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"Los gobernantes no tienen en cuenta nuestra Constitución"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 23-10-2004 16:03:19

El historiador conservador Isidoro Ruiz Moreno analiza el problema argentino

“Sarmiento insistía en educar al soberano porque un pueblo ignorante elegiría siempre a Rosas.” Sobre esta premisa, Isidoro Jorge Ruiz Moreno reclama el uso de la educación como palanca de cambio para salir adelante.

Heredero de un linaje argentino que supera los dos siglos y medio, con protagonistas de históricos episodios políticos y militares, se enorgullece de pertenecer a esa estirpe: “La importancia de una familia –dice– se mide por el grado de intervención que sus miembros han tenido en el desenvolvimiento del país al que pertenecen”.

Detrás de su escritorio se destacan las imágenes de sus antepasados que combatieron a las órdenes de San Martín, de Dorrego, de Lavalle, de los que enfrentaron a Rosas y de los que lo defendieron, de los que acompañaron a Urquiza y de los que siguieron a Mitre. Todos ellos conviviendo con los médicos heroicos de la fiebre amarilla y los abogados prestigiosos de las últimas generaciones.

Con ese rico historial a cuestas, la participación política de Ruiz Moreno comenzó muy temprano, a los 16 años, cuando fue detenido en Plaza de Mayo por manifestarse en contra del gobierno. "Junto a otros estudiantes, pretendía ensuciar con alquitrán un local peronista", registra su prontuario, abierto en 1950. Abogado con tesis doctoral sobresaliente, ex titular de Historia del Derecho Argentino en la UBA, miembro de las academias nacionales de Historia y de Ciencias Políticas, fue dos veces candidato en las listas del conservadurismo, "más como testimonio de militancia que por ilusiones electorales". Su última participación fue en la asamblea de partidos de centro que proclamó la candidatura presidencial de Ricardo López Murphy.

Pero más que un político, es un estudioso, un intelectual preocupado por las raíces del país, deseoso de escarbar en los recovecos de cada episodio para hallar explicación a nuestros aciertos y a nuestros males. Lo hizo en diversos ensayos: primero fue "Alianza contra Rosas"; después, "La lucha por la Constitución" y luego "La federalización de Buenos Aires". Su último gran trabajo, "La revolución del 55", resultó una investigación desbordante de testimonios y documentación inédita. "No soy un historiador que se dedica a dicha ciencia con exclusividad; soy un abogado que escribe sobre algunos temas concretos de la historia -dice-. En cuanto a la actualidad, no disiento con la condena que se difunde en todos los medios periodísticos sobre la conducción del país. Sintetizando, le diré que un Poder Ejecutivo hegemónico, un Parlamento obediente y un Poder Judicial sospechoso de parcialidad no configuran la existencia de un cabal Estado de Derecho en la Argentina".

-Según el historiador económico Colin Lewis, la Argentina del crecimiento de principios del siglo XX, cuando las cosas iban bien, no fue capaz de dar respuesta a las crecientes demandas sociales y políticas. ¿Qué ocurrió?

-Eso es relativo. Por algo en esa época venían grandes masas inmigratorias a instalarse en nuestro país, lo que indica que les inspiraba confianza para mejorar su estado. Es un hecho evidente el ascenso económico y social de sus hijos. No hay que olvidar que a principios del siglo XX el gobierno de Roca, a través de su ministro Joaquín V. González, proyectó el Código de Trabajo, del cual el diputado Alfredo L. Palacios tomó varios artículos para convertirlos en leyes. Todo fue aprobado por senadores y diputados del oficialismo. En cuanto al espacio político, el presidente Roque Sáenz Peña y su ministro Indalecio Gómez propiciaron la reforma electoral, a través de una ley participativa que sancionaron los legisladores de esa misma clase dirigente. Todo en la vida se realiza en forma gradual, porque las obras nunca son completas. El mismo presidente Hipólito Yrigoyen, a pesar de su populismo, no supo atender a otras demandas. Y si es verdad que la llamada cuestión social no se encaró de manera orgánica, también es cierto que las nuevas generaciones de argentinos vivían mejor que sus progenitores. Habría que ver si hoy esa cuestión social está solucionada...

-¿Cómo cree que encararían hoy nuestros problemas aquellos grandes protagonistas históricos? ¿Qué harían Alberdi, Sarmiento, Roca, Mitre, Pellegrini, Alem, Yrigoyen, Alvear...?

-Se olvida de mencionar a Urquiza entre los estadistas. Sin entrar a considerarlos separadamente, diré que sería una suerte contar con los hombres que en escasos treinta años transformaron un país, deshabitado y bárbaro, en un Estado moderno. Recordemos que se adoptó una constitución, se conquistó el desierto, se solucionaron graves crisis financieras, como las de 1874 y 1890, y el país fue mejorando paulatinamente. Ojalá hoy tuviéramos hombres como aquéllos, que supieron superar problemas gravísimos.

