Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Frivolidad y cinismo

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 28-07-2002 00:00:00

Por Sandra Russo

¿Cuál es el camino que lleva de “Es absolutamente falso que tenga una cuenta en Suiza” a “Sólo tengo una cuenta en Suiza”? ¿Cuál es el laberinto mental que le permitió esta semana a Carlos Menem esgrimir un disparate tal como que 200.000 australes se convirtieron en 600.000 dólares? Hay un umbral que cualquiera supone que se debe atravesar para llegar tan lejos con una mentira, para seguir mintiendo, para creer que lo que se dijo ayer puede confrontar de cuajo con lo que se diga hoy o con lo que se dirá mañana. Ese umbral es el que, junto a Carlos Menem, con él como emblema, como prohombre y protohombre, con él como símbolo y como paradigma, atravesó la Argentina en los últimos años. Un umbral tras el cual las palabras no significan nada, donde la frivolización de la palabra llega a su máxima expresión en esta nueva performance de Menem.
Lo malo de la frivolidad es que es engañosa. Porque lo peor de algunos frívolos es que parecen ocuparse solamente de frivolidades y en realidad usan la aparente levedad de sus gustos y de sus acciones para encubrir desastres. Esos no son frívolos. Son cínicos. Este hombre que de pronto empezó a sonar como posible nuevo candidato, este fantasma que regresa amparado por una adhesión que nadie sabe exactamente quiénes sostienen y en virtud de qué imaginerías estira aún sobre algunos sectores argentinos al aura vaga de la pizza con champán, su bizarro matrimonio con Cecilia Bolocco, su drama edípico con su hija treintañera y su desamor increíblemente pasional con su ex esposa. Quedan de él anécdotas flotando, la Ferrari que lo encandilaba puerilmente, el zoológico con el que se sintió acompañado en Olivos, la anticarismática lealtad de sus apóstoles que siguen yendo en procesión a Anillaco, la promesa del viaje a Japón en dos horas, la promesa del salariazo o la de la revolución productiva. Queda su imagen de muñeco de torta, de gozador, de jugador de fútbol y de golf, su reloj Bulgari y su anillo de oro, sus inefables camperas sport, el recuerdo de sus pasos de baile, Menem bailando tango, Menem bailando cueca. Este hombre estira todavía sobre algunos sectores de argentinos la masa informe de esa frivolidad con la que entretuvo a un país durante dos presidencias, mientras ese país era sistemáticamente destruido.
Las declaraciones del testigo C que fueron levantadas esta semana por The New York Times no eran nuevas. Ya habían sido publicadas hace mucho por diarios argentinos. Pero aquí todas las palabras están vaciadas. No hizo falta que aquí Menem se defendiera. La pregunta inmediatamente posterior a la publicación del diario norteamericano fue, más que por la verosimilitud del testigo C, por la oportunidad, el tiempo y el lugar de una imputación tan grave como haber desviado la investigación del peor atentado de la historia a cambio de diez millones de dólares: tienen razón los familiares y amigos de los muertos de la AMIA en sentirse nuevamente usados por unos y por otros. A quien agitó las aguas para que el escándalo estallara esta vez en Nueva York le importaron y le importan un comino los muertos de la AMIA.
Justamente porque es probable que nuevamente todo quede en nada, el paso en falso que dio Carlos Menem esta semana es llamativo. Y queda retumbando la voz de acento riojano diciendo primero: “Es absolutamente falso que tenga una cuenta en Suiza” y después “Sólo tengo una cuenta en Suiza”. Es increíble, pero no asombra a nadie. Aquí no asombra a nadie. Es Menem. ¿Qué tiene? Primero dijo que no tenía cuenta en Suiza y ahora admite que tiene una cuenta en Suiza de australes convertidos a dólares. Menem diciendo eso es una gota de extracto de perfume, el elixir en estado puro de la desinvestida palabra política argentina. Lo raro no es que él mienta, sino que otra vez este país esté considerándolo como candidato, que tenga todavía, en la devastación profunda, sin precedentes, terminal que él cimentó, la oportunidad de pelear el poder. Que su estilo cínicamente frívolo pueda aún seducir a alguien, que haya sectores que adhieran tan crédula o criminalmente al cinismo.
Pero lo peor es la percepción de que si Carlos Menem no tuviera la posibilidad de ser nuevamente candidato a presidente, esa nota no hubiera aparecido en The New York Times. Nadie se hubiera ocupado dos años más tarde del testigo C. La cuenta en Suiza permanecería como hasta ahora como una menemeada más, un desliz de la legalidad del que nadie estaría dispuesto a ocuparse. Los delitos por los que se lo imputa ahora son omisión maliciosa, evasión fiscal y enriquecimiento ilícito. Deslices. ¿Alguien dudó alguna vez de que Menem tuviera deslices? ¿No fueron sus presidencias el apogeo de los deslices? ¿No han sido los funcionarios menemistas la encarnadura perfecta del desliz, de la ilegalidad, de la corrupción, de la letra chica, de los patrimonios personales inexplicables?
Menem probablemente sea el peor de todos, pero hay otros que no son mucho mejores. En el fango sobre el que se montó esta escena, la de Menem admitiendo su cuenta en Suiza, todavía nos estamos revolcando. Las toxinas menemistas de esta sociedad siguen provocando dolores que tal vez no sean de parto sino de pura infección.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-8202-2002-07-28.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Dilemas

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 25-07-2002 00:00:00

Por Juan Gelman

El ataque israelí provocó la muerte de catorce palestinos, entre ellos ocho niños.
Las noticias del lunes último informaron que Ariel Sharon ordenó atacar un barrio popular de Gaza con aviones F-16. Los misiles alcanzaron casas donde vivían decenas de familias, pero el objetivo israelí, ajusticiar a Sala Shehade –jefe del brazo armado de Hamas– se logró. También murieron otros 14 palestinos por lo menos, ocho niños entre ellos, y 140 resultaron heridos. Sharon calificó el operativo de “gran éxito” y lamentó las bajas civiles aunque –dijo– “no hay compromiso posible con el terror”. Los ocho niños serían entonces terroristas. Según la BBC, el ataque israelí se produjo cuando representantes de Hamas participaban en una reunión con otros movimientos palestinos para analizar la posibilidad de cesar su propio terrorismo. Eso ya no está a la vista.
Un pueblo que nunca cesa de luchar con sus vecinos beligerantes no puede observar todos los mandamientos de la Torá, libro sagrado de los judíos. Este concepto, referido al pasado, pertenece a Isaac Bashevis Singer (1904-1991), quien tampoco creía en guerras justas: pensaba que se convertían en maldad “desde el momento en que los inocentes son tan a menudo castigados por las malas acciones de los culpables”. El Nobel de Literatura 1978 se declaraba sionista laico y lo fascinaba la contradicción entre los 2000 años de exilio judío y el Estado de Israel, el primero sostenido por una espiritualidad ascética, y el último dedicado a emular otras culturas, casi siempre violentas. Esto “lleva al judío de vuelta a sus orígenes bíblicos, no al Final de los Días”.
El Antiguo Testamento le creaba no pequeños problemas a Isaac niño, criado en un hogar jasídico muy ortodoxo de Radzymin, aldea de la Polonia que anexó el zarismo. Asediaba al padre rabino con preguntas: no entendía por qué eran santos o héroes Abraham, que tenía dos esposas; Jacobo, dos hermanas como esposas y dos concubinas; Yehuda, que copulaba con su nuera; el rey David y su pasión por Betsabé y Abigail; el rey Salomón, esposo de mil esposas, una, hija de faraón. ¿No se comportaban como gentiles? Tal vez no recibió respuestas muy satisfactorias: a diferencia de otros grandes escritores de la literatura yiddish, Singer exploró las caminos del erotismo en sus cuentos y novelas. En la vida también.
Hay mucho de autobiográfico en su novela Meshugah (Loco), escrita a comienzos de los años 50 en Nueva York, donde se estableció en 1935 alejándose de una Polonia en que se respiraban ya los aires de la guerra. El protagonista es Greidinger, un narrador que urde tramas lascivas que transcurren en los bajos fondos de Varsovia o en aldeas-ghetto, y que recibe centenares de cartas de sus paisanos y de rabinos que le reprochan “echar aceite al fuego del antisemitismo”. Loco tiene, sin embargo, otra dimensión. Max Aberdam, el personaje que abre la novela, es un fantasma del pasado, un “dibuk” o alma en pena encarnada, que muestra a Greidinger, también hijo de rabino, víctimas de la Shoá: están vivos los que creía muertos. En la obra de Singer asoman obsesiones similares: durante largos años, ya instalado en EE.UU., escribió sobre pueblos y ghettos que no existían ya, habitados por gente que la matanza nazi había desaparecido para siempre. No otra cosa hizo Nabokov con un mundo que sólo tenía domicilio en su memoria. Pero Singer deseaba desesperadamente librarse de “la superstición, el oscurantismo, la insularidad y la intolerancia” de la mentalidad de ghetto. Lo consiguió despellejándola hasta sacarle las entrañas.
Loco trajo para Singer nuevas acusaciones de traidor al credo de sus padres. Greidinger se enamora de Miriam, la amante de Aberdam, pero no lo incomoda el triángulo sino el descubrimiento paulatino del pasado de la mujer, ex prostituta del ghetto de Varsovia y probable colaboradora de los nazis. Se pregunta si debe continuar la relación o cortarla, un dilemamoral que late –de otro modo– en la narrativa de Singer. La política deshumanizadora de los nazis produjo “ladrones, estafadores, proxenetas y prostitutas” en la comunidad judía de Polonia y los lectores de Greidinger lo instan a ignorar esas desdichas. Pero él vuelve a Miriam una y otra vez, una elección penosa similar a la de Singer: éste nunca idealizó las consecuencias de la pobreza, el antisemitismo y la segregación en los judíos. Habla, en realidad, de la miseria humana, que no tiene bandera ni raza.
La novela apareció póstumamente como libro en 1994 y su texto carece de la prolija supervisión de Singer, que había creado un canon propio para la traducción de sus obras al inglés. El escribía solamente en yiddish, el único idioma –explicó– en que podía verter su experiencia y su espíritu porque era para él “un lenguaje de lo judío, la expresión de aquellos que todavía ven el comportamiento de los hombres desde el punto de vista de lo ‘kosher’ y lo ‘no-kosher’, lo permitido y lo prohibido”. Pensaba que el yiddish “permanecerá oculto hasta que haya justicia para todos”, pero sobrevivirá porque “ha de llegar un tiempo en que las culturas no necesitarán ejércitos para mantener su singularidad y en que las mayorías no intentarán más engullir a las minorías... cuando las mayorías descubran que ellas también son minorías, la minoría será la regla y no la excepción”. Singer no se engañaba sobre el tiempo que falta para ese tiempo.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-8111-2002-07-25.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Miguelito

