A FONDO: MARIA BARRUTIA: CHEF
Detrás de una salsa, de una forma de cocinar una carne o de combinar los vinos se teje una trama entrañable de afectos, recuerdos e identidades en la que cada familia se reconoce única.
Daniel Ulanovsky Sack. ESPECIAL PARA CLARIN
Creativa y algo obsesiva. Cuando uno conoce a María Barrutia no puede pensarla sino de esta manera.
Creativa porque sorprende hasta en lo cotidiano: uno de sus platos es el ojo de bife con papas, pero servido junto a una flor de salvia —algo más dulce y menos agresiva que la hoja— que suma un aroma único mientras no invade el sabor de la carne. Para ella, "respetar la materia prima" es el primer mandamiento. Y obsesiva —decíamos— por ser celosa hasta el infinito: sufre cuando sus amigos entran a la cocina de su casa, en tanto la de su restaurante, un bistró en pleno Buenos Aires, parece cercada por una muralla que ni este cronista pudo atravesar (apenas logró espiar después de horas de insistencia).
Se formó junto a los cocineros más reconocidos a nivel global, como el francés Michel Bras, el catalán Ferrán Adrià —dueño de El Bulli, elegido este año por la revista británica Restaurant como el mejor del mundo— y el vasco Martín Berasategui. Dirige junto a Flavia Rizzuto el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas.
"No creo —asegura— que se pueda pensar la comida como un plato aislado: influyen el vino, el ambiente, y hasta el tabaco que se ofrece al finalizar". Quizá por eso su pasión más reciente se centra en las catas, y no sólo de vinos. Las hay de otros productos nobles que llegan a la mesa, como el aceite de oliva o el cacao: todo debe estar conectado para que la experiencia sea única.
¿Qué encierra un plato de comida? ¿Por qué para algunos es un espacio casi sagrado?
La comida habla de nosotros, del que cocina y del que come. Yo estoy convencida de que con cada plato se cuenta una historia diferente. A veces hasta preparo recetas que no son mis preferidas si sé que van a resultar emotivas para el que está sentado a la mesa. Mi abuela, por ejemplo, hacía unos lomitos deliciosos con morrón y champignones. Ahora que ella ya no está más, cuando le cocino a mi papá le preparo una carne roja con salsa de hongos y vino tinto porque, sin ser lo mismo, hay un algo que a él le va a recordar esos aromas que hablan de su mamá, de su identidad. Me gusta condensar en un plato un afecto, un recuerdo de familia.
Eso es, a la vez, una cocina de autor y de abuela.
Sí, creo que de eso se trata. También puedo contar mi propia historia. A mi marido, Marcelo, le hago los pimientos del piquillo —muy propios de España— rellenos con carne de rabo desmenuzada y un poquito de salsa blanca. Disfruto preparándoselos, aunque nunca los haría para mí. ¿Cuál es la diferencia? En ese plato se esconde parte de un pasado que no llegamos a compartir y que quiero que conozca. Me refiero a mi aprendizaje en cocinas de Francia y de España que bien puede entreverse en esa receta y que, además, a él le encanta. Esto no sólo se relaciona con platos familiares. Puede venir, por ejemplo, una pareja que se está por casar y pedir para la fiesta un plato no tradicional, que hable más de ellos, que tenga algo de original pero a lo mejor también de rústico —si no son muy convencionales— y que por los ingredientes pueda gustar a todos, pero que sea único por la forma de conjugarlos.
La idea de lo único ya no alcanza sólo a la comida sino también al vino. Cada vez se habla más de cómo "maridar" lo uno y lo otro. ¿Hay platos ideales para los vinos argentinos más característicos?
Sí y no. Le explico: existen vinos argentinos muy diferentes entre sí. A veces en sesiones de cata ofrecemos cinco botellas distintas que se prueban a ciegas y la gente analiza cuán diferente es uno de otro. Luego mostramos las etiquetas y se sorprenden al comprobar que los cinco eran malbec, la cepa más característica de la Argentina. Hay que tener cuidado, entonces, con las generalizaciones. Aclarado esto, existen, sí, algunas peculiaridades que comparten los vinos argentinos: tienen sabor a fruta y bastante alcohol. ¿Por qué? Nuestras regiones vitivinícolas, comparadas con otras del mundo, gozan de muchas horas de sol. Eso redunda en un buen nivel de azúcar en la uva que se traduce, luego de la fermentación, en un porcentaje de alcohol relativamente alto. Lo mismo pasa con lo frutado: una buena maduración implica, por ejemplo, un sabor con una nota de ananá y de durazno en el caso de algunos blancos y de ciruela y de frambuesa en ciertos tintos. Si buscamos platos que combinen bien, debemos considerar estas singularidades.
