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Subte D

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 30-11-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

Subte D, viernes, ocho de la noche. No mucha gente. Ya pasó la hora pico. Todos los asientos están ocupados, pero no son tantos los que van parados. Entre ellos hay un pequeño grupo de turistas norteamericanos muy jóvenes, cuatro o cinco. Hablan muy fuerte su lenguaje gomoso que parece extraído de HBO. En la estación Tribunales suben tres nenas pobres y desarregladas, aunque a ninguna de las tres les faltan sus trenzas. ¿Qué querrá decir una trenza en la cabeza de una nena pobre? ¿Qué mano y con qué propósito la habrá hecho? ¿A qué hora? ¿Habrá, esa mano, acariciado esa cabeza después de terminar de hacer la trenza? Dejan este tipo de dudas estas nenas. Una de ellas empieza a cantar una canción de Ricky Martin. Canta muy mal, pero su voz aflautada llena el vagón y, apenas termina, comienza su recorrido para recolectar monedas. Las otras dos nenas la siguen, como excéntricos guardaespaldas. La nena estira la mano ante un oficinista con cara de agotado. El mete la mano en el bolsillo y extiende cincuenta centavos. La nena agarra la moneda, pero en lugar de embolsarla y seguir su recorrido, agarra también la mano del oficinista, que se pone ligeramente en guardia. La nena se estira hacia la mejilla de él. Estampa un beso ahí. El oficinista sonríe. Dice: “De nada”, porque la nena después del beso le dijo: “Gracias”. La nena sigue el recorrido en la misma fila de asientos. Todos los pasajeros dan monedas y con todos se repite el rito. Gracias, de nada, beso.
“Increíble”, dice uno de los norteamericanos. No les resulta increíble la pobreza, ni la mendicidad infantil, sino el contacto físico al que ninguno de los pasajeros de ese asiento se ha resistido. Les resulta increíble que mejillas oficinistas, tribunalicias o universitarias –ya vamos por la estación Facultad de Medicina– se ofrenden para esa ceremonia que, a juzgar por las caras de todos, les resulta, se diría, hasta reconfortante.
“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, le dice Caín a Dios. El filósofo Emmanuel Lévinas, en Filosofía, justicia y amor, analiza esa frase. “No hemos de interpretar la respuesta de Caín como si él se burlase de Dios, o como si respondiese como un niño: ‘No he sido yo, ha sido otro’. La respuesta de Caín es sincera. En su respuesta falta únicamente lo ético; sólo hay ontología: yo soy yo y él es él. Somos seres ontológicamante separados.”
El sociólogo Zygmunt Bauman, en Etica posmoderna, toma a Lévinas para explicar cuáles son los supuestos que tras la caída de la modernidad unen a las personas, y cuáles son los lazos ante los que presuponemos debe emerger cierto tipo de responsabilidad. La nena es la nena, el oficinista es el oficinista. Ontología pura. “¿Dónde está tu hermano?”, le preguntó Dios a Caín. “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”, es una respuesta que no da cuenta de ningún lazo, de ningún contrato, de ninguna responsabilidad. Dice Bauman: “La filosofía es una ética... la ética es antes que la ontología... la relación moral es antes que el ser”. La ética, en otras palabras, implica “descomponer identidades”, implica que Caín sea menos Caín, no tan Caín. La ética implica superar el ser hasta llegar a un mejor ser: la ética, en fin, implica sentir cierta responsabilidad por el prójimo, implica emparentarse incluso con una nena pobre que canta una canción de Ricky Martin en el subte.
La responsabilidad hacia el otro es, de acuerdo con estos filósofos de la ética, no el producto de un compromiso ni de una decisión personal sino más bien una convicción y una disposición al acto que nos viene de lo más profundo de esa identidad que se descompone. Se descompone el individuo para dejar aflorar lazos entre individuos. “La responsabilidad ilimitada en la que me encuentro proviene del otro lado de mi libertad”, dice Lévinas.
Los filósofos hablan difícil. Creo entender, esta noche en el subte, que la mejilla del oficinista puesta en contacto directo con la mejilla de la nena pobre dice algo sobre la parte blanda de la condición humana. La piel tempranamente áspera de la cara de la nena ha encontrado en el roce rápido contra la mejilla del oficinista un eco perdido de una respuesta que no es la de Caín sino la de alguien que de alguna manera vaga y misteriosa se siente responsable de su hermano.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-44236-2004-11-30.html

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Apaguen sus celulares

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 28-11-2004 00:00:00

Una curiosa escena en Nueva York. La función está a punto de comenzar. Y no son los espectadores, sino los artistas los que deben apagar sus teléfonos móviles.

BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Hace poco vi algo sorprendente. Acostumbrados a que se pida al público que apague los celulares antes de que comience un espectáculo, nunca se me había ocurrido que la misma solicitud pudiera ser hecha a músicos o actores. Un trompetista revisa cuidadosamente el escenario donde va a tocar con su banda. Controla las electrificaciones, y consulta varias veces con el técnico del local. Los músicos que lo acompañan hacen lo mismo con un detallismo casi excesivo; es bastante tarde, pero nadie se apura. Finalmente, se encienden las luces sobre el escenario, el trompetista avanza hacia su micrófono, se lleva el instrumento a los labios, pulsa sin sonido las llaves, baja el instrumento, vuelve a ponérselo en los labios, realiza, en fin, los gestos habituales antes de empezar a tocar.

Los músicos no le quitan los ojos de encima y, mientras tanto, el bajista comprueba una vez más la afinación, el baterista vuelve a acomodarse, buscando la posición del cuerpo y de los brazos; el pianista repite con la mano izquierda, muy levemente, unos acordes. De repente, cae un silencio especial (el silencio que precede a un suceso), los músicos se concentran en el líder de la banda, que ya ha encontrado la distancia perfecta respecto del micrófono y, con los codos levantados y la trompeta a milímetros de sus labios, parece tener su cuerpo entregado a ese siempre difícil comienzo de la música. En ese momento, todo el cuadro, atravesado por la tensión del arranque, se descompone, como si los movimientos preparatorios hubieran sido inútiles. El trompetista baja el instrumento, lleva la mano a su cinturón y saca su celular, chequea sus mensajes y lo apaga; el bajista hace lo mismo. Tardan varios segundos en volver a concentrarse, repiten los gestos, se congelan finalmente tendidos hacia la primera nota.

Comienzan a tocar. Nunca había visto algo así. Sin embargo, cuando ya perdí el primer tema porque el doble comienzo me distrajo, me doy cuenta de que lo raro es que no lo hubiera visto antes. En Nueva York, donde esto ocurrió, el noventa por ciento de las personas tienen celular (sólo no lo tienen los muy viejos y la mitad de los menores de 16 años) y los músicos de jazz están incluidos, por supuesto, en este porcentaje. Lo que me resulta curioso es que subieran al escenario con el celular activado. ¿Esperaban un mensaje del presidente de la Sony?

Hace veinte años, en Nueva York, llamaba la atención la cantidad de personas que hablaban desde teléfonos públicos por la calle. Naturalmente, viviendo yo en Argentina, la primera sorpresa era que esos teléfonos funcionaran. La segunda, que toda la gente en todo momento los estuviera usando.

Una vez, llamé a un amigo desde el andén de una estación de subterráneo, ensordecida por el ruido de los rápidos; otra vez llamé a Buenos Aires desde el teléfono de un bar para contar qué música estaba escuchando en ese momento. No repetí ninguna de esas operaciones hasta hoy, porque me parecieron inútiles e inútilmente caras.

Regreso a Buenos Aires días después de haber escuchado a los músicos que apagaron los celulares ante mis ojos. Y como si el mundo fuera ese continuo globalizado del que hablan tanto los diarios como los académicos, subo a un colectivo, donde varias personas están usando sus celulares. Normal, por supuesto. Pero lo que me sorprende en este caso es un cartel de publicidad donde se anuncia que es posible cargar el propio celular en la máquina expendedora de boletos, con una tarjeta que debe obtenerse del chofer del colectivo.

Esto sí que es imposible de encontrar en la ciudad donde los músicos de jazz suben al escenario con los teléfonos activados. A nadie se le ocurriría allí permitir que un chofer de transporte público se distrajera ni un segundo para entregar tarjetas de teléfono. Un conductor de ómnibus de Nueva York casi no contesta a preguntas para no apartar la vista de la calle ni desviar la atención de la tarea única de conducir, que no es simplemente una tarea prioritaria sino absoluta. Como si un cirujano mirara por un segundo de reojo las páginas de su agenda: inverosímil.

http://www.clarin.com/diario/2004/11/28/sociedad/s-877291.htm

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"El mundo es cada vez más hostil a aceptar refugiados"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 28-11-2004 00:00:00

GERARD NOIRIEL, HISTORIADOR

El refugiado clásico del siglo XIX —un intelectual militante— dejó paso a las poblaciones africanas que huyen del hambre y la persecución. Ese nuevo modelo nace de injustas razones políticas y económicas.

Claudio Martyniuk
cmartyniuk@clarin.com

Nuestro tiempo está marcado por la existencia de millones de personas sin patria. ¿A qué se debe que en un mundo con crecientes recursos técnicos y económicos aumente significativamente el número de refugiados?

—En un gran número de países, debido a las guerras civiles o a las persecuciones estatales, existen millones de seres que solicitan asilo en los países democráticos. Este derecho fue reconocido por la ONU en 1951, pero pensando en el pasado, en el nazismo y los totalitarismos. Se quería terminar con la cuestión de los refugiados con la esperanza de que fuera el fin de una época. Pero, de hecho, se comprueba que estas persecuciones son todavía una realidad, y hoy se estima en veinte millones la cantidad de refugiados en el mundo. La inmensa mayoría de esos refugiados proviene de países pobres y va hacia otros países pobres. No hay duda: este problema se vincula a la miseria y la pobreza, y por esto no se puede separar lo político de lo económico. De este modo, el gran desafío de los Estados democráticos es hacer vívido el derecho de asilo. Hoy en día, Europa recibe menos del 5% de los refugiados. Mientras que las condiciones que explican las persecuciones están cada vez más presentes —miseria, explotación, violencia—, se reduce la predisposición a admitirlos debido a que la opinión pública es cada vez más hostil a esa recepción de extranjeros y refugiados.

# ¿Qué diferencias hay entre los refugiados de la Segunda Guerra Mundial y los actuales?

—El primer punto es subrayar los aspectos comunes a ambos, porque en el discurso nacionalista habitual se dice: "Einstein era un auténtico refugiado, pero los de hoy son falsos refugiados". Yo insisto en la universalidad de la condición de refugiado. No se puede tener buenos refugiados en el pasado y malos en el presente. En segundo lugar, las diferencias son explicadas por la mundialización, porque hasta la Segunda Guerra Mundial la cuestión de los refugiados era, principalmente, una cuestión europea y hoy el problema es mundial. El refugiado clásico del siglo XIX, que era un intelectual que militaba por la libertad y que estaba obligado a huir, hoy existe pero no es ya el dominante. El modelo que prima es el de poblaciones africanas enteras que son perseguidas por el ejército de su país o el del vecino.

# ¿Los migrantes económicos son también refugiados?

—El refugiado, en el sentido político del término, es alguien que requiere el asilo porque se ve amenazado en su existencia por un poder: el poder de su propio país. Los otros migrantes son migrantes económicos que viven en la miseria y forman parte de la lógica clásica de la migración. Es importante hacer la diferencia entre ambos, porque existen hoy dos tendencias: una que afirma que la gente que está en la miseria también sufre una forma de opresión, confundiendo a los refugiados políticos clásicos con los refugiados económicos. En el otro polo político se dice que todos estos nuevos refugiados de hecho no son realmente perseguidos, sino gente pobre que quiere entrar a otros países. Los matices de definición son, entonces, muy importantes para la fijación de una política. En la historia que tracé sobre el derecho de asilo en Europa demostré que en los años treinta la policía francesa consideraba que la casi totalidad de los judíos que huían del nazismo eran falsos refugiados. Hoy nos parece evidente que eran refugiados, pero buena parte de la población francesa consideraba que los judíos, simplemente porque no tenían trabajo en Alemania, venían a robarles el trabajo a los franceses.

# Argentina supo recibir muchos expulsados políticos, pero ahora recibe más bien refugiados por razones económicas de países vecinos y, ante ellos, se articula una reacción racista. ¿Qué relación existe entre migrantes y racismo?

—Siempre hay que tener mucho cuidado y brindar una buena educación cívica a la población: este es el primer nivel en una lucha contra el racismo. El otro nivel es el de las políticas migratorias, y acá no se deben confundir migrantes y refugiados, ya que deben recibirse a los refugiados sea cual fuere la situación económica del país. El gobierno francés tiene tendencia a hacer de la cuestión de los refugiados un aspecto de la política migratoria. En Francia hay menos de doscientos mil refugiados y cuatro millones de extranjeros, lo cual da cuenta de la diferencia de las situaciones. La Argentina, en cambio, es un país fabricado por la inmigración.

# ¿En qué incide eso en este tema?

—Quiero decir que tiene una tradición de apertura y de recepción, pero, a la vez, los argentinos saben lo que es el exilio. Hay, entonces, una manera de evocar su propio pasado en cada uno. En el caso francés, los grandes intelectuales del siglo XIX defendían mucho la causa del derecho de asilo: Víctor Hugo, por ejemplo, porque había sido un exiliado expresaba una solidaridad que emanaba de su propia experiencia. Y yo creo que la historia bien puede ayudar a hacer ese ida y vuelta y a decir "acuérdese que así estuvo usted, o sus padres o sus abuelos". A la vez, todos los países democráticos tienen una política de control de las fronteras; no se puede gritar "son fascistas" por ello. La democracia no es universal; la sociedades democráticas privilegian a sus propios nacionales por sobre los extranjeros. Hay ahí una tensión que sólo puede ser atemperada por el derecho internacional.

# A pesar de la universalización de los derechos humanos, ¿no es perturbador el hecho de que se asignen los derechos de ciudadanía a partir del lugar de naci miento o el origen de los progenitores?

—Hasta hace poco, en Alemania sólo los que tenían padres o abuelos alemanes podían ser alemanes. Entonces, tenían turcos —o mejor dicho, alemanes de origen turco— que estaban allí desde hacía cincuenta años y que todavía eran considerados turcos, cuando descendientes de alemanes que habían migrado a Rusia hace uno o dos siglos podían pedir la nacionalidad alemana. Esto era absurdo, incluso desde el punto de vista del interés del Estado alemán mismo. En el caso francés, el derecho de nacionalidad combina el ius soli y el ius sanguinis. Alguien nacido en Francia de padres extranjeros se convierte en francés a la mayoría de edad. Esta apertura ha permitido, en un país donde un tercio de la población proviene de la inmigración, que millones de personas adquieran la ciudadanía francesa en la segunda generación, más o menos. O sea, es un derecho que permite la integración jurídica de su población.

# ¿Los Estados modernos no hubieran podido constituirse como tales sin la inmigración? ¿A tal punto es importante la inmigración para la formación de los Estados modernos?

—La originalidad del caso francés es que la nación se formó antes de la inmigración. Pero la industrialización, el pasaje al Estado nacional industrial moderno no podría haberse llevado a cabo sin la inmigración. Porque en la gran industria, y también en la agricultura, los ciudadanos franceses no querían aceptar la condición de mineros, de obreros de la escala más baja. Entonces, la única solución para la patronal francesa fue reclutar en masa extranjeros. Por eso, Francia es uno de los primeros países en haber implementado lo que se llama el modelo moderno de inmigración. No es un modelo de población o de puesta en valor, sino un modelo que apunta a llenar los escalafones más bajos del mercado de trabajo con inmigrantes, permitiendo la movilidad social y garantizando la paz social entre los grupos de la población.

# Vale decir que la inmigración de los siglos XVIII y XIX responde a una lógica diferente a la del mundo actual.

—Absolutamente. Para mí, el Estado-nación sólo aparece a fines del siglo XIX. Un Estado nacional es un Estado que ha integrado clases populares, otorgándoles el derecho de voto pero también derechos sociales, en especial, el privilegio en el mercado de trabajo. Es solamente a partir de esto que los problemas de migración moderna empiezan a plantearse. Por supuesto, la historia de las migraciones existe desde los principios de la humanidad, pero la lógica moderna, con papeles de identidad, con controles en las fronteras, se empezó a implementar a fines del siglo XIX.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/11/28/z-03815.htm

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"Hay que desterrar el odio y reconciliarse", dice Vigo Leguizamón

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 27-11-2004 16:36:32

Escritor, abogado y pensador católico

“Siempre me pareció necesario encontrar un punto de unión. Joaquín V. González ya incitaba a que se hicieran todos los esfuerzos posibles para dejar atrás ese odio ancestral que ha perdurado a través de generaciones y que le ha hecho tanto daño a la República Argentina.”

Esta es la idea fuerza, la obsesión que, desde hace una década, pone en movimiento al abogado santafecino Javier Vigo Leguizamón, un militante católico de 53 años que estudió con los jesuitas, y que en los años 70 vio morir a muchos amigos suyos, de un lado y del otro.

En 1991 quedó impresionado con el reportaje que el periodista español Jesús Quinteros, en su programa “El perro verde”, le hizo a Mario Firme-nich. El ex jefe montonero dijo allí que coincidía con Jorge Rafael Videla en que había habido una guerra. Esto lo llevó, primero, a publicar una nota en El Litoral de Santa Fe, titulada “El mea culpa de Firmenich”, donde reproducía sus críticas a las Madres de Plaza de Mayo porque éstas negaban la militancia de sus hijos desaparecidos. Después decidió escribir un libro. Entre las actitudes reveladoras de nuestra idiosincrasia, Vigo Leguizamón descubre que la costumbre tan argentina de discutir el pasado difícilmente incluye la parte propia.

Realizó entrevistas y fue durante esa investigación que se decidió a escribir "Amar al enemigo", libro con el cual intentó tender los primeros puentes hacia la posibilidad de una reconciliación nacional. La planteó "sobre la base de la fe religiosa de los protagonistas -dice-, porque siempre se coloca la ideología por encima de la verdad". De paso, recuerda "la grave responsabilidad de los intelectuales que auspiciaban la violencia y la de los políticos que consentían esas barbaridades". Y cuestiona la forma de contar la historia.

-¿Usted ha encontrado omisiones en el libro "Nunca más"?

-En "Nunca más", hay algo inexplicable. Cuando se mencionan las 908 desapariciones anteriores al 24 de marzo de 1976 se las llama, extrañamente, "casos pilotos". Sin embargo, eso demuestra que el terrorismo de Estado comenzó, entonces, después del fallo de la Corte Suprema que reconoció los crímenes de lesa humanidad. Aquel gobierno constitucional no puede adjudicarle todos los crímenes a la Triple A, porque ésta sumó ochenta muertes. ¿Y los centenares restantes? Debemos juzgarlo todo, porque esa metodología aberrante no empezó en 1976. Por otra parte, la Argentina nunca ha tenido un juicio crítico riguroso de su pasado.

-Los crímenes de la Triple A fueron responsabilidad de aquel gobierno. En su biografía de José López Rega, el periodista Marcelo Larraquy revela un documento del Partido Justicialista en el que se le daba respaldo a la Triple A.

-Y en "El presidente que no fue", Miguel Bonasso le adjudica a Perón haber engendrado la Triple A. La tesis del juicio a los comandantes señalaba que esas cosas no pueden ocurrir si no son consentidas por el poder de turno, y por eso se los condenó. Entonces, hay que aplicar el mismo criterio con lo ocurrido antes. A mí me interesa llegar a la verdad para hacer justicia. Se silencia, por ejemplo, que en las Fuerzas Armadas hubo un período anterior, cuando Lanusse enfrentaba al terrorismo con la ley en la mano y creaba la Cámara Federal en lo Penal, que absolvió a muchos guerrilleros. Además, cuando asumió Cámpora había dos mil guerrilleros detenidos, o sea que no estaban desaparecidos. Cuando el ministro Jaime Perriaux envió el proyecto para la creación de la nueva Cámara advertía que el gran desafío era combatir al terrorismo dentro de la ley, lo que indicaba que existían tentaciones para hacerlo por fuera de la ley. El 25 de mayo de 1973 se dictó una ley de amnistía y se modificó el artículo 80 del Código Penal, estableciendo que de allí en adelante quien matara a un juez o a un militar no merecería la pena de reclusión perpetua. Todo ocurrió en un día. Menos de un año después, sería asesinado el juez Jorge V. Quiroga, lo que me hizo pensar que todo había sido premeditado. Tampoco hay que olvidarse de que Rodolfo Galimberti había llamado a la creación de las milicias populares. Héctor Sandler, testigo preferencial del momento, me explicó que la situación confundía a los políticos y que cuando se abrieron las cárceles la marea de los acontecimientos resultó incontenible. Le observé que del otro lado se podían utilizar los mismos argumentos.

-En 2001, cuando publicó "Amar al enemigo", usted pensó que era posible llegar a una reconciliación. Pero fíjese lo que ocurrió después.

-Yo me propuse cumplir con el más difícil de todos los mandamientos católicos, pero no se trata de algo evangélico, sino de intentar convertir al enemigo de ayer en el adversario de hoy. Si hombres como Nelson Mandela y Frederik de Klerk fueron capaces de dialogar, ¿cómo no iba a ser posible un encuentro de reconciliación entre Videla y Firmenich? Les expuse esa idea a distintas personalidades. Todos la consideraron interesante, aunque les parecía algo muy difícil de instrumentar. También hablé con ambos protagonistas. A Firmenich le pregunté si había podido construir el hombre nuevo que propiciaba entonces. El me dijo que en la cárcel, leyendo proverbios, había descubierto que eso llevaría miles de generaciones. Yo quise saber si estaba dispuesto a encontrar puntos de unión para disminuir las causas del enfrentamiento y me dijo que, aun cuando los demás no lo comprendieran, eso podía ser loable, pero que era imprescindible que la reconciliación fuera convocada desde el poder. "Si no, Videla y yo moriremos aplastados", agregó Firmenich. Recordó que en 1994 había propuesto que la convención constituyente de Santa Fe sirviera para que "todos los sectores aceptaran sus culpas y se comprometieran a convivir pacíficamente, para que ese pasado de odio quedara atrás", pero admitió que no tuvo éxito y que se hicieron los indultos a las apuradas.

-¿Y Videla qué le dijo?

-Le hice el mismo planteo y comenzó con mucha renuencia, distinguiendo que él había sido comandante en jefe del Ejército, mientras que Firmenich lideraba una organización ilegal. Le hice notar que se trataba de un diálogo de reconciliación, en el que los títulos no interesaban. Entonces aceptó.

-¿Cuándo realizó esas entrevistas?

-En 1999. Primero a Videla y luego a Firmenich. A la vez, hice muchos esfuerzos para que el poder político y la Iglesia convocaran a un diálogo fructífero. El temor de la Iglesia era que cada uno llevara agua para su molino. Pero, desde el punto de vista de la fe, creo que en un diálogo de este tipo hay que dejar actuar a Dios, porque las vallas más insalvables pueden derrumbarse. Todos pueden elevarse para hacer algo trascendente, para evitar que la tragedia vuelva a ocurrir.

-¿Habló con el Ejército?

-Hablé mucho con el general Ricardo Brinzoni cuando era comandante en jefe del Ejército, y me dijo que todo eso podía servir para conocer lo que había ocurrido realmente con algunos desaparecidos, para esclarecer bien el asunto, ya que existe una razón biológica para llevar adelante el diálogo, porque los protagonistas se van a ir muriendo y se llevarán sus secretos a la tumba. Pero es importante dialogar si están incluidos todos los sectores, porque hasta ahora el mea culpa sólo lo hicieron las Fuerzas Armadas y la Iglesia. No lo hicieron los políticos ni los intelectuales, salvo Pablo Giussani en "Montoneros, la soberbia armada", donde señala que para que la tragedia no vuelva a ocurrir hay que sacar a la luz todo lo sucio. Giussani menciona la lógica violenta de aquellos intelectuales que proclamaban la mística de los "diez, cien, mil Vietnam" sin advertir que las armas iban a tomar su propio camino y le dedica el libro a Adriana, una chica de 16 años que murió el día de su cumpleaños, cuando iba a poner una bomba en una comisaría. Señala que esa muerte es una de las pocas que no se le pueden achacar al gobierno militar y se pregunta quién programó a Adriana, "porque a través suyo encuentro rostros de muchos amigos y hasta el mío propio, a través de toda una generación que actuó irresponsablemente con esa mística".

-Giussani fue el primero, pero le siguieron otros...

-Hoy Beatriz Sarlo dice prácticamente lo mismo. Cuando criticó el acto de la ESMA fue por la exclusión, porque allí debieron haber estado quienes piensan que los sectores radicalizados eran terroristas y los que creen que no fue así. Ella tiene la hidalguía de confesar que en aquella época la idea de los derechos humanos le era totalmente ajena, porque creía en la revolución social. Más que por su ideología, Sarlo se está preocupando para que esos trágicos sucesos no vuelvan a ocurrir. Esta es la sana actitud.

-En su excelente relato, Giussani recuerda que siempre le advertía a Francisco Urondo que, por el afán de enfrentar al Ejército, habían terminado por militarizar todo el movimiento. En los últimos años, los guerrilleros finalmente contaron casi todo en sus diversos libros autobiográficos.

-Era la cultura de la muerte, a la que ahora se califica de "pasado glorioso". Yo no niego los ideales, pero creo que se pueden rescatar éstos y condenar la metodología. El ejemplo más notable es el del doctor Alberto Molina, que perdió cinco hijos montoneros y cuando lo fueron a buscar las Madres de Plaza de Mayo para que se pusiera al frente de las manifestaciones respondió que no quería publicitar su dolor. Lo entrevisté para mi libro y me dijo: "Todos tenemos que sentarnos a hacer un mea culpa, porque fue un error muy grave, de ciertos políticos e intelectuales, difundir la teoría de la violencia, haber negado la ley macro de la vida, que vale por sí misma y no por lo que cada uno piensa". Cuando presenté el libro, Molina estaba a mi izquierda. A mi derecha, se sentó el teniente coronel Marcelo López, cuyo padre fue asesinado por el ERP y, aun así, nos propone vivir sin odios, sin aferrarnos al pasado, porque cree que el dolor es igual para todos. Lo mismo piensa el hijo del coronel Jorge Larrabure, y tantos otros del sector opuesto. ¿Qué sentido tiene seguir con ese odio en un país en ruinas, con un cincuenta por ciento de pobreza y un treinta por ciento de indigentes? ¿De qué nos sirvieron tantos miles de víctimas si se triplicó la brecha entre ricos y pobres?

-Hace un año usted publicó "Si Frondizi viviera". ¿Cree que un presidente de las características del dirigente desarrollista hubiera solucionado estos problemas?

-Arturo Frondizi no se aferraba al pasado, porque se vive en el pasado cuando se carece de un proyecto de futuro. La Argentina sigue aferrada a un esquema agroexportador, creyendo que con la exportación de commodities andaremos bien. Pero solamente el siete por ciento de nuestras exportaciones son productos de alta tecnología, cuando el mundo se ha transformado en una sociedad de conocimientos. La Argentina de 1958 estaba muy dividida, partida por la mitad, y Frondizi, lejos de incentivar el odio, halló un proyecto de futuro para integrar y darle cohesión a la sociedad, porque había reclamos de justicia social, necesidades imperiosas, y sólo podían satisfacerse con el desarrollo. Por eso su prédica era agrandar la torta, preocuparse por un nacionalismo de fines y no de medios. Había publicado "Petróleo y política", donde auspiciaba el autoabastecimiento petrolero a través de YPF, pero cuando llegó al poder tenía en caja 250 millones de dólares y vencimientos por 784 millones. La producción estaba en los niveles de 1938 y la renta minera se había quedado estancada. Se dio cuenta de que la clave para cambiar eso era la acumulación de capital. Paralelamente, comprendió que si se aferraba a sus ideas y a su ego iba a consolidar la dependencia. Desafió los patrones establecidos y, con la idea del desarrollo, provocó una revolución mental.

-La primera ley que Frondizi envió al Congreso fue una amplia amnistía, que levantaba todas las interdicciones y beneficiaba a los ex funcionarios peronistas. A unos con razón y a otros no tanto, pero se hizo borrón y cuenta nueva.

-Es lo que Mandela hizo en Sudáfrica. Primero vio la realidad en toda su dimensión y no la negó, no creó su propia verdad mediática: trazó un proyecto de esperanza. Julián Marías dijo que, después de Franco, en España vieron que las raíces habían permanecido y fueron a buscarlas. En la Argentina necesitamos políticas de Estado comunes, que influyan fuertemente en la tecnología, como ocurre en España y en la India. Necesitamos un crecimiento parecido al de Japón, al de Singapur. Finlandia tenía un veinte por ciento de desocupación, el sistema financiero y las empresas quebradas, con la producción centrada en la madera. Tomaron la decisión estratégica de invertir el 3,5 por ciento en ciencia y tecnología, hasta convertirse en el tercer país del mundo. Lograron crecer. Pero esos pueblos tienen muy en claro lo que la ciencia y la tecnología pueden hacer por ellos. En cambio, la Argentina invierte en esto apenas el 0,4 por ciento del presupuesto nacional. ¿Por qué no nos unimos todos los argentinos en una política de Estado que accione la palanca del desarrollo, como hizo Frondizi con el petróleo y con la reconciliación?

