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“La guerra fue un episodio de la dictadura”

Archivado en María Esther Gilio • Fecha: 31-03-2003 00:00:00

EDGARDO ESTEBAN, EX COMBATIENTE DE MALVINAS

Mañana se cumplen 21 años de la aventura de Galtieri, el crimen de la dictadura que ya se transformó en “la gesta”. Uno de los veteranos de ese invierno de locura y horror sigue contando lo que los militares quieren olvidar y silenciar: el hambre, la torpeza, los estaqueos y hasta el abuso sexual.

Por María Esther Gilio

–Tenía nueve años cuando mataron a su padre.
–Sí, nueve años, un hermano de siete, una hermana de cuatro y mi mamá con un embarazo de seis meses que perdió.
–De la angustia.
–Cuando fueron a buscar a mi padre a mi casa le dispararon a mi hermana, a consecuencia de lo cual tuvo convulsiones. Fue todo muy trágico. Este señor, que fue a buscar a mi padre, a quien mataron, fue merecedor luego de que pusieran su nombre a una calle de Morón.
–¿Por qué merecería ese semejante homenaje?
–Era jefe de prensa de López Rega. El nombre a la calle se lo puso el intendente de Morón, Rousselot.
–¿Estaba haciendo el servicio militar cuando se decidió lo de Malvinas?
–Sí, tenía 19 años y estaba haciendo el servicio como cualquier cristiano. Era bastante tonto, bastante ingenuo, muy obediente y cuando empecé a cuestionar a los militares no era desde lo ideológico –cosa a la que estaba ajeno– sino desde las cosas cotidianas que nos iban haciendo.
–¿Por ejemplo?
–Nos llevaban a un campo de cardos y nos hacían arrastrar. Yo llegué a tener espinas hasta en los testículos. Mi bronca empezó con esas cosas.
–¿Dónde estaba cuando empezó la guerra?
–Estaba de licencia por tres días en Buenos Aires. Fuimos a Plaza de Mayo con mi madre. Y, no sé, como la mayoría entré en esa fiebre colectiva que fue Malvinas. Todos queríamos ser protagonistas de la historia.
–No pensaba que podían matarlo.
–Sólo por momentos. En realidad lo que la mayoría pensaba era que íbamos a las islas, pero no a pelear. Que las tomábamos y allí quedábamos ocupándolas.
–¿Los ingleses iban a aceptar algo así? ¿Se iban a quedar tranquilos?
–Claro que no, era un disparate, pero era lo que creíamos. Que éramos una potencia y que después de haber tomado posesión de las islas nadie nos movería. ¡Qué iban a venir los ingleses desde tan lejos! ¿Para qué, para sacarnos de ese lugar que ellos sabían que nos pertenecía? Yo no sé si los militares tenían conciencia de que el combate era contra la OTAN. –Galtieri había vuelto de Estados Unidos convencido de su poder de convicción. Se sentía un triunfador.
–Galtieri estaba convencido de que EE.UU. se mostraría retributivo por la colaboración argentina respecto a Centroamérica.
–¿A los “contras” en Nicaragua?
–Sí, hubo gente del ejército ayudando a los contras y hubo gente del ejército en la Escuela de las Américas en Panamá.
–¿Enseñando o aprendiendo?
–La mayoría enseñando, aunque también aprendiendo. Tipos de la categoría de Seineldín o Rico, enseñando, claro.
–Cuénteme su salida y sus emociones en ese momento.
–Yo llegué allá en un vuelo, el 25 de abril a las 10 de la noche. No tuve ni tiempo a pensar. Casi no pude avisar a mi mamá. Cuando la llamé desde Córdoba pensó que la estaba cargando. Nos dieron un minuto para hablar con la casa.
–¿Y por qué estabas en Córdoba?
–Porque yo elegí paracaidismo al entrar al Servicio Militar.
–¿Paracaidismo?
–Sí, esa locura. No sé qué esperaba.
–Cruzarte con algún ángel.
–Sólo eso. La cosa fue que llamé a mi vieja y cuando le dije: “Me voy a la guerra”, se mataba de risa. Pensaba que la estaba cargando. Cuando la convencí de que era verdad y empezó a llorar se acabó el minuto y me cortaron. Al rato salimos hacia Comodoro Rivadavia en un Boeing 727 a las islas. Cuando aterrizamos todos los que estábamos atrás pasamos al frente.
–Era un avión de carga.
–Era un avión de pasajeros al que habían sacado los asientos. Llegamos, y esa noche dormimos a la intemperie.
–Haría mucho frío. Las islas están a la altura de Ushuauaia.
–Mucho frío. Pero a nosotros, todavía no nos preocupaba el frío. Estábamos viviendo una aventura.
–Llegaron, entonces, durmieron y al otro día fueron a ver la ciudad.
–No, a la ciudad no íbamos, sólo la atravesábamos, en camión, cuando nos llevaban a bañarnos.
–Sin embargo hay fotos de soldados en las calles.
–Son fotos de los últimos días, cuando nos replegamos.
–Usted volvió a las islas después de la guerra, ¿por qué?
–Porque empecé a trabajar como periodista, y cuando se daba de ir, yo me postulaba. Siempre que puede volví.
–¿Por qué?
–Sentía deseos de volver. Cuando el gobierno británico permite a los argentinos ir a las islas yo voy. Era el primer viaje, un viaje realmente histórico. Y...
–¿Qué le pasó en ese viaje? ¿Algo no le gustó?
–Fue complicado. Algunos me criticaron por ir. Y se sintieron molestos por comentarios míos sobre la guerra. Yo cuestiono mucho la actuación de los militares. Algunos no aceptaban estas críticas. Incluso hay organismos de derechos humanos para los cuales la guerra fue una isla dentro de la dictadura, cosa que no comparto. Para ellos la dictadura terminó el dos de abril.
–El día en que empezó la guerra.
–No estoy de acuerdo con esto. La guerra es un episodio de la dictadura.
–Un episodio que al comienzo quisieron oscurecer. ¿Sentían vergüenza por su conducta?
–Andá a saber. Orgullosos no podían estar. Pero desde el año pasado y gracias a López Murphy que era ministro de Defensa en el gobierno de De LaRúa, se comienza a valorizar esta guerra para contrarrestar el 24 de marzo.
–Así la triste aventura se transformó en la patriótica “gesta”.
–Claro. En realidad festejan una derrota. Algo peor que una simple derrota, ya que todo lo hicieron para perpetuarse en el poder. Sin embargo, en cuanto pueden, se ufanan de ser los grandes protagonistas. Los únicos héroes que hay acá son los chicos que murieron. A quienes una vez al año llaman héroes y los trescientos sesenta y cuatro días restantes son muertos de hambre, tipos sin trabajo, con problemas de incapacidad, de alcoholismo, de drogadicción, tipos que la gente rechaza y margina.
–Eso pasa hoy. Pero cuando volvieron, ¿qué pasó?
–También. Pasó lo mismo. “No se habla más”, dijeron. Como si hubiéramos perdido un campeonato de fútbol. “No se habla más.” A otra cosa.
–¿Estuvo en Campo de Mayo a la vuelta de Malvinas? ¿En el momento en que los conminaron a callar y olvidar?
–Por supuesto. Nos dijeron que nos teníamos que olvidar del tema. Nos hicieron hasta firmar una especie de documento.
–¿Qué explicación daban?
–Que ya todo había pasado, y no teníamos por qué entrar en detalles. Te hacían hacer una especie de declaración jurada explicando algún acto de heroísmo que hubieras presenciado.
–Datos para la historia futura. Cuénteme su primer combate.
–Fue el primero de mayo. Yo era artillero, fui a la guerra a hacer logaritmos. (En una hoja dibuja la geografía del lugar.) Acá estaba la ciudad, acá el aeropuerto, acá los montes. Aquí la base militar. Todo esto que te dibujo estaba en un mapa cuadriculado. Yo, a partir de las distancias que la cuadrícula marcaba calculaba los tiros. Así sabías dónde podían caer. Yo estaba en una unidad de artillería.
–¿Cómo sabía tanta matemática?
–Del secundario. Yo quería ser agrimensor. Y bueno, a partir del dos de mayo empezamos a tener hostigamiento naval todos los días. Nos hostigaban para que no pudiéramos dormir. Tiraban de día y de noche. Dormíamos dos, tres horas por día. Además, hacía ya muchísimo frío. Llegó a hacer veinte grados bajo cero. Pero aparte estaba el problema de los estaqueados.
–¿Quiénes eran los estaqueados?
–Los que habían robado. Como no nos daban de comer, muchos salían de noche a robar. Cuando te agarraban, te ataban de pies y manos y te dejaban sobre la turba mojada.
–¿A quién robaban?, ¿a los kelpers?
–Sí, a los kelpers, en la ciudad.
–¿Por qué no había comida?
–Yo no dije que no había. Cuando terminó la guerra había unos galpones inmensos llenos de comida. Pero ellos trataban de ahorrar porque especulaban con que íbamos a estar hasta setiembre. Vos ibas a buscar la libra de chocolate que correspondía a cada soldado y decían: “no, media libra”. Al final te daban una barrita. Recuerdo que en un momento se empezaron a encontrar mensajes dentro de los chocolates. “Que Dios te proteja”, “Cuando lo comas pensá en mí”. Mensajes cariñosos, que había puesto allí gente que enviaba chocolate a los soldados. Chocolate que nunca llegó, se lo quedaba no sé quién y volvía al circuito comercial.
–En definitiva que tenían frío y hambre.
–Mucha hambre y mucho frío. Porque gran parte del tiempo la pasábamos sobre la turba húmeda, que era como estar sobre una esponja gigante. Se nos mojaba la ropa y pocas veces teníamos posibilidad de cambiarla. Vivíamos húmedos, ni trincheras se podían cavar, se llenaban de agua. Se hacían unos techos, algo que llamábamos “pozo de zorro”, donde poníamos cartones y maderas. De cualquier modo el frío llegó a ser terrible.
