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"Lo mejor que tiene Buenos Aires es su ausencia de homogeneidad"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 15-04-2007 00:00:00

CLORINDO TESTA: ARQUITECTO Y ARTISTA PLASTICO

Algunos estilos permanecen y otros sucumben. Las casas batallan frente a la expansión de los departamentos. La Ciudad ha sufrido cambios desde siempre. Pero eso es reaseguro de su perpetua vitalidad.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Mucho se está edificando en Buenos Aires y quedan muy pocos terrenos libres. Este avance de los edificios altos, ¿puede transformar a Buenos Aires en una ciudad sin casas? ¿Qué futuro tienen las casas en Buenos Aires?

—Cuanto más lejos uno se vaya, más futuro tiene la casa individual. Pero, a pesar de todo, creo que la gente se ha acostumbrado, y se acostumbra cada vez más, a vivir no en las casas individuales, sino en departamentos.

# ¿Cómo valora esa costumbre? ¿Es una pérdida o se adquieren nuevos lazos sociales?

—Es una manera distinta de vivir. Yo, cuando era chico, vivía en una casa que estaba en el Centro porteño, en Montevideo, entre Córdoba y Paraguay. Después viví en una casa en Haedo, con jardín. Más tarde viví siempre en departamentos. Y diría que ahora, con un departamento en Buenos Aires, por lo general se tiene la ventaja de estar o sentirse en el Centro, donde sucede, sin necesidad de moverse: están las galerías, los bares, se puede salir.

# ¿Le parece que los edificios que se están construyendo actualmente en Buenos Aires son sustentables para la vida?

—Creo que sí, mientras uno no necesite pisar tierra. Y depende, después, de qué departamento se trate, de cómo esté hecho y de si el arquitecto ha sido bueno. Por otra parte, hay torres que tienen pileta de natación, esto, lo otro y un montón de cosas más. Pero yo creo que esas instalaciones están siempre vacías.

# ¿Y qué atractivo tienen? ¿Qué se vende con eso?

—Tienen el atractivo de que aunque uno no lo use, existe la posibilidad de hacerlo, es una ventaja que se tiene. Si a uno le gusta estar en una pileta y se tiene esa posibilidad, aunque se vaya dos veces por año, se sabe que está la pileta y que se la puede usar. Se sabe que se tiene una terraza arriba y que se la puede usar, aunque no se vaya nunca.

# ¿Qué opina de los edificios en construcción que levantan fachadas de estilo premoderno?

—Hay edificios horribles, que son como versallescos, cosa que me parece absurda porque las cosas han ido cambiando, y es triste volver a una estética de trescientos años atrás. Hay un edificio así en la avenida Figueroa Alcorta y otro se está haciendo en Núñez, frente al Tiro Federal.

# ¿Acaso ese tipo de edificios dan cuenta de una crisis de las construcciones racionalistas?

—No. Es simplemente una falta de cultura de la gente. Es eso. Se hacen porque hay personas a las que le gusta eso.

# Buenos Aires, en general, fue tenida como una ciudad europea. Con un perfil arquitectónico variado, pero con la influencia de tantos arquitectos italianos, obras públicas afrancesadas.

—Es muy divertido, porque muchos de esos italianos eran masones. Podría decirse que los masones edificaron Buenos Aires.

# ¿Se está perdiendo el perfil europeo de Buenos Aires?

—Claro, cada vez más. Pero también hay que reconocer que las influencias de otros países estuvieron siempre. La iglesia de San Ignacio es un edificio barroco. Hay edificios barrocos austríacos, porque algunos arquitectos eran austríacos y otros italianos, como los que hicieron la iglesia del Pilar y el Cabildo de Buenos Aires. Eran italianos que se metieron a curas, pero eran arquitectos que hicieron acá lo que hacían allá. Cambiaron de material, usaron lo que había: ladrillo y cal, en vez de mármol y piedra. La arquitectura barroca duró doscientos años. Los primeros edificios, las primeras iglesias que se hicieron en América fueron renacentistas. Siempre todo se traslada y cambia porque el lugar es distinto.

# ¿Y ahora también?

—Sí, ahora es lo mismo.

# ¿No es más internacional?

—La arquitectura siempre fue internacional. Piense en los romanos. Ellos tenían toda Europa. Y su arquitectura fue la misma en Inglaterra que en Asia Menor.

