Gracia secreta de
esta mañana.
El cielo es un vapor
dulce.
Los árboles, la brisa, los pájaros,
sienten esta delicia suspendida.
Se sienten ellos dentro de esta sensitiva
dicha íntima y fresca.
Y apenas si se mueven, tiemblan, cantan,
como guardando el sueño perlado de la luz.
Sí, la luz está dormida.
Días pasados cómo danzaba la loca.
Quería dar la última fiesta rítmica del verano,
y se encendía, y agitaba sus pálidos cabellos al viento,
para luego huir en una dorada inquietud
que deshacía el mundo, las cosas.
Cómo se complacía, la loca,
en encender y apagar las delicadas y quietas apariencias.
Ebria de ritmo, danzaba
la última fiesta del verano