-Porque nos cuesta trabajar políticamente en conjunto. Lo proclamamos en teoría, pero en la práctica nos enfrentamos enseguida.

-Es que el problema no pasa por la ideología, sino por la sociedad, que está acostumbrada a que todo se lo cocinen, bien o mal, desde arriba; está muy predispuesta a la aceptación. No es fácil aplicar aquí las experiencias de otros países, porque ésta es una sociedad muy corrompida moralmente. Se creía que era un gran país, con un formidable futuro, porque hay de todo, pero siempre con la idea de que vamos a heredar sin esfuerzo, como el hijo del rey. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la Argentina era un país rico. Después comenzó a empobrecerse. Los recursos naturales, más allá del precio coyuntural de la soja, rinden cada vez menos. Arturo Frondizi fue un precursor porque se dio cuenta de que no podíamos progresar si seguíamos limitados al papel de granjeros. Por eso batalló por la industria liviana, por la industria pesada, por la siderurgia. Hoy la producción agraria creció de treinta a setenta millones de toneladas, pero uno de cada dos argentinos es pobre. Debería existir un derecho a la prosperidad, porque si no volveremos a la violencia. Cualquier persona medianamente informada mira el mundo, analiza las tendencias y se da cuenta de por dónde puede venir el progreso. Nosotros seguimos divagando.

-¿Qué respuesta obtuvo el diálogo que propuso la Iglesia?

-No hubo contestación. Apenas un intercambio entre un obispo y el presidente, pero éste no comprendió la trascendencia del diálogo de reconciliación, que implica hacerse cargo de las culpas propias. Los políticos también deben asumirlas, porque fueron ellos quienes abrieron caminos legales a los actos ilícitos, los que propiciaron la violencia. Algunos llegaron a decir que lo que importaba era la liberación, no los medios que se utilizaban.

-Pero ¿cuál fue la responsabilidad de la Iglesia en todo esto? Porque tenía en su vientre a los dos sectores y los dejó actuar...

-La Iglesia tenía dentro de ella a los dos sectores, es cierto. Pero si uno lee en profundidad sus documentos, algunos públicos y otros privados, se advierte un gran esfuerzo por disminuir los efectos del baño de sangre que se estaba generando. La Iglesia creyó de buena fe que actuando por debajo, negociando silenciosamente con los mandos militares, lograría mayor éxito que con un enfrentamiento total. Pudo haberse equivocado, pero hay unas cartas públicas en las que se cuestionan las metodologías.

-Los Montoneros nacieron en la Iglesia, y fueron tolerados. Allí no se los condenó.

-Como ex alumno jesuita, vi esos efectos y leí el libro "Arrupe, una explosión en la Iglesia". Pedro Arrupe, que era el padre general de los jesuitas, propiciaba llevar el análisis marxista de la sociedad a todos los colegios de la orden. Sostenía que los establecimientos jesuitas se habían convertido en refugios de determinadas clases sociales y que éstas iban a reivindicar sus prerrogativas. Cuando un chico tiene 16 años, es muy difícil que no termine de un lado o del otro, porque está impregnado de altruismo. En esas aulas, y hasta en las del Colegio Militar, hubo entonces casos paradigmáticos, que obligan a que nos preguntemos cómo era posible que jóvenes educados allí terminaran alzándose en armas. Se explica si uno revisa los documentos de Medellín, en los cuales se propiciaba la teoría de la liberación y se predicaba la violencia para remover cuestiones sociales injustas. Tal fue el caso de Helder Cámara.

-¿Y por qué la Iglesia no puso las cosas en claro?

-Quien puso las cosas en claro fue Juan Pablo II en el discurso inaugural de Puebla, donde proclamó tres verdades. Dijo que no estaban allí como parlamentarios, sino como pastores, y que no necesitaban recurrir a ninguna praxis política para luchar por la dignidad del hombre. Después proclamó la verdad sobre el sentido trascendente de la vida y observó que, de acuerdo con la fe católica, no se puede reducir a Jesucristo a la mera figura de un revolucionario que viene a instalar el reino de Dios en la Tierra. Cristo se reunió, conversó y comió con los publicanos, con las prostitutas, etcétera, porque estaba en la búsqueda de la oveja perdida. Recuerdo que cuando escuché esas tres verdades me pregunté por qué no me habían hablado antes con esa claridad, porque ya era tarde, había corrido mucha sangre. En el documento leído hace dos años por monseñor Estanislao Karlic en el Congreso Eucarístico de Córdoba, la Iglesia hizo su mea culpa. Lo que pasa es que la verdad mediática muestra sólo una mitad y enfatiza las críticas sobre el silencio de las desapariciones. Nada dice que la Iglesia trataba de que muchos jóvenes no se confundieran. Pero, de todos modos, la Iglesia debería participar en el diálogo de reconciliación, porque tiene cosas de las que arrepentirse. No debería presentarse únicamente como convocante. Lo que más traba la reconciliación es que quienes cometieron errores no tienen la suficiente valentía para asumir sus responsabilidades. Nadie se quiere mezclar en esto y quien tiene algo se lo quiere sacar de encima, ocultarlo. A los únicos a los que no les molesta hablar del asunto es a los que reivindican la guerrilla y a los que reivindican la represión.

Por Hugo Gambini
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=657850

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Lo de uno no se toca

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 25-11-2004 00:00:00

Por Juan Gelman

Mientras Colin Powell repite el mentiroso papel que desempeñó con Irak y anuncia que Irán está en plena carrera nuclear –aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas afirma lo contrario–, W. Bush cabildeó contra Corea del Norte en la reunión del foro Asia-Pacífico de cooperación económica que tuvo lugar el pasado fin de semana en Santiago de Chile. Dijo que estaba cansado de negociar con Pyongyang y enarboló la inevitabilidad de la línea dura contra el país asiático. Proseguirá así la marcha de la llamada guerra antiterrorista que, por lo visto, consiste en invadir y ocupar países –preferentemente petroleros– en vez de capturar a Osama bin Laden y desarticular a la mortífera Al Qaida. No hay que preocuparse: el gobierno Bush tampoco persigue a los grupos terroristas norteamericanos. El Southern Poverty Law Center (SPLC), organismo con sede en Montgomery, Alabama, que combate el racismo y la discriminación, identificó el año pasado a 751 movimientos de esa índole esparcidos por todo el territorio de EE.UU. Su número aumentó un 6 por ciento en comparación con el 2002, cuando eran solamente 708.
“Por desgracia, vigilar a los grupos neonazis y derechistas no necesariamente facilita los ascensos en el FBI”, comentó un funcionario del Departamento de Justicia (The New York Times, 13-12-03). En efecto, en muchos casos el arresto de terroristas locales es resultado de su imprudencia –esa que la impunidad alimenta– o de la casualidad. Un policía novato fue el que arrestó a Eric Rudolph, autor de varios atentados contra clínicas que practican el aborto y del bombazo que sobresaltó los Juegos Olímpicos de 1996. Rudolph se permitió cinco años de prófugo sin abandonar el país y sin que las narices del FBI olieran su presencia. La investigación posterior estableció que tenía vinculación con dos movimientos armados clandestinos: el Ejército de Dios, una pandilla de fervientes antiabortistas, e Identidad Cristiana, cuyos miembros creen literalmente que los judíos son hijos de Satán, infrahumanos quienes no pertenecen a la raza blanca y que los cristianos anglosajones son los verdaderos descendientes de las tribus perdidas de Israel. Están muy bien acompañados por el fundamentalismo religioso de la extrema derecha norteamericana,
W. Bush dedicó una guerra a la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak, argumento central de la invasión. Más fácil era encontrarlas en casa. En abril del 2003 se descubrió en Noonday, Texas, un depósito que contenía una bomba de cianuro de sodio ya preparada, capaz de matar a centenares de habitantes de un edificio de 3000 metros cuadrados, para no hablar de las nueve ametralladoras, 67 explosivos y más de 100.000 municiones que la escoltaban. Su dueño, William Krar, está vinculado al grupo paramilitar Milicia de Nueva Jersey y es un convencido de la supremacía de la raza blanca. El FBI dio con él gracias a la denuncia de un vecino que por error recibió un sobre con documentos de identidad falsos que Krar le enviaba a un conmilitón. No pocos de esos grupos se proponen derrocar al gobierno de EE.UU. al que califican de “renegado” porque sería blando con los negros y otras clases de humanidad ajenas a la verdad anglosajona.
Poca atención presta el FBI a sus compatriotas terroristas “porque todo el mundo anda preocupado por el tipo del turbante”, declaró el inspector jefe de la policía federal Geoff Shank (USA Today, 15-11-04). “Obviamente, existe una amenaza externa –agregó Mark Potok, especialista del SPLC–, pero hay una tendencia a ubicar la amenaza en el exterior y a sostener que quienes quieren perjudicarnos no se parecen a nosotros, no creen en el mismo Dios y no tienen el mismo color de piel.” Así lo ha registrado Amnistía Internacional (AI) en su informe “Amenaza y humillación”: a lo largo de sus 50 páginas se detalla cómo la práctica racista y acosadora del “profiling” –sospechar de alguien por su aspecto– de los agentes de seguridad aumentó “dramáticamente” desde el 11/9, afectando a unos 32 millones de estadounidenses, cifra equivalente a la población total de Canadá. “Es obvio que considerar en primer término y ante todo, o peor, únicamente, características como la raza, el origen étnico, la nacionalidad o la religión para decidir a quién se investiga, se arresta y se procesa, desvía la atención del comportamiento delictivo real y del verdadero delincuente”, señaló el juez retirado Timothy M. Lewis, que presidió numerosas audiencias sobre esa práctica que AI promovió en varias ciudades de EE.UU. el año pasado (Jim Lobe, IPS, 14-9-04).
En el documento de AI se cita, entre muchos otros, el caso de un boyscout musulmán de 8 años de edad que en el aeropuerto de Tulsa, Oklahoma, fue separado de su familia y revisado minuciosamente por agentes de seguridad que además destruyeron algunas de sus pertenencias. El niño es ahora sistemáticamente detenido y revisado en cada aeropuerto que pisa. “Antes del 11/9 –subraya AI– el ‘profiling’ racial solía entenderse como una práctica aplicada al ‘manejar siendo un negro’. Actualmente, se la puede definir con más precisión como aplicable al manejar, volar, caminar, rezar, hacer compras o quedarse en casa siendo negro, moreno, rojo, amarillo, musulmán o con apariencia de nativo del Medio Oriente.” En tanto, el terrorismo de cepa norteamericana “se ha desarrollado a paso rápido y constituye una amenaza muy grave” (Potok). Sin embargo, no se cree que W. ordenará alguna vez invadir a EE.UU.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-44017-2004-11-25.html

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"Arafat fue el gurú del terrorismo moderno"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 24-11-2004 16:36:00

El polémico escritor inglés Martin Amis analiza el nuevo escenario internacional

LONDRES.– La casa de Martin Amis en Primrose Hill es el sueño del escritor. Espacios amplios y luminosos en un barrio arbolado, paredes y paredes recubiertas de bibliotecas, hasta un pequeño jardín y, enfrente, las flores multicolores de la célebre Colina de las Prímulas, uno de los puntos naturales más altos de la ciudad, desde donde se domina el valle del Támesis.

Amis, sin embargo, pasa gran parte del año lejos de Primrose Hill. El verano último se instaló en una casa de José Ignacio, en Uruguay, y asegura que nada extrañaba allí “salvo, claro, amigos y familia”. “Es que el año que pasé en José Ignacio fue excepcional –aclara–. No he conocido gente más encantadora y civilizada que los uruguayos.”

No parece pensar lo mismo de los argentinos. Al menos, no lo pensaba cuando escribió un artículo sobre Diego Maradona para el diario británico The Guardian, reproducido por LA NACION hace unas semanas. Allí sostenía que los argentinos tienen las peores características del histórico número diez de su selección de fútbol.

Una de las respuestas más duras llegó a través de una nota de opinión de Roberto Guareschi, publicada también en estas páginas. "La leí por encima. No hay mucho que yo pueda decir. Su queja es la que se puede hacer contra cualquier tipo de generalización. Obviamente, siempre hay magníficas excepciones: mis amigos argentinos son gente fantástica. Ellos mismos me reconocieron que estaban de acuerdo con mucho de lo que yo puse y bromeaban al respecto. El mundo sería muy aburrido si no se pudiera generalizar", dijo.

Martin Amis no es un escritor que, particularmente, le huya a las polémicas. Considerado una de las plumas más brillantes de su generación por su trabajo de ficción (clásicos como "The Rachel Papers, "London Fields", "Money", "Time´s Arrow" y "Yellow Dog", una novela satírica y humorística aún no traducida) y por sus ensayos, ha abordado temas tan duros como el Holocausto ("Time´s Arrow") y el estalinismo ("Koba el temible"). Este último libro -cuya versión en español presentó Amis recientemente en Madrid- denuncia el doble discurso con el que la izquierda suele juzgar las atrocidades cometidas por el dictador soviético frente a los horrores del nazismo. Fue el que levantó la polvareda más reciente.

Ahora Amis ha decidido saltar a otro tema complicado. Después de varios años de investigación, en sus meses en la costa atlántica junto con su mujer -la escritora uruguayo-norteamericana Isabel Fonseca- y sus dos pequeñas hijas, terminó una novela y una serie de cuentos cortos sobre el fundamentalismo islámico. Claro que, por ser Martin Amis, la forma de enfocarlo fue a través de la crisis de la masculinidad, una constante que explora en su trabajo.

"Pero es la primera en que siento cierto temor por lo que pueden ser las repercusiones", confesó a LA NACION.

-¿Por qué cree que la crisis de la masculinidad es una de las claves para entender el fundamentalismo islámico?

-Los hombres somos muy sugestionables y estamos hablando de sociedades donde al hombre se lo trata como a un semidiós, mientras que las mujeres no cuentan y son analfabetas. Al crecer, vemos a nuestras hermanas, a las madres y a las abuelas, y sólo por ser hombres es inevitable sentir que se ha recibido algún tipo de gracia divina. Ahora, estos mismos hombres después miran alrededor y esa potencia que sienten en sí mismos no la ven traducida en la realidad política, en sus países débiles y corruptos, que son una ofensa a la idea de justicia universal del islam. Y eso es una gran humillación. En Occidente no entendemos la humillación como la siente esta gente tan oprimida. Es algo aguado, en comparación. El fundamentalismo islámico se entiende, de alguna manera, por esta tensión entre el sentimiento de omnipotencia de los hombres y la inhabilidad de transformarlo en poder político. Es una reacción a siglos de hombres humillados. Ya tras perder la Alhambra, quedó la célebre frase de la madre del sultán, que le dijo: "No llores como mujer por lo que no supiste defender como hombre".

-¿Fue muy distinto escribir sobre la masculinidad y el fundamentalismo islámico que escribir sobre la masculinidad en las sociedades urbanas occidentales, su tema habitual?

-No hubo una diferencia cualitativa, pero sí de grado. Es un tipo de masculinidad que yo nunca había visto en mi vida, su versión más extrema. La masculinidad siempre ha sido mi tema y la he explorado en otros cultos a la muerte, como el nazismo o el comunismo bolchevique, pero nunca vi algo tan radical en el sentido de que no hubiera más objetivo que la guerra. Por supuesto que estamos hablando de la versión más extrema del islam, que sólo usa la religión como un pretexto y como arsenal. Dejemos bien claro que el islam tiene un ideal mucho más noble, con el cual esta gente no está conectada.

-¿Qué pasos le parecería fundamental dar para encaminar la situación?

-Aliviar la pobreza y el desempleo en estos países sería muy importante. Sin embargo, entre los fundamentalistas militantes se ha llegado a un punto en que la mezcla de soberbia, odio y lástima hacia sí mismos los lleva a actuar independientemente de los hechos de la realidad. Pero también creo que la sangre y el dinero invertidos en la guerra de Irak hubiese sido mejor usado en las mentes y los corazones de las mujeres de la sociedad islámica, que es donde veo que puede haber una esperanza de cambio.

-¿Qué papel deberían jugar los intelectuales de Occidente?

-Yo creo que gradualmente en Occidente nos estamos dando cuenta de que ésta es una guerra filosófica tanto como una guerra militar. Del otro lado también hay un elemento altamente intelectual y apasionado con el que tiene que haber un encuentro cultural, un intercambio de ideas más fluido. Debemos ponernos de acuerdo en que estamos en desacuerdo en muchos temas, y trabajar a partir de eso.

-¿Es optimista o pesimista respecto del futuro del conflicto entre palestinos e israelíes tras la muerte de Arafat?

-Es muy temprano para saberlo. Los palestinos bien podrían haberse caído de la memoria histórica sin él, pero, sin duda, Arafat fue el gurú del terrorismo moderno. Lo llevó a un nuevo nivel, sobre todo en cuanto al uso de los medios de comunicación.

-¿Cuál cree que es el papel que debería tener Inglaterra, su país natal, en el conflicto de Medio Oriente?

-¿Papel? ¿Inglaterra? Nosotros no contamos para nada. El mayor regalo de Tony Blair a los norteamericanos fue haber dicho "vamos a la guerra" con acento inglés, para que se sintieran acompañados. Nuestro primer ministro no tiene ningún tipo de influencia sobre Bush, aunque él quiera creer lo contrario. La Unión Europea, en cambio, sí puede ser vista como un nucleamiento que acumuló cierto poder político, pero no debemos olvidar que Europa es un gigante económico, pero un ratón diplomático y una hormiguita militar.

-¿Cree que con el nuevo mandato de Bush se acrecentará la brecha entre Estados Unidos y Europa?

-Lo veo como inevitable. Probablemente el proceso se hubiera retrasado algo de haber ganado Kerry, pero, en realidad, no hay mucho que se pueda hacer. A los Estados Unidos, simplemente, la vieja Europa les queda cada vez más chica.

-Usted ha vivido mucho tiempo en Estados Unidos y es conocida su convicción demócrata. ¿Le gustaría que Kerry se volviera a postular?

-Sí, pero no me parece que él, ni Hillary Clinton, que también es vista como una intelectual del nordeste de Estados Unidos, puedan tener oportunidad alguna. Edwards, en cambio, que es del Sur, puede "venderse" mejor como "el hombre común y corriente". Los norteamericanos quieren un presidente que sea como ellos y Bush hizo un trabajo excelente al presentarse como el hombre con el que podrían ir a tomar una cerveza? Claro que nunca podrían, porque Bush no puede ni acercarse a una botella, pero bueno, ése es otro tema.

-¿Cuán afectado está por el resultado de las elecciones? ¿Hay algún candidato republicano en el que tenga esperanzas?

-En la era Bush, lo que yo veo como imperdonable es que se esté en camino de erosionar la separación entre Iglesia y Estado y que las minorías sean las que van a sufrir por ello. Para las próximas elecciones, si bien ha sido planteado, veo difícil un cambio en la Constitución que permita que alguien que nació en el extranjero, como Schwarzenegger, pueda postularse. Más bien veo a Jeb Bush, el hermano del presidente, como candidato de los republicanos. Estamos retrocediendo siglos, para pasar a ser gobernados por dinastías, como en la India.

-Muchos intelectuales se comprometieron en estas elecciones con Kerry. ¿Cree que sirvió para algo?

-Yo veo el resultado como un voto contra los intelectuales. Con su apoyo a temas como el casamiento entre parejas homosexuales, la oposición a la guerra de Irak y demás, el activismo de los intelectuales a Kerry lo afectó más de lo que podría haber ayudado.

-Usted también terminó hace poco el guión para una película sobre "Northanger Abbey", la única novela de Jane Austen que aún no fue llevada al cine. ¿Es parte de lo que la revista People llamó "el momento Jane Austen"?

-No en mi caso. Ya escribí muchas veces sobre ella y que este guión efectivamente se convierta en película, bueno, ésa ya es otra historia que puede o no pasar. La industria cinematográfica es muy complicada. Pero al volver sobre Austen redescubrí algo que quizá no sea tan conocido, pero que es realmente brillante: lo último que dijo. En general, las últimas palabras de las grandes figuras son malísimas. Uno se pregunta por qué no se murieron unos instantes antes, para evitarlas. Pero Jane Austen fue distinta. Cuando su hermana se acercó a su lecho y le preguntó si había algo que quisiese, ella le contestó: "Nada más que la muerte". Me parece la mejor manera de irse.

-Usted dijo recientemente que en la medida en que uno se hace mayor, se da cuenta de que todas esas cosas, premios, reseñas, adelantos de libros, es puro espectáculo y que la verdadera acción comienza con el propio obituario. ¿Eso lo tranquiliza?

-Que la verdadera acción comience con el obituario me parece un destino satisfactoriamente equilibrado, porque uno no va a estar por acá dando vueltas para ver la respuesta, sea ésta positiva o negativa. Creo que eso lo mantiene a uno en la honestidad. A mí me gustaría ser recordado como alguien que mantuvo, como en el caso de "Yellow Dog", la novela humorística viva por, al menos, una generación más.

-Cree que el humor en la literatura está en peligro, ¿verdad?

-Me parece que la novela humorística está en retroceso. Una broma es, por definición, políticamente incorrecta. Supone una víctima y cierta superioridad de quien la cuenta. Una cultura democratizadora como la nuestra no lo tolerará mucho tiempo más, salvo que haya una gigantesca crisis económica en Occidente que desestabilice todo.

-¿Y no se viene alguna novela sobre Uruguay? ¿No se inspira en el paisaje que lo rodea?

-Para nada. Viví durante 40 años en Londres y siempre consideré que era algo bueno, si uno escribe historias urbanas, salir y mezclarse con la ciudad. Pero a medida que uno se vuelve más viejo le queda tal reserva en su cabeza que, si bien no es despreciable, ya no hace falta la experiencia directa.

Por Juana Libedinsky
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=656814

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La lección de catch

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 23-11-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

En la Escuela Nº 8 de Clorinda, Formosa, a cada uno de los 970 alumnos le corresponden diez centavos por día para comer. No nos atreveríamos a darle diez centavos de propina al chico del delivery que nos trae la pizza el domingo a la noche, ni le dejaríamos diez centavos al mozo del bar de la esquina. Pero con una moneda como ésa, de una insignificancia insultante, es que deben alimentarse cada uno de los 970 alumnos de la Escuela Nº 8 de Clorinda.
Tal vez se trate de un tic del oficio periodístico pero, para abordar aunque sea de costado un tema como “las marcas sociales del mal”, necesito un disparador que sacuda esa construcción abstracta y que la haga emerger en una imagen en la que sea posible activar la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato. Me entero de que en una escuelita formoseña cada chico cuenta con diez centavos por día para comer. Comienzo a escribir. Cuando lo escribo, intento ponerme en el lugar de lo que escribo. Me llega el gusto a bilis de una boca con hambre. Escucho el sonido hueco de un estómago chiquito. Huelo el vapor confuso de un pastiche revuelto con un hueso de vaca como único estandarte nutricio. Toco una puerta que no se abre. Veo, entonces, algo que está mal.
Y abandono por ahora, con esa imagen de los chicos de Clorinda, la diferencia entre el mal y lo que está mal. Podría decirse, de una manera provisoria, que el mal es, entre otras cosas, el miriñaque que sostiene erguido y estable lo que está mal. Porque lo que hace que el mal se encarne en sufrimiento es precisamente esta estrategia de organizarse en el intestino de lo social, de camuflarse en el sentido común de millones de personas que aceptan, como si fuera natural, que otros millones de personas vivan malas vidas. La inequidad es una de las grandes obras maestras del mal. Las grandes luchas y las ínfimas luchas, que se han librado siempre en la historia o en la vida cotidiana entre el Bien y el Mal, tienen que ver precisamente con eso: con la distribución de los bienes escasos, que según algunos es la esencia de la política.
Cuando estudiábamos en el secundario nos decían que la política tenía por objeto el bien común. Me pregunto si acaso no deberíamos pensar en cómo se construye el mal común. Cómo toma cuerpo y forma ese mal que construimos en conjunto, consintiendo el sufrimiento ajeno.
En un ensayo de 1954, Roland Barthes analizó una de las luchas entre el bien y el mal que se desarrollaba como espectáculo de masas, en un código absolutamente popular tanto en Europa como en Estados Unidos. Una década más tarde, ese espectáculo llegó a la Argentina. Me refiero al catch, y a Titanes en el Ring. La emoción básica que proponía el catch era, lisa y llanamente, la adoración del perfecto canalla. El catch permitía al público socializar una emoción que siempre fue políticamente incorrecta, aun antes de que esa noción que hoy se vuelve un nuevo corset llegara a ser formulada. La emoción del catch estaba ligada a la fascinación por lo amoral. Pantomima del deporte, que siempre fue un paradigma del reglamento, el catch surgió como neto espectáculo. Es decir, como ficción. El espectador de catch siempre supo que presenciaba una representación. Con esa confianza en que lo que sucede no sucede, es que uno va al teatro.
Los luchadores de catch exhiben una gestualidad ritual. Quien cae, no se levanta de inmediato como lo haría cualquiera que se cae en la vereda. Se queda exageradamente en el piso. El luchador caído no disimula, más bien exaspera la máscara del dolor. En la vida real impera el slogan de “Levántate y anda”, o los más aggiornados de Nike o de Adidas: “Tú puedes”, o “Nada es imposible”. En el catch, el luchador caído se ofrece como la contracara de esos esfuerzos anónimos e inútiles, y por medio de esa ficción da cuenta de una verdad: le gustaría levantarse y seguir peleando, pero alguien lo está pisando. La mirada de los espectadores se llena con la visión intolerable de la derrota. El catch opera entonces como el espectáculo que transparenta la intimidad del ofendido.
Pero no es el caído el que enfervoriza al público. El catch es un espectáculo de identificaciones cruzadas. El héroe, en este ring, es el canalla. Para hacer andar su mecánica moral, el catch tiene herramientas. Una de ellas es la toma. Mediante una toma, el débil es dominado. El fuerte y tramposo sujeta y vence al débil que respeta las reglas.
Después, en el transcurso del combate, se invertirán los roles. El débil tendrá su oportunidad y vencerá al canalla, pero solamente cuando siga las instrucciones del público, que lo alentará para que sea él quien viole las reglas y quien haga las trampas. La mecánica moral del catch hará que el débil se vuelva fuerte cuando acepte convertirse él mismo en el canalla. ¿Qué es un auténtico canalla para ese público? Esencialmente, el canalla es “un inestable que sólo admite las reglas cuando le son favorables. Se refugia detrás de la ley cuando juzga que le es propicia, y la traiciona cuando le es útil hacerlo”.
Finalmente, en la vida que compartimos socialmente, lo único que tenemos son reglas. Lo que llamamos civilización no es otra cosa que una convención. Las contravenciones a los contratos sociales son las que hacen tambalear este artificio que nos contiene a todos. Si alguien con hambre, con sed o con frío no toma los alimentos, las bebidas o el abrigo que necesita, salvo que tenga el dinero para pagarlos, es porque reclamamos que incluso los que no tienen nada se atengan a la convención. ¿Pero por cuánto tiempo y con qué derecho puede reclamársele a alguien que se atenga a un contrato que fue redactado en su contra?
Vuelvo a la escuela de Clorinda. Para que haya chicos que deban alimentarse con diez centavos por día, muchas reglas han sido violadas, y no en secreto. Y mientras sigamos sosteniendo el miriñaque que hace que el mal se encarne en lo que está mal, seguiremos aceptando que haya débiles caídos con fuertes pisándoles la espalda. No deberíamos escandalizarnos tanto cuando después esos débiles violan la ley. Como en el catch, eso forma parte de este espectáculo.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43939-2004-11-23.html

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Cuarto de huéspedes

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 21-11-2004 00:00:00

Un amigo me cuenta que se ha iniciado en un nuevo oficio. Tiene una casa grande, en el barrio de Congreso; vive solo y descubrió que le sobraban dos cuartos y le faltaba plata. Colgó algunos avisos en portales de Internet, y se sentó a esperar. A la semana, desde México le preguntaron cuánto costaban sus habitaciones por día, si incluía el desayuno, si aceptaba tarjetas de crédito, cerca de qué medios de transporte quedaba su casa, si se permitían niños, etc. Lo único que mi amigo tuvo que pensar fue el tema del desayuno: ¿se levantaría él todos los días a las siete de la mañana para hacer café y tostar pan?


BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Como sea, le pareció que debía contestar afirmativamente y ver, después, la forma en que iría a arreglarse. Declaró imposible el pago con tarjeta de crédito, que lo iba a meter en un nudo de trámites sobre los que no había ninguna garantía de salir vencedor. Por supuesto, les escribió a los mexicanos que, por las circunstancias argentinas, las tarjetas de crédito quedaban excluidas, y supuso que mencionar las "circunstancias argentinas" sonaba tan vago como convincente.

A los quince días llegaron dos mexicanos, que necesitaban asesoramiento sobre bibliotecas y archivos; poco después, una pareja de artistas alemanes con un chica de diez meses que buscaban las marchas piqueteras en una especie de turismo de aventura urbana y social. Viajeros arquetípicos sobre quienes, hasta ese momento, mi amigo había leído notas de color en los diarios.