–Contame sobre lo más duro de la guerra, miedo y muerte. Contame de tu experiencia en ese terreno.
–Nosotros terminamos de combatir a las siete y cuarenta del catorce de junio. La guerra duró setenta y dos días. Los más terribles fueron el once, doce y trece. En esos días murió un montón de gente.
–¿Compañeros suyos?
–Algunos. Particularmente un chico que murió en mi lugar.
–¿Por qué en su lugar?
–Era el anochecer y yo estaba con un poco de miedo de dormir en mi pozo de zorro. Me fui para abajo, donde se hacía la guardia. Ahí, el chico que tenía que tomar el relevo se demoró. Entonces, como yo estaba en el lugar, me mandaron hacer la guardia que le correspondía a él. Cuando el compañero, de nombre Vallejos, apareció, diez minutos tarde, le dijeron: “Llegaste tarde, ahora te jodés, ya Esteban tomó tu lugar. A vos te toca la hora de Esteban”. En esa guardia, que era la mía, él muere.
–¿Por qué había tenido tanto miedo esa noche?
–Te dije que el ataque en esos días había sido el peor de toda la guerra. Yo rezaba como nunca y ovillado como un chico pedía a la Virgen y a mi padre muerto que me ayudaran. Lo que más me aterraba era la idea de que podían herirme sin que nadie se enterara, y yo quedara ahí muriendo por horas.
–Entonces hace la guardia en lugar de Vallejos. ¿Y?
–Cuando termino, él toma mi lugar. Pero te digo algo... (queda en silencio). Perdoná, no tengo ganas de hablar de esto. Buscalo en el libro que te doy.
De Iluminados por el fuego, de Edgardo Esteban y Gustavo Romero Borri:
Un sargento me vio y me gritó:
Gringo, vení, ¡ayudá! ¡No te quedes ahí!
Había otros soldados rodeando el pozo. Estaba Burgos y le pregunté qué había pasado. Burgos no reaccionaba, estaba mudo, como fuera de sí, sin comprender nada; quizás aturdido por el impacto, por la situación. Vallejos yacía dentro del pozo, con todo el pecho abierto. Una masa de ropa y sangre. Cuando me acerqué, me miró a los ojos, como queriendo hablar. Yo intenté agarrarlo y cerró los ojos. Mientras tanto el fuego seguía acosándonos y los silbidos de los proyectiles atravesaban el aire en todas las direcciones y los impactos se mezclaban con los gritos de los soldados. La confusión no nos permitía dudar.
De pronto me sentí mejor: había cobrado más coraje. Dejé de pensar en protegerme y atravesando las explosiones llevamos a Vallejos hasta la casita verde. En el trayecto nos cruzamos con Gustavo, que había bajado a avisar al médico Foresi. La verdad es que Vallejos había muerto en el momento de cerrar los ojos. Tenía un puñado de esquirlas incrustadas en el pecho, y nuestras esperanzas de salvarlo habían sido pura ilusión. En el galpón, pegado a la casita verde, nos recibió Foresi. Nosotros dejamos el cuerpo de Vallejos y nos fuimos.
–¿Por qué le duele tanto?
–Porque pienso que debía haber muerto yo. Eso me quedó como una especie de cicatriz. No consigo olvidarlo del todo. Un tiempo más tarde me hice muy amigo del hermano. Ahora justo me mandó un e-mail.
–¿Cómo se creó esa relación?
–Yo estaba en Radio del Plata, en el año noventa y cuatro, y dije algo. El, que estaba de maestro en Santa Fe, me mandó una carta muy linda. Entonces yo lo fui a visitar. Charlamos muchísimo y a partir de ahí quedamos muy amigos. No pasa lo mismo con sus papás, que no me quieren para nada. Tienen todo el derecho. Lo que pasa es que los militares que no me quieren nada deben haber dicho cualquier cosa, porque yo digo lo que pienso y ellos no se bancan que nadie diga la verdad. Que hable de los estaqueados o de los abusos sexuales o de malos tratos.
–¿Había abusos sexuales?
–Un cabo, el que manejaba la comida, se acostaba con los soldados.
–¿Los muchachos aceptaban acostarse con él porque tenían hambre?
–Sí, claro. El pagaba con comida. No se puede, ya te lo dije, hablar de Malvinas. Los militares nos exigen silencio como parte de un pacto de honor. A mí con eso no. Para mí es un orgullo haberlo roto. Pienso en los seiscientos cuarenta chicos que murieron injustamente. Y pienso también en algo que me indigna, que nadie asuma la responsabilidad de esta guerra perdida. Nadie dice “perdimos”, “fracasamos”. Nadie lo dice. Eso sí, los dos de abril se hace todo el circo de “la gesta”.
–¿Se enteraron del hundimiento del “Belgrano”?
–Fue duro eso. Creo que ahí nos dimos cuenta de que la guerra no era joda. Fue el dos de mayo, a dos días de que empezaran los ataques. Cuando todo el mundo pensaba en la rendición y en la paz.
–¿Cómo se imaginaban la vuelta?
–Imaginaba que todo mi barrio me iba a recibir con pancartas, abrazos. Como a un héroe. Yo, por una promesa que había hecho, llegué de rodillas a mi casa. Cuando di vuelta a la esquina vi a mi mamá, una luz blanca y un perro ladrando.
–¿Y qué dijo el barrio?
–Yo era el loco de la guerra. Te sorprende, pero así fue.
–Hay algo que siempre me llamó la atención, una especie de marginación, a la que están sometidos los combatientes de Malvinas. ¿De qué se los acusa?
–Andá a saber. ¿Se terminó la guerra? Hay que olvidar. Estaba en plena marcha una campaña de desmalvinización. No hablar, tapar, marginar a los ex combatientes por el temor de que empezáramos a hablar. Que contáramos lo que estoy contando. El gran logro de ellos es habernos neutralizados.
–Piensa que lo lograron.
–Sí, lo pienso. No hubo todavía el debate que Malvinas merece. Este aniversario hubiera sido un buen momento para el debate.
–¿Cuál cree que debe ser el corazón del debate?
–Que los militares sabían que esta guerra se perdía. Lo supieron en cuanto vieron que la OTAN se movilizaba. ¿Cómo podían chicos con veinte días de instrucción batirse contra profesionales de la guerra que tenían el apoyo logístico de los satélites, de submarinos nucleares y de Estados Unidos?
–Vuelvo al tema del rechazo a los ex combatientes. No consigo entender. Los he visto en la calle, con muletas, pidiendo limosna.
–No se hizo nada. Ningún gobierno hizo lo que debía hacerse. Ayuda psicológica, médica, un censo para ver las situaciones de todos. Hoy las estadísticas dicen que son más los muertos por suicidio que por combate. Se dice que los suicidas son doscientos sesenta y nueve. Los muertos en combate fueron doscientos sesenta y cinco.
–¿Por qué se mataron los que se mataron?
–Porque nunca tuvieron una respuesta de la sociedad. Yo también estuve muy mal. Yo no soy una excepción. Lo que hago es correr mis fantasmas. A mí esta charla me cuesta horrores. Yo no quiero hablar más de Malvinas. Dije en el libro lo que quería y ya está. Tengo buen trabajo, familia, amigos. No estamos en el ochenta y dos. Hay que mirar adelante, apostar a la vida, pero yo también estuve a punto de suicidarme. Tuve una depresión terrible. Lo único que me decían era “callate la boca”. Y yo estaba hecho mierda. Tenía veintidós años y me preguntaba ¿qué hago?, ¿voy para acá o voy para allá? Elegí un camino que me sirvió.
–¿Qué lo sacó del pozo en el ochenta y cuatro? ¿Se enamoró?
–Nooo, si mi novia me había dejado. Estaba a punto de quebrarme y pensé: “A mí esto no me va a quebrar”. Empecé a hacer terapia. Primero individual, después de grupo. Y después escribí el libro.
–Con el libro están haciendo una película.
–Sí, Trambauer, el director que hizo la película de Borges y la de Cortázar.
–Me dijeron que en Malvinas se hizo amigo de una señora kelper que lo encontró muy abatido en el cementerio de Malvinas, junto a la tumba del soldado que murió en su lugar.
–Sí, en cuanto se pudo volver, volví. Yo trabajaba como periodista y cuando abrieron la frontera pedí para ir. Con esa señora nos conocimos en el cementerio. Fui a su casa. Un tiempo después ella vino a visitarnos a Buenos Aires. Conoció a mis hijas, se hizo amiga de mi mujer. Hemos hecho una lindísima relación. Te voy a decir algo que pasa con Malvinas. Imaginate que tenés en tu casa un poster de Yves Montand. Le ponés velas y lo mirás con ojos amorosos. Un día lo encontrás por la calle, te invita a su casa y vos decís: “No”. Volvés a tu casa y seguís con las miradas y las velitas. En estas Malvinas, las reales, las de caminar, sentir el viento, el frío. La de entrar a un café, sentarte ahí, mirar a la gente, tal vez hablar, en estas Malvinas nadie piensa. Para la mayoría las Malvinas sirven para hacer discursos en las fechas patrias y dibujos alusivos en la escuela. Tenemos que acercarnos. Los kelpers son dos mil, si un día las islas pasan a ser argentinas, ¿los vamos a matar a todos? Los militares, en lugar de intensificar una relación que existía, lo que hicieron fue poner más barreras entre ellos y nosotros.
–¿Cuántos soldados fueron a Malvinas?
–En el año ‘82 eran doce mil. Después de Menem fueron veinticuatro mil.
–¿A quién beneficiaba el cambio?
–Hoy hay hasta periodistas que cobran pensión. Este es un país kafkiano.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/sociedad/3-18239-2003-03-31.html

