Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Savater: "Importa más mirar hacia adelante que aclarar el pasado"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 31-03-2004 03:55:11

Según la opinión del filósofo español

MADRID.- Lo primero para decir del filósofo y escritor Fernando Savater es que sabe de terrorismo: hace años que está amenazado por la banda terrorista ETA y se mueve permanentemente con dos custodios armados. No puede salir ni a buscar cigarrillos sin ellos.

Nacido en la tierra vasca de San Sebastián hace 57 años, si algo no hace es adoptar, por eso, el papel de víctima. Al contrario. No le gusta hablar de su situación personal y ésta no lo detiene para plantarse muy firmemente contra el terrorismo. O contra quienes actúan como si no existiera o contra quienes lo justifican por idealista.

"Me impresiona que me pregunten cómo es vivir amenazado. Lo que hay que preguntarse es qué siente usted al ver que miles de personas tenemos que vivir así. No se trata de qué sentimos nosotros, porque esto no es un misterio psicológico de los que vamos con escolta, sino un problema de la sociedad, que lo ve y lo considera como algo que no le concierne o como una anomalía folklórica", dice.

Y aunque habla, básicamente, de España, mucho de lo que dice suena como parte de un debate conocido en nuestro país. No hace distingos entre terrorismos: todos son malos y todos, injustificables. En la Argentina ha habido experiencia de lo que es vivir así.

Está convencido de que, en el nivel mundial, los terroristas están en alza, por más medidas de seguridad que se adopten. Savater admite que los autores de la masacre del 11 del actual en los trenes de Madrid consiguieron algo que buscaban: influir en las elecciones y perjudicar al gobernante Partido Popular (PP), con el que él no parece simpatizar mucho. "No eligieron la fecha al azar, sino con ese propósito, y lo lograron", dice. Pero tampoco le resulta novedoso: "Es común que pretendan boicotear los procesos democráticos", sostiene.

Vocero de Basta Ya, un movimiento civil contra la violencia armada y soporte de víctimas y familiares de quienes fueron asesinados por el terrorismo, entre los libros más vendidos de Savater figura "Etica para Amador". Habla allí de la necesidad de ser éticos en un mundo cada vez más corrupto. "No me importa que se me rían", asegura.

Dice que los argentinos tenemos tendencia a escapar de lo práctico y que no es bueno mirar permanentemente al pasado, porque se corre el riesgo de convertirse en una estatua de sal. "Lo mejor es superarlo", afirma.

La entrevista fue en su casa de Madrid y de lo primero que se habló fue de lo último, naturalmente.

-¿Qué cambió con los atentados del 11 del actual?

-Fue muy traumático. No sólo porque fue el atentado más grande que hubo en España y, posiblemente, en Europa, sino también porque, además, nos reveló que tenemos una doble amenaza: ya no es sólo el terrorismo de ETA, que padecemos desde hace treinta años, sino también el de corte internacional. España es el único país en esa situación, lo cual resulta muy preocupante.

-La idea, fuera de España, es que las elecciones las ganó el terrorismo.

-La gente votó por muchas cosas. Ya había disconformidad y la distancia entre partidos se ajustó mucho. Luego, si el gobierno no hubiese gestionado de modo engañoso la crisis, habría sufrido menos las consecuencias. Lo que sí es cierto es que el grupo terrorista no eligió la fecha al azar. Actuó tres días antes de las elecciones con el propósito de influir sobre ellas, de perjudicar al partido gobernante, y lo logró. Es posible que el resultado electoral se explique también desde otros puntos de vista. Pero lo cierto es que los terroristas cumplieron su objetivo.

-¿Estamos frente a un nuevo modo de operar en política del terrorismo?

-Los terrorismos siempre tratan de boicotear los procesos democráticos. ETA lo ha hecho muchas veces. Por eso no sorprendía a nadie la idea inicial de que fuera ETA. Porque ya en varias ocasiones intervino en procesos electorales. La vez que voló el coche de José María Aznar lo hizo con las elecciones encima y estuvo a punto de cargarse a uno de los dos candidatos. El terrorismo trata de domesticar a los países por medio del terror y de llevarlos por donde ellos quieren que vayan.

-¿Es eficaz combatir al terrorismo con guerras?

-Sólo en el caso de que existan países que sirvan de base para su acción, como lo fue Afganistán en su momento. En ese caso, tal vez se justifique intervenir. Pero el terrorismo no adopta las formas de una guerra convencional, de modo que no es ése el terreno para combatirlo. Más bien, hay que hacerlo sobre la base de servicios secretos.

-¿Hay algún terrorismo mejor o peor que otro?

-Hay distintos tipos de terrorismo, pero todos son malos. Siempre utilizan a los ciudadanos como rehenes para intentar cambiar algo. En ese sentido, son todos malos. Pero no son iguales. Hay que saber cómo se combate con cada uno.

-ETA le dice al futuro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que quiere dialogar. ¿Le cree usted?

-ETA siempre dice lo mismo. No quiere dialogar, sino que le den la razón. Si quisiera dialogar, no tendría más que dejar las armas, desaparecer como organización armada y disponer que sus miembros hicieran política. Ellos ni siquiera dialogan con la sociedad. Que digan que quieren hacerlo con el nuevo gobierno es una burla.

-¿Qué impresiones le despierta la Argentina últimamente?

-Las de siempre: un país rico y con gente preparada que, cada vez que parece que va a despegar, tiene un bajón histórico.

-Hace décadas Ortega y Gasset recomendó: "Argentinos, a las cosas". No hacer ¿tiene cura?

-Eso es algo que me llama la atención: la resistencia a lo práctico que muestran. Recuerdo que en lo peor del "corralito" me llamaban desde radios argentinas y me hacían preguntas con las especulaciones más insólitas. Yo decía: "No, vea, esto es un problema práctico y no filosófico". Daba risa.

-¿Es para reírse o para llorar?

-Dentro de lo que uno puede reírse en estos casos, me hace gracia la tendencia a convertir en abstracto un problema que es básicamente de falta de honradez, por un lado, y de desacierto económico, por el otro. Si algo es evidente es que no se trata de algo que tuviera que ver con el ser y la nada.

-¿Los argentinos tenemos resistencia a lo práctico?

-Creo que tienen una cierta tendencia a eso. A mí, porque me gusta la filosofía, me parece simpático. Pero tal vez para la vida cotidiana no sea muy bueno.

-¿Ese pragmatismo fue la clave para que España consiguiera en su transición lo que la Argentina no consiguió?

-Creo que ha habido una cuestión de ubicación. Si España hubiera estado donde está Bolivia, la transición española no habría tenido el mismo éxito. El contexto europeo fue lo que ayudó. La Europa de nuestra transición tenía interés en que existiera una España estable, democrática y desarrollada.

-¿Por qué, con el terrorismo, el crimen adquiere cierta imagen de romanticismo heroico?

-Porque el terrorismo representa el antisistema. Se lo ve como positivo en caso de que el sistema sea tan desastroso como una dictadura, o la miseria total, o las atrocidades más absolutas. Lo malo es cuando ese antisistema se convierte en la enfermedad de países en democracia. España es un país privilegiado. Los que nacemos acá lo somos con un demérito total: sin haber hecho nada nos sale la bola blanca en el sorteo de la vida y nos toca la cuchara de plata en la boca. Jugar con eso y fingir es una hipocresía. En Cataluña, con un gobierno de fuerte presencia nacionalista, se dijo: "Avancemos hacia la utopía". ¡Si serán sinvergüenzas! Hablar de utopía en la zona más rica de España, una de las más prósperas de Europa... ¡Y encima quieren la utopía! Entonces, ¿qué dejan para el que vive en Ruanda? Ese tipo de afirmaciones es tan grotesco que debería producir una mezcla de risa y repugnancia.

-Pero son propuestas que no bajan de un platillo volador, sino que son respaldadas por el voto popular.

-Es que hay gente que, viviendo en Europa, se siente dentro de la guerrilla. En España, desgraciadamente, eso está fomentado por una especie de política-antipolítica. Eso es el nacionalismo. O sea: no es nada, nada más que la sustitución de lo real por una especie de sueño destructivo e inútil.

-En la Argentina se llegó a ver a los políticos como a un grupo aparte. "Que se vayan todos", se les dijo. Como si fueran algo distinto del conjunto.

-Lo malo de los políticos es que se parecen mucho a la gente que los consiente y que los elige. Echarles la culpa a los políticos es tonto: están allí porque lo consentimos. Hay políticos decentes que en lugar de prometer el cielo y la tierra hablan de diagnósticos y procesos duros, pero a ésos no se los vota. Y sí al iluminado que promete, aun sabiendo que no va a cumplir.

-España tiene un pasado de muerte y asesinato en la Guerra Civil, y aun después de ella. ¿Por qué eligió olvidarlo?

-Yo no diría "olvidar", sino "aparcar".

-Bueno, pero hace rato que el tema está "aparcado"...

-Estar con la cabeza permanentemente vuelta hacia atrás nos convierte en estatuas de sal. Seguir contemplando ese pasado de guerra civil y dictadura con fascinación posiblemente nos llevaría a repetirlo. Creo que es más importante organizar hacia adelante que intentar poner en claro el pasado, que en todos los países suele ser bastante turbio. Entiendo a quienes no quieren que un asesino se pasee por la calle. Pero vivir intentando reparar el pasado no creo que sea beneficioso.

-¿En qué medida España no corrió el riesgo de que esa falta de revisión se le volviera en contra de modo traumático?

-Eso no ocurre cuando el pasado es superado. Entre las dos Españas, la mayor diferencia no fue tanto ideológica como social. Una era la España de los que tenían y la otra, la de quienes no tenían. Eso llevó a la guerra. Hablar hoy de las dos Españas es absurdo: hemos superado lo que generó el conflicto.

-¿Cuál es la mirada de España sobre América latina?

-La de quien se mira en un espejo...

-Y luego dice: ¡qué suerte que estoy del otro lado!

-(Se ríe.) Bueno, los españoles nos reconocemos en los países de América latina, para bien y para mal. Ocurre que España ahora se compenetró mejor con Europa.

-Usted escribe sobre ética. ¿No teme que en la Argentina se le rían en la cara?

-¡En todas partes! Y es curioso, porque todo el mundo se ríe cuando digo "ética", pero, por otra parte, todo el mundo la practica.

-¿Está seguro?

-Una cosa es que ninguno sea perfecto o bondadoso y otra cosa es que no sea ético. Nadie puede vivir sin ética y, de hecho, es lo más normal y lo que más practicamos. Sin ella las sociedades no funcionarían. La ética no es un lujo en la Argentina, en España ni en China. Las sociedades funcionan porque la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, nos portamos bien. Claro que hay muchos que no lo hacen. La ética no es un lujo, sino una necesidad. Y se trata de reflexionar sobre por qué tenemos esa necesidad.

-Disculpe, pero no parece ser ésa la necesidad primordial de la dirigencia, en sentido amplio, en estos momentos.

-Los dirigentes son igual de éticos que los demás. No es que los otros sean mejores, sino que los políticos y los dirigentes han llegado a un lugar desde el que pueden hacer más cosas.

-Entonces, ¿es sólo que allí tienen más posibilidades de hacer el mal?

-Claro. No es que los demás sean mejores, sino que tienen menos posibilidades de hacer el mal.

-¿Por qué la ética individual es superior a la de un Estado?

-Porque los Estados son salvajes. Las personas, afortunadamente, no nos portamos entre nosotros como los Estados se portan entre ellos. Los Estados Unidos, por caso, se niegan sistemáticamente a cualquier transacción con los otros países. El proyecto político de este siglo es llegar a que los Estados aprendan a vivir en un orden internacional que sea para todos.

-¿Es posible enseñar ética en un ambiente corrupto?

-Precisamente. La corrupción no es la dificultad para enseñar ética, sino lo que la hace necesaria. Las personas son éticas; el mundo, no. Y por eso hay que educar. Así como uno educa donde hay ignorancia, del mismo modo se impone predicar ética en la corrupción.

-¿Puede ser que el rechazo a la inmigración exacerbe en España un nacionalismo en el nivel peninsular? ¿Todos estarían en contra de lo diferente?

-No, porque el rechazo no es a lo diferente, sino a los pobres. La cultura distinta de los japoneses no le molesta a nadie, si llega con buenos yenes. La única raza contra la que todo el mundo es racista es la de los pobres. Da igual el color que tengas. Aquí se pensaba que era sólo contra los morenos, porque se los tomaba por marroquíes pobres, pero a los rubios y altos de Europa del Este se los rechaza igual si también lo son. Parecerán ángeles, pero son pobres. Y ahí está el problema.

-¿Usted está amenazado por ETA?

-Yo soy una de las 12.500 personas que en este país viven protegidas por custodia.

-¿Cómo es vivir así?

-Me lo preguntan mucho y me impresiona que me lo pregunten. Cuando ocurre, doy vuelta la pregunta e interrogo a mis compatriotas sobre qué sienten ellos al ver que buena parte de sus conciudadanos tienen que llevar escolta armada. Sobre todo en el País Vasco, donde esto ocurre con personas modestas, concejales de pueblo, a lo mejor, la señora de la limpieza que tiene que ir a hacer su trabajo con dos escoltas... o un concejal del Partido Popular. El problema no es qué sentimos, porque esto no es un misterio psicológico de los que vamos con escolta, sino un problema de la sociedad que lo ve y lo considera o bien algo que no le concierne o bien una anomalía folklórica.

-¿Y qué dicen sus compatriotas cuando da vuelta la pregunta?

-Generalmente se sorprenden y confiesan que no lo habían pensado así. Y por eso se lo digo: para que lo piensen.

-Usted es objeto de odio y hostigamiento. ¿Cómo es su proceso interno para no pagar con la misma moneda y, en lugar de ello, intentar persuadir con palabras?

-Es fácil: intento ser feliz. Mire, yo terminaba la "Etica para Amador" con un consejo de Stendhal, que se refiere al momento en que uno piensa cómo vengarse de quienes lo detestan. Y la respuesta es sencilla: ser feliz. Ser inmensamente feliz.

Por Silvia Pisani
Corresponsal en España

http://www.lanacion.com.ar/04/03/31/dq_588003.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Sapos y sapitos

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 30-03-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

Luis Barrionuevo se queja de que Cristina Fernández es mandona. Y dice que a él no le vengan a hablar de militancia y trayectoria, porque le sobran, igual que a las compañeras (Chiche y Olga). ¡Luis Barrionuevo! Otra vez en escena merced al Congreso Nacional Justicialista, cuyo pintoresco desarrollo, incluidas las peleas de peluquería según la lectura macho-irónica de Aníbal Fernández (en todo caso no se trata exactamente de La peluquería de Don Mateo, donde las chicas se limitan a repetir el libreto que les escribe Gerardo; nunca se sabrá, en estas parejas peronistas, quién escribe el libreto; ni Chiche ni Olga, y mucho menos Cristina, aparentan ser chicas decorativas), trajo a la luz aquello que tanto trajín de Estado, en los últimos meses, había hecho olvidar. ¿Cuál era la agenda pública en aquellas elecciones en las que Néstor Kirchner entró raspando con el 22 por ciento de los votos? A ver si refrescamos la memoria, tanto que hablamos estos días de la memoria. No vayamos treinta años atrás, ni siquiera treinta meses. Cuando se votó la última vez, ¿a qué se le dijo que no?
Haciendo memoria de lo inmediato, el Congreso Nacional Justicialista nos recordó a los que lo miramos por tevé (al congreso y al peronismo) que Kirchner pertenece ahí. Nos lo recordó visceralmente, porque uno de los grandes logros de este Presidente, mal que les pese a los congresales, es haber gobernado hasta ahora en representación no sólo de los que lo votaron, que fueron bastante pocos, sino además en representación de quienes habían desviado su voto hacia rincones presuntamente más progresistas (lo de presuntamente viene a cuento de que este país es una caja de sorpresas, y el progresismo es una caja de dolores de cabeza, narcisismo irredento y soberbia proverbial). El fuera de micrófono de Cristina Fernández fue antológico: cuando uno de los oradores puso play en esa frase hueca que repiten todos y no significa nada (“Vamos a apoyar a este gobierno, que le está dando respuestas a la gente, etc. etc.”), ella murmuró por lo bajo “a pesar de los peronistas” (lo dijo por lo bajo, pero se escuchó y se replicó durante el fin de semana como chicana en cuanto medio derechoso aspira a una ruptura lo más escandalosa posible entre “setentistas” y “noventistas”).
Y en esto vale la pena quedarse un párrafo. Solamente el agotamiento terminal del discurso noventista, y la percepción de que la opinión pública independiente sigue exhibiendo un grado de tolerancia cero a ese discurso (que no es, desde luego, un mero discurso, sino un corpus de justificaciones ideológicas para prácticas y decisiones políticas concretas, esas mismas prácticas que estallaron el 19 y 20 de diciembre de 2001), hizo que hasta ahora tanto los voceros y personeros de la derecha ultraliberal como los custodios de la caja chica del viejo modelo (entre los cuales abundan congresales peronistas) se callaran la boca e impostaran una actitud respetuosa hacia Kirchner y sus innovaciones. ¿Con qué elementos pueden salir a decir que “hay que honrar la deuda”, como se cansaron de sostener durante décadas? ¿Con qué cara pueden salir a negar que las privatizaciones fueron una obra maestra del despojo?
Sin embargo, no cuesta mucho verlos agazapados y a la espera del momento oportuno para comérselo crudo a este hombre que, pese a lo que siguen declarando obstinadamente algunos exponentes del progresismo prístino y sin mancha, no está siendo funcional a los intereses del poder real, el que no tuvo problemas, a su vez, en comerse crudos a peronistas, radicales y frepasistas desde el ‘83 para acá.
No sé si habrán advertido que la televisión, por ejemplo, en lo que va del año y en lo que a periodismo político se refiere, se ha convertido en una caja de resonancia notable de los contradiscursos de derecha que se están tejiendo. Ni qué hablar de esa radio que propala barbaridades, ahora con el tufo distinguido de ser “opositora”. Este 24, con su impresionante despliegue simbólico, fue un punto de inflexión, acaso una apuesta demasiado alta del Ejecutivo, que les hizo saltar la térmica a algunos sectores peronistas. Dirimiendo cuestiones aledañas al núcleo de la cuestión (¿todo el edificio o parte del edificio?, ¿Museo de la Memoria o museo de la memoria de un sector?, ¿crítica al terrorismo de Estado sin crítica al terrorismo a secas?), algunos tuvieron, por fin, su primera gran polémica y el Gobierno tuvo, al fin, su primera humillación, con la senadora Fernández acusada de traidora a voz en cuello por unos cuantos que asimilan la lealtad con el encubrimiento.
Releo y me explico: digo “dirimiendo cuestiones aledañas al núcleo de la cuestión” no porque no sea legítimo y hasta necesario desglosar el paquete del 24 y analizarlo en todas sus facetas, sino porque el gran núcleo de este 24, se me ocurre, es inaugurar una sociedad con un consenso básico, de derecha, de izquierda, de centro y de costado: el Estado no puede salirse de la ley. Es eso. Básicamente es eso. Es corto, claro y necesario, y sin embargo, treinta años después, a muchos les suena mal. Le buscan la quinta pata al gato porque un gato con cinco patas es anormal, y les conviene que todo esto que está pasando sea anormal, y buscan sacar provecho de la presunta anormalidad para devolvernos a la lógica de aquel país que explotó un día de diciembre.
Qué país éste. Uno no puede relajarse. Y tampoco puede, ya, hacerse el tarado. Véanlo a Barrionuevo en acción, defendiendo la pura cepa peronista. El que quiera comer sapos, puede alegrarse: estamos en temporada alta de sapos de todas las especies.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-33434-2004-03-30.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"El derecho de familia no nos protege a todos por igual"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 28-03-2004 00:00:00

NELLY MINYERSKY, ABOGADA

El avance democratizador de la legislación hace que hoy no se tolere igual que antes el abuso en las relaciones familiares y sociales. Por eso los conflictos son más visibles. Pero aún hay muchas situaciones desamparadas.

Mabel Thwaites Rey
mthwaites@clarin.com

Suele pensarse que en las épocas de crisis aumentan los conflictos familiares que llegan a la Justicia. ¿Es así?

—No necesariamente todos los problemas llegan a la Justicia, por la dificultad de su acceso, por no conocer los derechos, etc.. Pero es obvio que las situaciones de crisis afectan a los individuos. Y si el individuo sufre —por problemas de dinero, salud, trabajo, maltrato o agotamiento laboral—, lógicamente esto también afecta a sus relaciones de familia. Pero ¿cómo? ¿En el sentido de una crisis de la familia tradicional? Creo que en esta época lo que hay es una mayor visibilidad de los problemas familiares. Pero hay que aclarar de qué familia estamos hablando: ¿de la nuclear, la ampliada, la monoparental?

# ¿El concepto de familia es en sí mismo problemático?

—Más que problemático, yo diría que no es unívoco. Hay familias desde el punto de vista sociológico, que devienen de la unión de hecho y que conforman una realidad cada vez más amplia, que desde el punto de vista legal prácticamente no son reconocidas. Dos personas —incluso del mismo sexo— pueden convivir muchos años, y cuando la pareja se disuelve, por muerte o separación, la ley no reconoce ese lazo, en términos patrimoniales o alimentarios. Y esto perjudica en especial a las mujeres.

# ¿Por qué el derecho no se hace cargo de estas realidades?

—Muchos creen que, como existe el divorcio vincular, no es necesario proteger las uniones de hecho, porque tendrían la opción de "regularizarse". O porque no se quiere reconocer la unión homosexual. Pero la cuestión es más compleja y afecta, sobre todo, a los sectores sociales más postergados. Aunque se tengan hijos y se viva sobre la base de los mismos fundamentos que en el matrimonio —fidelidad, solidaridad, convivencia—, esa situación no tiene ningún efecto legal, salvo los previsionales o los limitados derivados de la ley de Unión Civil porteña.

# ¿Entonces hay desprotección para algunas familias?

—El derecho de familia no nos protege a todos por igual. Creo que debería amparar a todo tipo de familia y no sólo a aquellas que devienen del matrimonio y pueden acceder a los tribunales. Y en esto tiene mucho que ver el papel que el Estado debe asumir para apoyar y fortalecer los vínculos familiares, comenzando por proteger el derecho al trabajo y a alimentarse. En síntesis, a una vida digna para poder cumplir las obligaciones parentales. Hoy los jueces tienen el deber de interpretar la legislación específica a la luz de las convenciones de derechos humanos que están incorporadas a la Constitución Nacional, y que contienen disposiciones aplicables a las relaciones de familia. Estas normas implican una concepción nueva de las relaciones filiales y conyugales, mucho más democrática.

# El avance democratizador de esta legislación, ¿se advierte en las prácticas sociales concretas?

—En la práctica diaria todos sabemos que ni las leyes ni las normas constitucionales son suficientes por sí solas para modificar las conductas, pero son instrumentos valiosos. Lo que falta es un mayor conocimiento de los derechos para que sean ejercidos plenamente, y la asunción por parte del Estado de políticas públicas al servicio de la gente. Creo que una de las formas mejores de hacer prevención para un mejor vivir de las familias es el conocimiento de los derechos, porque ese saber nutre y mejora cualquier conducta. Pero, a pesar de los avances, todavía resta un largo camino para superar el machismo y para considerar las cuestiones de género como una preocupación de toda la sociedad.

# Al respecto, ¿se nota algún cambio en las conductas ligadas a la violencia familiar, el abuso sexual o la violación?

—No creo que hoy se estén dando más que antes. Lo que pasa es que tienen más visibilidad, son menos toleradas socialmente. Y este es un dato importante, porque es el primer paso para combatir comportamientos que involucran ámbitos íntimos, privados. Sucede que al ir democratizándose la sociedad, la gente se siente más capacitada para luchar por sus derechos, no sólo para votar. Los integrantes de la familia ya no toleran como antes abusos autoritarios y denuncian mucho más.

# ¿La Justicia argentina está preparada para tratar los conflictos familiares?

—En general, no. Inclusive en la provincia de Buenos Aires, hay Tribunales de Familia colapsados. Hay que mejorar el acceso a la Justicia, la mediación, y en especial acelerar y adecuar los tiempos procesales a las necesidades vitales de las personas involucradas, en especial a la de los niños en plena etapa evolutiva. Los juzgados no cuentan con un gran equipo interdisciplinario. Tienen asistentes sociales, que son una gran ayuda, pero no disponen de psicólogos o pediatras para asistirlos adecuadamente. Debería reforzarse la interdisciplina, coordinando más y mejor con los servicios hospitalarios que dan asistencia médica y psicológica, pero que suelen estar desbordados por la demanda.

# La fe que se deposita a menudo en la justicia de familia para solucionar problemas se transforma muchas veces en desilusión. ¿Cómo se explica esto?

—Sucede que muchos de los conflictos que se plantean, ligados al divorcio, tenencia de hijos, alimentos, exceden los aspectos legales, porque involucran afectos o suponen perturbaciones psicológicas, que no son "judiciables". El amor, por ejemplo, no lo puede imponer un juez. Sí puede obligar a cumplir con los deberes derivados de la relación personal que se entabló al casarse o al engendrar un hijo no deseado.

# Con la crisis ¿aumentaron los divorcios, los reclamos por alimentos o por tenencia de hijos?

—Según las estadísticas, no especialmente. Los divorcios de común acuerdo siguen en los valores medios y no crecieron los conflictivos. Lo que sí puedo observar es una judicialización de cuestiones que más que jurídicas son económicas y sociales, y deberían ser tratadas en ámbitos administrativos, más rápidos y sencillos. Para un funcionario a veces es más fácil judicializar una situación, por ejemplo, el supuesto abandono de un niño, que dar una apoyatura integral a la familia. Además, hay una desconfianza muy arraigada en la administración pública, que hace que recaiga más trabajo sobre los tribunales. Deberían pensarse formas más simples para ciertos trámites de familia, para hacerlos más rápidos. En el caso de los alimentos, por ejemplo, las necesidades no pueden esperar.

# ¿Y no hay más demandas?

—Es complejo. Por un lado, la desocupación afecta a muchos hombres que no pueden cumplir, aunque quieran. Pero también hay mujeres que no quieren pedir lo que les corresponde, porque la situación les resulta humillante. Lo mismo pasa con las mujeres golpeadas. Sucede que las personas que están en situaciones de carencia crean un cierto temor o aprensión. Es el miedo a verse reflejadas en ellas como en un espejo.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/28/z-03515.htm

COPYRIGHT CLARIN, 2004.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

González Bergez: "Todos esperábamos un cambio mejor"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 27-03-2004 03:53:00

El dirigente conservador evalúa a Kirchner

Debido a su férrea convicción democrática y a su honestidad intelectual, Pablo González Bergez es uno de los pocos conservadores respetados por la izquierda. Tal vez el único. Viene de una época de políticos honrados y de un hogar donde la amistad era un culto. Es tío del gobernador bonaerense, Felipe Solá, y guarda como reliquia una carta del senador socialista Mario Bravo con elogios para su padre, el magistrado conservador Pablo González Escarrá. Ambos compartieron un estudio de abogados.