Después llegó una estudiante de doctorado de Indiana, tres jóvenes ingleses interesados en la historia del fútbol, un guitarrista de fusión de origen jamaiquino radicado en Nueva York, una periodista brasileña simpatizante del PT, un matrimonio de jubilados de Arizona que estaban haciendo su nuevo, y quizás último, viaje de bodas, un griego traductor de literatura argentina, un ecologista de origen chileno pero radicado en Suecia que, después de una semana en Buenos Aires, se iba a mirar pájaros al Iberá, dos colombianos tras la estela de los Redonditos de Ricota, y una fotógrafa italiana enamorada de un bailarín de tango local. Mi amigo está contento. El mismo, en las afueras de Londres, en Cracovia y en Viena había vivido, como turista, en casas como la suya, que ofrecían habitación, desayuno, el diario del día, acceso a Internet y conversación más o menos interesante. Sólo debía hacer con sus huéspedes lo que sus anfitriones europeos habían hecho con él. No se trataba de un oficio sino de una especie de prolongación de la vida cotidiana incluyendo en ella las preocupaciones e intereses de los extranjeros que habían elegido su casa. Todos eran viajeros cosmopolitas, acostumbrados a andar por el mundo globalizado, y les seducían, en primer lugar, las diferencias culturales sobre todo si ellas podían experimentarse en una ciudad como Buenos Aires, a la que evaluaban amable, segura y barata.

Le pregunté a mi amigo quiénes habían sido sus anfitriones cuando él fue pasajero de habitaciones con desayuno en el extranjero, similares a las que ofrecía en Buenos Aires. Recordó una encantadora señora viuda de Londres, de unos setenta años, cuyo hijo vivía en Kuwait y ella redondeaba sus gastos con el bed & breakfast; yo me acordé de un relojero jubilado en cuya casa de Budapest viví una semana; y los dos habíamos conocido a la misma pareja de ancianos holandeses que, para no aburrirse y porque eso les permitía ahorrar y ayudar a una hija hippie que vivía en Mallorca, alquilaban habitaciones de su casa de Amsterdam. Seguimos haciendo memoria y en la lista de nuestros anfitriones figuraban muchas viudas y viejos matrimonios que, antes de jubilarse habían sido pequeños comerciantes o empleados públicos de categoría baja, además de alguna familia con deudas o demasiados hijos.

Lo que nos pareció que era algo completamente argentino, una originalidad invencible, era que el dueño de un bed & breakfast fuera, como mi amigo, profesor titular de tiempo completo en la que ha sido la universidad más prestigiosa de América Latina. Eso, en otros lugares, no se encuentra.

http://www.clarin.com/diario/2004/11/21/sociedad/s-872728.htm

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"Carlos Gardel fue un notable empresario de sí mismo"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 21-11-2004 00:00:00

OSVALDO BARSKY, ECONOMISTA

En pocos días, Taurus lanza "Gardel. La biografía", escrita por Osvaldo y Julián Barsky. Es un libro de 950 páginas, que llevó casi veinte años de trabajo y releva entrañablemente toda la vida del artista.

Analía Roffo
aroffo@clarin.com

Un biógrafo fuera de serie, Richard Ellmann, dice en su libro sobre James Joyce que se escribe una buena biografía cuando logran detectarse "los detalles que se repiten hasta armar un rasgo y la energía que sostiene esos detalles". ¿Qué detalles y qué energía hacen de Gardel, Gardel?

—El principal es su implacable búsqueda del perfeccionamiento musical. Eso aparece en los recuerdos de todos los que lo conocieron. Hay anécdotas reveladoras, como cuando Gardel y Razzano estaban en las primeras giras por el interior. Eran dos, tres pelagatos que actuaban por monedas; habían salido a la aventura y solían huir de los hoteles sin poder pagar. Sin embargo, Gardel despertaba a Razzano a las tres de la mañana para decirle: "Escuchá esto de nuevo; si hacemos esto así y asá, con este rasgueo así y ponemos la voz así..." Y Razzano no podía sino conceder. Gardel era un obsesivo absoluto con el perfeccionamiento musical. En una de las primeras giras, compra una libreta negra —que aún existe— y empieza a pegar los recortes de sus primeras actuaciones en esos pueblitos del interior: tenía muy claro que iba a hacer carrera artística. Y toda su vida fue así: su vida privada, sus amores, sus movimientos, sus relaciones políticas giraban en torno de su carrera artística.

# ¿Tenía mucha autoexigencia, una voluntad a toda prueba?

—Sí, eso es impresionante. Hay relatos extenuantes de las jornadas de trabajo. Quizás a veces exagerados, porque algunos de sus colaboradores dicen, en Nueva York, que llegaban a dormir tres horas diarias. Pero la esencia es verdad, porque ellos componían ahí las canciones, él las interpretaba en un nivel extraordinario, se hacían los arreglos y las películas se filmaban en dos semanas. Battistella es un personaje exagerado, pero cuenta cómo en Francia componían en el momento mismo de la filmación. Incluso dice que a veces hay canciones que él no había terminado de escribir. Entonces Gardel repetía dos veces el mismo estribillo, porque no había tiempo de redondearlas. Era el vértigo absoluto del trabajo. Hay años en que la cantidad de grabaciones es monstruosa —centenares—. Gardel era tan obsesivo que no dejaba publicar muchas grabaciones, o grababan cuatro o cinco veces y luego las hacía desechar. Tan es así que buena parte de las grabaciones se han publicado después de su muerte; se las ha ido recuperando de versio nes que él grabó y no dejó publicar. Todo esto lo define como un hombre absolutamente perfeccionista y un fanático del arte.

# ¿Tenía modelos artísticos que se imponía seguir?

—Sí, tenía clarísimos modelos artísticos desde niño. Porque él se cría en un mundo musical maravilloso. Esa Buenos Aires es incomparable con lo que es Buenos Aires hoy: todo el arte pasaba por aquí. De chico, Gardel amaba las bandas militares. Un poquito más grande, el impacto impresionante es el de la canzoneta, sobre cuyo modelo construye el tango. El era un formidable cantor de canzonetas. En la fonda donde le daban de comer, en lo de los italianos Traverso, pasaban los discos de Caruso, que tenían tanto grabaciones operísticas como canzonetas. El otro impacto aún más formidable es que Gardel —dado que su madre era planchadora y que vivían en una zona de teatros— trabajaba de jovencito como claque, tanto para zarzuela como de ópera. Entonces, sus modelos son Tita Ruffo y Sagi Barba, el gran cantante de zarzuela que había triunfado en la Argentina.

# Esa madre planchadora que sostiene la casa, ¿no habrá funcionado también como un buen modelo de voluntad y trabajo a conciencia?

—Gardel tenía una relación compleja con la madre. Lo que pasa es que Buenos Aires era muy especial: era la ciudad del mundo que tenía más chicos en la calle. Gardel de pibe era muy inquieto y la madre lo tenía que salir a buscar bastante. Ella trabajaba todo el día, y él tenía casi una familia sustituta: la de Rosa Francini. Pero él andaba dando vueltas, metiéndose en todo ese ambiente de iniciación precoz en la sexualidad. Mi hijo Julián y yo buscamos los planos de la ubicación de los prostíbulos: había cuatro lugares de tipo prostibulario por manzana en la zona donde vivía Gardel. Hacia los 14, abandona por cuatro años la casa. Su madre le pierde la pista, luego vuelve y se reconcilian. Después, en toda su vida, él habla de una relación de mucha cercanía —"la viejita querida"—, pero ésa es también parte de la construcción de su carrera que él mismo hace. Es cierto que hay bases reales, porque le compra la casa a la madre y va a verla a Francia muchas veces, cuando ella se reconcilia con su familia. La habían repudiado por ser madre soltera. Era una mujer dura y sacrificada, formada en la adversidad; lo tenía zumbando a Gardel.

# ¿Qué episodio podría mostrar esa capacidad obsesiva para el trabajo que usted destaca?

—Gardel es un notable empresario de sí mismo. Un excelente ejemplo es su prolongada negociación a través de la cual logró sellar un acuerdo con la Paramount para realizar dos películas en Nueva York, con opción a cuatro más. Ahí, Gardel, habiendo triunfado en Francia —no se sabe bien, pero dicen que vendía más discos que Edith Piaff—, en el centro de uno de los ejes culturales del mundo, se lanza a conquistar otro. Lo tenía muy claro: "Hay que conquistar el cine, definitivamente, y conquistar el otro eje, el anglosajón, y para eso hay que ir a Estados Unidos". Y lo venía diciendo ya desde 1928: "Ya tengo un contrato con la Paramount para ir a Hollywood". No tenía nada, pero en las conferencias de prensa lo preanunciaba.

# ¿Sanata gardeliana?

—¡Claro! La sanata gardeliana es maravillosa y permanente, porque él vivía prevendiéndose. Todo el tiempo le anunciaba al periodismo cosas que no eran. En realidad, las anticipaba. En el caso que le cuento, se va a Estados Unidos, al Waldorf Astoria, porque él desembarcaba "a lo Gardel". Ganó dineros increíbles y también los gastó. En Nueva York advierte que está en un contexto distinto, con negociaciones arduas, en el medio de la crisis de la industria cinematográfica internacional por la debacle del 30. Entonces se queda, reduce notablemente sus gastos, rechaza contratos teatrales porque no quería desviar la atención y está como seis meses negociando. Algunos le sirven como introductores en el medio, pero él funciona como el motor de un equipo implacable en la negociación. Cuentan que la Fox le ofrece una cifra y él los saca corriendo. Tenía mucha conciencia de su extraordinaria calidad. Gardel, Bing Crosby y Maurice Chevalier eran el trío mayor en esa época. Y, como dice Chaplin, él era el mejor musicalmente. Gardel no dejaba de asombrarse de sus éxitos, pero tenía conciencia de su talento. Entonces, negocia muy duramente y termina formando una compañía independiente: Exito Productions. Resultado: es socio de la Paramount, no asalariado.

# Cada tanto aparecen "investigadores" que descubren la presunta homosexualidad de Gardel. ¿Cómo amaba, más allá de la elección de pareja que hiciera?

—Es indiscutible la heterosexualidad de Gardel. Respecto de cómo amaba a las mujeres, hay muchas pistas que revelan que fue un amante intenso. Una relación importante fue con Isabel del Valle, de quien se enamora profundamente cuando ella tenía catorce años y él, alrededor de treinta. Como Isabel misma lo cuenta en entrevistas filmadas, la llevaba a la calesita. Ella era una mujer bastante corpulenta y muy linda. Había entre ellos un pacto tácito porque él seguía haciendo vida con la Ritana, que era una de sus famosas amantes. Pero era el modelo de la época. Isabel lo aceptaba, aunque su familia chantajeaba a Gardel y le sacaba dinero. Pero Gardel la quería y además, tenía una debilidad: no podía romper las relaciones afectivas.

# ¿Isabel era la novia formal con la que no había sexualidad?

—¡No! La había —muy buena, según ella misma cuenta— y desde muy temprano. Inclusive, vivieron un tiempo juntos. Todas las amantes de Gardel —Mona Maris es un ejemplo— dicen que era un excelente amante. Pero Gardel tenía muy claro que no podía casarse, porque un matrimonio le iba a restar energía para su gran carrera artística. No lo olvide: era un gran empresario de sí mismo.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/11/21/z-04015.htm.

Copyright Clarín, 2004.

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Con la frente marchita

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 21-11-2004 00:00:00

Por Juan Gelman

Una crisis particular está afectando a las fuerzas armadas estadounidenses: la escasez de efectivos suficientes para cumplir el sueño imperial de la Casa Blanca. No se trata sólo de las tropas estacionadas en las bases militares que Washington ha desparramado por 130 naciones. Más bien, y sobre todo, ocurre que la ocupación de Irak y Afganistán –140.000 y 10.000 hombres, respectivamente– causa una sangría que no cesa y el Pentágono ha llamado nuevamente a filas a más de 4 mil veteranos de guerra para enviarlos a los dos países invadidos. Algunos ya combatieron allí, otros no, y un buen número de ellos se opone a una reincorporación que los arrancaría de la vida civil y los expondría otra vez a la muerte y la barbarie: unos 1800 ex soldados y oficiales –el 45 por ciento de los reconvocados– han pedido que se los exima de semejante pesadilla y casi un 30 por ciento de los 2500 que debían presentarse en los cuarteles para ser reentrenados respondieron con su ausencia (The New York Times, 16-11-04).
Se comprenden las razones del Pentágono, también las de los veteranos, y todas se originan en los mismos hechos. Sólo que unos los provocan y otros los padecen. Este noviembre fue especialmente duro para los ocupantes: 100 muertos –sobre todo marines– y 500 heridos en 17 días, y no sólo por la toma de Faluja. Son cifras oficiales, las reales quién sabe. Las acciones de la resistencia iraquí han pasado de un promedio de 80 a otro de 140 por día. Algunos de los ex militares que se niegan a volver han recurrido a la Justicia federal. Otros piden consejo al Comité Central de Objetores de Conciencia (CCCO por sus siglas en inglés), organismo no gubernamental con sede en Oakland, California, que asesora a los que no desean vestir uniforme ni matar semejantes y que ayudó a centenares de ellos a escapar del infierno de Vietnam. Desde 1994 el CCCO recibía unos mil llamados telefónicos anuales de otros tantos asediados por la sombra de las armas; en el 2003, invadido y ocupado Irak, fueron casi 29.000 (www.objector.org).
Hay quienes eligen un camino más activo y se suman a Veteranos contra la guerra de Irak (VAIW por sus siglas en inglés), que en su declaración de principios se autodefine como “una coalición de veteranos estadounidenses que apoyamos a nuestras tropas, pero nos oponemos a la guerra con Irak o cualquier otro país que no sea un peligro claro y presente para nuestro pueblo y nuestra nación” (www.vaiw.org). A menos que el actual gobierno de EE.UU. –agrega– “aporte pruebas que demuestren claramente que Irak o cualquier otra nación constituye un peligro claro, directo e inmediato para nuestro país, nos oponemos... a las actividades militares en Irak”. Estos veteranos subrayan que el concepto de guerra preventiva “sienta un antecedente peligroso en el ámbito internacional” que podría incrementar la inestabilidad en Medio Oriente y multiplicar el estallido de conflictos mayores, así como “distraernos de nuestros objetivos de perseguir y destruir al terrorismo internacional. Además, creemos que ningún gobierno, demócrata o republicano, puede o debe usar a las fuerzas armadas estadounidenses como policía del mundo”. No parece ociosa la repetición en el texto de voces derivadas de la palabra claridad.
Cunde en EE.UU. el temor de que los “halcones-gallina”, agrandados por la reelección de W., decreten la conscripción militar obligatoria. No faltan indicios. Como muestra Michael Moore, los reclutadores de las fuerzas armadas merodean los colegios secundarios y los barrios pobres de lasciudades norteamericanas ofreciendo futuros brillantes para quienes se enrolen (The Connection Newspapers, 10-11-04). La ley federal de reforma educativa promulgada en el 2002 abriga en sus frondosas 670 páginas una disposición que obliga a las escuelas secundarias públicas del país a permitir el acceso de los reclutadores a información sobre los estudiantes –nombre, teléfono, domicilio–, lo que obviamente facilita el acercamiento a los candidatos a soldado. En 1999 –según cifras del Pentágono– esa clase de acceso fue negado por las autoridades escolares en 19.228 ocasiones. Ya no. Jóvenes de 18 años –edad mínima fijada por la ley– son tentados a convertirse en fresca carne de cañón.
La Legislatura de Luisiana ha ido más lejos: el año pasado aprobó la ley 373 por la cual los menores de 16 años que solicitan una licencia de conductor deben antes registrarse en el Sistema selectivo de la reserva (SSS por sus siglas en inglés), una suerte de fondo de veteranos que han cumplido sus obligaciones con las fuerzas armadas y que, a diferencia de los miembros de la Guardia Nacional y de los reservistas sin experiencia de combate, no reciben paga ni entrenamiento; al SSS pertenecen muchos de los ahora convocados. “No puedo creerlo, me deja estupefacto”, exclamó Larry Chevalier, natural de Luisiana, cuando fue a firmar la autorización para que su hijo de 16 obtuviera la licencia. “Lo que no me gusta –precisó– es que alguien en poder de toda esa información sobre los muchachos participe en una reunión cerrada en la que se analiza cuántos jóvenes están disponibles para ser reclutados dos años después” (The Town, 13-11-04). Pero es así. El que devora entrañas ajenas se devora las propias.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43865-2004-11-21.html

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"La opción no debe ser comer o educarse"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 20-11-2004 16:33:39

Lo sostiene el pedagogo y escritor Alfredo van Gelderen

“Los argentinos todavía no hemos comprendido que la Argentina va a ser lo que sea su educación”, dice Alfredo van Gelderen.

Como apasionado de un tema al que le ha dedicado su vida y su vocación, este maestro de alma y destacado pedagogo plantea sin medias tintas lo que debería estar, a su entender, en el centro de la preocupación nacional: la falsa inclusión social que significa hoy una educación para todos, pero con pobres estándares de calidad, y que no prepara a la altura de las exigencias de la bien llamada sociedad del conocimiento. Una sociedad, por otra parte, cada vez más exigente con sus miembros más jóvenes.

“Yo me autodefino como escuelero”, dice Van Gelderen, como para dejar en claro la devoción que le inspira la tarea anónima y esforzada, en medio de todas las carencias, de esas 45.000 unidades educativas que tiene la República Argentina, las mismas que durante los últimos tres años se mantuvieron en pie en medio de lo que el especialista en historia económica Roberto Cortés Conde definió como "la peor crisis de la historia argentina".

Docente por vocación y por herencia -su bisabuelo, Adolfo van Gelderen, llegó al país desde Holanda a mediados del siglo XIX, se nacionalizó argentino, trabajó con Sarmiento, formó parte del primer Consejo Nacional de Educación y fundó la Escuela Normal Superior del Profesorado Mariano Acosta- sus opiniones sobre la pobreza, no sólo económica sino también educativa y cívica de los argentinos, llaman a la reflexión.

Durante los últimos cincuenta años, Alfredo van Gelderen ha ejercido la docencia en los niveles primario, secundario, terciario -no universitario y universitario- y de posgrado.

Es miembro de número de la Academia Nacional de Educación y de la Academia Europea de Ciencias y Artes y autor de numerosos libros y ensayos sobre su especialidad.

Cuando las cifras de pobreza golpean sin piedad a los más jóvenes, Van Gelderen llama a renovar el pacto social entre la familia y la escuela, a retomar el compromiso de los padres argentinos con la educación integral de sus hijos y a compensar ausencias que hoy, en muchos casos, casi se parecen a una claudicación.

-Cuando se analizan los motivos de nuestra decadencia, una de las primeras razones que se señalan es la dramática caída en los niveles educacionales. ¿Cómo y cuándo se inició ese proceso?

-Creo que hay que remontarse a un período en que la Argentina empezó a sentirse satisfecha de los resultados del esfuerzo estatal en materia educativa, cuyo ejemplo más visible fue la incorporación de millones de inmigrantes, no sólo al sistema educativo, sino a la vida cívica. La sociedad asumió que la educación le correspondía al Estado y comenzó a desentenderse. El Estado, a su vez, tomó la totalidad de la responsabilidad en instituciones excesivamente conservadoras. Cuando llegó la reacción y los agentes no estatales empezaron a intervenir en el servicio público de la educación frente a la debilidad creciente de la oferta del Estado, se fue haciendo carne la idea de que las familias pagaban educación privada para desentenderse. Es decir, hubo acciones positivas que provocaron respuestas negativas. Llevamos más de medio siglo en estas condiciones. Hoy somos una sociedad despreocupada por lo educativo, en el momento en que más golpea la pobreza.

-Los datos oficiales revelan que en la franja que va de los 15 a los 29 años, seis de cada diez jóvenes viven en la pobreza. ¿Qué estamos haciendo por ellos?

-Los argentinos tenemos una deuda social, que es compensar la desigual distribución de los conocimientos en el país. A estos jóvenes hay que recuperarlos. Hay que salir a buscarlos, compensar las diferencias, brindarles su ración cultural, tengan la edad que tengan. Mañana es demasiado tarde.

-¿Cómo buscarlos?

-Con campañas de educación para adultos. Eso exige una prelación en nuestras políticas de Estado y el compromiso de las empresas, los partidos, las iglesias, la sociedad en su conjunto. Tener buenas estadísticas en la educación primaria en las edades correspondientes no nos tiene que tranquilizar. El analfabetismo, en términos de capacitación para el trabajo, es altísimo, y la no capacitación para la vida activa es sinónimo de exclusión. No hay inclusión social sin la resolución de los problemas educativos de todos los miembros de la sociedad. Los argentinos hablamos de crecimiento y no de desarrollo. Tenemos que hablar del desarrollo posible de todos los ciudadanos.

-Si algo caracterizó a la educación argentina durante muchas décadas fue la promesa de un futuro mejor. Esa esperanza se ha perdido, lo que resulta demoledor.

-Pensemos en nuestro proletariado profesional desocupado. Es un peso social monstruoso. Hoy el ideal democrático ya no es una educación para todos, sino educación de calidad para todos. Porque poner a los jóvenes en un sistema sin calidad es largarlos a la vida sin armas para defenderse. Es perpetuar la exclusión.

-Sin embargo, el foco parece estar puesto más en una escuela contenedora, inclusiva, que dé respuestas a necesidades básicas insatisfechas, relegando a un segundo plano la transmisión de contenidos.

-Yo creo que en estos tiempos a la escuela nada de la persona le puede ser ajeno. La escuela no puede pretender enseñarles a chicos con hambre. Pero la opción no es comer o educarse: hay que atender ambas cosas. Los que han recibido menos necesitan recibir más para compensar su educación y salvar la inequidad. A la escuela hay que asistirla, darle recursos profesionales y materiales para que pueda ejecutar las políticas generales o las complemente de acuerdo con las necesidades de los alumnos. La escuela moderna es la escuela compensadora.

-¿Cómo se hace para retener a los chicos en el sistema aumentando los contenidos y las exigencias sobre esos contenidos?

-Hay que fijar estándares de calidad e interesar a los padres en el proceso educativo de sus hijos. La escuela sola no puede. LA NACION y las jurisdicciones educativas se están definiendo por una política de mayor exigencia, pero esta decisión tiene que ser acompañada por la sociedad. La desjerarquización de la educación y de los docentes se debe a que la familia argentina hace mucho tiempo que abandonó el respeto y la fe en la institución escolar. Por eso yo digo que hay que renovar el pacto social entre la familia y la escuela. La escuela en este momento está abandonada por el desinterés de los padres. No los vamos a juzgar: los padres están atravesando crisis de variadas características y cuesta creer que han abandonado muchas responsabilidades respecto de la educación de sus hijos por maldad. Lo han hecho, creo yo, por ignorancia. Nadie nos ha preparado para ser padres o madres. Vamos descubriendo lo que tenemos que hacer y en este momento de muchas preocupaciones, de tiempos alterados, las familias han tomado el salvavidas de la escuela y se han desligado. Delegan, compran tranquilidad.

-¿Se refiere a la educación privada?

-A ambas. En una porque no tienen comunicación y en la otra porque creen que pagan un seguro total, integral. Pero la familia necesita la orientación de la escuela y la escuela, a su vez, no puede avanzar sola. Indudablemente, el problema argentino pasa por que la sociedad se comprometa, tanto el Estado como los particulares. Todos los agentes que educamos en la sociedad tenemos que ponernos a trabajar, a hacer las cosas como se deben hacer, pues tenemos doctrina suficiente.

-¿También los medios de prensa?

-Para renovar el pacto entre la escuela y la familia necesitamos la colaboración de los medios de comunicación, porque es indudable que no se puede construir en cuatro horas lo que se destruye en las otras veinte. No se puede aceptar que la única evasión y la única diversión posible, sobre todo de los que tienen menos, sea la destrucción -particularmente, a través de la televisión- de lo que la escuela ha construido. Como ciudadanos, debemos lograr que los medios de comunicación sean sanos, constructivos, complementarios con el obrar de la escuela y, a su vez, que el Estado cumpla con las funciones que tiene que cumplir como garante del bien común, para orientar a esa escuela sin paredes que tiene una fuerza de transmisión cultural -o anticultural- impresionante.

-¿Por qué no podemos lograrlo?

-Porque hay una ciudadanía que no reclama. Como ciudadanos, deberíamos exigir que el Estado, los cuerpos ejecutivos, los cuerpos legislativos y de control hagan lo que tienen que hacer y que los particulares responsables de esos medios se autocontrolen. En España, el partido gobernante está buscando acuerdos con los particulares para la autorregulación de los medios de comunicación. Me parece ejemplar. Porque insisto en que la escuela no puede sola en la tarea educativa.

-¿Estaremos los argentinos a la altura cívica necesaria?

-Yo creo que tenemos un déficit. En Nueva York, en el Comité Jurídico Americano, en mayo, el doctor Kirchner puso en paralelo la pobreza económica y la pobreza cívica de los argentinos. Creo que fue la única vez que lo dijo.

-¿Cómo evalúa la apatía de los más jóvenes hacia la participación política?

-Yo no culpo a los jóvenes, sino a los partidos, que no son convocantes. El idealismo de los jóvenes no encuentra ubicación en las estructuras partidarias. Hoy discutimos a qué edad deben votar, pero no si están preparados para votar. Yo no conozco escuelas de civismo para los jóvenes y la institución educativa tampoco está cumpliendo esa función. Por eso, los jóvenes se deciden a participar a través de las ONG. Este es un fenómeno muy interesante. En la Argentina estamos con más de la mitad de los argentinos en la pobreza, pero no podemos medir lo que ha crecido la solidaridad. Somos una sociedad que ha descubierto al prójimo mientras temblaba el piso de la República, para usar términos de Natalio Botana. Eso nos está marcando que no todo ha fallado en la educación de las argentinas y de los argentinos. Yo veo que ahí hay reservas.

-¿Cómo analiza el descontrol de muchos adolescentes de clase media en las fiestas de egresados?

-El problema de las adicciones es el problema de los chicos abandonados, que se refugian donde pueden. En las adicciones hay mucho de abandono. A mí lo que me preocupa es que la escuela, como institución congregante, haya renunciado nada menos que al tiempo pedagógico del último año de la secundaria. Ningún sistema del mundo tiene como momento descartable el final de la escuela media, previa al ingreso a la universidad. Es disparatado. Por eso digo que somos inconscientes. Mientras tanto, países como Francia o, sin ir más lejos Chile, publican los resultados del bachillerato universitario, porque el que tiene el mejor promedio tiene derecho a elegir la universidad. Además, eso los compromete cívicamente. Mientras tanto, nosotros hemos decidido dar dos y tres fiestas por semana durante todo el año, ajenos a una verdad ineludible: la escuela no debe ser divertida ni fácil. Debe ser la que exige y logra que se superen las dificultades.

-¿Dónde están los padres?

-Lamentablemente, tengo la impresión de que los padres argentinos han claudicado. Por pobreza o por abandono, hoy muchos chicos no van a clase en condiciones de educabilidad. Van mal dormidos, mal desayunados, a veces mal higienizados. Después, en el primer recreo de la mañana, esos chicos se abalanzan sobre las máquinas de gaseosas y de chizitos. Son, tal vez, los mismos chicos que chatean hasta la madrugada encerrados en sus cuartos. Aquel aula que era el living familiar ya no existe. Ya no es más ese lugar en el que se vivía y se compartía. Hoy los chicos con recursos económicos se encierran y los padres no saben para qué usan Internet o qué ven en la televisión. La computadora y el televisor no tienen que estar en el cuarto de los chicos. Eso es lo menos educativo del mundo y desnuda la claudicación de los padres en poner horarios, límites, normas. A su vez, las escuelas tienen que superar el miedo a los padres. Hoy los padres ni siquiera miran los trabajos escolares de sus hijos. Se ha desintegrado la vida familiar. Uno ve en los jardines de infantes cómo cuesta que los chicos cumplan consignas, porque en la casa ya no se sientan a la mesa, no comen lo que comen los grandes, ven televisión a la hora de la reunión familiar. Esto se está transformando en un problema social.

-¿Cómo evalúa los resultados de la ley federal a diez años de su aplicación?

-Creo que la Argentina no comprendió la reforma, porque no la comprendieron, en primer término, o no quisieron comprenderla, los gremios docentes. El poder docente, que es real en el sistema, no cumplió el papel que tenía que cumplir en la responsabilidad de ser, como todo docente, promotor del cambio. Entonces, estamos en una especie de retorno. Lo que pasa es que en estos años de aplicación, que efectivamente no serán más de siete u ocho, estamos ansiosos de ver resultados y nos olvidamos del cuadro de deficiencias anteriores. Lo que había en el momento en que se empezó a aplicar la ley no era aceptable, porque entonces la UBA no hubiera tenido que crear el CBC ni hubiera tenido que poner temas de la escuela secundaria para suplir fallas. Acá hay una especie de nostalgia. Este presente que se ve malo empieza a endulzar el recuerdo del pasado, pero el pasado no era floreciente en el 93. Había un 40 por ciento de deserción en la escuela secundaria, que era histórico. En primero y segundo años de la secundaria, por falta de articulación con la escuela primaria se perdían cuatro de cada diez alumnos. No había una situación paradisíaca. Si no, hubiera sido un disparate dictar una legislación para el cambio. Ahora, ciertamente hubo defectos de aplicación, hubo errores en las políticas jurisdiccionales.

-¿La ley de transferencia de los servicios educativos a las provincias fue un acierto o un desacierto?

-La ley de transferencia significó poner en marcha la definición escolar de una república federal. Republicanamente, fue acertada. Ahora, creo que el federalismo educativo crecerá en función de lo que crezcan los equipos técnicos permanentes y en función de los aciertos de cada jurisdicción. En el país hay una desigual distribución de los conocimientos, lo que alimenta las desigualdades. Hay que encontrar los mecanismos para que las escuelas y los grupos escolares que hasta ahora recibieron menos, sean los que reciban más.

