Por Osvaldo Bayer
No es que ahora uno va a borrar con el codo lo que escribió con la mano. Pero la verdad es que ya Alemania es vicecampeón del mundo con posibilidades de ser el campeón. ¿Pero cómo, no escribí acaso que el equipo de Alemania era más malo que el de Atlanta en el descenso de los años cuarenta? Sí, pero un momento, Beckenbauer, nada menos que Beckenbauer, el Kant del fútbol, declaró la semana pasada, después del partido de Alemania con Estados Unidos, que el único jugador de clase era el arquero Oliver Kahn y que a los otros diez había que “encerrarlos en una bolsa y cagarlos a palos a todos por igual porque son todos malos y todos tienen la culpa”. Y ahora ¿cómo se explica que Alemania con ese equipito, ese picado a la acuarela, dispute la final? Alguien se equivocó.
No, ni Beckenbauer ni yo (perdóneseme el atrevimiento) fuimos injustos. Es así. Y ayer con Corea sí, mostró más fuerza, un poco más de fuerza, pero el único jugador que ser destacó fue, como siempre, el incomparable arquero Oliver Kahn, premio Nobel de pelotazos, cabezazos, corners, sobrepiques, tiros al ángulo, cañonazos de media cancha y de cuatro metros. Eso es indiscutible.
Alemania no tiene ningún crack (salvo el número uno). Entonces ¿qué pasa? Estudiemos.
Ayer, el entrenador teutón lo explicó en forma breve: Dijo: “Aplicamos la Lógica”. Ah, bueno, lo hubiera dicho antes. Nos imaginamos que hicieron cursos acelerados de Aristóteles, para comenzar por el principio, y luego, en noches sin sueño, recorrieron el neoplatonismo con Abelardo Duns Scotus y Wilhelm von Ockham para luego desembocar en ese mar sin costas que es Leibnitz y terminar triunfantes en la Lógica Trascendental de Kant. Claro, así sí. Ahí está la clave. Mientras, los surcoreanos se conformaron con las cien flexiones diarias y los 400 metros llanos dos veces por día.
Interesante siempre, el entrenador alemán Rudi Völler. No dice nada, pero con una expresión es como si lo dijera todo. No, nada de cambiar este jugador por este otro, no. Sencillamente, con los mismos jugadores –todos de una medianía insuperable– se cambió de Lógica. Y listo el pollo. La cuestión es que los alemanes ganaron. Como decía el jugador inglés Linneker: “Nosotros jugamos y los alemanes ganan”.
Bien, claro, pero ¿cómo es que ganan con este equipo de lansquenetes que van y vienen por el campo de juego como si juntaran margaritas y, por ahí, la pelota los ayuda a meter el gol? Sí, un gol, uno solo por partido (salvo los ocho que les metieron a los domadores árabes de camellos).
A fuerza de no explicarse por qué, estos alemanes les ganan a todos y uno empieza ya a quererlos. Pobres chicos, salen a jugar para que se los coman los leones, y ganan.
Ayer, nuevamente Ballack: tiró, rebotó la pelota en el arquero coreano y la redonda volvió al mismo lugar de los pies de Ballack, y gol. Corea murió al atardecer. Listo, no hablemos más.
Las feministas alemanas lo explicaron todo diciendo que el éxito se debe a que hace 48 horas los jugadores alemanes fueron visitados por sus esposas o sus novias. No sabemos qué decir, nos falta experiencia para ello. Pero puede ser, claro, que los muchachos hayan entrado en el paraíso y cuando salieron a la cancha se pasaron pensando en él y no los pudo parar nadie. Pero claro, ésta ya es Lógica metafísica o dialéctica. No sabemos, yo diría sencillamente que el todo conforma un capítulo de la Lógica Interesante.
Cuando ayer lo vi jugar al alemán Jeremies no pude menos que acordarme de aquel half derecho de Rosario Central de fines de los sesenta: el negro González (sí, aquel que tiene el record todavía: fue expulsado a los veinte segundos de comenzar un partido porque le dio un bife a un jugador de Boca. Pobre Negro, no lo podía creer y se reía con la boca bien abierta mostrando la blanca dentadura como buen negro oriental). O Carrascosa, elhalf izquierdo del mismo campeonísimo equipo canalla. ¡Qué jugadores! Y ayer lo comparaba, como digo, con Jeremies y con Hamann. Y me preguntaba: ¿pero acaso lo han mecanizado al fútbol? La ausencia, ¡cuándo los volveré a ver entrando a la cancha, queridos Negro y Carrascosa, levantando la mano, campeones! ¡Cuánta nostalgia y buen fútbol!
(Debo decir algo: hay estudiosos que les atribuyen el éxito a los germanos porque ese equipo humilde tiene un sentido de comunidad y no hay protagonismo entre ellos. Bueno, lo voy a estudiar, porque si no voy a llegar a la conclusión de que se ha logrado el socialismo en el fútbol.)
Pero esperemos el domingo, ojalá la final sea Brasil y Alemania, así vemos el meneo tropical contra la Lógica psicologista de Husserl. Ustedes me entienden. (Por eso le voy a hablar a Beckenbauer, para que en el futuro tengamos más cuidado con nuestros juicios. No nos vendría mal leer un manual de Lógica, aunque sea breve.)
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6747-2002-06-26.html
Por Juan Gelman
Es curioso. O no: escritores que padecieron el socialismo real en la antigua RDA, la Alemania Oriental, redactan sus memorias o publican autobiografías apenas disfrazadas de novela. Son textos íntimamente entrelazados con la experiencia social y política vivida, como si explorar ese pasado fuera la puerta que, una vez franqueada, permitiría el acceso a otros territorios, nuevos. Se trata de autores que el régimen de Walter Ulbricht y los sucesivos confinaron en el renglón “disidentes”. Su obra cuestiona la opinión en boga de que toda la literatura alemana oriental era propagandística, dogmática y carente de valor. También el ex canciller de Alemania Occidental, Helmut Kohl, simplificó lo sucedido cuando declaró que la RDA había sido “una aberración criminal”, olvidando –entre otras cosas– que se había convertido en la décima potencia industrial del mundo y el país más próspero del Comecon, el mercado común de la Unión Soviética y las naciones del Este europeo.
Gunter Kunert, el gran poeta nacido en 1929, conoció la marginación en la Alemania nazi primero. En su libro de memorias Erwachsenenspiele (Juego de adultos, 1998), narra que cuando era alumno de primaria su maestro le preguntó por qué había puesto “disidente” en el rubro “religión” del formulario de ingreso. El niño explicó sin vacilar: “Soy un mestizo”, y la clase entera rió de lo que creía una broma. Kunert había usado la palabra “mischling”, que también significa “perro cruzado”, y el maestro no acompañó la carcajada general: conocía muy bien la ley nazi de Nuremberg de 1935 por la que se calificaba de “mischling” a todo matrimonio entre un “ario puro” y una judía o viceversa. Cuarenta años después, en la Alemania “comunista”, volvió a habitar la condición de disidente, aunque por razones bien diversas.
Kunert empezó a escribir poesía a fines de los años ‘40 y un amigo lo presentó a Johannes Robert Becher, también poeta, crítico literario y sobre todo miembro influyente del partido y del gobierno que en 1954 fue designado ministro de Cultura de la RDA. En su diario, Becher describe así al joven poeta: “Vestido pobremente, casi de manera grotesca, con gestos torpes y tímidos, un rostro de pájaro con hambre. Sólo un muchacho, un niño, y sin embargo, qué poeta”. Kunert compartía el ideal del socialismo y a principios de los ‘50 fue invitado a asistir a un curso para escritores organizado por el Partido de la Unidad Socialista de Alemania (comunista). Favoritos del régimen como Armin Muller, Walter Stranka y otros plumíferos olvidables impartían el dogma de que el escritor debía apoyar con su obra la construcción del socialismo y la línea del partido en consecuencia, según el asombroso apotegma staliniano de que los escritores “son los ingenieros del alma”. Kunert redactó un texto ridiculizándolos y Muller, furioso, le espetó: “Deberías estar en un campo de concentración”. Lo mismo hubiera pensado Hitler, en vista de la ascendencia judía del burlón.
