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Poetas en movimiento

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 20-02-2003 00:00:00

Por Juan Gelman

La Primera Dama estadounidense Laura Bush puede ostentar el mérito de haber ensanchado rápidamente el campo pacifista en su país: en sólo 20 días hasta ayer logró que 9600 poetas escribieran 10.817 poemas y comentarios condenando la guerra contra Irak. Para lograr este éxito sin duda inesperado, a Mrs. Bush le bastó cancelar el simposio que se iba a realizar en la Casa Blanca el 12 de febrero para analizar –con el aporte de poetas famosos– las obras de Emily Dickinson, Langston Hughes y Walt Whitman. La reunión era una más de las veladas literarias que la señora organiza, pero el aire está belicoso por allí y varios invitados anunciaron que la convertirían en una sesión de protesta contra la guerra.
El poeta y cofundador de la prestigiosa editorial Copper Canyon Press Sam Hamill sintió “una especie de náusea” cuando recibió la invitación un día después de que Bush hijo amenazara a Irak con una destrucción semejante a la que sufrieron Dresde y Tokio en la Segunda Guerra Mundial. Escribió entonces a un pequeño grupo de colegas proponiendo reconstituir el movimiento de Poetas contra la guerra que nació cuando Vietnam e invitándolos a enviar poemas a la página web www.poetsagainstthewar.org. El resultado fue arrollador. El 12 de febrero, fecha del simposio suspendido, una delegación del movimiento llevó a cabo una lectura de poesía frente a las puertas de la Casa Blanca y trató de entregar una declaración contra la guerra que fue rechazada. Hubo más de 160 lecturas ese día en cafés, librerías, iglesias y universidades de casi todos los estados del país.
Grandes poetas como Lawrence Ferlinghetti, Mark Strand, John Balaban, Gregory Orr, Rita Dove, Adrienne Rich, Grace Paley y el actual poeta laureado Billy Collins –autor de una obra más bien intimista y que nunca había adoptado una postura política– se han sumado al movimiento; también W.S. Merwin, ganador del Pullitzer, quien señaló: “El Sr. Bush y sus planes son para EE.UU. un peligro mayor que Saddam Hussein”. Los poemas del sitio abordan la situación de diferente manera, claro. Sam Hamill, detonante del movimiento –autor de trece volúmenes de poesía y de notables traducciones del latín, griego clásico, japonés, estonio y chino-, escribe en “Estado de la Unión 2003”, título del discurso de Bush que anticipó sus náuseas: “No estuve en Jerusalén,/pero Shirley habla de las bombas./No tengo dios, pero he visto a los niños rezar/para que eso acabe. Rezan a dioses distintos./Todas las noticias son viejas otra vez, repetidas/como una mala costumbre, tabaco barato, la mentira social./Los niños han visto tanta muerte/que la muerte nada ya significa para ellos./Hacen fila para el pan./Hacen fila para el agua./Sus ojos son lunas negras que reflejan vacíos./Los hemos visto mil veces./Pronto hablará el presidente./Tendrá algo que decir sobre bombas/y libertad y nuestro estilo de vida./Apagaré el televisor. Siempre lo hago./Porque no soporto mirar/los monumentos al caído en sus ojos”.
Lawrence Ferlinghetti, primer poeta laureado de EE.UU. (1998) y siempre beat a los 80 de edad, adopta en “Tomar posición sobre Irak: hablen claro” un tono incitador casi de letanía: “Y una vasta paranoia barre el país/Y Estados Unidos convierte el ataque contra sus Torres Gemelas/En el comienzo de la Tercera Guerra Mundial/La guerra con el Tercer Mundo/Y los terroristas en Washington/llaman a filas a todos los jóvenes/Y nadie habla/Y se llevan a todos los que usan turbante/Y expulsan a todos los inmigrantes raros/Y envían a todos los jóvenes/a los campos de muerte otravez/Y nadie habla/Y cuando acorralen/a todos los grandes escritores y poetas y pintores/La Fundacional Nacional de las Artes de la Complacencia/no hablará/Mientras todos los jóvenes/estarán matando a todos los jóvenes/en los campos de muerte otra vez/Y ha llegado el tiempo de que ustedes hablen/Todos ustedes amantes de la libertad/Todos ustedes amantes de la búsqueda de la felicidad/Todos ustedes amantes que duermen/profundamente en sus sueños privados/Ha llegado el tiempo de que hablen/Oh mayoría silenciosa/Antes de que vengan por ti”.
El movimiento no se limita a EE.UU. El poeta canadiense Todd Swift no empeñó más de una semana en compilar Cien poetas contra la guerra. El volumen contiene textos de unos 25 poetas de Gran Bretaña y de Irlanda. Y a la página electrónica de “Poets against the war” afluyen poemas enviados desde Noruega, Australia, Jordania, Alemania, Francia, España, Suiza, Argentina, Turquía, Sudáfrica o desde el mero “Planeta Tierra”. Nunca antes el mundo poético había sido levantado por semejante marea pacifista. El mundo a secas tampoco. Estos poetas no se engañan sobre el motivo de la guerra anunciada. “Cráteres de bombas/sangrando oro negro./El calor”, dice un haiku de Alice Benedict, Richmond, California.