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 23-07-2002 00:00:00

Por Sandra Russo

Vemos por octava, por novena, por décima vez cómo Miguelito toma del pico de una botella de alcohol y después vuelca un chorro al aire, descontrolado. El mismo es también un chorro, ahora, mientras junto a sus dos amigos mantiene como rehenes a catorce personas en el supermercado de Gerli. Finalmente, después de cuatro horas de máxima tensión, los rehenes no sufrieron ningún daño y tampoco los pibes chorros: la policía no tiró porque evidentemente esta vez la orden fue no tirar. Los rehenes no fueron físicamente heridos, pero parecen haber sido palpados por la desesperación, la incongruencia, la desorientación de esos tres chicos. En lugar de salir de ese infierno pidiendo mano dura o pena de muerte, se convirtieron en voceros de la necesidad de afecto de Miguelito, a quien la televisión insistió infructuosamente bautizar “Chuckie”.
La televisión se hizo cargo del hecho. Cómo no hacerlo: más que un asalto con toma de rehenes, la del viernes parece haber sido una puesta en escena perfecta en todos sus detalles. El supermercado Eki prestó sus amplias vidrieras para ser la gran vidriera en la que el drama se desarrolló casi sin secretos para el gran público. Se veía a los rehenes tomados del cuello por los asaltantes, se veía a los asaltantes disputando por la única arma que funcionaba (a la otra se le había roto el cargador), se veía a Miguelito haciéndose sandwiches obscenos con distintos tipos de fiambres y tomando alcohol. Pasen y miren el festival del asalto con toma de rehenes, con pibes chorros como protagonistas.
No obstante, la desconcertante reacción de los rehenes daría pistas, más tarde, de que incluso así, en la vidriera, el drama se desarrolló siguiendo la pauta de un guión no escrito según el cual los asaltantes tenían que parecer feroces y amenazantes para presionar a la policía. “Gritábamos que nos iban a matar porque ellos nos decían que gritáramos, ¿entendés? Era teatro”, dijo un rehén. Puesta en contacto telefónicamente con el padre del más joven de los asaltantes, otra rehén, la cajera del supermercado, admitió que tuvo miedo de que la mataran y que por un rato pensó que efectivamente lo harían, pero terminó diciendo: “Que dejen a Miguelito volver con su familia y que ellos le den mucho cariño, porque lo que él necesita es cariño”.
¿Síndrome de Estocolmo? Cuatro horas parece poco tiempo para ponerlo en marcha en la psiquis de esos rehenes. ¿Qué demonios pasó ahí adentro y qué demonios está pasando en este país, cuyas coordenadas vibran mucho más profunda y drásticamente de lo que son capaces de captar y percibir la mayoría de los comunicadores y opinólogos? Los debates de la televisión y de los diarios se agotan en los debates acostumbrados: ¿para delitos de adultos, penas de adultos? ¿Hay que bajar la edad de imputabilidad? Si Miguelito va a un reformatorio, ¿no saldrá peor de lo que es? ¿Sobra Miguelito en esta sociedad? ¿Sobran millones de personas?
A este paso, dejarán de sobrar a medida que se vayan matando entre ellas. Miguelito está previsto en el modelo. No existe un país como éste o algún país diseñado como éste en el que no estén previstos millones de Miguelitos y millones de rehenes. Somos 37 millones de rehenes de algo que no deseamos y no elegimos y no decidimos.
La escena de la vidriera del Eki, esa vidriera de la podredumbre social argentina, exhibió claramente el viernes pasado las tres patas en las que el modelo se basa para repartir la mugre que exuda. Por un lado, los chicos convertidos en asaltantes; por el otro, la gente convertida en rehén; y más allá, la fuerza para reinstaurar el orden. Los vectores en juego, esta vez, determinaron que la policía se abstuviera de tirar, que los asaltantes se abstuvieran de matar y que los rehenes se abstuvieran de una ira que cualquiera hubiese justificado. Algo pasó ahí adentro, algo que desconocemos, una transposición de roles, una rara visión de la verdad. Tal vez haya sido ese guión no escrito que asaltantes y rehenes representaron lo que les permitió abstraerse del drama tal como lo vivían,para advertir que es una cuestión de azar que en ese guión perverso a uno le toque actuar de víctima y al otro de victimario.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-8001-2002-07-23.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Espiáos los unos a los otros

