Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

“Hay en Kirchner una retórica preocupante”

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 29-01-2005 12:49:14

Vargas Llosa analiza la política nacional

“Hay un cierto orden en la Argentina que no había, lo que seguramente explica la popularidad del presidente Kirchner. Pero al mismo tiempo hay una retórica, unos gestos y unos desplantes que no dejan de ser preocupantes. Eso puede tener, quizá, beneficios políticos inmediatos, pero no en el mediano y largo plazo.”

La sólida presencia del escritor Mario Vargas Llosa en el escenario intelectual –desde la narrativa, el ensayo, la dramaturgia, el ensayo y el periodismo– le concede crédito suficiente para lanzarse con opinión crítica sobre los diversos acontecimientos de la actualidad.

Observador constante de la realidad latinoamericana, el fugaz paso del autor de “Conversación en la Catedral” por la política peruana también le permitió sumar elementos en el inagotable intento de comprender profundamente los matices de la sociedad en los distintos países de la región.

Por ello era dable esperar que durante la entrevista con LA NACION, Vargas Llosa subrayara: “En América latina necesitamos gobernantes muy responsables. Sobre todo, los gobernantes que se consideran de izquierda. Es importante que la izquierda también sea realista y sensata en América latina".

El narrador peruano-español llegó a Buenos Aires para asistir a la reposición teatral de su obra "La señorita de Tacna", protagonizada por Norma Aleandro, y para recibir el Premio Konex Mercosur, entregado ayer por la Fundación Konex, en un acto en el que destacó "el barniz de ciudad literaria" que tiene Buenos Aires. El mismo reconocimiento recibirán otros conspicuos escritores de la región, como Augusto Roa Bastos, Rubem Fonseca, Idea Vilariño, Nicanor Parra y Néstor Taboada Terán.

-Hace un año, en la Feria del Libro de Guadalajara, usted fue crítico con el presidente Kirchner. Lo definió como demagogo. ¿Sigue pensando igual?

-Mire, hay un cierto orden hoy en la Argentina que antes no había, lo que seguramente explica la popularidad del presidente Kirchner. Eso, pues, hay que celebrarlo, luego de la situación caótica y el desbarajuste terrible que hubo. Al mismo tiempo, eso está mantenido en medidas responsables. Tiene un ministro de Economía que parece una persona muy responsable y que no está cayendo en el peligrosísimo populismo que tanto ha hecho padecer a la Argentina. Pero también hay una retórica, unos gestos y unos desplantes que no dejan de ser preocupantes. Eso puede tener, quizá, beneficios políticos inmediatos, pero no en el mediano y largo plazo. Necesitamos gobernantes muy responsables. Sobre todo, gobernantes que se consideran de izquierda. Es importante que la izquierda sea realista y sensata también en América latina. Que siga los ejemplos de la izquierda europea. En la mayor parte de los países europeos, hoy hay gobiernos de izquierda o de centroizquierda que hacen políticas liberales. En España, en Inglaterra, eso ha tenido resultados enormemente positivos para el desarrollo y el progreso. En América latina, hay un caso interesante: el de Lula, en Brasil. Está en la senda de un Felipe González, de un Tony Blair o de un Rodríguez Zapatero. Aunque de a ratos utiliza una retórica un poco demagógica y populista, está en un buen camino. Eso nos gustaría también ver en el presidente Kirchner.

-¿Le preocupa el peronismo como partido único en la Argentina?

-Sin ninguna duda. Yo confieso mi perplejidad ante el fenómeno del peronismo. Es muy difícil de entender. Hoy, la Argentina sería probablemente uno de los países más ricos y poderosos del planeta, como lo fue en un momento de su historia. Siempre recuerdo que cuando las tres cuartas partes de Europa eran subdesarrolladas, este país era desarrollado. No sólo por la potencia de su industria, sino porque su educación era una de las más eficientes del mundo. Era uno de los países más cultos y mejor educados del planeta. Es muy triste, como he visto yo anoche, ver a la gente escarbando la basura en Buenos Aires. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido ocurrir este derrumbe? Ha habido allí una responsabilidad del peronismo. Claro que también la hubo de las dictaduras militares. Pero el peronismo lleva a la Argentina en sus hombros hace muchísimos años. Y, pese a ello, hay una lealtad, una confianza de una masa enorme de argentinos. ¿Cómo uno no se va a sentir perplejo y completamente confundido?

-Usted es un intelectual que participa de distintos foros en muchos países. ¿Cuál es la imagen que la Argentina tiene hoy en el exterior?

