Por Juan Gelman
Los dos líderes más importantes de la asonada que desplazó al gobierno pro-ruso de Askar Akáyev en Kirguistán concertaron un acuerdo el martes que pasó: quien fuera alguna vez primer ministro del régimen derrocado, Kurmanbek Bakiyev, aceptó la exigencia del ex ministro de Seguridad del mismo régimen Félix Kúlov y reconoció la legitimidad del parlamento elegido el 27 de febrero en comicios que no se cansó de tildar de fraudulentos. Los nuevos legisladores, a su vez, nombraron presidente en funciones del país a Bakiyev, y jefe de las fuerzas de seguridad a Kúlov. El acuerdo es frágil: ambos tienen apetitos presidenciales y el exiliado Akáyev insiste en que no ha renunciado, creando así un obstáculo de índole constitucional. Por lo demás, Kúlov construyó un partido propio que nunca se sumó a la coalición opositora dirigida por Bakiyev.
El embajador de EE.UU. en Kirguistán, Stephen Young, se apresuró a saludar el cambio: “Mi país está orgulloso de jugar un papel de apoyo (a la ex oposición)”. Ese alborozo da por sentado que el país asiático es una nueva pieza del dominó que ha arrancado a Ucrania y Georgia de la órbita de influencia rusa gracias al empeño de la Casa Blanca de “llevar la democracia” al mundo entero. Ocurre que los antecedentes de los nuevos demócratas kirguises no parecen favorables al propósito: cuando fue primer ministro, Bakiyev ordenó en marzo del 2002 que la tropa disparara con fuego real contra una multitud que protestaba, en el sur del país, por el arresto de un parlamentario local. Cinco muertos. Kúlov, cuando fungía como viceministro del Interior, aplicó la misma receta contra manifestantes que intentaban tomar una comisaría alentados por la agonía de la URSS. Varias decenas de muertos (The Moscow Times, 25-3-05). Y lo que se dirime en Kirguistán no es precisamente su conversión a la libertad donada por W. Bush.
Cabe preguntarse la razón del interés que la Casa Blanca manifiesta ahora por un país pobre, montañoso, escaso de petróleo y que no representa amenaza alguna para Washington. La ubicación estratégica de Kirguistán en Asia Central proporciona parte de la respuesta. La situación es al respecto peculiar. En la era soviética, Moscú instaló una base aérea de 500 hombres en Kant, próxima a Bishkek, la capital. Desde los inicios de la “guerra antiterrorista” –incluso bajo el régimen de Akáyev–, EE.UU. otorga una ayuda económica a Kirguistán a cambio de la instalación de una base militar en Ganci, también próxima a Bishkek; cuenta con 1500 efectivos y de ella parten constantemente vuelos hacia Afganistán. Luego de invadir Irak los militares norteamericanos pidieron más: que se les permitiera desplegar en Ganci los aviones-espía AWAC, con fines imaginables. Esto alarmó a Moscú. Un par de semanas antes de las elecciones parlamentarias impugnadas que alentaron la revuelta, Bishkek resolvió denegar a EE.UU. el permiso que solicitaba (Eurasia.org, 15-2-05). Y el general Vladimir Mijailov, jefe de la fuerza aérea rusa, declaraba que se ensancharían y extenderían las pistas de aterrizaje de la base de Kant para permitir la llegada de todo tipo de aviones militares (Iter-TASS, 11-2-05).
Otra cuestión preocupaba además a EE.UU.: el hoy derrocado Akáyev había comenzado a reprimir a los fundamentalistas islámicos, en especial a los miembros del Hizb-ut-Tahir al-Islami, un partido que se propone crear un califato único con todos los países de esa confesión en el que se aplique “la doctrina islámica pura”. Su rama militar tiene conexiones con los terroristas chechenos y tayikos y con el no menos terrorista Movimiento Islámico de Uzbekistán. El gobierno Akáyev ilegalizó al Hizb-ut-Tahir y en junio del 2004 el portavoz del Consejo de Seguridad kirguís, Tokon Mamitov, denunció que el partido proscripto “explota la excesiva atención que le prestan instituciones como la Freedom House de EE.UU.” (Informe sobre Asia Central N 298, Institute for War and Peace, Londres, 9-7-04). Es notorio que el gobierno norteamericano financia a esa “organización sin fines de lucro”, dedicada a “promover la democracia en todo el mundo”. Su director es James Woolsey, ex director de la CIA, y apoya a todo grupo terrorista antirruso en movimiento por Medio Oriente y Asia Central. Los considera apenas “disidentes”.
Los terroristas chechenos gozan en particular de la excelente amistad de Richard Perle, asesor del Pentágono; Elliot Abrahams, el del escándalo Irán-contras; Michael Ledeen, del Instituto Empresarial de EE.UU., poderoso lobby pro-israelí, y de otros “halcones-gallina” que desde el Comité Estadounidense por la Paz en Chechenia sostienen a los autores de atentados sangrientos en Rusia y los proclaman “luchadores por la libertad y la democracia”. Ese comité “independiente” aplica y difunde las políticas de la Casa Blanca, desde luego. Es que para W. todos los terroristas son iguales, pero algunos son más iguales que otros.
Washington ha invertido e invierte millones de dólares en las ex repúblicas soviéticas para terminar con los regímenes pro-rusos y establecer “gobiernos amigos”. Woolsey califica de “fascista” a Putin. W. Bush dice que es antidemocrático. Rusia y China reaparecen como enemigos potenciales en los proyectos de reorganización militar que cocina el Pentágono. El imperio va por todo y se siente el feo olor de una guerra fría II. Fría, por ahora.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-49120-2005-03-31.html
NUEVA YORK.– Michael Ignatieff es un zorro. Años atrás, su gran maestro, el pope del liberalismo Isaiah Berlin, realizó una célebre distinción respecto de los intelectuales, llamando puercoespines a los que tienen una visión única y central, y zorros a los que apuntan a varios lados simultáneamente. Ignatieff no tiene inconvenientes en definirse según esa clasificación.
“Soy como un zorro, de una manera patética y desesperada. Corro de olla en olla tratando de que no se me queme ninguna. Abarco demasiado y me escapo en doce direcciones distintas. Pero si miro atrás, veo que temas como la libertad, la seguridad nacional, los derechos y, sobre todo, la moral en un mundo de diferencias son recurrentes en mi obra. Y esas obsesiones tienen algo de puercoespinianas”, explica, siempre con una sonrisa. Es la sonrisa perfecta en la cara de galán de Hollywood inteligente con la que Ignatieff cautivó, durante años, a la audiencia de la BBC, cuando presentaba documentales sociales y políticos. Y es la misma que reciben sus alumnos en el Centro Carr para los Derechos Humanos de la Universidad de Harvard, del cual es director y catedrático. Como buen zorro, además de ser una de las luminarias del mundo académico norteamericano, Ignatieff, doctor en Historia, es también novelista, periodista, corresponsal de guerra, ensayista y crítico literario de The New York Times. Fanático de la música clásica y el fútbol americano ("lo cual mi mujer considera totalmente barbárico", confiesa, suspirando) y autor de libros como "Isaiah Berlin. Su vida", "El honor del guerrero. Guerra étnica y conciencia moderna" y el flamante "El mal menor. Etica política en la era del terror", Ignatieff es un divulgador sofisticado. Domina tanto el mundo de las ideas como el de los medios, y desde esa perspectiva asegura, sorprendentemente: "Estamos siendo muy lentos para entender que el enemigo terrorista es mejor manipulando la tecnología moderna que la mayor parte de las democracias liberales".
"Es irónico que una figura como Osama ben Laden, que vive en una cueva, sea mejor que George W. Bush para comunicar al mundo su ideas", asegura Ignatieff en un diálogo con LA NACION lleno de frases que salen de la boca como ya escritas, una virtud claramente berliniana.
"Al-Zarqawi, el líder de la insurrección en Irak, también está haciendo un mejor trabajo de comunicación que los norteamericanos: usa sus videos pornográficos de las ejecuciones de rehenes como armas de guerra", agrega.
-¿Por qué llama pornográficos a los videos que salen de Irak, si no tienen nada que ver con el sexo?
-Porque actúan igual que la pornografía: al principio, hacen que el público se sienta curioso y excitado a su pesar; después, avergonzado, un poco degradado y, por último, hasta indiferente. Y el público de estas crueldades es universal. Un holandés que posee una página web con imágenes violentas y sexualmente explícitas, en la que difunde las decapitaciones, asegura que cuando las pasa, las 200.000 visitas diarias a su página saltan hasta 720.000. Pero, seguramente, la capacidad de degradación de estas imágenes no es lo más importante. Es más significativa la reflexión política que merece este nuevo tipo de reality show. Desde el punto de vista comercial, estos videos son auténticas propagandas de reclutamiento para la insurrección iraquí. Los videos anuncian que el grupo que los ha realizado es el más salvaje de todos, y eso sirve para atraer a nuevos miembros e incentivar la captura de víctimas.
-¿Esto es una novedad de la guerra de Irak?
-Antes de Irak habían existido muchas rebeliones llenas de violencia: en Argelia, contra los franceses; en Kenya, contra los británicos; en Vietnam, contra los estadounidenses. Pero ninguna utilizaba la cámara como instrumento de terror. El secuestro fue el arma preferida de los grupos armados en el Líbano desde los años 70. Pero no exhibían a sus rehenes en los informativos de la noche. Es una tendencia que empezó en Chechenia, siguió en Afganistán, con la ejecución de Danny Pearl, y ahora continúa en Irak. Es el terrorista como director de cine. Un hombre secuestrado hace poco en Irak contaba, al ser liberado, con qué cuidado y entusiasmo habían preparado los terroristas su aparición en video: dónde debía arrodillarse, hacia dónde tenían que apuntar las armas, cuál tenía que ser el fondo, qué palabras tenía que decir? Estas ejecuciones no son sólo crímenes, sino actos terroristas también, porque al difundir estas imágenes de horror se intimida a las tropas y a la población, se asusta a los periodistas y se manipula a la opinión pública. Por eso hay que tratarlas como armas de guerra.
-¿Qué deberían hacer los medios de comunicación?
-No es aceptable que los medios de comunicación masivos occidentales distribuyan y muestren la ejecución de seres humanos. Punto. Tienen que reportar qué está pasando, pero no dar al aire las imágenes. Si Al-Jazeera quiere mostrarlas, no hay nada que se pueda hacer para impedirlo. Hay un mercado global para imágenes pornográficas y los sitios web que las distribuyen no pueden ser detenidos. Pero los medios de comunicación serios y con una reputación que defender no deberían llevar estos videos pornográficos a sus televidentes. Significa darles a los terroristas una victoria innecesaria.
-A diferencia de la mayor parte de los intelectuales norteamericanos, usted apoyó la guerra en Irak desde el principio. ¿Por qué?
-Yo apoyé la guerra porque estuve en Irak en 1992 y vi con mis propios ojos lo que Saddam les hizo a los kurdos. Yo no fui ciego ni naïf respecto de los motivos que llevaron a Bush esta vez a la guerra, pero sí creí, y creo, que buenos resultados -básicamente, un Irak democrático- pueden obtenerse a partir de intenciones ambiguas. Así que apoyé la invasión incluso a pesar de que hubo evidencia de que algunas de la razones esgrimidas eran falsas, como la existencia de armas de destrucción masiva. Pero de lo que no tengo duda es de que este éxito inicial sí cambia el panorama. Crea la posibilidad de un proceso constitucional exitoso en 2005, unas elecciones para ratificar la Constitución este año y elecciones nacionales en 2006. Luego los americanos vuelven a casa y ¡presto! tenemos un Estado democrático en Medio Oriente, con un ingreso anual de miles de millones de dólares por la venta de petróleo. Esto es un cambio revolucionario. Nadie piensa que haya sido fácil. Los norteamericanos han hecho cada error posible en Irak y es así, en cierta medida, a pesar de ellos, y no gracias a ellos, como estamos viviendo las consecuencias de un enorme triunfo. Todo el mundo debería estar conmovido: mujeres totalmente cubiertas que atraviesan calles entre la miseria para ir a votar a pesar de las amenazas. En un mundo podrido, es de las mejores imágenes que se pueden conseguir.
-¿Y por qué hay tantos que no se alegran?
-La centroizquierda no se anima a apoyar la libertad en Irak, no sea cosa que parezca que coincide con los neoconservadores. Los ideólogos contra la guerra tampoco pueden apoyar a los iraquíes, porque eso requeriría admitir que resultados positivos pueden salir de malas políticas y peores intenciones iniciales. Finalmente, están los ideólogos bobos del mundo árabe, e incluso unos cuantos de Occidente, que creen que los llamados insurgentes están librando una guerra justa contra el imperialismo norteamericano. Todo esto hace que uno se pregunte en qué momento la izquierda se olvidó del nombre correcto para la gente que pone bombas en los centros de votación, mata a quienes trabajan en el sufragio y asesina a los candidatos. El nombre correcto para esa gente es fascistas. Porque el fascismo es un intento de destruir el proceso democrático a través de la violencia. América latina lo sabe, Europa lo sabe. Veían lo que pasaba en la televisión, pero no hicieron prácticamente nada. ¡Gracias a Dios, los iraquíes no fueron intimidados! Los resultados que estamos viviendo se deben a una conducta absolutamente heroica de parte de ellos. El día de las elecciones fue el mejor de la historia iraquí desde 1945, y los últimos meses fueron los mejores de la historia de Medio Oriente de la última mitad de siglo. Obviamente, todo puede ser destruido con facilidad, pero unas elecciones libres para los palestinos y unas elecciones semilibres para los iraquíes son pasos importantísimos.
-¿Qué opina de las elecciones en los Estados Unidos? ¿El triunfo de Bush refleja un país que dio un giro conservador y religioso?
-El mejor candidato ganó. El resto del mundo tiene dificultades para tomarse a Bush en serio, pero es un político muy efectivo, que desarrolló una mejor campaña que Kerry y logró llegar más a los votantes. ¿Si esto significa un cambio histórico-generacional que refleja que la sociedad se está volviendo más religiosa y conservadora? No. Los resultados de las elecciones fueron muy ajustados. Si Kerry conseguía 50.000 votos más en Ohio, ganaba. El país permanece dividido casi en partes iguales. No es que quienes apoyan el casamiento entre homosexuales o la justicia social fueron derrotados para siempre. Simplemente, no supieron encontrar una forma de movilización tan buena como la de los republicanos. El tema clave es que no se puede ganar a largo plazo corriendo en contra del presente. Los republicanos están en contra de la libertad de elección de las mujeres respecto del aborto, de los derechos de los gays a la igualdad sexual; están en contra de la responsabilidad fiscal, dado el déficit con el que se manejan, y no tienen una política para proteger a los trabajadores norteamericanos de las inseguridades de la globalización. Todos éstos son temas reales del presente. No se puede estar contra ellos y ganar para siempre las elecciones. Los jóvenes tienden a votar por los demócratas y el futuro está en las costas, no en Kansas. Los republicanos ganaron sobre la base del pasado. No digo que los demócratas sean el futuro, pero sí que los temas que los identifican importan. Y todo esto dicho por una persona muy conservadora y que está bastante a la derecha...
-Su último libro es sobre la ética política en la era del terror. ¿Qué es lo que más lo preocupa hoy?
-Muchas sociedades latinoamericanas, empezando por la Argentina y Chile, saben exactamente lo que la tortura, la interrogación secreta y las desapariciones le hacen a una democracia. No hay nada que pueda decirle a un país como el suyo sobre las heridas que deja en la sociedad que los militares, con el pretexto del terrorismo, destruyan la democracia. Todo el mundo debería aprender del ejemplo latinoamericano. Una vez que se tienen en el sistema tortura y detención secreta, es muy difícil eliminarlas. Son como un veneno, como un virus que se traga todo a su paso. Para el resto del mundo, que la Argentina y Chile hayan salido de ese horror es una gran fuente de inspiración, pero es muy preocupante que, en algunos aspectos, los Estados Unidos parezcan estar cometiendo los mismos errores que Chile y la Argentina cometieron en los 70. La democracia está basada en la existencia de límites a lo que el gobierno puede hacer sobre el individuo. Permitir la tortura y las detenciones secretas es permitir un cáncer que destruye la democracia, y una de las cosas más preocupantes de la guerra contra el terror de los Estados Unidos es que no sabemos quiénes son ni dónde están todos los detenidos. Así, no se puede protegerlos, y los abusos crean el odio en el cual el terrorismo se alimenta. Yo soy una persona que quiere golpear al terrorismo fuerte al límite de la ley, pero no podemos hacerlo destruyendo dos principios: no debe existir detención indefinida fuera del alcance de la ley y no debe haber interrogaciones bajo presión física. Hay muchas cosas que se pueden hacer con los terroristas, ésas no. Si no, estamos destruyendo los mismísimos principios que esta guerra intenta proteger.
-Como profesor, ¿cómo ve las próximas generaciones?
-Yo tengo alumnos de ochenta nacionalidades en mis cursos en Harvard. Lo mejor que tienen esas clases es que sirven para que los chicos norteamericanos se den cuenta de la suspicacia y desconfianza con las que se mira su país desde afuera, de cómo las buenas intenciones de los Estados Unidos hacia el resto del mundo no son dadas por ciertas. Pero son igualmente importantes para que los alumnos extranjeros vean a los Estados Unidos no como un cliché, sino como un lugar complejo, con mucha gente con visiones distintas, y que tiene algunas de las grandes instituciones de la libertad del mundo.
Por Juana Libedinsky
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=691601
Hubo un tiempo en el que al esposo de una maestra lo llamaban fogonero. Se suponía que el sueldo de su mujer le permitía quedarse en casa tomando mate.
BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar
En 1920, un maestro, según categoría y antigüedad, ganaba entre 180 y 275 pesos; una familia obrera, donde trabajaban dos personas, entre 170 y 180 pesos. Según un estudio de Liliana Pascual, a lo largo de esa década, el ingreso de una familia obrera tipo cubría sus gastos, con pequeñas diferencias a favor o en contra. Es fácil concluir, entonces, que el sueldo más bajo de un maestro bastaba, por si sólo, para enfrentar las necesidades de una familia obrera; y el de un maestro de la llamada primera categoría, arrojaba un plus de más del cincuenta por ciento por encima de esas necesidades básicas.
Empiezo por estos datos duros, porque explican una denominación popular en aquellos años: fogonero se llamaba, con ironía machista, al esposo de una maestra, ya que se creía que con el sueldo de la mujer el marido podía quedarse en casa, tomando mate. Para las mujeres, ser maestra era un camino de ascenso respetable, que no contradecía el modelo tradicional de una persona consagrada a los niños, la "segunda madre", como se decía con elocuente sentimentalismo. Para los hombres, la docencia era una carrera hacia la dirección de las escuelas y los puestos administrativos.
Los hijos de familias pobres que llegaban a ser maestros pensaban que les iba bien en la vida. No se trataba de la opción para los que menos esperaban; lejos de ello, en los barrios y en los pueblos, los maestros formaban, junto con el médico, un conjunto respetable: gente de opinión, que conocían a todo el mundo y todos habían comprobado sus habilidades y saberes.
El trabajo formal de muchos escritores argentinos fue el de profesor secundario, algo que hoy sólo se conserva parcialmente en un par de colegios dependientes de la Universidad y algunos privados de la élite intelectual. Los críticos más célebres de los años veinte, como Ricardo Rojas y Roberto Giusti, enseñaban literatura en los colegios. En realidad, los escritores que no pertenecían a la oligarquía trabajaban o en la docencia o en el periodismo. Queda bien claro que hoy solamente el periodismo recluta a escritores como mano de obra. Ser profesor secundario no era un exilio en el territorio de la incultura.
Quien pase algunas horas en los archivos del Ministerio de Educación podrá comprobar que los informes anuales que enviaban los directores de las escuelas normales, donde se formaban los maestros, estaban redactados por administradores de primer nivel. La capacidad conceptual, la escritura, el sentido de la responsabilidad, la imagen enaltecida y un poco solemne de la tarea realizada, los medios intelectuales puestos de manifiesto, todo en esos informes traducía el lugar que la escuela tenía en la conciencia y en la práctica de los gobiernos y de las burocracias estatales. No cabe duda de que esos informes describen el trabajo dentro de una máquina educativa que funcionaba. Los directores se pensaban a sí mismos como modeladores de la sociedad: esa idea tenía sus aspectos autoritarios, sin duda, pero era una idea que, además, se llevaba a la práctica. Entre lo que se pensaba que la escuela debía ser y lo que la escuela era no había un precipicio.
Hoy justamente, ese precipicio separa lo que se quiere de la escuela y lo que la escuela hace efectivamente. Las razones son muchas y los técnicos no dejan de mencionar el hecho de que los chicos que ahora llegan a la escuela son social y culturalmente diferentes a los de 1920 ó 1950. Los maestros también son diferentes, ha cambiado su preparación y su lugar en la sociedad. En las sociedades capitalistas no existen profesiones cuyo prestigio no esté vinculado al dinero que se percibe como salario. El capitalismo clasifica y establece lugares sobre esa base. En consecuencia, el salario de los maestros y su prestigio social se siguen como un cuerpo y su sombra; y, por supuesto, el salario de un maestro, lo que éste pueda dar y lo que puede exigírsele están soldados.
En sociedades regidas por el principio del éxito, nadie querrá ser maestro si esa profesión es percibida como una salida para quienes, verdaderamente, no tienen otra.
http://www.clarin.com/diario/2005/03/27/sociedad/s-945908.htm
SUSANA SOMMER, BIOLOGA
Desde la bomba atómica y los juicios de Nüremberg, se sabe que todo progreso científico debe estar precedido de un debate sobre su uso. En ese aspecto, la genética es hoy una de las áreas más sensibles.
Analía Roffo
aroffo@clarin.com
Nada parece hoy más veloz ni nutrido que la información sobre los avances científicos. Pongamos un umbral arbitrario: desde la clonación de la oveja Dolly, en 1997, ¿todo lo que ocurrió es para festejar? ¿O tendríamos que preocuparnos o tomar recaudos sobre ciertos avances?
—Usted me pregunta, en realidad, cómo nos paramos frente al progreso. En ese sentido, hay dos hitos que nos ponen en alerta sobre qué posiciones corresponde avalar. En general, todos fuimos educados en que el progreso es siempre bueno y que nunca tiene aspectos negativos. Sin embargo, hubo dos episodios —muchos más, pero hay dos que son clave— que dispararon reflexiones imprescindibles. Son, por un lado, el Juicio de Nüremberg, y por otro lado, la bomba atómica.
# ¿Por qué son puntos de inflexión?
—Porque, de golpe, la comunidad científica y también el resto de la gente se puso a pensar si todos los experimentos eran buenos, irreprochables. En Nüremberg se juzgó, además de a los jerarcas del nazismo, a los médicos que habían hecho tantos experimentos horrorosos en campos de concentración. Y muchos de los que creían que los médicos, por el solo hecho del juramento hipocrático, venían con el chip automático para la ética, descubrieron con dolor que de ninguna manera era así. De esa certeza proviene un código ético por escrito que debe ser respetado desde entonces.
# ¿Qué precisiones se hacen allí?
—Que para experimentar con un ser humano —es el primer punto— hay que contar con su consentimiento. Derive de allí todo lo que corresponde al deber de informar y al derecho del otro de ejercer su libertad. La bomba atómica dispara otro cúmulo de reflexiones respecto de los avances que pueden servir para el progreso y el desarrollo, pero tienen asimismo una faz letal.
# Es la pregunta permanente de Einstein y la que recorre, por ejemplo, la obra de teatro Copenhague: "Se puede, pero, ¿se debe?"
—Exactamente. Frenar el avance es imposible. No corresponde limitar la libertad de investigación científica. Pero sí, lo que es imprescindible —y ético— es preguntarnos, en cada caso, cómo queremos usar cada uno de esos avances.
# Pongamos un ejemplo concreto, por favor.
—Usted sabe que hay tests genéticos. Hay una corriente que parece creer que lo ideal sería hacerle a todo el mundo los tests genéticos para descubrir qué enfermedad potencial tiene y luego curarla. Pero resulta que los tests genéticos sólo dan cuenta de muy pocas enfermedades que sí se pueden curar. Eso dispara un debate intenso: ¿hacer o no hacer tests después de los cuales uno no puede garantizar una cura? Porque, en realidad, con el test en la mano estamos dando una información que después ni el propio interesado ni su médico pueden manejar.
# Pero hay algunos tests que son útiles...
—Obviamente. Por ejemplo, el que se les hace a los bebés recién nacidos extrayéndoles una gotita de sangre. Sirve para detectar dos enfermedades que conducen al total deterioro neurológico y la muerte final: fenilcetonuria e hipotiroidismo. Con esa detección, y modificando luego la dieta de los chicos, se asegura un desarrollo sano. Esto es entonces lo ideal: tests genéticos cuya información conduzca a soluciones exitosas. Es ese rubro no están, precisamente, los referidos a la selección de sexo.
# ¿De qué se tratan?
—Son el mejor ejemplo de los avances que empiezan sirviendo para una cosa y terminan para otra. Cuando se hace diagnóstico prenatal para buscar enfermedades que se consideran muy serias, simultáneamente como información aparece el sexo del feto. Resulta que, a partir de eso, distintos grupos empezaron a pensar si esa información no se podría usar para seleccionar el sexo.
# Parece riesgoso, realmente...
—Sí, porque hay muchas sociedades que si pueden elegir, prefieren más varones que mujeres. De hecho, tanto en la India como en China, han logrado alterar las proporciones. Normalmente, la proporción es del 50%, más o menos, de varones y de mujeres que nacen. Pero, si cada vez que se hace un diagnóstico prenatal, se eliminan los fetos femeninos, finalmente va a haber más varones que mujeres. Se podrá decir que hay "razones culturales" para dicha selección, pero lo cierto es que se está usando una técnica que no estaba prevista para ese fin tan discutible.
# ¿Por qué eligió ejemplos del campo de la genética para plantear problemas éticos?
—Porque, junto con el de la biotecnología y el de las patentes, son los campos que me parecen más sensibles y que requieren más atención en este momento. Acabo de leer un caso que ocurrió hace poco en Estados Unidos, que ejemplifica mis temores y los de tantos otros de la comunidad científica. Se trata de una pareja que tiene un bebé sordo de nacimiento. Es decir, le descubren la sordera al sexto día de vida y la cobertura médica que tenía esa familia la define como enfermedad preexistente. Por lo tanto, no cubren ni el tratamiento ni los audífonos superespecializados que el bebé necesita. De estos riesgos hablo: de creer que los genes lo definen y lo predeterminan todo. Con ese criterio podemos vulnerar desde los seguros de vida hasta las relaciones laborales. No dudo de que hay más de una empresa que, con el perfil genético de alguien en la mano, decide no emplearlo. Imagine la deducción: "Este trabajo es muy contaminante y bastante dañino para tales órganos, y como esta persona tiene predisposición a tales enfermedades, mejor no la tomamos". La alternativa más adecuada, la más ética, podría ser: "Como este trabajo es muy contaminante, tendríamos que mejorar la condiciones en las que se realiza". Para que quede claro: es perjudicial el reduccionismo genético, el destino de uno no está en los genes. Muchos rasgos implican una predisposición genética, pero las condiciones de vida pueden hacer que ésta se desarrolle o no.
# Hay quienes dicen que uno tiene derecho a no querer saber cuáles son sus predisposiciones genéticas. ¿No suena un poco irresponsable?
—No. Le doy el ejemplo del mal de Huntington, que es lo que antiguamente se llamaba el mal de San Vito y que consiste en un problema neurológico por el que la persona se mueve descontroladamente. Es una enfermedad que aparece recién después de los treinta y pico de años. Con lo cual, el portador puede haber tenido hijos sin saber. Existe un tests genético para detectar este mal, pero, ¿cuántos querrían saber que, eventualmente a los 40 años podrían desarrollarlo? La vida entera podría afectarse ante esa presunción. En realidad, ninguno de nosotros sabe qué de bueno o de malo le va a pasar y vivir con la hipótesis permanente del mal de Huntington podría generar una serie de consecuencias no deseadas. No es saludable para nadie transformar su vida en una especie de profecía autocumplida.
# Pero, ¿cómo sustraerse a tanta información? Cada día leemos sobre el descubrimiento de un gen nuevo y resulta difícil no interpretar todo en clave genética.
—Eso nos llevaría a diferenciar entre divulgación seria y trivialización. No podemos explicar la obesidad, la homosexualidad, la miopía o cualquier otra cosa por la existencia de un gen. Siempre hay componentes genéticos, pero, ¿cuál es su verdadero peso?
# Semanas atrás, se votó mayoritariamente en las Naciones Unidas que los gobiernos que la integran prohíban la clonación humana (tanto reproductiva como terapéutica). La Argentina se abstuvo. ¿Le parece una buena decisión?
—Se ha generado, en salud pública, una red donde se discuten estos temas. Se sabe que hay países en contra y otros a favor de la clonación reproductiva. Se decidió entonces que Argentina debía apoyar la clonación terapéutica pero no la reproductiva, porque por lo que se sabe hasta ahora de ésta última, no hay ninguna razón para avalarla.
# ¿La abstención no es neutralidad entonces?
—No, no. Implica coincidir con muchos países que no quieren frenar la investigación genética, pero no olvidan los fundamentos éticos que deben sustentarla.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/03/27/z-03415.htm
Copyright Clarín, 2005.
Lo afirma la socióloga Celia Szusterman
LONDRES.– La socióloga argentina Celia Szusterman explica, o trata de explicar, algunas actitudes del presidente Néstor Kirchner porque él ha vivido y trabajado en la Patagonia. Tiene actitudes, dice, que están más cerca del aislamiento y de la intransigencia que de la apertura y la democracia. Szusterman se doctoró en política en la Universidad de Oxford y es frecuentemente requerida por medios de comunicación británicos, como la BBC y Bloomberg’s TV, y por políticos y diplomáticos que pretenden entender qué sucede allende los mares, donde hubo una guerra, una “mano de Dios” y una crisis aún fresca.
“La lectura de los diarios en las últimas semanas, así como los comentarios de analistas y de amigos, me causó un terrible desaliento por la recurrencia de las palabras «miedo» y «temor» –dice–. Me recuerda el clima de intolerancia ideológica que se vivía entre 1971 y 1973 en la Facultad de Filosofía y Letras. Claro que ese clima siguió después, pero para entonces yo ya estaba en Inglaterra, gozando de un ambiente de tolerancia y libertad que hizo que nunca mirara hacia atrás.” Profesora de estudios latinoamericanos en la Universidad de Westminster, miembro del Instituto Real de Asuntos Internacionales (Chatham House) y del Instituto para el Estudio de las Américas de la Universidad de Londres y ex directora del programa de estudios argentinos de Oxford, Szusterman dice que la visión de que la Argentina está alejada del mundo no ha sido introducida por Kirchner, pero que, en cierto modo, ha sido reforzada en los últimos años.
