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"La empresa Siam es la historia de una frustración nacional"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 29-10-2006 00:00:00

JORGE SCHVARZER: ECONOMISTA

Un empresario innovador generó una de las industrias más poderosas de la Argentina. Pero su itinerario terminó mal. En otro país con vocación industrial, el Estado habría rescatado a esa empresa.

Julio Sevares.
jsevares@clarin.com

En su reciente libro Las grandes empresas no mueren de pie, usted y Marcelo Rougier analizan la historia de Siam Di Tella. ¿Qué significó esa empresa para el país?

—Nosotros pensamos que el caso Siam Di Tella es un caso especial en la Argentina, por varias razones. Era una empresa de capital nacional, que creció de manera espectacular y llegó a convertirse, a fines de la década del 60, en la empresa metalmecánica más grande de América latina, con casi quince mil personas. Fue una empresa que fabricaba heladeras pero también se dedicó a fabricar automóviles en competencia con los gigantes de la industria. Y los vendía muy bien y era muy exitosa, porque los Siam Di Tella eran reconocidos en el mercado como muy buenos.

# Sin embargo esa empresa terminó quebrando.

—Así es, y a nosotros nos parece que esta quiebra es un elemento paradigmático de lo que ha pasado en la Argentina. Porque la empresa Siam es la historia de una frustración nacional. En cualquier país desarrollado, una empresa industrial con capacidad y tecnología es un activo nacional que debe ser protegido. Los norteamericanos han cuidado celosamente algunas de estas empresas, y lo mismo han hecho japoneses, alemanes y ahora los coreanos. Porque consideran que las fuentes del desarrollo económico están en mantener estas actividades industriales y tecnológicas. Chrysler, por ejemplo, tuvo una quiebra famosa a principios de la década del 80 en Estados Unidos y fue reconstruida gracias a un enorme apoyo de parte del gobierno americano. Que una empresa de las dimensiones de Siam haya quebrado y haya desaparecido —no quedó prácticamente nada de las instalaciones industriales de Siam— es algo que merece ser revisado.

# ¿De qué modo?

—Por varias razones, tanto para pensar este famoso tema del empresariado nacional, como para reflexionar sobre el no menos famoso tema del Estado desarrollista. Hay que preguntarse qué es lo que ha pasado en la Argentina, que perdimos a los empresarios nacionales y tuvimos un Estado desarrollista tan ineficaz, en rigor, tan poco desarrollista.

# ¿Cómo surgió Siam?

—Siam aparece en 1911, con un joven inmigrante italiano, el señor Di Tella, que tenía veinte años en ese momento. En Buenos Aires hay una huelga de panaderos por las condiciones de trabajo y la ciudad exige que todas las panaderías pongan una máquina de amasar pan, para evitar los conflictos sindicales. De ese modo, el Estado crea un mercado. Di Tella comenzó a fabricar una máquina que tenía algunos detalles mejorados respecto a las que había disponibles en el mercado mundial y las vendió a un ritmo espectacular. En la década del 20, ocurre un segundo fenómeno importantísimo. El general Mosconi asume la presidencia de YPF, le da impulso a la empresa petrolera estatal y comienza a instalar estaciones de servicio. Di Tella, que era amigo de Mosconi, le ofrece fabricar los surtidores y el general acepta porque le interesa sostener la fabricación nacional de surtidores. Más tarde Di Tella va a fabricar equipos de bombeo para YPF. Al terminar la década del 20, en una Argentina básicamente agroexportadora, donde prácticamente toda la industria se importaba, tenemos una empresa metalmecánica, de tecnología relativamente avanzada para su época, que estaba creciendo de manera sistemática, apoyada en las compras del sector público.

# ¿Qué ocurre luego?

—La empresa se expande a tal punto que Di Tella decide reunir la producción, que estaba dispersa en varios talleres, en una gran fábrica metalmecánica en Avellaneda, que fue la planta madre de Siam. Pero al poco tiempo estalla la crisis del 29, y en segundo lugar, el golpe del 30. A Mosconi lo echan de YPF y Di Tella se encuentra con una fábrica de enorme envergadura, casi sin mercado. Y ahí aparece el genio de un empresario muy dinámico, que empieza a probar qué puede producir. Primero descubre que puede fabricar heladeras comerciales. Sigue con bombas de agua, heladeras familiares y otros electrodomésticos. En los cincuenta hizo un acuerdo con una firma italiana, Lambretta, para fabricar motonetas, a las que decide llamar Siambretta, porque el viejo Di Tella quería ser, como decía él, "el Ford argentino", porque tenía una proyección de crecimiento industrial y de progreso. Bastó que Siam anunciase que iba a fabricar la motoneta Siambretta, para que la gente se anotara en la lista de espera de las concesionarias pagándola por anticipado. Es decir, la gente se estaba anotando en las concesionarias, cuando Siam todavía no había empezado a instalar la fábrica. Luego Siam le regaló una cantidad de motonetas al gobierno de Perón, quien se mostró manejando su motoneta en un episodio que se hizo famoso.