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Mamíferos

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 19-02-2003 00:00:00

Por Sandra Russo

“Es nuestro conflicto de mamíferos: lo que dar a los demás y lo que conservar para nosotros. No traspasar esa línea, contener a los demás y ser refrenado por ellos, es lo que llamamos moral.” Eso dice Ian McEwan en su novela Amor perdurable. En unas apacibles colinas de las afueras de Londres, donde el protagonista y su mujer han ido a almorzar en un reencuentro romántico, sobreviene una tragedia: un globo aerostático fuera de control está a punto de estrellarse con un abuelo y su nieto a bordo. Desde todas las direcciones llega un puñado de hombres –seis o siete– para ayudar. Se cuelgan de las cuerdas del globo para evitar que vuelva a subir, pero el viento conspira contra el salvataje. Los levanta del piso. Son unos pocos minutos de zozobra y desesperación. Una situación completamente límite: “Si no hubiéramos roto filas, nuestro peso combinado habría llevado el globo a tierra antes de llegar a la pendiente”, dirá el narrador después de que uno a uno, y por miedo a ser arrastrados junto al globo, todos los hombres se fueran soltando y abandonando al globo a su suerte. Todos menos uno: sólo uno se resistió a soltar la cuerda, pero como era sólo uno, su peso no fue suficiente. Subió junto con el globo y después cayó para morir desde doscientos metros de altura.

“Es nuestro conflicto de mamíferos”, dice McEwan, y se refiere a ese instante de acción pura e instintiva que su genio de escritor concentra en esa escena si se quiere tan trágica como disparatada: dos pulsiones luchaban en el interior de esos hombres tirando de las cuerdas del globo, y una era tan animal como la otra. Salvarse solo o cooperar con los demás. La cooperación, después de todo, ha sido y es la base de la supervivencia de muchas especies, también la humana.

Lo interesante de esa escena es que desnuda la esencia misma de la cooperación: no sirve de nada cooperar en un grupo que no coopera. La pulsión entre el “yo” y el “nosotros” se resuelve más de acuerdo al grupo de individuos que de acuerdo a los individuos mismos. La escena, en rigor, delata una verdad: hay ocasiones en las que el “yo” depende enteramente del “nosotros”. “En general, somos solidarios cuando tiene sentido. Una buena sociedad es aquella donde ser solidario tiene sentido”, dice McEwan. Que ese hombre se quedara tirando de la cuerda solo no tuvo ningún sentido. Fue apenas un sacrificio individual.
Me olvido de McEwan por un rato y veo los diarios. Los diarios muestran escenas multitudinarias en los escenarios centrales de este planeta. Creo recordar que, según la historia oficial con origen en esos mismos escenarios, este planeta está conformado, de un lado, por países atrasados, muchos de ellos gobernados por dictadores, locos, fanáticos, tiranos (expresión ellos mismos del atraso de sus pueblos, practicantes de un ejercicio arcaico del poder) y, del otro, por países ricos, regidos por democracias representantivas en las que un cúmulo de contralores perfectamente reglamentados impiden los abusos. Creo recordar, además, que según esa misma historia oficial es por eso que Estados Unidos y Gran Bretaña –o mejor dicho: George W. Bush y Tony Blair– dicen que quierenliberar a Irak del tal Hussein: para que Irak goce de un sistema político como el que ellos mismos lideran en Occidente.