No hace mucho cumplió sus lúcidos noventa años con la misma firmeza de siempre en sus ideas. Iniciado precozmente en la tribuna partidaria ("Me hicieron orador a los 16 años"), fue, muy joven, diputado provincial, en 1942, y convencional constituyente, en 1957. Durante la presidencia de Arturo Illia fue diputado nacional. Pero su actuación pública sería más conocida por los denodados intentos de resucitar el conservadurismo y por una obstinada defensa de la democracia que lo llevó varias veces a la cárcel. Discípulo del gobernador Rodolfo Moreno y admirador del presidente Justo, cultivó una gran amistad con Emilio Hardoy, su principal adversario interno.

Mirando a su país desde el fondo de la historia, González Bergez hace foco en las causas de nuestros males y observa que "el peronismo se ha convertido en una religión, de la cual Perón es el mesías y el primer gran responsable de la decadencia". Dice que Néstor Kirchner "grita porque sufre un tremendo complejo de inferioridad" y sostiene: "Es imprescindible que los intelectuales actúen en política, pues los grandes partidos se hicieron siempre de arriba hacia abajo". Recibió a LA NACION en su modesto departamento de la avenida Santa Fe, dispuesto a una charla amplia.

-¿Qué le restó la desaparición de los conservadores a la política argentina?

-Le restó ideas. Pero todos los partidos han perdido. En tiempos de la República, como decía Federico Pinedo, los partidos eran una cosa seria; tenían sentido, orientación y dirigentes de primera categoría. El último con tales condiciones fue Agustín P. Justo, sin duda el mejor presidente del siglo XX, porque tenía ministros de la talla de Carlos Saavedra Lamas, Leopoldo Melo, Alberto Hueyo, y de la inteligencia de Antonio De Tomaso y Federico Pinedo, que venían del socialismo. Es cierto que Pinedo se convirtió luego en un conservador insoportable, pero era lo mejor que había en el país. Y aunque Justo tenía un trato sumamente antipático, fue un gran administrador y supo gobernar con un gabinete de lujo. Era una época en la que había líneas conservadoras y líneas populares. Rodolfo Moreno, por ejemplo, cuando fue gobernador de Buenos Aires creó el impuesto al latifundio; José Aguirre Cámara, en Córdoba, ideó el impuesto progresivo a la tierra y, antes que ellos, Marcelino Ugarte sostuvo que los impuestos debían ser pagados únicamente por los ricos. Y yo pienso lo mismo.

-Usted fue discípulo de Rodolfo Moreno y sabrá cuándo y cómo empezó a desaparecer el conservadurismo.

-Fui secretario privado de Moreno, quien además de inteligente era muy culto. Hablaba inglés, francés, portugués, alemán y sabía algo de japonés. Estudió idiomas hasta cuando estuvo preso en el Departamento de Policía. Del Partido Conservador, digamos que empieza a diluirse en la provincia de Buenos Aires y que quien le hizo el mayor daño fue Manuel Fresco, porque no sólo era muy fraudulento, sino que además se jactaba de ello. Como administrador, Fresco fue excelente. Creó el Departamento Provincial del Trabajo y realizó muchas obras públicas, pero sentía orgullo por estimular el fraude y encima se confesaba fascista, admirador de Hitler y de Mussolini. Cuando renunció al partido, se hizo peronista, por más que sus descendientes lo nieguen; pero no debe de haberse sentido muy cómodo, porque al poco tiempo se fue a su casa.

-¿Ese baluarte bonaerense se termina de debilitar cuando un sector importante adhiere al peronismo?

-No fue un sector tan importante. Hubo culpas diversas. Es cierto que algunos conservadores se hicieron peronistas, pero de ellos el que más gravitó fue José Emilio Visca, quien se dedicaría a clausurar diarios y radios de la oposición en todo el país. Es claro que esos virajes también ocurrieron en el radicalismo, con Hortensio Quijano, y en el socialismo, con Angel Borlenghi. Hubo de todo. En realidad, fue la Unión Democrática la que terminó de hundir al conservadurismo, porque lo rechazó después de haber admitido a los comunistas y eso creó un gran resentimiento. Muchos conservadores dijeron: "¿Ah, sí? ¡Ahora van a ver!". Y votaron a Perón, por lo que cometieron un error gravísimo, porque con los conservadores la Unión Democrática hubiera triunfado. No debe olvidarse que esa vez la diferencia de sufragios fue muy poca. Tanto los socialistas como los demócratas progresistas querían integrar a los conservadores, pero los radicales los excluyeron y se los echaron masivamente en contra.

-¿Por qué nunca volvió a surgir un partido conservador de aquellas características? ¿No han podido generar una figura capaz de resucitarlo?

-Fuimos Emilio Hardoy y yo quienes tratamos de reflotar aquel partido. Durante el peronismo hubo un sector demócrata, no conservador, que al igual que los demócratas de Córdoba y de Mendoza, decretó la abstención frente a Perón. Hardoy había quedado en el grupo concurrencista y yo, en el abstencionista. Concurrimos a las elecciones de vicepresidente en 1954, pero ya estábamos caídos. Después, Vicente Solano Lima se arrimó a Perón y formó el Partido Conservador Popular. Entonces, Hardoy se refugió en el Partido Conservador y yo, en el Partido Demócrata. En esas condiciones, ambos fuimos diputados en la Convención Reformadora de la Constitución de 1957 y formamos en el mismo bloque. En unas internas nos enfrentamos para elegir candidato a gobernador y le gané a Hardoy por mil votos. Al concretarse las gestiones unificadoras, él me propuso a mí para presidir el nuevo partido. Hardoy era un tipo generoso, muy bien dispuesto. Tiempo después propuso para presidir la Federación de Partidos de Centro a Julio Cueto Rúa, que era adversario suyo. Cuando enfermó y supo que se moría, Hardoy quiso que lo visitara diariamente en el sanatorio. Charlábamos mucho y no me dejaba ir; no me soltaba la mano. Le guardo un gran recuerdo.

-¿Por qué hoy se habla de neoliberalismo? ¿Qué tiene de nuevo?

-Yo soy liberal, no neoliberal. No sé quién inventó eso. Con los reaccionarios, o sea, los liberales corridos a la derecha, no tengo nada que ver. Esos se horrorizaban hasta del presidente Justo, que hizo una intervención estatal bárbara cuando creó las juntas reguladoras, para superar la crisis originada en 1929. Justo aplicó las ideas de Keynes, como lo hizo Franklin Roosevelt en los Estados Unidos; impuso una economía que reactivaba el trabajo y el país salió de la crisis antes que los norteamericanos, quienes sólo lo lograron durante la Segunda Guerra Mundial.

-Usted dijo que la de Justo fue la mejor presidencia, pero ese gobierno está dentro del período conocido como la "década infame"...

-Esa frase la inventó el nacionalista José Luis Torres, de quien hoy no se acuerda nadie.

-Ese período abarca los gobiernos de Uriburu, Justo, Ortiz y Castillo.

-¡Pero Justo era adversario de Uriburu! Discrepaba de su pensamiento porque éste era fascista. Usted sabe que el general Uriburu, junto con Lisandro de la Torre, fue fundador del Partido Demócrata Progresista. Yo he leído cartas de De la Torre a Gustavo Martínez Zuviría, publicadas por un amigo suyo, y en una de ellas le dice, en setiembre de 1930: "El amigo Uriburu se decidió, lo hizo y por fin terminamos con esta vergüenza". De la Torre se sintió entusiasmado en ese momento; claro que nunca se le dio por hacerse fascista. Por el contrario, viró hacia la izquierda. En cambio, el gobierno de Justo persiguió a la izquierda a través del senador Matías Sánchez Sorondo, que insistía con la ley de represión del comunismo. Y como ésta no llegó a aprobarse, fue creada la Sección Especial de la policía, donde se torturaba a los presos políticos y gremiales.

-¿El que empezó con las torturas no fue el hijo de Leopoldo Lugones, que era jefe de policía en la presidencia de Uriburu?

-Sí, pero la Sección Especial la creó el gobierno de Justo. Después la perfeccionó el gobierno de Perón, agregándole la picana eléctrica. Vayamos a la actualidad: el peronismo aparece hoy cada vez más abarcativo y también más confuso; el radicalismo se muestra muy débil y parece desorientado; el resto está disperso.

-¿Cree que los partidos podrán superar esa crisis de identidad?

-El peronismo se ha transformado en una religión cuyo mesías es Perón y donde caben la izquierda, el centro, la derecha, los de arriba y los de abajo. Cuando fui embajador en Canadá, la pregunta más común que me hacían todos era qué le había ocurrido a la Argentina, después de haber estado en un mismo nivel con Canadá y Australia. Yo les respondía que ni Canadá ni Australia lo tuvieron a Perón y entonces no me preguntaban más: entendían todo. Por eso hoy digo que la decadencia argentina tiene sesenta años, porque empieza exactamente en 1944. Después que apareció Perón, nadie pudo levantar cabeza. Los más valiosos se mandaron a mudar a sus casas y no hubo manera de hacerlos volver. En cuanto a la recomposición del resto de los partidos, debería ser una tarea indispensable reconstruirlos y modernizarlos, pero ya parece imposible. Hay una larguísima experiencia que enseña que los muertos no resucitan.

-¿Serán sustituidos por nuevos partidos?

-Probablemente. Yo no tengo tantas diferencias de ideología ni de intereses con muchísimos radicales y socialistas, pero me parece un grave error estar enfrentados en diferentes partidos.

-¿Será que faltan grandes figuras convocantes?

-Sí, faltan esas grandes figuras. Tendrían que aparecer: de eso somos todos conscientes. Pero ocurre que la política se ha convertido en un mundillo tan desvalorizado que a las figuras importantes del pensamiento las horroriza estar en un partido político. No quieren contaminarse. Los intelectuales suponen que la política los va a manchar y se olvidan de que la Argentina tuvo una dirigencia intelectual excelente en la Revolución de Mayo, en la generación del 37, en la Convención Constituyente del 53, en la generación del 80. No hubo un solo intelectual del siglo XIX que no actuara en política. De una forma u otra, todos participaban.

-Pero ¿usted cree que los intelectuales sirven para hacer política? Se requiere rapidez de decisión, astucia para negociar, poder de seducción con la gente, y a los verdaderos intelectuales no les atrae mucho esa actividad.

-Los intelectuales son indispensables para alimentar a los partidos con ideas; después están los punteros de barrio y los caudillos de pueblo, para que, a través de ellos, la gente haga llegar sus reclamos a la dirigencia, pero no puede haber partidos políticos sin intelectuales. Los partidos deben organizarse de arriba para abajo, como ha sido siempre en todas partes.

-Hace cincuenta años apareció un nuevo partido, el Demócrata Cristiano, que traía nuevas ideas y un núcleo importante de intelectuales valiosos, pero también se dispersaron.

-Es cierto; eso ocurre en nuestro país. Los mejores se van a sus casas. Raymond Aron decía que la Argentina fue la promesa más grande del siglo XX y se convirtió en la decepción más impresionante de la era contemporánea.

-Este estado de crisis permanente ha producido una desvalorización muy profunda de la política. ¿Cómo se revierte eso?

-Empecemos por advertir que la democracia no puede funcionar bien sin una buena educación. La educación argentina es pésima. Antes era muy buena; ahora es pésima. El polimodal es una catástrofe; no se aplica en la Capital Federal, pero está en el resto del país. Y la educación es la clave de una sociedad, la base del crecimiento de un país. En la Argentina eso fue posible: el país creció con buenas leyes de educación y llegó a tener grandes gobernantes. Marcelo T. de Alvear decía que su gabinete estaba integrado por ocho presidentes y que él era el secretario general. Eran todos de primera categoría. Ahora, no. De todos los ministros que hay, que son más que antes, al único que se puede tomar en serio es a Lavagna.

-Parece que este gobierno no le gusta mucho...

-Creo que todos esperábamos un cambio mejor. Después de la década de Menem, del derrumbe de De la Rúa y del provisoriato de Duhalde, se pensaba en la vuelta a la razón. Pero, claro: tras sesenta años de decadencia, esperar un cambio súbito era demasiado. Kirchner le ha impreso a su gestión un signo personalísimo, con frecuencia autoritario. El sistema de pelearse con todo el mundo es un disparate. Un gobernante en serio sabe que así no se hace. Se ha peleado con el presidente uruguayo, con el boliviano, con los inversores españoles. Pero después se amiga. Se ha peleado con el Fondo Monetario, al cual le dice a gritos que pagaremos el 25% o nada. Eso es una boludez, porque si hay uno que no cede nada, no se puede negociar.

-¿Y por qué cree que hace eso?

-Porque tiene un fuerte complejo de inferioridad. Era el gobernador de Santa Cruz y, como de pronto lo hicieron presidente, llegó sin haber gravitado en la vida pública nacional. Viene de la generación setentista, cuyos empeños terminaron en una total derrota. No ganó las elecciones y fue aupado desde la minoría por su antecesor, dentro de un partido dividido en tres. Es para sentirse muy poco, para sentir lo que Alfred Adler llamaba "complejo de inferioridad". En su deseo de encubrirlo, usa el poder hasta donde se pueda y con exhibición, para mostrarse a sí mismo que ha vencido el complejo. Empezó ridiculizando el traspaso del bastón presidencial, pasando a retiro sin razón a tres docenas de jefes militares, retando a los empresarios españoles, mojándole la oreja al Fondo Monetario. Decidió a gusto quiénes serían los gobernadores de provincias autónomas; ordenó al canciller no recibir a los disidentes cubanos; humilló al embajador español, etcétera. Hasta que, para negociar la deuda externa, el G-7 le reclamó buena fe y el Papa, responsabilidad. Estas no son nimiedades, porque así se ve al Gobierno desde el exterior, lo que nos produce vergüenza ajena. La experiencia le fue indicando después formas más razonables, aunque todavía no del todo. Toda esa demagogia para conseguir poder, porque sabe que él es un invento de Duhalde, está generando una expectativa que le va a ser difícil satisfacer. Si sigue así, terminará mal. Yo lo he votado para terminar con Menem. Lo voté, pero no me siento para nada orgulloso.

-¿No le adjudica a Kirchner ningún logro?

-Me gustaría hablar de logros, no de carencias, pero no puedo. Vayamos a la realidad, a las cosas que están desatendidas, como ocurre con las instituciones, tan maltratadas. Por ahora, la ideología tiene más acatamiento que la Constitución y las leyes. Por orden presidencial, el Congreso complaciente anuló una ley sin poder constitucional para hacerlo y un juez servicial anuló dos indultos de hace veinte años aclarando, eso sí, que los guerrilleros quedaban amnistiados. ¡A ver si lo juzgan mal! Por otro lado, Kirchner reconoce la actitud extorsiva de los piqueteros que cortan el tránsito y ocupan edificios públicos, pero ordena a la policía no reprimirlos, como si reprimir significara matarlos o herirlos. Esto es una contradicción en el mantenimiento del orden público, que es la primera justificación de todo gobierno. Además, tiene una falta total de visión para encarar las derivaciones de los años setenta, a partir de las atrocidades de las Tres A, del ERP, de Montoneros y de la represión salvaje en nombre del Estado. Ninguno de los bandos era mejor que el otro, pero hay empeño en culpar del horror a uno solo y en ver víctimas solamente de un lado. La solución inteligente estaba en las leyes de amnistía, como hizo España. Allá hubo cien veces más muertos que aquí y sin embargo, con el Pacto de la Moncloa, aquel país atrasado se convirtió en una de las primeras naciones europeas. En cambio, acá, mientras prevalezca la revancha sobre la razón, no habrá futuro.

-¿Por qué es tan difícil en la Argentina lograr un pacto como el de la Moncloa y que se cumpla?

-Es que el Pacto de la Moncloa fue básicamente una enorme amnistía, pero aquí se opone el Congreso de la Nación, que ha declarado la nulidad de las dos leyes de amnistía, las de punto final y de obediencia debida. Anularlas es un disparate que no tiene medida. Las leyes son actos jurídicos, como los contratos o los testamentos, y solamente pueden anularse si hubo una trampa, es decir, si uno de los firmantes no tenía capacidad para actuar o si existió una presión exterior. Pero cuando hubo absoluta libertad de juicio no se pueden anular. Se pueden derogar, porque la derogación es para el futuro, pero ahora resulta que la Corte Suprema se tiene que pronunciar sobre esas leyes cuando ya había declarado que eran constitucionales. Y lo son, porque la Constitución autoriza al Congreso a dictar amnistías generales.

-¿Usted rescata la figura del ministro Lavagna porque la economía está repuntando?

-Ese es el tema más candente. Los sucesivos gobiernos han manejado la economía con insuperable irresponsabilidad, sobre todo en los años noventa, lo que nos ha dejado tres problemas agobiantes: la deuda pública impagable, los altos índices de pobreza y desempleo, y una mayor desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, muy por debajo de la línea de subsistencia. Por eso recuerdo siempre aquella propuesta de Manuel Ugarte, de hacerles pagar impuestos solamente a los ricos. Ahora estamos en el otro extremo: el impuesto que más rinde y menos se cuestiona es el IVA, que grava por igual al más rico y al más pobre. En cuanto a la deuda pública, tras las expresiones petulantes, de una dureza intransigente que no presagia nada bueno, felizmente prevaleció la sensatez, aflojó la demagogia y se afrontó con seriedad el vencimiento del 9 de marzo. Pero ahora quedan los difíciles cumplimientos trimestrales con el Fondo y la negociación con los bonistas...

-¿Usted por dónde empezaría?

-Mire: tanto el problema de la economía como el de la educación y el de las instituciones están vinculados con la corrupción, que nos ha colocado muy abajo en el ranking de Transparency International. Estamos en un tristísimo lugar, pero no hay muestras de que vayamos a mejorar. Es obvio que atacar esos problemas debería ser la prioridad para salir del pozo, no por etapas sino en forma simultánea, porque cada uno depende los otros dos.

-Entre ellos, la educación, que usted considera pésima.

-Es que la Argentina tenía los mejores niveles de educación de América latina, hasta que se impuso el lema "alpargatas, sí; libros, no" y comenzó la decadencia. Hubo luego una recuperación, pero duró poco porque los gobiernos de facto produjeron un gran éxodo entre los profesores de mayor jerarquía universitaria. Así se fue instalando el facilismo, la laxitud de la enseñanza, y ahora resulta que prevalece la consigna de que no debe aplazarse a nadie, porque eso desalienta. Cuando la enseñanza es una calamidad, la democracia es una ilusión. Allí está la raíz de todos los problemas.

Por Hugo Gambini
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/27/dp_586670.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Las hazañas del “Murature”

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 27-03-2004 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Me acuerdo en la década del cuarenta cuando, en el colegio secundario, tres alumnos de nuestra clase se despidieron porque iban a ingresar en la Escuela Naval Militar. Uno de ellos nos dijo que lo hacía porque quería ver el mar, las estrellas, los hielos y navegar, navegar. A fines de 1970 vi los nombres de dos de ellos en los diarios: habían torturado a presos, los habían degradado en las prisiones y luego los habían arrojado al mar.
Eran almas limpias, antes. ¿Qué los había degradado? Evidentemente la educación en los institutos militares. Hoy queda al desnudo otro lugar donde la Marina de Guerra cometió crímenes degradantes. El buque de guerra “Murature”. Allí se maltrató de la peor forma a prisioneros y se violó en la forma más brutal a mujeres acusadas de subversivas. Repito: en un buque de la Marina de Guerra se violó de la forma más brutal a mujeres prisioneras. El juez federal Federico Efraín Faggionatto Márquez ha ordenado al jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante Jorge Omar Godoy, que proceda a enviar el lunes próximo, 29 de marzo, al citado buque al puerto de Campana, para continuar la investigación con un número inusitado de ex prisioneros, mujeres y hombres que padecieron tormentos en manos de oficiales de ese buque. El “Murature” formaba parte de un complejo represivo de centros clandestinos de desaparición forzada, tortura y muerte ubicados en la zona de Zárate-Campana y la comisaría de Escobar, donde actuaba el subcomisario Patti acusado de crímenes aberrantes. La investigación fue comenzada por iniciativa de la Subsecretaría de Derechos Humanos del gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Los jueces de la Cámara Federal de La Plata han reunido un rico material de testimonios de las víctimas del “Murature”. No mencionaremos los nombres por el secreto del sumario, pero el siguiente corresponde a una prisionera que tenía domicilio en Zárate y fue llevada al centro clandestino de esa ciudad: “De allí fui llevada al puerto y en una lancha me suben a un barco, me atan de pies y me hacen de submarino en el río”. Es decir con un guinche la sumergen totalmente en el río hasta el extremo del peligro de que se ahogue, la vuelven a elevar y así en forma repetida. La testigo afirma que el buque era el “Murature” anclado cercano al puerto. Luego del submarino la atan nuevamente y la llevan a un campo de concentración donde es estaqueada. Los torturadores se llamaban “oficial” o “cabo” entre ellos, pero la testigo agrega: “Podían ser oficiales... pero no cabos”.
Otro testigo, también domiciliado en Zárate, señala: “Al llegar al centro clandestino fuimos cargados en una lancha y llevados a un barco que estaba anclado entre la ciudad de Zárate y la de Campana. En ese buque había gran cantidad de gente en la misma situación que yo. Ahí comenzaron las indagaciones, por supuesto con golpes y torturas... me hacía pensar que estaba en una situación muy difícil de la cual no creía salir. Interrogaban a la gente aunque escuchara todo el mundo. Además, estábamos vendados pero yo escuchaba las declaraciones de otras personas y las otras escuchaban las mías en una confusión de gritos y llantos y golpes y parecía una película de Fellini. En ese barco estuvimos unos cuatro o cinco días”.
En la sentina del barco, con prisioneros, dejaban entrar agua hasta el cuello de los torturados. “Previamente nos habían dicho que íbamos a morir todos de esa manera”, agrega el ex prisionero.
El informe agrega acerca de otro prisionero: “Luego es trasladado hacia lo que cree es un barco por el movimiento y los ruidos. Que en todos los lugares es torturado. Desde allí son trasladados a otro lugar que no sabe si es la comisaría de Moreno o Puente Doce. Que en el lugar que estuvo en Moreno o lo que cree que es Moreno había calabozos y procede a confeccionar un plano tentativo de ese lugar. Que luego de Campana lo llevan al barco donde es torturado nuevamente, lo ponen en el suelo como en una cubierta y así tirado le empiezan a pasar picana. Lo trasladan en un camión amontonados, llovía”.
Los testimonios coinciden en los detalles y siempre mencionan el “Murature”. La humillación absoluta del preso, más si es mujer. Los guardianes se sienten absolutamente libres de llevar a cabo todo lo inimaginable en cuanto sembrar el terror. Piedra libre. El hombre dueño del hombre, su verdugo. La picana, el palo, la trompada, la patada. Sentirse Dios en ese momento, dueño y señor.
La figura ahora es completa: la Justicia ordena a los señores de la guerra a venir con su buque al lugar de la infamia. El buque negro de la infamia va a navegar hacia el lugar de los gritos y la iniquidad. A la piedra libre del espanto. Massera. Astiz, Cavallo, como primera fila, y luego todos los demás, aunque viajen en la fragata “Libertad”. Todos los buques de la Armada tendrían que llevar adosado el nombre Murature, o Massera.
El “Murature” navegará siempre cubierto por una nube negra. Y las gaviotas gritarán como las mujeres violadas y los hombres al recibir la patada de ingreso en los testículos. ¡Cuántas batallas ganadas, almirante! ¡Cuántos combates de victoria, señor capitán de fragata!
Ya, en estas horas, debe estar por zarpar el “Murature” hacia Zárate-Campana. ¿Cómo llegará? Con la lista oficial de los nombres de su plana mayor, oficiales y suboficiales que actuaron en los años de la ignominia y que ninguno de ellos fue capaz de decir: basta, ¡esto es infame, yo no lo hago!
En sus costados de acero deben pintarse los nombres de los desaparecidos, los torturados, las mujeres humilladas. Debe programarse una gira del “Murature” por todos lo puertos argentinos, de mar y de río, para que leamos esos nombres argentinos pisoteados por la máxima cobardía y la máxima deslealtad. Los sacerdotes no tienen que ir a rezar el rosario en su cubierta sino por cada cuenta del rosario decir un nombre de los que desaparecieron, de los jóvenes a los que les hicieron el submarino: de los pies atados con la cabeza en el agua: uno, dos, tres, cuatro, cinco minutos. Los ojos ya se saltan, los rostros hinchados de horror, la sangre que quiere romper las arterias. Y la carcajada de a bordo, los valientes de gorra y galones. Los libros de historia tienen que traer todas las victorias obtenidas por los héroes uniformados del “Murature”.
Si la Justicia no actúa, nuestros próximos acorazados y cruceros deberán bautizarse con los nombres de “Massera”, “Murature”, “Astiz”, “Obediencia debida”, “La casa está en orden”, “Felices Pascuas”. Un vocabulario argentino contrapuesto. No argentino.
Pero el documento del juez Faggionato Márquez: la Justicia de la tierra, el análisis de los gritos desesperados de los torturados, el rostro de los desaparecidos, el dolor agudo y permanente de las madres de los jóvenes supliciados. Contra la mano levantada de los diputados de la obediencia, y las dos manos levantadas del senador Fernando de la Rúa. Y los gobernadores que no fueron a la ESMA pero que se callaron la boca y no oyeron cuando el sultán de manos sucias firmó el indulto para los supremos asesinos. O cuando el gobernador De la Sota dirigió el índice maloliente contra los padres de los desaparecidos. Mejor límpiese el dedo, señor gobernador, límpiese el dedo.
Sí, el “Murature” deberá ser anclado el lunes a la entrada del puerto de Zárate-Campana, y todos los barcos que pasen harán funcionar sus sirenas por los desaparecidos cuyos nombres estarán en su casco por encima de las aguas y sus cubiertas. Y en la timonera el nombre del juez.
Cuando el buque de guerra “Murature” comience mañana su viaje negro hacia Zárate-Campana no estará acompañado ni por gaviotas ni por lasestrellas ni será mirado sonriente por la luna. Irán cuervos tristes en su arbolado. Que graznarán: aquí viajan la ignominia y la impiedad.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-33332-2004-03-27.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Las democracias vencerán al terrorismo

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 24-03-2004 03:30:55

Anthony Giddens, el gurú de Tony Blair

LONDRES.- Anthony Giddens, probablemente el sociólogo más leído de su generación, arquitecto intelectual de la "tercera vía"y "gurú" del primer ministro Tony Blair, atiende en la puerta de su casa de Chalcot Square, en el norte de Londres, con una impecable camisa recién planchada, blanquísimas zapatillas de tenis (deporte que practica con su entrenador personal) y una sonrisa muy formal. Tanto, que parece su propia foto.

