ROMA .- Teme que Osama ben Laden pueda convertirse en "un nuevo Che Guevara". Piensa que vivimos en un mundo terrible, confuso y desordenado, pero está convencido de que "la paz nunca está perdida". Así como un puñado de terroristas puede desestabilizar el mundo, para él "también unos pocos pueden hacer la paz".
Andrea Riccardi, fundador en 1968 de la Comunidad de Sant´Egidio, sabe de lo que habla. Con el movimiento católico laico que encabeza es, desde hace años, candidato al Premio Nobel de la Paz. No sólo porque tuvo mucho que ver con los acuerdos de paz que se alcanzaron en Mozambique, Argelia, Guatemala y Liberia, sino también por su compromiso con los pobres, el diálogo ecuménico e interreligioso, e iniciativas humanitarias y de reconciliación en más de 60 países, entre ellos, la Argentina.
Autor de varios libros e historiador, durante una larga entrevista con LA NACION en un bellísimo salón de un viejo monasterio del barrio de Trastevere-"cuartel general" de la Comunidad, Riccardi habló de diversos temas, entre ellos, de la "trágica" crisis argentina. De 54 años, Riccardi se mostró bastante diplomático a la hora de las definiciones. Fue muy duro, sin embargo, con Europa. Al margen de sostener que sufre una crisis de liderazgo político, la definió como "un teatro de países que no cuentan nada" y la acusó de tener "miedo del mundo".
-Su último libro se titula "Paz preventiva". ¿Hay una crítica implícita al concepto de guerra preventiva?
-Creo que el siglo XX nos ha enseñado que la guerra deja al mundo mucho peor de lo que lo ha encontrado. Por esto es necesario intentar evitarla, y es siempre posible tratar de evitar la guerra. Cuando hablo de paz preventiva quiero decir que la paz nunca está perdida. Creo que también en medio de la guerra, en el corazón de la guerra, hay un sueño de paz. Nunca hay que desesperar. Mi libro no es una crítica a la guerra preventiva, sino una reflexión sobre el valor de la paz. En Europa hemos gritado mucho por la paz, pero se han vuelto amarillentas esas banderas... El tema de la paz lleva al tema de los pobres. Pienso en el slogan "si quieres la paz, ama a los pobres" y recuerdo el caso de Mozambique y nuestro trabajo allí. En Africa hay millones de personas condenadas a la desesperación, y creo que esto representa una crisis memorable de un continente, pero también una amenaza para Occidente.
-¿En qué sentido?
-Regiones enteras condenadas a la desesperación no contribuyen a la seguridad del mundo. Creo que lo que es hoy Somalia -es decir, la "somalización"- es un riesgo para el mundo. Es un riesgo el aumento de millones de desesperados... Pienso, además, en ciertas crisis de muchos países latinoamericanos. ¿Adónde van a parar todos estos mundos de desesperados? Antes, han encontrado, en una fase, el mito de la revolución y el marxismo. Yo temo que en muchas partes del mundo el islam o Ben Laden puedan convertirse en un nuevo "Che" Guevara. No un "Che" Guevara argentino, sino saudita.
-¿Cómo se combate a este nuevo "Che" Guevara saudita?
-El terrorismo se combate con intelligence, con policía y también con armas. Yo creo mucho en la paz, pero el terrorismo se combate con todo eso. Pero no sólo con eso, no nos ilusionemos: el terrorismo se combate también con el diálogo entre los mundos, acercando mundos distintos, y no regalando el islam al terrorismo. Y el terrorismo también se combate con la lucha contra la pobreza. Por eso hay que entender las responsabilidades de Occidente. Para mí, Occidente quiere decir Estados Unidos, América latina, nuestra Europa y Rusia. Necesitamos todas estas realidades. Todas tienen una responsabilidad en la construcción del mañana.
-Volviendo a la guerra preventiva, ¿usted está de acuerdo con este concepto? ¿Estuvo de acuerdo con la reacción que tuvo Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001 primero con la guerra en Afganistán y después en Irak?
-Yo estoy muy preocupado con la situación iraquí. No sé qué es lo que se puede hacer allí, porque era una situación terrible en los tiempos de Saddam Hussein, una situación de dictadura y terrorismo de Estado, pero hoy no veo una solución.
-¿Qué piensa de la decisión de José Luiz Zapatero de retirar las tropas españolas?
