Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

"La Argentina no sabe qué hacer con su burguesía"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 26-10-2003 00:00:00

TONI NEGRI, FILOSOFO

Hoy llega a Buenos Aires, por primera vez, el coautor de "Imperio", uno de los libros más influyentes en el pensamiento político contemporáneo. No ahorró pasión ni enojos en este polémico reportaje exclusivo para Clarín.

Oscar Raúl Cardoso.
orcardoso@movi.ar

Desde que publicó, junto a Michael Hardt, Imperio, algunos sucesos parecen cuestionar las tesis de ese trabajo. ¿Es posible que la ocupación colonial de Irak por parte de EE.UU. se dé de bruces con su descripción de una etapa de "Imperio sin imperialismo"?

—La tesis de que el Imperio superó al imperialismo desde el punto de vista de la organización del sistema internacional es una tesis de tendencia. Lo que algunos llaman "imperialismo norteamericano en Irak" es quizá la prueba más convincente de que el Imperio está avanzando. Los estadounidenses no lograron implantar una administración suya en Irak. Se vieron obligados a recurrir nuevamente a Naciones Unidas después de haberla rechazado para decidir la guerra preventiva. Fueron humillados a nivel internacional. No pueden conseguir el dinero para pagar esta guerra. Están en la situación en que se encontraba el rey de Inglaterra en la Edad Media cuando les pedía a los aristócratas que financiaran sus guerras. Y los aristócratas, según el principio "ningún impuesto sin representación", le piden exactamente lo que los estadounidenses no quieren conceder hoy: participación en el gobierno de Irak.

# Está claro. ¿Pero no hay características de la situación que nos retrotraen al imperialismo del siglo XIX: ocupación militar, una autoridad creada por la metrópolis y una apropiación de recursos naturales (petróleo) y nuevos negocios asignados arbitrariamente a empresas de esa metrópolis?

—Todas esas afirmaciones son falsas, de la primera a la última.

# ¿Por qué?

—Porque, por el momento, no se trata de una administración colonial, sino de un proceso clásico de "nation building" (construcción de nación). Y por ende se trata de una transformación de sentido democrático. Ese es el pretexto de Estados Unidos. Es una ocupación militar que derribó un régimen, pero después el problema es "nation building", o sea un intento de transición, no de colonización. Sería como decir que es colonizador el hecho de pasar de la dictadura a la democracia en Hungría o Checoslovaquia. No hay una actitud de ese tipo en la administración estadounidense. Estos estadounidenses quieren parecer más malos de lo que son.

# Sus argumentos parecen aceptar la justificación de Washington para invadir y ocupar.

—Mire, no estoy defendiendo a los estadounidenses. Lo que digo es que se trató de un impulso unilateral, estadounidense; un intento de retomar modelos imperiales, que fueron derrotados. En la tendencia a la formación del Imperio los estadounidenses con su fuerza militar podían ganar perfectamente. Pero es precisamente esa tendencia lo que los bloqueó. Hay que tener mucho cuidado con repetir lo que usted dijo. Repítamelas una por una y se las desmentiré una por una.

# Una ocupación militar, una administración similar a los protectorados de otra época...

—Una ocupación militar que cuesta muertos cada día. Y que ve crecer una resistencia que se multiplica.

# Usted añade otro elemento clásico: el nacimiento de una resistencia nacional en Irak como podría ser la que enfrentó Inglaterra en la India cuando ésta era la "gema" de la corona colonial...

—No hay punto de comparación entre el tipo de resistencia india a la construcción del Imperio inglés, que prácticamente se construyó sobre las elites locales con fuerte participación de la metrópolis. Las luchas que fueron documentadas demuestran exactamente lo contrario. La resistencia fue popular, pero las elites se confundieron inmediatamente con el poder imperial; fue un nacionalismo de elite.

# Una parte de la izquierda de América latina —y de Argentina— cuestiona sus tesis porque sostiene que aquí aún hay que lidiar no sólo con el Imperio sino con el imperialismo...

—Lo que usted me expresa, que es sostenido por cierta izquierda tradicional argentina, son objeciones a las tesis de Imperio que en Europa normalmente son expresadas por la extrema derecha.

# ¿Puede explayarse?

—Las críticas que se hacen son justamente las críticas del Estado-nación. Cuando se habla de Imperio e imperialismo, es necesario trasladar de inmediato el discurso a Imperio/Estado-nación. Hay toda una serie de tesis que sostienen que el desarrollo, la estabilidad y la justicia mundial pueden darse solamente sobre la base de lo que es una extensión del viejo derecho internacional y de la vieja economía internacional, que se basan en la igualdad y en la contraactualización de las relaciones entre Estados-naciones. Ahora bien, el Estado-nación es una construcción del romanticismo nacionalista europeo que coincide con la de la burguesía europea. Esta burguesía es propia de los Estados más tardíos como Alemania e Italia, que alcanzaron su unidad recién en el siglo XIX. Estos Estados se identifican enteramente con la construcción de sus burguesías y con la construcción de la nación; precisamente, con la construcción del capitalismo.

# Quizá haya una explicación adicional. A diferencia de Europa, en América latina el ciclo de construcción de la nación aparece como incompleto aún.

—¿Quién —discúlpeme— decide cuál es el ciclo? ¿Son las burguesías nacionales las que deciden cuál es el ciclo?

# No sólo ellas, pero también ellas...

—(Con creciente irritación) Disculpe, ¿quién decide cuál es el ciclo de construcción del Estado-nación? Usted me decía en este momento que en la Argentina el ciclo del Estado-nación no está concluido, como en Brasil, y probablemente en otros países de la región.

# No en Brasil quizá...

—¿Quién lo decide?

# Lo decide la sociedad en algún momento de su historia.

—Hay que ver, porque, por ejemplo, la sociedad argentina, con ese estrato político, con la burguesía, no sabe qué hacer. En lo que a mí respecta, entendí eso. Entendí que la crisis de la sociedad argentina no es una crisis que pueda resolverse a nivel nacional. Definamos primero el Imperio, porque éste se basa en que la nación ya no llega a hacer ni siquiera los deberes que se proponía. Ya no puede hacer la guerra y ésa era la soberanía nacional. Ya no puede regular la moneda; no puede regular su cultura, ni su idioma. Que me respondan a eso. Si alguien logra demostrarme que la nación puede controlar su moneda... y no creo que la Argentina sea un buen ejemplo.

# Creo que usted deriva de mis preguntas una intención de confrontar que no tengo. Sólo pido que ponga en el contexto de sus tesis los nuevos desarrollos internacionales como los de Irak y antes Afganistán.

—Ante todo, me parece una excusa. Creo que es un pretexto criticar la tesis de Imperio partiendo de Afganistán y de Irak. Afganistán es una acción que los estadounidenses emprendieron para quitarle las bases a Al Qaeda que no es, hasta que se pruebe lo contrario, una organización nacional. Es una red islámica de defensa de una parte del mundo y de afirmación de derechos. Uno puede estar de acuerdo o no con Al Qaeda, pero Al Qaeda no es ciertamente un Estado-nación. Ciertamente, a menos que se quiera reducir las naciones a civilizaciones como hace Samuel Huntington. La intervención de Estados Unidos en Afganistán es para quitar las bases a aquellos que derribaron con aviones suicidas las Torres Gemelas. La intervención en Irak está ligada a por lo menos dos proyectos de parte de Estados Unidos. El primero es reordenar todo Oriente Medio para permitir la supervivencia de Israel y la ampliación de las que son las posibles reformas de regímenes principescos, territorialmente establecidos, medievales —ya se trate de Arabia Saudita o Siria u otro—, ligados a las viejas ideologías burguesas en Oriente Medio. El objetivo de la intervención estadounidense en Irak es el hecho de controlar el desarrollo de Europa como potencia independiente, o sea controlar las fuentes energéticas de Europa. Y... ¿por qué hay que pasar a través de la nación para formar un país?

# ¿No es necesario pasar, dice usted?

—No lo creo. Creo que es una eventualidad histórica cualquiera. Hay países que evitaron la nación. Yo la identifico como la cosa más brutal y cruel que ha existido. Como Francia, una nación que masacró en muchas guerras a sus hijos más jóvenes en las trincheras contra Alemania. Conozco la nación alemana, que masacró a sus hijos en las guerras contra Francia, con Rusia y así sucesivamente. ¿Quién los masacró? ¿La izquierda francesa? ¿La alemana? ¿O los masacró la burguesía y el capitalismo? Porque eso es la nación, la alianza estrecha, vergonzosa, ideológicamente corrupta y sobre todo falsa, no transparente, turbia. ¿Entre quiénes? Entre algunos intelectuales que quieren ser representantes de algo que no son, porque esos representantes de izquierda o de derecha no son los representantes de los gauchos o de los pobres que trabajan, los pobres de la pobreza. Quieren ser aliados de la burguesía rica, de las elites que cuando quieren les importa un rábano las naciones y se llevan los capitales a todas partes del mundo.

# Pasemos a otra de sus tesis, la del rol central que le asigna al militante.

—Si quiere...

# ¿Hay, después del 11 de Setiembre de 2001, un intento del Imperio por demonizar al militante antiglobalización por atribuirle la misma peligrosidad que los terroristas?

—La militancia descrita en Imperio tiene muy poco que ver con la militancia fanática y desesperada de los hombres de Al Qaeda. Creo que una simbiosis entre la figura de los militantes como fue configurada en Imperio y la de los terroristas que atacaron las Torres de Nueva York es algo incalificable y fascista. Y no me agrada que me haya planteado un discurso semejante. Adiós.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2003/10/26/z-03215.htm

Copyright Clarín, 2003.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"El clima en el país ha cambiado por completo"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 25-10-2003 03:30:12

El historiador Halperín Donghi analiza el nuevo gobiernov

Néstor Kirchner puede inaugurar una nueva etapa histórica o encerrarse en un pequeño círculo de personas carente del suficiente roce en las grandes ligas. Puede impulsar el "capitalismo maduro" con el que soñaba Arturo Frondizi o disparar la catástrofe argentina. La última.

Esa es la síntesis del pensamiento de Tulio Halperín Donghi, que no anda con rodeos, sobre el Gobierno.

Definido por la mayoría de sus colegas como uno de los historiadores argentinos más prestigiosos y respetados, es un fiel exponente del derrotero de muchos intelectuales. Tras la "noche de los bastones largos", en julio de 1966, cuando las universidades fueron intervenidas disparando el éxodo de centenares de académicos y científicos, Halperín Donghi emigró a los EE.UU., donde aún vive, aunque cada año viaja al país para visitar a familiares y dictar clases.

"El clima en la Argentina ha cambiado por completo. De ser un país en que el horizonte llegaba hasta el día siguiente, pasó a ser un país que ahora se arriesga a mirar un poco más hacia adelante", rescata, a dos días de cumplir 77 años.

"Las crisis no duran eternamente, pero dejan una serie de consecuencias. La Argentina es hoy un país más pobre de lo que ha sido nunca. Pero al mismo tiempo hay una cierta resolución del problema político que se daba en forma muy aguda desde fines de 2001, y esa solución, de manera inesperada, ha reunido un consenso impresionante."

-Hace unos años marcó que no detectaba un liderazgo político fuerte en el país. ¿Aún hoy siente esa ausencia?

-Creo que hay una tentativa de reconstruir el liderazgo, que es lo que estamos viviendo ahora. Es, desde luego, muy complicado para el actual Presidente, porque la misma disgregación de poder le ofrece una serie muy grande de oportunidades. Sea la disgregación total de los partidos políticos no peronistas, como la menos reflejada, pero también muy fuerte, del movimiento peronista, que ha ido a una elección con tres candidatos presidenciales por primera vez en su historia. Esto, por un lado, es una oportunidad. Estamos viviendo un momento como aquel en que surgió el peronismo. El momento de un debilitamiento extremo del sistema político existente. Eso crea la oportunidad para una reorganización general. Evidentemente, el Presidente lo tiene muy en cuenta y en eso radica su proyecto.

-¿Ve una agonía de los partidos políticos tradicionales o quizás una oportunidad para que mejoren?

-No sé si "mejorar" sea la palabra. Lo que hemos visto hasta ahora es un surgimiento como hongos de partidos, algunos que no querían decir que eran partidos, como el ARI, que luego también tuvieron el final propio de los hongos una vez que culmina el período de lluvias. Eso también lo hemos visto con figuras que surgían en el firmamento político, que parecían cubrirlo casi todo, y luego iban opacándose, comenzando por Alvarez, Fernández Meijide, Carrió, López Murphy y, de una manera menos significativa porque resultó una tentativa casi muerta al nacer, Mauricio Macri. Todo esto muestra que cierto modo de hacer política de los partidos se ha agotado.

-Si los partidos tradicionales entraron en el ocaso y las figuras surgidas como outsiders al bipartidismo están en problemas, ¿qué opciones avizora?

-Creo que eso es lo que ha visto nuestro actual Presidente: que es necesario de alguna manera ser a la vez outsider e insider . En este momento afronta una situación que está más cerca de la situación del Perón de 1973 que del Perón de 1946, cuando estaba creando el movimiento peronista.

Basta ver que su candidato a intendente de Córdoba perdió y el candidato ganador dijo, de todos modos, que él era el verdadero candidato del Presidente, lo que curiosamente es muy probable que sea cierto. Y eso da a Kirchner una capacidad de maniobra muy grande, aunque necesita toda la que pueda porque la jugada que está emprendiendo es muy, muy difícil.

-Pero salvo en Tierra del Fuego, ganaron todos los gobernadores que se presentaron para su reelección. ¿Cómo se condice con lo que usted calificó hace años como "la amenaza de los señores feudales"?

-Es sumamente difícil concluir con ese predominio. Los Estados provinciales se han transformado en las fuentes de sustento de una parte muy grande de la población de esas provincias. En estos momentos, por ejemplo, La Rioja empieza a pagar las consecuencias de la pérdida de influjo de Carlos Menem a nivel nacional. Si usted tiene, además, una alta proporción de empleos públicos provinciales, entonces es muy comprensible que la "máquina" que controla eso obtenga victorias. Kirchner ganó así en Santa Cruz y todas las máquinas provinciales se parecen, es decir, son más o menos corruptas y hay un sustento de corrupción política -no diría económica- que está en la base de todas esas máquinas.

-¿Cómo se modifica el sistema de prebendas si las nuevas figuras políticas fracasan al enfrentarlo?

-Lo único que puede ayudar es una reactivación económica que haga que la Casa de Gobierno de cada provincia no controle la fuente de ingresos más importante de la población.

-Ya que citó antes a Menem, ¿rescata algo positivo de los años 90?

-Aquí hay un modelo económico que no cumplió sus propuestas, no sólo en la Argentina. El año pasado estuve en España e hice un breve viaje a Inglaterra. En España los ferrocarriles han sido del Estado desde que yo recuerdo y funcionan muy bien. En Inglaterra, por el contrario, los ferrocarriles se han privatizado y funcionan de una manera desastrosa. Si eso es así es porque la empresa privada es ineficiente o porque las privatizaciones de la señora Margaret Thatcher no eran demasiado diferentes de las de Menem, no es asunto mío, pero es sólo un aspecto del problema, que está agravado en la Argentina por la manera muy desaprensiva en que se hicieron las privatizaciones.

-La sociedad no protestó mientras ocurrían los desfalcos...

-Creo que ligado a eso estaba también el único aspecto defendible de la convertibilidad. La hiperinflación había dejado tal sacudón que de alguna manera la Argentina se parecía a un miembro de Alcohólicos Anónimos. De esa copa no podía beber ni un sorbo, nunca más. Y en eso se apoyó la convertibilidad, aunque todo el mundo sabía que no podía durar. Eso se sabía del mismo modo en que se sabía que salir de la convertibilidad iba a traer lo que trajo. Creo que eso agravó los problemas, además de que no ayudó el tufo de corrupción. Lo que ocurrió fue algo que ocurre en estos casos: cuando se inventa una burbuja, la reacción moral ocurre luego de que la burbuja revienta. Entonces, la reacción es devastadora.

-¿Le faltó humanismo a la década menemista?

-Creo que le faltaron muchas cosas antes de faltarle humanismo. Le faltó un poco de vergüenza. Todavía hoy se pagan los platos rotos de esa década y creo que se seguirán pagando por mucho tiempo. Dejando de lado la corrupción, creo además que hay otro elemento derivado de aquellos años: el enorme costo político de salir de la convertibilidad, que lo estamos pagando ahora. Nadie se atrevió a emprender algo que, se sabía, en algún momento tendría que plantearse, pero que era preferible dejar para el que viniera después.

-En enero de 2001 usted anticipó que la convertibilidad ingresaba en su proceso de disolución, pero que quien dijera eso sería denostado...

-Ese fue, de hecho, el problema de la Alianza. No podía ganar diciendo que había que salir de la convertibilidad. No hubiera ganado, sin duda, como no obtuvo una victoria abrumadora, tampoco estaba en condiciones de violar promesas electorales. En especial, porque el estado inmediato posterior al de salir de la convertibilidad es el que terminó por ocurrir y tampoco se podía utilizar el crédito externo, que durante la propia convertibilidad se usó de una manera totalmente imprudente.

-Pasados los 90, renació la discusión sobre cuál es el rol del Estado. ¿Percibe un cierto neokeynesianismo en ello?

-El neokeynesianismo quiere decir que en una sociedad en que la demanda no dinamiza la economía deben inyectarse recursos para crear una nueva demanda. Eso puede hacerse por acción del Estado o por otras vías. En EE.UU., George W. Bush impulsa un plan neokeynesiano que consiste en bajar los impuestos y sustituir ingresos impositivos por créditos. Lo que hay en la Argentina me parece distinto.

Aquí se descubrió que en todas las experiencias capitalistas de la historia el Estado tuvo funciones de regulación, de control, por lo menos. Y también obligación de actuar en ciertos aspectos de la seguridad social. Eso también tiene que hacerlo ahora. No importa que esté en default o que sea un Estado en decadencia para, por ejemplo, recaudar impuestos. Aunque hoy debe hacerlo con instrumentos que no funcionan como deberían y que todos saben que no favorecen el crecimiento económico.

-Lo mismo que en otros ámbitos del Estado, donde los márgenes de maniobra del Gobierno son cada día más estrechos...

-Son muy reducidos, efectivamente. Creo que al actual Gobierno se lo acusa de funcionar sólo en busca de mantener el enorme consenso que ha conseguido, y hay cierta conciencia de que esa estrategia es un problema. Pero la corrupción que Kirchner ataca, aparte de ser un tema muy taquillero, denuncia el aspecto más escandaloso de un déficit muy real y sin el cual las cosas no pueden cambiar mucho.

-¿Pegarle al FMI revela una actitud real o sólo un afán por sumarse a una tendencia "taquillera"?

-Para empezar, no creo que Kirchner le haya pegado demasiado al FMI. Llevó adelante una negociación dura que hasta el momento tuvo éxito, pero que no resuelve ningún problema de fondo. Ha saltado la primera valla, pero los problemas ni siquiera ha comenzado a resolverlos. Además, el Gobierno no es el único que puede criticar al FMI, y ésa es otra ventaja para Kirchner. Los enunciados del llamado "consenso de Washington" no son muy populares en muchos países, comenzando por Washington. Cuando Bush le dice a Kirchner que regatee duro ante el FMI, en parte es un gesto amistoso y en parte también tiene que ver con que el FMI ya ha hecho observaciones al mismo gobierno de EE.UU., indicándole que no puede seguir recurriendo como lo hace al crédito porque pone en peligro al dólar.

-¿Piensa que Kirchner puede armar el "tercer movimiento histórico"?

-Bueno, no lo llamaría así. La "transversalidad" de la que habla Kirchner constantemente no es una novedad. El peronismo viene sellando alianzas desde siempre. Cuando volvió Perón en los años 70, por ejemplo, lo hizo al frente del Frejuli, que era más que el movimiento peronista. Y tampoco es nuevo el lanzamiento de un proyecto nacional, una de las manías argentinas. Aquí, cada político quiere aparecer con su propio proyecto nacional. Pero Kirchner, en el fondo, como no impulsa un nuevo movimiento, tiene ciertas posibilidades de crearlo. Esto es algo que el Presidente ve con gran inteligencia, aunque su concreción dependerá de muchos factores.

¿Cómo se hizo el PAN? Se gestó cuando el general Roca eligió a una serie de aliados que necesitaban apoyo. Pero que a la vez tenían suficiente apoyo local como para servirle a su vez de apoyo a Roca. Y ésa es la política que está siguiendo el Presidente, con gran audacia, al punto que ya hizo que el peronismo perdiera la posibilidad de conquistar Río Negro y es evidente que para la dirigencia peronista aguantar golpes como ésos es difícil. Pero al mismo tiempo advierten que no pueden permitirse el lujo de entrar rápidamente en disidencia con quien se ha transformado en una figura de gravitación política.

-Citó a Roca, antes a Bush, pero Kirchner se muestra como un exponente de la centroizquierda. ¿Es sólo marketing?

-No, creo que no, porque la política de los 90, dejando de lado el juicio moral, es ahora totalmente imposible. En aquel tiempo sobrevivió por el uso del crédito externo, que desde luego no está accesible para la Argentina. A esto se suma que hay una serie de negociaciones que el Gobierno tiene que encarar -por ejemplo, con las empresas privatizadas- para las que ése es el único marco ideológico en el que puede legitimarlas. El Gobierno utiliza venderse como de centroizquierda como centro de apoyo, aunque Kirchner tiene algunas condiciones sinceras que mantuvo durante la etapa menemista.

Ahora bien, creo que lo que más se parece al anclaje al que aspira para la sociedad es, en el fondo, el proyecto de Frondizi, que naturalmente no podía entonces tener éxito porque arrastraba la enorme hipoteca de una alianza ineludible con Perón, que estaba firmemente decidido a que no tuviera éxito, aunque de 1963 a 1975 fue el último gran ciclo positivo en la historia económica argentina. En aquella época aprovechamos eso para tener una de esas peleas que casi nos destruyen, pero la gente ahora recuerda que, mientras pensaba en otros temas, vivía mucho mejor que ahora.

-¿Cuál es entonces la figura histórica a la que cree que más se asemeja Kirchner? ¿Alfredo Palacios? ¿Frondizi?

-La visión sobre el país de Kirchner se parece a la de Frondizi, es a él a quien más se parece, en el sentido de que cree que la Argentina debe ser un país capitalista maduro, aunque esa visión de ninguna manera define al Presidente como político. Kirchner tiene una enorme ventaja: tiene acceso al movimiento político dominante en el país en este momento, con lo que no contaba Frondizi.

Por otra parte, hay otros elementos, como el vínculo afectivo real de Kirchner con los 70, una experiencia que vivió de adentro y con cariño. Eso no quiere decir que él crea que aquello tenga relevancia actual, pero también lo diferencia de Frondizi.

-Pero Kirchner parece carecer de un Rogelio Frigerio...

-(Sonríe) Bueno, eso es una ventaja. No cuenta con nadie que tenga sobre él aquel ascendiente que Frigerio tenía sobre Frondizi. Aquello era muy curioso porque Frigerio, desde el punto de vista de su amplitud mental, era mucho más limitado que Frondizi. Era un hombre formado en el stalinismo y después fue una especie de Stalin de la universidad nacional.

-Recordó ya los 60, los 40, los 70, los 90. Cada década ha sido muy distinta, ¿estamos reinventándonos otra vez?

-No creo. Es la situación, que cambia y genera reacciones distintas. La situación actual muestra, en parte, el aprendizaje a partir de experiencias pasadas. Hay una suerte de nostalgia de la política. Es muy curiosa, porque el año pasado no había nada de esto. Todo lo contrario. Imperaba el "que se vayan todos" y la idea de una política espontánea en la sociedad civil que nunca existió, pero que en un momento de ebullición fue muy atractiva.

-¿Qué piensa al recordar el slogan "que se vayan todos"?

-Ese slogan reflejó una situación muy complicada. En el fondo, reflejaba la nostalgia por los años 90. Se reprochaba que se hubieran terminado, que hubiera quedado atrás la etapa en que se podía llevar dólares al banco y cobrar intereses del 10 por ciento, lo que no ocurría en ninguna otra parte del planeta. Cuando se descubrió que eso no podía seguir la cólera fue enorme. Por eso la movilización de la clase media, que derivó en el pedido para que se fueran todos.

-¿Pero cómo explica que se haya llegado al "que se queden todos"?

-Para empezar, una de las características de la Argentina que no se toman demasiado en cuenta es que estos movimientos no afectan a todo el país. Sólo tienen una caja de resonancia muy fuerte en la Capital Federal y repercuten en otros centros urbanos, pero que a otros lugares ni llegan. Es básicamente un cambio de humor en las zonas del país donde el humor político cambia seguido: Capital, Córdoba, Santa Fe, y zonas muy pequeñas del conurbano.

-Lo dice por Eduardo Duhalde...

-El conurbano es devoto, está organizado por máquinas tan sólidas como ciertas provincias. Eso se vio en la elección de Kirchner. Duhalde impuso votar por él a los dueños de las máquinas electorales en los distintos partidos del conurbano. Y, en el fondo, quienes definieron las elecciones fueron esos dueños del voto.

-¿Duhalde encarnaría a Roca y Kirchner a Juárez Celman en un nuevo unicato, con idénticos riesgos para Kirchner?

-Es un poco distinto porque si hubo un nuevo Roca, fue Menem en los 90. Y Duhalde era el patrón de la más importante de las máquinas electorales, aunque las dirigencias regionales peronistas no están de ninguna manera comprometidas con Duhalde.

Es interesante ver qué ocurre en el Senado. Duhalde puede tener un bloque muy fuerte de diputados, pero en el Senado, la orientación depende de lo que decidan los gobernadores y en algunos casos de los senadores, que parecen ser "empresarios independientes". Tienen una carrera política propia que pueden manejar con cierta independencia del gobernador.

-¿Puede Kirchner mantener el apoyo social? Cuando triunfó la Alianza, en 1999, subrayó que si algo caracteriza a la sociedad argentina son los "pases bruscos"...

-Kirchner es consciente de ese problema. Por eso trata de institucionalizar su influencia y no hay elección en la que no se meta para tratar de armar una red de apoyo: legisladores, gobernadores, etcétera. Su política futura estará orientada por este ciclo electoral, con un sistema mucho más duro, más estricto, de premios y castigos, con el que intentará consolidar un esquema de alianzas que le garantice su predominio. Kirchner tiene ahora un apoyo tan masivo que en ese aspecto también se parece a Bush.

Sin embargo, aquí tenemos gobiernos recibidos con alborozo y después de unos meses la gente no quiere recordar que los votó. Este Gobierno, en primer lugar, debe enfrentar una situación muy urgente. Pero reprocharle que no tengan un plan de largo plazo me parece que no es totalmente justo. Es algo que Kirchner no puede permitirse el lujo de tener, aunque me parece que él tiene una cierta idea de cómo le gustaría que fuera la Argentina, apuntando a un país con capitalismo maduro.

-¿Cuál es el mayor riesgo que afronta Kirchner?

-(Calla unos segundos). Yo diría mejor, ¿cuál es nuestro mayor riesgo con Kirchner? Por un lado, que le vaya mal, porque sería catastrófico para todos. El país no está para un fracaso más. La última vez caminó por la cornisa. Y por el otro lado, está el riesgo de que le vaya demasiado bien. Creo que no es necesaria esta prevención, pero creo que estamos en un momento en que puede abrirse un nuevo período histórico largo, en el que se esté adquiriendo un perfil político para el país que puede durar varias décadas. ¿Cuál será el perfil final del país? Dependerá de muchas cosas. Hay muchas cosas alentadoras de Kirchner y hay otras muchas que no me parecen tanto. Y eso es un poco lo que me preocupa a mí y a todos.

-¿Qué percibe como más preocupante del carácter del Presidente?

-Diría que algo muy natural en alguien que ha desarrollado toda su vida, su carrera, en un ambiente muy restringido. Su desconfianza. Algo totalmente legítimo, porque en el mundo político, y en el movimiento peronista en particular, todo el mundo anda con el cuchillo bajo el poncho. Pero una desconfianza que lo lleva a funcionar de una manera muy cerrada. Kirchner tiene confianza en muy pocas personas, y en las que tiene les tiene mucha. Eso puede, a la larga y en algunos casos, ser malo, porque esas personas, a su vez, tienen el mismo tipo de experiencia limitada que Kirchner. Entonces, cuando todos ellos tienen que moverse en un escenario tanto más grande puede haber problemas. No en las grandes definiciones, pero sí cuando uno piensa en lo complejo, caótico y absurdo que es la administración nacional para quienes vienen de afuera...

Creo que ésa es una de las grandes fuerzas de Lavagna. Además de ser un economista competente, es un hombre que conoce al dedillo las instituciones con las que tiene que tratar, y ése es uno de los elementos que faltan en Kirchner. Y el otro elemento precoupante son ciertas visiones de la Argentina. Creo que la idea de una nación que tenga un capitalismo maduro me parece muy positiva. No podemos seguir con algo que llamarlo "capitalismo" es un exceso de cortesía, pero tampoco sé si el Presidente percibe del todo que en este mundo, que no es de los 60, eso que ya era muy difícil en aquellos años... ahora lo es mucho más.