Su casa, en un segundo piso, es como todas las que rodean la pequeña plaza con bancos de madera y juegos para niños: de estilo georgiano, con dos plantas, ventanas alargadas que absorben los escasos rayos de sol, y una puerta flanqueada por pilares. Pero el barrio de Giddens tiene un toque especial: cada casa está pintada de un estridente amarillo, azul, rojo, incluso verde y, pese a la distancia abismal, uno no puede dejar de pensar en Caminito. Para la suya, Giddens eligió un discreto color pastel, y dice que es sólo una coincidencia que en la puerta de al lado haya vivido la poetisa norteamericana de trágico fin Sylvia Plath, que Gwyneth Paltrow acaba de interpretar en el cine.

"Compré esta casa hace 18 años y no por Sylvia Plath, cuya obra está sobrevaluada", dice Giddens. Ofrece té e insiste en que lo llamen Tony con la misma naturalidad con la que escribió -en birome y a las apuradas- "Giddens" sobre el botón del maltrecho portero eléctrico de su casa.

La intención de la entrevista es revisar el prolífico pensamiento de este sociólogo enamorado de la globalización, impulsor de la renovación de la izquierda y del laborismo inglés y creador de la teoría de la estructuración, que intenta terminar con la vieja puja entre la micro y la macrosociología. La idea, también, es hablar de su propia vida, que es fascinante: nacido en 1938, fue el primer miembro de su familia que fue a la universidad (de Hull). Fue profesor en la exclusiva Universidad de Cambridge y dicen que dejó el cargo tras esperar durante casi dos décadas una promoción que nunca llegó, por sus orígenes humildes. Entró en Londres por la puerta grande: ayudó a Blair a diseñar el Nuevo Laborismo, que lo catapultó al poder, con la premisa de que la globalización no es un monstruo al que temer, sino que de ella se puede sacar provecho. Su amistad con el primer ministro británico, cuya popularidad está en picada tras la guerra contra Irak, sigue intacta, y todavía es invitado a reuniones en el número 10 de Downing Street.

Hasta 2003, Giddens dirigió la época más dorada de la London School of Economics (LSE). Su libro "La tercera vía", en el que ofrece una alternativa a la izquierda y derecha tradicionales, vendió más de 30.000 copias desde su publicación, en 1998. Esa obra ya fue traducida a 25 idiomas. En 2002, España lo condecoró con el Premio Príncipe de Asturias en las Ciencias Sociales.

-¿Todavía mantiene una visión tan positiva de la globalización, a la que definió en su libro "Un mundo desbocado" como liberadora de mujeres, difusora de la democracia y creadora de nueva riqueza?

-Las simplificaciones sobre la globalización conducen a conclusiones erróneas. Quizás usted esté pensando que la principal fuerza impulsora de la globalización es la expansión mercado, y no es así. Es la comunicación, más específicamente la comunicación electrónica, que se ha venido desarrollando desde el "casamiento" entre el satélite y la tecnología de la información de los años 70. Este "casamiento" permitió la comunicación instantánea entre lugares y culturas remotas. Decir si esto es bueno o malo es complicado, ya que los avances en la comunicación han tenido consecuencias mezcladas. Han permitido, por un lado, que los niños reciban educación por medio de Internet, pero al mismo tiempo facilitan también la comunicación de grupos terroristas. Si se refiere a la globalización económica, nunca creí en una economía globalizada dirigida, simplemente, por las fuerzas del mercado. Siempre creí que las fuerzas del mercado deben ser dirigidas de cierto modo por el Estado y por las instituciones para conducirlas al desarrollo y proteger a los países. Los Estados nacionales aún son importantes. En la globalización, las naciones tienen que repensar sus identidades, ahora que las viejas formas de geopolítica se están volviendo obsoletas. También creo que hay muchos aspectos positivos de la globalización. Como consecuencia de la globalización, las grandes guerras tradicionales, que enfrentaban a una nación con otra, son mucho menos frecuentes que en el pasado. La globalización, que favorece el desarrollo económico de los países pobres, permite liberar a las mujeres dominadas por sus familias, por medio de la educación y del mercado laboral.

-Su visión de la globalización sigue siendo optimista...

-Sí, pero hay que tener en cuenta qué aspectos se están analizando. Por eso, hablar en general de movimientos "antiglobalización", de "antiglobalistas", etcétera, es comenzar una discusión sin sentido.

-Entre las consecuencias positivas de la globalización acaba de nombrar el hecho de que ya no hay guerras entre naciones. También ha dicho que Gran Bretaña, Francia, Brasil, por caso, "ya no tienen enemigos".

-Sí, me refiero a que no tienen enemigos como naciones basadas en un territorio. Las naciones deben enfrentar hoy más riesgos y peligros que enemigos tradicionales.

-Sin embargo, me parece demasiado decir que Gran Bretaña ya no tiene enemigos nacionales. Ni hablar de España, con los últimos atentados en Madrid.

-No, no los tienen, al menos en el sentido en el que lo eran antes. Un enemigo tradicional de Gran Bretaña ha sido Francia, y ya no lo es más. Luego lo fue Alemania, y ahora tienen una estrecha relación. Por supuesto que aún hay amenazas en el nivel mundial, la más obvia de las cuales es el terrorismo global. Por eso es muy poco probable que los ataques de Madrid hayan venido de ETA, porque el nuevo terrorismo, global, es básicamente geopolítico. En cambio, el viejo terrorismo, como el de ETA, está ligado a naciones locales y tiene objetivos nacionales, como alcanzar la autonomía en el País Vasco. En muchos aspectos, Al-Qaeda es como una ONG maligna. Tiene ramas relativamente autónomas en diferentes países, con una estructura de comando jerárquico flexible. Se mantienen juntas por su sentido de una misión compartida. Al-Qaeda utiliza todo tipo de tecnologías modernas y, como una ONG global, depende de los sistemas de comunicación modernos.

-Parece dar por sentado que los ataques de Madrid fueron perpetrados por Al-Qaeda....

-Bueno, todavía no podemos decirlo, pero lo que sí parece es que los ataques fueron realizados por un grupo islámico, de un tipo o de otro. Lo que no creo es que alguien todavía pueda pensar que fue ETA.

-Hay quienes hablan de una combinación de ETA y Al-Qaeda, ya que los explosivos utilizados habrían sido fabricados en el País Vasco. ¿Puede tratarse de una combinación del viejo terrorismo, con fines nacionales, y el nuevo terrorismo global?

-Podría ser, pero eso significaría el fin para ETA, porque generaría una fortísima revulsión de la gente contra ella.

-Además de generar terror, ¿cuál cree que podría ser el propósito de Al-Qaeda con esos ataques?

-Posiblemente lo que quieren es lo que, en cierta manera, han conseguido: desintegrar la coalición en Irak, apartar a los españoles de los norteamericanos, influir en los resultados de las elecciones en España. Hay un amplio rango de posibles motivaciones. Lo único claro es que las consecuencias han sido terribles: han influido en los resultados de las elecciones en España y ahora el nuevo gobierno español está pensando en retirar sus tropas de Irak en junio y romper así la coalición con los Estados Unidos y con Gran Bretaña.

-¿No le cuesta seguir creyéndole a Blair cuando afirma que los ataques en Madrid no tienen nada que ver con el apoyo español a la guerra en Irak?

-Creo que todavía no lo podemos saber...

-La explicación del primer ministro británico parece, cuanto menos, naíf...

-La respuesta a esa pregunta depende de lo que surja cuando se interrogue a la gente que está realmente involucrada en los hechos. Soy ambivalente con respecto al resultado de la acción de Blair en la guerra, pero mi sensación no es demasiado distante de la del gobierno británico: creo que una gran cantidad de gobiernos europeos subestimaron la importancia del nuevo terrorismo y pensaron que estaba fuera de casa. Dijeron: "Dejemos a los norteamericanos que se arreglen con eso", y, bueno, se comprobó que estaban equivocados. No me convence la idea de que los ataques de Madrid sean una reacción por la guerra en Irak, y creo que muchos olvidan que los ataques del 11 de septiembre de 2001 ocurrieron antes de la guerra.

-Dice que se siente ambivalente hacia la política de Blair en lo que respecta a la guerra contra Irak...

-Sí, en lo que respecta al resultado final de lo que se hizo, sí, pero eso no es tanto culpa de Blair, es principalmente por Bush.

-Pero Blair apoya a Bush...

-Sí, pero fue en un momento crucial, y de todas formas, sin el apoyo de Blair, Bush igualmente hubiera seguido adelante. Pero, en conjunto, creo que la situación que se creó no era la que Tony Blair quería.

-Cuando venía a su casa, en subte, pude sentir el miedo de la gente ante los constantes mensajes por parlantes en los vagones, pidiendo a los pasajeros que estén atentos a la existencia de bolsos con posibles explosivos. Hay carteles con la pregunta "¿De quién es esa valija?" firmados por Scotland Yard. Realmente cuesta no relacionar este miedo con la decisión del Reino Unido de atacar Irak.

-Claro que hay una conexión general. Pero no es solamente una cuestión de lo que pasó en España, sino que es una cuestión más amplia, para Europa. ¿Quiere Europa sacarse de encima los problemas globales? ¿Qué es lo que quiere hacer la Unión Europea frente al nuevo terrorismo? Yo todavía no tengo la respuesta para esa pregunta.

-¿Cree que Saddam Hussein era tan peligroso para el orden mundial como se lo presentó?

-Bueno, yo no apoyo para nada a Bush, pero tampoco creo que haya mentido en ese asunto. Cada país cree en sus servicios de inteligencia, y éstos dijeron que, si bien quizá no había armas de destrucción masiva en el momento, sí las hubo en el pasado y había planes para desarrollar más en el futuro. Por eso creo que incluso si no había armas de destrucción masiva en Irak, Saddam era intrínsecamente una amenaza global.

-¿Cómo cree que afecta la decisión de Rodríguez Zapatero de retirar las tropas de Irak la relación entre España y el Reino Unido?

-Creo que Zapatero va a lamentar, con el tiempo, sus anuncios iniciales. Todos queremos que triunfe la paz, y desintegrar de esa manera la coalición en Irak ciertamente no va a ayudar a la paz y a la democratización de Irak. Realmente, desearía que Zapatero no retirara las tropas españolas, y creo que dentro de unos meses este distanciamiento inicial con Blair se va a superar.

-¿Es el fundamentalismo resultado de la globalización?

-Bueno, la globalización tiene mucho que ver con el desarrollo de los medios de comunicación, y los medios de comunicación permiten a la gente que se informe y que conozca nuevas ideas, lo que provoca un cambio cultural muchas veces en contraposición con las tradiciones de sus países. El fanatismo consiste en tratar de impedir eso por medio de la ofensiva, quitando del camino al que piensa diferente.

-Usted distingue el "riesgo manufacturado", producto de la ciencia y de la tecnología, de los "riesgos externos", como los huracanes, los terremotos. ¿Es el nuevo terrorismo un "riesgo manufacturado" de la globalización?

-Sí, ciertamente lo es. El riesgo manufacturado es el creado por los seres humanos. Con él no podemos calcular el verdadero peligro, porque no tenemos abundante experiencia directa de él hasta que es demasiado tarde. Así, sabemos que el calentamiento global puede ser peligroso, pero no podemos calcular exactamente el riesgo. Ni siquiera estamos todos de acuerdo en lo que significa "calentamiento global". Muchos dicen que hay que evitarlo, pero realmente no podemos medir el riesgo, no lo conocemos. Lo mismo con la tecnología genética, los productos agrícolas genéticamente modificados y, claro, con el terrorismo global, que es nuevo y sobre el que no tenemos mucha información. Con Al-Qaeda, no se puede saber cuál es el riesgo verdadero.

-¿Cómo ve el futuro ante la amenaza permanente del nuevo terrorismo?

-Veo que la única posibilidad es confrontarlo, y que no alcanza con la negociación o con los servicios de inteligencia. En algunas ocasiones sólo se puede usar la fuerza contra el terrorismo global, e incluso en ciertas ocasiones ese uso de la fuerza debería ser, probablemente, preventivo. Los terroristas no aceptan conciliaciones. Todos estamos en el frente de batalla, también los países latinoamericanos. Ustedes también, en la Argentina, han tenido sus propias experiencias de terrorismo. Al-Qaeda es una red global que opera globalmente. No quiero pintar un panorama negro. Creo que los países democráticos superarán el terrorismo. Y claro, creo que es deseable la democratización de Medio Oriente.

-Ya que habla de la Argentina, me gustaría saber su opinión sobre el desempeño de Kirchner. ¿Cree que ha renovado, en cierta forma, la izquierda, entendiendo esta renovación como usted la define en la tercera vía?

-Sí, ciertamente. Para mí, se trata de preservar ciertos valores de la izquierda, como la solidaridad, la equidad, la protección del medio ambiente, el pluralismo, el papel del Estado, pero redefiniendo el Estado de acuerdo con las nuevas necesidades. Hay cosas de la vieja izquierda que ya no son adecuadas en un contexto globalizado, por lo que hay que cambiarlas, pero aún creo que el Estado puede hacer mucho, por ejemplo, para ayudar a los pobres.

-¿Le parece que la postura dura de Kirchner ante el FMI es positiva o profundiza el aislamiento de la Argentina en un contexto tan globalizado?

-En general, considero que hizo lo que había que hacer. El resultado final de la negociación fue positivo, tanto para la Argentina como para el Fondo. Pero hay que recordar que la Argentina aún está en crisis y que hay algunas luchas que deberá afrontar, como las reformas largamente exigidas por la comunidad internacional. Aún hay mucha corrupción, pese a que Kirchner está intentando eliminarla. Y existen, sí, cosas que admiro del presidente Kirchner, como su decisión de mirar al pasado en busca de culpables. Creo que eso es positivo.

Por Gabriela Litre
Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/24/dq_585306.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

24 de marzo de 2004

Archivado en Documentos 24 de marzo • Fecha: 24-03-2004 00:00:00

30.000 Compañeros Detenidos-Desaparecidos Presentes!
Cárcel a los genocidas de ayer y de hoy
Restitución de la identidad a los 500 jóvenes apropiados
Nulidad de los indultos a los genocidas
Amnistía o desprocesamiento a los luchadores populares
No al pago de la deuda - No al acuerdo con el FMI - No al ALCA

24 de marzo de 2004
Estamos hoy reunidos en esta histórica plaza del pueblo para repudiar una vez más el siniestro golpe de Estado de 1976, que instaló la dictadura más sangrienta que conoce nuestra historia.
Nos encontramos aquí varias generaciones para reafirmar la memoria del genocidio; para transmitir nuestra verdad; para mantener vivo el recuerdo de nuestros 30.000 detenidos desaparecidos, el dolor de tantos compatriotas asesinados, encarcelados, torturados, perseguidos y condenados al exilio; para exigir el castigo de los responsables y ejecutores del genocidio; y para seguir luchando por ideales por los que dieron su vida nuestros compañeros: una Argentina sin opresión ni explotación, una patria liberada.
Este año estamos aquí con un triunfo: hemos logrado con nuestra lucha inclaudicable por justicia, la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la declaración de imprescriptibilidad de los crímenes de la dictadura. Conseguiremos, en un camino de unidad sin concesiones, la anulación de los indultos (sobre los que ya hay fallos judiciales que sientan precedentes), y la cárcel efectiva a los represores.
La decisión de desalojar a la Armada de la Esma, uno de los símbolos del terror dictatorial, es una reivindicación de la memoria de lucha de nuestro pueblo y constituye un hecho valioso para todos los hombres y mujeres que queremos justicia.
Consideramos de vital importancia que esta decisión se multiplique a los mas de 365 centros clandestinos de detención que funcionaron en el país.
Las pretendidas autocríticas de integrantes de las Fuerzas Armadas son hipócritas, y en su lugar exigimos información pormenorizada sobre el destino de todos y cada uno de los 30.000 detenidos desaparecidos.
No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos!!!
Exigimos que el estado asuma políticas activas que tiendan a determinar la verdadera identidad de los casi 500 jóvenes que aun permanecen en calidad de desaparecidos. Es uno de los efectos más perversos del genocidio que perdura hasta hoy permitiendo que los jóvenes estén presos, peor aun sin saberlo, por que mientras haya una identidad cambiada, se pone en dudad la identidad de un pueblo.
Es por ello que exigimos que la justicia no prolongue la situación del secuestro, ordenando y garantizando la realización de los exámenes de ADN.
Un punto de inflexión en la lucha popular fue el Argentinazo del 19 y 20 de diciembre del 2001, cuando el pueblo se volcó a la calle porque no estaba dispuesto a soportar otro estado de sitio; ni estaba dispuesto a seguir en el mismo estado de opresión.
Esta gesta popular mostró que este pueblo tiene memoria, y que, a pesar de las tergiversaciones, ideólogos y campañas, ha hecho su balance de lo que fue la dictadura.
El golpe militar del 76 tuvo como objetivo imponer un proyecto de país, y, para lograrlo, recurrió al genocidio con el fin de destruir las organizaciones populares, exterminando a los luchadores y sometiendo por el terror a todos los argentinos.
Las clases dominantes siguieron imponiendo sus políticas durante los gobiernos constitucionales posteriores. El genocidio del terrorismo de Estado se continuó con el genocidio económico. Durante estos años, el imperialismo, los terratenientes y los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros han dictado las políticas económico-sociales aplicadas en nuestro país, que profundizan la crisis estructural de la Argentina y agigantan la desigualdad entre los pocos que acumulan enormes riquezas y los millones que no alcanzan siquiera a percibir un ingreso mínimo que les garantice la subsistencia.
En estos años vimos surgir una dolorosa Argentina: la de la entrega de nuestras empresas estratégicas de agua, energía, petróleo, línea de bandera, ferrocarriles, gas, la de los cierres de fábricas; la de los pequeños y medianos productores del campo fundidos y los viejos y nuevos terratenientes, nacionales y extranjeros, agigantados; la de los hambreados; la de los millones de desocupados y los obreros con salarios por debajo del nivel de pobreza y flexibilizados. La Argentina de la salud y la educación colapsadas. La de la corrupción por arriba y la mendicidad por abajo. La Argentina de la impunidad, donde los sucesivos gobiernos ampararon a las fuerzas armadas, a las policías y los civiles responsables y ejecutores de los crímenes de la dictadura. Impunidad que engendró nuevas impunidades: la de los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel y la explosión de Rió Tercero, con participación directa del aparato del estado; la de los crímenes del gatillo fácil; la de los represores y asesinos de manifestantes y luchadores populares. Y vimos nacer también la Argentina de la “inseguridad”, en la que las fuerzas “legales”, de “seguridad”, y la vieja “mano de obra desocupada” aparecen cada vez más involucradas en la mayor parte de los llamados “ilícitos”.

¿Cuál es la situación actual?
En la Argentina conmovida por el argentinazo, el gobierno de Kirchner tomó las siguientes medidas: pasó a retiro a 39 integrantes de la cúpula de las fuerzas armadas, derogó el decreto que impedía la extradición de militares, propició el juicio político a integrantes de la Corte Suprema de Justicia y finalmente -movilización popular mediante- suspendió el operativo conjunto con los yankis Águila III. También avaló la anulación de las leyes de impunidad y decidió el desalojo de la armada de la ESMA.
No se sancionó la amnistía o desprocesamiento de los luchadores populares, que resolvería la situación de más de 10.000 compañeros; continúan las persecuciones y se siguen sumando nuevas causas contra los que luchan. Paralelamente, se ha desatado una campaña de desprestigio y persecución al movimiento piquetero, ocultando que el drama de la desocupación, origen de la mayoría de sus reclamos, no ha sido resuelto, sino que por el contrario, se profundiza día a día.
La lucha de los piqueteros, nacida en Cutral Co, se extendió de Jujuy a Tierra del Fuego y hoy podemos decir que piqueteros somos todos y que esta manifestación es un gran piquete popular.
Por otra parte, la brutal represión y los asesinatos del 19 y 20 de diciembre, así como la masacre del puente Pueyrredón, que culminó con el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, siguen impunes. En este período se sucedieron los asesinatos de Cristian Ibáñez y Marcelo Cuellar en Jujuy, se reprimió duramente numerosas puebladas, y se colocó una bomba durante una manifestación popular en Plaza de Mayo, hecho inédito en las últimas décadas. Estos crímenes tampoco han sido esclarecidos ni castigados.
Todos los que hoy estamos en esta Plaza tenemos claro que nuestra lucha para terminar con la impunidad de los genocidas de la dictadura- que seguiremos sin claudicaciones hasta ver a todos y cada uno detrás de las rejas- no se agota allí. Sabemos que esa lucha incluye, como bien lo expresa la primera consigna con la que convocamos a este acto, terminar con la impunidad de los genocidas de hoy: los que matan de hambre, de miseria, de frío, de desocupación.
Y tenemos muy presente que este gobierno volvió a firmar un acuerdo con el Fondo, por el que ha comprometido el pago del 3% del superávit fiscal primario a los usureros internacionales. Este acuerdo acentúa la dependencia y el genocidio económico. Además el nuevo acuerdo firmado estos días acumularía pagos todavía más onerosos, al reconocer mayores beneficios a los acreedores privados.
Con este acuerdo, Kirchner convalidó una deuda ilegítima, fraudulenta e inmoral y la está pagando. Pagarle al Fondo, es y será sobre el hambre y la miseria del pueblo. El hambre es una realidad que persiste; la infancia desnutrida y las secuelas de esa desnutrición, más allá de las muertes actuales, se verán recién con amplitud en la próxima década.
El Presupuesto para este año en salud y educación no variará las condiciones de colapso que sufren hospitales, salas y dispensarios; tampoco los graves problemas de la escuela y las universidades públicas. El drama de la desocupación y los salarios por debajo del índice de pobreza, y hasta de la línea de indigencia, tampoco permitirá terminar con la deserción escolar.
La situación de los niños y de los ancianos es de total indefensión.
Pocas de las fábricas recuperadas por los trabajadores han obtenido la regulación de su situación y ayuda estatal para continuar la producción. Muchas corren riesgo de ser desalojadas.
Solucionar los graves problemas de nuestro país y de nuestro pueblo requiere medidas de fondo que este gobierno no está tomando. La concentración de la riqueza sigue en manos de unos pocos, y para la inmensa mayoría se han agudizado los padecimientos. El generalizado aumento de tarifas anunciado, y una continua suba de precios de los productos básicos, agravará aún más esta situación. A ello se agrega la nueva Ley Laboral, que sustituyó a la tristemente célebre “ley Banelco”, y que, junto a la vigencia de la legislación antiobrera, violatoria de los derechos de los trabajadores, profundiza la precariedad e inseguridad laborales. Es alarmante el recorte de planes, nacionales y provinciales, a los desocupados. Ante la desesperante situación de desocupación y como una solución transitoria, los planes sociales para desocupados deben ser universales. .
En este período no han cesado de manifestarse reclamos de justicia. Santiago del Estero es un ejemplo de ello. Aquí y allá se han producido marchas y conflictos por trabajo, por aumento de salario, contra la impunidad de las fuerzas policiales, por el esclarecimiento y castigo de los nuevos asesinatos de la represión. Aquí y allá el pueblo está dispuesto a salir a la calle para encontrar solución a sus más graves problemas.
En América Latina, se han abierto nuevos procesos políticos y sociales. En nuestro país, el pueblo ha acompañado con simpatía la lucha de los hermanos bolivianos, ha manifestado su solidaridad con Cuba y con la resistencia al golpismo reaccionario en Venezuela.
Nuevamente el imperialismo yanki ha intervenido en un país de América Latina. Haití es hoy un país ocupado. Exigimos que el gobierno Argentino, respetando la autodeterminación de los pueblos, no envíe un sólo soldado a Haití y no mantenga cooperación militar alguna con los Estados Unidos. Decimos NO al ALCA y NO a la militarización de la región
Han sido masivas las marchas del año pasado y de este año contra la invasión genocida del imperialismo yanqui y sus aliados en Irak, y la posterior ocupación. La lucha de ese heroico pueblo contra los invasores, y la derrota sufrida en España por Aznar y su partido muestran que los pueblos se oponen a las potencias imperialistas y que es posible luchar contra ellas.
Aquí, en la Argentina, siguen vigentes los principales problemas que llevaron al Argentinazo. Nosotros, los aquí reunidos, somos parte de un pueblo que lucha desde hace muchos años por un país donde sean posibles el pan, el trabajo, la tierra, la salud, la educación, la vivienda, una niñez y una vejez protegidas, una juventud con futuro, justicia y plena vigencia de los derechos humanos. Somos parte de un pueblo que quiere vivir con dignidad, en una Argentina liberada.
Por eso, así como cada 24 de marzo, sorteando todos los embates, estamos presentes en esta plaza por la Memoria, la Verdad y la Justicia, nos comprometemos a seguir dando nuestro presente en la lucha hasta que la Patria que soñaron nuestros detenidos desaparecidos, se haga realidad.


