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Héctor Negri: “La Justicia siempre llega demasiado tarde”

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 17-12-2005 00:00:00

El juez bonaerense analiza la actualidad

Su vocación por el derecho y su intensa y prolongada trayectoria en el Poder Judicial hacen que sus opiniones tengan la misma fuerza que una sentencia. “El primer problema de la Justicia es que llega después de los hechos; cuando el conflicto llega al juez, ya se ha desatado...”, dice, resignado.

Héctor Negri nació en 1940 en Banfield y se graduó de abogado en la Universidad Nacional de Buenos Aires 20 años después. Apenas recibido se inició en la docencia como ayudante de la cátedra de Filosofía del Derecho, cuyo titular era Ambrosio Gioja, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de aquella casa de altos estudios. Desde entonces sigue dictando la asignatura en las universidades nacionales de La Plata y de Lomas de Zamora. En la primera tuvo como alumnos a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández.

En 1983, al revivir la democracia, fue designado miembro de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, y en la actualidad es el ministro decano del cuerpo, cuya presidencia ejerce por tercera vez.

Sus casi 22 años en la Suprema Corte bonaerense lo han convertido en el ministro de permanencia más prolongada en la historia del cuerpo.

Es titular, asimismo, de la junta electoral y del Consejo de la Magistratura, ambos de Buenos Aires. Comparte su vocación por el derecho y la enseñanza universitaria con la poesía y el cuento, géneros en los que incursiona desde hace años con placentera dedicación. Casado, con cinco hijos, vive en la misma casa banfileña en la que nació y no se pierde partido como local del club Banfield, cuyo padrón societario integra en carácter de vitalicio.

-Desde su incorporación al alto tribunal, usted ha convivido con cinco gobernadores: Alejandro Armendáriz, Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y Felipe Solá. ¿Cómo fue la relación con ellos?

-Cada uno se caracterizó por una modalidad distinta, pero los vínculos con ellos siempre fueron estrictamente protocolares. Jamás existió la menor tentativa de presión sobre la Corte para sus decisiones, ni siquiera una insinuación en tal sentido. Si tuviese que reivindicar algo de la Corte de la provincia de Buenos Aires, reivindicaría su independencia. Ojalá que la pueda seguir manteniendo a lo largo de los años. El juez no puede tener afinidades o simpatía con alguno de los litigantes.

-Si el juez investiga, ¿puede ser objeto de tentaciones que afecten su imparcialidad?

-Posiblemente, cuando el juez investiga, la misma investigación puede llevarlo, sin que él lo advierta, a comprometer su propia imparcialidad. Y ahí estaríamos ante un problema muy serio. Por ejemplo, un juez puede enamorarse de una hipótesis y tratar de probarla, lo que es peligrosísimo. El núcleo de la sabiduría del juez está en la interpretación de la ley y en su sana aplicación.

-¿Qué es un conflicto, más allá de la definición de la Real Academia?

-Es una ruptura de la paz. Hay conflictos que se extienden en la sociedad. Un conflicto no resuelto es un espacio de paz que se ha perdido en la sociedad. Cuando hay paz, el hombre puede trabajar, estudiar, enseñar, rezar, investigar la verdad. Consecuentemente, el juez es el guardián de la paz, el que debe cuidar que el conflicto desaparezca y si la reconciliación no es posible, al menos contener el conflicto y llevarlo a límites mínimos, compatibles con la paz social. La gran tarea del juez sería resolver el conflicto y conseguir que las partes se reconciliaran; eso pasa pocas veces y cuando el conflicto se expande, la consecuencia son marchas callejeras, huelgas...

-¿Cómo se ve desde La Plata a la justicia argentina?

-La justicia judicial tiene un par de problemas propios, de los que no se puede separar. El primero, es que llega después de los hechos; cuando el conflicto llega al juez, ya se ha desatado...

-¿Hay una justicia que pueda prevenir esa clase de conflictos?

-Hay una justicia que no es la justicia judicial y que llega antes: la justicia social. Si los obreros hacen treinta días de huelga para lograr un aumento salarial que finalmente consiguen, ese incremento debió haberse concedido de entrada, no después de la medida de fuerza, con la tensión que ello implica. La justicia judicial llega cuando los hechos pasaron y el tema básico lo experimentamos en el delito, que también le llega al juez después de cometido. En general, el delito es un mal social que puede reducirse en su magnitud y en su extensión.

