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"A la prensa le llevará tiempo reconquistar credibilidad"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 25-07-2004 00:00:00

JEAN MARIE COLOMBANI, DIRECTOR DE "LE MONDE"

La Guerra del Golfo fue un primer momento crítico para el periodismo. Hoy, el conformismo que suele mostrar ante las estrategias de comunicación que tienen todos los poderes pone en riesgo su calidad.

María Laura Avignolo
mavignolo@clarin.com

# Hay un periodismo antes del 11 de setiembre y otro después?

—No, no lo creo. Más bien existía la necesidad de un periodismo después de la Guerra del Golfo, porque ahí comprobamos que la información estaba completamente controlada, recortada por las autoridades militares que estaban en el lugar. Después llegó la guerra de Irak en la que, del mismo modo, los periodistas son "adosados" a los combatientes. Eso plantea problemas. Pero el 11 de setiembre, ¿en qué habría cambiado el periodismo? Lo que hay que tratar de evitar es la lectura ideológica, que nos instalaría en el universo de presiones en la información por la guerra contra el terrorismo.

# ¿Usted cree que el patriotismo ante la guerra antiterrorista, especialmente en la prensa norteamericana, es la amenaza mayor contra la libertad de la prensa?

—No creo que sea una amenaza, porque no afecta a la libertad. Lo que afecta es el conformismo. Se comprende que los Estados Unidos hayan estado impresionados, emocionados, tras los atentados del 11 de setiembre. El reflejo patriótico es normal. En cambio, lo que se puede reprochar a la prensa norteamericana es haber estado muy poco atenta al resto del mundo, no sobre la guerra contra el terrorismo, sino en cuanto a la guerra en Irak. Había todo un sector de la comunidad internacional que era hostil a la guerra. La prensa norteamericana le hizo coro al gobierno de Bush para apoyarlo. Y no se despertó realmente hasta que empezó la campaña electoral. Es decir, cuando los demócratas levantaron la cabeza y sus candidatos empezaron a cuestionar las operaciones en Irak. Pero antes, la prensa norteamericana se había quedado estancada. Pero no creo que haya que plantear el problema en términos de libertad, sino de la manera en que en una situación dada todos somos llevados a tener pautas de lectura que pueden inducirnos a error.

# En ese contexto, ¿cómo explica la apología de The New York Times en la cobertura de la guerra en Irak?

—The New York Times tomó posición contra la guerra en sus editoriales y luego, en su cobertura de la guerra, tuvo algunos problemas que ahora reconoce. Pero, al mismo tiempo, es difícil tirar la piedra. Primero, porque es un gran periódico. Segundo, porque estaban viviendo una crisis interna, que hizo que, probablemente, estuvieran un tanto temerosos. Esto quizá provocó que no tuvieran la audacia periodística que terminó mostrando The Washington Post, que había tenido una postura a favor de la guerra, pero que en una segunda etapa fue más crítico.

# ¿Cómo es que Le Monde escapa a esa autocrítica?

—A Le Monde se le puede reprochar precisamente haber sido un tanto conformista. Porque Le Monde fue bastante antiguerra e hizo coro al gobierno francés, junto con una buena parte de la opinión francesa y europea que estaba contra la intervención en Irak. Esto, quizás, hizo que una parte de la opinión se deslizara hacia un antiamericanismo absurdo. Son períodos difíciles en los que no se puede juzgar más que con la distancia.

# Usted escribió después del 11 de setiembre un famoso editorial: "Somos todos norteamericanos". ¿Por qué después todo el mundo se volvió antiamericano?

—Sólo los imbéciles podían pensar que eso no concernía a todas las democracias. Pero la solidaridad inicial fue destruida por la invasión norteamericana.

# En el contexto actual, ¿cuál es el papel de los periodistas y del periodismo? ¿Cómo escapar a las operaciones políticas y la manipulación de los gobiernos?

—El periodismo es cada vez más complicado porque la época está dominada por las estrategias de comunicación de todos los poderes —político, religioso, sindical, intelectual—. Pero la información es lo contrario de la comunicación; implica mirar detrás de la comunicación oficial, buscar lo implícito, revelar lo que está escondido. De modo que es un choque frontal entre los intereses de unos y otros.