LISTADO DE ORGANIZACIONES CONVOCANTES A LA MARCHA DEL 24 DE MARZO

ENCUENTRO MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA


Organismos de DD.HH

1. Abuelas de Plaza de Mayo
2. Amnistía Internacional Argentina
3. APDH-Capital
4. APDH-La Plata
5. Asociación Anahí
6. Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos
7. Asociación Madres de Plaza de Mayo
8. CEPRODH
9. Comité de Acción Jurídica (CAJ)
10. Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI)
11. Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas
12. H.I.J.O.S.
13. Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia
14. LIBERPUEBLO
15. Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH)
16. Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora
17. Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH)
18. Servicio Paz y Justicia (SERPAJ)
19. Asociación Compromiso por la Vigencia de los DD.HH y Sociales
20. Asociación Internacional de Refugiados Solidaridad
21. Colectivo de Militantes por los Derechos Humanos de El Bolsón
22. Comisión de DD.HH. de Uruguayos en Argentina
23. Comisión de DDHH de Trenque Lauquen
24. Comisión de DDHH por la Memoria, Verdad y Justicia del Hospital Posadas
25. Comisión de Homenaje a los Desaparecidos y Mártires Populares
26. Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Liniers, Villa Luro y Mataderos
27. Comisión Víctimas del 26 de junio de 2002
28. Comité para la Defensa de la Salud, la Etica y los Derechos Humanos (CODESEDH)
29. Equipo de Derechos Humanos de la Parroquia Santa Cruz
30. Foro por los Derechos Humanos la Identidad y la Memoria Popular de Quilmes
31. Plataforma Contra la Impunidad, Barcelona, España
32. Familiares de los Argentinos Asesinados en Chile (AFEPOC

Organizaciones Sociales, Barriales, Culturales

33. Acción Política LGTTTB
34. Agrupación Juana Azurduy
35. Agrupación Manuel Dorrego
36. Agrupación Martín Fierro
37. Agrupación Oesterheld
38. Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA)
39. AMMAR Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina
40. Artistas Agrupados
41. Artistas y Técnicos en Piquetes (ARTEPI)
42. Asamblea Cid Campeador
43. Asamblea de Parque Chacabuco
44. Asamblea de Rivadavia y Castro Barros
45. Asamblea Entre Ríos y San Juan
46. Asamblea Plaza Primero de Mayo
47. Asamblea Popular Chacarita-Colegiales-Villa Ortúzar
48. Asamblea Popular de Temperley
49. Asamblea Popular Plaza Irlanda
50. Asamblea Popular San Telmo - Plaza Dorrego
51. Asociación de Travestis Libertarias
52. Asociación Artistas Visuales de la República Argentina (AAVRA)
53. Asociación Sol y Mutual Sentimiento
54. Autoconvocatoria No al Alca
55. Casa de la Cultura Los Compadres del Horizonte
56. Casa de la Juventud de Avellaneda
57. Casa de la Memoria y la Resistencia Jorge Nono Lizaso
58. Casona Colombres 25
59. Centro Popular Hernández Arregui La Plata
60. Centro Cultural y Biblioteca Popular Niños Pájaros, Pcia. de Jujuy
61. CIVITAS, Fundación para la Formación del Ciudadano, Buenos Aires y San Martín de los Andes
62. Comedores La Fiaca Floresta y Villa 21
63. Comisión de Exiliados Políticos (COEPRA)
64. Comisión de los Wichi
65. Comité del Foro Social Mundial en Buenos Aires
66. CONAT
67. Congreso Bolivariano de los Pueblos
68. Convergencia, por un Judaísmo Humanista y Pluralista
69. Corriente 20 de Diciembre de ALAMES en Argentina
70. Cristian@s de Base
71. Diálogo 2000
72. Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP)
73. Foro por los Derechos Reproductivos
74. Frente Barrial 19 de Diciembre
75. Frente de Artistas del Borda
76. Frente Murguero
77. Fundación Investigación y Defensa Legal Argentina (FIDELA)
78. GARRA
79. Grupo Musical Santa Revuelta
80. ICUF Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina
81. Instituto de Relaciones Ecuménicas
82. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC)
83. Juventud Rebelde 20 de Diciembre
84. Lesbianas en Lucha
85. Marabunta
86. Memoria Activa
87. Memoria y Esperanza, Programa de Radio
88. MOPASSOL
89. Movimiento Alejandro Olmos
90. Movimiento de Apoyo al Teatro (MATe)
91. Mujeres de Izquierda, Capital
92. Mujeres del Tercer Milenio
93. Multisectorial Vecinos de San Cristóbal 19 de Diciembre
94. NAC&POP
95. Periódico EL ESPEJO
96. Proutista Universal
97. Red de Mujeres Solidarias
98. Resumen Latinoamericano
99. Taller de Gráfica Popular
100. Vecinos de San Cristóbal Contra la Impunidad

Organizaciones de Trabajadores Ocupados y Desocupados

101. CTA Nacional
102. CTA Barcelona, España
103. CTA Capital
104. CTA en asentamiento ex Suchard
105. CTA Provincia de Buenos Aires
106. CTA Regional La Plata, Berisso y Ensenada
107. Cuerpo de Delegados de A.P.O.P.S ANSES, sede Paseo Colón 239, Alsina 250 y Paranà 451
108. ADEMYS
109. APOSME Asociación del Personal de la Obra Social del Ministerio de Economía
110. Asociación Argentina de Actores
111. Asociación Argentina de Actores, Delegación La Plata
112. Asociación de Docentes de la U.N. de La Plata (ADULP)
113. Asociación de Profesionales del Hospital Posadas
114. Asociación del Personal No Docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento
115. Asociación Docentes Universidad de Luján
116. Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA)
117. Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA), CD Ingeniería
118. Asociación Personal Aeronáutico (APA)
119. CICOP Asociación Sindical de Profesionales de la Salud, Pvcia. de Buenos Aires
120. Comisión Gremial Interna del Personal del Banco Credicoop
121. Comisión Gremial Interna La Caja de Ahorro y Seguros
122. Comisión Gremial Interna No Docentes, Facultad de Arquitectura, UBA
123. Comisión Interna Nuevo Banco de Entre Ríos, Sucursal Buenos Aires
124. FOETRA Sindicato Buenos Aires
125. Sindicato Empleados de Comercio de Tres Arroyos
126. SUTEBA General Sarmiento
127. SUTEBA Lomas de Zamora
128. SUTEBA, Secretaría de DDHH
129. Unión Ferroviaria Seccional Gran Bs As Oeste
130. UTE
131. Agrupación De Igual a Igual de Trabajadores del Banco Credicoop
132. Agrupación Rojo Granate, No Docentes, UBA
133. Asociación de Profesionales en Lucha en el Polo Obrero
134. Coordinadora de Trabajadores Docentes Azucena Villaflor
135. Corriente Clasista y Combativa
136. Juventud de la CTA Capital
137. Juventud Territorial Germán Abdala, CTA
138. Marcha Grande en la CTA
139. Movimiento Barrial en la CTA
140. Movimiento de Empresas Recuperadas
141. Asamblea Nacional de Trabajadores (ANT)
142. ATD Asamblea de Trabajadores Desocupados de Jujuy
143. Bloque Piquetero Nacional
144. Coordinadora de Unidad Barrial en el Bloque Piquetero Nacional
145. Movimiento Barrios de Pie
146. Movimiento de Trabajadores Teresa Rodriguez (MTR)
147. Movimiento sin Trabajo Teresa Vive
148. Movimiento Territorial Liberación
149. MTD Aníbal Verón
150. MTD La Verdad

Organizaciones Universitarias y Estudiantiles

151. Cátedra Análisis de las Prácticas Sociales Genocidas, Fac. de Cs. Sociales, UBA.
152. Cátedra Libre de DD.HH. Facultad de Filosofía y Letras, UBA
153. Cátedra Libre de Salud y DD.HH, Facultad de Medicina, UBA
154. Cátedra Libre Poder Económico y DD.HH, Facultad de Cs. Económicas, UBA
155. Comisión Permanente por la Reconstrucción de la Memoria, Fac. de Ingeniería, UBA
156. Comisión por la Reconstrucción de la Memoria, Fac. de Cs. Económicas., UBA
157. Programa de Investigaciones en Conflicto Social, Inst. Gino Germani, Fac. de Cs. Sociales, UBA
158. Federación Universitaria Argentina (FUA), Secretarías General y de DDHH
159. Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA)
160. Centro de Estudiantes de Arquitectura y Diseño, UBA
161. Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, UBA
162. Centro de Estudiantes de Ingeniería, UBA
163. Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires (CENBA)
164. Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Quilmes
165. Centro de Estudiantes del Instituto Joaquín V. González, Secretarías General y de DD.HH.
166. Centro de Estudiantes Facultad de Derecho, Secretaría de DDHH, UBA
167. Agrupación Estudiantil La Vertiente, ARI, UBA
168. Agrupación Estudiantil Socialista La Palacios, Fac. de Derecho, UBA
169. Agrupación Estudiantil TNT Amortizados, UBA
170. Agrupación Estudiantil Venceremos
171. Agrupación Rodolfo Walsh de Filosofía y Letras (UBA)
172. Agrupación Santiago Pampillón
173. Agrupación Universitaria Tupac
174. Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA)
175. Frente Universitario de Luján (FUL)
176. Movimiento Universitario de Izquierda (MUI)

Organizaciones Políticas

177. Agrupación de DDHH 1º de mayo, Partido Socialista
178. Agrupación Humanos
179. Agrupación J W. Cooke, Moreno, Prov. Bs. As.
180. Agrupación Joven Independiente 20 de Agosto, U.N. de Jujuy
181. AnarquistasOrganizados en AUCA
182. ARI Avellaneda
183. ARI Capital
184. Corriente de Articulación ARI
185. Corriente Soberanía Popular
186. Espacio Nacional Independiente.
187. Federación Juvenil Comunista (FJC)
188. Frente para la Democracia Avanzada - ARI
189. Izquierda Unida
190. Jóvenes K
191. Jóvenes por la Igualdad, ARI
192. Juventud Socialista del MST
193. Movimiento Autonomía Popular
194. Movimiento Socialista de los Trabajadores en Izquierda Unida
195. Organizaciones Libres del Pueblo (OLP)
196. Partido Auténtico Federal
197. Partido Comunista Congreso Extraordinario
198. Partido Comunista en Izquierda Unida
199. Partido Comunista Revolucionario
200. Partido de la Liberación
201. Partido de la Revolución Democrática, PRD
202. Partido Obrero
203. Partido Revolucionario de la Liberación, PRL
204. Patria Libre
205. Polo Obrero
206. PTS
207. Socialismo Libertario
208. Tendencia Clasista 29 De Mayo
209. Unión de Militantes por el Socialismo (UMS)

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"La escuela de hoy condiciona a los lectores de mañana"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 21-03-2004 00:00:00

SUSANA ZANETTI

Hubo etapas, para la Argentina y América latina, en las que la educación y la industria editorial favorecieron la existencia de lectores competentes. El deterioro actual augura menores habilidades de los chicos en el futuro.

Claudio Martyniuk
cmartyniuk@clarin.com

En el siglo XIX, el Facundo de Sarmiento fue un libro esencial para entender el país. Muchos años después, el escritor argentino Ricardo Piglia se pregunta en su novela Respiración artificial quién escribirá el Facundo del siglo XX. ¿Qué diría usted?

—Me parece que no es una pregunta que tenga que hacerse un escritor sino los políticos. Revisando los últimos años de nuestra historia, uno advierte que ninguno de nuestros políticos podría escribir el Facundo. Ni siquiera un texto breve de José Martí. Entre los escritores actuales sí hay gente que ha pensado en profundidad la Argentina. Creo que hay algunos textos de los últimos años muy importantes, como los de Juan José Saer, que están comprometidos con un paisaje, con un modo de respirar que es, como decía Borges, la lengua española. También César Aira es notable. Hay muchos otros más.

# ¿Pero qué pasa con los lectores, que parecen diferentes a los de la década del 60, cuando leían masivamente a los más relevantes escritores argentinos?

—Es posible que nosotros tengamos visiones erradas respecto a las conformaciones de los públicos lectores, sobre todo cuando uno estudia quiénes eran leídos en el siglo XIX y parte del siglo XX, y la lectura muy restringida que tenían algunos autores que han perdurado. Esta es una complejidad propia de la relación entre los textos y los públicos. En la actualidad hay un fuerte deterioro de la educación y del acceso a la cultura, y esto afecta a todos. Estas carencias afectan al campo de la lectura y se proyectan sobre los más diferentes terrenos.

# ¿En los sesenta era distinto?

—En ese momento el consumo cultural estaba muy ligado a la fuerte presencia de algunos escritores argentinos y otros latinoamericanos. Además, lo que se llamó el boom se unió a cierta conciencia latinoamericana, ligada a hechos políticos como la Revolución Cubana. Con eso se combinó una muy grande oferta de la industria editorial, que incluía revistas masivas donde aparecían discusiones que movilizaban muchísimo las apetencias de lectura y de conocimiento de públicos amplios, pero que ya tenían una habilidad, una competencia de lectura.

# ¿Cómo se formó esa competencia?

—En los años 50 se multiplicaron las escuelas secundarias, y el efecto sobre la lectura se da en los años 60 y 70. Evaluemos qué pasa ahora con la escuela primaria y secundaria para prever qué vamos a tener dentro de diez o veinte años. La escuela de hoy condiciona los lectores de mañana. Porque en la lectura, se ponen en juego muchas habilidades. La lectura de una novela larga, con cierta complejidad y posibilidad de imaginar y reflexionar, abre las puertas a la concentración que cualquier conocimiento exige. Si uno lee "La guerra y la paz", de Tolstoi, después va a poder concentrarse más cuando lea artículos o tenga que estudiar. La lectura es una de las mayores puertas abiertas al conocimiento. Y con la experiencia de los años, uno sabe que el amor es azaroso, no dura demasiado y tiene una cuota grande de sufrimiento. También el dinero puede ser fugaz. Quien se dedica al deporte sabe que a los cuarenta años hay cosas que no va a poder hacer más. En cambio, leer es una pasión perdurable: permite conocer de una manera particular, porque articula la reflexión y la imaginación. El hombre se distingue de los otros animales por el lenguaje, y manejando muy bien la lengua se abren posibilidades que de otra manera quedan retaceadas. A veces no se alcanzan estas posibilidades porque, como ocurre hoy en la escuela secundaria, se leen cosas que no tienen densidad, y así hay gente que queda sin poder mirar el mundo y su propia vida de una manera más honda.

# ¿Los lectores latinoamericanos dan cuenta de ese empobrecimiento del lenguaje?

—Es un poco difícil afirmarlo. Habrá que ver qué pasa con la recepción de los autores jóvenes. Hay un dato incontrastable: los libros están muy caros. El Estado debería tenerlo en cuenta, al igual que el problema de los derechos de autor sobre obras argentinas, que en su mayoría ya no están en manos de editoriales nacionales.

# ¿La escuela contribuye a resguardar la tradición de nuestra literatura, la tradición de lectura de obras como el Martín Fierro?

—Creo que el Martín Fierro no se lee; no lo conocen los estudiantes. Explicarle a un chico el Martín Fierro se supone que es muy sencillo, pero no es así y yo no sé hasta dónde hay una preparación suficiente en los docentes.

# En el Centenario, la literatura ocupó un lugar importantísimo. Cerca del segundo centenario, la situación parece diferente.

—Ese lugar ha variado porque han variado mucho las necesidades, las preocupaciones y hasta la idea de placer. En el Centenario existe un Estado poderoso, con una imagen de futuro grande y mucha fe en la educación. Hoy el Estado no tiene esa concepción.

# Los escritores argentinos supieron ser reconocidos y valorados en el mundo. ¿Esto ha quedado definitivamente en el pasado?

—En el presente, con escritores como Aira o Saer, el rol de la Argentina en el interior de la lengua española es alto.

# ¿Qué pasa con la poesía? ¿Hoy nuestros poetas tienen menos lectores que en el pasado?

—La poesía siempre tuvo pocos lectores, con esporádicos estallidos de lecturas. Para mí, es muy importante que en la escuela se lea poesía, porque es la única posibilidad que tienen muchos para acceder a ella. La poesía tiene algo muy sutil y es que no está ligada al enigma ni al desenlace ni a la sucesión estricta. Está vinculada a la repetición y a la memoria, y por lo tanto exige un trabajo con el tiempo. El tiempo es un grave problema para el ser humano, sobre todo cuando está tan ligado a esta sucesión que ahora pareciera que no va a ninguna parte, dado que el progreso, las utopías, etcétera, se han ido al diablo. La poesía da otras posibilidades a la imaginación, a través del trabajo de la palabra y de los ritmos. La poesía tiene que ver con la respiración, aun cuando no se lea en voz alta. A los chicos hay que abrirles ese campo que no está demasiado instalado en la sociedad, aunque sin duda disfrutan de la poesía que hay en el rock.

# Y en el tango.

—Por supuesto, el tango tiene una poesía muy rica. En estas áreas, la diferencia entre lo popular y lo culto es muy relativa. Un chico puede leer perfectamente poesía. Lo que ocurre es que no se les pone la poesía en las manos y se les escatima entonces una apertura a la sensibilidad y al mundo.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/21/z-03915.htm

Copyright Clarín, 2004.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Hay que prepararse para el invierno, dice Roberto Cortés Conde

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 20-03-2004 04:01:17

El historiador de la economía y su visión

"No se defiende a la Argentina a los gritos o con falsos nacionalismos. LA NACION se defiende trabajando todos los días y llegando a acuerdos razonables", sostiene Roberto Cortés Conde al referirse al particular estilo de negociación que ha adoptado el gobierno de Néstor Kirchner ante los acreedores privados.

Pese a haberse recibido de abogado y sociólogo, Cortés Conde se consagró a la historia económica y hoy, a los 72 años, es miembro de las academias nacionales de la Historia y de Ciencias Económicas, además de ser profesor emérito en la Universidad de San Andrés. Fue profesor visitante en las universidades de Harvard, Chicago, Wisconsin, Texas y Yale. Difícilmente haya en el país otro historiador de la economía de mayor prestigio que Cortés Conde.

En la entrevista opinó que la propuesta de quita de deuda formulada por la Argentina "no es razonable" y, al recordar una célebre frase del ingeniero Alvaro Alsogaray, le recomendó a Kirchner que se prepare para el momento en que llegue el invierno. "No hay que entusiasmarse con estos períodos económicos alegres", añadió.

-¿Qué reflexión le merecen las nerviosas gestiones entre el gobierno argentino y el FMI?

-Lo más importante es que se negocie y que no se rompa la relación. Las negociaciones no tienen que hacerse a través de los medios de difusión masiva, sino en ámbitos muchos más recatados.

-¿A qué atribuye que un país que a principios de siglo estaba entre los diez más ricos del mundo haya llegado a ser uno de los más endeudados?

-Desde mediados del siglo XX, la Argentina produjo cambios muy importantes, que suponían la industrialización del país. Esto significó protección a la industria y créditos subsidiados. Pero implicó un problema central: ¿con qué recursos se financiaba? En el mundo, esto a veces se puede hacer por medio de reformas tributarias, que ponen mayores imposiciones, no al consumo, sino a los sectores más ricos. Pero en la Argentina las reformas tributarias no tuvieron éxito y el financiamiento vino, fundamentalmente, del Banco Central.

-¿Por qué las reformas tributarias no han tenido éxito en la Argentina?

-Porque las reformas tributarias requieren consenso político. Nadie puede establecer un impuesto que no es votado por el Parlamento. Pero ese acuerdo no se dio en la Argentina, desde 1930. Entonces, el gran canal de financiamiento pasó a ser el Banco Central y la consecuencia fue una alta inflación o creación de dinero. Cuando la inflación es muy elevada, prácticamente no se recaudan impuestos, porque la gente deja de usar el dinero y la economía se desmonetiza. Ahí se buscó otro medio de financiamiento, que fue el mercado de capitales; así se dio lugar al endeudamiento. Las deudas, en épocas de inflación, se licuan. Pero para que los capitalistas presten, hay que indexar o tomar prestado en moneda extranjera. Esto hace que la deuda no se pueda licuar y así se fueron acumulando intereses sobre intereses.

-Por eso algunos pensaron que la devaluación era la solución...

-Durante años, las devaluaciones resolvieron esto, pero cuando las devaluaciones ya no sirven, porque las obligaciones no están en nuestra propia moneda, entramos en el default. En el fondo, lo que estamos discutiendo es quién tiene que perder: ¿los acreedores, los empleados públicos, los beneficiarios de programas sociales, los políticos, que necesitan mayores presupuestos? Con la devaluación, perdieron unos y ganaron otros; con el default, pierden los acreedores, que en algunos casos son externos, pero en otros son locales. Durante la primera época de Perón se tomaron los fondos de las cajas de jubilaciones para financiar al Gobierno. En ese momento, nadie se dio cuenta. Los trabajadores de entonces no sabían que iban a estar condenados cuando se jubilaran. La gente que hoy tiene ahorros en las AFJP también va a sufrir esto. El problema económico es un problema político y consiste en cómo llegaremos a determinados acuerdos.

-¿Una pugna distributiva?

-En la sociedad argentina hubo una sorda guerra de agotamiento, en la cual los distintos sectores de intereses pugnaron por una parte de la torta. La inflación permitió ocultar pérdidas; las devaluaciones, también. La última devaluación generó una descomunal transferencia de ingresos y no ayudó a los más pobres: hoy hay más pobres que antes.

-¿Qué viabilidad le ve a la negociación de la deuda pública con los acreedores privados?

-En una negociación entre acreedores y deudores, lo importante es que estos últimos convenzan a los acreedores de que tienen que asociarse con ellos. Si el deudor no puede vivir, el acreedor no podrá cobrar. Pero el acreedor debe convencerse de que el deudor, además de cumplir, no se va a gastar todo en otra cosa. Una buena negociación es aquélla en la cual las dos partes ganan. Si el acreedor piensa que el deudor tiene excedentes y que los va a dilapidar, el acreedor no va a acordar.

-¿Cómo evalúa usted la favorable reacción de la opinión pública, en general, ante el estilo impuesto por Kirchner en la negociación?

-Hemos tenido una crisis política de proporciones. Tuvimos la experiencia de una presidencia débil, con De la Rúa, y en la actualidad hay un presidente que ejerce el poder, lo que a la gente le transmite una idea de gobernabilidad, porque el país se sentía en la anarquía. La cuestión es si se tiene un orden consensual o un orden autoritario. En la Argentina, en general, no se ha logrado un orden consensual. Tuvimos presidencias débiles o presidencias demasiado fuertes.

-¿Cómo evalúa lo que por un tiempo se llamó "el estilo K"?

-Hay algo tremendamente peligroso: no entender lo que pasa en el mundo y que se vea todo como una defensa del orgullo nacional. Exponer los valores de la nacionalidad en negociaciones de este tipo ha sido una gran equivocación y ha terminado, históricamente, muy mal para la Argentina. Fue muy malo cuando, en la primera época de Perón, se hizo un acto en la plaza de Retiro para anunciar la compra de los ferrocarriles, que terminó siendo un pésimo negocio, porque se confundió soberanía nacional con intereses concretos. Con el conflicto de las Malvinas, se confundió también un sentimiento nacional con un proyecto que terminó siendo desastroso. Hay que evitar que nos creamos que la Nación se defiende a los gritos o con falsos nacionalismos. LA NACION se defiende trabajando todos los días y llegando a acuerdos razonables.

-¿No negociar lleva necesariamente al aislamiento?

-Yo siento que defiendo más a mi país diciendo que hay que negociar. El aislamiento después de la Segunda Guerra Mundial nos costó muchísimo a los argentinos. No votamos por la ruptura de relaciones con el Eje, en 1941, y tuvimos una posición de neutralidad que fue más favorable al Eje. Brasil, que fue muchísimo más flexible, mandó una división a Italia, con los aliados, y tuvo posibilidades de conseguir bienes de capital y muchas más ventajas de parte de los países aliados.

-Salvando las distancias, así como en la Guerra de las Malvinas se esperaba la ayuda soviética que nunca llegó, hoy se apuesta al apoyo de Brasil en el caso de la deuda. ¿Cree que esa ayuda llegará?

-No, de ninguna manera. Lula hizo algunas llamadas telefónicas a líderes extranjeros. Pero Brasil no va a negociar en conjunto, porque hizo un gran esfuerzo para no caer en el estigma del default y no va a renunciar a todo lo que hizo para adherirse a una negociación común con la Argentina. La situación de Brasil no es comparable con la nuestra. Si alguien hizo un esfuerzo enorme para evitar una quiebra, ¿por qué va a hacer un club con otro deudor que ya está quebrado?

-Según una encuesta de la Fundación Bicentenario, ocho de cada diez argentinos aprueban la propuesta del Gobierno de una quita del 75% de la deuda. Al mismo tiempo, siete de cada diez no aceptarían dicha propuesta si se tratara de una deuda con ellos mismos. ¿Ve una contradicción?

-Ahí tiene la contradicción. En toda esta discusión, en el fondo está la guerra de agotamiento que se vincula con quién paga los platos rotos. ¿Hay que aumentar los impuestos o bajar los gastos? ¿Tenemos que reducir los planes sociales? ¿Hay que pagarles a los acreedores? Y cada uno se pone en la posición que más le conviene.

-Hay quienes dicen que la Argentina no está en el mejor momento para negociar una quita del 75% porque su economía está creciendo a niveles del 8,7% anual.

-Deberían hacerse proyecciones de más largo plazo. Nadie piensa que el 8,7% sea sostenible con el tiempo. Hoy tenemos una situación excepcional, por el aumento de precios de la soja y del petróleo. Una alternativa es hacer un fondo anticíclico, porque es insostenible un crecimiento del 8,7% todos los años. La Argentina debería comprometerse a ir reduciendo su relación deuda/producto, más que a eliminar totalmente su deuda.

-¿Es razonable para los acreedores la propuesta argentina de Dubai?

-Tal como está, parecería que no. Porque no es, simplemente, una quita del 75%. Si se agrega la extensión de plazos, la disminución de intereses y el no pago de intereses atrasados, llega al 92% del valor presente. Hay defaults que son razonables; lo que no es razonable es el repudio y yo creo que la Argentina debe bajar el nivel de confrontación del discurso político. Creo que, por un lado, la posición de dureza de Kirchner ha hecho las cosas un tanto más fáciles, ya que todos están más dispuestos a una mayor quita que antes. Pero si esa dureza se transforma en intransigencia total, ya no sirve. El FMI y el G-7 pueden ayudar a la Argentina. Tenemos que volver a la situación en que el G-7 era nuestro amigo.

-¿Por qué el G-7 pasó de ser nuestro amigo a ser un adversario?

-Porque la retórica del gobierno argentino ha hecho que pensaran lo que leían.

-Hay sectores locales que critican la mezquindad del G-7. Alegan que los Estados Unidos pregonan una quita del 90% para la deuda de Irak.

-Son situaciones incomparables. El problema con el actual gobierno republicano es que generó un cambio de paradigma que fue muy perjudicial, especialmente durante el final del ministerio de Cavallo, cuando nos dejaron solos y dijeron "que se joroben los acreedores". No se dieron cuenta de lo difícil que iba a ser. Y fue una gran irresponsabilidad la recomendación de ciertos centros internacionales académicos de devaluar y reprogramar las deudas. ¿Qué pasó con la deuda argentina? Que la devaluación la hizo mucho más cara, porque el Estado cobra sus ingresos en pesos y tiene una deuda en dólares. Parte del costo de la deuda es un tipo de cambio de un peso que está muy subvaluado. Si el peso se valorizara más, el costo del pago de la deuda disminuiría, pero eso afectaría intereses, los mismos que estuvieron detrás de la devaluación. Y los que más han perdido son los asalariados, en especial los del sector informal, que no han tenido ningún aumento. Casi todo el aumento de empleo de los últimos meses se produjo en el sector informal, esto es, en el sector que gana menos. Otro problema real es que la Argentina tiene dos millones de personas en el plan Jefes y Jefas de Hogar; se trata de personas de bajísima productividad, por lo que se está comprando un problema muy grande para el futuro.

-¿Cuál será el futuro de esos dos millones de personas que hoy son auxiliadas por estos subsidios encubiertos?

-Se necesitarían nuevos sectores que demandaran trabajo y, en segundo lugar, dar entrenamiento a la mano de obra, algo en lo que falló el Estado en la década del 90.

-¿Hay un plan económico detrás del gobierno de Kirchner?

