Dedico este libro –que no es otra cosa que una simple
Crónica periodística- a los que luchan.
Muchos de los que he llegado a conocer encontrarán sus
nombres en estas páginas. En cambio he omitido los de
otros, cuya seguridad y la eficiencia de su trabajo
revolucionario puedan verse comprometidas por la
mención.
Sobre la veracidad de lo que narro acerca de los
revolucionarios cubanos, pongo por testigos a los
revolucionarios cubanos.
Sobre la veracidad de lo que narro acerca del gobierno de
Fulgencio Batista, pongo por testigo a Fulgencio
Batista.
Adrogué, septiembre de 1958.