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"La gente ha perdido sus raíces, pero se esfuerza por recrearlas"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 05-11-2006 00:00:00

MARTINE GUIBERT, GEOGRAFA

La población mundial es hoy más urbana que rural. Muchos desean vivir con las comodidades de la ciudad, pero sienten una enorme nostalgia por la naturaleza perdida. Son "multiterritoriales", con un pie en cada lugar.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Por primera vez en la historia humana, la población rural está dejando de ser la más numerosa. ¿Qué implicancias tiene esta transformación?

—Es un dato global, cuya medida depende del país en el cual uno considere la urbanización y, al mismo tiempo, el vaciamiento y también el redescubrimiento de los espacios rurales. En las sociedades occidentales del hemisferio norte es obvia la extensión de las ciudades pero, al mismo tiempo, la gente de la ciudad quiere conectarse cada vez más con los espacios rurales. Los geógrafos hablamos de "multiterritorialidad", en el sentido de que las personas quieren al mismo tiempo vivir, aprovechar varios espacios, sean urbanos o rurales. Desde un punto de vista político, es todo un desafío la gestión y el control de los espacios urbanos e interurbanos, y cómo hacer para que los espacios rurales, que están menos vinculados con las ciudades, no se queden sin población. En los países no centrales el problema es hacer algo con la población agropecuaria, que quiere a cualquier precio vivir en la ciudad. El fenómeno del éxodo agropecuario —que siguen teniendo los países asiáticos, africanos y parte de los latinoamericanos— en Europa terminó.

# ¿Esa multiterritorialidad no trae pérdida de raíces, no hace que se deje de ser de un lugar?

—Sí. La gente ha perdido sus raíces, pero, al mismo tiempo, se esfuerza por buscarlas y recrearlas. En Francia hay una población muy nostálgica de sus raíces campesinas. Y seguimos utilizando la expresión "población campesina" sabiendo que casi no hay más campesinos, que la mayoría dejó de ser población agropecuaria. Hay una pérdida de raíces, pero esa pérdida no es tan fuerte para los jóvenes actuales como para las generaciones anteriores. Siempre la gente se ha movido, más o menos según el lugar, la actividad, el poder adquisitivo. Ahora nos movemos bastante. Lo hace la gente del campo igual que la de la ciudad, y hay más flujos entre las ciudades y los espacios rurales.

# ¿En el campo radicamos nuestra idea de naturaleza? ¿La naturaleza es el campo?

—Hay bastantes ciudadanos que así lo piensan. O por lo menos, que quisieran ver el campo de esa manera. Hay un campo productor de alimentos y materia prima. También hay un campo que es marco de vida: hay gente que busca irse de la ciudad; siguen trabajando y divirtiéndose en la ciudad, pero quieren vivir en el campo, con su marco de vida. Esa gente busca paisaje, tranquilidad, color. Hay también un campo-naturaleza: los habitantes se escapan de la ciudad diciendo "me voy al campo". Pero el campo, por lo menos en los países europeos, no es la naturaleza: la campiña es un espacio trabajado que a veces no tiene nada que ver con la naturaleza en sí.

# Al campo ahora se le piden productos más naturales, con menor intervención química.

—La sociedad urbana ahora le pide al campo cierta manera de preservación. Es como si la ciudad reivindicara su derecho de tener una mirada y una demanda sobre el campo. Y esto ocurre cuando los productores están viviendo cierta crisis de la agricultura intensiva. Entonces, tal vez haya dos conjuntos de productores: los que intentan salir del esquema productivista que proponen las empresas de semillas y de insumos, y los que siguen con lo mismo.

# ¿Es posible que la agricultura se torne orgánica?

—En Europa se está desarrollando la agricultura orgánica y la "agricultura razonada", que sigue utilizando los insumos de siempre, pero "razonando" un poco más su utilización. El desafío es cómo proporcionar productos agropecuarios a una población urbana que pide un abastecimiento permanente, regular y homogéneo de alimentos, lo que es totalmente contradictorio con un sector agropecuario orgánico. El sistema productivista garantiza el abastecimiento de la ciudad; pero sus habitantes piden cada vez más productos más sanos, más naturales. Pero los productos más naturales y orgánicos salen muchísimo más caros, y hay sólo una muy pequeña parte de la población que puede pagarlos.

