Valadés describe los desafíos en México
MEXICO D.F.– “La democracia necesita fortalecer las instituciones y distribuir mejor la riqueza porque, de otro modo, el personalismo siempre es un riesgo latente y el sistema peligra. Las democracias de la región deben aprovechar este momento de tranquilidad política para corregir sus defectos”, dice Diego Valadés.
Descendiente directo de uno de los hombres de Hernán Cortés e integrante de una familia de escritores, historiadores y diplomáticos, Valadés es uno de los mejores constitucionalistas mexicanos. En un extenso diálogo con La Nacion, habló sobre la democracia, el panorama electoral de su país y la experiencia de tener a Estados Unidos como vecino, asociado con México por el acuerdo del Nafta.
“Soy partidario del Nafta. Pero México lo negoció mal. El papel de nuestro país con los Estados Unidos no es el de un socio, sino el de un empleado. Un acuerdo de este tipo debe ser muy bien negociado. Si no, fracasa”, advierte.
Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma, durante los gobiernos de Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas de Gortari fue procurador general de la Nación, ministro de la Corte Suprema de su país y embajador. Desde 1988 preside el Instituto de Investigagaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del que formó parte durante 35 años como investigador. La UNAM, vale señalarlo, tiene un presupuesto anual de 1400 millones de dólares, siete veces más grande que el de la Universidad de Buenos Aires.
México es un país de contrastes, vibrante de vitalidad, y el Distrito Federal es particularmente activo y caótico. En ese entorno, la voz de Valadés siempre encuentra lugar en los principales medios de comunicación. Ahora, en plena campaña para las elecciones presidenciales del 2 de julio próximo, y cuando varios candidatos lo tientan para que se integre a sus filas, él dispara: "El mejor candidato es malo".
-Luego de setenta años de gobierno del PRI, en 2000 fue elegido Vicente Fox. ¿Cómo enfrenta México estas elecciones?
-El país cuenta con una estructura electoral confiable, que comenzó a construir a partir de 1977, cuando el PRI quiso matizar su autoritarismo político con una estrategia electoral. Y en los años 90 cobró solidez, con el Instituto Federal Electoral y con el Tribunal Electoral, dos piezas clave de nuestro sistema político. Aquel primer paso, que fue idea del intelectual Jesús Reyes Heroles, buscó bajar el grado de violencia política e integrar a la izquierda a la política. El segundo paso, el de los organismos electorales, buscó garantizar la transparencia.
-¿Cómo desarrolló Fox su gestión?
-En 2000, el PRI temía ser desplazado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), pero venció el Partido Autonomista Nacional (PAN). Pero Fox no era un hombre con experiencia política importante, y si bien su elección generó mucho entusiasmo y apoyo, el PAN nunca consiguió la mayoría en el Congreso.
-A diferencia de lo que ocurrió muchas veces en los Estados Unidos, donde el partido mayoritario en el Congreso no es el mismo que llega a la Casa Blanca y ambos poderes pueden convivir, México padece el problema de América latina, donde a los presidentes les es difícil gobernar si su partido no maneja el Congreso.
-En América latina hay un problema con el presidencialismo, que algunos países intentaron atenuar para hacer un presidencialismo racionalizado. Pero en México el problema fue algo distinto. Fox nunca fue un negociador. Esta característica, en un primer momento, le permitió acrecentar su popularidad, pero en las elecciones de medio término de 2003 Fox no logró que el PAN tuviera mayor presencia en el Congreso.
-En la Argentina el Congreso es un órgano débil frente a un presidencialismo avasallador.
-En México, la situación es distinta. Por ejemplo, en 2004 el Congreso introdujo modificaciones muy fuertes al proyecto de ley de presupuesto del Poder Ejecutivo y las instituciones no se resintieron.
-¿El Poder Judicial funciona aceptablemente?
-En México, la Justicia no sólo resuelve los planteos entre particulares y los que éstos formulan contra el Estado, sino también los conflictos que se presentan entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. Por ejemplo, el Congreso demandó al presidente. Y esto le dio a la Justicia mucho poder, porque la política se judicializó.
-¿La imagen que da hoy Fox es la de un presidente que no sabe salir de la situación de parálisis institucional?
-Sí, y para salir de esa parálisis la gente nuevamente pide un líder fuerte. Y ésta es una situación que crea muchos riesgos, porque podemos volver a caer en el personalismo. La sociedad, claro está, no puede comprender la sutileza de que esa parálisis se debe, en rigor, a la impericia de la clase política. Ese es un matiz difícil de advertir, y entonces culpa a un hombre y quiere reemplazarlo por un líder fuerte.
-Ahora, sin embargo, en el panorama electoral, ninguno de esos dos partidos se saca ventaja. Porque el partido que marcha primero en las encuestas es el PRD.
-El PRD, en la Ciudad de México, fue muy eficaz, y Andrés Manuel López Obrador, el actual candidato de ese partido, fue políticamente muy hábil. Cuando en un momento la Asamblea Legislativa le hizo frente, López Obrador convocó a una consulta telefónica -sin demasiadas formalidades, por cierto- e impuso sus decisiones. Además, les dio un subsidio a todos los ancianos, incluso a los no jubilados, lo cual lo hizo muy popular.