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=655749

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La casa está sucia

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 20-11-2004 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

La casa sigue sucia, a veintiún años de la caída de la dictadura militar. En Zárate, la Justicia hizo un allanamiento que dejó al desnudo que todo sigue igual en el Ejército argentino, más disimulado, por cierto, más mentiroso. Una casa en medio de un barrio dedicada a los servicios de informaciones, que no es otra cosa que la alcahuetería rastrera de la gente que al Ejército “le resulta sospechosa”. Nos podemos imaginar quiénes son los sospechados: obreros de actividad sindical, periodistas independientes, intelectuales que persiguen las huellas de los asesinos de siempre.
Todo se debió a la denuncia de un dirigente obrero que expresó que en la casa llamada “Frente de piedra” –Lavalle 636– había sido detenido y golpeado bárbaramente por el Ejército durante la dictadura. La Justicia ahora actuó de inmediato y ordenó el allanamiento. Lo que se encontró –hasta una picana eléctrica– dejó en claro que todo sigue igual. Residencia de alcahuetes pagos que sirven para vigilar a los ciudadanos que no agachan el lomo. Una dependencia del Servicio de Inteligencia del Ejército.
Uno se pregunta: ¿pero acaso después de la dictadura no estuvo de comandante en jefe el general Balza, que se rasgó las vestiduras de que él –aunque estaba en actividad– no participó de la represión y habló decenas de veces de la democratización y de la limpieza del Ejército? ¿Cómo es esto? El allanamiento demuestra que todo sigue igual. Baste leer los objetos encontrados en la casa allanada: armas de fuego varias, proyectiles, proyectiles antiaéreos, fotografías, agendas, mucho material bibliográfico (manuales y revistas de inteligencia del Ejército), ropa de fajina, una diminuta cámara fotográfica, miras telescópicas, silenciadores, abundante cantidad de ropa usada, una especie de soldador sin punta de los que se utilizaban como picana eléctrica, certificados de la ICIA, gran cantidad de armas blancas, banderas argentinas, libros por supuesto sobre el comunismo y la lucha contra la subversión, miguelitos, etcétera.
Lo sorprendente es que ya la Justicia había preguntado al Ejército si allí funcionó durante la dictadura militar el Destacamento ICIA 201/1, y el Ejército lo negó hace muy poco tiempo.
Bien, se comprobó que en el lugar vive Juan Isaac Maldoz Peraza, del personal civil de Inteligencia. Resulta curioso que el nombrado es uruguayo y que en cuatro meses de llegado al país se le dio la ciudadanía argentina, lo que hace sospechar que formó parte del Operativo Cóndor, operativo conjunto de las Fuerzas Armadas para combatir a la izquierda. Ya se ha revelado la cantidad de cobardes asesinatos políticos que cometieron tales sicarios. Se conocen declaraciones de dicho agente a vecinos en las que declaró que a los desaparecidos no los iban a encontrar más y que durante el Mundial de Fútbol del ‘78 tuvo la orden de reprimir a gays y travestis para que no dañaran la imagen argentina en el mundo. Y se preciaba de haber pertenecido al ejército uruguayo. Declaró, además, ante el juez que hasta marzo de este año cobraba su sueldo a nombre de Juan Isaac Maldoz Peraza, pero que a partir de esa fecha, por orden del Estado Mayor del Ejército, su nuevo nombre era Ambrosio Serrano y exhibió su nuevo recibo de sueldo con ese nombre. Es decir, el Ejército sigue actuando con absoluta impunidad, con métodos mafiosos, pisoteando leyes y reglamentos. Se sigue sintiendo dueño de la vida y de la muerte. Agregó el individuo que en la actualidad desempeña funciones en el Destacamento de Inteligencia de Combate de Campo de Mayo. Y que su actual jefe es el coronel Aurelio Corcelli.
La víctima de la brutalidad del Ejército que hizo la denuncia es Valentín Rogelio Ibáñez, quien fue delegado obrero de la cercana empresa DalmineSiderca. Que con otros dos delegados fue detenido en 1977 por dos civiles armados que los llevaron a la casa de la que estamos hablando, donde durante tres días le propinaron palizas indecibles a patadas y puñetazos. Eran miembros de Inteligencia del Ejército que les querían hacer declarar que los detenidos eran comunistas, cuando en realidad eran peronistas. Estos procedimientos van a ser repetidos en varias oportunidades y finalmente los perseguidos serán dejados en libertad porque no se les pudo comprobar nada.
Cuando el ocupante actual de la casa allanada, como decimos, el uruguayo Juan Maldoz Peraza, fue detenido al entrar en la casa allanada, es decir, hace pocos días, se le secuestró un bolso en el que tenía 24 proyectiles calibre 22 punta de plomo y 16 proyectiles intactos calibre 22, una tricota verde militar, una gorra blanca con visera y escudo, una camisa camuflada, una gorra azul con visera, con estampado CVN, un pasamontaña verde, una bombacha de fajina camuflada con cinturón color marrón, y en uno de sus bolsillos un cargador para pistola 9 mm, una campera de piloto de avión con aplique de bandera argentina y escudo de la Escuela de Aviación del Ejército. Uno de los allegados del miembro del Ejército Peraza declaró ante el juez que éste, cuando se refería a los desaparecidos, los calificaba de “comunistas de mierda”. Y que durante la represión había actuado en el Batallón 601 de Inteligencia. Y que ahora trabaja en la oficina denominada CRIM del Ejército en Campo de Mayo. A Maldez Peraza se le secuestran libros que estaba leyendo, entre otros, Subversión comunista en Latinoamérica y otro a favor de la campaña del desierto de Roca llamado Política seguida por el aborigen del Círculo Militar.
Ha intervenido el juez Federico Efraín Faggionato Márquez y la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense. Se investiga actualmente cuántos hechos de tortura y de detenidos ocurrieron en esta casa y por qué el Ejército negó que fuera propiedad de esa institución tal guarida.
Resulta un insulto a las instituciones democráticos que el Ejército niegue realidades y que se maneje siempre en el misterio con que ejecutó los horribles hechos de torturas, apropiación de niños y desaparición de personas. Creemos que éste es un caso que no sólo debe ser tratado por la Justicia sino que da ocasión para que el Congreso origine un debate y una comisión de investigación para que sanee la moral de esa institución. Y a esa investigación hay que comenzarla con la averiguación de las ideologías de los profesores del Colegio Militar. En el film Panteón Militar que se debe a mi investigación, está bien claro la ideología de los que enseñan a los actuales cadetes. No basta con bajar el retrato de Videla, que por fin se hizo en el 2004 a pesar de que denuncié el hecho de su existencia en 1992, y ni Menem, ni De la Rúa, ni Duhalde se sintieron responsables de ese insulto a todas las víctimas de esos tétricos años del crimen y del abuso de la dignidad.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43834-2004-11-20.html

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"Así, la universidad pública no sirve"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 17-11-2004 16:28:24

Lo sostiene Pitte, presidente de la Sorbona

PARIS.– A cinco años por mandato, Jean-Robert Pitte debería ser el presidente número 150 de la Universidad de la Sorbona. Pero, probablemente, eso sea falso. La verdad es que desde 1254, cuando fue fundada por Robert de Sorbon, chambelán del rey San Luis, ningún historiador se puso a contar cuántos fueron los hombres que dirigieron la Universidad de Filosofía y Letras más prestigiosa del mundo.

En 750 años de vida, además de su excelencia académica, la Sorbona ha sido escenario y protagonista de todas las luchas teológicas, políticas y sociales de la historia del Occidente cristiano.

Creada para enseñar teología a unas decenas de estudiantes pobres en un exiguo espacio sobre la orilla izquierda del Sena, la Sorbona cuenta hoy con 26.000 alumnos e investigadores llegados de todo el globo y con mil profesores, que imparten clases en todas las disciplinas de las ciencias humanas.

Su actual presidente, Jean-Robert Pitte es geógrafo. Se trata de un apasionado estudioso que se prepara a publicar una extensa "Geografía del vino" y que viajará próximamente a Mendoza en el marco de sus investigaciones.

A la cabeza de la Sorbona, Pitte tiene entre sus antecesores al mismísimo cardenal Richelieu, quien en 1622 hizo construir una capilla, en la que actualmente se conservan sus restos, y que pagó de su bolsillo la primera gran reestructuración de ese noble edificio ubicado en el corazón del Barrio Latino. El nombre de ese sector de París proviene del uso del latín, idioma en que hablaban estudiantes y profesores.

La Sorbona alcanzó el cenit de su celebridad entre 1800 y 1900. Y fue sólo a fines del siglo XIX cuando las mujeres hicieron su aparición en los claustros. El aura de Marie Curie haría el resto.

Hoy la Sorbona padece los mismos problemas que todas las universidades públicas y gratuitas del planeta: falta de medios, superpoblación, deserción masiva en los primeros años de estudios. Jean-Robert Pitte ha dedicado treinta años de su vida a reflexionar sobre el futuro de esa venerable institución.

-¿Cómo se llega a ser presidente de la Sorbona?

-En el sistema francés hay que ser elegido por la mayoría absoluta de tres consejos: universidad, administración pública y consejo científico. Se trata de 120 personas. Y aquí estoy, por cinco años. La Sorbona tiene enormes dificultades, pero también una suerte extraordinaria, un potencial formidable, y yo trato de hacer vivir ese potencial.

-¿Cuáles son las principales obligaciones de un presidente de la Sorbona?

-Son tanto administrativas como políticas. Hay muchas funciones administrativas y financieras en las que me ayudan un secretario general y un agente contable. Después tengo una función política que es la de hacer trabajar juntas a personas que con frecuencia están muy divididas en los planos sindical o político, o en el nivel disciplinario. Gente que es muy inteligente y, en consecuencia, muy individualista. Lo que une a todo el mundo en una casa como la Sorbona es el individualismo.

-Usted debe de ser, entonces, un buen diplomático...

-No lo sé. Yo soy consciente de que no haré una revolución, pero me esfuerzo en hacer evolucionar un poco las mentalidades. Estoy tratando de que los profesores y los investigadores se den cuenta de la suerte que tienen de poder escoger libremente el tema de investigación y de enseñar lo que quieren. Algo bastante inaudito en otras universidades. Procuro que los estudiantes vean que tienen la suerte de contar con excelentes profesores en una universidad francesa que es gratuita y no selectiva. Característica que, por otro lado, es dramáticamente contradictoria. Yo quisiera, además, mostrarle a la sociedad francesa nuestra utilidad. Demostrar que la Sorbona no es solamente una cocotte de la república, que gasta dinero para hacer vivir el latín y el griego. Creo que podemos servir para muchas otras cosas, como, por ejemplo, para llevar a cabo una auténtica reflexión sobre la modernización de nuestra sociedad y de la sociedad mundial.

-En 750 años de existencia, la Sorbona vivió infinitos y profundos cambios. Los últimos se produjeron después de la revuelta estudiantil de mayo de 1968. ¿Qué fue lo que cambió entonces?

-Mucho. Por ejemplo, las relaciones entre profesores y estudiantes son ahora más libres y más simpáticas. El "mandarinato" ejercido por los grandes profesores, especie de dioses intocables, disminuyó sensiblemente, aunque con el tiempo volvió a aparecer con nuevas formas. La autonomía de las universidades, por el contrario, fue para mí una falsa autonomía. Hoy, 80% de mi presupuesto depende directamente del Estado, porque una universidad literaria, como la nuestra, no tiene ingresos de ningún otro tipo, ningún contrato exterior. La razón es simple: los estudiantes no pasan por ningún proceso de selección y nuestros diplomas, sobre todo de primer ciclo, hasta la licencia, no tienen demasiado valor. Con esto quiero decir que la realidad de la Sorbona no está para nada de acuerdo con su imagen. Una imagen mágica que, en verdad, no comienza a ser real hasta que se llega a la maestría, es decir, al tercer ciclo universitario.

-¿Usted sugiere que la Sorbona es una universidad de segunda categoría en el sistema universitario francés?

-Me refiero únicamente al primer ciclo. En el sistema francés, los estudiantes son seleccionados a partir del bachillerato. Los mejores van a lo que llamamos "preparatorias" (para ingresar en las facultades de excelencia), hacia carreras técnicas o hacia universidades privadas. Nosotros recuperamos a los que quedan. En otras palabras: terminamos haciendo una selección a partir del fracaso. Y esto me parece absolutamente antidemocrático. Volviendo a Mayo del 68, uno de sus efectos perversos fue que, bajo apariencias de democratización, terminó reforzando el sistema de selección que existía y que, en realidad, favorece a los hijos de la burguesía, a los hijos de gente educada, con estudios, con puestos importantes y bibliotecas en sus casas. Dado su sistema actual de aceptación masiva, la Sorbona no está en condiciones de dar la posibilidad de hacer estudios correctos a los hijos de la gente simple o pobre.

-Pero esto quizá no fue por culpa de lo ocurrido en Mayo del 68, sino de los sucesivos gobiernos, que cambiaron para que nada cambiara...

-Es verdad. Ningún gobierno, de derecha o de izquierda, hizo nada por temor a que la universidad entera se lanzara a las calles a manifestarse. Hay que tener coraje para tocar algo del sistema educativo. Ese es el sector más conservador de la sociedad.

-¿Cuáles son los cambios que deberían hacerse?

-Habría que aplicar un sistema de selección para ingresar. Es imposible seguir recibiendo indiscriminadamente a todo el mundo. El resultado es que la mayoría de los jóvenes jamás pasan del primer ciclo. Esto cuesta inútilmente fortunas al Estado. El problema no es que esta situación no le sirva a la universidad: no le sirve a la sociedad. De esta manera estamos poniendo en la calle a decenas de miles de jóvenes con un año o dos de estudios literarios que, con mucha suerte, sólo han aprendido el gusto por la lectura o un cierto sistema de aprendizaje. Nada más. La segunda modificación importante debería ser el fin del sistema de gratuidad absoluta.

-Pero los alumnos pagan un derecho de inscripción a la Sorbona...

-De 150 dólares... Eso no es nada comparado con los gastos de una universidad como esta o como cualquier otra. Tenemos aquí 26.000 alumnos, mil profesores, cuatrocientos administrativos y un presupuesto anual de cien millones de dólares, de los cuales el cincuenta por ciento corresponde a salarios. Los derechos de inscripción representan apenas cinco por ciento de esa cifra. Las dificultades que tenemos para hacer funcionar normalmente un establecimiento en esas condiciones son enormes. Por eso uno sonríe cuando escucha comparaciones absurdas, como "la Sorbona debería hacer como Harvard o Princeton..." La enorme diferencia entre nosotros y todas las universidades estadounidenses es la gratuidad. Una gratuidad universal, pues se aplica tanto a estudiantes franceses como extranjeros. En Estados Unidos, cada alumno debe pagar unos 27.500 dólares por año universitario.

-¿Cuáles podrían ser otras modificaciones interesantes que permitieran sacar a la universidad pública de la situación en la que se encuentra?

-Hay actualmente una cantidad de buenas ideas en circulación. Por ejemplo, generalizar la formación continua. Ese es un sector que tendrá en nuestro país un desarrollo exponencial. Con las nuevas leyes, cada cual tendrá un crédito para formación continua, pagado por su empresa. Esto es formidable. Es necesario que los jóvenes -y, sobre todo, los padres- comprendan que no es imprescindible hacer estudios largos desde el comienzo. Naturalmente, si alguien quiere ser médico tendrá que hacerlos. Pero si un joven no se siente apasionado por los estudios, no tiene por qué esforzarse. Hay que entrar primero en la vida activa e ir formándose a todo lo largo de la existencia, progresando en ese camino en la medida en que uno tiene ganas. Veo aquí estudiantes que retoman sus estudios 25 años después de haberlos dejado. Tengo dos alumnos, por ejemplo, que hicieron seis años en el ejército después del servicio militar; ahora tienen más de 30 años y han regresado a la universidad. Su motivación es absolutamente extraordinaria. Es gente que ha pasado muchos años en la vida activa y ha llegado a una madurez que le permite tener ganas de leer, de comprender y de aprender... Como usted ve, estoy hablando de un cambio en la naturaleza misma de la forma de aprender.

-Alejémonos del primer ciclo universitario y hablemos de la situación de aquellos que llegan al tercer ciclo: maestría o doctorado.

-Allí es donde la Sorbona sigue siendo una de las mejores universidades del mundo. La calidad y la formación de sus investigadores en humanidades es célebre en el mundo entero y estamos orgullosos de ello. En literatura, historia, geografía, filosofía, lenguas, la Sorbona alcanza niveles envidiados en todas partes. Esa es nuestra razón de ser. Pero yo no puedo conformarme con la excelencia de aquellos que han tenido la posibilidad de llegar a esos niveles por el simple hecho de pertenecer a una determinada clase social. En 30 años de ejercicio, jamás he dirigido una maestría de un joven originario de la inmigración árabe. Esto es un elitismo inaceptable, que tiene que cambiar.

-En la Edad Media, la Sorbona aplicaba un extraordinario sistema de aprendizaje, basado en el debate, mediante el cual los alumnos aprendían a defender sus ideas. ¿Por qué lo abandonaron?

-Fue abandonado por causa del gran número de estudiantes que comenzó a afluir a la universidad con el tiempo. Ese sistema es similar al de los seminarios actuales. La Sorbona vuelve a utilizarlo, pero únicamente para los niveles superiores de la carrera. Imposible hacerlo en los primeros ciclos.

-Otras críticas se refieren al material de estudios disponible: poco acceso a los libros en las bibliotecas, insuficiente material informático...

-Es cierto: nuestras instalaciones son, a veces, obsoletas, y estamos haciendo grandes esfuerzos para resolver ese problema. Hemos instalado accesos informáticos en numerosos sectores de la universidad y hay varias salas con computadoras. Pero queda mucho por hacer. En cuanto a la biblioteca, déjeme decirle que los alumnos han dejado de leer. Naturalmente, hablo siempre de los dos primeros años de estudios. Los jóvenes no leen libros. Y no es por falta de medios: las dos librerías que venden cómics y DVD al lado de la Sorbona tienen colas interminables de chicos que esperan para comprar. Le vuelvo a repetir: la escuela primaria y secundaria francesa produce gran cantidad de gente que no está técnicamente preparada para los estudios universitarios. Es imprescindible hacer algo al respecto.

-Varias grandes universidades están pensando en exportar su savoir faire y abrir filiales en el extranjero. ¿Está de acuerdo con esas nuevas experiencias?

-Naturalmente. Justamente, estamos haciendo algo similar en Grecia. También hemos sido contactados por Emiratos Arabes Unidos para hacer algo parecido.

-Esto sería una excelente idea para nosotros. ¿Estaría dispuesto a instalar una Sorbona en la Argentina?

-Totalmente dispuesto, siempre y cuando tuviéramos la financiación necesaria. Esas son operaciones muy costosas y, lógicamente, nuestra prioridad es hacer funcionar esta casa correctamente. Pero el sistema nos parece excelente. Varias son las universidades norteamericanas que ya tienen una sucursal, por llamarla de algún modo, en París.

-Decía usted que uno de sus objetivos es demostrar que la Sorbona no es sólo la cocotte de la república. Sin embargo, hay que reconocer que para las sociedades actuales, un investigador como usted, geógrafo del gusto, que invierte cinco años estudiando "la geografía del bacalao seco en el mundo", puede ser interpretado como una especie de esnobismo fútil.

-Y bien, no es así. Yo estoy convencido de que lo que hacemos en la Sorbona es fundamental para la humanidad, para poder darle otros horizontes. Una vida consagrada al estudio del punto y coma en la obra de Proust, diez años a comprender por qué hay pueblos que beben frío y otros que beben caliente, veinte a observar el itinerario de las golondrinas... La búsqueda apasionada de lo inútil es absolutamente esencial para la existencia de la humanidad. Nosotros somos los poetas del saber.

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

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Rosario Green: "La unión sudamericana es sólo una quimera"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 15-11-2004 04:11:37

La visión de la embajadora de México

Poco antes de comenzar dos años sabáticos en la St. Edward’s University, de Austin, Texas, la embajadora de México en la Argentina, Rosario Green, no ha ocultado su malestar por la cumbre presidencial realizada en Ayacucho, donde nació la Comunidad Sudamericana de Naciones.

No ha ocultado su malestar, en especial, con sus pares de la región: “Les dije que estaba muy irritada porque ese tipo de encuentros, excluyentes y fragmentarios, balcaniza la unidad que buscamos los latinoamericanos”, afirmó.

Como única dama en ese ámbito, Green ha logrado ganarse “el respeto y la caballerosidad” de los otros embajadores, pero ello no impidió que, frente a la exclusión de la cumbre de “México, América Central y el Caribe de habla hispana” haya expresado su disgusto, tanto por la idea de Brasil de erigirse en líder de América del Sur como por el impacto que podría tener el acuerdo alcanzado. A sus ojos, es “una idea, una quimera, un sueño”.

Green lleva casi cuatro años en la Argentina, después de haber sido la última secretaria de Relaciones Exteriores del último gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras 71 años en el poder, y de haber sido la última embajadora de su país en la República Democrática de Alemania (RDA) antes de la caída del Muro de Berlín.

“Mis amigos dicen que me especializo en países en crisis y que la próxima vez que me manden a otro les avise con tiempo”, bromeó en el salón de la residencia, con las cajas casi listas para la mudanza. Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de México y tiene maestrías en Economía de El Colegio de México y de la Universidad de Columbia, Nueva York. Ha escrito una decena de libros y más de cien artículos sobre México y América latina. Fue senadora por el PRI después de haber sido subsecretaria general de las Naciones Unidas, entre 1994 y 1997. Y fue una de las pioneras en la región en el estudio de un tema ahora vital: la deuda externa.

"Les comentaba a los embajadores que, releyendo a Bolívar, desde su carta de La Habana hasta su convocatoria al Congreso de Panamá, da la impresión de que él pensaba en una patria grande que no excluía ni aun a los Estados Unidos, cuyo sur era prácticamente mexicano -señaló Green-. Les decía yo que la idea de fragmentar América latina con un mero argumento geográfico era muy precaria. ¿Qué estamos haciendo?"

-¿Tenemos una identidad común los latinoamericanos?

-No la tenemos. Ni siquiera se ha logrado resolver la identidad "mercosureña": todavía hoy los arquitectos del Mercosur no saben hacia dónde debería inclinarse. ¿Será efectivamente un mercado y, por lo tanto, tendrá que pasar por la unión aduanera y establecer un arancel externo común? ¿O tendrá que contentarse con ser una zona de libre comercio? Ni siquiera el Mercosur tiene una identidad clara, más allá del deseo de hacer de la geografía una ventaja, como hicimos nosotros con los Estados Unidos y Canadá. Políticamente, la Comunidad Sudamericana está compuesta por fracciones. Tiene una irresuelta disputa, y muy antigua por cierto, entre Chile y Bolivia por la salida al mar; una herida muy fresca, siempre a punto de volverse a abrir, entre Perú y Ecuador. Aun cuando Su Santidad resolvió el problema entre Chile y la Argentina, cuando uno va a la Patagonia, ¡cuidado!, porque las relaciones entre particulares de un lado y del otro no son siempre gentiles y amables. Hay un poco de resentimiento. Entre Colombia y Venezuela, la fragilidad es bárbara.

-¿Qué es, en definitiva, la Comunidad Sudamericana?

-Es una idea, una quimera, un sueño. Hay que plantear un camino. Tiene que ser una posibilidad no sólo sudamericana, sino latinoamericana. No veo por qué sacar a Mesoamérica. No entiendo por qué América Central, México y el Caribe de habla hispana tienen que estar afuera.

-En 2000, cuando el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso organizó la Cumbre Sudamericana, le propuso al presidente Fox el eje Puebla-Panamá.

-Sí; yo era canciller y me peleé muchísimo con mi par Lampreia. Fox aún era presidente electo. Cuando se anunció la Cumbre Sudamericana, varios de mis colegas de América del Sur me advirtieron que no estábamos invitados y que nos iban a excluir. Yo conversé mucho con el presidente Zedillo. Y me dijo: "Ve a ver qué hay, pero no te pelees". Lo que fuera, siempre debía ser resuelto por la vía pacífica. Hablé mucho con Lampreia y me quejé amargamente. Era insólito que México y Brasil siguieran tan separados. Era insólito que nos separaran cuestiones casi protocolares, absurdas.

-No sólo México objeta el liderazgo de Brasil.

-A algunos sudamericanos, y no voy dar nombres, no les gusta la idea. Tienen miedo del predominio brasileño. Brasil tiene razón, ya que comparte la frontera con prácticamente todos los países de América del Sur, en hacer propuestas sobre la interconexión de la zona. Todo eso me parece muy importante, pero no estoy de acuerdo con la escisión y con el argumento que muchas veces hicieron público: ustedes ya escogieron. Como si uno escogiera dónde nace, dónde se da la confluencia de las corrientes que ubican a su país. Los accidentes geográficos deben ser considerados accidentes geográficos y la vecindad debe ser analizada para utilizar las ventajas y minimizar las desventajas. No tienen que ser un credo, una fe, una religión, porque eso convertiría al mundo en un conjunto de fortalezas.

-Es más fácil la voluntad política que el acuerdo económico.

-Me parece que la cumbre sudamericana pasará a ser un lindo gesto político. Como gesto político, vale. Yo creo que hay que hacer un análisis económico de costo-beneficio. ¿Qué requiere la conexión fluvial, terrestre y aérea de los países sudamericanos? Recursos que no tenemos ni estarán disponibles desde el exterior para ser concentrados en eso. Pero aun si los hubiera, ¿los volúmenes de comercio y de personas que movemos entre nosotros son de tal magnitud que justifiquen que esa sea la prioridad en lugar de dar de comer, educar, curar o dar empleo?

-Usted fue testigo de la crisis argentina.

-Fui a la RDA justo cuando se cayó el Muro de Berlín y llegué a la Argentina justo cuando esto estaba por acontecer. Lo que vi fue lo más cercano a lo que puede llegar a pasar en el resto de nuestros países. Vi a un pueblo y a un Estado de espaldas el uno con el otro. Un Estado autista, que no oía, no veía y no decía, y una población resignada al autoabastecimiento, a recurrir al trueque, a agrandar el sector informal, con una serie de manifestaciones callejeras que hicieron lo suyo, que derrocaron a un gobierno, ante el enorme desconcierto de los vecinos y de los no tan vecinos, porque los golpes antes solían ser militares. Para derrocamientos civiles no estábamos preparados. Lo que pasó en Bolivia, lo que pasó aquí... Se vio una especie de resignación de unos y de otros. La resignación de un Estado no participativo, de instituciones que no funcionaban y no querían funcionar. Era la resignación de una sociedad que se las arreglaba como podía.

-La gente pedía que se fueran todos...

-El "que se vayan todos" era el grito que finalmente quería despertar a la gente. Lamentablemente, no llegó a crear nuevos liderazgos. Al final se quedaron todos. Nos volvimos a encontrar con los mismos personajes. No hubo tiempo de crear un liderazgo nuevo. La Argentina está a tiempo de hacerlo.

-¿La crisis argentina de 2001 sirve de advertencia para otros países?

-Está pasando, de hecho. En Bolivia, poco después, sucedió prácticamente lo mismo. La gente gritaba en la calle por lo que se quería hacer con el gas. En la Argentina no hay componente indígena, pero hay un condimento: los cacerolazos y los piqueteros. Y hay un lema impresionante: "Piquete, cacerola, la lucha es una sola". Los cacerolazos eran de la clase media pauperizada: los de Belgrano, los de Palermo. Esos eran los que estaban en la calle. Y los piqueteros eran estos rudos con garrote, tambores y slogans muy agresivos: los desocupados. Esa unidad entre los dos extremos se repite en varios países. En Venezuela hay desde un sector popular hasta el más elitista en contra de Chávez. Bueno: Chávez tiene un gran apoyo popular y de las Fuerzas Armadas. Con un poquito menos de fuerza, se hubiera quedado afuera.

-En el interior de nuestros países el Estado siempre ha sido un gran ausente.

-Aun si lo ve uno desde el punto de vista urbano o desde el punto de vista rural, la gran pregunta es por qué no ha aparecido el Estado. Independientemente de que no haya sabido cumplir con su obligación, los ciudadanos tampoco han sabido cumplir con la suya. Porque el ciudadano se acostumbró a la ausencia del Estado, a sobrevivir por sus propios medios. Se acostumbró a que el Estado sacara, pero no metiera. Le sacaba el impuesto, pero no le construía la escuela.

-¿Fue necesario el comandante Marcos para saber qué sucedía en Chiapas?

-No creo que fuera necesario. Había conciencia de que el problema de Chiapas venía de tiempo atrás, porque no había tenido los mejores gobernantes y no se le había canalizado asistencia financiera. Fue un detonador muy importante para que la comunidad internacional levantara la ceja. Para nosotros, Marcos y Chiapas llevaron a que el convenio entre México y la Unión Europea fuera sui generis. Nos exigieron una cláusula democrática y una cláusula de derechos humanos. En ese sentido, pues sí, Marcos, a pesar de que existió más en la fantasía, sirvió para que la mirada internacional se posara en una zona y fuera un poquito más que el folklore.

-Lo mismo ocurre en regiones apartadas de otros países.

