.

Pero incluso esa posibilidad tiene ventajas: el pentecostalismo no tiene clase dirigente, pero sus divisiones han creado una energía que lo ha convertido en el movimiento cristiano de crecimiento más rápido en el mundo. Ha demostrado que la religión sin jerarquía puede durar y hasta prosperar.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

Por Harvey Cox
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Harvey Cox es catedrático en la Facultad de Teología de Harvard y autor de diversos ensayos sobre religión.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=773151

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La monogamia se transformará en "amor simultáneo"

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 17-01-2006 00:00:00

Para el autor, dejará de ser un ideal

Hace 200 años, poca gente preveía la legalización del divorcio o la homosexualidad sin tapujos, y mucho menos el matrimonio entre gays. El arte abstracto y el jazz eran inimaginables. Da la impresión de que la estética, la moral y las relaciones familiares son la pesadilla del futurólogo. Se especula sin cesar sobre el futuro equilibrio de poder, los conflictos que se avecinan y las nuevas tecnologías. Sin embargo, es como si pensáramos que la moral y la estética son inmutables. Y el mundo se olvida de preguntar cómo cambiarán las concepciones del bien y el mal, lo aceptable y lo inaceptable, la belleza y la fealdad. Y lo harán.

La monogamia, que, en realidad, no es más que un útil convencionalismo social, no sobrevivirá. En la práctica, no se ha respetado demasiado y pronto desaparecerá incluso como ideal. No creo que la sociedad vuelva a la poligamia. En su lugar, se avanzará hacia una concepción radicalmente nueva de las relaciones sentimentales y amorosas. Nada impide que alguien se enamore de varias personas al mismo tiempo. La sociedad rechaza esta posibilidad, sobre todo, por motivos económicos -para mantener una transmisión ordenada de la propiedad- y porque la monogamia protege a las mujeres de los excesos masculinos.

Pero esas razones están desapareciendo ante nuevas tendencias. La exigencia insaciable de transparencia, alimentada por la democracia y el libre mercado, está colocando las vidas privadas de los hombres y mujeres públicos bajo un escrutinio cada vez mayor. La realidad de vidas y parejas múltiples va a ser cada vez más visible, y la hipocresía de la sociedad quedará al descubierto. El ascenso continuado de la libertad individual transformará las costumbres sexuales. Del mismo modo, el aumento en la esperanza de vida hará que sea casi imposible pasar toda la existencia con una persona y no querer a nadie más.

Mientras tanto, los avances tecnológicos debilitarán aún más los vínculos entre sexualidad, amor y reproducción, que son conceptos muy diferentes. La generalización de los métodos anticonceptivos ha eliminado ya un obstáculo importante a la posibilidad de tener varias parejas. Igual que la mayoría de las sociedades aceptan hoy las relaciones amorosas sucesivas, pronto reconoceremos el amor simultáneo como algo legal y aceptable. Hombres y mujeres podrán formar parejas con distintas personas que, a su vez, tendrán otras parejas también. Por fin reconoceremos que es humano querer a distintas personas al mismo tiempo.

La desaparición de la monogamia no se producirá sin lucha. Todas las iglesias intentarán impedirla, y sobre todo las mujeres. Por un tiempo resistirán. Pero la libertad individual volverá a triunfar.

La revolución comenzará en Europa, Estados Unidos irá detrás y el resto del mundo acabará por unirse. Las repercusiones serán enormes. Las relaciones con los hijos serán totalmente distintas, las disposiciones económicas se verán trastornadas y cambiará nuestra forma de vivir y nuestra residencia. Por supuesto, se tardarán décadas en completar el cambio, pero, si miramos alrededor, ya está aquí.

Jacques Attali es escritor y presidente de PlaNet Finance, una organización internacional sin fines de lucro.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente.

Por Jacques Attali
Foreign Policy Magazine / LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=772899

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La tecnología amenaza la propiedad intelectual

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 16-01-2006 00:00:00

Según la autora, el dominio público tenderá a reducirse

Dentro de cada cultura, existe un dominio público, una zona sin abogados, no regulada por las normas de los derechos de autor, que ha sido fundamental para la difusión y el desarrollo del trabajo creativo. Es la parte que se cultiva sin que nadie tenga que dar permiso. Este ámbito público siempre ha coexistido con el privado. Gracias a los incentivos de mercado que crea, el dominio privado también ha producido una extraordinaria riqueza creativa en todo el mundo. Es esencial para el desarrollo de las culturas.