En 1963 Kunert publicó un libro de poemas en Alemania Occidental y esto aceleró su caída en desgracia. Trabajó como guionista de cine y escribió radionovelas, y poesía para el cajón. En 1976 lo sacudió la abrupta expulsión del cantautor Wolf Biermann y fue uno de los primeros en firmar la carta de protesta que el hecho provocó. En 1977 expresa con nitidez su desencanto con el régimen: “Porque dije: aquí apesta,/vaciaron orinales/sobre mi cabeza;/como prueba de lo contrario”. La Stasi, el servicio secreto de la RDA, vigiliaba abiertamente su domicilio con claros fines de intimidación. En 1979, con su mujer y siete gatos, cruzaba el Muro de Berlín gracias a un permiso transitorio de estadía en el extranjero. Las autoridades se lo concedieron sabiendo que no volvería. Fue una expulsión disimulada.
Kunert cursaba el preescolar cuando la madre le prohibió decir “Moscú”, un nombre que él había escuchado en una emisión radial clandestina. La palabra y el acto eran absolutamente ilegales en la Alemania nazi y susceptibles de atraer la indeseada atención de la Gestapo. El niño creció sintiéndose el portador de un secreto que lo distanciaba y diferenciaba de sus compañeros, y esa suerte de fiebre fría quizás incubó al poeta. Los rusos tomaron Berlín, el Ejército Rojo ocupó el barrio donde Kunert vivía y él pudo entonces excarcelar a la palabra secreta y convertirla en búsqueda del secreto de la palabra. “Moscú” encarnaba la esperanza de liberación del yugo hitleriano. Con los años, ese nombre se le volvió pesadilla.
Pero nunca abandonó a Kunert el deseo de un indecible más bello. Léase “Ad Icaro”, poema de quien se autocalifica de individualista extremo, marginal y desconfiado de toda ideología: “Volar es difícil/abre sin embargo tus brazos/y toma carrera/hacia lo imposible./Toma mucha carrera/para poder volar/a tu cielo/donde todas las estrellas desaparecen/porque se instala el día./Un horizonte es visible siempre./Toma carrera.”
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6630-2002-06-23.html
Por Osvaldo Bayer
Todos los años repetimos el triste deber de exponer las estadísticas del mundo. Bastan dos para demostrar esa injusticia, o mejor dicho del régimen y del sistema que rigen el mundo. Primero, la del 11 de junio de este año de la FAO, la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación. Se titula: “Los menos están satisfechos”. Ochocientos quince millones de seres humanos padecen hambre. Al mismo tiempo, el 14 de este mes: “El armamentismo creció el año pasado en un siete por ciento”. Desde el atentado de las Torres Gemelas, las cifras se han acelerado. Menos alimentos, más armas. ¿Cuántas veces lo hemos escrito? ¿Qué hacen las democracias del mundo? ¿Qué hacen las iglesias del mundo? ¿Qué hacen las universidades del mundo? ¿Qué hacen los intelectuales del mundo?
Desde el 11 de setiembre ya sabemos todos quién es el culpable: los terroristas.
Y se buscan y se encuentran los culpables. Por ejemplo, el último ha sido un señor José Padilla a quien también se identifica con un nombre árabe. Es el demonio mismo. Fue sorprendido en Estados Unidos, según dijo la CIA, mientras preparaba los planes para hacer un atentado con “una bomba atómica sucia”. Padilla, por supuesto, un latino, con sospechoso sobrenombre árabe. Por ahí está el camino de la verdad: llegar a descubrir por fin dónde están los enemigos de la humanidad. La CIA nos ayudará a encontrarlos.
País democrático no es aquel donde todos comen todos los días sino donde las llamadas “fuerzas democráticas” están bien respaldadas para mantener el orden occidental y cristiano; esto último ya no se usa más, no es necesario, eso no se dice más, ahora se es “democrático” lisa y llanamente cuando se está contra el terrorismo internacional. Porque claro, nuestro enemigo actual no es el hambre sino el terrorismo.
Las estadísticas dicen lo contrario: los pueblos ricos les venden armas a los pueblos hambrientos. En el año 2001, Estados Unidos ha vendido armas por cuatro mil seiscientos millones de dólares, le siguen Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia y Holanda. Sí, sí, todos países absolutamente democráticos, cristianos y occidentales. Y el que más compra es nada menos que Eritrea, país de una pobreza que hace saltar las lágrimas al más insensible. También Burundi, Etiopía y Ruanda. O países que acaban de destriparse mutuamente, como Bosnia, Croacia y Serbia. El estudio de la Sipri señala que la sexta parte de la población mundial y la cuarta parte de los países en desarrollo viven con menos de un dólar por día. Comprar armas es quitarles el pan de la boca a esos pueblos. Y las armas las compran los políticos corruptos mojados por las coimas de los productores de armas. ¿No son ésos los terroristas? Por supuesto que no. Terrorista es un sujeto indefinido que puede ser hasta el vecino tuyo. Por eso en todos los países civilizados se están creando nuevos servicios de informaciones. En la Argentina, que en ese sentido siempre se pone a la vanguardia en adoptar lo que nos enseña Estados Unidos, las fuerzas armadas piden hacer “inteligencia interna” para vencer al terrorismo. Claro, porque ése es el peligro, no las fuerzas armadas sino, por ejemplo, los maestros, las Madres de Plaza de Mayo, los piqueteros, las asambleas populares, ahí está, allí están. Por eso nuestros representantes del poder ya están preparando todo. Buscar el abrazo militar. En el seminario organizado por el Estado Mayor Conjunto está la clave.
No faltaba ninguno: militares, marinos, aviadores, comisarios, empresarios, banqueros y los opinadores de siempre que tienen dos brazos derechos. Es decir, estaban todos los argentinos de verdad, empeñados en la lucha contra el terrorismo. Luego, en el Día de la Bandera, el Presidente sustituto estuvo con los comandantes en jefe, no con los maestros de frontera que sí hacen patria, y ya en la línea hacia dondevamos, los camiones del ejército dieron mate cocido a los muertos de hambre cordobeses y el intendente de Rosario invitó a las fuerzas armadas a mezclarse con el pueblo en un espectáculo que conmovió hasta las lágrimas a coroneles retirados, políticos con esperanzas y viejos torturadores que recordaban aquellos tiempos donde todos éramos argentinos, derechos y humanos.
Es decir, que ya los argentinos tenemos una misión para el futuro: estar atentos a la lucha contra el terrorismo. Miremos al Norte, escuchemos las conferencias de prensa de George dobleiú. Más ahora, cuando también se caen Brasil y Uruguay del mercado. Ahí también la culpa la tienen los terroristas y no el sistema egoísta y exterminador de la globalización capitalista. Pensemos en José Padilla y en su bomba atómica sucia. Y en las Torres Gemelas. Ahí está la clave, como lo dijo muy bien el gran demócrata del Norte: “Debemos cortar las raíces del terrorismo”. Por eso nuestro general Brinzoni, por eso “su brazo político” –como muy bien lo dice la crónica–, el del radical Horacio Jaunarena, ministro de Defensa de la Patria, por eso el filósofo antiterrorista, el coronel José Luis Piedra, por eso siempre allí, en el lugar de reunión, el general San Martín y Cristo crucificado.
Todo está ya listo. Mientras el ejército saldrá a dar mate cocido a los muertos de hambre en nuestras calles, sus generales se dedicarán a estudiar el terrorismo. Y todo saldrá bien. Hasta se puede pensar en un gobierno cívico-militar con un peronista-radical como presidente; el general Brinzoni, como asesor espiritual antiterrorista, y el senador Cafiero como embajador ante la Santa Sede.
Y veremos cómo poco a poco desaparecerán las carpas docentes, los piquetes, las Madres de la Plaza y los obreros que administran sus propias fábricas abandonadas por los patrones. Y llegaremos orgullosos a lo que hoy nos puede demostrar Kenia: los trabajadores tienen un horario de 66 horas por semana y ganan justo un dólar por día. Si todos hiciéramos como los trabajadores de Kenia, en la Argentina no habría hambre ni desocupación ni jubilados humillados. Hasta hace poco el primer mundo proclamaba a Kenia como el país modelo de Africa occidental. (Ahora se callan la boca, por lo menos hay todavía un poco de vergüenza.)
Pero eso sí. La guerra con Irak ya está decidida y que se vaya preparando Saddam Hussein. El Washington Post publicó el domingo pasado una noticia que nos debe tranquilizar a todos: George dobleiú Bush ha dado poder al servicio de informaciones CIA para realizar operaciones ocultas que lleven al derrocamiento de Saddam, a tomarlo prisionero y hasta a emplear, llegado el caso, “violencia mortal” contra él. Más todavía, la información señala que la CIA está autorizada a apoyar con dinero, armas, instrucción e informaciones del servicio secreto a grupos internos y externos de Irak. Y finalmente, se autorizó el envío de comandos especiales. Todo muy democrático, occidental y cristiano.
