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"El Gobierno está demasiado conforme con todos sus logros"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 28-01-2006 00:00:00

La visión del poeta Daniel Samoilovich

Dice que ha estudiado para la entrevista y lo demuestra desplegando durante la conversación datos estadísticos precisos, además de opiniones. Hasta hace observaciones específicas sobre la marcha del Mercosur. Definitivamente, Daniel Samoilovich desmiente el lugar común de que los poetas viven en un mundo que no es éste y que tienen los pies apoyados en otra cosa que no es la tierra.

Samoilovich no evita comprometerse con definiciones pragmáticas:: “El Gobierno está demasiado conforme con todos sus logros”, “La educación no es un adorno de la vida social” y “En el juego de la democracia hay que respetar las formas y las reglas”.

En su obra, imaginación y razón se cruzan con frecuencia. Siempre opinó que el territorio de la poesía es también el de la realidad y tal vez nunca haya plasmado mejor esa opinión que en su libro “El carrito de Eneas”, de 2003, escrito desde la angustia que la última gran crisis argentina multiplicaba en dantescas escenas de supervivencia en una Buenos Aires convertida en imperio cartonero.

Daniel Samoilovich nació en la Capital Federal en 1949. Ha publicado también, entre otros, los libros “Párpado”, “El mago”, “Superficies iluminadas”, “Las encantadas” y “El despertar de Samoilo”, y sus poemas (largos relatos, en ocasiones; otras veces, cercanos a la técnica teatral, pero siempre tocados por el humor y por una versatilidad idiomática que salta de los clásicos al habla popular) han sido traducidos al francés y al inglés y fueron editados en España y en Francia.

Desde hace veinte años dirige la revista poética de vida más larga del subcontinente: el Diario de Poesía. Su otra especialidad, la creación y producción de juegos de ingenio, es la que, por razones de fácil comprensión, más ha contribuido a su subsistencia.

-Siempre admitió la influencia de André Breton, creador del surrealismo, sobre su trabajo. ¿Diría que la Argentina es un país que favorece el surrealismo?

-Soy partidario de un uso restringido de la palabra "surrealista". Se ha deslizado el término a cualquier cosa absurda o paradójica. No era exactamente el espíritu del surrealismo, un movimiento muy racional que llevaba hasta sus últimas consecuencias una serie de descubrimientos científicos de la época. No por casualidad Breton era médico, y fue partidario y estudioso del psicoanálisis. Ahora, si transformamos la pregunta en si la Argentina es un país donde hay grandes paradojas y situaciones absurdas, yo diría que sí.

-En el surrealismo tiene mucha importancia lo automático y también, en cierto sentido, la improvisación.

-Claro, pero la improvisación transformada en un venero creativo, como conexión de uno con sus fantasmas, con sus sueños. Piense que un ídolo para los surrealistas era Lewis Carroll, que tanto fue un matemático eminente como un tipo que pudo bucear en sus fantasías, inventar mundos. Yo me temo que sería darle demasiada categoría a la improvisación argentina el definirla como surrealista. A veces aparece como una especie de vicio de pensar en el corto plazo, nada más.

-¿Está más cerca del absurdo de, por ejemplo, Alfred Jarry?

-Yo diría que está más cerca de la chantada, lisa y llanamente. Porque aun en Jarry el absurdo es refrescante, no es tan absurdo; denuncia y desnuda en la voracidad de aquel padre Ubú, que se inventa con su palo de descerebrar y su bolsa de las finanzas a la burguesía en su versión más voraz. Es un absurdo sólo en apariencia: abre paso a una comprensión profunda de la realidad.

-¿Tendríamos que retroceder al realismo más crudo?

-Yo diría que no nos vendría nada mal un poco de realismo crudo.

-En el poema "El carrito de Eneas" usted hizo su propio trabajo de reciclaje, usando materiales de una época negra, la que sucedió a la caída de Fernando de la Rúa. A cuatro años, ¿sigue teniendo esa misma visión pesimista?