-Puede decirse que tiene un plan, si tenemos en cuenta que mantiene un control fiscal y monetario y que no gasta desmesuradamente. Pero, por otro lado, es un gobierno que parece tener menos confianza en el sector privado que en la posibilidad de ver al Estado asistiendo a las empresas privadas en determinadas áreas o haciendo las inversiones por él mismo. Parecería que hay una visión más pesimista sobre una corriente natural de inversiones.

-¿Cómo ve la relación entre el Gobierno y el empresariado?

-Me hace acordar mucho a la primera época de Perón, que al principio era muy resistido por los empresarios importantes y después, no tanto. Hay sectores que se han visto muy beneficiados y que están hoy muy cerca del Gobierno. Pero hay otros sectores que, sufriendo pérdidas porque tenían deudas en moneda extranjera en el exterior, han visto la posibilidad de hacer negocios con el Estado. Creo que el capitalismo no tiene que funcionar asociado al Estado, con ventajas, avales, exenciones, como durante años ha funcionado con la llamada patria contratista. Lo fundamental es que la Argentina tenga un capitalismo competitivo.

-¿Qué le recomendaría a Kirchner?

-Le diría que no se entusiasmara con estos períodos alegres. Porque los ciclos económicos existen y todos los gobiernos han tenido períodos de dificultades. Hay que prepararse para el momento en que venga el invierno, como las hormiguitas.

-¿Cómo ve la posibilidad del ALCA?

-El ALCA le convendría enormemente a la Argentina, como ocurrió con México, que está exportando 125 mil millones de dólares a los Estados Unidos. Pero el problema es cómo terminar con el proteccionismo norteamericano de productos agrícolas. El ALCA puede ser positivo, pero requiere que los Estados Unidos bajen el proteccionismo.

-¿Se atreve a pronosticar cuál puede ser el final de la historia en la negociación de la deuda argentina con los acreedores privados?

-En 1827, la Argentina devaluó, entró en default con la Baring Brothers y no hubo acuerdo hasta 1857; durante treinta años, la Argentina estuvo fuera de los mercados. En 1857, cuando se arregló la situación, debíamos más del doble, por los intereses. En 1890, cuando la deuda era muy grande, para evitar otro default, el comité del Banco de Inglaterra dio un préstamo puente de 25 millones de libras esterlinas, para que la Argentina siguiera cumpliendo. En 1893, nuestro país renunció a utilizar ese préstamo y empezó a pagar directamente. En 1897, la deuda representaba apenas el 64% de nuestro PBI, contra el 84% de 1890. Y en 1905 se hizo una conversión de la deuda. Voluntariamente, se le bajaron las tasas de interés a la Argentina, porque había confianza en el crecimiento del país y en sus medidas de ajuste fiscal. La Argentina nunca entró en default porque había confianza en los mercados de capitales. Acá tenemos dos opciones: la mala, del período de treinta años en los que el país no pagó nada, pero en el que su deuda trepó a más del doble, con los intereses atrasados, o la otra, en la que no hubo interrupción de pagos y tuvimos el período de crecimiento más impactante de nuestra historia. Espero que nuestro gobierno opte por un escenario parecido al segundo. El escenario de "malvinización" de la negociación de la deuda no deja de ser posible, pero sería muy negativo. Creo que los excéntricos no le han hecho nada bien a la Argentina.

Por Fernando Laborda
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/20/dp_583805.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Stiglitz: "El FMI contribuyó a que se agravara la crisis"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 17-03-2004 03:59:33

La visión del Nobel de Economía de 2001

Joseph Stiglitz ganó, en forma compartida, el Premio Nobel de Economía en 2001 por sus trabajos sobre los efectos que tiene en los mercados la distribución asimétrica de la información. Pero es mucho menos famoso por ello que por sus feroces críticas al funcionamiento de los organismos multilaterales de crédito, como el FMI y el Banco Mundial. Sobre todo porque fue el economista jefe del Banco Mundial y asesor de Clinton cuando fue presidente de los Estados Unidos, y porque es profesor en la Universidad de Columbia.

Las opiniones que lo hicieron famoso fueron recogidas en su libro "El malestar de la globalización", que ha sido un gran éxito editorial. Su último trabajo es "Los felices noventa", donde traza paralelos entre los fenómenos que causaron grandes problemas en los mercados de los Estados Unidos, incluso una grave recesión, y los que llevaron a la catástrofe argentina.

Stiglitz, además, tiene oportunidad de discutir e informarse sobre la situación argentina. Integra el Observatorio de la Argentina, en el programa de graduados en Relaciones Internacionales de la New School University. Se trata de un foro de monitoreo de la situación argentina desde los Estados Unidos, que fue inaugurado por Néstor Kirchner y su esposa, Cristina, en septiembre último. Y su mensaje es que no vale la pena atarse ciegamente al FMI, tal como la crisis y la recuperación argentina, según él, demuestran.

-¿Cuál es su comentario sobre la situación actual de nuestra economía?

-Bueno, creo que lo primero es felicitar a la Argentina por el hecho de que la economía se está recuperando. Es impactante. De hecho, yo pensé que iba a suceder. Es siempre fácil olvidar el estado de ánimo de la gente hace dos años. Y ya están llegando al segundo aniversario de la crisis. La gente pensaba que iba a haber hiperinflación, depresión sin fin. Y era unánime la opinión de que tenían que acceder a un plan del FMI o no habría recuperación. No sé si ustedes recuerdan: yo escribí entonces que el problema real de la Argentina es que tiene recursos que no se están utilizando plenamente. Tenía que centrarse no en los mercados de capitales internacionales, sino en lo que sucede aquí, en la Argentina. Dije que si recibían dinero del FMI, sólo iría a pagos al FMI. Por eso, era importante tener un plan acordado con el Fondo, si se podía, pero era más importante poner en marcha la economía. Entonces, si les daban un acuerdo con buenas condiciones, estaba bien. Es siempre bueno tener un acuerdo. Pero si la opción era tener un acuerdo con malas condiciones o no tener un acuerdo, no tener un acuerdo era mejor. El Gobierno siguió adelante sin un acuerdo con el FMI, la economía comenzó a recuperarse y al Fondo le resultó claro que tenía que dar un buen acuerdo. Creo que existe consenso respecto de que el acuerdo al que se llegó con el FMI fue el mejor que jamás haya logrado un país.

-Usted es muy optimista respecto de la Argentina...

-Sí. Lo primero que han hecho, según creo, es avanzar en el sentido correcto. Y parte de esto es consecuencia natural de responder con la devaluación, que siempre estimula la economía cuando se tiene una divisa sobrevaluada. Han vuelto a un tipo de cambio apropiado y eso tiene que estimular la economía, tanto a través de las exportaciones como de la sustitución de importaciones. Y, segundo, ustedes han tenido buena suerte con precios de productos primarios elevados en el mercado de exportación. Ahora la cuestión es qué puede hacer el Gobierno para sostener el crecimiento y la recuperación y cuáles son los riesgos por delante. Hay una cantidad de maneras de abordar la cuestión. Se puede acelerar la reestructuración de la deuda. Pero hay otras maneras. El Gobierno podría decir: "Hay incertidumbre respecto de esto, pero nosotros nos vamos a asegurar de que se mantenga su viabilidad, por ejemplo, con inyecciones de capital, que consideramos nuestra responsabilidad para nuestro sistema bancario local. Y si resulta de la reestructuración que ustedes ya no son viables, a través de un programa de recapitalización aseguraremos su viabilidad".

-¿Piensa que la deuda es una cuestión clave y urgente?

-Eso depende, en realidad, de un análisis fino de los balances de los bancos. Gran parte de la deuda de los bancos corresponde a la categoría de bonos que fueron parte de la reestructuración inmediatamente anterior, y ésos no son parte del nuevo programa de reestructuración. El Gobierno dijo que se va a cumplir con los vencimientos originales. La cuestión es cuánto del resto va a ser reestructurado. Aún queda una parte por reestructurar, pero no es la mayor parte de la deuda bancaria. Si fuera toda la deuda bancaria, entonces habría un verdadero problema. Pero el Gobierno puede abordar, centrado en las posibilidades del Estado de proveer crédito de modo directo, el conjunto de actividades para facilitar el flujo del crédito. Pero quedan otras cuestiones, relacionadas con la promoción del crecimiento a más largo plazo. Por ejemplo, la promoción de las exportaciones. Yo creo que el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) probablemente no va a llegar a nada. Puede llegar a haber un ALCA, pero va a ser un ALCA sin contenido. Quizá con otro presidente distinto de Bush haya sustancia. Pero con Bush está claro que no la hay. Porque no hay acuerdos en materia agropecuaria, ni de barreras no arancelarias, sobre dumping. Eso significa que la Argentina debería impulsar activamente las exportaciones a China. Ellos necesitan su carne, sus proteínas, su soja. Por lo que hay vías para una promoción más activa.

-La Argentina hizo muchas devaluaciones. Tenemos un sistema de promoción, tuvimos bancos de desarrollo estatales. Fue un fracaso. Hay quien dice: vamos a hacer lo mismo que ya fracasó antes.

-Eso supone una llamativa falta de capacidad de aprender. En mi libro "Los felices noventa", hablo de las inmensas fallas de los bancos de inversión en los Estados Unidos. Nadie dice que entonces tenemos que cerrar los bancos de inversión.

-Pero esto es la Argentina...

-Todo el mundo dice eso y me resulta poco convincente.

-¿Cómo juzga lo ocurrido durante la era de la convertibilidad?

-Ese fue un error fundamental. Se ataron las manos de una manera en la que era imposible vivir. Si usted se está ahogando y tiene las manos atadas, y alguien dice "le puedo desatar las manos", usted va a pedir que le desaten las manos, en vez de ahogarse.

-Pero en Hong Kong la convertibilidad funcionó. Y sigue allí.

-(Piensa y hace un largo silencio) Sí. Pero, por un lado, tenían un superávit fiscal enorme. Y la segunda cuestión, probablemente más importante, es que tuvieron buena suerte. Fueron el intermediario entre China y el resto del mundo. Y resulta que el de China es el mayor boom del mundo en los últimos 25 años. Así que funcionó porque tuvieron buena suerte. En la Argentina pudo haber funcionado si el euro hubiese estado más fuerte y el dólar más débil, como sucede hoy. Yo pienso que la desgracia de la Argentina fue el momento elegido.

-China mantiene cambio alto y bajos salarios. En la Argentina parece difícil que la gente acepte eso por mucho tiempo.

-Creo que siempre hay una tensión entre el empleo, por un lado, y el salario para quienes tienen empleo. Por eso, en China la visión es que resulta más importante crear puestos de trabajo para todos. Y eso puede significar que la gente tenga salarios más bajos que de otro modo. Pero los salarios están subiendo. Aunque son más bajos de lo que podrían ser. La base es que hay una respuesta para el pleno empleo y un mayor crecimiento. Un crecimiento del nueve por ciento

-¿Cree que deberíamos hacer eso? ¿Tratar de llegar a todos con la creación de empleo, aunque los salarios queden bajos?

-Creo que la primera prioridad de cualquier gobierno es alcanzar el pleno empleo...

-Con poco salario...

-Poco salario es algo relativo. Hablemos de Estados Unidos. La política social más importante que tuvo Estados Unidos en los años 90 fue mantener bajo el desempleo. El desempleo bajó a 3,8%. Bajaron las tasas de criminalidad. Fue una política social muy importante. Una vez que empiece a crecer la economía, los salarios subirán. En Estados Unidos subimos el salario mínimo al mismo tiempo que bajamos el desempleo.

-Aquí, cuando De la Rúa trató de combatir la crisis, algunos economistas y políticos señalaron que tenía que bajar los salarios y todo el mundo dijo que era una locura. En lugar de eso, hubo devaluación, que bajó los salarios. En esa situación ¿es la única salida?

-Puede ser lo único. A veces el mundo no ofrece las opciones que uno quisiera.

-Aquí, cuando se sostenía que había que reducir los salarios, la gente dijo que no, que había que hacer lo que proponía Stiglitz. Pero era la misma cosa...

-Yo creo que la cuestión crítica es cómo estimular la economía. Y, en general, hay dos diagnósticos para el desempleo. Uno de ellos es que se da por falta de demanda agregada y el otro es que es resultado de la inflexibilidad del mercado laboral. Y creo que las evidencias son abrumadoras en favor de que el desempleo se debe principalmente a falta de demanda agregada.

-¿Tomó el caso de la Argentina en las investigaciones para su nuevo libro?

-Creo que en la edición en castellano hablo más de ese paralelo. En un sentido, está la misma burbuja en la Argentina. El entusiasmo de comienzos de los 90. La gente miraba las estadísticas y pensaba que iban a seguir así. Recuerdo que en el Banco Mundial la gente decía que eso demostraba que las reformas funcionaban. Y yo preguntaba: ¿cómo saben que esto va a durar? Ya entonces yo estaba muy preocupado por la manera en que se llevaban las cuentas, porque parte del presupuesto fiscal se veía bien debido a las privatizaciones. Eso es un ingreso de una vez. Y, de hecho, uno es pobre si está vendiendo sus activos al extranjero. Parece que al Estado le va mejor, pero el país se está empobreciendo. Lo mismo sucede si uno se endeuda para estimular un boom de consumo. En ese caso también el PBI se ve bien. Pero las bases de largo plazo se debilitan. Y, por tanto, hay muchos paralelos entre esta euforia que se dio a comienzos de los noventa en la Argentina y la de mediados de los noventa en Estados Unidos. La gente se sentía más rica, por lo que hubo un boom de consumo. Eso refuerza la impresión positiva. Pero cuando se impuso la realidad, la burbuja estalló, el capital huyó del país. Una de las diferencias es que la de Estados Unidos es una economía más rica, por lo que la caída no fue tan severa. Pero fue el mismo tipo de burbuja. ¿Por qué había gente que prestaba? Los mismos que prestaban, en Estados Unidos, a las "puntocom", sobre la base de no analizar demasiado lo que sucedía, prestaban en la Argentina. Creo que esto muestra una lección general. La gente aquí habla a menudo de la disciplina del mercado. ¿De qué están hablando? Menem fue llevado a las reuniones del FMI de 1999 como un ejemplo para todo el mundo.

-¿Lo que usted dice es que la tarea del FMI era anunciar que aquello iba a terminar mal?

-Me refiero a toda esta gente que supuestamente configura la disciplina del mercado. En algún sentido, son los mercados los que tienen que ser más disciplinados porque es su dinero el que corre riesgo. Pero tuvieron pésimo criterio. Creo que el FMI empeoró las cosas. Porque se supone que el FMI es el experto. Y le dieron a la Argentina la calificación de "A +". Eso les hizo más cómodo a los inversores volcar su dinero en las buenas épocas. Después, fueron de "A +" a "F -". El FMI empeoró las fluctuaciones al exagerar en sus críticas y sus alabanzas.

-¿Cree que el FMI necesita alguien como Alan Greenspan, más equilibrado?

-Creo que la característica de Alan Greenspan es ser muy pragmático y menos ideológico. Creo que ése es uno de sus puntos fuertes. En mi libro lo critico por ser más ideológico de lo que creo que debería. Pudo haber hecho más cosas. Pero su gran virtud es su pragmatismo. Mucha gente dijo que iba a haber un brote inflacionario. Lo dijo el FMI. El dijo: "No lo veo". Si se hubieran seguido los consejos del FMI, nunca habríamos tenido el boom en Estados Unidos. Nunca habríamos reducido el desempleo.

-Pero Estados Unidos no necesita el dinero del FMI. La Argentina, sí.

-Y el mercado no le prestó atención al FMI en Estados Unidos. Pero ésa es la desventaja que tiene la Argentina.

-¡Qué afortunados que son ustedes!

-Exactamente. Pero eso deja lecciones importantes, en el sentido de que se debe reconocer que ustedes saben más sobre la Argentina que cualquiera en Wall Street o Washington, del mismo modo que nosotros sabíamos más de la economía de Estados Unidos que el FMI. Por tanto, tenía sentido decidir qué era lo mejor para nosotros sin prestar atención a lo que decía el FMI. Y creo que lo mismo vale ahora para la Argentina.

Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION

Con la elaboración de Laura Ferrarese y Gabriel Zadunaisky

http://www.lanacion.com.ar/04/03/17/dq_582406.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

El kamikaze de Bush

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 16-03-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

El domingo, una amiga por teléfono y un vecino por el portero eléctrico, los dos sin radio ni televisión a mano, me preguntaron: “¿Qué pasó en España?” A la respuesta “Ganó el PSOE” le siguieron minifestejos de ocasión. España se volvió significante. ¿Cómo leerla? Desde el día del atentado, los españoles dieron señales de una revuelta intestinal. Ahí es donde fueron tocados, en su costado más íntimo y débil, en esos trenes cargados de trabajadores y estudiantes que acaso habían participado, en su momento, de las multitudinarias marchas contra la guerra. Desde las explosiones, el paisaje español ofreció innúmeras postales de esos impulsos colectivos en los que intervienen tanto la racionalidad como la intuición, y donde se pone en juego tanto el impacto devastador del suceso que acciona como shock, como la información que ya se tenía y que sin embargo había perdido su capacidad de escándalo. Quiero decir: sin los 200 muertos y los 1500 heridos, ganaba Aznar.
Cuando tuvieron lugar esas marchas cuyas pancartas rezaban “No en mi nombre” (no vayas a la guerra en mi nombre, no mates iraquíes en mi nombre, no invadas a nadie en mi nombre, no te alíes con Estados Unidos en mi nombre, no te asocies al club de los dueños de la verdad de facto en mi nombre), todavía Bush, Blair, Rice, Powell, Rumsfeld y los quince o veinte cerebros que se propusieron redibujar el mapa global ubicándose ellos en el puesto de ombligo, cacareaban la amenaza de las armas químicas y el poder satánico del tal Hussein. Después mataron infinidad de civiles iraquíes, confesaron que lo de las armas químicas fue una excusa, se hicieron con el petróleo, mostraron al tal Hussein derrotado y absorto ante un médico que le hacía sacar la lengua, y ya.
Eso que se llama opinión pública –en España y en todas partes– se escandaliza por temporadas, tiene un cupo de escándalo. Se la puede manipular puntualmente, como quiso Aznar y no pudo, o por desgaste. Eso que se llama opinión pública, y de lo que todos de alguna manera participamos, termina naturalizando lo político. En este caso, el escándalo por una invasión descabellada dio paso, con el tiempo, a un gesto de hombros encogidos y a una aceptación de que hay pueblos con sino trágico. Sobre todo esos pueblos a los que pertenecen otros, los otros.
Si el 91 por ciento de los españoles se opuso a la guerra, y Aznar marchó a ella en representación de nadie, ¿por qué hasta hace una semana estaba por ganar las elecciones?
Más allá de la desmesura patética de lo que Washington clasifica como “el eje del bien” y “el eje del mal”, está claro que, con otras e imprecisas coordenadas, hay en el mundo hoy millones de personas que demandan racionalidad y paz, y una minoría de operadores que –desde las sombras de las células terroristas o desde despachos oficiales– planifican desastres fanáticamente y con propósitos difíciles de descifrar para la gente común.
Si esa mayoría invisible permite que el delirio terrorista se convierta en su ayuda-memoria, si esa mayoría invisible no mantiene en vilo su capacidad de escándalo y no castiga a quienes la traicionan sin que haya de por medio nuevos mártires, seguirán explotando otros trenes y cayendo otros edificios.
Aznar no era mejor candidato antes del atentado. Entró directamente a la lógica planteada por Bush, en ese movimiento de tenazas funcional al terrorismo, en esa espiral de espanto cuyos escenarios, hasta el atentado, quedaban lejos. Los 1300 soldados españoles que participan de la ocupación a Irak estaban en Irak antes del atentado. Iban a seguir en Irak si ganaba Aznar. Y Aznar iba a ganar las elecciones.
Tan torpe fue, que en su intento de entrar a las ligas mayores terminó siendo el kamikaze de Bush, el loco con el chaleco cargado de explosivosque se estrelló contra la opinión pública de su país. Esa opinión pública tiene ahora la responsabilidad de mantener la memoria despierta sin que ningún otro acto criminal se la espabile.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-32715-2004-03-16.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(1) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"La fobia a la tecnología es un lujo que pueden darse pocos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 14-03-2004 00:00:00

TOMAS BUCH, FISICO-QUIMICO

Los avances tecnológicos entusiasman pero también asustan. Pero los países más pobres no tienen opción: su vida cotidiana y su futuro dependen como nunca antes de la firmeza con que se apoye la investigación científica.

Fabián Bosoer
fbosoer@clarin.com

Las noticias que nos traen los avances científico-tecnológicos sorprenden y entusiasman, pero a veces también asustan y parecen acercarnos a las profecías apocalípticas. ¿Cuál de los dos aspectos pesa más?

—La tecnología se ha transformado en un arma muy poderosa, por cierto, y los productos tecnológicos son, a la vez, una esperanza y un riesgo. En este momento, el cambio climático está en un extremo y las posibilidades de prolongar la vida humana y de curar enfermedades a través de la biotecnología están en el otro. En la misma tensión, tenemos la tremenda injusticia de que un tercio de la humanidad sufra hambre, cuando otro tercio vive en un sistema que se niega a limitar su propio nivel de derroche y de contaminación.

# Y en este balance entre tecnologías que previenen o evitan catástrofes y aquellas que las producen, ¿cuál es el factor decisivo?

—La tecnología ha potenciado estos extremos pero no puede ser culpada por ellos. La tecnología produce para el mercado; si ese mercado tiene como clientes principales las fuerzas armadas o el consumo suntuario o las grandes industrias de armas, vamos mal. Si es el sistema educativo o el sistema de salud, vamos mejor. La disyuntiva es ésa: tenemos la alternativa de que toda la humanidad alcance niveles de vida más dignos o que haya una parte del mundo que viva en la abundancia y otra padezca toda clase de infortunios. Y el problema de la contaminación en ambas puntas: tanto la extrema miseria como el derroche son tremendamente contaminantes.

# ¿Cuánto determina hoy la producción tecnológica al conocimiento científico?

—Lo que tiene de característico el conocimiento científico es su publicidad: cualquier experto en el tema puede acceder a los resultados, utilizarlos y continuar, sobre esa base, la investigación. Hoy hay ramas de la biotecnología, por ejemplo, que son de aplicación más directa, y como el camino del laboratorio a la producción se ha acortado, hay conocimientos básicos que tienen valor comercial inmediato y que por lo tanto no van a ser publicados. Mientras tanto, hay enfermedades sobre las que se investiga menos, porque no existe una aplicación inmediata o rentable.

# La investigación puede ayudar mucho más para curar, pero ¿no está, a la vez, más condicionada por la oferta y la demanda?

—Claro. En Argentina hay tres millones de chagásicos y gente que investiga y que trata de buscarle remedio, pero en una escala menor. Los laboratorios que quieren investigar no disponen de fondos suficientes y el conocimiento científico queda retrasado. Como en otras áreas, sólo la presencia del Estado hace que subsista la investigación y, a la vez, que haya esperanzas para que la gente más desprotegida pueda vivir mejor.

# Por otra parte, hay muchos más científicos y un acceso a los bienes mucho más extendido.

—De eso no hay duda. Se dice que la televisión conduce a la desaparición de los lectores, que la gente lee menos que antes. Pero ¡antes era analfabeta, así que tampoco leía! Cada vez aparecen más títulos impresos. Lo mismo ocurre con la música. Predomina el rock y la música popular: ¿quiere decir esto que dentro de unos años nadie va a saber ya quién fue Mozart? No es así, porque las obras de Mozart se editan en escalas antes nunca vistas gracias a la tecnología de reproducción, que permite un mayor acceso, aun a la cultura más clásica.

# ¿Ciertas reacciones frente al avance tecnológico pueden compararse a las de la Revolución Industrial, cuando la gente se ensañaba contra las máquinas?

—La "tecnofobia" actual, un reverso de la "tecnolatría", es más compleja, porque se relaciona con el miedo a fuerzas que hemos desatado y que pueden salirse de control. Por ejemplo: los transgénicos. Estamos poniendo en la naturaleza organismos cuya estructura genética se ha modificado y por más que se hayan tomado todas las precauciones, no se puede estar seguro de ello. En todo caso, el rechazo de la tecnología es un lujo que sólo puede dar el desarrollo, cuando se ha incorporado la tecnología más avanzada. Pueden por ende advertir sus peligros ciertos y prevenir sus efectos negativos. Se producen alimentos orgánicos sin uso de fertilizantes o de agroquímicos, pero por ahora es para un mercado de ricos. En suma, necesitamos de la tecnología para transformar nuestro entorno, no para destruirlo ni para que su avance sin control nos destruya.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/14/z-04115.htm

Copyright Clarín, 2004.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Pablo Capanna: "El futuro no será peor que el presente"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 13-03-2004 03:58:07

El especialista en ciencia ficción dice que nadie llegó a imaginar que en la Argentina pudiera haber niños con hambre

Pablo Capanna es un intelectual fuera de lo común: profesor de filosofía, escritor, periodista, docente universitario y... apasionado por las historietas.

En todos esos terrenos ha cosechado buenos frutos. A mediados de la década del 60, Capanna tuvo una idea brillante: escribir un libro sobre la ciencia ficción. Fue el primero realizado por un autor de lengua española. Entonces sólo había dos trabajos sobre esta especialidad literaria, y los dos en inglés. "El sentido de la ciencia ficción", publicado en 1967, es un ensayo crítico, más filosófico que literario. Está esperando ahora su tercera edición.

Después llegaron las biografías de distintos escritores vinculados, de un modo u otro, con el género. Por ejemplo, J. R. R. Tolkien, Philip K. Dick y el célebre Cordwainer Smith, el seudónimo con que se dedicó a escribir ciencia ficción Paul Linnebarger, un hombre de los servicios de inteligencia norteamericanos que llevaba una vida literaria paralela a sus actividades relacionadas con la política exterior.

En 2000, Capanna narró la historia del cineasta ruso Andrei Tarkovski, el director de "Solaris", película que marcó un hito en la ciencia ficción llevada a la pantalla. Capanna también trabajó en las revistas El Péndulo, Minotauro y Axxón y obtuvo, entre otras distinciones, el Diploma de Honor Konex.

A la hora de rendir tributos, recuerda que fue Más Allá ("una extraña revista argentina que se publicaba en los años 50", dice) la que despertó su inquietud por la ciencia ficción. En ella colaboraban, entre otros, Mario Bunge y Héctor Oesterheld, quien más adelante sería el creador de "El Eternauta".

Nacido en Florencia, Italia, único hijo de un obrero metalúrgico, Capanna llegó a la Argentina cuando tenía 10 años. Su familia llegó atraída por una propuesta de la Secretaría de Agricultura que, en la primera época del peronismo, buscaba inmigrantes para trabajar en el campo.

"Pero el campo, finalmente, no fue...", resume. Explica que la familia se afincó en Buenos Aires y que él, para sorpresa de sus padres, decidió estudiar filosofía después de haberse recibido de perito mercantil, como su mamá.