Tradicionalmente, la ley ha mantenido el equilibrio entre estas dos esferas. La vigencia de los derechos de autor era relativamente corta y su alcance era esencialmente comercial. Sin embargo, un cambio fundamental en el carácter de las leyes de propiedad intelectual, inspirado por una transformación radical de la tecnología, pone ahora en peligro ese equilibrio.

Las tecnologías digitales han hecho que sea fácil -demasiado- difundir sin autorización la labor creativa producida en el ámbito privado. La piratería se extiende en las autopistas de la información. Ante ello, los redactores de normas -legisladores y especialistas en tecnología- han elaborado una variedad de armas sin precedentes, legales y tecnológicas, para librar la guerra contra los piratas y devolver el control a los propietarios de la cultura. Pero el dominio que van a permitir esas armas es mucho mayor que cualquier cosa que hayamos visto.

Dueños de la cultura

Estados Unidos ha aumentado de forma radical el alcance de la normativa sobre derechos de autor. Y, a través de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, los países ricos ejercen presiones para imponer restricciones al resto del mundo. A estas medidas legales pronto se unirán unas tecnologías extraordinarias que garantizarán a los propietarios de la cultura el control sobre el uso de su propiedad. Todo equilibrio entre lo público y lo privado desaparecerá. El dominio privado devorará el público y el cultivo de la creatividad y la cultura estará dictado por quienes afirman ser sus dueños.

No cabe duda de que la piratería es un problema importante, pero no es el único. Los dirigentes han perdido ese equilibrio. Se han dejado seducir por una visión de la cultura que mide la belleza en entradas vendidas. Por lo visto, no les preocupa un mundo en el que para cultivar el pasado sea necesario el permiso del pasado.

El peligro permanece invisible para la mayoría, oculto bajo el celo de la guerra contra la piratería. Y eso es lo que puede hacer que el dominio público muera calladamente, extinguido por el extremismo farisaico, mucho antes de que nos demos cuenta de que ha desaparecido.

Por Lawrence Lessig
Foreign Policy Magazine / LA NACION
El autor es catedrático de Derecho en la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos)

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=772676

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Con Internet será cada vez más difícil vivir en el anonimato

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 15-01-2006 00:00:00

Según la autora, la tendencia provocará una modificación cultural positiva

Un mundo donde todos saben todo de todos es una pesadilla conocida. En esos mundos temibles, el malo suele ser un gobierno siniestro, sediento de información y control. Y ésa sigue siendo una posibilidad aterradora en muchas partes del planeta. Pero existen otros posibles resultados, menos pesimistas. Un mundo sin secretos podría engendrar una cultura más tolerante, con individuos más fuertes y mejor informados.

Los ciudadanos de los países desarrollados ofrecen información sobre sí mismos en un grado hasta ahora desconocido. Las autoridades exigen los datos de las personas para volar, atravesar peajes, cruzar fronteras y entrar en edificios públicos. Como ha revelado la investigación sobre los atentados de julio en Londres, decenas de cámaras son capaces de captar un paseo por la ciudad. Todo el mundo conoce los rastros cibernéticos que deja la gente. Como muchos han descubierto con consternación, las huellas de los correos electrónicos y las páginas web visitadas no suelen desaparecer y, con frecuencia, aparecen en los momentos más inoportunos.

La ironía es que la Red parecía prometer la posibilidad de explorar el planeta sin tener que mostrar el rostro. Por el contrario, se ha convertido en una poderosa fuerza contra el anonimato. La mayor parte de la información sobre los movimientos de cada persona en la Red es fácil de averiguar, si se molesta en hacerlo alguien que disponga de los recursos necesarios. Pero esa tendencia no tiene sólo las connotaciones del miedo habitual a que el gobierno espíe a víctimas inocentes, o incluso a disidentes que "se lo merecían". Las repercusiones fundamentales tienen que ver con la tolerancia de las sociedades hacia la diversidad y el reconocimiento de la capacidad de cambio del ser humano.

Los que posean habilidad y afición a la tecnología podrán quizá conservar cierta forma de anonimato durante algún tiempo. Algunos, por ejemplo, crearán identidades virtuales múltiples para los diversos sitios que visiten, las redes sociales en las que se integren y las tiendas on line que frecuenten. Por supuesto, las autoridades podrán investigar la mayoría de las identidades con una orden de un juez, pero estarán a salvo de los vecinos, los colegas o incluso un futuro jefe. Sin embargo, al final, esas defensas se vendrán abajo y nuestras huellas digitales serán cada vez más visibles. Y constituirán un problema para las sociedades ansiosas por emitir juicios instantáneos.