Por Hugo Alconada Mon
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/03/10/25/dp_539056.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Una calle para Soriano

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 25-10-2003 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Una gran alegría sentimos cuando el representante del Concejo Deliberante de Tandil anunció que una calle de esa ciudad se iba a llamar Osvaldo Soriano. Habíamos concurrido a la Feria del Libro de esa ciudad para recordar la vida y la obra de ese escritor tan profundamente argentino y a la vez colega que fue nuestro amigo. Di Paola, el dibujante Rep y yo hablamos y hablamos durante dos horas enteras entre las lágrimas y las risas resonantes del público tandilero. Hasta que de pronto ocupó el micrófono el secretario de Cultura de Tandil e hizo el anuncio: la ciudad de las sierras iba a rendir homenaje al escritor que tantos años había vivido bajo su cielo, que tantas veces había recorrido sus calles, que había jugado al fútbol en sus potreros y que había comenzado a escribir unas páginas tan profundas y populares. Dijo: “Nacido en Mar del Plata un 6 de enero del ‘43, vivió en todas partes y en todos lados: anduvo por San Luis, Río Cuarto, Tandil y Cipolletti, Bélgica y París, hasta buscar descanso para siempre en Buenos Aires”.
En Tandil hizo teatro, descubrió que escribiendo las crónicas deportivas podía ganarse la vida y comenzó a devorar libros que le seleccionaba su amigo Juan Campagnole. Tecleando pasó por El Eco de Tandil, Actividades, Primera Plana, Semana Gráfica, Panorama, La Opinión y El Cronista. Paseó su pluma por las redacciones de Humor y Crisis y fue miembro fundador de Página/12. Además de casi ocho años de vivir en tierras europeas durante la dictadura. “Resulta difícil –agregó el orador– de cualquier manera hacer un perfil del escritor argentino más popular de los últimos tiempos. Faltaría decir que decía ser perezoso y laburaba como un negro, que era un fabulador empedernido y también que estaba enamorado de sus palabras.” “Tandil –finalizó– tuvo el privilegio de cobijar a tan reconocido personaje de nuestra historia cultural, quien supo cosechar gran cantidad de amigos que hasta hoy lo recuerdan resaltando lo mejor de su persona.”
Después de conocer la buena nueva, los aplausos no terminaron más. La emoción y el cariño se expresaron abiertamente. Hasta que llegó la polémica. Lectores jóvenes querían saber por qué los llamados “intelectuales académicos” siempre trataron de no dar importancia a Soriano como escritor. Uno leyó partes del escrito de José Pablo Feinmann que acaba de aparecer como prólogo de la nueva edición de No habrá más penas ni olvido de Soriano. Dice Feinmann: “Alguna vez habrá que revisar las valoraciones de los operadores de la universidad alfonsinista de los ‘80 que, entre otras cosas, eligieron a Soriano blanco dilecto de sus agravios. La economía expresiva del autor se tomó como pobreza de lenguaje, como escritura fácil, como sencillismo. Escribe el filósofo Raúl Cerdeira: ‘A las revistas Punto de Vista, La ciudad futura, El club socialista, en definitiva, al alfonsinismo, le asignaron los laureles de la democracia que después de un arrepentimiento público por las locuras de la juventud y de escupir una y mil veces sobre la tumba del viejo Marx, fueron premiados con todo el aparato cultural de la Universidad de Buenos Aires’. Fueron los pequeños discípulos –continúa Feinmann– de tan vastos maestros quienes se arrojaron sobre el lenguaje de Soriano y sus historias ‘sencillistas’. No fue un odio liviano, pasajero. En los ‘80 cundía el pensamiento débil de la posmodernidad pero en los odios, exclusiones y silencios, los espacios se defendían y se conquistaban a dentelladas. De Soriano, a seis años de su muerte, se publican sus obras completas. Sin embargo, no le hicieron fácil la vida. Jamás diría –como algunos dicen– que lo mataron, pero siempre que les fue posible pusieron veneno, abundante, en su café”.
A pocas semanas de su muerte, recuerdo que hablé con Soriano quien me dijo, muy triste, que en la cátedra de Literatura de Filosofía y Letras, lo habían invitado para preguntarle: “Señor Soriano, ¿qué estudios tiene usted?” y él respondió: “Tercer año nacional”. Lo que provocó risitas, guiños y gestos entre los académicos. Y le respondí de inmediato: “No importa Osvaldo, te haremos un desagravio en el aula magna”. Lo preparamos, pero era ya la hora de la muerte, y Soriano dejó la vida. Aunque le hicimos igual ese homenaje. Lo invité al acto a Ricardo Piglia, escritor y docente universitario, quien comenzó su discurso diciendo: “Los cuatro más grandes escritores argentinos no se recibieron de bachiller: Sarmiento, José Hernández, Roberto Arlt y Jorge Luis Borges”. Estaba todo dicho.
Muy pronto Soriano volverá a pasar por su querida Tandil y recorrerá su calle. Mirará detenidamente las casas y escuchará atentamente las conversaciones de los vecinos. Estará siempre allí y se reirá a carcajadas con sus compañeros del tercer año nacional. Pero no queremos quedarnos en esto. Quisiéramos sacar otras conclusiones en nombre de Soriano. En Tandil vimos con tristeza y pena que una calle lleva el nombre del coronel Rauch, el mercenario europeo alquilado por Rivadavia para eliminar a los indios ranqueles, dueños y señores de aquellas bellas tierras. A tanto por cabeza, el militar con uniforme europeo cumplió la orden. Degollaba a los auténticos hijos de la tierra. En uno de sus partes dice: “Hoy, por ahorrar balas, degollamos a 27 ranqueles”. “Primero yo matar a los indios malos y luego a los indios buenos”, decía en su media lengua.
Todo por la paga y por cumplir con los blancos que querían y que se quedaron con la tierra y por eso adornaron con el nombre del genocida a una ciudad y las calles de toda la zona. Rauch fue además quien le entregó Dorrego a Lavalle para que éste lo fusilara. Por eso, todavía un pedido al Concejo Deliberante y al pueblo de Tandil: Tiren a la basura ese nombre, sáquenlo de las calles. Es un deshonor si al mismo tiempo que ponen el nombre de Soriano, dejan al asesino. Si no lo hacen, Soriano se va a negar a recorrer sus queridas calles.
De paso, pareciera que en la Argentina soplan aires de justicia y de vergüenza. Al mismo tiempo que luchamos por eliminar el nombre de Rauch de la ciudad con su nombre y de las calles bonaerenses un grupo de jóvenes lucha aquí en la Capital por terminar con el nombre de Coronel Ramón L. Falcón a esa plaza (Benedetti y Falcón) para proponer un nuevo nombre y no al del autor de la masacre de Plaza Lorca, donde atacó impunemente a la asamblea obrera del 1º de mayo de 1909 que solicitaba algo absolutamente justo: las ocho horas de trabajo. Sin que hubiera ningún incidente, el coronel ordenó el cobarde ataque con armas de fuego y el ataque de la caballería. Ahora, esos jóvenes vecinos, el domingo 2 de noviembre a las 15 horas, pondrán urnas en la plaza para que el pueblo elija el nombre de un benefactor de la humanidad contra el del represor y asesino de uniforme. El segundo paso sería eliminar también ese nombre manchado de sangre de la actual calle Ramón Falcón. Total, ya tiene ese coronel el nombre de la Escuela de Policía, del cual han salido todos esos ejemplares que hoy llenan las páginas del delito.
Que el pueblo elija cómo deben llamarse sus plazas y no aceptar ese nombre que fue impuesto todavía por una Argentina que no conocía la democracia, la del gobierno de Figueroa Alcorta. Recordemos a las víctimas obreras, aquellos trabajadores que salieron valientemente a la calle para reclamar por sus legítimos derechos.
Si en Tandil Soriano va a agradecer la eliminación del nombre de Rauch, en Buenos Aires lo haría Raúl González Tuñón, el poeta de todos los barrios porteños y de los habitantes humildes. Hay que abrir el camino a la Etica, para que triunfe siempre.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-27239-2003-10-25.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

La mafia del tercer milenio

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 25-10-2003 00:00:00

El crimen organizado se adaptó a la globalización. Con el narcotráfico pegó el salto, cambió de hábitos y de cultura. Hoy comercia con basura, arte, misiles, personas. Siempre cerca de los paraísos fiscales.

El ataúd del "padrino" John Gotti es de bronce macizo. Y brilla aun bajo tierra.

La muerte del don mayor de Nueva York, en junio de 2002, hizo creer a las "familias" de la mafia y a quienes los combaten, que el cáncer que había destruido a este hijo de napolitanos también había carcomido las estructuras del crimen organizado en todo el mundo. Pero el resplandor del bronce de Gotti es tan solo una muestra de que la mafia sólo cambió de traje, mutó, actualizó su estilo y sus conductas públicas y privadas, y abrió paso a una nueva cultura mafiosa.

"No obstante la intensa lucha por parte de los estados, entre ellos el italiano, en los 90, la mafia ha tenido la capacidad de replegarse, ir a la cama y levantarse como una mafia globalizada", dice por telefóno Angelo Sindoni, director del departamento de Historia y Ciencias Sociales de la universidad de Messina, Sicilia, y autor de trabajos sobre la mafia.

Ya nada es lo que era. La foto del personaje Vito Corleone, Marlon Brando en la extraordinaria película El Padrino, es sencillamente vieja. La mafia de hoy se identifica más con la de su hijo Michael (Al Pacino), en la tercera parte de la saga que dirigió Francis Ford Coppola, cuando dice que no quiere matones sino abogados. La imagen del capo (jefe) manejando sus negocios con la lupara (escopeta de caño recortado) y chantaje ya es pasado, como también lo es el papel de la mujer que sólo preparaba los

spaghetti para la mesa de los mafiosos. La mafia napolitana, por ejemplo, fue conducida por lady Camorra, María Licciardi, hasta 2001, cuando fue arrestada.

Las mafias de ayer traficaban, y trafican, armas cortas y largas, drogas, autos, cigarrillos y lucraban, y lucran, con la prostitución y el juego. Pero el tercer milenio les dio facilidades para vender hasta misiles obtenidos en liquidación de las ruinas del imperio soviético. También abrieron rutas para el tráfico humano desde Africa, Asia y Latinoamérica hacia Europa, Estados Unidos, Australia y Japón. Se transformaron en "especialistas del mundo de la basura", manejan el mercado negro de obras de arte, de animales en extinción, están insertados en la industria de la construcción en Italia y EE.UU. en relación a obras ilegales y realizan secuestros en todo el planeta. El multirubro se completa con su actividad en las bolsas de valores y en los paraísos fiscales donde lavan dinero.

La mafia entendió perfectamente los secretos que encerraba la globalización. Se anticipó a sus efectos y lo hizo mejor que cualquier multinacional para lograr un saldo positivo. "La globalización es la mafia", reafirma Gianni Vattimo, de la Universidad de Torino y diputado del Parlamento europeo. "El fenómeno mafioso es una síntesis de innovación y continuidad en la tradición. Se transforma adaptándose a las evoluciones de la sociedad en la que actúa, pero permanece fiel a algunos valores que le son propios", dicen los juristas italianos Gian Carlo Caselli y Antonio Ingroia en el prólogo del ¿Qué es la mafia? de Gaetano Mosca.

La globalización y el rumbo de la historia trajeron diversificación de los negocios y distribución de tareas. La caída de la URSS y la apertura de la economía del ex bloque socialista hacia el capitalismo abrió el juego para que nuevas organizaciones criminales aparecieran violentamente. Actualmente las mafias italianas y norteamericanas compiten de igual a igual con las surgidas en Europa del Este, además de la nigeriana, la colombiana, y la yakuza japonesa que se dio una nueva estética: sus miembros usan tatuajes como emblema.

Para Sindoni hubo un elemento clave para que la mafia creciera y se adaptara: "La droga provocó un salto cualitativo porque el tráfico unió las dos puntas del océano: Sicilia con EE.UU. y Colombia básicamente. Esta capacidad expansiva de la mafia la hizo volverse todavía más difícil de combatir". Así, la mafia colombiana, que produce drogas, necesita a otra en Europa, por ejemplo, para que la distribuya.

En Italia, uno de los negocios florecientes se relaciona con la tierra y el procesamiento de la basura. Unos 160 clanes mafiosos manejan negocios ilegales que rinden unos 20 mil millones de dólares anuales con las descargas de basura, con los terrenos agrícolas que carecen de autorización para la explotación económica y con lotes en los que está prohibido construir. Como en Italia el espacio es escaso, para descargar la basura, la mafia incendia bosques y praderas para luego maniobrar sobre las concesiones de descargas. En Nápoles, los camiones de la Camorra han descargado dioxina, un poderoso veneno residuo de las industrias químicas que provoca envenenamiento de la leche. Y además construyen obras en lugares prohibidos que luego legalizan con su poder de influencia.

"Los mafiosos están recomponiendo su organización y relanzando sus contactos con la sociedad y las instituciones", sostiene Umberto Santino, autor de Storia del movimento antimafia y fundador del Centro Siciliano di Documentazione "Giuseppe Impastato", una institución antimafiosa dedicada al estudio de la mafia. Santino agrega: "cuando hablamos de mafia no debemos pensar sólo en los criminales clásicos, sino también en las relaciones externas con profesionales, administradores y políticos, lo que llamamos la burguesía mafiosa, y también con los sectores populares inmiscuidos en actividades legales e ilegales".



Buenos muchachos

La mafia como organización nació en el siglo XVIII en Sicilia. Surgió como modo de resistencia frente al abuso y explotación a los que los sicilianos eran sometidos por otros italianos. Para rechazar a los agresores, los sicilianos forjaron una organización secreta que se basaba sobre los pilares de la violencia y la lealtad. Dos características que iba a adoptar la mafia. Estas barricadas fueron tomando rasgos de criminalidad cuando se iban formando clanes familiares que defendían territorios y negocios con el chantaje como modo de generar ganancias. La costumbre se extendió y a lo largo del siglo XX en distintas regiones de Italia la mafia echó raíces. A la Cosa Nostra siciliana se le sumó la N''dranghetta, en Calabria; la Camorra, en Nápoles; la Sacra Corona Unita pugliese en la Puglia. Cada grupo en su región comenzó a gobernar como "un estado dentro del Estado", se hizo amo y señor de tierras y gobiernos. A lo largo del siglo XX desarrollaron los más ingeniosos negocios donde la sangre podía correr como el vino chianti. Su fortaleza hizo que tanto fascistas, entre 1920 y 1940, como el ejército de ocupación estadounidense, cuando finalizó la Segunda Guerra mundial, tuvieran que negociar con ellos y aceptar la fuerza de sus lazos invisibles.

A fines del siglo XIX y principios del XX hubo corrientes migratorias italianas que desembarcaron en América, especialmente en EE.UU. y en la Argentina. Los contingentes sicilianos y napolitanos pugnaban por un lugar en l''America. Algunos sicilianos recrearon rápidamente las características de la Cosa Nostra en el escenario neoyorkino con facilidad y armaron una red de negocios y crímenes que descolocaba a una fuerza policial todavía virgen en el trato con estas actividades. Pero la Cosa Nostra tenía cómo construirse a sí misma. "En Nueva York la mafia se desarrolló porque ya existía una base, el gangsterismo irlandés", dice el siciliano Sindoni. Esta visión se encuentra presente en la película Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese, en la que irlandeses y nativos se disputan el control de la ciudad poco antes de la Guerra de Secesión. Además, con un capitalismo en franco crecimiento, los negocios y las posibilidades de ganar dinero eran muchas. "En EE.UU. los mafiosos pequeños fueron a la universidad del crimen", resume Sindoni. Al Capone, Lucky Luciano, Carmine Galante, Paul Castellano y el mismísimo John Gotti fueron las cabezas más conocidas de la Cosa Nostra norteamericana.

Una parte de esa inmigración siciliana llegó a la Argentina y sin embargo, no se dedicó a los negocios sucios. Sí hubo capítulos escritos por mafiosos que intentaron reproducir los esquemas de la Cosa Nostra y que sólo lo lograron temporalmente en La Boca y en Rosario. Pero el temor de la población local a las actividades de personajes como "Chicho grande" y "Chicho chico", entre otros, bastó para que las acusaciones se generalizaran contra los inmigrantes sicilianos. "La mafia era un fenómeno marginal dentro del ambiente de los inmigrantes, pero llegó a ocupar en poco tiempo un lugar central en la consideración pública. La creciente espectacularidad de sus acciones y su repercusión en la prensa y la opinión social redundó desde temprano en una notoria estigmatización de la colectividad que la albergaba", señala Osvaldo Aguirre en Historias de la mafia en la Argentina.

Durante las últimas décadas del siglo XX en la Argentina, se vivieron situaciones de estafas, violencia y chantaje similares con lo que se conoce como mafia. Para José María Simonetti, sociólogo e investigador de la Universidad de Quilmes, se puede hablar de mafias cuando el crimen establece una alianza con el poder político y/o el económico. El crimen de José Luis Cabezas, la llamada "mafia del oro", el tráfico de armas a Croacia y Ecuador, actitudes monopólicas que se le atribuían a Alfredo Yabrán, son ejemplos de la confabulación criminal. "El núcleo del crimen organizado es una burguesía mafiosa: se buscan ventajas económicas desde el monopolio. Por este motivo se realizan negocios combinados con política. La mafia actúa cuando supone la ausencia del Estado, entonces aparecen estos grupos que realizan una forma rentística de la economía, una renta de la ilegalidad". En la Argentina no se desarrolló la Cosa Nostra, pero la actitud mafiosa parece presente en muchos de los negocios ilícitos protagonizados por quienes coquetean con el poder.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti, muchas veces vinculado a la mafia, solía decir: "el poder obnubila a quien no lo tiene".



Los socios del silencio

En los 70, 80 y principios de los 90, parecía que la mafia italiana estaba doblegando al Estado en el dominio de sus negocios y territorios. Bajo el mando de Totò Riina, la mafia siciliana cogobernaba a sangre y fuego. Los espectaculares atentados contra el general Carlos Alberto Dalla Chiesa y los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992 en Palermo, Sicilia, fueron los detonantes para que la justicia italiana actuara y encerrara a centenares de mafiosos. Ambos jueces ya habían enviado a la cárcel a 467 capi (jefes) y picciotti (empleados) gracias al quebrantamiento de la omertà (la regla del silencio, la del "no delatarás" entre los mafiosos de origen italiano). El testimonio de unos cuantos integrantes de los clanes mafiosos logró quebrar las estructuras de la organización. Tomasso Buscetta fue el arrepentido más conocido. "Antes de la colaboración de Buscetta, ninguna investigación de policía judicial había logrado aclararnos la lógica interna, la organización de la cúpula y la vida de la mafia", afirmó el subsecretario de Justicia, Giuseppe Ayala, fiscal de Palermo en los procesos contra la Cosa Nostra. Pero, como la mafia golpea "allí donde más duele", entonces llegó la vendetta (venganza). Los ex socios de Buscetta asesinaron a 33 de sus familiares, entre ellos a su esposa y dos hijos. El arrepentido falleció de cáncer en 2000, en algún lugar de EE.UU., protegido por agentes federales.

Los noventa y el cambio de siglo fueron los momentos de transformación, de cambios de actitudes y de vuelta al plano de la discreción. "Después de esto, los mafiosos recibieron fuertes golpes y entendieron que no debían matar más a hombres de las instituciones. Podemos decir que la mafia en los últimos años trabaja con mayor secreto, reclutando gente con más rigor y concentrando la dirección en manos de pocos", dice Santino.

Las redes invisibles de la lealtad y la informática tornaron más complicadas sus estructuras hacia el afuera. Sus actividades quedaron nuevamente ocultas y se multiplicaron. Es realmente sugestivo que a la cabeza de la Cosa Nostra siciliana se encuentre Bernardo Provenzano, un personaje prófugo desde hace más de 40 años en Italia y que vio despejado el campo de acción con el arresto de Riina. Nadie conoce su rostro actual, pero todos saben quién maneja los hilos de los negocios mafiosos al sur del país. Es el ícono de la continuidad y transformación el que permanente.

Si existe un gobierno mundial manejado por las multinacionales, los bancos y los mercados, en las sombras hay otro gobierno con un poder similar. El crimen organizado, las mafias tradicionales, las nuevas, las del narcotráfico, no gobiernan, pero ejercen su voluntad desde la luminosidad de una pantalla de computadora o sentados cerca de los centros de decisión. Y a veces ambas instancias de poder se confunden. Los negocios que

John Gotti manejaba en Nueva York siguen su curso. Su familia o algunos de los cientos de clanes mafiosos globalizados los continúan por el camino ilícito. Gotti desde su ataúd dorado, y Provenzano, desde su larga vida de fugitivo, siguen practicando un estilo de hacer negocios siempre acorde con pautas de la época.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/25/u-646751.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

ANTONIO SKARMETA: El triunfo final de la paciencia

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 25-10-2003 00:00:00

El Premio Planeta, que la semana pasada obtuvo Antonio Skármeta, es también un homenaje a la generación del exilio chileno, en el 30 aniversario del golpe de Pinochet. El autor de El baile de la victoria, la novela ganadora, dijo que le gustaría cobrarlo en cuotas.

FLAVIA COSTA.

Es posible ganar un premio literario como el Planeta de España —el mejor pago de habla hispana y el segundo a nivel mundial, después del premio Nobel— sin proponérselo? Antonio Skármeta asegura que sí, con ese ademán de coquetería bonachona y un poco fraudulenta que imponen las ceremonias pomposas. El sabe cómo hacerlo; está entrenado en las academias de la diplomacia y la animación de TV. "El baile de la victoria no fue escrita para ganar un premio literario", dijo el chileno la semana pasada, cuando se conoció la noticia de que eran suyos los 601 mil euros (más de 690.000 dólares) en juego. E hizo escuela.

Desde entonces, el autor de La boda del poeta comentó que la novela ganadora condensa su "universo literario". Que se trata de su regreso al Chile contemporáneo, "un país de jóvenes que viven una herencia de dolor y anhelan desprenderse de ella". Que cuenta "una historia de amor y amistad protagonizada por un joven que ha estado en la cárcel por una banalidad y se entera de la posibilidad de dar un gran golpe, para lo cual va a buscar a un maestro del delito".

La trama gira alrededor de estos dos hombres y una chica de 17 años que se les cruza en el camino; la hija de un desaparecido que quiere ser bailarina y a la que están a punto de expulsar del colegio, asediada "por un pasado trágico y por una profesora pedante y oscurantista que le coarta los caminos hacia la literatura".

Que este año le hayan concedido el Planeta a Skármeta implica no sólo una fabulosa operación de márketing (la novela sale este jueves con una tirada de 210 mil ejemplares); acaso se trata también de un guiño a Chile en el 30ø aniversario del derrocamiento de Salvador Allende. Skármeta es uno de los intelectuales que —al igual que Ariel Dorfman, Luis Sepúlveda, Roberto Bolaño y Roberto Matta, entre otros— debieron exiliarse tras el golpe de Augusto Pinochet, en 1973.

En su caso, el golpe lo sorprendió en Nueva York, donde era un profesor de literatura que dirigía obras de teatro y que había hecho un film sobre la Unidad Popular con el director alemán Peter Lilienthal. Viajó entonces a Berlín junto al cineasta Raúl Ruiz, y se radicó allí. En 1989 volvió a Chile, donde comenzó con su exitoso ciclo televisivo "El show de los libros", que después se convirtió en "La torre de papel" y, recientemente, "Un mundo alucinante", que se transmitía por Canal á. ("Yo hago un espectáculo sobre libros —comentó en La Vanguardia—, una aproximación juguetona dirigida a lectores ocasionales"). Regresó a Alemania en 2000, cuando el presidente Ricardo Lagos lo nombró embajador, pero volvió a Chile en mayo.

Autor de una decena de libros, Skármeta es conocido, sobre todo, por Ardiente paciencia, luego rebautizada como El cartero de Neruda. La novela —originalmente un guión para cine y teatro— cuenta la supuesta relación entre el poeta Pablo Neruda y un pescador que se convierte en su cartero. A partir de esta historia, se hicieron dos películas. La primera, a cargo del propio Skármeta, en el 85; la segunda, titulada El cartero, que filmó en 1994-95 Michael Radford, protagonizó Massimo Troisi y fue candidata a cinco premios Oscar.

En su sitio oficial se cuenta que —más allá de la ficción— Skármeta mantuvo con Neruda una breve relación literaria. Muy jovencito, llevó un ejemplar de su libro El entusiasmo al poeta, quien le dijo con displicencia: "Bien, muchacho, en dos meses te doy mi opinión". Sin contener la ansiedad, dos semanas más tarde volvió. Cuando el poeta le abrió la puerta, se produjo el siguiente diálogo:

—¿Lo leyó?

—Sí. Es bueno. Pero eso no quiere decir nada. Todos los primeros libros de escritores chilenos son buenos. Esperemos el segundo.

Cuando al fin se publica aquel libro, en 1967, Skármeta se coloca discreta, campechanamente en la primera línea del postboom latinoamericano. (Con respecto a sus predecesores, le dijo a Xavi Ayén en una entrevista reciente: "Los del boom son los autores del exilio voluntario, del cosmopolitismo exquisito. Pero mi generación se quedó en América latina, se volcó al interior. Somos víctimas de las restricciones que imponen las dictaduras, de modo que en nuestra narrativa tiene mucho más peso lo real. Las dictaduras mataron el realismo mágico, un mundo donde vivir o morir era indiferente, ya que podías resucitar dos veces. Para nosotros, los límites son otros: cuando alguien se muere, se muere".) Y dos años más tarde —cumpliendo la predicción del poeta-profeta— obtiene el premio Casa de las Américas con los relatos de Desnudo en el tejado. Le siguieron —entre otros— Soñé que la nieve ardía, No pasó nada, La insurrección, Match ball, La boda del poeta y La chica del trombón.

En el prefacio de esta historia quedan el pueblito norteño de Antofagasta, donde nació el 7 de noviembre de 1940 bajo el nombre de Esteban Antonio Skármeta Branicic, y la adolescencia en Santiago, donde además de estudiar filosofía y literatura, participó en dos clubes selectos: el Instituto Nacional y el MAPU Obrero Campesino, partido en el que, según su propia confesión, nunca vio un obrero ni un campesino: "Eran puros estudiantes hippies y varias musas que terminaron siendo escritoras".

Y en la cúspide, este megapremio que —según dijo al diario chileno La Segunda—, quiere recibir en cuotas para "ser un profesional que vive de sus letras sin tener que hacer trabajos al margen". Además, avisó que se propone hacer algo "que favorezca a los escritores jóvenes del país".

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/25/u-646783.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Vidas ejemplares

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 21-10-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

“Tiene todo. Hasta no tiene marido.” Me lo dijo una señora de unos sesenta y pico, diálogo ocasional en la peluquería, espera matizada, a la sazón, con revistas de actualidad. La que lo tiene todo, hasta ese nomarido que le fascinaba a la señora, era Susana Giménez, estrella resistente no sólo al paso de los años sino sobre todo a los cambios de estética, valores y gustos populares registrados en todos estos años.
Me llamó la atención la síntesis perfecta que provino de la observación de la señora, que debía tener apenas tres o cuatro años más que Susana, pero que evidentemente se sentía separada de ella por varios siglos y algunas constelaciones: es necesario sentirse así, unida al ídolo por un deseo encarnado en él, y al mismo tiempo parado en la imposibilidad de concretar ese deseo, para experimentar semejante fascinación.
–Fijate –dijo–: es madre, es abuela, tiene dinero, es divina, está en pareja pero si con el tipo la cosa no funciona, fue.
–A mí me parece medio boluda –sentencié sin que viniera al caso, pero algo tenía que decir para prolongar el trabajo de campo que consistía en averiguar qué de Susana Giménez sigue provocando admiración.
–¡No tiene un pelo de boluda! –me contestó la señora, como si acabara de regresar de un viaje de placer con la Giménez–. ¿Vos te creés que ella no sabe que los dinosaurios se extinguieron? Pero su público consume su... frescura.
–Pero si ella sabe que los dinosaurios se extinguieron y le pregunta a un entrevistado si encontró un dinosaurio vivo, no es fresca. Está actuando frescura –intenté teorizar.
–¡Y a mí qué me importa! ¡Yo no soy su amiga íntima! ¿Qué me importa si ella es como se muestra o es distinta? ¡Yo soy público! –se encrespó la señora, con una autoconciencia sorprendente.
–¿Le interesa todo este asunto del divorcio del Corcho? –ella tenía un ejemplar de Pronto en la mano.
–Mirá qué diosa –me dijo mostrándome una foto en la que la Giménez montaba una bicicleta un par de talles más chicos que el que le correspondía. Reía bajo un horrible sombrero de esos tipo far west que suele ponerse cuando no se planchó el pelo. Miré la foto. No me pareció una diosa. Más bien me pareció una señora de cierta edad vestida inadecuadamente. Miré a la señora. Ella se explayó:
–Se acaba de separar, ¿entendés? ¿Vos alguna vez te separaste, nena?
Asentí varias veces, tantas como las que me separé.
–¿Estabas así a la semana siguiente?
–¿Cómo? ¿Andando en bicicleta?
–No, divina y riéndote.
–No.
–Bueno, pero por lo menos te separaste. Yo no. Estoy casada con el mismo hombre hace treinta y dos años. Con eso te lo digo todo.
–¿Se llevan mal? –me dio pena. No acertaba a descifrar qué quería decir la señora con la palabra “todo”.
–Ni bien ni mal, querida. Treinta y dos años con el mismo. ¿Qué importa cómo me llevo?
Ahí algo empecé a entender. Ella siguió:
–Yo no veo el programa de Susana. Pero esto de que use y tire me parece perfecto.
–Ay, señora, ¿cómo use y tire? Me da impresión.
–Bueno, pensá con quién estás hablando. Treinta y dos años con el mismo. ¿Sabés las veces que lo hubiese tirado?
–No es feliz –dije y me sentí una imberbe más imberbe que aquellos de la Plaza.
–¡Pero de qué felicidad me hablás, nena! No se trata de eso. Se trata de que las mujeres como yo vivimos una sola vida, ¿entendés? Un matrimonio para toda la vida equivale a una sola vida.
–¡Pero usted no es solamente su matrimonio, señora! ¡Usted es mucho más que su matrimonio!
–Bla bla bla. Quedate casada treinta y dos años con el mismo y después vení a contarme qué sabrosa es tu vida.
A la señora la llamaron para lavarle el pelo. Me quedé sola con la revista Pronto –¿o era acaso la Paparazzi?–. Vi a Susana sonriente, escoltada por Jazmín. Vi sus botas tejanas, el animal print de su chaqueta, el amarillo limón de su pelo. Efectivamente, a la semana de separarme yo no me veía así, y no sólo porque nunca en mi vida usé botas tejanas. Pero claro, la mía es una vida real, y la de Susana, para esa señora y para miles de señoras más, y acaso para ella misma, es una auténtica vida ejemplar (de revista).

