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"Ojalá concibiéramos el placer como los antiguos griegos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 14-01-2007 00:00:00

JEAN SALEM, FILOSOFO

Los griegos sentaron las bases de la dietética y la gimnasia para hacer cuerpos mejores. Y reflexionaron sobre las pasiones y la capacidad de gozar, que debían vivirse de la manera más natural y sin dañar al otro.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Entre los legados de la antigüedad griega están la gimnasia y la dietética. ¿Ha cambiado mucho el uso que le damos a estas prácticas?

—En el principio de "La Política", Aristóteles declara que la naturaleza hizo las cosas de tal manera que un alma de hombre libre está asociada con un cuerpo de hombre libre, y un alma de esclavo está asociada a un cuerpo de esclavo. Siempre les explico a mis estudiantes que esto significa que en Atenas se podía discernir, observando en el gimnasio —donde la gente estaba desnuda— quién era un joven de buena familia y quién no era un hombre libre, ya que la cultura del cuerpo hacía que los jóvenes libres, aun desnudos, fueran mucho más bellos. También les señalo a los estudiantes que en los barrios más adinerados de París, los jóvenes miden cuatro o cinco centímetros más que los jóvenes de los suburbios. Es un punto negativo en común entre la antigüedad y hoy. La dietética y la gimnasia de nuestros días, en cambio, son mucho más masivas. Están de moda, tienen un aspecto comercial y están dirigidas a una masa de gente bastante privilegiada, pero masa al fin.

# ¿Gimnasia y dietética tenían algún vínculo con la ética?

—La medicina hipocrática —que no se debe a un solo hombre llamado Hipócrates sino a unos sesenta tratados medicinales filosóficos escritos entre el 500 y el 350 A.C.— es psicosomática. No se puede hablar de lo que llamamos hoy enfermedad mental sin hablar del régimen alimentario y de la actividad física de la persona que hay que cuidar. E, inversamente, toda enfermedad que se tendería hoy a considerar como puramente somática debe ser tratada teniendo en cuenta el humor y las actividades preferidas del paciente cuando está saludable. En cambio, en nuestro universo actual hay escisiones y, en materia de actividad física, hay un carácter mecánico en la gimnasia hecha de manera regular. Ciertamente, hay una diferencia entre este fin algo limitado y el fin de la cultura física en los griegos, que tiene dimensiones espirituales no demasiado tomadas en cuenta por los aparatos de musculación de hoy en día.

# ¿Acaso no sabemos más sobre el placer o el dolor que en la antigüedad?

—Sabemos más, por ejemplo, del trayecto por las neuronas de tal o cual flujo, que en las épocas precedentes. Eso es por la evolución de los conceptos científicos. Pero, en lo que se refiere a las grandes cuestiones filosóficas —la de la muerte o del placer—, aun si los conocimientos científicos evolucionan, es evidente que podemos encontrar en el pasado elementos de respuesta a preguntas contemporáneas. Como creo en la necesidad de estudiar la historia, no me sorprende que siga teniendo actualidad la filosofía de Epicuro, quien vivió en un mundo completamente conmocionado, parecido al de después de la caída del muro de Berlín, ya que Alejandro Magno, que había conquistado un imperio de escala mundial, muere cuando Epicuro tiene 18 años, en el 323 A.C., y en los 25 años siguientes, los sucesores de Alejandro, sus generales, se van a pelear para quedarse con porciones de ese imperio mundial totalmente dislocado. Lucrecio, un discípulo de Epicuro, vivió en el final de la república romana, en un momento de confusión absoluta de los valores, guerras civiles y revueltas de esclavos. Y la ética de Epicuro y Lucrecio, sus maneras de hablar del placer y del dolor, apasionan generalmente a todos sus lectores de nuestra época de crisis.

