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"Estamos en la era de los nómades y las tribus", dice Maffesoli

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 31-08-2005 03:46:06

El sociólogo francés analiza la modernidad

PARIS.– Para muchos, el sociólogo francés Michel Maffesoli ha ido más lejos que Nietzsche y que Fukuyama. Para él, no es Dios el que ha muerto, ni la Historia: ha muerto nada menos que la era que dio origen a ambas ideas.

Este reconocido intelectual de 61 años, que pasó la mayor parte de su vida estudiando las corrientes subterráneas e invisibles de la sociedad, vaticina el advenimiento de un nuevo grupo, el de las tribus –término al que dio nuevo significado en 1988– y el hombre nómade.

La tribu como nueva categoría sociológica se extendió rápidamente en los medios académicos y se incorporó al lenguaje cotidiano como palabra de moda.

Hijo de un minero italiano muerto de silicosis, a los 37 años Maffesoli heredó la cátedra de Emile Durkheim en la Universidad de La Sorbona. Fundador del Centro de Estudios de lo Actual y lo Cotidiano, reivindica su pertenencia a la corriente posmodernista de Lyotard, Benjamin y Adorno.

Optimista, provocador, epicúreo y vestido como un dandy –usa moñito y sombrero panamá–, algunos de sus pares lo califican de anarco chic.

­Mientras se prepara para asistir en Buenos Aires al Primer Encuentro de Pensamiento Urbano, el 5 y el 6 del mes próximo, el profesor Maffesoli recibió a LA NACION en su departamento del Barrio Latino de París.

–¿No cree que una sociedad que vive sólo del presente, indiferente al juicio del porvenir, prefigura las peores catástrofes? En dos ocasiones, en los últimos cien años, Occidente gestó ideas similares que engendraron dos modelos totalitarios: el nazismo y el comunismo.

-No lo creo. Pero la función de un pensador no es la de hacer moralismo: es la de constatar.

-Desde hace años usted anuncia el fin de la era moderna. Esto incluye el fin de los valores judeocristianos, el fin de lo político y la emergencia de un concepto absolutamente original en sociología: el de tribu. ¿Por qué es el fin de una época?

-Yo no digo exactamente "el fin". La palabra sobre la cual yo insisto es "saturación". En química, hay saturación cuando las moléculas que componen un cuerpo se separan. Sin embargo, al mismo tiempo, con esas moléculas se produce la composición de otro cuerpo. En nuestro caso, se trata de la saturación de los grandes valores que compusieron el modernismo -fe en el futuro, en el progreso, predominio de la razón-, de esos valores que marcaron los siglos XVII, XVIII, XIX, hasta los años 50 o 60 del XX. Ese fue un gran ciclo, bien elaborado, que dio como resultado la sociedad moderna. El corazón geográfico de ese proceso fue Europa. Luego el modernismo "contaminó" al resto del mundo. Ahora hay saturación. Simplemente, porque en un momento determinado se produce una fatiga, un hartazgo, el desgaste de un modelo, de un paradigma. Y en el momento de esa fatiga observamos una recomposición.

-¿Cuáles son las características de esta etapa que usted califica de "posmodernismo"?

-En vez de la fe en el futuro y en el progreso, estamos frente a la acentuación del presente. Es interesante ver cómo las jóvenes generaciones ponen el acento en el presente, la importancia que tiene para ellos la idea ecológica, contra el mito del progreso. Esta sensibilidad ecológica es alternativa al mito del progreso. En cuanto al gran predominio de la razón, idea en la cual se basaron todas las sociedades modernas, vemos el retorno del afecto, del sentimiento. Yo me sorprendo al ver cómo todo es ocasión propicia para la manifestación de esa afectividad, de la emoción. Como científico social, constato que todos aquellos elementos sobre los cuales se fundó la sociedad moderna están dejando lugar a otra cosa.

-También estaríamos frente al retorno de lo festivo, gran característica del posmodernismo. Usted parece considerar que las manifestaciones multitudinarias de los altermundialistas o de los gays son sólo un pretexto para reunirse y estar juntos.

-Algo así.

-¿No hay contenido político en todo eso?

-En vez de contenido hay continente. Yo juego con las palabras. Digo: lo político es contenido; lo que es importante en nuestra época es estar juntos por el simple hecho de estar juntos.

-¿Por qué?

-El porqué no lo conozco. Yo me intereso solamente en el cómo, en el "de qué manera". La única respuesta que puedo dar al respecto es la saturación.

-En todo caso, usted no es el único que cree en este funcionamiento, basado en la usura de los modelos sociales.

-Así es. Grandes historiadores y pensadores, en muchas disciplinas, lo hicieron antes que yo: el filósofo francés Michel Foucault y el físico estadounidense Thomas Kuhn, por ejemplo. El primero habla de "episteme" para explicar que, durante siglos, el hombre ha tenido una forma de representarse el mundo y una forma de organizarlo en función de esa representación. Foucault dice que el "episteme" grecorromano fue la mitología. En función de la mitología se produjo la organización de las sociedades grecolatinas. Después hubo saturación de la mitología. En la Edad Media apareció la teología, que fue la representación que la sociedad medieval hacía de sí misma y, al mismo tiempo, la organización de esa sociedad: las abadías, los monasterios, las diócesis, las corporaciones. Después de la saturación de ese modelo se produjo el "episteme" de la modernidad. Este fue un nuevo ciclo marcado por el progreso, el futuro, la razón. Yo no hago más que continuar. Muestro que estamos frente a un nuevo ciclo, el del "episteme" posmoderno. Thomas Kuhn dice exactamente lo mismo refiriéndose a la evolución científica, pero utiliza el término "paradigma", que puede ser traducido como "modelo", pero que es más que un modelo. Es una matriz: allí donde nacerá algo. Kuhn muestra que hay sucesivos paradigmas. Para mí es lo mismo: digo que hay que aceptar que las cosas no son eternas. Que todo pasa, que todo desaparece.

-Usted dice que la emergencia de la tribu anuncia la muerte del modernismo. Sin embargo, la tribu siempre existió.

-Sí y no. Es verdad que, como categoría antropológica, la tribu siempre existió. Pero en la historia de la humanidad ha tenido mayor o menor importancia. Cuando yo acuñé el concepto de tribu, lo hice para señalar una gran diferencia con el siglo XIX, culminación del modernismo: ése fue, justamente, el momento de la superación de la tribu. En esa época se crearon los conceptos de "contrato social", de "cuerpo social". La palabra misma, "social", fue creada en el siglo XVIII. Lo social es algo profundamente racional. El contrato es el súmmum de esa racionalidad. Durante toda esa época, lo que prevaleció fueron las instituciones sociales: la escuela, la familia. El objetivo de las instituciones era macroscópico, absolutamente racional, organizado. En esa época existían, naturalmente, las tribus. Pero eran muy marginales, como vestigios del pasado. Ahora asistimos a un retorno de esas tribus. Estamos frente a una organización de la sociedad en tribus. Lo que antes era marginal se ha vuelto central.

-¿El antiguo contrato social ha sido reemplazado por la idea de pertenencia a un grupo, a una tribu?

-Sí. Puede tratarse de tribus sexuales. Hay una multiplicidad de tribus sexuales que se muestran y se afirman: bisexuales, homosexuales, heterosexuales, etc. Pero también puede tratarse de tribus musicales (tecno, góticos, metal), artísticas, deportivas, culturales, religiosas. El desarrollo actual de las sectas es, desde ese punto de vista, muy significativo. Se trata, en realidad, de un proceso transversal. Allí donde el hombre moderno había instalado un cuerpo social absolutamente homogéneo -la República, única e indivisible-, nos encontramos hoy con una especie de fragmentación, de patchwork, con una constelación de grupos.

-En ese proceso posmodernista, una de las principales víctimas parece ser la clase política. Para usted, ese sector vive completamente desconectado de la realidad y es incapaz de entenderla. ¿Esto explicaría el desapego de los jóvenes por la política, las elecciones y hasta por la democracia?

-Quiero aclarar que yo nunca anuncié el fin de la política. Lo que durante dos siglos llamamos "lo político" está adquiriendo una nueva imagen. Cuando fue acuñada, la palabra "política" quería decir "cómo vivir con los demás en la polis (ciudad), cómo convivir". Con el tiempo, esa definición se ha vuelto una especie de antifrase: "política" terminó designando exactamente lo contrario. Actualmente, lo político ya no designa a la administración de la polis, sino que designa algo tan abstracto que ha dejado de tener sentido para el hombre común. Por eso hay un descreimiento en la política, en los políticos. Este proceso también se inscribe en el marco de la saturación. La práctica política cumplió sus objetivos y terminó por envejecer.

-¿Qué hacer, entonces? Porque la sociedad sigue necesitando convivir y ser administrada.

-Es necesario hallar otras formas de hacer política. Yo hablo de la necesidad de una "práctica doméstica" del hombre político. Doméstico quiere decir "de la casa". Hay que ocuparse de la casa. En ese contexto, la ecología adquiere todo su valor. En griego, doméstico se dice oikos, que es "ecología". En la actualidad, el descreimiento en la política tradicional, lejana, es proporcional al interés que despierta lo que yo llamo localismo: ocuparse del barrio, de la calle en la que se vive, en la organización de la vida local. De allí el vertiginoso desarrollo de las asociaciones locales, de proximidad, que serán un actor fundamental de este proceso.

-Son muchos, en la actualidad, los políticos que reivindican esa política de proximidad.

-En la mayoría de los casos se trata de intentos de recuperarse. No creo que la clase política actual esté en condiciones de acompañar este proceso.

-Esas organizaciones, como las tribus, defienden los intereses más diversos y contradictorios. ¿Cómo administrar una sociedad de ese modo?

-Ese es exactamente el gran problema de la transición entre el modernismo y el posmodernismo. Yo hablo de "cenestesia". La palabra fue utilizada por los médicos en el siglo XVII cuando hablaban de "cenestesia corporal". Esto denomina el proceso por el cual los diferentes órganos se ajustan unos en función de otros, y el fluido en función de lo sólido. Después fue la psicología la que utilizó el concepto para referirse al niño que aprende a caminar: se cae, se golpea, se vuelve a caer... hasta que por fin adquiere la cenestesia (la percepción correcta de su entorno y de sí mismo) y comienza a caminar. En el caso del cuerpo social, podríamos imaginar que habrá, después de numerosos aprendizajes, de errores y caídas, cenestesia del cuerpo social. Es decir que las diversas tribus sabrán ajustarse en función de las necesidades del resto, hasta alcanzar el equilibrio. Por el momento, creo que estamos en el período de aprendizaje.

-¿No ve usted una real posibilidad de caer en extremismos, en totalitarismos?

-Desde luego que la cuestión se plantea. Hay dos alternativas. Yo tengo un auténtico diferendo con uno de mis grandes amigos, Umberto Eco. Para él, esta situación nos pone a las puertas de la barbarie, del fanatismo, del advenimiento de nuevos totalitarismos. Para mí, "bárbaro" no es un término peyorativo: es aquel que fecundará una civilización agonizante. Allí donde Eco ve barbarie, yo veo cenestesia.

-¿Por qué razón?

-Le daré como ejemplo dos grandes momentos de la historia de la humanidad. El primero, entre los siglos III y IV de nuestra era, tras la desaparición del Imperio Romano, cuando comenzó el cristianismo. En aquel momento, frente a un imperio agonizante, estaban los bárbaros y una infinidad de sectas cristianas. Todo eso terminó por ajustarse: lo que se llamó la decadencia romana dio origen a la civilización cristiana. Para ello, el hombre abandonó el imperio unificado y entró en una zona de turbulencias. Gracias a esas turbulencias se produjo el ajuste final. El lazo que unía a esas minúsculas sectas diseminadas en el territorio imperial se llamaba "la comunión de los santos", un sentido de pertenencia que todas compartían, a pesar de la distancia.

-¿Y cuál sería la "comunión de los santos" de las tribus actuales?

-Internet. Hoy vemos que un grupo de rock metal de Praga se pone en contacto con otro en Buenos Aires gracias a Internet. Internet es, para mí, "la comunión de los santos" posmoderna. Creo que gracias a Internet el ajuste se producirá, evitando la anarquía.

-¿Cuál es el segundo ejemplo histórico?

-La Edad Media, que no fue el período de oscurantismo que muchos pretenden. El medievo fue el momento de las catedrales, la universidad, las corporaciones... Aún no existían las grandes instituciones que son los Estados-nación. Unicamente existía el Santo Imperio Romano, que sólo eran pequeñas baronías, enfrentadas unas con otras. Tribus, en el fondo. Y, sin embargo, había una auténtica unidad europea, sin el molde de los Estados-nación. El ajuste entre todas esas pequeñas entidades produjo la organización posterior.

-Según su análisis, estaríamos nuevamente en una situación de primitivismo...

-Yo he escrito algo parecido. Sin utilizar la palabra primitivismo, digo que el posmodernismo es la sinergia entre lo arcaico y el desarrollo tecnológico. En el fondo, lo que yo llamo arcaísmo es lo que usted llama primitivismo. Arke, en griego, quiere decir lo que es primero, fundamental. No quiere decir viejo, pasado de moda. Y en efecto, estamos ante el retorno del arke: la tribu es arcaica, el nómade es arcaico.

-Nómade es otra de sus categorías para definir al hombre posmoderno, al miembro de la tribu.

-Sí, el nómade es el hombre que va de una tribu a otra, que no tiene una única identidad ideológica, sexual, profesional o de clase, que no se deja encerrar dentro de roles que antes eran definitivos, en instituciones como el matrimonio. El nómade puede pertenecer simultáneamente a numerosas tribus.

-Es fácil seguirlo cuando usted dice que, en Europa, el modelo de polis terminó causando el hastío de sus ciudadanos...

-Yo suelo usar un buen ejemplo: el mito de Dionisos, dios de la fiesta, en contraposición al mito de Prometeo, dios del progreso. Los ciudadanos de la pujante polis moderna, progresista y trabajadora, muertos de aburrimiento, terminaron por abrir sus puertas y dejaron entrar a Dionisos.

-...pero ése no puede ser el caso de las sociedades latinoamericanas, mal organizadas, mal administradas y mal alimentadas.

-No conozco mucho la Argentina. Sólo estuve dos veces fugazmente, y quisiera ser prudente. Sin embargo, siempre dije que así como Europa fue el laboratorio del modernismo, América latina es el laboratorio del posmodernismo. Lo veo a través de la importancia que tiene el cuerpo, la teatralidad en todos los actos de la vida, la importancia del presente, del "presenteísmo", del carpe diem, de la relativización de lo "prometeico", de la importancia de lo dionisíaco, del mestizaje de nacionalidades, culturas y etnias diferentes. Todo eso es definitivamente posmoderno.

-Pero en lo que concierne a nuestra región no se puede hablar de usura de un modelo, porque ese progreso raramente existió.

-Pero el ideal de la sociedad moderna, progresista, sí existió. Y creo que los recientes acontecimientos dramáticos que vivió la Argentina -crash financiero, hipercrisis política, manifestaciones populares, cacerolazos- son la manifestación paroxística del rechazo de un modelo que fue importado, implantado por la fuerza sobre la sociedad: el modelo político europeo, el del Estado-nación y sus ideales de progreso y de fe absoluta en el futuro.

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=734590

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"Es alta la posibilidad de que ocurra una pandemia de gripe"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 28-08-2005 00:00:00

VILMA SAVY, EPIDEMIOLOGA

Hay real peligro de brotes epidémicos simultáneos de gripe en distintas partes del planeta. Pero existen mejores herramientas para prevenir y resistir situaciones extremas como las de 1918, 1957 y 1964.

Oscar Raúl Cardoso.
ocardoso@clarin.com

# Los pronósticos sobre una pandemia de gripe (brotes epidémicos simultáneos en distintas partes del planeta) son abrumadores. La repetición de la experiencia devastadora de 1918-19 con la gripe española es el modelo más citado. ¿Su experiencia profesional dicta esa misma conclusión?

—La posibilidad de que ocurra una pandemia es alta. Si no se produjo aún es porque, a diferencia de 1918 o de 1957, existe una red global de la Organización Mundial de la Salud que se mantiene vigilante. Esto significa que hoy cualquier brote que se produzca, en cualquier parte, es detectado rápidamente y con la misma velocidad se adoptan las medidas para contenerlo. Lo hemos visto en Asia en los años recientes: sacrificar un millón de pollos, producir el aislamiento de los criaderos, etcétera. Estamos mejor armados que antes.

# Pero sus colegas apuntan que la vacuna para la cepa humana que puede darse a partir del principal sospechoso hoy —llamado H5N1— no existe y aun si es rápidamente desarrollada hay dudas de que se pueda producir masivamente en el corto plazo.

—Es verdad, la vacuna aún no existe y las limitaciones para producirla están allí. Pero no es menos cierto que el potencial para aislar el posible virus nuevo, entender su estructura genética y desarrollar la vacuna es enorme.

# Los estadígrafos dicen que en los últimos 300 años se han producido unas 30 pandemias. En el siglo pasado tenemos tres casos de gripe en 1918-19, 1957 y 1964. Ese promedio es interpretado hoy como señal casi segura de que debemos prepararnos para la próxima. ¿Es así en su opinión?

—Eso es lo que nos dicen las cifras, pero no creo que se deba trasladar esa historia al presente de un modo automático. El mundo ha cambiado mucho desde, digamos, 1918. En ese año había grandes masas de una población de posguerra, frecuentemente hambreada y agotada por el esfuerzo de sobrevivir al conflicto. No es el caso del presente. Pero lo que sí es crítico hoy es la existencia de enormes criaderos de aves que existen en todo el mundo. Particularmente en Asia, donde se han registrado los brotes nuevos de gripe aviar, y lo que se está produciendo también en los criaderos de cerdos. Existen establecimientos que, desde el punto de vista sanitario, operan en condiciones deplorables.

# Algunos expertos —el estadounidense Michael T. Osterholm, por ejemplo— creen que las condiciones de un virus humano nuevo pueden ser peores a las de la gripe española de 1918.

—Conozco a Osterholm y sé que su personalidad tiene una veta dramática, pero hay —tiene razón— datos especialmente preocupantes. Los reservorios de aves naturales, donde se inicia el proceso que luego pasa a los criaderos, están mostrando una diferencia importante con la experiencia histórica. Las aves salvajes solían ser portadoras sanas de las cepas, pero ahora éstas son más letales y las enferman y matan también. Aquéllas llevan en sus migraciones las cepas a los criaderos donde las aves de cría también tienen un contexto diferente de las granjas de antaño. El animal padece un estrés continuo, hacinado, alejado de su medio natural y en contacto estrecho con grandes grupos humanos. Están abiertos a la penetración de nuevas cepas que, al pasar de un huésped a otro, se adaptan rápidamente quizá hasta llegar al hombre y mezclarse una vez más con los virus de gripe ya presentes en el sistema humano.

# Aunque el virus nuevo que afecte al hombre aún no existe, sí hay un gran sospechoso —el H5N1— que causó la muerte de la mitad de más de un centenar de personas a las que ya infectó. ¿No es suficiente para justificar el pesimismo de algunos?

—Hay suficiente para una preocupación seria y para que la comunidad científica y los organismos de salud pública, nacionales e internacionales, le presten toda la atención. Pero el dato es que, hasta el presente al menos, ese virus nuevo no existe en la dimensión humana. Es paradójico, pero para afectar a los humanos, el H5N1 debería volverse algo menos letal que como lo conocemos hoy. Sería parte del proceso de adaptación al nuevo huésped.

# Pero no sólo no existe vacuna, sino que la disponibilidad del único antiviral que parece funcionar en el caso del H5N1 —la droga llamada oseltamivir— es escasa y producida bajo patente por un único laboratorio, Roche.

—Es muy difícil combatir un virus que tiene reservorios naturales tan grandes y con la capacidad de diseminación de aves que migran miles de kilómetros. Aun los países que cuentan con la droga —Estados Unidos, Canadá, Francia, etcétera— no tienen hoy suficiente antiviral para sus propias poblaciones. Por eso es que se trabaja sobre la idea de la detección y aislamiento sanitario inmediato de los brotes.

# Se necesitarían antivirales para eso. ¿Es creíble que las naciones que lo tienen vayan a destinarlo a otro público que el propio?

—No, no es creíble. Eso es parte importante del problema.

# Si la vacuna existiese —sólo otro laboratorio, Sanofi-Pasteur, parece tener una en desarrollo—, la industria farmacéutica global podría apenas triplicar su capacidad de producción actual (300 millones de dosis anuales). Con 6.500 millones de seres humanos sobre el planeta, ¿qué puede hacerse con sólo 900 millones de dosis previsiblemente concentradas en el norte rico?

—Desde esa perspectiva, el arsenal actual es insuficiente. Por eso se trabaja en aprovechar otras herramientas médicas, como aislamiento para evitar la propagación, eliminar masivamente los animales de criaderos, emplear respiradores y antibióticos. Es clave reducir tanto la mortalidad como la morbilidad (el número de enfermos) desde el primer momento. Esto es lo que se hizo desde el 97, cuando se registraron los primeros casos en Asia. Pero no niego que en vacunas y antiviral lo que existe es insuficiente, aun en los países ricos, para el caso de una pandemia como la que en 1917-1918 mató entre 50 y 100 millones de seres humanos. Quizás el mejor ejemplo de una respuesta eficiente fue la reacción de la comunidad científica frente al SARS (síndrome agudo respiratorio severo) en la década pasada. Fue rápido y eficaz como nunca antes.

# ¿Cómo está la Argentina en este marco?

—Es poco probable que en la Argentina se genere una cepa pandémica. Aunque no estamos exentos por completo, lo más probable es que surja en el Sudeste Asiático, donde últimamente se han registrado los brotes de gripe de ave. Es cierto que no existe inmunidad absoluta y puede darse en otra región. En Holanda hubo en el 2003 un brote de gripe aviar de una cepa diferente (H7N7) que generó un problema enorme. Hubo allí 83 casos humanos entre gente que estaba en contacto con las aves. Un veterinario murió en esa ocasión. El resto fue tratado con éxito y se realizó una campaña de vacuna ción con la vacuna que empleamos anualmente.

# En Estados Unidos hay planes de contingencia para una pandemia gripal que incluyen una detención inmediata de la economía mundial, del comercio y hasta de los viajes. Se habla de identificar cien artículos imprescindibles acumulándolos. ¿Está la Argentina en condiciones de hacer eso?

—En el grupo especial en el que participo en el Ministerio de Salud Pública trabajamos con respuestas más sencillas: prevemos que las infecciones vendrán del exterior y la clave estará en la detección temprana y en el aislamiento, junto con el empleo de los medios médicos a nuestro alcance. Y también sobre medidas que garanticen la seguridad pública.

# ¿Tenemos acumulación del antiviral mencionado?

—No. La Argentina importó hace un tiempo otro que se creyó adecuado, pero que ahora se ha mostrado que no lo es.

# ¿Y capacidad de producir vacuna, si se la hallara?

—En la Argentina casi no producimos vacuna humana. Está en los planes desarrollar esa capacidad, pero hoy no existe.

# ¿Y elementos más convencionales, como los respiradores?

—Se trabaja en esto, pero por ahora no se puede decir que contemos con lo suficiente.

# ¿Por qué en la Argentina se conoce tan poco de este riesgo?

—Es algo que evaluamos de modo permanente, pero es parte de la precaución por evitar otro brote posible, el de pánico público.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/08/28/z-04015.htm

Copyright Clarín, 2005.

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"El mayor problema es el populismo", dice Samuel Schkolnik

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 27-08-2005 00:00:00

La visión del filósofo y escritor tucumano

Para Samuel Schkolnik, medio siglo de populismo ha dejado profundas huellas en la Argentina. El hecho de que el populismo distribuya no solamente riqueza, sino también derechos sin los deberes que les son concomitantes, nos ha hecho, a su entender, mucho daño.

“A medida que esto avanzó se debilitó la meritocracia, el ascenso por el esfuerzo personal e intelectual. Toda una cultura que fue muy importante y valiosa para el país, hacia mediados del siglo XX empezó a decaer”, se lamenta.

Doctor en Filosofía (summa cum laude) por la Universidad Nacional de Tucumán, profesor allí de Historia de la Filosofía Contemporánea y de Etica, Schkolnik ha cultivado los ensayos y la ficción. Entre los primeros figuran “Tiempo y sociedad” y “El mundo según Borges”. Este trabajo fue premiado en el concurso de ensayos organizado por la Fundación El Libro en la 25ª Exposición Feria Internacional de Buenos Aires y fue incluido en el libro “Borges en diez miradas”. Sus textos de ficción han sido publicados en la sección literaria de La Gaceta, de Tucumán.