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 21-07-2002 00:00:00

Por Juan Gelman

Sería ése uno de los Evangelios de la nueva Biblia reescrita por Bush hijo: para agosto próximo quiere ver a un millón de estadounidenses de diez ciudades del país entregados voluntariamente al patriótico y aun benemérito trabajo de espiar a sus vecinos. Es apenas la etapa piloto de la Operación TIPS, sigla en inglés del Sistema de Información y Prevención del Terrorismo dirigido por el Departamento de Justicia que el señor Ashcroft encabeza. La palabra “tip” significa, entre otras cosas, “soplo” en lenguaje corriente e interpreta con exactitud el sentido de la Operación.
Véase cómo se describe en el web del proyecto (www.citizencorps.gov): TIPS “será un programa de alcance nacional que dará a millones de estadounidenses, camioneros, mensajeros, conductores de trenes, capitanes de barco, empleados de servicios públicos y otros, la posibilidad oficial de informar acerca de actividades sospechosas de terrorismo”. Habrá un teléfono gratuito para que “esos trabajadores, que por su labor están bien ubicados para percibir hechos inusuales (puedan) informar sobre tales actividades”. Es decir, gasistas, carteros, lavadores de ventanas, repartidores de leche, electricistas, otros que practican distintos oficios que les dan acceso directo a los domicilios particulares sin necesidad de órdenes de allanamiento, son convocados a trabajar –gratis– para el FBI y la CIA. ¿Se escuchan los aplausos del fantasma de Stalin o es una alucinación?
Si se eligiera a las diez ciudades más importantes del país para la fase piloto de TIPS, el millón de voluntarios previsto constituiría el 4 por ciento de su población total, uno de cada 24 habitantes. “Esto es 1984 de George Orwell, es una idea absolutamente horrible y muy peligrosa”, se alarmó John Whitehead, director ejecutivo del prestigioso Instituto Rutheford. “Convierte a los norteamericanos en soplones del gobierno. El presidente Bush quiere que el norteamericano medio haga lo que el FBI debería hacer. De todos modos, nada impedirá a los terroristas que estrellen aviones contra los rascacielos”. Esa alarma es comprensible: TIPS es parte de un nuevo programa de los Cuerpos Ciudadanos de voluntarios destinado a “preparar a las comunidades locales para prevenir y responder con eficacia a la amenaza terrorista, el crimen o cualquier tipo de desastre”. Este programa incluye y revigoriza al Programa de Vigilancia del Vecindario que, a su vez, alienta y alimenta “la voluntad de percibir actividades sospechosas en el vecindario y de informar de ellas a la policía”.
Dicho programa existe desde hace más de 30 años, pero el Departamento de Justicia explica que, después del 11 de septiembre, “la necesidad de fortalecer y dar seguridad a nuestras comunidades se ha vuelto más importante todavía. El presidente Bush anunció que con la ayuda de la Asociación Nacional de Sheriffs, el Programa de Vigilancia del Vecindario adquirirá un nuevo significado... convirtiendo a los vecinos en un elemento fundamental para detectar, prevenir y desarticular al terrorismo”. Los enrolados serán “ojos y oídos adicionales para aplicar la ley” y se propone que su voluntariado dure un año como mínimo. No faltan los que opinan que la ejecución del programa creará un canal de desahogo de delirios, bromas, persecuciones imaginarias, mentiras y datos falsos, además de no pocos odios racistas y de los otros, esos que despierta el perro que ladra y ladra del vecino, o la ex mujer que se fugó con un amante, o el socio estafador.
TIPS es sólo un elemento del avance cercenador de libertades que caracteriza al gobierno Bush. El martes 16, siempre blandiendo el argumento de “la lucha contra el terrorismo” y a favor del “bien”, Bush hijo propuso la creación del Departamento de Seguridad Interior, un superministerio que absorbería muchas funciones de otros organismos delEstado. El costo de esa reorganización –la mayor en medio siglo– ascendería a 100 mil millones de dólares. No es todo: también quiere la intervención de las fuerzas armadas en cuestiones de policía interna, para lo cual Donald Rumsfeld y otros altos funcionarios del Pentágono ya están presionando a fin de que se modifique la ley Posse Comitatus de 1878 que restringe la participación militar en asuntos interiores. Rumsfeld no se detiene ahí: procura liberarse de todo control del Congreso y brega por una ley que le permita elevar sus iniciativas directamente a la Casa Blanca, sin supervisión de otros ministerios, y que obligue a los legisladores a votarlas en tiempo y con debate limitados. Es otro pujo del gobierno Bush en pro de un Ejecutivo cada vez menos sujeto al eventual contrapeso del Legislativo.
La política de invasión y recorte de los derechos civiles del pueblo estadounidense comenzó con la promulgación de la llamada Ley del Patriota de EE.UU., que otorga a los cuerpos de seguridad poderes extraordinarios que escapan al control judicial. Por ejemplo, el de mantener detenidos en secreto y por tiempo indeterminado a centenares de sospechosos de amar al terrorismo. El mismo martes del discurso de Bush hijo, Warren Christopher, que fuera secretario de Estado de Jimmy Carter, criticaba esa metodología ante centenares de jueces reunidos en Coronado, California. Recordó que había estado en la Argentina durante la dictadura militar y que había visto a madres reclamando en las calles por sus hijos desaparecidos. “En este país debemos cuidarnos mucho de detener personas sin revelar sus nombres. Eso lleva al ‘desaparecido’”, concluyó. “No daremos la lista de las personas que nos interesan”, le contestó Viet Dinh, subsecretario de Justicia de la gran democracia del Norte. Igualito que Videla.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7916-2002-07-21.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

De farabutes, mequetrefes, embarazadas y homosexuales

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 20-07-2002 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Sí, fue una información muy argentina. Esa que leímos por Internet los que estamos lejos. Menem y Patti, candidatos a presidente y gobernador. Y los dos sonrientes, aplaudidos por su cohorte de conocidos. Dios los cría y el dios argentino los junta. Un farabute y un mequetrefe, diría Caras y Caretas en los años treinta. Un ex preso de Don Torcuato y un torturador, diría un sociólogo exacto. Un contrabandista de armas y un maldito de la bonaerense, diría un periodista sin miedos. Y el lector miró la foto con los dos sonrientes y pellizcándose, dijo: ésta es la Argentina futura. La de siempre pero futura. Si ganan se hará la reivindicación tan esperada y el teniente general Videla pasará a ser titular de la Secretaría de Derechos Humanos. ¿Demasiada imaginación? No, una salida histórica como la llamaría Hadad. Y todos marcharíamos al Tedéum de acción de gracias, con presencia de cardenales y obispos, donde se leería una esquela de felicitación de George doubleiú. (Y por voto unánime de las Cámaras se aprobaría dar el título de “Héroe de Malvinas” al teniente general Galtieri y una indemnización vitalicia.) Y por supuesto crear el “Día del Nonato” tal cual lo proyectó, con gesto altruista, el presidente Menem para censurar definitivamente a los defensores de la despenalización del aborto. Y para todos los militares, una indemnización por obediencia debida.
La ironía se va volviendo triste porque el temor va aumentando, es decir que lo que se dice como una pulla electoral, se convierte en realidad.
Pero empezamos ya el retroceso definitivo adaptándonos definitivamente al modelo mundial. Teniendo a Menem y a Patti nos globalizaremos en forma rasante, pasaremos a ser un país serio, entre los predilectos del poder real. Tendremos dos especializados: el que arrasó con todo y a quien le brillan los ojos cuando tiene la picana en mano.
Pero no todo da lugar al pesimismo. Ese día, cuando vimos la foto de los dos salvadores abrazándose los hombros, se produjo aquí en Alemania algo que nos dice que pese al cuadro fantasmagórico que nos presenta el mundo hoy, se prenden luces, nacen flores en los desiertos, se oyen voces de protesta aun en los cuarteles. Se produjo algo inusitado, que nadie lo hubiese creído: el Partido Demócrata Cristiano alemán, ultraconservador, nombró como candidata a secretaria de la Familia, la Mujer y el Niño, a una joven, de apenas 28 años, soltera, con un hijo de cuatro años y embarazada en este momento del segundo hijo. ¿Cómo, los conservadores que además se llaman cristianos reconocen a una mujer soltera con hijos como encargada de los asuntos familiares de toda Alemania? ¿Cómo dice? Parece un chiste alemán. Pero no, fue una resolución seria. Claro, por supuesto hubo una institución que se opuso a muerte y se hizo la indignada: los cardenales y obispos católicos se dirigieron al Partido Demócrata Cristiano para que no usaran más la C en su sigla –CDU–, que la eliminaran. ¿Por qué? Porque habían faltado a los principios cristianos al aceptar a una soltera embarazada (es decir, en pecado) como secretaria de Familias. ¡Qué principios! Qué santa indignación. Para ser madre hay que tener el papelito oficial de casada. Si no se cae en pecado mortal. Con este destemplado veredicto de los príncipes católicos, la población se sintió mancillada, principalmente las mujeres. En una encuesta que hicieron los diarios, el 85 por ciento de la población dio su entusiasta apoyo a la soltera embarazada. Hay más amor, a veces, en las uniones desprendidas que en aquéllas con papelito legal y bendición papal, es decir, con la bendición del obispo con bonete. Para mayor simpatía, la soltera embarazada futura secretaria de Estado –si triunfa en las elecciones– es bella. El amor es bello y embarazado, señores curas católicos.
Pero hete aquí que, esta vez los ministros de la religión tuvieron mala suerte. En esos días se descubrieron tres nuevos casos de pedofilia entre los curas católicos. Era la gota que hizo rebalsar el vaso, después de los casos de los curas católicos norteamericanos que habían abusado de niños, ahora se venía a levantar el velo en algo que siempre se tuvo escondido. En Alemania, para no hablar de los demás países de Europa donde los mismos delitos guardan una aproximada proporción, han sido condenados por la Justicia sacerdotes y monjes por abusar o violar chicos entre 4 y 12 años y niñas entre 8 y 14 años. Casi todas las víctimas han sido monaguillos o menores que concurrían a la doctrina para tomar la comunión. Justo el día en el que los cardenales protestaban por el nombramiento de la joven soltera embarazada como secretaria de Familia, la Justicia daba a conocer que en el obispado de Mainz se había iniciado una causa contra un sacerdote que había abusado sexualmente de un adolescente durante años.
La pregunta es, hasta cuándo la Iglesia va a seguir con su política de castidad obligatoria para con sus monjes y sacerdotes. En eso Lutero fue un benefactor cuando permitió el casamiento de sus pastores y la formación de familias. La irracional castidad de hombres de por vida lleva –con las libertades que se va tomando la vida moderna– a una existencia de autocastigos que puede conducir no sólo a los actos solitarios sino a las violaciones de quienes no saben defenderse. En vez de abrir la vida del amor a los religiosos, se los obliga a la simulación. ¿Cómo se devuelve la salud mental a las víctimas de tales violaciones por parte de los denominados representantes de Dios? ¿Acaso rezando?
Otro golpe sufrió en esta semana el oscurantismo cuando la Corte Suprema de Alemania Federal aprobó definitivamente la ley de reconocimiento legal al matrimonio de homosexuales, con los mismos derechos que los matrimonios de hombre y mujer. Con esto se dio un gran paso adelante de terminar con ilegalidades y ocultismos. Todo a la luz del día y en reconocimiento de que los homosexuales no son “degenerados”. La ley fue llevada adelante por socialdemócratas y verdes, contra la oposición de los demócratas cristianos. En Irán, todavía los homosexuales son condenados a muerte, como en la Edad Media se hacía en los países católicos. Por fin se vencieron oscurantismos y preconceptos. Un paso adelante en este país como ya ha ocurrido en otros países europeos.
Pero otro mal momento ha vivido la jerarquía católica: un núcleo de mujeres que trabajan en las iglesias se proclamaron sacerdotisas, con el mismo derecho que los curas. Con la pregunta: ¿Por qué las mujeres no? ¿Acaso los hombres son más sabios y santos? Los cardenales y los obispos se han puesto sus bonetes y han comenzado a elaborar el castigo. Pero a esa corriente no la van a poder frenar más.
Lo mismo ya ocurrió con el aborto hasta que, finalmente, los principales países europeos aprobaron leyes sabias que tienen en cuenta no sólo al derecho a la vida del concebido sino también al de la mujer embarazada. Por eso fue tan ridícula la propuesta de Carlos Menem, después de visitar al Papa, de establecer el Día del Nonato. Los problemas se solucionan, o se buscan solucionar, en el diálogo y en la comprensión de los problemas de todos y no con teorías oscurantistas. Ni con prohibiciones ni con picanas eléctricas, señores candidatos. Con el consenso, con la libertad y con la dignidad para todos.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7893-2002-07-20.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Una buena