# ¿Lucrecio no fue un gran crítico de la pasión amorosa?

—Sí. No es excepcional que filósofos, y sobre todo filósofos antiguos como Lucrecio, hayan criticado la locura del enamorado conmocionado. Además, el maestro del cual Lucrecio quiere ilustrar la doctrina, Epicuro, tuvo palabras sobre la pasión amorosa que no son especialmente entusiastas. Dice, por ejemplo, que en lo que se refiere a los placeres del amor uno puede considerarse feliz si sale de ellos sin daños. Evidentemente, en la antigüedad el problema no estaba en las enfermedades sexuales sino en las complicaciones, los celos y las dificultades psicológicas. Lucrecio escribió pasajes totalmente anti-románticos, que explican que el enamorado reviste a la enamorada de todas las virtudes o de todas las bellezas, aunque no sea ni bella, ni virtuosa. También enseña que la relación de quienes están en el amor-pasión es, en parte, una relación agónica, de combate. El amor es un deseo infinito, y Lucrecio, el materialista, no desaconseja los placeres del amor: aconseja cultivar y honrar a la Venus vagabunda de los encuentros. El epicureísmo no es una predicación. Había parejas casadas en el jardín de Epicuro; no estaba prohibido tener una única compañera. Pero el sabio, cuando sopesa los placeres y los dolores, considera que la amistad es un sentimiento más abierto, que tiene menos riesgos que la pasión amorosa.

# ¿Y qué lecciones nos dejaron sobre la muerte estos filósofos?

—Una sabiduría materialista debe empezar por la aceptación de nuestros límites. El epicureísmo trata de probarnos que, ya que la muerte es privación de sensaciones, no nos concierne para nada. Hay que tratar de triunfar con razones sobre las tripas, para hablar muy llanamente. En Lucrecio yo he hallado diez argumentos apoyando la idea de que la muerte no nos concierne para nada. Le cito uno solo, para no abusar. Dice algo así Lucrecio: "Cuando uno tiembla imaginando que su cadáver será devorado por las fieras y las aves de rapiña, sin que uno se dé cuenta se desdobla y se proyecta frente a su cuerpo muerto y se imagina —mientras tiembla— que uno llora ante su propio cadáver". Pero él enseña que en la muerte real no hay tal desdoblamiento y para la conciencia no hay absolutamente nada. Este no es un consuelo, es una demostración de que se debe lograr una felicidad terrenal finita, sin ponernos —a partir del momento que sabemos que somos mortales— a aullar como un perro sobre la tumba de su dueño. Esta imagen, que es de Schopenhauer, quiere decir que si la muerte fuera tan temible, habría que ponerse a ladrar como un perro.

# Ya que menciona al perro: la secta del perro, los que seguían al filósofo Diógenes y se llamaron a sí mismos cínicos, ¿nos dejaron enseñanzas para vivir bien?

—Sí, sin duda. Tanto los cínicos, como todos los filósofos de la época helenística —o sea, de esa época perturbada que le sigue al derrumbe del imperio de Alejandro, que creo, lo repito, se parece a la nuestra. Era una época de globalización: los griegos vieron que había civilizaciones muy importantes y milenarias hasta la India. Esa filosofía —el epicureísmo, el estoicismo, el cinismo, el escepticismo— era una filosofía del placer. Ojalá concibiéramos hoy el placer como los antiguos griegos.

# ¿Por qué?

—Porque ellos pensaban en el placer inevitablemente vinculado a la ética. No concebían a la filosofía como una enciclopedia, como la coronación de todas las demás ciencias, como creían Platón y Aristóteles. Las filosofías de Lucrecio y Epicuro indican que de lo que se trata es de seguir a la naturaleza y evitar daños. Hay un gran optimismo naturalista en los epicúreos: consideran que nos hacemos daño buscando lo superfluo, cuando la felicidad está a nuestro alcance y que se puede ser feliz buscando satisfacción con lo estrictamente necesario. Aun si es cierto que en la antigüedad la miseria no era extrema como la de las ciudades modernas o la de África —en África no existieron grandes hambrunas antes de la colonización—, hay algunas anécdotas que demuestran que Diógenes el Cínico es más sensible a la pobreza que los epicúreos.

# ¿Por ejemplo?

—Diógenes se pasea por la ciudad de Megara y ve unas ovejas cubiertas de mucha lana y chicos en harapos, de lo que concluye que en Megara es mejor ser una oveja que un niño. Hay varias anécdotas así, muy cáusticas, que muestran que los cínicos debían ser un poco más sensibles respecto de los que se hallaban al final de la escala social. Sin embargo, cosa increíble en las épocas precedentes, en la escuela de Epicuro no sólo había mujeres sino también esclavos. Hay una especie de filantropía que está dirigida a todos los hombres en estas filosofías helenísticas. Piense que el estoicismo, por ejemplo, fue después una filosofía con mucho predicamento entre los esclavos.

Copyright Clarín, 2007.
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