-¿Cuál sería la gran diferencia con nuestros últimos gobernantes?

-Generalizar es equivocarse, pero en términos amplios pienso que los últimos gobernantes, incluyendo a presidentes, ministros y parlamentarios, no han tenido en cuenta el valor de la Constitución, como regla de conducta a la cual debieron haberse ajustado rígidamente. El abuso de las facultades presidenciales y la abdicación del papel del Congreso como organismo de control son evidentes. Un ejemplo límite fue ese desgraciado, por decir lo menos, Pacto de Olivos, entre un presidente en funciones y su antecesor, para dejar de lado el espíritu y los postulados de la Constitución del 53 e imponer otro texto, que ni siquiera fue respetado integralmente por sus autores. Conviene recordar que los convencionales de los dos partidos mayoritarios, que respondían a esas dos figuras políticas, carecían de la facultad para discutir lo acordado. Todo no pasó de una aparcería del poder político, con la reelección para el primero y el dominio de la Capital Federal para el segundo. Muchas de las declaraciones que contiene la nueva Constitución de 1994 no pasan de la declamación y otras son francamente absurdas.

-Europeos notables como Alain Touraine, Giovanni Sartori y Jorge Semprún dicen que lo que retrasa el avance de la Argentina es el peronismo. ¿Es el peronismo o es la sociedad argentina la que no sabe adónde quiere ir?

-Perón construyó un partido político alrededor de su persona, como lo demuestra claramente el nombre adoptado, y el drama argentino es que haya continuado luego de su desaparición, porque el peronismo carece de doctrina. Perón, como buen demagogo, decía lo que sus interlocutores querían escuchar. Por eso sus opiniones resultan contradictorias. Pueden citarse frases suyas para sostener cualquier posición.

-Es cierto. Pero, aun así, a Perón no se le puede negar el envión dado a la justicia social.

-La justicia social, que tiene origen en el cristianismo, no necesitaba a ese nuevo mesías. En estos años, hemos asistido a las divisiones y los enfrentamientos de quienes se titulan peronistas y hemos visto de qué manera las distintas tendencias usufructúan en su propio beneficio la llegada al poder. Esta parecería ser su única ambición, sin excluir la comisión de delitos.

-Parecería que Brasil tiene mejor administración institucional. En cambio, nosotros somos impredecibles. ¿Hay razones históricas que puedan explicarlo?

-En el caso brasileño, quizás haya influido la continuidad que le dio el imperio, con su estabilidad, ya que desde la derrota en Ituzaingó hasta fines del siglo XIX, Brasil estuvo regido por el mismo monarca. Creo que fue el reinado más prolongado del mundo. Instintiva o conscientemente, los brasileños son más estables que nosotros. En cuanto a lo impredecible de los políticos argentinos, se confunde el significado del término democracia, dándole un alcance que no tiene.

-¿Cuál, por ejemplo?

-En realidad, la democracia es un sistema electoral, modificable como tal, mientras que lo verdaderamente esencial para nuestra patria es el concepto de república.

-Pero la Constitución de 1994 hace alusión al sistema democrático como algo inmutable...

-Sí, pero es más trascendente defender los enunciados republicanos que conforman al gobierno adoptado desde 1853. Las elecciones implican la designación de funcionarios, mientras que una república significa la vigencia de derechos que deben ser observados tanto por mandatarios como por mandantes. Si en nuestros tiempos recientes y actuales los integrantes de todos los poderes del Estado cumplieran cabalmente con los postulados constitucionales, muy diferente sería la situación del país. Revertir este proceso requiere una eficaz instrucción cívica, además de la reforma del sistema político.

-¿Que modificaciones haría?

-Además de eliminar las listas sábana, desde las elecciones internas de los partidos comenzaría por la libertad del ciudadano para ir a votar o no hacerlo. El sufragio debe ser un derecho y no una obligación para quienes no lo valoran. Son muy pocos los países que imponen penas a los que faltan al comicio. Hay que tener en cuenta que la obligación de votar en la Argentina tiene una explicación por el momento histórico en que se aprobó la ley Sáenz Peña: por un lado, había que sacar a los radicales de la abstención revolucionaria, para forzarlos a tomar parte en los asuntos públicos y, por otro, había que comprometer a la primera generación de argentinos, producto de la inmigración masiva de los años anteriores. Pero estas dos circunstancias ya fueron superadas. También habría que dividir los distritos electorales en circunscripciones, para hacer más directa y legítima la representación, como sucedió durante la presidencia de Roca, cuando fue elegido diputado por La Boca el doctor Palacios. Claro que no debe repetirse la arbitraria división de los distritos, cuyos antecedentes más groseros fueron los de 1951 y 1954, cuando se la utilizaba para impedir la derrota peronista en circunscripciones notoriamente opositoras de la Capital. Finalmente, los ciudadanos deberían poder votar sólo desde los 21 años, cuando se alcanza la necesaria madurez intelectual. Antes no se puede decidir siquiera el destino personal.