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-27067-2003-10-21.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"Se debe repensar qué es eso que llamamos racismo"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 19-10-2003 00:00:00

ETIENNE BALIBAR, FILOSOFO

La lucha antirracista se articuló en el mundo después de la Segunda Guerra. Desde entonces variaron y se incrementaron las situaciones de opresión y los prejuicios con los que cada comunidad carga.

Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

# Aún en las sociedades más desarrolladas persisten ideologías racistas. ¿Acaso fracasó la educación? ¿Cómo defendernos del racismo?

—Como militante de los derechos del hombre creo en el trabajo educativo y en la movilización social contra las formas antiguas o nuevas del racismo. Pero en tanto que filósofo, estimo que tenemos también que interrogarnos —e interrogar— sobre la significación del racismo contemporáneo.

# ¿Cómo se forjó la lucha contra el racismo?

—La lucha antirracista es el núcleo de la política de los derechos humanos institucionalizada luego de la Segunda Guerra Mundial, y formulada teniendo a la vista tres grandes formas de prácticas de discriminación que se han reunido bajo el concepto de racismo: el antisemitismo europeo, que culminó en el exterminio de los judíos de Europa por el régimen nazi; los efectos de la colonización europea que había transformado a los pueblos dominados en poblaciones inferiores; y el problema de la segregación de las poblaciones negras en los Estados Unidos.

# ¿Cómo se unieron estos diversos fenómenos?

—Se lo hizo caracterizando a las prácticas racistas como aquellas arraigadas en el prejuzgamiento de que nuestra especie está dividida en categorías hereditarias diferenciales, que no participan en un pie de igualdad en las características esenciales de la naturaleza del género humano. La lucha contra el racismo evoca una supremacía de la unidad del género humano.

# ¿Y esa caracterización de racismo todavía resulta adecuada?

—Se tornó confusa en ciertos puntos y hasta contradictoria en la práctica. Ocurrió que el campo de aplicación de la categoría de racismo se extendió progresivamente a todo tipo de situaciones de discriminación o de opresión social, incluyendo conflictos nacionales y la discusión sobre si la violencia sexista constituye una manera de transformar al género femenino en una suerte de raza inferior. Esta ampliación obliga a precisar las nociones teóricas empleadas para pensar el racismo.

# ¿Y ya sin idea de raza?

—Como la noción de raza es rechazada por todos los biólogos, se empezó a hablar de racismo sin raza, y las mismas funciones de estigmatización y de inferiorización pasaron a ser analizadas recurriendo a categorías sociales. Esto ha conducido a formular dudas sobre la pertinencia de la categoría general de racismo, ya que parecen confundirse y amalgamarse distintas formas de opresión, cuya causa última no reside en un prejuicio racial.

# ¿Esto da lugar a un uso contradictorio de la noción de racismo?

—Un ejemplo es el debate actual sobre las nuevas formas del antisemitismo, que no puede aislarse del conflicto que se desarrolla en Oriente Medio entre el Estado de Israel y el pueblo palestino y el conjunto del mundo árabe. En la Conferencia Internacional de lucha contra el Racismo, de hace dos años en Durban, Sudáfrica, vimos enfrentarse a organizaciones y voceros de las naciones árabes —que reclamaban que el sionismo fuera oficialmente caracterizado como una forma de racismo—, con Israel y algunas organizaciones no gubernamentales que explicaban que la forma privilegiada que adopta hoy el antisemitismo estaba representado por el antisionismo.

# Esto produce confusión.

—Sí, y por eso creo que las categorías a la vez morales, políticas y científicas por medio de las cuales se ha instituido un antirracismo en la conciencia de la humanidad contemporánea han llegado a una especie de límite, y que se requiere de una refundación de las bases conceptuales de la política de los derechos humanos y se debe repensar qué es eso que llamamos racismo.

# Luchar contra el racismo, ¿implica recomponer la categoría de ciudadanía?

—Hanna Arendt evitó fundamentar la lucha contra el racismo a partir de la identificación empática con las víctimas, criticó la manera en que las víctimas tenían tendencia a representarse y a utilizar su estatus de víctimas a fines de construir una identidad política colectiva, y se resistió a usar el discurso sobre el carácter único de la exterminación de los judíos. Ella formuló lo que yo llamo "el teorema de Arendt", que indica que no que no hay derechos del hombre fuera de la institución política. Así, lo primero no son los derechos del hombre sino los derechos del ciudadano.

# Pero hoy debería atenderse a la ciudadanía en un mundo globalizado.

—Arendt empezó a plantear el hecho de que la implementación de los derechos del hombre mediante constituciones democráticas, en la forma de la institución de una ciudadanía democrática, se había llevado a cabo a partir del siglo XVIII en el marco de algunos estados nacionales que se convirtieron en estados coloniales, que hicieron una aplicación discriminatoria de sus propios principios de libertad y de igualdad. Hoy los estados-nación tienen un rol que deben cumplir en este marco, y hay que exigir de ellos, permanentemente, que sean fieles a ciertos principios que reconocieron oficialmente. Pero el problema de la institución de los derechos humanos se plantea en una escala fundamentalmente supranacional, o quizás sea mejor decir transnacional. La gran cuestión es qué tipo de transnacionalización de la ciudadanía puede servir como base para una política más universal de los derechos humanos y para una lucha más efectiva contra la discriminación racista en el mundo actual.

# ¿Qué pueden hacer los intelectuales por los derechos humanos?

—Pienso en Edward Said, que acaba de morir y a quien tuve la suerte de frecuentar. El brindó uno de los ejemplos más destacados de lo que debe ser la función de un intelectual crítico en el mundo actual. Y lo que Said en sus últimos textos denominó —de manera a la vez autobiográfica y conceptual—, como la condición del exilio, es un elemento importante. Said no perteneció a un solo mundo sino a varios y desarrolló las potencialidades de su condición de intelectual traductor, que se hace permanentemente la pregunta acerca de cómo se pueden poner en comunicación mundos culturales que se ignoran, o se combaten entre sí, o que tienen tendencia a negar recíprocamente los valores del otro. Lo hizo contra todas las formas de imperialismo, en especial contra lo que él definió como "orientalismo" —el prejuicio del Occidente euroamericano contra las civilizaciones del Islam, del extremo oriente, del sur—. Pero este compromiso no implicó la aceptación automática de todas las críticas dirigidas contra el imperialismo o el occidental-centrismo. Su compromiso sin ambigüedades fue autocrítico y constituye el modelo de cómo se puede resistir a ideologías racistas sin engendrar o nutrir otro racismo de signo contrario.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2003/10/19/z-03415.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Garrahan: "Es urgente repatriar a nuestros jóvenes científicos"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 18-10-2003 03:20:32

El médico advierte sobre ese éxodo sin fin

"Doctor... vienen a poner una jabonera en el laboratorio. ¿Los hago pasar?" El doctor Patricio Garrahan sonríe y asiente con la cabeza. En el Instituto de Físico-Química Biológica que dirige todos lo respetan y lo aprecian. Y eso se nota.

Este médico de 65 años, bisnieto del irlandés Patrick Garrahan -un pastor de ovejas que llegó a la Argentina en 1833- decidió dedicar su vida a la investigación de las membranas celulares cuando, como joven pediatra, observaba con estupor un fenómeno frecuente, que hoy, gracias al conocimiento sobre ese tema, tiene tratamiento: la deshidratación infantil.

Su padre, Juan Pedro Garrahan, fue un pediatra muy reconocido, tanto que el hospital nacional de pediatría lleva su nombre. Pero la medicina viene también por medio de su abuelo materno, David Prando, un eximio cirujano. Garrahan dice que en el hospital de Clínicas un mármol recuerda a los fundadores y que él debe ser uno de los pocos que tiene allí dos generaciones reflejadas: su abuelo y su padre.

Presidente de la Asociación Ciencia Hoy e integrante del consejo editorial de la revista que lleva ese nombre -en diciembre cumple 15 años-, Patricio Garrahan es también factotum del otro emprendimiento de la Asociación Ciencia Hoy: el Proyecto Retina o Red Teleinformática Académica, la red de Internet sin fines de lucro más grande del país, que comenzó a funcionar hace más de 10 años y ahora es el primer exponente local de Internet 2, la ambiciosa versión de Internet de altísima velocidad por ahora limitada al campo académico.

Ex presidente del Foro de Sociedades Científicas, la voz de Patricio Garrahan se conoce también por su impronta crítica respecto de la actividad que abrazó desde su juventud.

-¿Cuál es el problema más acuciante del sistema científico argentino?

-Hay varios. Pero creo que una de las tragedias más grandes es la cantidad de chicos y chicas que se forman acá y se van al exterior. Mi hijo, Juan Pedro, que tiene 35 años y es físico, vive en Inglaterra con su mujer y sus dos hijos, Fionna, de 7 años, que nació acá, e Iván, de 4, que es inglés. Fue a hacer un posdoctorado y me parece que definitivamente se quedará. Es investigador principal de un grupo con un presupuesto asignado de dos millones y medio de dólares... Una vez a un amigo le preguntaron por televisión qué le pedía al sistema científico argentino y él respondió la mejor contestación que he oído: que me devuelva a mis hijos. Y estoy de acuerdo, absolutamente. En este lugar donde estamos sentados, que es el Instituto de Físico-Química Biológica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y es el más grande del Conicet, hemos perdido muchísima gente. Por mencionar nuestro grupo solamente, se fueron más o menos la mitad de sus profesionales.

-Entonces cuando se advierte que en unos años podrían faltar científicos bien formados en el país, ¿se exagera?

-No. Quienes conducen las innovaciones en ciencia son las nuevas generaciones. La Argentina produce menos del 1% de la ciencia del mundo, pero si la gente que se va al extranjero no vuelve se pierde mucho. El sistema es ocupado por gente de menor calidad y se hace crecientemente difícil que los mejores puedan volver, por la resistencia local. Además también ocurre algo que un colega definió como el ínsodo de la ciencia argentina.

-¿Y qué significa?

-Insodo es opuesto a éxodo. Muchos se van. Pero también mucha gente inteligente no opta por la ciencia porque no quiere irse del país, pero tampoco tiene ganas de pasar por los sufrimientos que seguramente padecerá como científico. Entonces, esa gente se dedica por ejemplo a las profesiones tradicionales, que están sobrepobladas. Un médico más, por bueno que sea, no representa mucho. Esa misma persona, quizás en un ambiente más propicio, podría convertirse en un científico promisorio.

-Se dice que la ciencia es fundamental para el desarrollo. ¿Es fácil de explicar?

-Por un lado, está la influencia de la ciencia en el factor económico y por otro está su influencia en las decisiones políticas, algo que generalmente no se trata. Las economías más poderosas del mundo están basadas en el conocimiento. Ya no se miden tanto las riquezas naturales: se requiere del conocimiento para hacer cosas creativas que les agreguen un enorme valor a cosas de escaso valor. Por ejemplo, el dominio de la industria farmacéutica o del hardware. Pero el aspecto que se analiza menos es el de las decisiones políticas, que para ser autónomas requieren cada vez más basarse en el aporte de conocimiento local. Por ejemplo, el manejo de recursos naturales, ¿cómo se decide en los contratos pesqueros los límites de pesca de la merluza u otro pez? A través de consultas con biólogos marinos que son los que están en condiciones de decir que si se pasa ese límite se ingresa en predación y se pierde el recurso. Otro ejemplo son las enfermedades regionales, propias de cada país. Por ejemplo el Chagas o la Leishmaniasis, que afectan a sectores de muy bajos recursos. Eso no es negocio para los medicamentos. Se lo escuché a un alto ejecutivo de una de las grandes empresas farmacéuticas en Brasil: "No hacemos remedios que nos den menos de 50 millones de dólares de ganancia neta...".

-Una posición clara...

-Así es. Y por eso la necesidad de que la ciencia local se ocupe de los problemas locales. Si el sistema no retiene a la gente capaz de pensar en forma independiente, la sociedad se empobrece. Y esto tiene consecuencias más difíciles de evaluar.

-El caso de la ciencia argentina, ¿ha sido un elemento constitutivo de nuestra identidad, una especie de emblema proyectado al mundo?

-Creo que sí. La Argentina ha sido especial, no sé si lo es ahora. Estamos viviendo de glorias pasadas en ese sentido. La Argentina mantiene un liderazgo, es el único país de América latina con premios Nobel en ciencia. Pero si uno analiza esos premios, Houssay lo recibió por trabajos realizados en la universidad, pero cuando ya estaba excluido de la universidad; Leloir lo recibió por trabajos totalmente excluido de ella y Milstein directamente porque se tuvo que ir. Eso indica que el sistema es relativamente expulsivo. Los jóvenes no sólo se van porque tienen mejores opciones, sino también porque el sistema universitario y científico argentino es extremadamente escalafonario y autocrático.

-¿Es un sistema obsoleto?

-Pensemos en la carrera de investigador del Conicet. La etapa más creativa de la vida de un joven científico transcurre cuando está sometido a un director científico mayor, que quizá superó esa etapa más creativa. El sistema sajón, en cambio, permite una vez obtenido el posdoctorado, que la persona quede en libertad de hacer lo que quiera.

-¿La visión del científico que asciende según un escalafón de empleado público se compadece con la mentada creatividad de la ciencia?

-Es que no debería tener un escalafón similar al del empleado público. Hay un escalafón. Pero cuando Houssay creó el Conicet, la carrera de Investigador tenía contratos por dos años y se renovaba según rendimiento. En la época de Houssay no era un empleo. Ahora lo es. Y es difícil que una persona se caiga del sistema.

-Si acá un joven científico de 30 años que ya completó su posdoctorado quiere investigar en forma independiente, ¿dónde encuentra trabajo?

-Acá no puede. Pero esto se podría reformar muy fácilmente. Primero, no poniéndole un director y segundo, abriendo una línea de financiación para gente independiente y joven, que es lo que hacía la Fundación Antorchas. Casi todo el sistema de promoción de la ciencia de Antorchas lo armé yo y lo hice básicamente pensando en los jóvenes.

-¿Por qué habla en pasado de la Fundación Antorchas?

-Es que los fundadores de Antorchas decidieron que no seguirá. Podría seguir, porque depende de fondos independientes, que producían una renta anual que se podría haber mantenido. Pero los fundadores decidieron cerrarla a través del mecanismo de gastar más de lo que pueden, entonces pasados diez años se quedarán sin recursos. Es una actitud criticable, así se lo dije al presidente actual, Joseph Oppenheimer. No quieren morirse y que quede en otras manos... Hay algunos ejemplos similares en los EEUU: la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford ya no son más de los grupos originales. La Fundación Rockefeller hace videos del Che Guevara, y calculo que a Rockefeller no habría de gustarle mucho, pero no por eso la cerraron.

-¿Antorchas aportó mucho al sistema científico argentino?

-Muchísimo. Para que la ciencia funcione no sólo se requiere que el dinero esté sino que se entregue en forma, en tiempo, a valor constante. Antorchas siempre cumplió con eso. A nosotros el Conicet nos debe dinero desde hace tres años.

-Y la UBA, ¿subsidia bien?

-En la época de la convertibilidad la UBA tenía un presupuesto para ciencia y técnica de 12 millones de dólares, que era bueno y nos ayudó mucho, pero que no se distribuía exclusivamente en función del mérito sino que tenía que dividirse entre sus distintas facultades. Por eso prefiero que las entidades financiadoras estén fuera de las ejecutoras, algo que ocurre en todos los países de mayor desarrollo científico.

-Entonces está de acuerdo con la Agencia de Promoción Científico-Tecnológica local, que solamente financia...

-Me parece una buena idea. La Agencia tiene recursos, pero de fondos internacionales que ponen sus condiciones. Ahora, el tan anunciado aumento del presupuesto es fundamentalmente para equipos de última generación. Cuando hicieron el anuncio pensé que con esa plata podríamos reparar los equipos que no están funcionando. Pero no. Tiene que ser el equipo de ultimísima generación.

-¿Y eso qué implica?

-Bueno... pienso que a quienes otorgan los fondos les interesa favorecer a sus dueños, que son en general los países que manejan esos equipos. Y en segundo lugar creo que en una visión medio cachuza de la realidad el decir "hemos entregado tantos millones de pesos en equipos de última generación" luce más para el que no está en el asunto que decir "hemos rebobinado una centrífuga que hace diez años que no funcionaba...". Debería haber partidas para todo. Sin embargo, para mí, el punto fundamental es otro.

-¿Cuál?

-Es urgente repatriar gente. Pero no estoy de acuerdo con la idea de Sadosky de repatriar a los mayores, ya establecidos afuera. En cambio, hay jóvenes que se fueron hace cinco o seis años y volverían encantados si se dieran las condiciones.

-¿Ese debería ser el eje de los cambios?

-Sí. Por otro lado, los investigadores del Conicet tienen una edad promedio cercana a los 50. Y eso también contribuye. Los viejos les tienen miedo a los jóvenes: eso pasa en todas las especies del reino animal, el león viejo todo apolillado le tiene miedo al joven todo lustroso. Algunos científicos mayores tienen real vocación. Pero otros se quedan dentro del sistema por las bajas jubilaciones.

-¿Se le puede ordenar por decreto a un científico brillante, por mayor que sea, que se retire?

-No. Pero sí restringir sus actividades. Por ejemplo, que no tenga funciones directivas. En el Instituto Weizman de Israel, que es un ejemplo de investigación, la gente luego de los 65 años puede seguir trabajando, pero no dirigir instituciones.

-¿El científico mayor no puede ser el viejo sabio de la tribu?

-El científico argentino promedio no es sabio. Y no es sabio porque la estructura de la universidad no lo obliga a interactuar con gente de otras tribus . En este departamento son todos bioquímicos, todos hablan de bioquímica. En Oxford o Cambridge, la gente vive en colleges, hay tipos de todas las disciplinas y es obligatorio comer tres veces por semana todos juntos. Entonces si el investigador que se sienta al lado es un especialista en porcelana persa del siglo XIV uno tiene que dialogar con él y eso favorece la sabiduría. La sabiduría no es saber cómo están hechas las cilias de la célula de la tercera parte del intestino delgado. La sabiduría es tener la capacidad de ver con mayor amplitud lo que el no sabio ve del mundo y de tomar resoluciones sobre esa base.

-Han aparecido muchas universidades privadas en el país. ¿Qué opinión de ellas?

-Hay muy pocas de medicina o ciencias biológicas. La mayor parte son de Economía o de Administración. No me parece mal. Lo que sí me parecería mal es que la buena educación se consiga en las universidades privadas, porque se convertiría en algo dependiente de los recursos económicos.

-¿Y estamos en ese camino?

-En algunas disciplinas sí. Por ejemplo, en economía. Las mejores escuelas de economía en este momento son las privadas.

-Pero las universidades públicas argentinas tienen gran prestigio intelectual...

-Sí. Por eso digo: si el interés de formar profesionales lo tienen empresas grandes y se pierde ese espacio supuestamente abierto a todos, que son las universidades públicas, sería lamentable. Pero si eso sucede es culpa de la gente que maneja las universidades oficiales, de la inactividad de los docentes y alumnos o de las visiones cortoplacistas. Si uno recorre los pasillos de la planta baja de esta facultad, por ejemplo, encuentra carteles que dicen "Gran Victoria, conseguimos que se postergue el parcial". Me parece bien que los estudiantes pidan muchos turnos porque trabajan. Pero además tienen que pedir que les enseñen bien, tienen que pedir calidad. Y no hay carteles que pidan esto.

-¿Usted está a favor de la educación pública, gratuita y laica?

-Sí, absolutamente. Pero no en contra de otras alternativas.

-¿Qué relación debería haber entre la universidad y las empresas?

-La relación empresas y universidad es válida y ocurre en todo el mundo. Pero me parece que el límite es que el sector empresario o cualquier otro no puede tener el control de la educación pública, porque al tenerlo la sectorializa necesariamente.

-¿Y cuál es su opinión sobre el financiamiento de la ciencia?

-Es un tema crucial, y no sólo por el monto sino por la manera en que ese monto se utilice. Hay un mínimo de financiación. Si se está por debajo de esa cantidad, es inútil. Si tomamos los datos de los países que tienen investigación seria, ese mínimo oscila entre el 2 al 3% del PBI. Eso se divide en tres: investigación académica o básica, investigación aplicada con un fin determinado y finalmente el desarrollo: transformar el fruto de la investigación en un producto o en algún consejo al gobierno. Típicamente, en este número global la mitad de lo que se gasta es del Estado y la mitad es del sector privado. En todo el mundo, la investigación básica, que suele ser de largo plazo, la mayor parte de la inversión es estatal. En un país muy privatizado como los Estados Unidos, más del 70% de la investigación en las universidades las paga el gobierno federal. Harvard o Yale se funden el día en que la reserva federal les corta los fondos. En la investigación aplicada se produce lo contrario: del 20 a 30% es de origen público y 70% de origen privado. Lo deseable son esos números. Pero en la Argentina, como no hay desarrollos enormes, el valor razonable sería el 1% del PBI.

-Prometieron llegar en 2006...

-Prometieron.

-¿Usted cree que no se llegará?

-Hay mucha gente que prometió llegar a eso. Yo voy a creerlo el día en que vea un plan de cómo llegar a eso.

-¿Ese plan no existe?

-Todavía no. Por ahí lo están pensando.

-Pero Kirchner presentó algunos lineamientos, ¿los conoce?

-Son razonables, y el Presidente muestra interés. Pero Kirchner muestra interés en todo. El estilo K es decirle que sí a todas las demandas no satisfechas de la sociedad. Vamos a ver si lo puede hacer. Esperemos que sí.

-¿Y qué aspectos aconseja considerar a la hora de debatir un plan científico?

-Primero tiene que haber una hipótesis de crecimiento: saber cuántos científicos se quiere tener en diez años. El número actual es bajísimo. Además, habría que compensar fuertes diferencias regionales. La descentralización es muy importante. Y luego la distribución temática. En la ciencia argentina hay una fuerte tendencia a la endogamia, a no cambiar de temas. Hay temas de punta, que sólo pueden concretar países de mucho dinero, como enviar un hombre al espacio. Pero después es necesario promover las áreas de vacancia. Por ejemplo, hay muy poca investigación clínica en los hospitales. Es lógico que así sea: están desbordados. Pero son el lugar indispensable para investigar enfermedades humanas.

-Ya que menciona los hospitales, Kirchner dijo que en una emergencia se atendería en el Argerich. ¿Qué le parece?

-Me parece muy bien. En todos los países serios los presidentes o primeros ministros se atienden en hospitales públicos, no en clínicas privadas.

-¿Cómo se imagina ser médico en un hospital de un país donde más de la mitad de la gente está bajo de la línea de pobreza?

-En las situaciones difíciles hay que basarse en principios generales. El principio general es que la atención médica es un derecho de todo ciudadano. Hay que organizar las cosas para que esa atención llegue a todos. Hacerlo a través de grandes hospitales metropolitanos no es la forma. Además, la mayor parte de los problemas en las poblaciones marginadas son de atención primaria, y el 90% se puede solucionar si hubiera centros distribuidos cerca. Eso es lo que puede hacer la medicina, pero hay otros aspectos que hacen a la salud de una población, que son la alimentación y la higiene y ahí la medicina tiene que acompañarse de programas especiales, sobre todo de un programa alimentario para los chiquitos, que no se recuperan totalmente cuando sufren desnutrición.

-¿Y piensa que algunas de esas metas se están buscando en el Gobierno?

-Me parece que sí.

-¿Ve a Kirchner al frente de un Estado más intervencionista, digamos, a la keynesiana?

-Veo lo siguiente: esa etapa poscaída de la Europa socialista y del muro de Berlín, en que se hablaba del fin de la historia y de que todo iba a andar bien, se acabó. El Estado microscópico y el mercado regulando todo pertenecen al pasado y es uno de los tantos ensayos que hizo el mundo sin éxito o con un éxito muy relativo. En vez de eso, lo que pasó es que el mundo entró en un nivel de conflictividad como hace mucho tiempo que no tenía. Si extrapolamos eso a América latina y en particular a la Argentina, el resultado neto fue un aumento brutal de la diferencia entre los que más y menos tienen. Probablemente no se pueda volver al Estado intervencionista del 50 o 60, pero la historia reciente ha demostrado que el Estado tiene que dirigir, que la teoría del over flow de los recursos, que rebalsaban y caían para todo el mundo no funciona más.

-¿Cuál es su impresión sobre la década de 1990 en nuestro país?

-Muy negativa. Creo que en el sector científico, la última etapa con el licenciado Juan Carlos del Bello fue bastante buena. Pero en general lo que se suele llamar el menemismo fue globalmente desastroso. Ahora, si uno le dice eso a alguien más a la derecha que yo, puede contestar que era necesario privatizar. No tengo ideología firme acerca de que los servicios públicos sean del Estado o no. Pero ciertamente creo que la manera en que se hizo en el menemismo fue brutal, corrupta, cara y al país le dejó poco beneficio. Sí, los teléfonos andan bien y es bueno, pero tampoco es tan espectacular. Y otra cosa positiva puede haber sido la detención de la inflación o el superdólar de Cavallo, que permitía viajar al extranjero con bastante facilidad. Pero son detalles. A nivel global creo que la época menemista fue terrible.

-¿Entonces el Estado debe intervenir más activamente, por ejemplo en la distribución?

-Tiene que intervenir en la distribución y en garantizar ciertos derechos básicos a todo el mundo: salud, educación y seguridad... El liberalismo extremo en la Argentina y en el mundo fracasaron y creo que Kirchner y su gente se dan cuenta de eso y lo están diciendo. Ahora, todavía no hay tiempo como para advertir si esto va a funcionar o no. Yo espero que funcione, pero uno también está un poco curado de espanto de la diferencia brutal entre los dichos y los hechos. La clase política debe darse cuenta de que tiene que hacer muy buena letra para recuperar lo que perdió.

Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/03/10/18/dp_536770.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

El gran provocador

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 18-10-2003 00:00:00

EL AÑO DE DALI

Se cumplen cien años del nacimiento de Salvador Dalí, símbolo de una época y una tendencia, y el mundo lo festeja. Una aproximación a este artista moderno y ya clásico.

En la Costa Brava, cerca de la frontera con Francia, el cielo y las rocas forman un concierto en el que uno es el fondo constante y las otras el cambiante pespunte de una melodía a veces sombría, por momentos extravagante, de a ratos protectora, casi siempre crispada. Uteros, parecen, en ciertos parajes, esas calas en las que el Mediterráneo se hace tan oscuro que su azul vira al plomo.

Hace un tiempo, en el pueblo de pescadores de Cadaqués, este cronista descubrió lo que ya sabía: ese cielo indiferente a las rocas, a su congelado malestar o a su áspera paz, es el de Dalí. Aquel surrealista que a los 26 años había establecido su hogar en Portlligat, a 15 minutos de caminata de Cadaqués, no será recordado por cielos artificiosos, convencionalmente oníricos, sino por el cielo de la costa catalana; el cielo clásico, sin sombra ni amenaza; el cielo renacentista, simple, preescolar. El resto del cuadro, en gran parte de la obra de Dalí, serían esas rocas dislocadas, escarpadas, y sin embargo maternas. De hecho, una curiosa roca amorfa del Cap de Creus es, para muchos, la base del cuadro El gran masturbador. En la roca no se ve masturbador alguno, por más imaginación que uno ponga, y en el cuadro, a decir verdad, tampoco.

Salvador Felipe Jacinto Dalí Domenech nació en Figueres, en el Ampurdán, a unos 30 kilómetros de Cadaqués, el 11 de mayo de 1904. Su primer nombre era el de un hermano muerto un año antes. Esta condición de doble —apenas nacido debía llevar flores a su propia tumba— tuvo, diría él, una influencia decisiva en su vida. Es probable que lo dijera porque veneró a Sigmund Freud, y debió creer honestamente en el psicoanálisis. También quiso hacer creer que estaba pintando sus sueños. Esto es dudoso. Lo cierto es que su vida fue, aunque parezca asentada en un poderoso yo, un largo proceso de despersonalización estética.

Dalí empezó a pintar desde muy chico. Y también, cuando era un chico, solía apoyarse en una muleta que había encontrado por allí para gritar "Soy el rey". Se empeñó en crearse como rey. Y este rey cojo nada hubiera sido de no haber creado, junto con su personaje, una obra poderosa en la que aparece más la historia del hombre como una nítida ensoñación que los paisajes de sus propios sueños, que era el dogma de los surrealistas.

La relación de Dalí con la pintura, con su desarrollo secreto, es mucho más importante que la relación con el surrealismo francés. Velázquez, De Chirico y, por último Rafael, son más decisivos que André Breton para comprenderlo. La búsqueda, el enfrentamiento y la ruptura con el pope surrrealista ofrecen algunas claves para entender al personaje Dalí, pero arrojan pistas dudosas sobre sus cuadros y sobre el propio sentido del surrealismo, ese movimiento que revolucionó el arte y las ideas , y está plagado de agrupamientos y rupturas, fervores y excomuniones, administrados por Breton. Dalí fue una provocación dentro de una provocación . Y una provocación políticamente incorrecta.

Digamos brevemente cómo llegó a ese punto. En 1921, está en Madrid, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de la que sería expulsado. En la Residencia de Estudiantes, conoce a Federico García Lorca y a Luis Buñuel. Con éste realizaría, años más tarde, El perro andaluz, la primera película surrealista, célebre por su primera escena, en la que una navaja secciona un ojo. Este trío, que compartía más que nada una compleja y perturbada relación con el sexo, crea un ambiente provocador que nutre seguramente en Dalí la idea de que el genio es necesariamente un ser distinto. Otro. Uno que lleva el nombre de otro: Salvador Dalí, que no es Salvador Dalí sino un muerto, por ejemplo. O el espejo de un confuso dios.



