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"El Mercosur tiene un potencial enorme"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 08-02-2006 00:00:00

El politicólogo Günter Verheugen analiza la importancia de los bloques regionales

BERLIN.– En su reciente libro “Europa en crisis”, el politicólogo alemán Günter Verheugen, considerado el arquitecto de la ampliación de la Unión Europea (UE), traza un diagnóstico de la actual situación en el Viejo Continente después del rechazo de la Constitución en los referéndum de Francia y Holanda y de los disturbios ocasionados por hijos de inmigrantes en territorio francés.

Verheugen establece prioridades para la refundación del proyecto común europeo, de cara a los desafíos del siglo XXI. Entre otras propuestas plantea la importancia de que Alemania y Francia estén unidas para constituirse en el núcleo de una correcta integración política; la necesidad urgente de unificar la política exterior y la de seguridad para conseguir una voz europea representativa en el contexto mundial; el desafío de aumentar la competitividad por medio del perfeccionamiento constante como única alternativa para sostener el nivel de vida europeo, y de profundizar la unificación como proyecto cultural para asegurar su continuidad y eficiencia.

También destaca la importancia política y económica que el Mercosur tiene para la UE. Verheugen se desempeña desde 2004 como vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Empresa e Industria, luego de cinco años a cargo del proyecto de ampliación de la UE hacia el Este. Comenzó su carrera política en el FDP (partido liberal alemán), del cual llegó a ser secretario general de 1978 a 1982, año en que se pasó a la filas de la socialdemocracia (partido SPD, de Gerhard Schröder). Fue miembro del Parlamento alemán durante muchos años y de la comisión interna para la UE. Desde los años 70 ha participado en temas de política exterior, seguridad y desarrollo, durante distintos períodos y bajo diferentes cargos, entre ellos el de ministro de Estado en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Nació en 1944, en la ciudad de Bad Kreuznach, y se graduó en ciencias políticas, historia y sociología.

-¿Qué define lo que usted llama "crisis de confianza" en Europa?

-La integración europea fue durante varias décadas algo natural para la mayoría de los países integrantes porque la gente todavía sufría los efectos de la Segunda Guerra Mundial y veía esa integración como un gran proyecto de paz. Pero el mundo cambia demasiado rápido y en muchos de los países miembros han crecido dudas acerca de si la integración europea es lo correcto para afrontar los desafíos del futuro.

Resulta necesario replantearse qué Europa queremos; cuánta integración deseamos y necesitamos en el continente; qué tan grande queremos la UE y dónde quedan sus fronteras; qué rol va a jugar Europa en el mundo del mañana y cuál será su papel en la globalización; cómo mantenemos el bienestar, la seguridad social y la calidad de vida frente a los desafíos económicos, y cómo logramos que esta unión sea un proyecto de los propios ciudadanos europeos.

-No por parte de los gobiernos, pero sí de los ciudadanos, tal como afirma en su libro que "en Alemania, Francia y Holanda existe culturalmente un profundo desagrado frente al extranjero". ¿Subsiste el temor de la gente de ser considerada racista?

-Creo que no es un tema tabú. La preocupación de mucha gente respecto de la inmigración, es conocida desde hace mucho tiempo y es por eso que la inmigración puede traer problemas a la población europea, que no son sencillos de solucionar. Europa no es una clásica región de inmigración, como sí lo son muchas otras, sino, por el contrario, es una clásica región de emigración. Las naciones europeas no pueden ser comparadas con Estados Unidos u otros países de inmigración, por el hecho de que Europa no es un crisol. En estos pueblos existe una historia común muy antigua, con sus tradiciones, cultura, lengua. De allí que la capacidad y la voluntad de integración por parte de los pueblos europeos tiene sus limitaciones.

-Los grupos que se manifiestan abiertamente en contra del extranjero, como los neonazis en Alemania, ¿deben ser tomados en serio?

-Ningún grupo dispuesto a la violencia puede ser tratado como inofensivo. Además, la extrema derecha presenta sus candidatos políticos y éstos son votados en las elecciones. El tema debe ser tomado siempre en serio. No existe, de todas maneras, ningún peligro para la democracia en Alemania y en el resto de Europa, pero tratándose de Alemania toda forma de neonazismo debe ser combatida desde el inicio y del modo más decidido. Frente a la historia alemana, las experiencias de este tipo no pueden repetirse.