El ejército argentino, en todo este nuevo capítulo del progreso del mundo, no quiere quedarse atrás. Y pretende que se vuelva al servicio militar obligatorio.
Esto sería un insulto a quien, con su sacrificio, obligó a su eliminación: el soldado Carrasco, muerto a patadas por uniformados de ese ejército, en una actitud más que cobarde. Fue otra de las batallas ganadas por nuestro ejército después del método de desaparición de personas, por el cual se hizo famoso y seguirá siendo famoso en el mundo entero. Es interesante esta historia: el general Menéndez, comandante general en Malvinas, que se rindió con armas y bagajes ante el inglés, acaba de compararse con el mariscal alemán Von Paulus, el que luchó en la batalla de Stalingrado. Las cosas que uno ignora. Ya que estamos, el general Galtieri, ahora, podría compararse con el mariscal Rommel. Fíjese el lector, tenemos cosas tan buenas y lo ignoramos. Pero eso sí, la batallacontra el terrorismo la va a ganar el general Brinzoni y su consejero, el infaltable Jaunarena.
Contra la nueva implantación del servicio militar nos opondremos los viejos y los jóvenes argentinos hasta las últimas consecuencias. No, servir en ese ejército, nunca.
Veremos qué dicen los políticos, agachados y en cuclillas, ante los planes de organizar un país argentino militarizado y antiterrorista a la George dobleiú Busch. El pueblo ya se pronunció este 20 de junio, en la calle.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6592-2002-06-22.html
SILVIA BLEICHMAR, PSICOANALISTA
Una conversación sobre la mujer y sus deseos, el cambio en las formas de las psicopatologías, los aportes de la antropología para entender qué es un hombre y, sobre todo, el lugar que tiene el cuerpo en el psicoanálisis.
Por María Esther Gilio
–Usted asistió recientemente a un Congreso en Montevideo sobre “El cuerpo, en psicoanálisis”, tema poco debatido en el siglo. ¿Qué pasó? ¿Por qué piensa que siendo el cuerpo algo tan fundamental para el hombre fue poco atendido por el psicoanálisis?
–Creo que el cuerpo ha tenido su lugar en el psicoanálisis, claro, en este momento histórico ha pasado a tener una fuerza muy grande a partir de los nuevos modos de irrupción de patologías que ponen en juego cuestiones que hacen a lo corporal.
–¿Bulimias y anorexias serían un ejemplo?
–Sí. Por otra parte los modos de representación del cuerpo han variado no sólo porque han variado los cánones estéticos fundamentales, sino porque en el cuerpo se ha instalado lo inamovible de la individualidad.
–¿Qué quiere decir eso, exactamente?
–Quiere decir que el cuerpo es la propiedad última del ser humano. Piense en cómo se plantean en este momento las formas migratorias. Las enormes masas que se desplazan de un lado a otro constituyen un fenómeno que es centro de debates en Europa y Estados Unidos. En la medida en que el cuerpo es lo desplazable de los seres humanos los problemas migratorios pasan a otro plano. La derecha en el mundo avanza a partir de los temas migratorios.
–El cuerpo sería, entonces, la propiedad última de los seres humanos. La última propiedad. Este es un pensamiento bastante removedor. ¿Cuál es, para ti, el peso del cuerpo en la visión psicoanalítica del individuo?
–Es a partir del cuerpo que el sujeto se reconoce a sí mismo. Tenemos el clásico en psicoanálisis del niño que se mira al espejo y se reconoce. Por otra parte, la primera forma con que se le define a un niño su identidad es pidiéndole una mostración de su cuerpo, pidiéndole cierto dominio de su cuerpo. Recuerdo el caso de un niño con un problema psíquico grave, quien, cuando yo le decía “Mostrame tu pelito”, él me mostraba el pelo de su madre. No podía diferenciar su propio cuerpo del cuerpo del otro. En los primeros años de la vida psíquica, los niños miran sus manos o sus pies como objetos independientes.
–¿Qué pasa cuando hacen girar las manos y las miran?
–Están viendo un objeto que se presta a su voluntad, a su deseo. El psicoanálisis se ha ocupado, en sus comienzos, en aquello que tiene que ver con identidades y diferencias. Por otro lado tenemos el cuerpo del punto de vista médico. El cuerpo para la teología de fundación. La teología tuvo respecto al cuerpo un objetivo: liberarlo de la carne.
–La carne como sexo y pecado.
–Sí. Juan Casiano, un teólogo de los comienzos del cristianismo, dedicó su vida al tema de cómo liberar al cuerpo de la carne.
–Librarlo de la carne significa también y, ente otras cosas, no comer.
–Ese es uno de los planteos que hace. Cómo comer sin gula y cómo liberarse de la sexualidad. El dice que la gula es más difícil de controlar que la sexualidad ya que se puede vivir sin tener relaciones sexuales pero nadie puede vivir sin comer.
–Es evidente que el cuerpo ha ocupado un lugar importante en la historia de las religiones.
–Y también en la historia de la evolución del hombre, lo cual se ve en la conducta de los seres humanos respecto al cuerpo, cosa que señala la antropología.
–Se refiere, por ejemplo, al enterramiento del cuerpo después de la muerte.
–Claro. En este momento tenemos una serie de trabajos, en las más variadas disciplinas, cuyo objeto es el cuerpo. Hay distintas redes que atrapan la cuestión del cuerpo. El cuerpo está presente en una gran cantidad de problemas que tienen que ver con lo político y con la organización de la sociedad.
–¿A qué te referís, concretamente? –Al abuso, a la tortura.
–Situaciones en que el cuerpo está directamente implicado.
–Sí. Pero además, fijate el peso que tiene el cuerpo en el aborto. ¿Cuál es el planteo fundamental de la gente que propicia el aborto? El derecho a la apropiación del cuerpo propio. Se trata de un punto central del tema derechos civiles.
–También el cuerpo estaría implicado cuando se discute el derecho a morir dignamente, es decir, el derecho a la eutanasia.
–Todas estas cosas ponen el cuerpo en el centro de la sociedad.
–¿Qué es el cuerpo para el psicoanálisis?
–Yo creo que las cosas fundamentales a que apuntó el psicoanálisis respecto del cuerpo son dos. Una, por primera vez el psicoanálisis planteó que el cuerpo, más allá de las cuestiones de autoconservación biológica que nos ligan al reino animal, están los modos del placer que no tienen sólo que ver con la genitalidad. El cuerpo a partir del psicoanálisis aparece como lugar general del goce. Lugar atravesado por lo que llamamos libido. Otra cosa que trajo el psicoanálisis es la idea de que el yo de los seres humanos es una representación del cuerpo propio.
–El cuerpo es la manera como el ser humano representa su yo.
–Exactamente. Esto se ve en los niños pequeños. Si le ponés una inyección a un niño de ocho meses éste llorará a partir del pinchazo y dejará de llorar cuando dejó de dolerle. Si a un chico de dos años pretendés ponerle una inyección, el sólo verla le produce terror porque teme la perforación del cuerpo. Porque ya tiene noción de una superficie que limita su relación con el mundo. ¿Por qué a la mayoría de los seres humanos le disgustan las inyecciones? En realidad las inyecciones son una tontería, pero la sensación de que una aguja nos penetra el cuerpo es angustiosa.
–Eso mostraría que para los seres humanos el límite del propio yo está en la piel.
–Sí, en la superficie de la piel. Esta idea ocupa un lugar muy importante en la representación que los seres humanos tenemos de nosotros mismos.
–¿Cómo valorizás el hecho de que el psicoanálisis se abra hoy a los aportes de otras regiones del conocimiento?
–Freud, como sabemos, anticipa un modelo de pensamiento que se adelanta a su época. Pero, al mismo tiempo, en otra parte, refleja el conocimiento de su época. Con lo cual hay partes de la obra que hoy debemos revisar y recomponer. Yo diría que uno de los problemas es que la obra freudiana es una obra de partida, no de llegada.
–Eso está claro.
