Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
El futbolista Adolfo Pedernera nació en 1918. Se formó en las divisiones inferiores de River Plate y debutó en primera división en 1935, el mismo año que José Manuel Moreno. En 1937 obtuvo su primer campeonato; por entonces formaba ala con Carlos Peucelle. El propio Peucelle convenció en 1941 al director técnico Renato Cesarini de que colocara a Pedernera como centrodelantero; en esa posición obtuvo con River el campeonato de 1941. Por entonces se constituyó “La Máquina”, el equipo a menudo considerado el mejor del fútbol profesional argentino. Brilló sobre todo su delantera –así se la denominaba entonces– integrada por Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Angel Labruna y Félix Loustau. En 1942 River fue campeón y demostró una amplia superioridad; si bien cayó ante Racing por 6 a 1, en ese partido estuvo ausente Pedernera, considerado ya la pieza esencial del equipo. En ese año marcó 23 goles, dos menos que el goleador del torneo. Desde entonces, optó por jugar retrasado, lejos del área, como organizador y lanzador.
Pedernera fue campeón con River otra vez en 1945, cuando debutaron otros dos jugadores emblemáticos: Amadeo Carrizo y Néstor Rossi. En 1946 hubo problemas en la institución: frente a magros resultados, varios jugadores fueron acusados de indisciplina, y también de apatía. El entrenador Peucelle renunció, y a principios del año siguiente Pedernera aceptó ser transferido a Atlanta, un club pequeño que gastó una suma enorme –550.000 pesos– para comprar jugadores de renombre. De ellos, 140.000 se destinaron a la transferencia de Pedernera, la mayor cifra pagada hasta entonces en el fútbol argentino. El reportaje que entonces le hizo el diario Clarín se tituló “Voy a un club chico a jugar de corazón”.
La aventura terminó desastrosamente: Atlanta quedó último y descendió a Primera B. En 1948 Pedernera fue transferido a Huracán en 80.000 pesos. Ese año se produjo una dura huelga de jugadores profesionales, y al año siguiente muchos emigraron al exterior. Pedernera, como otros muchos, fue a Colombia, donde jugó hasta 1954. Ese año retornó a Huracán, jugó tres partidos y abandonó la práctica. En 1979 comenzó a trabajar con las divisiones inferiores de River.
Clarín fue fundado en agosto de 1945 por Roberto J. Noble. Sus primeros periodistas fueron Norberto Ezeiza, Lizardo Zía, Isidoro de la Calle, León Mirlás, José Portogalo y Horacio Estol.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/verano12/index-2006-02-07.html
PEDERNERA
Clarín,
1º de abril de 1947
Periodísticamente hablando, Pedernera es “la nota del día”. No en vano se atraen sobre sí las miradas de miles y miles de personas, ni en balde se derrumban cifras “metálicas” como las que Atlanta y River han echado abajo.
Clarín, entendiéndolo así, anoche mismo se abocó a la búsqueda del “hombre del día”. Y lo halló en la Avenida de los Incas y Triunvirato, que es como decir, un barrio hermoso, proletario, que a esa hora de la nochecita fresca se alumbra con la sonrisa de las morochas clásicas de la barriada.
Formidable explosión de entusiasmo produjo el anuncio de la transacción. Villa Urquiza cuenta como hijo dilecto a Adolfo Pedernera. De allí su algarabía.
Rodeado de amigos, junto a su inseparable De Ambrosio, el simpático “Monito” héroe de Dallas. Todos están contentos. También Pedernera lo está.
Y nos dice con palabras terminantes: “Muchos creerán que me disminuye esto de ir a un club que llaman ‘chico’. Pienso así pues en distintas oportunidades, ante casos parecidos, la gente opinó de tal manera. Pero yo no me siento disminuido. Al contrario. Voy a Atlanta, donde acaso nunca soñé pasar durante mi trayectoria deportiva, en disposición de ratificar mi condición de ‘estrella de fútbol’”.
Dice “estrella” y nosotros lo miramos con un chispazo. En un segundo nuestra mirada abarca su figura, un poco regordeta para un atleta, su frente alta y los ojos quietos y simpáticos que han acompañado el gesto y la palabra sin alteraciones. Pensamos: ¿Será esto vanidad?
Pero no lo es. Lo prueba él mismo cuando se “zambulle” en nuestro pensamiento y aclara:
“No, amigo, no. No estoy envanecido. Y usted lo sabe. Clarín me conoce de sobra. Le he dicho cosas mías, de mi propio interior, y sus páginas lo han reflejado siempre. Que reflejen una vez más, se lo suplico, lo que les digo: Soy ‘estrella’, sí; sería tonto negarlo. Antes que falsa modestia es preferible ser sinceros para con nosotros mismos”.
Ya nuestra mirada no puede disimular su cordialidad. Es que estamos ante un Pedernera distinto del que conocimos. Es un muchacho que habla como “de corrido”, con meditación profunda y palabra fácil. Y como el crack quiere decir cosas valiosas, y el minuto se va perdiendo en medio de ese círculo con calor de afecto que le pone un centenar de muchachos al dúo de “estrella” y redactor, recojamos sus últimas expresiones:
“Quiero hacer valer mi condición de ‘estrella’, pues es preciso valorar también la oportunidad que es, para nosotros, el profesionalismo. Hacernos valer, desgraciadamente, nos significa ser calificados de ‘díscolos’: el artista es quien más cerca está de la calumnia. Yo la he sufrido, créame, me considero artista, en una acepción general. Y más aún, me sé un proletario. Clarín mismo se lo enseñó a los futbolistas argentinos. Pues bien, como una estrella dispuesta a pagar eficazmente a quien se ha sacrificado tanto como Atlanta por adquirirme, como un proletario digno, resuelto a darle todo de mí por mi nuevo club, voy a la prestigiosa entidad de Villa Crespo”.
Y para terminar, Adolfo Pedernera, el “hombre del día”, tiene la palabra del hombre simple, que goza y sufre con la noticia sensacional. “Irme de River es doloroso. Dígalo, también. Pasé dieciséis años en el club: tengo por esos colores, por esas paredes, por el césped en el que corrí y caí, por las mallas que me fueron propicias tantas veces, y esquivas muchas más, un cariño inmenso. Considero que con mi deber profesional rindo un tributo enorme, pues él apareja un profundo sentimiento de hombre.”
Así dejamos a Pedernera. Con la conciencia de que ha sido mucho para River y por River. Y la promesa de ser otro tanto para Atlanta.
Que, en suma, quien saldrá ganando será nuestro fútbol; la permanencia de Adolfo Pedernera en el estrellato será indudablemente garantía en muchas oportunidades más para el mejor de los éxitos de los colores nacionales.
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