# Si a usted le ofrecen una entrevista con Bin Laden, ¿la acepta o no? Aunque usted sepa que es también propaganda.

—Hay periódicos que entrevistaron a Saddam Hussein, periodistas que entrevistaron a Bin Laden... Ese no es el fondo del problema. El fondo del problema es el uso que se hace de eso y en qué marco se sitúa. Por ejemplo, es cierto que Al Jazzira provoca malestar por el hecho de difundir regularmente casetes de Bin Laden, que son palabras que implican órdenes en bruto para miles de combatientes. Pero informar es más bien decir: "Recibimos este casete, en tales condiciones. Este es su mensaje, pero esto es lo que nosotros pensamos sobre él". Se necesita una puesta en escena diferente. Lo mismo respecto a las películas que difunden cada vez que hay una ejecución de un rehén en Irak.

# ¿Pero usted aceptaría publicar una entrevista con Bin Laden o no?

—Sí, por supuesto, por supuesto. Los periódicos y la televisión buscamos normalmente eso.

# Pero las cadenas televisivas americanos le anulan la voz.

—En mi opinión, ese es un falso problema. Es realmente un caso absurdo, porque por definición esa gente no juega el juego normal de la prensa, libre y democrático. Esa gente está en la instrumentalización y quiere mandar casetes, pero no quiere jugar el juego de la entrevista con preguntas y repreguntas. Nunca van a proponer una entrevista porque están ellos mismos en el plano de la comunicación recortada y controlada. Estamos en dos mundos diferentes.

# ¿Para usted Le Monde defiende la objetividad o la honestidad profesional? ¿Cuál es la diferencia?

—Yo creo en la honestidad profesional, porque pienso que siempre somos portadores de una parte de subjetividad. Le Monde tiene una historia y en ella hay elementos que pesan. Tiene un lugar en la sociedad y reflejos, de modo que la objetividad es una búsqueda, un ideal. Pero la realidad a la que uno debe obligarse es la honestidad en la manera en que se exponen los hechos, separados de los comentarios. Esa gimnasia es difícil en Francia, como en todos los países de origen latino.

# La prensa anglosajona utiliza ahora las columnas y mezcla todo: subjetividad, comentario, opinión. ¿Le parece que hay una diferencia entre el comentario y la opinión?

—Globalmente, ellos son la mejor escuela. La composición de un artículo debe obedecer a ciertas reglas, a la exposición de los hechos y del contexto. Mezclar la información con los comentarios es siempre introducir contrabando en lo que se vende a los lectores. Este tipo de cosas hacen perder credibilidad. Y, desgraciadamente, a la prensa le llevará tiempo reconquistar credibilidad. Será un largo camino.

# ¿Por qué la perdió? ¿Por la televisión, por Internet?

—Hay mil razones. La prensa tuvo sus propios excesos, sus derivas. Obedece a imperativos económicos y está muy concentrada. Tome el grupo Murdoch: obedece a consignas estrictas. O la cadena norteamericana Fox, que también obedece a una ideología precisa. Todo eso contribuye a empañar la imagen y a estorbar el crédito de la prensa. Al mismo tiempo, la prensa nunca es algo terminado: está llena de tensiones, de contradicciones, como todas las entidades del mundo entero. Lo que se puede y se debe hacer, aparte de respetar ciertos dogmas profesionales, es utilizar mecanismos de autocontrol que sean transparentes para el lector.

# Algunas personas dicen que Le Monde es "el mundo" de la inteligencia francesa; otros editores creen que tiene un estilo pesado. ¿Le Monde tiene que cambiar su estilo?

—Le Monde libra un combate permanente por la independencia de un periódico, de un tipo de prensa, de una comunidad; un combate permanente por la defensa de una libertad que nos es discutida, no solamente por el poder sino por los otros actores de la prensa. De modo que Le Monde es todo eso, siempre frágil. Pesado o no pesado, complicado o no complicado, es ante todo un combate por la independencia y una convocatoria a todos aquellos que en una democracia preservan un espacio independiente.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/07/25/z-800875.htm

Copyright Clarín, 2004.

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