# ¿Trasciende la empresa los límites biográficos de su fundador?

—En el año 1948, cuando era todavía relativamente joven, Di Tella fallece repentinamente, y deja un emporio industrial de dimensiones fenomenales para la Argentina. También deja un hueco de conducción. El había insistido a sus dos hijos, Guido y Torcuato, para que fueran ingenieros y se hicieran cargo de la fábrica. Los dos se recibieron de ingenieros, pero ninguno de los dos quiso dedicarse a la empresa.

# ¿Esto influyó en la empresa?

—Sí, muchísimo. Desde ese momento la empresa comienza a tener problemas de gestión. A esto se agregó que la demanda del Estado se volvió errática. Por ejemplo, en un momento el presidente Arturo Frondizi les dice a los directivos que va a lanzar un plan de desarrollo eléctrico y ellos decidieron montar una fábrica de grandes transformadores y equipos eléctricos. Pero el plan no se realizó y la planta quedó sobredimensionada. En ese momento comienzan a aparecer problemas de sobreinversión. Luego comienzan a fabricar autos con tecnología inglesa, lo cual era muy arriesgado porque debían competir con gigantes como General Motors o Ford. Los autos son muy bien recibidos por el mercado. Pero cuando llegó el momento de afrontar el cambio de modelo, para lo cual se necesitaba capital, Siam tuvo dificultades porque ya tenía algunas fábricas trabajando a bajo ritmo. Decidió endeudarse con el Estado en dos formas, por créditos pedidos al Banco Nacional de Desarrollo y dejando de pagar impuestos. Como no recuperó capacidad de pago, en los años 70, los dueños de la empresa comienzan a darle al Banco Nacional de Desarrollo acciones de la empresa a cambio del pago de los créditos. Y en un par de años, el Estado se convierte en el dueño de Siam Di Tella. A partir de la dictadura militar la actitud del Estado cambia completamente. Para Martínez de Hoz, la empresa es una carga que hay que sacarse de encima destruyéndola. Y el gobierno desmembra la empresa para venderla, pero no lo logra.

# Es decir, corrió la suerte de muchas otras industrias.

—Así es. Pero lo grave es que en ese momento se presenta una oportunidad para Siam, porque se proyectó la construcción del gasoducto Centro-Oeste y Siam podía producir los caños. Pero la empresa que se hace cargo del gasoducto decide importarlos, lo cual fue lapidario para Siam. Poco antes de dejar el cargo, Martínez de Hoz ordena vender Siam "de cualquier manera". Pero eso era cada vez más difícil porque la empresa ya tiene un enorme deterioro funcional, está con un déficit gigantesco y su capacidad productiva apenas es utilizada al quince o veinte por ciento. Pasa toda la crisis del 81-82 y llega el gobierno democrático, que decide venderla. La va vendiendo por partes a distintos grupos empresarios a partir de 1986. Esta opción no da resultado porque la crisis económica se acentúa y porque luego viene el régimen de convertibilidad, que afecta a toda la industria. En esas condiciones, una empresa tan golpeada no podía competir, por lo cual se van cerrando prácticamente todas las plantas de Siam. La gran planta de maquinaria pesada para equipo eléctrico cerró; otras plantas también fueron cerradas y loteadas. Hoy sólo quedan una fábrica de caños en manos de Siderca y una cooperativa de autogestión en la planta de Avellaneda. La cooperativa tiene 200 obreros y la planta, una capacidad para dar trabajo a 5.000. Es decir, lo que fue un enorme activo industrial ha desaparecido.

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"Cayó la frontera que separaba a los periodistas de su audiencia"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 22-10-2006 00:00:00

JEAN FRANOIS FOGEL, ESCRITOR Y PERIODISTA

Los textos en Internet son volátiles e inestables y ello propicia una nueva dinámica entre los que escriben y los que leen. Los diarios impresos, en ese contexto, siguen siendo la referencia de una visión integrada de la realidad.

Miguel Wiñazki.
mwinazki@clarin.com

Con la aparición y la expansión de Internet ¿se terminan los periodistas profesionales?

—Los periodistas producen noticias y las noticias circulan a través de nuevos soportes. Se crean nuevos medios todos los días, uno de ellos es Internet. Entonces, la buena noticia para los periodistas es que tienen más opciones para difundir sus trabajos. La otra noticia, que no es mala pero sí preocupante para ellos, es que han perdido la exclusividad que tenían para expresarse en público. Tienen que compartir lo que dicen y escriben con su propia audiencia. Tienen que interactuar con la audiencia. Porque la gente no sólo quiere hablar, sino dialogar, criticar y revisar el mensaje que transmite el periodismo. La frontera que separaba a los periodistas de su audiencia ha caído.

# Usted afirma que los textos escritos en Internet son inestables y provisorios ¿Qué significa eso? ¿Que son volátiles y poco creíbles?

—Es lo más difícil de entender. Hemos vuelto a un esquema de comunicación que existía antes de Gutenberg y la imprenta. Antes de eso, la comunicación era esencialmente oral. Y lo que se transmitía cambiaba, según se enunciaba de boca en boca. Lo que le decía la primera a la segunda persona no era exactamente lo que se le decía a la tercera persona de la cadena comunicacional. Lo comunicado era precisamente inestable y provisional.

# Pero antes de la imprenta, ya existían los libros, la palabra se fijaba; no industrialmente, pero sí caligráficamente en textos estáticos ¿O no?

