Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

"Nuestras democracias ceden a las presiones policiales"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 30-10-2005 00:00:00

GINO COSTA, EXPERTO EN SEGURIDAD Y REFORMA POLICIAL

En los años 90, toda América latina se abocó a reformas de sus estructuras policiales con la idea de modernizarlas, transparentar sus funciones y acercarlas a los ciudadanos. Los resultados son muy pobres.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

Tal vez por herencia del autoritarismo y la violencia, nuestra región parece condenada a los abusos y arbitrariedades policiales. ¿Qué puede, qué debe hacer la democracia con la policía?

—Pues establecer la confianza del ciudadano en ella. Y eso pasa, desde el poder político, por introducir cambios que le permitan transparentar su actuación, acabar con cualquier forma de corrupción y profesionalizar su funcionamiento. Parece sencillo, pero resulta una tarea bastante difícil. Eso, de una u otra manera, hemos intentado en América latina desde que a principios de los 90, en el contexto de los procesos de paz en Centroamérica, se inician procesos de creación de nuevas policías o reforma de las anteriores. El fin de los regímenes militares en América del Sur también dio inicio a algunos procesos de reforma y modernización policial, pero en general con resultados dispares y sin éxitos que cautiven la imaginación, hasta ahora.

# Frecuentemente los intentos de reforma quedan limitados a purgas y cambios de la cúpula. ¿Esto es suficiente?

—En muchos casos la depuración de las fuerzas policiales, sobre todo en los altos mandos, es un componente imprescindible para iniciar un proceso de cambio, más si esas cúpulas están vinculadas a intereses ajenos a la función policial, como suele ocurrir. Pero de ninguna manera los procesos de cambio pueden agotarse ni en depurar el alto mando ni en depurar el conjunto del cuerpo policial. Yo creo que tiene que ir acompañado de un conjunto de otras medidas: mecanismos más estables para identificar problemas de corrupción y de abuso en las policías, y sistemas de sanción que permitan separar de la institución a quienes le causan el daño. De alguna manera, también se debe revalorizar la función policial. Los cuerpos policiales que tenemos en la región perpetúan el abuso, sobre todo del personal subalterno, y esto es tremendamente dañino para la moral institucional y para la necesaria mística y vocación de servicio que el personal debe tener y, por supuesto, para que esa policía brinde el trato respetuoso que queremos que dé al ciudadano. De manera que la exigencia de respeto a los derechos de los ciudadanos tiene que ir acompañada de esfuerzos para hacer que las instituciones traten bien a su personal, y por garantizar que los mandos policiales no abusen de la autoridad que tienen en su relación con el personal subalterno. Yo diría que ése es otro componente importante en cualquier proceso de reforma policial, es decir, cambiar la cultura institucional. En la que hoy domina, quien tiene poder lo ejerce casi sin límites. Un policía con relativo poder frente a un ciudadano casi sin poder va a repetir el tipo de conducta que ha vivido en su propia institución.

# ¿Cómo debería intervenir el poder democrático en la dirección de las escuelas policiales?

—Hay dos cosas por reformar: uno, el plan de estudios; y dos, el conjunto de reglas no escritas, de conductas que se aprenden en las escuelas, que tienen normalmente estructuras muy jerárquicas. Hablo de una disciplina muy militar donde se permite el abuso, no se explican ni justifican las medidas que se toman y, por tanto, no se forma un efectivo policial con capacidad de razonar y resolver problemas.

# ¿Cómo debe ser el policía que está en el espacio público?

—El policía normalmente está en la calle solo y tiene que ser una persona con mucho criterio. Y en ese sentido, la típica formación cuasi-militar que reciben nuestros policías en las escuelas no los prepara para tener una relación respetuosa y horizontal con la ciudadanía y para ser el policía que resuelve problemas, que sirve a la comunidad.

# ¿Qué sucede con los controles internos, que parecen más bien dispositivos de protección de los policías que cometen abusos?

