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"El fin del comunismo fue un regalo del cielo"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 22-12-2004 10:07:22

Lech Walesa pide más paz y solidaridad

ROMA.– Aunque es consciente de que es una figura histórica del siglo XX, ya que con su lucha al frente del sindicato Solidaridad fue una pieza clave en el proceso que llevó al derrumbe del comunismo, Lech Walesa –premio Nobel de la Paz de 1983– no ha perdido el don de la sencillez.

Lejos de la impostura o la soberbia, es una persona abierta, simpática, con gran sentido del humor. A través de su intérprete dice riendo: “No es fácil el trabajo de periodista. Es mucho mejor ser político”.

Este ferviente católico que saltó a la fama por sus protestas sindicales, que fue un gran líder nacional polaco en los años 80 –cuando junto con su gran amigo Karol Wojtyla compartió la batalla por la democracia– y que en 1990 ganó las elecciones presidenciales de su país, a los 61 años ostenta la misma espontaneidad de aquellos tiempos pasados, muy duros. Con su bigote ahora canoso y un prendedor en la solapa con la imagen de la virgen de Czestochowa bajo la cual se ve la insignia que dice Solidarnosc, Walesa mantuvo una larga entrevista con LA NACION en Villa Grazioli, un lujoso hotel de Grottaferrata, en las afueras de Roma.

El ex presidente polaco, que en 1995 volvió a presentar su candidatura y fue derrotado, se dedica actualmente al Instituto Lech Walesa. La fundación que lleva su nombre lo lleva a viajar por lo menos a quince países por año. Con esos viajes no sólo intenta hacer conocer más a Polonia y sus tradiciones, sino que también promueve los valores morales en la política, la paz, la solidaridad, la democracia y el libre mercado en el mundo.

Recientemente, se vio a Walesa de nuevo en acción, cuando se convirtió en el primer mediador de la crisis que estalló en Ucrania. En esta ex república soviética, asegura, "yo desarmé una bomba".

-Se dice que Viktor Yushchenko fue envenenado. Usted, ¿qué piensa? ¿Quién podría haber utilizado ese método para eliminar a un adversario político?

-El comunismo eliminó a más de doscientos millones de personas y es experto en este tipo de prácticas. Para mí no es una sorpresa. Lo que me sorprende es que aún siga vivo. Mi experiencia indica que en el pasado se actuaba de esa forma...

-Detrás del envenenamiento, ¿usted vislumbra a la Rusia de Vladimir Putin?

-No, no lo creo. El ya tiene suficientes enemigos en Ucrania.

-¿Entonces a su adversario, Viktor Yanukovich?

-No quiero hacer nombres.

-En las condiciones físicas en las que él está, ¿piensa que puede enfrentar una campaña electoral?

-Sí, puede. Aunque lo difícil para él va a ser gobernar, si es que resulta elegido. Ganar es fácil; lo difícil va a ser después.

-¿Usted alguna vez sufrió un intento de envenenamiento cuando llevaba adelante la batalla de Solidaridad, cuando existía la ley marcial en Polonia?

-Al menos cinco veces fui informado de que había proyectos de atentados contra mi persona. Una de esas veces fue en mi primera visita a Italia, poco antes del atentado que sufrió el Papa en la Plaza de San Pedro, en mayo del 81. Pero yo siempre dije: lo que tiene que ser será. Si es la voluntad del Señor, eso será.

-Muchos analistas creen que hubo una suerte de santa alianza entre el entonces presidente norteamericano, Ronald Reagan, y el papa polaco para ayudar a Polonia a alcanzar la democracia, como puntapié inicial para el derrumbe del comunismo.

-No. Eso es imposible. En esa época había líderes que se entendían sin palabras y odiaban el comunismo. Cada uno de ellos operaba en contra del comunismo por distintos motivos, pero sin hablar de eso. Mitterrand, Margaret Thatcher, Kohl, Walesa... Cada uno sabía, y actuábamos. Estábamos por alcanzar el segundo milenio del cristianismo, el mundo no sabía cómo acabar con el comunismo y tuvimos un regalo del cielo: el Santo Padre y el consenso de los líderes, que colaboraban para que el tercer milenio comenzara sin el comunismo. Yo, que soy creyente, estoy convencido de esto. ¿Pero cómo convencer a los que no creen?