¿Habrá probabilidades de contar con una sociedad tolerante cuando se hagan visibles franjas enteras de comportamiento antes privado? Esta transparencia sin precedente puede forzar un auténtico cambio cultural. La curiosidad seguirá existiendo (somos seres humanos, al fin y al cabo), pero es posible que la consecuencia final sea una comprensión mejor de cómo pueden cambiar las personas.

Esta transformación cultural no aliviará las preocupaciones de quienes temen que el anonimato desaparezca. Pero existen motivos para dudar de que esa inquietud esté muy extendida. Se suele creer que la gente desea vivir de incógnito, cuando, en realidad, da la impresión de que a la mayoría de las personas les gusta que las reconozcan. Muchos jóvenes lo desean hasta tal punto que se integran en diversas páginas de relaciones, se califican a sí mismos y a sus amigos con arreglo a distintos criterios y llenan en Internet cuestionarios y encuestas sin fin.

Pese a que muchas personas expresan cada vez más preocupación por la intimidad y el robo de identidades, lo cierto es que se apresuran a entrar en la Red con su propio nombre y publican blogs, fotos, reseñas y revelan todo (o eso parece) en las páginas de búsqueda de relaciones. En la práctica, la gente está cambiando el anonimato por una voz. La Red permite a los individuos relacionarse con otros, no sólo como consumidores que escogen entre lo que se les ofrece, sino como negociadores activos que definen unos requisitos que otros deben cumplir. Este efecto se ve especialmente en los campos comercial y social, pero no tanto respecto de los gobiernos del mundo. A medida que se desvanezca el anonimato, seguirá planteándose una pregunta crucial: ¿obtenemos tanto como lo que estamos dando?

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine en colaboración con Archivos del Presente.

Por Esther Dyson
Foreign Policy Magazine / LA NACION

La autora dirige el boletín informativo de CNET Networks. En 1997 publicó "Release 2.0: A Design for Living in the Digital Age", un ensayo sobre el impacto de Internet en la propiedad intelectual.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=772546

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Hacia vehículos que no contaminen

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 14-01-2006 00:00:00

Los combustibles serán más limpios

Quienes ven con escepticismo los datos sobre el cambio climático señalan que todavía hay muchas cosas que no sabemos. Pero hay algunas que sí conocemos ya: en 2020 habrá 700 millones más de vehículos en las carreteras, muchos de ellos en China. Asegurarse de que esos coches incorporen la tecnología limpia más moderna será uno de los retos de política pública más importantes de nuestra era. La falta de certeza total y de consenso sobre los peligros del cambio climático no deben impedir la acción constructiva. Por suerte, los científicos e ingenieros no han dejado que ocurra. Y, gracias a los progresos que están realizando, uno de los problemas ambientales más acuciantes de hoy pronto desaparecerá.

En 2035, los coches contaminantes serán cosa del pasado. Quienes recuerdan los negros humos que despedían los automóviles y los camiones saben que ya se ha avanzado mucho. Poco a poco se han ido reduciendo el plomo, el azufre y el benceno, o eliminándose en los vehículos nuevos. En EE.UU., las emisiones de plomo han disminuido en un 95%. Sólo con que un tercio de los coches en 2050 tuviera un rendimiento de cinco litros (en vez de 10 litros) cada 100 kilómetros, el dióxido de carbono desprendido disminuirá en un millón de toneladas al año. Además, la nueva tecnología produce combustibles cada vez más limpios. La calidad de los lubricantes -que permiten que los motores funcionen con eficacia- es cada vez mejor. Y los motores -híbridos o de combustión interna mejorados- queman el combustible de forma cada vez menos nociva. La combinación de estas tendencias tendrá un impacto tremendo a medida que el capital social del parque automovilístico mundial se renueve durante los próximos 30 años.

Los vehículos no son más que una posible fuente de emisiones dañinas. Los usos estáticos de la energía -fábricas, escuelas, viviendas- representan la mayor parte. El reto al talento humano es transformar tanto los productos que generan energía como los artículos producidos, para poder satisfacer las necesidades crecientes de energía sin destrozar el medio ambiente.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine en colaboración con Archivos del Presente

Por John Browne
Foreign Policy Magazine / LA NACION

El autor, egresado de las universidades de Cambridge y Stanford y especializado en temas energéticos, es consejero delegado de la British Petroleum Company

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=772214

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La medicina se volcará a la acción preventiva

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 13-01-2006 00:00:00

Habrá un cambio en los sistemas de salud

Enfermarse hoy es un problema. Averiguar lo que tenemos significa concertar hora, ir a la consulta del médico, llenar formularios, esperar y responder preguntas mientras nos tocan y nos toman muestras. Luego hay que aguardar los resultados de los análisis, recoger las recetas y pedir nuevas citas con especialistas. Las molestias que provoca buscar asistencia médica se están convirtiendo en una crisis en todo el mundo, a medida que el descenso en los índices de natalidad y el envejecimiento de la población suponen una carga cada vez más pesada para los sistemas nacionales de salud.

