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"La Revolución Francesa enseñó a los políticos a manejar el tiempo"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 13-08-2006 00:00:00

ENTREVISTA A ARIEL COLOMBO, POLITOLOGO

El concepto de tiempo varió según los siglos. Recién con la Ilustración, en el siglo XVIII, surgió la idea de que la política es acción y de que sólo los que operan sobre el presente pueden realizar verdaderos cambios.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

San Agustín, en sus Confesiones, dice: "¿Qué es el tiempo? Sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé." ¿Se atrevería usted a contestar semejante pregunta?

—Es difícil seguir el itinerario que tuvo la concepción moderna del tiempo. Es oportuna su mención a San Agustín, porque en el pensamiento antiguo y medieval el tiempo quedó prisionero en un ciclo de eterno retorno, de repetición infinita. O quedó encerrado, como intervalo gobernado por Dios, dentro de límites sagrados: la creación y la segunda venida del mesías. Por eso el tiempo no tenía ningún significado para la acción, de manera que a nadie se le ocurría pensar que el hombre, con sus propias manos, podía cambiar la sociedad y hacer otra historia. El cambio histórico, en la antigüedad y en el medioevo, era o absurdo o pecado.

# ¿Cuándo cambió esa visión?

—Cambió drásticamente con el inicio de la Modernidad. En la Modernidad el tiempo gana otra dimensión, otro espesor. El presente se reafirmó, se hizo poderoso y pudo construir un pasado, interpretarlo, criticarlo. Por eso la Modernidad pudo pensar en transformar el futuro. El tiempo social, el tiempo político, dejó de quedar subordinado a tendencias insondables.

# El reloj no existe desde siempre. ¿Qué función le es atribuida?

—Los monjes benedictinos —con su manía de organizar la intensísima actividad que tenían, con su intención de no perder tiempo para ganar la eternidad, porque el tiempo pertenecía a Dios— desembocaron en la creación del reloj mecánico. Y este reloj pasó de los claustros a las plazas públicas. La era industrial es incomprensible sin mentes condicionadas por el tiempo mecánico del reloj, un tiempo cuantitativo, infinito y, sobre todo, externo a la vida humana.

# ¿Qué resultó de la independencia del presente respecto del pasado que surge con la Modernidad?

—Se concibió a la verdad y a la justicia como hijas del tiempo, pero no al tiempo como hijo de la acción política. Entonces, al guardar la teoría una relación de exterioridad con respecto a la acción humana, la acción no pudo aprovechar esa separación del presente respecto del pasado. No casualmente el pensamiento tomó el rumbo de la mano invisible del mercado, la fe en un progreso indefinido, las utopías sociales como la de Tomás Moro.

# Usted vincula tiempo y acción política. ¿Cómo entiende ese lazo?

—Suponiendo al tiempo como recurso escaso, en la acción política hay que intentar, por todos los medios, alargar los plazos propios a costa de acortar los ajenos. La astucia está en la manipulación de los tiempos sociales. Un político astuto es el que sabe cómo manejar el tiempo.

# ¿Qué efectos produce esa aptitud?

—Produce un sistema que, en su corazón, obliga a concentrarnos en necesidades que no podemos posponer, a la vez que, sistemáticamente, pospone la resolución de los agravios, de las discriminaciones. Es decir, se configura un sistema que opera por aplazamiento: pospone indefinidamente, a cambio de sacrificios actuales, beneficios futuros que carecen de plazo, es decir, que carecen de tiempo. En ese intercambio intertemporal, el futuro carece de plazos.

# Si el tiempo es una variable tan clave, ¿qué relación hay entre teoría y acción política?

—Si la teoría quedó fuera de la acción, la acción no puede generar sus propios tiempos. En parte, esto fue resuelto por Rousseau, diciendo que para actuar no hace falta saberlo todo. Pero ni Rousseau, ni ningún otro después de él, pudieron cerrar definitivamente la brecha que se da entre teoría y praxis. Sí la resolvió, en la práctica, la Revolución Francesa.