Capanna recuerda que sus años de facultad no fueron sencillos. Dice que una vez escribió una monografía sobre Lovecraft que escandalizó a varios profesores de mentalidad demasiado conservadora. Hubo una excepción: Víctor Massuh, quien conducía un seminario sobre la experiencia religiosa.

-Siempre le gustó la ciencia ficción. ¿Le atrae lo misterioso?

-No, no especialmente.

-¿Es religioso?

-Soy creyente. Queda mal decirlo, pero soy católico. Parece que todos los intelectuales están obligados a decir que son ateos. En los últimos años, con la posmodernidad, hubo un auge de lo religioso, pero en el sentido más burdo. Todo el mundo empezó a tirar el tarot y a recibir mensajes del más allá. Hubo un auge espurio de la religión y ahora parece que los intelectuales se han retraído. Dicen que son ateos y hablan de la muerte de Dios. Eso me molesta. Una de las cosas a las que me dediqué fueron, justamente, las seudociencias. Escribí sobre la llamada New Age...

-¿No le gusta la New Age?

-No; la veo muy artificial. Hay mucho de comercial y mucho de postizo, en el sentido de que es un sucedáneo de una experiencia real que la gente no tiene. Se quiere comprar una experiencia hecha: sea feliz, conozca la eternidad... Eso no se consigue tan fácilmente. Hoy todo el mundo es místico, pero los místicos, orientales u occidentales, llevan una vida de penurias y sacrificios. Ahora alguien puede creerse místico el fin de semana, pero el lunes sigue con la misma dieta. Es algo muy trivial. Lo de las seudociencias, en general, me fascina. Por ejemplo, todo el culto que hay por los ovnis o las organizaciones seudorreligiosas que son francamente delictivas, como la secta Moon o la cienciología.

-La cienciología tiene muchos adeptos entre los actores norteamericanos...

-Sí: John Travolta, Tom Cruise... Dicen las malas lenguas que es la religión de la ciencia ficción, porque su fundador, Hubbard, era un escritor, malo, de ciencia ficción. Cordwainer Smith, uno de los autores más respetados del género, lo conoció de joven y escribió que Hubbard era muy inteligente, pero que podría ser peligroso si llegaba a ser líder de algo. En Buenos Aires, esta secta estuvo reclutando gente. Hace años me llegó la versión de que daban cursos de inglés aquí...

-¿Cuál es la idea de esa secta?

-En Alemania, la cienciología está proscripta. En Francia se armó un lío tremendo, pero no la quisieron prohibir por no quebrar la libertad de cultos. ¿Qué hacen los cienciólogos? Acumulan poder. Es una red mundial de acumulación de poder. Cobran para todo. Son sospechosos de estafas, espionaje industrial, secuestros y tráfico de armas, aunque no tienen vinculación con las drogas. Salió un artículo enorme en la tapa de Time sobre ellos.

-¿Qué opina de los ovnis?

-Es un tema infinito. Hay sectas, hasta suicidios colectivos. Pero lo que realmente me sorprende de todos estos temas seudocientíficos es que la idea que teníamos desde los tiempos de la Ilustración acerca de que la educación y la cultura iban a desarrollar la racionalidad de la gente haya resultado por completo equivocada. Uno pensaba que las seudociencias eran para la gente ignorante, que vive en las villas o en las favelas, pero no es así. Los de Heaven´s Gate, que se suicidaron en forma masiva en California, eran programadores, hacían software, tenían buenos empleos...

-Con las últimas misiones a Marte y las noticias de que podría haber habido agua, se ha reeditado aquello de los hombrecitos verdes del planeta rojo. Ray Bradbury volvió a aparecer en las primeras planas de los diarios.

-Sí, pobre Bradbury. Está muy mal. Dejó de ser el Bradbury que muchos admiramos hace años, antes de que empezara a ganar plata. A los escritores, ganar plata les hace daño. Las mejores obras las hacen cuando son pobres. Es mi modesta opinión. Después vienen los compromisos, los contratos. Se firma para escribir siete libros en equis tiempo y entonces aparecen productos como Harry Potter. Es decir, se escribe cualquier cosa.

-Volviendo a la cuestión de las seudorreligiones, ¿por qué cree que abundan en esta época?

-Hay una crisis de sentido, un vacío ético. Un poco de relativismo es bueno, pero en dosis masivas conduce a un vacío en el que ya no se sabe en qué creer. Entonces, cuando uno está en la duda total y definitiva se agarra de la cosa más burda que tenga a mano. Cuando uno deja de lado siglos de filosofía y todo lo que eso implica, siglos en que se trató de elaborar una idea un poco más refinada y sutil de Dios, y se encuentra con un vacío, termina por creer en el primer florero que le ponen adelante... Es un problema bastante serio.

-¿Ocurre en todo el mundo?

-Sí. Las religiones tradicionales están en receso, no encuentran respuestas, y aparecen estas seudorreligiones, porque realmente la mayoría tiene fines comerciales. Eso es lo lamentable.

-En general, ¿este tipo de creencias aumenta en épocas críticas?

-Por supuesto. Históricamente, se han dado en momentos de crisis y decadencia, sobre el fin del Imperio Romano, antes del Renacimiento; cuando algo está cambiando y todavía no se ve para qué lado cambiará, se produce una gran inseguridad. Entonces proliferan las falsas creencias.

-Usted es docente universitario...

-Enseño en la Universidad Tecnológica Nacional una materia que se llama Ingeniería y Sociedad a estudiantes del primer año de la carrera de ingeniería. Es una asignatura que sobrevivió de un paquete de tres materias que ya no se dictan: Filosofía, Psicología Social e Historia de la Cultura.

-¿Cómo ve el conjunto de la educación?

-El deterioro educativo es muy grande. Son increíbles los resultados de los exámenes de ingreso. Los chicos quieren ser ingenieros y no saben nada de matemáticas. Ni siquiera pueden resolver problemas que tendrían que haber aprendido a solucionar en la secundaria. Y algo similar ocurre en la carrera de astronomía, en la Plata. Los docentes de Filosofía y Letras me cuentan que los estudiantes no tienen idea de cómo escribir. Cuando yo estudiaba, un alumno con faltas de ortografía era un paria. Todos se burlaban de él. Ahora es lo más común del mundo...

-¿Piensa que es útil un examen de ingreso a la universidad?

-Más que un examen, me parecería bien un curso de ingreso. Y me parece también que debería resolverse el problema vocacional para evitar que los chicos elijan la carrera que quieren estudiar por fantasía, porque vieron una película o porque alguien se lo recomendó, sin tener idea de los contenidos con los que se van a encontrar.

-¿Qué le parece la Argentina en este momento, con su problemática social, económica y política?

-Hace 40 años que vivo en José C. Paz y, por mi experiencia como vecino del Gran Buenos Aires, que no todo el mundo tiene, fui testigo de lo que ocurrió en el ámbito suburbano. Cuando me fui a vivir ahí pensé que iba a ser un pionero, que en el futuro habría mejores transportes, mejores comunicaciones, mejor oferta cultural, más escuelas; que mis hijos tendrían tren eléctrico que los llevaría a la universidad... En cambio, lo que vi fue una decadencia que en los últimos años llegó a niveles terribles. La inseguridad es total; la desocupación es muy grande; el clientelismo político no ayuda en nada, sino que congela una situación; no aparecen fuentes de trabajo. Claro: es difícil crear fuentes de trabajo en un mundo en el que las nuevas tecnologías las cierran, pero esto debería tener alguna solución.

-¿Esos indicadores que menciona no mejoraron desde que está Kirchner en la presidencia?

-Creo que con Kirchner mejoró el nivel de esperanza. Si tenemos que elegir entre los últimos presidentes, Kirchner es el mejor, en cuanto a que no ha cometido errores graves. Y todo lo que ha hecho es aceptable. Eso no significa que haya empezado a tocar los problemas de fondo. Ha dado esperanza, pero no tocó los problemas de fondo, que son muy grandes. Si existiera alguna decisión de encararlos, habría que tener mucha estabilidad para sostener lo que se decida. Uno de los más grandes problemas de nuestro país es que nunca tuvimos estabilidad.

-¿A qué se refiere?

-A tener una línea y mantenerla. Brasil, de modo caótico, se fijó un objetivo y se fue desarrollando. El objetivo era el crecimiento.

-Pero el crecimiento puede ser con desarrollo social o sin él...

-Bueno, fue un crecimiento con grandes desigualdades. Es lo que algunos llaman el mal desarrollo; pero globalmente Brasil creció. Y acá, en cambio, fuimos para atrás. En 1950, el escritor Collin Clark decía que había cuatro países agrícolas que se iban a desarrollar, que eran Australia, Canadá, la Argentina y Nueva Zelanda, y que la Argentina los iba a pasar a todos. En esa época, Brasil, frente a nosotros, era un país atrasadísimo. Los brasileños venían a estudiar acá. Ahora nuestras empresas se van a Brasil...

-¿Qué nos ha pasado?

-Creo que el problema es la inestabilidad, la falta de continuidad, no tener un objetivo medianamente aceptable y seguirlo.

-Pero cuando hablamos, por ejemplo, de los problemas de fondo, como la renegociación de la deuda, ¿qué le parece la actitud del Presidente?

-Muy realista, dentro del mínimo margen de maniobra que tenemos.

-¿Le parece bien eso de plantarse en sus trece y mantenerse estable en esa actitud, aunque el mundo entero esté en contra?

-Depende de la capacidad de negociación. Yo no quisiera estar en el lugar del gobierno argentino. Tienen que encarar toda una maniobra de regateo, y no es fácil.

-¿Usted cree que Kirchner cuenta con suficiente respaldo?

-Creo que hay una opinión pública favorable al Presidente. Kirchner está acumulando poder, como todo político, y me parece bien que lo haga, pero su frente interno está muy dividido.

-¿El poder que le da la gente es suficiente para que Kirchner sostenga sus decisiones?

-Kirchner tiene mucha popularidad. No sé si tiene poder en ese sentido. La popularidad es algo que se va, como el rating. Puede ser circunstancial. En la medida en que haga bien las cosas, tendrá también poder, pero... él lo tiene a Duhalde, que quiere conservar su poder, y también al menemismo. Yo estoy opinando como ciudadano, no como un experto en el tema. Creo que estamos en un proceso en el que se tiene que replantear toda la política argentina. Por ejemplo, contamos con partidos centenarios que se diluyeron, como el radicalismo, y con un partido dividido, como el peronismo.

-¿Alguna vez no estuvo dividido?

-Y... cuando gobernaba Perón; mientras duraron Perón y Evita. Cuando murió Evita, ya había una fractura, Perón había perdido parte de su poder. El peronismo se mantiene unido porque es una gran mutual. Todos saben que si se quedan adentro se benefician. Son suficientemente hábiles para darse cuenta de que no les conviene dividirse. Los radicales se dividieron muchas veces; se diluyeron. Creo que la resultante de todo esto será un replanteo. Pienso que tienen que aparecer partidos nuevos, no nuevas ideologías, pero sí, como en todo el mundo, nuevas representaciones para distintos sectores: uno conservador, uno avanzado, un sector medio que refleje la realidad de la sociedad argentina.

-¿Usted cree que si Kirchner estuviera más sostenido por acuerdos con los sectores dirigentes locales podría negociar mejor con los organismos financieros internacionales?

-Pienso que sí. Y pienso, también, que el punto al que ha llegado la Argentina frente a los acreedores externos no es sólo responsabilidad del país. La burbuja no se infló acá solamente. También se infló desde afuera. Yo tengo un libro que compré antes de que se terminara la convertibilidad. Es sobre prospectiva, acerca de cómo serán los próximos 50 años. Es un libro norteamericano y empieza con una cita de Domingo Cavallo. Dice de él que fue "el genio que hizo el milagro argentino". Lo cita a Cavallo en 1999. Eso quiere decir que la burbuja también fue inflada desde afuera. Hace unos días, en una película por cable sobre especulaciones financieras, una película muy tonta, alguien decía que había que comprar bonos de la deuda externa argentina porque darían muy buen rendimiento... Quiero decir que el supuesto milagro argentino estuvo inflado desde todas partes, que no fuimos los argentinos chantas los que nos dedicamos a engañar al mundo.

-¿También hay chantas afuera?

-Muchísimos, y esos chantas sabían quién era Menem. Lo sabían perfectamente. Menem encarnó un tipo de poder que les sirvió y ahora se escandalizan de que no paguemos la deuda. Con esto que digo no quiero defender una idea conspirativa, pero Menem fue designado como la figura ideal para hacer ese papel: era peronista, subió con sus patillas al viento, amenazando con ocupar las Malvinas, con no pagar la deuda, y luego hizo todo lo contrario. Era la figura ideal. Los de afuera lo usaron y después lo descartaron.

-¿Qué destino imagina para la Argentina usted, que es un experto en ciencia ficción: un destino trágico?

-No, o al menos no más trágico que el presente. Esto que pasa no lo llegó a imaginar nadie. Por ejemplo, el hambre. Hace un año estuve en Barcelona, almorzando con editores. Ellos no podían entender cómo acá la gente pasaba hambre. Ellos no pueden olvidarse de cuando la Argentina le había regalado trigo a España, luego de la Guerra Civil. Había un debate por televisión en el que una médica sin fronteras decía que la gente que en la Argentina no podía comprar un remedio, se moría. Y los españoles preguntaban: "Hombre, ¿no tiene seguro social?". No, no hay. No hay ningún colchón de respaldo. Ellos no entienden. Y todo el mundo tiene algún pariente en la Argentina. No entienden que en la Argentina haya gente que se muere de hambre.

-Viviendo en José C. Paz, ¿cómo se maneja respecto de la inseguridad?

-Como todo el mundo. El otro día me robaron el auto. Era un auto viejo, pero era mi auto. Esto ocurrió a una cuadra de la comisaría.

-¿Y cómo hace para no salir a gritar que hay que armarse para defenderse?

-Trato de ver menos noticieros. Los noticieros fomentan mucho las neurosis, con todos los crímenes y secuestros. Parece que la inseguridad fuera la única noticia, o si no la nota de color con la nenita que tuvo el trasplante... Trato de no entrar en esa psicosis, pero veo que las rejas siguen creciendo. En mi casa tuve que poner rejas nuevas. Seguramente, me van a asaltar cuando esté abriendo todas esas llaves... Pero se hace lo que se puede. Si me tiene que pasar, ocurrirá.

-¿Qué es lo peor que tenemos, como sociedad?

-Veo que habrá que tener objetivos más o menos claros, objetivos realistas, no utópicos, de mejorar algo gradualmente, y mucha estabilidad para seguir llevándolos adelante. Porque, en mi experiencia, lo que he visto es que no sólo cuando cambia un gobierno, sino cuando cambia un ministro parece que el país empezara de nuevo. Todo lo que se hizo antes está mal. El tipo dura seis meses, lo echan y viene otro que tiene "la precisa". Eso en otros lados no pasa. Es una característica muy negativa de nuestro país, que genera mucha inestabilidad. No hay conciencia de que los proyectos en marcha son proyectos del Estado argentino para la sociedad argentina. Los intendentes del Gran Buenos Aires, por ejemplo, se han tomado la mala costumbre de firmar todo lo que hacen, cuando hacen algo. Después, cuando es elegido el sucesor, hay que cambiar todo lo que han pintado. Formar ciudadanos no es que todo lo que nos dan deba tener un nombre y apellido. Eso es acostumbrar a la gente a la dádiva. Y esas son las prácticas más difíciles de revertir.

Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/13/dp_581151.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

A treinta años de aquellas humillaciones

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 13-03-2004 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Treinta años. Cómo nos humillaron hasta el hartazgo. Primero todas las zancadillas posibles para que sacáramos la bandera de rendición. Luego la desaparición. Treinta años que el film La Patagonia rebelde fue ninguneado no por la dictadura sino por una democracia. La democracia de Juan Domingo Perón. No va, porque el presidente no quería problemas con los militares. Después sí la permitirá para demostrarle a su comandante en jefe, el general Leandro Amaya, quién tenía la sartén por el mango. El estreno. La euforia del público que esperaba desde hacía meses la tan perseguida película. El fusilamiento de los obreros del campo patagónico en 1921-22 en manos del Ejército argentino enviado por el presidente radical Hipólito Yrigoyen (otra democracia). Las peonadas fueron cazadas como ratas y tiradas en tumbas masivas. Todo el mundo se calló la boca. Todos. Principalmente los radicales. Las únicas que corrieron a escobazos a los soldados fusiladores fueron las mujeres más humilladas, las prostitutas de San Julián. Les gritaron lo que eran: asesinos. Y los corrieron. Ese era el épico final del film, pero no pudo ser. El Ejército amenazó. Y cambiamos el final para que el film pudiera darse. Los militares argentinos dijeron que esas putas habían insultado al “uniforme de la patria”.
Sí, porque eran mujeres valientes, llenas de coraje civil ante el crimen de tanto peón.
El film pudo darse por permiso de Perón el 14 de junio de 1974. Y, muerto Perón, desapareció de las pantallas del país por la actitud del zar de la censura, Tato, el verdugo de las imágenes. Funcionario del gobierno peronista de Isabel.
Al mismo tiempo el director, el productor, el autor del libro y los artistas del film aparecieron en las listas de las Tres A, condenados a muerte. Los nacionales y populares decían que el heredero de Perón iba a ser el pueblo. Y no, el único heredero fue López Rega, el siniestro asesino.
Sobrevino entonces para el film y sus autores el exilio y la persecución. Mi grito desesperado fue: ¿por qué tengo que abandonar el país? ¿Por haber escrito la historia de pobres gauchos fusilados por el Ejército medio siglo atrás en la lejana Patagonia? ¿Por qué? ¿Qué fuerzas había detrás? Todo había comenzado con la prohibición de mi primer libro, el Severino Di Giovanni, en un decreto del presidente Lastiri (yerno de López Rega). Su nombramiento por Perón había sido una burla a las instituciones democráticas y a todo el pueblo. Un inútil de oficio soplón. Y luego será Isabel la que prohíba los tres primeros tomos de La Patagonia rebelde y, en 1975, Los anarquistas expropiadores. Prohibidos y se acabó. Después, durante la dictadura, quemados por “Dios, Patria y Hogar”, por un patán inservible de uniforme, el teniente coronel Gorleri, ascendido a general después por la democracia de Alfonsín.
El cine argentino se sometió. Mientras, el comodoro Carlos Exaquiel Bello (alias Pepitajo) prohibía mi guión Tiernas hojas de almendro, presentado al Instituto Nacional de Cinematografía con seudónimo. En esos mismos días, el señor comodoro de la Nación acompañaba con toda pompa al Festival de Moscú al film de Mario Sabato El reino de las tinieblas sobre el libro de Ernesto Sabato. Una dictadura libre y democrática de la desaparición de personas.
En las pocas semanas en que pudo ser exhibida, La Patagonia rebelde fue vista por miles de espectadores. Los de la vieja generación se acuerdan muy bien. Y obtuvo el premio del Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. Y luego, el exilio: melancolía, tristeza, injusticia, y la rabia ante la brutalidad de los uniformados de la Casa Rosada y sus acompañantes civiles, intelectuales y burócratas.
Casi diez años después, el film volvía a las pantallas argentinas. Diez años de desaparición por culpa de demócratas y tiranos. Un capítulo para comprender el porqué del uso de la fuerza y la censura en tiempos libres, y de la ignorancia y el palo policial en épocas de uniformados. Con La Patagonia rebelde se puede estudiar ese por qué del pisoteo de las letras del Himno, “Libertad, Libertad, Libertad”, por orden de los mandamás de la Casa Rosada, tengan uniforme o no.
Pero, con el pasar del tiempo, la verdad surge cada vez más lozana. Cuando releo el decreto de Lastiri prohibiendo el Severino, o el de Isabel Perón, con Los anarquistas expropiadores, o el nombre de todos los que intervinieron para esconder al pueblo la matanza patagónica y veo mis libros en las librerías y el film La Patagonia rebelde que ahora va a ser recordado en funciones especiales, no puedo nada más que sonreír: la verdad se abre paso en las tinieblas, no se la puede matar para siempre. De Tato no se acuerda nadie, del comodoro Bello (“Pepitajo”), sí, se acuerdan los que fueron víctimas de su proceder inquisitorial y su bravata de oficina. De Lastiri e Isabel, ya está todo dicho, dos marionetas trágicas, dos insultos a todos aquellos que dieron sus vidas por más democracia.
Pero sí quedan en el recuerdo nuestro los que hicieron posibles que La Patagonia rebelde viera la luz. Voy a recordar a uno de ellos, el ex gobernador santacruceño Jorge Cepernic, quien nos facilitó toda la ayuda durante la filmación para que pudiéramos llegar al final. Cuando surgía un problema, allí estaba él para solucionarlo. La dictadura lo mantuvo preso ocho años. El director de la cárcel le confió una vez que esa prisión no era por su labor positiva de gobernador sino porque había ayudado a que La Patagonia rebelde fuera realidad.
Y fue realidad y es realidad. Varios de sus protagonistas no están más. Murieron jóvenes. No los podremos volver a ver en este encuentro próximo del Festival de Cine de Mar del Plata. Pero los veremos, sí, jóvenes y con talento en las escenas del film. Actuaron y de ellos quedará el recuerdo para siempre. Cuando los veamos de nuevo en pantalla los aplaudiremos con fuerza a pesar de que las lágrimas nos nublen la vista.
En la historia del cine argentino, los avatares de La Patagonia rebelde quedarán como un antecedente de persecución y gloria. Ese cine argentino que hoy está pleno de jóvenes realizadores y de algunos veteranos bien firmes.
Para mí es un episodio que me costó sinsabores y, con mi familia, ocho años de exilio. Pero ahí está ese testimonio del crimen más atroz de nuestra historia obrera cometido por el gobierno de un partido que siempre se calló la boca. Allí está la verdad. Ninguna justicia pudo probar que allí se mentía o se exageraba. Es la auténtica verdad histórica, allí, en la lejana Santa Cruz están las tumbas masivas, ahora sí, marcadas por la Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores, y el monumento a Facón Grande en Jaramillo, ese gaucho entrerriano mártir por los derechos del trabajador de campo del lejano Sur.
No quisiera dejar estos recuerdos de injusticias, pero de corajes y valentías, sin nombrar a aquellas mujeres tan humilladas, las prostitutas de San Julián, los únicos seres en toda la Argentina que llamaron asesinos a los militares fusiladores de los gauchos patagónicos. Lo diremos con la filiación policial tal cual aparecieron en los amarillos papeles del archivo: Consuelo García, 29 años, argentina, soltera, profesión: pupila del prostíbulo “La Catalana”; Angela Fortunato, 31 años, argentina, casada, pupila del prostíbulo; Amalia Rodríguez, 26 años, argentina, soltera, pupila del prostíbulo; María Juliache, española, soltera, siete años de residencia en el país, pupila del prostíbulo; y Maud Foster, inglesa, soltera, 31 años de edad, con diez años de residencia en el país, de buena familia, pupila del prostíbulo. Jamás ningún político de ningún color fue a poner una flor en las tumbas de los gauchos. Sólo hubo ese gesto de coraje de las mujeres del prostíbulo de San Julián.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-32583-2004-03-13.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Zizek: Estados Unidos debería intervenir más y mejor en el mundo

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 10-03-2004 03:55:55

Pide que asuma su papel de policía global

El filósofo esloveno Slavoj Zizek recurre a una vieja consigna ecologista para explicar uno de los principales problemas que, a su juicio, deben afrontar hoy los países en todo el mundo. "Piense globalmente, actúe localmente", pedía Greenpeace hace algunos años. Según Zizek, los Estados Unidos hacen exactamente lo contrario: piensan localmente y actúan globalmente. Intervienen en el mundo con la fuerza de una potencia imperial, pero con los objetivos domésticos de un Estado-nación. Ese modo de proceder, dice el filósofo, en el largo plazo termina por agravar los conflictos.

La solución que propone Zizek es que los Estados Unidos intervengan más y mejor y que asuman cabalmente su papel de policías globales. Lo paradójico es que el hombre que pide una mayor actuación internacional de los Estados Unidos es un filósofo marxista.

Nacido en 1949, Zizek es apreciado en los ámbitos universitarios de Europa y América por su pensamiento rico en matices, fruto de una inteligencia viva, y por su prolífica producción ensayística sobre temas que van desde el psicoanálisis hasta la política, pasando por el cine y la literatura, en títulos como "El espinoso sujeto", "Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo", "Ideología. Un mapa de la cuestión" y "Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock", entre muchos otros. Su interés por los debates de su tiempo lo llevó a participar activamente del proceso que en 1991 culminó con la separación de Eslovenia del resto de Yugoslavia, aun como candidato a un cargo ejecutivo en el gobierno de la flamante nación eslovena. Actualmente, Zizek se mantiene al margen de la política partidaria de su país, pero sigue analizando lo que ocurre en el mundo fiel al precepto que guía su actividad filosófica: asumir los riesgos que implica pensar por sí mismo y evitar la sombra protectora de cualquier tipo de tutelaje intelectual.

Durante su visita a la Argentina, el filósofo dialogó con LA NACION.

-¿Qué ha cambiado en el mundo después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001?

-Creo si el ataque a las Torres Gemelas tiene algún valor simbólico es el de haber puesto fin a lo que yo llamo la última utopía capitalista-liberal. Después de que la caída del Muro de Berlín marcó el final del comunismo, Occidente comenzó a vivir como si se iniciara una nueva utopía, seguro de que la democracia liberal se expandiría por todo el mundo y sólo quedarían conflictos y focos de resistencia locales. Pero las cosas no funcionaron de esa manera. El capitalismo y su expresión política, la democracia liberal y parlamentaria, no pueden abarcar todo el mundo sin generar tensiones y antagonismos.

-Si lo que usted considera una utopía capitalista-liberal terminó, ¿en qué etapa nos encontramos ahora?

-Ahora se expanden por el mundo nuevas formas de control político. Para mí, la verdadera base de la democracia es su sustancia ética. Se están produciendo cambios preocupantes, como la cantidad de control que la gente parece dispuesta a aceptar. Porque, ¿sabemos realmente hasta qué punto está controlada la sociedad en países como los Estados Unidos e Inglaterra? No creo que haya habido ninguna nación en la historia, incluyendo la Unión Soviética de Stalin, cuya población haya sido vigilada hasta tales extremos.

-¿Le parece que el régimen estalinista es comparable con las democracias de los Estados Unidos e Inglaterra?

