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"Amamos en los héroes de historietas la vitalidad que suele faltarnos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 08-07-2007 00:00:00

A FONDO: PABLO DE SANTIS - ESCRITOR

La seducción de los comics cruza edades y generaciones. Para atrapar, se valen de rasgos tan austeros como potentes, y de personajes que conmueven por su capacidad de no temer a la acción.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Lo sabemos: las historietas son iniciáticas. Las primeras lecturas autónomas, no escolares, suelen ser historietas. Las fantasías juveniles más intensas, las que le brindan al lector los rasgos de los héroes y la más penetrante idea de aventura, se originan también en las historietas. La eficacia de este género surge de la conjunción de dibujo y texto, que parece armonizar las dimensiones del mirar y el hablar.

El escritor Pablo De Santis -quien recientemente obtuvo, en Bogotá, el Premio Planeta-Casa de América de Narrativa, en su primera edición, por su novela El enigma en París, dotado con 200.000 dólares y considerado el galardón literario iberoamericano de mayor cuantía- conoce íntimamente el mundo de las historietas. A los 21 años comenzó a trabajar en la revista Fierro como guionista y nunca se apartó de ese mundo deslumbrante.

¿La historieta es, como creen algunos, un género menor?

Obviamente, no. Pero es menos peligrosa la desconsideración que algunos hacen de la historieta que la entronización absurda -que también ocurre- de cualquier cosa dibujada. Como cualquier disciplina artística, hay obras geniales, extraordinarias, y obras mediocres, olvidables.

La historieta es un género austero, pero de gran vitalidad expresiva. ¿Eso produce mayores efectos de identificación entre los lectores?

Yo creo que sí. Uno suele identificarse con las cosas que contrastan más con uno. Es que como lector, uno está quieto y tiene una vida poco heroica. Es lógico entonces que se identifique, por sus hazañas, con héroes que nunca están quietos. Uno ama a los héroes porque nunca están quietos. O casi nunca. En algún momento, Sandokán iba a la isla de la Tortuga y vivía algunos instantes de reflexión. Pero duraban poco tiempo; en el capítulo siguiente ya el héroe encaraba una nueva aventura. Es que en la historieta siempre alguien está haciendo algo. En la literatura puede haber más inmovilidad, pero en la historieta apenas se pone a alguien en el cuadrito, ya tiene que hacer algo. Creo que amamos en los héroes de historietas la vitalidad que suele faltarnos. Los personajes son dinámicos, están siempre en movimiento. Por eso el héroe de los relatos policiales de enigma no tuvo su versión en historieta. El policial de enigma presentaba un detective quieto, que está solo en un cuarto e investiga la pista. Ese no es un héroe de acción: nunca resuelve algo agarrándose a las trompadas.

Ese detective, por su relación con el alcohol, el problemático vínculo con las mujeres y la soledad que lo rodea, ¿no tiene rasgos melancólicos?

Sí. Los policiales clásicos siempre son solitarios, melancólicos. Nunca existe una familia, o en todo caso arman esa familia provisoria con su asistente. Con él van hacia las aventuras y nunca se sabe de qué viven. Pero la historieta sí tomó al detective norteamericano, el de la novela negra, que ama la pelea. Por ejemplo, Dick Tracy. Eran detectives que iban en auto, siempre urgidos. No eran los detectives quietos del policial inglés, cuya versión más extrema y paródica es el personaje de Borges y Bioy Casares, Isidro Parodi, que está preso y resuelve los casos a través del análisis, sin ninguna acción.

Pero la historieta también se extendió al campo de las ideas. Hay libros para principiantes que usan el formato de la historieta para divulgar posiciones científicas y filosóficas. ¿Puede la historieta exponer la reflexión?

Siempre me interesó todo lo que tiene que ver con la divulgación, con la posibilidad de que mucha gente entienda algo. Hay un libro llamado Kafka para principiantes, con dibujos fabulosos de Robert Crumb, que muestra cómo la historieta puede comunicar y llegar a más lectores.

Parece fácil hacer una historieta, pero ¿lo es?

No, para nada. Es fácil de leer, pero es un género muy complicado de ejecutar.

Además, no se hace de a uno...

Claro. Tiene que haber alguien que piensa la historia. Un guionista que tiene que hacer cuadro por cuadro los diálogos y saber cómo comunicarlos al dibujante. Tiene que haber una buena relación entre los dos. Tampoco es fácil dibujar una historieta, requiere una serie de destrezas técnicas particulares. Es muy común que excelentes ilustradores se pierdan a la hora de hacer historietas, porque olvidan lo imprescindible que es la acción.