Dice, no obstante, que el estilo de Kirchner "está empezando a molestar". Ya en su tesis doctoral, sobre la política desarrollista, entre 1956 y 1962, advertía que uno de los problemas más graves de la cultura política argentina era la intolerancia "reflejada en el orgullo con que algunos radicales abrazaban la etiqueta de la intransigencia".
"Lamentablemente -opina-, el actual gobierno continúa y refuerza los peores elementos de aquella cultura política."
En 1973, Szusterman obtuvo una beca del British Council para estudiar en Londres. En la Argentina había sido una de las fundadoras del PAMI, inspirado en el plan del médico Arnaldo Torrens, afiliado al Partido Comunista y, a la vez, admirador del sistema de salud público británico, por su orden piramidal. Es decir, con un médico de cabecera. Creyeron que era la solución y, como integrante de un equipo de 22 sociólogos, ella tuvo que hacer un relevamiento en Comodoro Rivadavia.
"Un día fueron a buscarme porque un chico de las Malvinas iba a cursar el colegio secundario en Comodoro Rivadavia -dice-. Fui a recibirlo. Lo llevé a pasear. Estaba emocionado por las luces. ¡En Comodoro Rivadavia! No podía creerlo. Era un shock cultural para él. Yo no sabía cómo eran las Malvinas hasta que llegué a este país. Terminé la maestría en políticas públicas en 1974 y regresé. Convencí al British Council de que había estado un año en la biblioteca, estudiando, y me dieron otra beca, esa vez, para el doctorado. Al terminar, no sabía qué hacer. Era imposible hablar de políticas públicas con el gobierno de Isabel Perón o con los militares."
Puntales para su educación y su posterior residencia en Londres han sido Juan Carlos Torre, Ezequiel Gallo y Guido Di Tella, entre otros. Szusterman dice que, en medio del caos en el cual se encontraba la Argentina después del golpe de Estado de 1976, una de las causas de su partida del país fue la de- saparición de Augusto Conte McDonnell, de 19 años. Habían quedado en verse un domingo; nunca llegó.
"Yo sabía que él no tenía nada que ver -dice Szusterman-. El siempre quería saber qué decían las letras de las canciones de los Beatles. Yo había vuelto de Inglaterra con un discurso muy liberal, en contra de lo que estaba pasando en la Argentina. Después de la desaparición de Augustito, una tía me mandó desde Australia un billete de ida Buenos Aires-Londres. Mi mamá no sabía si agradecerle u odiarla."
Desde entonces, Szusterman ha escrito varios ensayos sobre la Argentina. De la historia, rescata la figura de Frondizi, como el estadista que, más allá de sus errores, pudo haber sido. O fue. "Tenía una visión de lo que era el desarrollismo de su época -dice-. Mi crítica fue que no hizo nada por reforzar las instituciones que Perón había dejado."
-¿En qué medida influye Perón cuando trata de explicar la Argentina en el exterior?
-Según a quién una intente explicarla: si se trata de un turista que quiere conocer el país y comprar cosas fantásticas, si se trata de un político o de un diplomático que quiere entender cómo es la Argentina... Supongamos que sea ese caso. La pregunta es siempre la misma: ¿cómo puede ser que un país con tantas posibilidades nunca parece lograr nada y pase siempre por crisis recurrentes? A mí me resulta muy difícil explicarlo. Tengo que empezar por decirles que se olviden de todo lo que saben acerca del sistema de representación de partidos, de Inglaterra, sobre todo, porque tienen que entender un fenómeno: el peronismo. Es la peor manera de explicar algo. Y esta gente sabe de qué se trata. Pero pregunta desde lo más profundo del corazón: ¿cómo se explica el peronismo?
-¿Cómo se explica?
-Tengo que mirar con cara de absoluta honestidad y sinceridad y decirles que la única manera de explicarlo es la fórmula que usan los peronistas: el peronismo es un sentimiento. Eso no quiere decir nada, me dicen. Y ya sé que no quiere decir nada. La otra manera es acordarse de lo que siempre decía Perón: no es que él hubiese sido tan bueno, sino que los otros, los que lo siguieron, fueron muy malos. Esa es, de alguna manera, la catástrofe o el drama argentino. Que los no peronistas, antes antiperonistas, no tuviesen claro qué querían. Que no fuesen verdaderos demócratas, que no entendiesen qué significaban las instituciones básicas de una república. Precisamente por defender las instituciones había que ser antiperonista o no peronistas. Entonces, optaron por quedarse en la superficie, por hacer parecer que todo había sido un fenómeno surgido del resentimiento social, de los cabecitas negras que venían del interior, en lugar de centrarse en problemas más serios, como los ataques a las instituciones republicanas de la democracia liberal. Estas palabras no le importaban a Perón: el peronismo siempre tuvo la visión estrecha de que la democracia era una formalidad, cosa que hoy poca gente acepta.
-A su juicio, ¿qué era para Perón la democracia?
-Una cuestión de números: yo tengo la mayoría, yo gané, basta. La oposición al peronismo no fue capaz de cambiar el discurso y de poner el acento sobre las cosas que realmente importan. Hoy hay una gran ola de simpatía hacia Frondizi. Si los comparamos con los que vinieron después, tiene estatura de estadista. Mi crítica fue que no hizo nada por reforzar los temas de siempre: la división de poderes, la independencia entre el Poder Judicial, el Congreso y el partido, aggiornar el radicalismo, que vivía pensando en la Declaración de Avellaneda. No hizo nada.
-¿Por qué cree usted que no hizo nada?
-Por esa concepción de que la política era asunto de las vanguardias, del grupo tecnocrático iluminado que iba a arrastrar a los demás. Frondizi tenía una visión de país respecto del desarrollismo, de las empresas extranjeras, de las petroleras? Creo que una de las tragedias argentinas fue por culpa del partido radical, por haber anulado los contratos petroleros apenas asumió Arturo Illia el gobierno. Pero a Frondizi no le importaban las instituciones republicanas. Si en ese momento se hubiera empezado no sólo con un discurso, sino con una política de afianzamiento y respeto a las instituciones, se habrían evitado muchos de los desastres que vinieron después.
-En las últimas elecciones, la segunda vuelta iba a ser entre dos peronistas.
-Eso, creo yo, es culpa de la oposición, no del peronismo. No se lo puede culpar por ocupar un vacío. Tiene que haber una oposición con un discurso no peronista y creíble. Hasta ahora, sólo hay individuos opositores, a quienes tengo mucho respeto: López Murphy, Carrió?
-Menem...
-Sí, pero no me parece que él sea una oposición creíble ni real para el no peronismo. Por otro lado, sería un error terrible para López Murphy aliarse con Menem o con el menemismo. Creo es un problema serio de la Argentina la falta de oposición. No por carencias de la oposición misma, que las tiene y no las voy a negar, sino por el armado institucional y por cierto estilo que tiene este gobierno, que hace que la tarea opositora sea mucho más costosa de lo que normalmente es. No digo costosa por lo económico, que también cuenta, sino por poder aparecer y poder tener un discurso opositor, y que la opinión de la oposición sea tenida en cuenta y sea rebatida en el nivel que corresponde.
-¿Cómo se percibe el discurso de Kirchner fuera de la Argentina?
-Lo del discurso y el estilo del presidente Kirchner es un tema muy importante. Hay gente que tiende a descartar el estilo y el discurso porque piensa que son formas, que no van a la esencia. Creo que es un error. El estilo de este gobierno está empezando a molestar. Un estilo autoritario, arrogante, de querer imponer cosas, a nadie le gusta. A la gente le gusta que tomen en cuenta su opinión y que la respeten, que la consideren. El estilo de Kirchner en la negociación de la deuda, el trato con los empresarios, la forma en que descarta el pasado y lo condena absolutamente, la idea de que su gobierno es el eterno retorno que otros países no tienen por una continuidad del Estado son cosas que no se entienden y se ven mal. Parece una actitud poco seria en lo que tiene que ver con lo institucional.
-La excusa pudo ser el 22 por ciento con el cual ganó la primera vuelta de las elecciones: necesitaba construir poder.
-Sí, pero hay formas y formas de hacerlo. No creo que hubiese descuidado su poder si, además del discurso contra la corrupción y demás que tenía al principio -con el que una, naturalmente, se identifica-, hubiera incluido la necesidad de reforzar las instituciones. No sólo en el discurso, sino en los hechos. Estar en una permanente denuncia de barricada quizás en los primeros cinco meses fuera necesario para tener popularidad. Pero ya está a mitad de camino del mandato. No se puede seguir con ese tipo de reacciones. Lo que una no ve, y no pretendo ser original, es una visión de largo plazo de los problemas que causaron las crisis recurrentes de la Argentina.
-En la Argentina, ¿hay una democracia real o una democracia electoral?
-No hay una democracia real. Después del gran optimismo de la ola democratizadora que todos celebrábamos en los centros académicos hace veinte años, ahora hay una visión bastante más crítica. Bueno, está bien, tenemos gobiernos elegidos democráticamente, lo cual es un enorme avance respecto de lo que teníamos antes. Pero no alcanza con esto. Tenemos democracias basadas en sistemas electorales, basados, a su vez, en la captura del aparato estatal por parte de ciertas elites. En este caso, la elite peronista. Hablo de las cúpulas del peronismo. Hay ese tipo de apropiación de los organismos del Estado, pero no hay una democracia cualitativa.
-No hay conciencia del Congreso como un foro, por ejemplo.
-Hay incomprensión de lo que es el verdadero sistema democrático. Rige la idea de que la democracia es el número, es la cantidad. Tenemos tantos votos, somos democráticos y, por lo tanto, podemos hacer cualquier cosa. Ese es el desastre, el drama argentino: que el peronismo haya legitimado la democracia sólo en términos de números y que la oposición, a pesar del discurso coherente, tanto de López Murphy como de Carrió, no haya logrado armar partidos y estructuras suficientemente sólidas. Es una tarea que lleva mucho tiempo. Siempre recuerdo que a Lula le llevó veinte años llegar al poder. En la Argentina, esa visión de un futuro en el que la pelea política sea una construcción de alianzas y de negociaciones no se entiende bien, porque la forma de llegar al poder siempre fue por el peronismo o por los militares.
-¿La oposición es legítima u oportunista?
-Se entiende mal el significado del oportunismo. En política, hay que tener un poco de oportunismo para poder aprovechar las circunstancias. Pero si oportunismo quiere decir cambiar de postura para ganar en un determinado momento, está mal visto. Se lo asocia con la viveza criolla. La gente entiende que la política tiene que ser más que eso. La gente todavía tiene educación. Si no tiene educación formal, tiene sentido común. El sentido común es el que nos sirve para determinar si este hombre que ayer me estaba diciendo una cosa ahora me está diciendo otra. ¿Cree que soy tonto? El sentido común quiere ver cierta continuidad, cierta adhesión a principios.
-Cierta coherencia, digamos...
-Coherencia y un discurso que se mantenga en el tiempo y dentro de los principios con los cuales la gente pueda identificarse. La tragedia de Cromagnon tiene que ver con la transparencia, la responsabilidad, los controles, pero, además de la responsabilidad del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y del propietario del local, está la responsabilidad de las personas que fueron allí, porque han llevado niños pequeños. Es algo que no me entra en la cabeza. Cuando me invitaron a la BBC para hablar del tema, la gente joven que estaba trabajando en el control me preguntaba si era cierto que había una guardería en el baño. No lo podían creer. Esa ruptura de valores tiene que ver con mucho más que las instituciones. Hay un papel muy importante que tienen que cumplir los líderes políticos. Una función didáctica. Tienen que hablar de la necesidad de respetar las instituciones.
-No hay país donde no haya un poco de cansancio de los políticos...
-Las elecciones europeas y las argentinas son distintas. Entiendo más el cansancio en el caso de los europeos, aunque también tiene cierta explicación. No creo que haya quejas por tener que votar la Constitución Europea, pero la gente conoce poco esa Constitución. Me sorprendió la campaña pública que hubo y, a pesar de eso, fue enorme el grado de ignorancia de la gente acerca de la Constitución. Creo que cuando haya elecciones en este país existe una alta probabilidad de que se pierda, porque la Constitución Europea es muy populista e incluye cosas que no son temas constitucionales, como el derecho a una vida feliz. Es como si el gobierno tuviera la responsabilidad de garantizar la vida feliz. El problema fundamental de la Constitución es que establece la creación de un nuevo Estado europeo.
-Bueno, todo nuevo presidente argentino ha intentado partir de cero.
-Es un grave error pretender que la historia comience a partir de uno. Es falta de conciencia histórica.
-¿Es una exageración?
-Puede que sea exitismo. Hay una responsabilidad de los diversos gobiernos. ¿Qué significaría que una mañana alguien dijera que vamos a hablar de Malvinas? Para hablar tiene que haber diálogo y buena voluntad de todas las partes involucradas. Nadie puede creer que un político argentino diga: que vamos a hablar de las Malvinas. No, porque no tiene con quién hablar.
-De los dos goles de Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México, ¿prefiere "la mano de Dios" o el segundo?
-¿Cómo me voy a quedar con "la mano de Dios"? Esa es la historia de siempre: la viveza, el machismo, la arrogancia? Es lo peor de los argentinos. Es lo que recuerda este presidente y es lo que está haciendo daño. Es un país de gente a la que no le importan las reglas, los contratos. Lo más detestable en Gran Bretaña es el bully, el chico que en el colegio se aprovecha de la debilidad del otro.
-¿Quiénes son los débiles?
-Los 150.000 pensionistas italianos que compraron bonos. Les decimos que se joroben, que fueron tontos, que se dejaron confundir por los bancos. Esa actitud de arrogancia y desprecio es propia del bully.
-¿Será que la impunidad interna es, también, externa?
-Es una visión. No la introdujo Kirchner, pero la ha reforzado. Voy a decir una cosa espantosa: creo que tiene que ver con cierto aislamiento que él vivió durante mucho tiempo en la Patagonia. Yo viví en este país, Inglaterra, al mismo tiempo que Kirchner vivía en la Patagonia. Tengo un amigo que vivió al mismo tiempo en París. Cuando tratábamos de entender por qué tiene actitudes que caen mal innecesariamente, una vez le dije: vos viviste 26 o 28 años en París; ¿eso no te dejó marcas? Yo viví 28 años en Inglaterra; ¿no me dejaron marcas? ¿Creés que 28 años en la Patagonia no dejan marcas? Tenés una visión del mundo o del final del mundo. Fue una de las visiones en los Estados Unidos y otros países. Pero, al mismo tiempo, esos países tenían noción de que existía el mundo y querían ser jugadores. Para jugar hay que entender las reglas.
Por Jorge Elías
Enviado especial
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=690682
Por Osvaldo Bayer
La rabia y la inmensa tristeza. Recordar aquel 24 de marzo. Que será para siempre la fecha de la gran vergüenza argentina. Videla. El ridículo asesino repitiendo ante los periodistas extranjeros: “No están ni muertos ni vivos, están desaparecidos”. La crueldad y el cinismo son insuperables. Como los grandes crímenes de la historia de la humanidad. Pero tal vez más refinados, más truculentos, más perversos. Sádicos. Castrenses, beatos.
Están desaparecidos. Los niños del enemigo se roban para criarlos en familias católicas. Esto basta. Y los flojos, los pusilánimes de siempre apostaron a la obediencia debida y el punto final. La Argentina. Mi país. País con desaparecidos y con niños con padres putativos asesinos de sus padres. La Argentina, cristiana y católica. Videlas, Baseottos, Masseras, Camps, Plazas...
Los asesinos están entre nosotros, se llamó un desesperado film alemán de posguerra, de esa Berlín devastada. Tratar de explicar lo inexplicable. En la Argentina, veintinueve años después. Los asesinos están entre nosotros.
En ese aniversario veintinueve voy a recordar a un buen amigo. Se llamó Augusto Conte. Fue dirigente del Partido Demócrata Cristiano. En él se exacerbó la tragedia. En Alemania nos encontramos en un congreso de derechos humanos. Y una noche me dijo que la única forma de superar esa tragedia era la muerte. Y no la vida como habían preferido las Madres de Pañuelo Blanco al ganar las calles. El, sí se había dedicado a la lucha por la verdad al desaparecer su amado hijo mayor. Augusto María.
Me miró con enorme tristeza, y agregó: “Pero mi error fue tan grande que el único futuro mío es ir en búsqueda de mi hijo, allí desde donde no se regresa”.
No hubo forma de convencerlo. Poco después él mismo buscó su muerte. No encontró otro remedio para “pagar mi culpa” como él definía su error. La cosa fue así. En plena dictadura de la desaparición, el departamento de su hijo Augusto María fue allanado por una patota del Ejército. El joven no estaba. Como de costumbre, se robaron todo y el resto lo destruyeron.
Esto causó verdadera consternación en Augusto Conte, el padre. Se puso en contacto con el hijo para preguntarle si él pertenecía a alguna organización perseguida. El hijo le contestó que no, que evidentemente se trataba de un error. Entonces Augusto Conte cometió el más grande error de toda su vida. El había sido amigo o compañero de colegio del general Suárez Mason, en ese momento comandante del 1º Cuerpo de Ejército. Le resultaba un asco ir a verlo, pero estaba en juego la vida de su hijo. Fue así como le dijo a su hijo Augusto María: bien, a ese error hay que aclararlo, si no te va a costar la vida. Yo conozco al general Suárez Mason. Le voy a pedir una entrevista. Vamos los dos y vos le aclarás personalmente que contigo están siguiendo una pista falsa. Y así se hizo.
El general de la Nación –como gusta llamarse– aceptó que lo fueran a ver. Los recibió muy amable. Escuchó al hijo de Conte y a su padre. Y entonces les puso la trampa. Un general argentino tramposo, deleznable, despreciable por los siglos de los siglos de la historia de la humanidad. Le pidió a Conte que el hijo permaneciera unas horas en el cuartel del 1º de Infantería para limpiar todos los antecedentes y dejar todo aclarado. Y ellos aceptaron, crédulos, la palabra del general argentino. Augusto Conte dejó el despacho del artero. Su hijo quedó. Y desapareció para siempre.
El llanto desesperado acompañó el relato. “Yo soy el culpable”, me lo repitió cien veces. Mil veces.
El general desleal, cuando cayó la dictadura, se fue a vivir a Estados Unidos, basándose en sus “antepasados” norteamericanos. Pero los Estados Unidos no lo aceptaron y lo expulsaron. Total ya lo habían usado para la represión y el cuidado de sus intereses: les había resultado muy útil. Pero ya bastaba y lo tiraron por la borda como basura. Así paga el diablo.Pero hete aquí que lo que queremos decir es otra cosa: la lenidad con que ciertos sectores de la sociedad argentina toman a los represores.
Si lo mencionamos a Augusto Conte es para lamentar profundamente cómo su partido, el Demócrata Cristiano, por el cual él luchó tanto e hizo tantos esfuerzos en su vida, hoy acepta la afiliación de un represor, nada menos de un agente del Batallón 601, cueva del plan de la desaparición de miles de hombres, mujeres y niños.
El mayor Carlos Antonio Españadero, que actuó al servicio de la sangrienta represión bajo el seudónimo de mayor Peirano, es nada menos que miembro de ese partido. Sí, es demócrata y cristiano. El llamado “mayor Peirano” es el mismo que actuó en la embajada alemana para atender a los parientes de desaparecidos de origen germano. Parece un film de horror: la embajada alemana permitió y respaldó en darle al “mayor Peirano” el puesto de consejero de los desesperados. Los familiares –ya en el tiempo de la democracia– lo denunciaron como a alguien que trataba de obtener todos los datos posibles de las acciones que estaban haciendo esos parientes para saber algo de sus desaparecidos.
Un oficio infame el del mayor Peirano. Lo denuncié al tal mayor Carlos Españadero alias Peirano en una contratapa de este diario, en una nota titulada “El amable mayor Peirano”, y cómo la embajada alemana le había dado esa tarea. Dije: el citado oficial “tuvo la misma función que cumplió en el vicariato castrense el conocido monseñor Graselli. Se hacía atender a los desesperados familiares de los desaparecidos, por los lobos. Disimulados como consejeros, de aire bonachón y palabras de consuelo. Los lobos. Feroces, cínicos, que pasaban de inmediato los datos a sus superiores”. Denuncié en esa nota el caso del teólogo alemán profesor Käsemann, cuya hija Elisabeth fue asesinada por la dictadura de Videla. Este catedrático vino a la Argentina a rescatar el cadáver de su hija. La embajada alemana lo puso en contacto con “un oficial del ejército argentino”, me relató el profesor Käsemann. “Ese oficial me dijo que sí, que era posible dar con el cuerpo de Elisabeth, pero que eso costaba 26.000 dólares”. El padre de Elisabeth, cuando me relató este episodio me dijo “siento ira, vergüenza y duelo” y agregó: “Me avergüenzo de haberme prestado a ese sucio negocio cuando tendría que haberlo rechazado indignado y haberme conformado con el recuerdo de mi hermosa hija viva”. Cuando le pregunté si iba a hacer un juicio por ese dinero, me contestó: “A Judas no se le reclamó jamás que devolviera sus dineros”. Sentí una profunda vergüenza que dura hasta hoy.
Cuando denuncié esto en este diario, el mayor Españadero publicó en Internet (http: //home.ba.net/-gastonsa) una desaforada diatriba contra mi persona donde me califica con sorna de “justiciero”. Como “justiciero” él define a una persona “atractiva hasta seductor, diestro en el uso de cualquier arma”, pero que actúa “al margen de las leyes que es una manera de suponer que son delincuentes” y, “por supuesto, el justiciero no está solo, como los terroristas sabe que a través de otros justicieros organizados en grupos de poder pueden aterrorizar hasta a la Justicia”. El mayor Españadero reconoció sin problemas que prestó servicios en el Batallón 601, de 1970 a 1980, y como si fuera poco fue jefe de Situación General. En la Alemania de posguerra, los jerarcas nazis que cubrieron esos puestos fueron condenados a prisión perpetua en cárceles comunes. Aquí, en la Argentina, están libres o presos en sus domicilios, cobrando jubilaciones y pensiones. Y el tal mayor Españadero, además, participa en congresos sobre “Seguridad”. Obediencia debida y punto final.
Yo denuncié al mayor Españadero al comandante del Ejército general Balza en ese tiempo. Para que iniciara las investigaciones del caso. Pero, como escribí: “Pero Balza ese día no leyó el diario, faltó, estuvo ocupado o tal vez dedicado a la natación”. Y hoy es embajador en Colombia. Zonceras argentinas.
Por eso, por el respeto a Conte y por lo que significa que Españadero perteneció al Batallón 601 en la desaparición de personas, les pido a los dirigentes de la democracia cristiana que lo expulsen del partido al mayor Españadero, alias Peirano. Será justicia. Será dignidad.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-48933-2005-03-26.html
24 de marzo de 2005
Como lo venimos haciendo cada 24 de marzo, marchamos hoy a esta histórica Plaza de Mayo para repudiar una vez más el siniestro golpe de Estado de 1976; para mantener vivo el recuerdo de nuestros 30.000 detenidos desaparecidos, el dolor de tantos compatriotas asesinados, encarcelados, torturados, perseguidos y condenados al exilio; y la memoria de la resistencia y la lucha en las difíciles condiciones de la dictadura. Marchamos para exigir el castigo de los responsables y ejecutores del genocidio; para denunciar la impunidad y las nuevas formas de represión y para seguir luchando por los ideales por los que dieron su vida nuestros compañeros: una Argentina sin opresión y sin explotación.
La dictadura tuvo como objetivo imponer un proyecto de país; para lograrlo recurrió al genocidio con el fin de destruir las organizaciones populares, exterminando a los luchadores y sometiendo por el terror al pueblo argentino.
Las clases dominantes siguieron imponiendo sus políticas durante los gobiernos constitucionales de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde.
Partiendo de asegurar la impunidad de los asesinos de la dictadura, el genocidio del terrorismo de estado se continuo con el genocidio económico y social.
Durante estos años, los países imperialistas, los terratenientes y los grandes grupos económico-financieros nacionales y extranjeros fueron los beneficiarios de estas políticas, que profundizan la crisis estructural de la Argentina y agigantaron la desigualdad entre los pocos que acumulan enormes riquezas y los millones que no alcanzan siquiera a percibir un ingreso mínimo que les garantice la subsistencia.
Fueron entregadas nuestras empresas estratégicas de agua, energía, petróleo, línea a aérea de bandera, ferrocarriles, gas; fueron cerradas miles de fábricas y se afirmó la patria financiera; se fundieron miles de pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo mientras crecían los viejos y nuevos terratenientes, nacionales y extranjeros. En estos años vimos surgir la dolorosa Argentina de los hambreados, la de los millones de desocupados y los obreros flexibilizados y con salarios por debajo del nivel de pobreza. La Argentina de la salud y la educación colapsadas. La de la corrupción por arriba y el hambre y el desamparo por abajo.
La Argentina de la impunidad, donde los sucesivos gobiernos ampararon a los responsables y ejecutores de los crímenes de la dictadura. Impunidad que engendró nuevas impunidades: la del atentado a la AMIA y la explosión de Río Tercero, con participación directa del aparato del Estado; la de los crímenes del gatillo fácil; la de los represores y asesinos de manifestantes y luchadores populares; de la corrupción y sus víctimas. Y vimos nacer también la Argentina de la “inseguridad”, en la que cada vez es más evidente que las llamadas “fuerzas de seguridad” están involucradas en la mayor parte de los llamados “ilícitos”.
Pero a la vez creció la otra argentina; la de la resistencia popular a todas estas políticas, que potenció organizaciones ya existentes y vio nacer otras nuevas para oponerse a la renovada realidad de impunidad, hambre, explotación, desocupación, y entrega. En cuanto a la impunidad de los genocidas, el pueblo y sus organizaciones, con el aporte fundamental de los organismos de DDHH, sostuvieron el reclamo de juicio y castigo a los genocidas como una exigencia permanente.
La lucha popular tuvo un punto de inflexión en las heroicas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. La oleada de piquetes, puebladas y paros que se venían sucediendo desbordó en esas jornadas en las que el pueblo se volcó a la calle porque no estaba dispuesto a soportar otro estado de sitio, ni a seguir en el mismo estado de opresión.
La rebelión de diciembre de 2001 sacudió la Argentina hasta sus cimientos y abrió una nueva etapa. Fue un esfuerzo gigantesco de miles de jóvenes, mujeres y hombres del pueblo. 34 entregaron su vida en estas jornadas y otros 6 murieron luego a causa de las heridas recibidas. La consigna “que se vayan todos” expresó a los millones que cuestionaron las instituciones del régimen.
¿Cuál es la situación a dos años del gobierno de Kirchner?
A casi dos años de gobierno de Kirchner, no se ha tomado ninguna medida para cambiar de fondo la situación de la Argentina, para que deje de ser un país oprimido por las potencias imperialistas, con millones de habitantes viviendo en las peores condiciones y sin poder acceder a los derechos básicos: trabajo, vivienda, educación, salud.
A pesar de su discurso, el genocidio de ayer se continúa hoy en el hambre y la desocupación, en la impunidad y la represión, y el gobierno de Kirchner no solo no ha atacado sus causas sino que éstas se profundizan día a día.
En relación con la impunidad de los genocidas, con nuestra lucha inclaudicable por justicia logramos la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que se reabran causas contra los genocidas en todo el país y conseguimos la detención y el procesamiento de alrededor de 150 asesinos.
Sin embargo, la gran mayoría disfrutan de prisión domiciliaria o están detenidos en unidades de las fuerzas armadas gozando de privilegios inaceptables. Y cientos aun no han sido ni rozados por la justicia.
Por eso, hoy como ayer, exigimos cárcel efectiva, común y perpetua para los genocidas!
La mayoría de los jueces se niega a procesar a los represores como partícipes del terrorismo de estado y el genocidio, imputándoles únicamente delitos puntuales y negándose a responsabilizarlos de todas y cada una de las atrocidades que se cometieron mientras revistaban en los campos de concentración. Aun teniendo a la vista las listas de quienes integraban el personal de cada centro de exterminio y las de los detenidos-desaparecidos que pasaron por ellos, los jueces exigen que probemos cuándo, cómo y a quién secuestró, torturó, violó y asesinó cada uno. Así, miles de torturadores quedarán en libertad, como acaba de pasar con “Jeringa” Barrionuevo, encargado en la ESMA de inyectar Pentotal a los compañeros que iban a ser arrojados al mar, a quien procesaron solo por delitos excarcelables.
A esto se suman la reciente liberación de Massera, las resoluciones de la Cámara de Casación y de la Cámara Federal de San Martín, integradas por jueces que defienden abiertamente a los genocidas. La primera puede llevar al cierre de todos los juicios en marcha y la segunda declaró válidas las leyes de impunidad, anuló la inconstitucionalidad del indulto de Riveros, liberó a los cinco represores que estaban detenidos y paralizó la Causa de Campo de Mayo.
Y la parcialmente renovada Corte Suprema sigue sin pronunciarse respecto de la indudable validez de la ley que anuló el Punto Final y la Obediencia Debida.
Por eso, hoy como ayer, decimos: Basta de jueces cómplices, exigimos la anulación de los indultos a los genocidas.
Uno de los efectos más perversos del genocidio, que sigue evidenciando su continuidad y la construcción de impunidad para encubrir a los genocidas y sus cómplices es la situación que viven hoy en día los más de 500 hijos de nuestros compañeros desaparecidos, que fueron secuestrados junto a sus madres o nacieron en cautiverio, fueron apropiados, no conocen aún su verdadera identidad y permanecen secuestrados por apropiadores militares, policiales o civiles. Exigimos al Gobierno que encuentre a esos jóvenes y que les restituya su verdadera identidad. Exigimos el juicio y castigo a los apropiadores. Porque mientras haya una identidad cambiada, se pone en duda la identidad de un pueblo.
Es por ello que, hoy como ayer, decimos: Restitución de la identidad a los más de 500 jóvenes apropiados.
Por todo lo anterior sostenemos que se corre el riesgo de que se aborten los avances que hemos logrado con tanta lucha, y que el genocidio de ayer siga impune.
Y hoy como ayer, decimos: No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos!!!