-Yo me remitiría a algunos datos objetivos. En octubre de 2002, el nivel de hogares por debajo de la línea de la pobreza tocó la alucinante cifra del 57%. De ese 57%, la mitad ni siquiera podía comer. Es verdad que esos números han descendido. Para el primer semestre de 2005 estamos hablando de un 38,5%. Pero sigue siendo una cifra completamente inaceptable. Es un espectáculo que subvierte el alma ver que la vida parece haberse normalizado, pero que al mismo tiempo tenemos casi un 40% de compatriotas que no viven bien. No es el perfil de la Argentina en la que crecimos; ni siquiera en la que, por lo menos yo, viví mi adolescencia. Uno puede decir: es algo. Y, de hecho, es algo.

-¿Cree que el Gobierno festeja demasiado y se olvida de lo mucho que le falta?

-Creo que eso debería ser una obsesión para los argentinos. Lisa y llanamente, una obsesión, y no sé si lo es. No me consta. Entiendo, por otra parte, que la prioridad absoluta ha sido renegociar la deuda, estabilizar algunos indicadores económicos, reducir aunque sea en algo la pobreza más extrema. Eso lo entiendo. No termino de ver las líneas por las cuales la Argentina puede definir un lugar en el mundo. Me inquietan muchísimo los desencuentros en el Mercosur, porque pienso que la escala latinoamericana es una escala posible para un desarrollo fuerte, autónomo.

-¿Qué ventaja comparativa deberíamos desarrollar?

-Hay una anécdota que me gusta contar, aunque no es mía, personal. Un amigo mío, asesor de empresas, fue a una conferencia en la que disertaba Peter Drucker. El había destacado mucho el ejemplo de Japón, que no tiene hidrocarburos ni mucho territorio para cultivos. Hubo una ronda de preguntas. Mi amigo preguntó qué tendríamos que tener nosotros para salir adelante. Y Drucker le dijo: "Una de las cosas que hay que tener ustedes ya la tienen. Es la educación, y no la están cuidando". Hoy tenemos un millón de chicos de entre 10 y 14 años que no van a la escuela. ¡En la Argentina! Ese 38,5% de pobres que tenemos sube al 55% cuando se mide sólo respecto de los niños menores de 14 años. O sea: bastante más de la mitad de nuestros chicos no están teniendo una alimentación adecuada. Muchos de ellos ni siquiera están yendo a la escuela. ¿Qué apuesta de largo plazo es ésta?

-¿Es inevitable que la realidad se cuele en la obra de un poeta?

-Un poema es un artefacto de palabras, pero en ese artefacto, de un modo u otro, va a incidir la vida real del escritor, incluyendo sus lecturas, sus gustos, sus opiniones, sus fobias y su realidad social.

-¿Todo poeta es un poeta comprometido?

-Si de verdad está buceando en sí mismo y en el lenguaje, sí.

-¿Aunque no sea un compromiso partidario?

-Mejor. La ideología suele arruinar la literatura, porque le impide funcionar como semillero de descubrimientos. Desde la ideología, la verdad ya está descubierta.

-¿Cree que es posible el regreso a un discurso político más racional?

-Pienso que sería una señal buenísima. No sé si es posible, porque en general hay una tendencia al texto cortito, sin desarrollo ni explicación, "marketinero". Mercado hubo siempre: no nos engañemos: desde Roma y las caravanas de la seda. El mercado ha sido el corazón de todas las ciudades desde tiempos inmemoriales. Yo no soy antimercado, pero esta extensión de las reglas comerciales, este estudio detallado del consumo, este gobierno a través de las encuestas me parece un fenómeno moderno y peligroso.

-¿Advierte un exceso de escepticismo social, traducido en fórmulas como "que se vayan todos"?

