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"No es bueno que la gente diseñe la política criminal"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 19-06-2005 00:00:00

STELLA MARIS MARTINEZ, JURISTA

Ninguna sociedad puede considerarse madura ni plenamente democrática si su sistema penal se gesta a partir de casos individuales, demandas encrespadas y desconfianza en sus instituciones.

Virginia Messi.
vmessi@clarin.com

# Cómo afecta a la administración de justicia la intervención directa de la gente, ya sea en marchas reclamando nuevas leyes o pidiendo fallos concretos en un caso particular?

—En una sociedad madura sería deseable que se fijara una línea de política criminal y no se alterara por episodios. Ningún sistema puede crecer en base a casos individuales. No podemos tomar el caso Chabán como un paradigma de quienes están presos. Con dolor, los padres de los chicos que murieron en Cromañón piensan: "Lo están dejando en libertad porque no les importa la muerte de mi hijo". Con ellos, que están en crisis, hay que trabajar largo tiempo. Uno no puede pedirle al familiar más que la reacción natural por la pérdida... pero a la Justicia sí tiene que reclamarle otra cosa.

# ¿Hasta qué punto la gente puede o tiene que ser escuchada para crear políticas en materia penal?

—Durante muchos años, la gente no fue escuchada y ahora exige que se tenga en cuenta lo que piensa. Esto es lícito. Sin embargo, hay que entender que "escuchar" no es lo mismo que hacerle caso automáticamente.

# ¿No podría sonar un poco hipócrita?

—No, para nada. Hay que valorar su opinión, pero luego deben intervenir los técnicos. Ellos son los que tienen que determinar si el reclamo es correcto, si se adapta a la política criminal del Estado. No es bueno que sea la gente la que diseñe la política criminal y tampoco lo es que el Gobierno no la escuche. Lo que falta en nuestro país es un colchón, un puente. Hay un hueco...

# ¿Cómo debería llenárselo?

—En Argentina falta trabajo de campo con la gente. El hueco es político (no técnico) y lo ocupa, por ejemplo, el señor Blumberg... o el que fuera. Ahí habría que poner una militancia como la que fue destruida durante la dictadura. Hay que recrear una militancia que sirva de nexo con la gente y que pueda explicar cómo funcionan las instituciones. Hoy tenemos una juventud descreída y un reclamo popular de venganza motivado en una la falta de confianza en las instituciones.

# ¿Es una desconfianza injustificada?

—Por un lado, es verdad que tenemos instituciones cerradas a la gente. Pero, por otro, la gente habla, pero nunca vio un juicio; critica a los jueces, pero no va a los debates orales pese a que son públicos. En Estados Unidos —que no es mi modelo de país— todo el mundo se queja de un legislador y ese legislador tiene obligación de escuchar a los que lo votaron y les contesta. Entonces el sistema se canaliza por las vías ordinarias. En la Argentina no ocurre eso: la norma es que hay una estructura política que se debe a sus líderes políticos. Entonces los ciudadanos no se sienten representados y reclaman de manera válida pero inorgánica.

# ¿La militancia ordenaría ese proceso de entendimiento?

—Hay un sistema que entiende la política y la Justicia como un servicio a la gente. En este sistema el militante milita al lado de la gente, sabe sus necesidades y se convierte en un puente entre el pueblo y el político. Así era la militancia tradicional, luego todo se distorsionó. Hubo épocas de altos niveles de corrupción en los cuales todo el mundo luchó por un puesto, sin importarle la gente. Esa gente, que antes se callaba, cada vez se calla menos y eso provoca el reclamo y, a veces, el descontrol.

# ¿Eso se aplica a las manifestaciones contra la libertad de Chabán, por ejemplo?

—Los familiares de los muertos en Cromañón fueron y rompieron vallados en Tribunales porque no tienen confianza en los que legítimamente los tendrían que representar. Hay una crisis de representatividad. Hace falta confianza en las instituciones. Con lo de Chabán es clarísimo. La gente piensa que se les burlan en la cara. Si confiara en las instituciones habría actuado de otra manera. Habría pensado: "En este país funcionan las aduanas, Chabán no va a poder salir del país"; "Funciona la Policía, Chabán va a estar en su casa y va a haber un control". Pero nadie cree eso... Hay que lograr cambiar esta visión, pero eso no implica trasladar sin más lo que la gente pide. Eso fue lo que pasó en la provincia de Buenos Aires y no resultó: allí hubo un alto índice de inseguridad y como solución se hiperdimensionó el sistema penal y se disminuyeron las excarcelaciones. Ahora las cárceles no dan más y se dan cuenta de que ese sistema no sirve, no soluciona... Pero resulta que eso era lo que la gente quería.