-Sé que el estalinismo fue extraordinariamente cruel, no lo estoy defendiendo. Pero el punto es que ahora, aunque uno se sienta libre no lo es. Toda esta idea de la libertad y de la apertura de fronteras que trajo la globalización es una ilusión. Por ejemplo, se ha vuelto más difícil circular por Europa. La ironía es que, bajo el socialismo, para los yugoslavos ir a la Europa occidental era más fácil que ahora. Hoy, los temas verdaderamente importantes no son materia sobre la que la gente pueda decidir, ni siquiera formalmente, sino que se determinan en el seno de instituciones como el Fondo Monetario Internacional, sin control de ningún mecanismo democrático. Ahora, imagine usted la estúpida idea de democratizar el FMI (alguna gente de izquierda así lo quiere). ¿Qué haríamos, organizar elecciones mundiales para ver cuántos millones de personas votan en favor o en contra de tal o cual medida? Sería una locura, no funcionaría y tampoco lo permitirían los países desarrollados. Por eso, creo que las democracias serán cada vez más puramente formales: habrá elecciones, pero las decisiones económicas serán cada vez menos materia de elección para los pueblos. La Argentina ofrece un ejemplo reciente de esta situación. Aquí, Carlos Menem ganó las elecciones presidenciales por primera vez con una plataforma populista propia del peronismo. Pero como presidente hizo lo opuesto de lo que había prometido, y eso a nadie le importó demasiado mientras la economía funcionó más o menos bien. La gente, de alguna manera, acepta que la política económica no es algo que se pueda elegir, sino que en esa materia se hace lo que hay que hacer.

-¿Cómo surge esa especie de aceptación pasiva?

-Los ideólogos de hoy tratan de convencernos de que vivimos en una era posideológica y de que la economía es una ciencia neutral practicada por expertos. Esto no es así: siempre hay ideología de por medio. Cuando el FMI aconseja a un país que siga determinada política económica, no le está dando simplemente un consejo neutral: subyace en él una determinada ideología. No hay que olvidar esto, porque uno de los problemas que se plantean en la actualidad, si me permite desarrollarlo en términos psicoanalíticos, consiste en la elevación de lo que Lacan llamaba el discurso del amo al status de un discurso universitario. El discurso del amo es imperativo. Por ejemplo: no tenga relaciones sexuales promiscuas. El discurso universitario, en cambio, es persuasivo, a partir del saber. Ejemplo: haga usted lo que quiera, pero yo le puedo decir que si tiene relaciones sexuales promiscuas perjudicará su salud. Hoy, lo que muchos economistas hacen es presentar una directiva de signo político bajo la apariencia de un consejo que resulta del conocimiento neutral y objetivo. Esta actitud abre el camino para que aparezca alguna especie de nuevo capitalismo autoritario. Una primera tendencia, en ese sentido, es lo que está ocurriendo en los Estados Unidos. Creo que en un futuro cercano cada vez más la actividad política de los Estados estará compuesta por tres elementos: la aplicación de estrategias económicas, de medidas de seguridad y la participación en ciertos debates culturales que reemplazarán al verdadero debate político, acerca de cuestiones como si se debe autorizar el matrimonio entre los homosexuales o si la exhibición de símbolos religiosos debe estar permitida en las escuelas públicas, discusiones que, por otra parte, considero relativamente ridículas.

-Sin embargo, esos temas suelen despertar mucho interés.

-Lo sé, pero aun así se trata de discusiones superficiales. La política queda reducida a esos debates porque el capitalismo es percibido como el estado natural, no como algo sobre lo que se pueda debatir. Esto es así, entre otros motivos, porque el marxismo fracasó como alternativa al capitalismo. Pero ahora, para mí, el problema no es cómo combatir el capitalismo ni por qué fracasaron las otras opciones, sino saber si el capitalismo será capaz de sostenerse a sí mismo.

-¿Por qué no habría de serlo?

-Piense en lo siguiente: ¿cuál ha sido la lección de la actitud antimonopolio que, precisamente en los Estados Unidos, intentó limitar el poder expansivo del imperio Microsoft? Que la competencia de mercado no es el estado natural de las cosas. Para que el mercado sea libre, se necesita una fuerte intervención estatal que combata los monopolios. Además, creo que los nuevos desarrollos tecnológicos también plantean un desafío al capitalismo al convertir en obsoleta la vieja fórmula liberal de la propiedad privada, que ya no sirve en la economía posindustrial. Todos conocemos el grave problema que hay con la piratería en la industria musical y lo difícil que resulta preservar el derecho de propiedad intelectual. Entonces se produce la paradoja de que muchas compañías gastan más en evitar la piratería que en el producto mismo, esto es, gastan dinero en limitar la circulación de los bienes que producen dentro del mercado.

-¿Cree que el marxismo es un instrumento útil para analizar la economía posindustrial?

-Analicemos el siguiente ejemplo. Trabajar en la línea de montaje de una fábrica, por ejemplo, puede ser desgastante, pero, de alguna manera, la persona que lo hace es libre. En una fábrica a nadie le importa si usted maldice su trabajo, lo importante es que lo haga. Ahora, si usted es niñera, tiene que tener una conexión emocional con lo que hace, no puede ejercer ese trabajo con una fría distancia. De alguna manera, además de su tiempo, tiene que vender sus emociones. Por eso creo que la economía de servicios produce más alienación que la economía industrial.

-¿Cree que invadir Irak fue una decisión acertada de los Estados Unidos?

-Me parece que el punto es otro. ¿Recuerda usted aquel slogan ecologista que decía: "Piense globalmente, actúe localmente?" Bueno, el problema es que los Estados Unidos hacen exactamente lo opuesto: piensan localmente y actúan globalmente. En contra de lo que opinan muchos intelectuales de izquierda, que siempre se están quejando del imperialismo de los Estados Unidos, yo creo que este país debería intervenir mucho más. Debería haber intervenido en Ruanda, por ejemplo, para detener la tremenda masacre que tuvo lugar allí. ¿Por qué no lo hizo? Tomemos el caso de Irak. Saddam Hussein es un mal tipo, no tengo lágrimas para él. Pero el crimen más grande que cometió fue atacar Irán, y eso los norteamericanos no lo señalan como deberían, porque lo apoyaron en aquella aventura. Ahora, ¿por qué los Estados Unidos atacan Irak? Más allá del discurso que siempre se repite acerca de los intereses económicos norteamericanos, lo cierto es que el régimen de Saddam ya declinaba y el verdadero objetivo de Washington no era Saddam, sino lo que vendría después de él. Los Estados Unidos sabían que el régimen de Saddam era secular y temían que, cuando se desintegrara, algún movimiento fundamentalista musulmán tomara el poder. De modo que lo que hicieron fue efectuar un golpe preventivo, pero al hacerlo, paradójicamente, crearon las condiciones reales para que surgiera un movimiento de esas características. Esa es la tragedia de los Estados Unidos: en el corto plazo ganan guerras, pero en el largo plazo esas guerras terminan por agravar los conflictos que debían resolver. El problema es que ellos deberían representar más honestamente el papel de policías globales. No lo hacen, y pagan el precio de no hacerlo.

-¿Comparte usted, entonces, los conceptos de Michael Walzer acerca de que hay guerras justas y guerras injustas?

-Mire, yo estoy en contra del pacifismo abstracto. No creo que esa forma del pacifismo sea de alguna utilidad. ¿Qué sentido hubiera tenido en 1941, en la Europa amenazada por Hitler? Ninguno. Algunas veces es necesario luchar. Volviendo a Irak, olvidémonos por un momento de los intereses económicos de los Estados Unidos y hagámonos una simple pregunta: ¿existe la posibilidad de que algún Estado democrático secular emerja en Irak, de modo que permita que la vida allí sea menos horrible que bajo el régimen de Saddam? Si la respuesta es positiva, yo respeto el proceso que condujo hacia ese fin. Muchos de mis colegas marxistas tienen una especie de arrogancia cínica respecto del sufrimiento de la gente. Sólo les importa defender sus principios, que dictan que no hay que apoyar el imperialismo norteamericano. Oponerme a ese tipo de postura me trajo serios conflictos cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte bombardeó Serbia. Yo apoyé esa acción, porque Milosevic era una catástrofe para Serbia.

-¿Y los bombardeos no fueron otra catástrofe, acaso?

-No, allí los norteamericanos hicieron el trabajo relativamente bien; las famosas bombas de precisión funcionaron aceptablemente. Los propios serbios lo han admitido. Y Serbia, aun con todos sus problemas, es un país mejor sin Milosevic. Ahora hay paz en los Balcanes. Pero a cierta gente de izquierda todo esto no le importa, lo único que le preocupa es conservar las manos limpias.

-¿Una izquierda hipócrita?

-No lo sé, pero algunas actitudes lo dejan a uno perplejo. En la Ciudad de México, por ejemplo, me impresionó mucho un fenómeno que casi me hizo sentir avergonzado de ser un hombre de izquierda. Vi cantidad de intelectuales de clase alta que se declaran marxistas y revolucionarios, pero viven aislados en sus barrios privados y tratan a los empleados domésticos de la peor manera. Recuerdo haber estado en la casa de un psicoanalista marxista, conversando con él mientras una muchacha nos servía unas bebidas, cuando de pronto este hombre comenzó a criticar a la chica. Fue una situación terrible. Imagine: aquí a nuestro lado, mientras charlamos, hay una persona que entiende el idioma que hablamos, y yo le empiezo a decir a usted que esa persona es inútil y primitiva, sin que me importe para nada su presencia. Algo parecido me pasó en Río de Janeiro. Iba en un auto, de noche, con un grupo de intelectuales marxistas, y de pronto nos atascamos en un embotellamiento porque otro auto había atropellado a uno de esos chicos que habitualmente duermen en las calles. Cuando pasamos al lado del cadáver cubierto con una manta, la reacción de uno de mis compañeros fue quejarse con fastidio porque, según decía, con esos chicos en la calle ni siquiera se podía conducir el auto tranquilo. Como si lo que acabábamos de ver hubiera sido un objeto o un animal, no un niño.

-¿Qué papel cree que cumplen los medios de comunicación masiva en el modo en que percibimos la realidad?

-Un papel muy importante. Pero no porque los medios sean fieles a los hechos o los distorsionen (ésa también es una discusión trivial), sino porque los medios de comunicación no sólo reproducen los valores y actitudes fundamentales de las sociedades, sino que también ayudan a forjarlos. Es, básicamente, a través de los medios que aprendemos a vivir. Los seres humanos no sabemos por naturaleza qué es lo que deseamos. Nuestro deseo tiene que ser construido, y los medios cumplen un papel muy importante en esa construcción. Creo que el triunfo más grande de los Estados Unidos es haber impuesto el cine de Hollywood en todo el mundo, porque aun si uno se opone a las políticas impulsadas por los norteamericanos no puede escapar de la influencia de Hollywood. Veamos el ejemplo de alguien que, harto del consumismo de Occidente, desea acercarse a la espiritualidad de Oriente. Lo hará pasando por la puerta que han abierto los medios de comunicación occidentales: referentes como el Dalai Lama o la Madre Teresa de Calcuta son figuras mediáticas. La teoría sociológica usual sostiene que el llamado fundamentalismo religioso es, simplemente, un asunto de gente confundida que busca valores estables en un mundo moderno, donde nada es duradero. Esto es verdad sólo hasta cierto punto, porque si lo miramos desde otro ángulo nuestra vida diaria hoy está más regulada que nunca. Se supone que somos libres de disfrutar de todo lo que ofrecen nuestras sociedades liberales y democráticas, pero para poder hacerlo tenemos que mantener nuestro cuerpo sano y bello con la gimnasia, comer adecuadamente, comportarnos correctamente, no cometer acoso sexual y una larga lista de etcéteras. Algunos nacionalistas serbios me dijeron que para ellos la vida moderna era sofocante, por la cantidad de reglas que había que respetar. En ese sentido, el fundamentalismo nacionalista les ofrecía una vía de liberación (de falsa liberación, por supuesto): podían ir a Bosnia, matar, violar y arrasar al enemigo, convencidos de que actuaban al servicio de una buena causa. Por eso, me parece que el diagnóstico correcto de la situación es que el surgimiento de los nuevos fundamentalismos (religiosos, políticos, étnicos) no es una involución hacia algún pasado primitivo, sino un fenómeno netamente posmoderno que nos enseña que la economía digital puede coexistir con las creencias arcaicas; que uno puede trabajar en el proyecto más sofisticado de ingeniería electrónica y, al volver a casa, rendir culto a los antepasados o a la deidad de la creencia religiosa que corresponda según el caso. Son tiempos peligrosos los que nos ha tocado vivir, pero muy interesantes.

Por Verónica Chiaravalli
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/10/dq_580163.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"Hace falta una política rural estratégica que integre al país"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 07-03-2004 00:00:00

MABEL MANZANAL, ECONOMISTA

Actualmente el campo es muy productivo, pero expresa la polarización social del país. No se puede pensar en una colonización romántica, sino en apoyar a los pequeños y medianos productores con medidas activas.

Mabel Thwaites Rey
Es una utopía pensar en llevar gente al campo, colonizarlo?

—No sé si es exactamente una utopía. Se habla de proyectos privados de colonización, que apuntan a atraer a profesionales al campo. Pero esto es una salida individual y no un plan social. Hoy día, la producción agropecuaria se hace con mucho dinero, porque se necesitan insumos costosísimos. El problema no es instalar personas en el campo sino producir, lo que implica inversiones en electrificación rural, de salud, de vivienda, de transporte.

# Aun así, persiste la imagen de que en un país con un campo vasto y fértil, más gente debería trabajarlo.

—No cualquiera trabaja el campo. Muchos creen que es fácil hacer una huerta o una granja, pero no lo es producir para mantener una familia, más allá de la mera subsistencia. Hace falta capacitación, asistencia técnica. Además, el campo implica una cultura diferente: trabajar de sol a sol y todos los días del año. Hay que dejar esa visión romántica y pensar en medidas estructurales. Más que en llevar los urbanos al campo, hay que ayudar a los productores existentes, que perdieron sus predios y hoy apenas sobreviven.

# ¿Cuál es la situación del campo hoy?

—Disponemos de la imagen nítida del último censo del 2002: una caída de cerca del 25% de las explotaciones agropecuarias. Hay unas cien mil explotaciones menos, sobre todo de pequeños y medianos productores.

# ¿Cómo están los productores?

—Tenemos un campo altamente productivo, más aún con la devaluación, pero en una situación que expresa la polarización y la desintegración del entramado social del país. Por un lado están los grandes productores y por el otro, la desaparición de miles de pequeños y medianos. Muchos engruesan las filas de los desocupados o realizan actividades no agropecuarias. Hay productores medianos que vendieron o que arriendan sus tierras y son rentistas, pues las grandes empresas, que viven especialmente de la soja, en general no compran los campos, para evitarse los problemas que acarrea la propiedad.

# En estos años, ¿cuáles han sido las estrategias estatales hacia los pobladores rurales?

—La pobreza rural en la Argentina ha sido poco conocida, porque el país no estaba en una situación equivalente a la del resto de América latina, donde hay grandes masas de campesinos y minifundistas pobres. Es a partir de la vuelta a la democracia que empieza a verse la realidad de la pobreza rural y aparece el financiamiento internacional para enfrentar este problema.

# ¿Con qué características se da este tipo de financiamiento?

—Cuando viene a través de organismos de financiamiento internacional es deuda externa. Se canaliza a través de instituciones como la Secretaría de Agricultura. En la década de los 90 se da una "tercerización", con la explosión de ONG, muchas creadas por ex funcionarios estatales.

# ¿Cuál es el balance de esa experiencia?

—Lo bueno es que empezó una preocupación por el tema del desarrollo rural, de los pobres rurales, en el ámbito de la Nación. Además, los productores participan, juegan un rol más activo y se sienten diferentes cuando el Estado les presta atención. Pero por otro lado, ésta es una política muy marginal dentro de las preocupaciones del Estado y por eso se le destinan escasos recursos. La política del sector agropecuario continúa apuntando a los grandes productores cerealeros, en especial de soja. Y lo que se dedica para el resto es mínimo y termina siendo una mera política asistencial de contención.

# ¿Qué estrategia sería deseable para beneficiar a la población que vive en el campo?

—Creo que no es suficiente con las políticas que surgen de la Secretaría de Agricultura. Deberían actuar otras instituciones, como Desarrollo Social, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio del Interior. Hoy no existe una política de desarrollo rural ni territorial ni regional. Hace falta una política rural estratégica que piense e integre el país en su conjunto. Hay que incorporar a organizaciones de la sociedad civil en esta política, lo que significa que también ellas asuman un funcionamiento institucional transparente. Esto es importante, porque también en el ámbito de las ONG hay organizaciones serias y otras que surgieron de modo oportunista, para aprovechar ciertos fondos disponibles. Es decir, el clientelismo también está en el sector privado.

# ¿Qué límites y posibilidades le ve a la participación social en las políticas públicas?

—En realidad, todas las políticas de desarrollo rural de los 90 fueron incorporando paulatinamente la cuestión de la participación de los beneficiarios. Ahora, ¿de qué participación estamos hablando? La participación tiene una gama que va desde consultarle a alguien si está de acuerdo con lo que se va a hacer, y hacerlo de todas maneras, hasta llegar a la autogestión de los propios programas. Pero esto requiere capacitación, para que la gente pueda realmente ejecutar acciones.

# Pareciera que sin un firme sostén del Estado, la experiencia de participación no fructifica.

—Sí, efectivamente. Cuando no hay una continuidad ni direccionalidad en el apoyo estatal, se produce una desestructuración que esteriliza esfuerzos colectivos. Un problema que se ve mucho es la superposición anárquica de programas, con financiamiento de fundaciones privadas internacionales y nacionales, de organismos financieros, del Estado. Hay fundaciones que llegan a la Argentina con miles de dólares, para hacer un programa que tiene algo de beneficencia y algo de desarrollo productivo, pero que a veces termina desestructurando lo que hacen otros programas nacionales. Al no haber una estrategia, se acumulan mensajes contradictorios, porque cada uno piensa diferente sobre qué es la participación o el desarrollo. Mientras no haya una política de Estado unificada, que se imponga sobre esta suma de proyectos públicos y privados, todos los instrumentos para el desarrollo territorial y regional no causarán efectos relevantes ni duraderos.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/07/z-720283.htm

COPYRIGHT CLARIN, 2004.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Sánchez Sorondo: "Ya no quedan líderes políticos genuinos"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 06-03-2004 03:54:16

El abogado nacionalista analiza la crisis

"Aunque mi respuesta tenga cierto trasfondo nihilista, debo decirle que no creo que existan en la actualidad líderes políticos genuinos."

El doctor Marcelo Sánchez Sorondo no se demora en el desmenuzamiento de las cuestiones coyunturales, anecdóticas o pasajeras de la vida argentina. Fiel a su estilo, prefiere ir al encuentro de los grandes problemas de fondo y se concentra en el análisis de los lineamientos históricos y socioculturales que presiden y definen nuestro desenvolvimiento y nuestra identidad como nación. Le preocupan las deformaciones que ha ido sufriendo el sistema institucional argentino y cree que en nuestro país impera actualmente "un régimen de oligarquías partidarias que ha sustituido y corrompido a la genuina democracia". A su juicio, los argentinos vivimos una crisis sociocultural angustiosa, de modo tal que "la política gira en el vacío".

Analista político, abogado, periodista y, sobre todo, personalidad sobresaliente de la vida cultural argentina, el doctor Sánchez Sorondo es un hombre altamente representativo de las corrientes de pensamiento que han puesto el énfasis, desde la perspectiva del nacionalismo tradicional, en la defensa apasionada de los intereses de la Nación. Profesor universitario, director de periódicos que participaron intensamente de las controversias nacionales (tales como Nueva Política, Azul y Blanco o La República), ha sido durante más de medio siglo un observador sensible de las evoluciones de la vida pública nacional. En su libro "La Argentina por dentro", publicado en 1987, está contenida una parte sustancial de su pensamiento político.

Afirma que la desaparición de la clase dirigente tradicional de la Argentina ha dejado un espacio que aún hoy continúa vacante y opina que el país necesita encarar la reconstrucción de su sistema político de partidos. Para eso será indispensable -advierte- la creación de fuerzas nuevas que se identifiquen con las raíces históricas del país.

Evoca a Juan Domingo Perón como un personaje complejo, "cuya psiquis más profunda se sumerge en una región insondable". Cuando se le pregunta cuál era el elemento central del pensamiento político de Perón, rescata el concepto de la "comunidad organizada". En el justicialismo de hoy ese concepto está ausente y por eso -dice- "el debate interno en ese partido se circunscribe a opciones dependientes, en todos los casos, de influencias extranjeras".

Sánchez Sorondo opina que la llamada globalización no es un obstáculo para que cada país ejerza plenamente su soberanía. Al contrario, cree que en algunas circunstancias la vivencia real de la soberanía puede resultar favorecida por el proceso de mundialización. En el caso de las naciones de nuestro continente, entiende que la tendencia a la integración regional, como la que se expresa en el Mercosur, ante todo debería reconocer y propiciar una toma de conciencia acerca de la "espontánea e histórica unidad de los pueblos de nuestra América".

-En "La Argentina por dentro", usted se refiere a la relación entre dos conceptos fundamentales: el de Nación y el de democracia. Dice usted que la democracia tiene un valor instrumental. En la Nación, en cambio, se encarnan los valores esenciales y permanentes. ¿Cree que los líderes políticos actuales comparten esa visión de lo sustancial y lo instrumental?

-Aunque mi respuesta tenga cierto trasfondo nihilista, empezaré por decirle que no creo que existan en la actualidad genuinos líderes políticos. ¿Qué es un líder político? ¿Cuál es la diferencia respecto de un dirigente? Sin ser exactamente un caudillo -término que se orienta hacia el pasado-, el verdadero líder político se distingue precisamente por los rasgos que Mitre atribuía a los caudillos: "Buscan una patria indisoluble y un gobierno para todos; respetan el interés general y se inspiran en sentimientos verdaderamente argentinos". A quienes hoy asumen el papel de actores de la política no parece preocuparles esa distinción sustancial entre Nación y democracia, y hasta sospecho que no la disciernen en los hechos. No se paran a distinguir "la voz entre los ecos" y confunden su propia fortuna en el poder con el éxito en la tarea suprema de servir al bien común. Desde luego, la diferencia entre democracia y Nación es obvia, puesto que se trata de valores distintos, que actúan en diversos planos. La democracia es un sistema de gobierno, en tanto que la Nación es un cosmos político. Quiero suponer que a los dirigentes políticos actuales no se les escapa esa diferenciación tan clara y elemental. No se necesita ser un experto en política para advertirla.

-Usted ha dicho que la consulta electoral y el gobierno de las mayorías son elementos necesarios, pero no suficientes, de la democracia. Hace falta algo más, pues de lo contrario la democracia puede degenerar en demagogia o puede llevar a un entramado de oligarquías partidarias, como nos ha ocurrido a los argentinos. ¿Cree que hoy estamos saliendo de esa vieja deformación? ¿Hemos aprendido algo los argentinos, o el mal subsiste?

-La deformación subsiste y, por cierto, agravada. La política argentina conforma hoy -en efecto- un régimen de oligarquías partidarias que ha sustituido y corrompido a la genuina democracia. No se advierte cómo el sistema democrático podría adquirir una genuina consistencia bajo el peso de esos factores deformantes. Estimo que hemos aprendido poco y nada, porque a la mayoría del país se la sigue pensando desde la encerrona del cuarto oscuro.

-¿Cómo definiría a la crisis argentina actual? ¿Es una crisis política o es una crisis que afecta a otra clase de valores y principios?

-Creo que el país argentino vive una angustiosa crisis sociocultural, de suerte que la política gira en el vacío. Es preciso revertir la crisis de fondo. Por supuesto, no se trata de la simple tarea de un gobierno: es una faena que debe asumir toda la sociedad. Se necesita una generosa movilización de la opinión pública, a fin de que la comunidad nacional en su conjunto tome conciencia de la gravedad del problema y vuelque toda su energía en el esfuerzo por trascender de ese estado crítico.

-En el libro ya mencionado usted sostiene que no basta la legitimidad de origen de los gobernantes. Hace falta una legitimidad de ejercicio. ¿Cómo se llega a esa legitimidad sustancial, de fondo?

-No es, por cierto, fácil establecer la trayectoria propia de una auténtica legitimidad de ejercicio, que se define, ante todo, por la capacidad del gobernante para realizar el bien común. La legitimidad de ejercicio no se agota con el mero consenso público relativo a medidas parciales de gobierno, sino que requiere una explícita capacidad para garantizar la concordia nacional, vale decir, la convivencia pacífica entre todos los factores que integran la sociedad.

-¿Por qué a la sociedad argentina le cuesta tanto integrarse en un auténtico ideal de Nación? ¿En qué medida el mejor conocimiento de nuestro pasado histórico o su revalorización puede ayudar a crecer hacia la unidad que hoy está faltando?

-En la Argentina se dio un fenómeno propio de los países con fuerte presencia inmigratoria. Esto explica la existencia en nuestro territorio de una pluralidad de sociedades que carecen de un común denominador. Algunos de los pasos para revertir esta situación ya han sido dados, paradójicamente, como fruto de la notoria merma de autoridad que dio lugar a la caída del presidente Fernando de la Rúa y a los borrascosos episodios que de inmediato se sucedieron. Hoy son muchos más que entonces -son mayoría- los argentinos que reconocen que su destino común es ineluctable. Sin duda, el mejor conocimiento de nuestro pasado facilitaría el logro de la unidad nacional. En las últimas décadas contribuyó decididamente a concretar ese alto objetivo el papel de la enseñanza privada de nivel superior. Esta adquirió una gravitación decisiva en el país, por la importancia de sus establecimientos universitarios, que atraen a una verdadera elite estudiantil. Todo ello constituye un factor determinante que fortalece al sistema educativo en su conjunto, pues no sólo estimula la memoria histórica de nuestros compatriotas, sino también su comprensión de los hechos actuales.

-Hace más de quince años usted dijo que el país no tenía, como en otro tiempo, una clase dirigente. Sólo existe, afirmó, una pluralidad de minorías "eficaces en lo suyo". ¿Se ha avanzado algo desde entonces, o el problema se mantiene estático? ¿El espacio que dejó la clase dirigente tradicional continúa vacante?

- Sí, ciertamente continúa vacante. La antigua clase dirigente no ha sido reemplazada en la tarea del Estado. En su lugar actúan las oligarquías partidarias, que no son una clase ni son dirigentes.

-El sistema de partidos políticos atraviesa, en nuestro país, una crisis integral. Existe un partido en cierto modo hegemónico, el justicialismo, en el que conviven distintas visiones del país. Y el resto es una suma de partidos todavía débiles o en declinación. ¿Por dónde debería empezar la reconstrucción del sistema?