—Había unos libros sí, que generalmente estaban en las bibliotecas de los monasterios y que habían sido copiados a mano. Cada copista hacía su trabajo a su manera. Es decir, se equivocaba, variaba la literalidad. El texto se trastrocaba según se iba copiando. Era una reproducción artesanal. Las palabras escritas, como ahora en Internet, eran inestables y provisorias. Así es hoy Internet. En un sentido, hemos retornado a la Edad Media. Y es muy interesante.

# La imprenta entonces fijó los textos, propició la precisión, ¿Que es entonces lo negativo?

—Nada, son procesos diferentes. Apareció el contenido estable. Los libros estaban escritos y se reproducían industrialmente. Hoy aún eso ocurre, claro. Los procesos industriales conviven con los posindustriales. Con la imprenta apareció la estabilidad de los textos, y se constituyó el concepto de autor. Alguien con nombre y apellido había escrito un libro que no variaba. Cada ejemplar era idéntico a otro. El autor controla su obra, nadie que no sea él mismo la cambia sin distorsionar todo el proceso. Finalmente aparece la distancia. Los lectores estaban lejos del autor. No se acercaban a él. Lo leían y punto. No había posibilidad de contestarle, de refutar, de interactuar a través del texto.

# ¿Por qué un lector de noticias, un consumidor de noticias, podría confiar en Internet, que se constituye con textos inestables y provisorios?

—Si usted busca algo en Google, detectará que entre los resultados de su búsqueda aparecen ciertamente errores e inutilidades. Y no por eso deja de usarlo. En general, aprende a distinguir lo verdadero de lo falso. Aprendemos a mantener una capacidad de duda. Se dice que Internet es una red un poco rota. Es así: sabemos que queremos descargar una página y que esa página no llega a nuestra pantalla, intentamos conectarnos a un sitio y no siempre podemos hacerlo. Leemos Wikipedia y nos encontramos con muchos artículos excelentes y con otros que son una tontería o que son mera propaganda. No por eso Wikipedia queda invalidada. Uno confía en Internet como en cualquier otro medio, y desconfía de Internet, como de cualquier otro medio.

# Quien lee en Internet lee luz. Las palabras emanan bajo la forma de rayos lumínicos desde las pantallas. ¿Cómo afecta eso al hecho mismo de la lectura? ¿Leer luz es leer? ¿O es otra cosa?

—Hay muchas teorías sobre esto. hay estudios que efectivamente intentan diferenciar entre lo que se denomina "lights through" o luz que viene a través de (una pantalla, por ejemplo, o la televisión); la luz que se posa sobre la página que leemos, el libro o el diario impreso, por ejemplo. Se ha detectado que la posición del cuerpo varía. Quien lee un diario inclina su cuerpo hacia atrás, se coloca en una posición en la que acepta recibir, es espectador. Todo lo contrario ocurre cuando leemos en Internet. Se supone que el cuerpo y la cabeza van hacia la pantalla, y ello implica más bien una actitud de "buscador" o de "investigador".

# ¿Cómo modifica hoy Internet a los diarios tradicionales?

—Los medios masivos pertenecen a la era industrial. La primera rotativa se produjo a mediados del siglo XIX en Nueva York. Desde entonces, nos hemos mantenido en un sistema de producción y de distribución masiva del contenido. Son medios que les hablan a las masas; y las masas se quedan calladas. Es un modelo "top down", de arriba hacia abajo, vertical. Con Internet el modelo se revoluciona. Los textos no se vuelcan verticalmente desde los emisores a los receptores, sino que circulan. Internet es un modelo relacional, no vertical. Pero los diarios, y los diarios en papel, seguirán existiendo. Si observamos a los cinco medios que existían antes de Internet: el libro, la prensa escrita e impresa, la radio, el cine y la televisión, notamos que todos fueron afectados por la aparición de nuevos medios, pero vemos que todos a su vez consiguieron reubicarse. Los diarios impresos deben encontrar caminos para dialogar con su audiencia. Y eso es positivo. Yo leo The New Yorker, que es una extraordinaria revista cultural e impresa. Internet no la ha borrado. Afortunadamente. Creo que los diarios tradicionales, generalistas, seguirán vigentes. En un mundo tan fragmentado como el actual, necesitamos tener puntos de referencia, entender y tener una especie de visión global ordenada. Y eso está en los diarios.

# ¿Usted lee más en Internet o en papel?

—Leo muchísimo en Internet y muchísimo en papel. Nunca he comprado tantos libros como los que he comprado desde que se inventó Internet.

# ¿Qué es un blog?

—Es una forma de comunicación que se apoya en el fragmento. No tiene una arquitectura definitiva. Quien hace un blog no tiene que publicar de manera necesaria y regular. Publica cuando tiene realmente algo que decir. El blog prescinde de la cultura del cierre, como sabemos incluye fotos, videos, audios, difiere de todas las formas del periodismo clásico. La pobreza ha potenciado la conectividad. Y eso es fascinante.