La crisis económica que aún subsiste, aunada a la profundización de la injusta distribución de la riqueza ha mantenido y aún agravado la crisis social. Se ha profundizado la entrega al FMI, el pago de la deuda externa, se convalidaron las privatizaciones, se avanzó en la devaluación del salario y la liquidación de las conquistas obreras, la desocupación masiva, la miseria que abarca a más de la mitad de la población, la destrucción de la salud y la educación pública.
El gobierno presenta como un gran éxito de su gestión la salida del default y la reducción en el canje de la deuda, y oculta que con el pago está legitimando una deuda ilegítima y fraudulenta. El “éxito” de la quita que celebra el gobierno oculta que hipoteca en el pago los próximos 30 años de crecimiento del país. Que el superávit que destina a “cumplir” con los usureros internacionales es un robo al pueblo trabajador y es mayor que los presupuestos de salud, educación, vivienda y agua sumados, con que atiende las necesidades de millones de argentinos. Además está pagando el cien por ciento al FMI Banco Mundial y BID.
El pago de la deuda externa tiene como contrapartida directa el hambre de millones de trabajadores, la caída del salario real y el congelamiento de los planes sociales, la destrucción de la salud y la educación populares. Para su pago requirieron los superpoderes; para su pago proyectan la eliminación progresiva de los planes Jefas y Jefes de Hogar.
Las grandes fortunas siguen evadiendo el pago de los impuestos, como lo demuestra que la mitad de los trabajadores están en negro, privados de sus derechos laborales. Hoy como nunca es cierta la afirmación de que estamos pagando la deuda externa con el hambre y la miseria del pueblo trabajador y explotado. Mientras tanto aumenta escandalosamente el costo de la canasta familiar.
Se sigue permitiendo que las empresas petroleras saqueen nuestros recursos energéticos no renovables; no se han afectado los intereses de las privatizadas, con las que se están acordando nuevos aumentos de tarifas, y en los últimos días avanzó la entrega de nuestras líneas aéreas de bandera .
La mayoría de las empresas recuperadas por sus trabajadores, que heroicamente las mantienen abiertas y en producción cuando sus patrones huyeron o quebraron, no reciben la asistencia prometida, por el contrario el gobierno desarrolla hacia ellos una política que tiende a liquidar estas conquistas e impedir que los trabajadores tomen en sus manos las empresas vaciadas.
Los cambios en la Corte Suprema, que fueron presentados como una conquista democrática, se han revelado como un simple cambio de guardia en apoyo del nuevo gobierno. Ya han votado a favor de los banqueros, en contra de los ahorristas.
La impunidad en la masacre en la AMIA fue completada por el gobierno de Kirchner en un juicio fraudulento manteniendo cerrados los archivos secretos del estado y negando su entrega a una Comisión Independiente. Ahora el estado argentino busca la manera de no ser culpabilizado ni por denegación de justicia ni por su participación en este acto terrorista
Con la excusa de combatir la inseguridad, lejos de atacar a las mafias de políticos, policías y jueces que amparan el delito, basándose en Blumberg y la derecha recalcitrante, desarrolla una política “de leyes de mano dura”, que solo sirven para fortalecer el aparato represivo avanzando contra las libertades públicas. La aprobación de un Código Contravencional represivo en la Ciudad de Buenos Aires se enmarca en esta política.
Ante la masacre de Cromañón las respuestas del gobierno de Ibarra, con el apoyo de Kirchner, lejos de hacerse cargo como principal responsable político, son lanzar la maniobra artera del plebiscito para quedarse y garantizarse la impunidad, y nombrar a Juanjo Alvarez - Responsable político de los asesinatos del Puente Pueyrredon- como nuevo secretario de seguridad.
Sumando a eso el escándalo de Southern Winds y el narcolavado, todo demuestra que la podredumbre de la corrupción estalla por todos lados.
El gobierno publicitó grandes progresos en la política de derechos humanos que no son tales.
En primer lugar, durante el gobierno de Kirchner hay más presos políticos que en todos los gobiernos constitucionales anteriores.
Se profundiza la criminalización de la protesta social y aumenta día a día el número de procesados por luchar. Contradiciendo sus promesas, el gobierno obstaculizó la sanción de la amnistía/ desprocesamiento de los luchadores populares; ya fueron condenados Marina Schifrin y Marcelo Albarracín.
También durante este período se produjeron los siguientes hechos:
Los asesinatos de Ibáñez y Cuellar en Libertador Gral. San Martín, Jujuy a fines de 2003.
La detención, cárcel y tortura a trabajadores y desocupados, incluidos mujeres y niños en Caleta Olivia.
El desalojo violento de la planta de Gatic en Pigüé.
La ocupación policial y amenazas a los trabajadores de Artes Gráficas Rioplatense (empresa del Grupo Clarín) de Capital.
La represión a los trabajadores de Firestone.
La persecución y proscripción a los ferroviarios de la Seccional Gran Buenos Aires Oeste y otras por la burocracia de Pedraza.
La represión en Salta por la lucha contra el tarifazo del Agua.
La represión y encarcelamiento en los hechos de la Legislatura.
La represión violenta de la manifestación del 31 de agosto en Plaza de Mayo.
La represión en La Rioja por el cierre del sanatorio ADOS
El desalojo violento de las familias de Villa Inflamable de la toma de Avellaneda.
La tortura de los jóvenes en las cárceles y comisarías, que llegan a provocar la muerte, y que son parte del exterminio que sufren día a día nuestros jóvenes, especialmente los más pobres.
El desalojo de estudiantes secundarios y la represión a los que manifestaban por la reapertura del comedor universitario en La Plata.
La persistente persecución a los pueblos originarios, como la reciente y salvaje represión en Formosa, Chaco y Jujuy por la defensa de su derecho a la tierra.
La violenta represión policial a los trabajadores de Coto.
Las amenazas y las campañas de desprestigio a delegados del subte y otros dirigentes obreros.
Las amenazas de desalojo, constantes provocaciones y ataques a los ceramistas de Zanon, amenazas de muerte a sus dirigentes, secuestros y heridas de sus esposas, ataques de vivienda de trabajadores.
Las amenazas y ataques que están recibiendo sectores destacados de la clase obrera no son casuales, buscan disciplinar a los luchadores en momentos en que sectores importantes de la clase trabajadora, cuyo disciplinamiento fue principal objetivo del terrorismo de estado, empiezan a mostrar nuevamente su capacidad de lucha.
La impunidad de los autores materiales y políticos de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. De la represión de los días 19 y 20 de diciembre de 2001. De los más de 1500 casos de gatillo fácil. De la bomba de Plaza de Mayo.
La impunidad de la muerte de los 14 obreros de Río Turbio, victimas como cientos de trabajadores de inhumanas condiciones de trabajo y seguridad laboral.
Por otra parte, por pedido de Bush, el Senado ya ha aprobado un paquete de dos leyes antiterroristas, enviadas por el gobierno, que incluye la ratificación de los convenios contra el terrorismo de la OEA y que impulsa el recorte de todos los derechos democráticos en nuestro país.
Las luchas obreras y populares
Durante todo este tiempo vemos crecer nuevamente las luchas populares. En primer lugar la lucha de los trabajadores ocupados, por aumentos de salarios, por recuperar las condiciones de seguridad en el trabajo, que la desinversión empresaria y la flexibilidad laboral han deteriorado gravemente. Por defender sus fuente de trabajo y lograr un encuadramiento laboral acorde a las tareas que realizan. Por recuperar sus cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos, echando a la traidora burocracia sindical.
La heroica y triunfante lucha en subterráneos, los telefónicos, los obreros de la alimentación y la carne pugnando por recuperar su sindicato, los ferroviarios, la de los trabajadores de la salud, de los mineros de Río Turbio, de los trabajadores de Taym, Coto. Y en estos días los trabajadores aeronáuticos contra la privatización y la entrega, los docentes por demandas salariales en siete provincias, y los trabajadores de Crónica contra el cierre de la empresa y la defensa de su fuente de trabajo.
La lucha de los desocupados contra el recorte de planes sociales y por aumento de salario. La de los estudiantes y la de los productores agrarios. La contundente respuesta de los trabajadores neuquinos para repudiar las amenazas y agresiones. La lucha de todos por la libertad de los presos políticos, la amnistía o desprocesamiento de los luchadores populares, contra la criminalización de la protesta social.
Miles de jóvenes y sus familias marchan por la masacre de Cromañón, poniendo en el banquillo de los acusados a los principales responsables políticos y materiales: Aníbal Ibarra y Omar Chabán. Familiares, amigos, jóvenes y el pueblo solidario volvieron a ganar la calle. Jóvenes en quienes el dolor y la bronca abrieron un proceso de toma de conciencia sobre una política y un Estado que les roba el futuro y los condena a la desocupación o la superexplotación, la droga, la prostitución, o los hace objeto de “negocios” donde otros amasan ganancias a costa de su salud y de su vida.
Decimos cárcel a los responsables políticos y materiales de la masacre de Cromañón.
Recorre también América Latina una tempestad de luchas, puebladas y rebeliones que derriban gobiernos como en Bolivia, Paraguay, Ecuador y derrotan golpes de estado pro-imperialistas como en Venezuela. Los viejos partidos del régimen oligárquico imperialista se derrumban. Crece la solidaridad con Cuba y Venezuela asediadas por el imperialismo yanqui y avanza el reclamo de unidad y lucha de los pueblos de AL.
El imperialismo yanqui, que desató junto a sus socios una guerra genocida contra Irak, está empantanado por la heroica resistencia del pueblo irakí. Todos los pueblos del mundo hemos manifestado no a la agresión imperialista a Irak y nos oponemos a los planes de invasión al hermano pueblo de Irán, a los pueblos de Medio Oriente y Corea del Norte.
Exigimos que el gobierno argentino, respetando el derecho de autodeterminación de los pueblos, retire inmediata y totalmente las tropas argentinas estacionadas en Haitì y no mantenga cooperación militar alguna con los yanquis.
Decimos no al Plan Colombia y no a la militarización en América Latina.
Por todo esto repudiamos desde esta Plaza la reciente visita a nuestro país del Secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld. Desde esta tribuna nos oponemos fervientemente a cualquier maniobra conjunta de tropas de nuestro país con las del gendarme imperialista y rechazamos consecuentemente todo pedido de inmunidad. Desde esta tribuna manifestamos nuestra determinación de participar, a mediados de noviembre de este año, de la multitudinaria movilización de repudio que se prepara en Mar del Plata, para rechazar a ese asesino de los pueblos, el presidente norteamericano George Bush.
Por nuestros 30.000 detenidos desaparecidos
Todos los que hoy estamos en esta Plaza tenemos claro que nuestra lucha para terminar con la impunidad de los genocidas de la dictadura continúa: seguiremos exigiendo, trabajando, denunciando y luchando sin claudicaciones hasta ver a todos y cada uno de los asesinos detrás de las rejas. Pero sabemos que esa lucha no se agota allí: sabemos que nuestra lucha incluye también terminar con la impunidad de los genocidas de hoy: los que matan de hambre, de miseria, de frío, de desocupación.
Somos parte de un pueblo que lucha hace muchos años por un país donde sean posibles el pan, el trabajo, la tierra, la salud, la educación, la vivienda, una niñez y una vejez protegidas, una juventud con futuro, justicia y plena vigencia de los derechos humanos.
Por esa Argentina dieron su vida nuestros 30.000 detenidos desaparecidos. Por esa Argentina nos comprometemos impulsando la más amplia unidad de nuestro pueblo, a seguir dando nuestro Presente en la lucha hasta conseguir el país que soñaron y soñaron se haga realidad, una Argentina liberada de la opresión imperialista y de la explotación.
Por eso, sorteando todos los embates estuvimos, estamos y estaremos cada 24 de marzo en esta Plaza. Por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
30.000 compañeros detenidos desaparecidos Presentes!!!!!!
Organizaciones que firman el Documento del ENCUENTRO MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA del 24 de marzo de 2005
1. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata (APDH)
2. Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos
3. Agrupación de Derechos Humanos de Chilenos en Argentina
4. Centro de Profesionales por los DD.HH. (CeProDH)
5. CODESEDH
6. Colectivo de Derechos Humanos de El Bolsón, Río Negro
7. Comisión de DD.HH. de Trenque Lauquen
8. Comisión de DD.HH. de Uruguayos en Argentina
9. Comisión de DDHH por la Memoria, Verdad y Justicia del Hospital Posadas
10. Comisión de Reconstrucción de la Memoria Facultad de Ingeniería UBA
11. Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Liniers, Mataderos y Villa Luro
12. Comité de Acción Jurídica (CAJ)
13. Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI)
14. Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP)
15. Fundación Investigación y Defensa Legal Argentina (FIDELA)
16. Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, La Plata (H.I.J.O.S.)
17. LIBERPUEBLO
18. Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH)
19. Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH)
20. Agrupación de Pueblos originarios Ñuke Mapu
21. Agrupación José Valenzuela Villa 31 Retiro
22. Agrupación Oesterheld
23. Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA)
24. Asamblea de Entre Ríos y San Juan
25. Asamblea de Plaza de Mayo
26. Asamblea de Rivadavia y Castro Barros
27. Asamblea Plaza Dorrego
28. Asamblea Popular Cid Campeador
29. Asamblea Villa Pueyrredón
30. Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual (ALITT)
31. Asociación Libreros Parque Rivadavia
32. AVISAR
33. Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia
34. Casa de la Memoria y la Resistencia Jorge Nono Lizaso
35. Casona de Colombres 25
36. Cátedra Libre de Salud y DD.HH, Facultad de Medicina, UBA
37. Centro Cultural La Muralla
38. Comisión Independiente Masacre Puente Pueyrredón
39. Comisión Gremial Interna del Nuevo Banco de Entre Ríos (Seccional Buenos Aires)
40. Convergencia, por un Judaísmo Humanista y Pluralista
41. Coordinadora contra el Código Contravencional
42. Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires (CIBA)
43. Cristian@s de Base
44. Equipo de Derechos Humanos de la Parroquia Santa Cruz
45. Familiares y Amigos de Salvador
46. FAVELCID
47. Frente de Artistas del Borda
48. ICUF Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina
49. Instituto de Relaciones Ecuménicas
50. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC)
51. Memoria y Esperanza, Programa de Radio
52. Merendero La Fiaca
53. MOPASSOL
54. Movimiento Asambleas del Pueblo
55. Multisectorial de Solidaridad con Cuba
56. Nac&Pop Red Nacional y Popular de Noticias
57. Neruda por los Derechos Humanos
58. Proutista Universal
59. Razón y Revolución
60. Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (REDI)
61. Revista Cultural La Marea
62. Federación Universitaria Argentina (FUA), Secretarías General y de DDHH
63. Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA)
64. Federación Universitaria del Litoral
65. Centro de Estudiantes de Arquitectura y Diseño, UBA
66. Centro de Estudiantes de Bellas Artes, Universidad de La Plata
67. Centro de Estudiantes de Bioquímica y Biotecnología, Univ. del Litoral
68. Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales, UBA
69. Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales, UBA
70. Centro de Estudiantes de Derecho, UBA (Sec. de DD.HH.)
71. Centro de Estudiantes de Derecho, Univ. del Litoral
72. Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, UBA
73. Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de La Plata
74. Centro de Estudiantes de Ingeniería Química, Univ. del Litoral
75. Centro de Estudiantes de Ingeniería y Ciencias Hídricas, Univ. del Litoral
76. Centro de Estudiantes de Ingeniería, UBA
77. Centro de Estudiantes de Ingeniería, Universidad de La Plata
78. Centro de Estudiantes de la Escuela Industrial, Univ. del Litoral
79. Centro de Estudiantes de la Escuela Superior de Sanidad, Univ. del Litoral
80. Centro de Estudiantes de Medicina, Universidad de La Plata
81. Centro de Estudiantes de Psicología, UBA
82. Centro de Estudiantes de Trabajo Social, Universidad de La Plata
83. Centro de Estudiantes de Veterinaria, UBA
84. Centro de Estudiantes del Nornal N° 11
85. Centro de Estudiantes Instituto Joaquín V. Gonzalez (Presidencia y Sec. de DD.HH.)
86. Centro de Estudiantes Liceo Nº 12
87. Comisión de DD.HH. del Colegio Nacional Buenos Aires
88. Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA)
89. Agrupación Estudiantil El Trazo Arte (Misiones - Oberá)
90. Agrupación Estudiantil La Vertiente, Cs. Sociales, UBA
91. Agrupación Estudiantil Los Necios, Filosofía y Letras, UBA
92. Agrupación Estudiantil MURO Humanidades (Misiones - Posadas)
93. Agrupación Estudiantil Que Nadie Quede Afuera del Centro de Estudiantes de Artes Visuales Prilidiano Pueyrredón
94. Agrupación Estudiantil Socialista La Palacios, Fac. de Derecho, UBA
95. Agrupación TUPAC
96. Movimiento de Unidad de los Secundarios (MUS)
97. Movimiento Estudiantil Liberación
98. Movimiento Universitario 31 de Mayo, La Plata
99. Movimiento Universitario de Izquierda
100. Asociación de Docentes de Enseñanza Media y Superior (ADEMYS)
101. Asociación de Profesionales del Hospital Posadas
102. Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA)
103. Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA) , CD Ingeniería
104. CICOP Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de Buenos Aires
105. Colegio de Psicólogos Distrito XIV Morón
106. Comisión Gremial Interna del Personal del Banco Credicoop
107. Comisión Interna del Hospital Francés
108. Coordinadora de Trabajadores Docentes Azucena Villaflor
109. SIMECA
110. SUTEBA Lomas de Zamora
111. Agrupación de Igual a Igual de Trabajadores del Banco Credicoop
112. Agrupación de DDHH 1º de mayo, Partido Socialista
113. Agrupación Juvenil Ya Basta
114. Asociación de Profesionales en Lucha en el Polo Obrero (APEL)
115. Bloque Obrero Popular
116. Bloque Piquetero Nacional
117. Convergencia Socialista
118. Corriente Clasista y Combativa
119. Corriente Soberanía Popular
120. CTD Aníbal Verón
121. CUBa - MTR
122. Federación Juvenil Comunista (FJC)
123. Frente de Trabajadores Combativos (FTC)
124. Frente José Martí
125. Frente Popular Darío Santillán
126. Izkierda GLTTTB
127. Izquierda Unida
128. Juventud Comunista Revolucionaria
129. Juventud Radical Corriente Nacional
130. Juventud Socialista del MST
131. Marabunta - Izquierda Revolucionaria
132. MAS Movimiento al Socialismo
133. Movimiento sin Trabajo Teresa Vive
134. Movimiento Socialista de los Trabajadores en Izquierda Unida
135. Movimiento Teresa Rodríguez
136. Movimiento Territorial Liberación
137. MTD Aníbal Verón
138. Partido Comunista en Izquierda Unida
139. Partido Comunista Revolucionario
140. Partido de la Liberación
141. Partido Democracia Avanzada
142. Partido Obrero
143. Partido Revolucionario de Liberación, PRL
144. Partido Socialista Auténtico
145. Polo Obrero
146. PTS
147. Tendencia Clasista 29 de Mayo
Unión de Juventudes por el Socialismo
El cardenal polaco explica cómo vive la etapa final de su vida Juan Pablo II
VARSOVIA.– “Para el el Santo Padre, servir a la Iglesia no es sólo gobernar, dar órdenes o firmar decretos. Servir a la Iglesia también es sacrificarse, es sufrimiento, es darse, seguir el camino que siguió Cristo al tomar la cruz.”
El cardenal Jozef Glemp, primado de Polonia y arzobispo de Varsovia, explica de esa manera cómo Juan Pablo II, un hombre frágil y enfermo, vive la etapa final de su vida.
“El Santo Padre tiene a su superior, que es Jesucristo. Por lo tanto, debe seguir adelante si tiene las fuerzas espirituales e intelectuales. El está convencido de que debe servir a Cristo hasta que él pueda. Esta es su filosofía y no creo que pueda renunciar, amando como ama su servicio y entregando su sufrimiento”, dijo en una larga entrevista con LA NACION, en su cálido despacho, mientras que, afuera, el termómetro marcaba cinco grados bajo cero.
Glemp, que conoce muy bien a Juan Pablo II, habló de su personalidad, de su largo pontificado y de sus enseñanzas. En 1981, este prelado de 76 años fue designado por Juan Pablo II para suceder al prestigioso cardenal Stefan Wyszynski, de quien fue uno de los más estrechos colaboradores durante quince años. El Santo Padre le confió, así, la ardua tarea de liderar a la Iglesia polaca en los difíciles años del gobierno comunista.
Wyszynski, que participó en el cónclave en el que resultó elegido el 16 de octubre de 1978 el primer papa no italiano en 455 años, es recordado por haberle dicho al entonces joven Karol Wojtyla: "Si el Señor te ha llamado, debes hacer que la Iglesia entre en el tercer milenio", una frase considerada profética.
Glemp, que ya estuvo en la Argentina en 1984, llegará el mes próximo por segunda vez a nuestro país invitado por la familia Fernández Núñez. Esta familia ha creado, hace catorce años, en esta capital, una fundación destinada al desarrollo de la cultura y de la ciencia que construyó la única capilla dedicada a la Virgen de Luján en Europa. Está en la Iglesia de Ursinow. El cardenal Glemp, de hecho, viajará no sólo para visitar el país y a su comunidad polaca, sino también para devolver la visita realizada hace poco por prelados de Luján.
-Usted, que tuvo un papel muy importante en la transición que hubo en Polonia, ¿cuánto cree que pesó Juan Pablo II, el primer papa eslavo, en la caída del comunismo?
-El Papa, con su coraje y con su sabiduría, participaba en el Concilio Ecuménico y era autor de documentos, por lo que su voz pesaba ya antes de la Segunda Guerra Mundial. El alentaba a la gente, que ya se sentía muy frustrada con el comunismo, con un partido único, con una libertad muy limitada. Pero no estaba totalmente abrogada la libertad religiosa, como en otros países. Aquí teníamos una universidad católica y todos los seminarios eran independientes del gobierno, y del partido.
-¿No eran clandestinos?
-No, eran abiertos. Durante todo el período del comunismo tuvimos en Polonia algo de libertad, en comparación con otros países. Por supuesto, nos vigilaban, nos controlaban, pero, aunque limitada, la libertad religiosa existía, y el Santo Padre vivió en esta realidad. Es decir: el Santo Padre no fue el único factor que cambió el sistema, aunque apoyó mucho, y seguramente el régimen no hubiera colapsado tan rápido sin él. El Santo Padre fue un inspirador o un coautor de este cambio, pero influyó también en el modo de llegar a este cambio, porque el sindicato Solidaridad, de Lech Walesa, se apoyaba en los principios cristianos, y por lo tanto no hubo una revolución sangrienta. Si todo sucedió en forma más calma fue gracias a las enseñanzas del Papa y a su forma de ver el mundo. En el sentido de que hay que tener paciencia, de que el Espíritu Santo es el que va a cambiar el rostro del mundo, en el sentido de ver las cosas sin querer cambiarlas con rabia revolucionaria, sino en forma más calma.
-¿Por ejemplo?
-Cuando se proclamaron las leyes marciales, la gente estaba furiosa y quería que yo también hiciera discursos furiosos. Pero en mi sermón, aquí cerca, en la iglesia de Santa María de la Gracia, decía que teníamos que estar tranquilos, porque muchas mentes nos iban a servir para la Iglesia, para la nación, más que una mente asesinada. Pero la gente lloraba, porque no le gustaba este discurso tranquilo. Querían un discurso más fuerte...
-¿Más combativo?
-Sí, más combativo, claro. Pero más tarde, en cambio, me dieron la razón. Muchos que querían más libertad fueron arrestados, y nosotros iniciamos una gran acción para ayudar a los que habían terminado en los denominados "campos de internación". Esto sucedió en 1981, y había una propuesta para que el Papa viniera en 1982. Pero el Santo Padre no vino en 1982 y postergamos el viaje a 1983. Ya las leyes marciales se habían mitigado. Por más que siguiera el régimen comunista, había un poquito más de libertad.
-¿Cuál fue para usted el momento más difícil en esa transición?
-El hecho de que yo viniera después del cardenal Stefan Wyszynski, que era una gran autoridad. Entonces, después de algunos meses de coloquios con el gobierno, con el régimen, llegaron las leyes marciales, el 13 de diciembre de 1981. Ese fue el momento más difícil, porque todos los medios fueron cerrados, congelados, y tampoco existían radios o teléfonos. Después, lentamente, recomenzaron, pero fue un golpe muy duro. Yo estaba en contacto con el Santo Padre, y nos consultábamos. El Papa comenzó a rezar por Polonia en las audiencias de los miércoles. El no combatía oficialmente, no atacaba al gobierno polaco, pero rezaba por Polonia, por los fieles, para que siguieran fieles al Evangelio. Esta súplica continuó todos los miércoles, y daba a la gente una ayuda y una esperanza inmensas. Así, no sólo podíamos contar con nuestras fuerzas intelectuales, diplomáticas y físicas, sino también con Dios, que debía intervenir en nuestra situación.
-¿Cuándo conoció a Karol Wojtyla?
-Durante el Concilio Vaticano II, porque yo estudiaba en Roma. Después volví a Varsovia como secretario del cardenal Wyszynski. Entonces había reuniones de obispos en las que el Santo Padre llegó a conocerme muy bien.
-¿Qué es lo que más recuerda del cónclave de 1978, que eligió al primer papa no italiano en 455 años?
-Sé, por sus homilías, que el cardenal Wyszynski estaba bastante convencido de que iba a ser otra vez elegido un italiano.
-¿Y cuando fue elegido un polaco?
-Fue una gran alegría, aunque también sentimos temor porque no sabíamos cómo iba a reaccionar el gobierno comunista. Wyszynski era consciente de que el bloque comunista iba a utilizar toda su furia para limitar más aún la libertad de la Iglesia.
-Usted conoce muy bien a Wojtyla. ¿Qué es lo que más lo impresiona de su personalidad?
-Es un hombre cuya personalidad está estrechamente relacionada con la vida espiritual, la oración y la sabiduría. Es verdaderamente un hombre muy sabio, que tiene mucha doctrina, tanto teológica como filosófica. Además, es un místico, que no puede vivir sin la oración.
-¿Tiene algún recuerdo o anécdota especial sobre él?
-Sí. El cardenal Wyszynski me mandaba a Cracovia para transmitir alguna noticia o carta al cardenal Wojtyla. Entonces, yo pasaba la noche en la casa de él, con sus secretarios. Una vez lo acompañé a visitar una parroquia. Después él se iba a Varsovia, para tomar de ahí un avión a Roma, e hicimos el viaje juntos de Cracovia a Varsovia. Era un cardenal muy sencillo, en cuanto al comportamiento personal, muy amigable. Los sacerdotes lo querían mucho. Tenía un gran sentido del humor, un humor, de todos modos, discreto.
-El Papa está enfermo. Durante su primera internación el cardenal Sodano reflotó las polémicas sobre una eventual renuncia, al decir que se trataba de un tema que atañe a su conciencia. Usted, que es un experto en derecho canónico, ¿qué cree?
-El Santo Padre tiene a su superior, que es Jesucristo. Por lo tanto, debe seguir adelante si tiene las fuerzas espirituales e intelectuales. El está convencido de que debe servir a Cristo hasta que él pueda. Esta es su filosofía, y no creo que pueda renunciar, amando de esta forma su servicio, y también entregando su sufrimiento. Porque servir a la Iglesia no es sólo gobernar, dar órdenes, firmar decretos. Servir a la Iglesia también es sacrificarse, es sufrimiento, es darse, es seguir el camino que siguió Cristo al tomar la cruz. Esto se puede entender no a través de las categorías políticas, humanas o institucionales del mundo, sino a través de una categoría espiritual que ve a la Iglesia como cuerpo místico de Cristo. Es decir: también el sufrimiento da un gran refuerzo a esta riqueza espiritual de la Iglesia. Yo creo que el Santo Padre hace muy bien [en no renunciar].
-¿Cuál es la característica más importante del largo pontificado de Juan Pablo II, que en octubre cumplirá 27 años?
-La enorme apertura al mundo, los viajes. Nunca un pontífice viajó tanto. La segunda característica es su cercanía a los más pobres, porque él visita no sólo a los jefes de Estado, sino también las favelas, prisiones y escuelas. En fin, él significa apertura para todos.
-¿Defectos del pontificado, si es que hay?
-(Se ríe.) Sí, creo que nunca estuvo muy subordinado a sus guardias... Vivió saliéndose del programa, improvisando o cambiando de planes. Por lo general obedece, pero tiene tendencia a ser libre, por lo que muchas veces transgrede...
-En especial con los médicos, ¿no?
-Sí, también con los médicos.
-En este mundo cada vez más indiferente a Dios, ¿cuáles son para usted los desafíos de la Iglesia Católica?
-La Iglesia debe apoyarse en las encíclicas y en el Evangelio. Pese a los cambios del mundo, la enseñanza de la Iglesia no debe cambiar. La Iglesia, por supuesto, debe mirar las circunstancias para transmitir mejor la doctrina, pero la doctrina sigue siendo la misma. Los principios no se cambian. Concretamente, antes que nada, nos referimos a los principios de la vida. Contra el aborto y la eutanasia y en favor de todo lo que tiene que ver con la dignidad de la vida, desde la educación hasta el trabajo. La familia es el nido natural de la vida. En la familia también está implícita la educación, en la que deben participar tanto el marido como la mujer. Muchas veces aquí, en Polonia, pero no sólo aquí, las familias piensan que los chicos van al colegio y que allí se encuentra toda la enseñanza, también la moral. Pero, según nuestro punto de vista, se trata de una carga demasiado pesada para la escuela. Creemos que hay que desgravar a las escuelas de esa responsabilidad.
-Usted viajará por segunda vez a la Argentina a fin de mes. Para usted, ¿la ampliación de la Unión Europea hacia el Este significa que América latina pasará a ser olvidada por el Viejo Continente?
-¡No! América latina es un subcontinente fuerte, joven, dinámico, y yo creo que habrá un gran desarrollo de los países sudamericanos. Yo voy a la Argentina porque empezamos una relación, a través de una capilla, con la Virgen de Luján. Como el obispo de Luján y otros sacerdotes hicieron un peregrinaje a Polonia, ellos quieren que les devuelva la visita, y voy con mucho gusto, también para ver cómo están las cosas en la Argentina después de veinte años.
-Una pregunta que sé que a los cardenales no les gusta, porque no les gusta hablar sobre el sucesor de Juan Pablo II. ¿Cree que es posible un papa latinoamericano?
-Nunca analicé esto, porque es el Espíritu Santo el que elige cuándo tendrá lugar el cónclave. Pero puedo decir que en América latina hay obispos y cardenales aptos para asumir este deber.