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 15-07-2002 00:00:00

Por Sandra Russo

El espejismo dejó paso a otra realidad, inédita, pero de la que cuelgan, como flecos viejos, lugares, ocupaciones, gestos que si no estuviéramos hechos pelota podrían incluso enternecernos o hacernos rejuvenecer. Es que nos envían, los nuevos signos de estos tiempos de crisis, a un pasado en el que todavía se miraban los eclipses con el culo de un sifón, en el que los chicos no consumían sino que codiciaban y cambiaban figuritas, y en el que los autos resistían los embates de cada año que pasaba a fuerza de recauchutajes y chapa y pintura. Los talleres mecánicos, que estaban en franca fase de extinción y sobre cuyos generosos terrenos habían florecido, bajo el efecto narcótico de la convertibilidad, edificios en torre con gimnasio y solarium, vuelven a ser un escenario requerido en la nueva Argentina, un país que se va despidiendo lenta pero decididamente de los insumos importados, ya que insumo importado que se rompe o se quema, insumo importado que ahí queda.
Lejos, en la nube opiácea, van quedando las latas de gaseosas, que en muchos bares ya están siendo reemplazadas por el viejo vaso rebosante (de vidrio; los descartables han iniciado también su retirada) y proveniente no ya de máquinas expendedoras sino de la botella familiar, que también vuelve a ser aceptada en restaurantes. En muchos de ellos, la media milanesa que el caballero, la dama o alguno de los niños no han probado, es amigablemente empaquetada y depositada en la mesa junto a la adición. Ningún mozo que se precie de gentil esperará a que se lo pidan, pero si el mozo no es quien ofrece a la clientela aprovechar los restos de ravioles o de pollo al spiedo, la clientela no se avergonzará de solicitarle su paquete. Vergüenza no es pedir, es robar. Vergüenza no es ahorrar, es desperdiciar.
En la peatonal de Quilmes, donde las boutiques, las casas deportivas y las regalerías fueron languideciendo lentamente hasta la agonía de la quiebra o la falta de stock, empardadas deslealmente por el ambiente climatizado de los shoppings y los todo por dos pesos, la crisis ha deparado alguna que otra sorpresa: se apresta a abrir sus puertas, en la calle más cara de esa localidad, un local para la compostura de zapatos. El de zapatero remendón, junto al de modista, es uno de los viejos oficios que la devaluación ha desempolvado. Los zapatos se vuelven a arreglar, la ropa también. Hay que arreglarse.
La peatonal que sí reverdece es Florida, tal como cuando éramos chicos y pasear por Florida era un clímax porteño para los adolescentes suburbanos. Lugar de paso de turistas, son los turistas ahora quienes les arrebatan a los vendedores de artículos de cuero todo lo que haya a mano. En la mano, el domingo pasado, una mujer chilena tenía tantas prendas que se le iban cayendo mientras avanzaba hacia la caja de Zara, en el Alto Palermo. En Zara están liquidando todo a mitad de precio, lo cual significa que lo que al principio de la temporada era absolutamente inaccesible, hoy es apenas inaccesible. Puede uno ahora, viendo la voracidad de esos turistas que hacen cuentas y no paran de sonreír, experimentar ese regusto vago a usurpación y resentimiento que deben haber sentido con nosotros los nativos de lugares a los que íbamos a hacer llover la prepotencia de nuestro ex dólar barato.
Vuelven los yuyos para reemplazar a los antigripales, vuelven los altoparlantes, vuelven los pañales de tela, vuelve el detergente suelto, vuelven las lentejas y los porotos a granel, y si nos apuran hasta vuelve el palito helado de Laponia. Ibamos a ir en dos horas a Japón atravesando la estratosfera y en cambio no vamos a ninguna parte, solamente volvemos al pasado. Ibamos a unirnos al mundo, a ser su vanguardia, a mandar cascos blancos, a mediar en Medio Oriente, y ahora solamente volvemos, en este volver interminable, a ser éstos, este Capitán Beto por el espacio, con su nave de acero hecha en Haedo, ayer colectivero, hoy amo entre los amos del aire, tiernos, crédulos capitanes Beto, que en la estratosfera se preguntaron “¿Por qué habré llegado hasta aquí, si no puedo más de soledad?”. A lo mejor no, pero tengo la impresión de que eso sí cambió: hoy estamos menos solos que antes.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7664-2002-07-15.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Los intrusos

Archivado en Eduardo Galeano • Fecha: 14-07-2002 00:00:00

Por Eduardo Galeano

Cuando alguna adivina se ofrece a leer el destino, más vale pedirle que elija otra víctima: déjeme creer, señora, que el futuro es una sorpresa y no un aburrimiento.
Afortunadamente, el mundo no deja de ofrecer asombros. Hasta el fútbol profesional, una industria programada para las monotonías del poder, contiene imprevistos conejos en la galera.