-La retirada española no es una solución, pero quedarse en Irak, tampoco. El problema no es retirarse o quedarse, como se plantea en Europa, sino qué futuro queremos para Irak. Se dice que es un nuevo Vietnam, pero no es un nuevo Vietnam, porque Vietnam del Norte era la alternativa a Vietnam del sur. Y aquí no veo alternativas. Yo creo que hay que comprometer al mundo árabe... Desde hace mucho tiempo nosotros, los de Sant´Egidio, seguimos a los cristianos iraquíes, sobre todo a los caldeos, y su vida allí se ha vuelto imposible. El fin de los cristianos en el mundo árabe significa el fin de un elemento de pluralidad.
-Hablando de otro conflicto más que complejo, seguramente vinculado con el de Irak, como es el conflicto palestino-israelí, ¿cuál es para usted el mayor obstáculo para la paz?
-Para mí hay que razonar en frío, y decir que una guerra que dura desde hace medio siglo es absurdo. Pienso que el problema entre Israel y Palestina ha llegado a la locura cuando vemos el terrorismo de los suicidas. Para mí, hay que encontrar el modo, si no de vivir juntos, al menos de vivir cerca. Este es un gran interés de Israel, que puede ser también un Estado fuerte del área, pero también necesita a los palestinos. Estoy muy preocupado, porque en el caso de los palestinos veo cómo la ausencia de una solución ha envenenado a generaciones de corazones. Esto es angustiante.
-¿Qué opina del muro de Sharon?
-No sé si los muros ayudan a vivir juntos. Ahí el verdadero problema es garantizarles un espacio a los palestinos y la seguridad a los israelíes. Esto es muy claro. Parece que las dos cosas son posibles, pero no es así. ¿Cómo se hace para garantizar la seguridad a los israelíes? Dándoles autonomía a los palestinos. Pero ¿cómo? A mí me gusta pensar que el judaísmo vuelto a Medio Oriente, el Estado judío, puede tener una función positiva. Naturalmente, aquí existe la humillación del mundo árabe, pero existe también el hecho de que en el mundo árabe no hay democracias. Aunque la democracia es un riesgo, porque la democracia es el gobierno de la mayoría. ¿Y si la mayoría es radical? ¿Se da cuenta? Es todo tremendamente intrincado en el mundo de hoy. No hay soluciones simples en un mundo que es complicado... Otra cosa que me impresiona en el mundo de hoy es la exacerbación de las etnias. Usted, por ejemplo, no vale porque sea una persona con ciertas ideas, con ciertos amigos. Usted vale en cuanto argentina y es arrestada o golpeada porque es argentina... Y también me impresiona la confesionalización: cuando fueron degollados en Irak estos pobres nepaleses, en Katmandú, en Nepal, fue asaltada la mezquita de los musulmanes nepaleses... ¿Estamos todos locos?
-Un reciente sondeo indicó que si el mundo votara, las próximas elecciones de Estados Unidos las debería ganar John Kerry... ¿Usted por quién votaría? ¿Kerry o Bush?
-Yo no voto... Hay quien dijo en el último convenio que organizamos en Milán que al ser Estados Unidos el nuevo imperio, todos deberían tener derecho de voto. Pero Estados Unidos no es un imperio, como lo fue Gran Bretaña. Es sólo un superpower. Creo que hay que crear con Estados Unidos un multilateralismo.
-¿Qué papel debería tener Europa?
-Para mí, los países europeos están en retirada. No se quieren hacer cargo. Nosotros los europeos tenemos miedo del mundo. Fuimos grandes colonialistas, capitanes de aventuras, conquistadores, exploradores, misioneros, pero ahora estamos preocupados solamente por el problema del jardín del bienestar de nuestra casa. Tenemos un gran miedo de ocuparnos del mundo. Creo que también América latina -Brasil y la Argentina, por ejemplo- está llamada a tener un papel internacional. Pero vi el reciente viaje de Lula a Africa y la sensación es que la política latinoamericana es una política interamericana y nada más. Estoy convencido de que en este mundo para poder contar hacen falta fuerza y poder, pero también se puede contar sin tanta fuerza y sin tanto poder.
-¿Cómo?
-En este mundo globalizado, el hombre, las ideas, los grupos humanos, cuentan. Mire, un grupo humano de terroristas está desestabilizando el mundo. Pero si unos pocos pueden desestabilizar el mundo, también unos pocos pueden hacer la paz.
-¿Qué opina del premier Silvio Berlusconi, un personaje muy criticado por la mayoría de los italianos por su respaldo a la guerra en Irak?