-También se habla de candidatos del continente asiático, como el arzobispo de Bombay, Ivan Dias... Para usted, ¿podría haber un papa no europeo?
-Puede ser... No sé... Depende del nivel de la vida espiritual e intelectual que puedan poner en la sede del pontificado supremo.
-Hay también quien dice que después de este pontificado tan largo el papa debería volver a ser un italiano...
-Quizá fuera algo conveniente, sí. Yo diría que soy muy favorable a esto, porque sé que entre los cardenales italianos hay verdaderamente muchos hombres hábiles, que saben lo que hacen.
Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
La autora realizó esta entrevista en Varsovia hace unos días, antes de retornar a Roma por el agravamiento de la salud de Juan Pablo II.
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=689789
Por Sandra Russo
Las viejas fotos familiares a veces guardan secretos políticos. Es increíble aunque usted no lo crea. Pruebe a encontrar y revolver la vieja caja con fotos de la infancia. Si usted pertenece a la clase media que, gorila o peronista, conoció la Bristol y tuvo el primer autito en los ‘50, pruebe a ver las viejas fotos de sus abuelos, sus padres, sus tíos, aun aquellas que pertenecen a una época en la que usted no había nacido. Verá, probablemente, algún casamiento celebrado en el salón de la casa, con parientes emperifollados y platos decorados con canapés caseros de huevos rellenos con paté. No mire los primeros planos, mire los fondos. Verá paredes tal vez descascaradas, aparadores aparatosos, acaso alguna bombita de luz desnuda de su lámpara. Verá la torta de tres pisos y, más allá, la inconveniencia de una cortina matamoscas. Verá, en fin, cierto vaivén social entre la casa en la que vivían y celebraban sus acontecimientos esas personas y el ímpetu festivo de sus caras, el brillo de sus ojos, el satén de los vestidos de las mujeres, la elegancia de esos sombreritos que se usaban, la impostura con la que los hombres llevaban puestos sus trajes, el inocultable almidón en los cuellos de sus camisas.
Los fondos de esas viejas fotos familiares delatan el salto que estaba dando este país. El de una clase trabajadora que aspiraba a algo más. En el brillo de los ojos de esas mujeres y en los trajes baratos de esos hombres ya podía leerse el destino de sus hijos: estudiarían. Durante varias décadas eso estuvo claro: los hijos estudiarían. Y así fue que estudiamos, porque cuando éramos chicos no nos dieron a elegir. Estaba escrito en el ánimo de aquellos hombres y mujeres que habían crecido en conventillos o en casas precarias, que a duras penas habían terminado la escuela primaria, que sus hijos sabrían más, entenderían más, se defenderían más. No soñaban con hijos millonarios, sino con hijos doctores. No soñaban con hijos poderosos, sino con hijos preparados.
Dime con qué sueñas y te diré quién eres. Podría haber sido una frase fileteada en la parte trasera de un camión. Aquel país de padres que soñaban cultura e instrucción para sus hijos confiaba en que la cultura y la instrucción abrían las puertas del bienestar económico, claro, pero también del bienestar anímico y espiritual. Era un valor ser de bien.
Después ya sabemos. Ese valor se fue rallando como una zanahoria que siempre quedaba a dos metros de distancia de nuestras narices. Y de la mano de un país que se fue corrompiendo, se corrompió también el sueño del imaginario social. Apareció, como un valor, la trampa. El atajo.
Y junto con ese disvalor empezaron a cambiar las fotos familiares. Ya eran fotos color. Cuadradas. El mundo del mercado había hecho su ingreso en esas instantáneas. Primero se aspiró a cambiar el auto cada dos años, y después se aspiró a una cuatro por cuatro. Primero se aspiró a tener dos televisores color, y después a alcanzar una notebook. Primero se aspiró a conocer Cancún, y después a ir de shopping a Miami. El mundo del consumo nos deslumbró en los ’90 como un efecto especial de la vida: hubo incluso patologías mentales y sociales encausadas a través del consumo. Nuestros chicos han heredado ese tic y sus defensas bajas lo retroalimentan. Quieren ropa de marca, los juguetes que salen en la tanda de su programa favorito, el merchandising de absolutamente todo. Como consumidores, los ’90 nos volvieron bocas abiertas e insaciables, pozos sin fondo, insatisfechos crónicos. Como consumidores, hemos abolido el pensamiento crítico y el sentido de realidad. Un vestido de marca en un shopping cuesta dos planes Jefas y Jefes de Hogar.
Hemos llegado a pensarnos a nosotros mismos como consumidores antes que como ciudadanos. Hemos votado candidatos como consumidores y no como ciudadanos. Pero en tanto consumidores hemos sido, en rigor, blandos, necios, imbéciles: el consumidor perfecto que reclama el mercado. Atontado, despersonalizado, dócil. Hemos reclamado a los sucesivos dirigentes de turno que nos defiendan, que nos representen, que litiguen con los grupos de poder en nombre de sus representados, pero es en ese punto en el que nuestra autoconciencia y la conciencia del conjunto debería virar, sea quien fuere el que llame a un eventual boicot ante un aumento de precios injustificado. La palabra consumidor está bañada de una falsa asepsia, de una falsa neutralidad: lo que gastamos no es neutro. Es dinero. El usuario, el cliente y el consumidor son ciudadanos a quienes les fue cercenada su condición política. Hoy se abre la posibilidad de repolitizar esa palabra, en un sentido amplio pero profundo. Comprar, consumir son esencialmente acciones políticas. Puede pasar que no nos hayamos dado cuenta, pero los que armaron el frenesí de los ’90 y se resisten a abandonar el festival de sus ganancias lo supieron siempre. Han ganado fortunas de a diez o veinte centavos en facturas, comisiones, sobreprecios, deslices ante los que nadie oponía resistencia. ¿Continuará?
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-48776-2005-03-22.html
Empezar la escuela primaria equivale a atraversar un umbral decisivo. Pero a veces, las puertas de la escuela están cerradas. Y el Estado no responde.
BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar
Los mellizos entraban a la escuela en primer grado y cumplían seis años ese mismo día. Durante las semanas anteriores, para los chicos y su familia esa coincidencia se convirtió en algo mucho más significativo que una superposición de fechas. Atravesar la barrera entre el jardín de infantes y la escuela equivalía a una suerte de final de etapa y de nuevo comienzo, el cruce del umbral decisivo hacia la escritura y la lectura. Se lo habían dicho y lo habían entendido. El día iba a estar cargado de una especie de simbolismo.
En la ciudad donde los mellizos viven, y de donde me llega la noticia, las clases no empezaron. Sería de un sentimentalismo fácil lamentar la destrucción de una ilusión que estaba sostenida en el débil lazo de acontecimientos que coincidían por casualidad. Los chicos habrán aprendido, en lo que concierne a fechas tan ingobernables por la voluntad como los cumpleaños, que mejor es no celebrar antes de tiempo. Pero lo que sí puede ser tomado en serio es que un compromiso que el Estado tiene con la sociedad, algo tan serio como el calendario de una actividad básica, fue traicionado. Y que el primer escenario escolar de los mellizos que cumplían años fue llegar a una escuela cuyas puertas estaban cerradas, los maestros en la vereda tratando de explicar a los padres las razones de ese inaugural paro docente.
No sé cómo suenan las palabras "paro docente" en la cabeza de chicos de seis años ni me imagino qué es lo que pueden entender sobre la ruptura de un compromiso. De aquí en más se espera que vayan a la escuela cinco veces por semana; de la escuela es difícil saber qué puede esperarse. O sea que, de algún modo, se rompió y habrá que reparar un compromiso muy declamado que el Estado tomó frente a los alumnos. El Estado no supo solucionar un problema con los docentes y abandonó a esos chicos en las puertas de las escuelas cerradas por uno o dos días. Se supone que, entre otras cosas, un chico va a la escuela para aprender las formas que sostienen un compromiso.
Esta situación de escuelas que, en casi la mitad del país, no comenzaron las clases el día determinado por el calendario tiene más de una década. Mi propósito no es señalar la responsabilidad de los docentes sino la del Estado. Eso no quiere decir que se exima a los docentes de responsabilidad. Quiere decir, simplemente, que el Estado es el principal obligado a hacer funcionar el sistema educativo, incluso en los casos en que los gremios docentes impongan tácticas aventureras o irresponsables, para exigir reclamos que pueden ser justos. El problema no explotó en el mes de febrero, y por lo tanto, si las clases no pudieron comenzar el día que los mellizos cumplieron seis años fue simplemente la confirmación de algo sabido hace tiempo. Mientras tanto, se habla de la necesidad de alcanzar un número determinado de días de clase por año, que siempre es inferior al de esos países en serio, considerados por los argentinos un espejo que, aviesamente, se resiste a reflejarnos. A tropezones comienzan las clases y los paros funcionan como puntos suspensivos, cifras que se restan al número nunca cumplido de un calendario escolar normal.
Deberíamos no mirar qué sucede en otros lados para no sufrir el golpe de la envidia, pero, internacionalista sin arrepentimiento como soy, señalo solamente que en Francia la semana escolar incluye los sábados a la mañana, compensado por una interrupción los miércoles o jueves. No parece un calendario muy amigable para el miniturismo ni los feriados puente (imagínense las protestas de la industria hotelera), pero se considera que es el adecuado al aprendizaje. Esta semana extensa de la escuela francesa indica que hay países donde, con diferentes soluciones, la escuela es tan sagrada como la soberanía nacional. En esos países, Francia o Alemania por ejemplo, también hay sindicalismo docente y reivindicaciones salariales, pero el Estado no duerme cínica o irresponsablemente sobre sus discursos. Tampoco la sociedad se lo permitiría, porque la mayoría de los chicos van a la escuela pública, incluidos los hijos de los ricos.
http://www.clarin.com/diario/2005/03/20/sociedad/s-941981.htm
ANA MARIA MUSTAPIC, POLITOLOGA
Hay competencia electoral, pero faltan visiones globales de país. La indefinición programática y la fragmentación territorial obstruyen la capacidad de gobernar y la renovación de los partidos nacionales.
Fabián Bosoer
fbosoer@clarin.com
Qué significación tienen las elecciones legislativas de este año para el mapa político del país?
—Por el lado institucional estas elecciones no van a traer grandes novedades; van a ratificar la mayoría parlamentaria en manos de fuerzas políticas de raíz justicialista y ciertamente no ponen en juego el apoyo del Gobierno en el Congreso. Aunque también es cierto que el Gobierno no necesitó hasta ahora demasiado de ese apoyo para gobernar. Por el lado partidario, nos devuelven un espectáculo habitual: las consabidas disputas en el interior del PJ van a ir determinando el resultado de cada elección. Tal vez lo novedoso es la forma en que resuelva o deje de resolver el justicialismo sus conflictos internos.
# ¿Pueden leerse de ese modo los resultados en Santiago del Estero y Catamarca?
—Son un buen indicio que evidencia las serias dificultades del PJ para mantenerse unido. Deja de tener sustento la idea según la cual el conflicto no hace mella en el interior del justicialismo, que puede dividirse y seguir ganando. En Santiago se vio que eso no es necesariamente así. El electorado está dispuesto a cambiar de preferencias, no se deja encandilar tan fácilmente por el gran despliegue de apoyos oficiales.
# Esto será un incentivo para que el peronismo encare esas definiciones postergadas.
—El eje gira siempre en torno a Buenos Aires y la cuestión clave es cómo se resuelve la relación Kirchner-Duhalde, qué tipo de alianza van a mantener. Esto se verá reflejado en la conformación de la lista de candidatos por la provincia. No parece que se avance mucho más, por ejemplo, en la dirección de alguna definición programática más sustantiva.
# Las elecciones de 2003 fijaron fotografías superpuestas del sistema político argentino. Por un lado, la de un partido dominante, por otro lado, la de una alta fragmentación en la representación parlamentaria. ¿Cómo se explica la simultaneidad de estos dos escenarios?
—Una de las cosas interesantes de subrayar es la creciente territorialización de la política. No es solamente fragmentación, que pueda haber más partidos políticos, sino que estos partidos terminan estructurándose territorialmente. Entonces, hay pequeñas parcelas donde distintas fuerzas y referentes políticos se instalan y tienen su reductos o cotos.
# ¿Es lo que pasó en las últimas elecciones presidenciales...?
—Recordemos que en realidad en las elecciones de 2003 el PJ como tal no se presentó; hubo tres candidatos presidenciales de origen peronista que formaron una alianza con distintas pequeñas fuerzas. Cuando analizamos los resultados, cada uno de estos candidatos era fuerte en ciertas áreas geográficas: Kirchner, de la provincia de Buenos Aires hacia el sur; Menem, hacia el nordeste; Rodríguez Saá, en el centro.
# ¿Se puede repetir ahora esa situación?
—Me temo que ahora va a suceder más o menos lo mismo, aunque no sean los mismos nombres. Los distintos candidatos representarán una estrecha base territorial y no queda claro qué es lo que une a esos candidatos, salvo que están dispuestos a seguir a otro líder, en otro nivel.
# Esto nos lleva a preguntarnos qué características tiene hoy el Partido Justicialista sin un liderazgo unificador.
—La primera cuestión es esa ausencia de liderazgos unificadores. Pero lo más importante es que esa desaparición del líder carismático está dejando al desnudo la otra cuestión fundamental, que es la indefinición programática. En el caso del peronismo, tiene muchos conductores, pero no tiene una visión sino infinidad de ellas. Es posible un Menem y es posible un Kirchner; lo que queda, básicamente, es el territorio, dónde se ejerce el poder, dónde se "acumulan" fuerzas y bases políticas. Hay una frase que usan mucho los políticos: no dicen "visión política" sino "el espacio político". Esto quiere decir "dónde me ubico", "¿dónde me puedo anclar territorialmente?", dónde armo mi propio coto.
# ¿Es la vía de acceso a parcelas de poder lo que mantiene al peronismo unificado?
—Hay una identidad difusa. E incentivos principales que son la posibilidad de ganar elecciones y acceder al poder; porque la estructura de oportunidades, como lo llamamos, está concentrada en el PJ. Pero los costos para lograr esa mayoría también son importantes. Y eso es lo que hace vulnerable al Partido Justicialista: la incapacidad de crear una visión para la sociedad hace que la política esté funcionando así, fragmentada y sin programas.
# ¿Pueden ayudar las elecciones de octubre a que emerja una coalición opositora más fuerte?
—El tema de la oposición es que es muy débil. Pero además, tampoco hace demasiados esfuerzos por tratar de remontar desde la situación en que se encuentra. Eso implicaría una importante renovación dentro de los partidos políticos, y entre ellos, en primer lugar, de la Unión Cívica Radical, que todavía es un partido de alcance nacional. El problema con esta fragmentación es que no hay ya casi partidos de alcance nacional, reflejo de esa ausencia de visiones de país. El ARI, ¿podrá salir de la etapa testimonial?; ¿hasta dónde estará dispuesto a llegar Recrear para aglutinar las fuerzas de centroderecha?
# Se ensayaron cambios y reformas para superar la crisis de representación política tradicional: la ley de lemas, las internas abiertas, ¿no ayudaron?
—Más que reformas, fueron contrarreformas. Se utilizaron para resolver problemas y luchas políticas internas de cada momento. Lo que hemos visto permanentemente es la manipulación de las reglas. Tenía que haber internas abiertas y se suspendieron. En el Partido Justicialista, hay grandes incógnitas y una indefinición que se prolonga. ¿Hace cuánto no elige autoridades? ¿En qué condiciones se encuentran sus autoridades?
# Algunos de los factores que analizaba recién fueron propuestas de reforma política cuya intención era, supuestamente, resolver la crisis de la política.
—Sí. Pero creo que fueron propuestas no debidamente analizadas. Las internas abiertas ya se sabe que fueron una trampa. Como lo fue la ley de lemas. Sirvieron para incrementar los problemas de representación que pretendían resolver. Desde el punto de vista de los políticos, es puramente instrumental: "si me conviene, la aplico; si no me conviene, no la aplico".
# Hace tres años, el ex presidente Duhalde propuso en un contexto extremo de crisis institucional algo que también significaba un corte histórico respecto de la tradición presidencialista del país y del peronismo: una reforma política que fuera hacia el parlamentarismo a la europea. ¿Qué pasó con esa propuesta y qué viabilidad tenía?
—En ese momento servía para acompañar la salida de la grave crisis que vivió el régimen presidencialista, darle peso al Parlamento en decidir quién iba a estar a cargo del gobierno. Pero el parlamentarismo, en estas condiciones de fragmentación y crisis de partidos, es otra cosa; produciría una gran inestabilidad política. Aquí nomás tenemos el ejemplo de Bolivia.
# ¿Seguimos entonces en el presidencialismo tradicional, con los decretos y atribuciones excepcionales y un Parlamento que marcha a la saga?
—Tenemos una variante: la del "presidencialismo imperial", con los recursos legislativos y la capacidad de decisión concentrados en el Ejecutivo. Es la contracara de un Congreso con los niveles de fragmentación que actualmente exhibe, no sólo por la cantidad de partidos representados sino también por la falta de cohesión en su interior. Son comportamientos congruentes, aunque indeseados, con los incentivos que plantean las reglas y las prácticas existentes.
# ¿En qué dirección debería orientarse, entonces, la reforma política?
—Hay medidas que ayudarían a revertir este cuadro de situación, generando condiciones favorables para que la representación partidaria trascienda los estrechos límites territoriales en los que está recluida: la introducción de restricciones más severas para conservar el status de "partido político", un calendario electoral unificado, la depuración de los padrones y la supresión de la obligatoriedad de las internas abiertas. Esto reduciría los incentivos al parcelamiento y la proliferación de sellos y punteros.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/03/20/z-04015.htm
Copyright Clarín, 2005.
La escritora analiza la sociedad actual
“Parecemos tranquilos, sólo disconformes con el estado de penuria económica. Nada coacciona nuestra libertad de palabra y quizá por eso la queja es nuestro estado consuetudinario. No falta motivo, pero la queja sin reacción es una inútil forma autocompasiva”, dice Griselda Gambaro.
Tal vez por esto, la novelista y dramaturga eligió expresarse por medio de textos que duelen, molestan, sacuden, conmueven, irritan.
Menuda, eléctrica, Gambaro es una de las escritoras más relevantes de la literatura argentina actual. Su espíritu contestatario y su indignación ante todas las formas de violencia le valieron el exilio cuando, en 1977, la dictadura militar prohibió su novela “Ganarse la muerte”, por considerarla contraria a las buenas costumbres y al orden social. Junto a su marido, el escultor Juan Carlos Distéfano, y a sus dos hijos, tuvo que dejar su casa del barrio suburbano de Don Bosco e instalarse en Barcelona, desde donde pudo regresar un tiempo antes del retorno de la democracia.
"Hoy podemos dormir sin el temor a las razzias de la dictadura, pero nuestro sueño carece de esperanzas", se lamenta. Para Gambaro, la libertad y sus ventajas terminan por ser ilusorias bajo la opresión selectiva de la miseria.
Nacida en el barrio de Barracas y autora prolífica y multipremiada -desde aquel primer galardón que le otorgó, en 1963, el Fondo Nacional de las Artes por su novela "Madrigal en ciudad"-, Gambaro no se siente, aunque lo sea, una autodidacta. "Yo aprendí de los otros, de todos los que empezaron antes que yo, de los que, por distintos caminos, me enseñaron a ver el lado menos banal de las cosas, me transmitieron un concepto, una idea, un ideal." Las novelas "El desatino", "Una felicidad con menos pena", "Dios no nos quiere contentos" y "El mar que nos trajo", y las piezas teatrales "Real envido", "La malasangre" -que este año se repondrá, dirigida por Laura Yussem-, "Sucede lo que pasa" y "La casa sin sosiego" son algunos de sus trabajos más reconocidos. Sus obras fueron estrenadas en prestigiosos escenarios de distintos países de Europa y América latina, y traducidas a numerosos idiomas. Integró, además, el jurado del Premio de Novela LA NACION-Sudamericana 2004-2005.
-El tema de la violencia, la muerte y el desamparo aparecen recurrentemente en sus trabajos y se podría decir que le dan unidad a su obra. ¿Ese interés se mantiene o ha cambiado con el paso de los años?
-Si esos temas aparecen recurrentemente en mi obra es porque no han desaparecido de la realidad. La realidad ha cambiado a lo largo de los años, pero, en ciertos aspectos, para que nada cambie. La violencia persiste, aunque no sea la misma que en la época de la dictadura militar. Cambió su rostro, que indudablemente es más benévolo, sin la metodología del crimen de la dictadura, pero aún en democracia no se puede ocultar que ese rostro es temible. La violencia perdura en la multiplicidad y frecuencia de los delitos -secuestros, asesinatos, violaciones- y en el problema del hambre y del desamparo, que incluye a un gran número de argentinos; violencia encubierta de un Estado que desprotege y no encuentra el mecanismo para evitar la exclusión. No es que yo me interese por esos temas -bien quisiera no tratarlos-, pero los temas me buscan, me imponen que me ocupe de ellos, porque mi responsabilidad es hacerlos visibles de un modo tal que nos lleve a preguntarnos por qué las cosas son como son, aunque no tengamos las respuestas. Si en algo no creo es en un arte inútil, del sinsentido. En las sociedades actuales, que marchan tan aceleradamente hacia formas deterioradas de vida, el artista tiene una doble responsabilidad: no traicionar a su arte ni a su época. Y, sobre todo, no callar ni mirar de costado. Innegablemente, hay esplendor y riqueza en ciertas áreas de la sociedad argentina, como si viviéramos, según la suerte, según el origen, en dos países distintos: uno que se parece a París y el otro, a Biafra. Pero, por una cuestión de justicia, aunque mi situación sea personalmente privilegiada, no puedo hablar sino de aquellos que no tienen ni medios ni voz.
-¿Hoy somos más o menos violentos que en los violentos 70?
-Lo somos de otro modo. Tenemos un gobierno en democracia que, con todas sus carencias y a pesar de los pozos de corrupción evidentes, procura mayores garantías. Pero la violencia está profundamente enquistada. Basta con leer los diarios. Se ejerce violencia cuando se desprecian las normas (caso Cromagnon), cuando las cárceles siguen siendo lugares de vejación, maltrato y hacinamiento, cuando no hay transparencia en los actos de gobierno o en el uso secreto de los fondos reservados?
-¿Hemos hecho algo para mejorar, o todo lo contrario?
-Hemos hecho algo para mejorar, sí. Pienso en el trabajo de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, en la recomposición de la Corte Suprema de Justicia, con una selección rigurosa de sus integrantes. De la recomposición imprescindible de la Corte tuvo conciencia la sociedad, como la tiene de que es necesario organizar la Justicia sin privilegios para los sospechosos de fuste -caso Menem, caso García Belsunce-, con fiscales y jueces intachables. En cambio, creo que existe una percepción más confusa sobre la generalización de la violencia delictiva y la manera de solucionarla. Gran parte de la sociedad y algunos políticos, como Ruckauf, proponen el ojo por ojo, el diente por diente, la represión y el aumento de las penas, cuando la experiencia mundial y la opinión de expertos señalan la inutilidad de frenar el delito si no se atacan estructuralmente las causas que lo provocan. Si hace cincuenta, sesenta años, la delincuencia era menor, menos agresiva, menos salvaje, no es porque ahora los argentinos nos hayamos vuelto delincuentes feroces por nacimiento o inclinación espontánea, sino porque el dique que hacía respetar ciertas reglas a los delincuentes se ha roto. Hoy, para amplios sectores no existe, desde la infancia, ni contención ni horizonte.
-¿Qué diferencias encuentra entre la violencia ejercida por las dictaduras militares y la promovida por los grupos guerrilleros? ¿Hay una violencia mejor que otra?
-No hay una violencia mejor que otra, pero hay violencias de distinto cuño. Quien tiene el poder y, se supone, la ley de su lado debe respetar ambos a rajatabla. El Estado no puede hacer desaparecer personas, torturarlas ni asesinarlas.
-¿Qué motivaba a los jóvenes de aquellos años? ¿Y a los de hoy, Argentina 2005?
-Lo que motivaba a los jóvenes de aquellos años era en gran parte la utopía, una especie de sueño de cambiar las cosas, sin calibrar que las cosas se cambian por la presión de un convencimiento mayoritario y que la fuerza es la última instancia de ese convencimiento. Si ciertos cambios históricos fueron posibles -la Revolución Francesa, la revolución rusa, la revolución cubana- fue porque la chispa que encendió la hoguera se produjo por deseo de la mayoría. Creo que no fue ésta la situación en los años 70, cuando jóvenes idealistas, generosos, también dogmáticos, se empeñaron en una lucha dispar que terminó en masacre. En cuanto a los jóvenes de hoy, sólo los conozco individualmente y por segmentos. Son los jóvenes que hacen teatro, que escriben, que buscan trabajo y que procuran mantenerlo, que recogen los cartones y botellas que dejo en mi puerta y con quienes ocasionalmente cambio algunas palabras cuando me piden de comer? Sólo ahora, por los medios, conozco a los jóvenes que iban a los recitales de Cromagnon, pero ignoro si tenían utopías o si sólo se entregaban a la música y a las letras que los expresaban y que les daban un sentido de pertenencia que en otros ámbitos no encontraban. Algunos jóvenes deben conservar las utopías de un mundo mejor, aunque más no sea por un simple ejercicio de la solidaridad, pero creo que por el momento la principal utopía de la mayoría de los jóvenes es subsistir.
-Usted tuvo que exiliarse durante la dictadura militar. ¿Por qué regresó?
-Regresé porque éste era mi país, el lugar de mi infancia, de mis afectos. También el lugar en el que deseaba llevar a cabo mi oficio de escribir. Mi público y mis lectores eran y son argentinos. En Barcelona, escribí "Dios no nos quiere contentos" y "Lo impenetrable", es decir, dos novelas, género que puede esperar su publicación, sus lectores. En cambio, no escribí teatro, porque el teatro exige el escenario de manera inmediata y yo no sabía qué podía decirle al público español, y menos al catalán. Ignoraba sus códigos.
-¿Guarda algún rencor?
-Afortunadamente, no conozco el rencor. Creo que es un sentimiento desgastante que devora a quien lo padece, como el odio o el deseo de venganza, aunque quizá sea legítimo en algunos casos: el de los hijos de desaparecidos, por ejemplo, o el de vejaciones insoportables. Mi situación durante la dictadura no puede compararse. No tengo rencor, pero sí guardo un rechazo muy profundo hacia los actores, principales y secundarios, que ejercieron el poder en aquellos años. Ese rechazo se mantiene en estado de vigilia.
-¿Habrá una vuelta atrás, un "nunca más" de una sociedad, cansada de vivir tras muros, rejas, cámaras de video, guardias, barreras, o entramos a transitar un camino de no retorno? ¿Qué podría modificar las cosas?
-La voluntad política de hacerlo. Si hablamos de delincuencia, mientras existan la exclusión, la promiscuidad, el abandono de niños y adolescentes, la falta de trabajo y de condiciones aceptables de vida, subsistirá el problema. Todo tiene que ver con todo. Un país no se salva por fragmentos: se salva en conjunto.
-Hoy, hay una enorme desconfianza social que nos obliga a sospechar de nuestro prójimo, a encerrarnos, a no franquear la entrada, a vivir asustados, en un estado cercano a la paranoia. ¿Cómo explicar, entonces, las evidentes muestras de solidaridad que también se producen en esta sociedad recelosa?
-Si nuestra sociedad es desconfiada y, al mismo tiempo, solidaria es porque quienes la integramos somos de muchas maneras y porque hay catástrofes y necesidades que permiten expresar solidaridad. Cada demora sin aviso de un ser querido nos trae el fantasma del secuestro; cada desconocido que ronda nuestra calle nos hace pensar en un robo. ¿Paranoia? Tal vez, en todo caso fundamentada por muchas malas experiencias. Quizás, en un futuro, saquemos las sillas a la calle para conversar con nuestros vecinos, abramos nuestra puerta a un desconocido que nos pide un vaso de agua. Más que las grandes declaraciones, ése será el momento en que nos demos cuenta de que algo ha cambiado realmente en la Argentina.
-¿Qué es ser culto en la Argentina?
-Ser culto, poseer cultura, es una actitud frente a la vida. No es el acopio de información, el tránsito frecuente por muestras, conciertos, espectáculos, ni siquiera las muchas lecturas. Podemos aplicarnos, pero será inútil si no somos capaces de establecer relaciones entre lo que se sabe y lo que se ignora, si esa frecuentación no determina la tesitura de nuestro comportamiento en todos los órdenes, en lo mayor y en lo menor, desde los gestos de urbanidad hasta la capacidad de entender la diferencia. Somos cultos cuando desconfiamos de la verdad revelada, cuando nos entregamos al placer del arte, pero sobre todo cuando compartimos su sentido primordial: el que nos permite salir de nosotros mismos, de nuestro yo egoísta, limitado y perecedero, para entregarnos a una experiencia colectiva en la que el otro se nos revela, nos continúa y nos explica.
-¿Cómo interpreta el hecho de que en Buenos Aires haya más espectáculos de teatro que en Broadway? ¿Se trata, a su entender, de un dato alentador?
-Creo que el hecho de que exista un movimiento teatral tan fuerte responde, por un lado, a nuestra propia tradición, que siempre fue muy rica en ese género. Pensemos tan sólo en el dinamismo teatral de la década del 60. Pero también creo que este fenómeno responde a la necesidad de sacar la cabeza del pozo, de salir de la medianía impuesta por las circunstancias.
-¿Se atreve usted a soñar con un país mejor? ¿Cómo sería?
-Un país donde "la inevitabilidad de la muerte", como decía Calvino, no sea nunca el término de una vida sumergida. Donde la continuidad de la vida asegure un tránsito con sus incertidumbres, sus momentos esperados de felicidad e inevitables de angustia, pero sin dolores agregados, sin violencia, sin miseria. ¿Sueño utópico? Quizá. Sin embargo, todo es posible si el deseo, más que la utopía o el sueño, es tan fuerte como para sostenerlo días tras día y empujarlo hacia la realidad.
Por Carmen María Ramos
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=688810
Opina el controvertido biólogo francés
PARIS.– Etienne-Emile Baulieu afirma que le gustaría haber sido Pablo Picasso. Como el genial malagueño, el célebre biólogo francés, inventor de la llamada “píldora del día después” (RU486), es un virtuoso en todo lo que hace. Es igual de obsesivo en su trabajo y sibarita en la vida. Como Picasso, es imperturbable. Los escándalos y las críticas que provocan sus descubrimientos jamás consiguieron apartarlo de su abrasadora pasión por investigar.