***

Más de una cuarta parte de la humanidad asistió, por televisión, a la primera sorpresa del Mundial 2002. Ocurrió en la noche de la inauguración, en el estadio de Seúl. Contra todos los pronósticos, Francia, el país campeón del Mundial anterior, fue vencido por Senegal, que había sido una de sus colonias africanas y que por primera vez participaba de una Copa del Mundo. Francia quedó por el camino en la primera rueda, sin meter ni un solo gol. Argentina, el otro país favorito en las apuestas, también cayó en las primeras de cambio. Y después se marcharon Italia y España, asaltadas a mano armada por los árbitros. Pero todas estas escuadras poderosas fueron sobre todo víctimas de la obligación de ganar y del terror de perder, que son hermanos gemelos. Las grandes estrellas del fútbol actual habían llegado a la Copa abrumadas por el peso de la fama y de la responsabilidad, y extenuadas por el feroz ritmo de exigencia de los clubes donde actúan.
Sin historia mundialera, sin estrellas, sin la obligación de ganar ni el terror de perder, la selección de Senegal jugó en estado de gracia y fue la revelación. Llegó invicta a los cuartos de final, no pudo pasar más allá, pero su bailito incesante nos devolvió una sencilla verdad que suelen olvidar los científicos de la pelota: el fútbol es un juego y quien juega, cuando juega de verdad, siente alegría y da alegría. Fue obra de Senegal el gol que más me gustó en todo el torneo, pase de taquito de Thiaw, certero disparo de Camara; y uno de sus jugadores, Diouf, hizo la mayor cantidad de gambetas, a un promedio de ocho por partido, en un campeonato donde ese placer de los ojos parecía prohibido.
La otra sorpresa fue Turquía. Nadie creía. Llevaba medio siglo de ausencia en los mundiales. En su partido inicial, contra Brasil, la selección turca fue alevosamente estafada por el árbitro, pero siguió viaje y acabó conquistando el tercer puesto. Su fútbol, mucho brío, buena calidad, dejó mudos a los expertos que lo habían despreciado.
Casi todo lo demás fue un largo bostezo. Por suerte, en sus partidos finales, Brasil recordó que era Brasil. Cuando se desataron, y jugaron a la brasileña, sus jugadores se salieron de la jaula de mediocridad donde el director técnico, Scolari, los tenía encerrados. Y entonces, por fin, después de tanto fiasco, Brasil pudo ser una fiesta.

***

Se juega con nada. O casi nada: una sola pelota alcanza, o cualquier cosa que ruede, de trapo, goma, cuero o plástico. El fútbol es el deporte más barato del mundo. Pero la pelota tiene mágicos poderes y puede hacer brotar mucho dinero del pasto. La pelota que Adidas estrenó en el Mundial es de alta tecnología: una cámara de látex, rodeada por una malla de tela cubierta por espuma de gas, que tiene por piel una blanca capa de polímero decorada con el símbolo del fuego. Ella mueve fortunas.

***

El negocio del fútbol, como todos los negocios, está organizado para recompensar a los más fuertes. A veces, sin embargo, los países imprevistos y los clubes chicos, sin ningún valor de mercado, rompen las rutinas del poder.
Hace un par de años, el club Calais, un equipo de aficionados de poca experiencia y poca hinchada, fue casi campeón de Francia. Perdió la final por un pelito, por culpa de un penal dudoso. Era de no creer: los jugadores del Calais, empleados, obreros, jardineros, maestros, habían dejado por el camino a los equipos franceses de alto nivel profesional.
Cerquita nomás, en Italia, un enanito está faltando el respeto a los clubes más ricos del mundo. Nunca en la historia italiana había ocurrido: un cuadro de pueblo chico ha entrado en la serie A. Este año disputó los primeros lugares, entró quinto, a un punto del Milan, y se clasificó para la Copa europea. El convidado de piedra se llama Chievo. Proviene de una parroquia de tres mil quinientos habitantes, campesinos que producen kiwis, duraznos, salames y buenos vinos. En el café del pueblo, donde reina María la Pantalona, los hinchas celebran, lloran, discuten y deciden: el Chievo es de todos. El equipo entero, titulares y suplentes y todo lo demás, cuesta cincuenta veces menos que el dinero que recibió el club Juventus por la venta de un solo jugador, Zinedine Zidane, al Real Madrid.
A las grandes empresas del fútbol italiano no les gusta ni un poquito el fulgurante ascenso de estos nadies que juegan un fútbol suelto, audaz, atrevido. También sus vecinos, de la ciudad de Verona, los miran de reojo.
Los fanáticos de la barra brava del club Verona, que hacen el saludo fascista, tienen la costumbre de insultar a sus rivales africanos y entre los jugadores del Chievo brillan los inmigrantes negros.
Al otro lado del mar, en el Brasil, la novedad se llama San Caetano. Este club nació en un suburbio obrero de la ciudad de San Pablo, en el anillo industrial que incubó el nuevo sindicalismo y el partido de Lula.
El San Caetano, que tiene por símbolo un pájaro silvestre de color azul, practica un fútbol ofensivo y fulminante, fiel a la profesión de fe formulada por el presidente del club: “Hoy en día predomina el fútbol europeo, que es pura marcación. Pero el fútbol brasileño no debería mudar su estilo, su sello: jugar para adelante”. Mal no le ha ido, que digamos. En sus escasos trece años de vida, el San Caetano se ha abierto paso hasta la primera división y los primeros lugares de la tabla, y este año está disputando, por segunda vez, la Copa Libertadores, contra los mejores equipos de América latina.
Y eso a pesar del problema de siempre, el drama de los clubes chicos y de los países pobres: el San Caetano crea jugadores y los pierde. Los mejores se van, comprados por los clubes grandes del Brasil (Corinthians, Palmeiras) o se marchan a Europa, al Stuttgart, al Lazio.

***

El poder dice: se acabó la historia. Y dice: el destino soy yo. Pero en el fútbol, como en todo lo demás, hay intrusos. No están previstos en el guión y, sin embargo, se meten donde no los llaman, sin permiso, de contrabando, y actúan. Ellos son consuelo y profecía. Se agradece.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7626-2002-07-14.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Acciones