Pronto, gobiernos, aseguradoras y contribuyentes tendrán que afrontar un sistema complicado e ineficaz que presta demasiada atención a las enfermedades cuando ya han llegado y no la suficiente para evitarlas. Un paso fundamental en la reforma del sistema será que las visitas al ambulatorio sean un último recurso y no la primera medida. Esto exigirá todo tipo de modificaciones estructurales, legales y financieras, pero las innovaciones en informática, comunicaciones, biología, nanotecnología y robótica facilitarán el camino.

Internet ya ofrece a los pacientes acceso rápido a una información sanitaria de calidad que antes sólo impartían los profesionales. El diagnóstico y el tratamiento de numerosas enfermedades corrientes consistirán sencillamente en depositar una gota de sangre en una máquina y que, al cabo de unos momentos, un ordenador nos diga qué tenemos y cómo curarnos.

No es que los médicos vayan a quedar obsoletos. De hecho, los de cabecera serán más importantes que nunca, pero pasarán más tiempo valorando las posibles acciones preventivas y menos orientando a pacientes en sus consultas. Se diseñarán cada vez tratamientos más personalizados, como nuevos fármacos dirigidos a necesidades personales específicas, o incluso nanomáquinas que ataquen el colesterol o eliminen tumores demasiado pequeños para poder detectarlos en la actualidad. Y los especialistas tendrán más libertad para dedicarse a procedimientos muy difíciles y hacer avanzar la asistencia sanitaria.

Muchas de estas tecnologías llegarán antes a los países desarrollados, pero el resto del mundo también acabará beneficiándose. Y serán los Estados ricos los que tendrán que acelerar la difusión de sus innovaciones. En una época en la que las nuevas enfermedades pueden dar la vuelta al mundo en horas, interesa a todos detener la próxima pandemia antes de que se produzca.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine en colaboración con Archivos del Presente

Por Craig Mundie
Foreign Policy Magazine / LA NACION

El autor es vicepresidente primero y director de Políticas y Estrategias Avanzadas de Microsoft, y fue asesor del presidente Bill Clinton en el área de telecomunicaciones

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=771980

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La planificación familiar será una cuestión de Estado

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 12-01-2006 00:00:00

Los gobiernos regularán la procreación

El factor crítico para la seguridad y el crecimiento en el siglo XXI no será la democracia, sino la demografía. Las poblaciones con un crecimiento excesivo son una rémora para los países en desarrollo, y los bajos índices de fecundidad están retrasando el avance en las sociedades ricas.

Los pobres lo son cada vez más debido a unas tasas de natalidad en aumento, y los ricos van a tener sociedades menos dinámicas porque no se renuevan a suficiente velocidad. El crecimiento de la población sobrepasa la capacidad de los gobiernos para proporcionar servicios básicos en Medio Oriente y Africa, lo cual facilita la existencia de caldos de cultivo para movimientos extremistas y terroristas. Por su parte, las sociedades más favorecidas considerarán la inmigración procedente de esos países una amenaza y la rechazarán.

Es posible que el sexo, el matrimonio y la procreación no aguanten mucho tiempo más fuera del alcance de los gobiernos. Las autoridades que se enfrentan a explosiones e implosiones de población no tendrán más remedio que abordar cuestiones que suelen considerarse privadas.

Los esfuerzos para educar a las poblaciones hacia tendencias de procreación más positivas no han tenido más que un éxito limitado. Los Estados europeos, por ejemplo, han hecho esfuerzos hercúleos para invertir los índices de natalidad en descenso, con resultados decepcionantes.

A pesar de ser, como Italia, un país muy católico, España tiene una tasa de fertilidad tremendamente baja (1,29 hijos por mujer). El baremo de fertilidad de Singapur es de un peligroso 1,25 por ciento. Las políticas de natalidad han mejorado la situación ligeramente. Sin una inmigración que, con frecuencia, supera el crecimiento anual natural, el índice de crecimiento económico de ese país sería tan lento como el de Japón.