# ¿Qué gente?

—Los que todavía tienen capacidad de expresión. Hay otras personas a las que nadie escucha, claro. Hablo de la gente que puede movilizarse, llenar una plaza. Ese sector, aparentemente, quería las reformas que se hicieron en la provincia de Buenos Aires. Esa gente reclamó leyes, porque el único líder que surgió —que casualmente era el papá de una víctima— les dijo que eso era lo que convenía. A Blumberg hay que respetarlo como víctima, reconocerlo en su dolor y darle es pacio... pero no como un técnico. El sistema republicano exige racionalidad en los actos de gobierno. Esa racionalidad tiene que surgir en todos los ámbitos. Si yo hago lo que quiere la gente aunque sepa que a la larga no es una política inteligente, no estoy actuando racionalmente. Por supuesto que, al tomar este camino, habrá que transitar una etapa en la que éste no sea un discurso agradable. Pero cuando hay que aumentar los impuestos se aumentan aunque tampoco sea agradable. Esa es la responsabilidad de la cosa pública.

# ¿Está de acuerdo con usar la prisión preventiva como excepción?

—Creo que la cárcel está siendo usada como un castigo inmediato, no como un lugar de resocialización. En la mayoría de los casos funciona como venganza. La prisión nunca es algo bueno, pero los penalistas no hemos tenido la creatividad suficiente para pensar alternativas. Hoy los presos están abandonados por todos. En la Justicia nacional sólo hay tres juzgados de Ejecución Penal, una defensoría y una fiscalía. Es una cantidad de trabajo impresionante, imposible de afrontar. Es fundamental que se creen más juzgados, fiscalías y defensorías en este fuero. En cuanto al tema de fondo, ninguna sociedad soporta que estén todos presos, esto es absurdo. Eso no combate el delito y, además, exige que una sociedad sea muy rica como para mantener más cárceles. Porque si destinamos cada vez más dinero a construir cárceles, no podemos hacerlo a costa de dinero que no va a educación o salud, por ejemplo. Lo mejor es crear alternativas. La apuesta de la cárcel es una apuesta negativa que no favorece ningún crecimiento.

# Para algunos, el juicio abreviado en el que el acusado se declara culpable a cambio de una pena menor (y sin llegar a juicio oral) es un método legítimo de descongestionar el sistema penal. ¿Coincide?

—Sirve, pero no hay que abusar. Es el defensor el que debe mensurar qué hay a favor y qué en contra. En algunos casos la persona prefiere no someterse al juicio oral, sabe que es responsable y prefiere ahorrarse eso. Gana entre otras cosas saber cuanto antes qué pena le va a tocar. Esto es válido. El problema es cuando se trata de un inocente que sabe que es inocente y también sabe que van a pasar muchos meses antes de que pueda tener el juicio oral. Entonces la persona dice: "Prefiero no quedarme ni un minuto más en esas cárceles donde peligran mis derechos humanos y donde puedo perder la vida. Antes que eso prefiero firmar un 'abreviado', quedar condenado pero que me excarcelen". Esto es grave, pero pasa. Un sistema jurídico sano no puede tener una tasa de juicio abreviado del 60%. Es muchísimo. Este tipo de sentencias no deberían superar el 25%. Siempre existe el riesgo de que se utilice este instrumento para no trabajar. Y también es cierto que al no haber debate oral, la causa queda como en la oscuridad y si hubo defectos en la investigación o se manipularon pruebas, no se descubre.

# ¿Hoy se investiga bien?

—Durante mucho tiempo en nuestro país se perfeccionaron técnicas que estaban más cercanas a la coacción que a la investigación. Estoy hablando de la Policía y también de los jueces de instrucción. Algo de eso todavía queda. Por eso es fundamental insistir en la utilización de elementos de investigación técnica. Si una causa está bien investigada, es indestructible.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/06/19/z-04015.htm

Copyright Clarín, 2005.

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