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 11-07-2002 00:00:00

Por Juan Gelman

Existe en lógica la llamada “reducción al absurdo” y abundan en la literatura mundial los ejemplos de uso del absurdo para denunciar hechos graves. Escasean los del absurdo utilizado para ocultarlos. Entre estos últimos podría sin duda figurar un best-seller francés, L’effroyable imposture (El engaño espantoso), que Thierry Mayssan ha cometido sobre los atentados del 11 de septiembre. Afirma, por ejemplo, que el avión que chocó contra el Pentágono no fue un avión sino un misil autoinfligido. O que Bush hijo utilizó a su agente Osama bin Laden para destruir oficinas clandestinas de la CIA en las Torres Gemelas. Dicho de otra manera, que el autor de los ataques fue el propio “establishment” estadounidense, algo que hasta el mismísimo Fidel Castro rechazó de plano. Meyssan aporta como prueba fotografías dudosas y reflexiones sin fundamento. Sus conclusiones son tan disparatadas que no sólo es imposible creerlas: además cohíben toda sospecha de que Washington conociera con antelación esos ataques y resolviera no impedirlos para justificar luego su política “antiterrorista”, esa que encubre su voracidad petrolera. Los 200.000 compradores del libro —hasta el momento— comparten la sospecha al parecer.
Hay elementos para alimentarla (véase Página/12 del 23-12-01). Aparte de los alertas que enviaron a la CIA y al FBI los servicios de Francia, Alemania y Rusia, y de las declaraciones del director de la CIA admitiendo que había información que anunciaba los atentados con aviones utilizados como misiles, “aunque no se supo a tiempo el dónde y el cuándo”, sigue en pie el interrogante acerca de los extraños movimientos bolsísticos que se produjeron en EE.UU., Japón y algunos países europeos inmediatamente antes del ataque. Afectaron, entre otras, a las compañías aéreas cuyas aeronaves emplearon los terroristas: la American Airlines y la United Airlines. La CBS detalló el 26 de septiembre que entre el 6 y el 9 de septiembre se negoció en las Bolsas de Valores de Nueva York y Chicago un número inusualmente elevado de opciones de compra de acciones de esas empresas, 60 veces mayor que la media habitual en el caso de la primera; en el de la última fue 90 veces mayor en ese lapso y 285 veces mayor el día anterior al atentado. Las opciones de compra acaparan paquetes de acciones a pagar en un plazo determinado al precio que tengan cuando éste expira y son una apuesta a que su precio bajará. Como bajaron. No hubo transacciones parecidas respecto de otras compañías de aviación.
“Podría tratarse de la peor, la más horrible, la más perversa utilización (de esas operaciones) que se haya visto en la vida —declaró el 20 de septiembre Dylan Ratigan, de la Bloomberg Business News, a ‘Good Morning Texas’—. Sería una de las coincidencias más extraordinarias en la historia de la humanidad, si es que fue una coincidencia.” Suponer que los organismos de inteligencia y de seguridad de un país como Estados Unidos no tuvieron conocimiento de esas transacciones sería mucho suponer. El 16 de octubre, Fox News dio a conocer que, según un funcionario del Departamento de Justicia, se había utilizado como siempre el complejo programa electrónico PROMIS para controlar las operaciones bancarias y financieras prácticamente en tiempo real. Ernst Welke, director del poderoso Bundesbank, manifestó a France Presse el 22 de septiembre que un informe sobre el tema registraba transacciones “raras” antes de los ataques que, a su juicio, no serían producto de la casualidad: “No podrían haberse planeado y ejecutado sin algún tipo de conocimiento”, dijo.
No se sabe con certeza cuánto dinero se movió con base en conocimiento tal: l5 mil millones de dólares en todo el mundo, aseveró Andreas von Bulow, ex parlamentario hoy responsable de supervisar los servicios del espionaje alemán (Tagesspiegel, 13-1-02); para otros expertos la suma asciende a 12 mil millones. Sin embargo, ningún órgano de inteligencia estadounidense o de otro país ha dado cuenta de la detención de presuntos involucrados, ni de avance alguno en presuntas investigaciones del tema. ¿Indicaría esto que, en efecto, hubo “un cierto tipo de conocimiento” precio a los atentados, al menos en algunos sectores dominantes de EE.UU. que habrían elegido no detenerlos para ganar dinero y cubrir fines políticos en vez de impedir la muerte de miles de sus conciudadanos? A saber. Es una idea insoportable, tan insoportable como los atentados terroristas palestinos contra civiles israelíes indefensos. Tan insoportable como la visión de un tanque israelí persiguiendo a dos hermanitos palestinos de 6 y 13 años hasta matarlos en una calle de Jenin. Lo cierto es que la Dirección de Servicios Financieros de Gran Bretaña descartó en un informe público emitido el 16 de octubre que el grupo Bin Laden estuviera detrás de esas transacciones. ¿Entonces quién?

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7507-2002-07-11.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Ejes

Archivado en Juan Gelman • Fecha: 07-07-2002 00:00:00

Por Juan Gelman

El 1º de julio pasado se estableció en La Haya la Corte Penal Internacional (CPI), la primera que tendrá carácter permanente para juzgar a los perpetradores de genocidios, crímenes de guerra y/o crímenes de lesa humanidad. Tiene limitaciones: carece de jurisdicción retrospectiva y sólo entenderá en esos delitos desde el 1º/7 en adelante; intervendrá en última instancia, cuando los Estados adheridos a la convención que la ha creado no puedan o no quieran procesar a tales delincuentes; su jurisdicción no alcanza a los Estados, sino a individuos de los países adheridos –76 hasta el presente– o a quienes cometan esos crímenes en sus territorios. Aun así, es un paso adelante del nuevo derecho internacional en materia de derechos humanos. Pero el gobierno Bush, sedicente salvador de la democracia planetaria, no sólo no ha adherido a la convención: retiró en mayo último la firma al pie de su texto que Clinton había autorizado. La medida no tiene precedente conocido en el ámbito de la diplomacia internacional.
Circula por ahí la hipótesis de que esa postura obedece a la filosofía política heredada de los Padres Fundadores de EE.UU. George Washington habría advertido que se debía evitar cualquier tentación de involucrarse en cuestiones atinentes a otros países. La hipótesis es un poquito peregrina: los siglos XIX y XX y los comienzos del que acaba de nacer son testigos del incansable intervencionismo yanqui que tanta muerte ha causado en todos los rincones del planeta. El motivo es bien distinto y Bush hijo no lo disimula: pide que las tropas y los funcionarios de su país desplegados en el extranjero gocen de inmunidad –impunidad– ante la CPI. “Mientras que EE.UU. trabaja para llevar la paz a todo el mundo –dijo el martes 2–, nuestros diplomáticos y soldados podrían ser llevados a la Corte y eso me preocupa muchísimo.” Qué argumento raro. ¿Por qué la CPI juzgaría por genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad a los que tan duramente trabajan por la paz mundial?
John Negroponte, hoy embajador de la Casa Blanca ante las Naciones Unidas, fue más preciso: “Dadas nuestras responsabilidades mundiales, somos y seguiremos siendo un blanco especial y no podemos (permitir) que nuestras intenciones sean distorsionadas por un tribunal cuya jurisdicción no reconocemos”. En efecto: ¿y si a la CPI se le ocurriera que son crímenes de guerra, no “errores”, no “daños colaterales”, no “excesos”, hechos como el bombardeo –precisamente el 1º de julio– de una boda en Afganistán que provocó 40 muertos, mujeres y niños sobre todo? Eso no deberá ocurrir. EE.UU. tiene una misión y aunque no se sepa quién se la asignó, debe cumplirla. Es la ley del destino manifiesto. Lo afirmó sin vueltas Ari Fleischer, secretario de prensa de la Casa Blanca: “El mundo no debe equivocarse. EE.UU. partirá con firmeza del principio de hacer lo que es correcto para proteger a nuestros ciudadanos”. Por ejemplo, asesinar desde el aire a 400 civiles yugoslavos que cruzaban en tren un puente al sur de Belgrado durante Sarajevo. Y yendo más atrás: el asesinato a mansalva en marzo de 1968 de más de 500 vietnamitas de la aldea de My Lai por efectivos de 11ª brigada de infantería ligera de EE.UU. al mando del teniente William Calley. Y aún más atrás: el asesinato en julio de 1950 de 200 a 400 refugiados norcoreanos escondidos bajo el puente de No Gun Ri a manos de la 7ª brigada de caballería estadounidense. La lista incluye a países de América latina y se alarga en el tiempo y el espacio.
Nótese que todo esto se llevó, se lleva y se llevará a cabo fuera de territorio norteamericano. Pero Negroponte desenvainó el principio de la soberanía nacional: “No les pediremos (a los militares y funcionarios estadounidenses en el extranjero) que acepten el riesgo adicional de (sufrir) enjuiciamientos politizados ante un tribunal cuya jurisdicción sobre nuestros pueblo no es admitida por el gobierno de EE.UU.”. ¿Washington se estará latinoamericanizando? ¿Habrá aprendido del gobierno argentino o uruguayo que el argumento de la soberanía sirve para defendera asesinos y genocidas nacionales? En cualquier caso, el 28 de noviembre de 2001 Bush hijo se había vacunado ya contra la CPI promulgando la llamada “enmienda Hyde”, que: a) prohíbe a EE.UU. cooperar con la CPI; b) autoriza al presidente a usar “todos los medios necesarios y apropiados” para liberar a los militares yanquis (y a los de ciertos aliados) detenidos por la CPI; c) niega ayuda militar a los países que adhieran a la CPI, excepto en el caso de aliados importantes.
Bush hijo no está solo en el rechazo a la Corte: Rusia, China, India y Turquía no han adherido a la convención. Lo curioso es que tampoco lo han hecho Irán, Irak y Corea del Norte, y cunde la sospecha de que también EE.UU. formaría parte del “eje del mal”.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7337-2002-07-07.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Siempre estarán allí