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CONSIGNAS 2003:

Archivado en Documentos 24 de marzo • Fecha: 24-03-2003 00:00:00

30.000 detenidos desaparecidos presentes!!
El pueblo se une en la lucha y dice:
Basta de impunidad, hambre y represión!!
No a la guerra imperialista contra Irak.

* Cárcel a los genocidas y sus cómplices.
* Anulación efectiva de las leyes de punto final y obediencia debida y de los decretos de indulto.
* Restitución de la identidad a los 500 jóvenes apropiados por el Terrorismo de Estado.
* Juicio y castigo a los responsables y ejecutores de los asesinatos y de la represión del 19 y 20 de diciembre y de las manifestaciones obreras y populares de los últimos años.
* Castigo a los responsables del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
* Libertad a los 6 presos políticos populares.
* No a la extradición de los luchadores requeridos por Italia y España.
* No a la criminalización de la protesta social
* Desprocesamiento o amnistía a los luchadores populares procesados y/o condenados.
* Basta de gatillo fácil, escuadrones y tortura en las comisarías y cárceles, cuyas víctimas ascienden a 1.500 desde 1983 a la fecha.
* Basta de patotas financiadas desde el poder para intimidar y frenar las luchas populares.
* No a la discriminación por orientación sexual e identidad de género
* Contra todo tipo de discriminación y xenofobia a los inmigrantes.
* Basta de impunidad a los responsables y ejecutores de las masacres de la Embajada de Israel y la AMIA. Repudio al juicio farsa en curso.
* Basta de represión al pueblo en lucha !!!
* No a la política de entrega al imperialismo y hambre para el pueblo.
* No al Fondo Monetario Internacional. No al pago de la deuda externa. No al ALCA.
* Que la crisis la paguen los bancos y los grandes grupos económicos. No a la licuación de sus deudas.
* Nacionalización de la banca y del comercio exterior sin indemnización.
* Reestatización sin indemnización del sistema previsional y de las empresas privatizadas bajo control de los trabajadores y usuarios.
* Remoción de la Corte Suprema corrupta.
* Basta de desocupación. Trabajo genuino para todos. Ni un sólo despido. Basta de suspensiones.
* Aumento e indexación salarial a todos los trabajadores en actividad y jubilados.
* Salario social universal para todos los desocupados.
* Defensa de todas las empresas tomadas y recuperadas por los trabajadores.
* No al desalojo de Zanon y de ninguna otra empresa recuperada.
* Contra la explotación infantil. Respeto por los Derechos del Niño.
* Vivienda para todos. Basta de desalojos. No a la ejecución de las deudas hipotecarias y a los juicios penales por usurpación.
* Salud, educación y seguridad social ya a todos los sectores populares bajo la forma pública y gratuita.
* Defensa de la educación pública y gratuita. No al ajuste y al arancelamiento universitario.
* Basta de autoritarismo y represión en la universidad. Basta de persecución a estudiantes, docentes y no docentes.
* No a la Ley Federal y a la Ley de Educación Superior.
* Defensa de la cultura nacional.
* Aumento del presupuesto para Cultura y Educación.
* No al asentamiento de bases norteamericanas en el país y a toda ingerencia militar extranjera.
* Ninguna colaboración del gobierno argentino con la guerra imperialista contra Irak
* Contra toda agresión imperialista a los pueblos oprimidos.
* Solidaridad con la resistencia del pueblo palestino.
* Solidaridad con Venezuela ante los intentos golpistas y el intervencionismo yanki.
* No al bloqueo yanki. No al voto contra Cuba en Naciones Unidas.
* No al plan Colombia. Fuera las tropas yankis de América Latina.
* Solidaridad con nuestros hermanos latinoamericanos en lucha.

CONTRUYAMOS ENTRE TODOS LA ARGENTINA SOLIDARIA CON LA QUE SOÑARON Y POR LA QUE VIVIERON, LUCHARON Y DIERON SU VIDA NUESTROS 30000 COMPAÑEROS DETENIDOS –DESAPARECIDOS Y TODOS LOS CAIDOS EN LA LUCHA POPULAR.

DECLARACION DEL 24 DE MARZO DE 2003

Estamos reunidos en esta histórica Plaza del pueblo para repudiar con la misma fuerza de siempre el golpe de Estado de 1976, que instaló la dictadura militar más sangrienta de nuestra historia. Para reafirmar nuestro compromiso militante de continuar la lucha contra la impunidad y la represión de ayer y de hoy, contra el hambre y la entrega. Y para decir NO a la guerra imperialista contra Irak.

Decimos hoy presente a nuestros 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y a todos los que dieron su vida en la lucha por conquistar una Argentina sin opresión ni explotación.

Este 24 de marzo nos encuentra en pleno ataque terrorista de Bush y sus aliados contra Irak. Desconociendo la movilización de todos los pueblos del mundo, incluso sin el apoyo de las Naciones Unidas, EE.UU. se ha lanzado a la guerra. Una guerra imperialista, una guerra por el petróleo, una guerra por cambiar el mapa del mundo y para garantizar su hegemonía.

Con esta guerra, los yanquis, Inglaterra, España y sus secuaces pretenden darnos una señal a los países y pueblos del mundo entero de que su poder no debe ser desafiado. Sin embargo, la experiencia de los pueblos que resisten, como el palestino, las de Vietnam, Cuba, Somalía y muchas otras demuestra que los imperialistas no son invencibles y pueden ser derrotados.

El genocidio ejecutado por las Fuerzas Armadas que dieron el golpe el 24 de marzo de 1976 tuvo como objetivo destruir las organizaciones populares, exterminando a los luchadores y sometiendo por el terror a todos los argentinos. Esta es una de las caras de la dictadura. La otra es la miseria planificada para el pueblo, mientras viejos y nuevos grupos económicos no cesaban de enriquecerse.

Y esta política de las clases dominantes la continúan hasta hoy los gobiernos constitucionales. El genocidio del terrorismo de Estado se continúa en el genocidio económico. Durante estos 27 años, el imperialismo, los terratenientes y los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros (especialmente financieros e industriales) han dictado las políticas económico-sociales aplicadas en nuestro país, que profundizan la crisis estructural de Argentina y agigantan la desigualdad entre los pocos que acumulan riquezas y los millones que no alcanzan ni siquiera a percibir un ingreso mínimo que les garantice la subsistencia.

La profundización del carácter entreguista y antipopular de la política económica; la reducción del salario real, el aumento de la jornada laboral, la brutal flexibilización de las condiciones de trabajo, la consolidación de la hiperdesocupación como un factor permanente, el avance en la liquidación de la salud y la educación públicas; el cierre de miles de fábricas, la concentración de la propiedad de la tierra y su creciente extranjerización, son parte de la injusta realidad que vive nuestro pueblo.

Como también lo es la impunidad con que los sucesivos gobiernos constitucionales han amparado a las fuerzas armadas, a las policías y los civiles que planificaron y ejecutaron los crímenes de la dictadura.