-¿Cómo y cuándo puede concretarse esa disminución?

-Hay varios caminos. El primero, asegurar un inmenso cuidado en la niñez, porque la gran mayoría de los delitos revelan traumas infantiles en sus autores. Cuando veo los carros cargados de chiquitos, basura y cartones, veo que no estamos cuidando debidamente a la niñez, que estamos fallando en algo muy fuerte. No digo que esos chicos terminen siendo delincuentes, pero tampoco podría asegurar que no lo terminen siendo. Y que el horizonte de muerte se les incorpore demasiado pronto en la vida, ya sea matando ellos o que los maten a ellos. El primer elemento que se debe cuidar en una sociedad es la niñez y todo lo que se haga será poco en esta materia, y me parece que se está haciendo poco. También creo que un país se empobrece mucho cuando pierde sus ideales. El ideal da sentido a la existencia, a un país, a todo. La desaparición del ideal es quedarse sin sentido.

-¿El ideal se asocia a la utopía?

-Reivindico enormemente el valor de la utopía, es decir, de algo que no está en ningún lugar pero que podría estar. Las grandes utopías renacentistas fueron una invitación a la esperanza. Existen dos fugas de la realidad: el mito y la utopía. El mito es una fuga de la realidad para no volver a ella; la droga, por ejemplo, es uno de los tantos mitos. La utopía también es una fuga de la realidad, pero para volver y transformarla.

-¿Es optimista respecto del futuro?

-Confieso que a veces oscilo entre un gran optimismo lleno de ilusiones y una gran decepción. Tengo cinco hijos y el mundo de los hijos debe ser mejor que el de los padres. ¿Recuerda el significado de la libreta de ahorro que nos daban en la escuela primaria? Se trata de valores o símbolos que merecen ser recuperados. Hace unos meses, viajaba por tren en Sudáfrica y me llamó la atención que al pasar por algunas poblaciones muy pobres, la gente salía a saludar al tren. Esas escenas me volvieron a la infancia, cuando las veía frecuentemente en el campo bonaerense. Ahora viaje usted a La Plata y verá que en lugar de saludos el tren recibe piedrazos. Todo esto demuestra que nos está ganando el mito y estamos perdiendo la utopía.

-¿Cómo definiría nuestra democracia?

-Se dan ciertas formas aparentes de democracia. Hay poca militancia en los partidos políticos. Las elecciones internas se celebran con escasísima participación. Advierto, con pena, poca presencia juvenil en la vida política. La necesidad que tiene mucha gente de expresar sus protestas y reclamos por vías ajenas a los partidos políticos revela que éstos no están cumpliendo acabadamente su función. Las listas sábana, la falta de debates políticos con ideas, la carencia de una expresión real de programas, el hecho de que se inserten dentro de la vida política por razones puramente electorales personas que han tenido éxito en otro tipo de actividades -artística, por ejemplo-, pero que no han hecho definiciones políticas que garanticen programas de acción. En este punto hay mucha improvisación. El país está esperando un claro debate racional de ideas.

-¿A qué atribuye la baja calidad de la vida democrática?

-A los problemas en la educación. Habrá que trabajar mucho desde todos los niveles educativos y hacer entender que la política es el ejercicio más noble, porque se trata nada menos que de gobernar un país, de establecer sus grandes objetivos, su paz interior, su bien común. La situación política argentina es, en muchos sentidos, desconcertante. De todas maneras, quiero destacar el hecho fundamental de que no existe, más allá de sus defectos, un sistema de vida pública y política mejor que la democracia. La democracia reclama su ejercicio, su esfuerzo; hay que aprenderla todos los días; la democracia es un plebiscito diario y un trabajo de todos. Es necesaria una fuerte conciencia colectiva, pública, popular, acerca del valor de la democracia. Y esto no se viene dando.

-¿Cuál es su juicio acerca de la reforma judicial de 1998?