—Ha primado un muy mal entendido espíritu de cuerpo, por el cual un policía no investiga a otro que habría obrado mal. Así se perpetúa un sistema de encubrimiento de las prácticas reñidas con la función policial y el servicio a la ciudadanía. Y esto le hace un daño tremendo a la legitimidad que la institución debe tener y a la confianza ciudadana en la institución. Entonces, lo que tenemos es un círculo vicioso donde la institución policial está desvinculada de la ciudadanía, y al estarlo no puede brindarle a ésta un buen servicio. En algunos casos terminamos teniendo policías involucradas en la actividad delictiva, en lugar de ser policías que protegen a la ciudadanía de los delitos.

# ¿Cómo se modifica esto?

—Inevitablemente hay que pasar por un proceso de depuración, establecer nuevos mecanismos de supervisión y, luego, transparentar lo más posible la actuación policial, para que la ciudadanía y los medios de comunicación puedan cumplir, de manera constante, una labor de supervisión sobre la actuación de los cuerpos policiales. En relación con los mecanismos de control, yo creo que lo que pasa es que estos sistemas están en manos de los propios policías. Tenemos que dar un paso más allá y hacer un esfuerzo por seleccionar buena gente para que desarrolle esa función, pero también, paralelamente, establecer sistemas de control integrados por civiles ajenos al cuerpo policial. Entre otras cosas, porque al ser parte de un cuerpo vertical, los policías no están en condiciones de presentar a una autoridad policial una denuncia contra un jefe policial involucrado en hechos de corrupción, porque es muy mal visto y terminaría procesado el denunciante, cosa que no ocurriría si puede presentar la denuncia a alguien ajeno al cuerpo.

# ¿Por qué suelen quedar inconclusas las reformas policiales?

—Es a nivel político que estos procesos se abandonan, porque los políticos pueden ver con buenos ojos —o con malos— los procesos de reforma y modernización institucional como los referidos. En la experiencia peruana, el proceso de reforma se frustra por resistencias internas de la Policía y por falta de decisión política del Presidente de la República —el doctor Toledo— de confrontar esa resistencia, cosa que hubiera podido hacer, pero a un costo. Si tenemos democracias frágiles, con una calle muy movida, con mucha protesta social, donde la policía resulta ser el último dique de contención de la protesta social, y por tanto, de la subsistencia del régimen, nuestras democracias terminan cediendo a las presiones policiales porque prefieren contar con ese respaldo.

# ¿Cómo mejorar el vínculo entre policía y comunidad?

—Las críticas que hay a la policía están normalmente referidas a la inmoralidad de algunos policías y al encubrimiento de esas conductas por parte de la institución. Yo creo que es la principal fuente de deslegitimación de la actividad policial. A pesar de ello, hay una demanda y un reclamo muy extendido de mayor presencia policial, porque la gente siente que la policía es el cuerpo responsable de brindarle seguridad. Lo que ha ocurrido en todos nuestros países es que, por efectos del rol que las policías han jugado durante los regímenes militares, y como consecuencia de la corrupción, que también de alguna manera se incuba en contextos de gran impunidad como los que acompañan a regímenes militares, las policías han terminado con un gran descrédito frente a la ciudadanía. Si nosotros no tenemos policías que inspiran confianza en la ciudadanía, no vamos a tener a ciudadanos que quieran trabajar con ella, ni ciudadanos que quieran voluntariamente colaborar con información, porque saben que hay un riesgo al hacerlo.

# Un lustro atrás, en una encuesta entre chicos, las comisarías porteñas eran el lugar que les provocaba más miedo. ¿Puede modificarse esta percepción?

—Hay que abrir las dependencias policiales al público, airearlas, transformarlas en lugares de atención a la comunidad, donde la gente sea recibida con amabilidad. Eso pasa también por la reeducación del personal policial. Y en muchos casos, por la formación de nuevos policías jóvenes que vengan con una cultura diferente. Hay que reclutar a personal que venga con una formación civil, sin la tradición y la disciplina militar. Estudiantes que simultáneamente puedan asistir a la universidad para tener una carrera paralela. Yo creo que ese tipo de cosas van a darnos una policía con una actitud y una mentalidad diferentes.

Copyright Clarín, 2005.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/10/30/z-01080547.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009