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Ezequiel Gallo: "No veo cambios, pero sí algunos retrocesos"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 29-05-2004 06:37:33

El historiador criticó al actual gobierno

Para el historiador Ezequiel Gallo, detrás de la decadencia argentina hay una honda crisis de valores, que puede resumirse en la intolerancia, el culto a los personalismos y nuestro desinterés por el progreso.

"No veo cambios en materia institucional y sí algunos retrocesos", confió a LA NACION con referencia al gobierno de Néstor Kirchner.

Doctor en historia por la Universidad de Oxford y profesor plenario de la Universidad Torcuato Di Tella, Gallo es, además, miembro de las academias nacionales de Historia y de Ciencias Morales y Políticas. También ha sido profesor visitante en las universidades de Essex, Columbia, Melbourne y Jerusalén, y en el Instituto Universitario Ortega y Gasset. Entre sus principales obras se cuentan "La Pampa gringa", "Carlos Pellegrini: orden y reforma" y "La República conservadora", que escribió junto con Roberto Cortés Conde.

-¿Cómo analiza el presente argentino?

-Es bastante obvio que las últimas décadas de la Argentina no han sido muy felices, en contraste con las enormes expectativas que, en el pasado, había generado nuestro país. Basta ver los rankings que se hacían en otros tiempos a partir de predicciones sobre la Argentina y los datos que indican que hemos sido, en términos absolutos, el segundo país que atrajo mayor número de inmigrantes, después de los Estados Unidos. Creo que ha habido una crisis valorativa que, en parte, ha estado con nosotros siempre. Si uno toma la Constitución nacional, advierte que se ha establecido un régimen representativo, republicano y federal, pero a la luz de los hechos podemos preguntarnos cuán representativo, cuán republicano y cuán federal ha sido ese régimen. El propósito de los textos constitucionales es la protección de la libertad, la vida y la propiedad de sus habitantes. Al fallar los instrumentos para garantizar tal protección, esos tres factores también han sufrido enormemente. Hoy el problema de la inseguridad es uno de los más graves de nuestra sociedad, al tiempo que pueden hacerse muchas observaciones sobre la libertad y el derecho de propiedad.

-¿Cuánto ha influido en la decadencia argentina nuestra propia idiosincrasia?

-Junto a las instituciones, los países generan hábitos y costumbres. Y tampoco hemos sido exitosos en ese terreno. Uno de los problemas que vienen de lejos es el de la intolerancia. Hoy seguimos enfrascados en el hecho de considerar al adversario un enemigo a quien hay que cerrarle el paso a toda costa. Otro tema es la fuerza del personalismo. Desde luego, el papel de la personalidad presidencial es importante. Pero nosotros nos hemos pasado de la marca. Cuando falta una personalidad fuerte, los regímenes entran fácilmente en crisis, dado que no hay un tejido institucional que permita minimizar la falta de un caudillo. Un último tema surge de una pregunta: ¿a los argentinos les interesa el progreso? Yo tengo serias dudas.

-¿Por qué?

-Porque estamos en un país que siente un enorme desprecio hacia quienes crean riqueza. En países parecidos al nuestro, como Estados Unidos, Australia y Canadá, la figura del pionero es muy importante, mientras que en la Argentina no sólo no lo es, sino que en algunos casos tiene mala fama. Por ejemplo, una actividad como la agropecuaria, que durante más de cien años generó la mayor innovación, ha sido despreciada como si fuera algo que era mejor no tener. Ahora, por supuesto, se frenó en parte este sentimiento, porque dependemos de la soja.

-¿Cómo analiza el primer año de Néstor Kirchner en la presidencia de la Nación ?

-En materia institucional no veo cambios y sí algunos retrocesos. He marcado un viejo problema que sería injusto endilgarle al actual gobierno, la intolerancia. Pero se ha hecho muy poco por solucionarlo. Otro problema es el de la Justicia: hemos sacado una Corte espantosa de una manera casi espantosa también. En el aspecto económico, en cambio, creo que ha habido cierta prudencia en el manejo de los fondos públicos, aunque, al mismo tiempo, ha habido factores externos muy favorables. Tampoco veo que se haya avanzado demasiado en el problema del personalismo; muy pocas veces hemos tenido gabinetes como el de Marcelo T. de Alvear, con peso propio.

-Para muchos, el gabinete de Fernando de la Rúa fue de lujo y, sin embargo, su gobierno fue un fracaso...

-Es que el peso que tiene el factor presidencial es muy fuerte en la Argentina. Y si el Presidente no anda, el régimen entra en crisis. Creo que De la Rúa no era el jinete que se precisaba para cabalgar la crisis.

-Por eso Kirchner se ha preocupado por mostrarse diferente a De la Rúa...

-Podemos poner en un extremo a Kirchner y en otro a De la Rúa. Dadas las características de la institución presidencial en la Argentina, uno falla por debilidad y el otro, porque tapa al resto de su equipo.

-¿Cuáles cree que serán los mayores desafíos que enfrentará el gobierno de Kirchner de ahora en más?

-Dejando de lado problemas que requieren una resolución más inmediata, como la crisis energética y la deuda, creo que los mayores desafíos son la reforma política, un plan de seguridad y una reforma judicial.

-¿Qué reflexiones le merece el debate sobre la reforma política?