A ver si le acierto: ¿tienen que ser sabores fuertes para no quedar opacados por un vino que desborda contundencia?
En el caso del malbec, y más si pasa un tiempo por barrica de roble que le otorga un dejo de madera, le diría que sí. Pienso en una carne roja y en un método de cocción a las brasas por su sabor algo ahumado que conjuga muy bien con el tanino de muchos de nuestros tintos —me refiero al sabor algo áspero, ligeramente secante que proviene del hollejo y de la semilla. Las carnes bien jugosas resultan suaves y maridan de maravillas en la boca con esa astringencia. Así, ambos se favorecen. Un vino de buen cuerpo logra también que la sensación de la grasa quede alivianada y resulte más agradable. Eso sí, si a alguien le gusta el asado muy cocido, la combinación ya no sirve porque la carne se siente áspera en el paladar y acrecienta esa misma tendencia del vino. Ahí convendría uno liviano, con menos tanino.
¿El maridaje también ayuda a encontrarle más sabor a algo cotidiano, por ejemplo a una contundente milanesa a la napolitana?
Ah, me encantan las milanesas...
¿En serio? Cuénteme cómo se hace una gourmet y después pasamos al vino.
Primero, elegir una buena carne. No hace falta que sea lomo pero sí peceto o nalga. Luego, como hacían nuestras madres, darles unos buenos golpes y pasarlas por una mezcla de huevo con ajo y albahaca picada. Muy importante es el pan: prefiero secarlo y molerlo yo misma, a mano o también en una licuadora. El último secreto está en el aceite, ni muy caliente porque la milanesa se quema ni demasiado frío porque se embebe demasiado y no queda seca. Para la "napolitana" me atrevo a pensar creativamente. ¿Por qué no usar un queso especial, como uno de cabra o un brie francés? En cuanto al maridaje, me inclino sin duda por un vino rosado.
¿Rosado? Usted tiene alma de hereje, María.
Deje sus prejuicios de lado por un momento y escúcheme. Una fritura con tomate y queso caliente no es fácil de combinar; un vino tinto puede desequilibrarse y sentirse amargo en el paladar. Un rosado, en cambio, presenta varias ventajas: al tener un grado superior de acidez —esa especie de gusto cítrico que se siente al tomarlo— se lleva bien con el tomate que también genera una sensación similar. Y al servirse fresco, aliviana la fritura. Recordemos que también está el queso: el rosado, por ser un vino menos complejo, permite integrar mejor los tres sabores sin deformar el propio. Al maridar una comida con un vino, hay que pensar en un camino de doble vía ya que se pueden favorecer o anular mutuamente. Para entender esto basta con que uno tome un buen tinto y lo saboree. Luego se come una nuez y se vuelve a probar el mismo vino. ¿El resultado? Uno piensa que lo han cambiado, que es otro más astringente y rústico. Entonces, aunque yo tenga la mejor nuez y el mejor tinto, no tiene sentido servirlos juntos. Algo así pasa con la milanesa a la napolitana.
Hablamos de la milanesa, un plato popular que se suele comer en porciones grandes. Pero uno de los chefs con los que usted estudió en España, Martín Berasategui, asegura que hay platos —como sus ostras con clorofila de berro— que sólo se pueden servir en pequeñas porciones. ¿Por qué?
Existen sabores que no están pensados para comer mucho. No quiero decir que no sean cosas ricas... pero casi. Se trata de combinaciones difíciles, raras, interesantes de paladear por su innovación y por las sensaciones que transmiten, pero que pueden resultar muy fuertes. Si uno come demasiado, las siente como algo exacerbado, en una medida no justa. Ferrán Adrià, por ejemplo, sirve junto al aperitivo un huevo de codorniz poché caramelizado, algo muy particular por lo crocante del caramelo junto a la yema líquida. Pero es para una vez, no más. En ese sentido, para ciertos chefs, lo importante pasa por la sorpresa que puede provocar una comida. Otros —y aquí ubico a Michel Bras, a quien considero mi maestro— prefieren los sabores locales, netos, sutiles. Así, él sirve agua corriente porque su restaurante está en una zona rural de montaña y el agua local es excelente. Entre sus recetas tradicionales está el "gargouillou", una conjunción de hasta treinta verduras cocidas de diferentes maneras —algunas a la parrilla, otras apenas blanqueadas, algunas desecadas o confitadas— y servidas con flores que, si hablamos de la primavera, pueden ser de violetas, de tomillo, de albahaca y algún pétalo de caléndula, además de hierbas silvestres. Esta comida condensa los aromas de una tierra y cumple mi ideal de cocina: transportar la naturaleza a un plato, ofrecerla en su gusto original y no esforzarse para que parezca algo que no es.