# ¿Es verdad que ya existen experimentos avanzados para realizar diarios electrónicos? ¿Qué es eso?

—Es un nuevo medio, intermedio entre el papel e Internet. Es una pantalla de papel electrónico, digamos. Una pantalla ultrafina, flexible, que pesa 300 gramos y que tiene el tamaño de una hoja A4 y que cada 24 horas se recarga con nuevas noticias. Es un instrumento de lectura portátil, con un botón o dos; además, las noticias pueden personalizarse. Un lector puede requerir el tipo de artículos que prefiere. Sabemos que The New York Times tiene experimentos avanzados al respecto, y en Bélgica ya hay prototipos que están siendo probados con lectores voluntarios. Claro, habrá que esperar para ver cómo lo recibe el público.

# ¿Internet no es un medio para los pudientes, que sigue distante de los más perjudicados en la escala social?

—Desde cierto punto de vista es al revés. Es muy interesante observar que en 2001, cuando los argentinos atravesaron su gran crisis, se multiplicaron los cibercafés y los locutorios con Internet. Crecieron exponencialmente. Explotaron. Eso confirma de una manera global que una de las respuestas al sentimiento de aislamiento que provoca la pobreza es aprovechar las herramientas sociales, comunicacionales que permiten sentir que uno sigue perteneciendo a la sociedad. Se generan nuevas comunidades; comunidades de usuarios. Lo mismo sucede con los teléfonos celulares. La pobreza no ha sido una barrera para que se difundan. Se usan también en espacios marginales. La gente encuentra espacios y soportes que les permiten sostenerse comunicándose, a pesar de todo.

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"El desarrollo humano es la mejor forma de enfrentar la inseguridad"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 15-10-2006 00:00:00

AD MELKERT, SUBSECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

Organismos internacionales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil deben trabajar juntos para atenuar la enorme brecha de desigualdad que constituye una de las principales causas de inestabilidad y violencia.

Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com

Las Naciones Unidas fueron pensadas y conformadas como una organización de Estados. ¿Qué cambio implica en su concepción la presencia en su seno de organizaciones y actores de la sociedad civil?

—El cambio principal está dado por el creciente acceso de mucha más gente a la educación, a la información, a las tecnologías de la información, a la comunicación, que hizo posible que organizaciones no gubernamentales se manifestaran de una manera más intensiva y a más amplia escala geográfica. Ello ha ido transformando las relaciones internacionales tal y como se concibieron en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. Y la consecuencia de esta manifestación es que para los Estados, todos los Estados, es mucho más difícil tener el monopolio de la información, de la dirección, del diálogo. Es cada vez más difícil gobernar sin la opinión y la participación de estas expresiones de la opinión y los diversos intereses ciudadanos.

# ¿Esta importancia de la sociedad civil es una consecuencia de la crisis de los Estados o de la expansión de la democracia?

—Hay un fenómeno global de reconocimiento de estas expresiones, pero luego existen situaciones regionales y nacionales que son muy diferentes unas de otras. En algunos casos, pueden manifestarse como respuesta a crisis estatales, allí donde el Estado pierde sus atributos o no logra satisfacer las necesidades básicas de las poblaciones. En otros, puede ser la consecuencia de manifestaciones de muchos sectores de la sociedad que no encuentran representación en el sistema político tradicional. Y en otros, se trata de desarrollos más autónomos y complementarios. Yo prefiero observarlo como nuevas formas de representación y relación entre gobiernos y sociedades.

# A usted le ha tocado un rol importante en el Banco Mundial en la asistencia a países de Europa del Este y la ex Unión Soviética ¿Qué experiencia extrajo del papel cumplido por los organismos internacionales en esas transiciones?

—En primer lugar, creo que para la gente en estos países fue importantísima la caída del Muro y la posibilidad, por primera vez para estas generaciones, de manifestarse en libertad, de intercambiar experiencias, contacto, comunicación con otras partes del mundo, y exigir una nueva posición en la sociedad. Al mismo tiempo hubo un proceso complejo y bastante fragmentado, que en algunos casos, particularmente en los Balcanes, fue además tremendamente violento, de reinvención del Estado. Los organismos internacionales han jugado un rol muy importante en el apoyo a este esfuerzo por establecer instituciones democráticas. Pero la causa principal para comprender el desarrollo de estos países en los años 90 es el motor de las libertades, y de la libertad de expresión sobre todo, que estimuló nuevas formas de participación, de organización de intereses y de interpelación a las autoridades.

# ¿Puede verse del mismo modo la participación de la sociedad civil y los movimientos sociales en la política latinoamericana?

—Creo que sí. La sociedad civil organizada ha tenido una gran influencia en la salida de los regímenes dictatoriales y en la democratización. En tiempos más recientes, estos movimientos fueron y son muy importantes como expresión de una frustración por la persistencia de la desigualdad. En un continente con la mayor desigualdad del mundo —no hay un continente con más desigualdad— la gente busca canales para expresar esa frustración; es necesario escuchar a los pobres y hacer algo para mejorar sus vidas.

# ¿Cómo observa el panorama de la Argentina en materia social?

—La Argentina está haciendo un meritorio esfuerzo para cerrar la enorme brecha de desigualdad. El nivel de empleo subió y consecuentemente los niveles de pobreza y extrema pobreza bajaron. Al mismo tiempo, hay un núcleo duro de pobreza y también de pobreza extrema y desigualdad que persiste y debe abordarse con políticas activas y con una participación de todos los sectores.