-En la actualidad, el justicialismo es un partido hegemónico en tanto y en cuanto conviven bajo el paraguas del mito peronista tendencias muy diversas. No es la primera vez que sucede: ya se manifestó hace más de treinta años, cuando el regreso de Perón convirtió al movimiento justicialista en una fuerza electoral invencible. En aquel momento, el propio Perón, convencido de su gravitación incontrastable, estimuló esa pluralidad de agrupaciones políticas de distinto signo. Y cuando aquella convivencia se volvió imposible, estuvo él para preservar la unidad partidaria. Hoy, para la reconstrucción del sistema de partidos sería necesaria la creación de una o más fuerzas políticas con capacidad para convocar al pueblo y obtener su apoyo. Sólo si esas fuerzas nuevas demuestran un alto grado de salud política será viable esa reconstrucción. De otro modo, sería más de lo mismo. Esas fuerzas nuevas sólo tendrán éxito si consiguen identificarse con las raíces históricas del país.

-Usted se asomó siempre a la vida política desde el campo del pensamiento y del análisis intelectual. Pero en un momento determinado, en 1973, asumió un compromiso militante y fue candidato a senador nacional por la Capital, por el aglutinamiento en el cual el peronismo constituía la fuerza mayoritaria. ¿Qué conclusiones extrajo de esa experiencia?

-Para responder a su pregunta considero indispensable manifestar que mi candidatura a senador nacional fue consecuencia de una intensa actividad política previa, que se propuso avanzar más allá del peronismo, aunque reconociéndole su condición mayoritaria, para integrarlo con otros núcleos del campo nacional. Se trataba de lograr que el peronismo conviviese con otras expresiones políticas en el marco del Estado de Derecho y cualquiera que fuere su condición mayoritaria. Lo cierto es que desde entonces el peronismo jamás pretendió excluir a sus opositores de la lucha por el poder. Aquella incursión en la política activa me facilitó el contacto con hombres de otras tendencias y me permitió obtener una visión más amplia del escenario nacional y, por consiguiente, advertir cómo era posible superar las tentaciones del espíritu de facción.

-¿Qué visión tiene usted, a estas alturas, del fundador del justicialismo? ¿Cuánto queda de Perón y de su visión del mundo en el actual justicialismo?

-El general Perón era dueño de una simpatía personal muy notoria, que facilitaba el trato con él. Perón era, según su humana complexión, un personaje complejo, cuya psiquis más profunda se sumergía en una región insondable. Considerando hoy retrospectivamente su personalidad, no rectifico ese juicio. Personalmente, mi recuerdo de Perón no se desglosa de aquella opinión que me merece su célebre actuación pública. Por lo demás, conviene aclarar que mi contacto con él fue muy anterior al momento en que su vida pública se volvió notoria y se configuró su extensa popularidad. A mi juicio, la visión del mundo que tenía Perón se centraba en la idea de la comunidad organizada, porque sólo con ella el país podía enfrentar con éxito los avatares de la política mundial sin alineamientos de ninguna clase, o sea, cuidando la independencia. Desde la muerte de Perón, la estructura del poder internacional ha variado radicalmente. Perón, que se anticipó a la globalización, definida por él como "mundialización", no tuvo que lidiar con su concreción en un escenario de una única superpotencia, como es el que hoy tenemos. En el justicialismo actual, lo que se echa de menos es, precisamente, la idea de la comunidad organizada. Y lo que divide a sus distintas tendencias es el criterio sobre la posición de la Argentina en el mundo. Por una parte, hay sectores que se caracterizan por adherir al alineamiento acrítico con los Estados Unidos. Ese fue el criterio que se expresó en la década menemista y creo que, en parte, se mantiene en la actualidad en las esferas del poder. Por el otro lado, hay sectores en los que asoma cada tanto la nostalgia de un sedicente peronismo setentista, que se invoca en los discursos, pero pasa a segundo plano a la hora de las decisiones, salvo en los temas en los que el sesgo ideológico no afecta a intereses concretos. Estos sectores ideologizados no tienen ya referente internacional, porque el bloque soviético se hundió. La ausencia actual del concepto de comunidad organizada en el justicialismo ha terminado por circunscribir el debate interno a opciones dependientes, en todos los casos, de influencias extranjeras.

-Los miembros de su generación tuvieron una experiencia singularmente enriquecedora por su participación en los recordados cursos de cultura católica, que tanta repercusión alcanzaron en las décadas del 20 y del 30. ¿Qué gravitación tuvieron esos cursos, históricamente, en la evolución del pensamiento político argentino?

-Los cursos de cultura católica fueron un testimonio muy notable de lo que podríamos llamar la elite intelectual de entonces. Gracias a esos cursos, cuyo mentor era César Pico, la juventud argentina orientada hacia el catolicismo encontraba las bases de su pensamiento político. Y aunque esas reuniones no se prolongaron demasiado, su impronta marcó decisivamente a los núcleos juveniles que se formaron bajo su influencia. Por entonces, la vida cultural argentina no estaba perturbada por esa violencia ideológica que fue el eco local de la terrible Guerra Civil Española y, más tarde, de la Guerra Mundial que le sucedió. Creo que el principal aporte de los cursos de cultura católica a la evolución de las ideas políticas nacionales fue el redescubrimiento de un tomismo remozado por la obra de Jacques Maritain. Para ser claro, ese tomismo afirmó la primacía del orden moral sobre la política e instaló el bien común -y no la "voluntad general" de la Revolución Francesa- como el gran objetivo legítimo de la acción política. Esto tuvo luego amplias consecuencias.

-Usted es reconocido como uno de los máximos exponentes de lo que se llamó genéricamente el pensamiento nacionalista argentino. ¿Cuál fue la principal contribución del nacionalismo al desenvolvimiento de nuestra vida política? ¿Cuánto le debió el peronismo, por ejemplo, a esa corriente?

-La influencia del nacionalismo se advierte en distintos campos de la vida política argentina. Uno de ellos fue la crítica al sistema de partidos, al que se identificó como "partidocracia". Otro fue la impugnación al influjo determinante de los intereses extranjeros en la vida nacional. Un tercero fue la terca denuncia de la corrupción en el ejercicio de los cargos públicos. En cuarto lugar, el nacionalismo no dejó nunca de advertir las consecuencias catastróficas que acarrearía la falta de rigor en la educación pública y el sesgo ideológico que ese sector de la enseñanza fue adquiriendo. La corriente nacionalista no tuvo éxito en su momento. Eso explica, en buena medida, el descreimiento actual acerca de los partidos políticos en la opinión pública. En cuanto al peronismo, ¿qué duda cabe de que en sus orígenes se adueñó de la prédica nacionalista, aunque pocas veces fue fiel a sus postulados?

-¿Cuáles deberían ser hoy los principales lineamientos de nuestra política exterior? ¿Cómo se deben afrontar las tensiones entre el Estado nacional y la tendencia a la formación de bloques supranacionales? ¿Cómo se ejerce la soberanía en un mundo que tiende a la globalización?

- Para ser fiel a los intereses nacionales, la política exterior argentina debería perseguir los siguientes objetivos: a) defender la soberanía de la Nación; b) establecer las mejores relaciones con los países vecinos y procurar echar las bases de una confederación sudamericana y con España, lo cual incluye especialmente al Mercosur; c) facilitar en el campo de los intereses locales y regionales el entendimiento distante con los Estados Unidos. No es buena política insistir o exagerar las tensiones entre los Estados y los bloques. La formación de tales bloques, lejos de ser un inconveniente o un obstáculo para los Estados nacionales, los beneficia tanto en el ejercicio de su autonomía como en su capacidad para influir en la política mundial. La llamada "globalización" no constituye un escollo para la plena expresión de la soberanía de cada país; al contrario, en algunas circunstancias puede favorecerla. En ese sentido, debe quedar claro que la soberanía no es una suerte de mito político que separa como una valla infranqueable a los distintos países, sino que admite la complementación entre ellos. Es evidente que los procesos de integración, como es el caso del Mercosur, tienden, por su propia dinámica, a favorecer, y no a obstruir, los intereses de cada uno de los pueblos latinoamericanos. Ello no obsta para que, en su transcurso, se planteen conflictos que pueden y deben superarse. Pero la integración, referida sobre todo a los temas económicos, debería ante todo reconocer y facilitar una toma de conciencia sobre la espontánea e histórica unidad de los pueblos de nuestra América.

-¿Qué lugar queda para la esperanza en un mundo en el que los valores tradicionales del humanismo son a menudo desmentidos? ¿Cómo visualiza el porvenir de la Argentina a partir de una realidad tan compleja y severa como la que afrontamos hoy?

-Nuestro país abriga la esperanza de una restauración de sus valores tradicionales. Ante la obvia comprobación de su actual decadencia, la Argentina debe apostar sin reservas por la más amplia restauración del humanismo, como condición para recuperar el papel protagónico que concierne a su identidad nacional. Si nuestro país logra reencontrarse con su tradición más auténtica, sin duda participaremos con nuestros valores en un mundo contemporáneo en el cual esos valores, justamente, son con frecuencia negados o desvirtuados.

Por Bartolomé de Vedia
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/04/03/06/dp_579073.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

El corset

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 05-03-2004 00:00:00

Por Sandra Russo

Si uno lo piensa, es delirante, pero estas cosas pasan así: en un país periférico, hambreado artificialmente, saqueado por cuatro o cinco castas de políticos y burócratas locales aliados núcleos del poder globalizado, de instituciones vitales corroídas para llevar adelante ese saqueo, un gobierno se propone restaurar una de ellas, la Corte Suprema de Justicia. Para evitar caer en los antiguos juegos de jueces-mayordomos, decide proponer nombres de candidatos y someterlos al criterio de la sociedad civil y sus instituciones. Primero propone a uno que es resistido por “garantista”, paradoja sólo concebible en un país periférico y hambreado artificialmente no sólo de manera literal, sino además de manera simbólica. ¿O un juez puede ser otra cosa que un garante de la ley? Después propone a una mujer de currículum intachable y trayectoria pródiga en reconocimientos internacionales a su desempeño. Pero apenas ese nombre es propuesto, el dispositivo de poder se pone en acción, usando a algunos medios como amplificadores y gestores de una primera y gran polémica. Los enviados y cronistas de temporada sobrevuelan sobre la candidata rasqueteando en el diálogo afable hasta encontrar puntos de fricción útiles para hacer la nota que buscan, y en este punto es que la generación compulsiva de la noticia trastrueca los hechos y se funde con la noticia ya encontrada: ey, escuchen todos, tenemos una candidata a jueza de la Corte Suprema que es proabortista y atea militante.
Las crónicas veraniegas apuntan algunos datos objetivos sobre ella con la retórica necesaria como para convertirlos en significantes: es mayor, es soltera, veranea con su madre en un balneario pasado de moda, fuma mucho. Mmmm, parecen sugerir algunos comunicadores: es atípica. Y lo atípico da el color de fondo para seguir rasqueteando hasta focalizar más puntos de fricción. Es difícil creer que Carmen Argibay hubiese hablado motu proprio sobre el aborto, porque más allá de su opinión personal sobre ese tema es una jueza y no una activista. Pero tampoco oculta –¿por qué habría de hacerlo?– lo que piensa. Adelante, amigos, la mesa está servida. El dispositivo prende como una estrellita navideña y empieza el chisporroteo que en un mes y medio alcanza al Vaticano.
En su glorioso libro El placer del texto, Roland Barthes decía, en 1973, que a diferencia de lo que en su momento había planteado Nietzsche, nuestra evaluación del mundo no depende ya del combate entre “lo noble y lo vil”, sino entre “lo antiguo y lo nuevo”. Desde esa perspectiva, “lo antiguo” no es el pasado sino el presente, los estereotipos del presente, esas ampollas del sentido común, los relojes que atrasan, las anteojeras en las mentes. El lenguaje del poder, dice Barthes, “es estatutariamente el lenguaje de la repetición; todas las instituciones oficiales del lenguaje son máquinas repetidoras: las escuelas, el deporte, la publicidad, la obra masiva, la canción, la información, repiten siempre la misma estructura, el mismo sentido, a menudo las mismas palabras: el estereotipo es un hecho político, la figura mayor de la ideología”.
Y bien, un mes y medio después de que Carmen Argibay dejara las playas tranquilas de Miramar, el eco de sus palabras ya fue y volvió del Vaticano y hubo obispos locales que requirieron del Gobierno “garantías” –ahí sí la Iglesia apoya abiertamente actitudes garantistas– de que nadie impulsará la despenalización del aborto. El dispositivo de poder puesto en marcha un mes y medio atrás da su primer y primoroso fruto con las declaraciones del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, asegurando que no existe ningún proyecto para despenalizar el aborto. La Iglesia da por satisfecha su demanda. Las cintas de corset están de nuevo como deben estar: tirantes.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-32257-2004-03-05.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"No hay destino para una Argentina y un Brasil aislados"

Archivado en LaNación Mundo • Fecha: 03-03-2004 03:52:35

Según el sociólogo Helio Jaguaribe

RIO DE JANEIRO.- "La fórmula ideal sería que los brasileños les cedieran a los argentinos un poco de su tendencia a la eterna conciliación, y los argentinos les cedieran a los brasileños un poco de la combatividad contenida en su tendencia al extremismo."

Helio Jaguaribe corona su ocurrencia con una carcajada que inunda la sala de su escritorio de trabajo y lectura, en el barrio carioca del Jardín Botánico. El sociólogo e historiador brasileño, que cumplió 80 años en abril del año pasado, es uno de los mayores estudiosos y teóricos de las relaciones entre Brasil y la Argentina. Su simpatía indisimulada por la Argentina se inició exactamente cincuenta años atrás, en 1954, cuando pasó en Buenos Aires la luna de miel con su flamante esposa. Melancólico de épocas desarrollistas, no esconde un dejo de tristeza al recordar "los tiempos en que uno iba a Buenos Aires y todos los taxis eran Di Tella, de producción nacional".

Jaguaribe recibió a LA NACION para conversar sobre el momento que viven los dos países, la idiosincrasia que nos diferencia a unos de los otros y los intereses nacionales que hoy, según él, están en sintonía total. "Defender el interés nacional hoy implica reconocer que no hay destino posible para una Argentina aislada ni para un Brasil aislado", argumenta.

Jaguaribe siempre fue, antes que nada, un impulsor de la integración entre la Argentina y Brasil. Hace ya medio siglo que estudia el tema y sus escritos influencian desde hace décadas a los diplomáticos de ambos lados de la frontera.

Decano emérito del Instituto de Estudios Políticos y Sociales de Brasil, autor de más de tres decenas de libros, Jaguaribe se encuentra trabajando actualmente en una obra de filosofía, sobre el lugar del hombre en el universo. Camina lentamente, pero piensa y habla a alta velocidad.

Su apellido es indígena -quiere decir "río en donde bebe el jaguar", en tupí guaraní-, pero no porque corra sangre aborigen en sus venas. Su bisabuelo era senador del imperio portugués, cuya corona se había instalado en Brasil al huir de los problemas del Viejo Mundo. El ancestro de Jaguaribe, Domingos José Nogueira, obtuvo alrededor del año 1800 el título de nobleza "marqués del río Jaguaribe" por vivir cerca de dicho río, en el norte de Brasil. Un siglo después, el portugués "Nogueira" se perdió en el camino y el indígena "Jaguaribe", que no era más que el nombre del río cercano a la casa del bisabuelo, se convirtió en su apellido.

-Después de poco más de diez años de Mercosur, ¿de qué forma los brasileños ven a los argentinos hoy, y viceversa?

-Es necesario diferenciar las visiones que conservan restos de aquellas épocas de competencia hostil de estas visiones más modernas. En la visión antigua, los brasileños ven a los argentinos como arrogantes, presumidos, con aspiraciones superiores a su capacidad. En esa misma línea, pero del otro lado, los argentinos ven a los brasileños como un pueblo un poco irresponsable, dotado de poca seriedad, que se interesa apenas por la diversión y el carnaval. Hoy existe una visión completamente diferente: los brasileños ven a los argentinos como personas serias, capaces de trabajar a conciencia, bien organizadas, que presentan el mayor nivel de educación en toda América latina. El brasileño moderno tiene una gran admiración por la sociedad argentina, además de que la mayor parte de los brasileños adora Buenos Aires. Por otro lado, los argentinos modernos ven a Brasil como un país pujante, dotado de una extraordinaria energía y vitalidad, que por detrás de un aspecto aparentemente poco serio produjo una gran sociedad industrial. Yo agregaría que una cierta arrogancia que la Argentina heredó de su período oligárquico desapareció en el argentino moderno. Brasil cambió mucho con Juscelino Kubitschek (presidente entre 1956 y 1961), que recibió una sociedad agraria y a partir de un esfuerzo gigantesco dejó una sociedad industrial. Eso modificó aspectos importantes de la mentalidad y la conducta del brasileño.

-¿En qué se diferencian hoy, como naciones, la Argentina y Brasil?

-La Argentina es un país mucho más homogéneo desde el punto de vista sociocultural, mientras que Brasil tiene una heterogeneidad enorme: hay una camada supermoderna que podría estar en cualquier lugar de Europa o Estados Unidos y hay un sector numeroso, algo así como el 30% del país, que podría formar parte del proletariado de Calcuta. Por otro lado, a pesar de que la Argentina tiene un alto grado de integración social que subsiste a pesar de la crisis provocada por el gobierno de Carlos Menem, el país tiene un grado de integración nacional inferior al brasileño. Eso es muy curioso. Brasil tiene un grado de integración social bajo, pero sobrevive como país porque tiene un alto grado de integración nacional, que resiste a la crisis social. Integración nacional entendida como cohesión en torno de los mismos intereses como Estado y nación. Intereses compartidos. Brasil tuvo un régimen colonial y un imperio unificador. Eso generó en Brasil una unidad nacional sorprendente. Entre Andalucía y Castilla hay un antagonismo que no existe entre Río Grande do Sul y Ceará, por ejemplo.

-Una de las ideas que parecen subsistir es la de que Brasil es despolitizado y la Argentina hiperpolitizada.

-Brasil no es tan despolitizado como se cree, pero sí sufre la falta de continuidad de sus partidos políticos. La Argentina, sacando el fenómeno "nuevo" del peronismo, tiene partidos políticos que vienen desde la consolidación de la República, mientras que Brasil tuvo alteraciones políticas, golpes, revoluciones, que alteraron todo el escenario partidario muchas veces. Recién ahora está gradualmente comenzando a construirse un sistema político partidario.

-¿Coincide con la idea de que éste es el mejor momento histórico de la relación entre la Argentina y Brasil?

-Sí. Es el mejor momento por una serie de circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que, objetivamente hablando, los países emergentes están con su destino muy amenazado y con una tendencia creciente de convertirse en meros segmentos indiferenciados del mercado internacional. Y eso está ocurriendo con un gran número de países. Escapar de eso requiere tener un mínimo de masa crítica, que la Argentina tiene y Brasil más aún. Pero para tener una posibilidad mayor de éxito se necesita una estrecha colaboración entre ambos países. Defender el interés nacional hoy implica reconocer que no hay destino posible para una Argentina aislada ni para un Brasil aislado. Si Brasil tuviera una integración social -menos desequilibrios internos en sus niveles socioeconómicos- como la Argentina, considerando su masa crítica de 170 millones de personas, tendría quizás alguna posibilidad de alcanzar un destino propio. Pero no la tiene, y demoraría 20 años para que esos desequilibrios puedan ser corregidos.

-¿La sintonía entre la Argentina y Brasil se debe a una sintonía entre Lula y Kirchner o es algo más estructural?

-Es mucho más estructural. La relación entre ellos permite que se aproveche esa situación de no poder evitar una asociación entre ambos países. Pero hay condiciones estructurales que requieren rigurosamente una gran articulación argentino-brasileña. Menem no se daba cuenta de eso, pero Kirchner y Lula comprendieron eso de forma lúcida.

-¿Cuál puede haber sido el peor momento en las relaciones entre ambos países?

-El peor momento fue aquel en que había una hipótesis sólida de conflicto militar entre la Argentina y Brasil, en los años 60 y 70. Fue aquel momento en que la Argentina optaba por no tener rutas en la frontera con Brasil para evitar la penetración de fuerzas militares brasileñas, o cuando Brasil dejaba pertrechadas sus fuerzas armadas en el Sur. Son los años posteriores a Getulio Vargas y a Juan Domingo Perón. Naturalmente, también hubo dificultades durante la fase Menem. El tenía ese juego doble de mantener el Mercosur, pero preferir una alianza con los Estados Unidos, que no produjo una ruptura formal pero perjudicó la relación.

-¿La crisis argentina, paradójicamente, mejoró la relación entre los dos países?

-Evidentemente, sí. Creo que los argentinos se dieron cuenta de que la vinculación con los Estados Unidos era puramente retórica. Los Estados Unidos tienen muy poco para comprar de la Argentina, y tienen todo para venderle. Mientras que Brasil tiene mucho para venderle a la Argentina, pero también mucho para comprarle, porque debido a su clima tropical hay muchas cosas que no produce o no produce tan bien. Las relaciones de intercambio son extremadamente favorables para los dos países. Pero los Estados Unidos son exportadores de carne, de trigo, todo lo que la Argentina vende. No podía funcionar.

-Si usted fuera un negociador diplomático argentino, ¿le disputaría a Brasil el liderazgo o lo aceptaría a cambio de algún tipo de ventajas?

-Esa cuestión del liderazgo es algo muy delicado y necesita ser examinado con mucho rigor. ¿Qué significa desde el punto de vista histórico y sociológico el liderazgo de un país sobre el otro? La historia nos muestra tres modalidades. La más usual es la que contiene un elemento coercitivo: el liderazgo romano era coercitivo, el británico, el español, etc. El segundo ejemplo es muy raro, pero es necesario tenerlo en cuenta: el liderazgo que se ejerce por seducción. Un ejemplo de esto es el liderazgo de Florencia, que era una pequeña ciudad de peso económico modesto y militar nulo, y que sin embargo sedujo al mundo por el Renacimiento, las obras de arte, etc. Otro ejemplo fue la Francia del siglo XVIII, que perdió todas las guerras pero hizo del francés la lengua universal. Inglaterra derrotaba a Francia militarmente, pero los ingleses celebraban con vivas en francés (risas). La tercera forma de liderazgo, que es cada vez más la única posible en el mundo, con excepción de la ejercida por los Estados Unidos, es el liderazgo por cooptación. Se trata del liderazgo en que el país líder les propone a los demás algo que les interesa a los liderados. Liderar hoy es proponer algo que le convenga al liderado. Brasil no tiene la menor posibilidad de ejercer un liderazgo por coerción y tampoco tiene capacidad de ejercer un liderazgo por seducción, porque nuestras mujeres son bonitas, pero eso no es suficiente [risas]. La única forma de liderazgo que Brasil puede ejercer es por cooptación: proponer algo que le convenga a la Argentina. Brasil puede tomar la iniciativa de la propuesta, pero debe ejercerla en constante consulta. Brasil podrá tener un cierto liderazgo por su tamaño o su masa crítica, pero sólo podrá ejercerlo si es permanentemente consensuado.

-En los últimos meses la Argentina ha tenido una relación tensa con los Estados Unidos y Brasil llegó a imponerles a los ciudadanos norteamericanos trámites extras para ingresar en el país. ¿Puede estar surgiendo un antiamericanismo en la región?

-Existe un antiamericanismo clásico y antiguo, que opone a los pueblos de origen latino con los de origen anglosajón. Eso viene desde el imperio español y los ingleses. El antiamericanismo actual surge a partir del unilateralismo del gobierno de Bush, que parte del presupuesto de que es tan fuerte que puede imponerles cosas a los demás. Y en realidad eso no es tan así, porque él no tiene condiciones de ejercer militarmente la hegemonía en todas las áreas del mundo. El unilateralismo de Bush y el neoimperialismo que él eligió para sus relaciones internacionales aislaron a los Estados Unidos del mundo y generaron en la Argentina y Brasil una cierta resistencia. Yo no creo que exista en Brasil y la Argentina un fuerte antiamericanismo, pero sí se insinúa una cierta resistencia al proyecto colonizador norteamericano.

-Una diferencia sociológica entre la Argentina y Brasil es que la sociedad argentina tiende a los extremos y la brasileña históricamente siempre escapó de ellos. Los males de ambas posturas son conocidos. ¿Por qué el brasileño es más conciliador?

-Esto deriva de la evolución histórica. Portugal fue un país que logró, con extrema dificultad, evitar el destino de los otros reinos, de ser absorbido por Castilla. La península ibérica era una constelación de reinos, y el único que logró salvarse de ser conquistado por Castilla fue Portugal. Por lo tanto, la cultura portuguesa, situada al margen de un sistema que era dominado por Castilla, comprendió que su sobrevivencia dependía de conciliaciones. Se desarrolló en la cultura portuguesa un sentido de realismo, de actuar con prudencia. De ver lo que es posible. Mientras que el desarrollo español, a partir del éxito de Castilla, creó la idea de la capacidad a través de la voluntad y la fuerza. Una cierta idea de imposición, que se transfirió para las colonias. Existe el voluntarismo de la cultura hispánica y el pragmatismo portugués, y eso se refleja en las respectivas ex colonias.

-¿De qué forma se refleja?

-En la forma en que conducen sus trayectorias políticas y económicas. La fórmula ideal sería una en que los brasileños ceden a los argentinos un poco de su tendencia a la eterna conciliación y los argentinos ceden a los brasileños un poco de la combatividad contenida en su tendencia al extremismo (risas).

-Pero hay una paradoja en este pragmatismo y conciliación: el notable nivel de violencia de la sociedad brasileña hoy.

-Es que ésta no es una violencia de la cultura, como la de la cultura hispánica. La violencia brasileña surge a partir de los impresionantes desniveles económicos de la sociedad, que mantiene a una porción importante de la población excluida. Un hombre ignorante de favela, que no tiene ninguna posibilidad de empleo calificado, termina siendo arrastrado hacia el crimen. Esto fue exacerbado por el narcotráfico. La violencia brasileña es resultado de una profunda desigualdad de un lado y el narcotráfico del otro. El narcotráfico financia las formas violentas de la expresión de la desigualdad.

-¿Cómo se llegó a esta situación que genera 40.000 homicidios por año, concentrados sobre todo en los sectores pobres?

-Hay un fenómeno muy importante: durante un largo período histórico las masas rurales estaban contenidas por su interioridad, mientras que las ciudades brasileñas eran compuestas por una clase media, con un proletariado semejante a la clase media. A partir de la década del 70 comienza a haber una gigantesca migración de las poblaciones rurales rumbo a las ciudades, para mejorar su calidad de vida. Llegan a las ciudades sin ninguna capacidad de adaptarse a los requisitos de la vida urbana, formando una gigantesca marginalidad. El país no supo administrar sus movimientos migratorios: un país que era predominantemente rural hasta los 60 se transformó en tres o cuatro décadas en un país urbano en un 80 por ciento. El núcleo clásico de las ciudades fue cercado por una gigantesca marginalidad urbana, que son las favelas que rodean todas las grandes metrópolis brasileñas.

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

http://www.lanacion.com.ar/04/03/03/dq_578110.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009