Copyright Clarín, 2007.
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A FONDO: IRENE THERY (ANTROPOLOGA)
En los últimos treinta años, la familia sufrió una revolución. La institución más acosada parece la de la pareja, que sin embargo resiste cuando logra forjar formas más flexibles de convivencia.
Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com
Desencanto. Esa es la sensación que predomina en la perspectiva sociológica, haciendo que los mitos y los ritos sean martillados hasta que poco de ellos quede en pie. Contra ese ánimo confronta la vitalidad de ciertas estructuras, ideologías y sentimientos. En este escenario, ¿qué valor puede tener un anillo, una alianza de oro en la mano de una socióloga?
Sí, Irène Théry lleva una alianza, un objeto que porta una significación vinculada al orden de disponibilidad y circulación de las personas en la sociedad. Es inevitable, entonces, empezar por ese dato que exhibe esta experta francesa, que vino a Buenos Aires a dictar un seminario sobre "Distinción de sexo y parentesco" en el Centro Franco-argentino de la UBA.
¿Qué presente y porvenir tienen los anillos que simbolizan compromiso y matrimonio? ¿Están en decadencia? ¿Han perdido valor? ¿Son etiquetas ya vacías?
Usted plantea la pregunta a través de una observación personal. Habitualmente, los sociólogos no hablan de sí mismos. Pero le voy a hacer una confesión: mi alianza no tiene en absoluto el sentido que usted piensa. Como muchas personas, cuando me casé, hace unos treinta años, pensaba que el casamiento no era importante, que era sólo una formalidad, y seguramente no hubiera usado una alianza. Por otra parte, estaba convencida de que no hay tanta diferencia entre los valores de aquellos que se casan y los de los que eligen vivir en unión libre. Y más hice sociología, más he visto la proximidad entre ambas elecciones. En este contexto, todos debemos afrontar lo mismo. En una pareja existen riesgos. Y en especial, el riesgo de una crisis. Debemos entender que las parejas de hoy son parejas que van a conocer la crisis. Los que duran, casados o no, son aquellos que han podido sobrellevar su crisis, que son fases normales en la evolución de una pareja, frente a las grandes cuestiones que nos plantea la vida: las felicidades que llegan, las infelicidades, las transformaciones en el status profesional.... Por eso, el verdadero casamiento, el ideal de la pareja, es el re-casamiento.
¿A qué se refiere?
Estar casado hoy, estar en pareja, es ser capaz de renovar un contrato cada día. El verdadero ideal no es "se casaron y tuvieron muchos hijos", sino que es "se casaron y se volvieron a casar, y se volvieron a casar". Ahí tiene el secreto de mi alianza. Me la puse en ocasión de un re-matrimonio con un marido del cual nunca me había divorciado, pero con quien habíamos experimentado nuestra crisis.
¿Entonces las alianzas cambiaron su sentido?
Sí, ya no separan a los casados y a los no casados. De hecho hay gente que no está casada, por ejemplo parejas del mismo sexo, que usan alianzas. Lo que todos tenemos en común es que nosotros sabemos que la responsabilidad de seguir con una vida en común, o de interrumpirla, es una cuestión que pertenece a nuestra conciencia y nos enfrenta con nuestras responsabilidades. Ya no es la sociedad la que puede decir por nosotros si formamos una pareja o no.
¿Qué rasgos predominan en el orden familiar actual?