Contrariando la voluntad mayoritaria del pueblo, con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los indultos, el gobierno radical de Alfonsín y el justicialista de Menem les garantizaron la impunidad a los militares que planificaron y ejecutaron el horror, y a los grupos económicos que impulsaron el genocidio. Impunidad que continuó durante el gobierno de la Alianza de De la Rúa y continúa hoy el ilegítimo gobierno de Duhalde.

Esta garantía de impunidad para aquellos que desde algún lugar de poder atentan contra el pueblo les da vía libre a los que reprimen movilizaciones populares, torturan a los presos en las comisarías, asesinan a los jóvenes pobres por el sólo hecho de serlo. Y permite también que además de hacer escuela con sus sucesores, los represores de la dictadura sigan en actividad y ocupando altos cargos públicos y en las fuerzas armadas y de seguridad.

Hoy, 27 años después del golpe, nos encontramos con que Duhalde, surgido de un nuevo pacto espurio con Alfonsín, Ibarra y otros, sigue agudizando las penurias de los de abajo con su política de hambre y de sumisión nacional. Los salarios de los trabajadores pierden su poder adquisitivo al compás de la suba de precios, es cada vez más desesperante la situación de millones de desocupados, la pobreza se multiplica y la mortalidad infantil por desnutrición alcanza dimensiones inéditas. Mientras tanto, el gobierno continúa pagando la ilegítima y fraudulenta deuda externa, impone ajuste tras ajuste, pacta en condiciones humillantes con el FMI tal como se verifica en el acuerdo al que llegaron para imponer el tarifazo que favorece a las empresas de servicios públicos privatizadas y habilita la privatización de la banca pública. Son los mandatos del Fondo, de los grandes grupos económicos a los que obedece Duhalde. Por eso, indemnizó a los banqueros y les licuó la deuda a los grandes monopolios, en tanto les incautó los ahorros a los sectores medios, y los llevó a una situación cuyos alcances todavía no han podido medirse, con la profundización del "corralito", la devaluación y la pesificación.

Este gobierno intenta frenar la lucha y la organización popular con más represión. A los asesinados por los anteriores gobiernos constitucionales, a los asesinados durante la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre y a los pibes de Floresta, se sumó el 26 de junio el brutal asesinato de los compañeros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en una marcha piquetera.
Durante todo el 2002, a las marchas y puebladas contra el hambre, el gobierno respondió con palos, balas y cárcel. Así lo hizo, por ejemplo, en Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires, Capital Federal. El atentado contra Estela Carlotto y muchos otros son parte de esta escalada intimidatoria y represiva. Y continúan los fusilamientos y las muertes por el llamado "gatillo fácil", como sucedió con Ezequiel Demonty. Pero los miembros de las fuerzas de seguridad responsables de estos crímenes también tienen el amparo de la impunidad oficial. Sólo la permanente movilización popular hizo posible algunas condenas, como ocurrió hace pocos días con la prisión perpetua a que fue sentenciado el asesino de los chicos de Floresta.

Se han multiplicado las amenazas, juicios, persecuciones de todo tipo a los luchadores populares.
Se han realizado violentos operativos en el intento de desalojar empresas recuperadas como Brukman, Chilavert, Lavalan, así como predios recuperados por las asambleas populares. Hace pocos días el gobierno de Ibarra desalojó con un despliegue brutal de fuerzas represivas a los habitantes del ex Padelai. Y ahora están nuevamente amenazados de desalojo los trabajadores de Zanón. A todos les expresamos nuestra activa solidaridad.

Pese a todo esto, el pueblo le dice basta a estas políticas de hambre, desocupación, entrega, corrupción, represión, impunidad. Y nuestros 30.000 compañeros detenidos desaparecidos, los más de quinientos hoy jóvenes apropiados, los nueve niños asesinados, los más de diez mil presos políticos, los exiliados, los asesinados, los torturados, los que resistieron de las más diversas maneras a la dictadura, están presentes en todas y cada una de las luchas que recorren la Argentina. Luchas que demuestran el fracaso histórico del terror y del mandato de silencio con que la dictadura militar pretendió que su proyecto de enajenación nacional y social duraran para siempre sin que nadie se le opusiera.

Venimos de un año de lucha, que dio continuidad al Argentinazo del 19 y 20 de diciembre de 2001.
En la gran gesta de esos días, que sintetizó y superó lo que ya venía expresándose en cortes de rutas, escraches, huelgas, marchas, piquetes y puebladas, quedó demostrado que el pueblo tiene memoria; que ha hecho su balance de la dictadura, que prefirió salir a la calle antes que aceptar pasivamente el hambre y la imposición del estado de sitio, que estaba decidido a enfrentar una nueva oleada represiva. Que tampoco había olvidado las luchas obreras y populares que precedieron al golpe del 76. A las políticas del gobierno, el pueblo responde con la ampliación y profundización de sus luchas. Las multitudinarias marchas de piqueteros y las manifestaciones populares a lo largo y ancho del país, las centenares de empresas recuperadas por los trabajadores, la presencia en las calles de las asambleas populares, las nuevas conducciones sindicales combativas, son ejemplo de esta nueva situación.
También nuevos vientos de lucha recorren América Latina. Las realidades de Venezuela, Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia, Paraguay así lo expresan.

Hoy estamos nuevamente juntos en la Plaza, y desde aquí:

Llamamos a enfrentar la criminalización de la protesta social, que es utilizada como amenaza para todos aquellos que se atreven a organizarse y luchar contra el hambre y la prepotencia y que en la última década ha llevado a los Tribunales a miles de compañeros.
Exigimos la inmediata libertad de los presos políticos populares Acosta, Bertola, Felicetti, Gorriaran Merlo, Krmpotik y Quinteros.
Asimismo exigimos que se rechace la pretensión de Italia y de España para que les sean entregados y extraditados de Argentina los luchadores Bertulazzi y Lariz Iriondo.

Repudiamos toda embestida represiva contra los que luchan.

Seguimos exigiendo la nulidad de las leyes y decretos de impunidad para que se haga de una vez efectiva la cárcel para los genocidas. Denunciamos las maniobras de la Corte Suprema para mantener su vigencia. Denunciamos también el apoyo a estas maniobras por parte del vicario castrense Baseotto, y el aval explícito que le prestan sectores de la cúpula de la Iglesia.

Exigimos juicio y castigo a los responsables, ejecutores y cómplices de la masacre del 19 y 20 de diciembre y a la represión de las luchas obreras y populares de los últimos años.

Denunciamos que después de 8 años de instrucción en manos del juez Galeano y más de un año de juicio oral, en el crimen de la AMIA, la vía jurídica es impotente para esclarecerlo. Porque junto al Ejecutivo que preserva los secretos de Estado y al Legislativo que se presta a elaborar una ley antiterrorista a pedido de la SIDE, es parte responsable del entramado del encubrimiento. El Estado a través del juicio, trabaja para el cierre de la causa AMIA y para entregarla al servicio de la guerra.

Denunciamos todas las acciones que bajo diversos pretextos violan sistemáticamente nuestra dignidad y soberanía, como el asentamiento de bases norteamericanas en tierras ya cedidas en Tohuil, Tierra del Fuego, y el envío de marines a la provincia de Misiones así como el remate de nuestra Patagonia.

Manifestamos nuestra firme oposición al ALCA, que constituye un avance cualitativo en el avasallamiento de las economías latinoamericanas y en la destrucción de la soberanía de nuestros países. Luchamos por una verdadera integración solidaria de los pueblos latinoamericanos.

Expresamos nuestra activa solidaridad con Venezuela ante los intentos golpistas y el intervencionismo yanqui.

Denunciamos el Plan Colombia como plan de guerra e intervención militar del imperialismo norteamericano.

Decimos NO al bloqueo yanqui y al voto contra Cuba en las Naciones Unidas, exigimos la liberación de los cinco rehenes cubanos prisioneros en EEUU.

Repudiamos la represión y la intervención directa de los imperialistas para mantener la opresión de nuestros países y nuestros pueblos, y erigirse en sus gendarmes.


Compañeras y compañeros
Estamos hoy aquí en graves y decisivos momentos para la humanidad, conmovida por una guerra feroz que se propone la colonización de Irak y el genocidio de su pueblo. Guerra que es una amenaza para todos nosotros si no logramos parar al genocida Bush, empeñado en afirmar su hegemonía con un nuevo reparto del mundo. La causa de Irak es la causa de todos los pueblos.
Por eso expresamos nuestro repudio a la guerra, llamamos a seguir manifestándonos contra el agresor imperialista. Nos comprometemos en la solidaridad con el pueblo iraquí, que desprovisto de la sofisticada tecnología bélica de los agresores, en condiciones totalmente desproporcionadas, resiste heroicamente la invasión anglo-yanki a su tierra.