Cuando las campañas públicas han obtenido éxitos parciales, como en algunos países escandinavos y en Francia, han obligado a la sociedad a revisar el papel del matrimonio y de la familia, y el padre ha asumido más aspectos del rol de la madre, una transformación que a las familias asiáticas les resulta difícil de realizar. Aun así, no parece probable que esos países alcancen índices de fecundidad superiores a los niveles de sustitución. Si no se produce un cambio drástico, necesitarán a los inmigrantes para mantener el vigor de sus economías.

Diversidad con tensiones

Los países que dan mejor acogida a los extranjeros disponen de una ventaja económica, pero las políticas de inmigración abiertas también implican riesgos. Los nuevos habitantes serán étnicamente distintos, menos educados y, en ocasiones, no tendrán ningún oficio. A menudo formarán minorías muy religiosas en sociedades laicas. Muchos se desplazarán de forma ilegal. La diversidad creada por ellos puede provocar tensiones y repercutirá sobre la identidad cultural y la cohesión social.

Japón es quizás el mejor ejemplo de un Estado que, al mismo tiempo, teme y necesita a la inmigración. Tiene un índice de reproducción inferior al 1,3% y una población que envejece rápidamente, pero se muestra relativamente reacio a acoger extranjeros. Este dilema es aún más complejo en el caso de Europa, donde la mayoría de los recién llegados son musulmanes del norte de Africa y Medio Oriente. No parece probable que vayan a asimilarse en una sociedad cristiana mayoritariamente laica, y su aislamiento social podría obstaculizar la lucha contra el terrorismo islámico.

Gradualmente, los gobiernos se darán cuenta de que la inmigración, por sí sola, no puede resolver sus problemas demográficos, y que podría necesitarse una intervención mucho mayor para fomentar o desaconsejar la procreación. Los gobiernos que sean más capaces de dar soluciones imaginativas a estos problemas ahorrarán a sus sociedades mucho sufrimiento.

Por Lee Kuan Yew
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente.

Lee Kuan Yew fue primer ministro de Singapur entre 1959 y 1990, y es, en la actualidad, ministro emérito.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=771697

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Los partidos políticos podrían desaparecer

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 11-01-2006 00:00:00

La gente ya no confía en ellos, dice el autor

Suele darse por sentado que los partidos son cruciales para la vida política moderna. Constituyen la base del sistema democrático representativo desde fines del siglo XIX. Sin embargo, sus perspectivas en las grandes democracias de hoy no son halagüeñas. Es más, es posible que esas poderosas máquinas políticas desaparezcan pronto.

La tierra bajo sus pies ya se está moviendo. Los partidos han fundado sus programas en divisiones ideológicas y de status que cada vez son menos importantes. Aunque la conciencia de clase sigue contando, las identidades étnicas, religiosas y sexuales tienen ya prioridad y representan afiliaciones que recorren de forma transversal los límites entre los partidos tradicionales. Las etiquetas de izquierda y derecha significan cada vez menos. Los ciudadanos tienen múltiples intereses, distintos sentimientos de pertenencia e identidades superpuestas. Algunas formaciones políticas han conseguido adaptarse. Por ejemplo, el Partido Laborista británico, al mando del primer ministro, Tony Blair, o el Partido de los Trabajadores de Brasil, cuya orientación económica tiene muy poco que ver con sus orígenes sindicalistas.

Desplazamiento

Otros no serán tan afortunados. Existe un desplazamiento político unido a una fatiga creciente respecto de las formas tradicionales de representación. La gente ya no confía en los dirigentes políticos. Quieren más voz en los asuntos públicos y prefieren expresar sus intereses de manera directa o a través de grupos de presión y las ONG. Por ejemplo, el debate sobre los alimentos genéticamente modificados en Europa no se entiende sin hacer referencia a organizaciones como Greenpeace. Y, gracias a las comunicaciones modernas, los grupos cívicos pueden prescindir de los partidos para influir en la política. Estos ya no tienen el monopolio de la legitimidad.