Creo que todo el mundo está de acuerdo en decir que hace treinta años ha comenzado una gran mutación. Se vio un cambio en todos los indicadores demográficos: la disminución de la fecundidad, el aumento del número de uniones libres, la disminución de casamientos, el incremento de separaciones, el aumento de las familias monoparentales o ensambladas, y todo esto aparecía como una muy poderosa ruptura con respecto a la familia tal como se la había conocido en los años 40 y 50. Los juicios en cuanto a esta transformación fueron bastante opuestos. Una parte de los especialistas consideró que estábamos asistiendo a una crisis de la familia, a una pérdida de valores, bajo el efecto de un individualismo desenfrenado. Otro sector consideró que estos cambios manifestaban un progreso en relación con un modelo tradicional considerado como opresivo para el individuo. Por ende, se interpretaron estos cambios como el efecto de emancipación del individuo. De hecho, pese a estar opuestos en el juicio, ambos estaban de acuerdo en cuanto a identificar el problema en tanto pasaje de la familia al individuo.
¿Está de acuerdo con estos análisis?
¡No! En realidad, la familia no ha desaparecido, el individuo no se ha convertido en una especie de átomo, y cuando se interroga a la gente, pone a la familia en el lugar número uno de sus valores, y esto es especialmente verdadero entre los jóvenes, que se supone fueron las víctimas de todas estas perturbaciones que hemos conocido.
Entonces, es posible una interpretación diferente de los cambios, basada en la recomposición de las relaciones familiares. Para esto, hay que ubicar a la familia en el sistema de parentesco, en vez de considerarla como un grupo homogéneo. La antropología enseña que el parentesco atraviesa muchos tipos de relaciones, como las relaciones de alianza, de filiación, fraternas, etc., y que en ninguna sociedad estas relaciones se confunden. Y si queremos comprender el cambio de la familia, hay que interpretarlo en el marco de la evolución de cada una de estas relaciones. Mi hipótesis es que hasta ahora, focalizándonos en el problema del individualismo, no se estableció suficientemente el vínculo entre las transformaciones de la familia y los progresos en la igualdad de los sexos. Todo ocurrió como si la cuestión de la familia y la de las relaciones hombre-mujer fueran cuestiones separadas. Y me parece que, al contrario, están absolutamente vinculadas, y esto se nota cuando se toma un poco de perspectiva para comparar las concepciones de la pareja en los principios de la modernidad y las de hoy.
En su perspectiva, ¿qué lugar ocupa el sexo en el sistema de parentesco?
Todos los sistemas de parentesco hacen la diferencia entre los lugares de parentesco masculinos y femeninos. Por ende, el parentesco es uno de los sistemas en el que se organiza la distinción de sexo, de edades y de generaciones. Y por mucho tiempo, nuestras sociedades democráticas han aceptado considerar que las relaciones de sexo podían ser concebidas acorde a un modelo jerárquico. En la concepción clásica de la familia, fundada en el matrimonio, que constituye la pareja como una suerte de unidad —lo que de a dos sólo hace uno—, esta unidad es asegurada por la preeminencia del marido. Pienso que la larga dinámica de la igualdad de sexos fue una reevaluación, un replanteo de esta concepción de la pareja. Cuanto más la mujer fue considerada una igual del hombre, y más ha sido querida como una interlocutora del hombre, ya no se puede imaginar a la pareja como esta unidad, y poco a poco aparece otra concepción, que yo llamo la pareja dúo.
Cuya definición sería...
Un dúo, como en el tango. Un dúo como en la música. Ya no lo que con dos sólo hace uno, sino lo que con uno y uno hace dos. Pero dos no es la simple suma de uno más uno.
¿Cómo funciona esta pareja-dúo, entonces?
Son necesarias dos voces diferentes para cantar, hacen falta dos cuerpos diferentes para bailar, y todo el arte del dúo es lograr brindarle una cierta armonía a esa diferencia. En el nuevo modelo de pareja en tanto dúo, lo que hace el vínculo y la unión es el valor dado a la conversación. No era así en el pasado. Por supuesto, se discutía en una pareja. Pero en el fondo, el marido tenía la última palabra.
Se comenzó a reconocer la unión entre personas de un mismo sexo. ¿Es un nuevo cambio en el sistema de parentesco?
Creo que si queremos comprender la aparición de un debate sobre las parejas del mismo sexo, no hay que aislarlo. En realidad, es debido a los cambios de la concepción de la pareja heterosexual que se ha podido pensar que dos hombres o dos mujeres pueden formar una pareja. En la concepción tradicional de pareja, donde con dos sólo se hace uno, no se hacía la diferencia entre los cónyuges y el padre y la madre. El objetivo del matrimonio era transformar a los cónyuges en padres. Pero la pareja dúo poco a poco autonomizó los desafíos de la relación conyugal y los desafíos de la relación parental. Si una pareja es capaz de llevar una vida en común, alimentando la conversación que da un sentido a la vida en común, entonces no hay ninguna razón para fusionar la pareja en la filiación, dentro de la filiación. Creo que en principio esto ha permitido reconocer la existencia de parejas del mismo sexo.