Exigimos al gobierno nacional que ningún soldado argentino sea enviado a Irak, y el inmediato retiro de cualquier forma de colaboración, aunque sea llamada “humanitaria”, que pretenda favorecer o avalar al agresor imperialista contra Irak.

Unimos hoy, 24 de marzo, en esta Plaza, nuestro repudio a la guerra con el homenaje a nuestros queridos compañeros desaparecidos, a los caídos el 19 y 20 de diciembre, a los pibes de Floresta, a Santillán y Kosteki, y a todos los mártires en la lucha por los derechos de los trabajadores y el pueblo.

Somos parte de ese torrente popular que manifestándose en las calles, las plazas y las rutas va a lograr que se vayan todos, que no quede ni uno solo. Va a lograr barrer con este poder que nos impone hambre y represión.

Estamos por construir una nueva Argentina surgida de todas las formas de lucha, una Argentina que signifique pan, trabajo, tierra, vivienda, salud, educación, justicia y libertad para todos.

Estamos por

LA ARGENTINA CON LA QUE SOÑARON Y POR LA QUE LUCHARON Y DIERON SU VIDA NUESTROS 30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS

30000 compañeros detenidos-desaparecidos: PRESENTES!! Ahora y siempre.

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Seré curioso

Archivado en Eduardo Galeano • Fecha: 20-03-2003 00:00:00

Por Eduardo Galeano

A mediados del año pasado, mientras esta guerra se estaba incubando, George W. Bush declaró que “debemos estar listos para atacar en cualquier oscuro rincón del mundo”. Irak es, pues, un oscuro rincón del mundo. ¿Creerá Bush que la civilización nació en Texas, y que sus compatriotas inventaron la escritura? ¿Nunca escuchó hablar de la biblioteca de Nínive, ni de la Torre de Babel, ni de los jardines colgantes de Babilonia? ¿No escuchó ni uno sólo de los cuentos de Las mil y una noches de Bagdad?¿Quién lo eligió presidente del planeta? A mí, nadie me llamó a votar en esas elecciones. ¿Y a ustedes?
¿Elegiríamos a un presidente sordo? ¿A un hombre incapaz de escuchar nada más que los ecos de su voz? ¿Sordo ante el trueno incesante de millones y millones de voces que en las calles del mundo están declarando la paz a la guerra?
Ni siquiera ha sido capaz de escuchar el cariñoso consejo de Günter Grass. El escritor alemán, comprendiendo que Bush tenía necesidad de demostrar algo muy importante ante su padre, le recomendó que consultara a un psicoanalista en lugar de bombardear Irak.
* * *

En 1898, el presidente William McKinley declaró que Dios le había dado la orden de quedarse con las islas Filipinas, para civilizar y cristianizar a sus habitantes. McKinley dijo que habló con Dios mientras caminaba, a medianoche, por los corredores de la Casa Blanca. Más de un siglo después, el presidente Bush asegura que Dios está de su lado en la conquista de Irak. ¿A qué hora y en qué lugar recibió la palabra divina?
¿Y por qué Dios habrá dado órdenes tan contradictorias a Bush y al Papa de Roma?
* * *

Se declara la guerra en nombre de la comunidad internacional, que está harta de guerras. Y, como de costumbre, se declara la guerra en nombre de la paz.
No es por el petróleo, dicen. Pero si Irak produjera rabanitos en lugar de petróleo, ¿a quién se le ocurriría invadir ese país?
Bush, Cheney y la dulce Condoleezza, ¿habrán renunciado realmente a sus altos empleos en la industria petrolera? ¿Por qué esta manía de Tony Blair contra el dictador iraquí? ¿No será porque hace treinta años Saddam Hussein nacionalizó la británica Irak Petroleum Company? ¿Cuántos pozos espera recibir Aznar en el próximo reparto?
La sociedad de consumo, borracha de petróleo, tiene pánico al síndrome de abstinencia. En Irak, el elixir negro es el menos costoso y, quizás, el más cuantioso.
En una manifestación pacifista, en Nueva York, un cartel pregunta: "¿Por qué el petróleo nuestro está bajo las arenas de ellos?"
* * *

Estados Unidos ha anunciado una larga ocupación militar, después de la victoria. Sus generales se harán cargo de establecer la democracia en Irak. ¿Será una democracia igual a la que regalaron a Haití, la República Dominicana o Nicaragua? Ocuparon Haití durante diecinueve años y fundaron un poder militar que desembocó en la dictadura de Duvalier. Ocuparon la Dominicana durante nueve años y fundaron la dictadura de Trujillo. Ocuparon Nicaragua durante veintiún años y fundaron la dictadura de la familia Somoza.
* * *

La dinastía de los Somoza, que los marines habían puesto en el trono, duró medio siglo, hasta que en 1979 fue barrida por la furia popular. Entonces, el presidente Ronald Reagan montó a caballo y se lanzó a salvar a su país amenazado por la revolución sandinista. Nicaragua, pobre entre los pobres, tenía, en total, cinco ascensores y una escalera mecánica, que no funcionaba. Pero Reagan denunciaba que Nicaragua era un peligro; y mientras él hablaba, la televisión mostraba un mapa de Estados Unidos tiñéndose de rojo desde el sur, para ilustrar la invasión inminente. El presidente Bush, ¿le copia los discursos que siembran el pánico? ¿Bush dice Irak donde Reagan decía Nicaragua?
* * *

Títulos de los diarios, en los días previos a la guerra: "Estados Unidos está pronto para resistir el ataque".
Record de ventas de cintas aislantes, máscaras antigases, píldoras antirradiaciones... ¿Por qué tiene más miedo el verdugo que la víctima? ¿Sólo por este clima de histeria colectiva? ¿O tiembla porque presiente las consecuencias de sus actos? ¿Y si el petróleo iraquí incendiara el mundo? ¿No será esta guerra la mejor vitamina que el terrorismo internacional está necesitando?
Nos dicen que Saddam Hussein alimenta a los fanáticos de Al-Qaida. ¿Un criadero de cuervos para que le arranquen los ojos? Los fundamentalistas islámicos lo odian. Es satánico un país donde se ven películas de Hollywood, muchos colegios enseñan inglés, la mayoría musulmana no impide que los cristianos anden con la cruz al pecho y no es muy raro ver mujeres con pantalones y blusas audaces.
No hubo ningún iraquí entre los terroristas que voltearon las torres de Nueva York. Casi todos eran de Arabia Saudí, el mejor cliente de Estados Unidos en el mundo. También es saudí Bin Laden, ese villano que los satélites persiguen mientras huye a caballo por el desierto, y que dice presente cada vez que Bush necesita sus servicios de ogro profesional.
* * *

¿Sabía usted que el presidente Eisenhower dijo, en 1953, que la "guerra preventiva" era un invento de Hitler? Dijo: "Francamente, yo no me tomaría en serio a nadie que me viniera a proponer una cosa semejante".
* * *

Estados Unidos es el país que más armas fabrica y vende en el mundo. Es, también, el único país que ha arrojado bombas atómicas contra la población civil. Y siempre está, por tradición, en guerra contra alguien. ¿Quién amenaza la paz universal? ¿Irak?
* * *

¿Irak no respeta las resoluciones de las Naciones Unidas? ¿Las respeta Bush, que acaba de propinar la más espectacular patada a la legalidad internacional? ¿Las respeta Israel, país especializado en ignorarlas? Irak ha desconocido 17 resoluciones de las Naciones Unidas. Israel, 64. ¿Bombardeará Bush a su más fiel aliado?
* * *

Irak fue arrasado, en 1991, por la guerra de Bush padre, y hambreado por el bloqueo posterior. ¿Qué armas de destrucción masiva puede esconder este país masivamente destruido?
Israel, que desde el '67 usurpa tierras palestinas, cuenta con un arsenal de bombas atómicas que le garantizan la impunidad. Y Pakistán, otro fiel aliado que además es un notorio nido de terroristas, exhibe sus propias ojivas nucleares. Pero el enemigo es Irak, porque "podría tener" esas armas. Si las tuviera, como Corea del Norte proclama que las tiene, ¿se animarían a atacarlo?
¿Y las armas químicas y biológicas? ¿Quién vendió a Saddam Hussein las cepas para fabricar los gases venenosos que asfixiaron a los kurdos, y los helicópteros para arrojar esos gases? ¿Por qué Bush no muestra los recibos?
En aquellos años, guerra contra Irán, guerra contra los kurdos, ¿era Saddam menos dictador de lo que es ahora? Hasta Donald Rumsfeld lo visitaba en misión de amistad. ¿Por qué los kurdos son conmovedores ahora, y antes no? ¿Y por qué sólo son conmovedores los kurdos de Irak, y no los kurdos mucho más numerosos que sacrificó Turquía?
* * *

Rumsfeld, actual secretario de Defensa, anuncia que su país usará "gases no letales" contra Irak. ¿Serán gases tan poco letales como esos que Putin usó, el año pasado, en el teatro de Moscú, y que mataron a más de cien rehenes?
* * *

Durante unos cuantos días, las Naciones Unidas cubrieron con una cortina el Guernica de Picasso, para que esa desagradable escenografía no perturbara los toques de clarín de Colin Powell. ¿De qué tamaño será la cortina que esconderá la carnicería de Irak, según la censura total que el Pentágono ha impuesto a los corresponsales de guerra?
* * *

¿Adónde irán las almas de las víctimas iraquíes? Según el reverendo Billy Graham, asesor religioso del presidente Bush y agrimensor celestial, el Paraíso es más bien chico: mide nada más que mil quinientas millas cuadradas. Pocos serán los elegidos. Adivinanza: ¿Cuál será el país que ha comprado casi todas las entradas?
* * *

Y una pregunta final, que pido prestada a John Le Carré:
–¿Van a matar a mucha gente, papá?
–Nadie que conozcas, querido. Sólo extranjeros.