–Eso que te parece tan obvio, no lo es para muchos analistas. Creo que hoy una de las cuestiones a resolver es que Freud deje de ser recitado como recurso de autoridad y que su obra sea planteada como lugar de trabajo y revisión conceptual. Tenemos ahí el cuerpo central de una región del conocimiento y no se puede avanzar sin trabajar los nudos problemáticos, muchos de los cuales han caducado.
–Estás hablando de la mujer por ejemplo. De la sexualidad. Danos algún ejemplo de los aportes hechos por otras disciplinas.
–La antropología por ejemplo, ha hecho enormes, inimaginables avances en el estudio de la masculinidad. Algo realmente extraordinario. El psicoanálisis todavía está rezagado en ese aspecto. Por ejemplo, hay un libro de Daniel Gilmore que se llama Hacerse hombre. En este libro se plantean todos los modelos con los cuales un hombre se constituye en las distintas culturas. Dando cuenta de que, a diferencia de lo que pensó el psicoanálisis en sus comienzos, la masculinidad no está dada desde el principio.
–¿La masculinidad sería, entonces, algo cultural y no innato? –Exacto. Pero no sólo eso. Desde los comienzos Freud trabajó profundamente, hizo estudios importantes sobre la mujer: la feminidad, la sexualidad femenina.
–Sólo con la mujer, ¿por qué no con el hombre?
–Porque en la medida en que el hombre tiene en su cuerpo el atributo real de la masculinidad a la vista esto no parecía necesario. Por otra parte había en la masculinidad una contigüidad que se extendía a lo largo de la vida. Así desde que el chico es chiquito no se dan demasiadas variaciones. El objeto de amor es el mismo.
–Empieza con la madre y sigue con la mujer que elija.
–En la mujer las cosas se dan de otra manera. La mujer tiene que desprenderse primero del objeto primario que es la madre para pasar a amar al padre.
–Eso quiere decir que en el hombre no hay cambio de objeto mientras en la mujer sí.
–Eso es. Bueno, esta teoría con todas sus vueltas (a las que sería imposible aludir acá) hoy está en estallido total.
–Eso sí que es sorprendente.
–Te cuento lo que dice Gilmore. El ha llegado a la conclusión de que en todas las culturas primitivas y no tan primitivas, por ejemplo las griegas, todo el acceso a la masculinidad está atravesado por la pasivisación respecto de otro hombre.
–En términos más gruesos: el hombre se hace hombre a partir de vivir, respecto de otro hombre, el rol pasivo.
–Sí, es otro hombre quien brinda la masculinidad.
–Si pensamos en Esparta...
–No sólo Esparta. El rapto de los efebos, en algunas culturas griegas. Entre muchas culturas circulaba esta idea. La de que el hombre se hacía hombre a partir de que otros hombres lo ponían en el camino de la masculinidad. Gilmore cuenta situaciones tremendamente cruentas de algunas culturas hasta ahora no tenidas en cuenta, culturas marginales respecto de las grandes civilizaciones. En algunos grupos australianos, por ejemplo, en los cuales a cierta edad se aparta al niño de la madre y se lo lleva a un lugar donde se le introduce en una serie de rituales que, para nosotros, serían homosexuales, pero que, para ellos, son rituales. Y que sirven para hacerle expulsar lo que su cuerpo trae adentro del cuerpo femenino.
–Es decir que para adquirir la masculinidad se seguían caminos muy complejos.
–Hay otra cosa que dice Gilmore. Un hombre puede ser destituido de su condición masculina. Un hombre tiene que dar pruebas permanentemente de que es hombre. Una mujer puede ser buena, mala, tonta o inteligente. Es una mujer y no tiene que demostrar nada. Una mujer violada, por ejemplo, es un ser terriblemente dañado, pero sigue siendo una mujer. Un hombre violado es un hombre que ha sido destituido de la masculinidad.
–Todo esto aportado por la antropología parece ser de enorme importancia.
–Enorme. La antropología ha hecho no sólo avances extraordinarios respecto del tema de los géneros, sino también en lo que hace a la identidad sexual misma, no como roles, sino como estructura, que es lo que interesa al psicoanálisis.
–Creo que la biología y la física han hecho también aportes importantes.
–Importantísimos a partir de lo que se ha llamado sistemas complejos. Es decir con el descubrimiento de corrientes, a partir de estas ciencias, que plantean modelos nuevos de atemporalidad y de la conservación de los sistemas. Esto es muy interesante ya que ambas corrientes están dentro del psicoanálisis. Por un lado hay todo un descubrimiento sobre que los seres humanos no se constituyen en una temporalidad lineal, sino con resignificaciones.
–El tiempo no es lineal. Con esto querés decir que algo del pasado puede tener vigencia plena hoy.
–Por otra parte hay en el psicoanálisis una dominancia muy fuerte de un determinismo muy lineal. Lo que pasó en la infancia es para toda la vida. No hay la posibilidad de zonas nuevas. Lo que yo he trabajado como concepto de neogénesis en psicoanálisis.
–Danos un ejemplo.
–La aparición de nuevas zonas de placer en la adultez, que no fueron marcadas en la infancia. Nuevas formas del funcionamiento psíquico que no estuvieron dadas previamente. Hay aportes que se dan, para nosotros, a partir de la termodinámica. En este terreno hay una idea que yo considero central. El descubrimiento de que los sistemas alejados del equilibrio, en física, no están sujetos a la ley de entropía, es decir que no pierden definitivamente energía, sino que tienden a recomponerse sobre nuevas formas. Nosotros teníamos la idea de que cuando algo se desestructuraba había una parte que se perdía definitivamente. La cuestión era cómo se recomponía.
–Sería bueno si pudieras explicar esto a partir de algo práctico.
–Supongamos que una persona ha sufrido un traumatismo psíquico grave. El viejo modelo decía que aquello ocurrido desencadenaba algo que ya estaba planteado.
–Lo ocurrido se enganchaba o no según hubiera algo preexistente proclive al enganche.
–Eso es. Esto es traumático porque mi estructura está determinada para que sea traumático. Claro, no es tan simple, esto podía estar latente y nunca producirse un desencadenamiento.
–Porque no existía el trauma que lo activaba.
–Claro. La idea de que los acontecimientos producen transformaciones, reacomodamientos y precipitaciones de las estructuras previas son hoy ideas fuertes en física, biología e incluso en filosofía.
–Es decir que estas ciencias han hecho aportes fundamentales.
–Que permiten reconceptualizar bajo modelos distintos, otros.
–¿Por qué creés que el psicoanálisis es objeto de tanta desconfianza para la mayoría de la gente, al tiempo que la medicina que acierta o se equivoca tanto como el psicoanálisis, es bastante respetada? ¿Será que la medicina es una ciencia?
–No, no es eso, la medicina ha tenido campos tan irracionales como cualquier conocimiento. Hay varias cosas. En primer lugar que sin los médicos no se puede vivir –dice soltando una carcajada–. Uno puede desconfiar de los médicos, pero tiene que atenderse porque si no se muere. En cuanto al psicoanálisis, digamos para empezar que su objeto es de difícil acceso.
–Claro, es invisible.
–La fiebre tiene rayitas. En segundo lugar el psicoanálisis exige una participación importante del sujeto. Y, si bien la medicina exige que pongas el cuerpo en manos de otro, el psicoanálisis implica que pongas deseos, frustraciones.
–Sueños, recuerdos.
–El hombre común es desconfiado.
–¿Tú pensás que las patologías cambian con el transcurso del tiempo y los cambios en la cultura?
–Para empezar y respondiendo a tu pregunta, creo que hay patologías que van variando históricamente. Esto deja dos cosas claras, que una patología no se mantiene invariable para siempre. En este sentido trato de dejar claro que una cosa es que haya una variación en los modos en que los seres humanos le dan resolución a sus conflictos. En última instancia para el psicoanálisis la psicopatología es eso: la forma en que la mente se ordena en relación con la solución del conflicto. Lo que yo planteo es que más allá de las variaciones que han habido en la psicopatología –y en este sentido la anorexia y la bulimia son ejemplos interesantes– lo que novaría como determinante es aquello que ha sucedido en las etapas tempranas de la vida en cuanto...
–¿Al amor recibido?
–Al amor o a la carencia de amor. Al amor que el psicoanálisis llama investimento libidinal. Las variaciones en las patologías son evidentes. Pensemos en la mujer de hace más de treinta, cincuenta años y su relación con la sexualidad. No tiene nada que ver aquella mujer con la mayoría de las mujeres que hoy se mueven en esta sociedad. Qué tienen que ver estas mujeres con las histéricas de la época de Freud.