–¿A qué se debe el eterno internismo en todos los órdenes de nuestra vida, empezando por la política?

–No es una característica exclusiva de la vida argentina, si bien nosotros, por estar inmersos en ella, la percibamos con especial intensidad. Creo que puede observarse en todas las sociedades cuyas preferencias, valores y decisiones giran más en torno de las personas que de las ideas.

-En la última reunión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, en Nueva York, los representantes del gobierno malvinense dijeron que ven al gobierno argentino como una administración prepotente. ¿Lo es? ¿Somos prepotentes los argentinos?

-Por cierto que los argentinos que se expresan son prepotentes. Toda esa cosa exitista y eufórica que durante décadas nos caracterizó en América latina estaba asociada a la idea de una sociedad a la que le iba bien. Lo curioso es que estos años de crisis, de caída, no nos atemperaron. Yo diría que la pobreza no nos volvió melancólicos: nos volvió piqueteros. Lamentablemente, me parece que los argentinos sensatos y laboriosos han menguado de la mano del empobrecimiento. Hay dos Argentinas en eterno desencuentro. Una es el país de los que conciben la vida como un asunto de su propia responsabilidad y no reclaman otros derechos que los que emanan de su esfuerzo. Otra Argentina es el país de los que se consideran titulares de derechos y elevan la dádiva y la regalía a la categoría de principio de gobierno. El doctor Favaloro es un emblema del primer país; Raúl Castells, del segundo.

-¿La pobreza es un problema de ciencia, de conocimientos o de conciencia?

-El problema de la pobreza en la Argentina es más moral que cognoscitivo. Para definir ese problema moral, yo me valdría de una categoría que más bien parece pertenecer al orden de la política, y que es el populismo. Porque el populismo consiste en suponer que la vida trae consigo un regalo con el que uno se ha beneficiado o debería haberse beneficiado, y que tiene derecho a protestar en caso de no recibir ese beneficio.

-¿Populismo no es también una forma de gestionar el poder repartiendo los recursos entre mayor cantidad de gente?

-El populismo distribuye no solamente riqueza, sino derechos, abstracción hecha de los deberes que les son concomitantes. El peronismo introdujo ese esquema de vida y de gestionar el poder. A medida que avanzó esto, se debilitó la meritocracia, el ascenso por el esfuerzo personal e intelectual. Toda una cultura que fue muy importante y valiosa para el país, hacia mediados del siglo XX, empezó a decaer.

-El crecimiento apabullante de la pobreza, ¿no es un fracaso de todos los argentinos, más allá de quienes gobernaron en los últimos 50 años?

-Hay una parte muy significativa de la población que no se hubiera empobrecido de no haber mediado una irrupción prepotente del populismo, con algunos episodios cuyo principal protagonista fue el Estado argentino, que desató el Rodrigazo, que expropió depósitos bancarios, que ejerció una voracidad fiscal sin límites. Esos son los factores que produjeron el avance vergonzoso de la pobreza.

-¿No es responsable también una sociedad que bajó los brazos ante el deterioro de la educación y de otros indicadores de la calidad de vida?

-No hay duda de que en eso fracasamos todos. La corrupción como estilo, por ejemplo, es algo que se difundió de arriba abajo. Desde el que se enriquece con las licitaciones tramposas hasta el que soborna a un agente de tránsito hay una línea continua.

-¿Por qué los políticos, y los dirigentes en general, están lejos de la sociedad?

-La verdad es que no están lejos de la sociedad. Parecen estarlo, pero no hay tal distancia entre los políticos o los dirigentes y la gente. Yo creo que no la hay. Fulanito o menganito diputado hacen lo mismo que yo, que cruzo en rojo los semáforos, que no respeto la fila, que miento, que engaño, que evado?

-¿No hay, entonces, crisis de representatividad?

-Al contrario: son muy representativos los políticos, y ése es nuestro problema. Por eso hablo de un efecto paradójico, porque al haber tan poca distancia entre la clase política y la sociedad se produce un voto a desgana, que tiene todas las apariencias de la inexistencia de representatividad, pero es justamente lo contrario. La reciente aparición de candidaturas de la farándula es una evidencia más de esta falta de distancia entre los políticos y la gente. Nuestros políticos son gente que grita, gesticula, actúa. Por eso, nada tiene de raro que el profesional del espectáculo se postule para la política.

-¿Por qué en los últimos 50 años no se ha podido armar una verdadera fuerza de oposición capaz de asegurar la alternancia en el manejo de la cosa pública?

-Porque para ello hubiera sido necesario que una parte muy significativa de la población estuviera convencida de que la legitimidad del Estado procede de su obligación de garantizar los derechos individuales antes que los derechos corporativos, y convencida también del valor y la importancia de la división de poderes. Los radicales, que hubieran podido expresar ese sentir, han estado por demás atentos a no perder sus banderas populares a manos de los peronistas.

-¿Hicieron concesiones?

-De las peores: las ideológicas, no las circunstanciales. El radicalismo tendría que haber sido la socialdemocracia argentina, a partir de esa vaga forma que se esbozó en tiempos de Irigoyen y que también Alfonsín trató de darle, sin conseguirlo. El también hizo concesiones a lo que llamaríamos el modo peronista de gobernar.

-En cuanto al peronismo, ¿no cree que significó un enorme progreso la incorporación de las masas al sistema político?

-Ciertamente, el peronismo incorporó a las masas al sistema político. Pero lo hizo pagando el costo altísimo de haber consagrado como política de Estado, como doctrina de Estado, el populismo, que está lejos de terminar. Se diría que vivimos la agonía del peronismo, y esa agonía va a ser dolorosa. No era una necesidad histórica resolver esa integración a cambio de semejante precio.

-¿Ayuda a la paz social el considerar crímenes de lesa humanidad los cometidos por las fuerzas estatales y no los cometidos por los terroristas?

-Ninguna persona bien nacida puede justificar los crímenes terroristas, pero éstos son más graves aún, si cabe, cuando proceden del Estado, porque es el guardián de las leyes, y cuando delinque no solamente las viola, sino que lo hace mediante un horrible acto de traición. Añádase a ello que la dictadura que rigió entre 1976 y 1983 asesinó y torturó, en muchos casos, a personas que no tenían otros vínculos con organizaciones terroristas que figurar en la agenda de un secuestrado porque era su dentista. El Estado se condujo durante esa dictadura más como una bestia ciega que como un agente racional de un orden fundado en la ley. Es más grave el terrorismo de Estado, sin olvidar que los crímenes terroristas también son crímenes de lesa humanidad.

-¿Está usted entre esos nueve de cada diez argentinos que, según los sondeos, desconfían de las instituciones ligadas al sistema político, como el Parlamento, la Justicia, los partidos políticos y los sindicatos?

-Decididamente, sí. En nuestro país no se ha hecho justicia en los casos de la AMIA ni de la embajada de Israel; están sueltos los asesinos de Cabezas; se viola todos los días el derecho de circular libremente, consagrado en el artículo 14 de la Constitución Nacional; se han expropiado masivamente los depósitos bancarios, y la lista podría alargarse indefinidamente. Así las cosas, desconfiar de las instituciones de gobierno es un acto de lucidez.

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION

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El otro lado de la vía

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 26-08-2005 00:00:00

Por Sandra Russo

La clínica queda en Quilmes, pero del otro lado de la vía. Quilmes Oeste, cuando yo era chica, era otro mundo. Vivir del otro lado de la vía era ser diferente, tener otras costumbres, otros ritos, como ser de otro club. Mi madre lentamente fue trasladándose al otro lado de la vía. Sus confusiones empezaron hace años, los reemplazos de una palabra por otra fueron llegando como gotas, una tras otra. Sus esfuerzos por retener una idea terminaban irritándola. La veía luchar contra ese vacío que se le plantaba en la cabeza como una semilla maligna. El vacío crecía desmadejado en esa mente que despacio, sin tregua, se enredaba con imágenes de diferentes épocas de su vida. Hace unas semanas un ataque la mantuvo hablando sin parar días y noches enteras. Allí estaban, delante de sus ojos, invisibles para mí pero carnales y evidentes para ella, sus hermanos, su padre, su casa de la infancia. Estaba internada en una clínica común, a la que van los enfermos que deben guardar cama. La gente loca no es bien recibida en esas clínicas. Altera al resto. La habían atado a la cama y habían levantado las barandas. Ella las empujaba y me decía: “Estamos detenidas porque vos no sabés conducir”. Mi madre nunca fue muy piadosa conmigo, de modo que no me extrañó que atribuyera su estado a mi falta. Eso somos las mujeres, después de todo. Lo que no tenemos, lo que no sabemos, incluso lo que no perdimos.
El brote se extendió y fue tan arrasador que muy pronto la derivaron a la clínica que está del otro lado de la vía. Un lugar apacible en el que los enfermos no guardan cama, y tampoco sabría decir si guardan algo. ¿Qué es la locura? ¿Dónde queda ese otro lado, ese revés de la trama que estampa la locura en los ojos de quienes la padecen? ¿Por qué los locos parecen guantes dados vuelta, como decíamos los jóvenes de ayer? Un guante dado vuelta no puede esconder nada: el guante dado vuelta exhibe la obscenidad de su interior, la forma tosca de sus costuras. Todo lo que los cuerdos callamos, lo que velamos, lo que suavizamos, lo que pretextamos, lo que disimulamos, ellos lo muestran. La enfermedad los priva de los escondites y de las estructuras. Fluyen, ahí, casamientos y velorios, muertes y nacimientos, amores y dolores, ternura y ferocidad, la carne viva de los sentimientos, de lo que no se pudo digerir, lo que quedó atascado en una historia, la horrenda y apabullante debilidad de alguien que soltó las riendas y sigue viviendo como un caballo desbocado, asomado al vértigo de sí mismo.
Hoy llegué a la visita media hora antes. Pedí permiso porque tenía que ir a trabajar. Estaban todos cantando. A coro. Cantaban una canción de amor. Tenían puestas unas cintitas rojas en el cuello, como un mínimo vestuario de coristas extraviados que sin embargo perseguían la nota exacta. Mi madre estaba sentada y aplaudía. Ella nunca cantó. Ni cantó ni bailó. Esta tarde estaba sentada y sonreía, mientras sus actuales compañeros de ruta disfrutaban ese rato previo a las visitas. Mi madre siempre se ocupó de su casa. Su casa fue su reparo pero también, sospecho, la baranda que la separó del mundo, la que la dejó detenida, aunque fue ella, ciertamente, la que no aprendió a conducir. Pienso en la que ella era, antes, cuando todavía la enfermedad no había asestado semejante puñalada en su centro. Fue una mujer compleja con una vida simple. Una mujer plegada que debe haber querido desplegarse. Cuando me vio, hoy a la tarde, llegar de improviso, me hizo señas para que me sentara a su lado a escuchar al coro. Mientras las dos aplaudíamos la segunda canción, acercó su cara a mi oído y me dijo: “A mí me hubiese gustado ir a la luna”. Cuando uno se familiariza un poco con la locura, no es tan difícil escuchar sus desvíos. “¿Y por qué no fuiste?”, le pregunté. “No me alcanzó la voz”, contestó ella.
Y si me pongo a escribir esto es porque creo que hay un tipo de extravío que es el de mi madre pero no sólo el de ella. Y en su homenaje, me gustaría dedicar estas líneas a aquellas mujeres que quisieron ir a la luna pero llegaron al otro lado de la vía, a todas esas mujeres de esa generación difícil, tan inconsciente de sus derechos y sus límites, tan encerradas en sus cocinas y en sus mandados y en sus mandatos, a esas mujeres frágiles que adoraron y envidiaron que sus hijas fueran tan diferentes, casi como las hijas de las otras que ellas fueron sin saberlo. A esas mujeres a las que no les alcanzó la voz.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-55608-2005-08-26.html

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"Conocer es aún más importante que comer", dice Jorge Wagensberg

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 24-08-2005 00:00:00

Reflexiones del físico y escritor español

Intelectual: “Dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras”, según la Real Academia Española. A Jorge Wagensberg, físico, conferencista, director del monumental Museo de la Ciencia de Barcelona –la “Cosmo Caixa”– y de la colección “Metatemas, libros para pensar la ciencia”, de Tusquets, columnista del diario español El País y de la revista francesa de divulgación científica La Recherche, la definición le viene como anillo al dedo. Si hay algo que lo cautiva es jugar con las ideas, crearlas, estirarlas, penetrarlas, comprimirlas, amasarlas y darlas vuelta del derecho y del revés; en fin, pensar el mundo sin preconceptos.

Español, autor de 14 libros y editor de los 90 títulos que figuran en el catálogo de Metatemas –firmados por algunos de los más audaces pensadores actuales–, Wagensberg es una personalidad multifacética capaz de pasearse intelectualmente de Picasso a Einstein y de Stephen Jay Gould a Leibniz con la misma punzante e inquisitiva lucidez.

Sin embargo, a lo largo del diálogo mantenido con LA NACION durante su reciente visita a Buenos Aires para hablar sobre los museos de ciencia y la escuela en las Jornadas Internacionales de Ciencia, hay algo que deja en claro: el conocimiento no es un juego ni un lujo, sino una necesidad de primer orden en la vida de las personas y los países. "Debe ir por delante de todo, incluso de comer", afirma.

-Usted da clases en la Universidad de Barcelona, dirige un importante museo de ciencias, escribe libros y columnas periodísticas, dicta conferencias... ¿Cómo hace para desplegar semejante actividad?

-Mi mujer me pregunta lo mismo, pero sin sonreír. Sin embargo, yo hago una cosa; por ejemplo, esto [su último libro: La rebelión de las formas , Tusquets editores, 2005] viene de una exposición. La reflexión sobre la exposición no cabía en la exposición misma. Entonces decidí escribirla, y cuando la escribí me di cuenta de que para que fuera legible había que hacer un esquema conceptual, y así salió el libro. El de los aforismos [ Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, Tusquets editores, 2002] surgió porque de repente me di cuenta de que la gente repetía frases que yo decía. Me hizo mucha ilusión recuperar el aforismo como una idea en conserva, que puedes disolver y discutir, y que además es una regla mnemotécnica si está bien escrita. Bueno, valía la pena coleccionarlos. Llevo una libretita donde voy anotando las ideas, porque si no se evaporan. Durante el año voy apuntando las ideas y voy construyendo mentalmente, sin escribir nada. Después, cuando estoy en la playa, por ejemplo, todo sale muy rápido. Este libro está redactado en dos meses, pero construido durante siete años. El método es ir lo más lejos posible en la reflexión y, luego, discutirla con sparrings intelectuales. Una vez que la idea está definida la echo en la arena y la discuto mucho.

-¿Para qué sirve un museo de ciencia?

-Creo que es un instrumento de cambio social. Para mí, los museos van a ser los templos del futuro. Normalmente, en los templos suelen decirte lo que personas mucho más inteligentes que tú han pensado hace 2000 años. Pero aquí lo novedoso es que la gente pensará por sí misma. He venido aquí para hablar precisamente de eso.

-¿Cómo explica usted que muchos los imaginen simplemente como una colección de huesos viejos?

-Eso es lo que ocurría en los museos antiguos. Es uno de los vicios, efectivamente: la acumulación de objetos. Pero eso tiene una cosa buena: que el objeto es real. Luego se pasó al extremo opuesto: los museos sin objetos, en los que todo eran juguetes, en los que se tocaban botones, se mostraban fenómenos... La nueva museografía es la que hace entrar en diálogo al objeto y al fenómeno. Es decir, el objeto ilustra y el fenómeno demuestra. Lo que queremos es estimular la conversación con el visitante.

-¿Cómo se las arregla para hacerlo en el museo que usted dirige?

-Bueno, después de más de veinte años hemos tenido el privilegio de volver a comenzar. En todo. Nueva arquitectura, nuevo contenido, nuevas actividades? Pasamos de cinco mil a cincuenta y cinco mil metros cuadrados, y en los últimos tres meses hemos tenido un millón de visitantes. Es un privilegio, porque normalmente es muy difícil que se pueda hacer algo así. Cuando tienes dinero, no tienes ideas, y cuando tienes ideas, no tienes equipo? Volver a empezar tiene, además, algo bueno: que sobre todo sabes lo que no hay que hacer. No repites errores. Durante estos veintipico de años detectamos muchos vicios. Por ejemplo, comunicábamos una idea falsa de la ciencia, la idea de que es única, que no se equivoca nunca, cuando es todo lo contrario: funciona justamente sobre la base de errores.

-¿Qué lo llevó a la ciencia?

-La verdad es que mi vocación fue tardía. Yo no fui de los chavales que dicen "quiero ser científico", como los que dicen "quiero ser bombero". A diferencia de lo que ocurre con el conocimiento revelado o el artístico, que tienen que ver con la realidad, pero no se dejan negar por la realidad, lo que me fascinó del método de la ciencia fue la restricción, el sacrificio que hacemos los científicos en cuanto a que la confirmación no es tan importante como la negación. Si mi verdad dice "A" y el experimento dice "no A", o cambio el experimento o cambio la teoría. El premio [de esta manera de enfrentar la realidad] es poder anticipar la incertidumbre.

-En "La rebelión de las formas" usted analiza la inteligibilidad científica. ¿Todas las ciencias "comprenden" de la misma manera?

-Para un físico, comprender es hacer grandes ecuaciones elegantes. El químico busca estructuras, el biólogo busca mecanismos, el sociólogo, líneas de pensamiento. Pero hay algo en común, y es que todos buscan qué es lo que hay de similar entre cosas diferentes. Esa es la inteligibilidad científica. La gran emoción para un científico es que una fórmula f igual m por a explica tanto el movimiento de una bola de billar como el de una galaxia. Esa reducción de la que se burlan a veces los filósofos -y a los que yo respondo: "Si ésa es la reducción, viva la reducción"-, eso es lo que permite anticipar. Es decir, que aunque parezca que comprender es diferente en cada disciplina científica, hay algo común que es eso. Comprender es la mínima expresión de lo máximo compartido.

-¿Cómo se zanja la distancia entre la ciencia y el resto de la sociedad?

-Creando lenguaje. Fíjate que todos los términos científicos que hoy están asentados, en su tiempo fueron palabras del lenguaje común. "Energía", hasta que llegó Newton, era una palabra que no estaba definida. Lo que es interesante es que después de que la mecánica newtoniana y la termodinámica definen la energía con rigor científico, el vocablo vuelve enriquecido. Lo mismo ha ocurrido con la palabra "información". Hasta la Segunda Guerra Mundial, información era una sensación, a partir de entonces aparecen teorías matemáticas sobre la "información" y ahora sabemos muy bien lo que es: la pesamos, la medimos en bits, eso no ocurría antes. Y sabemos más: sabemos que por publicar una información que es falsa se puede volver verdadera. Como decir que a un banco le va mal: aunque no sea verdad, si lo dices, acaba yéndole mal. O, al revés, dices que una autopista está embotellada, lo cual es verdad, y por decirlo se desembotella. Es decir que la ciencia construye lenguaje. No sólo se acuñan nuevos términos, sino que los antiguos se enriquecen.

-Suele repetirse que la ciencia es indispensable para el desarrollo. Se trata de un tema crucial para un país como la Argentina. ¿Cómo "se fabrican" científicos? ¿Cómo se inspira el interés por la ciencia?

-Hay falta de vocaciones científicas, pero ése es un problema planetario, no sólo de la Argentina. Los alumnos de la Facultad de Física de Barcelona han bajado a la mitad. Los japoneses están aterrorizados porque la juventud sólo quiere hacer negocios. Es un problema muy grave, porque la ciencia es la forma de conocimiento que más influye en el ciudadano. Yo creo que, como cualquier tipo de pedagogía, se trata de proveer estímulos, porque aprender se aprende solo. Cuando a uno "le cae la pizza" está solo, pero está solo al final de una forma de conversación que es la docencia. La buena docencia es cuando el estudiante, el alumno o el ciudadano tiene la posibilidad de conversar. ¿Con quién? Con la naturaleza. Eso es lo que el museo pone a disposición del visitante. Puede conversar directamente con la naturaleza, con la vida, no con libros. En las escuelas y universidades debería conversar con el profesor. Parece una trivialidad, pero en la mayor parte de las escuelas no se conversa. Yo recuerdo que me castigaban por intentar conversar. En las buenas universidades hay un profesor para 14 alumnos; es que no puedes conversar con 40 personas a la vez.

-Usted pone en pie de igualdad la capacidad de comprender con la de percibir belleza, que llama "beldar"?

-Yo creo que existió antes el gozo estético que el gozo por comprender...

-Desde ese punto de vista, tal vez, en lugar de promover la ciencia habría que trabajar para que se multipliquen los poetas, los pintores...

-Claro, ¿por qué no? Pero de una forma natural la gente acepta mucho más a los artistas que a la ciencia. Aunque son igualmente importantes, en estos momentos los que necesitan una seducción especial son los que pueden trabajar a favor de la ciencia. Es muy importante que el conocimiento vaya por delante en los ciudadanos. Porque hay algo que todavía no ha dicho ningún partido político y es que el conocimiento debe ir por delante de todo. Incluso de comer, aunque suene provocativo. El progreso es independencia, y lo único que da independencia es el conocimiento. Mejor pasar por un poco de hipoglucemia, pero no sacrificar nunca el conocimiento.

-¿Cómo resolvería esa disyuntiva en un país que se debate contra la pobreza, como la Argentina?

-Una cosa no debe ser la excusa de la otra. Es que no se trata de dar la caña de pescar en lugar del pescado, sino que a lo mejor en un país no se trata de pescar. ¿Y de qué se trata? Es que no se puede saber si no hay investigación. La máxima riqueza del mundo viene de la investigación. La verdadera solución está en crear conocimiento y crear riqueza. La dependencia es la pobreza. Entonces la trampa es pensar que hay que dejar de conocer para otra cosa. Para mí, el conocimiento es inaplazable. El conocimiento y la democracia son inaplazables.

-¿Qué papel juega el razonamiento y cuál la creatividad en el conocimiento científico?

-El método científico sirve para tratar ideas, y las ideas no son racionales. Sirve para tratar ideas, pero no para capturar ideas. La parte de creatividad está, sobre todo, en los mecanismos de que se sirve el científico para capturar ideas. Y ahí vale todo. Vale ir al cine, vale soñar, vale cualquier cosa. La gran diferencia con cualquier otra forma de conocimiento es que esa nueva idea pasa por la razón. A veces incluso una idea sirve para romper la razón. El plan, en ciencia, sirve también para saltárselo. Es una referencia.

-Hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario de la explosión de Hiroshima. ¿Le parece que los científicos serían mejores gobernantes que los políticos?

-No, en absoluto. El científico es un ciudadano como cualquier otro. Lo que sí es importante es que todos los votos valen lo mismo: el de un científico y el de un no científico, incluso cuando se vota sobre cuestiones científicas. Si votamos sobre las células madre, el voto de un físico vale lo mismo que el de un biólogo. La bomba atómica no es un momento cualquiera de la ciencia. Estoy de acuerdo en que perdimos la inocencia, pero creo que sirvió para que hoy se haya llegado al consenso de que no se puede investigar en secreto. Puedes investigar en secreto las ideas, pero desde el momento en que haces un experimento, estás interviniendo en la realidad, y en esa realidad viven los demás. Antes de Los Alamos la idea del científico era: "Que no me molesten, que yo sé lo que hago". De allí en más, son los científicos los que piden los comités de ética. No quieren esa responsabilidad, no quieren ese peso.

-¿Es decir que la inteligencia no garantiza la sabiduría?

-No, la inteligencia no asegura la sabiduría, en absoluto. La inteligencia es una condición necesaria, pero no suficiente.

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=732586

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Los jóvenes de ayer

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 21-08-2005 00:00:00

Un spot publicitario idealiza los años 50. Apela a la nostalgia con música de Los Plateros y una sucesión de escenas juveniles. Olvida el machismo, la represión y la pacatería que signaron la época.

POR BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Los canales de cable que trasmiten deportes muestran una publicidad cuyo título podría ser Retro. Con música de Los Plateros (que ha pasado a ser escuchada en la veredas de las disquerías porteñas, dando prueba de la eficacia del aviso, por lo menos para reciclar a Los Plateros), se presenta a varios jóvenes deportistas argentinos de primera línea, trajeados como en la década del cincuenta, enamorándose, cada uno de ellos, de la pelota correspondiente al deporte por el que es famoso. Se trata de gente tan joven como Lucha Aymar, pero están absurdamente vestidos como si fueran sus propios abuelos. La publicidad es inexplicable, excepto por su explotación del efecto nostalgia. Un gran novelista austríaco, Robert Musil, afirmó que invariablemente nos interesamos por la juventud de nuestros padres. En este caso, sin embargo, la publicidad extiende ese interés a la de los abuelos de los deportistas que actúan en ella.