En esos diarios veo miles y miles y miles de norteamericanos, británicos, franceses, españoles, alemanes, italianos, manifestando por la paz. Lo hacen porque la guerra es inminente. Los pueblos no quieren la guerra, pero si Bush la decide, la habrá. Me viene a la mente una pregunta pueril: si lo que está a punto de estallar es nada menos que una guerra en la que morirán centenares de miles de personas, y si esa guerra es decidida y provocada por los gobernantes de países democráticos cuyos pueblos se oponen rabiosamente a ella, ¿qué necesidad de ser liberados tienen los iraquíes, cuando los más ricos Estados democráticos mundiales les están demostrando que sus propios sistemas políticos se han independizado de las respectivas voluntades populares? La sola existencia de un conflicto de este tipo demuestra que a millones de ciudadanos de primer nivel se les escamotea la información y se les miente como a cualquier vulgar ciudadano del tercer o cuarto mundo. Nosotros, pobres, tiernos y fracasados argentinos, estamos acostumbrados a la política basura. Parecía que eso era la política argentina, ¿o no? Simulación, traición. Pero caramba: véanles ahora la cara a los británicos con el neurotizado Tony Blair vomitando discursos que le deben hacer agua a la boca a Miss Thatcher. Simulación, traición: esa no es la política argentina solamente, es la clase de política central que primero dejó que se contaminaran los márgenes del mundo. Ahora la peste es visible en el ombligo del planeta: ¿quién está al mando del desquicio? Bush y Blair aparecen dando versiones de la historia oficial que nadie cree. ¿Liberar a Irak del tirano? La opinión pública mundial escucha esos argumentos trash y advierte, azorada, que la política es una pantomima que encubre otros intereses.

Este mal trago mundial está poniendo al descubierto que, unos y otros, civilizados y bárbaros, no somos otra cosa que mamíferos en pugna por sobrevivir. Las manifestaciones europeas no son altruistas, por lo menos no son sólo altruistas: los votantes europeos de Aznar, de Blair, de Berlusconi o de Chirac probablemente no quieran ver caer como moscas a miles de inocentes iraquíes, pero sobre todo no deben querer ver caer misiles cerca de sus propias casas.

La cooperación entre los mamíferos no tiene ideología. Es la fuerza de la vida contra el peligro de la muerte lo que la impulsa. “Qué dar a los demás y qué conservar para nosotros”, simple estrategia de supervivencia. “No traspasar esa línea, contener a los demás y ser refrenados por ellos es lo que llamamos moral.” Con su megalomanía, Bush ha llevado las cosas tan lejos que en plena era de cultura global sobreviene este impulso mamífero global: los hombres y las mujeres comunes y corrientes de los países centrales advierten escandalizados que también ellos, llegado el caso, pueden ser población sacrificable. Eureka: el descubrimiento puede depositarlos en el sendero de una nueva moral: esos pueblos, que han concentrado en los últimos siglos la riqueza del mundo, tal vez empiecen a preguntarse si su propia supervivencia no depende, ya, de que también otros pueblos sobrevivan. El mundo hoy es ese globo de McEwan: hay ocasiones en las que la cooperación es la forma primaria de la lucidez.