# ¿Cómo lo hizo?

—La Francesa fue la primera revolución y, como tal, fue el anticipo y el resumen de todas las rebeliones que vinieron después. Todavía estamos dentro de la Revolución Francesa. Ella demostró que la acción asegura su propia continuidad temporal, su propia sustentabilidad temporal frente a la adversidad y a los enemigos, a partir de subordinar la tradición y el pasado, así como los juicios sobre el futuro, al presente. La Revolución Francesa logró controlar el tiempo. Quiero decir que el juicio del presente adopta centralidad; es el juicio acerca de qué podemos hacer ahora nosotros. El tiempo, de este modo, es tomado como una variable cualitativa, dependiente de la acción humana, opuesta a la visión del tiempo cuantitativo, objetivo y externo a la acción.

# ¿Por qué la Revolución Francesa logró controlar el tiempo?

—Porque los revolucionarios no se orientaron por dogmas, ni se quedaron vinculados a las fuerzas que venían de la nobleza. Es decir, produjeron una fuerte disrupción con el pasado y con todo el futuro utópico que se les proponía; actuaron sobre la realidad, la analizaron y fueron resolviendo los problemas sobre la marcha. En la Asamblea se decía que en esta revolución, por primera vez en la historia, el juicio sobre el presente, sobre lo que hay que hacer hoy, ahora, prevalece sobre cualquier especulación sobre el pasado o el futuro. Fue así porque los revolucionarios guardaron coherencia con las reglas de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano. A tal punto se toman en serio esa declaración, que desatan la lógica expansiva del liberalismo universalista, radical, republicano. Esa lógica expansiva fue quebrada por los jacobinos. Pero, en definitiva, la Revolución Francesa les enseñó a los políticos a manejar el tiempo.

# ¿Qué relación hay entre tiempo y dinero?

—La falta de dinero —o la falta de información— puede ser traducida a falta de tiempo, porque si tengo tiempo, tengo tiempo para informarme; y si tengo tiempo para informarme, tengo tiempo para organizarme, para reunirme, discutir, decidir: las tomas de decisiones tienen costos temporales. La acción política debe ser reflexiva, basada en reglas y, entre los protagonistas, se debe generar un plazo: el plazo que necesita la acción para alcanzar sus objetivos. Solamente si media un plazo en la acción, la acción va a tener efectos que van a ser irreversibles, acumulativos, progresivos.

# Eso implica obedecer reglas. ¿Qué pasa cuando hay desobediencia civil?

—La desobediencia civil es un tipo específico de acción colectiva. Es una acción democrática que desobedece normas dictadas democráticamente. Esto genera una paradoja, una contradicción. Sin embargo, no es así, porque tanto la desobediencia civil como la democracia política remiten al mismo principio de fundamentación. Como dice Jürgen Habermas, la soberanía popular no limita los derechos humanos, ni los derechos humanos limitan la soberanía popular, sino que se posibilitan recíprocamente. Esto me parece un concepto muy propio de la Ilustración, que deberíamos tener más presente, ya que los derechos humanos posibilitan el ejercicio de la soberanía popular y viceversa.

# ¿Qué rasgos tiene la desobediencia civil?

—La desobediencia civil es una acción disruptiva, que carga con todas las consecuencias legales del régimen vigente. Es una acción no violenta, que se juega con el cuerpo de los propios protagonistas. Por eso, la desobediencia civil tiene exigencias morales muy fuertes, que son muy difíciles de encontrar en las rebeliones populares. Los elementos que se reúnen en la desobediencia civil son, primero, la autonomía, en tanto los protagonistas no toman ninguna decisión en la cual todos estén de acuerdo. Es la propia reflexión interna y el acuerdo lo que la hace funcionar. En segundo lugar, es pluralista y pacífica, en el sentido de que las partes intervinientes en la desobediencia civil se respetan escrupulosamente. Es recursiva porque se aplica a sí misma las normas que impulsa. Y tiene una cuarta característica: es pública, puede transparentemente escribir sus demandas en el espacio público sin ningún problema, porque tiene argumentos que pueden ser volcados públicamente. No es una acción conspirativa. La desobediencia civil es un recurso extraordinario que puede remover bases petrificadas de un sistema político e inducir, directa o indirectamente, su transformación.

Copyright Clarín, 2006.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/08/13/z-03809.htm

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