# Los alimentos orgánicos son, así, para un grupo minoritario.

—Claro, los alimentos orgánicos son elitistas. Cuando uno piensa en agricultura orgánica, piensa en una producción menos homogeneizada y más artesanal. Pero el ciudadano la rechaza. Si se le dice que no hay tal producto porque no es la estación, o porque llovió mucho, el habitante de la ciudad no lo entiende. Dice "¿cómo no hay?", porque está acostumbrado a supermercados con estantes llenos de todo.

# ¿Se terminó con la estacionalidad de algunos productos? Porque hay cosas que siempre están, como el tomate, que es cada vez más rojo pero más insípido.

—El tomate es un símbolo de ese fenómeno. Tomate tenemos todo el año, pero es un tomate que no tiene tanto sabor, y un tomate orgánico sale carísimo.

# Entre el campo y la ciudad, ¿hay algo en el medio?

—Está lo que se llama el espacio periurbano. Para algunos académicos, el periurbano pertenece a la ciudad, es su extensión, es un espacio con menos densidad de población y de actividad. Otros consideran que el periurbano es la ciudad rural. Es un espacio que crece rapidísimo, con mucha intensidad, porque la gente quiere seguir conectada y trabajando en la ciudad, pero quiere huir y escaparse de los inconvenientes de la ciudad: el ruido, la violencia, la inseguridad, el cemento. Entonces, lo antes posible, cuando pueden, intentan construir su casa fuera de la ciudad pero no tan lejos. En ese espacio periurbano la gente todavía tiene una sensación de sociedad rural, con más espacio y un espacio más o menos semejante a la naturaleza que se busca. Es un periurbano intermedio, que mezcla sociedad rural y sociedad urbana, con gente que sigue viviendo con el modo de vida urbana, pero que vive afuera. Expresa nuevos vínculos con el campo. Piense que antes, el campo se rechazaba, había que irse. Ahora, la gente se acerca al campo, se apropia de su cultura y de su espacio. Es un fenómeno nuevo.

# El tiempo en las ciudades está siempre acelerado. ¿En el campo tiene otra velocidad?

—Depende de cómo sea para cada uno la experiencia de vivir allí. Si es alguien que vive en el campo para irse cada mañana a trabajar en la ciudad y volver de noche, vive acelerado, porque reproduce el modo de vivir urbano. Si es alguien que vive y trabaja en el campo, tal vez tenga otro ritmo de vida. Pero nada es del todo idílico: en Francia la gente en el campo vive también estresada.

# ¿Ser joven en el campo implica sufrir postergación educativa y cultural, perder oportunidades?

—En un país desarrollado no, porque uno tiene auto y va a la ciudad. Un joven enseguida se va a acercar a la gran ciudad que está a veinte o cien kilómetros, donde puede haber un concierto. Los jóvenes, en general, viven de la misma manera, consumen los mismos productos, tienen los mismos aparatos, van al cine.

# Y esos jóvenes de países desarrollados, que nacieron en el campo, ¿también quieren irse?

—Bueno, depende. El tema es que generalmente tienen la escuela secundaria en la ciudad. Así que llega cierto momento en el que irán a la ciudad. Y después, para su vida profesional, las ciudades siguen concentrando los empleos. Pero también están los jóvenes que vuelven lo antes posible al pueblo y retoman la actividad de la familia. Esos jóvenes tienen, en la Unión Europea, subsidios estatales para armar actividades en el campo. A diferencia de lo que sucedía antes, ahora, desde hace veinticinco años, hay gente que dice "yo quiero asentarme en el campo".

# Ser mujer o ser homosexual en el campo, ¿qué implica?

—Hay mujeres dueñas de campo, o hay esposas que manejan el campo de la misma manera que lo puede hacer el esposo. Desde un punto de vista profesional, productivo, esas mujeres son vistas de la misma manera que los hombres, no hay tanta diferencia. O más: a veces son las mujeres las que impulsan innovaciones. O son las mujeres, a veces, las que logran salvar una chacra, tratando de diversificar la actividad con el turismo o la venta directa de productos. Ante la homosexualidad o las subjetividades distintas, en el campo sigue existiendo un control social más fuerte que en la ciudad, porque todos se conocen y se sabe, más o menos, lo que hace el vecino.

Copyright Clarín, 2006.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/11/05/z-04015.htm

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