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Lo inevitable

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 18-03-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

Lo inevitable suele ser inevitable, entre otras cosas, porque nadie lo evita. Esa es la media batalla ganada de lo inevitable: ser, por definición, imposible de evitar. Lo inevitable es un muro, un abismo, una aplastadora de conciencias, una picadora de voluntades, el punto sobre la i de la palabra fin, una película cuyo guión empieza por el desenlace. Hay cosas que se nos muestran como inevitables porque mostrándose así se hacen todavía más inevitables. Lo inevitable acobarda, arrincona, desalienta.
Vivimos en un país salido de control, en un país periférico que no le importa a nadie, un detalle en un mundo a punto de salirse de control. Otra vez los diarios dan cuenta de millones de personas en América y Europa desmarcándose de lo que está por suceder. Está por empezar una guerra inevitable pero esa guerra significará, además de los muertos inevitables, la instauración de un nuevo orden inevitable. Nadie sabe qué quiere decir exactamente todo eso, pero esos millones de personas lo sospechan: cuando esa guerra termine, con Saddam Hussein fuera de juego y un gobierno más –uno más– asumiendo en un país exótico sostenido por el Gran Dedo norteamericano, este siglo flamante inaugurará su nueva naturaleza contra natura. La lógica del enemigo potencial dominará tácticas y estrategias, y de eso los argentinos con más de cuarenta años podemos dar testimonio. Un enemigo en potencia es cualquiera. Quien moleste, quien se oponga, quien resista. Si esta guerra empieza y termina como es predecible, inevitablemente la presión cultural, política y psicológica del ganador se impondrá ejemplificadora sobre el resto del planeta.
Probablemente esta guerra sea de verdad inevitable, por eso es bueno preguntarse qué hacer ante lo inevitable, pensar un poco cuánto, por qué, para qué y de qué modo sirve tomar posición ante lo que es o se supone, en este caso, políticamente inevitable.
La primera sensación es la de una infinita soledad, una soledad inmensamente colectiva. El muro de lo inevitable es demasiado alto, el abismo de lo inevitable es demasiado profundo, no se puede con ello, no tiene caso querer saltar ni animarse a caer. ¿Millones de personas marchando convencerán a Bush de que está solo? No. Lo inevitable saca ese primer rédito: quien está a punto de actuar lo inevitable se reserva el control, la fantasía de la representación, ha tomado de rehenes las palabras que designan sus actos y es él quien nombra, como el Dios bíblico, todas las cosas. Democracia es esto. Libertad esto otro.
También aquí, tan pequeños, tan lejos, tan sin gracia, nos han tendido la trampa de lo inevitable. No es una guerra lo que está en puerta, sino las elecciones presidenciales más desangeladas de las que se tenga memoria. Vencidas las ilusiones populares de higiene política y moral, vino al galope, apantallada por unos cuantos medios, pagada por un puñado de canallas, la noción de lo inevitable. Ahí los tenemos, detrás de algunos canales, detrás de algunos diarios, manejando el aparato, haciendo sus operaciones, usando a los taxistas porteños de portavoces ad honorem, sentando las bases de la continuidad inevitable. No se fueron, no se van, no se irán. Son inevitables. Cualquier estrategia electoral que no los tome en cuenta se presenta (la han logrado presentar) como “no sustentable”. Cualquiera que no sea uno de ellos “cae en tres meses”. ¿No escucharon por lo menos a tres buenas personas argumentar algo de esto en las últimas semanas? Lo “no sustentable” quiere decir que lo “sustentable” es lo de siempre. O sea, que la pandilla conocida es miserable, es cierto, pero es inevitable. Han conseguido, nuevamente, que suene razonable, inteligente, casi, darlos por hecho. Vienen con la Argentina como los cuatro climas. Quien diga lo contrario es romántico o necio.
Por eso parece sensato reflexionar cómo, para qué, por qué y de qué modo uno debe pararse ante lo inevitable. ¿Rendido? Sueñan con eso. Esa es la gracia de lo inevitable: hay que rendirse ante lo que no se puede modificar.
Los millones de personas que este sábado volvieron a marchar contra la guerra saben que no convencerán a Bush de que está solo. Saben que a Bush estar solo lo tiene sin cuidado. No marchan para eso. En Estados Unidos la consigna que nuclea la oposición a la guerra es “Not in our name” (No en nuestro nombre), que este fin de semana reapareció en varias pancartas de la manifestación de Madrid: “Maten, pero no en mi nombre”. Una síntesis perfecta de este asunto: desmarcarse. Alguien dice: lo que suceda, sucederá sin mí. Si no puedo evitar lo que vendrá, no abandono mi conciencia a la conciencia de no poder evitarlo.
Me viene a la cabeza, desde el túnel casi vergonzante (que sea vergonzante es otra victoria de ellos) de mis cuadernos psicobolches, una frase de Mario Benedetti que decido resucitar: “Uno no siempre puede hacer lo que quiere, pero siempre tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”.