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Madre Paz

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 15-02-2003 00:00:00

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn

Paz, la palabra inatacable, sagrada, soberana. Todas las banderas de Europa, en sus balcones, llevan la palabra Paz en caracteres blancos. Tendríamos que atrevernos a ponerle Madre Paz, más completa, definitiva. Con mi mujer voy al acto ecuménico de la Plaza de las Mantequeras, en la aldea renana de Linz. Llevamos la bandera que nos regalaron en Italia: los colores del arco iris y en medio la palabra PACE.
En la plaza renana hablan católicos y luteranos. Cantan. Hermoso acto de solidaridad, la emoción carga las voces. Sí, esta vez hay que aplaudir al Papa, con su llamado inequívoco por la paz, si esta vez está en el verdadero espíritu cristiano. Los pastores luteranos no dejan duda de que no quieren bombas sobre Irak, sería un asesinato en masa, una acción de cobardes y asesinos, propia de mentalidades fascistas que se han mantenido durante décadas y de pronto surgen como perros rabiosos cubiertos por la bandera de las barras y estrellas. El conocido teólogo Eugen Drewermann dice sobre Georg W. Bush: “Quien lee el Nuevo Testamento y cree que tiene el deber de hacer una guerra preventiva; quien toma legitimación del Sermón de la Montaña para asesinar cientos de miles de seres humanos no ha entendido al cristianismo o se aleja de él con la bota de las siete leguas. No se puede andar sobre cadáveres cuando se quiere seguir el camino de Cristo”. Luego, define a Estados Unidos con estas cifras: Estados Unidos ha reducido sus gastos para combatir el hambre en el mundo a 1,7 miles de millones de dólares, justo lo que gasta en dos días para lo militar”.
No se reza en la Plaza de las Mantequeras de Linz. Pero sí se dan argumentos para la paz. Había un veterano de Stalingrado, 81 años, hace sesenta de la trágica matanza de esa batalla. Tenía aquel joven la edad de la generosidad y de la búsqueda del horizonte de la felicidad: 21 años. En cambio lo mandaron a matar. Cuenta que cuando estaban atacando una aldea campesina, de pronto salió de una choza de paja y troncos una campesina rusa, con pollera hasta los tobillos. Corría desesperada, llevando a dos niños uno en cada brazo y un tercero que corría a todo lo que le daban sus piernitas agarrado a la pollera de la madre. Pero había orden de matar a todo lo que se movía. Las balas le entraron por la espalda a la mujer, que quedó tirada en el camino de barro. Debajo del cuerpo materno uno de los niñitos movía la mano para buscar alimento en el seno de la madre, quería vivir, no se rendía. El anciano ex soldado se reprime para no llorar. “Nos mandaron para eso, para convertirnos en asesinos, para matar la vida. Matamos una madre con nuestras balas. Llevo adentro ese episodio; nunca lo podré vencer.” Las mismas balas también le habían matado la alegría para siempre a ese soldado.
Schroeder, el primer ministro alemán, un socialdemócrata con todas las idas y vueltas, su eterno descansar hasta que aclare, sus “sí, sí, pero no” se ha convertido sin ninguna duda en el gran hombre de la paz. Su discurso ante el Bundestag ha tenido toda la fuerza y la valentía de quien sabe que está enfrentando a la potencia más poderosa de la Tierra. Y que esa potencia no perdona. Sin embargo, se lo vio luminoso como alguien que sabe que se juega el todo por el todo por la palabra paz, nada menos que por la palabra madre paz que ya han empezado a quemar en una hoguera George W. Bush y todos sus generaludos.
El Bundestag vibra. Después de 50 años de decir que sí y doblar las rodillas ante el gran señor del Atlántico, de pronto Schroeder entusiasma a los pacifistas y se ha puesto una corbata lila, el color del eterno movimiento por la paz. “Vamos a llevar al triunfo la iniciativa de la paz –dice– acompañados por el Principio Esperanza.” “Debemos armarnos con el Coraje para la paz”, termina. Los diputados socialdemócratas y los verdes se ponen de pie y aplauden. Los alemanes aplauden a la paz, las enseñanzasde la historia. Pero no todos, la oposición de derecha, los democratacristianos lo calificarán a Schroeder de “Superambicioso amateur”. La derecha que se llama cristiana lo hace por intermedio nada menos que de una mujer, Angela Merkel. Ellos quieren apoyar a George W. Bush hasta el final, por más que cueste millares de muertos.
Kant hubiera salido a pasear contento por su Koenisgberg al saber que los alemanes están con la paz. Así sirven los libros, sirven los pensamientos. Quedan desarmados los ejércitos, no sirven para nada los ejercicios de tiros ni el tirarse cuerpo a tierra como esclavos y marionetas.
Con la acción iniciada por franceses y alemanes no se favorece al dictador de Irak. Al contrario, al no agredirlo sino controlarlo, lo que se hace es darle tiempo al pueblo para que se libere del hombre que tantas muertes produjo en las minorías de su país y que busca siempre la guerra con los que cree más débiles.
Miles de hombres, mujeres y niños cubrirán en estos días las calles de Europa para decirle no al guerrero trasatlántico. Sin armas, con banderas con los colores del arco iris y la palabra paz. Basta de armas a un joven para que mate a otro joven, no a las bombas que destrozan la tierra para siempre, no a la muerte de niños por hambre ni de jóvenes parturientas con el cobarde rayo de la muerte. No a Georg doble iu.
Las ironías de la historia. A sesenta y más años que los alemanes llevaron en sus mochilas la muerte y el racismo, hoy, han aprendido la terrible lección. Cubren las calles con la bandera de la ética y la generosidad: el arco iris atravesado por la palabra. Paz. La Madre Paz.