¿Y en materia de filiación homosexual se registran cambios?
La opinión está mucho más dividida. Creo que las razones no provienen de la homofobia, sino de una cuestión que no logra todavía hallar su verdadera expresión: ¿acaso estamos diciendo que ya no hay diferencia entre un hombre y una mujer, o que ya no hay diferencia entre un padre y una madre? Me parece que se debería seguir con esta discusión, para demostrar que este borrar las diferencias no es en absoluto inevitable, y que muchas parejas homosexuales, que también son padres, están muy preocupados por el marco en el cual deben inscribir a sus hijos.
Copyright Clarín, 2007.
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A FONDO: GUILLERMO O'DONNELL: POLITOLOGO
De regreso al país, uno de los más prestigiosos politólogos argentinos plantea la necesidad de superar la gestión burocrática y clientelística y olvidar la mala idea de Estado mínimo del neoliberalismo.
Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com
Desde hace más de treinta años, Guillermo O''Donnell viene fijando agenda en la comprensión de los procesos políticos latinoamericanos. En los años 70 confrontó con las dictaduras que imponían en la región lo que él dio en llamar "Estados burocrático-autoritarios". En los 80 prefiguró las transiciones democráticas y advirtió sobre sus límites y condicionamientos. En los 90 advirtió sobre la deformación de las "democracias delegativas" y la baja intensidad de la ciudadanía. Con la crisis de fin de siglo alertó sobre el peligro de una "muerte lenta" de las democracias.
Hoy, de regreso definitivo al país y presentando su último libro, Disonancias. Críticas democráticas (Prometeo), observa con mayor optimismo el presente y con moderada esperanza el futuro. Pero tiene una preocupación central y casi obsesiva: la necesidad de un Estado que garantice y expanda los derechos políticos, civiles, sociales y culturales, actúe con razonable eficacia y honestidad, trate respetuosamente a todos y procese con inteligencia y espíritu de bien público diversas demandas e identidades. Critica también "la tentación decisionista de gobernar bajo la emergencia permanente".
¿Es posible trazar un hilo conductor para explicar los principales problemas de nuestras democracias que no pase por echarles las culpas a los gobiernos de ayer o de hoy?
Creo que se están produciendo movimientos de fondo; la situación de los países latinoamericanos es notablemente fluida; se pueden detectar los comienzos de una discusión acerca de la necesidad de construir un mejor Estado. Esto insinúa una bienvenida reversión de una época en la que el Estado fue demonizado y, en buena medida, desmantelado. Pero esa conciencia choca con los incentivos de corto plazo de la mayor parte de los políticos, para los cuales es cómodo tener un Estado desmembrado, clientelista y fácilmente manipulable. Y si no avanzamos en la construcción de un Estado adecuado al sustento y expansión de la democracia, estas democracias van a seguir siendo incompletas y deficitarias.
¿A qué llama concretamente "un mejor Estado"?
Por lo pronto, un Estado más "ancho", que esté realmente dispuesto a abrirse a las voces, identidades, demandas de todos los sectores sociales. Y que, dentro de un régimen democrático, inscriba diversos derechos de ciudadanía y pueda y quiera implementarlos junto con las respectivas obligaciones.
¿Qué hace falta para ello?
Hace falta una sociedad que lo demande, un poder político comprometido en esa tarea y burocracias capaces y motivadas para llevarlo a cabo. Lo estatal, en América latina y en la Argentina, tiene una gran deuda en lograr un carácter propiamente público, en el sentido de estar auténticamente al servicio de la ciudadanía, cumpliendo lo que dice ser como servidor de aquélla. Tenemos democracias políticas pero nos falta un Estado verdaderamente democrático.
¿Qué impacto tuvo en esto la ola antiestatista de los años 90?
Y sí, la agenda de construcción de un Estado democrático fue ocluida por la furia antiestatista de los discursos dominantes en los 90. Como consecuencia, este Estado castigado, desgarrado, fue puesto en un lugar que impedía proponerlo como lo que debe ser, un eje central de la democratización y del desarrollo.