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Patti-Velaztiqui

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 15-03-2003 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Ya nos estamos acercando a las soluciones. Mientras se apalea al vecindario de Padelai y se desaloja a patadas y rodillazos a los vendedores ambulantes de Retiro, se preparan los candidatos que supimos conseguir. Es una delicia oír al candidato Patti por radio. Firmeza, dureza, preparado a todo. Ah, macho. Es lo que necesitábamos. Ya van a ver cómo la urna se le va a llenar de votos. Y si no que lo diga la escritora Poldy Bird. Fue un gusto escuchar a la señora intelectual verdaderamente soñar por micrófono con el subcomisario. Se fue entusiasmando, se arrellanaba en algo blando porque le salían pequeños grititos de satisfacción y la palabra clave: seguridad, seguridad. “Con Patti por fin lograremos seguridad” y se le escapaban risitas que demostraban su confianza en ese subcomisario del gatillo fácil, sí, pero querible. No pregunta antes de disparar, dispara. Y disparó en la forma más brutal y asesina contra dos prisioneros políticos a los cuales antes les habían hecho probar lo que puede una picana, un puño, una trompada, una patada en los testículos, un palazo en el rostro, un palo de punta allí mismo. Lo salvó la Obediencia Debida y el Punto Final, si no hoy estaría detrás de las rejas por los siglos de los siglos. Ese es Patti, nuestro gobernante con más futuro. Nos habló la escritora, modulando la voz que caía en bajos romanticistas y agudos de algarabía, que en Escobar, donde Patti gobierna, se acabaron los negros, los chorritos, los pedigüeños, los macaneadores, los marxistas, los anarco-revolucionarios, los piojos, los mosquitos y las cucarachas. Patti, Patti. Se asoma el sol. Oíd mortales el grito: Patti, Patti, gobernador, gobernador.
Después de escucharlos a Patti, y a la señora Poldy Bird, ya no quedan dudas cartesianas. La fuerza, sí, la violencia es la única razón. Patti, Patti, es como si se gritara el nombre del club favorito. Ya está. (Es un tierno, todos recuerdan emocionados cuando dijo públicamente: antes de interrogar a un chorro, le doy una patada en el traste. Qué fino ese señor. Fíjese qué palabras de diccionario, palabras de sociedad fina, del té a las cinco de la tarde en el country. Hasta los chorros en Escobar tienen traste y no culo.)
Es una pena que el sargento Juan de Dios Velaztiqui haya sido condenado, pero confiemos en que Jaunarena y Alfonsín propongan otra Obediencia debida y Punto Final. Porque los méritos son iguales. Patti con una ráfaga terminó con los prisioneros en tiempos de la Desaparición de Personas. Velaztiqui, con precisos balazos terminó con tres muchachos al parecer maleducados, en cuestión de segundos. ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué uno gobernador y el otro cárcel? Además Velaztiqui le lleva la ventaja a Patti de que es de la Federal. Un escalón superior. Ese dúo dejaría limpio no sólo Escobar, la zona de los countries, sino, seguro, todo el Barrio Norte, Martínez, San Isidro y mucho más, mucho más donde nuestra clase “acomodada” (lindo término, suave) va a descansar. Estamos seguros de que descubrirían enseguida que quien mató a María Marta fue un vendedor de helados de origen coreano. Patti-Velaztiqui Juan de Dios, un predestinado con ese nombre, traerían tranquilidad para que el capital extranjero vuelva a derramar sus bendiciones en suelo argentino, principalmente en la Patagonia.
Pero si con ellos no va, lo tenemos a Rico, teniente coronel de la Nación. Claro, ya es otra cosa. Rico es del Ejército argentino y no de la Bonaerense como Patti. Pongamos las diferencias. Sólo en este bendito país argentino un militar que dio un golpe contra la democracia puede ser ahora candidato de la democracia. Tenemos originalidades. Rico no sólo se levantó contra el gobierno constituido sino que además es el culpable de la muerte de un soldado y el que obligó a Alfonsín a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y hoy es candidato de la democracia. Sí,somos los dueños del realismo mágico, o somos los eternos candidatos a la cachetada.
Rico-Patti, o Patti-Rico, sería la formula ideal, por lo menos para los countries. Pero últimamente está surgiendo otro nombre para acompañar la fórmula al teniente coronel del ejército de San Martín. Se llama Gastón Gabriel Somohano, y fue el oficial de la Policía Federal que –con otros doce miembros del cuerpo– obligó a tirarse al Riachuelo a tres muchachos, quienes al parecer estaban haciendo ruido en la noche. Después de darles una paliza feroz, y de robarles treinta pesos que llevaban en sus bolsillos, los arrojaron a las aguas del Riachuelo y así pereció Ezequiel Demonty. Antes de empujar a Ezequiel, el oficial Somohano le gritó: “¡No me mirés negro de mierda!”, una típica frase de nuestras organizaciones policiales para ayudar a disciplinar esta sociedad. Creemos que Somohano, por su fuerza de decisión, podría acompañar a Patti o a Rico. O mejor, el padre del oficial Somohano, el comisario Osvaldo Somohano, que fue jefe de la Bonaerense, y que tiene un libro filosófico sobre la represión, editado nada menos que por la editorial Santiago Apóstol, donde sostiene este principio fundamental de la ética argentina: “Cuando hay represión es porque hay un motivo fundado”. Claro, fundamental, es como aquel principio famoso de “Yo tiro primero y después pregunto”. Somohano en su libro sostiene esta verdad de a puño que Patti y sus admiradores ya están poniendo en su lugar. Dice: “En principio, las autoridades del gobierno (después de 1983) nos quisieron arrancar el orgullo de ser policías y haber participado en acciones heroicas en defensa de la patria. Nos presentaron ante la sociedad como asesinos, perseguidores de trabajadores y hasta secuestradores de niños”. Qué injustos. Pero que no se queje, los radicales inmediatamente aprobaron Obediencia Debida y Punto Final para los desaparecedores.
Un hombre que escribe como el comisario Somohano tiene futuro político en tierras argentinas. Porque dentro de todo fueron los uniformados quienes hicieron desaparecer a los perturbadores y defendieron el sistema de Martínez de Hoz.
Señoras y señores, ciudadanos, voten por Patti-Velaztiqui o por Rico-Somohano, y podrán vivir tranquilos. Sólo así se acabará la joda. Y se podrá vivir bien en los countries. De ahí va a surgir el movimiento renovador en la Argentina. Y si no pregúntenselo a la intelectual Poldy Bird, quien enseña a nuestros niños.
Pero claro, no nos olvidemos que también lo tenemos a Menem –socio electoral de Patti–, quien acaba de matar en Santiago del Estero a un ciervo de una cornamenta de 36 guampas. Somos campeones mundiales también en eso. Imbatibles. El mismo Menem dijo al día siguiente ante empresarios y custodias: “Voy a saturar la Argentina de fuerzas de seguridad”. Claro, es la máxima filosofía, ya lo decía Sócrates en sus libros.
Tuve aquí que interrumpir la nota porque me tocaron el timbre. Es un pibito bien morocho de unos cinco años, que me mira con unos ojazos bien del Norte y me dice: “Papel, cartón”.
Entre los diarios viejos que le llevo, uno anuncia la superbomba de George W. Bush, la HPM que puede freír cualquier aparato eléctrico en cientos de metros a la redonda. Hasta los hospitales van a pagar las consecuencias.
Poldy Bird debe haber tenido una sensación terminal de gozos paradisíacos.
Bush, Menem, Patti, Rico, Somohano, Velaztiqui, una sola línea. Seguridad.
Los niños argentinos tocan el timbre para pedir papel.

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A qué jugamos

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 09-03-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

Dicen que Maradona, en su época dorada, sabía antes que ningún otro hacia dónde iba a ir la pelota. Anticipaba. La anticipación era una de sus grandes virtudes como jugador. Saber jugar a cualquier cosa implica conocer y aceptar las reglas del juego, se las respete o no. Desde la sociología vienen un par de nociones que explican los juegos colectivos. Illusio, interés: las dos, usadas de este modo, remiten a un baño de inmersión: ése en el que cada uno está metido –según su vocación, su profesión, su instrucción, sus hábitos–, inmerso a su vez en un ensueño colectivo, que nos hace tomar por “naturales” artificios como las instituciones o la política. Illusio, por ejemplo, que lleva directamente a la palabra ilusión, tiene su raíz en ludus (juego). Pierre Bourdieu la trabajó como si significara “estar en el juego, creer que vale la pena jugar”. Interés se desliza desde su etimología de inter-esse (¿parezco Grondona?) a “formar parte” o “participar”: es decir, creer que el juego es relevante. Ilusionados o interesados, ambos términos nos hablan de gente inmersa, gente arrobada, bajo influencia: complejos sistemas de creencias, intrincados laberintos de sobreentendidos, sofisticadas articulaciones de ideas y acciones se ponen diariamente en marcha protagonizadas por personas que juegan un juego social.
Lo decimos las mujeres cuando nos tocan hombres futboleros: ¿tanto lío por once tipos contra otros once detrás de una pelota? Estamos fuera del influjo, fuera de la inmersión. El futbolero, aunque sea espectador, está jugando. Hay juegos académicos, juegos de seducción, juegos de éxito, juegos amistosos, juegos intelectuales, juegos eróticos, juegos –ya llegamos, ya llegamos– políticos. Cuando se juega, todo importa. Cada señal, cada dato, cada gesto, cada objeto, cada detalle. Basta salirse, y se rompe el hechizo, y lo apasionante es aburrido, lo atractivo es vulgar, lo urgente es nimio, lo feroz es nada.
Bourdieu, que si hubiese sido argentino seguramente hubiera usado a Maradona para sus ejemplos, prefirió ilustrar sus pensamientos con el tenis. En Razones prácticas indica que mientras se está bajo el influjo de la illusio se vive como evidente aquello que cuando se está afuera de ese estado es apenas ilusión, banalidad o absurdo. Y agrega que los mejores jugadores son como los primeros en el ranking del tenis: juegan lo suficientemente bien como para ubicarse no donde está la pelota sino donde va a caer: se colocan no donde aparentemente está el beneficio, sino donde estará.
En política, saber jugar equivale a ajustarse a una serie de nociones ya legitimadas por los espectadores, o sea el electorado.
-Estoy trabajando por mi país. Es hora de renunciamientos personales.
-Soy un enamorado de la Argentina. Vamos a salir adelante.
-Este país tiene solución. Juntos la vamos a encontrar.
-Los graves problemas que acechan al país obligan a dejar de lado el internismo.
-Estoy comprometido con el cambio.
-Vamos a gobernar con equipos. Solo de esto no sale nadie.
-Hay que mirar adelante. Vamos a despegar.
¿Qué candidato podría haber dicho alguna o todas estas frases? Cualquiera. ¿Y con que oídos escuchan los espectadores del juego estas palabras? Todavía, en muchos casos, con los oídos de la illusio, pero muchos, por primera vez, con los oídos de quienes han salido del hechizo –muchos no han salido: han sido expulsados– y ya no juegan más. Mientras todavía se está inmerso en el juego, hay mentiras que pasan por verdades. “Estoy trabajando por mi país. Es hora de renunciamientos personales”, por caso, no significa absolutamente nada. Y los que escuchan eso lo saben. El juego indica que hay que decir ese tipo de cosas y que hay que escucharlas como si significaran algo.
Desde el punto de vista de quienes juegan adentro o afuera del campo de la política tal como lo hemos construido en conjunto, por ejemplo, y más allá de las posiciones personales, hay un consenso subterráneo acerca de lo que implica jugar bien o jugar mal. Y es desde ese punto de vista del hechizado, del arrobado, del integrado, que un hombre como Daniel Scioli es mucho mejor jugador que otro como Chacho Alvarez, que no sólo no anticipó dónde iba a caer la pelota sino que además permitió que la pelota lo desnucara políticamente. Quienes están bajo el influjo de la illusio pueden disculpar la mentira, el cinismo, el oportunismo, incluso la corrupción. El mal cálculo, jamás. “Si esos engaños que no engañan a nadie son aceptados por los grupos con tanta facilidad es porque contienen una declaración incuestionable del respeto por la regla del grupo.” Si Menem sigue siendo Menem, con lo que ese apellido tiene de potente o de execrable para tantos, es porque encarna a la perfección el juego fantasmático argentino. Las reglas de ese juego indican que públicamente hay que decir que se está a favor del juego limpio, pero que íntimamente hay que reconocer la viveza del que hace el gol con la mano.
Nos quejamos de la política y de los políticos. Pero aun quejándonos, aun rabiosos, muchos seguimos siendo espectadores del viejo juego y de sus reglas, y aun oponiéndonos a ellas seguimos en el juego cuando al cínico lo vemos como pícaro y al mentiroso como hábil. El camino hacia otro juego –y otras reglas– está plagado de trampas cazabobos: incluso la crítica al sistema, incluso estas palabras están escritas con un pulso solamente a medias liberado de lo que todos llevamos tatuado en lo profundo. El interés en el juego le da sentido a la vida. Pero a qué, y de qué modo, es la cuestión.