-Por eso decía que estamos muy vinculados por el mismo tipo de dificultades, de defectos, y también por el destino común que no queremos: el caos, la desorganización y el apartamiento del Estado y la sociedad. Creo que tenemos que tender puentes. Y a mí me parece que quizá uno de los impactos más importantes de este autismo estatal, por un lado, y de esta indiferencia ciudadana, por el otro, sea la construcción de redes ciudadanas que vayan más allá de la autoayuda y planteen demandas concretas.

-Si crecen las redes ciudadanas decrecen los partidos políticos.

-Ese es el peligro. La sociedad civil debe no solamente construir redes, sino tratar de integrarse en partidos políticos. Sin ellos no hay democracia. Las ONG están más allá de todo escrutinio. Lo único que permite ser escrutado es el partido político para ver quién lo financia, quien lo maneja, quién pretende manipularlo, quiénes son los candidatos, qué tan reales son esos candidatos. Por eso, como ciudadanos debemos tener militancias en partidos políticos, al margen de que pertenezcamos a distintos movimientos o de convertir los movimientos ciudadanos en partidos políticos. A mí no me enoja que la gente marche, pero estoy en contra de la democracia de la calle. La democracia callejera, si no es inmediatamente traducida en acciones parlamentarias, en acciones electorales, acaba siendo tan caótica como puede ser el autoritarismo que encarcela a la gente y la desaparece.

-¿Es un síntoma de la impotencia de los intelectuales que la mayoría se haya opuesto a la reelección de Bush y que, sin embargo, haya sido reelegido?

-En los Estados Unidos ganó el miedo. Cuando uno tiene tanto temor, el lamentable video de este personaje, Osama ben Laden, tres días antes de las elecciones, fue un detonador adicional.

-¿Como los atentados de Atocha?

-Aunque no cobró víctimas de sangre como la gran tragedia de Atocha, de alguna manera le dio un último empujón al presidente Bush. Kerry tampoco era un candidato muy convincente. Era un candidato tieso. Como quiera que sea, el presidente Bush es justamente lo contrario. Es gente más canchera, como dirían ustedes. Es gente que representa más al pueblo. Puede uno estar de acuerdo o en desacuerdo con él, pero tiene un cierto carisma, porque es más populachero.

-Más común y corriente.

-Más común y corriente, en efecto. El senador Kerry, aunque tuviera propuestas interesantes, era muy severo, muy distante de la gente. Su aspecto físico no lo ayuda, amén de que en política exterior no plantearon prácticamente ninguna diferencia. Los latinoamericanos no estamos, no contamos. ¿Para quién contamos? Un buen día contamos para el padre de Bush, que inventó la Iniciativa de las Américas, madre del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas). De ella no salió nada, por esa famosa Guerra del Golfo. Después, Clinton compró el paquete de Bush padre a pesar de que no era el más pro tratado de libre comercio. Y llegó Bush, el hijo, y dijo que se definía como el presidente que miraba al sur. Pero vino el 11 de septiembre. Salió entonces la política de seguridad de la Casa Blanca. Quedaron al margen de cualquier tipo de apoyo global de Europa y de América latina y hoy tienen que reconstruir lazos. Con lo único que cuenta Bush para reconstruir lazos con América latina es con la estabilización del ALCA.

-¿Necesita Bush esos lazos?

-Le convienen. Ni el imperio puede vivir en total soledad. Es un poder omnímodo y tiene esta soberbia para despreciar el sentir de las Naciones Unidas y de los grandes países europeos, pero al final de cuentas acaba buscando el apoyo, el sostén para algunas de sus políticas. Los imperios en soledad acaban siendo sus propios detractores.

Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION

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Medianoche en Manhattan

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 14-11-2004 00:00:00

Nueva York ha cambiado. Ya no acechan, en la calle, los peligros nocturnos de otras épocas. Pero, ¿cuál es el origen del cambio?

BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

Florerías, kioscos, mercaditos, pizzerías abiertas las veinticuatro horas, no como refugio de adolescentes antes o después de la disco, ni para los porteños y turistas que amanecen en la milonga tanguera de Buenos Aires, sino como oferta para cualquier edad. A las tres de la mañana, un pizzero albanés conversa distendido con sus clientes.

No es extraño que alguien haya salido de su casa para comerse una porción. Los subterráneos funcionan toda la noche (recuerdo con enojo la época en que, en Buenos Aires, corrían hasta las doce) y es común que la gente trabaje solamente ocho o nueve horas.

Este continuado de flores, periódicos, porciones de mozzarella y tartas de fruta define el estilo de una isla como Manhattan, que cambia con las horas, pero que no se apaga nunca por completo. Ese señor de setenta años sale, en la medianoche del sábado, para comprar el diario del domingo y el pan del desayuno. Una mujer joven saca a pasear un perro diminuto y ridículo con sus orejas como alas de mariposa, da una vuelta a la manzana y compra cigarrillos, que enciende inmediatamente, ya que la calle es casi el único sitio donde es posible fumar. Los ruidos van cambiando, pero nunca llega al silencio completo. La ciudad duerme, y el descanso está acompañado de rumores, grupos que pasan, gente que no sólo vuelve a su casa sino que sale de ella por un rato. Para un argentino de Buenos Aires, la sensación de libre desplazamiento, sin restricciones, es extraña. Si ese argentino es porteño y tiene más de cincuenta años, probablemente recuerde que su ciudad fue así en algún momento del pasado, aunque no hubiera florerías abiertas, ni perros enanos que acompañaran a sus dueños dando vueltas a la manzana mientras fuman.

Pero ese pasado terminó con el golpe de 1976, cuando todas las ciudades argentinas fueron un mapa de retenes policiales y operaciones nocturnas.

Conocí Nueva York en 1985, cuando la ciudad comenzaba a salir de quince años violentos, donde la gente se miraba con desconfianza, caminaba con la cabeza gacha, llevaba la cartera cruzada en bandolera y evitaba el transporte público después de las diez de la noche.

Los norteamericanos de otras ciudades temían e incluso evitaban Nueva York como el lugar de la dureza extrema y del vicio. Era, sin embargo, una ciudad vibrante, admirablemente tensa.

Pero Manhattan decidió cambiar, ya que sus capas de grandes momentos de la arquitectura, desde las town-houses de piedra oscura hasta los rascacielos de cristal, son una escena irrepetible.

Los inversionistas urbanos dieron su batalla con los alquileres, expulsando a los pobres de muchos barrios donde hoy se diseña ropa y se prepara sushi de pescados árticos, comida tailandesa vegetariana y bollitos de caviar. En 1985, ir a un teatro de vanguardia en la tercera avenida, al sur, significaba una expedición entre figuras heladas que acababan de tirar la jeringa con la que se habían inyectado o revendedores que se enfrentaban por el territorio de una esquina. Salir a las once de la noche de ese teatro era una aventura que los espectadores realizaban en grupo.

Ahora se están ofreciendo en alquiler las últimas casas, expulsados sus anteriores ocupantes por los precios del mercado inmobiliario. En esas casas, nuevas boutiques mostrarán sus polleras de lana rústica combinada con remiendos de gasa tornasolada sobre maniquíes giratorios moldeados en plástico luminoso.

O sea que Manhattan cambió una parte de sus vecinos, y fue el dinero el que decidió si se podía o no se podía vivir allí. Hoy, las oficinas de Bill Clinton están en Harlem, como el buque insignia de futuras renovaciones urbanas.

Quizás en diez años, la mayoría de los negros y los latinos pobres hayan debido mudarse al Bronx. La ciudad se purifica de sus miserables, y con ellos se va la droga más vinculada con el delito (no la droga chic). Ninguna política de tolerancia cero, como la denominaron allá y se repite acá, hubiera obtenido resultados tan espectaculares sin esta victoria de los ricos sobre los pobres. Como se diría en cualquier negocio: "Usted elige".

http://www.clarin.com/diario/2004/11/14/sociedad/s-868408.htm

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"Europa se amplió, pero perdió fuerza y orientación"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 14-11-2004 00:00:00

RAMON TORRENT, ECONOMISTA Y JURISTA

La expansión del mapa europeo, la moneda única y la Constitución supranacional que se firmó en Roma carecen del impulso y los ideales con los que se forjó la integración comunitaria de la posguerra.

Fabián Bosoer
fbosoer@clarin.com

Europa concretó este año dos hechos trascendentes: su ampliación a 25 países y su primera Constitución. ¿Qué implicancias tienen estos dos acontecimientos?

—No hay ninguna duda de que la Unión Europea ha sido un gran éxito desde el punto de vista de la integración económica. Y no hay duda de que entre los años 50 y 80 fue también un éxito, en términos políticos más generales, al alcanzar el objetivo principal que se había planteado, que era resolver el conflicto intraeuropeo, so bre todo entre Francia y Alemania. Sin embargo, debo decir también que a diferencia de lo que ocurría en los años 50, hoy la Unión Europea no sabe muy bien adónde va; ha habido una pérdida de dirección y de orientación en la construcción europea.

# ¿A qué factores atribuye esta pérdida de orientación?

—La construcción europea fue la respuesta a un doble desafío: el de la reconstrucción de la posguerra y el de la inserción en el mundo bipolar de la Guerra Fría. Cuando los objetivos iniciales estaban cumplidos, quedaban dos opciones: la conservadora, dar por alcanzadas las metas y conservar el invento; o la reformista, de considerar que aquel proyecto de adaptación al mundo tenía que "extrovertirse" y convertirse en una contribución a la reforma de la situación del mundo, que pusiera en primer lugar valores claves, como paz, democracia, desarrollo. Y esto la Unión Europea no lo supo hacer.

# Pero la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría, ¿no fueron acontecimientos básicamente europeos que tuvieron repercusión mundial?

—Tuvieron su escenario en Europa, claro; el mundo se transformaba y se abrían nuevas puertas y nuevos caminos con las reformas de Gorbachov en la Unión Soviética. Pero fue un período de transición al cual no se dio respuesta; la Unión Europea fue incapaz de diseñar un proyecto de transformación del mundo.

# ¿Se impuso la opción conservadora, la de la adaptación?

—En realidad, la opción conservadora tampoco ha sido la que se siguió. Lo que ocurrió fue un avance en no se sabe demasiado bien qué dirección. La idea que siempre se plantea, tanto con la ampliación como con las reformas de los tratados, es la de un progresivo avance; pero uno debería preguntar avance hacia dónde en términos políticos. Tendría que ser evidente para todo el mundo que la integración no puede ser un fin en sí mismo, sino un instrumento.

# ¿La moneda única y la Constitución no marcan una orientación definida hacia una unión política y monetaria de países y naciones?

—A mí esta visión me parece equivocada. Sobre todo si lo miramos desde el punto de vista del Mercosur y de América latina. Es en los primeros veinte o veinticinco años de construcción europea, hasta los inicios de los años 80, en los que hay que mirar; cuando se produce lo esencial de la integración del mercado común. Lo que en lenguaje típico del Mercosur se diría "la consolidación de una unión aduanera" con avances en materia de servicios, de inversiones, de movimientos de capital y —algo que aquí en el Mercosur parece olvidarse— de libre circulación de trabajadores y derechos de los trabajadores en el mercado de trabajo. Lo que vino luego ciertamente es importante: avanza la armonización de normativas internas, la ampliación y la unión monetaria. Y poco más. Porque que quede claro: la unidad política, más allá de la unión monetaria, es todavía algo muy difuso.

# ¿Y la aprobación de la Constitución europea?

—Lo que se llama de modo algo ampuloso "Constitución europea" no es otra cosa que la reforma de los tratados anteriores y que sin duda tiene muchísima menos importancia que el Tratado de Maastricht de 1992, que es cuando se plantearon la unión monetaria, y ciertos avances hacia la coordinación de políticas, de la política exterior y en materia de justicia y asuntos internos. Esta voluminosa Constitución, si a uno le preguntan qué es lo que cambia dentro de la Unión Europea, la respuesta es "muy poco".

# ¿La circulación del euro no terminó con las políticas económicas nacionales?

—Se llegó a pensar que la moneda única conllevaría una unificación de las políticas económicas, o más aún, una integración de los mercados financieros, y esto no ha ocurrido. Ahora coexisten en el seno de la Unión Europea, para bien o para mal, políticas económicas muy distintas, y la libertad de movimientos de capitales absoluta, que fue ligada a la unión monetaria, no se ha traducido en una integración de los mercados financieros. Los mercados financieros siguen siendo nacionales y gobernados por reglas nacionales distintas.

# Lo primero con lo que se topa un análisis latinoamericano sigue siendo el muro proteccionista dentro del cual se observa bastante uniformidad de criterios

—Hablando desde Buenos Aires, yo creo que los argentinos deberían preguntarse también si lo prioritario a recibir desde Europa era la moneda única o una reforma del orden financiero internacional. El problema para Argentina, como para todos los países en desarrollo, es si realmente se reforma el orden monetario internacional, se devuelve al FMI a la posición inicial de embrión de Banco Central Mundial, se refuerza la posibilidad de la emisión de derechos especiales de giro. Y yo creo que es triste constatar que incluso en el nivel académico se oyen más voces en esta dirección reformista que provienen de ciertos círculos en los Estados Unidos, que lo que se escucha en el debate europeo.

# ¿Dónde situar la responsabilidad por esta falta de proyecto político europeo que señala?

—Es evidente que donde encontramos la mayor responsabilidad es en la socialdemocracia europea, que es la fuerza política de la que se espera un proyecto que sea verdaderamente reformista, y nada revolucionario, centrado en los ejes de democracia, paz, desarrollo y reforma de las instituciones financieras mundiales.

# Se ha mostrado la continuidad de políticas más allá de los cambios de partido en el gobierno como un ejemplo de política de Estado…

—Es cierto, y para mí ese es un error garrafal: ver como una virtud que la política europea, y sobre todo la política económica internacional, no cambie cuando catorce o quince de los gobiernos de los estados miembros son predominantemente de derecha o de izquierda. Los "anticuados" más bien diríamos que esto es un defecto, porque conduce a una política de puro continuismo y de incapacidad de toma de posiciones reformistas, que provoca luego el fenómeno del desinterés y la apatía de la gente en la marcha de los asuntos políticos.

# ¿Qué lecciones tiene la Unión Europea que ofrecer al Mercosur?

—Hay varias enseñanzas que pueden tenerse en cuenta. Por lo pronto, una temporal y otra institucional. La temporal es que en vez de obsesionarse con lo que ha pasado en Europa después de los años 80, en el Mercosur valdría la pena tomar el proceso de construcción europea desde un principio y ver, como le decía, lo que se hizo desde los años 50 a los 80. Y que se dieran cuenta de que la pieza clave fue la consolidación de la unión aduanera, con aperturas pequeñas pero reales y efectivas en materia de servicios, inversiones y movimiento de trabajadores. Hay que hacer el Mercosur más relevante para los ciudadanos y para las empresas.

# ¿Las grandes asimetrías entre economías nacionales, como las que existen en el Mercosur, no conspiran contra el logro de una verdadera unión aduanera?

—Aquí es donde entra la segunda lección. El europeo ha sido un proceso basado en un derecho que funciona, no tanto (o no sólo) porque los particulares lo pueden invocar ante los tribunales internos —que esto sucede en menor medida de lo que muchas veces se cree— sino porque es un derecho obedecido por los Estados. Los Estados hasta ahora no se sienten vinculados por el derecho del Mercosur: cuando los actos jurídicos son aprobados por los órganos del Mercosur, se van al limbo, a esperar que sean convertidos en legislación interna. En consecuencia, el problema actual del Mercosur, si tomamos como punto de referencia la Unión Europea, no es tanto el de crear más instituciones y superestructuras sino el de darle credibilidad a su derecho y que cada país internalice sus normas.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/11/14/z-03815.htm

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El día en que Uruguay fue feliz

Archivado en María Esther Gilio • Fecha: 14-11-2004 00:00:00

ESCENAS DEL TRIUNFO DE TABARE VAZQUEZ

Por María Esther Gilio

El chico –catorce o quince años– empuja la silla de ruedas donde está sentada la abuela muy delgada, muy anciana y muy sonriente. El chico –envuelto en una bandera del Frente– sostiene un mate con la izquierda, mientas con la derecha maneja la silla.
–¿Y el resto de la familia?
–Llorando en un rincón. Votaron a Ramírez... bueno, Ramírez y Larrañaga.
–Vos no votaste, no tenés edad.
–No, pero llevé a votar a mi abuela y convencí a mi tío que iba a votar en blanco.
–¿Qué le dijiste?
–El dice que me quiere más que a un hijo. Y bueno me lo trabajé. Le dije que si no ganaba el Frente me iba a Italia.
–¿Ella es tu abuela?
–Sí, ella toda su vida votó al Frente.
–¡Carlitos, no! Yo cuando era joven votaba por Don Eugenio Gómez*; después que murió tu abuelo en 1966 voté por el FIDEL y después por el Frente –dice y se lleva ambas manos a los ojos.
–Está muy emocionada. Me parece.
–Yo le pedí a Dios que me dejara vivir este momento. Tengo 86 años. Dios me escuchó.

- - -

Un grupo de muchachos y muchachas con las caras pintadas pasa bailando. Es difícil detenerlos. Hay que buscar las palabras que convencen... No existen. Detengo a una joven, la última de la cola, tomándola del brazo.
–¿Qué puedo decirle? Acabo de llegar de Durazno. Estoy loca de alegría. Me parece regio lo que pasa... estoy orgullosa de mi país. Sigo porque si pierdo a mis amigos, ¿qué hago?

- - -

Dice llamarse José y ser colorado.
–¿Colorado? ¿Y qué está haciendo acá?
–Estoy con mi compañera que votó a Mujica y la acompaño.
–Qué solidario.
–La verdad... ¿quiere que le diga la verdad?
–¡Claro!
–Si ahora tocara votar de nuevo, votaba al Frente.
–Así nomás, en unas horas, cambió de preferencias.
–Me dio pena ver este partido mío tan en la desgracia. ¿Usted vio hablar de las ratas que disparan del buque que se hunde? Eso fue lo que me pasó. Uno no puede ser toda la vida de un partido y de un día al otro dejarlo caer como si nada.

- - -

“¿Qué cree que va a pasar?”, le pregunto a la señora que agita una banderita sin salir del auto. “¿Qué espera de este gobierno?”
–Las varitas mágicas no existen. Como dijo Tabaré, “los que piensan que en pocos meses va a cambiar todo que no me voten”. Sé que lo que se pueda hacer, se va a hacer. Confío.

- - -

Pareja de mediana edad con gorritos de tres colores y Coca-Cola en la mano.
–El, perdone, tengo la garganta seca de gritar, si no tomo unos tragos... ¿qué quiere saber?
–Cómo se sienten.
–Y, ya lo ve, más alegres que si hubiéramos sacado la grande. Si uno saca la grande está casi solo festejando. Este festejo es de todos. El país entero está alegre. Lleno de ilusiones. Por fin, por fin. Venga, venga con nosotros. Tome Coca-Cola.
–No, no tengo sed.
–Tome un trago... Es Coca-Cola con grapa. Hay que confraternizar.

- - -

Dos carritos de basura vestido de fiesta pasan en fila india. Aunque tan flacos y melancólicos como siempre, los caballos tienen tantas escarapelas y flecos azul, rojo y blanco que parecen caballos estrella del Cirque du Soleil.
–¡Pero qué maravilla estos caballitos!
–Ellos saben que empieza el cambio. Usted se ríe, pero los caballos son más inteligentes que mucha gente. Mientras los vestíamos, este, que es el mío, me miraba con ojos contentos, ¿verdad Clarita?
Clarita –cuatro o cinco años– asoma la cabeza entre el guriserío amontonado en el carro: “Sí, yo lo vi. Se reía”.
–¿No le dije?

- - -

Una señora de edad indefinible, alegría moderada y la ropa elegante de quienes usaron ropa elegante desde que nacieron, dice:
–Mire, a mí... Estoy contenta, claro, muy contenta. Lo único que me saca un poco la alegría es que no estén ni mi padre ni mi marido. Lo que habrían disfrutado. Mi padre era de... Frugoni. Mi marido, que era de Herrera, cuando Herrera murió se pasó a Wilson y cuando Wilson murió, al Frente, que ahora se llama Encuentro Wilsonista, no, Wilsonista no, Progresista, pero él no creía que el Frente iba a saber gobernar. Siempre decía “no saben todo, pero si no los dejan gobernar no pueden aprender”. ¿Usted cree que no van a saber gobernar? Porque él decía eso hace mucho, antes de que agarraran la intendencia. Yo le digo lo que me parece. Que lo más importante es que quieren hacer las cosas bien y son honestos. ¿Usted sabía que Tabaré es muy católico, que tiene un hijo cura?

- - -

Pasan cantando y no quieren hablar. Sólo cantar y gritar.
–¡Qué ocurrencia andar preguntando en un momento así! Tenés que tener una cámara y filmar. No es momento para palabras.
–Es verdad, no es momento. Pero, ¿qué puedo hacer?
–Guardar el grabador y saltar como todo el mundo.

- - -

Son dos mujeres y están bailando alrededor de un banco en la placita Gomensoro. Espero que terminen y les pido que me cuenten qué sienten con lo que está pasando.
–¿No nos vio bailar?
–Sí.
–¿Bailar y cantar?
–Sí.
–Si nos vio ya sabe qué sentimos.

- - -

En la misma plaza, un hombre, pensativo, mira hacia el mar. Está tan serio que pienso que no es del Frente. Pero a su lado –una mitad sobre el suelo y otra sobre el banco– hay una bandera azul, colorada y blanca. Le pregunto si le parece que perdió el Frente, ya que aunque parece haber ganado no hay resultados firmes.
–No, no. Ganamos. Sé que ganamos.
–¿Prefería haber perdido?
–Nooo, soy loco pero no tanto.
–Entonces...
–¿Usted sabe cómo van a tratar de jodernos en estos cinco meses que faltan? Va a ser duro. Van a hacer de todo. Desde llevarse el papel de las oficinas hasta romper las computadoras.
–Primero que no están solos, segundo, no son delincuentes.
–No, no son. Pero con la calentura que tienen... Dicen que Sanguinetti se va del país.

- - -

Un fotógrafo de pie sobre un banco en la plaza Libertad decidido a meter, a como dé lugar, toda la realidad en su máquina. Salta de un banco a otro, se empina en una verja y se agacha mientras dispara y dispara.
–¿Podrás meter tanta alegría en tu máquina?
–La alegría está, si ésta no falla... –dice mostrando la máquina–. Nunca creí que podría ver algo así. Los uruguayos se trasformaron en unos días. En cuanto supieron que podíamos ganar les nació un optimismo que no sé de dónde sale. Miro mi vida y me doy cuenta de hasta qué punto está atada a esto que hoy nos pasa. Tengo 57 años y siempre voté a la izquierda. Y aunque nunca estuve vinculado al MLN, tengo muertos cercanos, amigos, un cuñado. Tengo exilio y desexilio. Tengo hijas uruguayas y suecas. Pasé 40 años esperando el día de hoy. Siento que toda mi vida está teñida de esta espera. ¿Qué le puedo decir? Si digo que estoy contento no le digo nada. Es mucho más que eso. O muy distinto. No sé... quedé como el que cruzó a nado el Canal de la Mancha.

- - -

Dice que es psicóloga, del Frente desde que tiene 7 u 8 años y que si hubiera tenido que esperar un mes más, por el ballottage, iba a pedir que la internaran, porque su ansiedad ya le resultaba insoportable.
–Bueno, ahora nos toca gobernar y yo espero lo mejor. Sé que el país es muy pobre, que las dificultades son muchas y no se podrán hacer maravillas, pero espero que todo lo que se pueda hacer se haga. Que tal como lo han anunciado, empiecen por sacar del pozo a los que más han sufrido. Sean del color que sean, porque Tabaré no es sólo para los frenteamplistas, sino para todos los uruguayos. Somos mayoría, pero la democracia implica escuchar también otras voces. No somos los dueños de la verdad. Y otra cosa, el Frente ya no tiene aquella ideología donde todo combinaba. Hoy somos una enorme cantidad unida por la idea del bien común y la justicia. Hay que escuchar a quienes hoy se unieron al Frente. El Frente se popularizó y eso implica escuchar algunas cosas un poco diferentes. ¿Cuántos se sumaron después que se supo que Danilo Astori sería el ministro de Economía? Yo creo que muchos. No salgamos, entonces, a decir “se queda sólo tres meses”, porque o mentimos antes o mentimos ahora. Como dijo Fray Beto en Brasil: “¡Cuidado! Lula no es el resultado de una revolución sino de una elección”.

- - -

Eran más de las nueve de la noche mientras atravesaba la ciudad en un taxi hacia La Teja**, hablaba con el taxista, que –rara excepción en ese gremio– no había votado al Frente.
–Voté a Larrañaga –dice–. Lo voté porque no había otro. No es malo pero tampoco muy bueno. Le falta calidad para presidente. Lacalle lo tapa, pero Lacalle cosechó muy mala fama. Si se hubiera postulado, pocos blancos lo hubieran votado.
–¿Stirling no le gusta?
–Para ministro no estaba mal. Fue bueno, pero para presidente no da. No atrae, no arrastra. No tiene...
–Carisma.
–Sí, eso mismo.
–¿Y Tabaré?
–Tabaré es como demasiado. No le creo.
–¿Cómo que no le cree?
–No, no creo que pueda hacer todo lo que promete. ¿Qué quiere que le diga? Pero toda esta gente –mire qué cantidad– le cree.

- - -

Sí, era verdad, la gente que se nos atravesaba en el camino agitando banderas le creía. Habíamos entrado a La Teja, pero era casi imposible tomar Carlos María Ramírez. Autos, gente a pie, en bicicleta y en carro, formaban una masa que no estaba dispuesta a detenerse y hablar. Cuando se le preguntaba a uno, respondían cinco a la vez. O si no alguno me tomaba del brazo para que guardara el grabador y cantara o saltara. Se hizo evidente que quien no estuviera decidido a festejar debía abandonar los entornos de plaza Lafone. Guardé el grabador y por un rato festejé.

* Diputado del Partido Comunista en los años ’40.
** Barrio obrero donde nació Tabaré Vázquez.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elmundo/4-43568-2004-11-14.html

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"Siempre esperamos ganar la lotería", dice Rodolfo Terragno

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 13-11-2004 16:27:22

Según el senador, vivimos de ilusiones

Dice que hoy no hay peronismo, sino una diáspora. Que creemos más en los efectos de corto plazo que en las advertencias con plazo fijo. Y que no aprendemos de nuestros errores. “Hay algo que continúa presente en nuestra sociedad, algo que no nos abandona: tenemos la ilusión de que la Argentina se gane la lotería”, concluye Rodolfo Terragno.

La lotería pudo llamarse convertibilidad, en un momento, o Primer Mundo, en otro. Puede llamarse inversiones fabulosas de China, hoy. Y podrá llamarse hache pasado mañana. Llámese como se llame, la lotería, según Terragno, sugiere que “no entendemos que la riqueza no está determinada por lo que se tiene, sino por la capacidad de multiplicarlo”.

En su despacho del Congreso, el senador radical independiente por la ciudad de Buenos Aires –que fue ministro de Obras Públicas en 1987, con Raúl Alfonsín, y jefe de Gabinete en 1999 y 2000, con Fernando de la Rúa, así como presidente de la UCR de 1995 a 1997 y diputado en dos ocasiones, de 1993 a 1995 y de 1997 a 1999– dijo a LA NACION, mate cocido de por medio: “Esa permanente búsqueda de la solución mágica va demorándonos en las verdaderas soluciones”.

Terragno, abogado, escritor, periodista y profesor universitario galardonado por los gobiernos de Francia y de Italia, tiene en su haber una serie de discusiones con el ex ministro Domingo Cavallo, desde 1993, por la salida de la convertibilidad. “Yo tenía la sensación de lo que decía Hume que le pasaba a Berkeley: que sus argumentos no admitían la menor réplica ni producían la menor convicción", recuerda. Y piensa que por discrepar con sus pares de la Alianza sobre ese tema no fue presidente de la Nación.

Está por cumplir 61 años, el martes, y preparando dos libros. Terminará en el verano uno, "Historia y futuro de las Malvinas"; el otro, "El peronismo de los 70", aparecerá en febrero. En ambos, como en los anteriores, confiesa que apeló a su método: "Dudar de todo lo que creo y de todo lo que leo; empezar a discutirme y someter cada cosa que escribo a un contrapunto virtual; buscar otras ideas, otra información. Así escribí «Maitland & San Martín», a través de un proceso de discusión conmigo mismo, con las fuentes y con la bibliografía".

-¿Cómo plasmaría hoy sus "Memorias del presente"?

-Ese libro fue escrito en el exilio. Era muy difícil saber en ese momento, cuando aquí había una dictadura, si la democracia iba a restablecerse y cuán duradera y estable iba a ser. Hoy son otras memorias. Hay algo que continúa presente en nuestra sociedad, algo que no nos abandona: tenemos la ilusión de que la Argentina se gane la lotería. Eso está vinculado con nuestra historia. Los sectores sociales dominantes hicieron un gran negocio cuando los países industriales no se autoabastecían de alimentos. Fue la época en la cual se dice que la Argentina era uno de los diez mayores países del mundo. Es una ficción.

-¿Nos engañaron, entonces?