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 06-07-2002 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Absolvamos opinión y testimonio. La Argentina está sucia. Se mata impunemente a sus hijos en la calle. Las llamadas autoridades hablaron primero de un complot, del regreso de la guerrilla, de los terroristas contra la democracia, y cuando unos fotógrafos de coraje civil mostraron que los asesinos pertenecen a la propia policía de ellos, se deshacen en explicaciones. Y entonces sí, que el chivo expiatorio pague todos los pecados de la inmoralidad mafiosa que nos domina. Fue el comisario Franchiotti. Sí, bien, pero, ¿de dónde salió Franchiotti? ¿Por qué Franchiotti? Todo salió de Lomas de Zamora, la capital del duhaldismo. Lo dijo muy bien nada menos que un propio miembro de la Policía Bonaerense, por escrito, a quien oficia hoy como Presidente de los argentinos: “Para poner en caja a la Policía Bonaerense no se debe repetir nunca el episodio de mayor concesión de poder que se tenga en la fuerza, como lo fue durante la jefatura de Klodczyk, en la gestión del gobernador Duhalde”. Lo firma el comisario César Frutos, titular de la jefatura departamental de Quilmes de la “Maldita Policía” Bonaerense, calificación aceptada por todos.
En un momento difícil, cuando lo asesinaron vilmente al fotógrafo Cabezas, el gobernador Duhalde quedó al desnudo al utilizar un término usado por la mafia: “Me tiraron un cadáver”, dijo. No se conoce a ningún personaje limpio de la historia a quien le hayan “tirado un cadáver”. En general se le tira un cadáver a alguien para advertirle que la próxima vez le va a tocar a él. Es decir, por haber traicionado alguna norma de los intereses entre grupos, por haber faltado al cumplimiento de la palabra sagrada, o por no haber cumplido una promesa o una exigencia. “Me tiraron un cadáver”, dijo Duhalde. Pero no dijo por qué, quién lo hizo, y por qué justamente a él. Se hizo correr el dato que la otra fracción de la mafia estaba representada por el omnímodo Yabrán, amigo de Menem, pero al mismo tiempo de Jaroslavsky y prestador de dinero al radicalismo. La Bonaerense también está implicada en el caso AMIA, un hecho criminal donde se ensuciaron las manos las altas esferas, la política exterior y los servidores uniformados. Pero, pese a errores y sospechas constantes, Duhalde llegó a la Presidencia de la Nación, aunque ya había perdido el turno de candidato elegido en los conciliábulos eternos de la politiquería argentina.
Volteada la zoncera criminal de De la Rúa que llevó a la gente a la calle y donde decenas de habitantes murieron a tiros por la represión de los que tienen miedo, llegó –como decimos– en un juego con algo de ruleta rusa Duhalde como jefe de la Rosada.
Pero hete aquí que la gente sigue en la calle porque el país está destrozado moral y materialmente. No todos se pusieron de rodillas a la espera de que nos manden dólares para que algún argentino se los ponga en el bolsillo. No, hay gente que sigue y está en la calle. Así de simple. Y cuando Duhalde y sus peronistas y radicales se atoran, la gente llena más las plazas, las calles y los puentes. Y entonces se recurre a lo que siempre han hecho los gobiernos que no representan a nadie ni tienen ideales para gobernar. Meten bala. Pero antes crean conspiraciones.
El discurso del ministro del Interior, Matzkin, no tiene desperdicio. Es la página más interesante de alguien que tiene miedo y a la vez conspira en la maldad para ver si se salva. Aunque caigan protagonistas o testigos. La página de Matzkin deberá estudiarse en el futuro en todos los cursos de sociología, pero también de historia y antropología. Leerlo en todas las aulas como documento infalible de la canallada y el servilismo. Matzkin. A él lo conocí en un café de Santa Rosa, me explicaron que es allí donde trabaja en candidaturas y en ascensos y descensos. Buen oficio, Matzkin, buen oficio, justo para ser ministro del Interior de Duhalde, uno de los capos venidos a menos al que hay que salvar, no sea que los otros lo tiren como cadáver en la vereda del candidato por excelencia. Total somos todosperonistas y radicales. Matzkin. Demócrata experto. Por eso, cuando se produjo el vil asesinato de Darío y Maximiliano, él, como ministro del Interior, alertó a la gente de bien sobre lo peligroso que son los piqueteros. No dijo que se trata de gente que quiere trabajo y un poco de dignidad en la vida. No, son representantes de intereses extraños a la conciencia del país. Términos que ya se los escuchamos al desaparecedor Videla. Matzkin, con expresión varonil, bien custodiado y pertrechado, dijo al mundo entero: “Las acciones de Avellaneda no constituyen un hecho aislado sino que son el resultado de acciones concertadas que constituyen un plan de lucha organizado y sistemático, que puede llegar a amenazar y reemplazar la fórmula de consenso que la mayoría de los argentinos hemos elegido. Hay quienes prefieren el lenguaje de la violencia”. Claro, Matzkin dio vuelta el cuadro, porque el lenguaje de la violencia lo empleó la Policía Bonaerense y la Prefectura nacional (repito: nacional) que metió bala. Pero para Matzkin esto no tiene importancia. Después se tuvo que meter su discurso en el ancho bolsillo que posee. Pero el gordito recorredor de pasillos y salones presidenciales y gubernamentales prefirió no leer diarios, no escuchar la radio ni ver los noticieros televisivos. Total, ¿quiénes murieron?
Lo mismo que el inefable Atanasof, un nombre para gritar que por fin se calle. Esa tarde, antes de las pruebas de esos testigos del coraje civil, entre ellos los fotógrafos presentes, dijo estas palabras de política profunda: “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada”. ¡Ah, hombre! Claro, se hizo el que no veía cuando las “balas de la ley” asesinaron a dos jóvenes desarmados, justamente cuando uno estaba asistiendo al otro herido. No, pero para Atanasof primero está la ley, luego la vida, aunque esa ley esté disfrazada por los uniformes nada menos que de la Policía Bonaerense. O el inefable Eduardo Amadeo, que habló para decirnos: “Hay que aplicar la ley con prudencia”. Menos mal. Y acusó a los piqueteros de “una escalada de violencia que estaba planificada”. Le preguntaría al señor Amadeo qué hubiera hecho él si hubiese sido obrero en la lucha por las ocho horas. ¿Arrodillarse ante las balas radicales en la Semana Trágica o seguir la lucha para conseguir esa norma sagrada para los pueblos? ¿Pagar toda la deuda externa con el FMI o luchar por un trabajo, un techo y una escuela? ¿Cuál es la ley de la que habla el señor Amadeo?
Pera el vaso rebalsó de pequeñez y falsedad cuando Rückauf volvió a glorificar el decreto del ‘75 en el que se ordenó aniquilar la subversión y que firmó él, y así se trató de justificar los cobardes crímenes de las Tres A. En cualquier otro país con principios democráticos, un cinismo tal hubiera sido de inmediato castigado con la destitución: pero aquí es todo posible. Ese señor con la camisa manchada de sangre representa a la democracia argentina ante el exterior.
El rostro del comisario Franchiotti nos sirve para definir nuestra actualidad. Y el de su jefe, el comisario Mario Mijín, torturador durante la dictadura en el Destacamento Arana. Quiere decir que pese a las denuncias, la “obediencia debida y el punto final” de Alfonsín y sus radicales permitieron que una bestia humana así siguiera en la policía y fuera ascendido con Menem, con De la Rúa y con el mismo Duhalde, que lo llevó a la cueva policial de su barrio de Lomas de Zamora.
Eduardo Duhalde tiene ya “sus muertitos”, como decían los mexicanos cuando Echeverría ordenó la masacre de estudiantes de Tletalolco. Tiene ya sus asesinados. Jamás podrá sacar sus cuerpos del cofre de su automóvil ni de las valijas cuando viaje. Siempre estarán allí. Darío y Maximiliano no quedaron tirados en el asfalto. El pueblo los llevó a su tierra.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7309-2002-07-06.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Santillán y Kosteki

