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"La desigualdad es la mayor amenaza"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 29-12-2004 10:10:43

Boutros-Ghali define los retos del planeta

PARIS.– Como la diosa Isis de sus ancestros, el egipcio Boutros Boutros-Ghali ha decidido que la vida es eterna. A los 83 años, este ex secretario general de las Naciones Unidas (1992-97) insiste en mantener una frenética actividad que lo lleva, cada semana, a apartados puntos del planeta y que vuelve locos a sus colaboradores.

Diplomático, jurista, docente universitario, autor de más de cien libros, Boutros-Ghali nació, por azar, en Hanoi, Vietnam, en el seno de una prestigiosa familia copta. Antes de llegar a las máximas funciones de la ONU, trabajó en la diplomacia egipcia durante quince años. Actualmente es presidente de la comisión nacional egipcia de derechos humanos, del Panel Internacional Democracia y Desarrollo, de la Unesco, y miembro de numerosas organizaciones no gubernamentales.

¿Cuándo va a parar? “Nunca. El poder vuelve loco: es como una droga”, confiesa a LA NACION.

Boutros-Ghali no oculta que la mayor de sus frustraciones fue no haber podido ejercer un segundo mandato como secretario general de la ONU. Su alejamiento fue provocado por Estados Unidos. "Es demasiado tercermundista", fue el argumento de Washington. Tuvo que dejar su puesto a Kofi Annan, de Ghana. Ese fue el precio por sus enfrentamientos con Madeleine Albright -por entonces, embajadora de los Estados Unidos en la ONU- y con Warren Christopher, el secretario de Estado "cuya mayor virtud era el corte impecable de sus trajes", según dijo años después.

-Cuando usted fue secretario general de la ONU, los demócratas le hicieron la vida imposible. Ahora es el turno de Kofi Annan con los republicanos. Entre ese puesto y Washington parece haber una pulseada permanente que consigue paralizar la organización. ¿Cuál es la solución?

-En sus 55 años de existencia, la ONU vivió numerosas crisis. Lo que sucede hoy es una nueva crisis. Pero la ONU siempre consiguió sobreponerse. Para que ahora sobreviva hay dos posibilidades. Una, acaso la más importante, es que Estados Unidos cambie de política. No es imposible. Le recuerdo que fue el presidente Woodrow Wilson, en 1919, quien creó la Sociedad de Naciones y que fue Franklin D. Roosevelt quien promovió la ONU. Hay una gran tradición en Estados Unidos en favor del multilateralismo, de la colaboración interestatal y de la democracia mundial. Quizás, en los próximos años, Estados Unidos podría tener un presidente que se diera cuenta de que el interés del pueblo norteamericano es utilizar un sistema multilateral, para consultar y colaborar con otros Estados. Algún día se darán cuenta, por fin, de que no tienen los medios para ser los gendarmes del planeta. La segunda alternativa es que, en los próximos años, aparezcan nuevas superpotencias que actúen como contrapoder. Entre ellas, puedo mencionar China, India, la Unión Europea, cuando termine su proceso de integración y comience a tener una verdadera política exterior común, y Rusia.

-¿Tiene posibilidades de recuperarse después del derrumbe soviético?

-Déjeme recordarle que las tropas nazis estaban a las puertas de Moscú en 1941. Apenas quince años más tarde, la URSS volvía a ser una gran potencia. Rusia tiene la voluntad política y la posición geopolítica ideal entre Asia y Africa. Además, cuenta con riquezas, un equipo dirigente y una tradición de jugar un papel ecuménico que viene del tiempo de los zares. Cuando aparezcan esos contrapoderes, volveremos a un mínimo de democracia. Siempre defendí esa idea. Si no conseguimos democratizar la globalización, ese fenómeno terminará por demoler las democracias nacionales. No sirve de nada tratar de alentar la democracia en América latina, en Africa o en el mundo árabe si no se tiene una democracia en lo alto de la pirámide.

-¿Por qué?

-Porque el poder del Estado disminuye paulatinamente por culpa de la globalización. A medida que ese poder disminuye, se desplaza hacia una autoridad mundial. Y si esa autoridad mundial no es democrática, imagínese los peligros que entraña. Cuando yo era secretario general de la ONU también impulsé una reforma de la organización. Por entonces, había tres puntos de acuerdo: la reforma era necesaria, la democratización era necesaria, pero la ampliación del Consejo de Seguridad no debía ser demasiado importante para que no entorpeciera su acción. Mi equipo también había llegado a una cuarta unanimidad: el necesario equilibrio entre los Estados ricos y los pobres dentro del Consejo. Pero el problema era quién representaría a los Estados pobres.

-¿Quizá la representación podría hacerse por bloques, como plantea México en este momento?

-Sí, por bloques, pero tomemos el caso de América latina: ¿quién escogerá su representante?

-La región escogería a su representante en forma rotativa...