-La Argentina fue una Arabia Saudita agropecuaria. Era una época en la cual el trigo y la carne ocupaban el papel del petróleo. Es una comparación exagerada, tal vez. Toda esta fantasía de que Buenos Aires se parece a París, de que tiene en algunos sectores una arquitectura parisina, es como decir que hay sectores de Riad que tienen una arquitectura neoyorquina. Hay una idealización de ese pasado. Se supone que la Argentina fue rica. Y muchas veces se habla de la pobreza como un hecho novedoso. Hay que ver, en el Museo de Bellas Artes, "Sin pan y sin trabajo", el cuadro de Ernesto de la Cárcova, y hay que ver "Los desocupados", de Antonio Berni. Hay que recorrer la historia del tango con aquello de Cadícamo: "Si habrá crisis, bronca y hambre/que el que compra diez de fiambre/hoy se morfa hasta el piolín". Es la expresión que tuvo la crisis cuando se acabó aquel negocio efímero de alimentar a los países centrales. Siempre hemos esperado la lotería. Se ha ilusionado parte del país con la convertibilidad, con la idea de que habíamos entrado en el Primer Mundo, con las inversiones traídas por la globalización y, ahora, con China.

-¿Qué haríamos, si ganáramos la lotería?

-El hombre de la villa que gana la lotería, medio millón de dólares digamos, a lo sumo sabrá cómo consumirlo o cómo dilapidarlo. Rockefeller sabrá cómo multiplicarlo. Con los países pasa lo mismo. No se trata sólo de encontrar inversores, sino de desarrollar la capacidad de multiplicar recursos. Eso está muy vinculado con la educación, la tecnología y la ciencia. Pero no se quiere entender. La permanente búsqueda de la solución mágica va demorándonos en las verdaderas soluciones. Y, en cuanto la gente está bajo el efecto hipnótico de esos procesos, es muy difícil que se le pueda advertir cuáles son los riesgos. Me acuerdo de la batalla que inicié en 1993 en el primer debate con el entonces ministro Cavallo. Pasé años advirtiendo sobre el default, la devaluación, la pérdida de la credibilidad, un desempleo gigantesco. Hizo falta una crisis monstruosa para que se entendiera.

-¿Se entendió, finalmente?

-Creo que no. La misma gente que apoyaba la convertibilidad y que endiosaba a Cavallo, como Kirchner?

-¿Kirchner es un noventista arrepentido, como dijo usted?

-No quisiera hacer juicios personales, porque al fin de cuentas todo se convierte en una riña entre algunos actores políticos. Me refería a Kirchner para señalar que él mismo es beneficiario de que todo aquello haya terminado. Todo aquello terminó mal, pero, de alguna manera, se salió. Estaba produciendo la destrucción de la capacidad productiva del país. Ahora a Kirchner le toca presidir un período que es el resultado de que, por suerte, no tengamos más aquella convertibilidad.

-¿Por qué falló la convertibilidad?

-La convertibilidad tuvo sentido al principio. La Argentina vivió entre 1989 y 1991 un largo proceso de hiperinflación. Había que terminar con eso o eso terminaba con nosotros. El problema se presentó cuando se creyó que era un modelo. Como haber terminado con la hiperinflación tuvo un efecto mágico, se tradujo en poder político. Tanto que Menem fue reelegido y después a mucha gente, incluida la Alianza, le parecía que era un riesgo salir de la convertibilidad, un riesgo que no se podía asumir. Fue la tumba de la Alianza.

-¿Cree en la reencarnación?

-No. (Se ríe.) La Alianza fue un episodio que deja lecciones, pero, a mi juicio, la gente interpreta mal las razones por las que fracasó. Fracasó porque, en lo económico, continuó con la política de Menem.

-¿Sólo desde el punto de vista económico?

-Lo que quiero decir es que eso fue lo que provocó el colapso. La convertibilidad fue agigantando la deuda, haciendo que los mercados voluntarios de créditos se cerraran antes del default y obligaran a la Argentina a pagar tasas obscenas. Como no se quería tocar el tipo de cambio, se procuraba adecuarlo mediante ajustes fiscales. Todo eso era una fórmula para el desastre. No había ninguna duda de que iba a terminar como terminó. Los únicos que podían dudarlo eran los consultores financieros.

-Tiene que haber habido algún necio también, no sólo intereses en juego...

-No me refiero a intereses. Necedad, como usted dice, había muchísima. Economistas de renombre que se hayan opuesto a la salida de la convertibilidad yo no conozco. No sólo en el orden interno, sino también en el externo. Cuando propuse una reestructuración preventiva de la deuda, una salida ordenada del tipo de cambio fijo, atado al dólar, y la sustitución por una vinculación con una canasta de monedas acorde con la composición de nuestro comercio exterior, Rudiger Dornbusch escribió un artículo en el cual decía que había que encerrarme en un jardín zoológico. Fue un gran engaño colectivo.

-Tampoco hubo forma de frenar el colapso político.

-Con esa política no había ninguna forma. Por eso me parece tan importante que aprendamos la lección y que no persigamos fantasías.

-¿Las inversiones de China, por ejemplo?

-Occidente vive redescubriendo a China. Marco Polo es evocado en Occidente casi como el Cristóbal Colón de China. Cuando llegó a China, hacía dos mil años que había reinado Shi Huang-ti, el que unificó el país. Hacía 1700 años que había muerto Confucio. Es como si pensáramos ahora en la época de Constantino. A China permanentemente se la descubre. Occidente está descubriéndola. Y ahora la descubre la Argentina. En la Argentina se piensa que la etimología es una ciencia que creó Mariano Grondona y que el verbo "persuadir", que se usa desde el siglo XV, lo acuñó Raúl Alfonsín. Nuestro encierro cultural es muy grande.

-¿Cuánto influye en nosotros ese encierro?

-En la Argentina se divide todo en casilleros. Hay una idea: que político es aquel que vive de la política y para la política. Full time. Eso crea una clase de político que sufre lo que en psiquiatría se llama trastorno obsesivo- compulsivo. Es lo único de lo que sabe hablar; lo único que le interesa es la política. Entonces, usted tiene políticos que no leen filosofía, que no estudian economía, que no saben idiomas. Ahora viajan, pero también viajan las valijas. En la Argentina parece raro que un político haga otra cosa.

-¿Raro o sospechoso?

-Para poner ejemplos grandiosos y, por lo tanto, imitables, Franklin redactó parte del acta de la independencia y parte de la constitución de los Estados Unidos; inventó el pararrayos, los lentes bifocales y un arpa de vidrio que sedujo a Mozart. Uno puede decir que eran otras épocas. No sé. Mitre y Sarmiento también vivieron otras épocas. "La velada de Benicarló" la escribió Manuel Azaña, presidente de España. "Doña Bárbara" la escribió Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela. No coincido con esta idea de que lo único que puede hacer un político es el oficio torpe de presentarse a elecciones, discutir con otros políticos y reciclar los mismos conceptos.

-Hasta hace poco la gente quería que se fueran todos...

-Puede haber insatisfacción popular en determinado momento. La gente no tiene por qué saber que la crisis de 2001 fue provocada por una política económica que tiene muchos más responsables empresarios que políticos. La gente juzga el árbol por los frutos. Conoce a quienes son los dueños aparentes del poder y se lanza contra ellos. Me parece comprensible. Pero creo que un político que no estudia y que no sabe cómo funciona el mundo no tiene capacidad para darse de cuenta de que hay un error y de que, a veces, el liderazgo consiste en navegar contra la corriente.

-A alguien termina siéndole útil...

-Sin duda. Es eso que siempre se cita: denme el manejo de la economía y no me importa quiénes hagan las leyes. Este es un poder invisible. Para eso la gente necesita políticos: para que interpreten el interés general, no para que declaren la guerra contra la actividad privada.

-¿Es el mensaje de Kirchner, que, en la misma semana, recibe a un presentador de música popular y deja plantada a una directiva de Hewlett-Packard?

-En Wall Street no saben quién es la "Tota" Santillán, pero saben que este gobierno declaró acreedor privilegiado al Fondo Monetario, que le pagó puntualmente todas sus obligaciones y que le aceptó un superávit primario que no le había aceptado ningún gobierno en la historia desde que la Argentina entró en el organismo. Kirchner llegó al gobierno sin poder. Había perdido las elecciones con Menem. Hubiera ganado la segunda vuelta por el voto anti-Menem, no por el voto pro Kirchner. Estaba en minoría en el Congreso. No tenía gobiernos provinciales que lo acompañaran, salvo el de Santa Cruz. Se hablaba, en esa época, de la ingobernabilidad. Kirchner ha sido muy hábil con los gestos y las palabras, que lo convirtieron en una suerte de enemigo de los enemigos de la gente. Eso le dio un fuerte sostén social. A partir de ese sostén social empezó a unificar el peronismo. Empezó a conseguir un grado de cohesión dentro del peronismo que no se esperaba al principio. Esto forma parte de una estrategia. En cuanto a la política económica, no hay nada que se pueda relacionar siquiera remotamente con el peronismo de los años 70.

-¿No valen las comparaciones?

-Quien compare este peronismo con el de los 70 no vivió aquello o se olvidó. Escribí el libro sobre el peronismo de los años 70 en 1976, en Caracas. Me lo había pedido una editorial inglesa, pero no llegó a publicarse. Un editor británico estaba perplejo porque, según su visión, el peronismo era un movimiento fascista, cercano a Mussolini. El surgimiento de Cámpora, de los montoneros y del peronismo de izquierda le parecía incomprensible. Me pidió que el libro fuera peronism for beginners (?peronismo para principiantes´). Es decir, sin exceso de nombres, pero con profundidad y análisis político. El año próximo se van a cumplir treinta años de la muerte de Perón. Cualquier persona de menos de 40 años, casi diríamos de 45 años, no tiene conciencia política de ese período. Todos esos argentinos son también beginners. Se les puede decir que este peronismo es setentista y se lo creen.

-¿Siente rencor?

-No, de ninguna manera. Fui adversario del gobierno de Perón y de María Estela Martínez de Perón y fui amenazado por la Triple A. Yo era un periodista muy crítico.

-¿Cómo ve a Kirchner?

-La verdad, a mí Kirchner me importa poco. Lo que me importa es el futuro del país. No medido a 2005, sino, como mínimo, a diez años vista. Insisto en esto, que parece una manía economicista. Para duplicar el producto bruto interno en diez años, hay que crecer un siete por ciento todos los años sin parar. Hay que emular la hazaña de los "tigres" asiáticos o del "tigre" celta, Irlanda, cosa que me parece difícil sin un plan de desarrollo.

-¿Cuál fue el último plan de desarrollo?

-La última estrategia de desarrollo que ha tenido la Argentina fue a fines de los años 50, con el presidente Frondizi. La Argentina había desarrollado su industria liviana en la posguerra mediante un sistema de protección que obligó a satisfacer toda la demanda interior de bienes de uso con producción nacional. Eso llegó a un límite. Hacia fines de los 50, el desarrollismo imaginó que si se prorrogaba el proteccionismo a los fines de desarrollar las industrias de base y las industrias extractivas, se podía completar la integración industrial. Para fabricar heladeras y neumáticos, el ahorro nacional alcanzaba; para extraer petróleo y fabricar acero, no. Hacía falta capital externo. El plan consistió en abrir la Argentina al capital externo, pero no permitir que fuera donde quisiera, sino establecer un orden de prioridades, para que las inversiones se dirigieran a aquellos sectores que se consideraban palancas de desarrollo.

-¿Podría funcionar hoy esa estrategia?

-No, las condiciones del mundo son otras. Una economía cerrada no tendría futuro y hoy no son las industrias pesadas las que promueven el desarrollo. Fue, en su momento, una estrategia, lamentablemente trunca, pero muy interesante. Después de eso, nunca más hubo una estrategia.

-¿Se imagina a la Argentina sin peronismo?

-¿Cómo no me la voy a imaginar si no hay peronismo?

-Si no hay peronismo, ¿cuál es la diferencia entre ganar la lotería y esperar la sidra y el pan dulce?

-Yo no veo siquiera lo que podría ser una adaptación al siglo XXI de las ideas de Perón. Vamos a tomar el último Perón y rescatar lo más meritorio que podía tener. Había llevado la concepción de la comunidad organizada al nivel de un acuerdo social. Usted podría decir que hoy sería plantear un modelo como el irlandés, que se basa en planes trienales sometidos al consenso de los representantes de la empresa, del trabajo y de la sociedad civil. Eso sería más o menos defendible. Usted podía estar en contra de Perón, y yo lo estuve, pero Perón, al menos, siempre tuvo una visión, una idea, aparte de las prácticas del peronismo, de los vicios del peronismo y de cualquier juicio que uno hiciera de las calidades personales de Perón. Pero el peronismo se dividió en un sector que adscribió a las ideas neoliberales y otro que se dedica a la gimnasia política. ¿Qué visión hay hoy? No hay allí una concepción, un modelo, una idea. Hoy no hay peronismo, sino una diáspora.

Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=653565

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Ayuditas

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 13-11-2004 00:00:00

Por Juan Gelman

¿Qué pasó? Las encuestas cercanísimas a las elecciones presidenciales norteamericanas del 2 de noviembre daban cuenta de un empate técnico entre W. Bush y John Kerry. Más. Sondeos anteriores encontraron que una proporción mayoritaria de la población estadounidense pensaba que no valía la pena seguir peleando en Irak: el 52 por ciento, según el que llevaron a cabo ABC News y The Washington Post el 22 de junio de este año; el 70 por ciento opinó que el número de bajas propias era “inaceptable”, el 76 por ciento que esa guerra había convertido en ruina la imagen de EE.UU. en todo el mundo y, en sólo un mes, la confianza en su necesidad para garantizar la seguridad nacional había disminuido el 11 por ciento. Por esas fechas, la intención del voto a Kerry ascendía al 48 por ciento, contra el 47 por ciento de W., mientras que en mayo Bush llevaba a su contrincante una ventaja del 13 por ciento y del 22 por ciento en abril.
¿Qué pasó con tal declive? ¿Cómo logró Bush hijo que el voto popular lo reeligiera con una clara mayoría de millones?
El International Herald Tribune del 26 de agosto subrayaba: “La opinión pública de EE.UU. se muestra cada vez más incrédula respecto de la amenaza terrorista y se requeriría algo muy convincente para disipar el escepticismo provocado por la forma en que el gobierno de Bush explota el peligro terrorista”. Se especulaba entonces con “la sorpresa de octubre”, esa que la Casa Blanca produciría para volcar la situación a su favor. Por ejemplo, la captura de Osama bin Laden. O la invasión de Irán. Pero la “sorpresa” fue bastante más sencilla: apenas consistió en un video con la imagen del jefe de Al Qaida en el que éste reconoce paladinamente por primera vez que él es el autor intelectual de los ominosos atentados del 11/9. La cadena Al Jazeera lo transmitió al aire –y fue reproducido en todo el mundo– el viernes 28 de octubre, cuatro días antes de las elecciones. Como –sin perder un minuto– Richard N. Bond, ex presidente del Partido Republicano, declarara al New York Times, “el video es un recordatorio para todos los estadounidenses de que el país se encuentra bajo la amenaza de un ataque y la cuestión central de esta campaña (electoral) es quién podrá ser el mejor comandante en jefe de la guerra contra el terrorismo”. Es dudoso que quienes decidieron que era Bush se basaran en la evaluación de sus igualmente dudosas dotes militares. Más probable es que a muchos los moviera la memoria de las Torres Gemelas abatidas, el recuerdo de las 3 mil víctimas del atentado, el miedo a la repetición, todo lo que Osama por TV supo hacer presente y reavivar. Una sorpresa sin duda muy convincente.
Es ésta una interpretación posible, aunque no exhaustiva, de los factores que dieron el triunfo a W. Bush. Adensa preguntas acerca de la magnanimidad –por así decirlo– con que los gobiernos de Clinton y Bush han tratado al millonario terrorista. W. ha destinado a la invasión y ocupación de Irak más esfuerzos militares, económicos y de inteligencia que a la captura de Bin Laden. Se conoce que a fines del 2002 Osama, cercado en Tora Bora, pudo fugar gracias a “la indecisión de los altos mandos estadounidenses” (The New York Times, 30-9-02), que curiosamente se abstuvieron de vigilar las trochas de mayor altura de esa zona montañosa. Menos se conoce lo que el boletín electrónico Counterpunch acaba de revelar (www.counterpunch.org, 1-11-04): tanto Clinton como Bush hicieron caso omiso del ofrecimiento que los talibanes –hartos de los riesgos que para ellos entrañaba el proteger a Bin Laden– reiteraron a la Casa Blanca desde fines de 1999 hasta febrero del 2002: la entrega en bandeja de la cabeza de Osama. Kabir Mohabbat, empresario afgano-estadounidense radicado en Houston, Texas, fue intermediario de ese negocio no cumplido.
Los campos de entrenamiento de Al Qaida funcionaban sin trabas en territorio afgano hasta que el 12 de octubre del 2000 el vaso de la molestia talibana fue rebasado: el destructor yanqui “USSCole” fue atacado en aguas del Yemen, hubo 17 marinos muertos y casi 40 heridos, y la Casa Blanca de Clinton amenazó con bombardear el país anfitrión de los terroristas. Mohabbat, muy relacionado con jefes mujaidines y talibanes, también con altos funcionarios del Departamento de Estado, llevó el mensaje a Kabul y el gobierno talibán precisó las tres opciones de su oferta: entregar a EE.UU. a Osama vivo, asesinarlo, o concentrar a Bin Laden y sus lugartenientes en un lugar que un par de misiles Cruise podría destruir. Bush hijo ganó las elecciones de noviembre del 2000 y Clinton prefirió que el gobierno electo se encargara de la operación. W. la pospuso tres veces, la tercera incluso después del 11/9. Aunque los talibanes insistieron en entregar a Osama sin condiciones, el gobierno Bush eligió, en vez de liquidar al jefe de Al Qaida, atacar a Afganistán y emprender así la aventura petrolera cuyo segundo capítulo es la ocupación de Irak. En esto consiste la presunta “guerra antiterrorista”.
Pese a las promesas y amenazas de W., Osama bin Laden goza de buena salud, reaparece matemáticamente cuando a Bush le viene bien y nadie sabe si este ex agente de la CIA sigue –o no– siendo agente de la CIA. ¿W. lo necesita para alimentar su empresa “antiterrorista”? El 72 por ciento de la opinión pública mundial se pronunció a favor de Kerry y bastó un extranjero, uno solo, para ayudar a que la tortilla se volteara.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43537-2004-11-13.html

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Pasquino: "En la Argentina hay gran confusión política"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 10-11-2004 16:24:03

En el país, la democracia no funciona bien, sostiene el politicólogo italiano

FLORENCIA.– Dice que en la Argentina la democracia funciona mal porque el Estado debería lograr que los ricos paguen los impuestos.

Con acento turinés, Gianfranco Pasquino, uno de los politicólogos italianos más reconocidos del mundo, dispara conceptos duros. Gran conocedor de la Argentina –donde recibió varios doctorados honoris causa–, afirma que en el país hay “una gran confusión política”, de la que son culpables tanto radicales como peronistas, aunque estos últimos en mayor medida. Sin embargo, considera prometedor lo que ha hecho hasta ahora el gobierno de Néstor Kirchner.

Alumno del politicólogo Norberto Bobbio –también turinés, ya fallecido–, Pasquino tiene 62 años y enseña en la prestigiosa Universidad de Bologna.

Autor de decenas de libros y artículos sobre teoría política, en una entrevista con LA NACION, en Florencia, en un alto de una clase que dio allí, Pasquino no ahorró críticas a George W. Bush, a quien definió como “un hombre muy mediocre, un político, a fin de cuentas, bastante inexistente”. Y dijo que, por haber ganado las elecciones, habrá que esperar otros cuatro años terribles. Sobre el premier italiano, Silvio Berlusconi, fue igualmente implacable: "Es un hombre totalmente carente de prejuicios, sin principios", que gana las elecciones porque Italia es un país con una "cultura política antipolítica".

-Usted es un gran conocedor de América latina y de la Argentina. ¿Entiende por qué nuestro país, uno de los diez más ricos del mundo al principio del siglo pasado, ahora tiene a la mitad de la población debajo del umbral de la pobreza?

-La de la Argentina es, verdaderamente, una crisis de clase política. Lo que ha pasado es la demostración de que una buena política produce también un buen sistema económico y una mala política puede destruir un país rico. Se trata de un problema totalmente político. Es decir, de la incapacidad de los partidos y de los políticos de crear una situación de estabilidad de gobierno y de tener un proyecto de transformación del país. Históricamente, se trata de un problema de los radicales, porque los radicales tuvieron la posibilidad de hacer algo más de lo que hicieron, pero, sobre todo, es un problema del peronismo.

-¿Ambos, tanto los radicales como los peronistas, tienen culpas?

-Sí, pero los peronistas tienen más culpas porque tuvieron más poder que los radicales y, además, porque internamente mantienen posiciones muy confusas, por lo que nunca pueden tomar una decisión específica o indicar un camino preciso. De hecho, las crisis verdaderas salen a flote cuando el peronismo tiene problemas verdaderos. Y el peronismo seguirá teniendo problemas verdaderos. Por otra parte, el peronismo es un fenómeno excepcional, porque ningún movimiento político dura tanto tiempo después de la muerte o exclusión de su jefe. Y esto es lo que confunde la situación política argentina. Y de la confusión, lamentablemente, no sale ningún proyecto nacional...

-¿La situación actual, para usted, es de confusión?

-Sí, pero con un elemento, de todos modos, ligeramente positivo: parece que el Presidente ha comprendido que debe tratar de demostrar que tiene una estabilidad en el cargo. Y que debe, de algún modo, tratar en serio con el Fondo Monetario, por lo que está adquiriendo un mínimo de confiabilidad. El resto está todo por verse.

-¿Por ahora juzga positivamente a Kirchner?

-Más que positivamente lo veo como una promesa. Tiene la posibilidad de hacer cosas y muchos argentinos piensan que llegó el momento de hacer cosas. Por lo tanto, también existe disposición de los argentinos para colaborar. Entonces, la situación es prometedora, pero las promesas hay que mantenerlas, y debe haber mejoras. Si no las hay en los próximos dos años, entonces la situación seguirá siendo preocupante.

-En este escenario prometedor para Kirchner, ¿cuál fue su principal acierto?

-El hecho de que le dijo al FMI que está dispuesto a negociar y a pagar las deudas. Esto me parece útil. Lo que esperaría es que existiera un sistema fiscal y que los ricos pagaran los impuestos. Sería muy útil para relanzar a la Argentina. Hace falta un Estado que sea capaz de utilizar sus instrumentos para poder mejorar la situación del conjunto. Que, naturalmente, pueda producir puestos de trabajo y reducir el nivel de pobreza. Un Estado que sea capaz de hacerles pagar los impuestos a los ricos, que son muchos, sería una señal importante.

-¿Hace bien o se equivoca Kirchner al ofrecerles a los ahorristas italianos devolverles apenas un 25 % de la deuda?

-El problema es que, si no hay plata, eso es lo que puede ofrecer. Por otra parte, no es la única situación en la que existen estos pastiches. Los italianos han invertido mal también en bonos de Parmalat, así que no es sólo el Estado argentino el que no cumple. Es también Parmalat, y también los bancos italianos que han especulado sobre todo esto. Aquí hay riesgos. Algunos italianos los han corrido y uno podría decir: peor para ellos...

-¿El radicalismo ha muerto después de la decepcionante experiencia de la Alianza y del final de Fernando de la Rúa?

-Creo que los partidos históricos nunca mueren. El partido radical no ha muerto. Tiene la posibilidad de reconstruirse y reestructurarse, ya que, además, mantiene algo de poder político. Creo que también mantiene algo de representatividad, porque hay sectores sociales que nunca serán peronistas y que ven al partido radical como un partido de clase media progresista. El partido radical tiene la tarea histórica de construir una alianza de centroizquierda. El problemaes que hay que intentar reducir el peso de los peronistas dentro de la izquierda, porque en el peronismo también hay un ala de izquierda.

-Ahora la centroizquierda parece representada por Kirchner y los radicales representan la centroderecha...

-Sí. Yo he oído que se habla mucho de reforma política, y la reforma política, si se hace bien, podría también reducir un poco la confusión entre partidos.

-¿Se puede hablar de democracia plena en la Argentina?

-Cuando se vota, las elecciones son suficientemente libres, existen varios partidos en competición y gana el que obtiene más votos, ésa es una democracia. Después, podemos ser muy exigentes. Podríamos querer partidos más responsables y más representativos. Podríamos querer organizaciones intermedias con posibilidad de incidir en la política. Para mí la Argentina es una democracia, pero es una democracia que funciona mal. Este es el problema. No es que estamos en una situación poco democrática o no democrática. La situación es democrática, pero funciona mal.

-¿Por qué?

-Porque faltan partidos que, en serio, sean capaces de representar en forma significativa opiniones distintas. Faltan estructuras intermedias verdaderas. Por ejemplo, faltan sindicatos que sean suficientemente democráticos. Las asociaciones industriales tienen comportamientos dudosos. Y cuando hay sectores populares en el umbral de la pobreza, esto hace muy difícil que una parte importante de la ciudadanía participe políticamente. Por todo esto es una democracia que funciona mal, pero es una democracia. Jamás podría sostener que la Argentina no es una democracia, porque los mismos argentinos saben muy bien lo que significa no ser una democracia. Cuando estaban los militares, seguramente era una situación no democrática.

-¿Qué hubiera cambiado en el mundo si hubiera ganado Kerry?

-Hubiera cambiado mucho, porque Kerry dijo que estaba dispuesto a tratar con las Naciones Unidas, que quería hacer acciones multilaterales, por lo que hubiera debido retomar los contactos con alemanes y franceses. Pero, sobre todo, porque había diseñado una estrategia para salir de Irak, y como no era culpable por haber entrado, para él hubiera sido más fácil salir. En cambio, quien ha entrado diciendo "produzcamos democracia", ahora tiene que quedarse ahí. Bush es un hombre muy mediocre, extraordinariamente conservador, probablemente también reaccionario, que hubiera perdido las elecciones si no hubiera sido por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Aprovechó esto para cumplir una acción que no tenía ninguna base. Su padre no lo hubiera hecho nunca, pero, desde cierto punto de vista, lo que ha sido su error más grande le dio también la oportunidad de ser reelegido. Porque se ha convertido en el comandante en jefe, mientras que sin esto hubiera sido un presidente del cual nadie recordaría nada.

-Entonces, el 11 de septiembre fue fundamental para él...

-Exactamente. Sin eso, hubiera perdido las elecciones. Ahora, en el segundo mandato, el presidente ya no debe pensar en ser reelegido. En la política interior, algo que nosotros no vemos, están sucediendo cosas muy graves. La elección, por ejemplo, de todos los jueces del denominado circuito federal, hecha con jueces que son extraordinariamente conservadores. En el curso de estos cuatro años, Bush también podría nombrar algún juez en la Corte Suprema y podría cambiar totalmente la cara de algunas leyes importantes de los Estados Unidos. En suma, podrían ser otros cuatro años terribles.

-¿Cree que puede haber nuevas guerras preventivas, en países como Irán y Corea del Norte?

-Sí, puede ser, pero lo que está sucediendo en Irak es un precio elevadísimo que Bush debe pagar. Además, Corea del Norte quizá tiene, en serio, armas nucleares, y siendo un país que sabe que está terminado, podría usar esas armas nucleares.

-¿Para usted se puede hablar de choque de civilizaciones? ¿Bush es, en parte, culpable por este odio a Occidente?

-No hay duda de que gran parte del mundo árabe-musulmán tiene una actitud antioccidental, relacionada con las costumbres, es decir, con el modo de vida occidental. Es decir, detestan a Occidente por lo que éste representa. No sólo por la libertad, como dicen algunos, sino por la riqueza, una cierta libertad de costumbres, por la emancipación de las mujeres... Todo esto, ciertamente, explica una parte del odio árabe-musulmán. Después, probablemente está el hecho de que hay una situación absolutamente poco democrática y algunos tratan de mantener el poder político que tienen. Porque no son los desheredados los que se están rebelando contra Occidente, sino que son los sectores de las clases medias y altas. Creo, por otro lado, que Occidente no tiene ningún interés en combatir en una guerra de civilizaciones, pero no hay duda de que en algunos sectores de la derecha cristiana, que son los que apoyan a Bush, este elemento de superioridad de Occidente y de los cristianos sobre los musulmanes existe, y entonces crea las premisas para el choque.

-¿Cómo define a Berlusconi, a quien su colega Giovanni Sartori calificó como "un animal que no existe en ningún jardín zoológico del mundo"?

-Berlusconi es un hombre carente de prejuicios y es un hombre sin principios, salvo que es anticomunista, por lo que se opone a la izquierda. Seguramente está impregnado por la ideología de hacer dinero. Esa es la mayor señal del éxito. O ganar. Por lo tanto, ganar con el equipo de fútbol del Milan, ganar con Mediaset, ganar con Forza Italia. Alguien como Berlusconi no existe en ninguna otra parte del mundo porque en ninguna otra parte del mundo se dieron las condiciones italianas. Berlusconi gana porque Italia tiene una cultura política que es antipolítica. O sea: Berlusconi no es alguien que viene de Marte, sino que es un italiano que gana porque los italianos lo votan.

-¿Qué quiere decir con que la cultura política italiana es antipolítica?