# Durante la década pasada, los organismos internacionales parecieron intervenir según aquella imagen de "palo y zanahoria": mientras los organismos crediticios imponían recetas de ajuste, reforma y restricción del gasto que significaban mayor pobreza, exclusión y desigualdad, otros organismos de cooperación advertían sobre sus consecuencias. ¿No hubo algo de inconsistencia en esta trayectoria?

—Yo represento a Naciones Unidas, de modo que debo ser cuidadoso antes de dar opiniones muy categóricas sobre quién hizo qué en los 90. Pero es evidente que Naciones Unidas no fue parte en lo que se refiere al asesoramiento económico que guió al gobierno argentino en los 90. Al mismo tiempo, inclusive dentro del FMI, ha habido un reconocimiento de que parte de ese asesoramiento fue errado. En lo que a la ONU respecta, creo que la agenda del desarrollo humano ha sido siempre parte integrante de sus mandatos. No obstante, desde la perspectiva argentina, dos cosas cambiaron. La grave crisis que vivió este país en 2001 coincidió con la campaña que Naciones Unidas inició a partir de la Cumbre del Milenio en 2000, con la atención puesta en temas como la reducción de la pobreza, disminución de la tasa de mortalidad materno-infantil, educación, etc. Hubo algunos avances desde entonces.

# Estamos ya en la segunda mitad de la primera década del siglo XXI: ¿qué balance puede hacerse del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio?

-Creo que bajo la dirección de Kofi Annan, la ONU ha emprendido una iniciativa trascendente abriendo la agenda de los Objetivos del Milenio, dejando en claro que el desarrollo humano debe estar en el centro de la misión de la organización. Es un compromiso único el que asumieron en 2000 los Estados miembros, porque es la primera vez que acordaron una serie de emprendimientos mensurables. Lo cual exige que todos —la sociedad civil, los políticos, los medios— deban rendir cuentas por los recursos y por la gobernabilidad. Cinco años más tarde, en setiembre de 2005, ese compromiso fue ratificado con la aprobación de una agenda global de desarrollo.

# ¿Qué papel le tocará al nuevo secretario general?

—Pienso que estamos en una etapa crucial para el futuro de los organismos internacionales. Kofi Annan deja un gran legado y una delicada tarea para el nuevo secretario general: mantener este impulso y ser muy específico a la hora de evaluar qué progresos están haciendo los países y dónde están las brechas. También, evaluar dónde están las necesidades de los países para que sean apoyados por los donantes. El aumento de la asistencia al desarrollo por parte de una serie de países europeos es más que bienvenida. Y otros países seguirán. Al mismo tiempo, los gobiernos deben adoptar las políticas adecuadas, lo cual significa invertir en desarrollo humano: educación, salud, agua, servicios sanitarios, y evitar la corrupción y crear las condiciones para la inversión privada. Es la primera vez, creo, que el mundo está tan unido en una misma dirección.

# Sin embargo, la agenda de seguridad ¿no impone quitar recursos al desarrollo humano e incrementar gastos militares?

—Si miramos las sociedades donde hay una distribución más equitativa de recursos e ingresos corresponden a las partes más pacíficas y mejor organizadas. Esto no vale solamente para Norteamérica o Europa sino cada vez más para el Este asiático donde el desarrollo económico proporciona una base para una estabilidad cada vez mayor. Si miramos los lugares de mayor inestabilidad, como numerosos países en Africa y en Oriente Medio o regiones en América latina, y la situación social que viven, la falta de instituciones, distribución injusta, perspectiva de empleo, gran presión de la emigración, son todas áreas que no pueden considerarse desconectadas de la inseguridad. La ausencia de un poder estatal creíble, la falta de inserción de niños y adolescentes a través de la educación, la exclusión de jóvenes y adultos del empleo, la capacitación, la posibilidad de construir una familia y tener una perspectiva de futuro, no cabe la menor duda, es una fuente mayor de inseguridad. El desarrollo humano es la mejor forma de enfrentar la inseguridad. Y ello se logra con una mejor distribución de la riqueza y las oportunidades.

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"La lucha por el espacio urbano reemplazó a la lucha de clases"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 08-10-2006 00:00:00

OLIVIER MONGIN, ENSAYISTA

Las mutaciones de las periferias, la degradación de los barrios céntricos y el auge de las torres cerradas son estrategias de demarcación y de una aguda falta de solidaridad entre sectores sociales.

Matilde Sánchez.
msanchez@clarin.com

En una conferencia reciente en Buenos Aires, usted habló de "la condición urbana" en la era de la globalización y sus transformaciones ¿Por qué la ciudad?

—Porque una cantidad de temas de la máxima importancia se juegan allí. Asistimos a una gran reconfiguración territorial, es decir de propiedad sobre el espacio, a partir de la globalización. Esto afecta de manera directa a la política y al Estado: en otras palabras, cómo recomponer el territorio en términos nacionales. Diría, grosso modo, que la lucha por el espacio urbano ha reemplazado a la lucha de clases. El neoliberalismo festeja el fin del Estado-Nación; sin embargo, la cuestión es cómo redefinir el rol del Estado cuando la inseguridad ha fragilizado la vida.