-La cuestión del sistema electoral es importante, pero no decisiva. En lo personal, creo que ir hacia un sistema de elección en circunscripciones uninominales, como el que en su momento proponía Joaquín V. González, sería más favorable. Pero creo que hay un aspecto quizá más importante, que radica en cómo reconstruimos la clase política para que funcione bien. El problema de la Argentina es que ocuparse de la cuestión pública ha dejado de ser la actividad prestigiosa que fue en algún momento. Lo central es cómo podemos volver a atraer a la gente más capaz y honesta hacia la política.

-¿Qué importancia le asigna, en términos de gobernabilidad, a la relación entre Kirchner y el PJ?

-Es una pregunta complicada, porque el PJ es complicado y tiene características sui generis. Depende más del Presidente que de su partido. Tengo la sospecha de que si se insiste mucho en el proyecto de transversalidad, la relación entre Kirchner y el PJ puede verse afectada seriamente. Creo que el Presidente debería aplicar el máximo de cautela en el manejo de la situación.

-Frente a los problemas internos en el justicialismo, no faltan quienes pronostican una ruptura, al tiempo que otros recuerdan la frase de Perón en el sentido de que los peronistas son como los gatos, ya que cuando parece que se pelean en realidad se están reproduciendo. ¿Quién tiene razón, para usted?

-Efectivamente, el justicialismo ha mostrado una gran capacidad de supervivencia y ha sobrevivido a muchos pronósticos en contrario. Pero la frase de Perón es distinta con Perón vivo que con Perón muerto. Porque los peronistas podían comportarse como los gatos con un papá arriba que cuidara algunas cosas. Podría haberse dicho lo mismo sobre el radicalismo en tiempos de Yrigoyen y, sin embargo, el radicalismo se quebró dos veces: entre personalistas y antipersonalistas, primero, y entre frondicistas y balbinistas, más tarde.

-¿Se anima a definir a Kirchner ideológicamente?

-¿Es gratis la respuesta? (Se ríe.) Claramente, a mí me da la impresión, por sus dichos, de que es un hombre de una centroizquierda nacionalista y, en algunos casos, con ideas un tanto anticuadas. Ciertamente, no es un hombre de centroderecha, no es un liberal, y el factor nacionalista se advierte con mucha más fuerza que en otros presidentes anteriores.

-¿Hacia dónde cree que se va a mover la oposición?

-Es un poco difícil discernir entre lo que uno quiere que pase y lo que puede pasar. En mi caso, he tenido simpatías por Recrear, porque creo que con López Murphy hay un intento por crear un partido liberal tanto en lo político como en lo económico, diferente de los intentos anteriores, caracterizados por un liberalismo cojo, con sólo una pierna económica. Por el momento, veo difícil que una oposición de ese tipo pueda tener fuerte arraigo. Creo que hoy la oposición se puede canalizar más fácilmente a través de lo que era el viejo partido radical y de lo que representó en la política argentina, aunque no con la misma organización actual ni con sus mismos dirigentes. Si el oficialismo es Kirchner, veo difícil una oposición a su izquierda, salvo imprevistos en lo económico.

-¿Me está diciendo que ve poco espacio para una figura como Elisa Carrió?

-A Elisa Carrió le veo el mismo espacio que pudieron tener en el pasado figuras de la talla de Lisandro de la Torre, que es mucho, pero poco para el premio mayor.

-¿De qué dependerá que Kirchner conserve los elevados niveles actuales de adhesión en la opinión pública?

-Progresivamente, el juicio de la opinión pública dependerá cada vez más de los resultados de la gestión. Hay enfrentamientos que el Gobierno ha manejado favorablemente, pero esos enfrentamientos pueden llegar a cansar a la gente si no hay al mismo tiempo una buena performance. El Gobierno ha tenido un año sui generis, en parte por la crisis que lo precedió y en parte por las circunstancias internacionales favorables para la economía argentina. Pero desde ahora, como dice un dicho criollo, en la cancha se verán los pingos.

-Tanto el clientelismo como el caudillismo son fenómenos incorporados desde hace mucho tiempo a la cultura política argentina. ¿Cree que han llegado para quedarse por largo rato?

-Mientras haya fondos públicos de la naturaleza y del tamaño de los que se aplican al plan Jefes y Jefas de Hogar va a ser muy difícil que dejen de existir. Tengo la impresión de que esto va a seguir y temo que se empiecen a generar conflictos internos por el manejo de esos fondos. Creo que el fenómeno de los caudillismos tiene que ver con situaciones provinciales de poco desarrollo relativo. Una vez hice una investigación sobre lugares de la provincia de Santa Fe durante la segunda mitad del siglo XIX y observé que la mayoría de los jueces de paz de esas zonas eran figuras conocidas: comerciantes importantes y terratenientes. A medida que Santa Fe empezó a tener un desarrollo económico importante, los jueces de paz conocidos empezaron a desaparecer, porque estaban dedicados a funciones más redituables. Y hoy vemos provincias donde sólo encontramos empleados públicos. Es difícil ser caudillo en provincias grandes y prósperas. El caudillismo seguirá existiendo mientras haya lugares muy estancados en su desarrollo y esto tiene mucho que ver con el fracaso del federalismo en la Argentina. Es muy difícil armar un Estado federal con unidades que no se pueden sostener a sí mismas.

Por Fernando Laborda
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/05/29/dp_605542.asp

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