Las imágenes son atractivas, como las de esas películas mediocres pero con gran presupuesto y un director de arte que miró muchas fotografías de época. Hay un espléndido y lustroso descapotable celeste, que parece salido de un museo. Los deportistas están disfrazados estilizadamente, porque eso evita que parezcan más viejos o más feos. Quiero decir: en las películas de los años cincuenta, las chicas son más gordas, las caras más redondas, con peinados un poco tontos. Si se exceptúa a James Dean y a Audrey Hepburn, todos parecen antiguos. En esta publicidad, por el contrario, los deportistas deambulan en un tiempo inmaterial entre aquel pasado y este presente, como modelos que están probándose ropa.

Ahora bien, ¿por qué la nostalgia? Los años cincuenta fueron todavía una época severa y autoritaria. Una verdadera pesadilla de la sexualidad reprimida, de la que no podía hablarse abierta mente casi en ningún lado: sobre todo, la abuelita de Luciana Aymar no hubiera podido andar dando vueltas sola por un parque a la luz de la luna sin dar explicaciones completas al volver tarde a su casa y, probablemente, comerse una cachetada. Los adolescentes eran machistas y hablaban con desprecio de alguna chica que "se dejaba". El pasado de los otros parece más feliz de lo que fue. En aquellos lejanos años cincuenta, la virginidad prematrimonial regía como principio y, por supuesto, la iniciación sexual de los muchachos de clase media era invariablemente con prostitutas. Los cincuenta son el preámbulo mediocre y pacato de lo que, por suerte, llegó poco más tarde.

Las escenas que presenta la publicidad, donde cada deportista se enamora de su deporte simbolizado en la pelota correspondiente, esas escenas de un primer amor romántico fueron, sin duda, un ideal de los cincuenta. Pero estaban acompañadas por todas las prohibiciones y las rodeaba un cerco electrificado. La juventud de los abuelos estuvo colocada, exactamente, en la transición hacia los años sesenta (por eso la música de la publicidad es el imbatible hit de Los Plateros, y no un rock and roll), donde todo empezó a cambiar. La moda retro es inevitable, porque no hay nada más fácil que volver estético aquello que está, afortunadamente, bastante lejos. Hoy tenemos retro-folk, retro-hippie, retro-unk, retro-bizarro, que implica tomar por bizarros los rasgos que antes eran pintorescos o simplemente feos. Y tenemos también, como en la publicidad de los deportistas, retro-romántico.

Lo característico de la moda retro es limpiar los elementos del pasado de sus rasgos desagradables; lo retro es una idealización comercialmente astuta. Da por descontado que nadie se acuerda bien de nada. Un brasero de hierro en el living se llena con flores secas y bastoncitos de esencia, ya que la calefacción la proporcionan artefactos más al orden del día; la artesanía fabricada en la ciudad imita el aire rústico del objeto que obligadamente se usó en el campo. Como a los viejos les gusta idealizar su juventud, cuando ven la publicidad retro se recuerdan a sí mismos jóvenes, y no abren el capítulo en que sus padres los controlaban de un modo que hoy resultaría insoportable.

http://www.clarin.com/diario/2005/08/21/sociedad/s-1037257.htm

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"El FMI y el Banco Mundial ahora nos hablan de equidad"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 21-08-2005 00:00:00

JOSEPH STIGLITZ

Si bien no deben esperarse sorpresas favorables mientras Bush esté en el gobierno, empieza a notarse un positivo cambio de mentalidad en los organismos financieros internacionales.

Oscar Raúl Cardoso.
ocardoso@clarin.com

# Son muchos los que hoy disparan contra el neoliberalismo económico que expresa el denominado Consenso de Washington, incluyéndolo, por cierto, a usted, que sostiene que el modelo está agotado. Pero éste tiene aún enorme influencia y el sistema financiero público internacional —el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etcétera— sigue insistiendo en la vigencia de sus recetas básicas. ¿Por qué esa supervivencia?

—Ante todo es necesario reconocer que ha habido realmente un cambio muy grande de mentalidad en estas instituciones. Y eso es consecuencia del tipo de discusiones que hemos estado manteniendo. Permítame darle dos ejemplos. Uno es la visión de que la globalización de los mercados de capital puede ser muy mala para la estabilidad. El FMI publicó finalmente un documento hace unos dos años aceptándolo, exigiendo hacer las investigaciones, analizar los datos. Al hacerlo, hasta ellos se vieron obligados a aceptar que, de hecho, esa crítica era acertada.

# Ese cambio parece más retórico que efectivo. En el directorio del Fondo hasta los representantes de países que más críticos se muestran con el Consenso de Washington suelen votar a favor de la imposición de sus políticas.

—No han cambiado totalmente las políticas, pero por lo menos les están dando más margen a los que tratan de trabajar por una alternativa más estable. El segundo ejemplo. Si usted mira la serie de temas que aparecen en el Consenso de Washington, el tema de la equidad no se menciona en absoluto.

# ¿Se refiere a los documentos originales de los años 80?

—Sí, no mencionaban la equidad para nada. Pero en este momento, claramente, el FMI y el Banco Mundial la mencionan todo el tiempo. Tal vez no le prestan tanta atención como a algunos les gustaría. Pero es un tema que —todos coinciden— no recibió una atención suficiente. De modo que considero que la discusión internacional ha sido replanteada de maneras fundamentales.

# Permítame ahondar en esto porque creo que las palabras clave en su afirmación son: "todavía no hay un cambio en la política".

—Hubo menos cambio del que debería haberse producido, eso es cierto. Pero permítame darle algunos ejemplos que muestran que ha habido un progreso significativo, aunque se podría hacer aún más. Un ejemplo es: el Banco Mundial, en los últimos años ha sido muy crítico respecto de las negociaciones comerciales del pasado, los subsidios agrícolas estadounidenses y europeos, señalando cómo perjudicaron a los países en desarrollo. Diez años atrás, estas instituciones internacionales no habrían sido tan críticas con sus principales accionistas, los principales actores. Y lo han expresado abiertamente señalando que los países en desarrollo sufrieron esa desventaja. Hasta el nuevo director del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, habla de esto. O sea que lo hace en términos de apoyar más el punto de vista de los países en desarrollo. Considero esto un cambio importante. Por otro lado, siguen sugiriendo que los países eliminen las barreras comerciales lo más rápido posible sin pensar, si se crean nuevos empleos, cuál será el impacto y cuál es la forma más efectiva en que la economía local pueda responder. Todavía se guían en exceso ideológicamente por la noción de que la globalización del comercio por sí misma genera crecimiento. La evidencia disponible indica que no es así.

# Aun con esos cambios que usted señala se requiere una fe casi religiosa para creer en estas instituciones. Por lo pronto, siguen aplicando un doble estándar cuando hablan de las naciones industrializadas y cuando lo hacen del subdesarrollo. A Estados Unidos, por ejemplo, le toleran en silencio su déficit fiscal, su toma irresponsable de créditos vendiendo bonos a China y otros desequilibrios que demonizan en el caso de los otros países...

—Creo que efectivamente es así. Aunque para ser justos, el FMI criticó el enorme déficit comer cial y fiscal de Estados Unidos. Pero no se ha expresado tan abiertamente como tendría que haberlo hecho. Esto es algo que no es sorprendente, dado que Estados Unidos tiene un poder de veto sobre el FMI. Dado que es el mayor accionista, no esperemos que el FMI sea crítico con una nación que ejerce tanto control. No debemos sorprendernos. Pero pienso que a los países miembros y a la institución les convendría ser mucho más críticos con Estados Unidos. No serlo realmente debilita la credibilidad de la institución, cuando no ha habido un país que haya tenido déficit fiscales y comerciales tan grandes y persistentes y propone agravarlos haciendo permanentes los recortes fiscales, privatizando la seguridad social, etcétera; un conjunto de medidas tributarias que aumentarían el déficit aún más; es evidente que si se tratara de un país en desarrollo el Fondo Monetario Internacional saldría a decirlo más abiertamente.

# Como usted describe la situación hay una asincronía entre el desarrollo intelectual del sistema financiero público internacional y el de sus políticas. ¿Pero qué esperanza de cambio real hay en un contexto político signado por el predominio estadounidense y por la filosofía regresiva de la administración de George W. Bush? ¿Es que el momento del cambio no llegó aún?

—Mientras Bush esté en la Casa Blanca, el cambio será muy difícil. Pero hay cosas en las que hay cambios que se están haciendo y pueden seguir haciéndose. Y algunos de los esfuerzos están siendo orientados a cambios que ocurrirán cuando se produzca un cambio en la administración en Washington. Permítame ilustrar a qué me refiero con algunos interrogantes. Por ejemplo, en el área del comercio, la cuestión es ¿habrá un nuevo acuerdo en la Organización Mundial de Comercio? Si lo hay, ¿cómo será? ¿Si la idea del ALCA (Asociación de Libre Comercio para las Américas) prosperara? ¿Cómo sería? ¿Deben los países en desarrollo ceder a lo que quieren Estados Unidos y Europa? Mi sensación es que no deberían ceder y es probable que no lo hagan. Ese es un ejemplo de que, aunque Estados Unidos puede tener cierta hegemonía, no puede conseguir todo lo que quiere.

# ¿Usa como ejemplo la actual impasse del ALCA?

—Se ve de manera muy clara en el ALCA que Estados Unidos prácticamente ha abandonado en términos de tratar de conseguir algo significativo. Porque se dieron cuenta de que, por su propia posición inconsistente sobre la globalización del comercio, ni Brasil ni la Argentina, ni ninguna democracia puede ceder mucho en eso. Creo que son ejemplos; puede llamar a lo del ALCA un éxito negativo, pero ha mostrado que si Estados Unidos quiere conseguir lo que quiere tendrá que hacer concesiones pese a ser la potencia más grande del mundo. Otro ejemplo: el reciente perdón de la deuda. El Reino Unido logró que Estados Unidos aceptara no sólo el perdón de la deuda de varios países sino que el Grupo de los 8 pagara por ese perdón de la deuda. Que no lo harían con el Banco Mundial, es decir, que los países pobres pagaran por los países más pobres. Fue una gran concesión que consiguieron que hiciera Washington.

# Algunos sostienen que fue una concesión nominal e inevitable porque esa deuda era imposible de cobrar.

—Es cierto que la dimensión de ese logro fue exagerada. Gran parte de la deuda no se habría cobrado de todos modos. Pero una parte de la deuda sí se habría cobrado. Y aunque no fuera cobrada, el peso de la deuda hace la vida más difícil para los países en desarrollo endeudados. No hay duda de eso. Aunque podamos decir: las sumas totales no son realistas. Pero de todos modos, hará la vida más fácil para esos países en desarrollo.

# ¿Diría usted que esta política de perdón de la deuda debería darse en una escala más amplia?

—Sí. Pero, repito, teniendo en cuenta lo recalcitrante que es la administración Bush, creo que en los próximos años será más difícil conseguir algo de ellos dada la magnitud del déficit y las prioridades de los recortes fiscales para los más ricos del mundo. Considero que va a ser muy difícil conseguir algo. En realidad sólo queda prepararse en estos dos años que le quedan a Bush y buscar realmente el cambio cuando se produzca el inevitable relevo en Washington.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/08/21/z-03615.htm

Copyright Clarín, 2005.

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"Las mujeres siguen siendo discriminadas", sostiene Clara Coria

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 20-08-2005 00:00:00

La psicóloga y su defensa del feminismo

Aunque ahora las mujeres participan más en la vida pública y se insertan masivamente en el mercado del trabajo –incluso, muchas de ellas lo hacen como únicas o principales sostenedoras del hogar–, las situaciones de discriminación no han cambiado, en sustancia. Las subjetividades masculina y femenina no se modificaron. En general, la familia no tiene un reparto de roles más democrático. La mayoría de las mujeres gana dinero, pero no tiene autonomía económica. Además, siguen cargando con la responsabilidad afectiva del grupo familiar. Así lo ve la psicóloga Clara Coria, escritora y docente en universidades nacionales y extranjeras.

En 1979, Coria fundó, junto con otras investigadoras, el Centro de Estudios de la Mujer. Dos años después, a sus actividades docentes y académicas se sumaron “los grupos de reflexión de mujeres sobre problemáticas femeninas referidas a aspectos de la vida cotidiana”.

Desde entonces, Coria coordina grupos similares, experiencia con la que nutre sus libros y que le permite desplegar observaciones antropológicas sobre las pequeñas grandes batallas, claudicaciones y negociaciones que las mujeres realizan diariamente y que, en buena medida, son aceptadas como algo natural incluso por aquellas que se consideran modernas y emancipadas. Miembro de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo y ex asesora de la Subsecretaría de la Mujer durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Coria ha investigado largamente la relación de las mujeres con el dinero y las formas de la dependencia femenina.

"Me dediqué a analizar ese tema porque en esta sociedad judeocristiana y capitalista el dinero es el recurso privilegiado del poder y el punto de partida para llegar a la autonomía. Sin independencia económica es imposible ninguna autonomía -sostiene la psicóloga-. Eso lo saben bien los políticos: si un país no es independiente económicamente, los otros deciden por él. Plantearse a fondo el tema del dinero es meterse en el corazón del poder y en el corazón mismo de las relaciones entre personas y entre hombres y mujeres, en particular."

Una de las conclusiones en el trabajo cotidiano con mujeres es que la conciencia de género no es algo de lo que se parte, sino a lo que se llega. "Muchas mujeres, sobre todo las más jóvenes y las que han podido lograr cierto desarrollo, creen que nunca fueron discriminadas porque tuvieron éxito. Es lo mismo que pensar que como un pobre llegó a ser rico no existe la pobreza. No sólo no se preguntan cuántas lo han intentado y han quedado en el camino, sino que olvidan que otras no tuvieron las oportunidades, la preparación o los estudios necesarios", aclara.

"Aun aquellas que hemos desarrollado facetas de autonomía e independencia seguimos perpetuando aspectos de dependencia que son ancestrales y que son difíciles de ver, porque parecen naturales. Se toman como naturales los privilegios y las jerarquías de los varones. Por ejemplo, a las mujeres todavía les sigue costando mucho negociar un salario, cosa que los varones, cuando creen merecerlo, hacen con menos esfuerzo."

Después de una larga lista de libros, entre los que se destacan "El sexo oculto del dinero", "Las negociaciones nuestras de cada día" y "El amor no es como nos lo contaron", Coria acaba de publicar "Los cambios en la vida de las mujeres" (Paidós), escrito con Anna Freixas y Susana Covas.

-¿Cuáles eran los dilemas que se planteaban las mujeres en la década del 80? ¿Son los mismos que ahora?

-En el fondo, la subjetividad, tanto la masculina como la femenina, no ha cambiado sustancialmente. Ha habido muchos cambios sociales, pero el disco rígido de nuestra subjetividad no se ha modificado de acuerdo con los cambios exteriores. Entonces, hay hombres que se sienten muy modernos, pero que no asumen la crianza cotidiana de los hijos, y hay mujeres que se creen muy modernas, pero no se animan a decirles que no a sus parejas cuando no están de acuerdo. Lo que ha cambiado es la forma; no tanto el contenido.

-¿No advierte ningún cambio?

-Quizás algunos temas son diferentes: ahora muchas mujeres y hombres jóvenes pueden decir que no saben si quieren tener hijos y no se sienten censurados por la sociedad, por lo menos en Buenos Aires. Esto hace treinta años era diferente. Una mujer que decía que no quería tener hijos era mal vista. Además, ahora las mujeres tienen un poco más de independencia económica, pero no hay tanta autonomía, porque muchas, aunque ganan dinero, en el fondo siguen sintiendo que tienen que rendir cuentas.

-¿La independencia económica no garantiza autonomía?

-Exacto. Independencia es la disponibilidad de recursos económicos propios y autonomía es la posibilidad de utilizar esos recursos, de tomar decisiones con criterio propio, evaluando las diferentes alternativas. La síntesis la dio un varón en una conferencia mía en Madrid. Levantó la mano y dijo: "El problema de las mujeres es que en lugar de pedir opinión piden permiso". Es cierto: hay maneras muy sutiles de pedir permiso. Por ejemplo, cuando explicamos lo que vamos a hacer. A veces no tenemos que explicar, sino simplemente hacerlo, si creemos que es lo conveniente. Dar muchas explicaciones es una manera sofisticada de pedir permiso, y eso es una evidencia de falta de autonomía. Esto es difícil de modificar, así como es difícil de modificar la culpa que sienten las mujeres cuando no se entregan en forma altruista, cuando no funcionan como abuelas de tiempo completo con sus nietos y cuando no postergan sus proyectos y deseos para ayudar a sus hijos y demás familiares.

-Desde la restauración democrática hubo hiperinflación, crecimiento del desempleo y la pobreza. ¿Cómo han reaccionado las mujeres frente a las sucesivas crisis?

-Lo que he visto en esos momentos de crisis es que fueron las mujeres las que menos se deprimieron. Frente a la hecatombe, se les ocurrió alguna manera creativa de salir adelante, ya sea juntándose con otras, inventando trueques o armando microemprendimientos. En ese sentido, creo que se sienten mucho más fortalecidas. El problema es que las mujeres seguimos cargando, en el fondo, con la responsabilidad de sostener afectivamente a todos los que nos rodean. Y ése es un peso grande.

-En muchos casos se advierte que las mujeres suman tareas y no se desprenden de ninguna: al trabajo doméstico se le suma el empleo rentado y, a veces, un trabajo comunitario o solidario.

-Es cierto. Eso tiene algo a favor y algo en contra. Es un dato favorable el que las mujeres hayan creado redes que ellas sostienen, pero que también las sostienen a ellas. Lo que juega en contra es que no soltamos nada, y suele producirse una sobrecarga del trabajo doméstico -aunque no seamos nosotras las que cocinamos-, del trabajo afectivo y del trabajo fuera de la casa.

-¿Cree que la relación hombre-mujer dentro de la familia es ahora más democrática? ¿Piensa que, en el buen sentido, hay más complicidad en la pareja?

-Yo no hablaría de complicidad. Esta es una sociedad patriarcal y en esa ideología patriarcal crecemos y nos desarrollamos, tanto los varones como las mujeres. Entonces, no es una cuestión de complicidad, sino de estar enredados y entrampados en una determinada manera de concebir las relaciones entre los géneros. En general, en los países por los que he viajado éste sigue siendo un problema. La diferencia es que en algunos países de Europa los movimientos feministas, los movimientos de igualdad de oportunidades y los movimientos democráticos están más desarrollados, mientras que en América latina está mucho más enraizada la modalidad católica, con caracterizaciones bien definidas. Es un modelo mucho más patriarcal. Entonces, las mujeres trabajan mucho más, luchan mucho más, pero están mucho más sometidas y, además, sufren más las violencias sexuales y domésticas.

-Usted trabaja, esencialmente, con la problemática cotidiana de las mujeres. ¿Por qué se concentró en este plano y relegó los temas más generales del feminismo?

-Porque estoy convencida de que los cambios sólo se hacen carne cuando los podemos poner en práctica en nuestra vida cotidiana. Creo que es día tras día, en el vínculo cercano con quienes nos rodean, donde se puede comprobar si somos coherentes con las teorías que sostenemos. Ese es el mejor test para ver si hay cambios. Desde siempre hemos sido testigos de ostentosos pregones públicos de comportamientos democráticos que se diluyen como la niebla cuando sale el sol en el ámbito doméstico y privado. Estoy convencida de que, en estos temas de género, lo supuestamente pequeño sostiene lo grande. Por eso destino mis mejores energías a lo que yo llamo "batallas cotidianas y moleculares". Indudablemente, los llamados grandes temas del feminismo son esenciales en el largo y laborioso camino de la liberación femenina. Pero desearía dejar en claro que hablar de la liberación femenina, es también, inevitablemente, hablar de liberación masculina, de un vínculo realmente solidario entre mujeres y varones, de un modelo distinto de convivencia. Creo que el único motivo real de preocupación masculina reside en la pérdida de privilegios. Y, obviamente, quien no esté dispuesto a perderlos hará todo lo posible por combatir los ideales feministas. No olvidemos que nuestros comportamientos personales son políticos, porque con cada uno de nuestros hechos vamos tejiendo la red social en la que transcurren nuestra vida y la vida de quienes nos rodean.

-¿Cómo define usted el feminismo?

-El feminismo es un movimiento social que involucra a las mujeres, pero también a los varones que están convencidos de que las jerarquías instaladas entre los géneros son fuente de violencia y discriminación. Las personas que adhieren al feminismo creen que la existencia de privilegios otorgados al género masculino contribuye a perpetuar modelos de relación entre los géneros necesariamente autoritarios y profundamente empobrecedores. Podría sintetizarlo diciendo que el feminismo es un movimiento que enarbola los tres principios fundamentales de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.

-¿Y por qué cree, entonces, que la mayoría de las mujeres y los varones usen el término "feminismo" de forma despectiva y peyorativa?

-Porque gran parte de la sociedad se encarga de hacer creer que el feminismo es un movimiento que está en contra de los hombres, lo cual es un grave error. En realidad, es un movimiento que intenta desarticular las jerarquías otorgadas al género masculino con la pretensión de lograr mayor ecuanimidad y solidaridad entre los géneros. Además, creo que quienes adhieren a los valores patriarcales se encargan de sembrar activamente la desconfianza con el objeto consolidar un prejuicio que termina funcionando como si fuera terrorismo psicológico.

-¿Por ejemplo?

-Bueno, son muchas las mujeres que se han beneficiado con los logros del movimiento feminista: han conseguido acceder a los espacios públicos, a reconocimientos sociales, al poder político y al derecho de administrar su propio dinero, entre muchas otras cosas. Sin embargo, no resulta extraño escucharles decir que no son feministas porque son muy femeninas. Este es uno de los tantos actos de terrorismo psicológico que circulan subliminalmente, para hacer creer que volverse feminista es dejar de ser femenina. Otra situación frecuente es que algunas mujeres que lograron renombre digan que ellas nunca fueron discriminadas. Olvidan que si les fue posible llegar adonde llegaron fue, entre otras cosas, por la lucha de miles de mujeres invisibles, que desde hace siglos y en condiciones muy adversas levantaron sus voces contra las injusticias y los prejuicios. Lo que el feminismo tiene de sospechoso es que atenta contra los valores patriarcales que privilegian la jerarquía masculina, pero aclaremos que ésta no es una sospecha, sino una realidad desembozada.

-Hay varias mujeres candidatas para las próximas elecciones. ¿Por qué cree que los problemas de género no ocupan un lugar de importancia en su agenda?

-Con alguna que otra excepción, las mujeres candidatas no se hacen demasiado cargo de los temas de género ni los consideran prioritarios para sus políticas. No hay conciencia de que, aunque sea muy difícil, es preciso modificar realidades discriminatorias que se han perpetuado desde hace siglos.