-¡Pero usted no puede imaginarse un pequeño Estado de América Central representando a la totalidad de América latina en el Consejo de Seguridad! Hasta hoy, no hemos conseguido resolver esa cuestión. ¿Será la Argentina, será México o será Brasil? La misma cuestión se plantea en Africa: ¿será Egipto, Africa del Sur, Nigeria?

-¿Cuál es su opinión sobre el proyecto de reforma de la ONU presentado por el secretario general, Kofi Annan?

-Se trata de un informe cuyas ideas no son nuevas. El habla de un cambio en la composición del Consejo de Seguridad y propone dos fórmulas. En la primera, a los cinco miembros permanentes actuales, que tienen derecho de veto, se agregarían otros miembros permanentes, pero sin ese derecho. No me parece que esa fórmula vaya a ser aceptada por numerosos Estados. En la segunda fórmula no se dice una palabra sobre una posible limitación del derecho de veto. Por otro lado, se amplia el concepto de seguridad. Ya no se trata de "seguridad para los Estados", sino de "seguridad humana". Esto representa, para mí, un peligro, pues quiere decir que el Consejo de Seguridad pasará a ocuparse de problemas socioeconómicos: crisis económicas graves en un país, hambrunas, calamidades, etcétera. En todo caso, esto estaría sometido al derecho de veto. En resumen, es un proyecto que agrava el control del mundo por parte de las potencias. Ultimo punto, extremadamente peligroso: la utilización de la fuerza para una acción preventiva. Sobre esto el texto no es muy claro, pero parece insinuar que, en algunos casos, se aceptaría la intervención preventiva. Yo diría más: una acción coercitivo-preventiva, que aumenta aún más el poder de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

-En otras palabras, ¿éste es un documento de compromiso?

-Es un esfuerzo. No es el primero.

-Hay quienes opinan -entre ellos, Jacques Attali- que dentro de algunas décadas habrá un gobierno mundial liderado por la ONU. ¿Usted también lo cree?

-Sí. Creo que así será. Dentro de 20, 30 o 40 años el mundo tendrá ese gobierno planetario.

-¿Cuál es, para usted, el peligro más grande que acecha hoy al planeta?

-Las desigualdades cada vez más grandes entre el Sur y el Norte. Déjeme darle algunas cifras sobre los países de la cuenca del Mediterráneo: en el Norte, la Unión Europea; en el Sur, los países árabes de Africa. Extienda esto al resto del planeta, pues el modelo se repite sin excepciones. La población del Norte nacida entre 1950 y 2000 aumentó un treinta por ciento; en el Sur, aumentó un 150 por ciento. En los próximos 50 años, la demografía europea disminuirá un 17%, por causa del envejecimiento de la población. Europa estará obligada a recibir 1.600.000 inmigrantes por año para mantener la tasa actual de crecimiento. El norte del Mediterráneo representa el 15% del comercio mundial; el Sur, menos del tres por ciento. En términos de producto bruto interno, el Norte pesa cinco veces más que el Sur. Naturalmente, estos fenómenos crean una inestabilidad social y política en el Sur. Todo esto provoca un repliegue cultural. En otras palabras, fundamentalismo y fanatismo. Una tercera consecuencia es el aumento permanente de la demanda migratoria.

-Y un riesgo de guerra de civilizaciones...

-También hay entre estas dos regiones una tercera fractura, que es religiosa: por primera vez desde la Edad Media, el islam se ha transformado en una realidad en la Europa cristiana. Naturalmente, este encuentro entre dos religiones diferentes volverá a plantear serios problemas. Una última y cuarta fractura: la política. En el Sur hay una realidad marcada por los conflictos: Irak, los países árabes con Israel y muchos otros que podrían estallar por culpa de la distribución del agua y de otros recursos naturales. Imagínese: en Europa, los diez Estados que acaban de incorporarse a la UE recibirán 40.000 millones de euros por subvenciones, hasta 2006. Entre 1992 y 1998, los países del sur del Mediterráneo sólo recibieron 753 millones de dólares. Esto quiere decir medio euro de ayuda por habitante para el Sur, contra 185 euros por habitante para el este de Europa.

-Este es, sin duda, un grave problema a mediano plazo. Pero ¿y las crisis actuales? ¿La guerra de Irak, por ejemplo? ¿Cuál fue, para usted, la verdadera razón de Estados Unidos para hacer esa guerra?

-Hay varias interpretaciones. Yo prefiero aquella según la cual Estados Unidos debía realizar una acción absolutamente espectacular después del 11 de septiembre. Yo la llamaría "la razón psicopolítica fundamental".

-Y ahora, ¿cree que habrá elecciones?

-Lo espero. Esa es la única forma de darle legitimidad al gobierno iraquí. Será la única forma de dar un auténtico poder a los iraquíes. Ese día serán capaces de hallar una solución a sus problemas.

-Pero ¿cómo organizar esas elecciones?

