Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Kendall: “Luchar contra el delito exige voluntad política”

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 23-02-2005 01:36:41

Reflexiones de un ex director de Interpol

PARIS.– Raymond Kendall jamás hubiera podido inspirar a Conan Doyle. A diferencia de Sherlock Holmes –que trabajaba por deducción–, este “superpolicía”, formado en las rigurosas normas de Scotland Yard, sólo cree en cuatro principios básicos: las virtudes del trabajo científico para combatir el delito, la persuasión para obtener el apoyo de la sociedad, la especialización y la actuación dentro del marco riguroso de la Justicia.

Después de haber dirigido Interpol de 1985 a 2000, Kendall aún no pudo disfrutar de su jubilación. Ahora, este inglés de 72 años tuvo que poner su experiencia al servicio de la reflexión: integra el Grupo de Madrid, que prepara un plan global de lucha contra el terrorismo, y preside el comité de control de la Comisión Antifraude de la Unión Europea.

Este nieto y padre de policía, que conoce 120 países y habla cinco idiomas –entre ellos, el swahili–, dedicó toda su vida a pensar en las formas de combatir el delito.

–¿De qué se ocupa, exactamente, Interpol?

–Del crimen organizado. Sus estatutos le prohíben intervenir en cuestiones políticas, militares o religiosas. Los temas políticos son materia de los servicios de inteligencia.

–Por lo tanto, las cuestiones de terrorismo político y religioso o las acciones de grupos guerrilleros o independentistas quedan excluidas de su área de intervención...

–Así fue hasta comienzos de los años 80. Por entonces, en Italia actuaban las Brigadas Rojas; en Francia, Acción Directa; en Alemania, Baader-Meinhof; en América latina, Sendero Luminoso y otras organizaciones, con diferentes motivaciones, pero igualmente terroristas. A partir de 1985, Interpol analizó la situación y se dijo: si un grupo asesina a alguien, se trata de un crimen; si alguien hace volar un edificio o secuestra un avión, se trata de un delito común. De modo que los analizaremos desde ese punto de vista y los clasificaremos como simples delitos. La motivación vendrá en segunda posición. De este modo, el terrorismo entró en los objetivos de Interpol. Ahora, un terrorista es para nosotros un criminal como cualquiera.

-¿Y qué cambió para la organización?

-Permitió una cooperación internacional que antes era imposible. En mis 30 años de Interpol aprendí que es mejor trabajar sobre aquellos puntos en los que la gente está de acuerdo en vez de insistir en las diferencias. Si uno intenta buscar acuerdos en el plano político, las cosas son mucho más difíciles.

-¿Es fácil la cooperación entre Interpol y los servicios secretos?

-Interpol no tiene contactos directos con esos servicios. La central de Lyon sólo actúa a través de las delegaciones nacionales de Interpol en cada país.

-¿La central de Interpol en Lyon escoge a los miembros en cada país?

-No. Como toda organización internacional, en esto también se respeta la soberanía nacional. En su país, por ejemplo, es el gobierno argentino el que decide quién integrará la oficina de Interpol. La mayoría de esas delegaciones operan dentro de las policías nacionales. Sin embargo, si un país decidiera poner esa oficina central en el seno de sus servicios secretos, nadie podría impedírselo. Cada vez que hay necesidad de un contacto con los servicios secretos de un país, es justamente esa oficina la que lo hará, y no la secretaría general desde Francia.

-¿Un país puede manipular a la secretaría general?

-Para evitar eso, hay que poseer una cierta información política del mundo. Puede ocurrir que un país pida que lancemos una orden internacional de detención contra uno de sus ciudadanos por malversación, fraude y estafa, cuando en verdad se trata de un disidente o un opositor político.

-Esa hipótesis muestra las dificultades que se plantean cuando la política se mezcla con la justicia.

-Justamente: cada vez que prevalecen las consideraciones políticas se suele salir del marco de la ley. En realidad, eso ocurrió con el caso Augusto Pinochet. No entiendo por qué cuando fue detenido en Gran Bretaña no se lo extraditó a España, un país con plena vigencia del Estado de Derecho que lo buscaba por asesinar a varios de sus ciudadanos. El problema es que la política cambia. No sólo cambia, sino que suele acomodarse hipócritamente a la situación del momento, mientras que una organización policial mundial tiene la obligación de ser pragmática. Si nosotros estuviéramos obligados a tener en cuenta todas esas diferencias, no podríamos trabajar. Por el contrario, los países "fuera de la ley" -como Irak, Libia, el Panamá de Noriega, incluso el Chile de Pinochet- siempre fueron miembros de Interpol. El primer pedido internacional de arresto contra Ben Laden fue lanzado por Libia en 1988, porque había asesinado a uno de sus policías. Por esa razón, Interpol no es una agencia de las Naciones Unidas. Si lo fuera, todas nuestras posibilidades de trabajar se complicarían por esas razones políticas.

-¿Ahora es más difícil que antes luchar contra el terrorismo?

-Siempre fue difícil. Primero, porque los servicios especializados están obligados a buscar esos terroristas entre miles de personas inocentes. Es como buscar una aguja en un pajar. El problema reside en que el núcleo duro de esos movimientos es muy pequeño. En el caso de los vascos de ETA, deben ser, como máximo, veinte personas. Imagínese cuán difícil es, entonces, en el caso del terrorismo islámico, donde aparecen dificultades suplementarias de idioma, de cultura y de religión. Las policías occidentales tienen poquísima gente capaz de infiltrar esas comunidades.