Por Astrid Pikielny
Para LA NACION

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Una pregunta

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 20-08-2005 00:00:00

Por Sandra Russo

Hace unos días, en un reportaje que fue tapa de este diario, el secretario de Cultura de la Nación, José Nun, afirmaba que “un programa cultural puede tener 20 puntos de rating”. ¿Podría? Uno desea creerlo. Uno desea sospechar que, hasta ahora, las veces que se ha intentado insertar la noción de cultura en la televisión lo que se ha hecho, en general, es amagar con la academia y dejar a todo el mundo bostezando. Que se ha partido de la falacia recurrente de que “el público consume lo que le dan”, como si la cuestión se redujera a trocar el pan y circo actuales por programas con moraleja o catálogo, con gente de buenas intenciones pero desbarrancando, ay, en el plomazo. La realidad es que hay un tipo de cultura que tienen pocos y de la que carecen millones. Uno desea apostar, junto a Nun, a otra concepción de la cultura, a otra estrategia para informar y formar, pero el verdadero desafío televisivo corre por otro carril: ¿qué estrategia elaborar para divertir o para entretener? Ese programa cultural que podría tener 20 puntos de rating, ¿qué tipo de cultura difundiría? ¿Cuál, en un país pauperizado y vulgarizado, arrasado en sus modelos y referentes, analfabetizado y gobernado por planillas de las que todos desconfían pero ante las que se arrodillan?
Los dos programas que salieron del aire la semana pasada, Indomables y TVR, son un buen ejemplo de una cultura alternativa a la que hegemoniza la televisión argentina actual. Eran, a su modo, programas culturales. Tanto en los sobreentendidos y la complicidad, que eran la clave de la conducción de Roberto Pettinato, como en la edición de los informes de TVR podía descifrarse un rasgo cultural pródigo en significados y, sobre todo, masivo aunque no mayoritario: esos productos representaban hasta su levantamiento un modo de ver la realidad que no es el de Tinelli ni el de Susana ni el de Suar ni el de Sofovich, que son quienes ahora disputan en los canales de aire la lucha por la franja horaria más codiciada. En esos dos programas podía rastrearse la resistencia no sólo de quienes los hacían, sino también del público que les era fiel, a la inercia televisiva que ahora como nunca busca idiotizar para entretener.
Eran programas con códigos claros. “Treinta segundos de nada”, por ejemplo, con perros o gatos que eran incapaces de obedecer ninguna orden de sus dueños, implicaba un acuerdo entre el conductor y los televidentes: vamos a reírnos de un perro o de un gato que son solamente un perro o un gato, vamos a reírnos de quienes en otras pantallas pretenden que el perro atraviese un laberinto, y vamos a reírnos porque eso son los televidentes para la televisión: perros atravesando laberintos, seres sin pensamiento propio, guiados por un instinto que los hace parecerse a las ratas de Plavlov, criaturas que se doblegan ante el amo y que reconocen como amo a aquel que sale en las revistas o gana millones, ese que está ahí llamándolos para ganar la competencia, tentándolos con un premio que puede ser una licuadora o cien mil pesos, pero que en realidad siempre es alimento balanceado, comida chatarra, chatarra cultural.
“Treinta segundos de nada” también podía leerse en otra dirección. La televisión en sí misma es analizada por algunos pensadores como un animal de compañía. Una mascota electrónica que hace gracias para que la familia se distienda. Ubicada en el centro preferencial de los hogares, el televisor ocupa hoy el núcleo que antes ocupaba la chimenea. Un aparato cuyos contenidos están regidos por dos grandes lineamientos: la tiranía de los anunciantes y la psicología del espectador promedio. ¿Quién es el espectador promedio en un país de deserción escolar o alumnos regulares que creen que La Traviata y Aída son galletitas? Umberto Eco, por ejemplo, ha afirmado que no es la televisión la que le hace daño al público, sino que es el público el que le hace daño a la televisión. Muchísimo menos selectivo que el público de cine, de música, de teatro, el público televisivo promedio, heterogéneo social y culturalmente, no está interesado ni en informarse ni en formarse. Ese público quiere divertirse. De ese modo, más allá de la teoría, el resultado es que los programadores no buscan nada más allá de los clichés, “golosinas audiovisuales”, como las llama Román Gubern, caramelitos baratos dispuestos en la pantalla para ser chupados sin pensar. Y nuevamente, la metáfora del perro o la mascota: así como los etólogos descubrieron que la “mirada preferencial” de los animales es aquella que concentra un máximo estímulo visual para la especie –sexual, nutritivo, amenazante–, así la mirada preferencial del espectador televisivo promedio se posa en la vidente que dice haber recibido una señal de una niña asesinada y en la reacción de una madre desesperada que llora en cámara (Susana Giménez), o en la niña ciega que participa en un concurso de canto y en las lágrimas ficcionales del conductor que aparenta emocionarse (ShowMatch).
La lógica histórica también interviene en la ley de la diversión televisiva. Cuando las masas no formaban parte del público consumidor, cuando los anunciantes no estaban interesados en captar público pobre, los criterios del buen o del mal gusto provenían de los sectores ilustrados, que por otra parte eran los sectores con poder adquisitivo. Hoy esos términos se invirtieron. Las publicidades no tradicionales que promocionan antihemorroidales o jabón en polvo o casas de empeño o champú antipiojos están dirigidas a un público indiferenciado y complaciente, pero esa complacencia no es responsabilidad de la televisión: una sociedad debe hacerse cargo de sus grietas educativas y de sus náufragos culturales.
¿Podría un programa cultural tener veinte puntos de rating? Es una pregunta apasionante, pero por ahora sin respuesta.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-55331-2005-08-20.html

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"Falta mucho para la recuperación argentina", dice Gary S. Becker

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 17-08-2005 00:00:00

Reflexiones del Nobel de Economía 1992

PARIS.– En París, un liberal no pasa inadvertido. Fue el caso de Gary S. Becker cuando disertó recientemente aquí, invitado por la Universidad Americana de París.

El premio Nobel de Economía 1992 sorprendió a los franceses, adeptos a las versiones aligeradas del capitalismo liberal mezclado con estatismo con acento francés. Tan grande fue la sorpresa, que todos los periódicos de circulación nacional –como L’Humanité, comunista, y Libération, de izquierda– formaron fila para entrevistarlo.

A los 75 años, el discípulo de Milton Friedman, de quien aprendió que la microeconomía es una “herramienta formidable” para analizar las realidades del mundo, se aventuró por París para explicar por qué las parejas de altos recursos económicos se divorcian menos y qué ecuación matemática debe hacerse antes de tener hijos.

Sus pasos por París dejaron huellas. Reconocidos periódicos, como Le Monde y Le Figaro, al igual que los semanarios L’Express y Le Nouvel Observateur, también obtuvieron cita con el economista, que, entre conferencias y entrevistas, también quiso recibir a LA NACION.

Becker afirmó que la mejor política que puede impulsar un gobierno es una que tenga tintes liberales. El que no lo haga -dijo- "se pondrá en contra de la economía global". Becker afirma que no puede citar un solo país que logre crecer en contra de la corriente.

"Las políticas liberales tienen mala fama en la Argentina y, sin embargo, no creo que el gobierno actual logre impulsar un crecimiento a largo plazo sin aplicarlas", afirmó.

Para Becker, comparar es fundamental. "Si se mira a países como la India y China, mucho más grandes que la Argentina, pero mucho más pobres, si se tiene en cuenta la posición que ocupaba la Argentina en términos de ingreso per cápita antes de la crisis de 2001, se verá que ambos crecieron rápidamente y que lo hicieron aplicando políticas liberales", subraya.

"Chávez va en contra de la economía global. Castro hace lo mismo en Cuba -añadió Becker-, pero cuando Lula fue elegido supuse que impulsaría políticas neoliberales, incluso sabiendo que representaba a la izquierda. Y, más o menos, es lo que hizo. Lula reconoció cuál es la realidad. En la Argentina, quien pueda llevar al país al éxito será el que reconozca estas realidades."

-¿Por qué cree que se atacan las ideas liberales?

-Es una buena pregunta. Se atacan estas ideas porque no es fácil comprender por qué tienen éxito. Es muy fácil creer que cuando el gobierno planea todo, cuando el gobierno administra, la economía va bien. Es mucho más difícil comprender que un mercado competitivo y libre, con empresas que intentan generar ganancias, indirectamente ayuda a la economía. Y por eso, a menudo, apenas las cosas van mal la gente acusa a los especuladores, a los rentistas y demás, en lugar de darse cuenta de que es el gobierno el que causa muchos de los problemas. Los mercados no son perfectos. Las cosas pueden ir mal; hay crisis, hay ciclos económicos. Pero la mayoría de las crisis serias que hemos visto en los tiempos modernos o en la historia se debieron a malas políticas gubernamentales. Fue así en la crisis argentina, en la asiática, en los problemas que tiene hoy Japón, en las dificultades de Rusia durante los años noventa...

-Siguiendo este razonamiento, la responsabilidad de la crisis argentina de 2001 recae sobre el gobierno de entonces y sobre los anteriores. ¿Cree que esa crisis era predecible?

-Si lo ve desde la perspectiva actual, todo parece predecible. Creo que lo que se puede decir ahora es que si uno ponía atención en la deuda externa en dólares que se estaba acumulando y si se veía cuán importante era en relación con los ingresos del gobierno y el PBI, entonces sí era algo predecible. Sin embargo, ¿hay mucha gente que lo predijo? No lo sé. Luego de sucedido, parece que sí fue predecible. Siempre es fácil ser listo después de un acontecimiento. La inmensa deuda, tanto de las provincias como del gobierno central, era en dólares. Estados Unidos tiene una deuda enorme en dólares... pero nosotros podemos imprimir dólares. La Argentina no, y ése fue el mayor problema.

-A más de tres años de la crisis, los indicadores económicos de la Argentina parecen mostrar una recuperación. ¿Cómo ve la situación?

-No diría que la situación económica de la Argentina es buena. Creo que la economía de la Argentina se desbarrancó, lo que hace que una recuperación sea más fácil. Se ha recuperado, pero todavía falta mucho para lograr los niveles que tuvo antes, en términos de poder de compra internacional. Se recuperó, pero no lo suficiente. A la Argentina le estaba yendo muy bien en los años noventa. Todavía queda un largo camino antes de que se pueda decir que se recuperó totalmente.

-¿Cree que la Argentina aprendió de sus errores?

-El problema argentino surgió porque el gasto del gobierno, incluyendo a las provincias, fue muy excesivo y no fue controlado. Este seguirá siendo uno de los problemas del país, y no es un problema menor. Al igual que otro problema que afectaba a la economía real: la economía subterránea. Recuerdo haber leído estadísticas en las que se indicaba que un 40 por ciento de los argentinos trabajaba en negro... ¡Es un porcentaje enorme! Y no ha cambiado. Es muy difícil crecer en estas condiciones.

-¿Cómo vio la renegociación de la deuda del país?

-El Gobierno mantuvo una posición muy dura con los acreedores y negoció con rigidez. Creo que esto le causará problemas a la Argentina en el futuro. Le será bastante difícil atraer inversiones extranjeras y obtener préstamos en el circuito financiero internacional. Lo logrará, pero tomará tiempo.

-Sin embargo, el gobierno argentino presentó el canje como un éxito...

-Fue un éxito en el sentido de que se logró un acuerdo con los acreedores para pagarles una pequeña parte de la deuda. Eso fue un éxito, en el corto plazo... Pero en economía siempre se distingue entre corto plazo y largo plazo. Por ejemplo, si se aplica un impuesto muy alto a los capitales en un país, en el corto plazo las arcas se llenarán rápidamente, pero en el largo plazo la gente sacará su capital del país, y eso será un desastre. La dura posición que mantuvo el Gobierno con los acreedores extranjeros hará que, a largo plazo, un banco extranjero sea muy reticente a la hora de tratar con la Argentina.

-¿La Argentina podría haber pagado la totalidad de su deuda?

-No, pero creo que si la Argentina no hubiera negociado con tanta dureza y hubiera pagado una parte más significativa a sus acreedores, le sería más fácil reingresar en el mercado internacional. De esta manera se habría restablecido la confianza. Todos reconocieron que la Argentina estaba en crisis. Los acreedores reconocen que toman riesgos, y en una crisis esos riesgos no pagan. La pregunta es saber cómo se negocia para salir de la crisis. No creo que la Argentina esté en posición de pagar toda la deuda. La comunidad internacional comprendió eso, pero se esperaban mejores condiciones. Los ahorristas se vieron forzados a aceptar lo poco que proponía el gobierno argentino... o nada.

-El presidente argentino, Néstor Kirchner, llamó públicamente al boicot de ciertas empresas petroleras que dispusieron aumentos de tarifas. ¿Qué le pareció aquel episodio?

-Quizás haya sido una forma de populismo. Pero un buen estadista toma medidas poco populares en el corto plazo para producir beneficios en el largo plazo. Le daré un ejemplo: a principios de los años ochenta, Ronald Reagan estaba frente a una huelga de los controladores aéreos. Fue muy complicado para Estados Unidos en esa época. Mucha gente criticó la dureza del gobierno, porque era muy complicado viajar. Pero una vez que Reagan ganó las negociaciones con los huelguistas, el funcionamiento de la economía mejoró sustancialmente. Ese fue un punto de inflexión importante en la administración Reagan. Había una diferencia entre dificultades de corto plazo y beneficios de largo plazo. En este caso, creo que en la Argentina se lograron beneficios de corto plazo y dificultades para el largo plazo. Cuantas más dificultades tengan las multinacionales para invertir, más complicado será para la Argentina, y no creo que sea un país tan poderoso como para tener la esperanza de desarrollarse sin la ayuda de la comunidad económica internacional. Incluso China, la India y la Unión Soviética, que son países mucho más poderosos que la Argentina, fallaron cuando intentaron hacerlo solos. ¿Se puede imaginar cuán difícil será entonces para la Argentina, con menos de 40 millones de habitantes?

-Sin embargo, hay países "pequeños" que logran atraer inversiones y mantener al mismo tiempo una imagen disidente, como Venezuela...

-Hugo Chávez tiene los ingresos del petróleo. Si no los tuviera, la economía venezolana estaría en la ruina. La Argentina no tiene tantos ingresos petroleros. Seguir los pasos de Chávez sería un suicidio para la Argentina. Un suicidio económico.

-¿Y qué ejemplo podría seguir la Argentina?

-Chile es un buen ejemplo, mucho más que la Venezuela de Chávez. Es un país mucho más pequeño, pero que tuvo un éxito económico notable. No sólo durante la dictadura de Pinochet, sino también durante los gobiernos socialdemócratas y socialcristianos que siguieron. Ellos aplicaron políticas similares y se mantuvieron abiertos al mundo, concluyeron acuerdos con los Estados Unidos y con la Unión Europea y sus exportaciones crecieron considerablemente. No sólo los productos tradicionales, como el cobre, sino también las manufacturas, las frutas, los vegetales, el vino...

-La Argentina debería sellar acuerdos similares a los que logró Chile con el Nafta y con la Unión Europea?

-La Argentina debería cultivar el mercado norteamericano -Estados Unidos, Canadá y México- al igual que el de la Unión Europea. Mi esperanza es que tengamos un área de libre comercio en todo el hemisferio occidental. Creo que eso sería lo mejor para Estados Unidos y lo mejor para América latina.

-El ejemplo de la Argentina se utiliza a menudo como un caso escolar para los economistas. Usted, que es profesor, ¿lo sigue utilizando?

-A principios del siglo XX, la Argentina era un país muy rico en términos de ingresos per cápita. Estaba entre los diez primeros. Luego hubo seis décadas de políticas económicas nefastas, con Perón y con la época anterior, muy intervencionista y muy populista. Luego vinieron las reformas de Menem en 1989 y 1991, como la convertibilidad y otros paquetes, que liberalizaron los mercados y las privatizaciones. Estas fueron reformas muy positivas, en su mayoría. Confieso que durante los noventa bajé la atención, como muchos otros, sobre la deuda externa que estaba creciendo. Hay seis décadas de un caso de escuela de cómo arruinar económicamente a un país. Es un ejemplo que se utiliza a menudo. Ahora me parece que es otro caso de escuela: cómo las cosas pueden parecer positivas a corto plazo y muy dañinas para el país a largo plazo.

-¿Qué piensa del peronismo?

-Depende de a qué se refiera por peronismo. Yo no sabría cómo definirlo. Si se refiere al peronismo tradicional de Perón y a sus políticas, creo que fueron terribles para la Argentina. Si se refiere a Menem y su versión, cuando adoptó las políticas liberales, creo que fue algo positivo. Soy un liberal. Creo que las políticas proteccionistas y reguladoras, que son las tradicionales del peronismo, son un error. No conozco ninguna sociedad que a largo plazo no se haya beneficiado al aplicar políticas liberales.

Por Patricio Arana
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=730598

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Ghetto de Lodz, Polonia. 1940-1944

Archivado en Jack Fuchs • Fecha: 15-08-2005 00:00:00

Por Jack Fuchs *

1940-2005. Se cumplen 65 años del terrible momento en que el Ghetto de Lodz fue “cerrado”, blindado y aislado del resto del mundo, convirtiéndose en un verdadero campo de concentración, sin llamarse explícitamente de esa manera. En ese entonces yo tenía 15 años; hoy tengo 81 pero todo permanece vivo en mi memoria.
Entre 1940 y 1944, la Alemania nazi usó centenares de métodos para matar a la población del Ghetto de Lodz. En un principio, impidiendo la entrada de medicamentos para aquellos que los necesitaban y reduciendo la alimentación al mínimo. Muchos murieron. Pero no eran suficientes en el cálculo de los nazis, entonces comenzaron con las deportaciones que en realidad no lo eran. Se trataba de “traslados”. La gente era informada de que iba a ser trasladada a otro lugar y para ello debían tomar sus pertenencias consigo. No fueron deportaciones; el destino era la muerte. En 1943, comenzaron las así llamadas por los nazis “selecciones”. Casa por casa, los niños y los ancianos eran “deportados” hacia la muerte. Las separaciones de los hijos de sus madres fueron desgarradoras y los gritos aún permanecen en mi memoria. Aunque no se decía nada sobre el terrible destino final de aquellos niños, todos parecían entender lo que les esperaba.
Y el mundo ignoraba lo que sucedía.
En la ciudad de Lodz, situada en Polonia occidental, después de la ocupación alemana, se creó en abril de 1940 un primer ghetto de relativa extensión. En junio de 1940, las condiciones reinantes en el ghetto eran infrahumanas debido al hacinamiento. En octubre de 1941, 20.000 judíos de Alemania, Austria y el Protectorado de Bohemia y Moravia fueron deportados al Ghetto de Lodz. Se instaló una sección especial para unos 5000 roma –gitanos– y sinti austríacos. Durante 1942 y luego nuevamente en junio y julio de 1944, se produjeron deportaciones masivas desde Lodz al centro de exterminio ubicado en Chelmno. En agosto y septiembre de 1944, el ghetto fue disuelto y los 60.000 judíos que aún albergaba fueron enviados a Auschwitz.
Y el mundo decidió ignorar lo que sucedía.
El dolor que me provoca la indiferencia se reafirma año tras año. Casi nadie recuerda, ni conmemora. Cuando digo esto no pretendo condenar a toda la humanidad por su indiferencia. Basta sólo con calcular los miles de matanzas que ocurrieron durante todo el siglo pasado, para entender que es imposible conmemorar en una fecha a cada una, aun si se quisiera. Los días del calendario no alcanzan.
El siglo XX tuvo 200 millones de muertos en las innumerables guerras que se sucedieron. No cabe duda, sin embargo, que algunos muertos son más recordados que otros.
En agosto de 1944, con la liquidación final del Ghetto de Lodz, se cerró una vida muy próspera como la vivida por los 250.000 judíos que habitaban Lodz; ciudad tan dinámica y variada en su movilidad social, en sus gustos, en sus pertenencias, donde convivían los jasídicos con los sionistas, los ortodoxos con los socialistas, los ateos con los reformistas.
Todavía quedamos algunos sobrevivientes que recordamos este mes de agosto. Me invade la tremenda tristeza de pensar que, en pocos años, con nuestra desaparición no habrá nadie que incline, silenciosamente, su cabeza pensando en el mundo que fue. Siento que, hasta para los muertos, hay discriminación. Y, con dolor, me resigno a saber que nada puede ser diferente.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-55107-2005-08-15.html

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Satanasita, del monitor al libro

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 14-08-2005 00:00:00

¿Cómo nace un lector? ¿Cómo se fabrica una cadena de libros? La historia de una lectora quinceañera comenzó en la pantalla.

POR BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Estuve toda la tarde buscando libros en Internet. Un tiempo considerable, si se piensa que navego todos los días, que conozco las librerías, las revistas y los catálogos de la web y que, además, tengo una tarjeta de crédito para comprar allí algo que, finalmente, sale bastante caro. A la mañana, también había mirado libros en librerías reales y leí un par sin obligación de compra. La noche anterior había marcado algunos títulos en dos suplementos. Una batería de recursos, verdadero dispositivo de privilegio: recordarlo siempre que se tenga la tentación hipócrita de pensar que llegar a leer es cosa fácil. Sin duda, hay otros caminos, sobre otros mapas por los que guiarse, pero mapas se necesitan en todos los casos. A propósito, recuerdo un mensaje de correo electrónico que recibí hace poco.

Tiene fondo violeta oscuro y está escrito en pequeñas letras blancas. La firma es una mezcla de diferentes formas tipográficas y se lee, con alguna dificultad, el nombre Satanasita. Ese conjunto indivisible de diseño y texto llegó a la casilla de esta revista dominical. Quien lo envió, una chica de quince años, según dice y me parece completamente aceptable como descripción de identidad, me comunica que está de acuerdo con algo que escribí hace algunas semanas y me entrega su experiencia con los libros, que podría resumirse en tres capítulos triunfales. Capítulo 1: Los libros me aburren y no termino de leer ninguno. Capítulo 2: Empiezo a leer textos en Internet. Capítulo 3: Me he convertido en una fanática lectora de libros. Adiós, saludos y la firma de Satanasita.

Quedo intrigada, porque la historia que me cuenta es demasiado perfecta, pero, al mismo tiempo, tengo que admitir que no es increíble. Por el contrario, las aventuras de Satanasita entre los libros, que ha pasado de aburrirse como un topo a convertirse en una devoradora de páginas, demostrarían que existe un camino de las pantallas al papel, como fue mi hipótesis.

De todas formas,no quedo enteramente tranquila. Algo provoca perplejidad en la historia de éxito que contó Satanasita. Básicamente, la causa está en aquello que la historia deja afuera: Satanasita no dice de dónde saca los libros, si los compra, si los pide prestados, si los roba de las librerías, si se los regalan o están en su casa. Me pregunto entonces si cualquier chica de quince años puede ser Satanasita y la respuesta es negativa. Hay algo en la desenvoltura triunfal de su mensaje que indica una seguridad cultural que le permitió pasar del primer capítulo de su historia, en la época en que los libros la aburrían, al desenlace donde una lectora agita sus banderas. ¿Cómo se deslizó Satanasita de las páginas de rock o de pop de Internet a otras páginas? ¿Cómo se fabrica una cadena de libros?

Todavía sé de memoria varios poemas de Las flores del mal, de Baudelaire y El durmiente del valle de Rimbaud. Los aprendí a los quince años, no porque me interesaran esos escritores, a quienes no conocía, sino porque estudiaba francés y me obligaron. Sin darme cuenta, había pisado el umbral de la poesía moderna. La persistencia de aquellos poemas aprendidos a los quince años, de algún modo, denuncia la estrechez anticultural de la pedagogía que indica que no hay que aprender cosas de memoria, ni fechas, ni nombres, ni poemas, como si anduviéramos por el mundo transportando los veinte tomos de una enciclopedia y ejemplares de cien “obras fundamentales” para consultar en caso de apuro.

Mi “cadena de los libros” empezó en aquellas clases de francés, donde mi obligación era, sobre todo, aprender los verbos irregulares. Hoy quizás Internet sea un eslabón de la cadena de los libros, que están separados por un clic de las páginas deportivas, las recetas místicas de la New Age o el narcisismo de millones de efusiones escritas o fotográficas. Satanasita tuvo la fortuna de clickear en las direcciones que mejor iban a servirle, aunque subsiste la pregunta: ¿cómo pasó materialmente de la pantalla al libro? Una investigación sociológica podría tener como tema su admirable tropiezo con la página escrita.

http://www.clarin.com/diario/2005/08/14/sociedad/s-1033085.htm

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"Estamos en las puertas de un nuevo sistema de partidos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 14-08-2005 00:00:00

JUAN MANUEL ABAL MEDINA (H)

Hay mejores condiciones para que surjan de la actual pelea electoral coaliciones políticas más cercanas a las dos visiones dominantes que existen en el país: una de centroizquierda y otra de centroderecha.

Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com

# Qué diferencia a la crisis de representación política en América latina de las que sufren las democracias europeas?

—Lo que se entiende por crisis de la representación política es un debilitamiento de la legitimidad de las instituciones de la democracia representativa. Es decir, la gente se siente menos representada, y por lo tanto, la legitimidad que tienen los Estados y los gobiernos para actuar en nombre de sus electorados es cada vez más puesta en cuestión. Esto ocurrió en todas partes, pero sus efectos dependen de cuán bien funcionó previamente la institucionalidad representativa; allí donde funcionó bien —Alemania, Suecia, Gran Bretaña—, el debilitamiento tiene menores efectos. Donde funcionó peor, o casi no funcionó, la desconfianza hacia las instituciones, el alejamiento de los partidos, la desafección política y la menor identificación partidaria han sido más fuertes. Además, dado que nuestras sociedades fueron creadas desde sus Estados, al debilitarse éstos, lo que deja de sostenerse es la propia constitución de la nación.

