Por Patricio Arana
Para LA NACION
BRUSELAS.– Fue hasta fin de 2004 el encargado de los temas de comercio exterior de la Unión Europea, pero su carrera no parece haber concluido con ese cargo, dado que se lo menciona como candidato a presidir la Organización Mundial de Comercio.
Pascal Lamy, de 57 años, fue el brazo derecho del socialista Jacques Delors, tres veces consecutivas presidente de la Comisión Europea. Al frente del comercio exterior desde 1999, Lamy dejó su puesto con un balance con debes y haberes. El mismo reconoce que le quedaron algunos temas pendientes: “Me hubiera gustado lograr, por ejemplo, un acuerdo con el Mercosur. No hice todo lo que hubiera querido, pero en conjunto, en los grandes objetivos, me han expresado cierta satisfacción los resultados.
–Los negociadores del Mercosur y usted habían fijado el 31 de octubre de 2004 como fecha para concluir un acuerdo entre los dos bloques. ¿Por qué no fue posible firmarlo?
-Creo que lo que nos fijamos como objetivo fue más complicado que lo que esperábamos. No hubiera correspondido al nivel de acuerdo que nos habíamos impuesto, a la ambición que teníamos y creo que tampoco correspondía a la ambición que se plantearon en el Mercosur. Si comparo el proceso de gestación de esta negociación con las que llevé a cabo con México, Chile o Sudáfrica, el Mercosur es un animal de una categoría diferente. De todas maneras una negociación no es un calendario; lo que cuenta son los resultados. Potencialmente, están ahí. Mi sucesor concluirá la negociación con el Mercosur, como yo tuve que concluir las negociaciones que había comenzado mi antecesor.
-¿Qué animal sería el Mercosur?
-El Mercosur es un animal que se está haciendo. En muchas ocasiones tuve el sentimiento de que el Mercosur se construyó con vistas a esta negociación. Hay que tener en cuenta que la Unión Europea más el Mercosur representan la zona de libre intercambio más grande del mundo, con unos 670 millones de habitantes. El Cono Sur es muy importante para la Unión Europea. Sólo el océano Atlántico hace que esa región no forme parte de la política de vecindad de la Unión. La Argentina y Brasil son países cercanos en términos culturales, históricos, lingüísticos y económicos, y hay que subrayar que la UE es el primer inversor y socio comercial de la región.
-¿No cree que hubiera sido más simple firmar acuerdos bilaterales?
-Pero hicimos una apuesta a mediano y largo plazo en favor de la integración amplia. En ciertas ocasiones, algunos países del Mercosur me han sugerido continuar con las negociaciones de manera bilateral. Yo me opuse. En Europa queremos permanecer fieles a ese punto de vista estratégico, que para nosotros tiene un cierto precio. Que el Mercosur exista como una zona económica integrada tiene repercusiones sobre las negociaciones comerciales, pero es un precio que estamos dispuestos a pagar. Hace mucho tiempo que optamos por un Mercosur integrado. Incluso en momentos en que no éramos muchos los que apostábamos en favor de esa posibilidad. Cuando viajaba a la Argentina o Brasil en 2001 y 2002 y hablaba sobre el Mercosur y la Unión me hacían sentir que yo estaba un poco desfasado de la realidad.
-¿El Mercosur y la Unión Europea están lejos de alcanzar un acuerdo?
-No llegamos aún a un nivel de madurez en esta negociación que nos permitiría poner en un papel un acuerdo general que pueda ser aceptado. Lo que tengo como propuesta de parte del Mercosur no me permite ponerlo en un papel para presentarlo a los nuestros. Me dicen, y les creo, que lo que hay en la mesa de parte de la Unión no los satisface. Pero llegaremos al acuerdo en algún momento, porque es así como se logran las negociaciones comerciales. Se logran cuando se presenta una propuesta que no perjudica a las dos partes. Es un juego a suma positiva.
-¿Por qué resulta tan difícil lograr un acuerdo que satisfaga a las dos partes?
-Hay que subrayar que los del Mercosur son países importantes, herederos de un modelo de gobierno económico muy regulado, con una intervención del Estado, del legislador, de la Constitución, de las colectividades locales. Esto es un problema, en la medida en que gran parte de lo que nos interesa en términos de acceso al mercado está focalizado en el sector de los servicios, en las reglas relativas a las inversiones y las compras públicas. Estos son rubros en los que la herencia reglamentarista de esas economías es muy difícil de cambiar.
-Pero se han registrado avances en esos temas; Brasil aceptó hacer concesiones sobre las compras públicas?
-En varias ocasiones me han repetido que se iban a hacer, sí? pero más adelante. Pero esos cambios son necesarios ahora, porque si doy acceso a mi mercado no lo doy para más adelante. Debe tener un efecto inmediato. Existe una asimetría que estamos dispuestos a tomar en cuenta en la estructura final del acuerdo, porque son países emergentes, aunque con un potencial económico importante.
