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La jerarquía religiosa deberá convencer más que ordenar

Archivado en Como cambiará el Mundo - La Nación • Fecha: 18-01-2006 00:00:00

Según el autor, los múltiples cultos generarán una "descentralización de la fe"

Durante siglos, la mayoría de la gente ignoraba que podía escoger en cuestiones religiosas. Todos estaban rodeados de personas como ellos y sólo unos cuantos conocían alguna vez a creyentes de otras confesiones. Ya no es así. A la vuelta de la esquina están construyendo una mezquita y el Dalai Lama está otra vez en la televisión. En Internet han surgido miles de foros y blogs espirituales. No sólo estamos en la era del católico de café, sino del budista, el bautista y el mormón de café. Cada vez más gente considera las tradiciones religiosas del mundo como un menú del que escoger.

En este contexto, la jerarquía religiosa está viniéndose abajo a toda prisa. Las nociones de capacidad de elección del consumidor y control local han invadido el ámbito religioso, y la descentralización de la fe está a la orden del día. Los dirigentes espirituales, que antes podían ordenar, instruir y expulsar, ahora tienen que seducir, convencer y competir.

Los protestantes siempre se han mostrado suspicaces frente a la jerarquía, por principio. Sin embargo, en la práctica, han dejado muchas veces que los burócratas dirijan sus asuntos. Hoy, las congregaciones locales de metodistas o luteranos suelen ignorar los dictados de sus jefes religiosos y la lealtad de marca de cada confesión está pasada de moda. La Iglesia Anglicana, con 77 millones de miembros, se enfrentó hace poco a un cisma por la ordenación de un obispo gay. El arzobispo de Canterbury tuvo que fomentar el diálogo entre las partes; ni se le ocurrió pensar en resolver la crisis desde arriba.

No sólo los cristianos

Los cristianos no son los únicos que luchan contra las antiguas jerarquías. A principios de los 90, toda el ala seglar organizada de Nicheren, la mayor organización budista de Japón, se escindió y dejó a un grupo mínimo de sacerdotes sin feligreses.

Aunque un observador superficial podría suponer que en el islam la jerarquía está viva y coleando, la verdad es, más bien, lo contrario. Los musulmanes nunca han tenido una cadena de mando clara y han discutido la sucesión y la doctrina desde que murió el profeta.

El líder talibán, el mullah Omar, se convirtió en jefe espiritual de Afganistán sin el consentimiento de otras figuras religiosas. Osama ben Laden se atreve a dictar fatwas sin tener ninguna preparación formal. Es posible que la crisis actual en el mundo musulmán proceda de la existencia de demasiadas voces, demasiado ruidosas y conflictivas, que aseguran tener la autoridad.

Hasta la Iglesia Católica -el norte y guía de la jerarquía religiosa- es vulnerable a la descentralización. El papa Benedicto XVI sabe que el organigrama tradicional está en apuros, y tiene intención de salvarlo. Desde luego, tiene un largo historial, que incluye su campaña contra los teólogos de la liberación latinoamericanos que intentaron dedicar los recursos eclesiásticos al cambio social radical.

Voces desde abajo

Lo que le preocupaba no eran tanto sus supuestas tendencias marxistas como los miles de comunidades de base católicas que organizaban por todo el continente y que no encajaban en la cadena de mando. Ahora, los católicos estadounidenses también se dedican a pedir más voz y voto, realizar vigilias en sus templos para que no los cierren, retirar sus donaciones y llevar a las diócesis ante los tribunales. Se oyen voces desde abajo y se extienden desde los bordes, y la curia muestra signos de decadencia.

Los guardianes de la jerarquía comprenden el peligro. Satisfacer las preferencias del comprador es tal vez esencial, pero puede arrebatar la integridad del producto religioso. ¿Qué habría sido de los Diez Mandamientos o el Sermón de la Montaña si Moisés o Jesucristo los hubieran sometido a sondeos?

Sin embargo, puede que la cuidada elaboración de los mensajes sea la clave del éxito de las megaiglesias, que pocas veces dan un paso sin consultar los estudios de mercado.

Esforzarse para elegir contribuye a una madurez espiritual imposible para alguien que acepte lo que le imponen, y por eso debería incluso reforzar la capacidad de lo religioso para enfrentarse al reto del secularismo. La falta de autoridad también podría desembocar en fragmentación.

Pero incluso esa posibilidad tiene ventajas: el pentecostalismo no tiene clase dirigente, pero sus divisiones han creado una energía que lo ha convertido en el movimiento cristiano de crecimiento más rápido en el mundo. Ha demostrado que la religión sin jerarquía puede durar y hasta prosperar.

Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

Por Harvey Cox
Foreign Policy Magazine / LA NACION

Harvey Cox es catedrático en la Facultad de Teología de Harvard y autor de diversos ensayos sobre religión.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=773151

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