-¿Estados Unidos es el país más desarrollado en ese terreno?

-No. Hace unos años, antes de la guerra civil, Yugoslavia tenía una de las mejores policías científicas del mundo. Todo es cuestión de voluntad política, no de capacidad económica.

-¿Hay un núcleo duro de Al-Qaeda que dirige todas las operaciones internacionales o existen clones que asumen los mismos objetivos en diferentes partes del mundo?

-Para ser honesto, no lo sé. Si usted encuentra a alguien que afirma saber, no le crea. Lo único que sabemos es que Ben Laden existe, que Al-Qaeda existe y que, además, hay una enorme cantidad de grupúsculos que giran en esa galaxia. Es normal que haya contacto entre ellos. Pero nadie puede decir que hay una red mundial perfectamente estructurada o que Ben Laden imparte directamente sus instrucciones. Esto hace las cosas mucho más difíciles.

-¿Qué lazos existen entre terrorismo y crimen organizado?

-El terrorismo es una forma más de crimen organizado. El crimen organizado -ese que se ocupa del tráfico de droga o del blanqueo- trabaja 24 horas por día. Esa gente está todo el tiempo pensando cómo va a cometer un delito. Segundo punto importante: hace unos años, los terroristas contaban con el apoyo de varios países. Libia, por ejemplo, Siria, quizá, que proporcionaban armas y ayuda financiera. Ahora eso se terminó, debido a la presión internacional. Aquí es donde la policía tiene, quizás, un poco más de posibilidades, porque ahora los terroristas deben estrechar contactos con el crimen organizado. Y esto los vuelve mucho más vulnerables. En los últimos tiempos esas organizaciones están tomando contacto con los traficantes de armas de la criminalidad organizada. Cuando la droga viaja de América del Sur a Estados Unidos, por ejemplo, los movimientos insurgentes del continente suelen proveer de seguridad a los traficantes. De esta manera, consiguen fondos para comprar armas. Por eso hoy es imposible separar las investigaciones sobre terrorismo y sobre criminalidad organizada.

-¿Por qué aparecen nuevos senderos de tráfico de todo tipo? De droga, por ejemplo, como es el caso de la Argentina en la actualidad.

-Por la misma razón. Porque a medida que cambian las situaciones políticas o geopolíticas en una región, las mafias -que piensan día y noche nuevas formas de delito- se adaptan a las nuevas realidades.

-¿Los países deben crear policías especiales para luchar contra esas mafias?

-Todo lo que podía crearse en ese terreno ha sido inventado. El único requisito es que, para ser eficaz, un cuerpo policial debe estar perfectamente capacitado para la misión que se le confía. Pero, cualquiera sea ese cuerpo policial, su acción debe estar enmarcada por un Estado de Derecho y sometida a las leyes. Yo estoy a favor del respeto de los derechos humanos, pero reconozco que no siempre es fácil conciliar ese respeto con la necesidad de proteger a la población. En esos casos, siempre recurro al buen tino de los pueblos.

-Se afirma que el delito representa entre el tres y el seis por ciento de la actividad económica mundial.

-Es imposible dar cifras. Nadie las conoce con exactitud. No existe ninguna evaluación responsable.

-Hablemos de la droga. Usted, que siempre tuvo una actitud muy particular, dice: "No a la legalización. Sí a la despenalización del consumo y a la lucha contra el tráfico".

-El problema con la droga es el mismo que con el tabaco y con el alcohol: son sustancias nocivas. Un drogadicto, como un alcohólico o como un fumador compulsivo, necesita ser tratado, no arrestado. Al mismo tiempo, es necesario hacer campañas de información para sensibilizar y tomar medidas para que esas sustancias sean cada vez más inaccesibles. La legalización me parece absurda. No se puede legalizar una sustancia nociva. Ya tenemos el alcohol y el tabaco. No veo por qué habría que continuar envenenando a la gente. Pero la policía debería concentrarse en los dealers y en los traficantes, no en los consumidores. Por otro lado, las leyes que penalizan el consumo envían un mensaje equivocado a la población.

-¿Qué quiere decir?

-Una ley que penaliza el consumo es una ley destinada a ser violada cotidianamente. Esto significa entonces que si uno puede violar todo el tiempo una ley también puede violar todas las demás.

-¿Qué se necesita para ser un buen policía?

-Primero hay que creer en la naturaleza humana. La dificultad en esta profesión es la tendencia a ver todo lo malo de la sociedad. Así uno puede volverse un descreído, un neurótico o algo peor. Hay que ser muy equilibrado, buen observador y reconocer que en el mundo hay más gente honesta que deshonesta. La gente honesta sabe que todas las leyes que imponen obligaciones y limitan la libertad están hechas para aquel diez por ciento que actúa de manera ilegal. Todos los demás somos víctimas de ese diez por ciento. Pero las cosas mejoran. Los policías están cada vez mejor formados. Las buenas escuelas de policía enseñan el respeto a los derechos humanos, leyes, idiomas y, sobre todo, cómo establecer buenas relaciones con los demás. La razón es sencilla: la policía jamás podría funcionar sin la cooperación de la sociedad. Para ello, hay que tratar a la gente correctamente. Yo tengo horror de las policías paramilitares. Mi lema es: la policía, que representa la autoridad, jamás debe ser autoritaria.

Por Luisa Corradini
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=681897

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009