Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
Juan Domingo Perón nació en 1895. Ingresó al Ejército y alcanzó el grado de coronel en 1936. Participó en la revolución de 1943, fundó un nuevo movimiento político y fue electo presidente en 1946; reelecto en 1952, fue derrocado por una revolución cívico-militar en septiembre de 1955. Se exilió, residiendo en diversos países hispanoamericanos hasta 1960, cuando se instaló en Madrid. Allí se casó con María Estela Martínez en 1961. Desde 1955 el peronismo estuvo proscripto. Perón siguió de cerca la política argentina y mantuvo una fuerte influencia sobre sus partidarios. A principios de 1958 recomendó votar por Arturo Frondizi, quien ganó la elección presidencial.
Dentro del peronismo se formaron distintas tendencias, a menudo contradictorias, y Perón procuró no distanciarse de ninguna, alentando moderadamente a cada uno de sus interlocutores. Muchos dirigentes políticos y sindicales procuraron encontrar una opción propia, integrarse a la vida política y materializar un “peronismo sin Perón”. Augusto Vandor, dirigente gremial metalúrgico con gran influencia en todo el sindicalismo peronista, avanzó por ese camino y ganó progresivamente el control de las distintas estructuras peronistas. En 1964 lanzó un “plan de lucha” que debilitó al gobierno radical y presionó a Perón para que regresara al país; el retorno fue detenido en Río de Janeiro por las autoridades brasileñas, a pedido de las argentinas, y la imagen de Perón resultó debilitada.
Vandor competía abiertamente con Perón, impulsando a sus propios candidatos en las diversas elecciones provinciales. En octubre de 1965, en vísperas de una importante elección en Mendoza, vino al país Isabel, la esposa de Perón, para alentar a los sindicalistas antivandoristas y sostener una candidatura “leal” en Mendoza. La acción resultó eficaz: las “62 Organizaciones peronistas” se dividieron, y el candidato “leal” superó en votos al vandorista, aunque ambos resultaron derrotados.
Todos anunciaban el golpe inminente, que se produjo dos meses después. También Perón toma posiciones, con palabras muy calculadas, como se trasunta en el hecho de que corrigiera la entrevista y autorizara la publicación de una parte muy breve. Sus dichos no difieren demasiado de otras voces que apoyan a Onganía. El comunismo le parece una amenaza grave, y lo asocia con las instituciones demoliberales. Reclama la presencia de un jefe con autoridad y se muestra propicio a un acuerdo, si se trata de cambiar las estructuras. En este momento Perón –que apoyará el golpe– está muy lejos de las posiciones radicalizadas que adoptará a fines de la década.
Mariano Montemayor es un avezado periodista, proveniente de las filas del integrismo católico –había pertenecido al círculo del padre Meinvielle–, que en 1956 comenzó a colaborar en Azul y Blanco, el periódico de Marcelo Sánchez Sorondo. En 1958, acompañando a Mario Amadeo, se acercó a Frondizi e integró el grupo de redactores de la revista Qué, dirigida por Rogelio Frigerio, y desde entonces participó en diversas empresas cuyo propósito era la integración del peronismo proscripto en las filas de un “movimiento nacional”. En 1966 era, junto con Mariano Grondona, el más notorio apologista del golpe. Posteriormente, en 1978, fue subdirector del diario Convicción, dirigido por Hugo Ezequiel Lezama, ligado a los proyectos políticos del almirante Massera.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/especiales/18-62180-2006-01-27.html
PERON
Entrevistado por Mariano Montemayor
Confirmado, Nº 45,
28 de abril de 1966
Después de las elecciones en Mendoza resultó evidente para todos los medios políticos del país –el diario La Nación lo señaló así en su comentario del domingo último– la importancia de Juan Perón en las decisiones electorales del movimiento peronista. Teniendo en cuenta este vuelco de la situación, el columnista Mariano Montemayor entrevistó en Madrid al ex presidente. La entrevista tuvo lugar el sábado último, 23 de abril, al término de una reunión que Juan Perón mantuvo con un grupo de universitarios franceses en gira por España, en la residencia de Jorge Antonio, en el Paseo de la Castellana.