-Creo que no ha dado para nada los resultados que se esperaban de ella. La Justicia sigue siendo tardía, teniendo problemas de retraso; en la parte penal, por ejemplo, persisten las demoras en los juicios, perturbaciones muy fuertes en lo que podría ser el orden judicial, como la extensión indebida de la prisión preventiva. La reforma no dio los resultados esperados. El presupuesto judicial sigue siendo escaso para sus necesidades. En este momento, la justicia bonaerense afronta tres problemas muy fuertes. Por un lado, los paros, que repercuten negativamente en toda la actividad; en segundo lugar, la próxima incorporación a la tarea de los jueces provinciales del tema de las drogas -el chiquitaje, en la jerga popular-, que se les transfiere desde el ámbito federal. Esto ni siquiera está demasiado bien precisado en la ley y significará un trabajo impresionante para los jueces. Por último, la nueva ley de minoridad, cuya vigencia está preventivamente suspendida por decisión de nuestra Corte, y que puede generar complicaciones de magnitud en una cuestión tan delicada y sensible como la de la niñez.

--¿Qué opina de los torneos entre provincias para reformar sus Constituciones, generalmente con el único fin de habilitar reelecciones del mandatario de turno?

-Creo que toda Constitución va ganando con el tiempo. Y la estabilidad constitucional habla muy bien de un país, de su democracia y de sus dirigentes. Los cambios frecuentes advierten sobre un problema muy fuerte: no se está legislando con la necesaria prudencia. Se legisla con apresuramiento, con desorden, en función de situaciones políticas de momento y a veces los jueces nos encontramos con leyes que hasta adolecen de defectos en su redacción, en la formulación técnica de lo que sus autores quieren hacer. También se aprueban leyes difíciles de ser compatibilizadas con las ya existentes o se derogan otras, a tal punto que con frecuencia para los jueces es un verdadero problema determinar si una norma está vigente o fue derogada. La Constitución es como el vino: cuanto más añejo mejor. Lo veo con el Código Civil: cuando tengo que aplicar un artículo del Código redactado por Vélez Sarsfield, lo hago con inmensa tranquilidad. En cambio, cuando se trabaja con modificaciones recientes, aparecen problemas. En la nueva legislación se advierten muchas desprolijidades. Las leyes deben ser modificadas de manera cuidadosa, luego de estudios y debates, siempre que ello signifique una verdadera mejoría para la población.

Por Rafael Saralegui
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=765575

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  1. Medios y Justicia
    Crta abierta a Mariano Grondona



    Cura Grassi-Hora Clave

    En el programa del domingo 18 de junio, Mariano Grondona entrevistó a un sonriente cura Grassi, y manifestó su decisión entre ser un "b..." y creer en su inocencia, y ser un canalla y creer en su culpabilidad. Decidió ser un b..., y creerle, aclarando su poca afición a los epítetos soeces, y evaluando las dificultades posteriores que le acarrearía al cura una acusación supuestamente infundada..

    Es una pena que en todo el programa no haya hecho mención alguna de su posición frente a las víctimas, "supuestas". Siguiendo con su razonamiento, el Sr. Grondona, sería un canalla si cree en las víctimas, y un b...si no les cree.

    Además, como abogado, aceptó tranquilamente las manifestaciones del cura en cuanto a la supuesta "inversión de la prueba", lo cual sabe es totalmente inexacto. La Fiscalía debe probar los hechos. Inexacto es también que puedan presentarse testigos de algo que no ocurrió, testigos que, siempre según Grassi, habrían sido impedidos de declarar.

    Sería interesante que el Sr.. Grondona explicite su posición frente a las víctimas, porque, de acuerdo a lo que hemos inferido de su exposición, prefiere correr el riesgo de ser un canalla y no creerle a menores que afirmaron haber sido abusados por el cura Grassi. Menores que no tuvieron "empresas patrocinantes" que les paguen abogados, que han soportado cuatro años de amenazas, no creíbles tampoco para él, como tampoco seguramente cuentan con su credibilidad los profesionales que han sido amenazados, trabajando gratuitamente en la atención de ellos, etc.

    Señor Grondona, como la opinión pública es fácilmente influenciable por personajes como Usted, le pido públicamente exprese cual es su pensamiento sobre las, "supuestas" víctimas, ya que está corriendo el riesgo de asumir claramente una posición de canalla, "por las dudas"

    Lic. Pilar Vendrell
    psicóloga MN 1789
    DNI 10795456



    pilarvendrell@fibertel.com.ar

    Pilar Vendrell — 27-06-2006 01:21:31


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