# ¿Diría que el Estado tiene nuevas atribuciones o que abandonó las tradicionales?

—Dejó de ser un factor económico autónomo y hoy interviene sobre todo para organizar la seguri dad. ¿Debemos concluir que ejerce un rol disciplinario a la manera del tradicional Estado represivo o policial? No, sería desconocer que hoy en rigor responde a una demanda de seguridad de los individuos. Es incorrecto hablar de una sociedad disciplinaria en el espíritu de Michel Foucault; estamos ante un liberal-autoritarismo. Los ciudadanos voluntariamente exigen seguridad. Coincido con Zygmunt Bauman en que este liberal-autoritarismo pone de manifiesto la fragilidad individual y al mismo tiempo, ése es "el costo humano de la mundialización". Esto se ve sobre todo en las ciudades. La demanda de seguridad hoy pesa sobre la opinión pública; así, todos vivimos bajo regímenes de excepción. Pese a que la retórica hegemónica es que existe un aumento de la democracia —supuestamente gracias a la presencia estadounidense en Irak—, la democracia está fragilizada.

# ¿En qué se advierte?

—En las diferentes transformaciones de las periferias, en la degradación de los centros urbanos, en el auge de las torres y los barrios cerrados, o gated communities, para dar ejemplos muy evidentes. Estos fenómenos encarnan estrategias de demarcación social y elecciones territoriales muy específicas y selectivas. Estamos ante el fin de la ciudad como utopía, esa concepción urbanística que tiene su raíz en la polis griega y en Tomás Moro. Con la mundialización, nos vemos proyectados a lo que Fran»coise Chaoy llama con crudeza la "a pres-ville" (o post-ciudad). De acuerdo con esta visión, nos adentramos en una era post-urbana, dado que ninguna ciudad puede ya integrar ni contener tal cantidad de flujos tecnológicos mundializados.

# Se diría que esto vale menos para las ciudades periféricas y aun las europeas.

—Por cierto, en Europa estábamos acostumbrados a ver la ciudad como el espacio en el que se desarrolla la vida cultural, social y política que hace posible la integración cívica. Hoy la ciudad a veces sólo ofrece segregación; es muy arduo integrarse al ideal urbano —lo que implica nuevas formas de vida cotidiana—. El nuevo perdedor social es un perdedor definitivo. Pierre Bourdieu destacó esta situación en su antología La miseria del mundo.

# ¿Pero hay un solo futuro degradado para la ciudad, como afirma Mike Davis? ¿Tendremos un planeta de villas miseria?

—En la actualidad estamos enfrentados, por una parte, a las sprawling cities, o metrópolis que se derraman en el territorio, a la manera de Ciudad de México; y por el otro al surgimiento de las ciudades globales, desvinculadas de su entorno y conectadas a otras en red, según ha analizado Saskia Sassen. Por último, quedan ciudades-museo, pese al cre cimiento de las periferias, donde la conservación de un centro sigue siendo una clave de su economía. Es el caso de París y Londres. Esta reconfiguración despierta inquietud. ¿Asistiremos indefensos al ocaso irremediable de los valores urbanos? ¿La fragmentación y el desajuste caótico se impondrán? Lo que le decía antes, vamos a lamentar la desaparición de la polis griega, la ciudad del Renacimiento, las urbes industriales del siglo XIX.

# ¿Cómo encuentra a Buenos Aires? Usted le dedica un capítulo en un libro, en el que la compara con El Cairo.

—Es una ciudad maravillosa, con algunas semejanzas con las ciudades europeas, con un barrio céntrico conservado en tanto "ciudad-museo". Sin embargo, al igual que algunas ciudades como El Cairo, exhibe los fenómenos de fragmentación, multipolarización social y una desolidarización patentes en el espacio urbano. Se siguen percibiendo las desigualdades en la atribución de espacio. La fragmentación territorial se acompaña de la voluntad de distintas capas de la población de "disociarse" de los otros. Siempre se percibe el mismo temor a "caer bajo" y la misma voluntad de mirar a las alturas. Así suele presentarse la estrategia de demarcación: siempre encuentra una representación en términos de progreso y ascenso social. Esto explica el desarrollo temprano de los barrios privados en América latina, a comienzos de los 70, y no, como se cree, en los años 90.

# ¿Por dónde empezar a remendar la ciudad?

—Pese a la hegemonía de los distintos modelos estadounidenses, hay numerosos problemas convergentes con otras latitudes. Las respuestas, sin embargo, son muy heterogéneas. Ya no hay un modelo en el sentido hegeliano, una única utopía.

# Pero hay numerosos equipos de urbanistas armando y desarmando modelos como en un rompecabezas. ¿Cuáles le parecen más interesantes?