Iluminación en París

Dalí viaja por segunda vez a París a fines de los años 20. Había viajado antes, por invitación de Buñuel, y sólo conoció a Picasso, que al fin y al cabo era español como él. Esta vez va a buscar al dios del que sería espejo y bufón. Ya había leído a Sigmund Freud. Ya había visto los cuadros de Diego Velázquez en el Museo del Prado y se había sobresaltado ante su propia percepción de que Velázquez pintaba precisamente como un médium. Pintaba otra cosa.

Por cierto, encuentra al Rey en París. Es decir, a Breton, quien en 1924 había redactado el primero y principal de los manifiestos surrealistas, aquel que define la estética y ética surrealistas como "automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento". El pope lo acoge entusiastamente. Y Dalí crece. Durante el verano de 1929, en Cadaqués, le arrebata la Dama al Alfil del Rey. Es decir, conquista a Gala, la mujer de Paul Eluard. Se casan a los cuatro meses y permanecen juntos durante 53 años, hasta la muerte de ella. En los años siguientes, Breton mueve contra él su poder. Le reclama que haga declaraciones para explicar cómo es que ha pintado a Hitler. Dalí le responde que Hitler era "un objeto de delirio inconsciente, una fuerza de autodestrucción y de cataclismo prodigiosa". Surrealismo, Bretón. ¿O no? Breton le cuelga el San Benito. Bretón se preocupa. Dalí utiliza las imágenes tomadas de los sueños "abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del Surrealismo". Muy bien, pero ¿cómo detenerlo? Dalí viaja a Nueva York y comienza a ganar dinero. Breton hace el famoso anagrama con el nombre de Salvador Dalí: avida dollars. Dalí sigue creciendo. Bretón lo expulsa. Dalí responde: "No podéis expulsarme. El surrealismo soy yo". Así era. Aquel Alien se había apoderado totalmente del cuerpo del surrealismo. Faltaba el golpe final. Cubierto de dólares, realmente, Avida Dollars escribirá mucho después, definitivamente burlón y cerrando la paradoja de que el surrealismo hubiese creado ese monstruo surrreal que fue su peor pesadilla: "El anagrama avida dollars constituyó un talismán para mí. Rindió generosa, dulce y monótonamente un manantial de dólares". Y como si esto fuera poco: "Jamás, jamás, jamás, jamás el exceso de dinero, de publicidad, de éxito o de popularidad me ha dado ganas de suicidarme, sino todo lo contrario". A la expulsión de Dalí, siguió la de Eluard, el notable poeta cuya mujer se convirtiera en la mujer de Dalí. Uno por reaccionario, el otro por demasiado comunista; ambos terminaron fuera del epiléptico y revulsivo movimiento creado por Breton.



Dalí, en Nueva York

A partir de la Segunda Guerra Mundial, por fijar las cosas en el tiempo, tenemos a Dalí íntegramente construido como el retrato vivo del surrealismo, con sus grandes bigotes manija paseando un leopardo con cadena de oro por las calles de Nueva York, vistiendo trajes extravagantes y declarando a los cuatro vientos su inmenso amor por sí mismo. Hombre de un ego tan grande, y probablemente tan blando, como un elefante, el pintor catalán había logrado lo que Breton y su tropa indisciplinada no habían logrado: hacer del surrealismo un hecho real, o al menos contante y sonante. Y sin embargo, no era Dalí un mero aviso publicitario. Había algo en él poderosamente auténtico que el propio Freud había vislumbrado. Freud rechazó el galanteo de Bretón. "Hay demasiado método en su delirio", le dijo, más o menos, cuando Bretón lo visitó en Viena. Probablemente ofuscado por la recepción del creador del psicoanálisis, Bretón lo describiría luego impiadosamente como un "anciano insignificante". A Dalí, en cambio, le fue mucho mejor. Freud escribiría a Stephan Zweig, quien le había presentado a Dalí: "Es preciso darle las gracias a usted (...); los surrealistas, que al parecer me han elegido como su santo patrón, me parecían unos locos integrales. El joven español, con sus cándidos ojos de fanático y su innegable maestría técnica, me ha incitado a reconsiderar mi opinión".

Dalí tuvo muchos hijos. El arte de la excentricidad, un arte necesariamente mediático, le debe casi todo. Es Dalí el tío materno, si no el padre, de una heterogénea lista de provocadores visuales, teatrales, que bien podría incluir a Michael Jackson o a Marilyn Manson. Y no era Dalí un provocador filosófico, como Diógenes de Sínope, ni refinado, como Oscar Wilde. Ni tampoco buscaba, es evidente, utilizar la provocación para llamar la atención sobre algo más importante. Mal sabía sobre qué quería llamar la atención. Sin embargo, hay una clave involuntaria en una de esas extravagantes respuestas autoidolátricas que solía dar. Le preguntaron qué había que preguntar para saber si se estaba ante un genio, y dijo: "Hay que saber cómo se llama y dónde nació; si su nombre es Salvador Dalí Domenech y nació en Figueres, ya no hay duda de que lo es". Un nombre y un lugar reducían el fenómeno. Parece importante que la respuesta de Dalí no se haya limitado a su propio nombre, que por otra parte, ya sabemos, era el de un muerto.

¿Por qué —se pregunta uno en Portlligat— este engendro moderno, este hombre destinado a triunfar en la metropolis, eligió como refugio, en 1930, a los 26 años, una casa frente al mar, en un pueblo de pescadores? ¿Por qué volvió aquí en 1948? ¿Es por el cielo, que vio en los cuadros de Rafael y descubrió parecido al suyo? El regreso a Portlligat coincide con su decisión de ir al clasicismo cuando podía haberse desbarrancado por el camino de los relojes blandos y las pinturas amorfas, que le daban mucho dinero y lo convertían en un ícono viviente. Portlligat tiene que ver con su misticismo católico, con las dos madonnas del Porlligat, con su Crucifixión, con La última cena. También tiene que ver con sus ensayos op-art (técnica de los efectos visuales), como el retrato de Gala que, a veinte metros, se convierte en la cabeza de Lincoln. Con su empeño en el estudio de la ciencia. "Mi pintura es la fotografía en color y a mano de imágenes superfinas y extrapictóricas de la irracionalidad concreta", definió. Aquello "concreto" y "extrapictórico" que lo desvelaba, ¿está en Portlligat? En realidad ¿la búsqueda de qué cosa concreta fue Dalí? ¿La de un dios concreto y sorprendente, con el que pudiera hablar? ¿Será la cifra de esa búsqueda la espalda renacentista de Gala?

Católico y de derecha, pero sobre todo clásico y más hondo, el viejo provocador volvió obsesivamente al paisaje de la Costa Brava para vivir la segunda mitad de su vida. Murió en Figueres a los 85 años, ya sin Gala ni fastos, unido a respiradores y sillas de ruedas. Las muletas ¿recuerdan?

En Portlligat, a metros de su casa, había hasta hace un tiempo un bote abandonado y derruido en la calle. Desde el fondo del bote había crecido un árbol. Qué homenaje le hizo Dios.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/18/u-642560.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Lobos, un espacio de choque cultural

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 18-10-2003 00:00:00

PUEBLOS BONAERENSES

Los porteños adoptan el pueblo para vivir. La gente de Lobos se niega a que su destino sea convertirse en un parque temático gauchesco.

EDUARDO POGORILES. Enviado especial a Lobos.

Ahora, en Lobos, los porteños compran casas como para sentirse dueños de por vida del "estilo campo". Y aunque esté a 115 kilómetros de Buenos Aires, hay quienes llegan en avión a la cancha de golf. Y frente al aeroclub crecen los barrios privados. Los lugareños se miran algo pasmados ¿el crecimiento de lo campestre como escenografía no terminará sepultando al verdadero campo? ¿El simulacro vencerá a la misma tradición en que se inspira? Con cinco clubes de polo, con estancias llenas de historia desde los tiempos de Rosas, Lobos cambia su cultura y su modus vivendi en el sudoeste bonaerense. Buenos Aires aprovecha la nueva autopista Cañuelas-Ezeiza e invade el verde sin permiso, complicando la clásica imagen de laguna, pejerreyes y miniturismo.

A ese raro cruzamiento entre modernidad y tradición, algunos de los 28 mil habitantes lo ven como una oportunidad, otros, como una amenaza. Porque Lobos es también la costumbre de dormir la siesta hasta las cuatro de la tarde, jugar a las cartas en el Club Newbery, ir a dar la vuelta del perro todas las tardes, bailar en la discoteca "La Porteña", en la bailanta "Amanecer bailable" o en alguna de las diez peñas folclóricas. Esta ciudad aún tiene panaderías que hacen la "galleta de campo"; hay esquinas sin ochavas anteriores a 1870, pero también peones a caballo junto a los cibercafés, plateros, pintores, la mitología de Juan Moreira y la casa natal de Juan Perón, además de un spa frecuentado por ricos y famosos que prefieren el anonimato. De todo eso se habla en el bar "El Escritorio", pasarela de los notables de Lobos. Se discute por las polleras "demasiado cortas" de las chicas bastoneras de la Guardia del Fortín que nada tienen que ver con los gauchos y mozas que desfilan en la Semana de la Tradición. Se discute por el trabuco naranjero de Juan Moreira, que alguien robó el 11 de agosto de la vitrina ubicada en el Museo Perón. Se discute por una pulpería reciclada, el boliche de Sapienza, que compró la animadora Silvia Fernández Barrios.



La frontera se corre

Se discute, en fin, por las fronteras. En Lobos algunos sienten que las fronteras se corren, lo que viene desde el fondo de su historia. "Estamos en la ola de un cambio que no podemos pilotear por las desuniones pueblerinas, una lástima. Pero no queremos ser una ciudad dormitorio como Pilar ni que nos vean como bichos raros, no somos los empleados de un parque temático gauchesco. Esto no se arregla con barrios privados", dice el secretario de Gobierno lobense, Carlos Masola. El es conservador y por 600 votos perdió las elecciones a manos de un peronista, Gustavo Sobrero, que asumirá en diciembre. "Hay que cambiar la cultura de Lobos, ese individualismo cerrado que tanto daño hizo. En los índices de pobreza y desocupación estamos peor que Cañuelas, Navarro y Monte, cuando hasta la década de 1970 éramos el eje de la zona", dice Sobrero.

¿Dónde están las fronteras de lo nuevo? Cuando Lobos nació, el 2 de junio de 1802, la frontera era el río Salado. Más allá estaba el desierto y no había indios amigos. En esa época, indios y blancos peleaban por arrear algunas de las miles de vacas salvajes que se acercaban a beber en la Laguna de Lobos. Desde sus estancias en Monte y Cañuelas, Rosas llevó la frontera más al sur en 1830. Julio Roca completó la tarea en 1879, después vino el ferrocarril y con él una primera modernidad, estancias a nombre del patriciado porteño —los Blaquier, Ezcurra, Atucha, Del Carril, Zeballos— que ahora son visitadas por turistas. Pero hoy la frontera tiene que ver con estilos de vida, es inasible.

Para el artesano soguero Juan Antonio Marquioni, que retomó la tradición india del trabajo con cueros y pelos sobados, el límite es la amistad, tener enfrente una cara conocida. "Hacer un rebenque o la funda de un cuchillo me lleva una semana, no los puedo cobrar, yo los hago para regalar a los amigos". Marquioni es un herrero experto y de eso vive. El yerra a esos caballos percherones de 1.200 kilos que anualmente arrastran la chata "La Argentina", en la Rural de Palermo.

Otros creen que la frontera es una tradición que siempre se reinventa a sí misma y tiene precio. "Hay oficios que vuelven por la crisis, como el mío", dice Oscar Martínez, el único platero en Lobos desde que en 1890 muriera su antecesor. En sus manos, un cuchillo, una rastra, un par de espuelas, un cabo de rebenque, se transforman en piezas de platería que valen más de 3.500 dólares. Su clientela está en Buenos Aires.

"Nunca sentí la necesidad de salir de Lobos, aunque mis óleos ahora se venden en Madrid y en Buenos Aires", dice Fernando Sancho, presidente de la Sociedad Española de Lobos. Para él la frontera es interior. Sancho fue dentista durante muchos años, nunca se propuso vivir de la pintura. Pero en el salón de la Sociedad Española tiene su atelier y sus alumnos, ahí pinta sus cuadros hiperrealistas que hacen de una aldea el mundo.

En el bar "El escritorio", todos se acusan de individualistas. Lobos es una ciudad dividida pero eso va más allá de la política, es un síntoma de la cultura cotidiana. La ciudad abunda en centros tradicionalistas y peñas folclóricas que nacen y mueren al compás de las peleas entre sus líderes. El ritual los une durante la Semana de la Tradición, en noviembre, cuando 850 jinetes de 35 centros criollistas desfilan ante la multitud. Pero ya no hay plata para "Lonja y guitarra", un festival de jineteadas, doma y folclore que en sus buenos tiempos convocaba a 40.000 espectadores y competía con Jesús María.

Algunos dicen que es culpa de la crisis. Lobos tenía talleres ferroviarios y textiles, también una fábrica de motores eléctricos con mil obreros. Todo eso murió en la década de 1990. Como un símbolo anticipatorio, en 1981 había quebrado el Banco Regional del Salado, que tenía 16 sucursales en la zona y desde 1962 le prestó plata a pequeñas industrias y comerciantes locales.

Acaso sea un síntoma de algo más profundo. Pero la ciudad tiene siete grupos teatrales y ninguno se anima a poner en escena el mayor mito urbano de Lobos: la muerte de Juan Moreira en el burdel "La Estrella" el 30 de abril de 1874, como la contó el folletinista Eduardo Gutiérrez. Con las lealtades de la ciudad divididas entre alsinistas y mitristas, Moreira se ganaba la vida apretando a los votantes el día de elecciones en el atrio de la iglesia. "La Estrella" estaba a cuatro cuadras de la plaza, como lo recuerda una placa colocada en 1983 en el lugar donde ahora hay una clínica médica.

"Yo soy hijo de inmigrantes italianos pero tengo pasión por los caballos, algunos ensillan con aperos de época, otros no, pero acá todos tenemos algo de gauchos, eso es lo que debemos conservar", dice Javier Agollia. El dirige la agrupación "Rebenque y espuelas", la única que hace carreras de sortija en Lobos desde hace 15 años. Para él es tan importante la iglesia Nuestra Señora del Carmen, frente a la plaza, como el almacén La Paloma, aún en pie, donde Leonardo Favio filmó su "Moreira" en 1973.

En cuanto a Juan Perón, nadie se anima a discutir que nació en Lobos en 1895, salvo la gente de Roque Pérez, del otro lado del río Salado. Nadie quiere hablar del libro del embajador peronista Hipólito Barreiro, "Juancito Sosa, el indio que cambió la historia", ni de su tesis sobre la madre india de Perón, Juana Sosa Toledo. No vale discutir, las autoridades del museo lobense dirán que allí está la ley sancionada por el Senado en diciembre de 2001 —nada menos— que declara monumento nacional a esta casa italiana de los años 20, cuando Perón estaba en el Colegio Militar.

"Todo eso es cosa de viejos, ¿a quién le importan?", dice Fernanda, sentada en la plaza principal de Lobos, un sábado a la tarde. La vuelta del perro ya se termina y ella no quiere ir a la iglesia esa noche, donde un coro cantará el "Réquiem" de Gabriel Fauré. La discoteca "La Porteña" le parece una réplica de la estancia más famosa de Lobos. Tampoco le interesa el café literario que se arma en el bar Andreotta. Fernanda sueña con la televisión. "¿Qué tengo que hacer para ser famosa?", pregunta. Es posible que esa inocencia, tan distanciada del "estilo campo", la haga perseverar en el camino a Buenos Aires.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/18/u-642692.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"El peronismo y Berlusconi son dos fenómenos únicos"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 12-10-2003 00:00:00

GIANFRANCO PASQUINO, POLITOLOGO

La Argentina puede mirarse en el espejo de Italia, una democracia que vio transformarse a sus partidos y líderes. Estos deben abrirse y acercarse a electorados más exigentes y, a veces, también contradictorios.

Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com

Hace diez años se produjo un gigantesco cambio en la política italiana. ¿Observa en la Argentina actual un proceso parecido?

-Salvando las grandes diferencias, son dos casos en los que los políticos debieron aprender y cambiar, y en los que se demostró que si hay jueces que pueden actuar con independencia, se pueden eliminar los políticos corruptos de la escena política. Los electores han aprendido también y son más racionales; escogen, cambian de partido y de candidato con mayor autonomía. Y las instituciones también cambian y se adaptan, aun lentamente, enfrentadas a sus propios límites.

¿Cuáles fueron las claves de esa transición en Italia?

—Lo primero es que hubo una reforma del sistema electoral que creó la necesidad de producir coaliciones, de escoger de una mejor manera los candidatos. Sin reforma del sistema electoral, la política italiana no habría producido, para bien o para mal, un liderazgo como el de Berlusconi.

¿Qué características tenía el viejo sistema electoral y cuáles tiene el nuevo?

—En el viejo sistema proporcional cada partido incorporaba sus candidatos por listas. El nuevo sistema es parecido al inglés: hay pequeñas circunscripciones, solamente un candidato es elegido, y hay una pequeña porción proporcional. Pero para ganar es indispensable formar una coalición. Eso redujo el peso de los partidos tradicionales y les dio una mayor importancia a las coaliciones y a los líderes nacionales en contacto más directo con los electorados.

Estamos hablando de un sistema parlamentario, con un liderazgo fuertemente personalista...

—Y esto es un problema, porque si se cambia el sistema electoral, probablemente deberían cambiar también algunos elementos del sistema parlamentario. Y la reforma institucional no fue nunca aprobada. Eso crea tensiones y conflictos; entre el presidente del Consejo y el presidente de la República, por ejemplo, no sólo porque Berlusconi y Ciampi tienen distintas visiones del país, sino porque el presidente del Consejo cree tener un mandato específico y personal, cuando en realidad lo tiene solamente porque es el jefe de la coalición que ha ganado las elecciones. Hay otras tensiones, también, entre el presidente del Consejo, su coalición y el Parlamento. El presidente del Consejo dice: "Yo tengo un mandato"; el Parlamento le responde: "Nosotros tenemos ese mandato"; y sigue la discusión: "Pero yo tengo un mandato nacional", "Nosotros tenemos mandatos locales pero representamos a la nación también", etc.

¿Podría desembocarse en un sistema más presidencialista?

—Puede ser un sistema un poco más presidencialista, o con un Parlamento reformado. Creo que el presidente del Consejo debería tener algunos poderes más, pero debería reconocer el poder de la oposición, y a Berlusconi no le gusta el control de la oposición, de los jueces, de los diarios.

¿Qué balance puede hacer de esta década con Berlusconi como protagonista?

—Es un fenómeno extraordinario, no hay igual en las democracias contemporáneas, porque Berlusconi es un empresario, pero no cualquier tipo de empresario; es un empresario de la televisión y eso le otorga ventajas enormes al disponer de un lugar público con una capacidad de representación incomparable y una tremenda visibilidad. Es un empresario antipolítico, que construyó su imagen contra la política existente, de los partidos y los compromisos. Pudo hacerlo, es cierto, en un momento muy particular de crisis política e institucional, y aprovechó la crisis para ganar las elecciones en 1994, con otro fenómeno extraordinario: la creación de un partido, Forza Italia, que en pocos meses obtuvo más del 20% de los votos.

Esto explica la novedad de su ascenso, pero no su capacidad para mantenerse en el poder, pasar a la oposición y regresar al gobierno hace dos años.

—Bueno, hay atributos simbólicos de poder que tienen mucho que ver con el liderazgo de una nación y que Berlusconi sabe interpretar sutilmente, aun en sus manifestaciones más grotescas.

¿Y el balance de su gobierno?

—Ah, el balance es bastante mediocre. Porque Berlusconi no sabe gobernar; sabe producir imágenes, gestos, pero no políticas. La economía italiana está en recesión, el empleo no creció significativamente, las grandes reformas no se produjeron.

¿Se puede hablar de una vieja y una nueva forma de construir y representar la política?

—La hay. Pero conocemos mejor la vieja política que la nueva. Hay algunos elementos nuevos, algunos mejores y otros peores según se mire. Entre los primeros, el más importante es que la nueva política es de una mayor responsabilidad de los políticos y gobernantes frente a los electores. Responsabilidad es la palabra clave.

En nuestro país, el peronismo sigue siendo la principal fuerza política, sobreviviendo a varios derrumbes y crisis

—El peronismo, como Berlusconi, es un fenómeno difícil de explicar, único en el mundo. Puede seguir interpretando preferencias, intereses, sensibilidades de personas y grupos sociales de manera muy amplia, adaptarse a situaciones diferentes. Si no hay un sistema bipartidario, el peronismo puede ocupar mucho espacio y representar él mismo preferencias opuestas; posiciones de izquierda y de derecha, sucesiva o simultáneamente.

La presencia de un partido dominante, ¿no dificulta la conformación de un sistema de partidos más equilibrado?

—Creo que no. Podría ser que en algunos momentos una porción del peronismo crease una coalición con el centroizquierda. Eso es posible. Ocurrió, de hecho, en las últimas elecciones. Puede ser un sistema de dos coaliciones, no necesariamente de dos partidos.

¿Se está avanzando hacia una política de coaliciones?¿También es una enseñanza italiana?

—Estamos, de hecho, pasando de democracias de partidos a democracias de coaliciones, que incluyen partidos, viejos y nuevos, pero que no se agotan en éstos. El bipartidismo es un fenómeno histórico y los electores tienen ahora muchas preferencias y más diversificadas. Dos coaliciones es una buena opción para los sistemas políticos, como se ve en Alemania, Italia o Francia.

Aquí habría, entonces, una coalición, la del presidente Kirchner. ¿Cuál sería la otra?

—Es todavía una incógnita. Puede ser la agregación de posiciones de izquierda moderada y radicales como alternativa al peronismo, que ocupen ese lugar vacío. Pero eso necesita un liderazgo político que no se ve en este momento. Habrá que ver. Lo importante es saber que la calidad de una democracia no se mide sólo por lo bueno o malo que sea un gobierno sino también por la oposición que éste tenga.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2003/10/12/z-03415.htm

©COPYRIGHT CLARIN, 2003.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Peligro

Archivado en Eduardo Galeano • Fecha: 12-10-2003 00:00:00

Por Eduardo Galeano

El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna. Sus satanes –Bin Laden, Saddam Hussein o los próximos que aparezcan– trabajan, en realidad, como gallinas de los huevos de oro: ponen miedo. ¿Qué conviene enviarles? ¿Verdugos que los ejecuten o médicos que los cuiden?
El miedo distrae y desvía la atención. Si no fuera por los servicios que presta, lo evidente quedaría en evidencia: en realidad, el poder se mira al espejo y nos asusta contando lo que vio. Peligro, peligro, grita el peligroso.

---

El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos de desesperación suicida de los palestinos desalojados de su país y los ataques de la resistencia nacional contra las fuerzas extranjeras que ocupan Irak?

---

El mundo patas arriba nombra al revés. El poder, enmascarado, niega el sentido común. Si así no fuera, ¿podría caber alguna sombra de duda de que el actual gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medida que ese gobierno devora más y más tierras y más humillaciones inflige al pueblo palestino, más respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos más inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran.
Si algún resto de sentido común quedara en el mundo, resultaría increíble que Ariel Sharon pueda hacer lo que está haciendo con absoluta impunidad, como si fuera la cosa más normal: invade y acribilla territorios ajenos; alza un muro que deja chico al de Berlín, de triste memoria, para blindar lo que usurpa; anuncia públicamente que asesinará a Yasser Arafat, un jefe de Estado democráticamente elegido por su pueblo; y bombardea Siria, a sabiendas de que los Estados Unidos vetarán, como de costumbre, cualquier condenación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

---

Ocurre que en este mundo los países y las personas se cotizan en la Bolsa, y su valor depende de la geografía del poder.
¿Cuántos inocentes volaron en pedazos, sin comerla ni beberla, en la última guerra de Irak? Los vencedores no han tenido tiempo para contar a sus víctimas, civiles que existían y ya no existen, porque han estado ocupados buscando las armas de destrucción masiva que no existían ni existen.
No hay, pues, cifras oficiales. Los cálculos oficiosos más serios han contado, sin embargo, no menos de siete mil setecientos muertos civiles, muchos de ellos niños, mujeres y viejos. ¿Cuánto valen esas vidas? En proporción a la población, la cantidad de iraquíes destripados equivale a noventa y cuatro mil estadounidenses. ¿Qué hubiera pasado si el país invasor hubiera sido el país invadido? Las víctimas norteamericanas de semejante carnicería seguirían siendo el tema perpetuo de los medios de comunicación masiva. Las víctimas iraquíes no merecen, en cambio, nada más que silencio.
De sobra se sabe que el robo fue el único móvil de esta matanza, cometida con premeditación y alevosía. Pero los asesinos en serie siguen diciendo que hicieron lo que hicieron en defensa propia, y no están presos ni arrepentidos. El crimen paga: desde las cumbres del poder, ellos amenazan al mundo con nuevas hazañas, mintiendo peligros, inventando enemigos, sembrando el pánico.

---

El presidente Bush adora citar el Apocalipsis, pero más práctico sería que citara los noticieros, que son más actuales y dicen más o menos lo mismo.
Aquel espeluznante texto bíblico, una profecía contada en tiempo pasado, era más bien exagerado y se equivocaba en las cifras, pero hay que reconocer que las noticias del mundo de hoy se le parecen bastante. Decía el Apocalipsis: “Junto al gran río Eufrates fue exterminada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre”. Y también decía: “La tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. Pereció la tercera parte de las criaturas que tienen vida en el mar. Mucha gente murió por las aguas de los ríos, que se habían vuelto amargas.”
El autor, San Juan o quien haya sido, atribuía estas catástrofes a la ira divina. El nunca había oído hablar de las bombas inteligentes, ni del dióxido de carbono, ni de la lluvia ácida, ni de los pesticidas químicos, ni de la basura radiactiva. Y no podía imaginar que la sociedad de consumo y la tecnología de la devastación serían más temibles que la cólera de Dios.

---

Bombas contra la gente, bombas contra la naturaleza. ¿Y las bombas de dinero? ¿Qué sería de este modelo de mundo enemigo del mundo sin sus guerras financieras?
En más de medio siglo de existencia, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han exterminado una cantidad de gente infinitamente mayor que todas las organizaciones terroristas que en el mundo son o han sido. Ellas han contribuido, de muy poderosa manera, a hacer el mundo tal cual es. Ahora este mundo, que hierve de indignación, asusta a sus autores.
“El Banco Mundial, apóstol de la privatización, sufre una crisis de fe”, comenta el diario The Wall Street Journal. En un informe reciente, el Banco descubre que la privatización de los servicios públicos, que sus funcionarios han impuesto y siguen imponiendo a los países débiles, no es exactamente un maná del Cielo, sobre todo para los pobres abandonados a su suerte. Alarmado por las consecuencias de sus actos, el Banco dice, ahora, que habría que consultar a los pobres y que los pobres “tendrían que supervisar las inversiones privadas”, aunque no explica cómo podrían realizar esta tareíta. Y los pobres también preocupan al Fondo Monetario, que se ha pasado la vida estrangulándolos: “Es preciso disminuir las desigualdades sociales”, concluye el director del Fondo, Horst Köhler, después de meditar el asunto.
Los pobres no saben cómo agradecer tanta gentileza.

---

Estos organismos, que ejercen la dictadura financiera en el orden democrático, de democráticos no tienen nada: en el Fondo, cinco países deciden todo; en el Banco, siete. Los demás ni pinchan ni cortan.
Tampoco es democrática la dictadura comercial. En la Organización Mundial de Comercio nunca se vota, aunque el voto está previsto en los estatutos. La organización colonial del planeta correría peligro si los países pobres, que suman la abrumadora mayoría, pudieran votar. Ellos están convidados al banquete, para ser comidos.
La dignidad nacional es una actividad no rentable condenada a desaparecer, como la propiedad pública, en el mundo subdesarrollado. Pero cuando las dignidades se juntan, otro gallo canta. Eso ocurrió en Cancún, recientemente, en la reunión de la OMC: los países despreciados, los mentidos, se unieron en un frente común, por primera vez después de muchos años de soledad y de miedo. Y naufragó la reunión, convocada, como de costumbre, para que la mayoría ejerciera su derecho de obediencia.
Está ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice que es.

---

Bien lo sabía Alicia, la del País de las Maravillas:
–¡Que le corten la cabeza! –chilló la reina, con toda la fuerza de sus pulmones, pero nadie hizo el menor movimiento.
–¿Quién les va a hacer caso? –dijo Alicia–. ¡Si no son más que un mazo de barajas!

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-26621-2003-10-12.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Sanguinetti: "La educación argentina no podría estar peor"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 11-10-2003 03:17:56

El rector del Buenos Aires abre polémicas

Los chicos salen de la escuela primaria y no saben leer de corrido. Egresan del secundario sin entender lo que leen y son aprobados de todos modos. Elogiados en el discurso oficial, maestros y profesores son subestimados en la realidad, y los alumnos se quedan no con el mensaje de las palabras sino con el de los hechos.

El esfuerzo de estudiar está desprestigiado. Se ven con malos ojos tanto los premios como los castigos. Los niños se transforman en jóvenes, en adultos, llegan a ser dirigentes y aplican en su vida las pautas que han ido incorporando. La decadencia educativa dura ya demasiado, y revertirla requeriría un impulso y un tesón que todavía no aparecen. Así analiza la situación el rector Horacio Sanguinetti desde su despacho del primer piso del Colegio Nacional de Buenos Aires, mientras se asoma al balcón para ver cuántos son los manifestantes -¿piqueteros, gremialistas?- que pasan lentamente por la calle Balcarce. Son pocos, pero hacen mucho ruido: bombas de estruendo, percusiones de toda índole, nada en el sentido de favorecer la concentración de los que estudian. "Por suerte, los del turno tarde ya entraron", dice.

