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Las dos preguntas de Mercedes

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 22-05-2005 00:00:00

Una conversación casual, durante un viaje en subterráneo, abre interrogantes de difícil solución... acerca de esta columna.

POR BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

El semáforo en rojo permitió que la conversación se prolongara un poco más; nos despedimos en la esquina, después de cruzar la avenida. Habíamos viajado juntas en el subterráneo y, durante el transcurso de las últimas dos estaciones, ella se sentó a mi lado "para charlar, ya que se daba la oportunidad", según me dijo. No nos conocíamos, aunque ahora sé que se llama Mercedes. Debe tener más o menos cuarenta años. Y lee esta revista dominical.

Recordando algunas notas publicadas durante el verano sobre un pueblito de Córdoba, Mercedes me preguntó si yo había vivido en el campo; y enseguida quiso saber si todo lo que leía en esta columna me había sucedido realmente y si yo realmente había visto las cosas que contaba. La respuesta a la primera pregunta era sencilla (sí, de chica yo había pasado dos o tres meses por año en el campo, cerca de Deán Funes); la segunda pregunta llevaba a cuestiones más difíciles. Le dije a Mercedes que yo escribía la columna básicamente como ejercicio realizado desde un mirador urbano al ras de la calle; que era una especie de diario no de lo que me sucedía sino de lo que estaba viendo que le pasaba a otros, escenas fugaces para mí, aunque repetidas para algunos de sus protagonistas. En ese sentido, lo escrito era lo que en pintura se llama boceto a mano alzada, el dibujo rápido que se realiza sobre un block de papel canson, a lápiz, en el lugar de los hechos, sin apoyar la hoja en una mesa, con el brazo y la mano suspendidas sobre la superficie blanca; o también, si se piensa en la fotografía, instantáneas, imágenes que probablemente no tengan otro valor que el de haber captado lo que sucede en un momento, si eso que sucede tiene algo de particular, no un gran significado, sino una punta de sentido que parece valer la pena, aunque nunca se esté demasiado seguro porque la instantánea puede ser completamente banal y la escena que se pensó significativa no revela completamente nada. No hay foto más tonta que una mala instantánea. Todo depende, más que de la destreza, del repentismo, ese reflejo que lleva la orden del ojo al dedo que aprieta el disparador de la cámara.

Mercedes me dijo: "Claro, pero también depende de cómo lo escribas", poniendo las cosas justo en el lugar donde verdaderamente se convierten en un problema: ¿cómo hacer que lo que está a la vista y es pasado por alto, vuelva a estar a la vista pero de un modo que impida que se lo pase por alto?

Le dije a Mercedes que eso de estar registrando lo que se ve, lo que asalta la mirada, a veces te coloca frente a cuestiones que son difíciles de resolver. Por ejemplo: ese enfermo que había recorrido el vagón del subterráneo en el transcurso de nuestro viaje. Algunas veces se me ocurrió escribir sobre él y no me atreví a hacerlo; el muchacho se diferencia por una gentileza elegante, por el modo con que va entregando una hojita donde se informa sobre su enfermedad y un paquete de golosinas, y sobre todo por la actitud de dirigirse en particular a cada pasajero cuando hace la recorrida inversa para recoger lo que eventualmente recibe, sin repetir ninguna frase mecanizada que traduciría la violenta precariedad de su propia situación. Se inclina con atención, como si tuviera mucho tiempo, sonríe un poco e insiste en que los pasajeros conserven la hojita fotocopiada. Es rara su voz baja y su cercanía que no implica confianza sino una especie de presencia que no se impone por el lamento ni por el imperativo.

Le dije a Mercedes que vacilaba en escribir sobre ese hombre, porque volvería a verlo y, en ese caso, me sentiría obligada a decírselo. No sabía por qué me sucedía eso precisamente con ese tipo y no con otros. Allí había un problema que la escritura no arreglaba, pero que viene de la pregunta que inició la conversación. Es fácil decir "escribo lo que veo", pero ¿qué relación establecer con eso: escena de costumbres, denuncia, análisis? ¿Es posible, en todo caso, ver bien? ¿Todo puede pasar a ser escrito?

http://www.clarin.com/diario/2005/05/22/sociedad/s-980985.htm

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