—Cada ciudad debe encontrar las soluciones particulares. El italiano Alberto Magnaghi lanzó la idea de proyecto local. El coordina desde hace más de una década un "proyecto de preservación dinámica del patrimonio" en el valle del Po, en una región próspera en términos económicos pero degradada por la concentración industrial. Lo interesante es que su concepto de patrimonio no se restringe a los monumentos e iglesias, sino que incluye el acervo de tradiciones agrícolas y el artesanado de los pueblos, sus recursos hidráulicos, etc. Supone una forma singular de resolver problemas en el territorio concreto sin interrumpir los intercambios globales. En respuesta a los flujos que orquesta la mundialización "por lo alto", que privilegian el llano, su Proyecto privilegia las colinas y las costas, propone una "civilización por lo bajo". Se trata de recrear un sistema de relaciones complejas entre el ambiente y las comunidades que lo habitan. En ese territorio local, donde la lucha de clases es reemplazada por las luchas por los lugares, Insurgent City, tal el nombre de su utopía, pone a competir los lugares entre sí. No se trata de una ciudad líquida y aleatoria, una ciudad-isla lista a desaparecer con el primer ventarrón de la historia, sino que consiste en relacionar ciudades vecinas, autónomas en el plano administrativo. Desde la perspectiva de Magnaghi, el territorio se convierte en una obra de arte colectiva. Pero a la vez, el territorio siempre tiene relación con el afuera: es preciso atender a la exigencia de movilidad y a la energía de los flujos mercantiles.

# En uno de sus libros, usted valora el concepto de renovación urbana del estudioso Bernardo Secchi.

—Sí, este urbanista nos llama la atención sobre los lugares catastróficos de la morfología urbana, donde el ideal espacial de una parte de la ciudad entra en franco conflicto con el de otro sector, o bien se pierde en una periferia sin orden. Sostiene que no hay que pensar a partir del centro de la ciudad —ya que siempre buscará protegerse—, sino a partir de los márgenes. Por otra parte, el centro también tiene sus márgenes. Es preciso reinstituir la relación entre las partes en conflicto.

# Su último libro trata sobre los cómicos franceses. Es su segundo estudio sobre la risa. ¿Dónde quedó la ciudad?

—La experiencia urbana siempre pone al individuo en relación con los demás. Recordemos que en la commedia dell'arte, los personajes llevaban nombre de ciudades, como il Signore Bologna. El panorama cómico francés hoy es muy interesante. Buena parte de sus maestros son inmigrantes o primera generación de franceses. Son los malhablados del idioma quienes ponen en primer plano los desfasajes espaciales del ilegal y la cultura de las periferias asiáticas y africanas, con sus cuerpos y voces.

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"La concertación que Kirchner propone es subordinación"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 01-10-2006 00:00:00

JUAN CARLOS PORTANTIERO, SOCIOLOGO Y POLITOLOGO

El temor de la oposición sobre la concentración del poder en manos del Presidente está justificado. La idea de democracia que anida en el Gobierno implica supresión de la mediación de los partidos políticos.

Analía Roffo.
aroffo@clarin.com

Hay palabras que están circulando en el escenario político que son indudablemente fuertes. Alfonsín, por ejemplo, dice que "esto es una democracia plebiscitaria". Roberto Iglesias, el jefe de la UCR, habla de "tiranía". El rabino Bergman, en la concentración de Blumberg, juzgó que estamos en "una monarquía constitucional". Carrió habla de "fascismo". A la vez, el presidente Kirchner de ninguna manera es un tímido cuando se refiere a la oposición. ¿Usted atribuye estos conceptos a cierta sobreactuación de los políticos o cree que realmente definen el escenario que estamos viviendo?

—Hay un poco de todo. Desde ya, descarto las definiciones apocalípticas del tipo "fascismo o tiranía", que me parecen absolutamente erradas. Pero descarto también la épica triunfalista que viene del Gobierno. Mi mirada es un poco ambigua con respecto a lo que sucede, porque veo luces y sombras. Creo que los resquemores que existen —porque todas las palabras que usted mencionó tienen que ver, sobre todo, con problemas de concentración de poder— tienen algún punto de justificación. Me da la impresión de que este es un gobierno que, dentro del respeto a la tradición electoral de la democracia, busca asumir carácter de democracia plebiscitaria.


# ¿Qué quiere decir exactamente?


—Quiero decir democracia de relación directa del jefe político con la masa. Democracia que implica supresión de las mediaciones —de los partidos políticos—, junto con fuerte decisionismo y orientación por un programa que en sus líneas generales se dice progresista, pero que busca atacar la coyuntura más que imaginar escenarios de largo plazo con políticas de reformas estructurales para una sociedad que no sólo tiene problemas de pobreza, indigencia, educación o salud, sino que también tiene problemas de mediocridad institucional. En ese sentido, uno está frente a la situación actual con la mirada precavida de tener que distinguir, en cada momento, la orientación general de una política o una política específica, de la maquinaria política, del sistema de poder que está detrás de esa iniciativa política.


# Deme un ejemplo concreto de cómo distinguir una política específica de la maquinaria de poder que la sustenta.


—Por ejemplo, así como se usan esas palabras que usted mencionaba, se usan otras. Se usa la palabra concertación, porque se tiene memoria, sobre todo, del caso chileno y del italiano. De alguna manera, del caso uruguayo también. Y concertación la usa el Gobierno, por un lado, y una parte de la oposición, por el otro. ¿Pero cómo la usa el Gobierno? La concertación que Kirchner propone es subordinación. Es la figura radial, central, del presidente de la República que, por distintas vías de seducción, busca atraer figuras, personas de otros sectores políticos. Con lo cual, a lo que lleva es a debilitar la base misma de una concertación en democracia. La debilita desde su propio partido, al cual virtualmente ningunea, al punto que lo mantiene congelado, sin autoridades siquiera. Y debilita a las fuerzas de la oposición, a las que en realidad busca quebrar. Pero sabemos que la verdadera concertación es otra cosa: acuerdos programáticos entre partidos políticos, a los que se podrán incorporar figuras independientes.