Las imágenes que recordamos de las revistas escolares presentaban a los héroes históricos en historietas. ¿Qué capacidad tiene la historieta para construir una narrativa histórica?

Las ilustraciones de esas revistas escolares eran muy vívidas, creaban intensas anécdotas visuales. Y nosotros, lo que recordamos de la historia del colegio, siempre es una anécdota. Porque es mucho más fácil recordar una anécdota, y mucho más edificante también. Siempre se opuso la historia de la anécdota a la historia de los procesos. Pero los hechos individuales también hacen a la historia, porque en esos episodios hay cosas que se resuelven o se condensan en una acción, una muerte o un rescate.

¿Por qué tiene tanta potencia erótica el dibujo de la historieta?

Es muy curioso. En un momento en que la historieta tenía problemas para subsistir en nuestro país, en Europa la historieta erótica era un éxito, con esas chicas tan pulposas. Es increíble, pero en un contexto de mucha producción de películas pornográficas, la historieta erótica triunfa. En definitiva, siempre son dibujos, nunca son reales, y sin embargo tienen una capacidad de potenciar la fantasía que quizá las películas y las fotografías de sexo explícito no tengan. La historieta desarrolla siempre la fantasía.

Una de las fantasías más poderosas es la del justiciero. ¿Qué rasgos tiene esa lucha por la justicia?

En cierto modo, en las historietas siempre hay una separación entre la ley y la justicia; o digamos, entre las leyes de los hombres y la justicia. El mundo de las leyes se muestra insuficiente, por la actitud de los gobernantes o porque los policías a veces son ineficaces. Entonces aparece el héroe, que es el que se ocupa de hacer justicia. Batman, por ejemplo, está por fuera de las instituciones. El superhéroe es un personaje nacido dentro del género de la historieta; no existía antes en la literatura. Muchos otros personajes, sí. Por ejemplo, Dick Tracy venía de la novela policial; el mismo Batman debe mucho a algunos rasgos de los folletines y ciertos personajes que aparecían en las novelas populares. Superman es un personaje que nace de la historieta; en la literatura popular no había nada parecido, nació para ser dibujado. Superman no es el que más me gusta; para mí es el más desabrido de todos los héroes. Quizás el más interesante sea Batman, con esos rasgos oscuros, nocturnos, en esa ciudad también oscura. Es un héroe en permanente correspondencia con su entorno.

La historieta también puede ser humorística. ¿Se confunde con el humor gráfico?

No. En una historieta narrativa -una historia larga, por ejemplo, El Corto Maltés-, vemos que hay muchos elementos: el personaje, el mar detrás, el barco.... Si nosotros vemos una historieta humorística, vemos que sólo aparece lo significativo: Mafalda o Inodoro Pereyra. El dibujante sólo dibuja lo que es significativo para el humor de la historia. No hay elementos de más, porque distraen la atención. El humor siempre necesita la concentración en un punto. En una historieta hay una escena de acción -el héroe le da una trompada al villano de turno-, pero siempre hay otra en el fondo, sin que eso nos distraiga ni complique la lectura. Insisto: en el humor gráfico siempre necesitamos que nuestra atención vaya a un solo punto, porque el humor es algo que depende del instante.

En las historietas también están los villanos. ¿Es bueno que las historietas tengan un alto contenido moral?

Creo que sí. Me parece que es bueno tener una visión moral de la vida. No es necesario que cada persona esté identificada con el bien o con el mal, pero sí es importante pensar en el bien y el mal.

¿Los videojuegos tienen vínculos con las historietas? ¿El jugador es una especie de lector participante?

No, en la lectura hay un mecanismo interpretativo que siempre es más sofisticado que jugar videojuegos. Me parece que en la literatura hay algo fundamental: algo ocurre. Usted puede interpretarlo de distintas maneras, pero eso pasó y no puede elegir otro final. Si uno tiene cualquier final posible, se le arruina el efecto literario. Porque en él hay una fatalidad irreductible. La literatura siempre trasmite una sensación de destino, de que las cosas son así, que es indispensable para el efecto artístico. Si no, ya es otra cosa. Por eso los videojuegos son juegos, no formas artísticas, de la misma manera que jugar al truco no es una forma artística, sino un juego. Atrapante, pero juego al fin.

Copyright Clarín, 2007.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/07/08/z-03615.htm

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