-Sí. Ese escepticismo social es uno de los factores más profundamente irracionales y estériles. ¿Qué quedó del "que se vayan todos"? Que volvieron todos. Civilización es discriminación; es elección. El escepticismo completo es perfectamente compatible con el optimismo más irracional. Son dos caras de la misma moneda. El escéptico y el crédulo pueden ser la misma persona. ¿Cómo puede decirse: "No creo en nada"? Acabo de hacer observaciones críticas respecto de la prensa o de la propaganda, pero de ninguna manera se me ocurriría no leer el periódico o desconfiar de todos los mensajes publicitarios.

-¿Comparte la idea de que se lee cada vez menos?

-No es algo que me obsesione. Un escritor no puede ser un escritor si no tiene ningún lector, si todo lo que escribe va a parar al cajón de su escritorio. Pero tampoco necesita multitudes, honores y halagos. Lo que me preocupa es la posibilidad de un descenso del nivel educativo y del nivel económico-social que hagan que nuestras editoriales sean cada vez más precarias y que el público lector se achique cada vez más. No veo asegurado que los argentinos tengamos para siempre este nivel extraordinario, porque es extraordinario, de educación y de inquietud cultural. Si la Argentina en lugar de recuperarse no soluciona el actual nivel de exclusión, vamos a tener dentro de veinte años una sociedad donde la cultura va a ser más un lujo de lo que es hoy.

-Usted edita desde 1986 el Diario de Poesía. ¿Es más difícil hacerlo hoy?

-En realidad, hacerlo fue extraordinariamente fácil, por la pasión que le puso el grupo que lo hizo, y también con la existencia de mucha gente que recogió ese anzuelo. Se trata de literatura como artefacto complejo. Nuestro principal orgullo es que en muy pocos países del mundo se podría haber hecho una cosa así.

-¿Sigue siendo fácil?

-Sí. Por un lado, porque existe este pacto con unos 2500 o 3000 lectores que cada cuatrimestre compran el Diario. Otra cosa de incalculable valor ha sido la estructura de distribución de quioscos en la Argentina. El quiosco argentino es distinto y superior al de Chile o al de Colombia. Es un quiosco nutrido, con una oferta muy amplia.

-¿Internet es una ayuda o una enemiga de los poetas?

-Es una herramienta invalorable. Lejos de ser una competencia del libro, es un complemento extraordinario, tanto por la posibilidad de comprar libros por ese medio como por la circulación de textos. Muchos de los trabajos presentados en el Diario hubieran sido casi imposibles sin Internet. Uno de los negocios más rentables de la Red es un sitio dedicado a la venta de libros. Uno necesita, a lo mejor, un libro publicado en 1930 en Inglaterra y se hace ubicable gracias a Internet.

-Usted se dedica también a la creación y producción de juegos de mesa y de ingenio. ¿Diría que la política argentina se parece, por ejemplo, al TEG, en el que la meta es la destrucción total del rival?

-En todos los juegos, desde el ajedrez en adelante, la meta es destruir al adversario, pero en un nivel simbólico, no real. Si la política fuera simbolización de la guerra, estaría fantásticamente bien. Ojalá la política tuviera el nivel de simbolización que tienen los juegos de mesa. Y, además, el respeto por las reglas del juego. Lo que a veces no se entiende de la literatura y de la democracia es, justamente, que son juegos, y que cada uno de ellos tiene su propio tablero. La literatura no puede vivir dentro del juego amplio de la tradición literaria. Se mueve dentro de una esfera específica: la del disfrute y la circulación artística, y de esa esfera no puede salir. En la política, es muy importante comprender que la democracia es una regla de juego. No es que está bien si me sirve y está mal si no me sirve. Hay restricciones formales. Cuando se habla con desprecio de la "democracia formal" no se entiende del todo lo que se está diciendo: la democracia es una forma. Es la decisión de jugar un juego dentro de una forma.

Por Hugo Caligaris
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=775980

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