-Cuando usted se encontró con el Papa en los montes Tatra, Polonia, en 1983, ¿qué se dijeron?

-No demasiado, porque estaba la policía, que escuchaba todo... Pero no teníamos misterios para revelarnos. Yo le confirmé al Santo Padre que estaba ganando y que el comunismo estaba perdiendo. El Santo Padre me miró y la fuerza de él para mí fue fundamental.

-Usted es un gran amigo de Karol Wojtyla. ¿Cómo está de salud?

-Estuve hace poco almorzando con él y con mi hijo. Estuvimos una hora y media. Comimos un excelente plato de spaghetti, charlamos bastante y lo vi bien. Para mí está físicamente mejor que hace un año, tiene un mejor aspecto, más sano, aunque me di cuenta de que tiene más dificultades al hablar. Pero desde otros puntos de vista está decididamente mejor que hace un año. Comió con apetito un gran plato de pasta y para mí ésa es una buena señal.

-¿Es cierto, como algunos decían, que el Papa va a querer ser sepultado en Cracovia, en la catedral de Wawel, junto a los grandes de la nación?

-Bueno, a Polonia le encantaría, claro. Cracovia se convertiría en una suerte de Meca. Pero eso depende de que los italianos den su consenso, aunque no se sabe cómo es la cuestión desde el punto de vista formal.

-Al margen de Juan Pablo II, ¿quiénes son sus héroes?

-No sé. Siempre tuve dificultades en tener preferencias. ¿Es mejor el maestro de fútbol o el de boxeo? Yo no tengo líderes. No debe haber líderes. Porque, por ejemplo, alguien puede ser un excelente presidente de Estados Unidos, pero no ser una persona interesante. Dios es el único que siempre fue objeto de mi admiración.

-¿Para usted fue un error de Polonia enviar tropas a Irak?

-Con respecto a Irak, no hubo ninguna buena decisión. Enviar tropas fue una decisión negativa, pero también lo hubiera sido no mandarlas, porque la verdad es que no debería haberse permitido una guerra en Irak. Lo que pasa es que el mundo está mal organizado: tenemos la ONU, la OTAN, el Consejo de Seguridad, pero todo esto ya no responde a las exigencias de hoy. ¿Por qué, si no, pasa todo lo que está pasando? Después de un mundo bipolar, ahora quedó sólo una superpotencia, pero no se sabe cuál es su papel. La ONU ya no sirve, no es efectiva. ¿Qué hubiera pasado si los Estados Unidos no hubieran atacado a los terroristas en Afganistán después del 11 de septiembre? Hoy estaríamos en guerra total: el segundo golpe de los terroristas hubiera sido un ataque en Moscú, después Londres, París, Roma...

-¿Cree, entonces, que fue justa la guerra en Afganistán?

-Sí, pero no la que se hizo después en Irak. Estados Unidos debería haber buscado consenso en el mundo, o debería haber reorganizado la ONU. Pero también en esto Europa tiene su culpa: antes de la guerra en Irak los líderes europeos deberían haberse encerrado en una reunión y no tendrían que haber salido hasta encontrar una posición común. Europa fue corresponsable de lo que pasó en Irak. Europa, no dividida, sino unida, tendría que haber dicho: nosotros vamos a arreglar las cosas, pero en forma pacífica.

-En el mundo globalizado de hoy, los sindicatos, cada vez con menos poder, ¿todavía tienen un lugar?

-Los sindicatos existieron, existen y existirán siempre. Son necesarios, aunque evidentemente los papeles cambian. Y el siglo XXI prevé que se organizarán en una suerte de reforma triangular, en todos los niveles. En un lado del triángulo estarán los sindicatos; en el segundo, los propietarios de los medios de producción, y en el tercer lado, las administraciones. Los tres lados se comunicarán entre sí, y aunque al principio habrá conflictos después habrá menos, porque habrá métodos ligados a la computación y a la tecnología de avanzada que determinarán el fin de los enfrentamientos entre las partes.