Votar sigue siendo fundamental, pero para ello no hacen falta estas organizaciones. Es más, cuanto más importante es el tema, más probabilidades hay de que gobiernos de lugares tan distintos como Suiza, Bolivia y California busquen la legitimidad a través de referendos. El rechazo a la Constitución Europea en Francia y los Países Bajos demuestra que los grandes partidos, muchas veces, tienen escasa capacidad de maniobra cuando se plantea un asunto directamente a la gente. Se encuentran en una coyuntura crítica: tienen que transformarse o se volverán irrelevantes. Para sobrevivir, deben elaborar agendas flexibles que no dependan de las tradicionales divisiones ideológicas y de clase. Necesitarán volver a capturar la imaginación del público. Y tendrán que aceptar que otros también merecen un sitio en la mesa política.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

Por Fernando Henrique Cardoso
Foreign Policy Magazine/ LA NACION

Fernando Henrique Cardoso fue presidente de Brasil entre 1995 y 2003 y actualmente preside el Club de Madrid

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=771410

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En un planeta sin fronteras, los países perderán soberanía

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 10-01-2006 00:00:00

Según el autor, los Estados deberán compartir su poder con fuerzas globalizadas

La soberanía -la noción de que los gobiernos tienen libertad para hacer lo que deseen dentro de su territorio- constituye el principio rector de las relaciones internacionales desde hace más de 350 años. Dentro de 30, este concepto ya no será sagrado. En su contra se unirán poderosas fuerzas y amenazas de nuevo cuño.

Los Estados-nación no desaparecerán, pero compartirán el poder con mayor número de pujantes actores o soberanos que nunca, entre ellos las empresas, las organizaciones no gubernamentales, los grupos terroristas, los carteles de la droga, las instituciones regionales y mundiales, y los bancos y fondos de pensiones privados.

La soberanía morirá víctima del rápido y poderoso tráfico de personas, ideas, gases de efecto invernadero, mercancías, euros, drogas, virus, correos electrónicos y armas en el interior de los países y a través de las fronteras. Se trata de un comercio que desafía uno de los principios fundamentales de la soberanía: la capacidad de controlar lo que cruza la frontera.

Los Estados, cada vez más, medirán su vulnerabilidad no ante otros, sino ante las fuerzas de la globalización que no pueden controlar.

Kosovo, un prototipo

Pero las fuerzas impersonales no serán las únicas responsables. En el futuro, los países, a veces, decidirán arrebatar la soberanía a otros. Igualmente, un gobierno que no tenga la capacidad o la voluntad de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos perderá el derecho a su soberanía.

No es sólo cuestión de escrúpulos morales, sino de comprender, con sentido práctico, que el abandono -bienintencionado o no- puede generar oleadas de refugiados desestabilizadoras y desencadenar la bancarrota del Estado, lo cual abre el paso a los terroristas.

La intervención de la OTAN en Kosovo, en 1999, que obligó a Serbia a renunciar al control de la provincia descontenta tras años de abuso de poder, puede ser un prototipo para el futuro.

En todo ello está implícita la idea de que la soberanía es condicional, incluso contractual, y no absoluta. Si un país patrocina el terrorismo, desarrolla armas de destrucción masiva o practica el genocidio, está renunciando a los beneficios normales de la soberanía y se expone a ser atacado, derrocado u ocupado. De este modo, el reto diplomático será obtener un amplio apoyo a los principios de comportamiento del Estado y un procedimiento para decidir el remedio cuando se violen dichos principios.

Los Estados también decidirán prescindir de parte de su soberanía. Esta tendencia ya está en marcha, sobre todo en el ámbito mercantil. Los gobiernos aceptan las decisiones de la OMC porque, en conjunto, los beneficia un orden comercial internacional que esté regulado, aunque una norma concreta afecte al derecho de proteger las industrias nacionales.

El cambio climático también está poniendo límites al control gubernamental. El Protocolo de Kyoto, que estará vigente hasta 2012, exige a los firmantes que pongan freno a las emisiones de gases invernadero.

Se puede imaginar un acuerdo todavía más ambicioso en el que un número mayor de gobiernos, que incluya a Estados Unidos, China e India, acepte límites más estrictos, basados en el reconocimiento de que estarían peor si ningún país aceptara las restricciones.

Todo esto constituye un mundo que no es plenamente soberano, pero en el que tampoco reinan un gobierno mundial ni la anarquía. De aquí a 30 años, el mundo será semisoberano. Reflejará la necesidad de adaptar los principios legales y políticos a un planeta en el que los retos más graves procedan de lo que las fuerzas globales hagan a los Estados y lo que los gobiernos hagan a sus ciudadanos, y no de los que los Estados se hagan entre sí.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

Por Richard Haass
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Richard Haass es presidente del Council of Foreign Relations y autor de "The Opportunity: America´s Moment to Alter History´s Course" (PublicAffairs, Nueva York, 2005).

