RANDALL BENNETT WOODS, HISTORIADOR ESTADOUNIDENSE
Tras el desplazamiento de los neoconservadores y la llegada de una nueva mayoría demócrata al Congreso, el gobierno republicano busca retomar las líneas clásicas de las que abjuró con la guerra en Irak.
Fabián Bosoer.
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Cómo ha repercutido la llegada de una nueva mayoría demócrata al Congreso en la política doméstica de los Estados Unidos?
—En principio hubo un efecto inmediato, el declive de la impetuosidad arrogante de quienes comandaron la política exterior durante el último período, representados por los neoconservadores, el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Pero creo al mismo tiempo que hay logros del liberalismo como las ideas del New Deal, "la Gran Sociedad", las "nuevas fronteras" y el "trato justo" que se mantienen; preexistieron a los republicanos, no han sido alteradas por éstos y pueden recobrar vigencia. Las leyes sobre derechos civiles, el Medicare y el Medicaid, la legislación sobre medioambiente, aire y agua limpios, han pasado a ser parte del paisaje estadounidense, se dan por sentadas. A la vez, en asuntos domésticos, el debate político ha sido absorbido no por temas de raza o económicos sino sociales: el aborto, el matrimonio gay, la religión en la escuela...
# ¿Esto ha beneficiado más a los conservadores o a los liberales?
—Lo que ha pasado es que los conservadores republicanos tradicionales —la gran empresa, las clases profesionales— han hecho una alianza con la derecha religiosa. Aceptaron poner estos temas sociales en su agenda. Y los demócratas, es decir, los liberales, no fueron capaces durante mucho tiempo de responderles con eficacia; desde la era Reagan han estado reaccionando más que actuando. Es muy difícil, si usted le pregunta a alguien hoy en el Partido Demócrata, saber en qué se diferencian de los republicanos en una cantidad de temas. El término "liberal" ha pasado a ser mala palabra en la política estadounidense y muchos demócratas se han alejado de la tradición de Harry Truman, John Kennedy y Lyndon Johnson. Bill Clinton, por ejemplo, fue muy liberal en temas sociales, pero en otros como el presupuesto equilibrado, el tamaño del Estado o la reducción del gasto parece más bien un conservador o un republicano tradicional. Durante su gestión, redujo el tamaño del estado federal; lo ayudó mucho el fin de la Guerra Fría, pero sus políticas llevaron a una reducción del déficit.
# Dicho de otro modo, ¿demócratas y republicanos, liberales y conservadores no son lo que eran hace 20 años?
—Así es; los conservadores siempre estuvieron comprometidos con un presupuesto equilibrado, pero Ronald Reagan, el padre de los neoconservadores, hundió al país en una deuda más grande que ningún otro presidente en la historia de los EE.UU. hasta George W. Bush. Pero lo cierto es que, hasta estas últimas elecciones, los conservadores y neoconservadores fueron capaces de definir y dominar el debate.
# ¿Cómo cambiará esto a partir de las últimas elecciones de mitad de mandato?
—Creo que si no hubiera sido por la guerra en Irak, los republicanos habrían ganado nuevamente. La guerra en Irak le permitió a George W. Bush la reelección, porque ¿cómo no estar junto al presidente en el momento en el que el país decide ir a una guerra? Y es el mismo curso desastroso de esa guerra el que determinó, dos años después, que el presidente pagara el costo político de la responsabilidad asumida y de sus resultados.
# Se ha dicho muchas veces que con esta administración republicana, el péndulo ha girado demasiado a la derecha, tanto en política interna como exterior. ¿Comienza a moverse ahora el péndulo nuevamente al centro?
—Creo que tiene razón, hubo un vuelco a la derecha en nuestras relaciones exteriores. Ha sido una característica de este gobierno —y de los neoconservadores— tender a recurrir más unilateralmente a la fuerza y tener menos confianza en la negociación, en las organizaciones internacionales, en las Naciones Unidas. Más que ninguna otra cosa, la última elección de mitad de mandato fue un rechazo de todo eso. Porque la percepción es que esa filosofía ha sido responsable de la guerra en Irak.