-Hubo elecciones en situaciones extremadamente difíciles en otras partes del mundo. En Camboya, por ejemplo, se temió hasta último momento una intervención del Khmer Rojo. Las elecciones en El Salvador fueron lo mismo. Naturalmente, no estoy diciendo que la situación sea fácil en Irak. Pero, por el momento, no veo otra solución posible. Irak tiene un pueblo extremadamente civilizado, que obtuvo su independencia antes que todos los demás países árabes. Esto se olvida. Irak estuvo presente en la Sociedad de Naciones antes que todos los demás países árabes, antes que Egipto. Irak es uno de los países más ricos. Tiene petróleo y ríos, mientras que otros tienen ríos y no tienen petróleo, o viceversa. Hay un proverbio egipcio que dice: "Se escribe en Egipto, se imprime en el Líbano y se lee en Irak". Es un país muy avanzado. Tendrá violencia, conflictos internos... pero es problema de ellos. Ellos los tienen que resolver.

-Pero si Estados Unidos se fuera, ¿no cree usted que la región está suficientemente desestabilizada como para que estalle un conflicto general?

-No, no lo creo. Tampoco creo que sea necesaria una presencia internacional. Los estadounidenses deberían retirarse y dejar que Irak se reorganizara solo.

-¿Y Siria e Irán? ¿Qué pasará con las pretensiones regionales de esos países?

-Irán tiene su petróleo. Las cosas marchan. Siria también marcha normalmente.

-Pero, mientras tanto, mantiene su ocupación sobre el Líbano y tiene grandes ambiciones regionales... ¿Eso a usted no le molesta?

-Usted evoca una visión eurocéntrica. La historia de América latina es una historia de intervenciones y de dictaduras que existieron y que dejaron de existir. Sus países se independizaron a comienzos del siglo XIX. Cuando yo fui a esa región en 1980, todos los regímenes eran militares. Ahora todo cambió. No se puede pretender que Medio Oriente viva una situación política similar a la de Europa. Medio Oriente obtuvo su independencia hace menos de 50 años, como Africa. Se trata de una región que será inevitablemente inestable durante cierto tiempo, antes de llegar a la estabilidad que vive actualmente Europa. No hay que ver lo que sucede en Medio Oriente con una mirada pesimista.

-¿Y el integrismo?

-El integrismo existió en Egipto desde comienzos de siglo. Hubo movimientos integristas y revoluciones en Somalia y en Sudán. El fundamentalismo no es nuevo, y actualmente hay un nuevo fundamentalismo cristiano, otro hindú y otro judío. Todo esto responde, para mí, a la mundialización. El ciudadano medio no comprende la mundialización. Le tiene miedo. Cuando ve por televisión el genocidio en Ruanda u otro drama, se produce en él un repliegue cultural, cuya respuesta es: "Quiero regresar a mi pueblo, a mi familia, a mi religión y olvidarme del resto del mundo".

-Pero no toda la gente que rechaza la globalización se repliega de ese modo...

-No, no he dicho eso. El fundamentalismo, en el cual se manifiesta el terrorismo, es un pequeño sector. Antes estaban la banda Baader-Meinhoff en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, ETA en el País Vasco, Tupamaros en Uruguay. Esto no es nuevo. Todo el mundo hace un drama por el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Es verdad: fue muy espectacular. Pero hubo muchos más muertos por el terrorismo en Colombia o en Sri Lanka que los muertos de las dos torres de Nueva York. Yo quisiera poner las cosas en su verdadera perspectiva.

-¿Cree usted que con la desaparición de Yasser Arafat cambiarán las cosas en el conflicto entre Israel y Palestina?

-Es un proceso muy largo, que requerirá muchos años de esfuerzo. Yo no veo la solución en forma inminente. Entre israelíes y árabes será necesaria una nueva generación para establecer una paz verdadera.

-Usted era el canciller del presidente Anwar el-Sadat cuando él firmó la paz con Israel. Poco después lo mataron. ¿Quién lo mató? Nunca se supo oficialmente.

-Los fundamentalistas. Los mismos que mataron a mi abuelo, que era primer ministro en 1910. Y al primer ministro de Egipto, Ahmed Maher Pacha, en 1945, en pleno Parlamento. Egipto ha padecido el terrorismo mucho más que los estadounidenses o los europeos. Y en aquellos momentos Estados Unidos y Europa cerraban los ojos y ofrecían refugio político a esos fundamentalistas. Ellos depositaban su dinero en los bancos europeos y recibían armas de Europa.

-Usted escribió el famoso discurso que El-Sadat pronunció ante el Parlamento israelí cuando firmó la paz con ese país.

-Le voy a hacer una confidencia. Es verdad: yo escribí el discurso. Pero, a pesar de lo que se ha afirmado durante treinta años, ése no fue el discurso que El-Sadat leyó en la Knesset. Sin que nadie supiera, les había pedido a otras dos personas que también escribieran. Sin embargo, cuando le pregunté qué le había parecido mi texto, respondió: "Excelente, excelente". Aquel día yo estaba sentado en la Knesset, esperando oír mi discurso y nada, ni una palabra, ni una sola de mis ideas salió de su boca.

-¿Que sintió?

-Que El-Sadat tenía razón. El discurso que leyó era mucho mejor que el mío.

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=666982

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