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Somos todos escandinavos

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 01-02-2003 00:00:00

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn

Los alemanes están deprimidos. Los títulos de primera plana lo decían todo: “El número de desocupados aumentará este año a 4.200.000”, “El crecimiento descenderá al 1 por ciento”, “Pésimas posibilidades de trabajo para los jóvenes”. Que siempre hacen nacer la pregunta: ¿pero, cómo, en Alemania, la mejor economía europea? ¿Y entonces, el cuento de la globalización, qué? Y luego, la guerra ordenada por EE.UU. contra Irak. Hay una inquietud que se trata de disimular. El 80 por ciento de los alemanes está contra de la guerra. No comprenden a Estados Unidos y menos a Bush, una figura que les parece muy Texas, muy western, sobreactuado, vacío. No quieren compararlo con Hitler, pero la comparación entra en las conversaciones entre amigos. No, Hitler era un loco imbuido por la religión de la nada, la muerte como solución, el cielo en llamas para todos como paraíso. Bush, en cambio, América, nada más que América, los dueños del mundo y además los maestros del mundo, el saber castigar con azotes a quien descrea de América, como advertencia, y después todo el castigo de Dios. La pregunta es: ¿por qué nos tienen que gobernar personajes como Hitler o como Bush? ¿Acaso no hay filósofos, profesores de ética, sociólogos, politólogos que han estudiado y escrito hasta el cansancio sobre cómo eliminar las disputas, cómo superar los conflictos, cómo aprender de la historia?
¿Por qué hubo alemanes que votaron a Hitler y norteamericanos que votan a Bush y lo seguirán a Bush? El texano reemplaza la palabra Dios por América. En su último discurso esa palabra incitaba a los presentes al aplauso de pie. América, y ya está, nada de discutir. América es Dios, es todo, es la Madre. No, es Mi Madre. Y no se discute. El presidente dijo América y todos los disfrazados de uniforme pusieron cara de próceres, los ministros parecían ya romper en llanto, y los senadores y diputados creían ver ahora, bien claro, lo épico, comenzar la marcha. La guerra es terminar con el mal, nos santifica, nos vuelve puros. Vayamos a morir, mejor dicho, vayamos a matar, por América. Y el desprecio por aquellos países como Alemania y Francia que se niegan a aceptar la guerra contra el diablo. “No importa, ahora nos van a acompañar los europeos orientales”, lo dijo bien fuerte y con voz de mando la profesora Ruth Wedgwood, titular de Derecho Internacional de la Universidad de Yale y directora del International Law Program, de la John Hopkins University y nada menos que consejera del ministro de Defensa americano Donald Rumsfeld (ya han dejado de ser hace tiempo norteamericanos, ahora son totales: americanos). Y su título máximo: consejera número uno del Pentágono. La influyente funcionaria cuando dijo eso pensó en Putin, que apoya a Estados Unidos mientras él mata a diestra y siniestra los pueblos de la levantisca Chechenia. Una mano ayuda a la otra. Pero hay algo más fundamentalista en la opinión de la profesora Wedgwood. Dice que la actitud de Alemania y Francia de no apoyar la guerra multinacional contra Irak ha “escandinavizado” a franceses y alemanes. Con lo cual ha hecho caer sobre ellos la maldición eterna. Estar contra la guerra de Irak es estar contra América. ¿En qué mundo vivimos, señores? No es que Alemania y Francia se hallan nazificado, fascistizado o comunizado. No, peor que todo eso, se han “escandinavizado”; perdón por lo complicado de la palabra. Es decir, que tender hacia la paz y negarse a participar de una guerra es ahora “escandinavizarse”, lo peor que les puede ocurrir a los países globalizados. Decir no a América, decir no a Bush.
Jürgen Todenhöfer es un ex juez alemán al que le gusta buscar la raíz de los males del mundo. Por eso acaba de realizar un viaje a Irak. A su regreso escribió: “No es nuevo que el peso superpesado USA se busca como enemigo de guerra a un peso pluma. Nuevo es que en este invierno se ha buscado un enemigo que está totalmente debilitado por doce años desanciones criminales y ya yace en el suelo. A Irak no se lo puede poner K.O., ya está K.O.”.
Y tiene razón: Unicef ha publicado que, debido a las sanciones de la ONU, han muerto medio millón de niños iraquíes y por lo menos el mismo número de adultos. Pero ahora hay que asegurarse que estén muertos, hay que meterles balas y bombas.