El reclamo y la protesta frente a las sedes del poder político han sido una constante de los procesos sociales de los últimos años ¿Cómo se interpreta?
Es verdad, son procesos relacionados con situaciones y conflictos específicos, pero no veo en la sociedad suficiente demanda de construcción institucional del aparato estatal, que es lo que permitiría fijar y alcanzar metas que no sean inmediatistas o paliativas. Estamos como pasivamente quedados en una muy baja institucionalidad estatal.
¿Es casi una regla que cuando se superan los momentos más agudos de las crisis y se viven etapas de recuperación y crecimiento se abandonan estas preocupaciones por reformas más de fondo?
Yo he sido un crítico constante de las tentaciones y omisiones que siguen a los éxitos temporarios de los gobiernos. Este es un aspecto demoníaco del poder al cual nuestros gobiernos han cedido una y otra vez. Esto es, subordinar el fortalecimiento de las instituciones al deseo de continuidad indefinida en el poder, contraviniendo los fundamentos del juego democrático, que es justamente la renovación periódica de elencos gobernantes mediante elecciones lealmente competitivas.
¿Ve algo parecido en la actualidad?
Debo decir que sí. Veo síntomas preocupantes, de la misma tentación. Los gobiernos sujetos a ella tienden a agravar los problemas que arrastran los países, al alejar la escena política y la discusión pública de las soluciones a mediano y largo plazo. Desde que tenemos democracia ningún gobierno se ha salvado de la tentación de perpetuación del elenco gobernante. Para ello hay un recurso típico: adoptar una práctica delegativa o decisionista de gobierno que se sustenta en leyes de emergencia que se prolongan indefinidamente. Las facultades extraordinarias resultantes son una droga muy peligrosa: permiten hacer muchas cosas en el corto plazo pero erosionan terriblemente las instituciones políticas y estatales cuyo sustento es indispensable cuando pasa la época de las vacas gordas. Los estrepitosos derrumbes que suelen entonces ocurrir no los pagan sólo los gobiernos sino los países, sobre todo la parte más pobre y desprotegida de ellos.
Hace cuatro años usted participó activamente del Informe sobre la Democracia en América latina del PNUD, que proponía ir "hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos" ¿Cuánto se avanzó desde entonces?
Creo que el diagnóstico y la agenda se mantienen vigentes. Aquel Informe termina con una invitación a construir un Estado consonante con una concepción ampliada de la democracia. Un Estado que sea ancla y promotor no sólo de derechos políticos sino también de los derechos civiles, sociales y culturales implicados por la democracia. En ese Informe señalamos que el Estado sanciona y respalda más o menos bien los derechos de la ciudadanía política, pero falla en su papel, también fundamental, de ancla de los demás derechos. Los Estados que tenemos, así como están y con los numerosos bolsones autoritarios y corruptos que contienen no tienen suficiente poder ni impulso propio para democratizar.
¿Qué iniciativas o medidas propone para reformar al Estado para que vaya en esa dirección?
Un aspecto fundamental es la creación de algo que se parezca, siquiera medianamente, a un servicio civil. En todos los casos exitosos, un servicio civil competente, de carrera, ingresado por concurso y razonablemente pago ha sido la columna vertebral del aparato estatal. Esto no lo tenemos y veo poca conciencia de la enorme falta que hace. Hay algunas iniciativas recientes. La Subsecretaría de la Gestión Pública y el Instituto Nacional de la Administración Pública han iniciado nuevos programas de formación de funcionarios públicos y desde la Subsecretaría para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia se impulsaron normas para aumentar la información y transparencia de las actividades del Estado nacional. Pero la sanción de una ley sobre esto ha quedado cajoneada en el Congreso y no es claro el grado de cumplimiento de esas normas por parte de diversos organismos del gobierno nacional, sobre todo en temas de gran interés público.
¿Puede ser el ballotage de la ciudad de Buenos Aires una oportunidad para avanzar en ese debate sobre los modelos alternativos de Estado que se proponen, para la ciudad y para el país?