# Sin intentar justificarlo a Kirchner, en los ejemplos que usted da, de Chile o Italia...


—...hay partidos políticos sólidos.


# Exactamente.


—Muy bien. Acá no los hay. Pero me parece que, además de haber pasado por una crisis severísima en el año 2000-2001, no hay voluntad de que los partidos existan. Hay voluntad de hacer una política personalizada, es decir, que la política pase por personas. En ese sentido, el peronismo recupera su propia historia.


# ¿El peronismo no cree en los partidos políticos?


—En el peronismo no hay una idea de partidos políticos en el núcleo de la democracia, sino una idea de movimientos políticos. Así fue el Perón del 45 y 46. Y fíjese usted que la metodología de constitución del poder del presidente Kirchner es bastante parecida, si no similar, a la del coronel Perón en el 45 y 46.


# ¿En qué sentido?


—Perón coopta socialistas, radicales, conservadores, sindicalistas, y con eso forma la base de su movimiento peronista. Que, en un principio, aparece distinguido en Partido Laborista y Unión Cívica Radical-Junta Renovadora, y luego, al año, ya se concentra absolutamente en el Partido Peronista. Partido nico de la Revolución Nacional, primero, y Partido Peronista, inmediatamente. Es cierto que Perón había buscado una alianza quizá más formal con el radicalismo, vía Sabattini, que fracasa, y luego empieza la política de cooptación de Quijano, de Cook (padre), de una cantidad de figuras. El Perón del 46 tiene tres ministros socialistas: Bramuglia, Borlenghi y Freire. Es decir, construye una superación movimientista a partir de esas adhesiones. Y creo que ese es el camino que busca Kirchner. De alguna manera, Kirchner va a destruir al peronismo.


# Usted tampoco tiene opiniones tímidas...


—Lo digo en el sentido hegeliano: destruir para superar. Kirchner va a destruir al peronismo sobre la base de un tercer movimiento histórico. Piense, además, que la idea de tercer movimiento histórico es muy fuerte en el inconsciente colectivo.


# Pero no me diga ahora que Kirchner va a cumplir el sueño frustrado de Alfonsín.


—La idea de que acá, en el siglo XX, ha habido un movimiento histórico que fue el radicalismo; la idea de que ha habido un movimiento histórico que fue el peronismo —le estoy hablando de movimiento y no de partido, porque precisamente, la idea de movimiento es la idea de que la Nación se divide bipolarmente— y la idea de que ahora hace falta un tercer movimiento que sea como la síntesis de ambos está tanto en quienes fueron protagonistas del primer movimiento, como de quienes son dirigentes del segundo. Alfonsín es el que la proclamó casi más abiertamente e hizo algunos intentos. Acuérdese de Alderete en el Ministerio de Trabajo, por ejemplo. Pero creo que, al final, advirtió que ese camino no servía. Kirchner me parece que está —porque el peronismo tiene muchos más recursos para hacerlo— más convencido.


# Usted le encuentra a Kirchner parecidos con el Perón del 45 y recuerdo la tesis de Estudios sobre los orígenes del peronismo. Allí, Miguel Murmis y usted definen la alianza que sostuvo al peronismo de entonces: industriales menos poderosos, más la burocracia militar y política, más un Estado que podía orientar intereses y otorgar participación a las clases populares. ¿Cuál es la alianza de Kirchner?


—¿Usted dice cuáles son los elementos de su programática general, con quién quiere construir el país, la nación?


# Exacto.


—Ahí hay un problema. Así como el Gobierno ha sido eficaz, desde Duhalde —con Lavagna como intermediario— hasta Kirchner, para atacar situaciones de coyuntura, me parece que no tiene claro —o por lo menos no lo expresa— cuál es su horizonte de mediano plazo para la Argentina. El mundo ha cambiado rotundamente y me da la impresión de que las ideas matrices del Gobierno con respecto a rasgos de país y de sociedad están un poco congeladas en la creencia, que fue exitosa en algún momento, de un país que no se integra abiertamente al mundo, que desde el punto de vista industrial supone la existencia de un capital nacional a partir del cual se pueden sustituir importaciones y de un agro que financia ese proyecto. Pero no sé si esa convicción coloca bien a la Argentina —aun cuando tenga éxito, como lo tiene actualmente— en el mundo. Me parece que ahí hay una falta de proyecto de mediano plazo, que obligaría a que la Argentina no piense su destino como lo pensaba en los años 60, sino como debe pensarlo en los años 2000.


# ¿Le parece que las ideas de Kirchner atrasan?


—Las que muestra por lo menos congelan. Es decir, aparentan ser un progreso con respecto a la manera loca con que la Argentina quiso vincularse al mundo en la época de Menem. Pero si son un progreso con respecto a aquello, no necesariamente son el camino del progreso en el mundo actual.

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