-Que los italianos nunca tuvieron bastante interés por la política. Nunca tuvieron bastante información, nunca intentaron instruirse políticamente. Siempre pensaron que el Estado era no un instrumento para cambiar las cosas, sino un enemigo. Por lo tanto, los italianos pagan poco los impuestos, son bastante corruptos, utilizan la corrupción también en las relaciones con los políticos, son proclives a trabajar para sí mismos y trabajan mucho cuando trabajan para sí, pero cuando trabajan para el Estado trabajan poquísimo. Tienen todas las cualidades que Berlusconi, de algún modo, facilita. Es decir: Berlusconi intenta reducir los impuestos, que los italianos igual pagan poco. Berlusconi ha abolido la tasa sobre la herencia. Berlusconi hace condonaciones... Todo esto es la cultura de gran parte del país.

-Digamos que los italianos se merecen a Berlusconi...

-En cierto sentido, sí. Se lo merecen seguramente quienes lo votaron, pero quizá se lo merecen varios más, aunque no todos. Lo cierto es que la victoria de Berlusconi tiene raíces verdaderas en el contexto italiano. Puede ganar la centroizquierda la próxima vez, pero para cambiar estas actitudes hace falta un esfuerzo muy sostenido.

-¿Por qué la centroizquierda no logra sacar ventaja, más allá del descrédito que rodea a Berlusconi?

-Por empezar, la centroizquierda ganó en 1996 sólo porque la Liga del Norte no se había aliado con Berlusconi. En segundo lugar, la centroizquierda cometió muchos errores en su gobierno, y el más grave fue no encontrar al candidato adecuado para las elecciones de 2001 [N. de la R.: Francesco Rutelli]. La centroizquierda ahora está convencida de que puede ganar, y entonces, en lugar de presentarse unida, sigue dividiéndose en torno de personalismos. Por lo tanto, el electorado que vota a la centroizquierda es el que quiere votar en contra de Berlusconi. Pero no en favor de un programa o de un candidato.

-¿Cuál es el peor defecto de la política italiana?

-La fragmentación en posiciones que muchas veces son personalistas, egoístas. Es decir: la incapacidad, como la de la Argentina, de producir un proyecto, en cierto sentido, nacional, que era lo que la democracia cristiana, con todos sus defectos, logró hacer.

-Usted hace diez años fue senador por un grupo independiente de izquierda. ¿Cómo influyó esta experiencia en sus ideas de politicólogo?

-Lo que aprendí es que si alguien quiere contar políticamente en este país tiene que ser fuerte en un partido. Pese a todo, siguen siendo los partidos los que deciden las políticas y los cargos. La segunda enseñanza es que los parlamentarios pueden contar sólo si tienen gran competencia. Yo pude contar en la medida en que tenía conocimientos de las instituciones y de la economía, por ejemplo. La tercera enseñanza es que el sistema institucional, así como está, es lentísimo en las decisiones y no es controlable por nadie. La reforma de las instituciones es algo necesario, si se supiera cómo hacerla.

Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

La autora realizó este reportaje a Gianfranco Pasquino en Florencia, días antes de viajar a Ramalláh para cubrir la situación creada en Medio Oriente a raíz del grave estado de Arafat.

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=652645

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Una canción indestructible

Archivado en Sarlo en Viva • Fecha: 07-11-2004 00:00:00

El arriero es una bandera que cambia de manos. Hay quien ignora que es una pieza de Yupanqui... y ése es acaso el mejor pago para don Atahualpa.

BEATRIZ SARLO
bsarlo@viva.clarin.com.ar

En el vagón de subterráneo, desafiando el traqueteo y los ruidos, un músico ambulante, con charango y sikuri, a ritmo más que acelerado, toca El arriero. El sikuri reemplaza la voz; el charango lo acompaña, con una proliferación de notas bien distante de la parquedad de la guitarra criolla. Mentalmente repaso la extraordinaria letra de Atahualpa Yupanqui:

... es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan la flautas del pajonal
y animando a la tropa por esos cerros
el arriero va.

Recuerdo que, hace ya muchos años, un grupo de rock argentino recicló El arriero, casi como quien arrebata y vuelve a enarbolar una bandera. Derivo por la música de fusión y las observaciones que un crítico amigo suele hacer sobre las posibilidades de la chacarera y otras formas del folclore argentino.

Mientras tanto, el músico se precipita hacia el estribillo famoso, donde Atahualpa, como en muchas otras de sus canciones, ubicaba el mensaje social, para llamarlo de algún modo: "Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas". Por supuesto que el músico no ha cantado la letra porque ya bastante ocupado está con hacer sonar el sikuri y el charango al mismo tiempo.

Sin embargo, su versión de El arriero se sostiene con dignidad, probablemente porque se trata de un tema milagroso e indestructible, de esos que se convierten en clásicos, como Night and Day o Yesterday, que saltan las modas, los arreglos, las banalizaciones, y resisten como si estuvieran tallados, de un solo golpe, sobre roca basáltica. Y pese a que esos temas tienen la perfección de una esfera pulida, admiten que se vuelva a trabajar sobre ellos, que se introduzcan variaciones y se los mezcle dentro de otros estilos o se los interprete con instrumentos que no estuvieron previstos en la idea inicial.

Son canciones que, aunque las capture el mercado, aunque, incluso, hayan sido pensadas para él, se resisten a la desaparición que el mercado impone cada día para renovar sus ofertas y dar la impresión de que todo empieza de cero. El arriero y, afortunadamente, muchos otros temas resisten todo y a todos los músicos pueden proponerle algo nuevo: desde el Gato Barbieri a Divididos. Son lo que en el jazz se llama standards, es decir el lugar común, en el mejor de los sentidos, donde dialogan o se pelean la inventiva y la tradición.

Mientras pensaba estas cosas, reconciliada momentáneamente con el mundo, el músico tocaba la última nota. Y sobre ella, comenzando ya a circular por el vagón de subterráneo para recibir la colaboración de los pasajeros, dijo: "A ver, un aplauso para esta canción de los Divididos". Toqué tierra.

Más que todo lo que había pensado mientras escuchaba, esta frase final era una prueba contundente. El arriero no tenía dueño: alguien se lo atribuía a Divididos, y si mañana otra banda lo retomaba, se convertiría en su nuevo dueño. Si Atahualpa quiso ser un músico folclórico, lo que yo acababa de escuchar demostraba que lo había alcanzado. Por dos motivos: en primer lugar, porque ya no se sabía que él había sido el autor de la canción y su propiedad sobre ella se había disipado en la misma medida en que se volvía un standard, algo que está allí para Divididos o para el músico ambulante. En segundo lugar, porque este anonimato y la falsa atribución a Divididos de la autoría, indicaba que la música ya había recorrido un largo camino que la llevó a ese espacio de consagración que es el olvido del origen. Las músicas que más conocemos son, precisamente, aquellas de las que pasamos por alto su historia, porque forman parte de un paisaje sonoro, resistiendo la movilidad de las modas y el hambre caníbal del mercado. Atahualpa o Cole Porter tienen una gloria asegurada, que es más duradera que el recuerdo de su nombre, porque se trata del más alto de todos los anonimatos, aquel que no se origina en el olvido sino en la multiplicación de recuerdos.

El arriero, para el músico que lo aprendió escuchando a Divididos y probablemente para muchos de los que estaban en ese vagón del subterráneo, pertenece a esa banda. Mañana ¿quién sabe?

http://www.clarin.com/diario/2004/11/07/sociedad/s-864376.htm

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"La política toma hoy caminos por fuera de los partidos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 07-11-2004 00:00:00

MANUEL GARRETON, SOCIOLOGO

En toda América latina se cuestiona la capacidad de gestión de los partidos y su distancia de la sociedad. Tibiamente se ensayan recomposiciones, con mayor o menor éxito y variación de modelos.

Analía Roffo
aroffo@clarin.com

Cuando usted describe la realidad de los partidos políticos en América latina señala que hay países que deben fundarlos casi desde cero y otros donde existen, pero se articulan en sistemas deficientes. En todos los casos observa que se cuestiona la capacidad de gestionar de los partidos y la distancia respecto de la sociedad. Con semejante escenario, ¿se puede ser optimista a mediano plazo?

—Eso va a depender de las distintas situaciones de los países y del modo como resuelvan su inserción en la globalización. En especial, de las correcciones que puedan hacer de las recetas neoliberales aplicadas en estos años y de cómo se desplieguen las subjetividades de los individuos y de los movimientos que, curiosamente, no quieren ser representados sino tener alguna forma de ingerencia directa.

# Demasiadas variables fuera de control...

—Lo que está en juego es, en el fondo, la recomposición de las relaciones entre Estado y sociedad. Pero las fórmulas de tipo clásica —autoritarias, caudillescas, populistas, clientelares, corporativas o puramente políticas a través de los partidos— no parecen ser capaces de asegurar una recomposición relativamente estable entre Estado y política. De todas estas variables depende el futuro de los partidos políticos.

# ¿Podrán surgir organizaciones que los reemplacen?

—No, no lo imagino, pero tampoco veo refundaciones importantes ni saludables. Es paradójico: hay distanciamiento entre socie dades y partidos, pero no se ven alternativas a estas formas de organización. Aunque es cierto también que en América latina hay intentos de reconstrucción de partidos. Y por lo tanto, una reapelación a la mística fundacional. Algunos hablan de una cierta forma —a mí no me gusta la palabra porque la encuentro un poco beata— de reencantamiento con la política, porque parece posible fundar algo distinto.

# Pero suenan bien palabras como mística y reencantamiento. ¿No serán caminos posibles para que las sociedades —y en especial los jóvenes— vuelvan a acercarse a la política?

—A mí no me gusta la palabra reencantamiento porque, por lo menos en mi país, Chile, se la usa mucho como lo hace usted, para hablar de los jóvenes: "Hay que reencantar a los jóvenes con la política", repiten. Pero eso supone la idea de que si hay que reencantarlos es porque alguna vez estuvieron encantados y luego se desencantaron. Lo cual es una falacia. La palabra reencantar con los jóvenes no da cuenta de un fenómeno básico: las nuevas generaciones vinieron al mundo en un momento en que la política ya no era lo que para nosotros. Entonces, su distancia —estructural cultural o estructural subjetiva— con la política es enorme.

# ¿Por qué la política ya no es la misma de una generación a otra?

—Porque la política antes resolvía ciertos problemas. Jugaba un rol de acceso a bienes y servicios del Estado (educación, salud, vivienda) y era también fuente de senti do. Piense, décadas atrás, cuántas cosas proponía la política y llevaba a cabo el Estado. Le doy un solo ejemplo del efecto inverso: en el caso de Chile, la educación privada va a ser más nutrida, en materia de matrícula, que la pública. Sobre todo, en el nivel universitario. Eso marca que el Estado ya no tiene las mismas facilidades de integración ni de redistribución ni de asegurar una sociedad más homogénea y cohesionada. Todo esto quita posibilidades de reencantamiento.

# ¿A qué se refiere cuando dice que la política antes era fuente de sentido?

—Décadas atrás, usted y yo y tanta gente seguramente leíamos a Benedetti, a Neruda... En ellos aparecía toda esa visión de que las relaciones subjetivas estaban impregnadas, atravesadas por la política. Recuerde: "al amarte a ti, amo a mi país", "luchamos por la historia", "en la calle somos mucho más que dos". La política ya no construye esa realidad y pocos o ningún joven hoy lo admitiría. Por eso no creo que sea oportuno hablar de reencantamientos ni de redescubrimientos de paraísos perdidos. La política partidaria fijó el sentido de la vida para muchos de nosotros, pero ya no lo hace para los que nos suceden.

# Realmente, ¿los jóvenes no hacen política de otra manera? Me refiero, por ejemplo, a los movimientos ecologistas.

—Usted habla de ciertas formas de autoafirmación que encontramos en algunos movimientos sociales —el mundo de las ONG—, donde la permanente movilización es un sustituto de la política. Es cierto que sus preocupaciones tienen que ver con la preservación del hábitat, de la paz, de la ecología y con la capitalización cultural personal. Creo que la idea que subyace en todo esto es: si el mundo no se puede cambiar, como se podía cambiar antes, lo que puedo cambiar es mi entorno, mi vida personal, incluso mi cuerpo. Son nuevas búsquedas de sentido.

# ¿Los partidos políticos ya no tienen entonces un espacio garantizado como antes?

—Exactamente. Y la responsabilidad es de un Estado que ya no puede tomar decisiones como antes y de la existencia de una fuerte exclusión social y de una feroz inequidad, así como también del hecho de que los no excluidos buscan solución para sus problemas a través de nuevas formas de participación. Los partidos subsisten en una especie de magma. Son estructuras que sobreviven, pero su autopercepción y la percepción que la sociedad tiene de ellos es confusa, perpleja. Algunos pretenden transformarse en academias, otros quieren identificarse demasiado con el Estado y otros, como en el caso chileno, siguen haciendo las cosas como si el mundo no hubiera cambiado.

# Pero la política no murió...

—Toma caminos por fuera de los partidos. Hay varios modelos. Uno es el tipo Chávez, que es la movilización política permanente, con lo que eso tiene de confrontación y de polarización, pero al mismo tiempo, de cohesión en el conflicto. Implica pensar la sociedad en permanente movilización. ¿Pero cuánto puede resistir eso? ¿En qué momento la gente puede dejar de sentir que el sentido de sus vidas es la permanente ida a la calle para defender o atacar a un líder? Ahí sobreviene entonces una necesidad de institucionalización y las cosas se complican, porque mucho del reencuentro de la sociedad con la política se debe a haber destruido el sistema de partidos.

# ¿Cómo es eso?

—El reencuentro con la política se da por el lado de adscribir a ciertos liderazgos personales o condenarlos, sin la mediación de las estructuras. Otro modelo es el de tipo étnico, donde lo que llama a la unidad de la sociedad y a la recuperación del sentido de la política es un actor que habla en nombre de la nación y del avasallamiento y la exclusión que esa comunidad vivió durante siglos. Es el modelo presente en Chiapas y en los países andinos. Un tercer modelo es el chileno, y en parte el uruguayo, que intentan revincular sociedad y política a través del sistema de partidos, y en el que hay una relativa estabilidad de las instituciones políticas y de las representaciones. Por eso no hay en esos países grandes fenómenos de abstención.

# ¿Y cómo sería el modelo argentino?

—Tengo la impresión de que está todavía en un modelo inicial de descomposición, y ahora, de salida de crisis. Aún no se ve cuál podría ser el modo nuevo, estable, que va a tener la Argentina en su conformación como sociedad política. Existe una relativa estabilidad, al menos simbólica, de sus grandes partidos, lo que hace mucho más complicada una refundación del sistema. Porque cualquiera de las transformaciones que se den deben ser hechas en el interior de la legitimidad partidaria.

# ¿En qué sentido?

—Si usted toma el justicialismo, ve que sus políticas de gobierno y de oposición en los últimos veinte años han variado enormemente; sin embargo, todas ellas se han hecho apelando a la legitimidad partidaria. Eso obtura otras alternativas. Porque cuando se crean otras formas partidarias —como fue, por ejemplo, la Alianza— para expresar transformaciones de la sociedad, fracasan. Uno podría especular entonces con que el modelo argentino quizá sea la suma de transformaciones que ocurren dentro de un gran partido, que luego determinan lo que ocurre con los otros. Si eso es bueno o malo para la sociedad, todavía está por verse.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/11/07/z-03815.htm
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Rosa María Ravera: "Somos creativos, pero improvisados"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 06-11-2004 16:22:41

La semióloga analiza nuestra sociedad

En estos días, Rosa María Ravera parece una rara avis en el mundillo de la cultura vernácula: no dispara contra el secretario Di Tella. Las polémicas declaraciones del sociólogo sobre el lugar que tendría la cultura en su vida y en las prioridades del Gobierno despertaron ecos que aún no se acallan, pero a la presidenta de la Academia Nacional de Bellas Artes, al parecer, no la conmovieron demasiado.

“Creo que él le da preeminencia a otros aspectos de este campo, también importantes, y que nunca habían sido transitados –evalúa–.Primum vivere, deinde filosofare. Primero vivir, es decir, comer, y después dedicarse al arte, a la ciencia, a la literatura”, dice Ravera, filósofa y semióloga, que también preside la Asociación Argentina de Estética y representa en la Argentina a la Asociación Internacional de Estudios Semióticos, a la que llegó de la mano de Umberto Eco, hace ya 20 años. Es profesora honoraria de la Universidad de Buenos Aires y titular de Estética en la Universidad de Rosario, su ciudad natal.

“Es obvio que si no se come no hay otra instancia posible, pero también es obvio que las necesidades materiales y espirituales van juntas. Lo que parecería evidente es que en Di Tella y en la subsecretaria Magdalena Faillace no hay un interés acentuado en las producciones de alta cultura, sino en manifestaciones -que yo comparto- de la cultura popular, en actividades más modestas, muchas veces artesanales, que no se creía que pudieran tener una proyección cultural."

Ravera -autora, entre otras obras, de "Berni y la pintura", "Cuestiones de estética", "Estética y crítica" y "En torno de la semiótica en la Argentina"- también aprueba la idea de descentralización geográfica que propone la actual gestión, "en coincidencia con la Academia, que tiene una apertura federalista acentuada".

-¿No le parecen contradictorias la declamada voluntad de darles un mayor protagonismo a las provincias o la idea de trasladar museos fuera de Buenos Aires, y la parálisis del Fondo Nacional de las Artes, organismo que trabajó siempre muy eficientemente con la gente del interior del país?

-Vayamos por partes. No tengo dudas de que hay que descentralizar. El Congreso Internacional de la Lengua Española le va a cambiar la realidad a Rosario. Tenemos ciudades culturalmente riquísimas: Córdoba, Tucumán, La Plata. Ya se llevó una subsede del Museo Nacional de Bellas Artes a Neuquén. Esto mejorará la calidad de vida a muchas provincias. Nosotros, en la Academia, hemos retomado una costumbre que no se practicaba desde hace 18 años: realizar el primer plenario del año fuera de Buenos Aires. Este año lo hicimos en Humahuaca y probablemente lo haremos también fuera de Buenos Aires el año que viene. En cuanto a la pregunta sobre el Fondo, por supuesto que no hay que dejarlo caer. Ese es un problema pendiente que, entiendo, está a la decisión del Ejecutivo.

-Hoy se habla de trabajar en áreas y temas en los que los más necesitados descubran su capacidad para realizar actividades culturales. Se da el ejemplo de algunos grupos piqueteros que han decidido reciclarse hacia la actividad productiva. ¿Lo cree posible?

-Claro. Lo que hay que hacer con la gente es hablarle, incluirla, dialogar, porque no se dialoga. Incorporar a esta gente, reconocer su angustia y su necesidad de reclamo. Luego, canalizar esa demanda hacia un trabajo institucionalizado o útil, sea productivo o artístico.

-Algunos cuadros del realismo social ("Sin pan y sin trabajo", de De la Cárcova, "La hora del almuerzo", de Collivadino, "El despertar de la criada", de Sívori, y otras obras paradigmáticas de fines del siglo XIX que se exhiben en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes) reflejan el compromiso social de los artistas de aquel tiempo. ¿Cómo se manifiesta esa tendencia en el arte actual?

-Hay obras que implican compromisos implícitos con lo social y con realidades atroces. Hay artistas que tienen una perspectiva política e ideológica. Pero lo que sobresale de la preocupación actual es la búsqueda de nuevos lenguajes y de nuevos materiales. Vemos trabajos en los que se utiliza no ya el óleo sino la pólvora, o la sangre, o donde se representa la figura de las víctimas de secuestros con balines, y tantos otros ejemplos. Hay numerosas alusiones en muchos artistas: León Ferrari, Teresa Volco, Juan Carlos Romero, el grupo Escombros, Norberto Gómez, Graciela Sacco, Juan Carlos Distéfano, Diana Dowek, Nora Correas, Matías Molina, Karina El Azem... Recordemos el excelente cuadro "Exclusión", de Pablo Suárez, con todo el dramatismo que transmite ese muchacho colgando de las manijas exteriores de un tren en marcha... Los artistas están muy movilizados y el compromiso existe. Hay una preocupación que es denuncia, pero inescindible, inseparable, de la búsqueda de nuevos lenguajes y de nuevos materiales.

-Usted preside una comisión para conmemorar el centenario del nacimiento de Antonio Berni, que se cumple el año que viene. Una de sus series emblemáticas, "Juanito Laguna", refleja la realidad de un chico de la calle con oficio de cartonero. Esa realidad, lejos de desaparecer, muchas décadas después parece multiplicarse por la Argentina y por América latina. ¿Qué cree que pensaría Berni de la exclusión social de hoy?

-El caso de Berni es un realismo social con todas las letras, no tradicional, como el del siglo XIX, pero sí acorde con el espíritu de los tiempos. Berni es un paladín en la denuncia, es uno de los creadores, si no el creador, del arte político en la Argentina. ¿Hoy qué pensaría? Lo mismo que lo guió entonces en la representación creativa, pero con evidencias aún más aterradoras.La excepcionalidad de Berni es haber transformado ese desecho de la sociedad en humanidad tierna, que apela a nosotros, que nos reclama. En cuanto a mí, cada vez que me pregunto cómo llegamos aquí, veo un punto de inflexión en diciembre de 2001. Batimos récords, con cinco presidentes en siete días, un default y medio país sumergido en la pobreza. En el mundo pensaron que la Argentina se desintegraba. Ciertamente, la Argentina se fundió, pero seguimos andando y hoy estamos acá. Tenemos que dar batalla en muchos frentes. La pobreza, el desempleo, la inseguridad, exigen respuestas, porque son temas que afectan la gobernabilidad.

-¿Respuestas de parte de quién?

-Son temas que tiene que resolver, en primer lugar, el Gobierno, pero con la ayuda nuestra. Echarles la culpa a los que están, o a los que hace poco se fueron, es tener memoria corta. Hay que empezar a rebobinar y tratar de comprender todo aquello sobre lo que no estuvimos lo suficientemente informados. Las responsabilidades son múltiples y complejas. Debemos tomar conciencia del abismo que separa a los gobernantes de la sociedad civil. Un abismo que hay que salvar. La sociedad civil tiene que asumir responsabilidades. En la Argentina, la opinión pública siempre fue importante. Sin luz verde, no hubieran triunfado la revolución del 55 ni la del 66 ni la del 76. Cobrar conciencia de eso es reconocer que en nuestro pasado, olvidable, hubo una contraparte. No podemos dar luz verde y luego, cuando las cosas se complican, decir que los desaciertos son de los otros, cuando en realidad provienen de nuestras propias elecciones. Por eso, tratemos de elegir cada vez mejor. Y no olvidemos de que en algo los argentinos hemos ganado: podemos estar de acuerdo o no con quienes nos gobiernan, pero a nadie se le ocurriría llamar a los militares. La aceptación del juego de la democracia, con sus aciertos y desaciertos, es un avance enorme.

-¿Cree usted que la pobreza creciente de los últimos años en el país ha estimulado la creatividad de los argentinos? ¿Siempre fuimos creativos? ¿A qué se debe?

-Yo diría que sí, que la ha estimulado, porque el arte tiene una función catártica fenomenal. Frente a situaciones dolorosas, muchas veces hay una necesidad de expresión no lingüística, no verbal. Incertidumbre, zozobra, angustia son sentimientos difíciles de expresar con palabras. En cambio, el artista trata de habilitar otros lenguajes, que son los de la creación humana. Yo diría que el argentino es muy creativo, porque el argentino es despierto, no obedece a códigos ni a reglas, es transgresor... Eso tiene un efecto social negativo, pero también una posibilidad creativa. Habría que conciliar el orden social con esta posibilidad. Porque el argentino inventa lo que no tiene. Somos uno de los pocos países del mundo que ha tocado fondo y que se ha levantado sin ayuda. De esto deberíamos estar orgullosos. Tenemos imaginación, ideas, que a lo mejor no tienen otros pueblos más respetuosos de ciertas normas de conducta. Nosotros, en cambio, nos debatimos entre la improvisación y la genialidad.

-¿Somos un pueblo culto? En todo caso, ¿qué significa serlo?

-Habría que distinguir entre ser realmente culto y estar informado, participar en eventos, estar al día. Yo no reniego de las expresiones culturales multitudinarias encarnadas en las ferias, las megamuestras, los megaconciertos, porque incluso una imagen fugaz, un título, una melodía pueden evolucionar luego hacia una serie de cuestionamientos, de indagaciones, de preocupaciones, de lecturas. Cualquier cosa puede despertar la chispa de algo más profundo, pero también cualquier cosa puede distraernos de una genuina posibilidad de reflexión. Pero, en un sentido amplio, la cultura suele estar más presente en las clases más humildes. Eso es observable.

-¿A qué lo atribuye?

-A que se atienen a normas de comportamiento que consideran válidas, porque es lo que les enseñaron y lo consideran justo. En cambio, el argentino medio, por lo menos cierto tipo de argentino, el porteño, particularmente, ha asimilado y digerido no del todo bien ciertas pautas muy liberadoras, pero al mismo tiempo equívocas, respecto de la modernidad y de la posmodernidad. Entonces, oscila entre esa modernidad un poquito superficial y engreída, y un individualismo a ultranza, cuando no un hedonismo feroz. Pero, por otro lado -y esto se ha visto en los últimos tiempos-, también se encauza hacia una posmodernidad hermenéutica, en el sentido de un retorno, de una activación de la memoria. De hecho, la realidad demuestra que ante las situaciones caóticas y desequilibrantes de los últimos años el argentino se está preocupando por rememorar, por llegar a saber, a enterarse, a recordar, a no dejar caer más en el olvido agravios, atrocidades.

-Pero esta exigencia de no olvidar, ¿no reaviva los enfrentamientos del pasado? ¿No impide mirar para adelante?

-Estamos elaborando muchos duelos e intentando una mayor comprensión y profundización de lo que es la patria. Reconozco que el setentismo, antes que sanar heridas, promueve choques a diestra y siniestra. De todos modos, en estos momentos parecería que el Presidente trata de morigerar sus ganas evidentes de pelear con todos. Da la impresión de que busca consensos: se alía con Lavagna, está en la recta final de la negociación por la deuda, se compromete personalmente en la resolución de secuestros. Me da la impresión de que por fin percibe la importancia de la paz social para la gobernabilidad. Por eso digo que no hay que ahondar en el pasado ni profundizar los enfrentamientos, pero la memoria es importante. Memoria, recuerdo y "nunca más".

-Usted va a exponer dentro de pocos días en Rosario, en el Congreso Internacional de la Lengua Española. ¿Por qué la organización ha sido tan conflictiva?

-Hagamos un mal chiste: sin esas idas, venidas y errores, que no son nunca de una sola parte, no se hubiera enterado todo el mundo de que hay un Congreso de la Lengua. Este importante acontecimiento hubiera pasado sin pena ni gloria para el gran público, como suele ocurrir con la mayoría de los eventos científicos o culturales circunscriptos a especialistas. Pero esta gran desinteligencia, gracias a Dios, como dicen los chicos, ya fue. Ahora estamos a días de este evento importantísimo, que será histórico para Rosario. La ciudad se embellece para acoger este gran acontecimiento.

-Pero en el medio queda la amarga impresión de que somos complicadísimos.

-Para mí, no deja de ser halagador que se pregunten por qué somos así. Somos distintos, es verdad, somos animalitos de análisis, los argentinos... Pero así como nos miran, nosotros también los podemos mirar a ellos y no está dicho que siempre tengamos que hacerlo desde abajo. Hubo muchas palabras, pero cada palabra fue una trampa que ocasionó traducciones, reformulaciones y aclaraciones, pero eso ya es historia y hoy los hechos no pueden ser más auspiciosos. Este evento es muy importante porque el español es la segunda lengua en el mundo, en orden al incremento de hablantes. Ahora aparece en vuestro diario el diccionario sobre el modo de hablar de los argentinos, una investigación que nos honra, con un importante prólogo de Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras. Todo esto nos reafirma frente al mundo. Después de Zacatecas y de Valladolid, Rosario será ahora el centro de un evento intelectual de primerísima línea. Es un avance importantísimo.

-¿Cómo vive, en tanto, noticias como el aumento de la deserción escolar?

-Como una catástrofe. Se nos abre un trágico panorama que va en paralelo con la profundización de la pobreza. Tenemos aquí una hipoteca a futuro. Por eso creo que la deserción escolar nos plantea desafíos, uno de los cuales es la necesidad de retomar la cultura del esfuerzo. La internalización de saberes implica esfuerzos. Hoy eso se ha olvidado y ese olvido constituye un problema social. Lo que impera es el permisivismo y la demagogia. Parecería que exigir más significa mortificar. Entonces, bajamos los niveles de exigencia. Disminuyen los niveles de competencia en la escritura y en la lectura, se profundiza la brecha entre quienes acceden a la tecnología y quienes no pueden hacerlo, hay desjerarquización docente, hay falta de continuidad en las políticas educativas, y de pronto nos damos cuenta de que la violencia de la sociedad irrumpió en el colegio. Por eso el mayor imperativo, a mi entender, es recomponer un tejido social que hoy evidencia dramáticos agujeros. Allí está la base de la cultura: en la adquisición de hábitos para una convivencia social decente, armónica. Humana.

-Estamos ante situaciones que no habían ocurrido nunca, como las muertes de Carmen de Patagones y otros hechos con consecuencias menos extremas, pero igualmente dramáticas.