-¿Cómo son evaluadas en la Comisión Europea estas inmigraciones conflictivas frente al rechazo de las poblaciones?

-Hay dos respuestas. La primera y más importante es la prevención. La UE debe trabajar en la lucha contra la pobreza, pero en los países de origen de la inmigración. Este aspecto debe fortificarse mucho más de lo que se ha venido haciendo hasta el momento. La otra respuesta es que las personas encuentren mejores perspectivas de vida en el lugar donde se sienten en casa, porque nadie se convierte en inmigrante sin tener un motivo para serlo. La gente se va de sus países porque en ellos no encuentra la manera de sostener a sus familias. La lucha contra la pobreza y la ayuda para el desarrollo son temas centrales para nosotros y debemos intensificar el trabajo en ellos. También es necesario trabajar para un mundo más justo y pacífico, que reconozca los conflictos más rápidamente y que los solucione mejor.

-¿De qué manera concreta?

-En las rondas de comercio, tratamos de que los países más poderosos consideren los intereses económicos de los más pobres. Esa política preventiva es la más importante en la actualidad, tanto para la inmigración que tenemos como para la que recibiremos en el futuro.

-Otro tema que trajo la ampliación de la UE es el temor de los ciudadanos de los países más poderosos a una mayor pérdida de puestos de trabajo.

-En el plano económico, la ampliación de la UE significó un incremento del mercado europeo. Hemos aumentado el mercado interno para lograr una región con altas tasas de crecimiento y en los nuevos países miembros este aumento es enorme, de manera que la consecuencia inmediata fue un fuerte impulso para Europa, con efectos positivos también para los antiguos miembros. Los mercados de Europa Central y del Este generan gran demanda de bienes de industria y de consumo producidos en Alemania, Francia e Italia. Eso se lee con claridad en las estadísticas de comercio e inversión.

-En la convivencia cotidiana, sin embargo, ciudadanos e inmigrantes se perciben mutuamente como una amenaza. ¿Está Europa en camino de formar una sociedad de guetos?

-Dentro del territorio europeo se producen situaciones muy diversas y la imagen es mucho más diferenciada de lo que aparenta en este momento. Diría que en Alemania -el caso que mejor conozco- la gran mayoría de los extranjeros está integrada a la sociedad. Existen zonas de conflicto en diferentes países y pienso que hay dos puntos por considerar. Por un lado, debe encontrarse una solución política para mejorar sustancialmente las oportunidades de vida, sobre todo de los inmigrantes más jóvenes, a través de una formación que les permita insertarse en la sociedad. Por otro lado, necesitamos de manera urgente establecer una clara política de inmigración: debemos decidir cuántos inmigrantes queremos y bajo qué criterios permitiremos la inmigración en Europa.

-Desde un punto de vista social, ¿el proyecto de paz de la UE no está convirtiéndose en una utopía?

-Todo lo contrario. Una parte del problema que tenemos en Europa es el hecho de que somos víctimas de nuestro propio éxito. Lo que la integración europea debía alcanzar -paz y estabilidad en el continente- lo ha logrado por completo. Y el último paso del proyecto de ampliación (la incorporación de los nuevos miembros), que también consistía en exportar la seguridad de paz y estabilidad a una zona de Europa que había sufrido bajo diferentes dominaciones, también se ha logrado. Estas conquistas no están en peligro.

-Con el cambio de dirección política que ha asumido Alemania luego de las recientes elecciones, ¿cómo ve a su país en el contexto de la UE?

-Nadie duda de que Alemania se mantendrá dentro del curso europeo, como lo viene haciendo. Todas las fuerzas democráticas del país están fuertemente ligadas a una política dentro del sistema de integración. Este es el aprendizaje fundamental para la política alemana, a raíz de su particular historia. Podrá haber diferencias de enfoques en aspectos específicos, pero no en la gran dirección del proyecto europeo. Los miembros de la Comunidad pueden confiar en eso.