“Investigar para comprender, para tratar de controlar el mundo que nos rodea, es un poderoso instinto de nuestra especie”, explicó a LA NACION.
Baulieu también se parece a Picasso en otra cosa: el hombre que hasta el 31 de diciembre último presidió la Academia Francesa de Ciencias suscita pasiones. Para algunos, es un benefactor de las mujeres. Otros piensan que es un científico maldito.
Baulieu nació hace casi 80 años en la ciudad francesa de Estrasburgo, de un padre profesor de medicina que se llamaba Leon Blum, homónimo del líder socialista. Su madre, brillante abogada y profesora de inglés, nunca quiso oír hablar de medicina ni de ciencias duras para su hijo. Pero fue inútil. Al salir de la Segunda Guerra Mundial, convirtió su seudónimo de resistente en apellido y, a partir de ese momento, se consagró de lleno al estudio.
Apasionado por la bioquímica, apenas recibido, en 1959, Baulieu hizo uno de los mayores descubrimientos de su vida: la DHEA (dehidroepiandrosterona). Por entonces, esa hormona carecía de aplicación médica. Pero 45 años después, la llamada "hormona de la juventud" se ha transformado en una de las panaceas de las sociedades occidentales, obsesionadas por hallar la fuente de Juvencia.
Ese hallazgo bastó para abrirle las puertas de los laboratorios universitarios en los Estados Unidos. En Boston, su encuentro con el profesor Gregory Pincus -padre de la píldora anticonceptiva- decidiría su carrera. Desde entonces, sus polémicos descubrimientos lo mantienen en las primeras planas de la prensa mundial.
-¿Se podría decir que la RU486 es un paso intermedio entre la anticoncepción y la interrupción quirúrgica del embarazo?
-Sí. La RU486 debería llegar siempre en segundo lugar, después de los métodos anticonceptivos. Sin embargo, aún hoy, el principio mismo de la anticoncepción es difícil de asimilar para millones de mujeres, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Es más fácil que las mujeres tomen una píldora en caso de atraso que obligarlas a tomar una dosis cotidiana de medicamento. Nosotros calculamos que entre el treinta y el cuarenta por ciento de las mujeres del planeta nunca utilizarán un método regular de anticoncepción.
-¿Por qué América latina es la única región del planeta en la cual no se utiliza la RU486?
-Porque, aparte de Cuba, en ningún país de la región el aborto es legal. Sin embargo, el RU486 tiene otras numerosas y muy interesantes utilizaciones.
-¿Cuáles?
-En 1980, la RU486 fue desarrollada como una antihormona. Lo hicimos modificando la molécula de progesterona natural. Pero pronto nos dimos cuenta de que esta sustancia también tenía propiedades "anticortisol". Y el cortisol está presente en la depresión.
-¿Esto quiere decir que la RU486 es efectiva contra la depresión?
-Administrada en altas dosis, es eficaz contra una forma de depresión que se llama depresión psicótica mayor (DPM). Pero también tiene otras indicaciones. En septiembre próximo se harán en Francia ensayos biológicos sobre una enfermedad neurovegetativa llamada ataxia cerebelosa. Por último, una experimentación in vitro sobre neuronas de ratón sugiere que la RU486 limitaría la muerte celular de las neuronas. Su modo de acción es aún desconocido. Pero en el futuro se podrían hallar aplicaciones para la enfermedad de Parkinson o la de Alzheimer.
-Pocas veces en la historia un medicamento desató tanta controversia como su famosa píldora. Seguramente, tuvo usted plena conciencia de lo que significaría su descubrimiento.
-Yo estaba convencido de que mi descubrimiento ayudaría a millones de mujeres en todo el planeta a liberarse de infinitas cargas y sometimientos; a ser, por fin, dueñas de sus propios cuerpos. El impacto de los avances científicos sobre la condición femenina ha provocado una de las mutaciones fundamentales de nuestra época. Los descubrimientos de este último siglo rescataron socialmente a la mujer, en forma irreversible, liberándola de aquella insoportable condición subalterna y doméstica.
-Le parecerá una pregunta absurda, pero ¿qué piensa del aborto?
-¿Conoce a alguien capaz de decir que le gusta el aborto? Yo detesto el aborto. Pero el aborto es una práctica inmemorial y cotidiana. Cada año se practican más de 50 millones de abortos en el mundo; muchos, en condiciones más que precarias, en particular en los sectores más necesitados de la sociedad. Porque la gente con recursos puede pagarse intervenciones en centros especializados. Cada año mueren 150.000 mujeres, una cada tres minutos, por culpa de abortos practicados en malas condiciones, muchas veces ilegales. Otras 400.000 mueren como consecuencia de maternidades no deseadas. ¿Y qué decir de los bebes? En los países en vías de desarrollo, la mortandad infantil es el doble que en los países desarrollados, debido a los nacimientos a repetición, con menos de dos años de intervalo. Sin mencionar los demás problemas: malnutrición, escolarización deficiente, etcétera.
-Para explicar su posición, usted también invoca el crecimiento demográfico mundial.
-Hace poco, en un coloquio internacional, un especialista en demografía hacía hincapié en la injusticia que domina la relación entre el Norte y el Sur. Decía que los países en vías de desarrollo sólo tienen la alternativa entre "abortos o adultos muertos de hambre". Es verdad: los países ricos nos pasamos el tiempo pidiendo al Sur que controle su natalidad, mientras nosotros hacemos todo lo posible para aumentarla. Pero la grave cuestión se plantea en el nivel planetario: aun cuando hoy cada pareja tuviera sólo dos hijos, dentro de 80 años el mundo tendría entre 8000 y 9000 millones de individuos. Imagine las consecuencias sobre el hambre, la miseria y la salud que esa cifra tendría para la humanidad.
-Para usted, ¿cuándo comienza la vida?
-La vida no comienza, continúa. La mujer y el hombre que ponen sus genes para la fecundación están vivos. El espermatozoide está vivo; el óvulo, también. El embrión no es más que la continuación de todo eso.
-Me refiero al eterno debate: ¿a partir de cuándo un embrión puede ser considerado un nuevo ser humano?
-Tengo dos respuestas. La primera es: a partir del momento en que los demás comienzan a reconocerlo como tal. En el caso de la sociedad, a partir de su nacimiento. Sin embargo, la segunda respuesta me parece más acertada: todo depende de la mujer, del momento en que la mujer comienza a sentir ese embrión como un nuevo ser. Cuando una mujer tiene un atraso, lo expresa justamente así: "Tengo un atraso". Algunas semanas después, comienza a decir: "Estoy embarazada". Pero necesita un tiempo considerable para decir: "Espero un bebe". Todo es una cuestión psicológica. Todo depende de cómo la mujer percibe ese embrión.
-En todo caso, mirando una ecografía, un embrión de apenas ocho semanas tiene un corazón que late. Nadie podrá convencer a quien lo haya visto de que ese minúsculo punto no tiene vida...
-Pero una flor también tiene vida y usted la corta? Hay que ser serios. No se puede decir que ese punto minúsculo es un ser humano, porque no lo es.
-Pero, profesor, hay quienes piensan lo contrario. Los católicos, por ejemplo.
-Si se mira un espermatozoide con un microscopio, también se mueve. No por eso se puede decir que estamos frente a un hombre. Apenas un puñado de espermatozoides de los millones que produce un hombre terminarán transformándose en un nuevo ser humano. Lo mismo sucede con los óvulos que nunca serán fecundados. -
-Goethe decía que mientras más se sabe, más se duda. ¿Alguna vez pensó que podía estar equivocado?
-Jamás.
-Esto me lleva a preguntarle qué piensa usted de los tratamientos genéticos.
-La esperanza puesta en los tratamientos genéticos ha sido exagerada con relación a sus posibilidades reales. Es una ilusión pensar que manipulando un gen llegaremos a curar numerosas enfermedades. Por el contrario, la terapéutica celular es mucho más prometedora. En este caso se trata de reemplazar las células de un órgano que no funciona, cualquiera que sea, por otras sanas. Para ello, se cultivan otras células, incluidas algunas que pertenecen al sujeto mismo. Se parte de células embrionarias, poco diferenciadas, y se las cultiva a fin de que se diferencien hasta formar una categoría específica: células cutáneas, del hígado, etcétera.
-¿Cómo?
-Hay dos posibilidades. Se utilizan células embrionarias, y para ello hay que hacer una clonación, o bien se obtiene una célula de un embrión después de haberlo fabricado con las células del individuo. Un embrión incipiente, pero embrión al fin.
-Aquí llegamos a otra cuestión central que agita las conciencias del planeta: la clonación, la manipulación embrionaria.
-No se puede impedir a aquellos que adhieren a ideas religiosas, aunque en realidad es un problema de todos, que se digan: "Esas células, que quizá podrían haberse transformado en un individuo, están siendo utilizadas para otros fines". En nuestra imaginación, ese embrión podría, eventualmente, haber sido un ser humano.
-No sólo en nuestra imaginación...
-Sí. A partir del momento en que comienza a existir, un embrión puede perderse en infinitas vías negativas. Es necesario que muchas condiciones estén reunidas para que sea viable. Los ingleses utilizan la expresión "preembrión". Es grave, es verdad, utilizar embriones, ricos en potencial humano. Pero también es grave dejar de curar a un adulto que tiene una vida, una familia, un futuro por delante. En estos casos, debemos poner en la balanza una vida potencial, nada segura, y una vida real. Es difícil, pero es necesario hacerlo. En un futuro no muy lejano dejaremos de obtener esas células de los embriones para extraerlas del adulto. Sabemos que todos poseemos células embrionarias, por ejemplo en la médula. A partir de ese momento, se evitará el traumático problema de los embriones.
-Es paradójico que, después de haber trabajado treinta años en su píldora abortiva, haya decidido regresar a su primer descubrimiento, la DHEA, también llamada "hormona de la juventud".
-Yo considero, por el contrario, que se trata del mismo esfuerzo. En el caso de la RU486, mi objetivo siempre fue que los niños que nacen tengan las mejores oportunidades de vivir dignamente. Lo que muchos olvidan es que otra de las revoluciones científicas del siglo XX ha sido la longevidad del ser humano. Contrariamente a las demás especies, el ser humano vive mucho más allá de su período de reproducción biológicamente útil para la selección natural, que, en el caso de la mujer, está limitado a 50 años. En los países ricos, la mitad de los niños nacidos en 2000 vivirá hasta los cien años, y quizá más. Pero lo importante es de qué manera se envejece. Vivir un siglo está bien, con la condición de hacerlo en buenas condiciones físicas e intelectuales. Un successful ageing, un envejecimiento exitoso, como dicen los estadounidenses, debe ser el objetivo de toda sociedad. Por razones éticas, y también para obtener mejores condiciones psicológicas, económicas y sociales. La esperanza de integrar los últimos años de la existencia a una vida plena caracterizará el milenio que acaba de comenzar. Aquí es donde la DHEA adquiere todo su valor.
-También en este caso, después de cinco años de investigación suplementarios, sus resultados, publicados en 2000, provocaron una especie de locura mediática. Pero muchos de sus colegas afirman que la DHEA no es la panacea.
-A mi edad, ya me estoy acostumbrando. La verdad es que nunca nadie dijo que esa hormona esteroide era una panacea. Pero nuestros estudios demuestran que esa hormona, producida naturalmente por el organismo, disminuye con el tiempo. Y que administrada, sobre todo, a las mujeres de más de 65 años, mejora sensiblemente la libido, la piel, la memoria y la energía. Estudios recientes parecen demostrar, además, que la DHEA tendría efectos positivos contra la hipertensión arterial pulmonar. Este descubrimiento es extraordinario, pues hasta ahora no existía ningún tratamiento para esta afección, muy común entre los fumadores y la gente de avanzada edad.
-¿Se podría decir que el ser humano está programado para vivir hasta los 120 años?
-No lo sabemos con certeza. Los estudios en curso, sin embargo, sugieren que es posible. Leyendas como la de Matusalén responden, sin dudas, a las imprecisiones de los registros civiles de la época, pero también a la observación de personas que vivieron hasta edades muy avanzadas. Es muy posible que la verdadera duración de la vida humana se sitúe entre los 120 y los 125 años. En todo caso, la esperanza de vida sigue aumentando en forma constante desde hace 30 años.
-¿Cuál es la influencia de la genética y del medio ambiente en el destino de cada persona?
-El funcionamiento y la regulación de los sistemas biológicos que componen nuestro organismo están determinados por la estructura genética. Se puede decir que la genética es la que determina la duración máxima probable de todo organismo. Pero, en el destino de cada uno, el determinismo genético puede verse modificado por un accidente cualquiera: un camión o una enfermedad contagiosa. Y, de forma mucho más sutil, por las circunstancias de la vida: las agresiones de todo tipo, así como los placeres. Finalmente, lo más importante sigue siendo la forma en que se articula el medio ambiente físico y social con las posibilidades del organismo determinadas genéticamente.
-Mirando la cuestión desde un punto de vista puramente biológico, lo importante parecería ser que cada especie necesita vivir el tiempo suficiente para asegurar la reproducción. ¿Diría usted que el resto de la vida es un lujo?
-Después del período de reproducción, hay que hacer crecer a los pequeños, en el sentido nutricional del término. Nosotros, los seres humanos, después de haber terminado con todo lo que atañe a la reproducción, al crecimiento y a la educación, quedamos libres para cualquier otra actividad, personal o social. Sí, en cierta forma, vivir sin obligaciones de tipo biológicas es una forma de lujo. Pero los sabios africanos dicen que una de las obligaciones fundamentales del ser humano es transmitir a los más jóvenes los propios conocimientos. Todo parece indicar que si no existiera ese largo período posreproductivo en la especie humana, tendríamos serias dificultades para conservar nuestra supremacía en este mundo.
-En todo caso, sus críticos suelen reprocharle su exagerado optimismo. Dicen que usted da demasiadas esperanzas a la gente y que éstas terminan siendo prematuras.
-Naturalmente que soy optimista y que doy esperanzas a la gente. Porque existe una posibilidad real de retardar el envejecimiento. Los progresos de la ciencia biomédica son tan rápidos que despiertan en todos un deseo de prolongación de la vida y la salud. ¿Sabe usted que a comienzos del siglo XX las mujeres tenían un promedio de vida mucho más corto que el de los hombres, por causa de la mortalidad provocada por los partos? Cuando aparece algo como la DHEA, la respuesta es masiva. En estos casos, en vez de criticar, los científicos deberíamos sentirnos orgullosos, asumirlo y tratar de ofrecer a toda esa gente una mejor salud física y mental.
Por Luisa Corradini
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=687771
En la escuela, la literatura puede ser una prolongación de lo cotidiano o proponer una experiencia diferente. Qué pasa cuando talla en el aula Un guapo del novecientos.
BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar
Me cuentan que, en un colegio bilingüe muy prestigioso y eficiente, los chicos de doce o trece años están obligados a leer el drama de Samuel Eichelbaum Un guapo del novecientos. Mi primera reacción es pensar: se me ocurren diez obras más interesantes para un adolescente del 2005. Pregunto quién es la persona que dirige la sección literatura de ese colegio y me responden con el nombre de alguien a quien conozco bien. Entonces, me callo la boca: mejor pienso por qué esa mujer eligió Un guapo del novecientos. Descartemos razones.
No lo eligió porque creyera que en ese drama sobre el guardaespaldas de un caudillo conservador, que transcurre a comienzos del siglo pasado, los chicos pudieran encontrar retazos de los teleteatros que miran, la música que escuchan, los videos que juegan, ni lo que escriben en el chat. Por el contrario, todo lo que hay en la obra de Eichelbaum tiene que resultarles ajeno y parcialmente incomprensible, como si estuviera en una lengua olvidada o nunca aprendida del todo. Tampoco vieron, entre una y otra película del cable, la que dirigió Leopoldo Torre Nilsson, donde Alfredo Alcón, muy joven, representaba al guapo. Si esa película pasó por las pantallas, es probable que haya sido eliminada por el oportuno control remoto. O sea que Un guapo del novecientos no fue elegida porque algo de la obra se conectara sin esfuerzo con el "mundo de los chicos", como suele alegarse cuando la escuela decide ser obsecuente y oportunista.
Por el contrario, cuando se eligió Un guapo del novecientos, fue a contrapelo de ese mundo porque la escuela no debe ser sólo una prolongación de la vida cotidiana, que fluye sin cortes entre la calle y el aula, sino un lugar donde la cultura cotidiana, de algún modo, se interrumpe para que puedan entrar otra cultura, otros saberes y otras actitudes. La escuela es lo otro del mundo del juego e idealmente debería ser lo otro del mundo de la necesidad y la carencia. Los chicos van a la escuela porque deben apropiarse de algo que es completamente diferente a ellos, a sus costumbres y, en general, a sus inclinaciones trabajadas por los diferentes medios que consumen tanto en Palermo Chico como en la villa. Si la escuela no ofrece los elementos para realizar ese corte y no le da a los chicos algo distinto de aquello que traen de otra parte, no está cumpliendo con su función. La escuela no debería ser el campamento de una tribu infantil, una especie de reserva indígena donde se confunde respeto con no intervención.
Por eso Un guapo del novecientos: porque a los chicos del siglo XXI, las formas de la lealtad del siglo XIX y comienzos del XX les parecen las costumbres de un pueblo extranjero; porque el guapo tiene que ser pensado en ese suelo remoto, donde es posible también imaginar diferentes patrones de relación entre política, lealtad y violencia. Y, lo que no deja de ser importante, porque los personajes de la obra de Eichelbaum hablan una lengua que a los chicos educados en el teveñol (español rioplatense desnutrido) les puede parecer curiosa y podría resultar interesante que la aprendieran. Con Un guapo del novecientos la escuela deliberadamente funciona como una máquina que no replica la realidad de lo que recibe, sino que construye, que intenta construir, contra todas las dificultades, una experiencia diferente de las que se tienen en el mundo audiovisual, en el shopping o en la pobreza. Al elegir Un guapo del novecientos, la escuela le dice a esos chicos varias cosas: la primera es que allí, en la escuela, alguien toma por ellos decisiones que ellos no están en condiciones de tomar por sí mismos (armar un programa de lecturas no puede convertirse en un concurso de popularidad infanto-juvenil); en segundo lugar, que ellos están en la escuela para salir con una cabeza transformada por lo que aprenden, y no con un perfeccionamiento de lo que ya saben (¡hoy, chicos, analizamos una canción que todos ustedes conocen!).
Por supuesto, para esto se necesita plata: o la tienen los padres, o la debe invertir el Estado para los chicos cuyos padres no la poseen.
http://www.clarin.com/diario/2005/03/13/sociedad/s-937494.htm
KERRY KENNEDY, DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS
Según la hija de Robert Kennedy, la guerra contra el terrorismo ha llevado a que el principal país promotor de los derechos humanos en el mundo sea al mismo tiempo el que los transgrede a diario.
Fabián Bosoer
fbosoer@clarin.com
Qué diferencias sustanciales encuentra entre la defensa de derechos humanos frente a regímenes dictatoriales y con regímenes democráticos?
—La lucha por los derechos humanos en una dictadura es sumamente difícil porque las personas son encarceladas, torturadas, amenazadas de muerte o asesinadas. Bajo un régimen democrático todas estas cosas pueden ocurrir, y de hecho suceden, pero es mucho menos probable que así sea. Además, se puede recurrir a las urnas y trabajar activamente para producir cambios. Es una diferencia drástica. Pero creo que la pregunta apunta a las cuestiones de derechos humanos que Argentina todavía tiene que resolver, incluyendo la revisión de su pasado.
# Así es.
—Argentina es un país muy interesante, porque no hay un consenso sobre su historia reciente. Si uno les pregunta a diferentes personas, cada una dará una versión muy diferente de los pasados treinta años. Pero avanzaron mucho en este último tiempo: hay un compromiso por asumir un pasado donde hubo cárcel, torturas y la desaparición de miles de personas. Se dieron pasos muy importantes aunque hay un largo camino por recorrer.
# ¿Considera que el emplazamiento de un Museo de la Memoria donde funcionó la ESMA es una idea que contribuye a crear ese consenso histórico?
—Creo que sí, es muy importante, porque hay mucha gente que todavía niega que haya habido desapariciones. Pude caminar por ese lugar donde hubo un campo de concentración con sobrevivientes que me decían: "Por aquí nos hicieron entrar. Aquí cruzamos los portones. Aquí estaba la cámara de torturas. En este pasillo, nos cruzábamos con los oficiales. Estábamos encapuchados pero pasábamos a su lado cuando iban a almorzar. Aquí estaba el teléfono que algunos podíamos usar para llamar a nuestros seres queridos y decirles que habíamos sido secuestrados. Esa era la pecera donde hacían trabajar a algunos de nosotros. Este es el lugar donde determinada mujer fue asesinada. Aquí es donde daban a luz las mujeres y les sacaban a sus bebés para entregárselos a familias de militares u otras personas". Todo se vuelve real muy rápidamente cuando uno camina por ese recinto inquietante que se encuentra en el medio de la ciudad. Es sorprendente que algo así haya funcionado tan cerca de la calle. Uno se pregunta: ¿la gente no sabía, no escuchaba los gritos?
# ¿Cuáles son las condiciones para que exista una "política de la justa memoria" como la llamó el filósofo francés Paul Ricoeur ?
—En todas las grandes religiones hay determinadas condiciones para el perdón y la reconciliación. Ellos son que la persona debe reconocer lo que ha hecho y decirlo, luego debe pedir perdón y finalmente debe hacer alguna acción reparatoria. Luego de eso, si las personas están dispuestas a dar esos pasos, la sociedad tiene la obligación de perdonar. Y esos pasos no se han dado todavía en la Argentina. Los deben dar los que cometieron delitos y los debe dar la sociedad en general. Esta sociedad debe decir: "Esto es lo que pasó" Y los espectadores deben decir: "No hice nada. Me arrepiento mucho y no volverá a ocurrir". Eli Wiesel, que sobrevivió al Holocausto, dijo: "Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia". Y esto coloca una carga sobre los hombros de cada uno de nosotros. Porque muy pocos somos monstruos o torturadores pero, al no ponernos de pie y decir: "Esto es inaceptable", somos espectadores y permitimos que continúe. Además, creo que esto no es sólo parte del pasado. Lamentablemente, Argentina sigue teniendo innumerables casos de torturas a personas detenidas, quizá no por razones políticas, pero hay casos de torturas a presos en cárceles.
# ¿Cómo vincular entonces la defensa de los derechos humanos violados en el pasado con la defensa de los derechos humanos que no se respetan actualmente?.
—Los grupos y organismos defensores de los derechos humanos se ocupan de lo que son hoy las principales violaciones: la brutalidad policial, la corrupción judicial, la violencia contra las mujeres. En todo el mundo, una de cada tres mujeres es agredida sexualmente en el transcurso de su vida. En mi país, una de cada cinco mujeres sufre agresiones sexuales antes de los 18 años. Me sorprendería que Argentina no igualara la cifra estadounidense, en el mejor de los casos. Este es un tema del cual la gente no habla y debe ser abordado. El gobierno en particular tiene el deber de proteger a las mujeres contra la violencia. Tradicionalmente, las mujeres que son acosadas, golpeadas, maltratadas o violadas se encuentran con que la policía no está dispuesta a investigar el caso, los fiscales no presentan cargos y los jueces no declaran culpable al responsable ni lo mandan a la cárcel. Pero el principal modo de detener la violencia doméstica es llevar al responsable a juicio. Todos los estudios hechos en el mundo demuestran que así es como se pone fin a la violencia doméstica. Esto es algo que ocurre también en la Argentina y es una violación de derechos; se están conculcando los derechos de las personas y el Gobierno, por acción u omisión, lo permite.
# ¿Cómo se relaciona la preocupación por los derechos humanos en el mundo con la nueva agenda de seguridad y guerra preventiva que ha fijado la política exterior norteamericana?
—Luego del 11 de setiembre de 2001, el gobierno de los Estados Unidos presidido por George W. Bush —por favor, no lo confundan con el resto del país ya que casi el 50% de nosotros votamos en contra de Bush— anunció que estábamos en una guerra contra el terrorismo, una guerra sin fin y sin fronteras. También dijeron que ponían en suspenso todas las leyes que protegen a los acusados en casos de terrorismo. De modo que hay miles de personas detenidas en Guantánamo, y también en centros clandestinos de detención de todo el mundo y en las bases estadounidenses. Allí hay personas detenidas desde hace tres años sin que se hayan aclarado los cargos que se les imputan porque se los denomina "combatientes enemigos", y nuestro país dice que para ellas no vale la Convención de Ginebra. Es así como no tienen acceso a la Cruz Roja ni se los acusa formalmente de ningún cargo. Hace poco la Suprema Corte estadounidense dictaminó que se deben presentar cargos o, de lo contrario, los prisioneros deben ser puestos en libertad. Pero la administración Bush está tratando de impedir que esto se cumpla. Esta es la situación, y tiene incidencia en las personas detenidas en cualquier lugar del mundo, en los inmigrantes que tratan de ingresar a los Estados Unidos y en las personas con visa de turistas; pero también incide en los ciudadanos estadounidenses, porque también hay detenidos estadounidenses.
# Latinoamérica tiene la memoria de la Guerra Fría y de las dictaduras de los años 50 y 60, y la política exterior de los Estados Unidos tuvo mucho que ver con todo eso. Los años 80 y 90 trajeron una suerte de revisión y autocrítica de aquello que se había alentado en el pasado...
—¿Los 80? No en el caso de Reagan o de Bush padre, por cierto.
# ¿Cuánto de la situación y el clima de los años 50 puede volver a revivirse en nuestra región?
— Creo que Latinoamérica está ahora en una situación totalmente diferente. Los gobiernos y presidentes que han elegido, en Brasil con Lula, en Argentina con Kirchner, en Chile y en Uruguay, son muy buenas señales de que los pueblos de estos países no van a permitir que les ocurra lo que les ocurrió en el pasado. También creo que el prestigio de los Estados Unidos se ha visto terriblemente debilitado por la administración Bush. Trabajo en el campo de los derechos humanos internacionales desde hace 25 años y he viajado toda mi vida. Una de las cosas que he visto es la gran admiración que la gente de diferentes países siente por los Estados Unidos y lo que representan: la libertad, la democracia y los derechos humanos. Pero, a causa de lo que viene ocurriendo en los últimos tres años y medio, más gente ha empezado a odiar a mi país. Piensan de Estados Unidos lo que nosotros pensábamos de Rusia: que su gobierno es agresivo, incita a la guerra, miente, viola los derechos humanos y tortura. Eso es devastador y nos está haciendo un gran daño.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/03/13/z-03615.htm
Copyright Clarín, 2005.
Opina el director del Museo Histórico
“La Argentina debe recuperar un sueño: el de una patria grande, fuerte y justa. Si tenemos el mismo PBI per cápita que en 1970, evidentemente hemos retrocedido 35 años, mientras que el mundo ha avanzado.”
Así se expresa Juan José Cresto, doctor en Historia, que en 1996 accedió por concurso público de oposición y antecedentes a la dirección del Museo Histórico Nacional. Desplazado durante la gestión de Darío Lopérfido en la Secretaría de Cultura, la Justicia le devolvió su puesto. Es autor de 41 libros, entre ellos “El despojo del patrimonio cultural argentino” (1975) y “Síntesis de la historia económica argentina” (1997). En diciembre de 2004 publicó “Ciento cuarenta años de registros del progreso. Patentes y marcas industriales”, una edición con espléndidas ilustraciones de anuncios de 1910 o 1920 de productos conocidos por generaciones.
Cresto dictó a lo largo de cuatro décadas la cátedra de Historia Económica en el Instituto Nacional Superior del Profesorado y en Ciencias Económicas de la UBA. Dio clases durante veinte años en escuelas técnicas y opina que la reforma educativa de mediados de la década del 90, que dejó a esas escuelas de lado, “fue un fracaso peligroso”. Señala que en esos días, en los que se modificó la Constitución Nacional, “también se abjuró de los planes educacionales que fueron la base de la grandeza argentina”.
Piensa que el Museo Histórico “ha sido abandonado por las autoridades”, que no le dan apoyo espiritual, y si bien le agradece al ex secretario de Cultura Torcuato Di Tella por haber aumentado algo la dotación de personal, dice que cuenta con sólo 28 personas para 46 salas y que faltan restauradores y otros especialistas.
El diálogo se desarrolla en su estudio privado, donde una buena biblioteca exhibe los libros detrás de vidrios, según un adecuado orden temático. "El orden cuesta un poco -dice-, pero el desorden cuesta más." Entre otras obras, vemos un "Liber processionarius" impreso en Madrid en 1649, que tiene una curiosa anotación manuscrita: "Lo compré en una librería de viejo y me costó ocho pesetas, en Madrid, año 1790. Fabián Ramos".
Entre los libros de Cresto, que preside la Academia Argentina de la Historia, figura "El inexistente proyecto del 80" (1994). Inexistente, dice, porque no hubo un planteamiento de los protagonistas para hacer algo en común; nadie lo escribió en un texto. Pero esa generación comprendió que la Argentina podía dejar de ser un país sólo pecuario, cultivar la tierra, extender ferrocarriles, traer inmigrantes, exportar, percibir divisas, levantar las ciudades.
-¿Usted piensa que en la Argentina hay conciencia de que se debe conservar el patrimonio nacional?
-Creo que conciencia colectiva no hay. La gente tiene que tener un concepto de cultura. La cultura es una "forma de hacer" del ser humano y de ella surge una "forma de ser". La forma de hacer se refleja en todos los objetos que hemos hecho a lo largo del tiempo, y así vamos dejando una impronta distintiva. Esta impronta se diferencia según lugar, posición, tiempo. Y nos da una idea de identidad. Si no somos fieles a esa identidad, el futuro no puede ser válido. No nos distinguiremos, no seremos nosotros, correremos el riesgo de prosternarnos ante cualquier invasión externa cultural, que alguien llamó "la cocalización del mundo".
-¿Cocalización? ¿Habla de la droga?
-Lo dijo Arturo Uslar Pietri cuando era miembro de la Unesco, en París, por la Coca-Cola. Lo que interesa en el patrimonio cultural es la impronta distintiva que nos deja el objeto que estamos viendo. Por eso, los yacimientos arqueológicos y todos los testimonios indígenas son valiosos. Y en otra época se abandonó y se dejó a la buena de Dios. Francisco Javier Muñiz, en el siglo XIX, había juntado una gran cantidad de fósiles que el gobernador Juan Manuel de Rosas regaló a Londres: están allá. Luego hubo una mejor conciencia, porque la obra de Florentino Ameghino está en la Argentina. Hay que tener un profundo respeto por lo que el tiempo nos legó. El patrimonio de la cultura es amplio.