–Esto tiene que ver con que ha variado la relación de la mujer con el deseo.
–Por lo menos en Occidente ha variado. Hoy la mujer asume su deseo sexual como algo legítimo. Más, uno de los grandes problemas de la mujer hoy es que pagó la liberación femenina con un cambio de roles, a partir de lo cual es más libre pero tiene menos hombres que la desean. La insatisfacción sexual de las mujeres de hoy no está marcada por la prohibición de desear sino por la ausencia de objetos que permitan la consumación del deseo.
–Podemos, en definitiva, decir que las patologías cambian. Y que no sólo se relacionan con lo innato sino también con lo cultural. ¿Habrá, por ejemplo, patologías vinculadas con la difícil situación que vivimos algunos países de América latina?
–Sí, claro, el nivel de angustia frente al futuro, frente a la pérdida de trabajo está produciendo un incremento de cuadros de pánico, y no de las antiguas fobias. Las antiguas fobias tenían un objeto claro. La gente antiguamente le temía al rayo, al avión. Hoy los miedos tienen un carácter mucho más difuso. Hay un miedo general a la marginación de lo social, a partir de lo laboral.
–Mucha gente vive aterrorizada.
–Yo he distinguido el miedo del temor. El temor se caracteriza porque uno sabe a qué le teme, pero no sabe cómo evitarlo.
–¿Se ve esto en la clínica?
–¡Claro! Los terapeutas nos enfrentamos periódicamente a este fenómeno. Es grande el incremento de los cuadros de pánico.
–Hasta mediados de siglo uno de los miedos, para la mujer, era quedar soltera.
–Sí, pero la mujer sabía más o menos cómo lograr casarse. Hoy la forma en que una persona puede ser marginada de lo laboral está en el terreno de la arbitrariedad para todo el mundo. Esto hace que otros síntomas que antiguamente dominaban, pasen, a un segundo plano. Así encontramos sujetos con mayores niveles de desestructuración. Menos neuróticos del punto de vista psicoanalítico pero más atravesados por angustias de desestructuración, cuadros de pánico o, en algunos casos, por formas de depresión que no son las mismas que vemos en el Primer Mundo.
–Donde el futuro ofrece pocas dudas.
–Mientras nosotros no tenemos futuro.
–¿Qué es lo más angustiante en la pérdida del trabajo? Porque creo que la angustia a menudo no viene sólo del problema económico.
–Claro que no. Muchas veces la situación económica no cambia. La pérdida del trabajo significa la pérdida de los nexos que permiten al ser humano sentirse incluido en la sociedad y representarse a sí mismo como el que es.
–En definitiva las patologías pueden cambiar en relación con lo cultural, con las circunstancias históricas, pero...
–Lo que no cambia, y éste es un descubrimiento capital del psicoanálisis, es la historia personal de cada sujeto, la cual ha determinado que su psiquismo se organice de tal o cual manera con sus puntos de fijación psicosexual y sus núcleos defensivos.
–Si pierdo el trabajo, entonces, pierdo mi lugar en el mundo, aquel que me hace ser quien soy para los otros y para mí mismo. Mi respuesta a esa pérdida estará, entonces, condicionada por mi propia historia.
–Claro. La motivación de la patología, la forma en que ésta se organiza, no cambia. Lo que cambia es la forma en que se combinan entre sí las instancias psíquicas para dar origen a una patología.
–Hoy en el Congreso hablaste de algo, que me parece especialmente interesante, a partir de que el hombre normalmente toma a su cargo dos cuestiones. Una, la preservación de la vida...
–Y otra la preservación de sí mismo como identidad. En situaciones graves, estas cuestiones pueden entrar en contradicción. Así ocurre que, algunas veces, el ser humano tiene que morir para seguir siendo el que era.
–Tal cosa se dio claramente en el terrorismo de Estado.
–Campos de concentración... pero además, en otros casos, para preservar la vida biológica el individuo tenía que dejar de ser quien era. Hoy se vuelve a plantear esto, de manera dramática, a nivel de la conservación del trabajo. Alguien que se considera solidario y honesto, de repente, para sobrevivir se ve haciendo cosas que lo desidentifican y desarraigan de sí mismo.
–Si te pidiera que con unas pocas palabras dijeras a qué apunta el psicoanálisis...
–Apunta a la limitación del sufrimiento destructivo. El psicoanálisis plantea para los seres humanos, no que sean más felices a costa de ser estúpidos, sino que no paguen el sobreprecio al que sus propios fantasmas y representaciones a veces los condenan.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/especiales/18-6392-2002-06-17.html
Por Juan Gelman
No es una situación fácil para algunas y se advierten dos extremos: las que aprovechan la celebridad del marido para bañarse con reflejos de su fama y las que se le someten resignadas para aliviarle las prosas de la vida. Con la complicidad del famoso, desde luego. Entre esos límites se yerguen las que no se creen musas ni obligadas a servicios hogareños o de secretaría del famoso. Y hay variables: la midinette que convivía con César Vallejo en París lo obligaba a escribir o no había desayuno, según contó alguna vez Raúl González Tuñón. Para no hablar de las viudas de famosos: hace años vi a la muy reciente de un gran poeta firmar los libros de él como si fueran de ella. Esa viuda era un arma cargada de pasado.
Entre las gozadoras de la posición figura de manera destacada la mujer de Gustav Mahler. En los diarios que escribió de los 18 a los 22 años (1898-1902), Alma Mahler ( foto) –luego esposa de Walter Gropius, el tenor estrella, y de Franz Werfel, el escritor con éxito, y entre tanto, y antes, y después, amante de los pintores Oskar Kokoshka, Gustav Klimt y otros artistas notorios– se autodescribe así: “Soy absolutamente vulgar, superficial, sibarita, dominante y egoísta”. Cuarenta años después se muestra en sus memorias mucho más económica con la verdad. Pretende que era una compositora en ciernes cuyo talento había sido arrasado por el temor a la competencia que abrumaría a Mahler: “Arrastraba conmigo a todas partes adonde iba las cien melodías que compuse, como un ataúd que ni siquiera me atrevía a mirar”. En cambio –sigue–, como devota sierva del arte, hacía a un lado pequeñas tiranías hogareñas y se inmolaba noblemente en aras de la obra del gran músico: “Viví su vida... cancelé mis anhelos y mi ser... su genio me devoró”.
Esto es poco probable. Según testigos de la época, Alma era una buena pianista, una suerte de aficionada con talento, pero no conocía los rudimentos de la escritura musical y poco y nada sabía de contrapunto, de los registros de la voz humana o de las posibilidades de los instrumentos de cuerda. El compositor y director de orquesta austríaco Alexander von Zemlinsky, que la quiso como esposa, no vaciló en decirle que sus obras carecían –anotó ella misma– de “técnica y pericia”. Alma rechazó a Zemlinsky y prefirió a Mahler, no tanto por una herida de amor propio: el primero no era muy apreciado y el último era director de la Filarmónica y también de la Opera de Viena, a pesar de su origen judío y de la dificultad agregada de haber nacido en Bohemia. “Lo que amo en un hombre es su logro –supo explicar Alma–. Cuanto mayores son sus logros más lo debo amar.” A los 20 años quería “ser alguien, una persona real, reconocida y capaz de grandes cosas”. Pero se limitó a conseguir famas de segunda mano en escritores y artistas renombrados y tuvo la soberbia modesta de afirmar: “He tenido el privilegio de dar a mis dones creativos otra vida en mentes más grandes que la mía”. Pobre.
La experiencia de Zdenka ocupa el polo contrario, como puede leerse en Mi vida con Janácek, libro publicado en 1998. A diferencia de Alma, se enamoró de la persona del gran músico moravo, no de su fama: Leos Janácek era apenas su desconocido profesor de piano y aún no había comenzado a componer cuando se comprometieron. De carácter serio, ajena a cualquier coquetería o devaneo, Zdenka vivía para sus hijos y la casa. Dos golpes fatídicos la agobiaron: la muerte por meningitis del hijo de 2 años y medio y la de la hija de 20 a causa de una afección cardíaca. A esto se sumaba el carácter impredecible de Janácek, que aun después de los 60 de edad buscaba fuerza inspiradora en otras mujeres.