Todenhöfer escribe claramente: “Si Bush viajara una sola semana por ese país vería la miseria, pero también experimentaría la cordialidad de la gente. Si hubiera por lo menos mirado una sola vez en los ojos de los niños iraquíes, renunciaría a hacer la guerra”. Y sus datos son precisos: “La aseveración de que la guerra tiene como meta eliminar a Al Qaida es absurda. En el mundo árabe no hay mayor enemigo de los fundamentalistas que Saddam Hussein, él mismo un dictador. Todavía más ilusoria es la afirmación de que Irak puede atacar a EE.UU. Irak no posee ningún avión, ningún cohete que podría alcanzar a EE.UU.”. Y señala que si EE.UU. inicia la guerra y bombardea por treinta días a Irak, es posible que después Occidente deba pagar todo eso con treinta años de terrorismo árabe.
No a la guerra, sí a las negociaciones. En ellas deben comprometerse Alemania y Francia. “Las bases para esa paz continua podrían ser: renuncia por parte de Irak a la violencia con sus países vecinos y con Israel; control de armas y garantías de seguridad con comisiones internacionales e inspecciones; garantías para las minorías kurdas y chiitas; una participación activa de Irak en el combate del antiterrorismo, así como asegurar que se exportará petróleo a Occidente al precio internacional.” Es decir, condiciones para calmar a EE.UU. y conseguir la paz, que es lo principal. La vida de los niños es más importante que cualquier otro orgullo nacional y la tenencia del petróleo. Por eso, el francés Chirac y el alemán Schroeder tienen que presentar una verdadera alternativa contra la intención de Bush de “guerra a cualquier precio”. Cualquier guerra es un crimen, toda guerra es enemiga de los derechos humanos esenciales. Y el autor termina con: “Quien ame a América, no debe por ello ser partícipe de cualquier guerra”.
Claro, un plan para un observador salido del primer mundo. Pero que de alguna manera deja al desnudo la prepotencia de Bush. Oponerse a la guerra e impedirla debe ser el principal objetivo. Toda la propaganda que está haciendo el gobierno de EE.UU. y sus medios es peligrosa, sumamente peligrosa para el futuro pacífico del planeta. Se muestran por televisión, para amedrentar, esos ejercicios militares de una brutalidad inhumana, donde cada vez más se agrega a las mujeres soldados. Se las exhibe uniformadas despidiéndose de sus maridos civiles que les muestran –tal vez por última vez– a su hijito. Ella los besa a los dos y, sosteniendo su bayoneta contra el cuerpo, corre vestida con su uniforme color estiércol a obedecer las órdenes de un tipo que sólo ha aprendido a gritar. Glorificación de lo femenino, América lo exige, Dios proteja a Bush. Hasta eso ya se tergiversa: el cuerpo de la mujer hecho para dar vida, alimentar y dar belleza a sus hijos, ahora con armas: “Lo hago para defender a mi patria”, dicen con acento de Seattle o de Texas. Sí, para defender a la patria de los petroleros. Tendría que decir: “Voy a matar niños para defender los intereses de los fabricantes de armas y de gases”. En las hermosas manifestaciones pacifistas en Alemania se ven carteles de las organizaciones feministas: “No a la mujer soldado. No al crimen de la guerra”. En algunos estados yanquis se critica el aborto, pero se aplaude en los desfiles de mujeres soldados. En vez de la palabra paz en sus labios, educadas para matar. ¿Qué dirían aquellos santos del pacifismo, Leon Tolstoi y el Mahatma Gandhi, viendo el cuerpo femenino ajustado por el uniforme hecho para matar? ¿Y todos aquellos jóvenes que fueron fusilados en las guerras por negarse a ir al frente? ¡Cuánta generosidad y bondad por un lado, y cuanta estupidez superficial y crueldad por el otro! Después de las palabras de la profesora norteamericana Ruth Wedgwood, en contra de la neutralidad europea a la que llama “escandinavización”, han aparecido carteles en las manifestaciones contra la guerra que dicen: “Somos todos escandinavos”.
Como en la guerra de Vietnam, donde muchos soldados norteamericanos desertaron y se refugiaron en los países nórdicos, esperamos que muy pronto aparezcan las mujeres yanquis soldados y tiren sus uniformes color estiércol en los baños públicos de Copenhague, Oslo o Estocolmo.
Sí, ya somos escandinavos contra la guerra; basta ahora convertirnos en piqueteros de la paz contra toda agresión bélica que amenace el mundo. Pese a Bush, pese a América.

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