-En Europa, donde paso la mayor parte de mi tiempo, por un lado está Borges, una sombra que crece con el tiempo, que cada vez es más influyente y ya adquirió la condición de un clásico. Mucho más rápido que cualquiera de sus contemporáneos. Y, por otra parte, están los US$ 150.000 millones de la deuda externa argentina, que crece tanto como ha crecido el prestigio de Borges, pero que provoca estupefacción. ¿Cómo fue posible esto? Pero uno llega a Buenos Aires y hay una vitalidad extraordinaria. La vida cultural es muy interesante y con la crisis se ha robustecido. La ciudad respira energía. No hay que perder la esperanza.

-Usted conoció a Juan Carlos Blumberg, el ciudadano argentino que se convirtió en un adalid civil a partir del asesinato de su hijo, Axel. ¿Qué opinión tiene sobre este tipo de liderazgos?

-Lo conocí en Madrid y me impresionó mucho su historia. Me la contó él mismo. Me pareció magnífico que encarnara a la sociedad civil en movimiento y en acción. Ese es uno de los canales a través del cual la sociedad civil puede intervenir, ayudando a los gobiernos, o frenando y corrigiendo sus estropicios. Es admirable su coraje cívico.

-¿Lo preocupa la proximidad del presidente Kirchner con Hugo Chávez y Fidel Castro?

-Me preocupa mucho su cercanía. Castro es el dictador más longevo de la historia de América latina. Tiene ese récord. Y por desgracia, Chávez es su discípulo, que quiere hacer de Venezuela una segunda Cuba. Además, está desquiciando a América latina, ayudando a los movimientos subversivos. Los humalas, en Perú, han reconocido que recibían ayuda del señor Chávez. Se sabe que también asiste a las FARC, en Colombia. En Bolivia, Evo Morales ha sido uno de sus protegidos. Al señor Chávez hay que pararle las manos. Hay que frenarlo, porque puede ser un factor de demolición, no sólo para la democracia venezolana, sino para el resto del continente. El acercamiento a Chávez es muy peligroso desde el punto de vista de la democracia.

-¿Es usted partidario de que el arte, la literatura y la cultura estén dotados de contenido político?

-Ni el arte ni la literatura ni la cultura pueden despojarse de contenido político, como no pueden apartarse de ninguna de las manifestaciones de la vida. El arte y la literatura son expresiones con lenguaje propio, pero lo que está detrás de ellos es la vida. Y no se puede excluir de la vida a la política, que es la organización de la comunidad, lo que hace que una sociedad avance o retroceda, produzca la paz o la violencia. Todo eso no puede estar excluido de la creación artística. Cuando la política es monopolio de una clase de políticos se convierte en un mero pragmatismo, una técnica desprovista de imaginación y de creatividad. No hay democracia que pueda funcionar sin ideas, sin imaginación, sin una constante autocrítica, sin una permanente revisión de sí misma. Para ello es necesario la participación de todos. Quienes se supone que son los profesionales de la imaginación y de la visión crítica no pueden exonerarse de la política. Al final, las obras más perdurables también son, de alguna manera, políticas, pues describen inevitablemente lo que es la vida en sociedad. Hay también un tipo de arte propagandístico, que es muy efímero, con algunos casos excepcionales de artistas, como fue Brecht.

-Las democracias latinoamericanas no parecen requerir mucho la opinión de sus intelectuales.

-El problema con los gobiernos es que quieren instrumentalizar a los intelectuales. Cuando se acercan a ellos es para ponerlos a su servicio. Eso provoca, salvo en el caso de los intelectuales oportunistas, un movimiento de rechazo muy justificado. Un intelectual debe mantener su independencia del poder. Sin esa independencia, no se puede ejercer una función crítica ni en el arte ni en la literatura y se corre un gran riesgo de ser instrumentalizado. Pero en América latina, quizá, lo más grave es el infinito desconocimiento -para no decir el infinito desprecio- por la vida cultural. Hay muy poca inversión en cultura, En general, la cultura es la última rueda del coche. Parece lo prescindible, una especie de lujo prescindible, lo cual es una gran tontería, pues la cultura es un elemento vital, un alimento fundamental para el progreso de una sociedad.

-¿Cómo define usted un clásico?

-Es una obra o un autor al que el veredicto de las generaciones eterniza como una fuente de sabiduría, de placer. Al que generaciones de lectores entronizan como dueño de un canon imposible de desconocer aun cuando se lo rechace. Un clásico es esa idea de permanencia, lo que trasciende las modas, las circunstancias, todo lo pasajero en estética y en moral. Y eso sólo el tiempo lo determina, porque el veredicto de los contemporáneos no basta nunca.