El Buenos Aires -"El Colegio-", como lo llaman con exclusión del resto sus orgullosos ex alumnos, es una de las últimas islas educacionales de excelencia. No alcanza, por supuesto. "No anda el presupuesto, no anda la formación docente, no anda el sistema educativo, no anda la especialización. No anda nada", desglosa Sanguinetti, convencido de que las cosas difícilmente puedan alcanzar un grado aún más alarmante. ¿Algún resquicio para el optimismo? En todo caso, cierta convicción sobre las misteriosas reservas culturales del pueblo argentino, y una carta de crédito con límite de gastos para el nuevo gobierno. Sanguinetti, abogado y antes que eso alumno sobresaliente del Colegio en el que transcurre su vida, es autor de libros de historia ("La Reforma universitaria", "Los socialistas independientes") y de derecho, pero su gama de intereses es múltiple. Le interesan la mitología griega, la ornitología, la fauna en general y, sobre todo, la ópera, género en el cual es una autoridad reconocida. Durante su paso por la Secretaría de Educación porteña, cuando el jefe de gobierno era De la Rúa, comprobó lo enmarañada que puede resultar la burocracia.

-Usted es el rector que más años ha estado al frente del Nacional de Buenos Aires.

-Sí, en toda la historia, desde el siglo XVII. Hubo algunos que duraron veinte días. Yo voy durando veinte años, desde diciembre del 83. El Día de los Inocentes. Fue una inocentada que duró mucho tiempo.

-Parece el señor que defiende la última fortaleza, mientras alrededor caen todas las otras. ¿Cree que la educación secundaria está así de degradada?

-Sí. Hay, desde luego, algunos colegios públicos y privados importantes, pero el Buenos Aires es un colegio que da buenos resultados. Si lo juzgamos por los frutos, los bachilleres que sacamos son de primera.

-¿Nota diferencias entre las generaciones que ingresan ahora y las de hace veinte años?

-Hemos notado un bajón por la preparación en la escuela primaria. Por eso tratamos de nivelar a los que llegan con nuestro curso de ingreso, y de habituarlos al estudio, porque están totalmente fuera de forma. No saben estudiar. No saben leer, no saben entender. Es terrible: el instrumento elemental del lenguaje, de la lectura, evidentemente está ausente.

-¿A qué adjudica esa dificultad para entender un texto?

-Yo creo que hay una cultura, o acultura, audiovisual, inmediata, de lo vertiginoso, de los jueguitos, las maquinitas. No reniego de todo eso, pero no puede ir en detrimento del razonamiento, de la lectura y de muchas cosas que no son de ninguna manera vetusteces, sino valores permanentes.

-¿Diría que esa acultura audiovisual tomó el lugar de la escuela?

-Es una competencia ruinosa, injusta. El chico va a la escuela cuatro horas y después se pasa otras cuatro mirando televisión o jugando con la computadora, con la complicidad de la familia. En general, la familia deserta. Los dos padres tienen que salir a trabajar, el chico está solo, mirando la televisión...

-También pesa la crisis económica general, pero ¿cree que las nuevas teorías pedagógicas incidieron también en estos resultados tan pobres?

-Creo que son terribles. La nueva forma de enseñar a leer es totalmente desarticulada: el chico no aprende ortografía, que es una forma de ordenamiento mental. Y están las teorías, o seudoteorías, que reniegan del maestro. Es decir: sólo es posible el aprendizaje, la enseñanza no es posible.

-¿Es verdad que se llega al punto de no corregir las faltas de ortografía para no inhibir al alumno?

-Así es; todo el proceso apunta a que el chico no tenga ni premios ni sanciones. No hay más amonestaciones. Todo es diálogo, tratar de explicar... El ser humano no funciona así. Funciona, sí, con el diálogo, la convicción, el libre saber dónde está el bien y dónde está el mal, pero, además, cualquier sistema multitudinario, como es la educación formal en las escuelas, tiene que tener un reaseguro en las sanciones. Si no, suprimamos el Código Penal, levantemos los semáforos y toda forma de coerción, porque es eso, justamente una coerción, lo que se intenta ejercer con toda norma.

-¿Cree que sin sanciones se pierde la noción de justicia?

-Por supuesto. Pero peor todavía: está muy mal visto premiar, porque el que no es premiado se deprime. Esa es la teoría loquísima en boga. Cuando yo era secretario de Educación encontré que una empresa había hecho una oferta para unos premios de pintura hermosísimos. Daban tres distinciones a los mejor calificados en esa actividad, en cada escuela de la ciudad. Frenaron el proyecto en niveles medios por esa razón: no hay que premiar a nadie. Somos todos idiotas, todos iguales, no hay diferencias.

-¿Lo ve como un fenómeno mundial?

-Parecería que ya en el mundo se está volviendo atrás, pero nosotros, como siempre, vamos en cámara lenta. Hemos hecho nuestra legislación adrede para que todo esto ande cada vez peor.

-Se refiere a la ley federal de educación...

-Sí, a la ley federal. Ha cumplido diez años y vemos los resultados. La senadora Kirchner lo dijo tres o cuatro días antes de que asumiera su marido: hay que volver a la ley 1420, hay que volver a estudiar, llevarse deberes a la casa, el enciclopedismo, pasar al frente... Todo eso lo hemos liquidado y no lo hemos reemplazado con nada. La escuela no es más un recinto para ir a estudiar. Es un recinto de contención, donde el chico tiene que estar encerrado para que no esté delinquiendo afuera. El maestro, que no ha sido formado para eso, tiene que darle de comer. La escuela lo hace, generosamente, como emergencia, pero no puede ser que eso se consolide cada vez más y pase a ser la principal tarea. Es absurdo.

-¿Cuál fue el punto de inflexión desde el que se comenzó a caer?

-Creo que en los años del primer peronismo algunas cosas se hicieron de modo muy autoritario, muy cerrado. Los libros de lectura se transformaron en elementos de propaganda franca. Después hubo mucho ir y venir. A veces se pasó de un extremo al contrario, a la represión escolar. Acá, en el Colegio, durante los años del proceso se sancionaba por cualquier cosa: diez amonestaciones por tener corrida la vincha. Eso provocó después una reacción muy difícil de controlar. Siempre hay que tratar de ubicar el medio.

-El Colegio Nacional de Buenos Aires lo pudo controlar, pero en otros la reacción fue desbordante.

-Sí, porque acá la autonomía universitaria nos preservó. En los demás, todo se convirtió en pastiche. Fíjese lo que fueron los cambios en la evaluación de los alumnos: aprobó, no aprobó, alcanzó o no alcanzó los objetivos. Con el sistema de cero a diez todo el mundo entendía: el padre y el hijo. "Diez puntos" es una expresión usual. En cambio, "alcanzó, no alcanzó" es menos claro. Una profesora había calificado así: "Alcanzó los objetivos y medio". Eso fue un retroceso. El quitar las amonestaciones fue un retroceso del que es difícil recuperarse. La idea de los consejos de convivencia, en los cuales el Colegio es pionero, tiene sus complicaciones. Implica la intromisión de los padres. El padre es el primer educador, pero no puede tener poder dentro del colegio. Ahora, maestros, profesores y directores no tienen posibilidad de acción concreta.

-Cuando ya son tantos los años de decadencia, el alumno tuvo tiempo de transformarse en maestro, en dirigente y aun en ministro o presidente. ¿Está allí el secreto de la decadencia argentina?

-Por supuesto. Además, la ley federal y todo el sistema que la acompañó ha liquidado las escuelas normales, las artísticas, las técnicas, que fueron una gran creación de Frondizi. Perón creó la Tecnológica, la universidad obrera, en ese momento, que era un acierto. Ahora eso se reemplaza por un curso general seguido por los "trayectos técnicos profesionales", que son un mamarracho. La "formación permanente" del docente es una farsa. La capacitación permanente... No hay tal cosa. Se hacen unos cursitos (que se cobran, hay un negocio allí por parte de muchas entidades) que dan puntaje para los concursos docentes, con un sistema perverso. Entonces, usted escribe un libro y eso le vale tantos puntos como hacer un cursito sobre el uso de plastilina en la escuela.

-Si tardamos tanto tiempo en caer, también recuperar el terreno perdido llevará mucho tiempo.

-El mismo tiempo, o más. Es realmente muy duro volver atrás en esto.

-¿Qué piensa de los primeros pasos del Gobierno en materia educativa? Se habló de asegurar un mínimo de 180 días de clase, por ejemplo.

-Yo al Gobierno que recién empieza le doy crédito. Estamos a la expectativa. Quisiera ver pronto cosas concretas. Algunas se hicieron bien: se arregló el tema de Entre Ríos, más o menos no hay esos problemas de grandes desfases en materia de salarios docentes, que llevaban a paros interminables. Asegurar un mínimo de días de clase me parece muy importante. Vamos a ver cómo se logra, porque es muy difícil. Yo he conversado con el ministro de Educación, también con el ministro bonaerense. Los dos han ido varias veces a la Academia de Educación y han reconocido los inconvenientes que les ha creado la ley federal, y son cosas muy difíciles de revertir. Pero vamos a ver. En algunas otras cosas que se están haciendo no estoy de acuerdo. Por ejemplo, que los alumnos se puedan transferir demasiado libremente de una universidad a otra. Eso hay que verlo muy bien, porque no es lo mismo ser abogado de la Universidad de Buenos Aires que de una universidad de las menos cotizadas. Entonces, no puede hacer casi toda la carrera en una de esas universidades y recibirse con título de la UBA.

-¿Confía en que este Gobierno haya identificado a la educación como principal problema del país y en que actuará con la necesaria decisión en consecuencia?

-No lo sé. Para salir de la crisis moral y material en que estamos, no hay mejor estrategia que la educación. Pero uno se pregunta si para llevarnos al punto en que estamos no ha habido una intencionalidad. Yo no creo demasiado en las teorías conspirativas, pero de otro modo no se puede explicar que se hayan hecho las cosas tan mal.

-Pero, ¿de dónde provendría esta intención de destruir nuestro sistema educativo? ¿De grandes potencias que desconfiaban de nosotros por el nivel que habíamos alcanzado?

-Sí, y además de partidos que prefieren manejar a un pueblo ignorante. Esa seducción es muy fuerte. Parecería que muchísimos gobernantes, políticos y gente de poder no tiene ningún interés en la educación.

-¿Cree que sólo el peronismo es responsable?

-Yo diría que hay algunos más responsables que otros...

-El retroceso argentino, ¿fue mayor que el de vecinos como Chile, Uruguay y Brasil?

-Tengo la impresión de que sí. El retroceso se manifiesta en los contenidos que se estudian. Por ejemplo, ahora ya no se estudia más historia. Es una materia que perdió autonomía. El profesor de historia tiene que enseñar geografía, y viceversa. El de filosofía tiene que enseñar educación ciudadana. Se tiene que poner a estudiar la Constitución, de la cual no tiene la menor idea, y no le dan muchas ganas. Sigue enseñando filosofía, firma y se va. ¿Se da cuenta? Es todo una farsa descomunal. Pero, ¿cómo es eso posible? Parece hecho a propósito. Después, es imposible aplazar a los chicos. En marzo, es imposible. Si usted los aplaza tienen otra opción, dentro de los diez días, pero tiene que estar presente el director del colegio, porque el responsable del aplazo es siempre el profesor, nunca el chico. Y si lo vuelven a reprobar tiene una tercera opción enseguida, presente ya el supervisor. Entonces: si un director de una escuela, que a lo mejor es profesor de historia, tiene que presidir una mesa de química, primero mata al profesor de química. Le dice: "No seas estúpido, no mandes a ese alumno a examen. Yo no pienso presidir esa mesa". Así es como después se dice: "Hay más contención, hay menos alumnos que repiten...".

-Es el mundo al revés: el examinador pasa a ser el examinado.

-Sí, el profesor es el sospechoso. Realmente, no puede ser peor la situación. No anda el presupuesto, no anda la formación del docente, no anda el sistema educativo, no anda la especialización: no anda nada. Y los estudiantes reciben desde chicos el mensaje subliminal de conductas distorsionadas, de formas de corrupción, que no son válidas, pero son socialmente aceptadas. El Gobierno tiene que tomar este problema muy en serio. Desde hace muchos años, les insisto a los ministros, cada vez que converso con ellos: el Ministerio debería tomar un colegio en cada capital de provincia, y tener allí su propio plan piloto, y un modelo. Si no, ¿qué hace el Ministerio de Educación?

-¿Qué hace?

-Y, hace... No, yo no sé qué hace. Forma el Consejo Federal de Educación, que es un organismo totalmente inoperante, presidido por el ministro de la Nación e integrado por los ministros de todas las jurisdicciones. Yo lo integré cuando fui secretario de Educación de la ciudad, y observé con asombro que allí no se tomaba constancia de lo que se decía, no se levantaba ni una triste acta con el resumen de lo hablado, no se registraba cómo votaba cada uno. Simplemente se afianzaban las decisiones previamente adoptadas. Eso sí: nos atendían maravillosamente, todos nos hicimos amigos, había buenos banquetes cuando nos reuníamos, una vez por mes... Pero no se modificaba nada, y ni siquiera existía la posibilidad de dejar asentada una protesta.

-Nos asustamos cuando aparecemos muy abajo en los rankings internacionales, pero los diarios dicen que Buenos Aires tiene una de las mejores ofertas culturales del mundo. ¿Somos los más cultos o los más brutos?

-Se obra como por impulsos. Todo el mundo sabe que la cuestión educativa no está bien. Y de pronto sale una de esas estadísticas que no necesitamos para saber que estamos pésimo. Todo el mundo se rasga las vestiduras, y después se olvida. Ahora, es cierto que Buenos Aires en particular, y también el resto del país, tiene una reserva cultural y una reserva de materia gris asombrosas. Yo no sé cómo.

-Será el fruto de una cruza feliz, como un vino de corte hecho con una brillante combinación de varietales.

-Un vino perfecto, ¿verdad? Así como tenemos más mujeres hermosas acá que en cualquier otro país del mundo. Son cosas propias de nuestro país, tan contradictorio, tan maravilloso y tan terrible.

-Usted es un gran estudioso de la Reforma Universitaria. ¿Cree que aquellos postulados siguen vigentes?

-Creo que sí, porque en alguna medida siguen incumplidos. Hay algunos, formales, que se han aceptado ya universalmente: el cogobierno, la autonomía. Pero lo que tuvo la Reforma, que yo no veo hoy en la misma intensidad, era un sentido moral apabullante. Mi padre, por ejemplo, era un obseso en ese sentido moral. Estudiaban como locos, rechazaban el facilismo. Hasta mi generación, los que militamos en la Reforma en la gran universidad democrática y autónoma de los años 1955 a 1966, los dirigentes estudiantiles, que yo lo era también, éramos los mejores alumnos. De la Reforma yo rescato eso: la ética y el esfuerzo intelectual.

-Esa sed de ética parece estar retornando. ¿Lo advierte así?

-Y, bueno, parecería que es una gran necesidad del país. Pero hay que ver cómo se instrumenta.

-Felipe González dijo que si el presidente Kirchner fracasara, no se imagina cómo podría seguir el sistema democrático en la Argentina.

-Siempre acá seguimos. A los tumbos. Uno dice: tocamos fondo... Nunca tocamos fondo. Es un país insondable, la Argentina.

-¿La universidad debe seguir siendo gratuita?

-Hay cosas que la universidad debería corregir. No puede ser que haya alumnos que se reciben con 70 aplazos o que demoran 40 años en recibirse. Pero yo creo que la universidad debe ser gratuita. Admito el arancelamiento voluntario, es decir, que las facultades tengan una cooperadora, con la obligación moral de que quien pueda contribuir lo haga. Me parece muy terrible que haya una obligación de pagar de la cual uno puede exceptuarse si demuestra que es pobre. La ejecutoria de pobreza que se exige es ofensiva.

-¿El Estado no puede hacer nada para evitar que haya (sean dichas estas cifras en sentido figurado) diez mil estudiantes de sociología o ciencias de la educación y sólo cien de ingeniería?

-Eso es grave. Además, hay unas carreras raras, muy nuevas, que no sé qué aplicación podrán tener. El cupo es odioso, pero en todo caso cada facultad debería establecerlo, no la universidad como una regla general. Un sistema de becas también es indispensable. Claro que los argentinos somos difíciles. Vaya a saber adónde pueden ir a parar las becas.

-Todo se complica.

-Es todo difícil porque el país está corrupto en todas las instancias. Entonces pasan cosas inverosímiles: una facultad donde funcionaba un servicio de lenocinio, una familia entera que vive en los sótanos de una facultad. Cosas inverosímiles. Pero, claro, tenemos muy buena gente que no es convocada muchas veces, como debería serlo, pero que está.

-¿Teme por la hegemonía del peronismo?

-El peronismo es más bien autoritario y hegemónico. A mí eso siempre me preocupa. Es el punto que más me preocupa de este Gobierno. Vamos a ver. También dependerá de lo que hagan los demás sectores sociales, si lo aceptan y si lo acatan.

-Pero, ¿hay una tendencia inicial a buscar la hegemonía?

-Sí, sí, el peronismo ejerce el poder. El radicalismo, en cambio, es como que pide perdón por ejercerlo. Es vergonzante. Siempre consultando, siempre probando. Es un gran partido opositor. Me acuerdo de que lo dijo Antonio Cafiero de una manera un poco brutal una vez. Pero en el ejercicio del poder tiene esa carencia, motivada quizás en su excesivo respeto por las formalidades.

-El problema actual es que parece no haber un partido opositor.

-No, pero hay sectores importantes que tienen que aglutinarse, recomponerse. Yo creo que el radicalismo, que está caído, no tiene que desaparecer.

-¿Qué opinión tiene sobre el presidente Kirchner? ¿Lo conoce personalmente?

-No. Probablemente lo invitaremos a algún acto en el Colegio. Generalmente se hace eso. Los presidentes, en general, han venido. Hasta Perón vino una vez al Colegio. En una época venían siempre al acto de colación de grados. Hasta la época de Illia. Después, Alfonsín vino muchas veces. Menem, nunca. Lo invitamos al principio muchas veces. Una vez estuvo a punto, pero venía de viaje y se retrasó. Con el curso de los años, pensamos que ya no sería tan bien recibido por los alumnos, y entonces dejamos de invitarlo: no está bien invitar a una persona para después ofenderla...

Por Hugo Caligaris
De la Redacción de LA NACION

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

¿Quién le teme a Stephen King?

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 11-10-2003 00:00:00

UN PREMIO AL AUTOR DE "MISERY" DESPERTO LA CONTROVERSIA EN EE.UU.

El pope de la crítica Harold Bloom dice que King, un best seller del género de suspenso, es un escritor de novelas baratas. ¿Qué hay detrás de esta contienda?

Irma Peyrano.

El 15 de setiembre pasado la National Book Foundation (Fundación Nacional del Libro, de los Estados Unidos) entregó el National Book Award honorario a Stephen King. No digamos que ardió Troya pero ardió el "pope" de la crítica literaria, Harold Bloom, profesor decano de Yale, quien también ha sido best seller en un género que nunca fue una pasión de multitudes: el análisis literario.

En la polémica resonaron los ecos de aquel ensayo famoso, La batalla entre los viejos y los nuevos libros, en el que Jonathan Swift enfrentaba a los autores contemporáneos y los clásicos. La reacción de Bloom, frecuentemente atacado por sus posiciones conservadoras y machistas, fue pestífera. Si King es un maestro del relato de terror, Bloom consideró que su premio es el terror de las bellas letras... El crítico que supo demoler la supuesta calidad de Harry Potter aseguró esta vez que "la industria editorial cayó muy bajo al conceder a King un premio que antes había otorgado a los novelistas Saul Bellow, Philip Roth y Arthur Miller" (véase su columna a continuación.) En verdad, el quid del debate está en el poder del best seller y la influencia material de las instituciones literarias. En pocas palabras: es un termómetro del estado de la industria editorial en el tercer milenio. A su vez, el episodio reedita una polémica un tanto vetusta sobre si existen o no "géneros menores".

¿Qué hay de tan irritante para esa universidad en que se premie a Stephen King? Primero la cuestión de la masividad; segundo, el terror y el suspenso siguen considerándose géneros bajos desde la alta cultura. Michael Chabon, ganador del Pulitzer que festejó la noticia, observó con agudeza que "supuestamente el siglo XX se aplicó a derribar las barreras entre alta literatura y cultura popular pero todavía representa una transgresión dar la medalla del National Book Award a alguien como King". De hecho, en sus últimas ediciones el premio coronó a figuras populares como la diva Oprah Winfrey y a un escritor de género como Ray Bradbury. El autor de Crónicas marcianas saludó a un escritor semejante y enfatizó: "No creo que haya que excluir ningún género literario; a nadie se le ocurriría eliminar a Edgar Allan Poe, ¿no?"

Es evidente que Bloom reaccionó como el guardián de la tradición y la alta cultura, en la creencia de que la protesta todavía puede frenar las crecientes atribuciones del mercado sobre instituciones como la Fundación, que administran la consagración literaria. Pero las academias de más de un país creen hoy que deben modernizarse entregando algunas bancas a los hacedores de éxitos comerciales. La misma airada reacción tuvo la crítica Pascale Casanova, discípula de Pierre Bourdieu. La designación de Paulo Coelho a la Academia Brasileña de Letras la sorprendió en gira por Brasil: la autora del estudio La república de las letras, también guardiana de la calidad, dijo a sus anfitriones que si seguían promoviendo autores como Coelho, el país se quedaría sin posibilidad de fabricar otro Guimaraes Rosa. Igualmente resistida fue la designación de Arturo Pérez-Reverte a la Academia Española. Se quiera o no, es un hecho innegable que hoy las academias tienden a premiar cada vez más a los nombres propios que dan sustento económico a la industria y garantizan la rentabilidad que esperan los nuevos dueños del negocio: no el histórico cinco por ciento de ganancia en cada ejemplar, sino el quince y hasta el veinte.


Una escala gigantesca

Se puede matizar la protesta de Bloom con otra pregunta: ¿hasta qué punto King sigue siendo un escritor en el sentido tradicional? La escala gigantesca de los best sellers mundiales, ¿no exige otras categorías de autor?

Por otra parte, por mucho que despotrique contra los gerentes editoriales, que ignoran todo sobre la literatura, King es casi un socio mayoritario de las editoriales que lo publican. Por otra parte, un best seller mundial como él se juega no sólo en la venta de sus libros, sino también en los productos anexos que genera (cinematográficos, televisivos, discográficos). Stephen King no es sólo un escritor, sino una usina de contenidos vertidos en distintos soportes, el fabricante de vastas mitologías mundiales que, desde la lectura y la pantalla, atraviesan la subjetividad sobre el presente.De hecho, su editorial Simon & Schuster es una tributaria de la Viacom.

Si bien es seguido por millones de lectores, King no ha sido rico en premios. Hasta aquí su mayor honor había sido el premio O. Henry en el 96 por un cuento original.El novelista anunció que donará los 10 mil dólares del premio a los programas educativos de la Fundación. Recibirá la medalla en noviembre.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

La batalla cultural del español

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 11-10-2003 00:00:00

El inglés, las nuevas tecnologías y las variaciones regionales son las presiones que soporta el idioma, que no se detiene: en EE.UU. los hispanos desplazaron a los afroamericanos y ya son la primera minoría étnica.

Eduardo Villar.
evillar@clarin.com

Una mancha lingüística en expansión, una lengua de migración y mestizaje". Esas son las palabras que eligió el escritor mexicano Carlos Fuentes para definir la lengua española. Esa mancha, formada por unos 400 millones de personas, admite una paradoja: crece y al mismo tiempo está en crisis. Hay un desafío y una batalla. El mapa en el que pelea por un lugar es el de un mundo globalizado donde el inglés, la lengua del imperio, es casi omnipresente. Hace poco se conocieron dos datos que dieron muchísima actualidad a la discusión sobre la situación del español en el mundo: el inglés y el español son las únicas lenguas en expansión y los hispanos se convirtieron en la primera minoría étnica de los Estados Unidos, desplazando a los afroamericanos. Son una nación dentro de una nación: 37 millones de personas —equivalentes a la población argentina—, que representan casi el 13 por ciento de los habitantes de Estados Unidos.

El español, rasgo central de la identidad cultural de los hispanoamericanos, soportará en los próximos años tres clases de presión. La primera es la inmersión en Internet y las nuevas tecnologías de la información, cuyos centros de desarrollo no son precisamente España ni Latinoamérica; la segunda, una difícil tensión entre el español de todos y el español de cada país, es decir, la necesidad de mantener la unidad sin perder la diversidad; la tercera, la fricción y el intercambio con el inglés.

La lengua es parte de la cultura. Además de servir para comunicarse, expresa una identidad cultural, y es un modo de pensar y de construir sentido. No parece casual que Fuentes haya comparado al español con una mancha, cuando el lema de la Real Academia Española, afortunadamente en desuso, parece la mala publicidad de un detergente: "Limpia, fija y da esplendor".

A veces uno puede elegir cuidadosamente las palabras. Bill Gates, por ejemplo, eligió la palabra Word para bautizar su procesador de palabras, que hoy es prácticamente el único que puede usarse para escribir un texto en una computadora. Dice al respecto Carlos Tomassino, director de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires: "El que genera el software generalmente es un angloparlante, ése es el problema".

Si hay algún terreno donde el español está perdiendo feamente, es en Internet, donde el inglés es casi una dictadura. "Hay una sociedad de países nucleados en la Sociedad de la Información, una entidad paragubernamental, donde el español es una lengua prácticamente inexistente, lo que equivale a la exclusión de 400 millones de hispanoparlantes —dice Tomassino—. Se usa el inglés y el francés y en menor medida, el alemán, que son las lenguas de los países donde se generan la mayoría de los contenidos de Internet. La clave, en el ciberespacio, son los contenidos".

La dirección electrónica de la "Comunidad eñe", un grupo de entidades que representan a países de habla hispana en la red, parece un chiste trágico sobre la debilidad de la lengua española en Internet: http://www.comunidadene.com (así, sin ñ).

Tomassino, que preside la Fundación para el Desarrollo del Conocimiento (Fundesco), integrante de esa comunidad, habla con amargura de esa realidad del español en la informática. "Tenemos suerte de que haya un mercado de teclados para los hispanoparlantes, que somos muchos, y por eso les interesamos. Pero ya hace mucho, desde la época de las máquinas de escribir, que nos acostumbramos a lo que yo llamo el qwertyismo, (la primera línea del teclado es qwertyuiop) que es la disposición de las letras del teclado pensada por y para angloparlantes. Nos hemos adaptado a esa disposición y ese ordenamiento del teclado. Es algo que nos ha penetrado de una manera increíble, cuando nuestras manos escribirían mucho más rápidamente con otra disposición".

Nueve de cada diez hispanoparlantes son latinoamericanos. Los españoles son menos del diez por ciento. A la Real Academia Española no se le pasa por alto que la mayor vitalidad y el futuro de la lengua está en América y, por lo tanto, en los últimos años ha decidido abandonar la actitud de entidad normativa y rectora del idioma que todavía le adjudica el imaginario colectivo de los hablantes de español.


Españoles hay muchos

La imagen que busca ahora la Real Academia es mucho más horizontal y democrática. Quiere ser, casi, una más entre las academias nacionales de Hispanoamérica. De este lado del Atlántico, son muchos los escépticos y suspicaces respecto de la claridad de esas intenciones, pero lo cierto es que el director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, ha viajado por lo menos 30 veces a América latina y visitó en 19 ocasiones las academias hispanoamericanas, la filipina y la estadounidense.

El objetivo explícito es desarrollar una política panhispánica donde las academias trabajen por el español de todos y, al mismo tiempo, por el que se habla en su país. Mantener esa tensión entre un español que sigan sintiendo como propio 400 millones de hablantes y los más de veinte que se hablan en cada país —coinciden los especialistas— es el mayor desafío que enfrenta la lengua de Cervantes.

En tren de demostrar que sus intenciones no se quedan en anuncios, la Academia publicará el año próximo el diccionario panhispánico de dudas y una Nueva Gramática de la Lengua Española, con expectativas de igualar las ventas del diccionario editado en 2001, que superaron los 750.000 ejemplares. De ese total, medio millón se vendió en Iberoamérica.

La Real Academia Española tiene un lugar en la larga lista de víctimas de la ironía certera de Jorge Luis Borges. El escritor solía decir que la Academia servía sólo para que su diccionario incorporara, de vez en cuando, el nombre de algún yuyo. Pero los tiempos han cambiado. Hoy el diccionario tiene el propósito de acopiar la diversidad lingüística hispánica, de modo que se está incorporando cantidad de americanismos. En ese trabajo tienen un papel central las academias nacionales, que deciden cuáles son las palabras más divulgadas en cada uno de los países y que merecen incluirse en un diccionario que represente a todos.

De la misma forma, el diccionario panhispánico de dudas recoge problemas lingüísticos que se presentan en toda el área hispanohablante y a los que, por consenso, se intenta dar una respuesta. El objetivo es enfrentar el gran problema que tiene hoy el español: cómo mantener su unidad interna.

"Ahora hay una relación más interactiva de la Real Academia con las academias nacionales, pero yo creo que se trata, sobre todo, de una cuestión de mercado y que los españoles están dispuestos a imponerse en el mercado. Ahora España es un gran vendedor de libros, y un gran traductor como antes lo fue la Argentina". Quien lo dice es Alejandro Raiter, profesor de Sociolingüística y Psicolingüística y director de tesis de postgrado en la UBA.

Más allá de las intenciones comerciales que pueda tener España, Raiter considera que hay que acompañar a la Real Academia en su política panhispánica. "Si no —explica—, vamos a empezar a pelearnos entre nosotros, los países latinoamericanos. Ahora todos decimos que la Real Academia no nos respeta lo suficiente, pero todos estamos de acuerdo con eso. En cambio, el día que tengamos que decidir entre el tú y el vos, va a ser un lío. Hay una tensión muy delicada entre la unidad y la diversidad".