-¿A qué se refiere? ¿Qué implica la cultura?
-Si nosotros vemos una obra de Rafael Sanzio la adjudicamos al Renacimiento, queremos saber cómo era la vida entonces, qué pasaba, qué hacía Rafael. El Museo Histórico Nacional conserva el pasado argentino. Es el museo más completo, y eso que ha sido abandonado muchos años.
-¿Llegó a estar cerrado?
-Cuando llegué allí, hacía tres años que estaba cerrado; los roedores pululaban. No había tenido director por mucho tiempo. Había habido un director que era muy buena persona, pero que estuvo muy enfermo. Hacía décadas que el Museo estaba abandonado. Esencialmente, por falta de presupuesto. No tenía presupuesto, y hoy tampoco lo tiene. El Estado paga los salarios, la luz, y para todo lo demás tiene que ocuparse de buscar recursos el director.
-¿Y los consigue?
-Es más fácil en un museo ubicado en zonas más céntricas, porque tiene mayores atractivos. Pero para ir a un museo de historia hay que tener un propósito específico. Si va a un museo de arte, puede reiterar la visita porque es una recreación íntima, que eleva al ser humano. En cambio, la historia puede tener estética y belleza, pero esencialmente es una ciencia. Nosotros disponemos de un enorme repositorio documental, pese a que la mayor parte se lo llevaron al Archivo General de la Nación en 1951, cosa que yo critico enormemente.
-¿En qué consistía?
-Eran documentos. Todo esto está relacionado con la educación. Cuando hablamos de cultura, hablamos de la educación. Había un concepto distintivo entre Alberdi y Sarmiento. Sarmiento hablaba de la instrucción pública, de instruir al soberano. Tenía una visión propia de la época, pero muy valiosa: a aquella persona que es ciudadano, que sabe leer, que interpreta el delicado símbolo de las letras, toda la humanidad le estará hablando al oído, será contemporáneo de toda la historia, porque a través de la lectura podrá entender lo que otros dijeron. Para Alberdi, eso no era suficiente. No sólo había que saber, sino saber hacer. Es un concepto, si se quiere, más moderno. El ingeniero Carlos Burundarena, citando a Giovanni Gozzi, pedagogo italiano, decía: no es suficiente tener una cabeza bien llena -refiriéndose a la enseñanza puramente teórica-; es necesario que sea una cabeza bien hecha. Es lo que hoy hace falta. "Instrucción pública" es hoy educación y "educación" del siglo XIX es hoy cultura. Sarmiento se refería a la educación y Alberdi, a la cultura. Decía que mil gauchos instruidos no harían nunca el equivalente a un obrero europeo. Es necesario traer pedazos vivos de Europa...
-¿No había menosprecio del gaucho?
-No, para nada: subrayaba el concepto de saber hacer. Y yo lamento mucho la reforma educativa de hace unos años, que, en mi opinión, ha sido un retroceso. Está llena de palabras, de teorías, pero implica haber dejado de lado las escuelas técnicas. Hay que ver los técnicos que salían del colegio Otto Krause, donde fui profesor muchos años.
-¿Qué daba?
-Historia. Había una juventud magnífica. Todos con un gran entusiasmo. A partir de tercer año, unos seguían electrónica; otros, mecánica de autos; otros, construcciones. Salían técnicos formados. Hoy, es difícil para un establecimiento industrial tomar obreros especializados; los tiene que formar el propio establecimiento, y eso recarga los costos. Lo mismo pasa en la educación en general. Mi maestra era la maestrita que venía con su guardapolvo blanco, almidonado. No sé cómo era su sueldo; seguramente sería escaso, aunque proporcionalmente mejor que el actual. Venía, no faltaba nunca, daba sus clases con gran dignidad y eficiencia, y todos atendíamos. Y ¡cuidadito con ser indisciplinados! Ahora hay que ver cómo entran en la universidad. Yo le puedo decir, como profesor universitario de más de tres décadas, que he visto retrogradar a mis alumnos año tras año, con una formación cada vez menor, de tal modo que he tenido que achicar los programas más de una vez o perder tiempo en las primeras clases para tratar de nivelar un poco el conocimiento inicial. Me pregunto qué será de este millón de chicos que no estudian ni trabajan cuando vayan a pedir empleo. "¿Qué saben hacer ustedes?", les preguntarán. Nada. Es un retroceso y estamos dilapidando el futuro. No habrá futuro en la ignorancia.
-¿Qué sugeriría para revertir este proceso?
-Políticas de largo plazo. En primer lugar, la jornada escolar debe ser de doble turno en todo el país y en toda escuela. Y en segundo lugar, hay que dejar sin efecto la reforma educativa. Y volver a tener escuelas técnicas que formen obreros y técnicos, que todos los chicos tengan un oficio para ganarse la vida. En mi niñez, nosotros íbamos a la escuela también los sábados. No se perdía nunca un día. La maestra no faltaba jamás. Acá hay un problema de deserción grande. Se habla de diez años de escolaridad en la pura teoría, pero la deserción es alarmante. También hay falta de asistencia de los maestros.
-Con factores que desalientan la perseverancia, como problemas sociales y de disciplina, ¿hay motivación para ser docente?
-No, las motivaciones son menores. Los sueldos son escasos, el docente ha bajado, injustamente, en el concepto social que tenía antes. Pero el tema es más profundo. El docente está muy limitado en el manejo de la clase. En mi época, no se podía molestar, cometer infracciones; había que cumplir diariamente. De lo contrario, había una mala nota, que era algo gravísimo. Hoy, la maestra tiene que cuidarse de las palabras con que se dirige al chico, porque puede ser sumariada. Esto la limita enormemente. El resultado es una laxitud cada vez mayor. Yo esto lo he visto por experiencia. He visto a lo largo de los años el menor nivel de conocimiento que trae el alumno. Esto hace que muchos profesionales deban hacer un posgrado para cubrir sus carencias. Y luego está el fracaso estudiantil, todos los que no pueden pasar los exámenes de ingreso, por la laxitud en la secundaria, donde las inasistencias son permanentes. Y se hace pasar a quien debería repetir el año.
-Esto está relacionado con lo que es la Argentina.
-La Argentina ha realizado una parábola que se inicia en Caseros y culmina hacia 1914. Algunos la extienden hasta el año 1928 y otros, hasta 1940; luego comienza un descenso del que no hemos salido. En 1939, el producto bruto industrial superó al primario; la Argentina seguía una marcha. Luego la parábola empieza un descenso y en los últimos años terminó en una caída libre.
-¿No creció la industria después?
-No en relación con el producto bruto primario. Seguimos teniendo hoy el mismo producto bruto que hace 34 años. Hemos retrocedido. A principios del siglo XX, había dos naciones que eran el porvenir de la humanidad: la Argentina y Japón. Parece que hemos perdido el rumbo. Japón tiene un PBI superior a cuatro billones de dólares; la Argentina no llega a 200.000 millones. Hacia mediados de la década del 40, había otras perspectivas: la Argentina y Canadá eran dos naciones extensas, despobladas y agrícolas. Se pensaba: "El futuro es de ellas". No fue de ellas, sino de una de ellas. Los programas de gobierno deben extenderse al largo plazo. En el Museo, quisiera hacer numerosas cosas que no puedo hacer. Cada vez que entro en los depósitos, sufro una conmoción. Es un horror, pero no tengo el dinero suficiente para reparar los muebles, los objetos. No se puede pedir al público. Tenemos una cooperadora. Las empresas dan dinero para aquello que atrae público, las muestras de arte, pero no para un museo que ha quedado fuera de las zonas de visita y que, además, tiene una especialización más científica que artística.
-¿El conocimiento de la historia no despierta interés?
-Se parece más a la ciencia que al arte. La Argentina tiene que estar orgullosa de su pasado. Lo que hemos hecho en el mundo es digno y nadie puede negarlo. Esta nación despoblada les dio la libertad a tres naciones. Hay que ver lo que significó cruzar con un ejército la Cordillera. Pero la Argentina ha perdido un sueño. La Argentina debe recobrar su sueño de una patria grande, fuerte y justa. Si tenemos el mismo PBI per cápita que en 1970, evidentemente, hemos retrocedido 35 años, y el mundo ha avanzado.
-¿Era un sueño que iba siendo realidad en la Argentina?
-Sí, se iba logrando. La Argentina fue el sueño legítimo de millones de personas que creyeron en nosotros y que vinieron a trabajar nuestra tierra. No era una utopía onírica. Es uno de los países más extensos de la Tierra, un país que tiene todos los climas, con apenas 38 millones de habitantes. Un país que tuvo todo por delante. Envidiado por muchos. Japón tiene cuatro islas volcánicas nada más y es una gran potencia. Produce más de veinte veces lo que produce la Argentina. ¿Qué nos pasó? No tenemos derecho a la queja. No se entiende por qué estamos así. La parábola va en sentido descendente. Hay, por lo tanto, una realidad auténtica, dolorosa, seria, y hay otra realidad en los planes de los funcionarios políticos, que creen que pueden superar todo eso de manera volitiva, sólo por desearlo. Y esto no es así. Platón decía que hay una cosa y hay una idea de la cosa: el mundo de las realidades y el de las ideas. En la vida de cada día, hay que adaptarse a las realidades, no a estas utopías imposibles de cumplir. Ante semejantes fracasos, la población argentina piensa, da pasos hacia este mundo onírico, que es peligroso, porque termina por vivir envuelto en ilusiones que no conducen a nada.
-Usted habló de sueños como algo positivo, pero ahora habla de otros sueños, que son como evasiones...
-El sueño es la meta. El país necesita objetivos, concretar cosas, y hasta ahora esto no se ha visto.
-¿Observar los desencuentros y las luchas del pasado ayuda a construir un proyecto como nación, a mirar para adelante?
-La historia puede ser controvertida. Hegel decía: "Conocemos la ciencia y comprendemos la historia". Se trata de quehaceres humanos. Por tanto, susceptibles de crítica o elogio, como todo acto humano. Si una cosa tiene determinado peso o volumen, eso no es discutible. En cambio, las expresiones, los deseos, las esperanzas y la actitud de la gente son pasibles de crítica. La historia es el estudio del paso del hombre sobre la Tierra. Y ese estudio puede tener todas las variantes posibles, según quién lo mire y en qué momento lo mire. La historia nunca terminará mientras haya un historiador.
-¿Y el "fin de la historia"?
-Lo de Francis Fukuyama es una forma elegante de decir algo diferente. La vida sigue, sin solución de continuidad. El hombre avanza y no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor: la vida mejora. La luz eléctrica duplica el tiempo útil. Los esclavos técnicos sustituyen el fatigoso y repetitivo trabajo humano. El siervo de la gleba tiraba el arado. ¿Donde está el ignorado inventor de la pechera del caballo, que reemplazó con el caballo al siervo? Y el arado era un mísero clavo que arañaba la tierra, donde la semilla que se inoculaba daba un fruto precario. La productividad per cápita aumenta. Esto nos beneficia a todos: tenemos cada vez más bienes, la vida se prolonga. La reflexión y la cultura nacen de la posibilidad de dejar de lado el trabajo material, en una espiral infinita de ascenso, hasta límites que no se pueden prever. El futuro será mejor, salvo que alguien haga explotar una bomba que destruya toda una civilización. Como decía el almirante norteamericano Halsey: "Yo no sé cómo será la guerra que sigue. Pero sé cómo será la que sigue a la que sigue. Será con arcos y flechas".
-¿Cómo se veía a sí misma la Argentina hace un siglo?
-Era otra nación, con confianza en sí misma. Era la canasta del pan del mundo, era una esperanza. Los inmigrantes venían; en el muelle del puerto construido por ellos, se hablaba la Babel de las lenguas, todos los idiomas, por gente que de todas partes venía a vivir una vida mejor. Hoy se van. Y es el retorno de los nietos, que no encuentran cabida en un país desierto como el nuestro. Lo que hizo la fortuna de los abuelos es hoy la huida de los nietos.
-Usted recibió el Primer Premio de la SADE por un libro sobre la política exterior del presidente Arturo Frondizi. ¿Piensa que Frondizi intentó revertir esa decadencia del país?
-Fue un gran estadista. Tuvo que luchar contra una contracultura que se había instalado en el país, que vivía una etapa de nacionalismo exacerbado. Amo a mi patria como el que más, pero yo veía con buenos ojos que se sacara el petróleo. Entonces, se sostenía que vender el petróleo al exterior era motivo de alarma.
-Volvamos al Museo...
-El Museo Histórico Nacional es el mayor repositorio de historia que tiene nuestro país. Fue fundado en 1889, organizado sobre el museo rivadaviano de 1822. Si se mira el primer escudo nacional o el clavicordio en que se ejecutó por primera vez el Himno Nacional, se siente la emoción de revivir una época desaparecida. ¡Está la patria en sus salas! Pero no hay posibilidad de hacer una obra duradera si no hay continuidad. Yo pretendo para el Museo que tenga autarquía, que tenga fondos, que puedan restaurarse sus bienes deteriorados, y que se tenga lo suficiente para poder recibir mayor cantidad de bienes. Un museo que no incorpora permanentemente nuevos objetos, nuevas piezas, decrece y muere.
-¿En su gestión incorporó algo?
-Tengo el orgullo de decir que nadie ha incorporado tantos bienes en los últimos 30 años. Entre otras cosas, el original del "Martín Fierro", la bandera de la batalla de la Vuelta de Obligado, que me devolvió el presidente Jacques Chirac acá, en Buenos Aires; el testamento hológrafo de la nieta de San Martín, Josefa Balcarce y San Martín, que tenía la familia Balcarce. Un museo que no incorpora objetos termina por morir. Esto lo entiende Estados Unidos. El Smithsonian es un museo que se ensancha y se ensancha. Algo que parece intrascendente hoy puede ser importante dentro de doscientos años.
Por Jorge Rouillon
De la Redacción de LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=686794
Por Osvaldo Bayer
Recuerdo aquellas noticias de la guerra. Los diarios alemanes titulaban con las hazañas del aviador de caza Werner Moelders. Tenía todos los records de aviones enemigos derribados. Era el mejor aviador del mundo. Hitler creó una condecoración para él, “la cruz de hierro con hojas de roble, espadas y diamantes”. Era admirado aun por sus enemigos, los aviadores ingleses, norteamericanos y franceses. Hasta que murió en su avión, derribado por el enemigo, en 1942. Cuando se creó el nuevo ejército alemán, hace cincuenta años, se puso a un cuartel el nombre de “Werner Moelders” y a la primera escuadrilla de cazas de la aviación se le puso también su nombre.
Pero últimamente se descubrió que el tal Moelders había formado parte de la Legión Cóndor, que luchó en España al lado del dictador fascista Francisco Franco, fusilador de poetas. Esa Legión Cóndor nazi fue autora de una de las cobardías máximas: bombardear Guernica, la ciudad vasca sin defensas, de la que no quedó piedra sobre piedra, y de la que Picasso nos dio su obra maestra, de puro dolor.
Bien, por este último antecedente el gobierno alemán socialdemócrata-verde acaba de quitar el nombre de Moelders al cuartel y a la escuadrilla de cazas.
El bombardeo de Guernica es una de las máximas vergüenzas para la memoria alemana. Hay que quitarse el sombrero ante el actual ministro de Defensa alemán Peter Struck, quien tomó la iniciativa contra el recuerdo de Moelders. No olvidar. No premiar a los que lanzaron bombas contra el pueblo de la heroica República Española, ni a los que bombardearon a Varsovia, a Coventry, a Dresden con miles de mujeres y niños refugiados. A asesinos de uniforme.
En la Argentina, a los asesinos de la desaparición de personas y del robo de niños se les permite estar “presos” en sus casas de lujo. En España se condena a esa bestia humana llamada Scilingo, que arrojaba al inmenso Río de la Plata a gente indefensa, a miles de años de prisión.
Distintas formas de ética. En nuestro país, si recorrermos las biografás de los actuales defensores del genocida Roca nos encontramos con que todos, sin excepción, fueron colaboradores de la dictadura de la desaparición de personas. Por algo será.
Pero la verdad surge siempre. La televisión alemana acaba de dar a conocer un honesto documental sobre el sitio de la ciudad rusa otrora llamada Leningrado. El sitio del ejército nazi a esa ciudad duró dos años. La ciudad se murió de hambre y de frío. Nada de alimentos con 30 grados bajo cero. Murieron dos millones de personas, sobrevivieron en sus ruinas 800.000. Hambre, frío y bombas y cañonazos durante meses y meses. Las vistas de la gente llevando sus muertos en cajas de cartón por las calles nevadas. Los muertos de frío en las calles. Los rostros de los muertos de hambre. ¿Por qué se recuerda tan poco este crimen increíblemente absurdo del ser humano? No, la humanidad no aprendió nada, luego vendrán Hiroshima y Nagasaki, la muerte total e instantánea. Hoy siguen los bombardeos. Los niños no sólo se roban como en la Argentina de los militares sino que también se matan desde el cielo.
Hace pocos días, en el recuerdo del horror del campo de concentración de Treblinka, un diario alemán escribía: “En el tiempo del recuerdo, el olvido está bajo sospecha. La cultura de la culpa alemana tributa homenaje a la memoria. Quien olvida se hace culpable, señala la preocupada política de la memoria”.
Decíamos que la verdad surge siempre, no se la puede ocultar como se ha hecho con los crímenes de Roca a quien se trata de cubrir con monumentos para que la verdad pase inadvertida. Es el caso del indescriptible crimen turco con el pueblo armenio. Tema que en estos días ha saltado a la actualidad y es tema de los distintos parlamentos europeos. Porque se trata de la admisión de Turquía a la Comunidad Europea. Y en eso de los derechos humanos, Turquía cojea de los dos pies y, por supuesto, de la ética. Para colmo se acaba de ver directamente por televisión algo horrible. La represión de la policía turca –hace muy pocos días, en ocasión del Día de la Mujer– contra una manifestación de mujeres que luchan por sus derechos. Es increíble la brutalidad de los uniformados: no ya sólo el arrastrar a las mujeres de sus cabellos, sino los puntapiés en el rostro que recibieron las mujeres caídas, las patadas bestiales en los glúteos, los palazos en los pechos. Toda Europa se indignó. Si el pueblo turco aguanta eso es porque poco sentido de sus derechos tiene. Bien, vamos al tema del genocidio armenio cometido hace justo noventa años. Le toca ahora reconocer al gobierno turco el crimen cometido, como condición sine qua non para entrar en Europa. Y ya comenzaron a retroceder. El primer ministro turco habló indignado por la acusación pero aceptaría un dictamen de historiadores de diversos países que estudiarán a fondo el problema. Sí, por qué no, la propuesta turca es sólo para ganar tiempo. Porque las pruebas son más que contundentes. Permítaseme un pequeño triunfo: el autor de estas líneas reprochó una vez al diputado del Bundestag alemán, zem özdemir, de origen turco, de que siempre hablara de los derechos de los turcos pero jamás había perdido una palabra para avergonzarse de los crímenes turcos contra los armenios. Bien, por fin lo ha hecho, en uno de los principales diarios alemanes, el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Allí escribe Zem özdemir: “Parece ser que al Estado turco y a parte de su sociedad les cae muy pesado revisar su propio pasado. ¿Pero acaso no sería creíble si los más altos representantes de Turquía pidieran mañana disculpas a los armenios? Discutir el pasado no sólo es doloroso sino también indispensable en el camino hacia una sociedad realmente democrática”.
Sí, nuevamente, está todo dicho. Los crímenes de lesa humanidad no se podrán esconder jamás, por más poder que se tenga.
En la Argentina ha caído ahora el máximo responsable de la colonia alemana en Chile, “Dignidad”. Un nazi con métodos nazis. Y por supuesto colaborador de Pinochet. La Argentina debe entregar a ese asesino a Alemania, donde los criminales nazis han sido condenados a pesar de su avanzada edad. Y van a las cárceles comunes y no a sus domicilios privados, como en la Argentina van los autores uniformados de los bestiales crímenes oficiales.
Pero aquí llevaremos a cabo una variación del tema de la Memoria: vayamos a cómo se falsea la ética en otros aspectos de la vida política. Alemania, sí, hace oficialmente un severo recordativo de su criminal pasado nazi. Por ejemplo, ahora se ha aprobado la prohibición de actos neonazis en lugares históricos que recuerden ese pasado próximo o hechos de la historia alemana que puedan ser utilizados como propaganda por esa extrema derecha.
Sí, muy bien. Pero la otra cara de la moneda es la venta de armas que hace Alemania en la actualidad a países con conflictos. Alemania vende armas a 78 países. El primer ministro Schroeder –de la socialdemocracia, es decir de la Internacional Socialista– expresó todo su contento por la venta de productos alemanes a los países árabes, en especial a Arabia Saudita. Entre esos productos están las armas. Entre los 78 países compradores de armas a Alemania también está Israel. Y aquí cabe la pregunta: ¿el gobierno alemán y la industria alemana no han aprendido nada de la tragedia inmensa que debieron soportar por haber iniciado las dos últimas guerras mundiales? ¿De los millones de vidas que costó esa locura asesina? ¿Cómo es posible que después de haber sufrido millones de muertos y la destrucción de sus ciudades siga en el camino de producir y vender armas a otros países? Cuando acaba de informar la venta de tanques espías a Arabia Saudita, ¿por qué el Partido Verde –que forma parte del gobierno alemán junto a la socialdemocracia– no renunció a seguir gobernando un país que vende armas? ¿Por qué se venden motores para submarinos a China? Lo permite ese Partido Verde que tanto protege a la naturaleza. ¿Pero acaso el ser humano no pertenece también a la naturaleza? ¿O acaso la humanidad no recuerda el drama de Vietnam bajo el fuego y los elementos que destruían las selvas y toda vida que estuviera en ellas?
¿Por qué Naciones Unidas no prohíbe la venta de armas, por lo menos, a países en conflicto? ¿Es que la naturaleza humana no saca conclusiones de los desastres que han iniciado como siempre la agresividad latente y los intereses económicos?
Claro, el argumento es la desocupación. La globalización ha producido estas estadísticas que sólo basta leerlas, no es necesario comentarlas: Desocupación de la juventud en el mundo: Italia, 27 por ciento de sus jóvenes sin trabajo; España, 22,7; Francia, 20,2; Estados Unidos: 12,4; Gran Bretaña 12,3; Japón, 10,1; Alemania, 10,1. Todos llamados países industriales que exportan armas.
Heridas y lacras de la globalización. Que pueden ser y son mortales para los pueblos.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-48334-2005-03-12.html
Por Juan Gelman
El representante de EE.UU. en la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Jack Sanders, reiteró la semana pasada en una reunión en Viena que ese órgano directivo “no puede ignorar para siempre su obligación estatutaria de elevar esta cuestión al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”. La “cuestión” es notoria: Washington insiste en que Irán se propone fabricar armas nucleares. Días antes, el subdirector general de la OIEA, Pierre Goldschmidt, había proporcionado a los miembros de la Junta una actualización del informe de noviembre último preparado por los inspectores de la OIEA en Irán, quienes verificaron que Teherán había suspendido voluntariamente sus actividades de enriquecimiento de uranio cuando inició negociaciones sobre el tema con Alemania, Francia y el Reino Unido. Verificaron además que Irán acata las obligaciones que contrajo como Estado parte del Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares de la ONU y de su Protocolo adicional. Pero W. Bush no lee esos documentos y a los neoconservadores poco les importan. Sus bocas dictan cuál es la realidad.
Goldschmidt señaló al presentar el informe que Teherán ha incrementado sustancialmente su colaboración con la OIEA y permitido “el acceso oportuno a sus instalaciones y materiales nucleares en virtud del acuerdo de garantías”. Da igual. W. Bush afirmó sin pruebas que Irak ejecutaba un programa de rearme nuclear, que poseía enormes depósitos de armas biológicas y químicas y que mantenía estrechas relaciones con Al Qaida. Nada de eso resultó cierto, pero por qué privarse ahora de usar la técnica encontrada. La nueva secretaria del Departamento de Estado Condoleezza Rice asevera que Teherán incumple sus obligaciones internacionales, aunque el tiempo no le alcanza para demostrarlo. De Irak se dijo que no cumplía las resoluciones del Consejo de Seguridad, aunque las cumplía. Cabe señalar de paso que W. Bush y sus acólitos nunca mencionan el robusto arsenal nuclear de Israel, que nunca adhirió al Tratado de no proliferación y nunca permitió que la OIEA lo inspeccionara. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
La Casa Blanca hizo caso omiso de las inspecciones de la ONU que no encontraban armas de destrucción masiva en Irak. Tampoco ahora escucha al diplomático egipcio y director general de la OIEA, Mohamed El Baradei, quien señala que ni los datos de inteligencia ni la labor de sus inspectores han aportado evidencias de que Irán se propone tener armas nucleares (The Washington Post, 16/2/05). Teherán reitera que el reactor de agua pesada que construye en Arak, localidad del centro del país, y que se terminará en cuatro años más, servirá para incrementar el suministro de energía eléctrica para la población y la industria. “Lo que el petróleo hizo por Irán durante más de cien años, la tecnología nuclear puede hacerlo en 20”, afirmó el ex viceministro de Defensa iraní, Alireza Akbari (The International Herald Tribune, 7/3/05). Y luego: el petróleo no durará para siempre.
En una poco habitual conferencia de expertos nucleares –tres de ellos, norteamericanos– que se llevó a cabo en Teherán el fin de la semana que pasó, Hassan Rowhani, director del proyecto nuclear iraquí, advirtió que si EE.UU. empuja al Consejo de Seguridad a imponer sanciones a Irán “la seguridad y la estabilidad de la región se tornarían problemáticas”. Y no sólo: “(las sanciones) causarían problemas en el mercado energético regional, pero también en la economía europea y todavía mayores en EE.UU.” (The Australian, 7/3/05). Por su parte, el ex presidente Hashemi Rafsanjani recalcó que el Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares faculta a los Estados parte a construir centrales nucleares con fines pacíficos y que ése es un derecho al que Irán no renunciará. “No podemos detener nuestro programa nuclear –asentó– y no lo haremos. No se puede quitar a un país la tecnología que ya tiene” (Fox News, 6/3/05).EE.UU. y varios países europeos acordaron en la década de los ’70 instalar 20 centrales nucleares en el Irán del sha, pero rompieron el compromiso de inmediato en 1979, cuando el ayatola Jomeini tomó el poder. Lo dicho: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Teherán llegó con desconfianza a la segunda ronda de negociaciones con Alemania, Francia y el Reino Unido que se iniciaron en Ginebra el martes 8. Los europeos exigen que Irán detenga el enriquecimiento de uranio como único “acuerdo de garantías” posible a cambio de algunos incentivos económicos. Pero “Europa no ha presentado ningún plan o propuesta, ni tomado iniciativa alguna respecto del establecimiento de garantías objetivas”, declaró a la agencia noticiosa IRNA Hossein Moussavian, representante iraní en las negociaciones (www.channelnewsa sia.com, 6/3/05). Entre las promesas europeas figura la posibilidad de que Irán ingrese en la Organización Mundial de Comercio, un derecho de todo país cuyo ejercicio EE.UU. ha vetado sistemáticamente a Teherán. Para los “halcones-gallina”, las sanciones que el Consejo de Seguridad aplicaría a Irán abrirían la puerta de otra invasión. Obsedidos por su sueño imperial, no los arredran ciertos hechos: que Irán es un país montañoso y no llano como Irak; que tiene casi 70 millones de habitantes y no 25 millones como Irak; que su ejército cuenta con armas modernas a diferencia del Irak de Hussein. Los 1500 muertos y casi 20.000 heridos que la guerra de Irak le viene costando al pueblo norteamericano son bajas que en Irán podrían aumentar abruptamente.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-48288-2005-03-10.html
Opina la autora de "El horror económico"
PARIS.– “Hoy se condena el racismo, aunque de manera muy hipócrita”, dice Viviane Forrester, casi indignada. “El racismo, aun el más incipiente, es grave. Si se insulta a alguien por su pertenencia a un grupo se abre la puerta a todos los genocidios”, agrega.
La autora del best-seller “El horror económico” cambió de combate pero no de tono. Al igual que en 1996, cuando criticó “el divorcio del sistema con la gente” y pronosticó que el mundo se dirigía hacia un régimen totalitario, la ensayista subraya ahora en “El crimen occidental” –recientemente publicado– la hipocresía ante el genocidio ocurrido en la Segunda Guerra Mundial.
A los 79 años, Forrester continúa su lucha, a menudo incomprendida. Como ocurrió en los años 90, la autora vuelve a ser criticada, en esta ocasión, por diferentes asociaciones judías.
“En Occidente se creó un sentimiento de culpabilidad ante el horror del exterminio, pero fue acompañado por el deseo de dejarlo atrás. Finalmente, el antisemitismo no fue erradicado”, se lamenta la escritora y crítica literaria.
Hija de Edgar Dreyfus, banquero que tuvo actividad en la Argentina, Forrester conoció la persecución y la humillación que se impuso a una parte de la población europea en los años 40. Apenas comenzada la guerra, su familia abandonó París para buscar refugio en el sur de Francia.
En su casa de la céntrica Rue du Bac, Forrester recibe al periodista con café y bizcochitos en una tarde fría del invierno parisiense. Delicada, señorial, su actitud revela una educación de otro tiempo.
-En su último libro dice que no se ganó por completo la Segunda Guerra Mundial...
-La Segunda Guerra Mundial fue una guerra heroica y victoriosa para los aliados, pero al fin y al cabo fue una guerra clásica contra la Alemania expansionista. De hecho, se tomaron su tiempo para hacerla, ya que podría haberse evitado mucho antes, pero dejaron que Hitler invadiera varios países antes de actuar. Sin embargo, la guerra contra la ideología nazi y el antisemitismo nazi no existió. Hubo un consentimiento subterráneo de los diferentes países implicados antes, durante y después de la guerra, y una vez terminada algo quedó sin resolver.
-¿Cómo explica que no se haya librado esa batalla final?
-En Occidente se instaló un sentimiento de culpa frente al horror del exterminio, pero estuvo acompañado por el deseo de dejar atrás ese período, rechazando lo que había pasado. Finalmente, la culpabilidad y el sentimiento antisemita no fueron erradicados. La enormidad de lo que pasó en los campos de exterminio nazis en toda Europa hizo que, en comparación, el antisemitismo común pareciera inocente. Se creyó posible solucionar lo que se llamó la "cuestión judía", aunque aborrezco que se la llame así, porque, al fin y al cabo, no era una cuestión judía, sino, más bien, una cuestión europea.