-Son hechos ante los que la sociedad se quedó muda. Hay que tomar recaudos, porque esto parecería que ya está instalado. Enfoquemos nuestro interés en las relaciones intersubjetivas. El chico de Carmen de Patagones había avisado. Aprendamos a no dejar pasar un reclamo. Enseñémosles a los jóvenes que sus actitudes pueden ser el caldo de cultivo de respuestas descontroladas, e incluso de tragedias. Seamos cuidadosos de nuestro prójimo, cuidemos nuestra relación con el otro. En el análisis de nuestra decadencia no hay separación de temáticas. Están todas relacionadas y superarlas exige esfuerzos mancomunados y evitar el disenso permanente. Hay que consensuar prioridades y peticionar, colaborar, apoyar, tener esperanzas. Esperar y creer o, como dice Gianni Vattimo, creer que se cree. Diría que hay que refundar nuestra sociedad, tender a una nueva amistad. ¡Cuántas cosas perdidas en la Argentina! Tal vez no se perdieron para siempre... ¿Por qué no tratar de recuperar lo que, a lo mejor, está en el inconsciente colectivo de la comunidad, por qué no salvar lo que quizá todavía existe, recuperar la memoria y la esperanza de que lo mejor de nuestra sociedad no se ha perdido y de que podemos reeditarlo?

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=651624

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Culpa y justicia

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 06-11-2004 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Después del mal ejemplo de Estados Unidos de las últimas elecciones, donde basta leer los millones de dólares que gastaron los dos candidatos para darse cuenta de que eso no es democracia ni nada que se le parezca porque, señores, para ser demócratas hay que tener plata. El que no tiene plata es apenas un gato de albañal a quien sólo le permiten poner un papelito en la urna, un papelito –y esto es lo real– que lleve un nombre de los dos que les dan millones para poder ser presidentes. Pero no miremos sólo a Estados Unidos, pongamos la mirada en Esquel, esa pequeña ciudad de nuestra Patagonia que ha luchado y sigue luchando contra las minas de oro y el cianuro que se utiliza para obtener el metal de los Dioses. Oro y cianuro. Síntesis del mal. Bien, estuvieron aquí los representantes de las asambleas populares para explicar todo. La porquería que son las actuaciones de las autoridades, de los jueces, de la policía, de los empresarios locales –que algo quieren ligar si viene tanto dinero de afuera– y los alcahuetes pagados que rompen vidrios de los asambleístas y los amenazan.
Cuánta corrupción hay en las democracias armadas por el poder. Y ahora Sobisch contra los heroicos obreros de Zanon. Sí, los de la epopeya. Nos imaginamos cómo fue el período de la conformación nacional cuando se repartieron las tierras de las pampas y la Patagonia. Aquella que se repartió toda, pero primero se hizo desaparecer al indio. Hay poderosos dueños de la tierra desde aquella época. No hubo control. Se llamaba “dar concesiones”. Miles y miles de hectáreas. Sarmiento inventó la palabra atalivar, de Ataliva Roca, el hermano menor de Julio Argentino Roca. Se decía que Julio Argentino creaba y Ataliva recibía. Hoy ya no se utiliza “atalivar” sino que se dice simplemente “coimear”. A los indios que Roca no eliminó, los esclavizó. Claro, Mariano Grondona dice que eran indios chilenos. Ah, entonces está bien.
Pero nada queda impune. Hemos recibido una muestra de coraje civil. Una mujer de manos limpias y mente que no tiene ni miedos ni secretos. Es la sobrina biznieta del general Julio Argentino Roca, sí, el genocida del “desierto”. Magdalena Roca Figueroa. Su estilo es claro, sus palabras dicen justamente lo que significan. Luego de saludar la campaña que llevamos a cabo algunos argentinos de quitar del centro de Buenos Aires la estatua del genocida, me expresa:
“Habiendo sido Julio A. Roca uno de los siete hermanos de mi bisabuelo Agustín, considero importante que un escritor y activista de los derechos humanos de su talla, sepa que una portadora del mismo apellido, familiar, se avergüenza de lo llevado a cabo por su antecesor así como de todos los hechos acaecidos en estos lares desde Juan de Garay y Pedro de Mendoza”.
“Como americana pienso –continúa– que la ocupación de América por los europeos ha sido una tragedia y supongo que estará en nosotros, aquellos descendientes de esos invasores, estemos mestizados o no, cambiarle la cara a esta macabra historia. Todas las ocupaciones de tierras ajenas por pueblos invasores han sido un hecho deleznable a través de toda la historia de la humanidad. Pero sólo me puedo hacer cargo, en esta ocasión, de la que me corresponde por nacimiento. Como ciudadana argentina emparentada con quien fuera uno de los máximos responsables del casi exterminio de los pueblos nativos que ocupaban el llamado ‘desierto’ me hago cargo de lo que ocurrió en mi país. Como parte activa de la Iglesia Católica militante, me hago cargo de quienes siempre violaron su primer mandamiento: ‘No matarás’, por no mencionar el ‘no robarás’.”
“Si la historia se asumiese como fue –prosigue–, no digo conocer, pues ya se conoce aunque no se termina por incorporar el ideario colectivo argentino. Repito, si la historia se internalizara por todos los habitantes americanos, pienso que los usurpadores y sus descendientes, entre los cuales evidentemente me incluyo, debiéramos sentirnos tan depredadores como lo han sido nuestros mayores, al menos que hagamos algo al respecto. No nos debiéramos sentir a gusto en las tierras robadas a sus dueños. No debiéramos sentirnos a gusto sabiendo que a nuestros antepasados jamás se les ocurrió que la historia podría haber sido distinta si hubiesen venido a compartir un sueño, a pedir un permiso de convivencia y no a robar, saquear y matar llamando ‘indio ladrón’ y malonero a quien defendió su tierra como pudo y mejor supo.”
“Deberíamos sentirnos permanentemente en deuda con los pueblos originarios de esta América y luchar por lograr su perdón, primero, y resarcirlos, después. Mucha gente dice que el perdón no cambia nada. Pienso que sí. Pues si bien no devuelve a los muertos, implica un comienzo de resarcimiento del mismo, 500 años después, sí”, prosigue Magdalena Roca Figueroa.
“Cuando la evolución de la humanidad toma rumbos degenerados, sólo acciones como ésta, de quitar el monumento, tomadas como bandera por toda la comunidad y llevadas a la práctica, pueden alejar al ser humano del grado de animalidad en que se haya sumido.”
“Poco puedo agregar –continúa–, salvo que lo único que me inquieta de vuestra campaña –de retirar el monumento a Roca– es que no nombren con todas las letras la secuencia asesina que finalmente llevó a mi pariente a asestar el golpe final a los pueblos originarios del Sur: la invasión de Pedro de Mendoza y la de Juan de Garay, en primer término; las expediciones del coronel Pedro A. García, la del gobernador Martín Rodríguez, por el coronel Federico Rauch y por Rosas. Entiendo que no pueden ocuparse de todos los monumentos de estos ‘héroes españoles’ y que tomando a uno como símbolo, lentamente caerán los demás. También entiendo que cuestionarlo a Rosas resultaría, en este momento, inconducente, pero sería constructivo que quedara en claro que la Campaña del Desierto fue epílogo de todo un pensamiento gestado 500 años antes, producto también de un proceder bruto de la época que tiene que ser detenido por otro tipo de pensamiento de esta época que geste otro tipo de acciones y un proceder marcadamente diferenciado. Desmitificar a Rosas como amigo de los indios implicaría también desmitificar que Roca fue amigo de algunas tribus: claro, a coacción, la amistad toma rumbos imprevistos.”
“Antes de decidirme a escribirle, leí bajo recomendación suya el pésimo libro del Comandante Prado. También leí dos muy buenos libros escritos por Dionisio Schoo Lastra, quien fue pariente y secretario de Roca durante siete años: El indio del desierto y Lanza Rota (1930, edic. Marymar y Goncourt). Hay una gran admiración latente en toda su obra por la manera de ser indígena y un cabal conocimiento de las tribus, que no se deberían, a mi juicio, menoscabar. Diferente es el excelente trabajo profesional del historiador Enrique H. Mases: Estado y cuestión indígena: El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1879-1910), de Prometeo Libros.”
“Sin más, lo saludo muy atentamente y quedo a su disposición. Fdo: Magdalena Roca Figueroa (CI. 6.744.276).”

Sobrina bisnieta del general Julio Argentino Roca. Toda una lección. En su sangre siente la enorme injusticia con que nosotros los argentinos premiamos a su familiar asesino con ese monumento triste y ramplón. La mujer que nos entregó esta carta quisiera ver reemplazada esa estatua por “algunas beldades de la América virgen invisibles para nuestros torpes ojos”.
Gracias, Magdalena Roca Figueroa, nos ha dictado una clase de dignidad, frente a tanta agachada de los dueños del país y sus representantes. Dolor y dignidad. Culpa y Justicia.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43253-2004-11-06.html

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Placer, no

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 05-11-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

No quieren que sus chicos tengan educación sexual en el colegio como materia obligatoria. No quieren que en algo tan íntimo y tan importante como la sexualidad tenga una de las riendas el Estado. No quieren ni escuchar hablar de un proyecto que impulsa una diputada de la ciudad que tiene como asesor a un homosexual. No quieren que en la escuela se use la palabra “género”, porque sostienen que Dios nos hace hombres o mujeres, y la voluntad divina no incluye los matices. No quieren que a sus hijos se les hable de masturbación y menos todavía que no se les hable mal de la masturbación. No quieren que se atente contra esa trinchera última que en su momento fue la primera: sobre células heterosexuales y creyentes es que se edificó este magnífico organismo social en el que la gente es tan feliz.
Toman el tema de la educación sexual con una energía y un fervor considerables, lo perciben con el escándalo del abusado. Parecen decir: ah, no, con esto no, de acá no pasan. Hablan del fascismo de las minorías, como si un Gran Hermano más zorro que el que creó John de Mol estuviese planificando un mundo supervisado y tutelado en el que sólo será posible ser ninfómana, travesti, swinger, onanista, fetichista, voyeur, pedófilo, perverso poliforme.
La tasa de embarazos adolescentes no los conmueve porque las estadísticas son una coctelera. En las estadísticas se mezclan sectores que en la vida real no se cruzarán jamás en la vereda. Y las chicas de quince, catorce o dieciséis que quedan embarazadas, después de todo, son un señalador para otras chicas: eso les pasa por hacerlo. Porque eso es lo que se dice cuando no se dice nada. Eso es lo que durante siglos ha estado sugiriendo el silencio: fuera del sexo conyugal y reproductor, habrá condena.
En la mitad del primer tomo de su Historia de la Sexualidad, Michel Foucault traza una hipótesis general de su trabajo. Recuerda en ella que es recién a partir del siglo XIII, coincidentemente con el surgimiento de la sociedad “llámesela como se quiera, burguesa, capitalista o industrial”, que se pone en funcionamiento un aparato de producción de discursos sobre el sexo. A diferencia del pasado, cuando el sexo realmente estaba retenido en la esfera privada, a partir del 1700, las sociedades industriales comenzaron a formular, desde las iglesias, los consultorios médicos, los hospitales psiquiátricos y las instituciones de salud pública una parva de discursos contrapuestos cuyo objetivo, según este análisis, era dual: por un lado, saber todo del sexo ajeno, obtener información como si se tratara de una clave cifrada, arrancar cada detalle, clasificar cada rareza y entender cualquier cosa que no estuviera ubicada en la alcoba de los padres como una rareza. Y por el otro, dejando incluso que esos discursos chocaran entre sí, la empresa consistió en formular una verdad regulada sobre la sexualidad humana. Desde entonces todo ha seguido su curso. Todos creemos, siendo sujetos herederos de alguna de esas tradiciones fragmentarias, que el sexo sabe de nosotros cosas que nosotros no sabemos. Quienes participamos de una visión agnóstica del mundo, nos sentemos o no cada semana en un consultorio de Palermo para contarle a alguien que nos cobra por ello lo que hicimos, cómo lo hicimos, qué deseamos, qué fantaseamos, cuándo fingimos, qué nos repele, cuánto nos gusta o cuánto nos cuesta, heredamos la tradición según la cual nuestra sexualidad es una especie de cédula de identidad oculta: en sus vaivenes, en sus éxitos y en sus fracasos sería posible leer la más pura verdad sobre aquellos que somos. Para los que hoy se oponen a que a sus chicos se les hable de educación sexual, el sexo debe seguir su ruta de falso silencio. Porque algo es innegable: desde el siglo XVIII, sobre el sexo nunca se calla. Siempre se dice, incluso eludiéndolo.
Ahora bien, lo que ha dicho el silencio desde hace tanto, en aulas, livings, sobremesas, sacristías o cuartos coquetos de quinceañeras, es un residuo de aquella síntesis que habilitaba la sexualidad reproductora y teñía todo lo que quedara en sus arrabales con la sospecha del Mal. Heterosexualidad, abstinencia y sexo conyugal: tres puntas del triángulo tranquilizador. De alguna manera, los embarazos adolescentes y los contagios de enfermedades de transmisión sexual vinieron a confirmar y a reforzar esa amenaza. Esos desastres personales de tantos y sobre todo de tantas no hacen más que confirmar que los que sacan los pies del plato se los embarran. Para quienes siguen la ruta del falso silencio, esos desastres son ejemplificadores. ¿Cómo no oponerse a desarmar esa magnífica herramienta de propaganda?
En el debate actual todavía nadie lo ha dicho y posiblemente nadie lo diga, pero el gran tabú del que no debe decirse ni una palabra es el placer. Incluso dentro de la alcoba de los padres, nadie habla de placer. La búsqueda de placer es una empresa accesoria que puede atentar contra la empresa madre: cuando la gente busca placer hace locuras. No es la sexualidad la que se procura mantener en secreto, porque sobre ella, aun en silencio, todo el tiempo se habla. Lo que no admite lenguaje, porque es íntimo pero histórico, y porque es personal pero es político, es el placer.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-43207-2004-11-05.html

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"Los gobiernos son innecesarios y costosos"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 03-11-2004 16:12:32

Según el analista Derrick de Kerckhove

El especialista en tecnologías de la comunicación Derrick de Kerckhove está convencido de que la clave para el desarrollo de los pueblos se encuentra en Internet. Un uso racional de la red de redes virtuales, dice, no sólo permitiría a los ciudadanos del mundo liberarse de burocracias estatales corruptas o negligentes (con el consiguiente ahorro de energía y recursos financieros), sino que, además, reportaría el beneficio adicional de despojar a la política de su componente pasional. Las ideologías –a su juicio más perjudiciales que benéficas– quedarían así reducidas al resabio de un modo de participación política obsoleto en el siglo XXI.

La fórmula que propone De Kerckhove es simple: e-government (gobierno electrónico) más transformación de la actividad política en administración de servicios para los ciudadanos debería dar como resultado un Estado justo, honesto y eficiente.

Acostumbrado a visitar Buenos Aires, pero mucho más a reflexionar sobre sofisticados avances tecnológicos en ciudades como Tokio, Toronto y Washington, De Kerckhove sabe que hablar de gobierno electrónico en la Argentina de hoy puede ser visto como una excentricidad o un rasgo de esnobismo intelectual. Sin embargo, confía en que los años que ha dedicado a la investigación del tema le permitan hacer un pronóstico acertado.

Nacido en Bélgica en 1944, pero nacionalizado canadiense, entre 1972 y 1980 Derrick de Kerckhove trabajó junto a Marshall McLuhan como su traductor, asistente y discípulo en el Centro de Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto, creado por McLuhan, en 1963, para estudiar los efectos físicos y psicológicos de los nuevos medios de comunicación sobre los individuos y las sociedades.

Después de la muerte de McLuhan, ocurrida en 1980, De Kerckhove continuó con sus investigaciones y las profundizó, particularmente, en el campo de la lingüística relacionada con la cibernética. Sus puntos de vista, a menudo audaces, han sido publicados en libros como "The Skin of Culture" ("La piel de la cultura", 1995), "Connected Intelligence" ("Inteligencia conectada", 1997) y "The Architecture of Intelligence" ("La arquitectura de la inteligencia", 2000), entre otros, y lo han convertido en un conferencista muy solicitado en América, Asia y Europa. (Hace poco fue invitado a un congreso sobre sistemas de gobierno, realizado en Venecia, al que también concurrió el filósofo Richard Rorty.)

Actualmente, De Kerckhove dirige el Programa McLuhan de Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto, se desempeña como docente en Washington y como consultor internacional en temas culturales y relativos a los medios de comunicación. Es doctor en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de Toronto y doctor en Sociología del Arte por la Universidad de Tours. Recientemente estuvo en el país para ofrecer una serie de charlas, invitado por la embajada de Canadá y por el Instituto Superior de Carreras Empresariales y Ambientales.

-Una de sus últimas visitas a Buenos Aires ocurrió a fines de los años 90, cuando comenzaban a difundirse en el país el uso de Internet y del correo electrónico. ¿Cómo ve la evolución que hubo en la Argentina en ese campo respecto de otros países, como Canadá, por ejemplo?

-Diría que la principal diferencia entre la Argentina y Canadá es que allí hemos superado la fase del cibercafé: todos tienen su computadora, su conexión on line en casa. Ahora se mira al futuro de la Internet portátil. Por lo demás, la evolución aquí es la misma que en Canadá, aunque un poco más tardía. Por ejemplo, el gobierno electrónico no existe en la Argentina y en Canadá está muy desarrollado.

-¿Qué es el gobierno electrónico?

-Es el sistema por el cual la mayoría de los servicios que tiene que ofrecer un gobierno está a disposición de los ciudadanos on line (en forma electrónica), lo que permite reducir mucho la burocracia y hacer más transparentes los procesos administrativos. Creo que en el futuro la política se orientará cada vez más hacia una función administrativa.

-¿Por qué?

-Porque, excepto en situaciones de crisis, los gobiernos no son necesarios y cuestan mucho dinero. La idea del gobierno electrónico es que los gobiernos sean verdaderamente un servicio público, que es lo que deberían ser aunque nunca se consideren a sí mismos de esa manera y tiendan a poner al público a su servicio.

-¿La política, tal como la conocemos, desaparecerá?

-En Canadá ya ha desaparecido, de alguna manera.

-¿Y eso es bueno?

-Excelente. Las ideologías son una gran pérdida de tiempo y de dinero. Por supuesto, en Canadá tenemos una especie de partido de derecha, conservador, y otro de izquierda, liberal. En realidad, los dos son de centro. Y en la medida en que hagan funcionar el país apropiadamente, los servicios públicos sean correctamente mantenidos y los bancos, confiables, a nadie le importa demasiado si esa administración la ejecuta alguien de derecha o de izquierda. Por eso, me parece perfectamente posible que, en un futuro no demasiado lejano, los gobiernos se vuelvan obsoletos.

-¿La utopía anarquista transformada en utopía electrónica?

-¡No, para nada! No queremos anarquía. Queremos regulación, control. Alguien limpia esta ciudad. Buenos Aires es un lugar que está muy bien desde el punto de vista del medio ambiente urbano. Eso es bueno y alguien lo hace. Queremos ciudades limpias, buenos sistemas de transporte, protección legal. Lo que quiero decir es que, actualmente, los ciudadanos pueden acceder a esos servicios en forma electrónica (de hecho, en Canadá ya lo hacen), sin necesidad de que ningún gobierno ideológico desperdicie el dinero de la gente en estructuras burocráticas.

-¿Cree que el ser humano puede prescindir de la actividad política?

-Honestamente, creo que a la mayoría de la gente no le interesan las cuestiones ideológicas. Las ideologías han creado polarizaciones que han llevado a la animosidad, la pasión y la furia, sin ofrecer buenos resultados a cambio sino, más bien, resultados desastrosos, como, por ejemplo, lo que ha ocurrido en los regímenes comunistas. Desde luego, todavía hay obstáculos para que la gente acceda al poder y a la toma de decisiones. Y siempre existirá, en toda sociedad, la necesidad de que haya gente concreta que trabaje en temas específicos. Pero no es necesario que esa gente eche raíces en un gran bloque ideológico. Las severas injusticias que sufren los ciudadanos vienen, precisamente, de una ausencia de servicios por parte del gobierno. Lo que se necesita es un servicio que nos traiga justicia social. Yo quiero que alguien recolecte la basura, quiero tener acceso al teléfono, a la electricidad; quiero tener la posibilidad de construir mi casa (dentro de las regulaciones del vecindario), quiero que funcionen los servicios públicos y privados. Eso es democracia. La obsesión por los gobiernos es una enfermedad.

-¿Qué papel representaría la democracia en un sistema de gobierno electrónico?

-Creo que una vez que el gobierno electrónico esté instalado, ya no serán necesarios los viejos sistemas operativos de la democracia, aunque seguirá habiendo debate democrático, sin duda, porque los temas hay que discutirlos. La mejor imagen que encuentro para ilustrar el desarrollo de la organización de un grupo humano prescindiendo de la política ideologizada es la ciudad. La ciudad continúa siendo el grupo humano de mayor extensión que requiere el acuerdo entre sus integrantes sobre temas como valores, normas de conducta pública, sistemas de salud y de educación. A ese consenso no se llega de un día para el otro, pero, una vez logrado, refleja las ideas promedio de todos.

-¿Usted cree que el gobierno electrónico es un sistema aplicable en todo el mundo?

-La política es innecesaria en un país que ha estabilizado su cultura electrónica. Para estabilizar la cultura electrónica es necesario haber alcanzado ciertos niveles de paz y de desarrollo económico, además de voluntad política. Canadá ha alcanzado esos logros. Y un país como la Argentina tiene un potencial tan grande como el de Canadá, o aún mayor en muchos aspectos (ciertamente, en el aspecto intelectual). Pero todavía esto no se puede instrumentar en este país, porque aquí nadie está listo para administrarse sin un gobierno. Sin embargo, lo que estoy sugiriendo es comenzar con el gobierno electrónico en los servicios públicos, por lo menos, para hacer transparente la transferencia de los fondos públicos. Cuando el dinero público se vuelva limpio, entonces el sector privado comenzará a pensar que debería hacer lo mismo. Hay varios libros acerca de la corporación desnuda; la corporación desnuda es aquella que dice lo que tiene. Si usted empieza por "desnudar" el gasto público, antes de que se dé cuenta todos estarán "desnudos" y los que permanezcan "vestidos" parecerán tontos, además de que verán peligrar uno de sus principales capitales: la reputación. Creo que el futuro de la Argentina está allí. El tema es cuán pronto querrá llegar a ese nivel la Argentina. En Canadá, ciertamente, estamos yendo en esa dirección. Lo único que me preocupa allí es cierta tendencia a la apatía que noto en la gente, cosa que no ocurre en este país. Aquí la gente se manifiesta en las calles.

-¿Eso le parece bueno?

-Es bueno y es malo. Es bueno porque la gente se involucra mucho más en los problemas de su país; es malo porque los políticos pueden usar eso, y de hecho lo hacen todo el tiempo. Es muy triste ver, a veces, la situación de la gente que lucha por una vida digna en países orgullosos como la Argentina. Aquí la gente sufre. Lo puedo ver.

-¿En qué lo nota?

-Hay una cierta tensión... La gente no es feliz. Uno toma un taxi y en cada esquina hay niños o familias que piden limosna o venden cosas. Es desesperante. De todos modos, creo que la situación se está recuperando y hay un brillo de esperanza, pero cuando vine aquí hace ocho años la existencia de la clase media era más evidente.

-¿Cómo describiría la realidad actual de la Argentina?

-La Argentina conserva dos sentimientos: por un lado, la nostalgia, el tango; por el otro, la sensación de no estar en el centro de las cosas, de que el centro está en otra parte. Los argentinos se han sentido humillados por los escándalos y quieren salir de esa situación y recuperar el orgullo y la confianza en sí mismos que tuvieron al principio, antes de que algo saliera mal y el vínculo entre el pueblo y el gobierno se resintiera. Muchos argentinos consideran que la realidad se crea en Buenos Aires y no en el resto del país, pero piensan que la realidad se concentra todavía más en París o en Nueva York. Creo que hasta que George W. Bush empezó a cometer tonterías la mayor parte de la gente del mundo pensaba que la realidad se producía en los Estados Unidos. Eso se terminó. Se ha visto que los estadounidenses pueden ser tan torpes como cualquiera, y que lo que están produciendo ya no es una realidad interesante.

-Usted parece bastante optimista acerca de la propagación por el mundo del gobierno electrónico.

-En algún momento los pueblos se tienen que dar cuenta de que sus gobiernos les cuestan más dinero que los beneficios que les reportan. En Italia, por ejemplo, el gobierno es una farsa. Los italianos lo disfrutan y el resto del mundo lo tolera. Lo que ocurre es que Italia es todavía lo suficientemente rica como para permitirse el lujo de ser gobernada por Berlusconi, pero no estoy ciento por ciento seguro de que la Argentina pueda permitirse un mal gobierno.

-¿Usted se refiere al costo económico de la corrupción?

-Creo que cierto porcentaje de corrupción es inevitable en todo el mundo, y esto es tolerado. Pero en los países del Tercer Mundo (le aclaro que no considero que la Argentina sea un país del Tercer Mundo, para nada, creo que está muy lejos de eso), el porcentaje del total de los recursos financieros disponibles que se pierden por causa de la corrupción se ubica entre el cincuenta y el sesenta por ciento. No hay economía que pueda soportar eso.

-En "The Skin of Culture" usted decía que, en el futuro cercano, tendríamos globalización o fragmentación. ¿No cree que actualmente tenemos ambas?

-Sí, las dos han venido juntas. Cuando escribí aquel libro no conocía el término glocalización, que indica la coexistencia de lo global con lo local. Un ejemplo de la coexistencia de la globalización con la fragmentación es el terrorismo, que se ha convertido en la condición natural de la guerra en el siglo XXI.

-¿El terrorismo internacional es una característica del mundo globalizado?

-Totalmente. El terrorismo requiere una inversión mínima y reporta un rendimiento máximo. A una organización terrorista cometer un atentado puede costarle unos pocos hombres y, a cambio, le garantiza la mayor repercusión en la prensa de todo el mundo. Por otra parte, el terrorismo es insoportable, así que ante él podemos tomar lo que yo llamo la "vía Buñuel" (en el film "Ese oscuro objeto del deseo", Luis Buñuel muestra a Fernando Rey enfrascado en sus cosas mientras que, a su lado, estallan explosiones en la ciudad) o tratar de resolver el problema. Y creo que o arreglamos estas cosas en los próximos veinticinco años o no las resolvemos más, porque pasarán a ser males crónicos. Espero que la globalización ayude a reducir el terrorismo.

-¿Cómo podría hacerlo?

-Creando el sentido de espacio común, de república. La república electrónica es un espacio común de servicios para todos, que va más allá de las fronteras. Un mundo multicultural es aquel en el que, de común acuerdo, las principales culturas y religiones aceptan vivir en tolerancia. Canadá tuvo éxito en esto.

-Usted dijo hace un momento que la fragmentación que tenemos ahora no es nada comparada con la que produjo el alfabeto. ¿A qué se refería?

-Mucha gente coincide en la apreciación de que el gran tema es Internet. Yo creo que el gran tema es la electricidad. Internet es una de las hijas de la electricidad, es una transformación conectiva de la electricidad. La corriente eléctrica ha penetrado nuestras vidas, nuestras mentes, nuestros cuerpos. La sociedad pasó de la oralidad a la literalidad gracias a la imprenta. El Renacimiento fue una gloria de los descubrimientos del mundo, de la persona, de las ciencias, de la clasificación de la información y las artes y, a la vez, también el horror de las guerras religiosas. El desplazamiento de lo colectivo a lo individual fue la gran revolución del Renacimiento. Lo que está pasando hoy es lo inverso: nos movemos de lo individual no ya a lo colectivo, sino a lo que yo llamo lo conectivo: individuos que se conectan entre sí y, a su vez, forman grupos que se interconectan. El alfabeto fue explosivo; la electricidad es implosiva. El alfabeto fraccionó el conocimiento en categorías, permitió la clasificación, la aparición de la biblioteca. Internet, en cambio, juntó toda la información que solía estar separada. Internet es el reverso de la biblioteca. También es implosiva en el sentido de que acorta los tiempos y las distancias. Esa aceleración libera una gran cantidad de energía. Creo que los hechos que ocurrieron en septiembre de 2001 son una típica expresión de las condiciones implosivas del planeta.

-¿Por qué?

-El mundo implosiona. Reúne agendas muy diferentes entre sí, desde el punto de vista ideológico, económico y tecnológico, y trata de integrarlas demasiado rápido. No estoy hablando de una especie de choque de civilizaciones, pero sí del encuentro brusco de maneras de pensar el mundo y de entender los valores totalmente diferentes entre sí que, en sus formas extremas, derivan en el fanatismo. La caída del Muro de Berlín es un perfecto ejemplo de implosión, así como el derrumbe de las Torres Gemelas. La caída del Muro fue el resultado de la convergencia de presiones del Este y el Oeste sobre un mismo punto (el Muro) al que destruyó. Y entonces la reunificación gradual ocurrió; no está sucediendo sin desafíos y dificultades, pero está sucediendo. La división de Alemania era artificial, pero las diferencias de mentalidad y los diferentes puntos de referencia (aun los espaciales) entre el mundo musulmán y el mundo occidental cristiano no son artificiales. Nosotros no tenemos Meca, no confundimos el espacio de la Tierra con el espacio de Dios. En determinado momento, separamos la religión del Estado. Ahora podemos ver las dramáticas consecuencias de la reunificación de esos dos ámbitos y, nuevamente, los problemas de privilegiar la ideología al buen gobierno.

Por Verónica Chiaravalli
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=650666

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