La enorme mayoría de los especialistas coincide con ese diagnóstico sobre cuál es el mayor riesgo que corre el español en el mundo. "Veinte países en un área lingüística inmensa —dice José Luis Moure, profesor de Historia de la Lengua (UBA), Investigador del CONICET y miembro de número de la Academia Argentina de Letras— implica una enorme dificultad para mantener la unidad. El reto es cómo hacer para que esto sea posible sin que todo intento de unidad sea visto como una forma de centralización. La única manera es que exista realmente un consenso de todas las naciones, según el cual convenga pertenecer a un dominio cultural común. Para esto, las naciones tienen que estar convencidas de que ese dominio cultural debe ser mantenido".

Palabras prestadas

Sin duda el escritor que más contribuyó a difundir en todo el mundo el imaginario social y cultural latinoamericano es el Nobel colombiano, Gabriel García Márquez. Sólo de su novela Cien años de soledad se vendieron unos 30 millones de ejemplares. Hace meses García Márquez dio otra sorpresa con su libro más reciente, Vivir para contarla: en pocos días vendió en Estados Unidos 50.000 ejemplares en español, obligando a editores y libreros estadounidenses a tomar muy en serio al mercado de libros en español. En realidad, los 37 millones de hispanos que viven en EE.UU. son, además de un enorme mercado de unos 270.000 millones de dólares anuales, una marca cultural profunda en el escenario estadounidense.

Para algunos, la contracara de ese fenómeno es la invasión de anglicismos debidos a la velocidad con que aparecen nuevos términos en inglés que no tienen traducción al español.

Según José Luis Moure, los anglicismos no son un problema grave. "Cuando se habla de los peligros del idioma —dice— inmediatamente se piensa en los anglicismos. Pero no hay lenguas puras, se construyen con incorporaciones permanentes de otros componentes léxicos. Qué sería de nuestro español sin los arabismos. Los galicismos en algún momento también fueron aterradores". Moure explica que, en buena medida, el fenómeno depende de necesidades técnicas concretas, de la falta de palabras específicas en nuestro idioma para nombrar cuestiones de la computación o la ciencia. Y agrega: "Si a esto se suma la incorporación de anglicismos por parte de los jóvenes, más permeables a las modas y a lo que imponen los medios, es muy difícil ponerle coto de manera consensuada entre todos los países de América. Pero yo creo que van a quedar las palabras que deban quedar y las demás van a desaparecer, como ha sucedido siempre".

Alejandro Raiter coincide con este punto de vista: "Es cierto que hay mucho inglés en el español de hoy, pero no me preocupa. Esto en lingüística se llama 'préstamo'. Se toma prestada la palabra delivery, living o computadora (de computer). Pero en la medida en que, como computadora, pase a ser propiedad del español, o sea que entra en la morfología de nuestra lengua, no se lo vamos a devolver y va a ser español. Hoy se usa mucho 'faxear' por enviar un fax y probablemente en el futuro tengamos el verbo en el español, de la misma manera que hoy tenemos hamburguesa".

Los estudiosos también coinciden en que los idiomas no se degradan: cambian. Y recuerdan que si no fuera así, estaríamos hablando latín y no español, francés, italiano o rumano. Hay una diferencia importante, explica Moure, entre lengua escrita y hablada. "La gente habla perfectamente —dice— en la medida en que se haga entender, que es una de las funciones de la lengua. Pero hay una forma escrita, que tiene reglas necesarias para hacer de ella una lengua de cultura. Tiene que ser estructurada, con una gramática fija que permita el desarrollo científico, la ordenación y la exposición de las ideas. Es un código escrito, normativo, que debe ser respetado porque, si cada uno juega sus propias normas, el código se deshace y se acabó".

Lo que está en juego es, ni más ni menos, una lengua común que nos representa y nos da identidad frente al resto del mundo. Esa lengua, la nuestra, es uno de las poquísimos elementos de integración y de identidad real que tenemos. "Aunque de maneras diferentes —dice Moure—, todos hablamos este idioma. Y lo escribimos igual, nos permite comunicarnos en arte y en cultura, nos permite intercambiar universitarios, leer a Quevedo, a Borges, a Vargas Llosa o a Camilo José Cela. Es un prodigio. Una lengua que después de 500 años todavía sigue siendo legible. Es una maravilla".

Para Raiter, el español va a seguir cambiando, y habrá que hacer un esfuerzo grande en América latina para mantener la unidad lingüística. "La lengua va a cambiar siempre. Pero vamos a mantener nuestro español argentino —dice—, creo que estamos realmente muy lejos de perderlo. En el proceso, va a haber muchos neologismos y quizá vaya a haber también muchas palabras que entren en desuso, e incorporaremos, sí, muchas palabras en inglés". En otro momento, explica, pasó algo parecido con el francés. Pero ahora nos preocupa más porque sabemos que estamos en crisis y lo lingüístico es una de esas expresiones.

Otras fuentes sobre el tema


Libros

Estudios de lingüística. Fernando Lázaro Carreter. Editorial Paidós. $21-

Lenguaje y sentido común. Alejandro Raiter.Editorial Paidós, $18 -

El dardo en la palabra y El nuevo dardo en la palabra. Fernando Lázaro Carreter. Editorial Aguilar


Internet

www.cervantes.es
www.elcastellano.org
www.rae.es
http://cervantesvirtual.com
www.comunidadene.com

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

King básico

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 11-10-2003 00:00:00

Portland, EE.UU. 1947
Narrador

Stephen King ha publicado más de 200 cuentos y 40 libros, entre ellos las novelas Carretera maldita, It, El cazador de sueños. Apoyó el libro electrónico y sorprendió en 2000 cuando su novela Riding the bullet hizo colapsar la red por sus numerosos pedidos. Varias novelas suyas han sido llevadas al cine, elegidas por la crema de los directores norteamericanos, como Carrie, El resplandor y Misery. Su sitio oficial es www.stephenking.com.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Un honor inmerecido

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 11-10-2003 00:00:00

LA MIRADA AIRADA DE UN EXPERTO

Por Harold Bloom.

Bloom básico

Nueva York, 1993
Académico y crítico.

Hijo de una mujer que solo hablaba el idisch, es uno de los pocos ensayistas admirados por su erudición. Es profesor de Yale y autor de clásicos de la crítica literaria, como el polémico El canon occidental y La angustia de las influencias. Tiene un reciente tratado sobre Shakespeare.


La decisión de otorgar a Stephen King el premio anual de la Fundación Nacional del Libro por su "contribución distinguida a la literatura norteamericana" es otro hito del indignante proceso de entumecimiento de nuestra vida cultural. En el pasado describí a King como un escritor de novelas baratas, pero tal vez eso sea demasiado amable. No tiene nada en común con Edgar Allan Poe. Es un escritor terriblemente malo, cosa que puede comprobarse frase a frase, libro a libro.

La industria editorial cayó muy bajo al conceder a King un premio que anteriormente había otorgado a los novelistas Saul Bellow y Philip Roth y al dramaturgo Arthur Miller. Al hacerlo, lo único que se reconoce es el valor comercial de sus libros, que se venden por millones pero no hacen nada por la humanidad excepto mantener a flote el mundo editorial. Si ese va a ser el criterio en el futuro, entonces tal vez el año próximo el comité dé el premio a Danielle Steel, y seguramente el Nobel de literatura sea para J. K. Rowling.

Esto forma parte de un fenómeno sobre el que escribí hace un par de años, cuando me pidieron mi opinión sobre Rowling. Compré y leí Harry Potter y la piedra filosofal. Fue un proceso muy doloroso. La escritura era espantosa; el libro era horrible. A medida que leía, advertía que cada vez que un personaje salía a caminar, la autora escribía que el personaje "estiraba las piernas". Empecé a hacer una marca cada vez que esa frase se repetía. Sólo me detuve cuando ya había hecho varias decenas de marcas. No lo podía creer. Rowling tiene la mente tan llena de clisés y metáforas muertas, que no sabe escribir de otra forma.

Cuando escribí eso en un diario, me criticaron. Me dijeron que J. K. Rowling es lo único que leen ahora los chicos y me preguntaron si, después de todo, no era mejor eso que no leer nada. Si Rowling es lo que hace falta para que abran un libro, ¿no es algo positivo? No lo es. Poco después leí una elogiosa reseña de Harry Potter del propio Stephen King. Había escrito algo del tenor de: "Si los chicos leen Harry Potter a los once o doce años, cuando crezcan van a leer a Stephen King". Y no estaba ironizando.

Nuestra literatura y nuestra cultura se van entumeciendo, y las causas son muy complejas. Tengo 73 años. En el curso de una vida dedicada a la enseñanza de la literatura en lengua inglesa, vi cómo se iban degradando los estudios literarios. Es muy poco lo que queda de las humanidades. Mi asistente de investigación me dijo hace dos años que en cierto seminario, el docente había dedicado dos horas a decir que Walt Whitman era racista. Eso no es ni siquiera un desatino ingenioso. Es intolerable.

Empecé mi carrera enseñando a los poetas románticos. En la década de 1950 y principios de los años 60 se entendía que los grandes poetas románticos eran P. B. Shelley, William Wordsworth, Lord Byron, John Keats, William Blake, Samuel Taylor Coleridge. Hoy, sin embargo, son Felicia Hemans, Charlotte Smith, Laetitia Landon y otras que no saben escribir. En muchos programas se enseña a Aphra Behn, una dramaturga de cuarta línea, en lugar de a Shakespeare.

Hace poco, en el funeral de mi viejo amigo Thomas M. Green, de Yale, tal vez el profesor de literatura renacentista más destacado de su generación, dije: "Temo que algo muy valioso haya terminado para siempre". En la actualidad hay cuatro novelistas norteamericanos que siguen trabajando y merecen nuestro elogio. Thomas Pynchon sigue escribiendo. También está Cormac McCarthy, cuya novela Blood Meridian es comparable a Moby Dick, de Melville, y Don DeLillo. A pesar de ello, el premio de este año recae en King. Es un terrible error.

© Los Angeles Times y Clarín. Traducción de Cecilia Beltramo

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

El gran provocador

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 11-10-2003 00:00:00

EL AÑO DE DALI

Se cumplen cien años del nacimiento de Salvador Dalí, símbolo de una época y una tendencia, y el mundo lo festeja. Una aproximación a este artista moderno y ya clásico.

En la Costa Brava, cerca de la frontera con Francia, el cielo y las rocas forman un concierto en el que uno es el fondo constante y las otras el cambiante pespunte de una melodía a veces sombría, por momentos extravagante, de a ratos protectora, casi siempre crispada. Uteros, parecen, en ciertos parajes, esas calas en las que el Mediterráneo se hace tan oscuro que su azul vira al plomo.

Hace un tiempo, en el pueblo de pescadores de Cadaqués, este cronista descubrió lo que ya sabía: ese cielo indiferente a las rocas, a su congelado malestar o a su áspera paz, es el de Dalí. Aquel surrealista que a los 26 años había establecido su hogar en Portlligat, a 15 minutos de caminata de Cadaqués, no será recordado por cielos artificiosos, convencionalmente oníricos, sino por el cielo de la costa catalana; el cielo clásico, sin sombra ni amenaza; el cielo renacentista, simple, preescolar. El resto del cuadro, en gran parte de la obra de Dalí, serían esas rocas dislocadas, escarpadas, y sin embargo maternas. De hecho, una curiosa roca amorfa del Cap de Creus es, para muchos, la base del cuadro El gran masturbador. En la roca no se ve masturbador alguno, por más imaginación que uno ponga, y en el cuadro, a decir verdad, tampoco.

Salvador Felipe Jacinto Dalí Domenech nació en Figueres, en el Ampurdán, a unos 30 kilómetros de Cadaqués, el 11 de mayo de 1904. Su primer nombre era el de un hermano muerto un año antes. Esta condición de doble —apenas nacido debía llevar flores a su propia tumba— tuvo, diría él, una influencia decisiva en su vida. Es probable que lo dijera porque veneró a Sigmund Freud, y debió creer honestamente en el psicoanálisis. También quiso hacer creer que estaba pintando sus sueños. Esto es dudoso. Lo cierto es que su vida fue, aunque parezca asentada en un poderoso yo, un largo proceso de despersonalización estética.

Dalí empezó a pintar desde muy chico. Y también, cuando era un chico, solía apoyarse en una muleta que había encontrado por allí para gritar "Soy el rey". Se empeñó en crearse como rey. Y este rey cojo nada hubiera sido de no haber creado, junto con su personaje, una obra poderosa en la que aparece más la historia del hombre como una nítida ensoñación que los paisajes de sus propios sueños, que era el dogma de los surrealistas.

La relación de Dalí con la pintura, con su desarrollo secreto, es mucho más importante que la relación con el surrealismo francés. Velázquez, De Chirico y, por último Rafael, son más decisivos que André Breton para comprenderlo. La búsqueda, el enfrentamiento y la ruptura con el pope surrrealista ofrecen algunas claves para entender al personaje Dalí, pero arrojan pistas dudosas sobre sus cuadros y sobre el propio sentido del surrealismo, ese movimiento que revolucionó el arte y las ideas , y está plagado de agrupamientos y rupturas, fervores y excomuniones, administrados por Breton. Dalí fue una provocación dentro de una provocación . Y una provocación políticamente incorrecta.

Digamos brevemente cómo llegó a ese punto. En 1921, está en Madrid, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de la que sería expulsado. En la Residencia de Estudiantes, conoce a Federico García Lorca y a Luis Buñuel. Con éste realizaría, años más tarde, El perro andaluz, la primera película surrealista, célebre por su primera escena, en la que una navaja secciona un ojo. Este trío, que compartía más que nada una compleja y perturbada relación con el sexo, crea un ambiente provocador que nutre seguramente en Dalí la idea de que el genio es necesariamente un ser distinto. Otro. Uno que lleva el nombre de otro: Salvador Dalí, que no es Salvador Dalí sino un muerto, por ejemplo. O el espejo de un confuso dios.



Iluminación en París

Dalí viaja por segunda vez a París a fines de los años 20. Había viajado antes, por invitación de Buñuel, y sólo conoció a Picasso, que al fin y al cabo era español como él. Esta vez va a buscar al dios del que sería espejo y bufón. Ya había leído a Sigmund Freud. Ya había visto los cuadros de Diego Velázquez en el Museo del Prado y se había sobresaltado ante su propia percepción de que Velázquez pintaba precisamente como un médium. Pintaba otra cosa.

Por cierto, encuentra al Rey en París. Es decir, a Breton, quien en 1924 había redactado el primero y principal de los manifiestos surrealistas, aquel que define la estética y ética surrealistas como "automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento". El pope lo acoge entusiastamente. Y Dalí crece. Durante el verano de 1929, en Cadaqués, le arrebata la Dama al Alfil del Rey. Es decir, conquista a Gala, la mujer de Paul Eluard. Se casan a los cuatro meses y permanecen juntos durante 53 años, hasta la muerte de ella. En los años siguientes, Breton mueve contra él su poder. Le reclama que haga declaraciones para explicar cómo es que ha pintado a Hitler. Dalí le responde que Hitler era "un objeto de delirio inconsciente, una fuerza de autodestrucción y de cataclismo prodigiosa". Surrealismo, Bretón. ¿O no? Breton le cuelga el San Benito. Bretón se preocupa. Dalí utiliza las imágenes tomadas de los sueños "abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del Surrealismo". Muy bien, pero ¿cómo detenerlo? Dalí viaja a Nueva York y comienza a ganar dinero. Breton hace el famoso anagrama con el nombre de Salvador Dalí: avida dollars. Dalí sigue creciendo. Bretón lo expulsa. Dalí responde: "No podéis expulsarme. El surrealismo soy yo". Así era. Aquel Alien se había apoderado totalmente del cuerpo del surrealismo. Faltaba el golpe final. Cubierto de dólares, realmente, Avida Dollars escribirá mucho después, definitivamente burlón y cerrando la paradoja de que el surrealismo hubiese creado ese monstruo surrreal que fue su peor pesadilla: "El anagrama avida dollars constituyó un talismán para mí. Rindió generosa, dulce y monótonamente un manantial de dólares". Y como si esto fuera poco: "Jamás, jamás, jamás, jamás el exceso de dinero, de publicidad, de éxito o de popularidad me ha dado ganas de suicidarme, sino todo lo contrario". A la expulsión de Dalí, siguió la de Eluard, el notable poeta cuya mujer se convirtiera en la mujer de Dalí. Uno por reaccionario, el otro por demasiado comunista; ambos terminaron fuera del epiléptico y revulsivo movimiento creado por Breton.



Dalí, en Nueva York

A partir de la Segunda Guerra Mundial, por fijar las cosas en el tiempo, tenemos a Dalí íntegramente construido como el retrato vivo del surrealismo, con sus grandes bigotes manija paseando un leopardo con cadena de oro por las calles de Nueva York, vistiendo trajes extravagantes y declarando a los cuatro vientos su inmenso amor por sí mismo. Hombre de un ego tan grande, y probablemente tan blando, como un elefante, el pintor catalán había logrado lo que Breton y su tropa indisciplinada no habían logrado: hacer del surrealismo un hecho real, o al menos contante y sonante. Y sin embargo, no era Dalí un mero aviso publicitario. Había algo en él poderosamente auténtico que el propio Freud había vislumbrado. Freud rechazó el galanteo de Bretón. "Hay demasiado método en su delirio", le dijo, más o menos, cuando Bretón lo visitó en Viena. Probablemente ofuscado por la recepción del creador del psicoanálisis, Bretón lo describiría luego impiadosamente como un "anciano insignificante". A Dalí, en cambio, le fue mucho mejor. Freud escribiría a Stephan Zweig, quien le había presentado a Dalí: "Es preciso darle las gracias a usted (...); los surrealistas, que al parecer me han elegido como su santo patrón, me parecían unos locos integrales. El joven español, con sus cándidos ojos de fanático y su innegable maestría técnica, me ha incitado a reconsiderar mi opinión".

Dalí tuvo muchos hijos. El arte de la excentricidad, un arte necesariamente mediático, le debe casi todo. Es Dalí el tío materno, si no el padre, de una heterogénea lista de provocadores visuales, teatrales, que bien podría incluir a Michael Jackson o a Marilyn Manson. Y no era Dalí un provocador filosófico, como Diógenes de Sínope, ni refinado, como Oscar Wilde. Ni tampoco buscaba, es evidente, utilizar la provocación para llamar la atención sobre algo más importante. Mal sabía sobre qué quería llamar la atención. Sin embargo, hay una clave involuntaria en una de esas extravagantes respuestas autoidolátricas que solía dar. Le preguntaron qué había que preguntar para saber si se estaba ante un genio, y dijo: "Hay que saber cómo se llama y dónde nació; si su nombre es Salvador Dalí Domenech y nació en Figueres, ya no hay duda de que lo es". Un nombre y un lugar reducían el fenómeno. Parece importante que la respuesta de Dalí no se haya limitado a su propio nombre, que por otra parte, ya sabemos, era el de un muerto.

¿Por qué —se pregunta uno en Portlligat— este engendro moderno, este hombre destinado a triunfar en la metropolis, eligió como refugio, en 1930, a los 26 años, una casa frente al mar, en un pueblo de pescadores? ¿Por qué volvió aquí en 1948? ¿Es por el cielo, que vio en los cuadros de Rafael y descubrió parecido al suyo? El regreso a Portlligat coincide con su decisión de ir al clasicismo cuando podía haberse desbarrancado por el camino de los relojes blandos y las pinturas amorfas, que le daban mucho dinero y lo convertían en un ícono viviente. Portlligat tiene que ver con su misticismo católico, con las dos madonnas del Porlligat, con su Crucifixión, con La última cena. También tiene que ver con sus ensayos op-art (técnica de los efectos visuales), como el retrato de Gala que, a veinte metros, se convierte en la cabeza de Lincoln. Con su empeño en el estudio de la ciencia. "Mi pintura es la fotografía en color y a mano de imágenes superfinas y extrapictóricas de la irracionalidad concreta", definió. Aquello "concreto" y "extrapictórico" que lo desvelaba, ¿está en Portlligat? En realidad ¿la búsqueda de qué cosa concreta fue Dalí? ¿La de un dios concreto y sorprendente, con el que pudiera hablar? ¿Será la cifra de esa búsqueda la espalda renacentista de Gala?

Católico y de derecha, pero sobre todo clásico y más hondo, el viejo provocador volvió obsesivamente al paisaje de la Costa Brava para vivir la segunda mitad de su vida. Murió en Figueres a los 85 años, ya sin Gala ni fastos, unido a respiradores y sillas de ruedas. Las muletas ¿recuerdan?

En Portlligat, a metros de su casa, había hasta hace un tiempo un bote abandonado y derruido en la calle. Desde el fondo del bote había crecido un árbol. Qué homenaje le hizo Dios.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/18/u-642560.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Nación

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 08-10-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

Eran casi las ocho de la noche y hacía más de una hora que la sede central de la AFJP Nación había cerrado sus puertas. En el local, bien grande, todavía había apretujamiento de gente con formularios y biromes en la mano, caras desconcertadas y una ansiedad a prueba de todo tipo de confusiones: nadie sabía exactamente cuál era el beneficio de pasarse de cualquiera de las AFJP privadas a la única totalmente estatal. La palabra “pesificación” iba y venía, de boca en boca, aunque su real significado aplicado a los aportes jubilatorios de la última década todavía era esquivo. “Estos pesificaron”, se escuchaba. “Fueron los únicos que pesificaron”, se recalcaba. Esas frases sueltas dejaban colgando la idea de un tardío y curioso elogio del peso, después de años de la loa al dólar. Esos futuros aspirantes a jubilados no podían precisar qué era lo que ganaban con el pase agitado al Nación, aunque sí podría decirse que estaban allí impulsados por otro tipo de intuición: quedarse de brazos cruzados y en manos privadas les sonaba como el peor de los panoramas. Se ignoraba y se ignora todavía cuál es la quita que tendrán los aportes jubilatorios de quienes eligieron o fueron pasados de prepo al sistema de capitalización, pero quienes estaban allí y los que siguieron desde entonces atestando esa y las otras sedes del Nación, o atosigando a sus promotores, no sólo sospechan, ya saben que ellos no serán, dentro de unos años, aquellos viejitos hip hop que andaban en bicicleta, viajaban o salían de paseo con sus nietos después de haber entregado su dinero a las virtudes de la iniciativa privada.
La corrida hacia la AFJP del Nación había empezado un par de días antes, incluso antes de que el tema se constituyera en tal en casi todos los diarios y los programas periodísticos televisivos. Es uno de esos casos en los que es la sociedad la que avanza sin libreto, y fuerza a los medios a retroalimentarlo. Y también es uno de esos casos en los que las palabras y toda su contundente resonancia pasan al acto, masivamente, demostrando una vez más que esta época argentina está perforando, con punta de lanza, todos los supuestos de la década pasada.
Junto con el paradigma hegemónico muerto murieron también un puñado de palabras. No las palabras en sí mismas, claro, sino los universos de significados que encerraban. En un ensayito que John Carver escribió en homenaje a su primer maestro de escritura, John Gardner, el cuentista relata que una de las principales cosas que aprendió de Gardner cuando todavía no sabía que él mismo sería un escritor, fue que en literatura no existen los sinónimos. No es lo mismo decir “cara” que “rostro”, ni “pelo” que “cabello”. No es lo mismo “suelo” que “tierra” ni “roca” que “piedra”. Para ejercer la precisión en la escritura, es necesario bucear en cada palabra y en sus connotaciones específicas. Pero esas connotaciones mutan. Son políticas. Y si no, fijémonos en las connotaciones de las palabras “privado” y “estatal”.
Para investir esas nociones cuando se implementó la ley previsional, quiso la historia reciente y el manager de esa ley, Domingo Cavallo, que las palabras “privado” y “estatal” encajaran en dos regímenes separados, “de capitalización” y “de reparto”. La palabra “capitalización”, en una era de creyentes devotos y acríticos en el capital privado, de ensalzamiento rotundo al empresariado y al gerenciamiento, daba una idea de movilidad, de crecimiento, de acumulación. El “reparto”, en cambio, parecía encerrar apenas la posibilidad de cortar una torta para seis en treinta y dos.
Pero atrapadas en esas dos expresiones que a su vez implicaban dos maneras de hacer aportes previsionales, engrampadas, pulidas por los significados multifunción que decenas de funcionarios, banqueros y periodistas adictos propalaban cada día, estaban las otras dos palabras, las que hoy, junto con el sistema de capitalización, estallan en la contradicción entre lo que se quiso decir y lo que se hizo. Esto es, “privado” y “estatal”. Colegios privados, medicina privada, seguridad privada, secretaria privada, lo privado gozó estos años, semiológicamente, del espacio necesario y suficiente como para haberle hecho lugar nada menos que a las descomunales privatizaciones de los servicios públicos. Ese espacio le fue restado a lo estatal, que cargó con el desánimo, el desprecio, la minusvalía, el desmantelamiento. Hoy se están resignificando esas nociones, a la luz de los hechos. Que la “AFJP del Nación haya pesificado” y que eso se murmure de boca en boca es una síntesis de cinco palabras que nos enfrenta con una sigla hija del último régimen, una moneda que espera su revancha, y una mayúscula que nombra a un banco pero que acaso nombre, más allá de ese banco, una ilusión.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-26472-2003-10-08.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Freud llega a Pekín

Archivado en María Esther Gilio • Fecha: 06-10-2003 00:00:00

TERESA YUAN, PSICOANALISTA ARGENTINA

Es porteña, hija de un inmigrante chino y de una siria. Hace ocho años fue invitada a Pekín y desde entonces pasa más tiempo allá que en su departamento de la calle Marcelo T. de Alvear. Bilingüe, psicoanalista, enseña y hace clínica en el país de sus mayores y representa allí a la Asociación Psicoanalítica Mundial. Una ventanita fascinante a las patologías, la cultura y los problemas del país del hijo único obligatorio, que acaba de descubrir la ciencia de Freud.
/fotos/20031006/notas/NA13FO01.JPG
Por María Esther Gilio