Archivado en Sandra Russo • Fecha: 04-07-2002 00:00:00

Por Sandra Russo

Habría que vivir sus vidas para saber de qué se trata. Habría que ponerse en sus pieles para entender de qué hablan. Habría que soportar en el propio pecho tanta desolación, tanto luto, tanto fastidio. Por más que a uno lo alienten nociones bienintencionadas, no es así, como la de ellos, la vida que le ha tocado vivir. Calefacción, prepaga, escuela, heladera, cena, libros, buen vino, techo, esperanza, fin de semana, auto, taxi, supermercado, cine, teléfono, mail, regalo, radiografía, entretenimiento, televisión, aliento, sueldo, planes, abrigo, antibiótico, en fin, son miles las palabras de las que ellos han sido expulsados y que, con más o menos suerte, todavía sostienen la manera en la que millones de argentinos se piensan a sí mismos.
Otros millones no. Desde que Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fueron asesinados, las mismas cámaras de televisión y las mismas cámaras fotográficas a través de las cuales se desvertebró la nueva historia oficial que ya estaba en marcha –la misma que ahora desde el gobierno niegan, dejando colgar la duda: ¿será verdad que están indignados con la conducta policial, o se indignan, en realidad, por el descuido policial de dejarse fotografiar y filmar mientras mataban?–, se internaron en los lugares de los que ellos, Santillán y Kosteki, llegaron al puente Pueyrredón, en esos barrios siempre esfumados en la neblina del invierno, en esos barrios de invierno permanente. Allí, en esos paisajes arrasados, en esos escenarios de posguerra en los que los derrotados del sistema se supone que solamente deben sobrevivir apechugando, las vidas de Santillán y Kosteki volvieron a hablar.
Uno, Kosteki, habló de ladrillos para reemplazar las chapas que dejan colar el frío insoportable, de su trabajo voluntario haciendo esos ladrillos, de un horno de cerámica, su más lucida pertenencia, donado para hacer esos ladrillos, de dibujos sobre papeles baratos, de un universo imaginario en el que vivió ese chico hasta sus 22 años y que por cierto fue más generoso y más deseable que lo real: había ángeles, banderas, manos abiertas. En el universo de Kosteki también hubo y hay una madre de un temple escalofriante, que no se ha permitido hablar de la muerte de su hijo como algo personal: esa mujer es consciente de que el mayor dolor de su vida es un dolor político.
El otro, Santillán, lo que dejó fue un gesto cuya medida excede nuestra capacidad de reflejos, un gesto que desborda nuestra moral de pequeña burguesía ya desacomodada. Escuchar zumbar las balas y detenerse ante alguien que muere, pedir auxilio para ese alguien que muere, tomarle la mano a quien muere y exponerse a ser acribillado, morir así, es algo para lo que nadie se prepara. Nadie puede asegurar de sí mismo esa reacción. Es en todo caso una circunstancia atroz la que se impone, y es, en este caso, la hombría de bien inmedible de ese chico la que quedará latiendo en la memoria colectiva.
No se trató solamente de un comisario inspector fusilando a un piquetero. La visión de Santillán intentando socorrer a Kosteki, la visión de su espanto interrumpido por el escopetazo que recibió en la espalda, la visión de su cuerpo ya herido retorciéndose en el piso, la visión de su mano extendida hacia ese policía que por toda respuesta lo sacudió con asco, la visión de la sonrisa del otro policía acomodando el cuerpo de Kosteki, la visión del comisario palpando de armas a Santillán ya inerte, los ojos de Santillán ya casi ido pero aún allí, incomprendiendo todo ese horror, ese mal encarnado, fue mucho más que un documento para abortar la incipiente y canalla versión oficial. Esos grandes detalles de esta historia relatan, nada menos, quién es quién.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7166-2002-07-04.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

Un gato travieso y un león herbívoro

Archivado en Osvaldo Bayer • Fecha: 01-07-2002 00:00:00

Por Osvaldo Bayer

Mientras las brasileñas se ponían ligeras, los alemanes prepararon en sus jardines –con invitados– uno o dos televisores para asistir al Mundial. El menú fue igual en toda Alemania: grandes ollas calentaban salchichas de todos tamaños, y en las fuentes de cocina ya esperaba la habitual Kartoffelsalat, ensalada de papas. Y empezó el partido en Yokohama. Empezó bien Alemania, desconocida: buenos pases, velocidad, excelentes jugadas, pero cuando los brasileños se fueron despertando, el público alemán se fue poniendo serio y cada vez con más apetito ansioso por las salchichas. Gran parte de los comensales se había puesto una careta del arquero Olli Kahn que trajo un diario y que muestra al arquero alemán con su gesto característico de la boca abierta como si pegara un rugido leonino.
Porque adentrémonos en la más profunda verdad: lo que quería el público alemán no era tanto el campeonato mundial, sino que Olli se consagrara el más grande arquero de todos los tiempos, no dejando pasar ningún tanto por la raya de su arco. Los titulares de los periódicos ya lo decían, por ejemplo, cuando Alemania le ganó a Surcorea y llegó a la final, un diario tituló: “Olli Kahn llegó a la final” (los otros en forma similar). Y ayer, a la mañana, el matutino de más venta, titulaba: “Hoy somos todos Olli” (y no, por ejemplo, hoy seremos campeones del mundo”).
A medida que se masticaban más salchichas y Ronaldo se fue aproximando cada vez más a Olli, la nerviosidad germana fue en aumento. Hasta que vino el primer gol de Ronaldo. ¡No podía ser! ¿Que a Olli le hayan metido un gol? No. Algunos dejaron de comer las salchichas y se retiraron a cantar alguna oda al Rhin o a pasearse por los bosques recitando a Goethe. Los demás, en absoluto silencio aguantaron estoicamente hasta la rendición incondicional. Otro gol a Olli. Ronaldo, con su cara de gato de albañal, pícaro, atorrante.
Todo estaba dicho.
Olli, deprimido, yacía sentado junto al palo de su arco vergonzante. El ex león gallardo no agitó más sus fauces. Eso sí, no lloró. Pero era algo así como una pálida momia en la soledad.
Mientras las brasileñas comenzaban a moverse.
Ningún alemán podía creerlo: ¡Dos goles al Olli! ¡Mamá, cómo está el mundo! Mañana será el día del psicoanálisis en todo territorio germano.
Alemania jugó su mejor partido del torneo, pero no superó su mediocridad. (Yo lo comparé en otra nota al Atlanta de 1940, pero me llamó por teléfono desde Buenos Aires Román Lejtman para decirme que en aquellos años su papá lo llevaba a ver a Atlanta y que puede certificar que el equipo de Villa Crespo era peor que el actual seleccionado alemán. Bueno, pido disculpas.)
La catástrofe de ayer fueron los dos goles al invencible Olli. Los alemanes, al regreso de Japón querían ascenderlo como Cristóbal Colón del arco o a Mariscal de campo del área. Pero todo quedó en la nada cuando en el minuto 18 del segundo tiempo Olli comenzó a comer pasto de la cancha. Y después el otro, donde ya, en vez de la garganta de un león pasó a tener la quijada movible de un herbívoro.
Todo estaba perdido. En Río empezaron a mover las caderas. En Alemania comenzó un silencio absoluto. Se apagaron los televisores, y todos buscaron refugio en sus lechos a dormir la derrota.
Yo quedé curioso y llamé a las feministas alemanas. Ellas, como lo relaté, me habían dicho que los jugadores alemanes habían llegado a la final porque el día anterior habían sido visitados por sus novias y sus esposas. ¿Y aquí, qué había pasado? ¿No se les había permitido gozar de la compañía de ellas? Pero nadie de las feministas fue al teléfono, no me atendieron, me dejaron sin respuesta. Qué lástima, hubiéramos podido iniciar un capítulo científico acerca del beneficio o no de la presencia femenina ante las grandes misiones de los hombres. Y colgué. Sentí untemor repentino de recibir una respuesta no adecuada. Entonces me puse a pensar con nostalgia que hubiera preferido ver, en vez de este final, un clásico rosarino de los años cincuenta con el triunfo de las canallas, por supuesto. No sé, tenían más “pep”, es decir, pimienta, adobo, y ya que hablábamos hoy de salchichas, más mostaza.
Brasil merece ser el campeón del mundo en la actual medianía. Supieron moverse, supieron vencer al león herbívoro.
(Pero al terminar estas líneas no puedo dejar de expresar mi intensa tristeza: mientras ocurría esta fiesta del deporte, los diarios europeos informaban que la policía argentina asesinaba cruelmente a Darío y Maximiliano, nuestros jóvenes indefensos. El comisario Franchiotti: sadismo, cobardía, brutalidad. Las mismas cualidades, por interés, de los que están por encima de él.)

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-7014-2002-07-01.html

Escrito por Derechos reservados por cada medio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009