# ¿Qué incidencia tuvieron en esto las políticas y decisiones de los gobiernos?

—En varios casos hubo una abdicación de la voluntad política que tuvo efectos devastadores sobre la credibilidad ciudadana. La política no logró e incluso en muchos casos directamente renunció a transformar las sociedades para generar una mayor igualdad y desarrollo. La mayoría de nuestros países, 25 años después del restablecimiento de la democracia, son más pobres, más desiguales, más injustos de lo que eran antes. Por eso es que hoy la democracia en América latina está en peligro más por sus errores que por sus aciertos.

# ¿Errores de la democracia o de sus gobernantes?

—Durante la mayor parte del siglo XX, la democracia era cuestionada cuando avanzaba o quería avanzar, cuando se profundizaba, cuando aumentaba derechos sociales, cuando tenía un destino positivo para las mayorías que habían sido más relegadas. Entonces, se formaban "alianzas" para terminar con esos procesos y llegaban las fuerzas armadas y los sectores de poder a clausurar esos avances. Hoy el peligro, como señala Guillermo O'Donnell, es la muerte lenta, su agonía por incapacidad de transformar las relaciones de poder social.

# ¿Será que ahora hay continuidad y eso permite a los gobiernos equivocarse más y a los grupos sociales expresar su protesta sin temor a los golpes de Estado?

—Hay más posibilidad de equivocarse, y de eso hemos visto demasiado con los gobiernos que tuvimos, pero también de un aprendizaje social, y aquí sí hablaría claramente de una evolución. Sin duda, la realidad política latinoamericana hoy, con todos sus problemas y con las situaciones más graves, es más fuerte, más rica y más sólida.

# Sin embargo, cayeron varios gobiernos en los últimos años empujados por la movilización y la protesta social. ¿No es éste un indicador claro de debilidad institucional?

—Lo es en buena medida, pero encuentro aquí otro dato importante. La democracia no es sólo una cuestión de reglas. Lo es, en un sentido estricto e irreemplazable: elecciones, gobiernos legítimos y respetuosos de la ley, parlamentos activos y partidos representativos; pero también se define por el lugar que se le da a las demandas sociales. Cuando los aparatos estatales no quieren, no pueden o no saben avanzar en la dirección de una mayor integración social, entonces las demandas se expresan con protesta política en las calles y eso también es parte de la democracia. Antes terminaba en baños de sangre y represión. Ahora se tienden a buscar compromisos distintos, aun para el caso en el que se produce la salida forzada de un presidente o la caída de un gobierno. Que hoy los límites a las acciones de los gobiernos los ponga la calle y no sólo los factores de poder es parte de la maduración de la democracia, de su ampliación y su necesidad de incluir a los excluidos.

# Hay un papel representativo que no están cumpliendo los partidos políticos.

—Es el tema clave. Hoy es evidente que la democracia no puede funcionar sin partidos políticos fuertes. Donde estos partidos no existen o no representan esas demandas e intereses de los distintos sectores, la democracia tambalea. Hay países como Venezuela y Colombia donde los hubo y ya no los hay; y otros donde los hubo y los hay, son los casos más "exitosos": Uruguay o Chile. Incluso en algunos donde no era tan claro que existieran, como México o Brasil, hoy podemos ver un sistema de partidos más articulado. Aunque en este último caso, y con la experiencia argentina de los 90 a la vista, hay que estar alertas a los problemas que genera la corrupción como forma de obtener gobernabilidad.

# ¿Y en el caso argentino?

—En nuestro caso los viejos partidos mayoritarios no pudieron pasar la prueba de la continuidad democrática. Fueron capaces de resistir los quiebres autoritarios y el terrorismo de Estado, pero con la estabilidad institucional se fueron erosionando. Empezamos en el año 83 con dos grandes partidos nacionales y llegamos al momento actual, en el que no podemos decir que exista un solo partido nacional sólido.

# Pero siguen existiendo el justicialismo y el radicalismo

—Sí, pero más como tradiciones políticas o ligas flexibles de organizaciones provinciales que como partidos nacionales. No podemos ya hablar de bipartidismo, y mucho menos de un "partido dominante" o hegemónico.

# ¿Qué tipo de sistema de partidos representaría más genuinamente el espectro de opiniones y demandas sociales?

—Nuestro país necesita "normalizar" su sistema partidario. Esto es, partidos con liderazgos, dirigentes y grupos que tengan más o menos las mismas visiones del mundo, que opinen más o menos lo mismo de la economía, de la sociedad, del Estado.

# ¿Cuáles serían las ideas y liderazgos aglutinantes de esas nuevas fuerzas políticas?

—Uno puede agrupar una visión que se inclina por el cambio, la transformación, la igualdad en lo socioeconómico y la libertad en lo cultural, por un lado, frente a una visión que pondera más el orden, la tradición en lo cultural y la libertad en lo económico: lo que se suele definir como centroizquierda y centroderecha. La izquierda y la derecha siguen teniendo significado, aunque en la Argentina han vivido mezcladas entre los distintos grupos partidarios. Una transformación debería tender a juntar a quienes piensan parecido y separar a los que piensan distinto y representan intereses diferentes.

# ¿Se refleja ese nuevo espectro político en la actual competencia electoral?

—Hay una oportunidad, como tal vez nunca antes la hubo, para la construcción de un nuevo sistema de partidos. Las elecciones del 2003 pueden ser vistas como las más desestructuradas, pero también fueron las primeras en mucho tiempo en las que uno tenía relativamente claro qué representaba cada candidato, de alguna manera se "normalizaron" en términos políticos e ideológicos. Y ahora puede avanzarse hacia el mismo escenario.

# ¿Qué cambiaría sustancialmente, entonces, en estas elecciones?

—El Presidente tendría la oportunidad de concretar su propuesta de cambio y ruptura con lo viejo en la segunda parte de su período, contrapesar las lógicas de las corporaciones y aparatos políticos, avanzar con algunas de las reformas institucionales pendientes, como la transformación del aparato estatal y el funcionamiento del régimen político, la profundización del rumbo económico en la búsqueda de mayor empleo e igualdad en la distribución del ingreso. También sería bueno que otras expresiones de lo nuevo fuera del oficialismo consigan consolidarse.

# ¿Y si eso no ocurre?

—El poder de los caudillos provinciales se acrecentaría, con lo que podrán poner más límites a la construcción de un nuevo sistema político. En el peor de los escenarios, podría acentuarse el debilitamiento de los partidos nacionales, el fortalecimiento de ciertos aspectos "neofeudales" en varias regiones del país y, en síntesis, una mayor desestructuración del sistema político a semejanza de lo que tristemente viene ocurriendo en otros países de la región. Así de amplio es el horizonte de opciones que se presentan en el futuro inmediato.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/08/14/z-03615.htm

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Francis Korn: “Las encuestas son nada más que pasatiempos”

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 13-08-2005 00:00:00

El análisis de la socióloga y antropóloga

Cree que no son incompatibles los recursos novelísticos con el rigor científico de la sociología y así lo demuestra en algunas de sus obras más difundidas, como “Los huéspedes del 20” o “Buenos Aires, mundos particulares”. Pero a la hora de reflexionar sobre ese intríngulis que es el destino nacional, Francis Korn –la primera mujer argentina que se doctoró en Oxford, Inglaterra– prefiere circunscribirse sólo a aquellos temas previamente estudiados e investigados por ella en su ya larga trayectoria académica, lejos de toda ficción, especulación o mera opinión.

La rápida asimilación de los inmigrantes a la vida argentina, que tuvo como resultado un verdadero mosaico de culturas, es uno de sus temas de análisis. También la apabullante dimensión de aquel crecimiento, que convirtió a la Argentina “en el escenario de uno de los procesos sociales más satisfactorios dentro de su desmesurada y multiforme especie”, como contracara de los altos índices de pobreza y exclusión que predominan hoy.

Su mente científica rechaza las simplificaciones y las esquematizaciones en las que se suele incurrir a la hora de analizar “qué le pasó a aquella sociedad que se ensanchó tanto y tan de golpe con gente tan distinta, venida desde tan lejos". También sobre las explicaciones que se suelen dar acerca del papel que le cupo a la vieja sociedad criolla preexistente o a la conformación de las nuevas dirigencias en una sociedad en transformación.

Francis Korn, socióloga y antropóloga, es investigadora superior del Conicet, miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, directora del posgrado en Sociología de la Universidad Católica Argentina e investigadora del Instituto Di Tella. De extracción liberal, casada con el historiador Ezequiel Gallo, ha escrito también "Italia en la Argentina" y "Lévi-Strauss y las estructuras elementales".

-En su libro "Buenos Aires, mundos particulares", hay datos impactantes del despegue argentino, entre 1870 y 1914. ¿Qué pasó en aquella época para que fuera tan fácil progresar?

-Al hablar de este período, muchas veces se me acusa de tener una visión romántica. Pero lo que yo digo no es que en ese período no hubo pobres, sino que asombra lo rápido que disminuyó su número y cómo bajó la cantidad de analfabetos, así como la cantidad de gente que vivía en conventillos. Mientras tanto, seguían agregándose cientos de miles de inmigrantes pobrísimos por año. También asombra cómo se multiplicaban entre los recién llegados los empresarios industriales, los dueños de comercios, los propietarios de viviendas y de tierras.

-¿Qué pasó con la vieja sociedad criolla, preexistente a esa inmigración?

-Pasó a ser un porcentaje cada vez menor de la población total y rápidamente los argentinos tuvieron una gran proporción de gente que era primera generación en el país. La industria y el comercio en las ciudades pasaron a ser casi ámbito exclusivo de los recién llegados. En Buenos Aires, durante todo este período, entre el 80 y el 90 por ciento de los propietarios de industrias fueron extranjeros, los rentistas, los militares y los empleados de la administración nacional.

-¿Aquella clase dirigente fue desplazada, pero no verdaderamente reemplazada, por la que surgió de la inmigración?

-Yo no hablo de clase dirigente ni de viejas familias. Había una sociedad pequeña, que se fue mezclando. ¿El Jockey Club de Buenos Aires era la clase alta? Lo fundó Carlos Pellegrini, hijo de un inmigrante saboyano, y diecisiete de los cien miembros fundadores eran recién llegados, la mayoría inmigrantes irlandeses, domadores de caballos. Treinta y ocho eran hijos de extranjeros y veinte eran nietos de extranjeros. Sólo veinticinco tenían tres o más generaciones en el país. Unos eran ricos y otros eran pobres. Las viejas familias estaban mezcladas en un conjunto heterogéneo. Pero el Jockey Club no era el único lugar donde se encontraba gente de muy distintos orígenes y ocupaciones diversas. De la mezcla dan cuenta las nóminas de socios de cualquier club social nacional y también los apellidos de la gente tratada en los hospitales nacionales y municipales, o la nómina de vecinos de cualquier calle de las ciudades que crecieron de modo desmesurado.

-¿Cómo se produce el rápido pasaje del conventillo a una vivienda mejor?

-Los que se alojaban en la peor vivienda posible de la época, el conventillo, pasaron del 25 por ciento de la población total de la ciudad de Buenos Aires, en 1887, al 9 por ciento en 1919, a pesar de que la ciudad seguía recibiendo cientos de miles de inmigrantes pobres cada año. El llamado "conventillo" fue la peor vivienda posible del período, como decíamos, pero lo cierto es que, comparado con la peor vivienda actual, el conventillo se convierte en un alojamiento preferible. Para entender por qué la proporción de la población que habitaba en ellos fue bajando de manera drástica hay que decir que durante todo el período hubo ocupación plena y que la relación entre el precio promedio del alquiler de un cuarto de conventillo y los peores salarios de la época (los de albañil y herrero) era de alrededor del 22 por ciento. Siendo así, no es tan raro explicarse cómo aumentó el número de propietarios de vivienda, que no sólo creció más aún que la población, sino que creció durante el período, con un 60 por ciento de extranjeros entre ellos. Lo que quiero destacar es que el ahorro para llegar a la vivienda mejor y propia no era una mera ilusión.

-En su libro se dice que el proceso se inició en 1931, hace 74 años, y que a partir de entonces no hizo sino profundizarse hasta configurar el cuadro de decadencia al que asistimos hoy. ¿Es así?

-En 1931 aparece la primera villa, fruto de una autorización del gobierno para dar albergue transitorio a un grupo de inmigrantes polacos que ocupaban entonces los galpones de Puerto Nuevo. En 1932, debido a que los ocupantes colmaban el lugar, se comenzaron a poblar los terrenos baldíos frente al Club de Pescadores y el gobierno levantó un campamento de desocupados, al que denominó "Villa Esperanza". Pero yo no caracterizaría al proceso como un desarrollo sin prisa y sin pausa, ya que no es hasta entrada la década de 1940 cuando aparecen formaciones parecidas.

-¿Con el peronismo?

-Así es. Con el peronismo y con la famosa ley de alquileres. La sanción de un decreto de 1943, que rebajaba los alquileres en diferentes porcentajes de acuerdo con el monto a pagar y que establecía que, en caso de que el contrato de locación se venciera, no se le podía exigir al locatario la desocupación del bien hasta después de un año y medio de ese vencimiento, benefició a parte de los inquilinos, pero trajo como contracara un mercado sin ofertas para los potenciales nuevos locatarios. Se había terminado la idea de que construir para alquilar era un buen ahorro para la vejez. En 1946, se ahondó esta nueva dirección con la ley que prorrogó las locaciones y congeló los alquileres. "No hay bien que por mal no venga", pareció ser el resultado del afán por proteger a los inquilinos. En 1948 se dispuso por decreto construir 59 pabellones de cartón prensado y techos de ruberoid. Así surgió "Villa Cartón". Le siguieron "Villa Jardín" y luego "Villa Tranquila" y, para los años 50, "Villa Piolín", "Villa Medio Caño" y otras.

-¿Cómo habría que resolver el tema de las villas miseria?

-Una vez instaladas, creo que son muy difíciles de revertir. Lo más grave es que establecen una suerte de división social entre los ciudadanos que tienen que conducirse legalmente y los que quedan exceptuados de los deberes que eso implica. Crean dos tipos de ciudadano y aquí sí uno puede hablar de diferencias sociales en serio, donde algunas personas tienen derechos y obligaciones distintas de las otras, donde algunas tienen que pagar el terreno, la luz, el cable y otras, no. Un pobre que no habita en una villa, sino en cualquier otro lugar de la ciudad, tiene obligaciones que un villero no tiene, y eso contribuye a que al villero no le resulte tan atractivo pasar a otra situación. No le conviene.

-¿Cómo se sale del subsidio?

-Es una pregunta para la que no tengo respuesta. Aunque una cosa es obvia: si se castigara menos a la inversión y a la producción habría mas empleo y mejores oportunidades para salir de la pobreza. Esa es la manera liberal de salir de esto. Pero, claro: no les sirve a los políticos para seguir existiendo... Los votos de los políticos hoy son esto... Yo no soy candidata a nada, ni quiero serlo. Lo que no se comprende es que el discurso político de nuestro país tenga tan pocas referencias acerca de cómo se debería resolver este problema.

-La Argentina fue, después de los Estados Unidos, el país que más inmigrantes europeos recibió. ¿Cuáles son, según su análisis, las principales causas del desigual destino posterior de ambos países, promisorios a principios del siglo XX?

-La decadencia argentina no comienza hasta alrededor de la mitad del siglo XX. Las diferencias en el desarrollo de ambos fenómenos tienen que ver con la estabilidad política, la eficiencia de los marcos jurídicos e institucionales en general, la cantidad de trabas a la actividad productiva, la excesiva burocratización de cualquier emprendimiento en favor del progreso de la educación, la ciencia, la salud y cualquier otro aspecto social que beneficie a todos. Quizás un buen indicador para medir la salud de un sistema social sea medir la proporción del gasto en empleo público. Y en eso no estamos, seguramente, muy bien ubicados.

-¿Coincide con quienes sostienen que las voces de centro y de derecha desarrollaron una reflexión predominantemente económica, pero muy débil en otros campos?

-No coincido. Eso es lo que se les señala a los llamados liberales, pero debo decir que algunos pensadores que pueden calificarse de liberales han hecho contribuciones importantes en el campo del análisis político e histórico. Estoy hablando de Natalio Botana, de Carlos Floria, de Ezequiel Gallo, de Roberto Cortés Conde, de Gerardo della Paolera. No sé en quién están pensando cuando dicen eso. Revisando incluso anteriores entrevistas de esta misma serie, se encuentran muchos de estos aportes. Por otro lado, también los pensadores considerados de izquierda o que se autodenominan así apelan sobre todo a consideraciones de orden económico para señalar lo que habría que modificar en la sociedad. En cuanto al tan mencionado adjetivo "neoliberal", tampoco contribuyó a clarificar las ideas. En general, se usó para señalar actitudes y medidas que muy poco tienen que ver con lo que siempre se consideró liberalismo.

-¿Cree que una sociedad libre puede enfrentar la amenaza extremista sin que sus habitantes pierdan libertades civiles y sin que caigan justos por pecadores, como sería el caso del electricista brasileño abatido por error en Londres?

-Se van a perder libertades civiles; es inevitable. Por otra parte, eso es lo que buscan los terroristas. No es un tema simple. Me preocupa que al deplorable error en el caso del brasileño se le dé más importancia que a los ataques terroristas. Por supuesto que el error es espantosamente trágico, pero seguramente no hubiera ocurrido de no haber existido los atentados. Y, por supuesto, también para combatir al terrorismo hay que apelar a medidas que incomodan a todos los ciudadanos, lo que no quiere decir que haga falta un gobierno autoritario para llevar adelante las medidas que sean necesarias. Lo que se necesita tener en claro es cuáles son acciones delictivas y combatir eficientemente al delito con la celeridad necesaria como para poder encontrar a los culpables. Para esto es claro que hoy en día hay que tener la voluntad de estar preparado.

-Como especialista en metodología de las ciencias sociales, usted ha puesto en duda si las encuestas electorales son pronósticos científicos, dado que sus resultados con frecuencia no coinciden con los de los comicios. ¿Cómo ve las elecciones de octubre y las predicciones que, por el momento, se están haciendo de sus posibles resultados?

-Es cierto que he analizado muchas veces la pobreza de las encuestas de opinión como posibles instrumentos de medición, pero tampoco he propuesto que se las reemplace por la adivinanza. Falta demasiado para las elecciones de octubre como para emitir una opinión sobre cuál puede llegar a ser el resultado. Lo que quienes votarán piensan en este momento puede cambiar radicalmente hasta el momento de la elección. Si las encuestas de opinión se realizan no para predecir, sino para tratar de sumar conocimiento sobre el funcionamiento de la mente humana y de la toma de decisiones, bienvenidas sean. Pero hace falta que quien las realice tenga una buena preparación en estadística, lógica e historia, como para no producir los tontos resultados que, sólo con raras excepciones, nos ofrecen hoy.

-¿Tontos resultados? ¿Entonces a qué atribuye que las encuestas sean tan requeridas por los medios y por los lectores?

-Creo que su éxito reside en que a todos nos gustaría conocer el futuro. De allí la proliferación de videntes y adivinadores que hay en el mundo. Cuando digo "tontos resultados" me refiero a que si tantas veces en tantos lugares -Francia, España, Perú, Gran Bretaña, la Argentina- las encuestas preelectorales vaticinaron tan mal lo que iba a ocurrir, ¿por qué habríamos de confiar en aquellas en las que nunca se podrá comparar el resultado con el universo real? Muchos de los que realizan encuestas de opinión por muestreo dicen que sus métodos son científicos. Es una rara definición de la ciencia aquella a la que no le interesa cuál es el resultado de las investigaciones.

-¿Por qué se siguen haciendo?

-Porque es una diversión. La gente quiere saber qué va a pasar. Por eso yo llamo a las encuestas "pasatiempos mundanos". A los políticos les sirven, porque muchas veces la gente vota a ganador. Pero con la ciencia tienen poco que ver. Al que quiere vender una vacuna le viene bien decir que esa vacuna sirve... ¡aunque no sirva! En ese caso, moriría gente, pero con estas estupideces y vaticinios no pasa nada. La sociología no mata a nadie.

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=729675

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Bombas y pecados

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 13-08-2005 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

El sistema no da. Aquí en Alemania aumentan las críticas a la globalización capitalista y a Bush. Se aguarda con nerviosismo cada fin de mes para ver si aumentaron los cinco millones de desocupados. La eliminación de parte de las leyes de protección social ha causado una desesperanza más que triste. Ayer los medios anunciaban la posible suba de la edad para jubilarse a setenta años. Actualmente es de 65. Pero, dice la mayoría: ¿si con 65 años hay millones de desocupados, ahora quieren hacer trabajar a los viejos cinco años más? El nuevo Partido de la Izquierda aumenta sus votos. En el Este alemán van primero las regiones de la antigua RDA, la comunista. Los conservadores de la Democracia Cristiana, antes favoritos para las elecciones del 18 de septiembre, van perdiendo los votos que les asignan los pronósticos. Florecen las críticas y la búsqueda de otros sistemas económicos. El pacifismo se va adentrando en los barrios populares. Ante la pérdida de creyentes, la Iglesia Católica se propuso un gigantesco encuentro en la ciudad renana de Colonia. El Día Mundial de la Juventud Católica. Se espera un millón de jóvenes y a Ratzinger, el Papa.
El acto es considerado fundamental para parar la baja de miembros de la Iglesia Católica más poderosa –financieramente– del mundo. Ratzinger va a demostrar que puede fortalecer a la decaída Iglesia.
Causó conmoción la medida del nuevo Papa. Para atraer al acto a los jóvenes, el Papa dictó una Bula de Indulgencia Total. Quedarán libres de pecados todos los jóvenes concurrentes que confiesen sus pecados, que reciban la comunión y que recen. Para los que no concurran al encuentro —que comienza el martes próximo– se dictó una indulgencia parcial, siempre que recen para que la juventud católica sea fortalecida en su fe.
Se han levantado voces críticas contra ese proceder del Papa. Se dice que al hacerlos rezar, tomar la comunión y confesar los pecados, el Pontífice no promueve un mundo de esperanzas, sino que eso es pensar sólo en sí mismo: la única meta es salvar su alma. Cuando tendría que promover a la juventud a luchar por un mundo sin injusticias, sin hambre y miseria, sin guerras, sin explotación del hombre por el hombre. Por la paz eterna.
El historiador Markus Baruk recuerda que el comercio de la indulgencia fue una de las causas que llevó a Lutero a romper con Roma y convertir a Alemania en el país de la Reforma. Explica que fue el papa León X quien proclamó la indulgencia plenaria al que diera dinero para la construcción de la Iglesia de San Pedro. Había una lista muy precisa de precios para evitar reclamos. La pena más cara era de doce ducados para los que habían cometido impudicia con animales (sodomía). Para quien había cometido robo en la iglesia o perjurio, nueve ducados; por poligamia, seis ducados. “Sorprendentemente barato”, dice el historiador, era el parricidio: cuatro ducados; brujería, con dos ducados. Fue el mejor negocio para asegurarse el futuro del alma. Fue famoso el cura Juan Tetzel, quien vivió entre 1465 y 1519, un genio de la venta de indulgencias papales. Tenía el slogan: “Cuando el dinero suena en la caja, el alma salta al cielo”. Hasta había puesto precio para salvar el alma de los que habían soñado con violar a la Virgen María. Así se salvaban del infierno y podían ir al cielo.
Lutero se opuso al concepto indulgencia. Eso hizo que el Papa perdiera mucho dinero, pues la indulgencia cayó en descrédito. Pero la indulgencia sigue en versión “light” –dice Baruk– y “hoy vale la confesión, la comunión y la oración en el Día Mundial de la Juventud Católica y, concurrir, es como arrojar agua a las brasas ardientes del Purgatorio”.
Quien organiza este acto monumental de la juventud católica es el cardenal Meissner, de la ciudad de Colonia, quien aseguró que ha rezado mucho para que Dios venga a recibir a los jóvenes. Repitió palabras del papa Juan Pablo II, quien dijo que “la juventud es como un rebaño sin pastor y debemos guiarlos hacia los manantiales y alejarlos de las cisternas como el sexo, las drogas y el alcohol”. El cardenal atacó a los teólogos críticos del personalismo y autoritarismo del papado, Drewermann y Küng, quienes sostienen que la Iglesia debe retomar el camino de Jesús y hacer un mundo de solidaridad. Los calificó como teólogos de “anteayer”. Cuando se le preguntó por qué la Iglesia gastará tanto dinero en el acto si al mismo tiempo había despedido a empleados de la Iglesia de Aquisgrán, respondió que “la Iglesia debe repensar planes y dar marcha atrás para asegurar que cada niño católico tenga un lugar en su kindergarten”. “En los últimos 30 años, el obispado de Colonia ha perdido 200.000 creyentes. Por eso no podemos mantener todas nuestras instituciones.”
El acto de Colonia le va costar 26 millones de euros a la Iglesia, a pesar de sponsors y ventas de objetos religiosos. Merchandising, como se dice. Se venderán reproducciones de la catedral de Colonia, con nieve, a 12 euros; paraguas de bolsillo, a 13 euros; remeras, todo con la inscripción “Día de la Juventud Católica”. Ojalá esta enorme reunión no se convierta sólo en una demostración contra el preservativo y la píldora. Tal vez, con León XII pagando 14 ducados se hubieran podido usar en el amor sin pecar. Hoy es el principal tema para Ratzinger, más el aborto.
En esta Europa aflige mucho más una posible guerra contra Irán por parte de Bush. El artículo más leído de la semana fue una crítica al Corán, donde Karl Wand traduce el Sure 47:4: “Si llegaras a encontrar a un infiel, córtale el cuello y haz un baño de sangre”. El musulmán Ayyub Mühlbauer protestó contra esa versión diciendo que la correcta traducción es: “Si en el campo de batalla te enfrentas con un ateo, golpéalo con la espada en la nuca. Cuando lo hayais vencido, ponedle las esposas para luego darle la libertad a través de la clemencia, o cobrándole rescate”.
Tal vez la segunda sea la versión cierta. De cualquier manera, nos dice de qué manera cruel las religiones llevaron a situaciones que nada tienen que ver con lo que tendrían que enseñar: la tolerancia, el no a las armas y a la violencia, el respeto por la vida y su naturaleza.
Eso no lo ha pedido últimamente ningún ministro de Dios, sino el presidente de la Internacional de Médicos contra la Guerra Atómica, el alemán Ulrich Gottstein, en un acto en Hiroshima. Dijo: “Desgraciadamente, los Estados Unidos prosiguen el armamentismo nuclear, oficialmente y en secreto, que fijó hace dos años a causa del acto terrorista del 11 de septiembre del 2001. Es decir, que no cumple más con el artículo VI del tratado de cese de las armas atómicas de 1970. Estados Unidos se había comprometido a suprimir las armas atómicas con la meta del total desarme nuclear. Ahora, la administración Bush proseguirá el desarrollo de armas atómicas. El efecto de esa doctrina será que todos los Estados que poseen armas atómicas, y otros, que quieren tenerlas, seguirán el dañino sendero de EE.UU. La administración de ese país le quiere enseñar al mundo que los ataques terroristas de los fundamentalistas se pueden derrotar con poder militar y una nueva estrategia atómica. Ese país no ve que elevando el potencial de pequeñas armas atómicas se aumenta el riesgo de que algún día también los terroristas pueden llegar a tener esas armas. Los médicos descubrimos en la posición anímica de la administración de Bush, una psicosis. Albert Einstein escribió en 1931: ‘La técnica y la ciencia florecen para la perdición del hombre cuando faltan las fuerzas morales’. Por eso sólo puede haber una exigencia: la eliminación y destrucción total de las armas atómicas en todo el planeta. Es la deuda que tenemos con las víctimas de Hiroshima y Nagasaki, pero también cuando pensamos en nuestros hijos y en los hijos de nuestros hijos”.
De ahí que en vez de rezar para que la juventud no use más preservativos y píldoras, la lucha tiene que concentrarse contra la muerte para todos. No contra las defensas del amor sino contra las armas de la muerte.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-55026-2005-08-13.html