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Las drogas del futuro, químicas y a medida

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 09-01-2006 00:00:00

Según el autor, el narcotráfico decrecerá

La guerra contra las drogas llegará pronto a su fin. No se ganará ni se perderá y, desde luego, no se eliminará el consumo ilícito de drogas. El combate terminará porque los estupefacientes que conocemos desaparecerán.

La droga modelo del futuro está ya entre nosotros, es el cristal de metanfetamina, que está arrasando en los Estados Unidos y abriéndose paso en otros países. Es barata y fácil de fabricar. El fabricante obtiene el ciento por ciento de los beneficios; no se necesitan intermediarios ni mensajeros. Se fabrica con materiales adquiridos en el garaje o el sótano, por lo que su producción es prácticamente imposible de detener. Sólo se atrapa a los incompetentes.

De aquí a 30 años, los que permanezcan en el negocio serán fabricantes de drogas de diseño para ricos. Con el tiempo, se eliminarán los peores efectos secundarios, tal vez incluso la propia adicción. Los vendedores de esos estimulantes a medida prepararán la experiencia química perfecta para quienes puedan pagarla. Hoy es ya corriente la combinación de cocaína con esquí, sexo u otras actividades físicas intensas; lo mismo ocurre con la marihuana y la creación musical. En el futuro, habrá drogas específicas para la comida, el golf, la jardinería? Como la metanfetamina actual, algunas sustancias podrán fabricarse en casa. Y todas estarán diseñadas para que los demás no detecten su consumo: nada de ojos rojos, tics nerviosos ni aletargamiento.

Nueva economía

Este paso tendrá algunas consecuencias positivas. Los campos de opio en Afganistán y las plantaciones de coca de Colombia se marchitarán y permitirán crear nuevas realidades económicas en ambos países. La pérdida de unos cultivos lucrativos, al principio, molestará, pero los agricultores y los comerciantes dedicados a bienes legales, sometidos a impuestos transparentes, acabarán por facilitar la construcción de sociedades saludables. Las esquinas no estarán llenas de vendedores disputándose el territorio a tiros. La población carcelaria en los países occidentales disminuirá.

Pero, a medida que la violencia relacionada con el narcotráfico desaparezca y las drogas sean más seguras, su consumo será mayor. El límite entre los estimulantes legales, como el Viagra, y los narcóticos ilegales vinculados con el placer y la creatividad se difuminará.

La presión política y social contra la drogadicción persistirá, pero cada vez se parecerá más a las campañas contra el uso de fármacos por parte de los deportistas.

Del mismo modo que el sistema legal está luchando con las nuevas realidades de la propiedad intelectual en la era digital, tendrá que esforzarse para controlar las innovaciones en la química de las drogas. Es posible incluso que recordemos con nostalgia la época en la que se perseguía a los contrabandistas y se incendiaban campos de coca. Los malos eran unos salvajes, en general extranjeros o matones de barrios bajos.

Los nuevos traficantes serán químicos, a los que probablemente se atrapará por evasión de impuestos. También será más difícil odiar a los consumidores. Se parecerán mucho a cualquiera de nosotros.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente.

Por Peter Schwartz
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Peter Schwartz es presidente de Global Business Network, una compañía de Monitor Group, autor de los libros "China´s Future" (Jossey-Bass, 2001) y "Inevitable Surprises" (Gotham, 2003), entre otros, y asesor de guión del film "Minority Report".

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=770970

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"Los subsidios al campo son un lujo que no puede perdurar"

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 08-01-2006 00:00:00

Por Enrique Iglesias
Foreign Policy Magazine / LA NACION

LA NACION inicia hoy una serie de doce artículos de prestigiosos especialistas internacionales sobre los grandes cambios económicos, culturales, políticos y tecnológicos que pueden producirse en el mundo en las próximas décadas. Los textos, publicados originalmente en la revista Foreign Policy, abarcan temas tan diversos como la lucha contra las drogas, el futuro de la monogamia, el fin del anonimato y la transformación del concepto de soberanía.

La solución de la pobreza y el atraso de una parte importante de la humanidad se vio en un primer momento, sobre todo, como un imperativo ético, es decir, de justicia. Más tarde se empezaron a mezclar dos aproximaciones ligadas entre sí: una vinculaba esos problemas a la paz, la estabilidad y la seguridad en determinados países o regiones, y la otra los relacionaba con los derechos humanos, cuya definición se amplió desde los individuales a los económicos y sociales, hasta incluir el derecho al desarrollo. En un tercer y más reciente momento el desarrollo se ve vinculado con la noción contemporánea de la seguridad colectiva.

El Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las Amenazas, los Desafíos y el Cambio, de las Naciones Unidas, indica “que las mayores amenazas (…) con que nos enfrentaremos en los decenios por venir, van mucho más allá de las guerras de agresión entre Estados (...), cualquier suceso o proceso que cause muertes a gran escala o una reducción masiva de las oportunidades de vida y que socave el papel del Estado como unidad básica del sistema internacional constituye una amenaza para la seguridad internacional’’. A partir de esa definición se identificaron seis grupos de peligros: los económicos y sociales (como la pobreza, las enfermedades infecciosas y la degradación del medio ambiente); los conflictos entre Estados; los enfrentamientos internos, como la guerra civil o el genocidio; las armas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas, el terrorismo y la delincuencia organizada transnacional.

En esa ensanchada visión de la seguridad internacional se destacan dos aspectos, que resultan de la mayor pertinencia al intentar explorar temas y problemas que hoy obsesionan y que, probablemente, serán cosa de la historia en pocas décadas. El primero lo constituye el hecho de que esas amenazas -de las cuales ningún país, por poderoso que sea, puede aislarse- están íntimamente entrelazadas: los problemas económicos y sociales son causa de conflictos en y entre los Estados, lo que se traduce en deterioro de las condiciones de vida y la pobreza, a su vez, en degradación del medio ambiente. Esos enfrentamientos y sus causas económicas y sociales -incluyendo la disputa por recursos naturales y la generación de un ambiente de frustración y resentimiento que alienta el terrorismo- conducen al debilitamiento y colapso estatal, de lo cual se aprovecha la delincuencia organizada y el terrorismo con sus implicaciones en la proliferación de armas.

Segundo: desde el punto de vista de la prevención de las amenazas a la seguridad colectiva, el avance económico y, sobre todo, social constituyen una innegable línea de defensa. No desconocemos que el desarrollo per se no elimina todos los factores de inseguridad -como bien lo demuestran hechos recientes-, pero descomprime el caldo de cultivo que es la pobreza, en la cual germinan y se alimentan muchos de los elementos de la inseguridad que hoy vive el mundo.

Planteadas así las cosas, ¿qué mejor instrumento puede ser utilizado con urgencia para aliviar la pobreza en el mundo que eliminar los subsidios a la agricultura en los países ricos? No se entiende que por proteger a un pequeño segmento de su población y de su economía los países desarrollados no contribuyan a aliviar la situación de miseria y postración de varios miles de millones de habitantes en Asia, Africa y América latina, que por este medio verían así incrementados sustancialmente sus ingresos. El argumento es mucho más vigoroso aún si se piensa que los Estados ricos disponen de recursos suficientes como para compensar a su población agraria por los efectos que la medida acarreará. No desconozco que la mera eliminación de los subsidios no asegurará automáticamente que sus beneficios lleguen a las grandes mayorías, pero para eso están las políticas internas que los hagan realidad.

El fin de las subvenciones será muy significativo para América latina, tanto en términos de bienestar como de exportación, pues esta medida, aplicada en todo el hemisferio occidental, supondrá un incremento de las exportaciones agrícolas del 14%, del que se beneficiarán sobre todo Brasil, Chile, América Central y el Caribe, con mejoras esperadas de entre un 15 y un 27 por ciento. Un aumento en el volumen de exportaciones generará más trabajo, ralentizará la migración hacia las ciudades y ayudará a impulsar las rentas del sector agrícola, lo que incidiría en la reducción de la pobreza.

Además, el impacto positivo de esta medida en el crecimiento de los países menos favorecidos será mayor de lo que se cree, debido a la enorme expansión de la demanda alimenticia y de otros productos agrícolas asociada al vertiginoso crecimiento de Estados como la India y China. El PBI en estas naciones, que representan casi el 40% de la población mundial, ha crecido entre finales de los 90 y 2003 a una tasa promedio superior al 5% y 8%, respectivamente. ¿Se imaginan el impacto en el potencial exportador y de crecimiento de los países en desarrollo asociado a ese cambio en los parámetros mundiales de la demanda de productos agrícolas?

La conclusión es sencilla: desde el punto de vista de la seguridad colectiva, y, por tanto, de la supervivencia de la humanidad, los subsidios agrícolas son un lujo que no puede perdurar.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente.

Enrique Iglesias es secretario general permanente de las Cumbres Iberoamericanas.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=770754

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