# ¿Los demócratas tienen ahora una mayor oportunidad de identificarse en la política exterior más que en asuntos internos?
—Las últimas elecciones fueron algo así como "temas sociales versus política externa". A medida que las elecciones se aproximaban, se hacía evidente que la mayoría de los estadounidenses iban a rechazar la política exterior neoconservadora. Cuanto más se acercaban las elecciones más hablaban los republicanos de temas sociales. Más querían hablar de los matrimonios del mismo sexo o de la oración en las escuelas, y a veces trataron de mencionar el terrorismo, de disociar la guerra contra el terrorismo de la guerra en Irak. Lo cual es irónico, porque es la conexión que ellos usaron para justificar el ir allá en primer lugar.
# Este péndulo girando a un equilibrio hacia el centro o a una política exterior más moderada y menos asertiva ¿cuánto puede representar también un regreso de Estados Unidos a una política menos intervencionista o más aislacionista?
—Hubo distintas clases de intervencionismo norteamericano en la última década y media. Hay muchas más semejanzas entre la política exterior de George Herbert Bush y la de la Administración Clinton, un republicano y un demócrata, que entre la de Bush padre y la de Bush hijo, dos republicanos. Del otro lado, los estadounidenses tienden a ser reacios a la intervención externa. Después de Irak es posible que ese sentimiento aumente. Es mucho más probable que en un esfuerzo por ganar la presidencia en 2008, los republicanos sean más moderados en política exterior.
# ¿Qué chances encuentra en ese contexto una política exterior más internacionalista en el sentido en el que la entendían los llamados "wilsonianos", en la tradición de los Kennedy?
—Nuevamente, Estados Unidos no es, en general, un país muy amante del internacionalismo y el multilaterismo. Es un país que se ha desarrollado en el aislacionismo, por gente que huía de Europa. Fue creado por gente que creía que establecía una sociedad única en la historia. Eran religiosos, creían que serían bendecidos por Dios, que habían sido bendecidos por la providencia con la democracia. Y tendimos a ignorar el hecho de que tuvimos mucha suerte. Porque dentro de nuestras fronteras, teníamos todos los recursos naturales que se necesitan para construir un Imperio. Pero había un sentido de excepcionalidad. Y el aislacionismo fue dominante en la política exterior. En la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la excepción fue abandonar temporalmente el aislacionismo para derrotar una amenaza a nuestros intereses, pero después volvíamos a retirarnos.
# ¿El aislacionismo sigue siendo una tradición dominante para los estadounidenses?
—Sin dudas. Aunque consideran que Naciones Unidas es importante, se inclinan más favorablemente a organizaciones de seguridad regional como la OTAN o como la OEA, porque las ven como organizaciones eficaces que con la participación estadounidense pueden pacificar o estabilizar regiones particulares. La participación preserva a Estados Unidos de la crítica y por eso hay más apoyo para la seguridad regional. Creo que la guerra en Irak generará un vuelco, si no hacia el internacionalismo, al menos hacia una seguridad regional. Creo que ésa es la lección: si Bush consigue algún grado de estabilidad regional en Oriente Medio y en Asia, y si empieza a retirar las tropas estadounidenses de Irak, el internacionalismo demócrata puede estar nuevamente en carrera. Pero las posibilidades de que haga todo eso son pocas. Además, los sectores conservadores no van a quedarse sentados si la Administración Bush trata de elaborar un modus vivendi con lo que hasta ayer denunciaron como "eje del mal".
# ¿Qué cambios cabe esperar, entonces, en estos dos últimos años de George W. Bush?
—El presidente está tratando de dar un paso atrás, sus políticas en el corto plazo querrán parecerse más a las de su padre que a las que animaron sus principales consejeros. Es otra ironía de la historia: este presidente que se embarcó en una política exterior mucho más atrevida y quiso superar los límites que se impuso su padre, puede terminar, en el mejor de los casos, adoptando la política exterior de su padre.
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