-¿Por qué los conservadores, que eran liberales en lo económico, se hicieron tan autoritarios en lo político?

-Habría que precisar lo del autoritarismo, porque el liberal auténtico lo es sin compartimentos estancos. Políticamente, los conservadores posibilitaron la participación de todos. En los tiempos dirigidos por ellos, hubo ciudadanos nacidos en el extranjero que llegaron a desempeñar altos cargos en el gobierno: fueron ministros, senadores y diputados. Cualquiera podía descollar en sus empresas privadas o participar en política. No obstante, existía desconfianza hacia la voluntad popular, a menudo cambiante y sujeta a emociones, como lo entendió Ortega y Gasset, y, en ese entonces, no capacitada, lo que explica la demora en imponer el sufragio universal. La Constitución de 1853 estableció el gobierno representativo, no el de decisiones populares directas. Pero también habría que reflexionar sobre el hecho de que todas las dictaduras, de Nerón a Hitler y de Perón a Stroessner, fueron masivamente apoyadas en sus comienzos. Los conservadores respetaron los valores del individuo, aunque en ciertas épocas algunos políticos no se preocuparan debidamente por los derechos electorales, en una suerte de tutoría sobre el pueblo para defender los valores superiores al mero acto comicial. Esto puede ser criticable en nuestros días, pero es una realidad histórica.

-Históricamente criticable.

-Es que en política no hay sistemas absolutamente puros. El liberalismo de los conservadores no se tradujo en una plena libertad en lo que a elecciones se refiere. Del mismo modo, un régimen liberal contendrá elementos estatizantes y otro socialista, ingredientes individualistas. En ciencia política se distinguen tres tipos de mentalidad: la conservadora, la retrógrada y la radical. El conservador cree en la evolución, no en la revolución.

-¿Qué debería ser hoy un liberal en la Argentina?

-Fundamentalmente, un defensor de la doctrina contenida en la Constitución del 53. Alguien que, para mejorar la situación del país, participe activamente en la vida cívica, para no dejar espacios que ocupen los simpatizantes de totalitarismos de izquierda o de derecha. Un liberal debe tratar de elevar la educación popular, porque la educación es la palanca de cambio para cualquier mejora de nuestra infortunada Argentina, pues sin educación y sin cultura de nada servirá la mejor reforma electoral, ni los postulados constitucionales. "Un pueblo ignorante elegirá siempre a Rosas: hay que educar al soberano", clamaba Sarmiento. La mayor capacitación intelectual del pueblo resulta imprescindible en todos los órdenes, para elevar las condiciones de vida de la sociedad y para el progreso de la Nación, porque contribuirá a su progreso material. Aunque no creo que los partidos cumplan con esa obligación, no hay que dejar de lado la ilustración de los dirigentes políticos, para que lleguen al Congreso los más idóneos.

-Como antiguo profesor en la Escuela Superior de Guerra, ¿qué cambios advierte en la mentalidad castrense? ¿Cuál es hoy la visión histórica y política de nuestros oficiales?

-Lo primero que se debe destacar es que el Ejército no sueña, como otrora, en convertirse en salvador de la patria. Además, en las últimas épocas los oficiales se capacitan intelectualmente en una variada gama de especialidades, lo que les da una amplitud de criterio que excede el marco de su actividad profesional. Esto no quiere decir que tales estudios no sirvan al perfeccionamiento de los cuadros en su función puramente militar. La Escuela Superior de Guerra, concretamente, ofrece tres maestrías de posgrado, abiertas también a civiles y a las cuales concurren muchos oficiales y jefes. Una de Estrategia y Geopolítica, otra de Ciencias de la Educación y la tercera, de Historia de la Guerra, que se dicta únicamente aquí y no en el resto de América latina. Pero como no todo puede ser perfecto, una materia como Historia Argentina, tan importante para la formación espiritual de los oficiales, porque trata sobre la misma esencia nacional, fue suprimida hace varios años de los planes de enseñanza del Colegio Militar. Ahora se enseña solamente Historia Militar Mundial. Pero dejando de lado estos detalles, es indudable que existe la más completa formación intelectual del Ejército y que hay gran apertura espiritual en la mayoría de sus componentes.

Por Hugo Gambini
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=647578

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