-¿Son realmente países emergentes los del Mercosur?
-En términos de desarrollo económico, Brasil y la Argentina están más cerca de China que de Etiopía. Luego de períodos económicos difíciles, como los que atravesaron Brasil y la Argentina en los últimos años, hay una especie de optimismo vinculado con la coyuntura internacional. La estructura de las exportaciones de esos países en esta coyuntura hace que la presión del comercio exterior se traduzca en un crecimiento estable.
-¿Cree que su sucesor podrá lograr un acuerdo, sabiendo que la UE tiene hoy 25 miembros?
-Una Europa de 25 miembros no representa ningún problema. Es, quizás, hasta más interesante para los exportadores del Mercosur, ya que tendrían acceso a un mercado de 25 países. Las exportaciones del Mercosur hacia la UE en los últimos años han ido en aumento. En los últimos cinco años, en un sector tan sensible como la agricultura aumentaron un 40% en dirección a la UE. Pasamos de comprar por 10.000 millones de euros a hacerlo por 14.000 o 15.000 millones.
-Pero sigue habiendo una demanda, de las naciones sudamericanas, de que se abra el mercado agrícola y de que los europeos pongan fin a las subvenciones?
-Estamos dispuestos a hacer esfuerzos. Comprendo las dificultades de los países del Mercosur, ya que dentro de ese mercado común el sistema es muy complejo. Al ver los problemas de exportaciones de automóviles entre Brasil y la Argentina, comprendo que tengan dificultades para negociar con nosotros.
-¿Cree que los europeos eliminarán sus subvenciones a la exportación?
-Eliminaremos las subvenciones a la exportación. Tomamos esa decisión y fue aceptada en el plano multilateral. Tomamos las decisiones sobre las subvenciones en función de nuestros propios intereses y de los de la OMC. Pero el problema de las subvenciones europeas a la agricultura no es un tema que esté dentro de las negociaciones. Este paso lo hicimos dentro de un marco multilateral del que podrán beneficiarse el Mercosur y también otros países.
-La prensa y círculos oficiales del Mercosur lo califican a usted como un negociador muy rígido. ¿Cree usted que del lado del Mercosur hay o hubo algún negociador más difícil que otro?
-No voy a comentar sobre eso. Jamás puse a la Argentina en contra de Brasil. En Europa estamos bastante bien ubicados para saber quién está en contacto con quién, como por ejemplo cuando Brasil y la Argentina toman contacto con los Estados miembros de la UE para decirles que el comisario europeo debería hacer esto o lo otro. No soy idiota hasta el punto de pensar que eso no pasa. Pero no es un principio de conducta en las negociaciones. Tomo al Mercosur como es. Hay un jefe negociador que cambia cada seis meses y me dirijo a él. Si proseguimos con este objetivo geopolítico que es la integración económica y política de las dos regiones, no voy a hacer lo contrario pidiéndoles a los del Mercosur que le pongan palos en la rueda al vecino.
-¿Qué le falta al Mercosur?
-Le falta experiencia. No dedicaron suficientes recursos intelectuales, políticos y económicos para definir cuál es el mejor camino en el mundo de hoy. Las instituciones no se desarrollaron lo suficiente. También hay que destacar las importantes asimetrías entre los países miembros del Mercosur.
-¿Qué dificultades traen esas asimetrías?
-Mi experiencia en la integración regional me dice que los más grandes deben hacer más concesiones que los otros. Con el tiempo podrán recolectar los frutos de las concesiones de hoy, centuplicadas. Es necesario que Brasil acepte que debe dar mucho para recibir mucho más en el futuro. Pero esto no está arraigado en su cultura administrativa.
-Estando al frente del comercio exterior de la Unión Europea usted pudo observar el colapso de la Argentina. ¿Cómo la ve hoy?
-Las cosas van mejor. No temo por la democracia en la Argentina. Creo que está bien arraigada. En cuanto a la recomposición de las fuerzas políticas y todo lo que son las diversas reencarnaciones, medio psicóticas, del espíritu peronista, pienso que en la articulación entre la sociedad civil y la sociedad política hubo progresos. Desde el punto de vista económico, todo fue solucionado de una manera más bien positiva. Habría preferido que la Unión Europea hubiera tenido en el FMI el mismo tipo de peso que en materia comercial. Estoy persuadido de que para la Argentina, teniendo en cuenta los problemas económicos y políticos que conoció, la única salida y el camino más corto para restaurar la credibilidad económica y financiera internacional es la integración regional. Esa pertenencia a ciertas disciplinas da a los operadores externos el sentimiento de que las señales negativas, que fueron emitidas en varias ocasiones sobre la deuda, la conducción de la economía, el sistema político, ya no son de actualidad. La integración regional es para nosotros un concepto operatorio en la estructuración de nuestras relaciones. Si hay un lugar en donde efectivamente podemos lograr algo importante es en América del Sur.
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