Zdenka registra los buenos tiempos del matrimonio, cuando él le hablaba de sus proyectos musicales: “Era tan hermoso cuando Leos caminaba alrededor de la mesa donde yo estaba trabajando (en la cocina)... confiándome nuevos rincones de su rico espíritu... yo crecía gracias a eso”. Janácek podría hablarle, pero quién sabe si escuchaba. Enmudecíacualquier sugerencia de la mujer con un “como si pudieras entender”. Y la hacía víctima de otras confidencias acerca de sus “amistades artísticas”, o sea, señoras en general casadas de las que se iba enamorando. En eso podía ser particularmente cruel: cuenta Zdenka que en unas vacaciones la obligó a compartir la cama con su amante mientras él dormía en un sofá en la misma habitación. O permitió que Gabriela Horvátová –cantante de ópera y relación de entonces– adosara su fotografía a la pared de la casa donde estaban las fotos de familia. “Una de las cosas que más placer le producía (a la Horvátová) era verme torturada, humillada y desesperada”, dice la mujer de Janácek. Cuando los padres se opusieron a la boda, ella les espetó: “Prefiero ser infeliz con este hombre a ser feliz con cualquier otro”. Tal vez sabía que iba a ser infeliz con cualquier hombre. Pobre.
Cabe preguntar: ¿Es únicamente la fama del cónyuge la que conduce a estas situaciones, o la fama es apenas un elemento más del juego de las relaciones de poder que suele imperar en las parejas? Para Ingeborg Bachmann, el fascismo empieza en casa y el fascista es el hombre. No siempre, diría Alma.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6344-2002-06-16.html
Por Osvaldo Bayer
Estuve preso de guardapolvos blancos y maquinarias que lanzan chispitas, por eso mi ausencia en el momento más preciso. Argentina-Suecia. Pero anoche lo pude ver en una repetición televisiva, ya tranquilo, perdidas todas las esperanzas. Y bueno, ¿qué se puede decir de un equipo de doctores que no puede dar con el arco? Cuando en el segundo tiempo se venían todos a la carga ese equipo me pareció un entrevero de legionarios. De legionarios educados, de buenas costumbres, lavados y planchados, educados en los mejores colegios europeos, pero legionarios. El pase largo, el pase corto, todo en su medida y armoniosamente. Pero faltaba el baldío, la chispa, el genio atorrante, la apilada, el adivinar el hueco donde el arquero de tres metros y doscientos kilos de pesos no va a alcanzar la número cinco. El equipo sueco, perfectamente sueco, todos de raza Shorthorn y Aberdeen Angus, con uno solo nacido fuera de corral. Toros. Todos una fortaleza. Y los nuestros, legionarios con cursos superiores de fútbol universitario, a los que no se les cayó la gorra ni cuando patearon el penal. Tan mal pateado como cuando yo era suplente en el equipo de la calle Arcos. No era Argentina, era la correcta Europa. No sé si está mal o se puede reprochar algo. Pero perdimos como europeos. Los suecos con motor adosado, nosotros con todas las materias aprobadas con bueno y muy bueno. Hasta que se acortaron los minutos y ya el equipo de argentinos doctorados en la Sorbonne tiró a la marchanta todas las formas y comenzó el entrevero en el área sueca. La Argentina volvió a los tiempos de las montoneras de Estanislao López y el entrerriano Ramírez, a lanza seca y daga. A lo indio. Pero los campeones de la Rural sueca no dejaron pasar a nadie. Ahí me acordé del chueco García, pero no cuando anduvo en Racing, sino cuando jugaba en Rosario Central, por los años treinta, cuando los canallas ganaban caminando sin necesidad de correr. ¡Qué pirueta las del Chueco, qué maravilloso trazado de curvas y talonazos, qué paradas en seco!
Y ahora veía esto, taponazos argentinos que iban a pegar todos en las carnes suecas, ni un vacío, ni un hoyo, ni un hueco. Comencé a deprimirme y me acordé del Mundial de Suecia del ‘58, cuando perdimos 6 a 1 con los checos. Pensé para consolarme: bueno, aquí nos eliminan pero por lo menos no volvemos a casa con una canasta de pepinos (perdón por la antigüedad, pero así se decía en el ‘58). Ni el Chueco García, ni los pepinos aquí en Oriente. Pero la incapacidad de vencer a los gordos. Sí seis a uno en Suecia. Estos nórdicos nos cambian el repertorio. Recuerdo que el arquero Amadeo Carrizo, de River, que recibió los seis pepinos, dio esta explicación filosófica digna de Descartes cuando le preguntaron por qué seis adentro: “Y qué quieren –dijo– si cuando los checos pateaban, las embocaban todas”.
Está bien, una explicación. Por eso nosotros ahora, con la misma profundidad metodológica, para explicar nuestra eliminación podríamos decir: “Y qué quieren, si cuando pateaban los argentinos no embocaban ninguna”. Y ya está. Puede ser la razón fundamental. Toda es cuestión de que se emboque o no se emboque en el fútbol. “Embocar o no embocar, that is the question”, hasta tiene una inspiración shakespeareana.
El ex jugador alemán Paul Breitner, campeón mundial del equipo de Beckenbauer, en un comentario de anoche para explicar el fracaso argentino señaló: “No se puede armar un equipo con todas estrellas que no están acostumbradas al juego conjunto. Poner a jugadores estrella que no hablan el mismo idioma ni lo intentan entre ellos, es un error. Se llega a un equipo cuando se logra una orquesta y no sólo solistas. De solistas, los jugadores argentinos pasaron a ser huérfanos. Ni siquiera supieron patear el penal. Y el gol no era válido porque Crespo se adelantó antes del silbato”. Bueno, dejémoslo ahí, no sigamos, pero ojalá se entere Bielsa. Después del partido vinieron las lágrimas. Crespo y Batistuta merecieron nuestra ternura por sus lágrimas. Yo no quiero titular esta nota como lo hizo un matutino porteño después de la derrota del 6 a 1 en Suecia, en 1958: “Lloran como mujeres lo que no supieron defender como hombres”. Título machista si lo hay (pido perdón a las feministas por haberlo reproducido, ojalá no me aplacen de nuevo). No, las lágrimas de los dos jugadores fueron viriles. Fue la pena por no poder llevarle la victoria en las manos al pueblo que esperaba.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6255-2002-06-14.html
Por Sandra Russo
Resistir es sobreponerse, aguantar, perseverar, tolerar el dolor y la angustia con la convicción de otro horizonte. Resistir es, de algún modo, una forma extrema de confianza: quien resiste todavía confía en algo, posiblemente en su propia fuerza, aunada a la fuerza de otros; quien resiste no resiste solo: se resiste con los demás o para los demás, sean éstos desconocidos que comparten el mismo sufrimiento, o sean sus afectos más profundos; no resisten los cuerpos, resisten las identidades: no hay resistencia posible sin símbolos. Que el numeroso conjunto de intelectuales, científicos, dramaturgos, artistas, periodistas, escritores y educadores que comenzaron a reunirse hace un mes en Andamio 90 haya decidido, el martes por la noche, darse el nombre de “Movimiento Argentina Resiste” (MAR) lo marca con ese sello común y colectivo de toda resistencia.
Primero fueron diez y después cuarenta, y después cien y ahora centenares que buscan más adhesiones dentro y fuera del ámbito cultural.
Gente de teatro como Alejandra Boero, Osvaldo Bonnet, Lito Cruz, Enrique Pinti, Tito Cossa, Carlos Gorostiza, Hugo Urquijo, Cipe Lincovsky o Aída Bortnik; gente de cine como Juan José Campanella o Eduardo Calcagno; gente de la ciencia y del ámbito académico como Guillermo Jaim Etcheverry, Atilio Boron, Torcuato Di Tella, Alberto Kornblit, Mario Rapoport, Aldo Ferrer, Silvia Bleichmar, Julio César Strassera, Eduardo Müller; gente del periodismo como María Seoane, Norma Morandini, Silvia Naishtat, Magdalena Ruiz Guiñazú, Rogelio García Lupo, Adrián Paenza. Otros nombres conocidos y no tanto para el público en general pero reconocidos ampliamente en sus respectivos ámbitos de actuación cultural fueron incorporándose con el correr de los últimos días a una iniciativa cuyo primer objetivo fue juntarse, hacer red, consensuar un manifiesto, crear comisiones y debatir no sólo esta crisis sino también los caminos posibles para salir de ella, dando por sentado que no hay un único camino. Ni el que desde afuera de la Argentina se señala con el dedo desvergonzado de quienes llaman “plan sustentable” a un viraje de ajuste que provocará más hambre y más devastación, ni mucho menos el que desde adentro ya ha empezado a gemir por “la necesidad de orden”.