-En un artículo usted manifestó que es un escándalo que en la primera Constitución de la Unión Europea no haya lugar para Dios y para las raíces cristianas del continente y no ocultó su temor de que el bloque se reduzca a ser tan sólo un enorme mercado, sin valores...

-Sí; creo que no mencionar las raíces cristianas del continente en la carta fundamental fue el mayor error que hemos cometido. A mayor desarrollo del hombre, de la tecnología, de la inteligencia, corresponde una mayor necesidad de valores, y una mayor necesidad de Dios. No hemos sido lo suficientemente sabios. No hemos combatido el comunismo para sustituirlo con otro tipo de materialismo, sin referencias morales. Corremos el riesgo de convertirnos en algo parecido a la Unión Soviética. Si hubiéramos mencionado las raíces cristianas, quizás habríamos tenido otro comienzo. Fuimos poco sabios y cometimos un gran error.

-Hablando de valores, usted vivió mucho años bajo el comunismo. ¿Hay que rechazarlo en su totalidad o pueden rescatarse valores positivos?

-El comunismo, como principio, tenía cosas muy válidas. Pero lamentablemente esto nunca pudo realizarse, porque de algún modo se ponía en duda la figura de Dios. Todo lo que hubo en el comunismo fue tan controvertido, tan contradictorio... Pero el punto es que no existía el individuo, y cada uno de nosotros es un individuo. La puesta en práctica del comunismo fue un fracaso. No sé si podría haber un buen comunismo. No sabría... El comunismo, que es demagogia, populismo, algo irreal, provocó sufrimiento, injusticias. El comunismo tuvo poder en la mitad del mundo, pero en ningún lado tuvo éxito. ¡En ninguno! Por eso yo lo rechazo, porque es algo que no superó el examen. El capitalismo tampoco logró ser exitoso en todo el mundo, pero aquí y allá, en varias partes del mundo, sí funciona.

-¿Cuál es su sueño aún sin realizar?

-Yo quisiera una globalización en sentido verdadero. Me gustaría ver un parlamento global, un gobierno global, un ministerio de defensa global, que pudiera garantizar a todos la paz, que pudiera construir la solidaridad. Yo trabajo en esa dirección.

-¿Qué papel tuvo su mujer, Danuta, en su camino?

-Un papel excelente, visto y considerando que no cambié y que sigo con ella. Temí que ella pudiera sustituirme, pero no sucedió, y espero que así siga... (Risas.)

-Usted es un personaje histórico. Para usted, ¿qué es lo que debe hacer un líder?

-Siempre hay situaciones distintas, y hay que saber improvisar. Siempre digo cuando charlo con mis amigos que para que haya una verdadera democracia el certificado de nacimiento debería decir que tal persona tiene derecho a ser presidente por al menos siete u ocho minutos. Esta es la verdadera democracia.

-¿Qué piensa de George W. Bush?

-Tiene una situación difícil... Hizo muchas cosas buenas y muchas malas. Yo hubiera hecho muchas cosas en forma distinta...


-Usted estuvo en la Argentina cinco veces. El país está intentando salir de una profunda crisis y en el marco de un difícil proceso de reestructuración de su gigantesca deuda ha decidido una quita del 75%. ¿Qué opina al respecto?

-La verdad es que no pienso en la Argentina desde hace mucho tiempo, pese a que es un país lindísimo... Pero soy sincero. Creo, de todos modos, que los problemas que enfrenta deben resolverse también en forma rápida y global. En el pasado reinaba el concepto de que el hombre es el lobo del hombre. Se aplicaban las leyes del lobo. Pero en el siglo XXI, para vivir en seguridad y prosperidad hay que ser solidarios entre nosotros y entender que cada uno es un ser humano, viva donde viva. Debemos hacer de todo para que en el siglo XXI haya trabajo para todos los individuos. Yo entiendo así a la globalización, como una gran colaboración entre todos, para que la gente tenga trabajo y viva mejor. Este es sólo el comienzo, y yo combato para ello.

-¿Se siente un revolucionario?

-Sí, un revolucionario, con una visión con la cual quiero convencer a los demás. Yo siempre digo: o aceptan mi visión o propónganme la de ustedes y convénzanme de que es la justa.

Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=665303

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