Según el autor, el narcotráfico decrecerá
La guerra contra las drogas llegará pronto a su fin. No se ganará ni se perderá y, desde luego, no se eliminará el consumo ilícito de drogas. El combate terminará porque los estupefacientes que conocemos desaparecerán.
La droga modelo del futuro está ya entre nosotros, es el cristal de metanfetamina, que está arrasando en los Estados Unidos y abriéndose paso en otros países. Es barata y fácil de fabricar. El fabricante obtiene el ciento por ciento de los beneficios; no se necesitan intermediarios ni mensajeros. Se fabrica con materiales adquiridos en el garaje o el sótano, por lo que su producción es prácticamente imposible de detener. Sólo se atrapa a los incompetentes.
De aquí a 30 años, los que permanezcan en el negocio serán fabricantes de drogas de diseño para ricos. Con el tiempo, se eliminarán los peores efectos secundarios, tal vez incluso la propia adicción. Los vendedores de esos estimulantes a medida prepararán la experiencia química perfecta para quienes puedan pagarla. Hoy es ya corriente la combinación de cocaína con esquí, sexo u otras actividades físicas intensas; lo mismo ocurre con la marihuana y la creación musical. En el futuro, habrá drogas específicas para la comida, el golf, la jardinería? Como la metanfetamina actual, algunas sustancias podrán fabricarse en casa. Y todas estarán diseñadas para que los demás no detecten su consumo: nada de ojos rojos, tics nerviosos ni aletargamiento.
Nueva economía
Este paso tendrá algunas consecuencias positivas. Los campos de opio en Afganistán y las plantaciones de coca de Colombia se marchitarán y permitirán crear nuevas realidades económicas en ambos países. La pérdida de unos cultivos lucrativos, al principio, molestará, pero los agricultores y los comerciantes dedicados a bienes legales, sometidos a impuestos transparentes, acabarán por facilitar la construcción de sociedades saludables. Las esquinas no estarán llenas de vendedores disputándose el territorio a tiros. La población carcelaria en los países occidentales disminuirá.
Pero, a medida que la violencia relacionada con el narcotráfico desaparezca y las drogas sean más seguras, su consumo será mayor. El límite entre los estimulantes legales, como el Viagra, y los narcóticos ilegales vinculados con el placer y la creatividad se difuminará.
La presión política y social contra la drogadicción persistirá, pero cada vez se parecerá más a las campañas contra el uso de fármacos por parte de los deportistas.
Del mismo modo que el sistema legal está luchando con las nuevas realidades de la propiedad intelectual en la era digital, tendrá que esforzarse para controlar las innovaciones en la química de las drogas. Es posible incluso que recordemos con nostalgia la época en la que se perseguía a los contrabandistas y se incendiaban campos de coca. Los malos eran unos salvajes, en general extranjeros o matones de barrios bajos.
Los nuevos traficantes serán químicos, a los que probablemente se atrapará por evasión de impuestos. También será más difícil odiar a los consumidores. Se parecerán mucho a cualquiera de nosotros.
Reproducido con autorización de Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente.
Por Peter Schwartz
Foreign Policy Magazine / LA NACION
Peter Schwartz es presidente de Global Business Network, una compañía de Monitor Group, autor de los libros "China´s Future" (Jossey-Bass, 2001) y "Inevitable Surprises" (Gotham, 2003), entre otros, y asesor de guión del film "Minority Report".
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