La conversación de Perón con Mariano Montemayor se desarrolló durante cuatro horas, pero el entrevistado aceptó que se dieran a publicidad únicamente sus respuestas a unas pocas preguntas. Mariano Montemayor fue la primera persona llegada a Madrid después de las elecciones en Mendoza, y encontró a un Perón que se mostraba juvenil, alegre y cordial, elegantemente vestido de traje azul, con una corbata azul de pintitas celestes, que fuma mucho menos y que alterna sus observaciones sobre la situación argentina con análisis doctrinarios, acotaciones de avezado político y agudezas referidas a la psicología popular argentina.
El intercambio de preguntas y respuestas autorizado a publicar, como condición previa a la concesión de la entrevista, es el siguiente:
Confirmado: –¿Qué conclusiones ha elaborado después de las elecciones de Mendoza?
Perón: –La historia tiene su lógica inexorable, y el porvenir pertenecerá, tarde o temprano, a quienes entiendan las premisas básicas. Desde mis comienzos como oficial del Ejército me he dedicado al estudio de la historia, comprobando la decadencia del demoliberalismo y la íntima relación de éste con el comunismo. Las estructuras deben cambiar. La opción es entre una socialización de contenido nacional, humanista y cristiana, y el socialismo internacionalista marxista.
C: –Pero, ¿qué opina específicamente de las elecciones de Mendoza?
P: –El gobierno y sus puntos de comité creyeron que podían dividir al movimiento. Para lograrlo, recibieron la ayuda de los neos, de los frentistas trasnochados y del embajador de Estados Unidos, Edwin Martin, quien parece no recordar cómo una vez Braden metió el dedo en el ventilador. Pero la cosa no caminó, y la estantería se les vino abajo.
El ministro Palmero debiera ahora mirar con cuidado hacia adelante. Pero es demasiado viejo para poder hacerlo, y, habiendo comprobado la imposibilidad de dividir al movimiento, se dedica a organizar fraudes constitucionales, seguramente mediante una reforma que le permita alejar las elecciones de 1967 en la provincia de Buenos Aires. Intentarán presentar este fraude como una exigencia del Ejército, para enfrentarlo con el pueblo. Estoy seguro de que los militares advertirán la necesidad de un cambio de estructuras con la colaboración del pueblo, como mejor método en la lucha contra el comunismo. No olvidemos que la misma revolución que asaltó los gremios, marxistizó las universidades. Hace poco, un cuñado de la señora de Illia vino a pedir mi bendición para un acuerdo con el comunismo. Era inevitable que así ocurriera.
C: –¿Qué ocurrirá ahora en el justicialismo?
P: –Creo que la ausencia de unidad y solidaridad interna sería la única debilidad frente al enemigo. Creo que la Delegada Superior debe esperar ciertas renuncias. Si no, es lógico que se produzcan algunas expulsiones. Todo se pondrá en caja, atendiendo al imprescindible trasvasamiento generacional. Es necesario superar a los dirigentes burocratizados que, enquistados, pierden sensibilidad.
En cuanto al conductor, debe aplicar toda la fuerza en el lugar y momento oportunos, actuar solamente en la oportunidad indicada. Es lo que he hecho en los últimos acontecimientos. Si Dios bajara a la Tierra, todo el mundo le perdería el respeto, y algún tonto querría en seguida ocupar su lugar.
C: –Es evidente que su movimiento pasa por un momento peculiar. ¿Ha variado en algo la doctrina del mismo?
P: –La doctrina del movimiento es permanente. Aspiramos a una comunidad organizada según la concepción filosófica humanista y cristiana, pero la técnica para lograr esa comunidad varía según las circunstancias; el movimiento, por ello, debe estar siempre atento a la actualización doctrinaria. Si hoy nos preguntáramos qué hacer en el país, diría que el movimiento debe estar alerta a todo el ciclo económico de la producción, transformación, distribución y consumo. Porque el movimiento debe ser un punto fundamental en la lucha por sacar al país del pantano en que está. Frente al país debe haber una persona capaz de exigir y ser obedecido y, el único milagro económico que necesitamos es el de trabajar.
C: –¿Qué ocurrirá ahora políticamente?
P: –No guardo rencores contra nadie. Estoy dispuesto a contribuir a una salida de la crisis. El problema no son los pactos, y los pactos no me asustan, sean con quien sean. Lo importante son los hechos, y el movimiento estará en todo lo que constructivamente signifique un cambio de estructuras para el país, para la creación de un país moderno, con sentido popular, nacional, cristiano y humanista.
C: –¿Cree en la salida electoral?
P: –(Riendo fuertemente) Lo importante es construir un gran país, el terreno en que se haga me es indiferente.
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