El martes por la noche, en un Andamio 90 colmado hasta reventar, se aprobó el Manifiesto de la Cultura a los Argentinos, un texto básico de presentación sobre el que se pivoteará de aquí en más para que este movimiento nacido del seno del pensamiento crítico argentino pueda combinar el pensar y el hacer: quedó claro, en las sucesivas intervenciones de las dos últimas reuniones, que aunque los convocantes llegan desde ámbitos culturales, lo que se entiende por cultura incluye comer, dormir, trabajar, curarse, educarse, seguir siendo quien se es y no seres devaluados ni subvaluados.
En su primer párrafo, esta “Convocatoria para la defensa de la cultura nacional” habla de esta crisis, a la que se llegó “por el saqueo al que fue sometida la Argentina en los últimos 26 años, desde la dictadura hasta el presente, por los grupos de poder económico locales y extranjeros, que ya en democracia contaron con la complicidad por interés, convicción o omisión de las dirigencias políticas”.
“El empobrecimiento, la frustración y el temor por el futuro han provocado no sólo el deterioro material de la vida de los argentinos sino que han provocado y continúan provocando un daño enorme al patrimonio cultural, intelectual y científico acumulado durante años por el esfuerzo de varias generaciones.” Pero el diagnóstico incluye la existencia de “una Argentina que existe y que resiste”. Se habla de “miles de argentinos de todos los sectores sociales que reclaman por la defensa de su derecho a alimentarse, educarse, tener trabajo, curarse y ejercitar el derecho a elegir y ser elegidos, en libertad y en democracia, sin ser traicionados en sus elecciones”. Finalmente, los hombres y las mujeres convocantesllaman a “rebelarse contra el destino de pauperización material e intelectual, porque entendemos que la libertad, el pensamiento y la creación no pueden desarrollarse sobre la miseria, el dolor, el miedo y la desesperanza de los argentinos, y mucho menos sin la defensa irrestricta de la libertad y la democracia. Porque no aceptamos renunciar a la identidad de nuestros sueños y proyectos; porque no aceptamos ser despojados de toda posibilidad de esperanza, nos convocamos a resistir con pensamiento y acción la depredación material y espiritual de la Argentina”.
Desde el MAR se desarrollarán acciones de protesta en lugares públicos, se formará una red de asistencia cultural con el interior del país, se organizará un encuentro nacional para debatir los pasos a seguir en cada área de las artes, las ciencias y el pensamiento, se debatirá sobre un nuevo modelo de país y se desparramará todo ese trabajo en barrios, escuelas y lugares de trabajo para que esta vez la cultura no se cierre sobre sí misma y no sólo comparta sus saberes, sino también para que aprenda de otros sectores y de otros movimientos sociales el duro oficio de la resistencia.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6210-2002-06-13.html
Por Osvaldo Bayer
Es una lástima que Camerún haya quedado eliminado del Mundial. Es el mejor equipo africano y por qué no uno de los mejores de todo el campeonato. Pero es que les falta algo: no saben meter goles. Creen que todo es jugar maravillosamente dentro de la cancha y luego tirar la pelota afuera. Esta vez, contra Alemania, no fue tan así. Porque el partido lo salvó su arquero, un verdadero héroe de cinco brazos y dos cabezas y una docena de codos. Se llama Oliver Kahn, es del Bayern Munich, y titular desde hace años del equipo teutón. Los cameruneses se hubieran merecido por lo menos cinco goles, pero el germano los sacó a todos con los dos brazos, las dos piernas, la frente y los codos dobles. Maravilloso. Una cortina metálica. Me hizo recordar a aquel famoso arquero Andrada, de Rosario Central, perdón ya estoy metiendo de nuevo mi corazón canalla. Pero, déjenme otra palabra: Andrada, el gato, que terminó defendiendo el Santos de Pelé.
Bueno, cumplido con mi objetivo, sigo con el partido de ayer: pobres negros, digo, hombres de color, lo puse con el mismo cariño que yo lo llamo a Cena, el historiador, el “Negro” Cena, y él ni se enoja ni me considera racista porque todos lo llaman el “Negro”. Bueno, explicado esto, porque como decía en otra nota anterior, aquí en Alemania hay que tener cuidado con lo que se dice, jamás “Neger” pero sí “Schwarze”. Bien, ya con la conciencia tranquila, los negros de Camerún son sublimes, corren como gacelas o ciervos y se pasan bailando los noventa minutos. E iban a ganar, más cuando el referí gallego, perdón, hispano, dejó con diez hombres a los alemanes. Pero a éstos no los invadió, como acostumbran, la depresión sino que se dijeron “ahora o nunca”, porque aunque hayamos perdido la guerra a este partido lo ganamos. Y lo ganaron. Con dos goles armados por un exquisito: Klose, ya lo van a ver en el futuro a este muchacho con cara de monaguillo. El primer gol, un poema en su preparación, con el remate final de Bode, y el otro, con su propia culminación, el segundo. Un jugador que maneja la preparación del gol y su remate final. Me hace acordar al jugador canalla, el torito Aguirre (ah, perdón pero ya lo dije en una nota anterior). Este torito Aguirre, digo Klose, tiene toda la garra para llegar a ser el mejor jugador del certamen. Los demás del equipo alemán patean para adelante y tienen constancia, pero nada más, y cuando pegan una patada lo notan hasta los policías que miran hacia el público –ese nuevo invento de la globalización y de George doubleiú– y el jugador es expulsado, como ocurrió ayer con el alemán Ramelow quien, cansado de que los hombres de color le pisaran el pie, casi le partió las gambas a un inocente negrito de Camerún. (Entre paréntesis, el verdadero protagonista del match fue el gallego –digo el español– que hacía de referí. Se enloqueció y creyendo que era una corrida de toros sacó 16 tarjetas amarillas y dos rojas. Parece un chiste de gallegos.)
Alemania entra en los octavos. Un cuadro humilde con dos genios y Völler, un entrenador que enrojece cada vez que a uno de sus jugadores le sacan la amarilla.
Un buen partido de fútbol con esas cosas de la historia: Camerún fue un protectorado alemán a fines del siglo 19, cuando las potencias europeas se dedicaron a “proteger” al continente africano. Ayer los veíamos, los descendientes de protectores y “protegidos” jugando mano a mano en un campo verde. Antes los hubiéramos visto distinto: al jugador de color tal, moviendo la hoja de palmera para refrescarle la siesta al arquero Kahn. Bueno, hasta ese período fue algo mejor que cuando los “colonizadores” fueron los portugueses, que con la cruz en la mano se llevaban esclavos, marfil y pimienta, y después llegaron los ingleses que traían la Libertady qué casualidad se llevaban también esclavos, marfil y pimienta. Hoy los cameruneses están globalizados y caen bajo las estadísticas de los países del Tercer Mundo. La injusticia como destino.
Ganó bien Alemania. Pero, lástima, me hubiera gustado ver en más partidos a estas gacelas, a estos jóvenes tigres, a estos seres humanos tan bellos en sus músculos y sus movimientos. Bueno, Senegal nos espera.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6172-2002-06-12.html
Por Juan Gelman
Es incierto el futuro del teniente coronel Steve Butler, veterano de la fuerza aérea de Estados Unidos. Por lo pronto, fue suspendido en sus funciones: el 26 de mayo último, el diario californiano Monterey Country Herald le publicó una carta en que afirmaba que Bush hijo nada hizo para impedir los ataques del 11/9 porque le convenía lanzar una guerra contra el terrorismo (por ejemplo). Su presidencia –explicaba Butler– “no iba a ninguna parte... Bush no fue elegido por el pueblo estadounidense, fue instalado en la Oficina Oval por la conservadora Corte Suprema. La economía declinaba hacia los bajos niveles habituales con los republicanos y él necesitaba algo para sostener su presidencia”.
Es una explicación incompleta para algunos, que consideran que la aparente ineficacia que la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y otros servicios de inteligencia mostraron en detectar la amenaza y disiparla, obedece a un designio mayor. Según Richard Clarke, coordinador nacional para el antiterrorismo de la Casa Blanca, la comunidad de los servicios de espionaje de EE.UU. estaba convencida, diez semanas antes del 11/9, que era inminente un ataque de Al-Qaeda en territorio estadounidense. En una conferencia que impartió en la Facultad de Derecho de la Duke University el 11 de abril de este año, Jim Pavitt, subdirector de operaciones de la CIA, declaró que el organismo “advirtió al presidente de Estados Unidos acerca de la existencia de graves conspiraciones terroristas en todo el mundo. Vaticinamos, le dijimos al presidente, que se producirían de cinco a 15 ataques serios en suelo estadounidense”.