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Dos locas

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 05-03-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

Probablemente parte de su extravío hayan sido los vínculos que terminaron enloqueciéndolas. Probablemente, porque nunca lo sabremos; ellas ya habían iniciado el lento camino a ese extravío cuando, en estos dos casos, el de Marta Meza y el de Lourdes Di Natale, entraron al estrecho pasillo del poder con mayúsculas por la vía femenina más previsible, la del amor.
Una tuvo un esbozo de carrera política al amparo de quien la había abandonado y le había dejado el hijo al que se negaba a reconocer; la otra tuvo un arranque de honor cívico salpicado con venganza pasional y económica cuando decidió denunciar a su ex jefe, Emir Yoma, cliente del padre de su hija. Las dos fallaron en sus intentos, probablemente porque ya estaban extraviadas cuando eligieron el altar en el que encender sus velas amorosas: Marta Meza y Lourdes Di Natale se internaron por sus propios medios en el túnel de lo siniestro. Si lo siniestro es, como dice Freud, lo familiar cuando se vuelve amenazante, estas mujeres se enamoraron, quedaron embarazadas, parieron e hicieron nido psíquico con hombres que eran trampas. Nada en la relación entre Carlos Menem y Marta Meza o en la de Mariano Cúneo Libarona con Lourdes Di Natale debe haber tenido nunca el gusto dulce de aquello con lo que las mujeres más sabias o más en sus cabales se permiten soñar. Ser madres de los hijos de esos padres debe haber sido la primera señal del extravío.
Pero tampoco debe ser casual que de los núcleos más opacos del poder hayan salido estas dos mujeres arrasadas por sus propios actos. En la cabeza de Marta Meza y en la de Lourdes Di Natale es posible inferir algún crac, un momento, una chispa de lucidez y la visión terrible del grado de sus propias equivocaciones, la alquimia inversa del oro en barro, la conversión del presunto amor en odio declarado.
Y a la manera de las locas de siempre, esas locas prototípicas que nos regala esta cultura cuando las mujeres deciden un cambio de timón, salir a la calle, decir lo que saben, arremeter, explotar de ira, quemar las naves, a ninguna de las dos le alcanzó la energía para vengar sus pasados. No se sabe exactamente cómo o por qué murieron, pero sí, en ambos casos, la depresión profunda precedió a la muerte. Dos quebradas, dos arrepentidas, dos equivocadas, dos peregrinas en una procesión que sólo admite almas a prueba de escrúpulos.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-17232-2003-03-05.html

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Matar la poesía

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 01-03-2003 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Al salir de Europa algún fantasma nos espía. Es la sensación de la guerra. Todos estamos seguros de ella y sin embargo la esperanza trata de ahogar completamente al miedo. En el aeropuerto de Francfort encuentro el libro Dime que me amas, las cartas de amor de Marlene Dietrich y Erich Maria Remarque. No puede ser, me digo, no puede ser, me doy cuenta que no voy a dormir en el viaje. Que voy a estar despierto lleno de melancolías y esperanzas. Los dos más grandes pacifistas de mi niñez; ella, desafiando a todos los nazis. El, el autor del libro antibélico por excelencia, Sin novedad en el frente. La historia de un estudiante enviado al frente. Donde es testigo de todo lo horrible, de la ferocidad y la estupidez de lo militar. Ese estudiante morirá en los últimos días de la guerra. El autor escribirá sencillamente: “Cayó muerto en octubre de 1918, en un día en que el frente se mostraba tranquilo y sin movimiento. Tanto es así que el comunicado oficial del comando del ejército sólo decía: ‘Sin novedad en el frente’”. Las lágrimas de niño. El sollozar con voz ronca de pura impotencia, dolor, rabia.
Los dos enamorados hicieron sólo dos cosas maravillosas en su vida: el escritor, ese libro Sin novedad en el frente, a quien Hitler lo denominó el peor de los escritos en alemán y lo hizo quemar en plaza pública, mientras Erich Maria Remarque, el tímido, debió exiliarse en el exterior. Y Marlene Dietrich fue protagonista de esa película inolvidable para todos, El ángel azul. Se supo que Hitler la denominó su actriz preferida y sin embargo ella se quedó en Estados Unidos, aun sabiendo que ahí se acababa su vocación de berlinesa bien rea. Los dos, el escritor talentoso y tímido y Marlene, la amada por todos, se encontraron en Europa, se amaron hasta el delirio, se enviaron cartas que hoy siempre siguen siendo verdaderos poemas. Ella firmaba sus cartas con el seudónimo “El puma”. Y él la denominaba siempre así, “mi puma”. En las noches del encuentro, el puma se devoraba por entero al tímido y sensible escritor. Mientras duró la amistad celestial entre los dos, el puma tuvo nueve amantes, todos actores y actrices de primera línea. Pero él, cuando se encontraba con ella en los lugares más inverosímiles, recibía ojos de poeta enamorado y moría devorado. Todo lo que escribió después Erich Maria Remarque no puede ni compararse con la épica de Sin novedad en el frente. Todo lo que filmó Marlene Dietrich en Estados Unidos sirvió sólo para ser olvidado. Salvo sus canciones. Cuando cantaba en reo berlinés, los espectadores hombres dejaban de hablar con sus mujeres y se divorciaban. A los dos seres del arte siempre los unía la paz entre los pueblos y el antirracismo. Leer Sin novedad en el frente y escuchar a Marlene en “Dime dónde están las flores”, a todo ser sensible lo conmueve y lo mueve a creer en la paz y el abrazo entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Hoy, con la guerra de Bush y la cobardía de los bufones gratuitos cuentan más que nunca los versos de la canción de Marlene cuando al final de la última guerra cantaba con una tristeza llena de enorme melancolía y sed de justicia a los jóvenes que marcharon a la guerra y fueron despedidos con flores por emocionadas muchachas:

Dime dónde están las flores
Dónde finalmente quedaron,
Dime dónde están las flores
Dime lo que sucedió
Dime dónde están las flores
que las jóvenes cortaron tan rápido
¿Cuándo podremos comprenderlo?
Cuándo podremos comprenderlo

Dime dónde quedaron las jóvenes
Sí, dónde quedaron
Dime dónde están las jóvenes
¿Qué es lo que sucedió?

Dime dónde están las flores
Los hombres las recogieron rápido.
¿Cuándo lo podremos comprender?
¿Cuándo lo podremos comprender?

Dime, ¿dónde están los hombres?
¿Por qué no regresaron?
¿Dime qué es lo que sucedió?
¿Dime qué es lo que pasó?

Dime dónde están los hombres
Que partieron cuando comenzó la guerra
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están los soldados
Dime lo que les sucedió
Dime dónde quedaron
Dime dónde quedaron.

Dime dónde han quedado
Dónde el viento sopla en sus tumbas
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están las tumbas
Dime dónde quedaron
Dime lo que sucedió
Dime lo que les sucedió

Dime qué pasa en verano
Cuando la brisa mece las flores
¿Cuándo podremos comprender?
¿Cuándo podremos comprender?

La voz se pierde, como un poema que no tiene fin. Ya marchan nuevos soldados. Ojalá que a ellos no les cante nadie. Ni haya mujeres jóvenes que les entreguen flores. Ellos van a matar. A matar las flores, la vida. ¿Dime, cuándo podremos comprender? ¿Por qué el hombre mata, quiere matar, le pagan por matar y sigue matando? Dime, ¿cuándo podremos comprender?

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-17080-2003-03-01.html

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