Me temo que no. La oposición nacional se preocupa por los avances sobre la división de poderes y los organismos de control y por los casos de corrupción; y está bien que así sea, pero es insuficiente. Y el oficialismo señala lo que se ha hecho para reconstruir recursos del aparato estatal, lo cual es un gran logro pero no alcanza a aclarar suficientemente cómo y para qué se gasta buena parte de esos recursos. Y ahí nos quedamos. Parece que de ambos lados persiste una visión anticuada del Estado, puramente instrumental y manipulativa, que dificulta lograr conciencia generalizada de la importancia de construir una mejor institucionalidad estatal. En la campaña, "tener propuestas" tuvo muy buen eco en la primera vuelta; lo que falta es decirnos cuáles serán las medidas que permitirán a una administración municipal tan ineficaz y clientelizada llevar a cabo las complejas tareas necesarias para implementar esas propuestas. Y diría que si no se aborda seriamente la adecuación de este Estado local, la mayor parte de las propuestas desembocarán, una vez más, en otras tantas frustraciones colectivas.
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CHRISTOPHER ARTERTON: POLITOLOGO EXPERTO EN CAMPAÑAS
Las condiciones de un candidato se miden cada vez más en su capacidad para comunicar de manera simple un par de ideas claras y, a la vez, despertar la motivación de sus posibles votantes apelando a su sensibilidad.
Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com
Cómo es una campaña electoral ideal?
¿Las mejores campañas, que se producen raramente, son aquellas que cambian la idea del pueblo acerca del futuro de la nación, lo cual involucra componentes iguales de liderazgo y táctica. Se trata de reconciliar no sólo una visión del candidato sino la estrategia y los aspectos tal vez más maquiavélicos y manipuladores que hacen que esa visión resulte aceptable, posible y efectiva en el electorado.
# ¿Un ejemplo específico?
¿Pese a ser yo demócrata, creo que la de 1980 que ganó Ronald Reagan fue una elección que cambió la política en Estados Unidos de manera sustancial.
# ¿Y un ejemplo de aquello que no debe hacerse?
¿Una elección floja tiene lugar cuando esto no pasa, en gran medida porque la gente no se concentra claramente en el verdadero mensaje que el candidato o la campaña están tratando de comunicar. Las cosas pueden desmoronarse muy rápido en una campaña. O tienen un éxito dramático o colapsan miserablemente. La diferencia se encuentra, más que en cualquier otra cosa, en la personalidad y el pensamiento del candidato.
# ¿Cuál es la diferencia entre las campañas tradicionales y las actuales?
¿Antes, las campañas entendían al electorado como un público más homogéneo al que había que transmitir un mensaje desde el vértice a la base en una estructura piramidal. Era una comunicación de arriba hacia a abajo y el aparato electoral era la máquina del partido que asignaba y concentraba el trabajo proselitista.
# ¿La televisión potenció este esquema?
¿Sí, aunque concentrando la atención en el vértice; esto es, en la imagen y personalidad del candidato en directa relación con la audiencia o la gente reunida en los actos públicos. Ello debilitó a los partidos políticos. Publicitando de esa forma y con las encuestas que volvían diciendo qué pensaba la gente. Ahora es posible que Internet esté cambiando esta situación nuevamente.
# ¿De qué modo?
¿Porque es mucho más eficaz como forma de organizar voluntarios y activistas que transmitir un mensaje al público en general. De modo que hemos vuelto al viejo estilo en el que la gente era importante y no sólo la comunicación y la investigación con encuestas. Un ejemplo que tenemos es el blog. Ahora las campañas ponen blogs en sus sitios Web en los cuales cualquiera puede participar y decir cualquier cosa, lo cual es interesante. La campaña pasa de ser una usina de difusión unilateral a ser como la casa, el vehículo, el foro donde tiene lugar la comunicación interpersonal. Quiere decir que se tiene menos control sobre el mensaje en ese foro pero también significa que es más genuina y auténtica y permite a más gente participar.
# ¿Esto hace a las campañas más caras o más baratas?
¿Son más caras, porque intervienen muchos más factores, los votantes se agrupan de distintos modos y responden a diferentes motivaciones: hay que estudiarlos más para saber cómo llegar a ellos. La publicidad televisiva sigue siendo importante pero no alcanza; se le han incorporado el correo electrónico, campañas de voluntarios en Internet, etcétera. Es cierto que la comunicación por Internet es más barata, pero es más difícil de controlar su impacto.
# Qué diferencias encuentra entre las campañas electorales en Estados Unidos y América latina?
¿Por cierto que gran parte del contenido de las campañas ¿los temas, los argumentos, las cuestiones¿ dependen de las circunstancias de cada país. Y por lo tanto, de diferentes tipos de imágenes y cosas de las que quieren hablar los políticos. Eso no va a cambiar y no vamos a avanzar hacia una democracia global. Sin embargo, por esa misma razón, algunas de las comunicaciones tecnológicas que están siendo utilizadas por la política pueden tener parecidos efectos.