Abundan hechos que llaman la atención. Es notorio que el FBI ha infiltrado a Al-Qaeda, finalmente una criatura de los servicios yanquis. Sus agentes en Minnesota alertaron a principios del setiembre fatídico que el sospechoso Zacarías Moussaoui, estudiante de una escuela de aviación local, “podría tener el propósito de volar con algo adentro del World Trade Center” y pidieron una orden judicial para allanar su domicilio. El Departamento de Justicia la denegó y cuando el FBI pudo, después del desastre, incautar la computadora de Moussaoui encontró en ella información directamente relacionada con el ataque contra las Torres Gemelas. Es además curioso que el procurador general John Aschcroft, cabeza de ese Departamento, nunca incluyó la lucha contra el terrorismo entre las prioridades de su presupuesto. Esto provocó, entre otras cosas, la renuncia de John O’Neill, director de prevención del terrorismo del FBI en Nueva York. Otra curiosidad entre tantas: a las 24 horas del atentado, cuando todavía se estaban recogiendo los restos de las víctimas, una labor que no poco iba a durar, el FBI había identificado a 20 atacantes y enviado sus fotos a los medios. Es obvio que tenía información previa. Se ha mencionado en estas páginas (“¿Sabían o qué?” 23-12-01) que el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung dio a conocer el 14 de setiembre que en junio, tres meses antes del 11/9, el BND o servicio secreto germano había advertido a la CIA y a Israel que terroristas de Medio Oriente “proyectan secuestrar aviones comerciales para usarlos como armas contra símbolos importantes de la cultura estadounidense e israelí”. El BND y la CIA nunca desmintieron esta información.
Resulta notable que durante 10 meses Bush hijo no se haya preocupado por el trágico revés de unos servicios de inteligencia que le cuestan 30 mil millones de dólares al pueblo norteamericano. Tom Daschle, líder de la mayoría demócrata del Senado, afirma que tanto el presidente Bush como el vicepresidente Dick Cheney le pidieron que se opusiera a cualquier tipo de investigación sobre las fallas que condujeron a la muerte a miles de habitantes de EE.UU. La Casa Blanca lo niega y dice que se remite a los resultados de las secretísimas reuniones que los comités de inteligencia del Congreso celebraron esta semana. Las motivó la continua aparición de datos que indican que el gobierno tenía más saber que no saber de los ataques y la sospecha consiguiente de que los conocía con antelación y los dejó venir. En realidad, Bush hijo no necesitaba del Capitolio para averiguar qué había fallado: es el presidente y dispone de otros mecanismos de investigación, incluso más expeditos, que no quiso utilizar. Y ha descartado con rudeza el establecimiento de una comisión investigadora independiente.
Han pasado más de 60 años desde Pearl Harbor y no se desclasificaron todavía los documentos que podrían aclarar si Roosevelt tenía información previa del ataque a mansalva japonés y permitió que se cometiera para convencer al país de entrar en guerra contra el Eje, como no pocos historiadores y políticos proponen. Tal vez no pase tanto tiempo para dilucidar si Bush hijo lo imitó a fin de imponer un programa preestablecido de dominio político, económico y militar del mundo. El espectáculo de recriminaciones mutuas que brindan la CIA y el FBI sería entonces no más que eso: un espectáculo destinado a desplazar responsabilidades. Lo cierto es que ha revivido la pronta construcción de un ducto que pasará por Afganistán –proyecto que los talibanes congelaron– para transportar el gas y el petróleo de los ricos yacimientos del mar Caspio. De paso: el ducto se extenderá hasta una conveniente cercanía de la central eléctrica que Enron instaló en la India y que dormita hace años esperando un suministro barato de energía.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6057-2002-06-09.html
Por Osvaldo Bayer
Los ingleses en la historia hicieron siempre las cosas mal y les fue bastante bien. Ayer, en el uno a cero hicieron las cosas más o menos bien y les fue mejor. Sobre el penal se discutirá siempre. Los medios alemanes lo tomaron como tema central y el famoso entrenador Rehagel dijo su verdad de a puño: “Qué va a ser penal, si hasta se rieron las gallinas”. Esto de las gallinas no fue por referirse a los hinchas de River sino que se trata de un refrán alemán. Dice que cuando una cosa es ridícula –como llamar penal a lo de ayer– es algo tan increíble que hasta mueve a risa a las gallinas, que al parecer no se ríen nunca. (Una feminista hubiera podido objetar: ¿por qué gallinas y no gallos?) Pero no sólo Rehagel expresó con términos científicos la no existencia del penal sino también el internacional Jürgen Klinsmann, quien jugó tantos años en Inglaterra: “No fue penal por ningún lugar desde el que se lo mire”. Por supuesto, los referís internacionales –siempre oficialistas– preguntados respondieron: si el juez Collina lo vio era porque era. A lo que Rehagel respondió: “En un penal hay que estar en un mil por ciento seguro antes de darlo”.
Pero con penal o sin penal ganaron los bucaneros de Albión (claro, si hubiera ganado la azul y blanca habría sido más condescendiente y dicho “los rubios de Albión”, aunque había cuatro africanos en el equipo). Pero se dice que el fútbol es de emociones fuertes, por eso permítaseme lo de bucaneros (en otra oportunidad hubiera escrito tal vez la palabra justa: piratas. Sí, sí, con ese penal, ¡¡¡piratas!!!, ¡¡¡pi-ra-tas!!!)
Porque claro, lo que más bronca nos da y lo que más placer les da a ellos es habernos ganado con mula, como lo hicimos nosotros con la mano de Dios. Sin mano de Dios, la alegría hubiera sido un cincuenta por ciento menor para ellos y la bronca cincuenta veces menor para nosotros. Aunque dicen que en cuestiones de etiqueta los ingleses son correctos, salvo Enrique VIII, que eructaba doce veces por comida y de paso mandaba a degollar a sus esposas. Todo es cuestión de cómo se mida la etiqueta, si globalizada o aplicando la doctrina Martínez de Hoz.
No perdimos, nos afanaron el partido, como se dice bien en idioma de tribuna. Esto no quiere decir que merecíamos ganarlo. Los dos merecieron empatar. Los ingleses, más fuertes y veloces; los argentinos, luchadores aunque a veces daban la impresión de ir “a la carga barracas”. Sólo se destacó algo Aimar, los otros metieron la pata y las de andar infinitas veces. Y ya está. Qué más decir, irse temprano a dormir o irse sin almorzar a tomarse un fernet, los que se aguantan.
Los bucaneros hicieron flamear todas sus banderas con la calavera y se desfondaron con whisky. Por fin, cantaron con énfasis, para olvidar aquello de 1806 y 1807 con Beresford y Whitelocke y el agua hirviendo de los techos. (¿O es un poco ahistórico traer la cita? Habría que preguntarle a Toni Negri por aquello de Imperialismo o Imperio).
Pero hablemos de nosotros: por momentos bien, todos; y por largos momentos una murguita del tomala vos y dámela a mí. Por ejemplo, este chico Placente con su pinta de ir con su hermanita a tomar la comunión, que siga jugando nomás sin problemas en el Bayer Leverkusen, pero con todo respeto, que se vaya a... Leverkusen. Y al Burrito Ortega que le prohíban las gambetas y que lo pongan sólo para patear los corners. Pero dejémoslo ahí. Quien vio a la máquina de River en aquellos años, o al Rosario Central campeón del 71, con Menotti, Pascuttini, Carrascosa, Mesiano, Jorge González... un momento que todavía no terminé... Landucci, Fanesi, Bóveda, Aimar, Poy, Colman, Gramajo, Mario Killer, Miguel Bustos, Aldo Villagra... Bueno, sí, ya sé, basta, me falta ponerles que a ese campeonato lo vio El Che desde el cielo aplaudiendo sus colores. (Soriano se me enojó una vez porque le recordé los triunfos canallas sobre San Lorenzo, pero fue así, qué le vamos a hacer.) Bueno, menos mal que podemos hablar de recuerdos. Pero eso sí, con Suecia, ahí sí que no se va a reír ninguna gallina... ni los gallos.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-6015-2002-06-08.html