–¿Los chinos están entusiasmados con el psicoanálisis como lo estuvieron en su momento los argentinos?
–No sé si tanto. Están entusiasmados. Veo que eso le llama la atención. ¿Por qué?
–La entrada del psicoanálisis en la cultura china era difícil de imaginar. Estamos hablando de Oriente y de comunismo. Me pregunto si coinciden los problemas.
–Coinciden bastante. Ellos también se preguntan con cierta ansiedad cómo se resolverá el futuro.
–Bueno, aquí la pregunta se plantea pensando en el presente más que en el futuro.
–Allá hay menos escepticismo, más capacidad para la esperanza y respecto del psicoanálisis mucha expectativa.
–Eso la alegra. Se ve.
–Sí, porque frente al decrecimiento que se comprueba en Occidente, donde los consultorios se vacían y las nuevas elaboraciones son escasas, el reflorecimiento me levanta el ánimo. De cualquier modo esta comprobación sobre el psicoanálisis no es lo más importante, lo más importante es la alegría que se respira allá, la gran esperanza de un futuro mejor. Allá hay la euforia de acceder a campos nuevos del conocimiento. El psicoanálisis es uno de ellos. Yo trabajo en un hospital donde doy cursos. Te cuento algo. La gente lee en el diario que el hospital precisa personas que puedan prestarse a ser entrevistadas, lo cual servirá para ilustrar a los psiquiatras y psicólogos sobre cómo se hace una entrevista. Docenas de personas se presentan porque quieren ser entrevistadas. Y cuando la entrevista termina suelen acercarse y preguntar, ¿esto es psicoanálisis, no?
–Felices con la experiencia. ¿Cuál es concretamente su función en el hospital?
–Yo soy asesora del Hospital Psiquiátrico Anding de Pekín. Allí trabajo con un grupo de médicos y psicólogos al cual doy supervisión clínica. Es decir que estar allá significa para mí trabajar y aprender clínicamente.
–¿Se ven resultados?
–Se ven resultados, pero falta mucho. Se precisaría que fueran allá analistas a enseñar y que fueran por mucho tiempo. Te cuento una anécdota terrorífica que habla de una práctica que podemos llamar salvaje. Un colega me contó que a una paciente, que tenía problemas sexuales, su anterior terapeuta le había aconsejado que se acostara con su hermano.
–Ay.
–Parece que ella le preguntó al terapeuta qué era eso, de dónde salía esa prescripción. El le respondió: “Eso es psicoanálisis”. Por esto creo que hace falta que muchos analistas se acerquen a China. En este momento en el campo de la salud mental se ha hecho una planificación para diez años. Dentro de ese proyecto se puede ver la gran consideración respecto de la psicoterapia psicoanalítica y de otras líneas, no psicoanalíticas. De cualquier modo el psicoanálisis es lo que más atrae.
–China es muy grande...
–La cuarta parte de la población mundial, y ha vivido muy lejos del psicoanálisis. Yo la he recorrido mucho y he visto mucho. Las diferencias entre las regiones es enorme. Por ejemplo en Cantón se habla un dialecto, el cantonés que a menudo los chinos del norte no entienden. Es como otra lengua. Y otra lengua, se sabe, determina diferencias en la cultura. En China hay cincuenta y dos nacionalidades. Es fascinante.
–¿Viviría en China?
–Sí. Cada vez me voy quedando más. Creo que voy a terminar viviendo allá.
–¿No extraña nada de acá? –Ni el mate. Allá hay trescientas variedades de té. Yo nací acá pero mi padre, chino de Cantón, me transmitió mucho esa cultura.
–Y allá ocupa un lugar muy prestigioso, representante de la Asociación Psicoanalítica Mundial.
–Sí, eso me satisface, pero lo que me da verdadero placer es lo que hago, la clínica. Yo soy muy clínica. En ese sentido trato de seguir los pasos de Freud: de la clínica a la teoría. Y esto creo que a ellos les permite construir su propia comprensión y elaboración del psicoanálisis.
–Tengo la impresión, a través del cine, de que la familia tiene allá una importancia que ya no tiene en Occidente.
–En China la familia es muy importante y pesa de manera muy fuerte sobre los niños y los adolescentes. La adolescencia es la etapa en que el joven se prepara para entrar a la universidad, una etapa de tremenda exigencia. Tanto, que no es excepcional que un adolescente que no consiga entrar a la universidad llegue a suicidarse. No hay estadísticas y China es muy grande, pero hay suicidios por este motivo en China.
–Eso pasa con los adolescentes, pero ¿por qué sufren también los niños?
–Las razones son las mismas, las exigencias paternas.
–¿El adolescente comparte la exigencia de los padres, la hace suya o simplemente tiene dificultad de enfrentar a los padres?
–En algún sentido, sí, tiene esa dificultad, pero además el joven vive el fracaso como una tremenda humillación, por la valoración que la sociedad china hace del estudio. En China difícilmente verás jóvenes no haciendo nada en las calles.
–Todos están sobre los libros. ¿Tendrá que ver con el hecho del hijo único?
–En parte. Al hijo único se la llama “el pequeño emperador”.
–¿Y lo es?
–Es un pequeño emperador porque está superprotegido. Pero tiene un montón de problemas emocionales.
–¿Por ejemplo?
–Desarrolla agresividades y fobias que están relacionadas con esta obsesión de sus padres.
–¿Allá se ha alargado, como acá, el período de la adolescencia?
–Allá la carrera en el caso del universitario no termina con el título de licenciado o de doctor. Luego vienen el master y después la tesis. Todo esto termina alrededor de los 30 años. No son adolescentes, pero tampoco son independientes, aunque mientras estudian no viven en su casa, sino en la universidad.
–Podemos decir, entonces, que la familia es fuerte y que el futuro del hijo preocupa a los padres de manera obsesiva. ¿Cómo se desenvuelve esto en la vida cotidiana?
–Tienen muchos problemas vinculares, afectivos y emocionales. Los padres están muy atentos al hijo, pero no le dan amor.
–¿Aman poco a sus hijos o no expresan su amor?
–No expresan su amor. Son padres que jamás dicen “te quiero”. Las generaciones anteriores no comunican sus emociones. Hoy ha empezado a ser diferente, la gente joven se expresa más, busca expresarse.
–¿Coincide con el resto de los entendidos en el tema de que las patologías del ser humano se repiten en las diferentes culturas?
–Para el psicoanálisis la estructura mental del hombre es universal. De cualquier manera, creo que las patologías y la estructura psíquica toman las características de la cultura, o sea que no es lo mismo un padre autoritario en China que en Europa, América latina o Africa. ¿La estructura de las patologías? No sé cómo decirlo para que no se produzcan confusiones.
–Digamos con cierta frivolidad que la patología toma los colores de la cultura.
(Cierra los ojos, piensa y finalmente sonríe y asiente con la cabeza.)
–¿A qué diferencias culturales hay que prestar mayor atención? Aquellas con las que no hay que distraerse en la enseñanza o en la práctica clínica.
–Para empezar, hay que tener un gran conocimiento de todo lo que tiene que ver con la cultura social actual y con lo que ellos traen como bagaje filosófico milenario. Este le da al chino una capacidad de pensar por sí mismo, una gran posibilidad de introspección. Para empezar debemos señalar la cohesión familiar. En China la familia es muy unida, mientras que en Occidente está en plena crisis. De cualquier modo se empiezan a ver algunos signos de aflojamiento en los lazos familiares.
–¿A partir de qué?
–De la apertura hacia Occidente. Creo que la apertura es importante en este sentido. El respeto a los padres no desapareció, pero disminuyó la dependencia.
–¿Ese aflojamiento en qué se ve?
–Las relaciones de dependencia, muy fuertes, hoy están siendo cuestionadas. Los hijos tenían la obligación moral de atender la vejez de sus padres. Esta obligación era uno de los valores familiares. Es decir, que el tener hijos aseguraba la vejez. Lo máximo para una pareja era un hijo que tuvierá éxito pero que, además, se ocupara de sus padres hasta el final.
–¿El Estado queda liberado de cualquier obligación respecto de los viejos?
–No, no, se ocupa. Están la jubilación, los servicios médicos, etcétera. Se trata de otras responsabilidades, diferentes según el lugar del hijo en la familia. El primer hijo es el que tiene las mayores responsabilidades. Y si es varón más.
–Eso es distinto en nuestra cultura, donde quien toma ese rol, casi siempre, es la mujer.
–Allí todos son responsables, pero el mayor más que el resto. Esto tiene cierta explicación; el primer hijo es el que recibe más.
–¿Cuál es el lugar de la mujer en la familia?
–En apariencia es un ser sometido que camina detrás del hombre.
–Eso en apariencia.
–Sí, porque en la realidad ¡la mujer maneja todo! La mujer en la familia es quien decide, su rol es fundamental. Decide la educación de los hijos, marca el camino, enseña, se ocupa de la casa, trabaja afuera.
–¿Y el hombre, entonces?
–No es una figura débil, pero sí más decorativa. Si lo ves desde afuera pensás “quien manda es el hombre”. No es fácil ver que es la mujer quien maneja los hilos.
–Occidente, a partir de los sesenta, dio un paso importante en lo sexual, ¿qué pasa en China?
–En este momento hay dificultades con la sexualidad, porque se ha producido una especie de destape. Como hubo tanta represión éste no se produce sin dificultades.
–¿La represión no estará vinculada con la necesidad del hijo único?
–No, no creo. Como ya te dije China está occidentalizándose mucho, lo cual golpea fuertemente en los ideales de la sociedad. Hace unos años jamás ibas a ver una parejita abrazada por la calle o de la mano.
–¡De la mano!
–No. Había una conducta de mucho respeto, pudor. Y mucha censura. Hoy eso cambió, hay mayor libertad. Nunca tanta como entre nosotros, hoy. Claro que hablamos de los jóvenes. Entre la gente grande ni remotamente.
–¿Las relaciones sexuales prematrimoniales son aceptadas?
–Hasta no hace mucho –como aquí hace 60 años– se proponía la virginidad. Hoy ya no. –Hablamos, hace un momento, de la enorme dependencia en el pasado y de cómo hoy eso se aflojó, ¿cuáles han sido las consecuencias de estos dos modelos?
–La fuerte dependencia en el pasado producía mucha patología. Una paciente china me contó que ella –como casi todos los hijos– daba a su madre todos sus ahorros para que se los guardara. Yo le pregunté: “¿Le gusta que sea su mamá quien guarde su dinero?” “No –me dijo–, no me gusta, pero ¿cómo puedo no hacerlo? Sería ofensivo.” Un tiempo después llegó muy contenta y me dijo que cambiaron el departamento con el marido y...
–¿Cómo? ¿Era casada?
–Sí, casada. Estaba contenta porque con ese motivo había podido pedir la plata a su madre para comprarse una casa. Sólo así pudo pedirle su dinero sin hacerla sufrir.
–¿Qué pasó con aquellos matrimonios que arreglaban los padres?
–Eso hoy ya no se hace, pero a los padres tiene que gustar la pareja elegida. En caso contrario los enamorados pueden renunciar o no. Si no renuncian se sienten muy mal. Claro que poder elegir con más libertad no disminuyó el número de las separaciones, las cuales, como entre nosotros, son frecuentes.
–¿Sigue en pie la política del hijo único?
–Sigue, no hay mucha posibilidad de que eso cambie; el crecimiento demográfico, de otra manera, se haría inmanejable. Sólo en las zonas rurales no rige esta disposición.
–¿Qué cambios ha habido a partir de las privatizaciones?
–Hoy en China hay algo que no se conocía: la indigencia. En China, hoy, hay indigentes. No podemos negar que las privatizaciones están haciendo crecer económicamente a China, lo cual es bueno, pero consecuencias, como esta que le señalo, no hay duda de que no son buenas.
–Usted va a China desde hace ocho años, años de muchos cambios.
–Sí, hay cambios magníficos. Por ejemplo, en la apertura respecto de recibir de afuera aportes para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Esto se ve en el crecimiento de la ciudad, en el interés de los profesionales por adquirir nuevos conocimientos.
–-¿Se repiten en China las mismas prohibiciones, de salir del país, que rigen en otros países socialistas?
–Sí. En China no hay pasaporte. Si el ciudadano es por ejemplo invitado a un congreso, para asistir debe hacer una serie de trámites.
–Volviendo a lo psicológico, podemos decir que los problemas que afectan a las personas son semejantes. ¿Se da en China con la frecuencia que en Occidente la depresión?
–En el plano de las afecciones emocionales tenemos las mismas gamas que en Occidente. La depresión y las crisis de angustia son tan frecuentes allá como aquí.
–Tal vez las razones no son las mismas.
–No son. Cada cultura tiene sus razones. En Occidente podemos tener a la gente detrás de la plata, de la imagen, del status. Allá estos llamados se empiezan a sentir. Empiezan, pero el chino tienen muy internalizados otros valores que los sostienen. Las depresiones y las angustias están más ligadas con el rápido cambio social.
–Cambio que está vinculado con la apertura hacia Occidente. Apertura en lo económico, en lo científico, y, seguramente, en lo ideológico.
–Sí, se está pasando de un comunismo cerrado y opresivo, de valores muy tradicionales, a una cosa tan moderna y abierta que ha dado paso a algo inimaginable hace algunos años: las confrontaciones generacionales. Por otra parte la pérdida de ideales deja a mucha gente colgando en el vacío, preguntándose ¿y ahora qué?, ¿hacia dónde? Están saliendo de la opresión.
–Pero también perdiendo los valores que, en algún sentido, aunque sea remoto, la justificaban.
–Claro. En este aspecto hay diferencias entre las generaciones. La mayoría de mis alumnos son de 30 años, pero también tengo de 40 y 50, y bueno, las diferencias entre estas tres generaciones es grande. Unos vivieron la Revolución Cultural, otros eran muy chicos. Tenemos los cambios que empiezan en el ‘66 y llegan al ‘76. Y tenemos luego la apertura que va desde el ‘76 en adelante. Son cambios muy fuertes. Los cambios producen crisis. Crisis en las que se ven involucrados los individuos y la sociedad.
–¿Cuál es su lugar en China? ¿Es una extranjera?
–La embajada china, aquí, fue la que promovió en el ’95 mi contacto con China. Ellos pagaron mi primer viaje, lo cual era difícil para mí en aquel momento y propició mi contrato con la Asociación de Médicos de Salud Mental. Así, cuando llegué, fui recibida como una hija que vuelve. Allá hay una frase para referirse a chinos o hijos de chinos que retornan, en inglés, overseas chinese, o sea que yo soy una china que el océano ha traído de vuelta.
–Y eso le encanta.
–Me gusta mucho.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/sociedad/3-26359-2003-10-06.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"Al padrón hay que darle una 'peinadita' cada tanto"

Archivado en Entrevistas Zona • Fecha: 05-10-2003 00:00:00

GINES GONZALEZ GARCIA, MINISTRO DE SALUD

El funcionario dice que las fallas en los padrones "afectan la equidad social"

¿La Argentina está mal empadronada?

La pregunta no sobresalta al ministro de Salud, Ginés González García, que depende como pocos de los listados de personas para establecer las prioridades de su gestión.

Sus respuestas a Clarín reconocen el desorden en los grandes números nacionales, pero hablan de lo que hace el Gobierno para emprolijarlos.

Y, puede ser que los padrones no sean perfectos. La verdad es que no me puedo explicar qué pasaba, porque es relativamente simple hacer un padrón. Antes no se notaba, porque a la seguridad social entraba plata a raudales. Ahora, con la caída del salario y el desempleo, un padrón mal hecho afecta directamente la equidad que debe regir en los sistemas solidarios.

¿Cómo explica que se hayan malgastado 2,3 millones de dólares para hacer el primer padrón de obras sociales?

Fue increíble, Argentina estuvo casi ocho años esperando ese padrón. Cualquier sistema que involucra a personas tiene que saber quiénes son los beneficiarios. Lo que pasó fue una barbaridad. Ahora lo logramos hacer con el personal de la Superintendencia de Salud, de gran vocación, pero la plata que se gastó antes no se recupera más.

¿Por qué no hay responsables que paguen por ello?

Porque el procedimiento burocrático fue correcto, lo que les faltó fue cumplir el objetivo y aquí, un funcionario va preso si le falta la boleta de algo que gastó, pero nunca si no cumple con sus objetivos. No debería ser así. El gobierno de Menem prometía los padrones, tomaba recursos para hacerlos y nunca estaban. Decían que las obras sociales no querían dar información, que sobrevaloraban la cantidad de afiliados como manera de mostrar poder político.

¿Por qué no explica cuál es la importancia de tener un listado de afiliados en orden?

Es una razón de ser del sistema. Queríamos padrón porque aplicamos un mecanismo redistributivo intrasistema, eliminando el subsidio discrecional y auxiliando a los beneficiarios de menores ingresos, y a sus familias, con una asignación automática que los equiparaba al resto. Sin información clave como la que tiene un padrón, eso es imposible de hacer.

¿El padrón actual está limpio?

Si, pero hay que darle una "peinadita" cada tanto.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2003/10/05/z-03001.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

"Kirchner se está saliendo con la suya"

Archivado en LaNación Argentinos • Fecha: 04-10-2003 03:15:01

Una polémica visión de Klimovsky

Da perfectamente el physique du rôle del "viejo sabio de la tribu". Pero el concepto de la vejez suena a pura injusticia con este enérgico joven de 80 años que se atreve a ser, a un mismo tiempo, filósofo de la ciencia, epistemólogo, matemático, especialista en psicoanálisis, lógica, ética y desarrollo económico; que fue decano y profesor honoris causa de varias universidades y miembro de importantes institutos de investigación, que recibió premios nacionales e internacionales, y que participó, en 1984, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).

"Hay una diferencia apreciable entre las cosas que hemos conocido en la historia argentina más o menos reciente y lo que está mostrando tener Kirchner, que es rapidez, decisión y mucho deseo de trabajo -se atreve a decir el científico Gregorio Klimovsky-. Podría uno llegar incluso a la hipótesis de que estamos ante un tipo excepcional. Pero es una primera impresión; estamos en el comienzo de un proceso. La pregunta es qué pasará con los grandes problemas como el subempleo, la desocupación, la pobreza, la indigencia. El mismo ya advirtió que no hay que esperar milagros. Pero yo le tengo confianza a Kirchner, ¿sabe?".

-¿Por qué?

-He visto muchas veces en mi vida y en distintos ámbitos situaciones totalmente desastrosas, "de ruina", y, de pronto, la intervención de una persona muy capaz y decidida, con buen equipo, logra dar vuelta notablemente la situación. Un ejemplo: cae el gobierno peronista en 1955 y la Universidad de Buenos Aires estaba hecha pedazos. Se habían robado los instrumentos de los laboratorios, las colecciones de libros estaban incompletas, había una cantidad enorme de profesores incapaces que no habían entrado por la puerta sino por la ventana. En cinco años y gracias a la labor de un hombre, que pudo ser muy discutible, pero que realmente era muy talentoso, de mucho empuje, que fue el doctor Rolando García, esa facultad llegó a ser una de las primeras de Sudamérica. Uno puede decir: ¿y cómo se pudo hacer esto en poco tiempo? Había que poner inteligencia, decisión y un tipo de carácter especial rodeado de buenos colaboradores. Esto yo lo he visto repetido en muchas áreas y con muchos problemas, por lo cual no soy pesimista con el país. Los argentinos tenemos la costumbre de ver situaciones catastróficas... Pero vamos a salir adelante, ¿sabe?

-¿Kirchner está llevando a cabo lo que De la Rúa no pudo?

-Es probable que sí. De la Rúa era un hombre de reacción muy lenta. No solucionaba los problemas y además se rodeaba de personas no muy recomendables. En lo educativo y científico estaba mal asesorado. Ni hablar de quienes le daban consejos económicos. Había un señor que tiene mucho significado en el ambiente empresario, pero cuyo mérito especial era ser amigo de él y vecino, y que le daba grandes consejos económicos. Y después estaban sus hijos, que pueden ser tipos macanudos... Uno de ellos además tiene cierto talento porque si conquistó a Shakira tan tonto no será (se ríe). Pero evidentemente no son los estadistas adecuados para un país con los problemas que tenía la Argentina.

-Kirchner, al revés, es un hiperactivo. ¿Pero tanta velocidad no será contraproducente?

-Con la cúpula militar actuó muy rápido. No sé si hubiera sido tan fácil hacerlo después de que las antiguas autoridades se hubieran vuelto a cimentar y a ganar fuerza. Kirchner vio eso y así, tranquilamente, dijo "fuera". Y hasta el momento los sucesos le han dado la razón. Son también muy interesantes esas reprimendas de padre severo o de maestro enojado con el ambiente de las finanzas y los negocios. Yo creo, al revés de sus críticos, que eso hasta ha tenido un efecto didáctico muy positivo. Quizá Kirchner se esté formando enemigos, pero hasta ahora se está saliendo con la suya.

-Acusan al gobierno de Kirchner de mirar más para atrás que para adelante...

-Desde un punto de vista filosófico, hay dos tendencias. Una vinculada al posmodernismo según la cual el pasado no cuenta, ya pasó. Lo que interesa es la estructura sociopolítica en el presente: hay que captarla bien y hay que tratar de arreglar eso. La otra posición dice que no, que hay que tener en cuenta cosas que han pasado anteriormente, porque fueron resultado de un proceso y de toda una cadena de causas. Y uno aprende que si se repite esa cadena, se van a repetir las consecuencias. Yo he tomado posición a favor de esta última teoría... Toda esta revisión es una advertencia muy fuerte: no crean los posibles autores de un golpe de Estado o de grupos de presión, que pueden actuar impunemente. No hay tanta impunidad como pueden pensar, y esto sirve también para el presente. Por lo cual, curiosamente, estoy de acuerdo con el proceder de Kirchner, y tampoco comparto demasiado que "es casi lo único que hace". No es cierto. Podemos verlo en la negociación con el FMI: ha habido bastante energía, originalidad y captación de las circunstancias para solucionar ese problema. El pasado también acá interviene para recordarnos los errores cometidos: Kirchner no resistió la tentación de hablar de los errores del FMI en circunstancias como el blindaje o el megacanje. Se ha movido bastante bien, por lo menos como solución momentánea. Vamos a ver más adelante...

-Muchos juristas dicen que la anulación de una ley en el Congreso es una aberración...

-Debo confesar que estoy de acuerdo. Efectivamente el Congreso no tiene atribuciones para anular una ley retrospectivamente. En primer lugar, constitucionalmente no se puede; y en segundo lugar, hasta es peligroso. En este momento uno lo podría ver con simpatía, pero yo imagino a un gobierno reaccionario ocurriéndosele la idea de anular alguna ley progresista. Kirchner, sin embargo, no firmó ningún decreto. En realidad, él sólo precipitó una serie de acontecimientos y el Congreso hizo lo que hizo, que es erróneo. El Presidente provocó con esto una situación jurídicamente discutible, pero también un escándalo tal que logró pararle a la Corte una resolución que hubiera sido lamentable. Uno podría decir que todo va quedar en manos de la Corte, no cabe duda, y hasta se puede declarar inconstitucional la anulación retrospectiva de las leyes. Pero como maniobra política para poner a la sociedad, a la Corte y a la Justicia en alerta, ha tenido un efecto descomunal.

-Los europeos han resuelto los problemas del pasado violento de otra manera. ¿Cree que algo de esa experiencia podría haberse aplicado en la Argentina?

-Pienso que no. Porque la historia argentina es muy peculiar. A los que más se parecen los argentinos son a los italianos. Si uno está en Italia y ve cómo funciona ahí la corrupción, la impunidad, el caradurismo y la ineficacia de algunos funcionarios, va a encontrar un parecido extraordinario. Yo caminaba alguna vez por las calles de Roma y me reía porque algunas características argentinas se encontraban ahí en un ejemplo químicamente puro... La justicia italiana tuvo bastantes problemas desde que cayó Mussolini, y con respecto a la retroactividad de las leyes, el asunto es discutible: les aplicaron a los fascistas del régimen leyes posteriores a la caída del mussolinismo. Los procesos de Nuremberg, desde el punto de vista jurídico, son la misma cuestión. ¿Sobre la base de qué principio legal se pudo juzgar a personas que habían cometido cierto tipo de actos en un momento de distinta legalidad y diferente statu quo político? La situación es bastante complicada. En otro sentido, tengo que decirle que los problemas de corrupción y de mal manejo de la Justicia en Europa se han dado de una forma nada recomendable para nosotros. La justicia italiana nada pudo con la mafia, o pudo muy poco. Yo no tomaría demasiado ejemplo de los europeos...

-Las historia argentina, además, es muy original.

-Claro. Fíjese en la reforma universitaria. Algo así se ha dado solamente en la historia argentina, y ha sido tan original que en el Mayo Francés, los estudiantes de aquel entonces la tomaron y la mencionaron explícitamente como ejemplo. Eso quiere decir que nosotros podemos ver las cosas con cierta originalidad, creatividad y justeza. Le puedo asegurar que en la historia contemporánea y con todos los defectos, el funcionamiento de las universidades argentinas es algo realmente notable. Cuando vienen aquí docentes que asisten a congresos internacionales, lo primero que observan es cómo muchos de nuestros profesores están al día, totalmente informados. Lo segundo es cómo los nuestros actúan con todo fervor desde la mañana hasta la noche, y a pesar de que no se les paga o se les paga sueldos misérrimos. Y cómo a pesar de todo, se quedan acá y hacen sus investigaciones. Me decía un profesor belga: "Estoy sorprendido, porque en Bélgica, que tenemos muy buenas universidades, la actividad científica es una especie de tarea planeada hasta las cinco de la tarde, y después de ese horario que nadie venga a hablarnos de ciencia o de investigación porque lo sacamos corriendo. Nos dedicamos a nuestra casa, a nuestro entretenimiento, pero no a la ciencia. Acá un profesor argentino está desde la mañana hasta la noche trabajando". Esa es una característica especial nada frecuente en América latina.

-Hay quienes nos acusan precisamente de ser demasiado originales. ¿La convertibilidad fue un invento argentino?

-Vea, la ciencia económica no es como la física. No es una ciencia exacta. Cavallo es un hombre que ha tenido una gran carrera de investigador científico en la Fundación Mediterránea, ha publicado bastante y no es ningún estúpido. Pero él tenía una teoría especial acerca de lo que implicaba el valor de cambio de la moneda en relación con la competitividad mundial y creía que ese mecanismo, que al principio dio buen resultado porque paró una hiperinflación, tenía valor permanente. Bueno, eso ha sido un grave error científico. ¿Cómo se lo permitió? Y... porque, entre otras cosas, el entorno de De la Rúa no estaba formado por científicos. Santibañes no era ningún científico. Y no se le ocurrió a De la Rúa consultar a otros científicos de la economía argentina, como ahora empieza a hacerse con el Grupo Fénix, integrado por profesores que son mundialmente conocidos. De modo que hemos cometido errores científicos de dos tipos: malas teorías y fiarnos demasiado en representantes de grupos de presión...

-¿Me está diciendo entonces que grupos científicos como FIEL y CEMA han fracasado en su forma de mirar la economía?

-No me atrevería a decir tanto, no soy experto. Pero la neoliberal es una teoría muy discutida y las experiencias mundiales no muestran demasiado resultado. Y en Estados Unidos... °Dios mío! La deuda externa es terrible, la corrupción en el ambiente económico es superior, el escándalo de Enron, y nadie sabe demasiado bien cómo va a terminar la economía norteamericana, pero en este momento está mal y por primera vez empieza a darse un fenómeno de desocupación que muestra que los dogmas neoliberales no funcionan con el éxito que nosotros pensábamos. Por lo cual hay un problema científico bastante complicado y es cómo toma uno la decisión de a quién le hace caso. ¿Le hace caso al CEMA y a FIEL o le hace caso al Plan Fénix? Pero esto hay que arreglarlo no confiándose en forma unilateral a un determinado grupo ideológico o científico, sino algo más pluralista, una especie de consejo académico nacional formado por gente de muy distintas orientaciones, y oírlos a todos. Ese famoso proyecto del consejo económico y social en la Comunidad Europea dio bastante más resultado del que nosotros imaginamos.

-¿Y cómo lo caracterizaría ideológicamente a Kirchner?

-Como un populista pragmático racionalista. Un hombre preocupado por no tomar medidas que perjudiquen a una población que está en "estado de coma en tercer grado". En segundo lugar, es realista y no se va a poner a hacer cosas imposibles. Se lo critica por lanzar programas sociales sin sustento económico, pero él piensa sostenerlos con el crecimiento de la recaudación. Demuestra cierta preocupación pragmática por encontrar un tipo de solución a esos problemas. Y está en una posición racionalista, en el sentido de no hacer cosas irracionales... Hugo Chávez, por caso, no es un ejemplo de político racionalista.

-¿Por qué es populista Kirchner? ¿Porque se ató a la opinión pública y la sigue de una manera demagógica?

-No, no es populista en ese sentido. Creo que lo es porque ha tomado como prioridad atacar los problemas masivos del pueblo argentino, como el hambre, la indigencia, la pobreza, la falta de justicia, cosa que no se vieron en otros gobiernos. Aunque Menem es todo un problema. Yo, que soy antimenemista, considero que Menem no fue ningún tonto y se movió bien en lo político, dominó inteligentemente a la oposición militar y sindical, y las demandas. Tuvo cierta cintura política natural notable. Algún día debería hacerse un estudio más objetivo y desapasionado de lo que fue aquella época. Pero yo no diría que fue una época populista; la de Perón, sí, con todos sus defectos.

-Algunos intelectuales progresistas han decidido apoyar, sin embargo, el proyecto de Recrear. ¿Qué piensa de López Murphy?

-Mal. Pienso que es un hombre que tiene desde el punto de vista científico una serie de prejuicios que vienen de la posición neoliberal y que tiene escondidamente conceptos muy equivocados. Cree que sabe, y no sabe. Pensando en cómo ahorrar dinero, no se le ocurrió mejor idea que cerrar algunos institutos de investigación, o privatizarlos. Toda una serie de ideas que eran un golpe muy serio para el desarrollo de la ciencia en la Argentina. Va así a contrapelo de una serie de experiencias históricas, en particular de Roosevelt, a quien yo admiro porque se dio cuenta muy claramente del papel de la ciencia y la educación en el desarrollo de un país. De paso le aseguro que, a pesar de que nosotros tenemos por costumbre hablar mal de nuestras universidades, con todos sus defectos y líos internos, la UBA está mucho mejor en cuanto a la producción de investigadores y profesionales de lo que uno puedo encontrar en universidades americanas. Es curioso, por otra parte, lo que les ocurre a los secundarios americanos. En una encuesta de hace unos años, se les preguntó a los estudiantes: "¿Quién gira alrededor de quién: el sol alrededor de la Tierra o la Tierra alrededor del sol?". Para el 50%, el sol gira alrededor de la Tierra. O sea concepciones pregalileanas (se ríe). Claro, hay colegios secundarios muy buenos, pero eso no muestra la situación educativa. Admito que lo mismo ocurre en la Argentina, donde ganamos olimpíadas internacionales de matemática y de cibernética, pero tenemos muchísimos colegios de muy bajo nivel.

-¿Todo esto nos lleva a la redefinición del Estado, que en la década del noventa fue demonizado?

-Los que pensamos de cierta manera tenemos que combatir esa demonización. Yo pienso en el rol positivo del Estado. Pienso que tiene un rol importante.

-¿No teme ser acusado de estatista?

-No soy estatista en el sentido de que todo lo tiene que solucionar el Estado. Pienso que la privatización de muchas empresas de servicios públicos no estuvo tan mal. Hemos tenido experiencias notablemente buenas. Pero creo que el Estado tiene todavía algunas misiones que cumplir. Con respecto a la pobreza, la indigencia, la salud y a ciertas cuestiones sociales, el Estado tiene efectivamente su papel. Y también en lo educativo. Aunque fíjese: yo en un momento era totalmente enemigo de la universidad privada, considerándola un peligro para la educación argentina, y algo de eso todavía hay, pero debo reconocer que he visto universidades privadas que se han desarrollado con gran apertura y con gran eficiencia. No estoy queriendo decir que todo lo tiene que hacer el Estado.

-¿Estamos viviendo una especie de neodesarrollismo?

-Es probable, lo cual no me parece mal. Yo no soy partidario de Adam Smith y la teoría de la mano invisible. Según esa teoría, hay entre las interrelaciones económicas que se dan en la sociedad cierto mecanismo especial de autoequilibrio, por el cual la dirección se corrige sola y se llega automáticamente a una posición equilibrada. Por eso toda intervención del Estado es inoportuna, porque molesta a los mecanismos equilibrantes. Yo no creo en eso. Creo que es como en medicina, donde no hay una mano invisible: el médico tiene que intervenir. Y creo que el economista y el político, para las situaciones anómalas en materia política, deben tomar el rol del médico.

-¿Qué van a aportar los científicos a esta época de la Argentina?

-Hay un modelo simple, que hizo un asesor que tuvo Roosevelt, y que fue quien lo convenció de la importancia de la ciencia y la tecnología en su momento. Se trata del ingeniero Vannevar Bush, que a pesar de su apellido era un hombre muy inteligente. El diseñó el llamado "modelo lineal en economía". La universidad tiene mucho que ver en la producción de científicos y en el desarrollo de las ciencias puras y aplicadas. Pero ese desarrollo tiene, a su vez, mucho que ver con lo tecnológico. Y en diferentes países se nota que el desarrollo tecnológico está atado finalmente al desarrollo económico, sobre todo en un mundo competitivo como éste, en el que la producción tecnológica de nuevos modelos por el abaratamiento de los viejos, pesa en la competitividad. Demás está decir que, en el final de la línea, lo económico tiene mucho que ver con el bienestar social y el aumento del nivel de vida. Esta sucesión de sistema educativo, científico, tecnológico, desarrollo económico y desarrollo social, hace evolucionar a las sociedades. Por consiguiente, me parece que el Estado tiene que ocuparse del desarrollo de la ciencia, cosa que no hace bien en este momento.