# Déme otro ejemplo.
¿Como señalaba antes, cuando la televisión pasó a ser importante tanto en la difusión de noticias como en la publicidad y los votantes empezaron a obtener la mayor parte de su información sobre la política en televisión, las personas pasaron a ser más importantes. Anteriormente, no se veía al candidato, sólo se podía leer acerca de él. Las ideas eran más importantes que las personas. Y la televisión se centra en el individuo y hace que los aspectos ligados al carácter, al carisma individual del candidato, sean más importantes que antes. Y ésa es una tendencia que se está dando en todas partes, incluso en un país como Inglaterra, que tiene un sistema parlamentario. Esa parte de la política está afectando a todos los países, a algunos más rápido que otros.
# ¿Cuánto ha cambiado el rol de los partidos políticos?
¿Los partidos políticos en Estados Unidos están pasando a ser básicamente recolectores de información sobre los ciudadanos y sobre el voto. También recolectores de dinero, que es útil o necesario para los políticos. Tienen un papel que cumplir, pero muy diferente de aquel en que los líderes del partido controlaban en forma mucho más directa quiénes eran los candidatos.
# ¿Cuál es el límite ético en una campaña electoral?
¿Hay una responsabilidad profesional de quienes son consultores en una campaña: hay cosas que no deben hacer ni deben decirse. Por lo general, además, las campañas sucias no ayudan a ganar una elección. Por otro lado, no hay que olvidar que quien conduce una campaña es siempre el candidato. Por lo tanto, mi respuesta es que hacen falta dos cosas: una persona que sea un verdadero convencido de lo que va a decir, con una idea sólida con respecto de dónde quiere ir, pero también hay que tener poder político para llegar. Alguien tiene que ser a la vez un auténtico Mahatma Gandhi y Maquiavelo para tener éxito como político. El límite lo pone el pueblo a la hora de votar.
# En la revisión de las últimas elecciones en Estados Unidos, ¿hay un análisis crítico respecto de la manipulación y la capaci dad de credulidad del electorado?
¿Puedo meterme en problemas aquí porque creo que la realidad es que en muchos países los votantes no consideran a la política importante y central en sus vidas. Les preocupan más sus hijos, su trabajo, los precios de la nafta, etc. Si el requisito para una democracia es que todos sean como Aristóteles, informados, inteligentes, activos, nunca llegaremos a ese punto. Pero no creo que eso signifique que debemos ser escépticos en cuanto a la capacidad de una población para decidir y controlar el gobierno a largo plazo. A la larga, la democracia tiene la manera de responder a los cambios. Y eso es lo que está empezando a ocurrir ahora en los Estados Unidos.
# Cuando en una campaña electoral existe una diferencia muy grande entre el primero y los que le siguen en preferencias, ¿cuál es su consejo para acortar diferencias?
¿Hay algunos axiomas. No se puede pretender vencer a alguien con nadie. Lo cual significa que si hay una oposición fragmentada, debe buscar alianzas alrededor de un solo candidato. Donde hay candidatos múltiples contra alguien que es muy fuerte, se diluye la oposición.
# Y de parte de quien lidera el lote, ¿es bueno estar solo en la competencia?
¿La respuesta es sí, casi seguro. Porque cuando usted está ahí es el blanco de todos los que quieren frenar su campaña. Siempre van a encontrar cosas sobre usted para tratar de exponerlo. Pero mientras pueda mantener su oposición dividida entre muchos candidatos, entonces la campaña realmente gira en torno de usted, no de ellos. Y aunque se vuelva más crítica para usted, probablemente es mejor que perder el control de la campaña por alguien que surja como "el" candidato de la oposición.
# ¿Qué tipo de campaña le recomendaría usted en tal caso?
¿Mire, una buena campaña electoral es como el Bolero de Ravel. Comienza de una manera muy simple y serena y crece y sigue creciendo y se vuelve más y más compleja y más excitante y sensual; y la palpitación se oye perfectamente, el ritmo se acelera, o sea que adquiere más energía, más solidez y va más y más rápido, y se repite. Imprime energía y genera entusiasmo. Es imposible dejar de escucharla, es imposible no excitarse escuchándola. Y eso es lo que una campaña debería provocar en la sociedad.
Copyright Clarín, 2007.
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