-¿Occidente intentó desligarse de su responsabilidad?
-La palabra Shoah es muy linda, pero llamar al horror nazi con un nombre hebreo hace que ese horror sea únicamente judío: un destino judío, una historia judía. De esta manera, se transfiere la historia a Medio Oriente... Insisto: no era una historia judía, sino occidental. Repito que todo transcurrió en Europa occidental. Fue una cuestión europea: los judíos eran ciudadanos de los diferentes países europeos. No se detuvo, no se fusiló ni se sometió al gas a judíos, sino a franceses, belgas, alemanes...
-¿Occidente se equivocó al creer que todo se había solucionado?
-No quiero decir que se quisieron deshacer de los judíos enviándolos fuera de Europa, sino que intentaron deshacerse de este asunto, concluirlo, sin jamás lograrlo. No estoy de acuerdo con los sionistas que quisieron volver a su tierra ancestral, pero lo hicieron siguiendo una causa. Pero en aquel entonces los judíos necesitaban un refugio, y entonces se les dio Israel.
-Se les dio un refugio...
-Que después de la guerra los judíos hayan necesitado un refugio o se les haya querido dar uno es aberrante. Eticamente, no puede aceptarse. Lo que digo es un tabú, pero no debería serlo. Occidente está muy cómodo con la idea de que se creó un refugio para los judíos, pero sea uno palestino o israelí no se habla de manera racional de estos problemas. Se dijeron que concluiría el problema en Medio Oriente, pero en el fondo importaba poco o nada lo que pasaría allí. Si se enfrentaban judíos y palestinos, ya no sería responsabilidad de Occidente. De esta manera, Occidente se quiso deshacer de esta culpabilidad y responsabilidad, e incluso de la responsabilidad actual: se pelean entre ellos; que se las arreglen entre ellos... A más de medio siglo de la creación del Estado de Israel y de la supuesta creación del Estado palestino, no se debería comprender la situación como la simple continuación de la historia. Al principio era confuso, pero hoy los judíos y los palestinos están trágicamente unidos.
-A menudo se registran en Francia ataques antisemitas. ¿Cree que resurge cierto tipo de racismo?
-Hay racismo, y hace mucho que permitimos esto. No es como durante la guerra. No tiene nada que ver. Hay antisemitas en Francia. Siempre los hubo. Hay antisemitismo en los partidos de extrema derecha, pero también en esas poblaciones desheredadas que siempre fueron maltratadas en este país.
-Esas "poblaciones desheredadas" que se agrupan según sus credos -musulmán, judío o católico- sienten que pertenecen a un grupo, a una comunidad. ¿Es esto negativo?
-Los jóvenes tienen mucha energía, pero no se encauza en un movimiento político. Entonces se crean los comunitarismos. Insidiosamente, hay un regreso de lo religioso y de los comunitarismos. Hace diez años poco importaba si uno era bretón o corso. Ya no es el caso hoy, y es lo peor que puede pasar. No hay más política, hay comunitarismos.
-Sus dos libros, "El crimen occidental" y "El horror económico", terminan con la palabra respeto...
-La democracia es el respeto.
-Desde que publicó "El horror económico", en 1996, ¿siente que hubo algún cambio?
-En los últimos nueve años hubo cambios, y poco a poco la gente se dio cuenta de que tenía razón en estar indignada. Es curioso que en nuestra época se piense que los logros que tuvimos durante el siglo XX son arcaicos y que se considere moderno el regreso a la organización de la sociedad que existía en el siglo XIX. Evidentemente, si se considera que la organización de ese siglo era mejor, estamos en el buen camino... Lamentablemente, este pensamiento se instaló con mucha arrogancia.
-¿Sigue creyendo que es imposible oponerse a la globalización?
-Habría que dejar de utilizar la palabra globalización, que no quiere decir nada. Estamos frente a un fenómeno monstruoso. La globalización es algo gigantesco, enorme, que no se sabe de dónde sale. No tiene forma ni ideas políticas y no quiere decir nada. Frente a este fenómeno uno se siente muy pequeñito, como país o grupo, y como esto no tiene sentido, no se puede darle un sentido a la réplica. Luchar contra la globalización es totalmente cretino, porque estaríamos luchando contra algo que no existe y que al mismo tiempo deja que todo siga existiendo sin que se sepa qué es lo que es. Vivimos en una dictadura muy peligrosa, porque no se ve...
-¿Y cómo es esta dictadura?
-Es más que una dictadura del pensamiento. Cuando en Francia se discuten problemas económicos, infinidad de soluciones presentadas no pueden llevarse a la práctica porque la Unión Europea no lo permite. Esto es una dictadura, ya que hay sólo una cosa que se puede hacer... No se puede vivir económicamente haciendo sólo una cosa, yendo en una única dirección. Esta es una extraña dictadura. Quizá la quieran llamar globalización, pero no lo es: es una política que destruye la economía en todos lados y cuyas fuerzas son invisibles.
Por Patricio Arana
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=685867
La escuela puede salvar un destino o sellar una condena temprana. En esta disyuntiva juega, ante todo, la calidad de la formación de los docentes.
BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar
En enero, muchos lectores de esta columna me criticaron porque entendieron que yo, a mi vez, criticaba los regalos de Reyes que repartía la Fundación Eva Perón. No les gustó que yo comparara aquellos regalos (muñecas y pelotas de fútbol) con los juegos más didácticos que recibían los hijos de la pequeña burguesía ilustrada. La diferencia entre los regalos anunciaba el futuro de quienes los recibían, decía yo.
Los lectores se enojaron. El debate sobre educación es una buena ocasión para volver al tema por otro camino.
A comienzos del siglo XX, en una escuela de Parque de los Patricios, que entonces era un confín de Buenos Aires, una maestra, Estefanía Filgueiras, decidió abandonar el puntero con el que señalaba el pizarrón y también castigaba a los revoltosos. En un aula donde los alumnos jugaban con cuchillos, la herramienta cotidiana en un barrio donde abundaban los obreros del matadero, Estefanía enseñó a leer y a escribir sin el puntero, porque así lo había aprendido en la Escuela Normal. En esta decisión jugó el orgullo y el prestigio de su cargo.
Hasta los años cincuenta no se pensaba inevitablemente que la divisoria entre buena y mala educación pasaba por la línea que separaba a ricos de pobres. La cuestión estaba en quién llegaba a la escuela secundaria o a la universidad y la selección se producía no tanto por la diferencia de saberes en el final de la enseñanza básica, sino por posibilidades y expectativas de clase social.
Hoy, en la Argentina, hay escuelas para ricos y escuelas para pobres, que no coinciden exactamente con escuelas públicas y escuelas privadas, sino con escuelas para familias que poseen medios culturales, y escuelas para familias que no los tienen. Estas segundas pueden incluso ser familias ricas desde el punto de vista económico, porque la incultura de muchos privilegiados no es una novedad. Ir a una escuela para pobres marca como una condena temprana. Los chicos de la burguesía que van a malas escuelas, dispondrán de tiempo, dinero para nuevas experiencias educativas y conexiones familiares para ubicarse. Los pobres, por supuesto, no tienen instrumentos de compensación. Para los pobres, la escuela decide la vida.
Pero ¿qué es una escuela para pobres? No necesariamente una escuela donde no hay computadoras. Por cierto, en las escuelas para ricos es más habitual que haya computadoras, pero la diferencia no está allí, o no está solamente allí.
Podría existir una escuela donde se enseñaran los más sofisticados problemas matemáticos o de lengua sin una computadora, y donde se entrenara a los chicos en la búsqueda de información en dos enciclopedias que son tan difíciles o tan fáciles de manejar como Internet. Podría existir una escuela donde los chicos leyeran cinco libros por año, actividad que los prepararía mucho mejor para navegar en cualquier dimensión del mundo de la información virtual, las de hoy y las del futuro.
Los chicos leen fotocopias en las escuelas para pobres, porque no pueden comprar libros, los maestros no siempre saben dónde ir a buscarlos, ni el Estado los proporciona en cantidad suficiente, y también leen fotocopias en las escuelas privadas mediocres, porque los padres no corren a comprarlos, los chicos prefieren gastar en otra cosa y los docentes se adaptan a la desidia de la familia y la institución.
Cuando se leen libros, no hay problemas en leer también fotocopias. Pero algo misterioso sucede cuando sólo se leen fotocopias: de ellas no se pasa fácilmente a los libros.
En estas hipotéticas escuelas con libros verdaderos y sin computadora, lo que habría seguramente es maestros con un entrenamiento de primera. Y aquí está uno de los nudos de la cuestión: es más difícil entrenar maestros que comprar computadoras. Incluso puede ser más caro y necesariamente ocupa más tiempo y exige más constancia. De todos modos, no parece necesario optar entre buenos docentes y computadoras. Simplemente señalo el punto porque las computadoras, sin buenos docentes, se pueden convertir en un cyber pagado por el presupuesto educativo.
http://www.clarin.com/diario/2005/03/06/sociedad/s-933466.htm
CLAUDIA KOZAK, DOCTORA EN LETRAS
Irónicos, lúdicos o futboleros, los graffitis son una expresión efímera, que sin embargo es vista por muchos jóvenes como la única forma posible de apropiarse de una ciudad que sienten privatizada.
Claudio Martyniuk
cmartyniuk@clarin.com
A los adultos nos cuesta interpretar la cultura de los jóvenes. ¿Qué expresiones nos ayudarían a entenderlos?
—Empecemos a mirar los graffitis, lo que está escrito en la calle. Es tan cierto que no sólo los jóvenes los hacen como que mayoritariamente los graffitis son producidos por gente joven. Los graffitis condensan rasgos clave de la cultura juvenil.
# ¿Por qué?
—Por varios motivos. Por un lado, porque hay cierta tendencia de los jóvenes, y sobre todo en los últimos tiempos, a estar mucho en la calle. A pesar de la privatización de la vida y de la reclusión puertas adentro, si hay un sector de la sociedad que no puede identificarse con este encierro es la juventud. Se dice, y desgraciadamente es cierto para muchos, que los jóvenes no tienen una gran perspectiva de futuro. El estar en la calle, rondando, escribiendo, escenifica un poco esa situación.
# No todos andan rondando, escribiendo...
—Quiero precisarle que hablo específicamente de jóvenes de clase media baja y sectores populares. Hubo otros contextos históricos donde fueron más que nada los jóvenes de clase media los que salieron a la calle a pintar graffitis. En los 80, los graffitis —de leyendas realmente ingeniosas— eran escritos por jóvenes de clase media, incluso de clase media alta, muchos de ellos universitarios. ¿Se acuerda? Eran grupos como Los Vergara, o más de corte anarquista, como Fife y Autogestión, La Gillete en el Tobogán. Ese surgimiento en los 80, tan fuerte, está relacionado con la apertura del CBC, por lo menos en Buenos Aires. También se dio en las distintas provincias, en ciudades capitales en general, siempre dentro de los grupos de clase media que tenían acceso a estudios superiores.
# ¿Con qué se identifican los graffitis en los 90?
—Muchos de ellos, con el fútbol. Otros, los "tumberos", están escritos en memoria de alguien. Otros homenajean bandas de rock escribiendo su nombre en la calle. Hay una proliferación muy grande de bandas de barrio; hablo del fenómeno que está asociado al rock "chabón", que inscribe su nombre en las paredes.
# El auge del graffiti hip-hop, en los Estados Unidos, ¿tuvo algún reflejo en nuestras paredes?
—El graffiti argentino y latinoamericano mira más al graffiti europeo del Mayo Francés. En general, intentan reproducir cierto esquema enunciativo que aparece en los del Mayo Francés, llenos de ironía y juego de palabras. Y siempre en ellos la palabra es lo más importante. El graffiti hip- hop de los Estados Unidos comienza a tener visibilidad hacia fines de los 60, principios de los 70, en Nueva York, y se relaciona con un graffiti de gueto, de reivindicación del joven desplazado. Es un graffiti que privilegia más que nada la imagen. Hay algunas palabras, está siempre el nombre del graffitero —su apodo, su alias—, pero aparece desestructurado, de manera tal que se asemeje a una pieza pictórica. Ese estilo, en los 80, se difundió por Europa. Pero en la Argentina, hasta los 90, no se había visto graffiti hip-hop. A mediados de los 90 empezó a haber, tímidamente. Y creo que no prendió porque nuestra tradición es básicamente verbal, aunque incluya códigos que no siempre la involucren.
# ¿Se podría decir que el graffiti es una expresión "literaria" de los jóvenes?
—No, no está considerado literatura. Si nos atuviéramos a una definición institucional de la literatura, el graffiti es un tipo de discurso que involucra la palabra e incluso ciertos aspectos estéticos, pero que no está incluido dentro de lo que se considera literatura. Pero expresan mucho de un individuo, de un momento social, e integran ese tipo de discursividades breves pero contundentes como los refranes.
# A diferencia del graffiti, la práctica de los esténciles está presente hoy en muchas muestras de arte.
—En Buenos Aires, por ejemplo, los productores del esténcil, en general, no pertenecen a clases populares. Son jóvenes más bien asociados al mundo de la imagen; muchos de ellos son estudiantes de diseño gráfico y pertenecen a sectores medios educados y formados en una cultura de la imagen publicitaria e incluso en el discurso histórico del graffiti. El tipo de esténcil que se está haciendo no surge en la Argentina. El esténcil es una técnica milenaria, que además se ha utilizado en muchos contextos. Pero el esténcil en la calle ha existido, antes que en esta movida, en la pintada política. En Europa, por ejemplo, ha sido un movimiento fuerte desde los 80. El esténcil argentino tiene una particularidad: reproduce en imagen lo que había sido en los 80 el graffiti de texto, de leyenda, porque es un esténcil irónico-lúdico-político. Las imágenes a veces no tienen palabras; otras, sí. Pero incluso cuando no tienen palabras, la lectura que se puede hacer es equivalente a la de un graffiti ingenioso como: "En mi pieza tengo un póster de todos ustedes", y lo firma el Che.
# Usted dice que el graffiti expresa a individuos y momentos. En estos años, ¿el graffiti se despolitizó?
—Hay una diferencia clave que matiza la escritura en la pared. La pintada política tiene respaldo institucional; hay un partido político detrás, o aunque sea, una pequeña agrupación. En cambio, el graffiti puede tener contenido político, religioso, amoroso, sexual, etcétera, pero no cuenta con ningún respaldo institucional.
# Quizá los riesgos sean también distintos. Las pintadas políticas suelen transgredir prohibiciones e implican entonces una posibilidad de represión.
—Si hacemos un registro histórico, las pintadas fueron hechas, desde ya, en contextos de mayor o menor clandestinidad. Pero el graffiti se realiza en un contexto también de transgresión, porque, en realidad, todos sabemos que no está permitido escribir nada en la fachada de un edificio ni de un monumento. Lo que sucede es que, justamente, nuestra gran tradición de pintada política, y no sólo en la Argentina sino en toda Latinoamérica, ha ido "oficializando" que los partidos políticos pinten. Y de hecho, lo hacen sin ningún reparo. Claro que durante la última dictadura militar quien se aventuraba a una pintada política corría realmente un riesgo.
# Hay quienes sugieren que Sarmiento ha tenido que ver con los orígenes del graffiti argentino. ¿Por qué?
—Hay un mito que dice que la pintada política comienza en la Argentina con Sarmiento, cuando yendo al exilio escribe su famosa frase "Las ideas no se matan", luego popularizada como "Bárbaros, las ideas no se matan". En realidad, él no puso la palabra bárbaros, porque, de hecho, él escribió esta frase en francés. No es, igualmente, la primera vez que alguien escribe una frase política en las paredes. Hay otros antecedentes. El historiador Felipe Pigna comenta que durante las Invasiones Inglesas hubo inscripciones en las paredes en contra no sólo de los ingleses sino en contra del virrey y de los que estaban en ese momento gestionando la cosa pública sin hacer lo que debían. En 1810 aparece, en el momento del fusilamiento de Liniers, en un árbol, tallada una sigla que estaba construida con los nombres de los cinco apresados, cuatro de ellos fusilados —uno no, el obispo Orellana, al que mandan a Buenos Aires—. Esa sigla forma la palabra "clamor". Esta sería una pintada política de los opositores de la revolución. Los contrarrevolucionarios estaban expresando su opinión respecto de la Revolución de Mayo.
# ¿A qué se debe la persistencia del graffiti?
—Inscripciones en espacios públicos hubo en muchas culturas. Los griegos, en tren de conquista de otros lugares, inscriben sus nombres. Es una tradición que llega desde tiempos remotos: es una ancestral necesidad de imprimir y dejar huellas en el espacio público. Por eso, algunos la retrotraen a las Cuevas de Altamira.
# Escribir en las piedras, en las paredes... ¿La obsesión de los hombres es siempre intentar perdurar?
—El graffiti es una cultura efímera, quizá la mayor. Pero fíjese que esta certeza no hace que la gente deje de escribirlos. La vida en una gran ciudad parece acentuar esta necesidad de dejar una huella en un espacio público que es anónimo y que favorece la idea del anonimato.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2005/03/06/z-03815.htm
Copyright Clarín, 2005.
Es la clave del desarrollo, dice el ensayista
Gregorio Weinberg atesora tres doctorados honoris causa –de las universidades de Buenos Aires, Palermo y Luján– y es miembro de número de la Academia Nacional de Educación. Pero su mayor halago es integrar la Comisión Internacional de la Unesco, con sede en París, que prepara una nueva versión de la “Historia científica y cultural de la humanidad” y de la “Historia general de América latina”, de seis tomos cada una. Con sus enhiestos 85 años y una imponente biblioteca de diez mil volúmenes, Weinberg habita en una antigua casita de barrio, en la Paternal, donde los libros inundan hasta el altillo. Allí cuelgan diplomas, pergaminos, retratos de escritores ilustres. Se destaca una bella fotografía de su entrañable amigo José Luis Romero.
Weinberg registra largos años de docencia en las facultades de Filosofía y Letras y de Arquitectura, donde enseñaba Historia de la Educación y del Pensamiento Argentino y Latinoamericano. Fue vicepresidente del Conicet y dirigió la Biblioteca Nacional. Sus máximas distinciones son el premio Consagración Nacional y los Konex de platino y de brillante. Es porteño porque su madre vino de Santiago del Estero a tener a sus hijos en la Capital, pero la familia vivía en Guarda Escolta, cerca del norte santafecino. "Cuando los obrajes talaron los quebrachos a ras del suelo -se queja-, esa tierra quedó inutilizada y llegaron la sequía y la langosta."
A los seis años lo llevaron a Buenos Aires, a vivir con sus abuelos, pero enseguida lo devolvieron por bruto, "porque no sabe jugar con los chicos y es muy salvaje", según sentenció la maestra. Tuvo que enseñarle su padre a leer y a escribir. Estudió Derecho en la Universidad de La Plata "y aunque no alcancé a graduarme, cuando el Consejo Superior de la UBA consideró mis antecedentes fui habilitado como profesor en Filosofía y llegué a dictar cursos con José Babini", relata, con el orgullo de un reconocido autodidacto.
-Usted ha señalado el surgimiento de una generación a principios del siglo XX "que convocaba al dios Progreso".
-Con su consigna "Paz y Administración", el presidente Roca establece los pilares sobre los que se multiplicarían kilómetros de vías férreas y de caminos, se construirían puertos y ciudades y se realizaría también la inhumana tarea de exterminar al indio. Fue considerada una etapa de progreso, que trajo cambios culturales importantes. Tenían predicamento las ideas sarmientinas y había grandes esperanzas en una movilidad social ascendente, que producía la grandeza del país a través de los técnicos, los profesionales, los artesanos. Había pobres, pero no se ensanchaba la línea de pobreza. Con el aluvión inmigratorio también llegaron nuevas ideas, nuevas organizaciones. Se alcanzaba un gran nivel cultural. Hoy se ha deteriorado todo y la desocupación ha crecido a niveles nunca vistos; se está perdiendo hasta la cultura del trabajo.
-Beatriz Sarlo acaba de señalar que existe una gran cantidad de desocupados que ya lleva quince años sin trabajar. Es muy difícil recuperar a quienes han perdido la cultura del trabajo.
-Y hoy vemos las consecuencias económicas y sociales: despoblamiento y empobrecimiento del interior, nuevas migraciones hacia las grandes ciudades, donde la mayoría de los excluidos se convierten en marginales... No solamente falta mano de obra calificada: la desaparición de escuelas técnicas obstruye el mejoramiento de los procesos productivos, las nuevas tecnologías encuentran dificultades para su difusión. Como observa el sociólogo sueco Pierre Schori, ¿cuánta pobreza tolera la democracia, cuánto subdesarrollo tolera la seguridad global? Una consecuencia de la pobreza es el debilitamiento físico e intelectual de las actuales generaciones, que formarán la sociedad argentina dentro de veinte años. El desaliento que invade a gran parte de los estudiantes, por falta de salidas laborales, los está induciendo a la emigración. Alguien definió la fuga de cerebros como una de las formas más perversas de ayuda de los países en desarrollo a los desarrollados.
-También se dice que el científico argentino que emigra se perfecciona y, si vuelve, puede aportar mucho más a su país.
-Sí, pero se nos van por las bajas remuneraciones, falta de presupuesto y un horizonte nublado. La Unión Europea ha dicho que necesitará veinte millones de trabajadores calificados en las próximas décadas, por lo que procurará traerlos de los países atrasados. Hay que advertir que la ciencia y la técnica no son suficientes para impulsar un sano desarrollo de nuestro país. Se debe contemplar también una mejor distribución de la riqueza productiva y evitar el deterioro del medio ambiente. Hoy sólo se busca la utilidad a corto plazo, pero hay que pensar en líneas estratégicas de producción.
-En uno de sus trabajos usted indica que la educación y la actividad científica han dejado de ser cualitativas para ser cuantitativas. O sea, que se estimula la actividad científica sólo para lo que sirve al desarrollo industrial del momento, cuando la actividad científica no debe estar condicionada. Eso es cierto, pero ¿no cree que es bueno alentar la creación de riqueza?
-Es que hoy la riqueza es el conocimiento. ¿Qué es la riqueza en la sociedad del conocimiento? Es la incorporación de inteligencia, ciencia y técnica en los procesos productivos. Hoy la riqueza no se mide en toneladas. Son otros los indicadores. Me parece estar viviendo en una sociedad esquizofrénica, en la cual se avala la importancia de la ciencia y de la técnica y, a la vez, se le retacean los recursos. Habría que hacer un replanteo de los gastos públicos y privados. Darle más recursos al conocimiento.
-En "El descontento y la promesa", publicado en 1982, le dedica un capítulo entero al populismo en América latina. Aquí el populismo se ha instalado de tal forma que parece abarcarlo todo. ¿Cómo se resuelve este problema?
-Fortaleciendo las instituciones, principal tarea para consolidar una democracia efectiva, y con una mayor asignación de recursos a las políticas vinculadas al conocimiento. Al hablar de instituciones me refiero a todos los poderes: al Parlamento, tan desacreditado; a la Justicia, tan desprestigiada y morosa; a los partidos, tan fragmentados como desorientados y envejecidos en sus cuadros dirigentes y en sus ideas; al federalismo auténtico, que no debe ser feudalismo, ni caciquismo, ni coronelismo. También perdieron credibilidad y transparencia las instituciones de bienestar social y las económicas, sobre todo la capacidad del Estado para definir y orientar políticas con fuerte preocupación por los intereses nacionales. La gente debería participar más activamente en el club de barrio, en el municipio, en los partidos políticos, en las bibliotecas populares; en las cooperadoras escolares; en las cooperativas de producción y consumo.
-Pero la gente parece haber perdido esa vocación.
-La han desalentado, que no es lo mismo. Es urgente revertir la asignación de recursos, para estimular la formación de la sociedad del conocimiento, como dice el actual secretario de Ciencia y Tecnología. Se trata de fortalecer las universidades, los sistemas educativos primario, secundario y técnico profesional; hay que repensar y rediseñar el Conicet, el INTA, el INTI, el Invap y todas las entidades necesarias para orientar a las nuevas generaciones. La escuela debe volver a dar prioridad a las disciplinas básicas, como matemática, historia, lenguaje, antes que ocuparse de la alimentación y la educación sexual, que son importantes, pero desvirtúan el núcleo duro de la actividad educativa.
-De esas carencias también es responsable el populismo, que menoscabó los valores. Pero usted ha escrito que el populismo carece de modelos alternativos. ¿Está seguro?
-Absolutamente. Así como carece de un verdadero modelo alternativo de desarrollo, tampoco tiene un modelo alternativo en materia de educación. Acepta el heredado, para adaptarlo al crecimiento de la matrícula.
-No obstante, advierto que sus preocupaciones por la educación hoy se han centrado más en la ciencia y la técnica. ¿Por qué?
-Porque su importancia es indiscutible. Con mi experiencia de tantos años en la Unesco, pude advertir que en nuestros libros prácticamente no aparecen ni la educación, ni la ciencia, ni la técnica. Creo que es necesario modificar eso. En los últimos años, lo que más me ha preocupado es recuperar la tradición científica, porque nuestros graduados universitarios no saben quiénes fueron Azara, Muñiz, Ameghino, Rawson, Huergo, y menos idea tienen de las implicaciones políticas y sociales que esa gente representó. Hay que enseñárselas a los muchachos e inculcarles que acá se puede trabajar con responsabilidad, crearles condiciones, darles perspectivas.
-Hace unos años, le hablé de instalar un gran museo de ciencia y técnica, como esos que cautivan a los jóvenes norteamericanos y a los europeos. Hasta teníamos el nombre: se iba a llamar Museo José Babini. ¿Jamás pudo avanzar con esa idea?
-Hubo cuatro o cinco intentos, pero nunca se concretaron. La Fundación Antorchas había llegado a ofrecer un millón de dólares para hacerlo, pero nunca se pudo.
-En esos grandes museos vi a los estudiantes haciendo cola para entrar en un corazón gigante, recorrer una mina de carbón, visitar un submarino alemán. Salían entusiasmados con los secretos de la ciencia y la técnica. ¿Por qué todavía no existe eso en Buenos Aires?
-Deberíamos tomar el ejemplo de Finlandia, que hizo un proyecto a largo plazo y penetró en el mundo del conocimiento. Hoy está a la vanguardia. Sus teléfonos se venden más que los japoneses y tiene productos tan avanzados que son primeros en el mundo. Nosotros, en cambio, seguimos con la vieja maquinaria política, con gobernadores que se reeligen permanentemente, con partidos que no ofrecen ideas nuevas y provocan desaliento. No le prestamos atención al patoterismo, que ha llevado la intolerancia a las relaciones económicas, sociales y políticas y ha instalado la falta de respeto en la vida cotidiana. Su maltrato asoma en todas las actividades y ha invadido la televisión abierta, donde la viveza criolla hace chistes burlándose del ciudadano y de las instituciones. Esa televisión transmite disvalores, con un alto predominio de morbosidad. Hay cortos comerciales que proclaman "primero el placer, después el deber". Para vender un de- sodorante se muestra a un automovilista que no respeta los semáforos e infringe todas las leyes de tránsito...
-...en un país con récord mundial de accidentes. Lo poco que construye la escuela lo destruye la televisión.
-Se excita a una sociedad de consumo y se contribuye así a aumentar el abismo entre los que pueden comprar y los que no pueden. En este momento, lo más grave en la Argentina es que ese abismo se va ensanchando, profundizando. Me preocupa el proceso de degradación, de envilecimiento del lenguaje de la televisión abierta, cuyo vocabulario no debe exceder las 500 palabras, interjecciones e idiotismos incluidos. No me asustan las llamadas malas palabras: me apena que con ellas se sustituya la falta de vocabulario, de cultura mínima. El filósofo Ludwig Wittgen- stein decía que el capital lingüuístico de una persona determina su horizonte mental. Pensemos en las nuevas generaciones, que no leen y son adictas a la televisión...
Por Hugo Gambini
De la Redacción de LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=684859
Por Sandra Russo
La palabra que pronunció el lunes, en su asunción, Tabaré Vázquez quedó retumbando sobre el río, y la trajo el viento. Felicidad. Es una palabra fuerte que padece desde hace siglos el ahogo al que la someten los engranajes del poder, civiles, militares y eclesiásticos. Es una de esas palabras rellenas como caramelos. Una palabra esponjosa que hace demasiada agua a la boca. Una palabra rescatada de canciones estúpidas, de ilusiones adolescentes, de publicidades engañosas, de sinsentidos televisivos, de tés canasta, de concursos de belleza, de universos disímiles pero confluyentes en un borde banal. Una palabra operada como una de las rubias menemistas, intervenida, interceptada, rehén de miles de dispositivos dispuestos y aceitados a lo largo del tiempo para desviar el tempestuoso caudal que guarda en sus cuatro sílabas. La felicidad siempre fue subversiva, dicho esto sin ningún doble sentido. Desde que nacemos el Orden que llega desde afuera y el que llevamos incrustado en la cabeza nos hace trampa, nos pone la venda. Con la felicidad no hacemos más que jugar al gallito ciego, y sólo los afortunados, los valientes y los tontos logran rozarla.
Esa palabra ahora llega desde Montevideo revelándonos que Uruguay es otra cosa. Se ha elegido a un presidente que cuando asume jura “trabajar incansablemente por la felicidad del pueblo”, y ante la plaza majestuosa vibra la multitud aspirante a la felicidad. Podría leerse esa escena como un acto de asunción de un presidente de izquierda que logra, junto a su electorado, romper una hegemonía política asfixiante. Pero también, ya que el río trae esa palabra de sentido tan fuerte, puede pensarse qué significa, hoy, la felicidad. Porque esa abstracción que cada ser humano encarna con más o menos suerte algunas veces en su vida sintetiza, incluye otras palabras que hubiesen sido más previsibles en un acto político. Equidad, paz, derechos, justicia, dignidad, en fin, cualquiera de las palabras de ese repertorio que sabemos todos está incluida en la felicidad, pero la felicidad las supera a todas y las baña con su toque mágico. Es que la felicidad colectiva no existe: es por lo menos, en todo caso, la suma de felicidades individuales. Para que un pueblo sea feliz es necesario que cada uno de sus miembros experimente esa sensación de plenitud y gozo. La felicidad individual no está en manos del Estado, pero sí es el Estado el que debe predisponer la realidad objetiva de cada ciudadano para que su felicidad individual no se estrelle contra obstáculos que la deshagan una vez y otra vez desde su nacimiento hasta su muerte. Que la felicidad individual quede en manos de los individuos sí es un propósito político, acaso el más importante y nuclear, porque de hecho lo que generan a destajo nuestras sociedades son sujetos desgraciados por causas que los exceden y sobre las que no tienen control.