-¿De quién es la culpa? ¿Qué malentendidos hay en el Estado sobre el asunto?

-Hay muchas culpas de muchos lados. Y hay ciertas equivocaciones. Por ejemplo, imponer a los investigadores que se ocupen de problemas prácticos, inmediatos, como el mal de Chagas o la cibernética. Está mal, porque grandes desarrollos tecnológicos se han hecho por el desarrollo de la ciencia pura. De la teoría de la relatividad, que fue superteórica, salió la producción de la energía atómica. Esto muestra que en gran medida la solución de muchos problemas prácticos se concretan gracias a la ciencia pura también. Con lo cual, Vannevar Bush proponía que de 10 años de inversión, 4 fuera para ciencia pura y 6 para la ciencia aplicada. Hace cincuenta años, había un químico, Pedro Cattáneo, que era el director del departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias, y se trataba de un científico teórico que estudiaba la incidencia de las impurezas en la conservación de las sustancias. Y había un problema práctico, cómo llevar el aceite comestible a Europa en los buques, porque se pudría por el camino. ƒl estudió cómo evitar eso y descubrió que si se ponían ciertas sustancias, se conservaba: eso significó cerca de dos mil millones de dólares de ganancia extra. Una de las cosas en las que nos va bastante mal, y resulta uno de los puntos que han despertado más mi simpatía por Kirchner, es en materia de transportes. El Presidente está viendo cómo recuperar a los Ferrocarriles Argentinos. No es chiste. Tiene un metejón con eso...

-¡Pero todos los ejemplos que usted ha dado van en sentido contrario a los paradigmas de los noventa!

-Seguro. Nunca pensé que Alvaro Alsogaray, que fue uno de los que impulsó esos cambios, fuera un estúpido. Sí un enorme peligro para el desarrollo político de nuestra sociedad. Y efectivamente, hay que reconocer que eso influyó de manera notable en el menemismo.

-¿Usted lo decía porque en realidad la Argentina hacía cosas que los países centrales no hacen?

-Exactamente. Pero mire usted lo que significa desde el punto de vista neoliberal la gigantesca política de subsidios de Estados Unidos y Europa a la agricultura y cuánto nos perjudica. Eso se discutió en Cancún, y no se llegó a nada. Porque este Bush es una especie de terco por la negativa: quiere el ALCA para que los países sean neoliberales, cosa de recibir la mercadería americana, pero no quiere que Estados Unidos sea neoliberal para recibir la mercadería sudamericana.

-¿Compramos buzones en la década del noventa?

-Sí, buzones muy grandes. Alguno de los buzones tenían el tamaño del edificio del Correo en avenida Leandro N. Alem. Ese fue otro gran buzón, que ahora se están dando cuenta de que lo vendieron mal y están reconsiderando si se lo puede recuperar en algún sentido.

-¿No tiene miedo de que seamos una sociedad muy pendular? Que estemos rabiosamente cuatro años a favor de algo y después caigamos en desgracia y nos pongamos de vuelta rabiosamente en las antípodas...

-Puede suceder, eso es cierto. Pero si uno tiene convicciones científicas acerca de cómo se desarrolla un país, debe defenderlas. Ese planteo es como si yo tuviera que renunciar a mis convicciones familiares para no tener discusiones en el hogar. Si yo estoy convencido y tengo argumento en favor de mi posición, esas discusiones tendrán que ocurrir. Y acá, en este movimiento pendular, discutiremos. La comunidad científica tiene que hacerlo. Los científicos tenemos la obligación de ser un poquito gerentes de relaciones públicas de estas ideas.

Por Jorge Fernández Díaz
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/03/10/04/dp_532986.asp

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

La vida cotidiana

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 04-10-2003 00:00:00

ANTICIPO DEL LIBRO EL SR. BORGES: FRAGMENTOS DE LA OBRA EN PREPARACION DE ALEJANDRO VACCARO

En una oportunidad, él se iba de viaje con María a París, creo. Como siempre, yo le entregaba el pasaporte y el paquete con los dólares. Le di todo a María y el señor le pidió que lo guardara en la valija de mano que llevaban. En el aeropuerto se dieron cuenta de que el pasaporte era el de la madre, que yo se lo había dado por error, porque siempre los tenía juntos. El se enojó mucho conmigo porque no pudieron viajar. (...)

Cuando volvió a casa me dijo:

—Usted no tiene perdón de Dios—, y yo le contesté:

—Usted cómo puede decir eso si no cree en Dios (...)

Otras veces, el señor Borges me pedía que le hiciera un paquete con algunos libros y se iba a la Librería La Ciudad, donde por esa época recién estaban terminando de construir las estanterías y dejaba el paquete en cualquier hueco. Eso hacía con los libros que no le gustaban. En otra ocasión salió con otro paquete —un paquete grande— para la Biblioteca Nacional y paró para tomar algo en un café al paso que estaba en Tucumán y Florida y dejó los libros olvidados como al descuido, debajo de la silla (...)

Era el método que usaba para dehacerse de ellos. Otro tanto ocurría con los diarios. El decía que sentía el olor a los diarios, entonces los agarraba y los tiraba por el balcón (...)

La gente ya sabía quién tiraba los papeles: el loco Borges. Tenía sus arranques. A la señora Leonor le encantaba leer las noticias; estaba siempre muy actualizada de todo. Tenía en su habitación un caramelero de cristal y debajo de él estaba el diario. Mientras la señora estaba dormida en la cama, él entró despacio y quiso sacarlo, pero tropezó con el caramelero y lo rompió. Ella le gritó: "¿Adónde va? Ladrón de diarios". Desde entonces, nunca más al señor se le ocurrió volver a tocarlos.

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Borges secreto, solitario y final

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 04-10-2003 00:00:00

LITERATURA: FANNY FUE EL AMA DE LLAVES DEL ESCRITOR. LA HISTORIA SE CONVERTIRA EN UN LIBRO

Para ella, era "el señor Borges". Lo vio desmoronarse cuando murió su madre y luego hablarle cada noche, como si aún viviera. Vio cómo le temía a María Kodama. Y lo cuenta.

EDUARDO POGORILES
epogoriles@clarin.com

Fanny recuerda bien aquel momento. Borges ya no era un escritor famoso, era un viejo desesperado que, de pronto, se largó a llorar y le dijo a María Kodama: "Yo no voy a Ginebra; no quiero ir, me voy a morir lejos". Kodama, lo escuchaba impasible. Fanny se mordía los labios para no hablar y recordaba cómo esa mujer, en un ataque de rabia, había roto en pedazos el papel que tenía la firma de un escribano y de Borges. El le había dicho que quería ser cremado para descansar en la Recoleta, con sus antepasados. Fanny extrañaba la voz de Leonor Acevedo, la madre de Borges, que había reinado tantos años en esa casa y ya no estaba. A él no le gustaba esa cadenita al cuello con una calavera que usaba Kodama. María hasta le había prohibido ver a su amigo Adolfo Bioy Casares, que era como un hermano. Le tenía miedo. "Soy un cobarde, Fanny", dijo él una vez.

Sí: algunos recuerdos de Epifania Uveda "Fanny", la mucama de Jorge Luis Borges durante treinta años, son dramáticos. "Y pensar que María era una de las estudiantes de idioma anglosajón que venía a casa los domingos, yo le servía Coca—Cola con galletitas lengua de gato y el señor tomaba té. Pero ella nunca comió ni durmió en Maipú, lo acompañaba en los viajes y dormían en cuartos separados. A mí me contaba todo", dice Fanny.

A veces Fanny ve a Borges en sus sueños. Lo ve sentado, con las piernas cruzadas. En el sueño, Borges le pregunta por qué está triste y ella contesta: "Es que me sacaron todo lo que tenía en Maipú 994 departamento B; todavía mi cédula tiene esa dirección y lo que más me duele es no tener las plantas". Fanny recuerda desde aquí, desde este comedor de la casona de La Boca, donde vive desde 1997. Extraña las azaleas, los jazmines y el ritual de cada noche, cuando Borges se ponía su camisolín para acostarse y estiraba la mano en la oscuridad pidiéndole caramelos. "Era como un chico; yo le preparaba el baño diario; le ponía los pantalones, las medias, los zapatos: le hacía el nudo de la corbata; lo llevaba del brazo por Florida o a la plaza San Martín. A la noche le daba dos caramelos envueltos en un pañuelo perfumado y se dormía", dice.

Uno de los biógrafos de Borges, el empresario Alejandro Vaccaro, supo en 1997 que Fanny pasaba frío en una casilla de Burzaco y la trajo a metros de la Bombonera, para cuidar estas paredes donde se reúnen los hinchas de la agrupación boquense Azul y Oro. Ahora tiene televisor, heladera, un gato y tiempo para comentar con los vecinos el último rumor: "Dicen que en el descampado de Casa Amarilla van a hacer monobloques para los piqueteros; a mí no me parece bien".

Acá tiene también un altar casero pintado de celeste, que antes era un armario y ahora abunda en fotos de Borges, velas, flores de plástico, imágenes de la Virgen Desatanudos. Acá le dijo un día a Vaccaro que quería contarle sus años de mucama, y así nació El señor Borges, un libro de 200 páginas que el agente literario Guillermo Schavelzon ya negocia en la Feria de Frankfurt. Es probable que los argentinos lo leamos en marzo del año que viene.

"No, promete Vaccaro, no será un libro de chismes escandalosos.". Borges no da para eso, da para la ternura y la risa porque él vivía dominado por su mamá; era un hombre muy solo, ciego y caprichoso", dice Vaccaro. En los recuerdos de Fanny, Borges es un hombre sin ningún sentido práctico; parece habitar un mundo donde todo se transmuta en literatura, hasta el nombre de un gato. El famoso gato de la familia, Beppo, en realidad se llamaba Pepo, por la Pepona Rinaldi, un jugador de fútbol. Pero Borges lo oyó y recordó el poema veneciano de Lord Byron que se llama "Beppo". Un día, Fanny vio que Beppo se miraba en el espejo y creía ver enfrente a un gato rival. Se lo contó al escritor y así nació un poema: "El gato blanco".

Fanny sonríe apenas, envuelta en un batón. Tiene la paciencia de los pobres y uno de sus orgullos es que Bioy Casares habló a su favor en el juicio que perdió con Kodama en 1990 por los gastos que Fanny había hecho en la casa, sin guardar las boletas, mientras Borges vivía en Suiza sus últimos días. Nada dice del primer testamento del escritor, que la nombraba heredera de la mitad de sus bienes. En el testamento que había firmado en Suiza antes de morir, donde Kodama quedaba como única heredera, Borges le dejó a Fanny sólo 2.500 australes. "No le tengo rencor a Kodama por haber cambiado aquel testamento; al final ella tiene todo y nada".

Tiene 81 años, y nació en un pueblo correntino: Colonia Romero. Por eso, Borges la presentaba: "Fanny toma veinte mates por día y habla guaraní".

Guaraní hablaban también el chofer de Bioy Casares y Luis Alonso, el dueño de la Librería La Ciudad, el segundo hogar de Borges, que odiaba quedarse solo en el departamento. A las 9, después del baño y el desayuno —café con leche, jamón, yogur con cereales—, Borges atendía en el living a los investigadores y periodistas que lo visitaban. Prefería almorzar frente a su casa, en el Hotel Dorá —arroz con queso, sopa, fideos o un churrasco— para después caminar del brazo de Fanny por el barrio. A la noche iba a ver a Bioy. Volvía tarde, con la esperanza de dictarle un cuento a su madre.

Fanny tiene una teoría sobre los métodos de Borges: "Trabajaba mucho en su cabeza a la mañana, sentado en la bañera, ahí pensaba todo". El le regaló sus obras completas, pero ella renunció a leerlas porque nunca pudo entenderlo.

Recuerda bien la noche en que Borges se quebró, el 9 de julio de 1975, cuando murió Leonor Acevedo. "La señora tenía 99 años y se fue como en un sueño, a las 4 de la mañana. Yo sentí un ronquido y eso fue la señal: estaba muerta. El no se resignaba. Le tiró de los tobillos y como no respondía, se puso a llorar al pie de la cama. Entre los dos preparamos la mortaja, le pusimos monedas en los ojos para cerrarlos bien". Los primeros en llegar fueron Silvina Ocampo y Bioy. El cuarto de Leonor quedó intacto. Cada noche, cuando volvía a la casa, Borges se paraba ante la cama de su mamá como si aún viviera. Le contaba lo que había hecho durante el día. "Madre, ya volví", decía para empezar.

Por momentos, el escritor veía el mundo con los ojos de Fanny. Ella le habló de las piernas flacas de Kodama, de los bellos ojos de María Esther Vázquez. No necesitó hablarle de Elsa Astete, la mujer con quien Borges se casó en 1967. "Fue un matrimonio planeado por la señora Leonor; ella veía que se iba haciendo vieja y quiso encontrar una mujer para cuidarlo. Les compró un departamento en Belgrano al 1300, y Elsa no se ofendió cuando él le pidió dormir en cuartos separados, dijo que sabía cómo atraer a un hombre a la cama."

Es verdad que la primera noche, luego del casamiento, Borges se quedó en el departamento de Maipú y Elsa se fue. Pero al final hubo noche de bodas. "Le pregunté al señor Borges cómo la había pasado y me dijo —a veces era un pícaro— que fue como viajar en un tranvía apretado."

Todo aquello parece haber ocurrido hace muchísimo tiempo, lejos de este descampado frente a Casa Amarilla. Fanny no le teme a la muerte: parece esperarla. Y prefiere despedirse con un chiste borgeano. "El señor tenía mucho humor, pero a veces se entendía él solo. Cuando una vecina se lamentó porque la señora Leonor no había cumplido cien años, el señor le dijo que no lo lamentaba, que él no tenía supersticiones con el sistema decimal."

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/04/u-634854.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Las huellas de Pablo Neruda

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 04-10-2003 00:00:00

ANIVERSARIO

A 30 años de su muerte, una recorrida por los sitios emblemáticos del poeta. Las luces y sombras de una vida, reflejadas en sus casas de Isla Negra, Valparaíso y Santiago.

JORGE AULICINO. Enviado especial a Chile

Nada aquí, en Isla Negra, huele a sombra. Todo parece rústico confort en este escenario ingenuo, barroco, churrigueresco, recopilado en mercados de pulgas, con los consabidos mascarones de proa y los mapas, las botellas de mil formas, las caracolas, la colección de gigantescos escarabajos, fascinantes bestias, mezcla de atroces mandíbulas con colores de amaneceres y ágatas.

Objeto sobre objeto, ¿y el hombre dónde estuvo?, podría decirse, parafraseando el canto a las ruinas de Machu Picchu. Aquí, bajo estos mascarones de proa, recostó Pablo Neruda su gruesa anatomía: aquí, sobre las maderas entarugadas que pisamos, anduvieron sus zapatos cuando recorría las habitaciones con su andar flebítico. Aquí agonizó. En otra de sus casas, en Valparaíso, veremos mañana las manchas de tinta verde de su lapicera en la banqueta en que reposaban sus pies. El hombre estuvo, pero ¿qué es, Señor, esta gigantesca celebración de un ego a quien los objetos debían venerar como a un dios? Este abrumador museo que ahora recorremos entre turistas y guías perfectamente entrenados, junto a las parvas y violentas rocas del Pacífico, esta juguetería, debe transmitir algún mensaje. Veamos.

Se diría que el habitante de esta casa no fue protagonista, o al menos testigo muy próximo, de una de las etapas más irracionales de la historia contemporánea: la de la gestación, ascenso y apoteosis del fascismo. Probablemente, Pablo Neruda no se haya sentido nunca más cerca de un peligro mortal que en aquellas noches en que vio tras un mosquitero, en la duermevela, la figura de Josie Bliss con un cuchillo malayo en la mano. La enamorada del poeta en Rangún (1927), la "pantera birmana" enferma de celos, fue el disparador de uno de los poemas más conmocionantes de la literatura en habla española, el Tango del viudo ("Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido... Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada..." ). En cambio, estaba en Madrid en 1936; tenía 32 años; la pantera birmana era sólo un recuerdo y el estallido de la Guerra Civil le sugirió en primer lugar una explicación, muy hermosa, acerca de por qué no seguiría hablando de lo que hablaba (las lilas, la metafísica cubierta de amapolas, la lluvia que a veces atravesaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros). La sangre por las calles le hace exclamar los nombres de sus amigos: Rafael (Alberti), Raúl (González Tuñón), Federico (García Lorca, ya "debajo de la tierra"). Y entonces dice, y qué bien puestas esas dos palabras, llenas de perplejidad, de dolor y de odio: "Generales, traidores"; quizás —esas dos únicas palabras—, el panfleto mejor que se haya escrito en aquellas circunstancias. El poeta chileno y sus amigos pusieron sus armas al servicio de una esperanza que llenaba sus vidas. No era la única forma de ver las cosas. El peruano César Vallejo sintió que sobre el mundo se desataba una tormenta bíblica: "Qué temprano en el Sol lo que os decía".

Neruda escribió versos y panfletos con mucho menos trabajo, quizá, que el que le demandó realizar sus fabulosas colecciones de objetos desahuciados. Los versos parecían brotarle "como agua de manantial", como a Martín Fierro. Sus tres catedrales de reliquias de montepíos (las casas de Santiago, Valparaíso e Isla Negra) parecen un enorme y meticuloso esfuerzo destinado a erigir un mito amable.


ISLA NEGRA, 1939. Suceden "derrumbes de turquesa" frente a las ventanas del dormitorio del poeta, abierto al Pacífico. En la mesa de luz de Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda), hijo de ferroviario, hay un catalejo. La cama está puesta en diagonal, de manera que enfrenta los dos ventanales que se juntan en el ángulo noroeste de la habitación. Los trámites de compra de esta cabaña ubicada en la playa Isla Negra (no hay isla ni nada negro alrededor ni dato alguno acerca de por qué Neruda llamó así al paraje) los hizo Delia del Carril, mujer de hermosa figura, hija de una rica familia radicada en la Argentina desde el siglo XVIII; hermana de Adelina del Carril, la mujer de Ricardo Güiraldes. Una aristócrata comunista que organizó la vida social y práctica de Pablo durante 20 años. Ella tenía 50 cuando conoció al poeta en España, e irradiaba. En 1973, cuando este cronista estaba en Chile, los viejos trabajadores del Partido Comunista y sus mujeres amaban aún a la Hormiguita, el apodo con que se conocía a Delia. Ella seguía refugiada en Michoacán, la primera casa que tuvo con Neruda, en Santiago, no bien él dejara a su primera mujer, la holandesa María Antonieta Hagenaar, a quien había conocido en Ceilán. Delia vivió más de cien años.

Habían pasado siete años desde la compra de esta cabaña, que se prolongó en sucesivas estancias de madera con techos de chapas a dos aguas, cuando Neruda conoció a su tercera y última mujer, Matilde Urrutia. Fue la mujer que lo acompañó en el exilio en 1949, cuando la persecución del gobierno de González Videla al Partido Comunista.

Es difícil no pensar que Neruda comenzó a construir aquí no sólo un lugar recoleto para trabajar sino también una serie de íconos para que se erigiera su leyenda. De hecho, la veleta con el pez, que se luce en lo alto de Isla Negra, es el logotipo de la Fundación Neruda e identifica el merchandising que se ofrece en las casas museo del escritor, diplomático y militante que comenzaba a ser célebre después de la Guerra Civil española. Los techos de las extensiones de Isla Negra tienen forma abovedada, para recordar los barcos. Y hay aquí varios barquitos en botellas, entre otras alusiones marineras, desde los mascarones de proa hasta el ancla que se oxida sobre el roquedal de la costa, y desde los crujidos de la madera hasta el bote encallado para siempre junto a la casa, en el que Neruda servía bebidas a sus amigos.

Neruda no era marino y quizá tampoco viajero. Su poesía es de tierra, y él era consciente de eso. El lugar más humano de la casa es su escritorio, la covacha, un rincón que evoca las cabañas del sur. La pequeña mesa de trabajo del poeta es una tabla carcomida que el mar arrojó a la costa. Este es un dato genuino en la fábrica del mito. En la antigua frontera chilena, esa devolución del mar sin duda hubiese sido reciclada como mesa o combustible. Una viva inteligencia le permitió a Neruda comprender que se puede mencionar el mar en un poema, pero nadie escribe como el mar. Se puede amar el océano y componer versos ante él, pero ¿quién puede hablar con su potente misterio? Isla Negra es, pues, un homenaje ingenuo al mar o una burla pueril a la imposibilidad.


LA CHASCONA, 1953. Bella Vista es un barrio de Santiago al pie del cerro San Cristóbal. Si usted mira el cerro desde el barrio de Providencia, por ejemplo, lo verá envuelto en una neblina inmóvil y malsana. Si desde la falda del cerro mira la Cordillera, que debería verse, imponente, hacia el Este, pues no la verá. También verá niebla. Las noticias le dirán que no está usted en un valle humoso del Orco, sino en una ciudad cubierta de smog.

Bella Vista es un lindo barrio, poblado de restaurantes y discotecas. Son casas viejas casi todas. En las veredas venden artesanías. La perla cultural del barrio es La Chascona, la casa de Neruda. Está a cuadra y media del antiguo restaurante Venezia, donde él solía ir a comer. La Chascona fue dedicada a Matilde Urrutia. El poeta comenzó a construir una casa en la falda del San Cristóbal para encontrarse con su amante, mientras vivía los últimos años de su matrimonio con Delia del Carril, que le llevaba veinte. Neruda tenía 49; Delia, 68.

En Chile llaman chascón al que tiene el pelo greñudo, enredado. Matilde tenía una imponente mata de pelo. El mexicano Diego Rivera la pintó con esa severidad desamparada de su rostro y ese pelo rojo altivo y llameante, en el que dibujó, secreto, el perfil de Neruda. Allí está ese cuadro, en La Chascona. "Chillaneja fragante", "madre"; "ráfaga de rosal"; "amor de otoño"; "presente y futuro". El poeta no le ahorró palabras: éstas y muchas otras fueron recopiladas en el sitio de Internet de la Fundación Pablo Neruda.

Extraodinaria capacidad de palabra tenía Neruda, y con ellas se adaptaba fluidamente a las cambiantes exigencias de su militancia. Escribió en los cincuenta un poema de amor a Stalingrado, escenario de una batalla tan cruenta como simbólica, en las que se moría con el nombre de Stalin y el de la patria en la boca. Otras palabras le servirían luego para cantar —el término es justo, aunque resulte paradójico— su decepción del georgiano, luego del XX Congreso del PCUS que censuró el "culto a la personalidad". Neruda vio entonces (¿no los había visto antes?) aquellos crueles "bigotes de tigre sobre la nieve".

Neruda empezó, pues, a construir habitaciones. Las del frente, que miran hacia adentro, con pequeñas ventanas y un pasadizo secreto que conducía a un dormitorio. Subiendo la falda del cerro, habitaciones aéreas, envueltas en enredaderas, desde las que se veía la cordillera nevada, no el smog postpinochetista. La Chascona es una casa-poblado, una casa-aldea colgada del cerro, unida por escaleras empinadas al aire libre, que su dueño, ya aquejado de flebitis, debió recorrer lentamente, deteniéndose quizá una estación entera del año en cada sector.


LA SEBASTIANA, 1959. El puerto de Valparaíso, estratégico en tiempos de la colonia y durante la Revolución Industrial, flota en la costa del Pacífico como en un tiempo sin tiempo. Sus edificios principales, cavernosos; sus fondines oscuros y sin fondo, parecen patrimonio del pasado y de un futuro deteriorado, caprichoso muestrario de todos los siglos, expuesto al salitre y al óxido. Pero luego están las casas, colgadas de los cerros, se diría cajas de fantásticas mercaderías apiladas y olvidadas.

Allí también el poeta decidió tener una casa. La construyó de modo que dominara la bahía, pero al borde del barranco, en una posición precaria, como un palomar o un mirador. De hecho, y según consigna la información del sitio Pablo Neruda en la red, "la casa quedó deshabitada largos años, por absurda, peligrosa y poco funcional".

Para pasar del recibidor al living, y del living al dormitorio, y así, hay que subir escaleras. Desde el último piso, donde está el escritorio, se divisa nítidamente el puerto. La terraza, nunca habilitada, estaba destinada a "cancha de helicópteros y posibles astronavegaciones". Neruda buscaba "una casita para escribir y vivir tranquilo" (¿pero no era para eso Isla Negra?) y terminó construyendo, con puertas y azulejos de demoliciones, un objeto arquitectónico insostenible.

Aquí hemos de encontrar también barcos, botellas de colores, marinas; se destaca un caballo de calesita en el living. La casa ha de crujir en forma cuando sopla el viento del Pacífico, pero es, con todo, y si se olvida su caprichosa estructura, la más sobria de todas, parecida a cualquier casa de una pareja intelectual y moderna de clase media de cualquier país occidental: muebles antiguos en un ambiente informal, ventanales, "guiños" culturales —como el bar, con sus chucherías de feria americana.

Es éste el último rastro edilicio de Neruda. Había pasado poco más de una década desde que había comenzado a construir La Sebastiana, cuando recibió el Premio Nobel. Eso fue en 1971. Dos años después, la noche caía sobre la izquierda chilena y sobre su vida. La casa de Valparaíso sería la más salvajemente golpeada por el alzamiento militar de 1973. En La Chascona, de Santiago, taponaron la acequia que discurría junto a los ventanales de las habitaciones inferiores y las inundaron. La mesa de araucaria que el poeta había mandado a construir in situ (no hubiese pasado a través de las pequeñas puertas), tiene huellas de golpes y quemaduras. Neruda, que tenía cáncer, murió a los doce días del golpe, a las 22.30 del 23 de setiembre, en una clínica de Santiago. Lo velaron en las habitaciones altas de La Chascona. Sus últimos meses los había pasado en Isla Negra. Allí, en 1992, fueron finalmente enterrados sus restos, junto a los de Matilde Urrutia.

Poco más arriba de su tumba, que mira al Pacífico y sus coronas de espuma, pervive una planta que amó, el agave de duras hojas que se aferra a la tierra áspera y a la roca para resistir el viento del mar. Este matorral agreste, solitario, tenaz, voluntarista, quizá represente mejor que nada el fondo de su alma. Tal vez sea un signo del desamparo y la fuerza de los que nacieron sus mejores poemas.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/04/u-634843.htm


Otras fuentes

SOBRE EL TEMA

Genio y figura de Pablo Neruda. Margarita Aguirre. Ed. Universitaria de Buenos Aires, 1997.-
Poesía y estilo de Pablo Neruda. Amado Alonso. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1968.-


INTERNET

www.uchile.cl/neruda/
www.geocities.com/Paris/Arc/9906/pablo.htm
www.centenariopabloneruda.cl
www.sololiteratura.com/neruda

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/04/u-634843.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

La gestación de una poética

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 04-10-2003 00:00:00

ME PARECE

JORGE BOCCANERA
No fue el poeta niño, como Rubén Darío, que publicó textos a los 11 años, pero fue el poeta precoz que en un breve lapso —de 1923 a 1926— condensó los núcleos sustanciales de su poética.

Neruda da en esos años una bibliografía apretada que comprende "Crepusculario" (1923), "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" (1924), "Tentativa del hombre infinito" (1925), "Anillos" (1926) y "El habitante y su esperanza" (1926), y en ese mismo lapso escribe "El hondero entusiasta" y muchos de los poemas de una obra mayor, "Residencia en la tierra".

En todo ese conjunto es posible observar la gestación del fraseo y las imágenes que hoy se reconocen como su gran poesía: su textura surrealizante, el miniaturismo de sus odas, el mundo espectral de su melancolía, sus extensas enumeraciones (un estilo "bazar" que desembocó en la cacharrería nerudiana), la celebración de la naturaleza, la denuncia política (de los poemas de la España en guerra, a la cuerda que alguien denominó estalinismo monoteísta), la efusión barroca en secuencias abigarradas, su erotismo desplegado a los cuatro vientos, y los murales del "Canto general". El proyecto nerudiano posee la fuerza de un friso sobre la Creación. Tenía 23 años cuando su porvenir ya olía a destino.

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/10/04/u-634845.htm

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Un poema desconocido de Pablo Neruda

Archivado en Revista Ñ • Fecha: 04-10-2003 00:00:00

Este poema, aún no recogido en libro, integró en 1948 la Antología popular de la resistencia, un cuadernillo de circulación clandestina contra el gobierno del presidente chileno Gabriel González Videla. Allí, tres poetas firmaron con su nombre: Neruda, Julio Moncada y el cubano Nicolás Guillén. Los cinco restantes eran seudónimos que también enmascaraban a Neruda, pero en la publicación fueron presentados como "escritores obreros e intelectuales de la resistencia". El poeta escribió estos textos mientras daba los últimos toques a Canto general.

Patria prisionera

Patria de mi ternura y mis dolores
Patria de mi amor, de primavera y agua
Hoy sangran tus banderas tricolores
Sobre las alambres de Paisagua

Existes, Patria sobre los temores
Y arde tu corazón de fuego y fragua
Hoy entre carceleros y traidores,
Ayer entre los muros de Rancagua.

Pero saldrás al aire, a la alegría
Saldrás del duelo de estas agonías
Y de esta sumergida Primavera

Libre en la dignidad de tu derecho,
Y cantará en la luz y a pleno pecho
Tu dulce voz ¡Oh patria prisionera!
Ater entre los muros de Rancagua.

Pero saldrás al aire, a la alegría
Saldrás del duelo de estas agonías
Y de esta sumergida Primavera
Libre en la dignidad de tu derecho,
Y cantará en la luz y a pleno pecho
Tu dulce voz ¡Oh patria prisionera!

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009