-¿Qué saldo deja la gestión del PAN?
-Deja un país con 50 por ciento de la población bajo la línea de pobreza y con una caída pronunciada de la inversión extranjera directa. Esto se disimula porque en 2005 los mexicanos que viven en el exterior hicieron remesas por 20.000 millones de dólares, que disimularon esa caída. Pero la realidad es que, en la actualidad, México exporta pobres. Medio millón de personas emigra a los Estados Unidos cada año y esa gente pobre es la que envía las remesas. Este es otro aspecto del debate sobre la construcción del muro en la frontera de Estados Unidos con México. Y este asunto también produjo un deterioro en la relación de George W. Bush con Fox. El tercer problema de la gestión de Fox es que durante este período no se promovieron investigaciones para localizar yacimientos de petróleo.
-¿Tuvo la gestión de Fox algún punto sobresaliente?
-Fox fue muy respetuoso de la libertad de prensa y, en este aspecto, el país avanzó mucho. El Congreso, a instancias del Gobierno, sancionó la ley de acceso a la información, que está plenamente vigente. Pero en el ánimo de la gente pesa mucho la situación de parálisis que se vive entre el Poder Ejecutivo y el Congreso.
-¿Qué percepción tiene la población respecto de cada uno de los candidatos? Comencemos por Roberto Madrazo, el candidato del PRI.
-EL PRI busca la reivindicación por haber sido desplazado en 2000. Pero la gente lo percibe como un partido donde hay nichos de corrupción.
-Felipe Calderón, el candidato del PAN, ¿es conservador?
-Sí, y está girando hacia posiciones más rígidas aún. El PAN está volviendo a sus raíces, muy conservadoras, mucho más aún que hace seis años. Mantendrá sus votos, pero no podrá captar a los electores independientes.
-¿Es López Obrador, el candidato del PRD, un populista?
-No. En México hay pobreza y él perfila su discurso para los pobres. Y en un país donde hay corrupción habla en contra de la corrupción. El vive en forma sencilla. La sociedad lo ve como un político honesto.
-¿Cómo es la relación de México con Estados Unidos?
-Uno de los problemas, como dijimos, es el de la emigración de mexicanos a Estados Unidos. Bush esperaba que se frenara esta tendencia si, como había prometido Fox, el país crecía al siete por ciento. Pero esto no ocurrió. México crece al tres por ciento anual. El otro problema es el de la droga. México es el puente para la droga que viene de Colombia. La violencia alcanzó niveles desmedidos.
-En estos días, lo que observo es que narcotraficantes y policías no se disparan, sino que los narcos arrojan granadas. El nivel de agresión es llamativo. ¿El narcotráfico ya contaminó a la política?
-No, parecería que todavía no. Pero sí infiltró a la policía, y a los agentes que no se corrompen los somete a una situación de hostigamiento permanente. Esto se supera sólo fortaleciendo las instituciones, respaldando a la Justicia y a la policía y con un acuerdo mínimo de todos los partidos en ese sentido. Todavía el narcotráfico no contaminó a la política, pero el riesgo está ahí, latente.
-Estados Unidos avanza en América latina con convenios de libre comercio. ¿Cuál es el saldo que le deja el Nafta a México?
-En los años 90, la gestión de Salinas de Gortari atenuó el espíritu antinorteamericano, que estaba muy presente en México. Pero los problemas inmigratorios renovaron la tensión entre ambos países y la retórica consecuente. Tarde o temprano esto va a impactar negativamente en el Nafta. En un primer momento el Nafta produjo un impacto positivo, porque revitalizó el aparato productivo mexicano, con la instalación de muchas empresas. Hubo altos índices de empleo y de inversión extranjera directa. Pero este impulso perdió dinamismo.
-¿Puede tambalear la integración con los Estados Unidos?
-Yo soy partidario del Nafta, pero en México se lo negoció mal y nuestro país no estableció previsiones para fondos de compensación, para que los Estados Unidos financiaran obras de infraestructura, puertos, carreteras. Entonces, el mexicano termina financiando obras que benefician principalmente las exportaciones a los Estados Unidos. Además, el tratado no previó la inversión en investigación, por lo cual México produce con patentes extranjeras y paga a los Estados Unidos demasiadas regalías por los productos que les envía. Las exportaciones del sector agrícola no crecieron sustancialmente y las manufacturas crearon sólo limitadamente mano de obra. El Nafta se negoció mal. No se previeron fondos de compensación ni inversión en ciencia y tecnología ni se tuvieron en cuenta las asimetrías. El papel de México con los Estados Unidos no es el de socio, sino el de un empleado. Y la concentración de riqueza aumentó.
-¿Cómo ve la salud de la democracia en América latina?
-En el orden político, la unipolaridad da margen para que los países vivan un período de tranquilidad política. Pero la concentración de la riqueza en la región es excesiva, y hay demasiada dependencia de los Estados Unidos. Nuestros países deben aprovechar este momento de tranquilidad, porque si se desatiende la cuestión social la democracia peligrará y se restablecerá el personalismo.
Por Adrián Ventura
Enviado especial
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