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"La Argentina no es consciente de su potencial", dice Iglesias

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 10-08-2005 00:00:00

Para el ex jefe del BID, la confusión entre liderazgo y mesianismo es temible

WASHINGTON.– En sus 17 años como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias encontró –y todavía lo lamenta– un denominador común entre los líderes latinoamericanos, incluidos los argentinos: “El inmediatismo”, dice.

También esa temible confusión entre liderazgo político y mesianismo. “Los políticos suelen obsesionarse con la búsqueda de un nuevo modelo, de la solución, del paradigma mágico, en lugar de aprender de otras experiencias, de otros países”, explica.

Añade que eso en la Argentina se combina con discusiones circulares y ya agotadas. “Algo ha pasado en la Argentina, donde el debate es obsoleto y se discuten los mismos temas que hace 20 o 30 años”, dice.

Iglesias tiene un cariño evidente por el país. Tan claro que, en lo peor de la crisis que arreció desde 2001, él abogó por la Argentina ante la ahora secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y se enfrentó con la número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI), Anne Krueger. Aceptó un nuevo período en el BID, dice, para ayudar al país. “¿Cómo podía irme? Ahora la crisis ha pasado”, explica.

Pero Iglesias es más que el hombre que deja la presidencia del BID. Nacido en Asturias, uruguayo por opción, economista, ex profesor universitario, ex Cepal, asumirá en Madrid como secretario ejecutivo de las cumbres iberoamericanas de jefes de Estado. Toda América latina le reconoce sus esfuerzos por sostener la democracia en la región, que él califica de democracia “en riesgo” desde hace años por la pobreza, el reparto injusto de la riqueza, las instituciones débiles y la dirigencia mediocre, contracara de líderes como Domingo F. Sarmiento, destaca, que impulsó la educación como herramienta de desarrollo individual y social.

–Usted dice que la democracia peligra en América latina. ¿Por qué?

–Porque la situación social en la región es dramática y tenemos situaciones muy graves de postergación social, con demandas insatisfechas que se manifiestan a través de formas de expresión pública que no habíamos visto nunca, como los movimientos casi antidemocráticos en las calles, en clamor de reivindicaciones de todo tipo, en lugar de apelar a las instituciones. Así se puede terminar con los gobiernos elegidos democráticamente. La dirigencia política a veces tampoco está a la altura de las circunstancias internacionales y regionales. Siento que la complejidad de la coyuntura exige una calidad política que muchas veces no está presente y que los partidos políticos no responden aún a la calidad que se les exige ahora en América latina. Y si la democracia como procedimiento no va acompañada por instituciones sólidas, surgen posibles desviaciones o rupturas, riesgos para las democracias. Afortunadamente eso todavía no se ha dado en América latina como bloque, y espero que no se dé, pero son elementos que no se deben soslayar. La democracia debe ser encauzada por canales adecuados. Y eso está fallando en América latina.

–¿Percibe, como otros en Washington, que el populismo es un riesgo creciente en la región?

–El concepto “populismo” se maneja con bastante ambivalencia. El populismo requiere recursos, y cuando éstos no están disponibles, no tiene muchas perspectivas. El populismo cuesta dinero. Si no hay fondos, no puede prosperar, porque deriva en crisis inflacionarias o en crisis de balanzas de pagos y se termina la aventura. Por eso también percibo en América latina que incluso gobiernos que llegan con banderas progresistas y de cambio ven las realidades objetivas y actúan con prudencia. Reconocen las limitaciones que tienen las funciones económicas. Los países tienen grandes limitaciones externas, impuestas por las realidades internacionales, y es importante reconocerlas para actuar con sensatez y mucho pragmatismo.

–Movimientos antidemocráticos, instituciones débiles, atraso tecnológico, globalización…

–También están las grandes disparidades que hay en las sociedades de esta región. Son la mayor fuente de inestabilidad y de inquietud social, mucho más que la pobreza. Cuando se comparan las estadísticas de distribución del ingreso se corrobora cuán mal está América latina con respecto al resto del mundo. Eso imposibilita la cohesión social, genera grandes enfrentamientos y, por tanto, perturba el funcionamiento normal de una sociedad.

–¿Cómo se corta la iniquidad?

–Ese es el punto difícil. Aun países que avanzan mucho en sus procesos de desarrollo económico, como Chile, están muy preocupados por cómo la modernidad económica acentúa, muchas veces, la relación distributiva injusta en sus países. Revertirlo lleva tiempo y paciencia. Hay que invertir en educación, fomentar el acceso a las oportunidades que ofrece la economía, el acceso al crédito y a la tierra.

–¿Prevé que el contexto que impulsa a la Argentina y a la región –dólar y euro altos, tasas de interés bajas, commodities apreciados– se puede revertir en el corto plazo y se pierda, así, una nueva oportunidad?

–Las “vacas gordas” de los últimos años para América latina estuvieron vinculadas con el ingreso del poder de compra asiático en el mercado mundial, en especial, el ingreso de China. Eso durará, porque esos consumidores continuarán comprando. Y en esa apertura creo que la región tiene una oportunidad como productora privilegiada de materias primas: alimentos, minería, energía, recursos forestales y marítimos. Esta oportunidad es enorme. Pienso especialmente en la Argentina, que tiene una posición privilegiada. Tiene una nueva oportunidad, que tendrá altibajos, como todo ciclo, pero que en el largo plazo es atrayente para un país que tiene claras ventajas comparativas.

–Eso también podría representar una condena para la Argentina, limitada a la exportación de materias primas y productos de bajo valor agregado…

–El ingreso de China en los mercados demuestra que los precios se han tonificado gracias a su demanda, que es muy vigorosa y sostendrá los precios en el mediano plazo. El otro tema es, claro está, que sólo con materias primas no se hace patria. Faltan más y mejores puestos de trabajo, pero esa demanda es una palanca fenomenal para impulsar otras áreas de la economía, hacer una reforma estructural y buscar nuevas formas de industrialización y de prestación de servicios en el mundo.

–El Banco Mundial y el BID calculan que América latina requiere unos 70.000 millones de dólares por año para desarrollar su infraestructura. Pero recibe menos, y los invierte mal.

–Desde luego. Se necesitarían decisiones racionales, inteligentes. Se pueden invertir US$ 70.000 millones y no resolver los problemas. En cualquier lista de prioridades es central invertir en educación. Un informe de la OECD demostró cómo los niveles de educación que tenía Europa en 1850 reflejan los niveles de distribución del ingreso que hay hoy en esa región, cómo el patrón educativo condicionó el distributivo. América latina tiene un profundo déficit en el área educativa, no tanto de acceso, sino de calidad.

–¿Cómo se mejora la calidad de la educación si aún se discute en la Argentina si hay que becar a los científicos o si la universidad debe ser gratuita y de libre acceso?

–Aplicando recursos a la educación, dentro del problema macroeconómico que vive el país, porque la educación compite con otras demandas necesarias. Sin embargo, insisto, no se invierte tan poco en educación, sino que se invierte mal. Es un déficit muy importante. La calidad de la educación depende de que se dispongan más recursos y de que se usen mejor los disponibles. En todos los niveles. La preescolar, la primaria, la secundaria y la superior, que muestra deficiencias muy grandes y muy graves. La educación superior, que se vincula directamente con la economía del conocimiento, representa un papel central en nuestras economías. En la Argentina, por ejemplo, tienen experiencias notables en materia tecnológica. Han tenido premios Nobel. La base sobre la cual hay que construir en su país un sistema de educación superior de altísima calidad está allí, latente.

–¿Cómo se explica la importancia de la educación y la globalización a líderes que les huyen a las nuevas tecnologías, que jamás salieron del país o que creen que cerrar la economía es la mejor opción?

–[Sonríe.] Pues habría que preguntarles a Sarmiento y a José Pedro Varela [político y pedagogo uruguayo de fines del siglo XIX] cómo hicieron en su momento para despertar la necesidad de la educación en sus naciones. Los cambios siempre están basados en los liderazgos políticos que tengan la suficiente visión. ¿Cómo hizo Irlanda para ser hoy el país que es? Colocando la educación como su prioridad veinte años atrás. Hay líderes que sin haber recibido educación formal han comprendido el papel de la educación.

–Usted insiste en que los argentinos no tienen en cuenta su potencial. ¿Por qué?

–La Argentina no es consciente de la enorme capacidad, del potencial que tiene y ha tenido. Ya es un lugar común recordar que en los años 20 tenía uno de los ingresos per cápita más altos del mundo y que lo había logrado a partir de una estructura económica y social muy particular. A veces, la Argentina desconoce que tiene un potencial fenomenal. La calidad del recurso humano argentino está por encima del observado en el resto de América latina. ¿Qué falla entonces? Las instituciones y los sistemas políticos, que deben responder a las nuevas realidades.

–¿Avizora entonces una segunda etapa de reformas estructurales?

–Las reformas deben ser, en realidad, un estado permanente. Los países deben adaptarse continuamente a las condiciones que provienen del resto del mundo, de las transformaciones tecnológicas. Se observa en los países industrializados, que buscan nuevas formas institucionales para adaptarse a los nuevos imperativos. Estamos en un mundo cada vez más interconectado, nos guste o no. Eso implica jugar con reglas de juego condicionadas por el contexto internacional. Aunque, también es cierto, hay que administrar esa integración. Hay que racionalizarla, impulsar políticas que maximicen sus beneficios y reduzcan los riesgos.

–Tras 17 años como presidente del BID, ¿qué aprendió de los líderes latinoamericanos?

–Que hay que luchar contra el inmediatismo, contra las crisis, las urgencias. América latina se está quedando atrás en lo tecnológico. Algo ha pasado en la Argentina, por ejemplo, donde el debate es obsoleto y se discuten los mismos temas que hace 20 o 30 años.

–¿Y aun así usted invertiría todo su patrimonio, o parte de él, en el país?

–¡Oh, sí! La revolución agrícola que ha hecho la Argentina en los últimos 20 años es espectacular. La capacidad de expansión que tiene el sector de la agroindustria en la Argentina, en este mundo en demanda permanente de alimentos, es fantástica. El descubrimiento de los recursos minerales que tiene durmiendo la Argentina es otro eje muy importante. El turismo, que su país ha explotado poquísimo, abre oportunidades enormes. Y la relación recursos-población es excepcional y de calidad. La Argentina tiene una base de desarrollo impresionante. El debate es cómo plasmar esas posibilidades en realidad. Es una cuestión de liderazgo político y reformas institucionales.

Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=728768

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Títeres: misterioso encanto

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 07-08-2005 00:00:00

¿Cuál es la clave la atracción que ejercen los títeres? Tal vez su falta de realismo en un mundo que aspira a la precisión.

POR BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Sentado a un gran piano de cola, el muñeco de frac negro se agitaba sobre las teclas, saltaba y se sostenía en el aire, volvía a caer, se inclinaba hasta los pedales, separaba las manos para alcanzar los más graves y los más agudos al mismo tiempo, bamboleaba la cabeza, suspendido en la ensalada de notas que extraía del instrumento. En su frenesí paroxístico, imitaba el estilo del gran pianista romántico. Desmelenado como corresponde a ese estilo, de vez en cuando se llevaba una de las manos a la frente, apartaba el mechón que le caía sobre los ojos y sacudía todo el cuerpo como si la música incomprensible que estaba produciendo lo electrizara a él mucho más que a su auditorio. Todo era perfectamente ridículo, y la parodia tenía mucha más eficacia que si la hubiera representado un artista humano. Era uno de los legendarios títeres de Podrecca, la compañía italiana que visitó con frecuencia Buenos Aires en los años treinta y cuarenta. Yo estaba allí, en la platea y nunca había visto algo igual: títeres del tamaño de personas, movidos por hilos que colgaban de las manos invisibles de los titiriteros.

De aquella noche no recuerdo sino esa parodia del pianista romántico, pero fue suficiente. En los años que siguieron vi títeres muchas veces y tuve que preguntarme por qué me atraían tanto. No trataba de revivir nostálgicamente aquel remoto recuerdo. Al contrario: los muñecos de vanguardia, diseñados por Oskar Schlemmer en la Alemania de los años veinte me parecen tan misteriosos como las clásicas marionetas italianas, los puppi napolitanos, y los maniquíes, muñecos, muebles y enseres usados por un grupo como El periférico de objetos, que dejaron su marca en el actual teatro argentino. Pero hay que recordar que los títeres llegaron acá con los inmigrantes italianos de fines del siglo XIX: arte popular que se incorpora al cajón de herramientas de la vanguardia del XX.

Hace pocos días fui a ver el Primer ciclo de títeres para adultos, con cinco obras de gente muy joven, que las agrupó debajo del dibujo y el nombre de Triciclo. Muchos de estos nuevos titiriteros salen de la Escuela del Teatro San Martín de Buenos Aires y están listos para todas las exploraciones: teatro de sombras, muñecos, marionetas, objetos cotidianos, máscaras y telas. Los titiriteros, vestidos de negro, son diestros ejecutantes invisibles de sus muñecos, a los que mueven con las manos, con hilos, con bastones y varillas.

Después de tres horas salgo del teatro, que se llama El Callejón de los Deseos, nombre apropiado a lo que allí se muestra. Me pregunto nuevamente sobre la causa de la extrañeza e inestabilidad que suscita la experiencia de los títeres. Quizá lo primero sea la ausencia del cuerpo del actor. Estamos habituados a una cultura visual donde el cuerpo es prácticamente todo: un logotipo, un imán, una firma. Los títeres en cambio son esquemas a mitad de hacerse, imitaciones que no imitan de modo realista (nada más lejos de un títere que una muñeca estilo Barbie); no aspiran a las bellezas de un canon de mercado publicitario o de cualquier otra estética.

En una cultura de la precisión hiperrealista como la actual, los títeres no son realistas.Y este es su efecto liberador: salimos del encierro donde incluso los objetos imaginarios deben parecer reales, como sucede en las películas de ciencia ficción. En cambio, como la ópera, los títeres no tienen obligación de representar ninguna realidad. Son cuerpos por la mitad: a veces sin piernas, porque allí van las manos del titiritero; a veces sin torso porque lo reemplaza un paño de tela; a veces planos porque son de papel o se los ve proyectados como sombras de una linterna mágica. Incluso pueden ser ropas sin cabeza, flotando por el escenario.

Son una simbiosis temporaria entre el titiritero y su muñeco. Ese acople hace andar una máquina extraña, en la que la parte humana debe desaparecer lo más posible para que la parte extrahumana exista en su movimiento. El efecto tiene siempre algo perturbador. Si no me cree, deje a los chicos en casa con el televisor y vaya a ver títeres.

http://www.clarin.com/diario/2005/08/07/sociedad/s-1028881.htm

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"La próxima reforma educativa debe centrarse en los docentes"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 07-08-2005 00:00:00

EMILIO TENTI FANFANI, SOCIOLOGO

Formación, condiciones de trabajo y salarios deben ser el eje de una nueva política que logre consensuar las demandas corporativas de los docentes con los intereses de la sociedad toda.

Analía Roffo.
aroffo@clarin.com

# Hay dos opiniones casi antagónicas sobre los docentes: se los juzga responsables o víctimas del deterioro educativo. ¿Cómo armamos una imagen más precisa y justa?

—Los docentes son el factor estratégico de la calidad de la educación. De todos los factores —el programa, el edificio escolar, las bibliotecas, los equipamientos—, el clave es el humano. Nos equivocamos si analizamos el problema de la educación en términos de víctimas o culpables. Es simplista y errado.

# Usted realizó a partir del año 2000 una encuesta para averiguar cómo son y qué piensan los docentes de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. ¿Pudo recopilar datos no simplistas?

—Creo que sí. La encuesta confirma datos ya conocidos y revela unos cuantos nuevos. Enumero algunos de los primeros: por ejemplo, los docentes de educación básica son predominantemente mujeres, la distribución por edades es estándar, están fundamentalmente dedicados a esa actividad (solamente un 17% tiene otra actividad laboral remunerada). Se confirma también que en su absoluta mayoría prevén permanecer en el sistema educativo en los próximos años, que realizan esfuerzos importantes para capacitarse y tienen una fuerte vocación y un gran compromiso ético con su profesión. Y por último, son conscientes de que la formación de seres humanos tiene una dimensión política.

# ¿Cuáles serían los rasgos novedosos?

—La ubicación que tienen en la estructura social. En el año 2000, en Argentina, justo antes de la crisis, es sorprendente que un 8% del total de los docentes de primaria y secundaria, pública y privada, vivieran en hogares con ingresos por debajo de la línea de la pobreza.

# ¿Por qué se sorprende? Es una profesión con salarios bajos...

—Ya lo sé. Lo que sorprende es que los maestros tienen un contrato de trabajo formal. No son ni subempleados ni desempleados, ni informales ni precarios. Si usted quiere, no es un dato "sorprendente" sino grave. Otra cosa que llama la atención es que no todos los docentes dependen igualmente del salario que perciben para vivir. Nosotros les preguntamos cuál es el total de ingresos que percibe el hogar donde ellos viven y qué porcentaje representa el salario docente del total de los ingresos disponibles en el hogar. Hay un porcentaje importante para los cuales el salario docente representa el 70% o más del total de los ingresos. Creo que hay un 30-35% que prácticamente depende de lo que gana como docente. Pero en el otro extremo también tenemos un porcentaje —que pueden ser gente joven, esposas de profesionales— que viven en hogares donde el ingreso docente representa el 30% o menos del total de los ingresos disponibles. Otras diferencias abismales son las que se dan según las regiones: el cuerpo docente aparece tan fragmentado como la sociedad argentina.

# ¿Eso influye en la imagen que tienen de su profesión?

—Les preguntamos sobre los fines de la educación y sobre cómo ven ellos su propio rol como maestros. Con respecto a los fines, en los cuatro países aparece un consenso predominante acerca de que la educación debe desarrollar la creatividad y el espíritu crítico. Es una función muy noble e importante, pero entre las otras alternativas aparecía también el transmitir conocimientos actualizados y relevantes. Ese ítem fue elegido, en Argentina, sólo en un 28%.

# ¿Le parece riesgoso?

—Sí, porque uno debe plantearse cuál es la viabilidad de lograr ese objetivo tan noble como es el desarrollo de la creatividad y el espíritu crítico, si al mismo tiempo no se insiste en una previa apropiación del conocimiento acumulado en la sociedad. Entonces, me da la impresión de que los maestros están reflejando el predominio de ciertas concepciones pedagógicas, críticas de una visión tradicional de la educación como mera transmisión. Pero el peligro es que por escapar de un exceso se pueda caer en otro, como es perseguir la eventual creatividad sin ninguna base sólida ni herramientas adecuadas. Nadie crea de la nada.

# En general, ¿los docentes se sienten acompañados por las autoridades de la escuela, por las instituciones, por el ministerio?

—Ahí hay fricciones. Cuando se les pregunta cuáles son sus principales problemas, casi la mitad siente que no recibe el apoyo suficiente por parte del sistema ni directivas claras. La Argentina, comparativamente con el resto de los países, es el que manifiesta el más alto índice de desconfianza con respecto a la institución. No a la figura de un ministro, sino al Ministerio de Educación en general. Esto vuelve difícil hacer política educativa, porque cualquiera que asume cargos de responsabilidad debe saber que parte con desventaja y que primero debe conquistarse la confianza de los docentes.

# ¿Sólo las instituciones son problemáticas para los docentes?

-No, en sus respuestas aparecen otras quejas: la relación con los padres y el nivel socioeconómico de los alumnos. Era previsible que apareciera el tema de los padres, porque la tarea de educar es compartida: requiere de un pacto entre la familia y la escuela. Y hoy en día, las familias, que han sufrido grandes transformaciones, no siempre están dispuestas a acompañar la escolarización de los chicos o no cuentan con los recursos. Por otro lado, las relaciones de poder entre las generaciones variaron mucho y todavía no hemos encontrado el equilibrio. Le cuesta al padre con sus hijos y a los docentes en las escuelas establecer una relación de autoridad clara y firme.

# En este panorama poco alentador, ¿pueden recibir satisfacciones de la tarea que hacen?

—La satisfacción en el trabajo es alta. Creo que eso tiene que ver con que perciben que están haciendo un trabajo que eligieron y que refleja una vocación profunda. Pero se detecta también una sensación de malestar por la desproporción entre el tamaño de los problemas y los recursos con que cuentan. Por ejemplo, una queja mayoritaria es la falta de tiempo. Les falta tiempo para corregir, para enseñar, para resolver los problemas de los chicos. Están desbordados, realmente. Ponen el cuerpo en situaciones que son cada vez más difíciles.

# Tenemos entonces una foto actualizada de los docentes argentinos. ¿Puede servir para mejorar las políticas educativas?

—Es medio difícil decirlo, se requiere voluntad política. Yo sugiero que las próximas reformas de la educación toquen el factor humano; las reformas anteriores no pusieron el tema del docente en el centro.

# La Ley Federal de Educación menospreció al docente, me parece...

—Pero ahora no podemos eludir pensar seriamente en formación, condiciones de trabajo y sistemas de remuneraciones. Las tres tienen que estar en el corazón de la política educativa y con los docentes como protagonistas. La única manera de que lo sean es a través de sus expresiones organizadas, es decir, de sus sindicatos.