En su ensayo Lo que creo, en un apartado sobre Ciencia y Felicidad, Bertrand Russell analizaba la crueldad que históricamente inflige la mitad de la población a la otra mitad. Tomaba como punto de partida de esa infelicidad colectiva la lucha por la supervivencia, que con el correr de los siglos adoptó diversas formas. Desde lo más profundo de la historia humana, siempre se ha visto y registrado un tipo de felicidad colectiva por parte de un grupo –una tribu, un pueblo, una etnia, una nación– como resultado del aplastamiento de otro grupo. Dice Russell: “Lo que se disputaba en la guerra era qué niños, si los alemanes o los aliados, debían morir de hambre o de miseria (aparte de malevolencia por ambas partes, no había la menor razón para que ninguno muriera de hambre)”. Pueblo contra pueblo, grupo contra grupo, clase contra clase, sectores contra sectores, género contra género, padres contra hijos, cónyuges contra cónyuges, Russell toma nota de cómo se reproduce esa lucha desde lo público a lo íntimo. Y de cómo conspira esa pulsión de crueldad contra la dicha. En definitiva, cuando denunciamos situaciones sociales injustas, denunciamos infelicidad. Es justamente eso lo que persiguen y logran los mecanismos de opresión pública y privada que desvían a la gente de sus deseos y necesidades espontáneas: desviar al hambriento de la comida, desviar al desocupado del trabajo, desviar a la minoría de sus derechos, desviar al hombre o la mujer comunes y corrientes de sus deseos. “El obligar a un hombre, a una mujer o a un niño a una vida que frustra sus deseos es a la vez cruel y peligroso”, escribe Russell con esa sencillez que deslumbra. “Debemos respetar la naturaleza humana porque nuestros impulsos y deseos constituyen nuestra felicidad.”
Estas últimas líneas pueden leerse como un manifiesto político y moral al mismo tiempo. Respetar la naturaleza humana equivale a proporcionarle a cada uno la posibilidad de comer, beber, abrigarse, dormir, trabajar, amar, aventurarse adonde quiera. Una sociedad justa –o mejor: una sociedad libre– es en definitiva eso: un lugar en el que las personas sean individualmente responsables de sus frustraciones, pero también de su felicidad.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-48009-2005-03-04.html
La ciencia lidera el cambio, dice el filósofo
PARIS.– Si el filósofo Michel Serres no hubiera nacido en el mismo lugar que D’Artagnan, sería hoy el gascón más célebre del planeta. Como el mosquetero del rey, este hombre de 75 años tiene una risa generosa, el acento cantarín del sudoeste francés y una espada. D’Artagnan la había puesto al servicio de Luis XIV; Michel Serres, historiador de las ciencias, profesor de la exclusiva universidad estadounidense de Stanford y miembro de la prestigiosa Académie Française –cuyo uniforme de gala incluye una espada–, la ha puesto al servicio de las ideas.
Ecléctico, iconoclasta, provocador, autor de más de treinta ensayos, Serres comenzó realizando estudios científicos antes de entrar en la Escuela Naval. Pero este intelectual atípico (que conoce, por ejemplo, 300 palabras para denominar un barco) pertenece a una generación que, después de Hiroshima, atravesó una profunda crisis de conciencia: “Entre el amor por el mar y la reflexión sobre la violencia, la necesidad de hallar respuestas éticas decidió mi destino final”, dijo a LA NACION.
Esas respuestas suele buscarlas primero en el terreno de las ciencias. Visionario, optimista sobre los beneficios de las nuevas tecnologías, Serres se distingue de los filósofos de su generación por haber resistido a todas las ideologías de moda: marxismo, existencialismo, psicoanálisis... "La sociedad cambia gracias a la ciencia. Todas las ideologías de la segunda mitad del siglo XX ignoraron que la dinámica de la sociedad occidental responde esencialmente a los progresos de la ciencia y no a la lucha de clases o a un hipotético sentido de la historia", explica.
-¿Cuál es el problema con los filósofos que no conocen el universo científico?
-En la historia de la filosofía, casi todos los grandes filósofos -de Platón a Leibniz, pasando por Hegel y Descartes- fueron también científicos. ¿Qué puede decir un filósofo sobre el mundo si no conoce nada de la química, productora de la mayoría de los objetos que tocamos, ni de la biología y sus remedios, que hicieron progresar la esperanza de vida 50 años en un siglo, ni de las nuevas tecnologías, que transformaron completamente el espacio y el tiempo?
-Desde hace años usted afirma que nos hallamos ante una nueva humanidad.
-Así lo creo. A comienzos del siglo XX, el setenta por ciento de los habitantes del planeta eran agricultores. Al final, quedó sólo un 2,3 por ciento. Pero la agricultura y la cría de ganado fueron inventados en el neolítico y continuaron hasta que el proceso se detuvo brutalmente en los países occidentales entre los años 1970 y 1980. Por eso suelo decir que todo sucede como si, por fin, el neolítico se hubiera terminado. Esta es una ruptura histórica mucho más importante que todas las anteriores, incluida la revolución industrial, incluido el Renacimiento. Asimismo, hasta 1945, cuando evocábamos la muerte, pensábamos en nuestra propia muerte o en la de alguna civilización. Pero cuando la primera bomba atómica explotó en Hiroshima, tuvimos de golpe la revelación de una nueva muerte que no es individual ni colectiva, sino global. Y eso también es completamente nuevo con respecto al comienzo de la humanidad. Por otra parte, empezamos a ver nuevas técnicas que nos hacen postergar la muerte: la esperanza de vida en Occidente es hoy de 84 años para las mujeres, mientras que a comienzos del siglo XIX era de apenas 30 años. Ahora tenemos tecnologías para el nacimiento, la reproducción y la sexualidad que cambian completamente la realidad genealógica. También dominamos nuevas tecnologías de la comunicación que nos permiten estar en contacto con la gente más alejada del planeta. Todo esto provoca una nueva relación del hombre con el mundo, con la vida y con los demás. Cuando uno cambia la vida humana, la muerte humana, la relación con la tierra y con los demás, debe reconocer que está en presencia de una nueva era, de una nueva humanidad.
-¿Esos flamantes conocimientos nos obligan a cambiar totalmente nuestra visión de la historia?
-La historia en su sentido tradicional sólo representa una minúscula fracción de tiempo con relación a lo que he llamado la gran narración unitaria de todas las ciencias. Cuando hoy pensamos en lo más antiguo de la historia, el más cultivado de nosotros puede remontarse hasta el neolítico. Gracias a los avances de la ciencia, los más cultivados de nuestros hijos serán capaces de remontarse hasta 3500 millones de años para referirse a la aparición de la vida, 4000 millones para la del planeta y 15.000 millones para la del universo. La cultura, la filosofía y la visión de la aventura humana del mañana se instalarán en la lógica de ese proceso.
-Todo esto puede causar miedo. No a usted, porque es un historiador de las ciencias, capaz de comprender esos avances.
-Es cierto que en las universidades se separa en forma brutal el estudio de la filosofía y el de las ciencias duras. Esto produce, por un lado, "cultivados ignorantes" y por el otro "sabios incultos". Esta separación me parece muy grave y he pasado mi vida tratando de reconciliar las dos formaciones. Tiene razón en decir que la angustia expresada por tanta gente suele venir de que no dominan lo nuevo. Siempre se tiene miedo de lo desconocido. La gente no advierte que, en general, se está ante un proceso de evolución natural y no de ruptura.
-¿Cómo es eso?
-Por ejemplo, cuando nuestros ancestros inventaron la agricultura domesticaron ciertas especies de fauna y de flora. Ignoramos cómo lo hicieron, pero sabemos que actuaron sobre la selección natural. Nosotros hoy, con los organismos genéticamente modificados (OGM), orientamos la mutación, y no la selección. Ahora todos sabemos que la vida, la evolución vital, es la selección sumada a la mutación. Lo que nuestros ancestros hicieron sobre la selección, nosotros lo hacemos sobre la mutación. Es un acontecimiento perfectamente nuevo, pero en cierta forma es la continuación del momento en que se inventó la agricultura y la cría de ganado. En consecuencia, los OGM son, quizás, aterradores, porque son muy nuevos, pero el proceso tiene su origen en la prehistoria. Es a la vez nuevo y muy tradicional. Esto debería tranquilizarnos.
-La globalización, según usted, es tan vieja como el hombre...
-Cuando nuestros ancestros salieron de Africa para diseminarse por el planeta, firmaron el primer acto de globalización. Todos somos descendientes de ese puñado de africanos. Tenemos el mismo ADN. El hombre es la especie mundializada por excelencia. Y ese movimiento prosiguió en todos los terrenos de la vida cotidiana, comenzando por la agricultura. Un día, simultáneamente, un genio en México supo transformar el teosincle de Chalco en maíz y otro genio, en Medio Oriente, el búfalo en buey. Gracias a esos dos gestos de domesticación, el mundo se volvió agrícola. Como usted ve, la mundialización data del neolítico.
-También están globalizados los peligros de destrucción causados por el avance de esas ciencias...
-Antes que nada, déjeme decirle que yo desconfío de los mercaderes de angustia. El riesgo, el temor, la sociedad del miedo, se han transformado en valores mercantiles y no tengo intención de soplar para avivar el fuego. Yo trato de construir un mundo mejor para mis nietos, y el miedo no los ayudará. Hoy, la ciencia pasa por ser la única responsable de los riesgos que corre el planeta, cuando, por el contrario, es gracias a ella que podremos vivir cada vez más y mejor. La verdad es que los riesgos dependen de las decisiones políticas y de la utilización que los hombres hacen de los avances tecnológicos.
-En todo caso, muchos son los que denuncian las nuevas tecnologías virtuales de comunicación como un elemento de alteración de los lazos sociales.
-¡Pero si lo virtual es la esencia misma del hombre! En mi generación, todos estuvimos enamorados de alguna actriz de cine que sólo conseguíamos besar en nuestra imaginación. Cuando usted lee un libro cualquiera, se halla también en el terreno de lo virtual. Todos creen que ese término fue inventado por las nuevas tecnologías de la comunicación. La verdad es que existe desde la época de Aristóteles. Todas las producciones intelectuales del hombre son virtuales. Desde el siglo VI antes de Cristo, cada vez que un geómetra trazaba un círculo o un triángulo en el suelo, decía: "Atención, esta figura no está aquí. No es la real".
-O sea, que nada de lo que nos ocurre hoy es realmente nuevo.
-Los responsables de esos argumentos negativos deberían ser prudentes. Por ejemplo, se dice que nunca podremos digerir la cantidad de información que circula por Internet. En el siglo XVII, ante la multiplicación de libros que produjo el advenimiento de la imprenta, Leibniz exclamó: "Esta horrible cantidad de libros seguramente conseguirá imponer la barbarie y no la cultura". Es verdad: una sola persona nunca leyó todos los libros de la biblioteca del Congreso de Washington, pero el sujeto colectivo que se llama "nosotros, la humanidad", seguramente los leyó. No hay un solo libro en el planeta que no haya sido leído por alguien. Sería conveniente que esos críticos estudiaran un poco de ciencia y de historia. Eso los tranquilizaría de inmediato.
-Hay quienes opinan que terminaremos por perder nuestra cultura, embrutecidos por la pantalla.
-Bien: tomemos un ejemplo. De generación en generación, nuestra memoria se debilita, pues habiendo abandonado la tradición oral por la escrita, recurrimos cada vez menos a esa capacidad cognitiva. Hay quienes lamentan esa pérdida. Para mí, desde el momento en que se inventó la escritura, la memoria se vio liberada de un peso real. Antes de la invención de la imprenta, un hombre que quería conocer a Homero o a Plutarco debía aprenderlos de memoria. La imprenta suprimió esa necesidad y dejó a la memoria tiempo libre para ocuparse de otras cosas. No hay que tener miedo de perder, pues -por el contrario- ganamos, descargándonos de la aplastante tarea de acordarnos. Así, nuestro cerebro puede ocuparse en otras actividades más creativas. Hoy, las nuevas tecnologías ponen a nuestra disposición toda la memoria del mundo.
-¿Y qué responde usted a quienes dicen que el acceso a las nuevas tecnologías aumenta la fractura social?
-Que es un absurdo. La fractura pedagógica y científica que existió siempre entre países ricos y pobres es muy superior a la que provocará la presencia de Internet en todos los rincones del globo. Como sucedió con la llegada de la imprenta, la Red es una herramienta formidable para poner el conocimiento y la cultura a disposición de todos. Se habla de esa fractura social, pero nadie la compara con la que existe ahora: esa fractura que precipita a los más pobres a la ignorancia total, mientras educa a los privilegiados en las universidades de Stanford y de Harvard. El costo de las nuevas tecnologías es irrisorio comparado con el de las tecnologías tradicionales. Con las nuevas tecnologías, bastaría muy poco dinero para inventar una enseñanza a distancia para los países pobres.
-¿Qué es lo que cambiarán esas nuevas tecnologías?
-Toda la sociedad, como sucede cada vez que se produce la llegada de una revolución tecnológica. No hay un solo historiador que no sepa que la aparición de la escritura afectó a la ciudad, al Estado, al derecho y, probablemente, al comercio. Gran parte de nuestras prácticas sociales son herencia de la escritura, comenzando por el monoteísmo: la religión del libro. Después, cuando llegó la imprenta, en el Renacimiento, se modificaron las mismas zonas de la sociedad: aparecieron nuevas formas de democracia, nuevos derechos, nuevas pedagogías. Eso es lo que cambiará. En realidad, eso es lo que está cambiando.
-En su último libro, "Ramaux" ("Ramos"), usted afirma, sin embargo, que el hombre es capaz de cambiar únicamente si ha pasado antes por el molde de la autoridad.
-No se puede reconocer o cambiar algo que uno no conoció antes. La novedad es muy difícil de percibir.
-Para ello quizás haya que ser filósofo...
-Sí; quizá sea ésa la definición exacta de la filosofía. Tomemos el ejemplo del tsunami, en Asia. Allí la novedad no fue el tsunami, fenómeno que se conoce desde que el mundo existe. Lo nuevo ha sido el movimiento de solidaridad global. Nunca en la historia del hombre se produjo semejante corriente de solidaridad. Y esto es nuevo. Creo que estamos viendo emerger una conciencia global surgida del hecho de que este drama fue producido por un acontecimiento exclusivamente físico, que afectó al planeta. Para mí, el 11 de septiembre representa al antiguo mundo, para hablar como el señor Bush, cuando pusimos miles de millones de dólares para matarnos, para vengarnos de un hecho gravísimo que toca a los conflictos humanos. El 26 diciembre de 2004, por el contrario, es el inicio de un nuevo mundo, donde la humanidad se puso de acuerdo para ayudar a las víctimas de una catástrofe física que no depende de nosotros. Las cosas que dependen de nosotros son las guerras. En las guerras nadie es inocente; todos son responsables de la violencia. Todos pierden.
-¿Esa es su definición de la guerra?
-La guerra es un contrato firmado por los padres de dos o más naciones para aniquilar mutuamente a sus hijos. ¿Conoce usted una definición mejor?
Por Luisa Corradini
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=683921
TEXTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, DR. TABARÉ VÁZQUEZ, EN LA CEREMONIA DE DECLARACIÓN DE FIDELIDAD CONSTITUCIONAL ANTE LA ASAMBLEA GENERAL DEL PODER LEGISLATIVO
1°/03/2005
Señor Presidente de la Asamblea General;
Señoras y Señores Legisladores;
Señor Presidente y Señores Ministros de la Suprema Corte de Justicia;
Señores Presidentes y Jefes de Estado de países hermanos;
Señoras y Señores Jefes y miembros de delegaciones internacionales que nos honran con su presencia;
Señores Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas;
Señores ex Presidentes de la República Oriental del Uruguay, Doctor Julio María Sanguinetti, Doctor Luis Alberto Lacalle;
Autoridades nacionales y departamentales;
Compatriotas residentes en el país o en el exterior que siguen esta ceremonia a través de los medios de comunicación;
Señoras y señores:
De acuerdo al pronunciamiento ciudadano del 31 de octubre próximo pasado y en cumplimiento de lo dispuesto en la Constitución de la República, he realizado ante esta Asamblea General la declaración de fidelidad constitucional que corresponde a quien ha sido electo para ejercer la Presidencia de la República durante el período de gobierno que hoy se inicia.
No es ésta una ceremonia meramente protocolar. Por el contrario, la declaración de fidelidad constitucional no sólo da cuenta del mayor honor al que puede aspirar un ciudadano en una sociedad democrática, sino que además implica el mayor compromiso de aquel a quien la ciudadanía le ha confiado responsabilidades de gobierno.
Pueden ustedes estar seguros que seré vertical e integralmente consecuente con dicha declaración.
Señoras y señores:
Esta es la primera vez que hablo en este recinto y seguramente será la última.
Permítanme entonces compartir con ustedes algunas ideas que, expresadas aquí y en estas circunstancias, adquieren una especial significación.
En primer lugar, que no he venido solo. Llego a la Presidencia de la República junto a cientos de miles de compatriotas que el pasado 31 de octubre se expresaron soberana y democráticamente a favor de un proyecto de país mejor para todas las uruguayas y todos los uruguayos.
En segundo término, que venimos de lejos.
Nos inspiran e impulsan los principios de libertad, solidaridad e igualdad de oportunidades para todos los uruguayos, tan presentes en el ideario de nuestro padre Artigas y aún hoy tan plenamente vigentes.
Libertad, porque la libertad es un impulso que no garantiza la felicidad humana, pero asegura la condición humana. Libertad para ser felices, para ser independientes y tener intereses privados; libertad para colaborar en la construcción de un mundo donde a nadie se le estafe la oportunidad y la ocasión de ser feliz. Sin libertad la igualdad es una caricatura y la vida no tiene sentido.
Solidaridad, porque ella es el mejor componente de la condición humana; aquella que nos hace asumir al otro como un semejante y a todos como nosotros mismos.
Igualdad, igualdad ante la ley pero también igualdad ante la vida. La igualdad como derecho básico y como mandato ético.
Quiero decirles también que aunque venimos de lejos queremos ir mucho más lejos aún.
Las naciones no se construyen refugiándose en el pasado, ni resignándose al presente, ni renunciando al futuro. Lo que hace apasionante a esta compleja pero hermosa creación humana que es la sociedad democrática es que ésta nunca será perfecta, pero siempre es perfectible.
No somos los dueños del pasado de nuestro país, pero tampoco somos ajenos al mismo.
La fuerza política que me honró con la candidatura al cargo que hoy asumo tiene raíces más que centenarias, y su trayectoria, como las de los demás partidos políticos del Uruguay, ha sido un aporte en la construcción del Uruguay de nuestros días, que no es otra más que el Uruguay que las uruguayas y los uruguayos hemos podido construir a lo largo de generaciones.
La historia no tiene fin, pero como la historia se construye también con opciones cotidianas, quiero decirles además que tenemos el firme propósito de recorrer ese largo camino que está ante nosotros junto a todas las mujeres y a todos los hombres de este país.
Porque así como las naciones se construyen entre todos, los cambios trascendentes también han de involucrar a todos.
El gobierno que hoy asume funciones tiene señas de identidad bien definidas y por cierto que su accionar será coherente con los valores, los principios y las propuestas que lo inspiran pues, entre otras razones, tal es la voluntad ciudadana expresada el pasado 31 de octubre.
Pero, asimismo, este gobierno será el gobierno de todos los uruguayos.
De todas las uruguayas y de todos los uruguayos por encima de raza, edad, lugar de residencia, identificación ideológica, credo religioso, filiación política o condición social.
En tal sentido, permítanme reiterar en esta oportunidad la especial trascendencia que adjudico a los acuerdos en materia económica, exterior y educativa entre el nuevo gobierno que hoy se inicia y los partidos políticos oficializados el pasado 16 de febrero en este edificio sede del Parlamento Nacional.
Sería ingenuo esperar de tales acuerdos efectos milagrosos. Pero sería necio desconocer la significación de los mismos en tanto expresión de voluntad y compromiso político de quienes los suscribieron, de quienes los suscribimos, para con la República, para con la Patria.
Permítanme decir también que, sin perjuicio de la importancia de tales acuerdos, el gobierno que asume considera que los cambios que el Uruguay reclama y merece no solamente necesitan un gran sustento político, sino que también requieren sustento social, y que actuará en consecuencia.
En el mundo, atrás, definitivamente atrás, quedan los tiempos de los gobiernos pretendidamente iluminados y sustancialmente distantes; ahora los hombres y las mujeres de este país asumen el derecho inalienable y la responsabilidad inexcusable de ser los artífices de su propio destino.
Señoras y Señores:
No ignoro el contexto mundial, regional y nacional en el que asumo la responsabilidad de gobierno que la ciudadanía uruguaya me ha confiado.
Soy, también, plenamente consciente tanto de las dificultades, como de los desafíos, de las posibilidades y las expectativas existentes en dicho contexto.
Creo que ante esta realidad, en estas circunstancias y por una razón de elemental respeto al pueblo uruguayo, a ustedes y a mí mismo, están demás los relatos enciclopédicos, los análisis ecuménicos y las promesas ambiguas.
Sin embargo, por esta misma razón considero necesario que en una línea de continuidad con la declaración de fidelidad constitucional ya realizada, reitere mi compromiso de trabajo.
Mi compromiso de trabajar al extremo máximo de mis aptitudes, potestades y posibilidades en la construcción de un proyecto nacional de desarrollo productivo y sustentable.
Mi compromiso de trabajar incansablemente por el Uruguay Social, Productivo, Innovador, Democrático y Regionalmente Integrado que, como las caras de un poliedro, conforman una única estrategia de país para todos los uruguayos.
Mi compromiso de jerarquizar el Poder Legislativo que reside en esta casa como ámbito representativo de la voluntad ciudadana, como organismo de control, como espacio de debates pero también de acuerdos democráticos imprescindibles para construir nación.
Mi compromiso de respetar y apoyar al Poder Judicial en su condición de poder estatal independiente y, al mismo tiempo, garantizar su independencia económico-financiera.
Mi compromiso de jerarquizar a los gobiernos departamentales tanto en su representatividad ciudadana como en sus responsabilidades para con la ciudadanía.
Mi compromiso de combatir implacablemente la corrupción y cualquier otra modalidad de gestión desaprensiva del Estado.
Mi compromiso de instrumentar políticas que ofrezcan a nuestra gente posibilidades de trabajo decente.
Y en estrecha relación con lo anterior, mi compromiso de promover políticas educativas, científicas y tecnológicas que preparen a nuestros hombres y mujeres, y en especial a los más jóvenes, para ese trabajo decente que es, al fin y al cabo, la mejor política social y la mejor política económica que puede tener un país.
Mi compromiso de promover una política activa en materia de Derechos Humanos.
Reconozcámoslo: a 20 años de recuperada la institucionalidad democrática aún subsisten en materia de derechos humanos zonas oscuras.
Reconozcamos también que por el bien de todos es necesario y posible aclararlas en el marco de la legislación vigente, para que la paz se instale definitivamente en el corazón de los uruguayos y la memoria colectiva incorpore el drama de ayer, con sus historias de entrega, sacrificio y tragedia, como un indeleble aprendizaje para el mañana. Y con la verdad buscaremos que nuestra sociedad recupere la paz, la justicia y, sobre todo, que el horror de otras épocas nunca más vuelva a pasar. Nunca más, uruguayos.
Y reconozcamos además que también hay mucho para hacer en materia de igualdad racial, equidad de género, derechos del niño, derechos del niño, derecho a la información, derecho a la cultura, derecho a un medioambiente seguro, esos también son Derechos Humanos que hacen a la calidad de la democracia.
Mi compromiso de escuchar a la gente, de dialogar con ella, de rendirle cuentas, de promover una ciudadanía que potencie los derechos políticos, civiles y sociales de las uruguayas y los uruguayos.
En fin; mi compromiso de trabajar por los cambios propuestos durante la campaña electoral y que la ciudadanía respaldó con su voto.
Respaldo que todos deben respetar, y que quien habla asume como un mandato.
Atrás, definitivamente atrás, quedó el tiempo de los “mandatos presidenciales” amnésicos respecto a la voluntad de sus “mandantes” y a las necesidades de sus “mandatados” .
Prometimos cambios y haremos cambios. Empezando por el gobierno mismo, en su actitud, en sus acciones, fundamentalmente en lo que se refiere a la austeridad, el respeto, el diálogo, la tolerancia y la modalidad de trabajo cotidiano.
Cambios impostergables; cambios factibles; cambios responsables; cambios progresivos; cambios entre todos y para todos, pero especialmente en beneficio de quienes más los necesitan para alcanzar niveles de vida digna.
Señoras y señores:
Permítanme ahora hacer algunas referencias específicas.
La primera de ellas, a los ilustres Jefes de Estado, representantes de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y personalidades de países hermanos que nos acompañan.
Gracias, muchas gracias por vuestra presencia en un país en el que deseamos se sientan como en casa y por acompañarnos en esta jornada tan trascendente para el Uruguay.
Valoramos vuestra actitud y corresponderemos a ella instrumentando una política exterior independiente, de Estado y basada en:
· Primero, la adhesión al Derecho Internacional y especialmente el pleno respeto a la soberanía de los Estados; la defensa y promoción de los Derechos Humanos; la solución pacífica de controversias; el principio de no intervención; la autodeterminación de los pueblos; el universalismo en las relaciones internacionales y la defensa y promoción de la democracia.
Y desde el inicio de nuestro gobierno debe quedar bien claro, lo decimos con respeto, pero con la máxima firmeza: no toleraremos ingerencias externas en nuestros asuntos internos; los asuntos, decisiones y problemas de los uruguayos los resolvemos entre los uruguayos.
· Segundo, el firme rechazo a todo tipo de terrorismo, a todo tipo de terrorismo, violencia y discriminación.
· Tercero, el compromiso con el MERCOSUR y el carácter prioritario del proceso de integración como proyecto político estratégico en la agenda internacional del Uruguay.
Lo hemos dicho muchas veces y lo decimos ahora una vez más: el gobierno que hoy asume quiere más y mejor MERCOSUR.
Un MERCOSUR ampliado, redimensionado y fortalecido que será a su vez una plataforma más sólida para lograr una mejor inserción internacional tanto del bloque en sí como de todos sus integrantes.
· Cuarto, sin perjuicio de lo anterior, desarrollaremos activamente nuestras relaciones con todos los demás países latinoamericanos –todos, sin excepción alguna- pues de todos nos sentimos igualmente hermanos por nuestra común condición latinoamericana; aportaremos nuestra convicción y nuestra voluntad para dar un nuevo impulso a las Cumbres Iberoamericanas, a la rápida y mejor concreción del Tratado de Asociación con la Unión Europea, al mejor relacionamiento con otros bloques regionales ya existentes o en formación, así como al desarrollo de la cooperación sur – sur.
Nuestra integración al mundo tampoco ignorará la relación con los organismos financieros internacionales. También en este terreno, desde el cumplimiento de las obligaciones contraídas por el país, promoveremos una relación de mutuo respeto que tenga en cuenta las necesidades y el derecho al desarrollo de la sociedad uruguaya en su conjunto.
En fin, la política exterior del gobierno que hoy inicia sus tareas se nutrirá de las mejores tradiciones que hicieron del Uruguay, en el pasado, un país respetado por la comunidad internacional.
Respetado no por sus dimensiones ni su fuerza, sino por su actitud de vanguardia y por su coherencia en la afirmación de principios éticos, de derecho y de justicia, en la relación entre las naciones.
Rescataremos ese legado y daremos prioridad a las Naciones Unidas como ámbito de afirmación de la vigencia del derecho internacional y del multilateralismo.
Y en un mundo lacerado por la desigualdad y el hambre, comprometemos todos nuestros esfuerzos para que la Agenda del Desarrollo, que encuentra uno de sus principales fundamentos en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, sea preeminente frente a una Agenda de la Seguridad cuyos discutibles resultados están a la vista.
Señoras y Señores,
La segunda referencia que quiero hacer está dirigida a tres sectores específicos de la sociedad uruguaya: nuestros jóvenes, nuestras mujeres y nuestros compatriotas que viven en el exterior.
A nuestros jóvenes, no solamente porque son nuestro mejor vínculo con el futuro, sino también –y principalmente- porque son ellos mismos. No tenemos la ridícula y peligrosa pretensión de construir el futuro en nombre de los jóvenes, queremos sí construirlo junto a ellos; queremos contar con sus esperanzas, con su alegría y sobre todo con su rebeldía y su compromiso.
A las mujeres uruguayas, para quienes el “... no más deberes sin derechos ni derechos sin deberes....”, que en 1884 proclamara una trabajadora, lavandera, llamada Mercedes, sigue siendo un objetivo que compartimos y asumimos.
Y a nuestros compatriotas que viven en el exterior, porque la patria peregrina es peregrina, pero sobre todo es patria.
Señoras y Señores:
Entre las muchas peculiaridades que presenta la historia de las naciones latinoamericanas hay una especialmente trágica: la soledad en que murieron tantos precursores de nuestra independencia.
José Artigas fue uno de ellos. Traicionado y derrotado en 1820, vivió exiliado en nuestra hermana República del Paraguay, hasta su muerte en 1850. En cierta forma ese exilio fue una larga agonía, una crucifixión de 30 años que Artigas soportó en silencio, sin un lamento, sin un reproche.
Cuenta la historia que alguien fue a visitarlo atraído por su pasado como Jefe del Pueblo Oriental y Protector de los Pueblos Libres. Al recibirlo, el viejo General le preguntó con una mezcla de tristeza y picardía: “¿... Así que mi nombre todavía suena por allá ....?”
Señoras y Señores:
Siento que no puedo cerrar ésta intervención -seguramente la única que haré ante ustedes y en este recinto- sin responder la pregunta de nuestro padre.
¡Por cierto que su nombre “suena todavía” !!
Y suena fuerte.
El nombre de José Artigas nos impulsa y convoca.
Su ejemplo nos inspira y compromete.
Y en nombre de ese compromiso, al expresar ante ustedes mi fidelidad constitucional como Presidente de la República, los invito desde mis sentimientos, mis convicciones y mis responsabilidades, a trabajar juntos en la construcción de un Uruguay donde nacer no sea un problema, donde ser joven no sea sospechoso, donde envejecer no sea una condena.
Un Uruguay donde la alimentación, la educación, la salud y el trabajo decente sean derechos de todos y todos los días; un Uruguay confiado en si mismo; un Uruguay que recupere su capacidad de soñar y de hacer sus sueños realidad.
Muchas gracias.