# ¿A Buenos Aires le falta homogeneidad a sus edificaciones?

—Sí, pero eso forma parte de lo bueno que tiene. Parte de lo mejor que tiene la Ciudad de Buenos Aires —y de lo alegre que es y lo linda que es para vivir— está dado por esa ausencia de homogeneidad. Y eso permite ver un edificio de los años cuarenta al lado de un edificio como, por ejemplo, el Barolo. Nunca se da una homogeneidad como la que hay en Europa. Uno va al centro de Milán y todos los edificios son de finales del ochocientos; y en Roma son del setecientos. Y uno dice qué lindo que es, porque todo es homogéneo. Pero más divertido y más ágil, casi diría excitante para la vista, es esto.

# ¿Se puede sentir placer al contemplar una medianera?

—Y, mire mi propia experiencia. Acá estoy, en Santa Fe y Callao, con una una medianera lindísima de frente, que está como a más de sesenta metros, o sea que hay un paisaje de sesenta metros, y después hay una pared, en vez de tener balcones con gente asomada a la ventana. Es lindo cuando aparecen las pequeñas ventanitas que van creciendo, como genéticamente, siguiendo un orden dado por la distribución de los departamentos.

# ¿Y qué le parece la relación que tiene Buenos Aires con el río? Miramos hacia adentro, ¿no podríamos tener una mirada con otro paisaje, más abierta?

—Montevideo la tiene, tiene toda la costanera que mira al Río de la Plata. A pesar de que es el mismo río, la costa en Uruguay es mucho más linda que la nuestra. El agua es distinta, viene del río Uruguay y es limpia, es más clara, más transparente que la que nos llega a nosotros. En Montevideo hay arena, arena blanca. En Buenos Aires hay toscas y barro. Nunca fue una costa atractiva. Estaban las lavanderas todo el día; los carros; los barcos no podían llegar, paraban a quinientos metros de distancia. En todo el XIX el Río de la Plata fue una especie de suciedad constante y la gente quería estar fuera de ahí, a menos que tuviera que trabajar.

# ¿Y ahora se podría hacer algún cambio sobre eso?

—Yo creo que ya está dentro de lo genético. Está instalado que el Río de la Plata es sucio.

# Los planes y políticas urbanísticas, ¿son efectivos para modificar tendencias y mejorar el espacio de la ciudad?

—En teoría son efectivos. Debieran serlo. Las ciudades se van planificando, tal vez no con un plan que lo considere todo, pero que contemple sí el hecho de que hay que abrir una avenida, hacer parques en terrenos vacíos, etc.. Con todo, se puede decir que la Ciudad de Buenos Aires está bien, por el hecho de que es un cuadriculado y una llanura. No es como Nápoles, que entre la parte baja y la parte alta usted tiene tres calles llenas de autos, una cosa monstruosa. Acá se puede ir, en teoría, por todos lados. Uno se puede mover en cualquier dirección, sin cierres de calle opresivos.

# ¿Qué hacen nuestras calles con los peatones? ¿Los expulsan, los contienen?

—Todavía el tráfico corre, la gente va por las veredas. Todavía esto se mantiene. Hay muchos más autos ahora que hace diez años, desde ya. Cuando yo era chico y vivía en la calle Montevideo y Córdoba, salía al balcón a ver los partidos de fútbol que jugaban los chicos en la calle. Ahora, no se puede jugar más al fútbol en la calle. Las ciudades van cambiando y creo que es absurdo decir "ah, qué lindo era cuando se jugaba al fútbol en la calle!". Jugaban porque se podía. Ahora no se puede y no se juega al fútbol.

# Tradicionalmente, la arquitectura fue una de las bellas artes, y las fachadas de los edificios, en general, se concibieron como obras de arte. Esto después fue cuestionado. Para usted, que es un artista plástico además de arquitecto, ¿qué relación le parece que existe entre la arquitectura y el arte?

—Yo creo que son dos cosas que funcionan juntas y que no están separadas. Se piensa de la misma manera. Porque no es que en un papel en blanco se empieza a dibujar, sin saber qué se va a hacer, dónde se van a poner los dormitorios, por ejemplo. Eso tiene que estar pensado. Cuando se empieza a hacer un dibujo también se sabe qué se está buscando hacer. Después uno lo va corrigiendo y mejorando. Tanto en la arquitectura como en la pintura las obras se piensan primero y después se transportan. No quiere decir que no se cambien; se cambian a medida que se van haciendo y hay nuevas cosas que aparecen y que traen cambios. Pero la manera de hacer una obra arquitectónica o una pintura y una escultura siguen el mismo mecanismo, siempre racional.

Copyright Clarín, 2007.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/04/15/z-03615.htm

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