# Pero una parte de la sociedad no tiene la mejor imagen de los sindicatos y se queja de la cadena de paros...

—Es cierto, pero el campo sindical docente es uno de los más democráticos que hay en la Argentina, porque tiene el mayor índice de renovación de su dirigencia. Bien planteados los problemas, los intereses corporativos específicos de los docentes, como profesionales de la educación, coinciden con los intereses generales de la ciudadanía.

# ¿Cómo se daría esa coincidencia?

—Una cosa que preocupa a cualquier sindicato es el mantenimiento de la fuente de trabajo. A la vez, hay un interés nacional en expandir la educación. Así que no solamente se van a mantener las fuentes actuales sino que van a aumentar. La Argentina está en condiciones de plantearse la escolarización de todos hasta finalizar la secundaria. Esto significa puestos de trabajo. Si uno quiere realmente distribuir conocimiento poderoso en las personas y no solamente escolarizar, es imprescindible mejorar la educación. Ello supone mejorar las condiciones de trabajo de los docentes, su formación y su recompensa. O sea que si los sindicatos saben plantear bien sus reivindicaciones corporativas, éstas tendrían que coincidir con los intereses del conjunto de la sociedad. Padres, docentes y autoridades públicas y privadas no pueden sino coincidir en esos objetivos.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/08/07/z-04215.htm

Copyright Clarín, 2005.

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Tres veces Troilo

Archivado en María Esther Gilio • Fecha: 07-08-2005 00:00:00

La primera noche, María Esther Gilio apenas consiguió que registrara su presencia. La segunda, esperó horas en una mesa del boliche donde tocaba y, aunque tampoco consiguió sacarle una palabra, se encontró rodeada de leyendas como Héctor Stamponi, Pedro Maffia y Horacio Salgán hablando de la nueva ola de los años ‘20 y de ese insurgente que era Piazzolla. Pero a la tercera noche, Aníbal Troilo se sentó a la mesa y habló. Esta es la crónica de aquellas noches de 1967, publicada recién ahora, a 30 años de la muerte de Pichuco.

Por Maria Esther Gilio

Tres noches tuve que esperar para hablarle de lo que quería. No era fácil. Siempre ocurría lo mismo. El decía: “Sí, sí, mi querida, siéntese”. Y me tomaba del brazo para que me sentara. Yo me sentaba y esperaba. Con todas mis preguntas escondidas en la manga: “Usted admira a Di Sarli, ¿por qué?”. Y después, cuando el humo fuera más espeso y la noche más adulta: “¿Y Piazzolla, Piazzolla?”. Pero ¡mi Dios! siempre a esa hora dejaba escapar un brillo muy breve de entre los ojos finos como una raya y me decía: “Está bien, todo está bien. Lo que importa es esto”. Y movía las manos. “Esto, esto.” Yo trataba de anotar en mi memoria “esto”.

“Esto” eran las sombras silenciosas en las mesas. La gente que apretaba, al pasar, su brazo, el amor que incontenible lo anegaba. “Esto” era también yo, como una cámara ansiosa, con toda la pupila abierta para no perder una sola imagen, un solo movimiento de sus manos; mullidas, chicas, lentas, acariciando el vaso empañado y frío.

Una mujer cantaba acompañada por un piano. Troilo le decía que sí a la letra, que hablaba de un tiempo viejo y feliz; sí a la voz que lloraba desgarrada de soledad sin esperanza.

Detrás de Troilo, a dos metros, junto al mostrador, de pie, lúcido, sonriente, presente y ajeno, su representante. Miraba, sonreía, vigilaba... Recordé la entrevista de días antes en su oficina de Lavalle. Su desconfianza desde el comienzo, y desde el comienzo mi hipocresía. Sus temores de que Troilo pudiera embarcarse en empresas que lo comprometieran, mi diligencia para ahuyentar esos temores.

–La entrevista es para una publicación independiente. Quédese tranquilo.

–¿Independiente?

Cualquiera podía darse cuenta de que no había acertado con la palabra que lo dejaría tranquilo. Su rostro se había ensombrecido. Era necesario tirarse al agua.

–Sí, quiero decir, sin ideas políticas.

El representante sonrió. Tal vez sabía que para conseguir esa entrevista yo era capaz de cualquier cosa. Decidió ser generoso.

–Está bien, venga esta noche a Caño 14. Después de las doce. Allí podrá preguntarle.

Pero preguntar no era fácil, porque él no respondía sino dándome palmaditas en la mano o acercándome el vaso; entonces yo trataba de envolver mis preguntas en el disfraz de una conversación casual, pero sonreía y me decía:

–Sí, uruguaya, sí –y luego señalaba a la cantante–. Escuche.

Me sentía idiota, con mis pobres preguntas tan inútiles y mi vaso en la mano todavía intocado. Hasta que me deslumbró la certidumbre de que había que zambullirse en ese vaso porque era del otro lado que iba a encontrar a Troilo y también las preguntas necesarias a las mejores respuestas.

Sin embargo, fue todo un espejismo. Encontré a Troilo sí, del otro lado. Pero no pude encontrar la voluntad para anotar las tan deseadas respuestas, ni el ánimo de hacer las necesarias preguntas. Sólo estaban él, su bandoneón y unas ganas enormes de llorar atando a treinta desconocidos.

Así fracasé la primera noche.

El local estaba gris de humo porque era la una de la mañana de un viernes; y el representante se paseaba nervioso, porque siendo viernes, y la una de la mañana, Troilo no llegaba.

A mí me habían ubicado en una mesa medio arrinconada donde estaba sentada la gente de la orquesta y un tipo locamente eufórico que decía haber llegado de Río esa mañana, ser escultor, adorar a Troilo y a una mujer muy flaca y muy insustituible, que tenía a su lado, y que acababa de conocer, providencialmente en un cafetín de Tres Sargentos.

–Diga que Troilo no es un ejecutante, que es un creador –me decía–. Diga, escúcheme, diga que es un mito. Una forma ineludible. Cuente eso, cuente que habíamos pasado una noche tormentosa. Como la de hoy, ¿eh Nelly? Ya era de mañana. Y llovía. Yo me iba de Buenos Aires. Había subido al taxi y Aníbal estaba parado en la calle, con el agua chorreándole la cara y me decía: “Quedate, quedate”. Habíamos ido a ver a Tania. “Quedate. Esto es Buenos Aires, esto es la garúa.”

El representante miraba al eufórico con expresión ausente y no cesaba de volver la cabeza hacia la entrada cada vez que chirriaba la puerta.

–Y un día en que andaba mal, como anda mal Aníbal cuando anda mal, y yo le dije: ¿pero a dónde vas, viejo, a dónde vas?; me contestó: “¿Yo? ¿A dónde querés que me vaya? Si a mí ya no me para nadie. ¿Qué creés que me puede parar a mí? Puede ser que me pare una ventana con los vidrios rotos”.

El representante volvió a mirar al escultor eufórico. Esta vez con expresión incrédula. ¿Cómo se podía hablar de tales vaguedades con toda esa gente allí esperando, ese humo tan espeso y ese reloj que ahora marcaba las dos menos cuarto?

–Sí, es un lúcido. Sabe muy bien qué puede y qué no puede. Sabe muy bien cuándo anda mal y cuándo tiene que dejar de andar mal... agarra la valija y desaparece. ¿Ve este reloj? Un día me encontré con él por ahí. Yo andaba solo; cumplía años. Me llevó a su casa. Había comprado este reloj para regalar, pero era mi cumpleaños y quiso dármelo. “Tomalo”, me dijo, “el otro que se vaya al diablo”.

Pregunté al señor serio que tenía a mi derecha, serio, delgado y cuidadosamente vestido:

–¿Quién es el que habló ahora? Yo no conozco a nadie.

–Héctor Stamponi.

–¿El compositor?

–Sí.

–Disculpe, ¿y usted?

–¿Quién, yo?

–Sí.

–Maffia.

–¿Maffia?

–Pedro Maffia.

Me reí.

–¿De qué se ríe?

–Pensaba en “A Pedro Maffia” tocado por Troilo y Grela.

–Sí... el mismo.

–Usted me está tomando el pelo.

–¿Me ve cara de tomarle el pelo?

No le veía, no, cara de tomarme el pelo. Pero ¿cómo podía explicarle que yo creía que él era una gloria del pasado, un muerto ilustre?

Salgán acabó de tocar y vino a sentarse a la mesa. Con su cara un poco hosca, sus ojos saltones y su miopía. Pero Maffia había quedado callado. Se miraba las manos.

–Así que usted ya me hacía en la Chacarita.

–¡No, no! No sé... Nunca pensé en usted como en un ser real. Para mí era un poco la historia.

Volvió a mirarse las manos.

–Soy un poco la historia. Piense que en el ‘20 yo era nueva ola.

–Lo que ustedes hicieron, Pedro, tiene vigencia hoy –dijo Salgán.

–Ahora la nueva ola es otra –dijo

Maffia.

–¿Y a usted qué le parece esta nueva ola?

–Está doblando el tango. Lo está doblando. Es negativa.

–¿Habla de Piazzolla?

–No quiero hablar de nadie en particular... ¿Quién lo entiende?

–¿A Piazzolla?

–Sí, ¿quién lo entiende? Piense en Troilo.

Salgán dijo como para sí mismo “no hay por qué oponerlos”.

–Yo los opongo, Horacio, yo los opongo.

–No soy el dueño de la verdad; admito otras maneras.

–Está bien, está bien. Pero él, usted, conservan la línea melódica. Cuando no se conserva la línea melódica, ¡basta! Yo lo escucho a Piazzolla y me gusta..., no se trata de eso. Usted respeta al autor. El, Piazzolla, hace otra cosa.

La puerta volvió a chirriar. El representante y yo volvimos al unísono nuestras cabezas y sonreímos al unísono. Pichuco entraba con sus pasos cortos y lentos. Eran las dos. La misma rubia del día anterior lo seguía.

–¿Quién es? –pregunté.

–La madre –dijo alguien riendo.

La rubia se acercó en ese momento.

–Che, esta periodista preguntó qué eras vos del Gordo y le dijeron que la madre.

–Y... no está mal.

Luego, mirándome:

–Es mi marido, querida.

–¿Cómo se siente compartiendo todos sus días con un hombre tan famoso?

–El Japonés es el hombre más bueno del mundo, pero ¡es de difícil! Es de Cáncer.

Y luego, señalando a Maffia:

–El lo conoce bien.

–Tenía catorce años cuando lo conocí –dijo Maffia.

–¿Los dos de pantalón corto?

–No, m’hija, no. Primero me mata y ahora me rejuvenece. Yo tenía unos cuantos años más que él. Me lo trajeron para que le diera clases de bandoneón. Vino a diez clases. Un día chau, no apareció más. Pantalón largo, muy gordito. No le gustó mi cara. No sé. No vino más. Yo era riguroso. Era muy riguroso. Un día, años después, me dijo: “No fui más porque ¿qué querés? Vos tenías cara de bombero. ¡Y sabés cómo te quiero!”.

Troilo, sentándose: “A mí no me gustaba estudiar”.

–¿Qué hacía en esa época?

–¡Pero piba, usted está tomando café! Pero, sírvale algo.

–¿Ya le gustaba el tango?

–Me toca entrar. Más tarde, ¿eh?

Otra vez los golpecitos en la mano, los ojos finos como una línea, el gesto de acariciar el vaso, el aire, en general, ausente.

Y a dos metros, también otra vez, el representante. Sonriente, atento, vigilante.

Quédese tranquilo, señor representante. Yo sé lo que es un ídolo, su promoción, la taquilla. Cuando escriba diré: “Pichuco levantaba con la derecha el vaso de Coca-Cola” mientras decía: “El tango es la síntesis del alma porteña”. Tranquilícese, como dijo el escultor eufórico, él es un hito, y ya nada podrá contra eso, ni el cuidado en ocultarlo de todos los representantes, ni la avidez en mostrarlo de todos los periodistas.

Francini se acercó con el violín en la mano.

–¿Vamos?

Troilo se levantó, y sin apuro, con pasos cortos, caminó hacia el escenario. Tanteó la silla, se sentó, barrió la penumbra con una mirada ausente, tomó el bandoneón que le alcanzaron y cerró los ojos. Alguien dijo:

–Hoy va a tocar como Dios. Siempre toca como Dios cuando más cerca está de tocar como el diablo.

Dijo su mujer: “Después de esta vuelta nos vamos. Hoy el Japonés está mal”.

Tocó como Dios y se lo llevaron. Así fracasó mi segunda noche.

Eran sólo las once, pero Troilo ya había llegado y sentado en la cocina tomaba café. Oí que le decían:

–Che, Gordo, ahí te está esperando esa periodista uruguaya que quiere entrevistarte...

–¡Pobrecita!, que pase, ¿qué le voy a decir?

–Esperá a ver qué te pregunta.

–No le voy a preguntar nada. Hable de lo que tenga ganas. Cuénteme de usted. De cuando era chico.

–¿Y qué querés que te diga, piba? Cuando era chico era un gordito. Siempre fui un gordito. Tenía un hermano mayor... Vivía en el barrio del Abasto. A los nueve años debuté en un café, con una orquesta de señoritas, y de mañana, como me caía de sueño, en lugar de ir al colegio me iba al café a dormir. Quedé libre. Mi vieja se agarró un disgusto de la gran siete. No soñaba que yo con la música podría llegar a algo.

–¿Qué se tocaba en esa época?

–Más o menos por esa época se estrenó “Mi noche triste”, un tango del padre de Cátulo. A los catorce años, ya de pantalón largo, empecé a trabajar de contrabando en el Tabarís.

–¿De contrabando?

–Sí, porque era menor. Allí conocí a Vardaro, a Pascual Contursi. Hacíamos el tango de vanguardia. Entrábamos a trabajar a las seis de la tarde y no parábamos hasta que se iba el último borracho. Había días que terminábamos tocando con el sol en la cara.

Y se llevó las manos a los ojos como si otra vez el sol lo estuviera deslumbrando. Luego las bajó y se las miró. Eran pequeñas, mullidas y blancas y temblaban ligeramente.

–Mire –me las muestra–. Hoy me encuentra así, tan mal, porque estoy muy bien.

–Yo no lo encuentro así, tan mal, sino sólo muy bien.

Se echó a reír y los ojos le desaparecieron devorados por la cara.

–Siga contándome.

–Sí, pero tome algo.

–Bueno.

–En 1929 ya tenía orquesta propia. Tocaba en el cine Medrano. La jazz era de Tanturi. Me acuerdo porque en el ‘30 fue el mundial de fútbol. Yo soy de River.

A nuestro alrededor los mozos entraban con bandejas, se detenían a escuchar lo que Troilo me decía. Intervenían en el diálogo.

–Che, Gordo, contale cuando conociste a Discépolo...

–Tenía dieciocho años. Discépolo me contrató para hacer una gira.

–¡Seguí, Gordo!

–Pero, viejo... no sé. ¿Qué más? Contale vos.

–Discépolo quería hacer una gira por el extranjero y pidió un bandoneón. Pero no cualquier bandoneón. Alguien que representara a la raza, a los porteños. Este tenía dieciocho años; morocho, gordito, peinado al medio.

Troilo riendo: “Sí, Discépolo estaba acostado. Me dijo: ‘tocá’.

Y le gustó.”

–¿Le gustó? Quedó loco. Le contó a Tania. Un tipo de macho argentino, de esos que enloquecen a las mujeres.

–¡Cómo te gusta hacer ese cuento!

–La cosa fue que Discépolo quiso cerrar trato enseguida... pero el prototipo de macho, porteño, morocho y de raya al medio, le dijo: “Bueno, pero tengo que pedir permiso a mi mamá”.

Troilo reía, ahora, casi a carcajadas.

–Pero che... si yo era un pibe. ¿Vos conocés el Tupí? –me preguntó.

–Sí.

–No el de ahora, el de antes.

–Sí, el que estaba frente al Solís.

–No, yo digo el que estaba en la 18 de Julio. Allí trabajamos en el ‘36. El Tupí de San Ramón. Vivíamos cuatro en una pieza, en la calle Cuareim. Cuando podíamos comíamos puchero en el Café del Plata. ¡Costaba cuarenta centésimos! Por ese mismo tiempo Pascual Contursi estaba en un teatro que había al lado del Royal. El programa decía: “Pascual Contursi, cantor argentino”. Bueno, ¿qué más quiere que le cuente?

–Usted compone...

–Sí.

–Me gustaría que me contara cómo hace... si el tema se le ocurre de golpe..., cómo.

–No, no, no. Yo nunca puedo escribir música por escribir. Preciso una letra primero. Una letra que me guste. Entonces la mastico. La aprendo de memoria. Todo el día la tengo en la cabeza. Es como si la fuera envolviendo en la música. Es muy importante para mí lo que dice la letra de una canción. Por eso me gustaban las letras de Manzi. Eramos como hermanos, con una sensibilidad parecida..., el mismo amor por el teatro...

–¿El teatro?

–Sí, si usted me preguntara dónde quiero que me agarre la muerte le contestaría: en el teatro. Cuando Manzi dirigía yo iba viviendo toda la obra paso a paso. Hablábamos horas por teléfono. Yo conocía sus películas antes que nadie. Nos entendíamos sin palabras. Nos mirábamos, y uno ya sabía qué quería decir el otro. En la amistad y el amor ése es el único idioma.

Y se quedó callado.

Con los mismos ojos ausentes que ya le conocía y acariciando un vaso que no sé cómo había llegado a sus manos.

Sentí que me tocaban el brazo y me volví. Era alguien que andaba revoloteando por alrededor de nosotros, pero que yo no conocía. Me dijo rápidamente, en un murmullo:

–¡Cuidado! ¡Va a llorar! –Y luego–: Che, Gordo, vamos. Ya te toca.

El dijo entonces:

–Espéreme, pero para hablar de cualquier cosa, ¿eh?..., de Montevideo.

Me quedé sentada. Mirándolo entrar a la sala. Escuchando las inflexiones cariñosas de voces que decían. “Gordo”, “Gordito”, “Pichuco”. Escuchando luego el silencio. Por el silencio supe que había llegado al escenario, y cuando éste creció y se hizo espeso, que había tomado el bandoneón y cerrado los ojos.

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"Nuestra democracia es autoritaria", dice Horacio Vázquez-Rial

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 06-08-2005 00:00:00

El periodista e historiador opina que Kirchner es más chavista que peronista

En 1974, Horacio Vázquez-Rial se hizo acreedor a la “beca López Rega”. No era un premio al mérito, sino un pasaporte al exilio. En su caso, a España. Tres décadas después, aquel corrector del Diario de Sesiones del Congreso de la Nación, formado en periódicos y editoriales, regresa de tanto en tanto a Buenos Aires, donde nació en 1947. Pero no advierte grandes cambios. Sobre todo, políticos: el peronismo, sin ir más lejos, sigue prefiriendo ser movimiento antes que partido.

“Es negocio”, dice Vázquez-Rial, guionista, colaborador regular del diario madrileño ABC y del sitio Libertad Digital, “nunca peronista” y autor reciente del libro número 32 de su cosecha, “Perón: tal vez, la historia”, recientemente editado por El Ateneo.

¿Por qué “es negocio” que el peronismo no sea un partido, con elecciones internas y un solo candidato en las elecciones, sino un movimiento? “Porque en las elecciones uno tiene que decidir entre un peronista, otro peronista y medio López Murphy, ya que la otra mitad está comprometida con la realidad del peronismo”, opina Vázquez-Rial en esta entrevista con LA NACION.

No se fue de la Argentina por decisión propia, sino por amenaza ajena. De ahí el mote de “beca López Rega”, en alusión al inspirador de la Triple A, que aplica a su exilio en una España todavía franquista, en la que llegaría a presenciar la victoria del socialismo. Y de ahí, también, su agradecimiento: "Hice muchas cosas que probablemente no hubiera podido hacer en la Argentina". Entre otras, doctorarse en Geografía y en Historia en la Universidad de Barcelona, ciudad en la que reside.

"Tuve la fortuna extraordinaria de tener un gran amigo, cuyo nombre no voy a decir, que era hijo de un general y que en ese año, 1974, me dijo que debía irme -confiesa Vázquez-Rial-. Le hice caso. Una semana después, en un domicilio en el que no vivía desde hacía tiempo, apareció la coordinación federal o quién sabe quién."

¡Quién sabe quién! Con Perón a flor de labios, por la aparición de su nuevo libro, el autor de novelas como "Segundas personas" y "Oscuras materias de la luz" y de ensayos como "La izquierda reaccionaria" y "La formación del país de los argentinos" tampoco sabe qué partido gobierna hoy la Argentina: "No sé si Kirchner es peronista, pero seguro que es chavista", dice.

-En su último libro, dice usted que Eva Perón es más conocida que su esposo...

-Los peronistas post-Perón hicieron "evitismo" para no tener que hablar del pensamiento político de Perón. No es que fuera un pensamiento político unitario. Uno puede leer los discursos de De Gaulle y sacar un pensamiento político de coherencia extrema. Cada cosa que dice es una posición frente al mundo, frente a la Unión Soviética, frente a los Estados Unidos, frente a Francia como nación, etcétera. En Perón hay, por lo menos, dos discursos.

-Al haber dos discursos, también hay dos vertientes dentro del movimiento...

-Por eso es movimiento, no partido.

-¿Es lo que quería Perón?

-Perón se dejó inventar a partir de 1955. A la gente que iba a verlo a Madrid le decía que sí y le daba una palmada en la espalda. Y todo el mundo decía: "Lo que yo pienso es el peronismo de verdad, porque el general lo reconoció y me dio una palmada en la espalda". De John William Cooke a López Rega. Es decir, todo el espectro posible, desde el marxismo radical y violento hasta el anticomunismo maccarthista y torturador.

-¿Hasta qué punto el argentino exiliado en los años 70, como usted, se sintió marcado por el peronismo?

-Marca la forma de vida en el exilio. Los chilenos se exiliaban y tenían un respaldo. Porque los socialistas chilenos iban a ver a los socialistas franceses y los comunistas chilenos iban a ver a los comunistas alemanes. Los que se iban de la Argentina estaban solos: no tenían un referente en ninguna parte del mundo.

-Al argentino, de todos modos, suele costarle la identificación con otros latinoamericanos.

-Están las dos cosas. Hay gente que se siente muy identificada con América latina y otra que no. Lo cierto es que en los años 76 y 77, tanto en Barcelona como en Madrid, nacieron las respectivas casas argentinas. No nació una casa chilena ni una casa del Uruguay. Son muy plurales esas casas argentinas. Hay desde socialistas hasta montoneros y tipos de trayectoria loca, como Zito Lema, que aparecen por allí y uno no sabe dónde encuadrarlos. Hay un ejercicio de solidaridad real mientras duró la dictadura. Desde 1982, cada argentino fue a su rincón. Hubo una ruptura seria con la Guerra de las Malvinas. Yo, que fui partidario obvio de la paz inmediata y sin condiciones, terminé encontrándome solo en una manifestación del 1° de Mayo, con los trotskistas ingleses; eran los únicos que reclamaban lo mismo que yo. Hubo amigos míos, con familia desaparecida, que iban al consulado a ofrecerse como voluntarios para las Malvinas. Tuve grandes problemas con ellos. Tenían un hermano desaparecido e iban a colaborar con Galtieri...

-¿Cuesta explicar la Argentina en el exterior?

-Hago lo que puedo. Primero hay que adaptarse al que pregunta cómo un pueblo tan talentoso puede ser tan pobre. Y hay que explicar que hay mala gente, mucha corrupción. Si uno se pone a explicarlo en otros términos, como por un fracaso del liberalismo, por los excesos proteccionistas o por una mala lectura de la historia argentina, se hace muy difícil.

-¿Cómo ve el país de Kirchner?

-No puedo separar a Kirchner del conjunto. Es decir, de Chávez, Lula y Lagos. Sobre todo, de Chávez. No sé si Kirchner es peronista, pero seguro que es chavista. El chavismo es una versión degradada, una pantomima, del peronismo. No sé qué hubiera hecho Perón con la televisión de hoy, pero dudo que tuviera el humor para hacer "Aló Presidente". Para eso estaban Américo Barrios, Sojit, esa gente que hacía propaganda para él.

-Son contextos diferentes...