-¿Cuál de sus libros le gustaría que se convirtiera en un clásico?

-Si tuviera que elegir me gustaría que quedara "Conversación en La Catedral". Es la que me costó más trabajo, en la que estuve más perdido durante mucho tiempo antes de encontrar una fórmula que me permitiera apresar toda esa numerosa humanidad que allí aparece. La obra desborda lo local, porque el fenómeno que describe es el que, por desgracia, han vivido muchos países latinoamericanos: el autoritarismo y todo lo que significa un régimen autoritario para todas las formas de vida en una sociedad. Una dictadura puede envilecer el amor, la actividad profesional, la universidad.

-En "La tentación de lo imposible", su reciente ensayo publicado en la Argentina, aborda usted a Victor Hugo y su obra "Los miserables". ¿Qué fue lo que más lo conmovió de su investigación?

-Victor Hugo, un personaje deslumbrante, una fuerza de la naturaleza. Es un caso realmente único. Cuando era un adolescente escribió miles de versos, era famoso y vivía de sus libros. Algo inconcebible para su época, pues no tenía fortuna y su familia había caído en desgracia. Sin embargo, consiguió vivir de lo que escribía. Victor Hugo es un profesional de las letras. Estaba dotado de una facilidad fuera de lo común. Podía escribir una obra de teatro en una semana o una novela en poco tiempo. Y era, también, un trabajador incansable, con gran disciplina. Yo admiro mucho eso en los escritores. Lo maravilloso es que vivía para la literatura al mismo tiempo que vivía con intensidad fuera de la literatura. Vivía su vida familiar, amorosa, su vida pública, de ciudadano. Estuvo prácticamente involucrado en todos los acontecimientos históricos de su época. Incluso desde niño, porque su padre era uno de los generales de Napoleón, enviado a España. Victor Hugo aprendió español y de esta lengua sacó mitos, personajes, leyendas, sin los cuales el romanticismo no hubiera sido lo que fue. La obra de Victor Hugo está plagada de temas y personajes tomados de la historia y la mitología española. Pese a ser uno de los grandes maestros de la lengua francesa, no hubiera escrito por lo menos la mitad de su obra sin la influencia española. España le dio una idea profundamente romántica de la vida como aventura, del individuo como protagonista principal. El español fue su lengua secreta, que le permitía registrar lo prohibido. En sus diarios, todas las picardías y los excesos que se permitía los escribía en español. Sobre todo, en los diarios del exilio, que son secretos, contaba en nuestro idioma las libertades que se permitía con el servicio doméstico. El español fue la lengua del pecado y de la libertad para Victor Hugo.

-¿Y para Vargas Llosa?

-Yo utilizo la lengua con absoluta libertad, pero en otro contexto, donde no tiene mucho mérito. En el siglo XIX, sí tenía importancia, sobre todo tratándose de una figura respetada desde el punto de vista intelectual y político. A pesar de ser un escritor con una obra caudalosa, Victor Hugo vivió intensamente su tiempo, no se exoneró prácticamente de ninguna experiencia fundamental: viajes, amores, pasiones y la aventura política. Fue un gran mentor ideológico, y todo eso lo canalizó hacia la literatura. Fue, además, un escritor convencido de que la literatura no es sólo una elevada forma de entretenimiento, sino que era fundamental para cambiar la vida y la sociedad, incluso para explorar la trascendencia. El estaba convencido de que "Los miserables" era una obra religiosa que exploraba el tema de la redención, de la superación espiritual y moral del ser humano. De ahí nació esa locura a la que le dedicó unos 14 años al final de su vida. Quería demostrar que en un momento Dios perdonaría al diablo, y desaparecería la idea de la caída y el pecado. Creía que sólo habría paz y felicidad en la ultratumba.

-¿Integra su ensayo sobre Victor Hugo una trilogía con sus anteriores obras críticas sobre García Márquez y Flaubert?

-Pues yo creo que sí. De alguna manera, están en la misma línea. Son monografías sobre un libro, un momento creativo. Y hay una continuidad para deslindar lo que es la realidad y la ficción, y las relaciones entre ambas. Justamente, la importancia de esas obras está en la autonomía que los autores consiguieron darles, tanto a "Madame Bovary" como a "Los miserables". La crítica es una dimensión de la creatividad y de la imaginación, aunque yo en mis obras críticas me tomo muchas libertades.

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=675101

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009