-Pero, en su libro, usted parece decepcionado de la clase política.

-Considero necesario establecer con nitidez un vínculo más directo entre las políticas nacionales y las europeas. Es un error comprender la política europea como algo que transcurre en Bruselas o Francfort. Debemos entenderla también en Berlín. A cada ciudad y a cada país miembro le corresponde la misma responsabilidad política; ésa debe ser la manera de comprender la integración.

-¿Qué desafíos le plantea a Europa la globalización?

-Los efectos económicos y sociales de la globalización están siendo percibidos por las personas en un nivel individual; la gente toma conciencia de que está frente a una competencia directa con trabajadores de otras partes del mundo. En ese marco, la solución para que Europa ingrese en los mercados de esas otras regiones es clara: imponernos internacionalmente como líderes de la más alta calidad, el más alto rendimiento y la mejor tecnología.

-¿Eso es lo que usted llama definir el futuro de Europa como una "sociedad del conocimiento"?

-Sí. Aquella posición sólo puede alcanzarse mediante el desarrollo de una capacidad para innovar, de la cual resulte una renovación constante. Para lograr este objetivo nos concentramos en el perfeccionamiento a través de la educación, en la calificación y, sobre todo y mucho más intensivamente de lo que ya hemos venido haciendo hasta ahora, en la investigación.

-Cuando usted menciona el "síndrome del salvador" de la política alemana e insiste en que la única vía es la competitividad, ¿está criticando la política de subvenciones?

-Me dirijo contra todo proteccionismo e intervención estatal. Los políticos alemanes, gracias a Dios no todos, padecen de eso que llamo el "síndrome del salvador", por el cual creen que cuando alguna empresa no es eficiente, el Estado debe hacerse responsable de resolver esas dificultades. Eso no es correcto. El Estado debe estar sólo para crear aquellas condiciones que luego deben valer para todos por igual y permitir a las empresas un desarrollo positivo. En la Comisión estamos a favor de una política que esté dirigida a crear mayor crecimiento y ocupación, pero sin proteccionismos y sin una economía subvencionada.

-Si existe tal convicción, ¿por qué Europa no renuncia a la protección de la producción agraria que afecta sensiblemente a economías en desarrollo como la argentina y la del Mercosur?

-Nosotros ya hemos reformado la política agraria europea y seguimos haciendo esfuerzos para continuar con la reforma. No se puede olvidar que de esto depende el funcionamiento de una economía agraria en Europa y que dejarla sola tampoco solucionaría el problema. Tampoco podemos dejar de pensar en la enorme cantidad de trabajadores de ese sector, el más grande de la industria europea. No es la industria automotriz, ni la química, ni la metalúrgica la más fuerte de Europa, sino la producción de alimentos. La idea de renunciar a ella es equivocada. Lo que debemos hacer es organizarla de manera que pueda resistir la competencia. Estamos encaminándonos en ese sentido.

-¿Cómo sigue la Comisión Europea el proceso de integración sudamericana en el Mercosur?

-Para nosotros es muy importante. No consideramos la UE como un artículo de exportación, pero creemos que en otras regiones donde se producen proyectos de integración pueden aprender bastante de nuestra experiencia. Consideramos que el efecto es siempre fructífero porque la integración produce crecimiento y crea poder económico. Nos interesa que haya regiones fuertes en el mundo, porque de ese modo se convierten potencialmente en socios importantes para nuestro comercio. Creo que el Mercosur es una región con un potencial enorme y que, mientras todo el mundo habla de China, sigo pensando que es necesario tratar el tema de América latina porque todos los signos hablan de una zona de crecimiento rápido y desarrollo bastante atractivo. Por supuesto que la UE tiene interés en una cooperación lo más estrecha posible con mercados importantes que se desarrollan rápidamente y por eso seguimos con atención y alta prioridad política los cambios que se producen en los países de la región Mercosur.

-¿Qué puede aprender el Mercosur de la experiencia europea?

-Lo más importante es que la anulación de las trabas aduaneras y comerciales propicia crecimiento e instala competitividad, que es beneficiosa para todos.

Por Cecilia Scalisi
Para LA NACION

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