-Yo creo que hay una crisis de la clase política europea. Y en esta crisis de liderazgo se enmarcan los hechos políticos italianos. Necesitamos líderes, pero también una forma nueva de política. Los europeos deben estar unidos. La política exterior es un banco de prueba. Yo considero que la política de Aznar no fue una gran política exterior, pero la política de Zapatero jugó en contra.
-Sin embargo, Zapatero ha estrechado una alianza con Schröder y Chirac...
-Sí, pero esta idea de una Europa bipolar -es decir, una Europa pro norteamericana y una antinorteamericana- es una estupidez. El problema es hallar una voluntad política común, porque, en el fondo, también Chirac está convencido de que hay que estar con Estados Unidos.
-¿Y Berlusconi?
-Berlusconi es un poco característico como tipo humano. Por eso atrae las críticas. Pero si vemos el escenario fríamente, Europa no cuenta nada. No cuenta cuando está con Estados Unidos y no cuenta cuando está en contra. Para mí, esto es un drama.
-¿Cómo ve el futuro de la Argentina, un país donde la Comunidad de Sant´Egidio está presente?
-La Argentina es muy importante para la geopolítica de Occidente. Buenos Aires está en red con las grandes capitales occidentales. Podríamos hablar de literatura, de filosofía, de cuestiones religiosas. La crisis de 2001 fue una crisis trágica porque marcó el empobrecimiento de esa clase media que era la fuerza de la Argentina y también la que le daba estabilidad del país. Por eso me pregunto: ¿la crisis argentina, de la cual el país, con mucho esfuerzo, está logrando salir, es premonitoria de muchas otras crisis? ¿Es un fantasma que da vueltas y que también tiene que ver con Europa? En el fondo, nuestro sueño de europeos no es un sueño socialista. Nosotros no creemos en una sociedad colectivista, sino en una sociedad en la cual el libre mercado, la competencia, se junten también con la igualdad. Mire a Italia: es un gran país de clase media. ¿Cuál fue la gran conquista de este país? Que el proletariado obrero pasó a ser clase media.
-¿Lo que usted dice es que hay que tener en cuenta la lección argentina y no aplicar las recetas neoliberales?
-Sí.
-¿Cree que es posible pensar en un papa latinoamericano?
-He conocido personajes considerados sucesores de Juan Pablo II que en este momento están en la misericordia de Dios... Cuando no se sabe cuándo es el momento, es difícil hacer previsiones. Ahora, si sería posible un papa latinoamericano... ¿por qué no?
-¿Qué consecuencias tendría para la Iglesia de América latina?
-No creo que hubiera grandes consecuencias para la Iglesia de América latina. Sí para la Iglesia universal. El pontificado de un papa no italiano, como Juan Pablo II, ha traído enormes novedades a la Iglesia, por lo que un papa latinoamericano puede aportar también muchas novedades. Nosotros hablamos a menudo de un papa latinoamericano, pero deberíamos hablar del catolicismo latinoamericano, que se ha vuelto un componente importantísimo de la Iglesia Católica, numéricamente, pero no sólo numéricamente. Hemos pasado de sociedades integralmente católicas a sociedades que incluyen el discurso de las sectas neoprotestantes. Se trata de "religiones a la carta", para el consumo, que responden a "mis necesidades". Me pregunto si las sectas no son también una afirmación del american way of life. En este mundo, las sectas son también un gran sedante para las angustias personales. Pero cuidado: a través de la afirmación de las sectas se disgrega un tejido unitario de la sociedad, desde el punto de vista religioso. Este es un fenómeno sobre el cual hemos reflexionado poco...
-Hay quien dice que el candidato papal de la Comunidad de Sant´Egidio es el cardenal de Milán, Dionigi Tettamanzi...
-¡Nooooo! [Se ríe.] Ante todo, la Comunidad de Sant´Egidio no vota, sino que votan los cardenales. Nosotros no tenemos candidato y ningún cardenal nos ha preguntado cómo debe votar.
-¿Pero le parece un buen candidato?
-Mire: hay problemas que uno en la vida no se plantea. Por ejemplo, cómo se hace el aterrizaje de un avión, nunca me lo puse como problema. Siempre pensé que lo tiene que hacer el piloto, y esto es mejor, así no me angustio. Si tuviera que pensar cómo se hace un aterrizaje, me angustiaría.
Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia
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