-Creo que hoy existe una política continental que viene determinada por el eje La Habana-Caracas y que tiene que ver con hechos objetivos. Primero, la pertenencia de Venezuela a la OPEP, que es lo que permite que en este momento se paseen por aquí representantes de la Liga Arabe en función de inversiones que no se habían dado en la vida. El chavismo tiene contactos muy directos con China. Y, más que ningún otro gobierno latinoamericano, hace una doble política respecto de los Estados Unidos, una oposición verbal constante hacia los Estados Unidos, que es su principal cliente. Los Estados Unidos hacen lo mismo y siguen comprándole petróleo; dicen que Chávez es un cabrón, pero no hacen nada por moverlo.

-Quizás esperen que los otros se ocupen de ello.

-No sé. Esto trae aparejado un discurso que no sé si Chávez se lo cree, pero que, en gran medida, Kirchner sí se lo cree. Es el discurso populista nacionalizador, lo de la empresa nacional de energía, para no tener que decir que en este país, con la excusa de las privatizaciones, lo que se hizo fue corrupción. El problema no consiste en privatizar los teléfonos o no, sino a quién se los vende y quién cobra. Si efectivamente lo recaudado llega a las arcas del Estado o si se queda en una cuenta en Bahamas a nombre del presidente de turno.

-¿Algo de eso significa el lema "que se vayan todos"?

-"Que se vayan todos" significa "que sólo se queden los peronistas". Allá por el año 73, cuando acababa de llegar Perón, un amigo mío tomó un taxi. Al día siguiente cambiaban las tarifas. El taxista, como era de noche, le quería cobrar con la nueva tarifa. Mi amigo le dijo que no, que le pagaba lo que marcaba el reloj y que el resto se lo reclamara a Perón. El taxista se dio vuelta y le dijo: "¿Qué tiene que ver Perón con esto?". Perón estaba más allá. "Que se vayan todos" no incluye a Perón y, consecuentemente, no incluye al peronismo. Dentro de lo mucho que mintió Menem hay algo que yo creo que es verdad, y es que él es peronista. Es peronista del plan B, el plan liberal de Perón. Hay una sucesión muy bien determinada desde 1952 con una agenda liberal en economía.

-Si Menem es peronista plan B, ¿Kirchner es peronista plan A?

-Kirchner es un paso atrás, hacia el peronismo corporativista del 45. Los años 70 son el reclamo de la vuelta al 45. Ni siquiera al 55, a Cooke: al 45, para ser peronistas "de verdad".

-¿De la Argentina uno emigra o huye?

-Aquí la vida es más difícil. Es más difícil sobrevivir. Hay que hacer más esfuerzo para ganar dinero, para la subsistencia. Respecto del país, uno tiene la opción de vivir en un terreno neutral y convertirse de argentino en argentinólogo. Eso es empezar a ver las cosas desde cierta distancia y permite reducir la política y la historia. La historia es manejable; la política, no. En la política, uno participa o es víctima. Con la historia, el trato es otro, más higiénico y menos peligroso. Entonces, aun lo que está pasando, cuando uno está lejos, no deja de ser historia.

-¿Y se participa de otro modo?

-Sí, porque escribir un libro como el de Perón es participar. Antes hay otros tantos que han tratado la cuestión argentina: probablemente no lo hubiera escrito estando aquí. Entonces, ¿qué es la Argentina? Bueno, es una estantería en la que hay un montón de libros, una agenda, un e-mail y un trabajo de investigación.

-Es también el país en el que no murieron muchos de los que hicieron su historia.

-Desde Mariano Moreno, es salir del país y, además, te tiran al agua.

-Perón murió en la Argentina, pero vivió muchos años en España. ¿Qué imagen dejó allí?

-Depende de la gente. Hay un sector social del antifranquismo áspero, que no mira con simpatía a Perón porque, entre comillas, era amigo de Franco. Pero el sentimiento general es de mucha gratitud hacia él y hacia Evita. El taxista madrileño recuerda que Evita fue a llevar comida cuando ellos pasaban hambre. En España están los latinoamericanos, por un lado, y los argentinos y los cubanos, por el otro. Cuba porque era provincia española y sigue esa relación de privilegio, que también tenía Franco con Fidel Castro. Y la Argentina por lo que recordábamos y por la gran cantidad de emigrantes que llegaron a España en los años 70. También emigraron argentinos a Venezuela y a México, pero es otra historia.

-¿Qué dejó Perón detrás de sí?

-Básicamente, corrupción, porque el suyo ni siquiera llegó a ser un gobierno totalitario. En todo caso, porque el carácter de Perón no daba para eso. Quiso serlo, pero su talante político era tal que no podía. Cuando yo trabajaba en Clarín, se contaba algo que no sé si habrá sido cierto, pero que responde a la mitología del peronismo. Había un linotipista que, según la leyenda, se paraba todos los días a las siete de la mañana, con su hijo de la mano, en uno de los sitios por los que pasaba Perón cuando iba de la quinta de Olivos a la Casa Rosada. Hizo esto durante un largo invierno. Un día, Perón paró y le preguntó qué quería. Le dijo que quería una casa. Perón le regaló una casa. Eso le impedía a Perón ser totalitario: se paraba a hablar con la gente.

-Si Kirchner representa el peronismo del 45 reciclado en los 70, ¿estamos cerca de un nuevo modelo de totalitarismo?

-Sin duda. La característica común con el chavismo es lo que hoy los sociólogos llaman, generosamente, democracia autoritaria. Existe desde hace mucho. En una película de Visconti, "La caída de los dioses", un personaje dice: "Se acercan las elecciones y tenemos que ganarlas para que sean las últimas". Cuando uno puede elegir entre un candidato peronista y otro candidato peronista esto ya no es un sistema, sino un régimen modelo PRI [por el Partido Revolucionario Institucional, de México, en el poder durante 71 años]. Es lo que Zapatero quiere para el PSOE. No quiere más partidos que el socialista. Es lo que Felipe González decía cuando se refería a Franco: hablaba del régimen anterior. El de él también era un régimen.

Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=727919

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El paquete del pasado

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 06-08-2005 00:00:00

Por Sandra Russo

En los últimos años, la palabra transversal atravesó atravesada diversos esbozos de proyectos que terminaron abortados. Siempre que se usó esa palabra fue para dar cuenta de intentos de amalgamar a bienpensantes que, uno por aquí, otro por allá, tenían cosas importantes en común. La transversalidad, tal como en general fue entendida, surgía de la constancia de que los dos partidos que históricamente se alternaban en el poder, el peronismo y el radicalismo, zanjaban sus diferencias ideológicas y de clase con una concepción de la política siamesa: el pacto de Olivos los mostró unidos por el estómago. Fueron el peronismo y el radicalismo los responsables, como partidos, de hacer nítida la idea de que, con unos o con otros en la Rosada, el poder político era un simple testaferro de los verdaderos intereses en juego. La democracia, así, terminó siendo aceptada como el mejor de los sistemas conocidos, pero también como un juego perverso de simulacros cada vez más dañinos. Un “como que” la gente vota a alguien para que la represente, a conciencia de que no lo hará.
Al principio de la democracia, ante cada elección, se hablaba de “plataformas” partidarias. Después, de “propuestas”. Después, de “ideas”. Ahora, de “equipos”. Nada de eso tiene ningún sentido si la percepción y la experiencia popular dan cuenta de que en el fondo se trata de una simulación.
Sin embargo, esta campaña en curso, por lo que tiene de aparentemente vacua, deja entrever otro tipo de transversalidad que se puso en marcha hace unas décadas y tuvo el mefistofélico destino de pasar inadvertida. Las campañas electorales son raras en todas partes y en cualquier época, pero para nosotros, que durante pilas de años nos enterábamos de quién era el próximo presidente a través de un comunicado, lo son todavía más. Quiero decir: en cada campaña que tenemos por delante se pone un poco más de manifiesto cierto carácter ficcional de la cuestión. Son épocas de licencias extraordinarias, de puestas en escena y rituales multitudinarios fingidos, en los que mucha gente hace como que toma por gesto lo que es pantomima, y por discusión lo que es retórica. La gente común no tiene acceso al intestino de las campañas electorales, de modo que hay que arreglarse con lo que se dice y con lo que se escucha, aunque todo el mundo sabe perfectamente que no se dice ni se escucha buena parte de la verdad.
Más todavía después del estallido de 2001, cuando al reclamo de que se fueran todos le siguió la escena paulatina de todos reacomodándose. El único que de verdad se había ido –un poco a Chile, otro poco a La Rioja – también se reacomoda, y aunque se guarda de esparcir mucho su nombre porque sabe que espanta, tiene sus bastoneros peripatéticos. La candidatura de Moria Casán, esta vez, es el toque pintoresco que, a falta de un contrato que la devuelva al candelero, la mantiene vigente diciendo disparates a los que adhieren otros bastoneros menemistas que siempre que los dejan reivindican “la gran amistad con el doctor”, lo cual en castellano significa haber tenido durante los noventa un cuarto de hora memorable y rentable. Casán acuña frases del estilo: “Kirchner revuelve tumbas, es un cartonero del pasado”, que pronuncia levantando la pechera. Y a falta de periodismo político en televisión, ella o Sofovich son llamados a hacer comentarios de actualidad cuyo nivel, más que de planta baja, son de sótano.
Chiche Duhalde se presenta sin empacho como parte de “la nueva política”, dado que hasta los noventa fue señora de su casa. Instalada en una baldosa trajinada, nacional, popular y temible, la esposa de quien se cansó de repetir su inclinación a los cuarteles de invierno posa y arenga en pos de una nueva primavera peronista, la de las manzaneras, los choripanes, los gordos calzados y la amenaza velada de que se avalará la gobernabilidad entanto y en cuanto las listas se hagan como el falso retirado indique y nadie le haga pis en el pasto.
Pero tanto Casán en sus arrebatos casi risibles, como Chiche desde su innegable inteligencia y también la pareja trajeada Macri-López Murphy, acuerdan en algo que no es poco, sin embargo, y que se ha convertido en el verdadero dique separador de aguas de esta campaña, y no está vacío, ni es poco importante, ni es retórico: en ese eje confluyen los antiguos y pasmosos transversales: se dejan oír cuando tanto los bastoneros menemistas, como la candidata duhaldista como los representantes de la derecha levantan la bandera que reza “basta con el pasado”.
Chiche declama dolor por los ciento ochenta desaparecidos de Lomas de Zamora, en su mayoría peronistas. Pero opina que “la historia y la justicia” deberían ser los encargados del paquete, nadie más. Es curioso que la irritabilidad con la memoria de los horrores del pasado no provenga en absoluto de una temperatura ambiente ni de la calle. La calle, los ciudadanos comunes y corrientes no parecen irritados con la memoria del pasado sino más bien todo lo contrario. La urticaria esta vez eriza una piel evidentemente ideológica y dirigente: las vertientes peronistas de derecha, los liberales y los conservadores convergen en esa urgencia por desmantelar la visión crítica del terrorismo de Estado, y eso no es casualidad ni azar: como lo demostraron los noventa, los setenta se explican solamente a través de una verdadera y monstruosa transversalidad de facto que se consolidó para ver emerger un modelo económico de exclusión, corrupción y crimen.
Los que abominan de rever el pasado provienen de aquella transversalidad que supo hacer su costura pasando la aguja por todos los puntos débiles de la trama social y deshicieron el país. Fueron magos que hicieron bien sus trucos. Corren el riesgo de que la paloma se les quede atascada en la manga.

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"El partido de Lula es como una mafia", dice José Arthur Giannotti

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 03-08-2005 00:00:00

El ensayista analiza la situación de Brasil

SAN PABLO.– “Hoy la política brasileña se parece a la Chicago de los años 30. El Partido de los Trabajadores (PT) llegó al poder como una nube de langostas. Tomó todo y creó una estructura de recaudación para la causa que nos recuerda a la mafia.”

Palabras fuertes, sin duda. Pero el filósofo, escritor y profesor José Arthur Giannotti nunca le escapó a las posiciones intelectualmente polémicas. Menos lo va a hacer ahora, a los 74 años, cuando las circunstancias que vive Brasil no se prestan a posiciones tibias.

Si la situación es tan grave, ¿por qué las encuestas continúan mostrando tanto apoyo al presidente Lula? “Primero, porque quien tiene una utopía o una esperanza muy grande, como generaba la figura de Lula, no la abandona ante la primera pedrada –respondió a LA NACION en una entrevista en esta ciudad–. Somos tercos cuando se trata de tirar al mar nuestras esperanzas. Segundo, porque Lula hace una política de sí mismo, independiente hasta de su propio gobierno, y eso lo separa un poco de la crisis”, respondió.

Doctor en filosofía por la Universidad de San Pablo, con un posgrado en la Universidad de París y especializaciones en Columbia y Yale, Giannotti es autor de algunos clásicos brasileños, como "Universidad en ritmo de barbarie" (1986), "Orígenes de la dialéctica del trabajo" (1966) y "Cierta herencia marxista" (2000). Su mérito más conocido, sin embargo, es haber sido uno de los fundadores del Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento, el prestigioso Cebrap, donde esta entrevista fue concedida. Y apenas como registro anecdótico: aunque tiene relación histórica con la socialdemocracia brasileña y personal con Fernando Henrique Cardoso, Giannotti también estaba en aquella reunión histórica en que, 25 años atrás, se fundó el PT.

-¿Este escándalo habla específicamente del PT o del sistema político de Brasil en general?

-De los dos. Corrupción siempre hubo en la política, desde Grecia, pero el problema es la estructura de la corrupción. En el caso de Fernando Collor de Mello, se trataba de un outsider que, aprovechándose de las fisuras del sistema y de una vieja tradición de corrupción, montó una enorme red corruptora. El caso del PT es diferente: el PT no es un outsider, es un protagonista del sistema político brasileño. Y la corrupción aparentemente practicada por el PT no fue una simple perpetuación de la tradicional "caja en negro" para financiar campañas políticas.

-¿Por qué?

-Porque su estrategia fue crear una enorme amalgama entre el partido de gobierno y el Estado. De las siete subdirecciones del Banco do Brasil, cinco ya habían sido tomadas por punteros del PT. Y de los cargos en el Estado que son maleables por un cambio de signo político, el 80% ya había quedado en manos del PT, lo que no corresponde a la representatividad política. Una buena parte de los recursos que pasaban ilegalmente por las manos de dirigentes del PT no eran para sus bolsillos, sino para el partido. Claro que muchas personas iban poniendo dinero en su bolsillo, pero el objetivo principal era armar el partido de recursos para perpetuarse en el poder, favoreciendo una especie de mexicanización de la política brasileña. Afortunadamente no va a ocurrir porque los petistas son extraordinariamente torpes.

-Sus palabras parecen cargadas de indignación...

-¡Es que el PT llegó al poder con el hambre de una nube de langostas! Tomó todo. Y creó una estructura de recaudación que nos recuerda a la mafia. Se está descubriendo que en un municipio de San Pablo, en Santo André, cuando el intendente del PT, Celso Daniel, quiso ponerle freno a la máquina de recaudación ilegal que había montado el PT fue misteriosamente asesinado, en 2002. Las reglas de la mafia pasaron a regir el sistema: si Celso Daniel quiere abrirse, es asesinado; si el diputado Roberto Jefferson [el ex ladero de Collor de Mello que inició el escándalo, al revelar el esquema de corrupción en el gobierno de Lula] siente que estaba siendo traicionado por sus aliados en el gobierno, sale disparando para todos lados. Hoy la política brasileña es igual a la Chicago de los años 30.

-¿Por qué cree que el PT adhiere a las prácticas de un estilo de política que decía combatir?

-Porque una parte del PT se considera todavía heredera de la historia universal, que es una vieja concepción de la revolución. Por lo tanto, ellos podrían hacer cualquier cosa por la causa, aunque la causa incluyera practicar una política económica ortodoxa de derecha. El enriquecimiento personal es apenas residual de algo mayor.

-¿El problema es la forma en que se realiza el financiamiento de las campañas políticas?

-No: ése es apenas uno de los problemas. Eliminar el aporte de fondos privados no soluciona ese problema, que ocurre en todos los países del mundo. Lo que se debe hacer es disminuir el espacio de transgresión en el financiamiento de las campañas, y eso implica una vigilancia mayor. El problema no es la recaudación, sino la relación entre la recaudación y la vigilancia. Siempre que aparezca un empresario ofreciendo dinero para campaña sin declararlo legalmente, el político va a aceptar. Mucho más cuando crea que no corre riesgo de ser descubierto.

-¿Pero no es un problema filosófico para la república aceptar que un interés privado tenga el poder de definir políticas de Estado?

-Si nosotros queremos tener a mediano plazo una república de verdad, y capitalista, hay que controlar los grandes intereses. Ellos siempre van a existir, a no ser que se decrete el socialismo real, que terminaría generando una burocracia insostenible. Siempre van a existir empresas o industrias que van a querer aprovecharse de tal o cual diputado para hacer valer sus intereses. Es inevitable. No seamos tontos como para imaginar que es posible crear una república de ángeles. Lo que hay que tener es un sistema judicial ágil y un sistema partidario que pueda denunciar los métodos no republicanos.

-El PT se había consolidado en las últimas dos elecciones (nacional y municipal) como uno de los dos pilares renovadores de la democracia brasileña, junto con el Partido Social Demócrata Brasileño. ¿Qué queda después del escándalo?

-Va a depender de muchas cosas. Habrá que ver cómo el gobierno de Lula se reestructura. El gobierno no está muerto. El hecho de que tres ministros abandonaran sus ministerios para dedicarse a reestructurar el PT evidencia que Lula está haciendo un doble movimiento: por un lado, se aleja del PT, echa petistas de varios cargos, y por otro, se ocupa de rearmar el partido. Y en ese movimiento probablemente se elimine todo lo que es izquierda dentro del partido, que migrará hacia fuerzas de la izquierda utópica.

-¿Por qué todavía Lula no fue afectado contundentemente en las encuestas?

-Por varias razones. Lula representó una enorme esperanza de la sociedad brasileña; segundo, porque él hace una política que es como independiente de su propio gobierno, tanto que sus discursos muchas veces no combinan con la propia política de su gobierno. El se ocupa antes que nada de su propia imagen. Sin dudas no es un estadista, pero es un gran publicitario.

-Pero ¿qué dice del electorado brasileño una encuesta que, después de 50 días de escándalos, no muestra una caída en la popularidad presidencial?

-En primer lugar, quien tiene una utopía o una esperanza muy grande, como generaba la figura de Lula, no la abandona ante la primera pedrada que recibe. Somos tercos cuando se trata de tirar al mar nuestras esperanzas. En segundo lugar, no se olvide de que la gran masa de brasileños no lee el diario, por lo que hay que ver cómo va a seguir siendo presentada la crisis en la TV. Estoy comenzando a ver en la TV programas de humor en que se está desmoralizando al presidente de una forma sorprendente. En tercer lugar, la oposición en un comienzo evitó atacar al presidente y concentró los ataques en el PT. Luego se dio cuenta de que lo que estaba haciendo era fortalecer a Lula. Por eso comenzaron a ejercer presión sobre Lula también, pero sólo en los últimos días.

-¿Brasil tiene miedo de la palabra impeachment después del episodio traumático con Collor de Mello?

-No; el problema del impeachment es que es muy doloroso. Es un proceso institucional, pero hay que esperar para ver si en las próximas semanas la imagen de Lula queda pegada con contundencia a la crisis. Ahí sí podremos preguntarnos si va a haber un impeachment. Va a depender mucho de los medios, porque no es un proceso jurídico, sino político. Collor de Mello fue derribado sin ser efectivamente penado por la justicia. Collor era un outsider, no pertenecía a los grandes partidos. En las circunstancias actuales, no veo condiciones políticas para que el sistema político brasileño corte una parte de sí mismo: el PT y Lula.

-¿La oposición no quiere el impeachment?

-No. La oposición está interesada en hacer que Lula llegue debilitado a las elecciones, sin posibilidad de ser reelegido. Lo más natural es que el sistema político trate de hacer un acuerdo para evitar lo traumático de un juicio político. Entonces, todo depende de presiones externas, como la fiscalía, los medios, la población, etcétera.

-Cuando se ve el avance de potencias como China, que hasta hace pocos años estaban muy por detrás de Brasil y hoy crecen a toda velocidad, uno se pregunta si Brasil perdió el tren.

-Infelizmente, no fue sólo Brasil, sino toda América latina. Hay dos países que nunca se asumieron como latinoamericanos: la Argentina se creyó inglesa o francesa, y Brasil se creyó el ombligo del mundo, porque "Dios es brasileño". América latina, en sus últimos años, perdió el empuje. El problema no es interno: es un problema de coordinación, de encontrar una manera de que nuestras economías latinoamericanas y nuestros sistemas políticos sean complementarios. Me pondría triste si me muriera antes de ver algo contrario a la Operación Cóndor, porque a la hora de matar gente los gobiernos latinoamericanos se coordinaban bien. Ahora podríamos juntarnos para, por lo menos, hacer un capitalismo de verdad.

-¿Y las aspiraciones de liderazgo y coordinación regional con las que asumió Lula? ¿Cómo quedan ahora?

-Eso era marketing. Ya quedó claro. De hecho, Lula no es capaz de distinguir un buen economista de un tonto publicitario, pero lo positivo es que la gente va a aprender. Hoy vemos que, quitando la política económica, que sigue estrictamente la línea neoliberal, el resto no funciona. Está paralizado.

-¿Dónde está la intelectualidad?

-Si quiere saber, por ejemplo, de qué forma la universidad se está manifestando, va a descubrir que la universidad no existe. ¿Y dónde están los intelectuales petistas? Está todo el mundo callado, no hay análisis en ningún lado. Pero las fuerzas sociales en Brasil son grandes, y por eso creo que debemos comenzar a pensar en un decálogo. El sistema político no va a ser reformado por completo, pero podemos pedir que se instituya una agenda de lo que es posible hacer para mejorar el sistema. Ya sería un comienzo.

-Un fenómeno curioso parece ocurrir en el gobierno de Lula: el apoyo mayor se concentra en algunos sectores de las clases altas y en las clases más bajas. ¿La clase media y los sectores organizados de la sociedad, donde residía el apoyo más militante del PT, se desencantaron?

-Sí; la clase media se desencantó de Lula. Pero hay matices. En primer lugar, efectivamente, el que está más feliz es el capital financiero, que nunca tuvo tanto lucro. Pero hay sectores industriales que no soportan más la carga tributaria ni los intereses altos como están. Por lo tanto, incluso en la alta burguesía brasileña, los grados de apoyo son extremadamente diferentes. Sin dudas, el PT está perdiendo a las clases medias, en particular porque está realizando reformas que amenazan ciertos privilegios ancestrales de esos sectores. Pierde apoyo también entre medianos empresarios, debido a la falta de una agenda de desarrollo y a las tasas de interés altas, y golpea a su militancia haciendo una política que niega los principios del partido. Las clases bajas, en tanto, están con Lula. No están con el gobierno, del que tienen una visión crítica.

-Los movimientos sociales y las clases medias intelectualizadas que se desencantaron del PT no se sienten cómodos volcándose políticamente hacia el Partido Social Demócrata Brasileño, que todavía ven como un partido de elite o tecnócrata. ¿Esos sectores quedaron huérfanos en la política brasileña?

-Quedaron huérfanos. Están rompiendo con el PT, pero no pueden acercarse al PSDB, porque sería como aproximarse a un partido que tiene una línea ideológica parecida a la que el PT adscribió al llegar al poder, y que ellos están combatiendo. En esa llegada del PT al centro, desde el punto de vista ideológico los dos partidos se juntaron. Y por eso se van a pelear eternamente: están disputando el mismo espacio político.

-Usted afirma que el verdadero cambio que se buscó con Lula hubiera ocurrido con el socialdemócrata derrotado, José Serra. ¿Por qué?

-Porque Serra era, en el gobierno de Cardoso, el mayor opositor a la política económica ortodoxa, mientras que el gobierno del PT tuvo que rendirles homenajes constantes al capital financiero y al FMI para no producir una crisis cambiaria. Igualmente, cuando Lula venció, yo me entusiasmé, pensando que desde el punto de vista político podría haber un gran avance. No tengo ningún preconcepto contra el PT, porque incluso participé en su fundación, hace 25 años. Cuando ellos se fueron inclinando hacia el sindicalismo y el leninismo, me alejé. Pensaba que el PT iba a traer nuevos vientos a la política brasileña, y no fue lo que ocurrió. Ellos llegaron al poder con el mito de crear un hombre nuevo. Lula no pasa un día sin decir que estamos viviendo un momento histórico, como si hubiéramos inaugurado una nueva era. Se crea una mitología para esconder el propio fracaso. Estamos presenciando una desinstitucionalización del sistema político.

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=726831

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